Ser apropiado o diferente nunca es fácil

Puede ser doloroso si a su hijo no lo invitan a la fiesta de cumpleaños de un compañero de clase, no lo eligen para el papel principal en la obra, o se sienta solo en el recreo. A pesar de que no es fácil ser dejado fuera, cómo ayudar a lidiar con todo esto puede hacer toda la diferencia en el mundo.

¿Entonces qué puede usted hacer? En primer lugar, reconocer sus sentimientos y asegurarle que es amado  y apoyado en su casa.

Considerar si las habilidades sociales necesitan ser enseñadas y / o reforzadas para ayudarle a hacer conexiones con sus compañeros. Ayudarle a identificar sus puntos fuertes. Sugerirle que se una a un equipo o club de su interés. Hacerle saber que con el tiempo va a encontrar su espacio.

Animarle a dejar de intentar ser parte del “grupo de moda”, sino más bien tomar la iniciativa para hacer amistades con otros niños. Sin duda, hay muchos niños que pueden hacer empatía con él. Ella o él se sentirá facultado por ser un participante activo en su propio mundo.

Ser el nuevo chico en la escuela nunca es fácil. Pero sí esto le da a su hijo una oportunidad maravillosa para comenzar con una pizarra limpia. Si él se quedó fuera, ignorado o intimidado antes, eso es historia desconocida en una nueva escuela.

Asegurarle que se necesita tiempo para cumplir con los nuevos niños. Recordarle que sus nuevos compañeros de clase pueden haber sido amigos durante bastante tiempo, y al principio no pueden ser demasiado abiertos a una nueva persona en unirse.

Una forma para que los niños aprendan a hacer frente a una nueva situación es apoyándose en sus puntos fuertes. Así que recuérdele a su hijo que tiene talento. “Usted ha hecho amigos en casa cada vez que jugó al baloncesto. Los hijos vieron que era buena y querían estar en el equipo con usted.”

Si su niño tiene necesidades especiales hacerle saber que está bien ser diferente. Por supuesto, él probablemente no se siente de esa manera. Pero se puede dar un giro positivo en él con sus acciones.

No le aísle  de las interacciones con otros niños. Si bien es posible que desee ayudarla a evitar ser objeto de burla, o el temor de que se trata de manera diferente le hará daño, evitando conexiones sociales solamente le  obstaculizará.

7 Maneras de cómo hacer amigos:

 Hacer el primer movimiento.

Sea positivo y agradable.

Ser tú mismo.

No se olvide de sonreír.

Sé un buen oyente.

Ser sincero.

Librarse de rechazo.

¿Cómo se puede ayudar a su hijo?

Reconocer sus sentimientos.

Ser tranquilizador.

Identificar sus puntos fuertes.

Mantener una comunicación abierta. Incluso si él no quiere hablar con usted, seguir hablando. “¿Hay algo que pueda hacer para que te sientas más cómodo?” ¿Necesitas algo?” “¿Me gustaría hablar con tu profesor?”

Fuente: Discovery Education

¿Quieres que tu hijo se desarrolle? Deja que se aburra

Jennifer Delgado

Muchos padres se sienten culpables cuando sus hijos se aburren. Inconscientemente, creen que es su deber mantenerlos siempre ocupados, e incluso piensan que son malos padres si no son capaces de entretener a los niños. Sin embargo, en realidad se trata de una creencia errónea, los padres no tienen la obligación de mantener entretenidos a sus hijos, al menos no todo el tiempo. De hecho, incluso es contraproducente ya que el aburrimiento también tiene un lado positivo.

¿Por qué los niños se aburren tan fácilmente?

Es cierto que los niños tienen una gran imaginación y fantasía, pero también les cuesta mantenerse concentrados en una actividad durante mucho tiempo. Su sistema nervioso aún no está preparado para focalizar la atención durante varias horas en una misma actividad, por lo que es normal que pasados unos 30 minutos se aburran.

La tecnología también juega en contra. Cuando los niños se acostumbran desde pequeños a los juegos tecnológicos se produce una especie de “saturación perceptual”. En práctica, los estímulos que ofrecen estos juegos son tan intensos, sobre todo los sonidos, colores y movimientos, que los juegos tradicionales pronto pierden su atractivo y dejan de captar la atención infantil. Por tanto, el aburrimiento llega más rápido.

El sistema nervioso de los niños aún no está preparado para focalizar la atención durante varias horas en una misma actividad, por lo que es normal que pasados unos 30 minutos se aburran. Foto: Kasuma

¿Qué le puede aportar el aburrimiento a los niños?

“El aburrimiento es el punto de partida para dar rienda suelta a la imaginación.”

  1. Estimula la creatividad

Estar aburridos no es, necesariamente, algo negativo. De hecho, esta sensación puede estimular la creatividad. Así lo demostró un estudio realizado por psicólogos de la University of Central Lancashire publicado en la Creativity Research Journal.

Estos investigadores les pidieron a algunos de los participantes que pasaran 15 minutos realizando una tarea muy aburrida, como leer una guía de números de teléfono. Más tarde, al someterlos a una serie de pruebas de creatividad, comprobaron que las personas que más se aburrieron también fueron las que brindaron respuestas más creativas. Esto se debe a que el aburrimiento activa los estímulos internos, que son los que desarrollan la fantasía y la creatividad.

Las pruebas de creatividad revelan que las personas que más se aburrieron en los test también fueron las más creativas. Foto: unsplash.com

  1. Contribuye a desarrollar la identidad

En los últimos tiempos se han comenzado a escuchar las voces de algunos psicólogos y pedagogos que alertan de los problemas que puede generar el hábito de los padres de llenar la agenda de sus hijos con actividades extraescolares. De hecho, los niños necesitan tiempo libre, tiempo para jugar, para no hacer nada, para soñar despiertos o incluso para aburrirse.

Es precisamente durante ese tiempo que logran canalizar sus intereses y encontrar sus pasiones, más allá de las tareas y actividades que imponen los padres o el colegio. Ese tiempo es precioso ya que les permite descubrir lo que realmente les gusta y consolidar su identidad.

  1. Estimula la independencia infantil

Cuando los niños se aburren y no pueden llenar ese tiempo con los dispositivos electrónicos, aprenden a dirigir su atención hacia adentro, se preguntan qué podrían hacer y, sobre todo, qué les apetecería hacer. En ese momento se pone en marcha un mecanismo muy importante que les permite hacerse dueños de su tiempo y desarrollar la independencia.

