Diapositivas conferencia “Aprender para que el cerebro aprenda”

Presentación basada en la conferencia “Aprender para que el cerebro aprenda” impartida por el Dr. José Dunker en actividad realizada por Plan LEA del Listín Diario en FUNGLODE.

La conversación con los hijos

Una de las enseñanzas sobre la conversación trata de la importancia de saber escuchar: “El talento de escuchar parece fácil de adquirir, y sin embargo, es bien escaso. Pocas personas lo poseen, porque pide una forma de abnegación de sí mismo; y sin embargo, cuánto tenemos a ganar con él. No solamente nos hace ser más amables, sino que nos hace aprovechar para nuestro goce, el espíritu de los otros”.

Seguramente Ud. muchas veces oyó que a algunos matrimonios les faltó comunicación y que por esta causa la unión de los esposos entró en crisis. Por eso, ¡cuán bueno sería que, antes de casarse, los novios ya tomaran el propósito de saber escuchar uno al otro!

Lo mismo puede decirse de hijos y padres, el arte de saber escuchar es tan importante cuanto el de saber hablar, pues muchas veces, las palabras que se dejan de pronunciar serían vanas e inoportunas antes de oír al hijo a quien se dirigen.

Una consecuencia de lo anterior, que no deja de tener importancia como para señalarla, es la necesidad de no interrumpir a los otros cuando ellos están hablando. “Deje decir a los otros cuando Ud. ya habló”, recomienda el autor de la obra que venimos comentando. “Dé a los otros el tiempo de responderle y tenga la fuerza de callarse cuando ellos hablan. La mayor parte de las personas piensan más en lo que ellos quieren decir que en lo que les es dicho. Ocupados de sus propias ideas, se apresuran a exponerlas, sin ninguna consideración por lo que dicen los otros. A menudo no se les deja ni el tiempo de acabar lo que han comenzado a decir”.

¿No se ha encontrado Ud., estimado Sr. o Sra. que nos escucha, con situaciones así? ¿Tales actitudes no le parece que matan más una conversación en vez de animarla?

Un último principio que querríamos agregar a los expuestos anteriormente y del cual el religioso no trata en su obra, pues en ese momento no era necesario, pero que en nuestros días se hace imperioso, es el de evitar la coprolalia.

¿Qué quiere decir eso, me preguntará Ud.?

Le doy la respuesta sacada del infaltable diccionario virtual Wikipedia: “Coprolalia o cacolalia (del griego κόπρος, significa ‘heces’ y λαλία ‘balbucear’), es la tendencia patológica a proferir obscenidades. Es una ocasional aunque poco frecuente característica en los pacientes del síndrome de Tourette. Esta tendencia circunscribe todas las palabras y frases consideradas culturalmente tabúes o inapropiadas en el ámbito social. (…) La incapacidad de controlar la vocalización puede conllevar la degradación de la vida social y laboral”.

Nos parece bien acertada la definición del referido diccionario. Lo único en que no concordamos con ella es que esta patología sea “poco frecuente”. Lamentablemente la coprolalia parece ser actualmente muy frecuente y altamente contagiable, casi se diría una plaga que no sólo degrada a las personas sino toda la convivencia social.

Para concluir este comentario: Cuide a sus hijos; enséñeles a reflexionar antes de hablar; a hablar con claridad; a expresarse con palabras adecuadas y de no admitir la coprolalia. Ud. así habrá contribuido, no sólo para formar bien a su hijo, sino al enriquecimiento de toda la sociedad.

 

El Arte de la conversación

La conversación bien llevada es uno de los mayores deleites del espíritu.

Cuando Ud. ve a las personas en los lugares públicos, conectadas a tantos aparatos diferentes y tan desconectadas unos de los otros, le puede surgir una pregunta: ¿tal exceso de conectividad virtual, se debe a la falta de la conversación; o, al revés, la hiper conexión es la que no permite conversar?

En realidad, es difícil responder a esta pregunta. Pero una cosa seguramente le es fácil de observar: la conversación está muy venida a menos entre nosotros.

Y, sin embargo, ella es el principal medio que tenemos no sólo para comunicarnos en el sentido práctico y utilitario de la palabra, sino, y muy principalmente, en el sentido más alto de lo que significa comunicarse.

En realidad la conversación es un verdadero arte, que otrora fue muy apreciado y practicado por todas las clases sociales y todas las generaciones chilenas. No era fuera de lo común que al “sonar el cañonazo de las 12” en el cerro Santa Lucía, los santiaguinos que habían parado a conversar con un amigo, se despidieran sorprendidos de cómo el tiempo les había pasado sin notarlo, entretenidos como estaban en la conversación.

Ella aún resiste en pequeños ambientes los últimos ataques del individualismo. Y, naturalmente el ambiente donde la conversación aún debe ser más cultivada es precisamente en la familia, pues es allí donde todos comenzamos a comunicarnos, a oír, a hablar y a ser escuchados.

No es exagerado decir que una de las razones por las cuales los matrimonios muchas veces duran muy poco tiempo es por la falta de cultivar la conversación entre los esposos. Similar situación se da entre padres e hijos; la conversación muchas veces es breve, esporádica y trata casi exclusivamente sobre temas estrictamente prácticos e inmediatos.

