Vuelta a clases: El método definitivo para afrontar los gastos sin sobresaltos

El inicio del curso escolar suele disparar los presupuestos de muchos hogares. Para que estos gastos no desequilibren nuestras cuentas, lo mejor es contar con un sólido fondo de ahorro que nos proporcione tranquilidad y seguridad.

Después de todo lo que hemos vivido durante este difícil año de pandemia, más que nunca nos hemos ganado el derecho a gozar de unas buenas vacaciones. Aunque en este periodo prefiramos disfrutar del momento sin tener que preocuparnos por llevar las cuentas de modo estricto, también es importante que seamos conscientes de los próximos gastos que se avecinan. Tras esta necesaria etapa de relax, nos aguarda la inevitable “vuelta al cole”, un momento en el que la compra de libros y material escolar, las matriculaciones en actividades extraescolares o las equipaciones deportivas de los hijos disparan los presupuestos de muchos hogares.

Para que todo ello no afecte en exceso a la economía familiar, la mejor opción es contar con un fondo que nos permita afrontar cualquier tipo de gasto imprevisto o emergencia que pueda surgir. Contar con un sólido “colchón financiero” es la solución ideal para disfrutar de una mayor tranquilidad y seguridad, ya que nos evita tener que endeudarnos a un interés elevado o recurrir a sacar dinero de nuestro plan de ahorro.

La primera pregunta que debemos hacernos es: ¿Cuánto dinero hay que reunir para hacer frente a situaciones como los mencionados gastos de la “vuelta al cole” u otros desembolsos inesperados, como una avería de la caldera o el automóvil? Para responder a esto, debemos examinar cuál es nuestra situación financiera, qué gastos fijos tenemos, con qué capacidad de conseguir dinero sin endeudarnos contamos o cuántas personas tenemos a nuestro cargo. En general, la mayoría de libros de finanzas personales proponen un mínimo de tres meses de gastos como “colchón financiero”, a los que recomiendan sumar, por lo menos, otros seis meses.

Ahorrar la cantidad necesaria para ello es mucho más sencillo de lo que parece. Fundación MAPFRE nos propone empezar a construir nuestro fondo de emergencia siguiendo dos únicos pasos. El primero consiste en calcular nuestros ingresos de los últimos meses y restarle los gastos, para saber cuánto podemos ahorrar de media cada mes. A continuación, podemos ordenar al banco que haga una transferencia automática con la cantidad que queremos apartar en la cuenta de ahorro. Gracias a este método de “preahorro” seremos más conscientes de qué dinero disponemos realmente para gastar.

Una vez contamos con un fondo para hacer frente a cualquier situación imprevista, es el momento de planear nuestro futuro a través del ahorro

Evidentemente, cuánto más ahorremos, antes llegaremos a nuestro objetivo. Así, si ahorramos un 5% del salario, necesitaremos unos 20 meses para reservar un mes de “colchón”. Aunque pueda parecer mucho, hay que recordar que la gestión financiera no es un sprint, sino una carrera de fondo. La constancia y la regularidad son los valores que nos permiten llegar a la meta. Para no tener la tentación de recurrir a este fondo para cuestiones innecesarias, lo mejor es guardar el dinero en un producto financiero separado de la cuenta nómina, que sea accesible, seguro y que no nos cueste dinero.

Cómo convertirnos en “expertos” en ahorro

¿Qué podemos hacer cuando ya hemos conseguido disponer de un fondo de emergencias? Por supuesto, no es el momento de detenernos. Una vez hemos incorporado a nuestras rutinas el hábito del ahorro, podemos seguir reservando una cantidad similar de dinero para alcanzar nuevos objetivos, como terminar con nuestras deudas, o resolver el pago de la hipoteca o de las tarjetas de crédito. Otra excelente idea es comenzar a ahorrar para planificar nuestro futuro. Pensando a más largo plazo, podremos ahorrar para encarar nuestra jubilación o pagar la entrada de una nueva casa.

Si queremos convertirnos en unos verdaderos “expertos” en ahorro, debemos empezar a considerar nuevas posibilidades como gozar de las ventajas del interés compuesto una herramienta que marca la verdadera diferencia en nuestras finanzas. El interés compuesto consiste, básicamente, en reinvertir los beneficios que genera nuestra inversión. Para entender sus posibilidades, lo mejor es contraponerlo al interés simple. Si invertimos 1000 euros al 10% anual, conseguiremos un beneficio de 100 €. Pero si invertimos esos 100, el siguiente año obtendremos un beneficio de 110 €. De este modo, el dinero “trabajará” para nosotros, creciendo de forma exponencial año a año.

El interés compuesto consiste en reinvertir los beneficios que genera nuestra inversión

Sin embargo, el ahorro tiene ciertos límites, marcados por la inflación o el llamado “coste de oportunidad”, que, aplicado a nuestra economía personal, sería el dinero que dejamos de ganar cuando los ahorros están “parados” en una cuenta corriente o algún producto financiero que no ofrece rentabilidad. Así, si queremos seguir aumentando nuestras reservas, tenemos la opción de “poner a trabajar” el capital, buscando fórmulas de inversión adecuadas a nuestros objetivos, perfil de inversor y horizonte temporal. Pongamos un ejemplo sencillo: si ahorramos 150 € al mes y los invertimos en un producto que nos proporcione una rentabilidad sostenida del 2%, conseguiremos, en 25 años, 58.807 €; 13.807 € más que si solo nos hubiéramos dedicado a ahorrar.

