Mision familia en la sociedad

Cómo interpretar el dibujo de la familia de un niño

El dibujo es un recurso a través del cual los niños expresan abiertamente sus emociones, inquietudes y preocupaciones. Desde la precisión de sus trazos y los colores que eligen hasta los objetos o personas que pintan y la posición que les otorgan dice mucho sobre cómo los pequeños perciben su entorno, sobre todo cuando se refiere a su familia.

Obviamente, no se trata de una ciencia exacta ya que el dibujo infantil puede estar influenciado por muchos factores, desde la calma del entorno hasta el estado de ánimo de los niños, lo que significa que sus resultados no son verdades absolutas. Sin embargo, puede convertirse en una herramienta útil para determinar cómo es la relación de los niños con cada miembro del hogar.

5 aspectos importantes a tener en cuenta en el dibujo de la familia de un niño

1. Actitud del niño mientras dibuja

¿Está distraído y no le presta mucha atención a lo que dibuja o, en cambio, está concentrado en su tarea? ¿Está tranquilo y relajado o se nota frustrado y enfadado? Estas son algunas de las preguntas que debes hacerte mientras el niño dibuja a su familia ya que el proceso artístico es tan importante como el resultado. Por ejemplo, si acaba de discutir con su padre, es normal que su enfado se refleje sobre el papel cuando pinta la figura paterna, aunque esto no significa que rechaza a su padre o que no lo quiera.

2. Orden del dibujo

Como regla general, el orden que sigue el niño a la hora de dibujar a los miembros de su familia indica la importancia que cada persona tiene para él. Casi siempre, la figura que primero pinta es con la que más se identifica y con quien se siente más seguro y amado. El orden que les da a las figuras también desvela el grado de relación que tiene con los distintos miembros de la familia. En caso de que el niño se dibuje primero a sí mismo podría revelar una gran necesidad de atención o un profundo egocentrismo.

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3. Distribución de las figuras en el papel

La disposición de las figuras en el espacio también desvela muchos detalles de la relación del niño con los miembros de su familia. Generalmente, las figuras más importantes y a las que más quiere las ubicará más cerca, lo cual ofrece una idea sobre la fuerza del vínculo afectivo. Asimismo, si dibuja a una figura separada de la familia es probable que le tenga miedo o esté viviendo un conflicto con esa persona. En caso de que dibuje a los miembros de la familia dispersos por todo el papel, puede ser un signo de problemas de comunicación o carencia afectiva.

4. Trazos del dibujo

El tipo de trazo es uno de los elementos más reveladores de un dibujo infantil. Por lo general, un trazo estable, firme y seguro es un indicador de confianza en sí mismo, en cambio un trazo débil o interrumpido puede ser sinónimo de inseguridad y miedo. Por ejemplo, si pinta a un miembro de la familia con un trazo demasiado fuerte o vuelve una y otra vez sobre su propio trazo puede ser una señal de que tiene conflictos con esa persona. En caso de que dibuje a una figura con un trazo demasiado débil que apenas se distinga puede desvelar una relación distante.

5. Rasgos de la figura

Los detalles de las figuras también ofrecen información muy valiosa sobre la relación del niño con los miembros de su familia. Por ejemplo, dibujar brazos muy largos puede denotar una necesidad de comunicación con esa persona mientras que pintar unos brazos cortos pueden indicar problemas para comunicarse e inseguridad. Asimismo, dibujar una figura sin brazos puede ser una señal de miedo a la agresión física o a las reprimendas. Dibujar los dientes, por ejemplo, sobre todo si son afilados o grandes, puede ser un signo de agresividad o rechazo hacia esa persona.

Fuente: www.etapainfantil.com

Para criar hijos resilientes, debes ser un padre resiliente

Muchos padres queremos que nuestros hijos sean resilientes emocionalmente, que sean capaces de superar los altibajos de la vida. Pero nuestra capacidad para fomentar la resiliencia depende, en gran medida, de nuestra propia resiliencia emocional.

“La resiliencia de los padres funciona como un patrón para que el niño pueda identificar cómo enfrentar los desafíos, cómo comprender sus propias emociones”, afirma Dan Siegel, autor de The Yes Brain, que se enfoca en cultivar la resiliencia en los niños.

Sin embargo, poder afrontar con filosofía los berrinches y rabietas representa un reto para muchos padres, en especial, si tenemos expectativas poco realistas sobre lo que es la infancia.

