Biografía de Matías Ramón Mella

Matías Ramón Mella Castillo nació el 25 de febrero de 1816 en Santo Domingo. Fue un militar, político y activista dominicano. Es considerado uno de los Padres de la Patria de la República Dominicana junto a Juan Pablo Duarte y Francisco del Rosario Sánchez.

Como miembro del movimiento independentista, Mella encarnó la expresión militante y decidida siendo conocido por haber disparado su trabuco la noche del 27 de febrero del 1844 en la Puerta de la Misericordia dando comienzo de esta forma a la revuelta por la independencia del país.

De los fundadores de la República, Mella fue el más apto para las actividades militares. Su habilidad como estratega contribuyó significativamente a lograr la independencia dominicana, hecho que puso fin a la ocupación haitiana.

Más tarde se incorporó al movimiento restaurador contra la Anexión a España, realizada por el terrateniente Pedro Santana en 1861. Fue vicepresidente del país entre 1863-1864.

Familia y primeros años

Hijo de Antonio Mella Álvarez y Francisca Castillo.

En 1835, en plena dominación haitiana, fue nombrado “Preposé”, o encargado de la común de San Cristóbal. Allí se dedicó al negocio del corte de madera, actividad de la que también se ocupaba Antonio Duvergé, lo que hace suponer que ambos líderes se conocieron desde entonces. Mella era hábil con el sable y la espada.

Hacia 1836, contando con veinte años de edad, Mella contrajo matrimonio con Josefa Brea, quien pertenecía a una familia importante del país, y con quien procreó 4 hijos: Ramón María, Dominga América María, Antonio Nicanor e Ildefonso. Según un testamento del 5 de mayo de 1859, ninguno de los dos aportó grandes bienes al matrimonio. Al parecer adquirió sus bienes y propiedades estando casado, parte de ellos por vía hereditaria tras el fallecimiento de su padre en febrero de 1837.

Vida política y militar

El 1 de marzo de 1844 se integró como miembro de la recién creada Junta Gubernativa Provisional durante la Primera República y pocos días después partió para el Cibao donde asumió el cargo de gobernador de Santiago y delegado de la Junta Central Gubernativa, convirtiéndose en el jefe político y militar de la región más importante del país. Ostentó el rango de General del Ejército Nacional e hizo venir a José María Imbert desde Moca, quien lo auxilió como “mano derecha” en el mando militar.

Al dar comienzo la Batalla de Santiago, Mella, que no se encontraba en el campo de batalla, impartió las primeras instrucciones y escogió a Imbert como lugarteniente.

Cuando Faustin Soulouque invadió el país, Mella se incorporó al ejército, destacándose en la Batalla de Las Carreras y pasó a ser secretario de Pedro Santana. Luego de la renuncia del presidente Jimenes y la elección de Buenaventura Báez como presidente, en septiembre de 1849, Mella es nombrado Secretario de Estado de Hacienda y Comercio.

Al surgir la enemistad entre Santana y Báez, Mella decidió seguir al lado del primero. No obstante, la obstinación de Santana por querer anexar el país a España los enemistó para siempre. Entre 1849 y 1861, Mella rechazó a Santana y su proyecto de anexión.

Mella desempeñó los cargos de Comandante de Armas, Ministro de la Guerra, Gobernador de Santiago, Ministro Plenipotenciario y Enviado Extraordinario en Misión Especial frente al Gobierno español. En julio de 1856 se le encomendó preparar un proyecto de ley para organizar el ejército.

Miembro de La Trinitaria

Aunque no se sabe cuándo conoció a Duarte, una vez fundada La Trinitaria, se adhirió a ella en calidad de miembro mediante un comunicado, junto a Sánchez y Félix María del Monte. Duarte vio en Mella un discípulo de condiciones excepcionales y lo designó como sustituto de Juan Nepomuceno Ravelo cuando éste fracasó en las gestiones de llegar a un acuerdo con los dirigentes haitianos con la finalidad de organizar el movimiento de “La Reforma”.

Guerra de Independencia

En enero de 1843 fue comisionado por Duarte para trasladarse a la villa haitiana de Los Cayos de San Luis, al sur de la isla, para hacer contactos con los revolucionarios reformistas adversos al presidente Boyer.