La información es clave para decidir qué es lo que más nos conviene para afrontar el futuro con tranquilidad, evitando los sobresaltos. Los gastos que disparan nuestro presupuesto, como los que se producen todos los años con el inicio del curso escolar, ya no tienen que ser motivo de disgusto. Basta con que sepamos planificarnos. Si conseguimos mantener bajo control los gastos y sacar el máximo rendimiento de los ahorros, no solamente afrontaremos estas situaciones sin estrés, sino que además podremos permitirnos dedicar el dinero a aquello que realmente nos hace felices, como un viaje o la casa de nuestros sueños.

Fuente: https://www.lavanguardia.com/

30 cosas que toda niña necesita escuchar mientras crece

Las palabras importan y, cuando eres madre, tienen muchísimo más valor. Es importante pensar el impacto que tiene el lenguaje en la vida de nuestras hijas. Estas frases para empoderar a las niñas son un gran herramienta para combatir la falta de autoestima, el machismo y la decepción. El poder femenino está en alza, ¡sé parte del cambio!

#1 Orgullo

<<Sé tú misma y siéntete orgullosa de quién eres>>.

#2 Aceptación

<<Quien te acepte, te aceptará como eres. ¡No cambies!>>.

#3 Equivocación

<<Es importante aprender a decir ‘tienes razón’ cuando uno está equivocado>>.

#4 Vibras positivas

<<Ser positiva es clave para cambiar tu realidad>>.

#5 Descubrirse

<<Conoce tus límites>>.

#6 Conformidad

<<No te conformes, pero disfruta de los logros que consigues>>.

#7 Objetivos

<<Para avanzar, hay que tener objetivos (no importa lo pequeño que sean)>>.

#8 Sin miedo

<<No tengas miedo de expresarte>>.

#9 Negación

<<Recuerda: está bien decir ‘NO’>>.

#10 Maternidad

<<Ser madre no es una obligación. Es una elección>>.

#11 Volar

<<¡Qué nadie te corte las alas! (Ni siquiera yo, tu madre)>>.

#12 Risa

<<Después de un mal día, refúgiate en el humor>>.

#13 Egocentrismo selectivo

<<A veces hay que ser un poco egoísta, ¡y eso no es malo!>>.

#14 Independencia

<<Busca ser independiente: es lo más cercano a la libertad>>.

#15 Caída

<<Permítete un día (o una semana) de sofá, películas y helado>>.

#16 Tristeza

<<Está bien sentirse mal>>.

#17 Abajo el machismo

<<’Eso es de hombres’ es una frase que NO tiene validez>>.

#18 Perfecta en tu imperfección

<<Eres perfecta por ser fiel a ti misma>>.

#19 Errores

<<Los errores son aceptables, siempre y cuando aprendas de ellos>>.

#20 Sin excusas

<<Que tu paciencia sea una virtud, no una excusa para no actuar>>.

#21 Luchar

<<Es MUY difícil saber lo que quieres. Lo importante es seguir luchando para descubrirlo>>.

#22 Llegar más allá

<<La clave para llegar lejos: el trabajo duro y las herramientas que da el conocimiento>>.

#23 Soñar

<<La imaginación y los sueños no tienen edad>>.

24 Traición

<<No te traiciones nunca, por nada ni por nadie>>.

#25 Elige tu destino

<<Nadie puede imponerte que la casa y los hijos sean tu mayor responsabilidad>>.

#26 No al patriarcado

<<Lucha contra la opresión machista>>.

#27 Enojo

<<No tomes decisiones mientras estás enfadada>>.

#28 Para pagar tus sueños

<<Ahorra, aunque sea un poquito cada mes>>.

#29 ¡Tú puedes!

<<Nadie podrá convencerte de que no eres capaz de hacer algo, si tú crees que sí>>.

#30 Sin ataduras

<<No le debes NADA a NADIE>>.

Fuente: vix.com

Cuando nace un nuevo hermanito

Muchos padres no se sienten seguros de dar amor y cuidado suficiente a cada uno de sus hijos. Aunque usted ha planeado agrandar su familia, y siente que sus niños se beneficiarán aprendiendo a cuidarse el uno con el otro y que se desarrollarán lazos familiares muy fuertes en años venideros, usted se sentirá miedo de que hizo algo que los enfrentará uno contra otro por el resto de su vida.

La rivalidad es la necesidad de ser mejor que el oponente y obtener para usted algo que es precioso y limitado. La rivalidad entre hermanos es una competencia normal por el cariño y afecto de los padres y es completamente normal hasta cierto grado en todas las familias.

¿Qué puede hacer usted como padre para ayudar a sus hijos mayores a aceptar el nacimiento de un nuevo hermanito?