“La idea de que la crianza debe ser la maravillosa, feliz y perfecta culminación de nuestras esperanzas y sueños es parte de eso”, comenta Katherine Reynolds Lewis, autora del libro próximo a publicarse The Good News About Bad Behavior.

Lewis dice que el enojo, las lágrimas y otros arrebatos son parte natural del desarrollo de cualquier niño; es lo que ella llama “el caos de la niñez”.

No obstante, los padres que son incapaces de enfrentar ese caos o que no están dispuestos a hacerlo podrían considerar los arrebatos del niño como un problema que debe resolverse de inmediato.

Laura Markham, psicóloga clínica y editora del sitio AhaParenting.com, dice que, cuando eso sucede, “ridiculizamos a los niños, los culpamos y les decimos que es culpa suya; los aislamos al enviarlos a su habitación”.

La naturaleza de la respuesta de los padres puede variar, aseveró Markham, pero el mensaje es el mismo: el enojo, la tristeza o la frustración son inaceptables.

Según Markham, eso es lo contrario a la resiliencia; se trata de imponer una frágil rigidez que hace que padres e hijos se sientan temerosos de que las emociones intensas los destrocen.

En contraste con esa fragilidad, los padres que no evaden el poder de emociones como el enojo tienen una mayor capacidad para asimilar las interacciones desafiantes con sus hijos, expuso Siegel, quien es director ejecutivo del Instituto Mindsight. Además, no hay que preocuparse si este tipo de resiliencia no llega de forma natural, añade, pues con la práctica se vuelve más sencillo.

A continuación, ofrecemos algunos consejos para que esas interacciones complicadas sean más sencillas de asimilar.

Respira profundo

Para responder con inteligencia a los arrebatos de un hijo, primero debemos apagar las alarmas que se encienden en nuestra cabeza. Markham aconseja a los padres “presionar el botón de pausa” antes de ejercer cualquier acción, aun ante el escenario de un niño gritando.

En su investigación, Lewis descubrió que padres e hijos a menudo sincronizan los latidos de su corazón, su respiración y otras funciones fisiológicas, de modo que calmarnos puede tener un efecto físico mensurable en nuestro hijo, sin mencionar que también puede ayudarnos a enfrentar la situación con serenidad.

Deja que las emociones se presenten

La resiliencia depende de comprender que las emociones —incluso aquellas que se consideran “negativas”, como la tristeza, el sufrimiento o el enojo— no son un problema que debe resolverse, sino una consecuencia natural de ser humano.

“El asunto con las emociones es que no duran para siempre; hay un comienzo, un desarrollo y un final en todas ellas”, dice Carla Naumburg, trabajadora social clínica y autora de Ready, Set, Breathe: Practicing Mindfulness With Your Children for Fewer Meltdowns and a More Peaceful Family.

Más allá de eso, permitirnos (y permitirles a nuestros hijos) experimentar y expresar un amplio rango de emociones es vital para nuestro bienestar. Markham resaltó que cuando no expresamos nuestras emociones perdemos el control sobre ellas.

Sé curioso

Como padres, nos preguntamos con mucha frecuencia “¿por qué?” cuando observamos alguna conducta no deseada (“¿Por qué no puede recordar poner los calcetines en el cesto?”). Pero Naumburg afirma que preguntarnos por qué reaccionamos de esa manera podría ser más útil, en especial, cuando nos sacan de nuestras casillas. “Date cuenta de lo que está sucediendo contigo y comienza a responsabilizarte de eso”, sugirió Markham.

Establece límites con compasión

Establecer reglas y límites y apegarse a ellos puede convertirse en uno de los momentos más desagradables en la relación entre padres e hijos, pero actuar con compasión y amabilidad en esos momentos puede ayudar a mantener bajo el nivel de tu presión sanguínea.

Markham y Naumburg indican que reconocer verbalmente los sentimientos de tu hijo y consolarlo no necesariamente va de la mano con ceder ante sus exigencias. “Hay ocasiones en las que me siento con mi hija en el regazo, mientras llora, y la abrazo mientras le digo: ‘No’”, dice Naumburg. “Continúa llorando pero seguimos conectadas”.