Convocó e hizo posible una alianza entre los trinitarios y los reformistas haitianos que combatían a Boyer. Esto trajo como consecuencia, el 16 de enero de 1844, la firma del acta de separación, que proclamó la necesidad de separarse de la opresión haitiana y oficializó la unión de liberales y conservadores. Durante la guerra de independencia ocupó la región norte para impedir la penetración haitiana. Misericordia Puerta donde Mella disparó el trabucazo la noche del 27 de febrero de 1844, siendo este el principio del fin de la invasión haitiana en la República Dominicana.

Guerra por la Restauración

Luego de declarada la independencia, Mella proclamó a Duarte presidente de la Junta Central Gubernativa con la finalidad de evitar que algún partidario del colonialismo ocupara el poder. Esta actitud provocó que Pedro Santana lo expulsara del país.

Mella regresó al país en 1848 amparado en la amnistía del presidente Manuel Jimenes. Al regresar se unió a los conservadores liderados por Pedro Santana, hasta que en 1861, ya ante la eminente Anexión a España, se unió a los restauradores.

En agosto de 1863 viajó al sur, atravesando la Cordillera Central por Constanza, con el encargo de organizar las tropas restauradoras dirigidas por Pedro Florentino. Durante la restauración fue designado Ministro de la Guerra y elaboró un manual de guerra de guerrillas en enero de 1864.

Muerte

Restos de los padres de la patria. Altar de la Patria, donde reposan los restos de Matías Ramón Mella junto a Duarte y Sánchez. Mella se desempeñaba como vicepresidente de la República Dominicana cuando, en pleno Grito de Capotillo, enfermó de disentería. En las cercanías de su muerte pidió que sus restos fueran envueltos en la Bandera Nacional y pronunció estas palabras: “Aún hay patria, viva la República Dominicana”.

Murió el 4 de junio de 1864, en extrema pobreza, en una pequeña casa cercana a la Fortaleza San Luis, en Santiago; siendo enterrado cubierto por la bandera dominicana como fuera su deseo. Sus restos se encuentran, junto a los de Duarte y Sánchez, en el Altar de la Patria.

Fuente: nuestroshijos.do

Historia de la Independencia Nacional Dominicana

La República Dominicana declara su Independencia de la dominación haitiana el 27 de Febrero de 1844 y se constituye como un estado independiente.

Dominación Haitiana

La parte española de la isla fue invadida por la naciente República de Haití por razones de tipo económicas, sociales y políticas siendo la de mayor importancia la preservación de su propia independencia frente a un vecino que mantenía el sistema esclavista y que por sus propios intereses era un potencial enemigo de la recién creada república negra, en la que había sido abolida la esclavitud.

La invasión se produce casi sin ninguna oposición militar dada la diferencia numérica de ambos lados. La parte este o española tenía una población inferior al pueblo haitiano de esa época, además de la desorganización y miseria producto de la Guerra de la Reconquista en la parte española. Por otra parte, España estaba en franca decadencia y enfrentando los movimientos independentistas en el territorio continental y había perdido el interés por esta posesión cuyas minas de oro ya estaban agotadas.

La ocupación haitiana de la parte oriental de la isla duró 22 años. Esta ocupación, que pretendía anexar el territorio oriental a Haití, produjo inmediatamente un gran malestar y repulsa en los habitantes españoles dado sus irreconciliables diferencias de idioma, cultura, religión y su organización política, pero sobre todo por su concepción diferente del derecho de propiedad de la tierra.

Movimientos separatistas

La ocupación generó resistencia, desobediencia civil e incluso algunas conspiraciones que fueron develadas y hechos prisioneros o condenados a muerte sus miembros en un régimen que representaba cada día más el oprobio natural de una dominación extranjera.

La Trinitaria

En 1838 y después de regresar de estudiar en Europa y convencido por los vientos del Liberalismo que azotaban el viejo continente, Juan Pablo Duarte funda la organización secreta La Trinitaria cuya meta fue la creación de una Patria independiente de toda dominación extranjera.

La Trinitaria creció rápidamente dentro de la juventud y se extendió a las principales ciudades del país producto del trabajo tesonero y también como resultado de una sociedad artística llamada La Filantrópica que por medio de obras de teatro iba llevando el mensaje independentista.

Cuando el Presidente Boyer es derrocado por un movimiento revolucionario haitiano, se presentan coyunturas que precipitan los acontecimientos en la parte oriental de la isla firmemente decidida a terminar con el yugo opresor.