La conversación alcanzó el nivel de una verdadero arte en el Antiguo Régimen, especialmente en Francia

Siendo tan importante cultivar este arte de la conversación para la elevación de la vida de la familia y de la sociedad en su conjunto, queremos señalar algunas reglas que lo podrán ayudar a Ud., estimado radioyente, a tener elementos para poder practicarla junto a los suyos.

Para ello nos serviremos de un interesante manual sobre el arte de la conversación escrito por un sacerdote marista de Francia, el Padre José María Huguet, el año de… (no se asuste) 1895.

Lo antiguo de la publicación no le quita actualidad al tema, ni a los principios que ahí se dan. Las cosas no son oportunas porque sean viejas o nuevas, sino por ser verdaderas y necesarias. Pasamos por lo tanto a dar algunos de los principios que nos da el religioso marista en su libro.

El primer principio es muy básico, pero bastante olvidado en nuestro medio. Se trata de la importancia de una buena pronunciación. “La pronunciación, dice el autor del libro, es una cosa muy importante para hacerse entender y en consecuencia para escuchar. El tono de la voz, los gestos, la mirada, las palabras son los intérpretes de nuestras emociones y de nuestros pensamientos; a menudo ellas tienen más fuerza que las propias palabras”.

En palabras más simples, una buena pronunciación le da a nuestras ideas la buena apariencia de una persona que se presenta bien vestida. Debemos cuidar de ella como cuidamos de nuestra propia apariencia.

Otro principio de oro que nos entrega la obra que comentamos es la siguiente: “Es necesario hablar consideradamente, es decir con reflexión. La primera regla para hablar bien, es pensar bien. Cuando sus ideas estén ordenadas y precisas, sus palabras serán claras. ‘El hombre justo, dice el Profeta David, ordena todas sus palabras por la prudencia”. Y agrega el Eclesiastés, ‘El corazón de los insensatos está en su boca, y la boca de los sabios está en su corazón’”.

¡Cuán oportuno sería que los comentadores de TV, los periodistas y los opinólogos de todo tipo y forma tomaran esto en cuenta, antes de dirigirse al público! La pobreza del vocabulario es muchas veces consecuencia de la pobreza de la reflexión.

San Francisco de Sales, un gran predicador y escritor del siglo XVII decía que le gustaría tener sus labios abotonados, para tener la necesidad de desabotonarlos cada vez que hablase y de ese modo tener más tiempo para meditar lo que debía decir.

Otra de las enseñanzas que este manual de la conversación nos proporciona trata de la importancia de saber escuchar: “El talento de escuchar parece fácil de adquirir, y sin embargo, es bien escaso. Pocas personas lo poseen, porque pide una forma de abnegación de sí mismo; y sin embargo, cuánto tenemos a ganar con él. No solamente nos hace ser más amables, sino que nos hace aprovechar para nuestro goce, el espíritu de los otros”.

Seguramente Ud. muchas veces oyó que a algunos matrimonios les faltó comunicación y que por esta causa la unión de los esposos entró en crisis. Por eso, ¡cuán bueno sería que, antes de casarse, los novios ya tomaran el propósito de saber escuchar uno al otro!

Recomendaciones para trabajar lectura comprensiva

Por Elizahenna Del Jesús

La lectura comprensiva es fundamental para que el alumno logre un aprendizaje significativo. Ahora bien, si es tan importante que el estudiante desarrolle la habilidad de desvestir un texto, de reconocer fondo y forma, de pronunciar argumentos y/o comentarios con respecto a lo que lee, ¿Por qué es tan difícil llevarlo hasta  este nivel de lectura?

Desde mi perspectiva como docente del área de lengua, y que ha trabajado en todos los grados de la educación básica y media, desarrollar la comprensión lectora es un proceso continuo, que empieza en los primeros grados cuando, haciendo lectura expresiva, la maestra lee historietas, y a modo de preguntas y respuestas evalúa qué tanto comprendieron los niños y niñas lo leído; si reconocen personajes, si identifican acciones o ambientes, rasgos particulares, estructuras y otras características de los escritos que leen.

En los primeros grados la comprensión se trabaja oral y gráficamente, con el propósito de desarrollar actitudes, trabajar la observación, la asociación, la pronunciación e iniciar al niño y a la niña en la lectura expresiva. Después que el niño aprende a reconocer los elementos que componen los textos que su maestra les comparte, que aprenden a reproducirlos oralmente, y hasta cierto punto a producir textos nuevos a partir de un texto modelo; entonces es momento de avanzar, de hacer lecturas más exigentes, que demanden un esfuerzo mayor por parte del lector.

Cuando el estudiante lee una historieta y es capaz de reconocer sus elementos y de reproducirla trabajará adecuadamente ejercicios de identificación así como también  ejercicios de producción. Pero solo después de ejercitar la memoria en la lectura, de desarrollar las habilidades que se requieren para hacer una lectura eficaz.

En conclusión,  la lectura comprensiva será más provechosa si se trabaja paso a paso, si el docente la asume como un proceso que necesariamente deberá desarrollarse por etapas, afirmada en indicadores. Cuando logramos que el estudiante desarrolle todas las etapas de  la comprensión podemos decir que en nuestro salón de clases hemos perfeccionado un lector.