Analiza tus respuestas

Susan Newman, psicóloga social y autora de The Book of No: 365 Ways To Say It and Mean It, afirma que los padres deben estar especialmente conscientes de las ocasiones en las que es más probable que cedan ante los arrebatos de su hijo y agrega: “Si puedes reconocer lo que te hace decir que sí de manera automática, es hora de retroceder y pensar: ‘Espera, ¿por qué lo hago?’”.

Newman continúa: “Vivimos en una cultura de los padres que dicen: ‘Sí’ y es más fácil decir que sí que batallar con el berrinche de un niño”. Sin embargo, los padres pueden considerar una negativa como una manera de explorar los límites y así poder comprenderlos mejor.

Toma distancia

Cuando nos identificamos demasiado con nuestros hijos o los consideramos un barómetro de nuestra propia autoestima, estamos preparando el terreno para la decepción (o algo peor) cuando las cosas no salen como las planeamos.

“Nuestro ego está muy atado a nuestro modo de crianza”, dice Julie Lythcott-Haims, autora de How to Raise an Adult. Naumburg señala que esto se debe en parte a una narrativa cultural que sugiere que “si los niños no están bien, entonces es porque nos hemos equivocado como padres”.

Como lo describe Lythcott-Haims: “Si nosotros logramos vivir nuestra vida, quizá nuestros hijos también puedan hacerlo”.

Cómo ponernos de acuerdo de forma efectiva

La mayoría de las parejas han experimentado esta situación en un momento u otro, que creo que se debe disciplinar a su hijo de una manera determinada, y su cónyuge quiere manejar la situación de manera diferente. Cada uno de ustedes se afiance en su posición, y eso es cuando la lucha comienza.

En lugar de enseñar a su hijo cómo comportarse y resolver problemas, el foco se convierte en los padres contra padres, en vez de los hijos.

En algún momento, la mayoría de las parejas discuten sobre cómo disciplinar a sus hijos. Después de todo, usted y su cónyuge son diferentes personas que se acercarán a la crianza natural de manera diferente, a veces, o tal vez con más frecuencia de lo que quisiera. Entender que un cierto desacuerdo es de esperar. Los matrimonios, después de todo, son las uniones entre personas de diferentes orígenes y creencias familiares, que pueden conducir fácilmente a las tensiones de los padres.

Vamos a parar aquí por un minuto y crea una distinción importante entre tener diferentes creencias y estilos de comunicación frente al no ser capaz de ponerse de acuerdo sobre qué decisiones tomar con respecto a sus hijos.

Cada uno tiene su propio estilo de relacionarse con sus hijos. Usted puede ser muy hablador y charlar mientras que su cónyuge podría ser más silencioso y reservado acerca de su hijo. Ambos estilos son bien. Es las diferencias en los alrededores de decisiones de los padres respecto a un niño que puede ser problemático. Por ejemplo, digamos que usted cree que su hijo debe ser castigado severamente por la mentira, mientras que su cónyuge se siente que la mentira no es un gran problema. Como resultado, usted reacciona de manera diferente y no está en la misma página cuando se trata de consecuencias.

Esta es la verdad: Los niños pueden sentir cuando sus padres no están en sincronía en sus decisiones en torno a la disciplina. Su hijo sentirá la falta de unidad entre el usuario, que puede crear una sensación de inestabilidad para él. Esto también dará a los niños una abertura; que a veces se utilizan para provocar una pelea. Esto nos lleva a su hijo fuera del gancho y se vuelve en contra de los padres.

Fuente: Dr. Bárbara Palmer.  Universidad Estatal de Florida

Frente a los desacuerdos: ¿Cómo encontrar un terreno común?

Los desacuerdos entre los padres pueden causar ataques de asma leves o una grave guerra total en su hogar. A raíz de estas 10 pautas sencillas puede ayudar a evitar batallas cuando se trata de criar a sus hijos.