  • Digale a su niño(a) que usted está esperando otro niño.
  • Involucre a su niño(a) en la preparación para el nacimiento del bebé.
  • Incluya a su niño(a) en la llegada del hermanito(a). Inscríbalo(s) en las
    clases de “Hermano Mayor” en el hospital local.
  • Deje que su niño(a) le ayude con el cuidado del bebé.
  • Reserve un tiempo para su niño(a) mayor. Si su niño(a) tiene la impresión que usted siempre esta atendiendo al bebé él/ella se pondrá celoso(a). Planee estar completamente a solas con su niño(a) mayor para darle la oportunidad de que el/ella decida lo que desea hacer para pasar un momento agradable.
  • Deje que su niño(a) mayor participe en actividades fuera del hogar que no incluyan al bebé o que no lo incluyan a usted, de esta manera el/ella aprenderá a separarse y a sentirse bien sin que usted esté alrededor.

Cualquiera que sea la edad de su niño(a) mayor, su mundo cambiará drásticamente cuando usted traiga al nuevo bebé a la casa. Las sugerencias indicadas podrían ayudarle a que este cambio se desarrolle en un ambiente más suave y agradable para la familia entera.

Fuente: aciprensa.com

Medidas de seguridad en el hogar – tipos de accidentes

Nuestro hogar es el lugar donde descansamos y nos relajamos, donde dormimos y compartimos tiempo en familia. No hay ningún otro sitio en el mundo en el que pasemos más horas. Este es el motivo por el que la mayor parte de los accidentes suceden cuando estamos en nuestra casa.

Disminuir la posibilidad de tener un percance de cualquier tipo es posible si aplicamos algunas sencillas medidas para prevenir accidentes en el hogar, teniendo en cuenta que hay zonas de la casa donde hay más riesgo y determinadas edades con mayor propensión a sufrir accidentes.

Evitar accidentes a los niños

Los niños son uno de los colectivos más vulnerables dentro del hogar. Los peligros que corren están relacionados con los cortes, las quemaduras, las caídas, la asfixia, las descargas eléctricas o la ingesta de productos tóxicos.

Para evitar accidentes infantiles hay que enseñarles desde pequeños donde no pueden estar solos. La cocina y el baño son dos de los lugares donde se producen más accidentes infantiles, así que no les dejemos estar en estas estancias sin supervisión de un adulto.

Para evitar caídas hay que procurar que el suelo esté limpio de obstáculos. También hay que tener vigilados lugares como las escaleras del interior de la vivienda, mientras que en puertas y ventanas conviene tener un sistema de bloqueo que impida que los pequeños las abran.

Los productos de limpieza y los medicamentos deben guardarse fuera del alcance de los niños para evitar intoxicaciones, así como también los alimentos que les puedan causar algún tipo de alergia. Los productos tóxicos no deben estar almacenados en el mismo lugar que los medicamentos, para evitar confusiones entre los más pequeños. Además, los muebles deben estar anclados a la pared para que no se les vuelquen encima si intentan trepar por ellos. En la cocina, conviene que los mangos de las sartenes estén hacia dentro, para que no sientan la tentación de cogerlos.

La plancha es otra fuente de los potenciales accidentes. No dejemos que los pequeños estén junto a nosotros mientras estamos planchando. De igual manera, es necesario proteger las tomas de corriente para que no puedan meter los dedos o introducir algún objeto, y mantener fuera de su vista cuchillos, tijeras y mecheros, u objetos de pequeño tamaño, ya que existe el riesgo de asfixia si se los introducen en la boca.

Los accidentes más frecuentes en los mayores

La tercera edad tiene más riesgo de sufrir accidentes, especialmente las personas mayores que viven solas. Uno de los percances de mayor gravedad en estos casos son las caídas. Por ello, intentemos que los muebles de la casa no dificulten el paso y evitemos en la medida de lo posible las superficies resbaladizas y las alfombras, ya que pueden tropezar con ellas.

En el cuarto de baño conviene sustituir la bañera por un plato de ducha. Los asideros y las barras de sujeción pueden resultar muy útiles para que no resbalen. Asimismo, si la vivienda tiene una escalera interior, es conveniente disponer de una barandilla y pasamanos en todos sus tramos.

¿Qué zonas de la casa son más peligrosas?

Si quieres conocer cómo prevenir accidentes en casa, estas son alguna de las cosas que debes tener en cuenta si quieres evitar situaciones de peligro:

1. El salón

  •  Evitar la utilización de braseros por el riesgo que conllevan. Los calefactores y las estufas deben estar alejadas de muebles y cortinas.
  • No acumular muchos cables tras los muebles, ni sobrecargar las tomas de corriente con diversos electrodomésticos conectados a la red en un mismo punto.
  • Disponer los muebles de tal forma que se puedan evitar caídas y tropiezos con ellosAl ser una zona de mucho paso, esta parte de la casa debe estar despejada.
  • Señalizar las puertas de cristal de acceso a una terraza o jardín para advertir su presencia cuando estén cerradas.
  • Evitar pasar  mucho tiempo en esta habitación, o en cualquier otra de la casa, que haya sido pintada, barnizada o tratada con insecticida recientemente.