¿Y qué pasa cuando en el aula de clases algunos leen vorazmente y otros no? Aprovechemos a esos líderes lectores para que estimulen a los que aún no desarrollan el gusto por la lectura, busquemos estrategias, recursos, y todo lo que se nos ocurra para captar la atención de esos estudiantes. Hagámosle el foco de atención, leamos temas que les seduzcan. También sería muy oportuno formar clubes de lectura. Los clubes de lectura son espacios que propician la buena lectura así como también la integración, son talleres donde el estudiante se perfecciona, donde comparte sus peripecias y donde trabaja la motivación, invitando de manera consciente y muchas veces hasta inconsciente a otros a leer.

Plan LEA Actualizada, de Listín Diario, ofrece al maestro un conjunto de recursos didácticos que permiten tanto al docente como al estudiante ampliar su horizonte educativo. Por ejemplo, el Estuche de Prensa, de Plan LEA, contempla actividades de Manejo del Periódico, Lengua Española, Matemática, Sociales, Naturales, Artes y Nivel Inicial, un material completo que permite al educador desarrollar clases atractivas y al estudiante disfrutar de un método innovador y divertido. También están los famosos fascículos de Semana de la Geografía, que desarrollan temas científicos e incluyen una serie de actividades educativas y recreativas muy atrayentes, por otra parte están los talleres que se les facilitan a los docentes para que desarrollen sus clases implementando nuevas metodologías y el Site de Plan LEA, donde encontramos WikiLEA, una página web que provee material educativo a docentes, alumnos y padres.

Queda en el docente la responsabilidad de armarse de  estrategias y recursos, de aventurarse, de cautivar a sus alumnos para encaminarse en el proceso que conlleva una buena lectura. El vínculo que el docente construya con sus alumnos será el primer eslabón de una cadena literaria llena de magníficos resultados, que se traducirán en profesionales plenos y comprometidos con el avance de la sociedad donde se establezcan.

A continuación se desarrolla un plan de clases donde la actividad primordial es trabajar lectura comprensiva:

PLAN DE CLASES
Lectura comprensiva Platero y yo (Fragmento)
Recomendado para trabajar en 4de Básica

Se prepara el salón de clases, se ambienta y si se puede hacer un Asno con materiales reciclados, para representar a Platero, excelente.  Se tomará una pared focal y se coloca en toda la pared el dibujo de una pradera, se ambienta con melodía que traslade a los niños a una pradera (agua caer, silbido de pájaros, brisa…) (Sugerencia)

INICIO Se recibe a los niños y niñas

Se recogen las impresiones

Se les cuestiona

1.       ¿Qué creen que  haremos hoy?

2.       ¿Cuál creen que es el tema que trabajaremos?

3.       ¿Por la melodía, en qué lugar creen que se desarrolla la historia?

4.       ¿Por qué creen que hay un asno en el curso?

 

Después de recoger todas las impresiones se les expone el tema a trabajar y se les plantean los objetivos de la clase en cuestión, por ejemplo:

 

¡Muy bien! Después de haber tomado sus impresiones vamos a ver que tanto se acercaron al tema que se va a trabajar:

 

Hoy tendremos como foco la lectura comprensiva de un fragmento del libro titulado Platero y Yo de Juan Ramón Jiménez.

 

Con esta lectura ustedes lograrán aprender un poco sobre esta historia y podrán recrearla según su estilo.

 

DESARROLLOPlatero y yo (fragmento)

Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Sólo los espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negros.

Lo dejo suelto, y se va al prado, y acaricia tibiamente con su hocico, rozándolas apenas, las florecillas rosas, celestes y gualdas… Lo llamo dulcemente: ‘¿Platero?’, y viene a mí con un trotecillo alegre que parece que se ríe, en no sé qué cascabeleo ideal.

Come cuanto le doy. Le gustan las naranjas, mandarinas, las uvas moscateles, todas de ámbar, los higos morados, con su cristalina gotita de miel.

Es tierno y mimoso igual que un niño, que una niña…; pero fuerte y seco por dentro, como de piedra. Cuando paso sobre él, los domingos, por las últimas callejas del pueblo, los hombres del campo, vestidos de limpio y despaciosos, se quedan mirándolo (…)

 

Los alumnos lee la historieta

Identifican las palabras desconocidas

Identifican los personajes

El tiempo de la narración

La estructura

El tipo de narrador

Luego hacen su propia redacción donde comentan el texto leído

Recrean el texto dándole el final que deseen

 

 

CIERRRESe corrigen las redacciones y se motiva para, a modo de concurso, leer todos los finales y premiar los tres mejores finales en un próximo encuentro.

Mi hijo tiene dificultades para hacer amigos

Dr. Joan Simeo Munson

“Mi hijo va al primer grado y estamos realmente preocupados por su grupo social. El año pasado era muy tranquilo y parecía ir retrasado en cuanto a los otros niños en situaciones sociales, como hacer amigos o jugar en el recreo. Sólo fue invitado a una fiesta de cumpleaños todo el año a pesar de que otros niños parecían estar en contacto con más frecuencia para los partidos y por fechas del juego. Esto me rompe el corazón y no quiero que este año escolar sea el mismo”.