  1. 1. Proporcionar respaldo

Que sea una regla que si uno de los padres disciplinas los niños, el otro padre deben realizar copias de seguridad, incluso si no están de acuerdo. Si no lo hace, se mostrará a su hijo que sus padres no son un equipo unificado y socavar su autoridad. Su niño verá que puede moverse por cualquier decisión de crianza que realice. (Nota: esto no se aplica a los padres que descuidan o abusan de sus hijos.  Si usted siente que algo que su cónyuge está haciendo es perjudicial para sus hijos en alguna forma física o emocional, entonces usted necesita poner su pie en el suelo y decir: “Yo no puede estar de acuerdo con esto” y a continuación, tomar las medidas necesarias para asegurarse de que su hijo estará seguro

  1. Llegar en el mismo lugar

Encontrar una manera de llegar en el mismo lugar sobre cómo proceder con su hijo. Tenga en cuenta que sus peleas sobre cómo criar a sus hijos están perturbando a sus hijos. Los niños no les gusta ver a sus padres no llevarse bien, y estas batallas pueden tener efectos a largo plazo. Entender también que cada vez que se discute con su pareja sobre la paternidad, el foco se desplaza lejos de su hijo. En lugar de enseñar a su hijo cómo comportarse y resolver problemas, el foco se convierte en los padres contra padres. Volver unos a otros en el momento, incluso si no lo hace totalmente de acuerdo. Más tarde, cuando las cosas están en calma, (y que están fuera del alcance del oído de su hijo), se puede discutir mejores formas de manejar la situación con su cónyuge, y luego presentar un frente unificado.

  1. ¿Quién se siente más fuertemente sobre el tema en cuestión?

Si usted y su cónyuge realmente están en diferentes páginas de algo y ninguno de los dos puede llegar al otro lado de la cuestión, entonces el padre que se siente más empoderado es quién  podría hacer el llamado. Digamos, por ejemplo, que está bien, con su hijo de 12 años de edad, ir a dormir en casa de un buen amigo, pero su pareja está aún reacia a conceder a su hijo a tener ese tipo de independencia. Usted podría decir: “Me siento tan fuertemente sobre esto. Realmente me gustaría que me apoyaras en esto, incluso si usted no lo ve de la misma manera. “O:” ¿Puedo pedirle que me apoye en este caso, incluso si usted no está de acuerdo? ” yo: “no puedo decir con certeza que esta es la mejor decisión, pero mi instinto me está diciendo que debo darle una oportunidad. ¿Me puedes apoyar en esto? ”

  1. Hablar sobre las decisiones en la crianza cuando usted está en calma

Cuando esté tranquilamente escuchando un punto de vista de otra persona sin ser crítico, tendrá una mejor oportunidad de influir en la opinión de su cónyuge. Recuerde, no hay tal cosa como el pensamiento.  Hay muchas maneras de pensar acerca de las cosas, no sólo a su manera. Cuando pueda ser respetuoso de la verdad y hacer espacio para los pensamientos de otra persona que son diferentes a su cuenta, usted tendrá la oportunidad de mantener a su compañero abierto a sus formas de pensar, también. De lo contrario, su actitud contribuirá a hacer su muro a subir. Entonces se polarizan sobre el tema, cuando eso no es siempre lo que la lucha es.

  1. Identifíquese con su hijo, pero no tire su cónyuge debajo del autobús

Si su cónyuge se siente más fuertemente sobre algo y ha decidido ir junto con su decisión, puede decirle a su hijo: “Yo sé que es difícil para ti  cuando mamá no te dejará ir a una fiesta de pijamas. Veo que te molesta porque sientes que estás  listo para esta independencia” “Está bien empatizar con los sentimientos de su hijo, pero no se debe romper la postura unificada”.  Al mostrar empatía, su hijo también siente que ha entendido y no está tan solo. Su hijo debe estar de acuerdo con la decisión que ha tomado con su pareja. Una vez más, después, Papá puede discutir con mamá sus diferentes puntos de vista y tal vez se puede llegar a una decisión diferente juntos  sobre la mejor manera de manejar las cosas la próxima vez que se presente otra situación.

  1. Conozca la historia de la familia de su cónyuge

Tal vez sea difícil para que usted pueda entender la perspectiva de su compañero en la crianza de los niños, porque es tan diferente de la suya, por lo que terminan sintiéndose crítica de su manera de pensar. Recomiendo que conozca su historia familiar y hasta qué punto están enraizadas esas creencias. Puede ayudar a ver las cosas de manera más objetiva y menos personalmente, y que entonces será capaz de responder con menos juicio. Tratar de ayudar a los demás ver que las cuestiones de seguridad, las preocupaciones ambientales y las normas culturales cambian con el tiempo. Lo que podría haber funcionado de nuevo cuando su esposo era un niño podría no tener sentido. O lo que funcionó en su familia de regreso a continuación, podría ser diferente de lo que va a trabajar en su familia en este momento. La ansiedad por el cambio y las diferencias a menudo puede hacer que los padres con la mejor de las intenciones que atenerse a lo que es familiar y cómodo, en lugar de pensar en lo que es mejor para la situación actual

  1. Cuando los padres se pelean, los niños están fuera del gancho

A veces los niños utilizarán el hecho de que usted no está en la misma página de manipularlo. Puede ser que incluso te prepara para luchar entre sí para salir del apuro. Digamos que su marido es muy estricto con su hijo sobre el trabajo escolar, pero cree que él está poniendo demasiada presión sobre su hijo.