2. La cocina y el baño

  • Instalar un detector de humo para evitar incendios y contar con un extintor. Además, también es importante saber cómo actuar en cada situación que pueda darse. Por ejemplo, si salen llamas de una sartén, deberás poner una tapadera encima para ahogar el fuego.
  • Instalar una cocina de inducción ya que siempre resulta más seguro cocinar en una vitrocerámica o una cocina de inducción que en una de gas. Si huele a gas, debes cerrar la llave de paso y, sin encender interruptores eléctricos, ventilar la estancia.
  • Evitar las quemaduras ya que es uno de los peligros más comunes en las cocinas. Debes tener especial cuidado con las salpicaduras por aceite y con cualquier cacerola, sartén o bandeja que haya estado al fuego o en el horno.
  • Colocar elementos antideslizantes en el cuarto de baño, tanto en la bañera como en el plato de ducha, para evitar caídas.
  • No enchufar ni manejar aparatos eléctricos cerca de las fuentes de agua, ni manipularlos descalzos o mojados cuando están conectados a la red eléctrica.

3. El jardín y el garaje

  • Almacenar todo tipo de material que puedas tener en el garaje en estanterías o en sus correspondientes espacios de almacenamiento.
  •  No dejar un coche en marcha en el garaje, ya que puede provocarte una intoxicación por monóxido de carbono.
  • Vallar la piscina si vives con niños para evitar que puedan acceder a ella.
  • Procurar hacer barbacoas lo más alejado posible de la casa y de los árboles o arbustos que pueda haber alrededor.

Si tienes algún accidente doméstico mantén la calma en la medida de lo posible y llama al 112. Además, si tienes contratada la alarma anti-inhibición Sentinel (que permanece siempre activa aunque la alarma esté desconectada), podrás pedir ayuda pulsando el botón SOS en caso de emergencia, para poder recibir asistencia inmediata. Tu central de alarmas se encargará de avisar a la policía, a una ambulancia o a los bomberos en caso de ser necesario. Sentinel también puede protegerte si un intruso entra a tu negocio utilizando un inhibidor de frecuencia o ante cualquier tipo de riesgo ambiental ya que monitoriza constantemente los niveles de humedad, temperatura y calidad del aire.

Si te preguntas cómo prevenir accidentes en el hogar de una manera efectiva, la respuesta está en todas las medidas que debes adoptar antes de que ocurran. Tener todo bajo control te hará disfrutar aún más del tiempo que pasas en tu casa.

Fuente: https://protegiendopersonas.es/

¿Cuál es la diferencia entre disciplina y castigo?

La disciplina le enseña al niño(a) como actuar, debe tener sentido para él/ella y tiene que ver con algo que el niño(a) hizo equivocadamente. La disciplina ayuda al niño(a) a sentirse bien consigo mismo, a corregir sus errores y le ayuda a tomar responsabilidad de sus acciones.

El castigo por el contrario, únicamente le dice al niño(a) lo que él/ ella hizo mal, pero no le dice lo que debería hacer en cambio; por lo que el castigo muchas veces no tiene sentido para el niño(a) y usualmente no tiene que ver con lo que el niño(a) hizo mal.

Aquí tiene algunos ejemplos de situaciones que se dan en la vida diaria, y ejemplos de castigo y disciplina que pueden ser aplicados a estos casos:

Ejemplo No.1: Su niño(a) de 3 años tira los crayones al piso.

Castigo: Dígale que es un niño(a) que no sabe comportarse y péguele en las manos.

Disciplina: Dígale que recoja los crayones. Explíquele que los crayones se podrían quebrar o que podrían manchar el piso. Ponga los crayones fuera del alcance de su niño(a) por uno o dos días.

Ejemplo No. 2: Su niño(a) de 2 años vacía el cesto (bote) de basura.

Castigo: Dele un par de nalgadas y envíelo a su cuarto.

Disciplina: Dígale que él/ella no puede jugar con el cesto de la basura y permítale jugar con algo que él/ella pueda llenar y vaciar.

¿Qué tipo de disciplina es adecuado para la edad de mi niño(a)?

Los niño(a)s pequeños o bebés no necesitan disciplina. Ellos no se comportan mal de manera intencional, porque cuando ellos lloran no lo hacen para enojarlo o controlarlo a usted, sino porque ellos necesitan algo, quizá tengan hambre, sueño, dolor, o simplemente necesitan estar en sus brazos.

Un niño(a) no puede ser malcriado durante los primeros seis meses de edad. Los bebés que son sostenidos en brazos cuando lloran aprenden a sentirse seguros y usualmente lloran menos conforme crecen y tan pronto como ellos pueden hablar, ellos usan palabras para expresar sus necesidades.

Los niño(a)s que gatean (caminan con las rodillas) usualmente juegan o quiebran objetos que encuentran a su paso. No olvide proteger su casa a prueba de niño(a)s.

Distraiga a su niño(a), cuando él/ella hace algo que no le agrada a usted. Use palabras como “Detente/Para” o “No toques” para evitar que toquen aquellos objetos que usted no quiere que se destruyan y sobre todo dígale a su niño(a) las reglas a seguir. Al mismo tiempo, dele a su niño(a) la oportunidad de explorar y experimentar nuevas cosas en forma segura en al menos una de las habitaciones de la casa.

Los niño(a)s que empiezan a caminar podrán alcanzar casi todos los objetos en la casa, porque ellos están aprendiendo a subirse por todos lados. Recuerde proteger su casa a prueba de niño(a)s, use la distracción como disciplina, dígale las reglas de juego y empiece a usar períodos cortos de disciplina, tales como sentando a su niño(a) en un lugar aislado para disciplinarlo(a).