Es realmente difícil ver que su hijo no es tan socialmente activo como  los otros niños, especialmente cuando parece que están siendo excluidos. Todos los padres quieren que sus hijos encajen y sean aceptados. Pero me gustaría que tenga en cuenta algunas cosas. En primer lugar, ¿ha hablado con su hijo acerca de cómo se siente acerca de su vida social? Muchas veces, cuando los niños pasan el rato con sólo uno o dos niños los padres asumen que son miserables, cuando en realidad muchos niños prefieren uno en una jugada en vez del ajetreo y el bullicio maníaco que a menudo va de la mano con los grupos de juego de los niños pequeños. Así que asegúrese de que su hijo considera que esto es un problema antes de asumir que es uno.

En segundo lugar, durante estos años tiernos muchos padres proyectan sus propias ansiedades infantiles a sus hijos, ya que ellos los guían a través de la escuela. No es raro para los padres, que puedan haber tenido lucha social o eran tímidos, ver las situaciones sociales de sus hijos como problemáticas, cuando en realidad tiene más que ver con sus propios sentimientos acerca de la forma en que fueron tratados por sus compañeros durante su infancia. Esto puede ser un momento muy difícil, pero potencialmente gratificante para uno de los padres, ya que ganan la penetración en el mundo de su hijo. Una pregunta entonces que hacerse es, “¿Es un problema de mi hijo o es mio?” La respuesta que puede impulsar a la acción en nombre de su hijo o le dará la oportunidad de retroceder y examinar sus sentimientos.

Por último, tenga en cuenta que su hijo puede simplemente tener un temperamento diferente que usted. Los niños introvertidos, reservados o tímidos tienden a sentirse abrumados en grupos grandes y prefieren el juego más tranquilo de un amigo.

Una vez dicho esto, si su hijo tiene dificultades para hacer amigos y es infeliz, ahora es el momento perfecto para ayudarlo. Considere pedir a uno o dos niños más que se conecten con su hijo para citas de juego de fin de semana o encuentros después de la escuela. Trate de hacer esto regularmente y llegue a conocer a los otros padres para que su hijo pueda ser invitado a sus casas también. Si su hijo quiere más amigos, pero carece de las habilidades sociales para hacerlos, ayúdele a desarrollar estas habilidades. Revise la forma de introducirse a sí mismo, cómo pregunta a alguien para participar en un juego, o cómo comparte. Consejos para hacer amigos pueden incluir: solicitar una cita para jugar después de la escuela, forman un equipo en el recreo, o identificar niños que han compartido intereses.

Por último, asegúrese de que su hijo no molesta otros niños. Muchos niños que carecen de habilidades sociales hacen cosas sin darse cuenta de que hacen que sea difícil para formar amistades. Ejemplos de ello son los niños que son demasiado mandones, no van a compartir, o son excesivamente sensibles a su entorno. Al discutir estos peligros potenciales con su hijo puede ayudar a crear un mejor ambiente para hacer amigos.

Fuente: Empowering Parents

Emociones en los hijos 

Begoña Ibarriola

Existen centenares de emociones y muchas mezclas y variaciones, pero ya desde el nacimiento, y aún antes de nacer, el ser humano experimenta sentimientos intensos, como rabia, disgusto, afecto y responde a la cara y al tono de voz del adulto. El bebé es muy sensible al estado emocional de quien lo cuida, por eso todas las interacciones modelan al niño, -no hay ninguna interacción que sea neutra emocionalmente-, y este muy pronto percibe cómo siente el mundo que le rodea.

Los niños, al igual que los adultos, van a experimentar diversos sentimientos como consecuencia de los acontecimientos que se suceden diariamente en su vida.

Sin embargo, a diferencia de éstos, la búsqueda de referentes y soportes seguros sobre los que apoyarse, coloca al niño, en sus diferentes etapas evolutivas, en una situación de mayor vulnerabilidad y desprotección frente a los sucesos adversos o cambiantes de su entorno.

Lo que sucede es que normalmente los niños no hablan de las emociones si en su casa no se habla de ellas. A veces lo o que falta es el lenguaje, hablar de lo que cada uno siente ante las cosas que le pasan en la familia.

Desde bebés, el modo en que la madre reacciona cuando el niño sonríe o llora constituye todo un ejemplo de acompañamiento emocional, de respuesta a las emociones del otro en ambos sentidos.

Este vínculo que se forja ya desde tan pequeños proporciona también el vehículo más sencillo a través del cual los padres podéis enseñar a vuestros hijos cómo relacionarse, comprender y conectar con las emociones de otra persona y encauzar los propios sentimientos, lecciones fundamentales que marcarán su futuro.

La sensación de seguridad, la confianza en el adulto, que es una de las necesidades emocionales según Erikson, el verse comprendido en estos primeros momentos de nuestra vida, es ya un primer paso para más adelante encarar sucesivos encuentros con compañeros, amigos y parejas.

Desde los 2 a los 5 años maduran las emociones sociales, sentimientos como inseguridad, celos, envidia, orgullo, confianza, pues requieren la capacidad de compararse con los demás. Más adelante y acercándose a la adolescencia, aparecen otras como la soledad, el amor, la angustia, la esperanza, la ilusión, hasta completar una gama inmensa de sentimientos y emociones.