He aquí un escenario:

Cuando es el momento de hacer su tarea, su hijo dice que “huele mal en matemáticas” y se queja de su maestro. Su esposo le grita y le dice que él necesita para abrir su grado de matemáticas. En lugar de responder, a su hijo le mira en busca de ayuda. Como si fuera una señal, de saltar y decir: “Bajar la espalda-que está haciendo bien.” Su marido responde: “Si él estaba haciendo bien él habría conseguido una mejor puntuación.” Ahora la lucha está aumentando. Usted responde con: “Eres demasiado estricto, por eso él es así, porque eres demasiado duro con él.” Mientras tanto, su hijo sigue viendo la televisión y no hace la tarea que tenía que hacer. En esta situación, el foco va al lugar equivocado. Cuando los niños provocan estos argumentos, es que no están recibiendo la disciplina que necesitan y que no están siendo considerados responsables. Además, la tensión causada por la lucha va a aumentar la tensión en su casa, que a menudo hace que el niño actúe (o “no actuar”) más. Su comportamiento no cambiará si están más centrados en combatir entre sí que educar para que sus hijos sean responsables de su comportamiento.

  1. Tomar un tiempo de espera.

En lugar de entrar en una batalla de quién tiene la razón y quién está equivocado, se centran en trabajar en un plan. Tome un tiempo de espera, si lo necesita. Trate de tomar un paseo, ir a hacer otra cosa, o dar un paseo. Cuando vuelvas más tarde, establecer un tiempo para hablar. Se puede decir, “Vamos a dedicar unos minutos a hablar de esto. Yo sólo voy a escucharte y no voy a decir una palabra. No voy a interrumpirte. Sólo déjame escuchar lo que es tan importante para ti.

  1. ¿Cómo escuchar?

Se ayuda a las parejas para dar y recibir unos minutos y solo hablen de por qué un determinado tema es importante. Cada uno tiene sus propios deseos, sus anhelos, sus propias tradiciones, sus propias visiones del futuro. Si podemos pasar unos minutos con sólo escuchar a la otra persona sin nuestra ansiedad y sin tratar de hablar a nuestro compañero en nuestra forma de hacer las cosas, defender o culpar-y en lugar de escuchar de dónde vienen,  una gran cantidad de veces podrás encontrar un terreno común. Se puede decir, “¿Qué podemos hacer para negociar sobre esto?” O, “Te escucho. Ahora entiendo por qué esto es tan importante para ti. No me siento tan fuerte, pero yo voy a apoyar su decisión. “Lo más importante, para cualquiera de los dos, es saber que ha sido escuchado.

  1. ¿Es hora de ayuda profesional?

Si usted siente que ha intentado todo y todavía no es capaz de coincidir en la misma página con su pareja, es posible que necesite un poco de ayuda personal en la forma de un terapeuta. Un buen terapeuta le ayudará a encontrar la manera de hablar entre sí en lugar de luchar sobre todos los temas de crianza que se acercan.

Lo creas o no, las diferencias naturales entre los cónyuges pueden ser tratados como puntos fuertes, no como causas de argumentos. Las diferencias pueden ayudar a expandir nuestra propia perspectiva y entendernos  mejor unos a otros. El resultado final es que todos tenemos diferentes formas de comunicación y diferentes sistemas de creencias – y eso está bien. No hay dos personas que vivan juntos con las mismas opiniones y valores exactos un 100 por ciento del tiempo. Lo importante es encontrar una manera de unirnos para que su niño no se detenga en medio de sus diferencias.

Fuente: Dr. Bárbara Palmer, de la Universidad Estatal de Florida

Acerca de Debbie Pincus, MS LMHC

Durante más de 25 años, Debbie ha ofrecido terapia compasiva y efectiva y la asistencia, las personas, las parejas y los padres para curarse a sí mismos y sus relaciones. Debbie es el creador del programa de AM y PM Padres calma y es también el autor de numerosos libros para jóvenes sobre las relaciones interpersonales.