Los niño(a)s hablan más y más cada día, por lo que es mucho más fácil explicarles las cosas y escuchar lo que ellos tengan que decir.

Use pequeñas recompensas cuando sea posible. Aplauda cuando ellos hacen algo bien, deles más y más abrazos y elógielos constantemente, pero también disciplínelos cuando sea necesario.

Fuente: aciprensa.com

Mandamases o mandamientos

Ejercer la autoridad paterna parece en los tiempos actuales una utopía autoritaria prohibida para los amantes de la libertad. Las estadísticas de una crisis difícil de remontar. Los padres todavía cuentan con autoridad y saben hacerse obedecer en uno de cada tres hogares, aunque a veces sea a regañadientes, según opinan los mas de mil adolescentes consultados.

En otra tercera parte de hogares no existe esta autoridad, por un doble motivo: bien porque el padre se ha acomodado a las circunstancias y prefiere transigir en vez de exigir; o bien porqué un padre autoritario ha roto el hilo de comunicación con sus hijos e hijas.

Por último, algo más de una tercera parte de los adolescentes parece confundir la autoridad con el autoritarismo, hasta tal extremo ha llegado la crisis de Autoridad. , es que el simple enunciado de la palabra despierta animadversión. Ante la simple enunciación de la pregunta “¿Quién crees que manda en tu casa?”, este último grupo de chicos y chicas de 14 a 18 años, reaccionan como si el simple ejercicio de la autoridad fuese algo en sí mismo negativo, como si la autoridad estuviese mal vista. “Mi casa no es un cuartel y no manda nadie”. “Somos personas libres”; “no hay alguien que mande, todos mandamos algo”, son algunas de las expresiones más corrientes entre este grupo para demostrar que en su casa no existe una autoridad bien definida.

Hogares anárquicos

El porcentaje de chicos y chicas que, con distintas expresiones, viene a decir que “en mi casa mandamos todos”, o que “en mi casa no manda nadie”, que viene a ser lo mismo, es del 28,3% entre los chicos y del 26,3% entre las chicas. Es significativo este porcentaje porque la posibilidad de hogares donde no hubiera autoridad no figuraba entre las proposiciones de la encuesta, que se referían a la opción de que mandara el padre, que mandara la madre o que mandaran ambos conjuntamente. Por tanto, las expresiones de rechazo de la autoridad, de las respuestas de los adolescentes se desprende un desprestigio de la autoridad, una confusión entre la autoridad y autoritarismo, que chicos y chicas expresan de muchas maneras: “todos queremos mandar, pero casi nadie lo consigue”, “hay un sistema democrático, mandamos todos”, Mandamos todos, casi siempre”, “un intercambio de opiniones hace funcionar nuestra casa”… son algunas de las frases indicativas de que la autoridad no atraviesa el mejor momento.

A favor de la corriente

Pero al margen de las causas que han llevado al desprestigio de la autoridad, se deduce de las contestaciones de los chicos y chicas que muchos padres (al menos, uno de cada tres) parecen haber desertado de ejercer la autoridad y ha adoptado una actitud acomodaticia que evita el conflicto o el tener que ir contra la corriente de modas y costumbres. Ejemplos de esa actitud acomodaticia hay varios, pero uno solo puede bastarnos: la mayor parte de los adolescentes que suelen salir el fin de semana de “movida” admite que dejan preocupados a sus padres, pero sólo un 5% (28 chicos y 24 chicas sobre un total de 1016) señalaban hallarse sometidos a uno hora fija de regreso la noche del viernes o sábado, que oscilaba entre las 9:30 y las 11:30 horas ¡Hijos al poder! Chicos y chicas son conscientes de que tienen mucho poder, aunque muy poquitos afirman mandar ellos en casa. Se trata de un poder fáctico, y ellos sí que son conscientes. Había que exceptuar a esos hogares en los que el padre o la madre manda autoritariamente o tiránicamente (“los hijos no tenemos ni vos ni voto”, “manda mi padre, pero mi madre lo contradice bastante”).

En cuanto a la elección entre el padre y la madre, en general los chicos son más proclives a creer que es el padre quien manda en casa.

Hogares equilibrados

Pero, en conjunto, el mayor porcentaje de los adolescentes creen que el padre y la madre mandan conjuntamente. Se trata de hogares en donde el padre, junto con la madre, ejerce una autoridad natural, y, lo que es más importante, una autoridad que los hijos no discuten, en la que no se excluye el diálogo, sino que, antes bien, se fomente y se vive de un modo más intenso.

Padres comprensivos

En otra de las preguntas realizadas a los adolescentes se les planteaba qué cualidades apreciaban más en el padre. Chicos y chicas, aunque especialmente ellas, no dejaban lugar a dudas: la cualidad que más apreciaban en el padre era la comprensión. Esto nos muestra bien a las claras el desprestigio de la autoridad, probablemente confundida con arbitrariedad y malos modos. Queda más claro esto cuando comprobamos que la cualidad menos valorada en el padre es precisamente la exigencia.

Fuente: aciprensa.com

Amistad, autoridad y obediencia

La amistad entre padres e hijos se puede armonizar perfectamente con la autoridad que requiere la educación.