A medida que pasan los años, el modo en que el niño afronta una situación de crisis, por ejemplo una pelea en el colegio o un problema en la clase, va a ser reflejo en buena medida del modo en que la familia afronta las crisis.

Si ese entorno es sano emocionalmente, el niño se sentirá protegido aún en medio de los acontecimientos más desfavorables, aumentando y haciendo valer su capacidad de afrontar y sobreponerse a acontecimientos. 4

Un ataque de enfado y rabia de un niño, por ejemplo, puede ser una oportunidad única. Lo ideal sería que el padre o la madre no se enfaden igual que el niño, aumentando la gravedad de la situación, pero que al mismo tiempo no muestre una actitud pasiva, abandonando al niño a su suerte por no querer dar mayor importancia a los hechos.

Si en lugar de quedarse en estos extremos, los padres lográis contener su propio enfado, no dejándose arrastrar por él y conseguís contactar con vuestro hijo ayudándole a contener y encauzar su propia rabia, habréis dado un gran paso.

Esto no quiere decir que viváis en un permanente estado de tranquilidad sino que el entorno sea lo suficientemente flexible como para poder recuperarse de una situación difícil con cierta rapidez y con las menores consecuencias posibles.

DOS FORMAS DE ORIENTAR EL MUNDO EMOCIONAL DE LOS HIJOS

Antes de nada, los niños deben entender que la emotividad no es algo sorprendente e incontrolable, sino un medio de expresión de su personalidad, y como todo medio de expresión, puede ser educado. Por este motivo, enseñarles a identificar, reconocer, y controlar sus emociones debería ser un objetivo prioritario en la educación de los hijos y los padres deberían servir de modelos.

Pero la disposición de los padres hacia los sentimientos, el control y la expresión de las emociones es muy diversa y se puede clasificar en dos orientaciones fundamentales: acompañamiento de las emociones o eliminación de las emociones.

En el primer caso, los padres consideran las emociones como algo válido e importante, y enseñan a sus hijos las características de cada una, las posibles causas y sus diferentes formas de expresión mientras les ayudan a regularlas y sobre todo a manejar aquellas que resultan más difíciles como el enfado, la tristeza o el miedo.

Sin embargo los otros padres intentan eliminarlas al considerar que su expresión es poco importante o incluso puede resultar peligrosa o inconveniente, por eso censuran la expresión de algunas de ellas o intentan cambiarlas.

Las dos orientaciones tienen sus consecuencias: si vuestros hijos comprenden que las emociones son algo fundamental del ser humano y las valoran, las comprenden y regulan, recurrirían a ellas para ofreceros información sobre su mundo interior a la vez que transmitirán a sus hijos este aprendizaje.

Si por el contrario, consideran su expresión algo inadecuada o vergonzosa, reprimirán su expresión con las consecuencias que esto supone no solo para su bienestar psicológico sino incluso físico. Crearan una coraza emocional que bloqueará sus emociones intensas pero que a la vez les puede distanciar de las emociones de los demás y pueden tener dificultades para sentir empatía.

Pero el bloqueo emocional conlleva un efecto de acumulación que va creciendo dentro de nosotros. Cada emoción que nos negamos a sentir, cada emoción que frenamos, va dejando un poso negativo sobre nosotros, aunque no seamos conscientes del mismo.

Muchas personas son capaces de estar meses acumulando emociones negativas sin expresarlas de ningún modo. Las emociones, tarde o temprano, necesitan una forma de expresión; solo necesitamos llegar a nuestro límite para comprobarlo. La explosión de una de las emociones negativas suele ser la consecuencia más habitual del proceso de bloqueo emocional: explosión de ira, explosión de tristeza (a través del llanto), etc.

Cada familia posee también su propia atmósfera emocional que afecta a todos los miembros, dado su componente de interdependencia y el contagio que se observa en el funcionamiento cotidiano. Las emociones de los padres afectan a los hijos y a su vez las emociones de los hijos afectan al comportamiento de los padres creándose una tela de araña emocional en las que muchas personas se ven atrapadas.

En algunas familias se pueden encontrar altos niveles de expresión emocional negativa que incluyen la crítica, la hostilidad y la intromisión. Otros tipos de clima emocional son: el de frialdad y desvinculación emocional o el que se genera cuando un miembro de la familia ejerce un alto grado de control sobre el resto, a los que controla mediante el miedo.

Pero también existen familias cuyo atmósfera emocional es muy positiva, caracterizada por altos niveles de confianza mutua, de afecto y de calidez, los cuales promueven la empatía en los niños, una de las competencias emocionales más importantes para su desarrollo social.

El funcionamiento adaptativo de la familia debe caracterizarse por el intercambio abierto de información sobre los sentimientos y las emociones. La expresión emocional facilita entonces, el conocimiento de la topografía de la vida interior de los hijos y de la pareja, permitiendo que cada miembro se pueda desarrollar como individuo, que se le permita ser uno mismo, que desarrolle su individualidad, pero manteniendo a la vez un sano equilibrio entre su mundo emocional intrapersonal y el interpersonal.

El reto consiste en que los padres comuniquen con la mayor claridad posible su manera de pensar y sentir para abrir un canal de enlace, -de corazón a corazón- que pueda estarse actualizando toda la vida y permita un crecimiento conjunto. Y para ello nada mejor que hablar y escuchar a los hijos.