Aprendiendo en Familia

Abordaje de la violencia intrafamiliar

Conceptualización de la Violencia Intrafamiliar

Definiciones ONU, OEA y otras…

“Violencia de género es todo acto de violencia que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual y psicológico para la mujer, inclusive las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de libertad tanto si se producen en la vida pública como en la privada”. (Organización de Naciones Unidas, 1993).

“La violencia contra la mujer es cualquier acción o conducta basada en su género, que cause muerte, daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico a la mujer tanto en el ámbito público como en el privado”. (Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer, Convención de Belem Do Pará, OEA, 1994).

“La violencia contra la mujer es todo acto de fuerza física o verbal o privación amenazadora para la vida, dirigida al individuo mujer o niña, que cause daño físico y psicológico, humillación o privación de la libertad y que perpetúe la subordinación femenina”. (Heise, 1994).

Direccionalidad de la violencia:

Quienes tienen una mayor propensión a ser víctimas de maltrato, precisamente por la posición que ocupan en la familia, son las mujeres, los menores, los ancianos, las personas con algún impedimento físico, las lesbianas y los homosexuales.

La violencia doméstica se produce en direcciones definidas:

Marido                      mujer

Padre o madre         hijos.

Adultos jóvenes      ancianos.

Personas sanas        discapacitadas.

Heterosexuales        homosexuales y las lesbianas.

Quizás haya algunos hombres golpeados, pero difícilmente estarían en una situación de aislamiento y temiendo por sus vidas. Las dimensiones de estos casos no constituyen un problema de salud pública.

Intensidad creciente 

Primera etapa la violencia es sutil, toma forma de agresión psicológica. Consiste en atentados contra la autoestima de la mujer. El agresor la ridiculiza, ignora su presencia, no presta atención a lo que ella dice, se ríe de sus opiniones o de sus iniciativas, la compara con otras personas, la corrige en público, etc. No aparecen en un primer momento como violentas, pero igualmente ejercen un efecto devastador sobre la víctima provocando un progresivo debilitamiento de sus defensas psicológicas. Comienza a tener miedo de hablar o de hacer algo por temor a las críticas; a sentirse deprimida y débil.: en aumento de la frecuencia, duración, tipo y riesgo de muerte.

Violencia verbal

En un segundo momento aparece violencia verbal que viene a reforzar la agresión psicológica.

El agresor insulta y denigra a la víctima. La ofende criticándole su cuerpo, le pone nombres descalificantes, la llama “loca” comienza a amenazarla con agresión física, con homicidio o con su suicidio. Crea un clima de miedo constante. La ridiculiza en presencia de otras personas, le grita y la acusa de tener la culpa de todo. La mujer llega a tal estado de debilitamiento, desequilibrio emocional y depresión que la lleva a consultar a un psiquiatra, quien habitualmente le da una medicación.

Violencia física

La toma del brazo y se lo aprieta, a veces finge estar “jugando” para pellizcarla, producirle moretones, tirar de los cabellos, empujarla. Le da una bofetada, vienen las trompadas y patadas.

Comienza a recurrir a objetos para lastimarla. En medio de las agresiones le exige tener contactos sexuales. A veces la viola cuando está dormida. Esta escalada creciente puede terminar en homicidios o suicidios.

La única forma de cortar el ciclo y la escalada de violencia es a través de la intervención externa.

Violencia sicológica

Es cuando la mujer comienza a temer, a no creer en sí misma, tiene vergüenza, “no valgo nada”, “soy mala”, madre”, “soy culpable.” Va dirigida a que la mujer dude de si misma y de la percepción de la realidad. Es la desintegración del Yo.

Es el uso de formas de agresión verbales y no verbales encaminadas a intimidar, someter y controlar a otro ser humano. No se trata simplemente de comportarse de forma cruel y mezquina con el otro, sino de una manera que sirve para consolidar el poder y mantener el terror.

Comprende todo tipo de humillaciones por conductas verbales: críticas constantes “no sabes hacer nada”, “eres mala madre”, “bruta”, “estúpida”. Todos son insultos.