Al contrario, un niño que siempre es guiado, estará pendiente continuamente de las orientaciones de los adultos, no sabrá qué hacer y desarrollará una baja tolerancia a la frustración. Sin embargo, cuando los padres estimulan la independencia desde edades tempranas, ese niño ganará en autoconfianza y autonomía.

Si un niño es guiado siempre, estará pendiente continuamente de las orientaciones de los adultos, no sabrá qué hacer y desarrollará una baja tolerancia a la frustración. Foto: unsplash.com

  1. Enseña que todas las emociones son valiosas

Tenemos la tendencia a catalogar las emociones como positivas o negativas y, sin darnos cuenta, les transmitimos esa idea a los niños. Sin embargo, todas las emociones y estados de ánimo tienen una razón de ser, y no se deben obviar.

En la primera fase del aburrimiento, por ejemplo, el niño puede experimentar hastío y frustración, pero estas sensaciones son transitorias e incluso pueden llegar a ser beneficiosas ya que consolidan el mecanismo de inhibición y fomentan la resistencia a la frustración. Por eso, enseñarle a un niño a lidiar con las sensaciones que genera el aburrimiento es una especie de entrenamiento emocional que le resultará muy útil en el futuro.

¿Qué hacer cuando los niños se aburren?

La frase “estoy aburrido” no siempre se debe interpretar al pie de la letra. Además de comunicar un estado, también puede indicar que los niños necesitan una dirección o que la tarea en la que están inmersos no es lo suficientemente motivadora. Cuando se trata de niños más pequeños, a menudo esta frase es tan solo un reclamo de atención, una invitación para que los padres les dediquen un poco de tiempo.

En cualquier caso, si tu hijo se queja porque está aburrido, es conveniente que le prestes atención durante unos minutos. Explícale que el aburrimiento no es algo negativo y que puede aprovecharlo a su favor, para hacer algo diferente. Puedes proponerle algunas ideas, pero deja que sea él quien elija ya que es su tiempo y debe aprender a gestionarlo y emplearlo en actividades que le puedan aportar algo y le hagan feliz

El cerebro de los niños, la inteligencia

José Silié Ruiz

La inteligencia es la capacidad de resolver problemas; pero no es una facultad simple unitaria. Es en verdad, una jerarquía de habilidades, aprendidas sucesivamente, en que las últimas se van incorporando a las anteriores. El cerebro se puede concebir como un gran organizador de datos, un organizador mucho más complejo que cualquier computadora artificial. La información le llega por medio del oído, la vista, el tacto, el olfato, el sabor. El cerebro, al parecer reduce este vasto acopio de datos a símbolos en clave, que puede organizar lógicamente para resolver problemas, alcanzar metas y dar sentido a la existencia.

Porqué es tan importante la estimulación temprana en los niños, porque durante los primeros cuatro o cinco años de vida, el desarrollo del niño  es rápido y está más sujeto a modificación. En ese periodo adquiere las habilidades que le servirán de base para sus posteriores dotes. Tal vez un 20 por ciento de ellas se desarrollan antes de que cumpla un año, y quizá la mitad antes de que llegue a los cuatro. Con el agravante, de que esas tempranas influencias perduran para toda la vida, sean buenas o malas. Es la explicación a algunas conductas que asumimos en la vida adulta de las que¨ conscientemente¨ no tenemos una explicación válida.

Hay un obra que recomendamos, del inglés, Dr. Josep Perner, Profesor de Psicología Experimental  de la Universidad de Sussex, Inglaterra, es su libro ¨Comprender la Mente Representacional¨ de Editorial Paidos. La obra, sintetiza la bibliografía existente acerca de las teorías de la mente infantil, con el propósito de proporcionar una explicación integral de la comprensión infantil de los procesos representacionales y mentales, decisiva para la adquisición de la psicología del sentido común.

Nadie sabe cómo funciona la mente, o al menos, nadie sabe cómo funciona la mente al mismo nivel que se conoce el funcionamiento de otros muchos fenómenos. La mente, concebida como un ¨problema¨ al que se vislumbra una solución. Son dos los pilares fundamentales para comprender cómo funciona ¨la mente¨: la computacional y la evolución por selección natural. Así pues, si conectamos el concepto del pensamiento y lo asociamos a la capacidad de manejarnos, entonces la inteligencia se puede definir como el conjunto de técnicas que el niño adquiere para organizar los informes que le proporcionan los sentidos. Este nuevo concepto  de ¨inteligencia¨, contradice la vieja idea, de que es algo que queda perfectamente determinando en el momento de la concepción, como el sexo del individuo. El niño no nace con una inteligencia ya determinada, sino más bien con un ¨potencial intelectivo¨. En verdad, tiene que aprender a aprender, y su éxito dependerá de la capacidad organizadora que haya adquirido  en su experiencia temprana.

Y esto es muy necesario, está confirmado que los lactantes, mucho antes de que puedan hablar, aprenden a recordar cosas y a comparar sus propiedades, de ese modo ponen orden en su entorno. Y es muy necesario, pues la plétora de nuevas impresiones que, desde el entorno, bombardean constantemente a los retoños amenaza con exigir demasiado al nuevo cerebro. Pero ese cerebro no tiene límites, los juegos, la música, lectura en alta voz, televisión dirigida, conversar con ellos, las atenciones y mimos, están entre los principales elementos para ¨mejorar la inteligencia¨ a esa temprana edad.

El mencionado y triste ejemplo del niño de los tugurios, que vive en un ambiente sórdido, y con frecuencia los adultos que lo rodean son indiferentes y amargados. Como nadie lo motiva, no desarrolla las actitudes y aptitudes necesarias para triunfar.  Un ejemplo de lo opuesto,  una niña híper estimulada, mi nieta Nicole, canta  largas canciones tanto en inglés como en español, tal vez a sus tres años no entienda el argumento, pero  como neurólogo, de algo  estoy muy seguro, absorbe la musicalidad de los idiomas, de eso se trata, se puede ¨enseñar¨ inteligencia. El secreto,  una  permanente educación estimulante.

4 maneras de manejar el regreso a la escuela con su hijo con ODD

Kim Abraham, LMSW y Marney Studaker-Cordner, LMSW

El inicio de cada año escolar trae todo tipo de imágenes a la mente: la compra de ropa y útiles escolares, volver a la rutina de la cena y la hora de dormir que pudieron haberse convertido relajados durante el verano, y el alivio de los hermanos argumentando que han sido pegados 24 /7 durante los últimos tres meses. Muchos padres se sienten aliviados cuando la escuela se pone en marcha de nuevo, pero para los padres de niños con trastorno de oposición desafiante (ODD, por sus siglas en inglés), esto es a menudo un tiempo de ansiedad e incluso temor.