En ese momento existían cuatro movimientos separatistas como nos menciona Frank Moya Pons en su Manual de Historia:

1.El movimiento independentista encabezado por Juan Pablo Duarte

2.Movimiento pro-español, del cual eran exponentes en Santo Domingo los sacerdotes Gaspar Hernández y Pedro Pamiés, y en Puerto Plata el veterano General Andrés López Villanueva.

3.Movimiento pro-ingles, se inclinaba a buscar la protección de Inglaterra a cambio de ventajas comerciales y lo encabezaba un propietario de Las Matas de Farfán de apellido Pimentel.

4.Los Afrancesados: compuesto por hombres maduros, la mayor parte de los cuales habían ocupado puestos administrativos dentro del gobierno haitiano anterior y que creían poder alcanzar la eliminación del dominio haitiano con ayuda de Francia, (los afrancesados) a cambio de otorgarle a esta potencia privilegios políticos, arancelarios y territoriales. Sus cabecillas visibles eran un rico propietario de Azua llamado Buenaventura Báez (que luego se convirtió en dictador) y el importante abogado y comerciante Manuel Joaquín Delmonte.

El Gobierno provisional haitiano ordenó que se realizaran elecciones municipales el día 15 de Junio de 1843, elecciones que fueron ganadas en su mayoría por los miembros de la Trinitaria en el sector oriental, victoria que agudizaría la lucha contra la dominación haitiana e hizo que el General Gérard o Herard con sus tropas iniciara la persecución de los trinitarios en todo el país, obligando a Duarte a embarcarse subrepticiamente hacia Saint Thomas para evadir dicha persecución.

El movimiento quedó bajo la dirección de Francisco del Rosario Sánchez y buscando lograr nuevos adeptos lograron “conquistar” para la causa a Tomás Bobadilla, antiguo funcionario del régimen de Boyer que el nuevo gobierno haitiano había dejado fuera. También conquistaron los hateros del este del país, un grupo de personas privilegiadas por la colonia mediante la entrega de grandes cantidades de tierra y sus líderes eran los hermanos Pedro y Ramón Santana.

Declaración de Independencia

Aunque Juan Pablo Duarte, el Padre de la Patria, se hallaba ausente, la noche del martes 27 de febrero de 1844, en la Puerta del Conde de la ciudad de Santo Domingo, la República Dominicana era proclamada por Francisco del Rosario Sánchez, jefe del movimiento tras la ausencia de Duarte, Tomás Bobadilla y Briones, representante de los conservadores, Ramón Matías Mella, Manuel Jiménez, Vicente Celestino Duarte, José Joaquín Puello, Gabino Puello, Eusebio Puello, Eduardo Abreu, Juan Alejandro Acosta, Remigio del Castillo, Jacinto de la Concha, Tomás de la Concha, Cayetano Rodríguez, Félix María del Monte y otros patriotas, quienes expresarían a a las autoridades haitianas su indestructible resolución de ser libres e independientes, a costa de nuestras vidas y nuestros intereses, sin que ninguna amenaza sea capaz de retractar nuestra voluntad.

Ese 27 de febrero se izó la Bandera Dominicana en la Puerta del Conde. Ondeó en la ciudad de Santo Domingo la bandera bordada por Concepción Bona y María Trinidad Sánchez, junto con otras damas. La Bandera había surgido de un proyecto presentado por Juan Pablo Duarte, aprobado el 16 de julio de 1838 en La Trinitaria, donde se presentaron los colores y la forma de la enseña que representaría al nuevo estado, que se denominaría “República Dominicana”.

La naciente república quedó dirigida por una Junta Central Gubernativa bajo el poder de los conservadores hasta el 14 de noviembre de 1844 en que Pedro Santana es electo como el Primer Presidente Constitucional de la República Dominicana.

Fuente: nuestroshijos.do

La complicidad en el amor de pareja

Por: Ligia Valenzuela, M.A.

A propósito de que en el mes de febrero se celebra el Día del amor y la amistad, vi oportuno escribir sobre uno de los aspectos más importantes para que en la pareja haya una relación de amor y amistad: la complicidad.

La complicidad es un lenguaje que va creando intimidad y afinidad entre dos personas y donde el sentimiento por el otro permitirá que se establezca un tipo de relación entre ellos que luego les permitirá afrontar las distintas etapas de la relación de pareja de una forma más satisfactoria.

¿Cómo se construye?

– Cuando cada uno va inspirando en el otro seguridad y confianza.