La importancia de la poesía infantil

Muchos niños prefieren los clásicos cuentos infantiles pero la poesía también es una excelente herramienta para estimular el aprendizaje, mejorar el vocabulario y fortalecer los vínculos afectivos. De hecho, la poesía infantil es mucho más que un entretenimiento, es un recurso educativo que estimula el desarrollo emocional, cognitivo y comunicativo, a la vez que potencia la adquisición de nuevos conocimientos y valores estéticos.

Se ha podido apreciar que, en comparación con los niños que crecen escuchando solo cuentos infantiles, aquellos que disfrutan de la poesía desarrollan mejores habilidades lingüísticas y cognitivas y tienen una expresión corporal más espontánea. Sin embargo, estas no son las únicas ventajas de la poesía para los niños, hay muchas más.

¿Por qué es tan importante la poesía infantil?

Muchos padres piensan que la poesía es simplemente una forma de expresión más bonita pero en realidad es mucho más que eso. La poesía también es estética, ritmo, creatividad, imaginación y conocimiento. La poesía no solo entretiene a los niños sino que estimula su desarrollo. Algunas de las ventajas de leerles poemas  a los niños son:

 

Favorece el desarrollo del lenguaje ya que suele utilizar frases más complejas y elaboradas que los cuentos.

Desarrolla nuevas habilidades comunicativas y potencia la expresión verbal, fundamentalmente a través de las rimas.

Enriquece la asimilación y el uso de nuevas palabras que amplían considerablemente el vocabulario infantil.

Permite apreciar la musicalidad y las imágenes del lenguaje con mayor facilidad.

Favorece la comprensión de conceptos cada vez más complejos que estimulan el desarrollo del pensamiento y el lenguaje.

Estimula el gusto por la lectura, lo que favorece la formación del hábito de leer desde edades tempranas.

Fortalece el vínculo afectivo del niño con sus padres, a la vez que le ayuda a expresar libremente sus emociones.

Fomenta la creatividad, la imaginación y la comprensión, lo cual es muy importante a la hora de resolver los conflictos que pueden aparecer en la etapa infantil.

Estimula la memoria auditiva y rítmica de los niños, así como la memoria visual.

Promueve la formación de valores estéticos ya que la poesía siempre es una expresión de la cultura y la sociedad en la que el niño se debe insertar.

Potencia el aprendizaje artístico a través del ritmo y la musicalidad.

Favorece el aprendizaje significativo de nuevos conocimientos que ayudan a formarse una visión del mundo más integradora.

3 trucos para inculcarle a tu hijo el gusto por la poesía

Léele poesía adecuada a su edad. En sentido general, a los niños les encanta que sus padres les lean. De hecho, no importa si se trata de un cuento o una poesía, la clave radica en crear un momento mágico y establecer una conexión emocional. Por eso, si quieres fomentar el gusto por la poesía, elige unos versos con rima, cuyo contenido sea adecuado para la edad del niño. Al principio se recomienda que sean poesías cortas y, por supuesto, que las leas con entonación.

Motívalo a dramatizar. Una estrategia muy efectiva para motivar a los niños a leer poesía consiste en incitarlos a dramatizar los poemas. Permite que el niño escoja un poema que le guste y deja que su imaginación vuele a medida que discurren los versos. Anímale para que se disfrace y le dé vida a uno de los personajes. De hecho, podéis hacer juntos una pequeña obra de teatro en casa inspirada en los versos.

Incítalo a que memorice su poema preferido. Motivar al niño para que memorice las estrofas de un poema es otro truco para incentivar su gusto por la poesía. Una vez que lo haya aprendido, puedes pedirle que lo recite en familia.

Fuente:etapainfantil.com

Trabaja con tus hijos este y todos los días el valor de ser honesto y honrado desde pequeñito

Lo primero es que tienes que enseñar con el ejemplo; ya que tus hijos te observan todo el tiempo, están muy pendientes de la más mínima conversación y o acción que tu realizas y si por ejemplo,  te ven que te robas las luces en rojo porque no hay una autoridad, que te pasas de listo y le coges el parqueo a alguien que está intentando parquearse; que tratas de sobornar con regalitos para obtener beneficios por encima de otros… ; que cuando tu niño o niña lleva de la escuela a la casa una prenda u objeto  que no es de él o de ella y tú no la devuelves, entonces no estás siendo un buen ejemplo.

Recuerda que cuando se es honrado y honesto desde chiquito es la mejor herencia y orgullo que exhibirá cuando sea adulto.