Emociones y bienestar familiar

Begoña Ibarrola 

Toda familia pretende educar a los hijos para que sean felices, eso nadie lo duda, pero el modo de conseguirlo varía considerablemente de unas familias a otras.

Uno de los factores que facilita conseguir ese objetivo está precisamente en cómo se maneja el mundo emocional de todos los miembros de la familia, tanto de la pareja como el de los hijos.

Existen tantos estudios sobre la felicidad que sería imposible nombrarlos, no lo voy a hace, pero si quiero destacar que los principales obstáculos para conseguir ese estado son tres:

El miedo, sobre todo al fracaso o al rechazo de los demás, no asumir la responsabilidad (responder con habilidad) y las emociones llamadas negativas de las cuales hablaremos más tarde. Por lo tanto una parte importante de nuestra felicidad y la de nuestros hijos tiene que ver con el manejo de las emociones y sentimientos.

Como padres y madres es necesario comprender que la base de la educación emocional se forma dentro de la familia y no únicamente desde la escuela. Por eso podemos aprender y enseñar a nuestros hijos desde bien pequeños, a reconocer lo que sentimos, saber expresarlo de forma adecuada, saber lo que sienten los demás, asumir las responsabilidades de cada momento, saber tomar decisiones, son algunas de las habilidades que se pueden aprender en familia y que son necesarias para nuestro bienestar aceptar y para integrase de forma positiva en la sociedad.

Pero es importante reconocer que los padres, dedicáis una gran parte de vuestro tiempo a enseñarles reglas de expresión emocional que están de acuerdo con las normas de vuestra familia de origen y vuestra cultura. Por eso es importante reflexionar sobre las reglas que nosotros recibimos cuando éramos niños.

Si pensamos en nuestra infancia, seguramente nos vienen a la cabeza recuerdos de situaciones muy diversas. Por una parte, encuentros entrañables compartidos con seres queridos y con los cuales los vínculos afectivos y personales proporcionaban una confianza y sentimientos especiales. Por otra, momentos de dificultad en los que la convivencia y el entendimiento de unos con otros así como el manejo de las emociones que tenían lugar ante una discusión, un conflicto o un cambio, se coinvertían en un reto para la familia, que a veces no se resolvía de la forma adecuada.

Al hacernos mayores, empezamos a percibir la complejidad que se esconde detrás de la comunicación emocional entre personas. Y al convertiros en padres, tomáis además conciencia de la dificultad educar y enseñar a nuestros hijos como navegar en el mar de las emociones.

Estoy de acuerdo con Maturana cuando dice que el modo de vivir de un adulto, está más determinado por el espacio psíquico emocional que aprendimos a vivir desde niños. Y también me gusta su definición de educar, – guiar a los niños en el camino de llegar a ser seres humano que se respetan a sí mismos y a los otros mediante la generación continua de espacios de convivencia que originen colaboración, alegría y libertad responsable-.

EMOCIONES Y TIPOS DE RESPUESTA

La dimensión emocional forma parte del día a día de todos, tanto es así que con frecuencia tratamos de expresar y compartir nuestros estados internos o sensaciones, sin saber muy bien cómo hacerlo.

Con demasiada frecuencia también, resultamos torpes o pobres a la hora de expresar adecuadamente los sentimientos, limitándonos a decir estoy bien, mal, regular, o expresiones como esto me ha afectado poco, significa mucho para mí, no me deja indiferente…

En otros casos, somatizamos la expresión de sentimientos con explicaciones del tipo tengo un nudo en la garganta, se me encoje el corazón, estoy paralizado….

Todas estas expresiones, lejos de aproximarnos a la identificación del mundo de nuestras emociones, las difuminan en vocablos poco precisos, que impiden tomar conciencia y expresarnos como en verdad querríamos hacer.

De hecho, cuando una persona expresa estar mal, puede encerrar tras de sí sentimientos tan variados como la tristeza, la rabia, la preocupación, el enojo, la envidia, los celos, la apatía, la desolación, la desesperanza….y al mismo tiempo una persona que dice sentirse bien puede tener sentimientos de satisfacción, orgullo, alegría, alivio, regocijo, esperanza, seguridad…

Las emociones son fenómenos multidimensionales caracterizados por cuatro elementos: cognitivo (Cómo se llama y que significa lo que siento), fisiológico (qué cambios experimenta mi cuerpo), conductual (hacia donde dirige cada emoción mi conducta) y expresivo (a través de que señales corporales se expresa).

Pero no todo el mundo expresa sus emociones, y si las expresa, lo hace de una forma diferente. A lo largo del proceso de aprendizaje y del establecimiento de relaciones sociales, las emociones se van modulando, y muchos aspectos van cambiando. Las personas vamos configurando unos esquemas emocionales basados en parte en la experiencia y en parte en el temperamento a medida que crecen y aprenden de lo que les sucede en la vida. Estos esquemas constituyen la esencia de las diferencias individuales, y en estos esquemas se basan los estilos de respuesta emocional que caracteriza a cada persona.

10 más, 10 menos actividades de cálculo mental

Nueva ficha para trabajar el cálculo mental, 10 más, 10 menos.