– Cuando ambos desarrollan una disposición a escucharse, a tolerarse y a interesarse sobre cómo es el otro, cual es su forma de pensar, qué le gusta y qué no, qué le agrada y cuáles han sido los  momentos más significativos de la historia de su vida.

–  Cuando sus miradas están puestas en la misma dirección y sus esfuerzos buscan sumar y multiplicar, sin pretender tener el mismo punto de vista a cerca de las cosas.

– Que la propuesta que los mueva sea “ganarle la batalla” a la situación o circunstancia por la que están pasando como pareja o como familia.

– Que la comunicación verbal y no verbal entre ellos, busque  “sintonizar”, lograr conexión, convertir la relación en una sinergia donde el uno estimule y cuide al otro; donde ambos aprendan a ponerse de acuerdo para lograr propósitos comunes.

– Cuando procuran que el interés sexual, columna fundamental de la complicidad, busque mantenerse a través de la intimidad y la cercanía. Por ejemplo, haciendo planes juntos, teniendo proyectos a corto y mediano plazo que puedan  ser realizables, procurando espacios en los que compartan solos, tales como: bañarse juntos, compartir chistes, salir a bailar o aprender un baile que les produzca alegría y entusiasmo, irse de viajes  y cualquier otra actividad que permita que afloren las muestras de afecto y de deseo del otro, de modo que se comuniquen “sigues gustándome…”

– Compartiendo la cosas cotidianas y sencillas de todos los días, tanto del hogar y los hijos, como del mundo laboral de ambos.

– Y por último, conservando el buen humor, pues éste conecta, refuerza los vínculos afectivos y ayuda crear recursos que les permitan enfrentar las situaciones de la vida juntos y poder crear una relación de pareja feliz y duradera…

Más amor y menos odio

Estamos en la época de la “maldad”, hija de la ignorancia y del egoísmo. Aquella lluvia (la crisis) trajo estos lodos (la falta de valores), cuando tendría que haber sido todo lo contrario. Sobrevino una crisis para alertarnos de nuestro exceso de materialismo, del egoísmo del liberalismo capitalista, del placer por el placer y de la obsesión por el estado del bienestar;
en lugar de ocuparnos de la bondad del ser. Y es que hablar de amor, de caridad, de bondad y de servicio parece ser una cursilería o un despropósito, fruto de la debilidad. En la vida no todo vale, ni todo lo que vale es lo correcto. Es prioritario identificar nuestros valores y vivir acorde con ellos, pues serán nuestra referencia y el patrón mediante el cual se medirán nuestras acciones. Sólo por el amor nos liberaremos del yugo del dolor, seremos capaces de sanar, de trascender los mundanales apegos y liberarnos de las temibles cadenas que los instintos colocan en nuestro camino de evolución.

Más amor y menos odio. Más humildad, más capacidad para comprender al prójimo, más flexibilidad para saber adaptarnos a las circunstancias y a los cambios, y, sobre todo, más entusiasmo y fe para saber valorar lo que somos y lo que podemos aportar a los demás. Si queremos conectar con el verdadero amor y nuestro deseo es cambiar el mundo para mejor, tenemos que empezar por nosotros mismos: por enfrentarnos a nuestra sombra y por trascender nuestras limitaciones. Lo lograremos desde el autoconocimiento, la aceptación y la autoestima. Una autoestima que potenciaremos mediante el reconocimiento de los demás; a través del servicio, del desapego y de la ausencia de juicio. Hemos de aprender a ser “asertivos”, a decir lo que realmente pensamos, sin emitir juicios de valor, sin acusaciones ni descalficaciones, porque no haynada bueno ni malo; todo depende de lo que proyectemos en ello. Si logramos cambiar una debilidad y transformarla en fortaleza, habremos aprovechado la oportunidad y contribuiremos a construir un mundo mejor. Cuando crezco yo, crece la humanidad. El amor es hijo de una fortaleza, nunca de una debilidad; puesto que amar es confiar, aceptar, respetar, comprender, renunciar y entregar. El egoísmo y la maldad son hijos del sentimentalismo, de la carencia, de las expectativas no cumplidas, de los deseos insatisfechos y de los objetivos no alcanzados. Ergo, de la debilidad y del temor. Abre tu corazón a la fe. Confía en que no estamos solos, en que cada uno de nosotros tiene un propósito, un don que compartir. Todos somos uno; sin dejar de ser nosotros mismos, sin dejar de sentir y compartir desde nuestra individualidad, pero a la vez, vibrando desde la unidad, que no es más que la expresión de la totalidad.