Es preciso crear un clima de gran confianza y de libertad, aun a riesgo de que alguna vez sean engañados. Más vale que luego ellos mismos se avergüencen de haber abusado de esa confianza y se corrijan.

En cambio, cuando falta un mínimo de libertad, la familia se puede convertir en una auténtica escuela de la simulación.

Tienen que entender que, nos guste o no, todos obedecemos. En cualquier colectivo, las relaciones humanas implican vínculos y dependencias, y eso es inevitable. No pueden engañarse con ensueños de rebeldía infantil.

Obedecer es a veces incómodo, es verdad. Pero tienen que descubrir que no siempre lo más cómodo es lo mejor. Deben darse cuenta de que el mejor camino para ser libre es lograr ser dueños de uno mismo. Han de comprender que sólo una persona bien curtida en la obediencia juvenil será libre en la edad adulta.

Pero, de todas formas, quizás les cuesta mucho obedecer porque no sabes mandar sin imperar. Hay detalles que facilitan la obediencia:

1. Exígete en los mismos puntos en que aconsejas, mandas o corriges: es muy cómodo, si no, recordar que tienen que ser humildes, pacientes y ordenados, sin ir tú por delante con el ejemplo.

2. Manda con afán de servir, sin dar la sensación de que lo haces por comodidad personal. Que vean que te molestas tú primero: muchas veces así ellos entenderán, sin necesidad de que nadie se lo diga, que deben hacer lo mismo.

3. No exhibas demasiado la autoridad. No des lugar al temor o a la prevención.

4. Procura saber lo que hiere a cada uno, para evitarlo delicadamente si es preciso. Sé comprensivo y sé muy humano. Aprende a disculpar. No te escandalices tontamente (supone casi siempre falta de conocimiento propio).

5. Habla con llaneza y sin apasionamiento, sin exagerar, procurando ser objetivo. Aprende a discernir lo normal de lo preocupante o grave.

6. Habla con claridad, a la cara. No seas blando, ni tampoco cortante: mantén una exigencia acolchada.

7. Sé positivo al juzgar y por en primer término las buenas cualidades, antes de ver los defectos, y sin exagerarlos.

8. No quieras fiscalizarlo todo. No quieras uniformarlo todo. Ama la diversidad en la familia. Inculca amor a la libertad, y ama el pluralismo como un bien.

9. Respeta la intimidad de tus hijos, sus cosas, su armario, su mesa de estudio, su correspondencia; y enséñales a respetar a los demás y su intimidad.

10. No dejes que se prolonguen demasiado las situaciones de excesiva exigencia. Para ello, debes estar atento a la salud y al descanso para que nadie llegue al agotamiento psíquico o físico.

Debes extremar los cuidados a los más necesitados (no todos los hijos son iguales) para evitar que tomen cuerpo las crisis de crecimiento o de madurez.

Fuente: aciprensa.com

Educación de los sentimientos

Acabo de leer que cada año, sólo en Francia, se fugan de sus casas cien mil adolescentes, y cincuenta mil intentan suicidarse. Los estragos de las drogas -blandas, duras, naturales o de diseño- son conocidos y lamentados por todos. Parece como si las conductas adictivas fueran casi el único refugio a la desolación de muchos jóvenes. La gente mueve la cabeza horrorizada y piensa que casi nada se puede hacer, que son los signos de los tiempos, un destino inexorable y ciego.

Sin embargo, se pueden hacer muchas cosas. Y una de ellas, muy importante, es educar mejor los sentimientos. El sentimiento no tiene por qué ser un sentimentalismo vaporoso, blandengue y azucarado. El sentimiento es una poderosa realidad humana, que es preciso educar, pues no en vano los sentimientos son los que con más fuerza habitualmente nos impulsan a actuar.

Los sentimientos nos acompañan siempre, atemperándonos o destemplándonos. Aparecen siempre en el origen de nuestro actuar, en forma de deseos, ilusiones, esperanzas o temores. Nos acompañan luego durante nuestros actos, produciendo placer, disgusto, diversión o aburrimiento. Y surgen también cuando los hemos concluido, haciendo que nos invadan sentimientos de tristeza, satisfacción, ánimo, remordimiento o angustia.

Sin embargo, este asunto, de vital importancia en educación, en muchos casos abandonado a su suerte. La confusa impresión de que los sentimientos son una realidad innata, inexorable, oscura, misteriosa, irracional y ajena a nuestro control, ha provocado un considerable desinterés por su educación. Pero la realidad es que los sentimientos son influenciables, moldeables, y si la familia y la escuela no empeñan en ello, será el entorno social quien se encargue de hacerlo.

Todos contamos con la posibilidad de conducir en bastante grado los sentimientos propios o los ajenos. Con ello cuenta quien trata de enamorar a una persona, o de convencerle de algo, o de venderle cualquier cosa. Desde muy pequeños, aprendimos a controlar nuestras emociones y a también un poco las de los demás. El marketing, la publicidad, la retórica, siempre han buscado cambiar los sentimientos del oyente. Todo esto lo sabemos, y aún así seguimos pensando muchas veces que los sentimientos difícilmente pueden educarse. Y decimos que las personas son tímidas o desvergonzadas, generosas o envidiosas, depresivas o exaltadas, cariñosas o frías, optimistas o pesimistas, como si fuera algo que responde casi sólo a una inexorable naturaleza.