El uso de la tabla del 100 para trabajar el cálculo mental es una práctica habitual en las primeras edades. Ayuda al alumno a hacerse una imagen mental de la numeración y comprender mejor la relación entre los números, esto agiliza enormemente el cálculo mental.

Esta actividad que os presento es para realizar una vez se haya practicado mucho con la tabla completa.

http://www.aulapt.org/2016/06/09/10-mas-10-menos-actividades-calculo/

 

¿Es cierto que Shakespeare odiaba a su esposa? Cuatro mitos sobre el Bardo

Becky Little 

En el 400 aniversario de su muerte, analizamos si Shakespeare era gay, fue a la escuela, o si de verdad escribió sus obras.

Este 23 de abril se conmemora el 400 aniversario del fallecimiento de William Shakespeare, uno de los escritores más famosos del mundo. E igual que sucede con otras celebridades, abundan las habladurías. Estos son algunos de los rumores sensacionalistas más comunes acerca de un hombre tan popular, que se dice que alguien robó su cráneo.

http://www.ngenespanol.com/ciencia/descubrimientos/16/04/22/mitos-sobre-william-shakespeare-literatura-inglesa-historia-dramaturgia.html

Fecha: 2016-04-22

 

¿Cómo se desarrolla mejor el cerebro de un bebé?

Simon Worrall
Pronuncia: Otorrinolaringóloga pediátrica. Difícil, ¿verdad?

Según Dana Suskind, quien obtuvo ese título en la Universidad de Chicago, la exposición a un lenguaje abundante durante los primeros tres años de vida no solo es crucial para la capacidad de pronunciar palabras largas, sino para nuestro desarrollo integral y el éxito en general.

Por desgracia, en su nuevo libro Thirty Million Words: Building a Child’s Brain también demuestra que nuestros logros están determinados, en buena medida, por el medio social y económico en que nacemos.

Sin rodeos: un niño nacido en la modesta Compton, California, probablemente escuchará 30 millones de palabras menos en los primeros tres años de vida que otro nacido en la acaudalada Greenwich, Connecticut.

En una entrevista desde su hogar en Chicago, Suskind explica que la iniciativa “Thirty Million Word” intenta cerrar la brecha de logros; porqué el esfuerzo de Mark Zuckberger de aprender chino refleja la importancia de la exposición al lenguaje desde la infancia; y cómo su propuesta de “sintonizar, hablar más y tomar turnos” puede ayudar a resolver los problemas mundiales.

¿Qué te inspiró a escribir el libro, Dana?

Hace unos diez años inicié el programa de implantes cocleares en la Universidad de Chicago. Mi experiencia como cirujana me llevó al mundo de las ciencias sociales y allí descubrí el poder del lenguaje.

Los niños que nacen en condiciones de pobreza escuchan 30 millones de palabras menos que sus pares más acaudalados.

Antes de la implantación, los niños no manifestaban una diferencia real en su potencial de aprender a hablar. Pero después del implante, eran muy distintos. Algunos hablaban y aprendían igual que sus pares, mientras que otros apenas podían comunicarse. Y la diferencia casi siempre estuvo marcada por líneas socioeconómicas.

Julien Heh y Allie, su hija de 20 meses, participan en un taller de especias. Muchos padres no notan que pueden sostener charlas con sus hijos.

Aquella experiencia me puso a pensar, ¿qué está sucediendo? Es la misma cirugía, con resultados muy distintos. Luego me enteré de una investigación muy importante que hicieron Betty Hart y Todd Risley hace unos 30 años. Demostraron que los niños que nacen en condiciones de pobreza escuchan 30 millones de palabras menos que sus pares más acaudalados. Pero la brecha de 30 millones de palabras es solo una metáfora de la riqueza del lenguaje y los ambientes en los primeros años de vida.

Lo explicas de una manera maravillosamente sencilla. Cuéntanos de tus tres consejos para los padres y cómo marcan la diferencia en el desarrollo del cerebro infantil.

Desde el punto de vista científico, un ambiente con un lenguaje rico es increíblemente complejo. Sin embargo, en el nivel más fundamental, todo se reduce a tres cosas: armonizar, hablar más y tomar turnos.

Armonizar significa que cuando estés cambiando el pañal de tu hijo, salgan de compras o vayan al centro en autobús, te muestres interesada en cualquier cosa que despierte el interés del niño.

Hablar más es justo eso: hablar más, usar un lenguaje más rico, narrar a tu hijo lo que ocurre en el día.

Tomar turnos es lo más importante. Significa que debes considerar a tu hijo como un compañero de conversación, desde el primer momento. Muchos padres no se dan cuenta de que pueden conversar con un recién nacido. Sin embargo, los bebés nacen listos para aprender y responden con cada ruido y eructo, incluso antes de usar su primera palabra.

Propongo un cuarto factor: apagar la tecnología. Llámese televisión, iPhone o iPad, hay tecnología en todas partes. Necesitamos aprender a vivir con la tecnología y entender que el cerebro del bebé necesita interacciones humanas reales, en vivo. Por desgracia, no existen sustitutos ni fórmulas, como las hay para la leche materna, así que solo podemos hacer nuestro mejor esfuerzo para limitar la tecnología e interactuar con nuestros hijos. (Lee: ¿Qué nos causa Facebook?)