Lo que sentimos y pensamos es lo que atraeremos a nuestra realidad. Si queremos ser unos buenos arquitectos de nuestra vida, entonces deberemos alinear nuestros pensamientos, sentimientos y nuestra voluntad (acciones) desde la coherencia y la unicidad. Las dudas, los miedos, las indecisiones o la ignorancia sobre lo que deseamos o queremos dificultarán el logro de nuestros objetivos. Lo esencial será siempre el amor. Recuerda: abandona la lucha, evita el odio y el resentimiento. Permite que el amor guíe tus pasos. Tu vida lo agradecerá y tu destino cambiará.

Fuente: revistapluraldiamond.com

Rebelión Adolescente. 10 Consejos para manejar la rebeldía.

 La adolescencia es una etapa de grandes cambios, supone el paso de la niñez a la vida adulta. Es una etapa complicada y muy especial, llena de cambios físicos, hormonales, cognitivos y madurativos que requiere un proceso de  ajuste psicosocial por parte de los adolescentes. Tienen que adaptarse a los cambios y lo que éstos suponen.

Los cambios y el proceso de ajuste, van a provocar reacciones importantes, la más común y extendida es la rebeldía característica los adolescentes.

¿Por qué se rebelan los adolescentes?

  • Esta etapa supone el paso de la niñez a la vida adulta. Durante la adolescencia, estamos en medio de este proceso, ya no son niños pero tampoco son adultos. Esto hace que se sientan fuera de lugar, y no saben cómo responder ante situaciones que son nuevas para ellos. Esto hace que en determinados momentos reaccionen rebelándose.
  • Es un periodo de búsqueda de identidad personal, esto les lleva a rebelarse porque quieren ser ellos mismos. Al mismo tiempo aparece la necesidad de pertenencia. Pertenecer a un grupo les aporta una seña de identidad con la que pueden identificarse y les aporta seguridad.
  • Los padres y madres hacen referencia a la rebeldía de los adolescentes. Y éstos cuando se les preguntan mencionan incomprensión por parte de los adultos. Se sienten incomprendidos y esto hace que reacciones con una actitud rebelde.

rebeldía adolescentes

¿Cómo podemos manejar la rebeldía adolescente?

Educar a un adolescente no siempre es fácil, manejar los estallidos de rebeldía puede parecer un desafío. No vamos a poder evitar estas actuaciones rebeldes, es importante entender que es natural y es sano para su desarrollo. Si actuamos con paciencia, comprensión y cariño, involucrándonos, siendo firmes con los límites haremos este proceso menos conflictivo.

  1. Escucha al adolescente. Trata de entenderle y saber que es importante para él. Es importante que perciba que le escuchas, que valoras su opinión y punto de vista, y no sólo le impones el tuyo.
  2. Establece unas normas claras que puedes y es conveniente consensuar con ellos. Si decidís entre todos, lo tomaran como un acuerdo y no una norma impuesta desde fuera. Hazle elegir entre varias opciones, para que sientan que están decidiendo.
  3. Hazle cumplir las reglas. Es importante que sepan que es lo que se espera de ellos y que tengan una disciplina.
  4. Dialoga con ellos sobre moral y valores. De esta forma les ayudas a distinguir entre los comportamientos correctos y los inadecuados. Aprenderán a manejar su conducta y ajustar su forma de actuar en determinadas situaciones.
  5. Fomenta el desarrollo del respeto. Para ello sirve de ejemplo, no puedes pedirles respeto y no respetar sus cosas y no tolerar ninguna falta de respeto, ni hacía ti, ni hacía nadie.
  6. Déjale su espacio y sus tiempos para sí mismo. No intentes invadir todo su terreno o tenerle controlado en todo momento. Están haciéndose adultos y necesitan espacio y tiempo.
  7. Fomenta su autonomía y responsabilidad. Para ello déjale hacer las cosas por sí solo. Puedes vigilar pero déjale que asuma sus responsabilidades.
  8. Ante un estallido de rebeldía, mantén la calma y no entres en una lucha directa. Espera a que se relaje y trata de razonar con él en ese momento.
  9. Evita la crítica constante, lo tomara como un ataque. Intenta decirle las cosas buenas.
  10. Establece una comunicación fluida y un clima de confianza. Que se sienta seguro para expresarse y para ser él mismo.