Ser honrado y honesto es tener vergüenza.  Permite que tu niño o niña tengan el sentimiento de sentirse avergonzado cuando inocentemente dicen una mentirita, se comen la merienda de sus amiguitos…  Corrígelos con amor y lo mejor es, de acuerdo a su edad, ponle una sillita para pensar durante 2 o cinco minutos.

El valor de ser honrado es en la casa que se aprende.

Enséñale el valor que tiene el trabajo de papá y mamá que no importa cuál es el oficio que realizan cuando se hace con dignidad.  Que las cosas se consiguen con esfuerzo, dedicación y empeño.

Educar en valores es algo muy importante, seguramente más que enseñar Lengua Española o Matemáticas.  ¿Quién se ocupa de hacerlo? Es penoso ver tantas vidas y familias arruinadas por la desmedida ambición, amor a lo ajeno y la exhibición del lujo como símbolo de superioridad.

Los buenos padres son ante todo, valientes.

Por Ángela Marulanda,
autora de Creciendo con Nuestros Hijos

[email protected]

Nadie duda que para ser buenos padres se necesita una gran dosis de amor, paciencia, ecuanimidad, comprensión, disciplina, flexibilidad, para mencionar sólo unos cuantos.  Pero quizás lo que más necesitamos para formar hijos dotados de las virtudes y capacidades que les permitan llegar a ser unos buenos seres humanos es ser padres valientes, es decir tener la fortaleza necesaria para hacer lo que más les conviene a los hijos, por duro que sea.

El compromiso de ser padres nos coloca a diario en situaciones que requieren mucha valentía para no tomar el camino fácil y privar a los hijos de los límites que son vitales para que no sólo se rijan los principios que les inculcamos, sino que tengan la fortaleza para ponerlos en práctica.  Por ejemplo, se necesita valor no recibir al pequeño en nuestra cama cuando a media noche nos suplica que le dejemos dormir con nosotros; para no llevarles el libro olvidado al colegio cuando nos llaman implorando que se lo hagamos llegar;  para no darles nada más de lo que estrictamente se merecen por mucho que rueguen que quieren más;  para no ayudarles a hacer la tarea que no cumplieron a tiempo así pierdan la materia; para no permitirles participar en ese paseo o esa  fiesta en la que no habrá supervisión de adultos con autoridad así que sean “la única que no podrá ir”;  para no pagar la fianza y evitar que los arresten cuando es importante que aprendan que sus errores tienen amargas consecuencias.

Lo que necesitan los hijos no son padres condescendientes y que vivan dedicados a darles todo.  Sino padres valerosos, capaces de cuestionarse y tener la fortaleza para comprometerse tan seria y profundamente en la formación de sus hijos que hagan lo que sea preciso para formarlos como personas correctas por difícil o doloroso que pueda resultarles

Muchos de los problemas de los hijos hoy en día son el resultado de confundir el ser buenos padres, es decir valientes, con ser padres condescendientes.  Los padres condescendientes trabajan muy duro con el fin de ofrecerle todo a sus hijos;  pero lo que necesitan ellos son padres valientes que trabajen duro en ellos mismos para darles lo mejor de sí;  los padres condescendientes se miden por lo mucho que gastan en sus hijos, mientras que los padres valientes se miden por lo que gana su familia con su trabajo;  los padres condescendientes hacen lo posible por resolverles todos los problemas a sus hijos mientras que los padres valientes los dejan enfrentarlos, permitiéndoles aprender de ellos;  los padres condescendientes tratan de evitarles sufrimientos a los hijos, mientras que los padres valientes procuran dotarlos de las herramientas necesarias para superarlos;  los padres condescendientes se miden por los beneficios económicos que su éxito profesional le ofrece a su familia, mientras que los padres valientes lo que tienen en cuenta es qué precio están pagando sus hijos por su éxito profesional.

Pero para lo que se necesita más valentía aún es para no inventarnos toda suerte de justificaciones que nos permitan decirle a los hijos “sí” cuando en el fondo del alma sabemos que debemos decirles “no”;  para no creernos nuestras propias mentiras y convencernos que todo lo hacemos por su bien, cuando realmente lo hacemos por el nuestro. Es urgente procurar que el poder que como padres tenemos sobre los hijos no lo utilicemos para remediar las carencias que les dejamos por nuestras debilidades y perpetuarlas en nombre de una “bondad” mal interpretada.