Mientras usted está haciendo su trabajo, es responsabilidad de su hijo (y última opción) de si tomar o no esas oportunidades y hacer frente a las consecuencias naturales y encontrar una nueva ruta si no lo hace.

Día típico de la escuela en la vida del padre de un niño ODD

Como la madre de un niño ODD, Kim Abraham recuerda un “día escolar típico” en la vida de su familia:

Empezábamos el día luchando para conseguir que nuestro hijo se levante. Incluso cuando sólo tenía siete, se hacía a sí mismo como un peso muerto en la cama. Una vez lo tenemos despierto, el siguiente reto era conseguir vestirlo. Literalmente, se debatió, argumentó y peleó contra todos los esfuerzos que hicimos a prepararlo. Mucho después de que el autobús escolar pasó, él todavía estaba en pijama, patadas y gritando. Al final, tuvimos que arrastrarlo más o menos al coche y mi marido lo vestía mientras yo conducía. Si no hubiera habido dos de nosotros, él nunca se habría metido en el coche. Chillamos en el estacionamiento mientras el timbre de alarma estaba sonando y lo entregamos al personal de la escuela, que lo despegaron antes de que pudiera trepar de nuevo en el coche. Entonces mi marido y yo intentaríamos ser enérgicos para enfrentar el trabajo y las llamadas que estaríamos recibiendo más tarde en el día de la mala conducta de nuestro hijo. Las mañanas con nuestro otro hijo eran completamente diferentes: había desayuno, tenía la mochila lista, cepillado los dientes. Había una rutina.

Era la escuela en particular más traumática para mi hijo ODD que cualquier otro niño? No. Él fue a la misma escuela que mi otro hijo – una escuela que estaba libre de pandillas o violencia grave. Era un niño muy brillante – dotado de hecho – por lo que el trabajo en sí no era una lucha. En todo caso, se aburría. Entonces, ¿por qué se negó a ir? Sólo que no quería. Eso es. Había otras cosas que preferiría estar haciendo que sentarse en clase y porque él tenía ODD, no tenía la personalidad que se preocupaba por las expectativas de sus padres, la escuela o la sociedad. No le importaba que la ley dice que tiene que asistir. Él no se preocupa por las consecuencias para nosotros – o él mismo.

¿Quién lo hubiera pensado?

Los adultos en la vida de un niño ODD tienen expectativas de comportamiento y el rendimiento de ese niño. Esperamos que nuestros hijos asistan a la escuela, lleguen a tiempo, respeten los derechos de los demás, sigan las reglas, hagan su trabajo en clase y las tareas. El problema es que las expectativas de la sociedad y los padres no suelen ser una prioridad para los niños ODD – sus propios deseos y necesidades. Los adultos siguen aferrándose a esas expectativas después de que es evidente que un niño se niega a cumplirlas. ¿El resultado para muchos padres de niños ODD? luchas de poder diarias.

Muchos padres que hemos conocido han compartido experiencias de trabajo con la escuela de sus hijos que les han dejado sentir vergüenza, humillado, frustrado y en ocasiones francamente enfurecido. Es un sistema de gran alcance para encontrarse y cuando su hijo es el que insiste en hacer las cosas a su manera, se puede convertir en una situación “nosotros contra ellos”. Si la escuela de su hijo está abierta a trabajar con usted como un equipo, eso es maravilloso. Muchos maestros y administradores entienden que la crianza de un niño ODD es extremadamente difícil y ofrecen apoyo cuando se trata de la educación de ese niño. Pero a menudo los padres y educadores se sienten estresados cuando se trata de que un niño desafiante confluya en la tormenta perfecta. Todo el mundo empieza a mirar el uno al otro sobre cómo controlar ese niño y quién tiene la culpa de su comportamiento. De alguna manera – a pesar de la negativa de estar lejos de casa, de tu hija para participar en una actividad o la negativa de su hijo a hacer su trabajo de clase se convierte en un reflejo de ti. El enfoque se puede conseguir muy, muy por fuera de la pista y en lugar de sostener al niño responsable, se convierte en un juego de la culpa.

Si usted está temiendo al tiempo de “vuelta al cole”, aquí hay algunos consejos para tener en cuenta acerca de la educación de su hijo:

  1. La comunicación es clave. La comunicación con el personal de la escuela a menudo puede sentirse como una tarea intimidante. Pero recuerde que los administradores de los maestros y de la escuela de su hijo son a menudo tan frustrados e inseguros de cómo manejar su comportamiento como lo hace usted. Trate de recordar que todos estamos trabajando hacia el mismo objetivo: para que su hijo se convierta en un miembro educado, productivo de la sociedad. Mantenga una nota práctica que le recuerda a este objetivo y tire de ella cada vez que tenga teléfono o contacto personal con la escuela.
  2. Mantenga a su niño responsable. Como adultos, podemos hacer todo lo que esté a nuestro alcance para ofrecer oportunidades de educación a nuestros hijos. Transporte, materiales de construcción, como los libros y lápices, apoyo para entender el trabajo de clase, la comunicación clara de las reglas y las expectativas son todas las cosas que podemos controlar como adultos. Sin embargo, al final, le toca a su hijo tomar ventaja de esas oportunidades. A falta de poner el libro de texto sobre la cabeza y esperando que la información solo se filtre en su cerebro, no hay manera de forzar a un niño a aprender material cuando él se niega. Si él se niega a completar el trabajo que todavía va a aprender – sólo estará aprendiendo que hay consecuencias naturales de sus opciones.
  3. Hacer a su hijo un socio educativo. Recuerde: esta es la educación de su hijo, no la suya. Que ya ha pasado por la escuela. Tal vez usted se graduó, tal vez no lo hizo. Tal vez la suya fue una buena experiencia, tal vez no lo era. En particular, a medida que envejece, su hijo debe ser un socio activo en su experiencia educativa. ¿Qué quiere el? ¿Hay oportunidades de educación alternativa que podría satisfacer mejor sus necesidades y seguir cumpliendo las expectativas legales de la sociedad? Esté abierto a las ideas de su hijo sobre lo que debe suceder para una educación exitosa.
  4. Trate de no predecir el futuro. La mayoría de nosotros se asustan – incluso aterrados – cuando nuestros hijos comienzan a dificultades en la escuela. Si mi hijo tiene dificultades en el 2do o 4to o 6to grado, ¿que va a pasar en el camino? El peor de los casos: él no puede graduarse. Este pensamiento trae miedo y decepción en los corazones de muchos padres. Pero ¿cuál es el peor de los casos aquí? Muchas personas han tenido éxito en la vida a pesar de que se deciden a tomar una ruta alternativa. Puestos de trabajo en las industrias de comercio y servicios no son menos valiosas que las que requiere la universidad o incluso diplomas de escuela secundaria. Muchas, muchas personas de éxito no eligieron tomar el sistema escolar de sus padres sobre la oportunidad de una educación formal: Ansel Adams (famoso fotógrafo), Bryan Adams (cantante / compositor), Nora Roberts (autor de éxito), Carl Lindner (auto -formada hombre de negocios americano y el multimillonario), Kevin bacon y Johnny Depp (actores), Sonny Bono (cantante y político) son algunos nombres que vienen a la mente. Y recuerda: sólo porque un niño no se aprovecha de la educación formal ahora no quiere decir que no va a volver a ella más tarde en forma de un GED (examen de desarrollo de educación general), la escuela nocturna o una prueba de nivel universitario. Habiendo dicho esto, no hay manera de predecir que su hijo no se graduará con éxito, a pesar de las luchas en la escuela. Pero el miedo nos puede llevar a reaccionar, como padres, de manera que contribuya a la experiencia escolar negativa de nuestro hijo.
Oportunidad y Responsabilidad