Es cierto que las disposiciones sentimentales tienen una componente innata, cuyo alcance resulta difícil de precisar. Pero sabemos también la importancia de la primera educación infantil, del fuerte influjo de la familia, de la escuela, de la cultura en que se vive. Las disposiciones sentimentales pueden modelarse bastante. Hay malos y buenos sentimientos, y los sentimientos favorecen unas acciones y entorpecen otras, y por tanto favorecen o entorpecen una vida digna, iluminada por una guía moral, coherente con un proyecto personal que nos engrandece. La envidia, el egoísmo, la agresividad, la crueldad, la desidia, son ciertamente carencias de virtud, pero también son carencias de una adecuada educación de los correspondientes sentimientos, y son carencias que quebrantan notablemente las posibilidades de una vida feliz.

Educar los sentimientos es algo importante, seguramente más que enseñar matemáticas o inglés. ¿Quién se ocupa de hacerlo? Es triste ver tantas vidas arruinadas por la carcoma silenciosa e implacable de la mezquindad afectiva. La pregunta es ¿a qué modelo sentimental debemos aspirar? ¿cómo encontrarlo, comprenderlo, y después educar y educarse en él? Es un asunto importante, cercano, estimulante y complejo.

proponer un programa exigente y completo de valores, apoyados y vividos desde una educación para la virtud, permitirá que los niños, adolescentes, jóvenes y adultos maduren cada día en su humanidad, vivan abiertos a los demás, y se preparen en serio a la meta en la que se decide, para siempre, el bien verdadero de cada uno de nosotros: el encuentro eterno con Dios. ¿No debería ser esa la señal inequívoca de que hemos sabido ofrecer un buen programa de formación en los valores?

Fuente: aciprensa.com

Los hijos, ¿propiedad o misión?

Estamos acostumbrados a hablar de los hijos como si se tratase de algo propio, de una “posesión”. Tenemos un coche, tenemos una casa, tenemos un libro, tenemos un perro y… “tenemos cuatro hijos”.

Gracias a Dios, el coche no va a exigir sus derechos, ni va a gritar que no nos quiere. Si no arranca, lo llevamos al taller. Si después de dos semanas de arreglos no funciona, lo vendemos al chatarrero. En cambio, si el niño “no arranca” en la escuela…

Es cierto que los niños nacen dentro de una familia, por lo que resulta natural que la familia asuma la responsabilidad de esa vida que empieza. Pero el niño tiene un corazón, un alma, y eso no es propiedad de nadie. La filosofía nos enseña que el alma, lo más profundo de cada uno, no puede venir de los padres, sino que viene de Dios. Los padres dan a su hijo el permiso para la vida y asumen la hermosa tarea de ayudarle, pero no pueden dominarlo como al coche o al perro.

Entonces, ¿cuál es la actitud más correcta ante el hijo que hoy “camina” a gatas por el pasillo y que pronto empezará a darse coscorrones en la cabeza? ¿Le dejamos hacer lo que quiera? Este era el sueño de Rousseau con su “creatura”, Emilio. No hace falta ser un gran psicólogo para comprender que el niño ideal de Rousseau llegaría a la juventud sólo por obra de un milagro… La realidad es que los padres están llamados a dar una formación profunda, correcta, clara, a sus hijos.

Primero enseñamos al niño normas de “seguridad”: no asomarse por la ventana, no meterse en la boca objetos peligrosos, no tocar animales extraños. Después, la búsqueda de la salud nos hace pedirle que tenga las manos limpias, que no se llene el estómago con caprichos, que no se rasque las heridas…

Simultáneamente enseñamos al hijo a hablar. Sus ojos cada día brillan de un modo distinto, y pronto su mundo interior, su corazón, se nos abre no sólo con las miradas, las manos y la sonrisa, sino con esas primeras y temblorosas palabras que empieza a decir con la confianza de ser acogido. Los padres que escuchan por vez primera “mamá”, “papá”, sienten muchas veces un vuelco en el corazón. El niño crece, y habla, y habla, y habla… Cuando ya ha aprendido un vocabulario básico, impresiona por su hambre de saber, de comunicar, de decir que nos quiere, o que ha dibujado un avión, o que ha visto una lagartija, o que acaba de encontrar un amigo de su edad…

Alguno podría pensar que la misión de los padres termina aquí, y que el resto le toca a la escuela. Sin embargo, el hijo todavía tiene que aprender detalles de educación que van mucho más allá de las normas de supervivencia o del usar bien las palabras del propio idioma. Dar las gracias, pedir permiso, saludar a un maestro, prestarle un juguete al amigo, hacer los deberes en vez de contemplar lo que pasan por la tele…

La educación moral es uno de los grandes retos de toda la vida familiar. La mayor alegría que pueden sentir unos padres es ver que sus hijos son, realmente, buenos ciudadanos. El dolor de cualquier padre es darse cuenta de que su hijo hace lo que quiere y que empieza a engañar a los maestros, a robar del monedero de mamá, a golpear a los compañeros o hermanos más pequeños, e, incluso, a levantar la voz en casa contra sus mismos padres…