En tu libro haces una pregunta importante: “Si los bebés fueran genios de la computación, ¿por qué no los sentamos frente al televisor y nos olvidamos de todo?”. Explica porqué eso no contribuye al proceso de aprendizaje.

¿No sería lo más simple? [Ríe] El lenguaje se desarrolló como un medio de comunicación. No teníamos tecnología para nutrir nuestros cerebros. Necesitábamos la interacción social para que el lenguaje se “pegara”. Hay estudios geniales que lo demuestran. Los bebés no aprenden con la televisión o los videos. La interacción, lo que llamamos “respuesta contingente” –cuando respondemos a las señales del bebé-, es lo que permite que aprendan cosas.

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¿Qué hay de los niños mayores de cuatro años, los que se pasan la vida en YouTube o el televisor, sin leer y sin los tres estímulos que propones? ¿Hay esperanzas para ellos?

¡Nunca es tarde! El cerebro siempre está desarrollándose, evolucionando; incluso en ti y en mí. [Ríe] Sin embargo, hay un periodo cuando el desarrollo cerebral es tan intenso como al principio, sobre todo en términos de destrezas cognitivas. Si queremos prevenir en vez de remediar, necesitamos enfocarnos en esa etapa. Eso no significa que debamos enfocarnos en los niños de cero a tres años y olvidarnos de los demás. Pero si descuidamos a los de cero a tres, después será muy difícil cerrar la brecha.

Ya es costumbre decir que el reforzamiento positivo es necesario. No obstante, tienes datos que confirman esa teoría, así como información sorprendente sobre factores socioeconómicos y el refuerzo positivo. Háblanos del estudio Hart-Risley.

Hart y Risley surgieron de la “Guerra contra la pobreza”. Antes de hacer su estudio, hace 30 años, realizaron muchas intervenciones preescolares con niños que vivían en condiciones de pobreza. Al principio, los resultados demostraron que, durante la edad preescolar –digamos, cuatro y cinco años-, los niños que recibían intervenciones clave no eran distintos de quienes no las recibían. Esa experiencia los llevó a cuestionar, “¿Qué pasa en la vida cotidiana de los bebés entre los cero y tres años?”

En casa de los mellizos Felix y Viva se habla 4 idiomas, lo que crea el rico ambiente lingüístico que Suskind considera crucial para el desarrollo cerebral.

Decidieron hacer un seguimiento de familias en todos los estratos socioeconómicos –incluyendo desde las que llamaron “empobrecidas” hasta las profesionales y todos los niveles intermedios- hasta los tres años de edad. Visitaron a los niños una vez al mes e hicieron grabaciones de audio. Cuando analizaron los datos, descubrieron que los niños nacidos en condiciones de pobreza habían escuchado 30 millones de palabras menos que sus pares más acaudalados. Fue entonces que concibieron esa metáfora genial para llamar la atención del público: la brecha de 30 millones de palabras.

Hart y Risley también detectaron diferencias entre el uso de afirmaciones y prohibiciones –“¡No hagas esto!”, “¡Bájate!”, “¡Cállate!”- y las descripciones que usaban una rica narrativa. Todo esto –la forma como los progenitores hablan o no con los niños- impactó no solo en el vocabulario de los bebés a los tres años, sino que al llegar al tercer grado, también encontraron impactos en sus calificaciones de exámenes y CI, y así descubrieron el inicio de la brecha de logros.

Mencionas que hay una diferencia entre los términos “ayudante” y “ayuda” para obtener una respuesta en los niños, y también cuando dices “eres muy malo” o “hiciste algo malo”. Explica la importancia del lenguaje en el desarrollo del cerebro infantil.

Lo más importante que me ha demostrado toda esta experiencia es el poder del lenguaje para nuestro desarrollo integral, para el desarrollo de nuestro cerebro. El lenguaje no solo incrementa el CI y la capacidad cognitiva. Hace crecer los distintos aspectos del individuo, como nuestra destreza para las matemáticas, nuestra percepción espacial, nuestra capacidad para perseverar frente a los desafíos, o nuestra autorregulación.

En estos momentos estoy muy enfocada en nuestro programa de elogios basado en la persona versus el proceso. Si dices “trabajas muy duro” versus “eres muy inteligente”, marcarás la diferencia entre un niño que persista frente a un desafío difícil o se dé por vencido.

Tiffany Painter y Trevon, su hijo de seis meses, disfrutan una mezcla de alimentos y videos musicales. Suskind dice que el lenguaje hace crecer distintos aspectos del individuo.

La empatía es la esencia de lo que deseamos en los seres humanos. Es importante elogiar al individuo en vez del proceso. Queremos que el niño piense, “Soy un gran ayudante” versus “solo fue el proceso”.

En cambio, si el niño hace algo malo, es importante entender que hay una diferencia crucial entre sentir culpa y vergüenza. Porque si avergüenzas a alguien, no haces algo constructivo. Lo deseable es que tu afirmación esté conectada con un acto. Si dices “eres malo” versus “ese acto es malo”, puedes marcar una gran diferencia.

Fecha: 2015-09-11

Fotografías: Lynn Johnson, National Geographic Creative