En el mundo actual, los padres y educadores a veces ponen más esfuerzo en la educación de un niño que en el propio niño. La educación es algo más que “aprender de los libros.” Debe ser el momento en que nuestros niños comienzan a aprender sobre el mundo real y cómo van a navegar a través de ese mundo con éxito.

Es nuestro trabajo como padres, educadores y como miembros de la sociedad para ofrecer a todos los niños la oportunidad de tener una educación formal. Es nuestro trabajo para proporcionar un ambiente seguro y asegurar que nuestros niños tengan las herramientas de apoyo en su aprendizaje. Si un niño tiene dificultades, tenemos que mirar lo que puede estar pasando. (¿Hay un problema de aprendizaje, es que se siente intimidado, ¿hay algo que interfiere con su capacidad para hacerlo bien en la escuela?) Mientras usted está haciendo su trabajo, es responsabilidad de su hijo (y última opción) sobre si se debe o no llevarle arriba en esas oportunidades y hacer frente a las consecuencias naturales y encontrar una nueva ruta si no lo hace.

Acerca de Kim Abraham, LMSW y Marney Studaker-Cordner, LMSW

Kimberly Abraham, LMSW, ha trabajado con niños y familias por más de 25 años. Ella se especializa en el trabajo con los adolescentes con trastornos de conducta, y también ha planteado un niño con trastorno de oposición desafiante. Marney Studaker-Cordner, LMSW, es la madre de cuatro hijos y ha sido un terapeuta durante 15 años. Ella trabaja con los niños y las familias y tiene una formación en profundidad en el área de abuso de sustancias. Kim y Marney son los co-creadores de The Odd salvavidas para los padres de los niños de oposición, desafiante, y la vida sobre la influencia, un programa que ayuda a las familias que luchan con problemas de abuso de sustancias. Un libro para sus primeros hijos, Daisy: La verdadera historia de un increíble 3-Legged Chinchilla, enseña el valor de las diferencias que abrazan y que fue el ganador del Premio de Diseño de la cubierta del libro de cuentos 2014 Nacional Independiente excelencia de los niños.

Fuente: Empowering Parents

La conversación con los hijos

Una de las enseñanzas sobre la conversación trata de la importancia de saber escuchar: “El talento de escuchar parece fácil de adquirir, y sin embargo, es bien escaso. Pocas personas lo poseen, porque pide una forma de abnegación de sí mismo; y sin embargo, cuánto tenemos a ganar con él. No solamente nos hace ser más amables, sino que nos hace aprovechar para nuestro goce, el espíritu de los otros”.

Seguramente Ud. muchas veces oyó que a algunos matrimonios les faltó comunicación y que por esta causa la unión de los esposos entró en crisis. Por eso, ¡cuán bueno sería que, antes de casarse, los novios ya tomaran el propósito de saber escuchar uno al otro!

Lo mismo puede decirse de hijos y padres, el arte de saber escuchar es tan importante cuanto el de saber hablar, pues muchas veces, las palabras que se dejan de pronunciar serían vanas e inoportunas antes de oír al hijo a quien se dirigen.

Una consecuencia de lo anterior, que no deja de tener importancia como para señalarla, es la necesidad de no interrumpir a los otros cuando ellos están hablando. “Deje decir a los otros cuando Ud. ya habló”, recomienda el autor de la obra que venimos comentando. “Dé a los otros el tiempo de responderle y tenga la fuerza de callarse cuando ellos hablan. La mayor parte de las personas piensan más en lo que ellos quieren decir que en lo que les es dicho. Ocupados de sus propias ideas, se apresuran a exponerlas, sin ninguna consideración por lo que dicen los otros. A menudo no se les deja ni el tiempo de acabar lo que han comenzado a decir”.

¿No se ha encontrado Ud., estimado Sr. o Sra. que nos escucha, con situaciones así? ¿Tales actitudes no le parece que matan más una conversación en vez de animarla?

Un último principio que querríamos agregar a los expuestos anteriormente y del cual el religioso no trata en su obra, pues en ese momento no era necesario, pero que en nuestros días se hace imperioso, es el de evitar la coprolalia.

¿Qué quiere decir eso, me preguntará Ud.?

Le doy la respuesta sacada del infaltable diccionario virtual Wikipedia: “Coprolalia o cacolalia (del griego κόπρος, significa ‘heces’ y λαλία ‘balbucear’), es la tendencia patológica a proferir obscenidades. Es una ocasional aunque poco frecuente característica en los pacientes del síndrome de Tourette. Esta tendencia circunscribe todas las palabras y frases consideradas culturalmente tabúes o inapropiadas en el ámbito social. (…) La incapacidad de controlar la vocalización puede conllevar la degradación de la vida social y laboral”.