San Agustín se quejaba de que sus educadores le regañaban más por un error de ortografía que por una falta de comportamiento. La queja tiene una triste actualidad en quienes se preocupan más por el 10 de sus hijos en inglés que por la pornografía que vean en internet o por las primeras drogas que puedan tomar con los amigos. Si somos sinceros, es mucho mejor tener un hijo agradecido y bueno, aunque no sepa alta matemática, en vez de tener un hijo ingeniero que ni siquiera es capaz de interesarse por lo que les ocurra a sus padres ancianos…

Los hijos no son propiedad de nadie, ni de la familia, ni de la escuela, ni del Estado. Pero todos, especialmente en casa, estamos llamados a ayudar a los niños y adolescentes a crecer en su vida como buenos ciudadanos y como hombres de bien. Esa es la misión que reciben los padres cuando inicia el embarazo de cada niño. Quienes hemos tenido la dicha de tener unos padres que nos han ayudado a respetar a los demás, a amar a Dios y a vivir de un modo honesto y justo, nunca seremos capaces de darles las gracias como se merecen. Quienes no han tenido esta dicha… pueden, al menos, preguntar cómo se puede enseñar a los hijos a ser, de verdad, buenos, no sólo en la formación científica, sino en los principios éticos más elevados.

Esa es la misión que reciben los esposos cuando su amor culmina en la llegada de un hijo. Cumplirla puede ser difícil, pero la alegría de un hijo bueno no se puede comprar ni con todo el dinero del Banco Mundial…

Fuente: https://www.aciprensa.com/

Tips para acercarme a mi hijo adolescente

Ayudar a los hijos en sus dificultades es un reto que, muchas veces, se presenta pesado, infructuoso y casi imposible

El hijo que crece “aparentemente” tiene su vida hecha. La independencia, el “déjenme ser”, es su mayor eslogan. Los consejos, regaños e indicaciones le hacen sentir como niño o adolescente y, por eso, los rechaza como jarabes amargos.

Tiene conciencia de su libertad y, bien o mal, sabe que puede usarla, aunque desconoce su verdadero sentido. Se siente joven y experimenta que puede asir el mundo con un apretón de manos. Este mundo atrapa su sed infinita de felicidad y es lo que le causa las peores jugadas.

Quizá, un abismo gigantesco interfiere en las relaciones con los hijos. Los problemas y las dificultades que atraviesan en sus vidas personales parecen inasequibles para los padres. Los consejos y la cercanía que éstos quieren brindar, no llegan hasta la orilla de sus hijos con el impacto esperado.

Unas veces, el puente de comunicación natural y sencilla de los primeros años de la infancia y de la adolescencia, se debilita y es difícil cruzarlo. Otras, tristemente, el gigante invisible de la juventud ya lo ha arrancado con un vigor impulsivo e irreflexivo, destruyendo cualquier esfuerzo de acercamiento a los problemas que tienen.

¿Qué hacer?

La respuesta no es nada sencilla porque los hijos tampoco están en una etapa fácil. A veces el error de los padres es la desesperación, la impaciencia o la forma brusca y autoritaria en el actuar (por ejemplo: correrlos de la casa).

Un buen medio es la comunicación entre los padres. Entre los dos se podrán ayudar mejor a conocer a sus hijos. También ayuda tratar de “meterse en sus zapatos”. Intentar sentir lo que sienten, pensar en las contrariedades que les acechan o que pueden estar pasando (¡están todavía madurando y necesitan comprensión!).

Una postura rígida, por ejemplo, puede transformarse en una actitud afable, amigable, paternal: Una gota de comprensión atrae más a los hijos que un barril de regaños.

Otra solución estriba en el arte de escuchar a los hijos, interesarse por ellos; salir de las “burbujas” rutinarias y darles el tiempo y la atención que merecen. Ayuda mucho preguntarles su opinión, pedirles consejo, hacerles ver que su punto de vista cuenta mucho. Aunque todavía no lo sean, necesitan ser tratados como adultos.

Es mejor dar espacio a su iniciativa personal y a sus propuestas, que “acribillarlos” con órdenes y prohibiciones que pueden resolverse en un acuerdo mutuo y constructivo. Y en esos diálogos, conviene valorar sus decisiones para que se hagan responsables de sus actos.

Hay momentos que quizá ya se ha intentado mucho y los problemas de los hijos parecen insuperables. Pensemos, por ejemplo, en aquéllos que están sumergidos en la droga o el alcohol. Por desgracia, la solución se escurre de las manos como el agua (¡y eso es lo más duro!).

Desde la perspectiva humana todo parece imposible. En esos momentos lo mejor es pedir ayuda. Buscar a un perito en la materia, más aún, pedir ayuda al pedagogo más veterano, al experto de lo “imposible”: a Dios.

La oración dirigida a Dios orienta los sufrimientos, preocupaciones, deseos, esfuerzos humanos y sobrehumanos hacia el bien de los hijos. Con ella, se edifica un puente invisible a los ojos humanos, pero no al corazón del que cree; un puente que llega hasta lo más profundo de sus corazones, pues está construido con los ladrillos de la fe y de la esperanza.

Cuando humanamente se hace lo que está en las propias manos y se deja a los hijos en las manos experimentadas y sabias de Dios, el reto se aligera, el fruto empieza a madurar y lo que parecía imposible se hace real porque para Dios no hay nada imposible.

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