Nos parece bien acertada la definición del referido diccionario. Lo único en que no concordamos con ella es que esta patología sea “poco frecuente”. Lamentablemente la coprolalia parece ser actualmente muy frecuente y altamente contagiable, casi se diría una plaga que no sólo degrada a las personas sino toda la convivencia social.

Para concluir este comentario: Cuide a sus hijos; enséñeles a reflexionar antes de hablar; a hablar con claridad; a expresarse con palabras adecuadas y de no admitir la coprolalia. Ud. así habrá contribuido, no sólo para formar bien a su hijo, sino al enriquecimiento de toda la sociedad.

 

Mi hijo tiene dificultades para hacer amigos

Dr. Joan Simeo Munson

“Mi hijo va al primer grado y estamos realmente preocupados por su grupo social. El año pasado era muy tranquilo y parecía ir retrasado en cuanto a los otros niños en situaciones sociales, como hacer amigos o jugar en el recreo. Sólo fue invitado a una fiesta de cumpleaños todo el año a pesar de que otros niños parecían estar en contacto con más frecuencia para los partidos y por fechas del juego. Esto me rompe el corazón y no quiero que este año escolar sea el mismo”.

Es realmente difícil ver que su hijo no es tan socialmente activo como  los otros niños, especialmente cuando parece que están siendo excluidos. Todos los padres quieren que sus hijos encajen y sean aceptados. Pero me gustaría que tenga en cuenta algunas cosas. En primer lugar, ¿ha hablado con su hijo acerca de cómo se siente acerca de su vida social? Muchas veces, cuando los niños pasan el rato con sólo uno o dos niños los padres asumen que son miserables, cuando en realidad muchos niños prefieren uno en una jugada en vez del ajetreo y el bullicio maníaco que a menudo va de la mano con los grupos de juego de los niños pequeños. Así que asegúrese de que su hijo considera que esto es un problema antes de asumir que es uno.

En segundo lugar, durante estos años tiernos muchos padres proyectan sus propias ansiedades infantiles a sus hijos, ya que ellos los guían a través de la escuela. No es raro para los padres, que puedan haber tenido lucha social o eran tímidos, ver las situaciones sociales de sus hijos como problemáticas, cuando en realidad tiene más que ver con sus propios sentimientos acerca de la forma en que fueron tratados por sus compañeros durante su infancia. Esto puede ser un momento muy difícil, pero potencialmente gratificante para uno de los padres, ya que ganan la penetración en el mundo de su hijo. Una pregunta entonces que hacerse es, “¿Es un problema de mi hijo o es mio?” La respuesta que puede impulsar a la acción en nombre de su hijo o le dará la oportunidad de retroceder y examinar sus sentimientos.

Por último, tenga en cuenta que su hijo puede simplemente tener un temperamento diferente que usted. Los niños introvertidos, reservados o tímidos tienden a sentirse abrumados en grupos grandes y prefieren el juego más tranquilo de un amigo.

Una vez dicho esto, si su hijo tiene dificultades para hacer amigos y es infeliz, ahora es el momento perfecto para ayudarlo. Considere pedir a uno o dos niños más que se conecten con su hijo para citas de juego de fin de semana o encuentros después de la escuela. Trate de hacer esto regularmente y llegue a conocer a los otros padres para que su hijo pueda ser invitado a sus casas también. Si su hijo quiere más amigos, pero carece de las habilidades sociales para hacerlos, ayúdele a desarrollar estas habilidades. Revise la forma de introducirse a sí mismo, cómo pregunta a alguien para participar en un juego, o cómo comparte. Consejos para hacer amigos pueden incluir: solicitar una cita para jugar después de la escuela, forman un equipo en el recreo, o identificar niños que han compartido intereses.

Por último, asegúrese de que su hijo no molesta otros niños. Muchos niños que carecen de habilidades sociales hacen cosas sin darse cuenta de que hacen que sea difícil para formar amistades. Ejemplos de ello son los niños que son demasiado mandones, no van a compartir, o son excesivamente sensibles a su entorno. Al discutir estos peligros potenciales con su hijo puede ayudar a crear un mejor ambiente para hacer amigos.

Fuente: Empowering Parents

Emociones en los hijos 

Begoña Ibarriola

Existen centenares de emociones y muchas mezclas y variaciones, pero ya desde el nacimiento, y aún antes de nacer, el ser humano experimenta sentimientos intensos, como rabia, disgusto, afecto y responde a la cara y al tono de voz del adulto. El bebé es muy sensible al estado emocional de quien lo cuida, por eso todas las interacciones modelan al niño, -no hay ninguna interacción que sea neutra emocionalmente-, y este muy pronto percibe cómo siente el mundo que le rodea.

Los niños, al igual que los adultos, van a experimentar diversos sentimientos como consecuencia de los acontecimientos que se suceden diariamente en su vida.

Sin embargo, a diferencia de éstos, la búsqueda de referentes y soportes seguros sobre los que apoyarse, coloca al niño, en sus diferentes etapas evolutivas, en una situación de mayor vulnerabilidad y desprotección frente a los sucesos adversos o cambiantes de su entorno.

Lo que sucede es que normalmente los niños no hablan de las emociones si en su casa no se habla de ellas. A veces lo o que falta es el lenguaje, hablar de lo que cada uno siente ante las cosas que le pasan en la familia.

Desde bebés, el modo en que la madre reacciona cuando el niño sonríe o llora constituye todo un ejemplo de acompañamiento emocional, de respuesta a las emociones del otro en ambos sentidos.

Este vínculo que se forja ya desde tan pequeños proporciona también el vehículo más sencillo a través del cual los padres podéis enseñar a vuestros hijos cómo relacionarse, comprender y conectar con las emociones de otra persona y encauzar los propios sentimientos, lecciones fundamentales que marcarán su futuro.

La sensación de seguridad, la confianza en el adulto, que es una de las necesidades emocionales según Erikson, el verse comprendido en estos primeros momentos de nuestra vida, es ya un primer paso para más adelante encarar sucesivos encuentros con compañeros, amigos y parejas.

Desde los 2 a los 5 años maduran las emociones sociales, sentimientos como inseguridad, celos, envidia, orgullo, confianza, pues requieren la capacidad de compararse con los demás. Más adelante y acercándose a la adolescencia, aparecen otras como la soledad, el amor, la angustia, la esperanza, la ilusión, hasta completar una gama inmensa de sentimientos y emociones.

A medida que pasan los años, el modo en que el niño afronta una situación de crisis, por ejemplo una pelea en el colegio o un problema en la clase, va a ser reflejo en buena medida del modo en que la familia afronta las crisis.

Si ese entorno es sano emocionalmente, el niño se sentirá protegido aún en medio de los acontecimientos más desfavorables, aumentando y haciendo valer su capacidad de afrontar y sobreponerse a acontecimientos. 4

Un ataque de enfado y rabia de un niño, por ejemplo, puede ser una oportunidad única. Lo ideal sería que el padre o la madre no se enfaden igual que el niño, aumentando la gravedad de la situación, pero que al mismo tiempo no muestre una actitud pasiva, abandonando al niño a su suerte por no querer dar mayor importancia a los hechos.

Si en lugar de quedarse en estos extremos, los padres lográis contener su propio enfado, no dejándose arrastrar por él y conseguís contactar con vuestro hijo ayudándole a contener y encauzar su propia rabia, habréis dado un gran paso.

Esto no quiere decir que viváis en un permanente estado de tranquilidad sino que el entorno sea lo suficientemente flexible como para poder recuperarse de una situación difícil con cierta rapidez y con las menores consecuencias posibles.

DOS FORMAS DE ORIENTAR EL MUNDO EMOCIONAL DE LOS HIJOS

Antes de nada, los niños deben entender que la emotividad no es algo sorprendente e incontrolable, sino un medio de expresión de su personalidad, y como todo medio de expresión, puede ser educado. Por este motivo, enseñarles a identificar, reconocer, y controlar sus emociones debería ser un objetivo prioritario en la educación de los hijos y los padres deberían servir de modelos.

Pero la disposición de los padres hacia los sentimientos, el control y la expresión de las emociones es muy diversa y se puede clasificar en dos orientaciones fundamentales: acompañamiento de las emociones o eliminación de las emociones.

En el primer caso, los padres consideran las emociones como algo válido e importante, y enseñan a sus hijos las características de cada una, las posibles causas y sus diferentes formas de expresión mientras les ayudan a regularlas y sobre todo a manejar aquellas que resultan más difíciles como el enfado, la tristeza o el miedo.

Sin embargo los otros padres intentan eliminarlas al considerar que su expresión es poco importante o incluso puede resultar peligrosa o inconveniente, por eso censuran la expresión de algunas de ellas o intentan cambiarlas.

Las dos orientaciones tienen sus consecuencias: si vuestros hijos comprenden que las emociones son algo fundamental del ser humano y las valoran, las comprenden y regulan, recurrirían a ellas para ofreceros información sobre su mundo interior a la vez que transmitirán a sus hijos este aprendizaje.

Si por el contrario, consideran su expresión algo inadecuada o vergonzosa, reprimirán su expresión con las consecuencias que esto supone no solo para su bienestar psicológico sino incluso físico. Crearan una coraza emocional que bloqueará sus emociones intensas pero que a la vez les puede distanciar de las emociones de los demás y pueden tener dificultades para sentir empatía.

Pero el bloqueo emocional conlleva un efecto de acumulación que va creciendo dentro de nosotros. Cada emoción que nos negamos a sentir, cada emoción que frenamos, va dejando un poso negativo sobre nosotros, aunque no seamos conscientes del mismo.

Muchas personas son capaces de estar meses acumulando emociones negativas sin expresarlas de ningún modo. Las emociones, tarde o temprano, necesitan una forma de expresión; solo necesitamos llegar a nuestro límite para comprobarlo. La explosión de una de las emociones negativas suele ser la consecuencia más habitual del proceso de bloqueo emocional: explosión de ira, explosión de tristeza (a través del llanto), etc.

Cada familia posee también su propia atmósfera emocional que afecta a todos los miembros, dado su componente de interdependencia y el contagio que se observa en el funcionamiento cotidiano. Las emociones de los padres afectan a los hijos y a su vez las emociones de los hijos afectan al comportamiento de los padres creándose una tela de araña emocional en las que muchas personas se ven atrapadas.

En algunas familias se pueden encontrar altos niveles de expresión emocional negativa que incluyen la crítica, la hostilidad y la intromisión. Otros tipos de clima emocional son: el de frialdad y desvinculación emocional o el que se genera cuando un miembro de la familia ejerce un alto grado de control sobre el resto, a los que controla mediante el miedo.

Pero también existen familias cuyo atmósfera emocional es muy positiva, caracterizada por altos niveles de confianza mutua, de afecto y de calidez, los cuales promueven la empatía en los niños, una de las competencias emocionales más importantes para su desarrollo social.

El funcionamiento adaptativo de la familia debe caracterizarse por el intercambio abierto de información sobre los sentimientos y las emociones. La expresión emocional facilita entonces, el conocimiento de la topografía de la vida interior de los hijos y de la pareja, permitiendo que cada miembro se pueda desarrollar como individuo, que se le permita ser uno mismo, que desarrolle su individualidad, pero manteniendo a la vez un sano equilibrio entre su mundo emocional intrapersonal y el interpersonal.

El reto consiste en que los padres comuniquen con la mayor claridad posible su manera de pensar y sentir para abrir un canal de enlace, -de corazón a corazón- que pueda estarse actualizando toda la vida y permita un crecimiento conjunto. Y para ello nada mejor que hablar y escuchar a los hijos.

Emociones y bienestar familiar

Begoña Ibarrola 

Toda familia pretende educar a los hijos para que sean felices, eso nadie lo duda, pero el modo de conseguirlo varía considerablemente de unas familias a otras.

Uno de los factores que facilita conseguir ese objetivo está precisamente en cómo se maneja el mundo emocional de todos los miembros de la familia, tanto de la pareja como el de los hijos.

Existen tantos estudios sobre la felicidad que sería imposible nombrarlos, no lo voy a hace, pero si quiero destacar que los principales obstáculos para conseguir ese estado son tres:

El miedo, sobre todo al fracaso o al rechazo de los demás, no asumir la responsabilidad (responder con habilidad) y las emociones llamadas negativas de las cuales hablaremos más tarde. Por lo tanto una parte importante de nuestra felicidad y la de nuestros hijos tiene que ver con el manejo de las emociones y sentimientos.

Como padres y madres es necesario comprender que la base de la educación emocional se forma dentro de la familia y no únicamente desde la escuela. Por eso podemos aprender y enseñar a nuestros hijos desde bien pequeños, a reconocer lo que sentimos, saber expresarlo de forma adecuada, saber lo que sienten los demás, asumir las responsabilidades de cada momento, saber tomar decisiones, son algunas de las habilidades que se pueden aprender en familia y que son necesarias para nuestro bienestar aceptar y para integrase de forma positiva en la sociedad.

Pero es importante reconocer que los padres, dedicáis una gran parte de vuestro tiempo a enseñarles reglas de expresión emocional que están de acuerdo con las normas de vuestra familia de origen y vuestra cultura. Por eso es importante reflexionar sobre las reglas que nosotros recibimos cuando éramos niños.

Si pensamos en nuestra infancia, seguramente nos vienen a la cabeza recuerdos de situaciones muy diversas. Por una parte, encuentros entrañables compartidos con seres queridos y con los cuales los vínculos afectivos y personales proporcionaban una confianza y sentimientos especiales. Por otra, momentos de dificultad en los que la convivencia y el entendimiento de unos con otros así como el manejo de las emociones que tenían lugar ante una discusión, un conflicto o un cambio, se coinvertían en un reto para la familia, que a veces no se resolvía de la forma adecuada.

Al hacernos mayores, empezamos a percibir la complejidad que se esconde detrás de la comunicación emocional entre personas. Y al convertiros en padres, tomáis además conciencia de la dificultad educar y enseñar a nuestros hijos como navegar en el mar de las emociones.

Estoy de acuerdo con Maturana cuando dice que el modo de vivir de un adulto, está más determinado por el espacio psíquico emocional que aprendimos a vivir desde niños. Y también me gusta su definición de educar, – guiar a los niños en el camino de llegar a ser seres humano que se respetan a sí mismos y a los otros mediante la generación continua de espacios de convivencia que originen colaboración, alegría y libertad responsable-.

EMOCIONES Y TIPOS DE RESPUESTA

La dimensión emocional forma parte del día a día de todos, tanto es así que con frecuencia tratamos de expresar y compartir nuestros estados internos o sensaciones, sin saber muy bien cómo hacerlo.

Con demasiada frecuencia también, resultamos torpes o pobres a la hora de expresar adecuadamente los sentimientos, limitándonos a decir estoy bien, mal, regular, o expresiones como esto me ha afectado poco, significa mucho para mí, no me deja indiferente…

En otros casos, somatizamos la expresión de sentimientos con explicaciones del tipo tengo un nudo en la garganta, se me encoje el corazón, estoy paralizado….

Todas estas expresiones, lejos de aproximarnos a la identificación del mundo de nuestras emociones, las difuminan en vocablos poco precisos, que impiden tomar conciencia y expresarnos como en verdad querríamos hacer.

De hecho, cuando una persona expresa estar mal, puede encerrar tras de sí sentimientos tan variados como la tristeza, la rabia, la preocupación, el enojo, la envidia, los celos, la apatía, la desolación, la desesperanza….y al mismo tiempo una persona que dice sentirse bien puede tener sentimientos de satisfacción, orgullo, alegría, alivio, regocijo, esperanza, seguridad…

Las emociones son fenómenos multidimensionales caracterizados por cuatro elementos: cognitivo (Cómo se llama y que significa lo que siento), fisiológico (qué cambios experimenta mi cuerpo), conductual (hacia donde dirige cada emoción mi conducta) y expresivo (a través de que señales corporales se expresa).

Pero no todo el mundo expresa sus emociones, y si las expresa, lo hace de una forma diferente. A lo largo del proceso de aprendizaje y del establecimiento de relaciones sociales, las emociones se van modulando, y muchos aspectos van cambiando. Las personas vamos configurando unos esquemas emocionales basados en parte en la experiencia y en parte en el temperamento a medida que crecen y aprenden de lo que les sucede en la vida. Estos esquemas constituyen la esencia de las diferencias individuales, y en estos esquemas se basan los estilos de respuesta emocional que caracteriza a cada persona.

¿Cómo se desarrolla mejor el cerebro de un bebé?

Simon Worrall
Pronuncia: Otorrinolaringóloga pediátrica. Difícil, ¿verdad?

Según Dana Suskind, quien obtuvo ese título en la Universidad de Chicago, la exposición a un lenguaje abundante durante los primeros tres años de vida no solo es crucial para la capacidad de pronunciar palabras largas, sino para nuestro desarrollo integral y el éxito en general.

Por desgracia, en su nuevo libro Thirty Million Words: Building a Child’s Brain también demuestra que nuestros logros están determinados, en buena medida, por el medio social y económico en que nacemos.

Sin rodeos: un niño nacido en la modesta Compton, California, probablemente escuchará 30 millones de palabras menos en los primeros tres años de vida que otro nacido en la acaudalada Greenwich, Connecticut.

En una entrevista desde su hogar en Chicago, Suskind explica que la iniciativa “Thirty Million Word” intenta cerrar la brecha de logros; porqué el esfuerzo de Mark Zuckberger de aprender chino refleja la importancia de la exposición al lenguaje desde la infancia; y cómo su propuesta de “sintonizar, hablar más y tomar turnos” puede ayudar a resolver los problemas mundiales.

¿Qué te inspiró a escribir el libro, Dana?

Hace unos diez años inicié el programa de implantes cocleares en la Universidad de Chicago. Mi experiencia como cirujana me llevó al mundo de las ciencias sociales y allí descubrí el poder del lenguaje.

Los niños que nacen en condiciones de pobreza escuchan 30 millones de palabras menos que sus pares más acaudalados.

Antes de la implantación, los niños no manifestaban una diferencia real en su potencial de aprender a hablar. Pero después del implante, eran muy distintos. Algunos hablaban y aprendían igual que sus pares, mientras que otros apenas podían comunicarse. Y la diferencia casi siempre estuvo marcada por líneas socioeconómicas.

Julien Heh y Allie, su hija de 20 meses, participan en un taller de especias. Muchos padres no notan que pueden sostener charlas con sus hijos.

Aquella experiencia me puso a pensar, ¿qué está sucediendo? Es la misma cirugía, con resultados muy distintos. Luego me enteré de una investigación muy importante que hicieron Betty Hart y Todd Risley hace unos 30 años. Demostraron que los niños que nacen en condiciones de pobreza escuchan 30 millones de palabras menos que sus pares más acaudalados. Pero la brecha de 30 millones de palabras es solo una metáfora de la riqueza del lenguaje y los ambientes en los primeros años de vida.

Lo explicas de una manera maravillosamente sencilla. Cuéntanos de tus tres consejos para los padres y cómo marcan la diferencia en el desarrollo del cerebro infantil.

Desde el punto de vista científico, un ambiente con un lenguaje rico es increíblemente complejo. Sin embargo, en el nivel más fundamental, todo se reduce a tres cosas: armonizar, hablar más y tomar turnos.

Armonizar significa que cuando estés cambiando el pañal de tu hijo, salgan de compras o vayan al centro en autobús, te muestres interesada en cualquier cosa que despierte el interés del niño.

Hablar más es justo eso: hablar más, usar un lenguaje más rico, narrar a tu hijo lo que ocurre en el día.

Tomar turnos es lo más importante. Significa que debes considerar a tu hijo como un compañero de conversación, desde el primer momento. Muchos padres no se dan cuenta de que pueden conversar con un recién nacido. Sin embargo, los bebés nacen listos para aprender y responden con cada ruido y eructo, incluso antes de usar su primera palabra.

Propongo un cuarto factor: apagar la tecnología. Llámese televisión, iPhone o iPad, hay tecnología en todas partes. Necesitamos aprender a vivir con la tecnología y entender que el cerebro del bebé necesita interacciones humanas reales, en vivo. Por desgracia, no existen sustitutos ni fórmulas, como las hay para la leche materna, así que solo podemos hacer nuestro mejor esfuerzo para limitar la tecnología e interactuar con nuestros hijos. (Lee: ¿Qué nos causa Facebook?)

En tu libro haces una pregunta importante: “Si los bebés fueran genios de la computación, ¿por qué no los sentamos frente al televisor y nos olvidamos de todo?”. Explica porqué eso no contribuye al proceso de aprendizaje.

¿No sería lo más simple? [Ríe] El lenguaje se desarrolló como un medio de comunicación. No teníamos tecnología para nutrir nuestros cerebros. Necesitábamos la interacción social para que el lenguaje se “pegara”. Hay estudios geniales que lo demuestran. Los bebés no aprenden con la televisión o los videos. La interacción, lo que llamamos “respuesta contingente” –cuando respondemos a las señales del bebé-, es lo que permite que aprendan cosas.

Lee: Papá, gana amor extra

¿Qué hay de los niños mayores de cuatro años, los que se pasan la vida en YouTube o el televisor, sin leer y sin los tres estímulos que propones? ¿Hay esperanzas para ellos?

¡Nunca es tarde! El cerebro siempre está desarrollándose, evolucionando; incluso en ti y en mí. [Ríe] Sin embargo, hay un periodo cuando el desarrollo cerebral es tan intenso como al principio, sobre todo en términos de destrezas cognitivas. Si queremos prevenir en vez de remediar, necesitamos enfocarnos en esa etapa. Eso no significa que debamos enfocarnos en los niños de cero a tres años y olvidarnos de los demás. Pero si descuidamos a los de cero a tres, después será muy difícil cerrar la brecha.

Ya es costumbre decir que el reforzamiento positivo es necesario. No obstante, tienes datos que confirman esa teoría, así como información sorprendente sobre factores socioeconómicos y el refuerzo positivo. Háblanos del estudio Hart-Risley.

Hart y Risley surgieron de la “Guerra contra la pobreza”. Antes de hacer su estudio, hace 30 años, realizaron muchas intervenciones preescolares con niños que vivían en condiciones de pobreza. Al principio, los resultados demostraron que, durante la edad preescolar –digamos, cuatro y cinco años-, los niños que recibían intervenciones clave no eran distintos de quienes no las recibían. Esa experiencia los llevó a cuestionar, “¿Qué pasa en la vida cotidiana de los bebés entre los cero y tres años?”

En casa de los mellizos Felix y Viva se habla 4 idiomas, lo que crea el rico ambiente lingüístico que Suskind considera crucial para el desarrollo cerebral.

Decidieron hacer un seguimiento de familias en todos los estratos socioeconómicos –incluyendo desde las que llamaron “empobrecidas” hasta las profesionales y todos los niveles intermedios- hasta los tres años de edad. Visitaron a los niños una vez al mes e hicieron grabaciones de audio. Cuando analizaron los datos, descubrieron que los niños nacidos en condiciones de pobreza habían escuchado 30 millones de palabras menos que sus pares más acaudalados. Fue entonces que concibieron esa metáfora genial para llamar la atención del público: la brecha de 30 millones de palabras.

Hart y Risley también detectaron diferencias entre el uso de afirmaciones y prohibiciones –“¡No hagas esto!”, “¡Bájate!”, “¡Cállate!”- y las descripciones que usaban una rica narrativa. Todo esto –la forma como los progenitores hablan o no con los niños- impactó no solo en el vocabulario de los bebés a los tres años, sino que al llegar al tercer grado, también encontraron impactos en sus calificaciones de exámenes y CI, y así descubrieron el inicio de la brecha de logros.

Mencionas que hay una diferencia entre los términos “ayudante” y “ayuda” para obtener una respuesta en los niños, y también cuando dices “eres muy malo” o “hiciste algo malo”. Explica la importancia del lenguaje en el desarrollo del cerebro infantil.

Lo más importante que me ha demostrado toda esta experiencia es el poder del lenguaje para nuestro desarrollo integral, para el desarrollo de nuestro cerebro. El lenguaje no solo incrementa el CI y la capacidad cognitiva. Hace crecer los distintos aspectos del individuo, como nuestra destreza para las matemáticas, nuestra percepción espacial, nuestra capacidad para perseverar frente a los desafíos, o nuestra autorregulación.

En estos momentos estoy muy enfocada en nuestro programa de elogios basado en la persona versus el proceso. Si dices “trabajas muy duro” versus “eres muy inteligente”, marcarás la diferencia entre un niño que persista frente a un desafío difícil o se dé por vencido.

Tiffany Painter y Trevon, su hijo de seis meses, disfrutan una mezcla de alimentos y videos musicales. Suskind dice que el lenguaje hace crecer distintos aspectos del individuo.

La empatía es la esencia de lo que deseamos en los seres humanos. Es importante elogiar al individuo en vez del proceso. Queremos que el niño piense, “Soy un gran ayudante” versus “solo fue el proceso”.

En cambio, si el niño hace algo malo, es importante entender que hay una diferencia crucial entre sentir culpa y vergüenza. Porque si avergüenzas a alguien, no haces algo constructivo. Lo deseable es que tu afirmación esté conectada con un acto. Si dices “eres malo” versus “ese acto es malo”, puedes marcar una gran diferencia.

Fecha: 2015-09-11

Fotografías: Lynn Johnson, National Geographic Creative