Fuente: educayaprende.com

Amistades escolares

No hay mejor cosa para un niño que comenzar el año escolar junto a un amigo. Gran parte del entusiasmo de regresar al aula consiste en reencontrarse con caras familiares y amistades del año anterior. Sin embargo, muchas cosas pueden cambiar con el inicio de un nuevo curso lectivo, entre ellas los amigos.

La amistad es una parte integral de la infancia y el desarrollo de nuestros hijos. Hacer amigos es importante porque les enseña a compartir, a resolver disputas, a interactuar y a dar y recibir impresiones, advertencias y consejos. Sin embargo, los padres sufrimos cada vez que nuestros hijos tienen dificultad en hacer nuevos amigos, se pelean con su mejor amigo o son dejados de lado. Es difícil para los padres saber cuál es nuestro lugar en relación a las amistades de nuestros hijos y cómo y cuándo podemos intervenir en sus relaciones.

“Las amistades ayudan a los niños a crecer emocional y socialmente”, afirma Leslie Blitz, especialista en educación de la escuela Hartshorn, en Nueva Jersey. “Durante esta etapa, los niños aprenden a compartir y a ceder, a cómo ganar o perder de forma adecuada. También aprenden a respetar los puntos de vistas de otros individuos”, añade. Según Blitz, los niños suelen encontrar compañía o consuelo en sus amigos, sea en los fracasos o los éxitos de sus vidas. Sin embargo, la mayoría de los chicos experimenta alguna experiencia dolorosa en relación a un amigo. “Cuando un chico regresa al aula y descubre que su amigo se mudó, no pasó de grado o se trasladó a otro colegio, es importante que los padres lo alienten a hacer nuevas amistades participando en actividades escolares que ayuden a sus hijos a integrarse al grupo”, sigue Blitz.

Según otros especialistas, enseñar a nuestros hijos a respetar a los demás es una buena forma de mantener las amistades. Los niños pueden divertirse sin tener que mandonear a sus amigos. Lo que nuestros hijos ven en el hogar es lo que harán en el futuro. Por eso lo mejor es educar dando el ejemplo. Los padres asimismo deben respetar la personalidad de sus hijos y su gusto en la selección de sus amigos. Los chicos no siempre eligen a sus amigos de la misma forma en que lo hacen sus padres o prefieren relacionarse a otros niños en grupo o individualmente. Abrir las puertas del hogar a sus amistades es otra buena forma de impulsar una buena amistad. Finalmente, es importante enseñarles a los chicos a solucionar conflictos entre amigos constructivamente.

Fuente: serpadres.com

Los hijos no se “pierden” en la calle, sino dentro de casa

“Sembrad en los niños buenas ideas, aunque hoy no las entiendan el futuro se encargará de hacerlas florecer” (María Montessori)

Los hijos no se “pierden” en la calle. De hecho, esa pérdida se inicia en el propio hogar con ese padre ausente, con esa madre siempre ocupada, con un cúmulo de necesidades no atendidas y frustraciones no gestionadas. Un adolescente se desarraiga tras una infancia de desapegos y de un amor que nunca supo educar, orientar, ayudar.

Empezaremos dejando claro que siempre habrá excepciones. Obviamente existen niños con conductas desadaptativas que han crecido en hogares donde hay armonía y adolescentes responsables que han conseguido marcar una distancia de una familia disfuncional. Siempre hay hechos puntuales que se escapan de esa dinámica más clásica donde lo acontecido día a día en una casa marca irremediablemente el comportamiento del niño en el exterior.

En realidad, y por curioso que parezca, un padre o una madre no siempre termina de aceptar este tipo de responsabilidad. De hecho, cuando un niño evidencia conductas agresivas en un centro escolar, y se toma contacto con los padres por parte del tutor, es habitual que la familia culpabilice al sistema, al propio instituto y a la comunidad escolar por “no saber educar”, por no intuir necesidades y aplicar adecuadas estrategias.

Si bien es cierto que en lo que se refiere a la educación de un niño todos somos agentes activos (escuela, medios de comunicación, organismos sociales…), es la familia la que hará germinar en el cerebro infantil el concepto de respeto, la raíz de la autoestima o la chispa de la empatía.

Los hijos, el legado más importante de nuestro futuro

H. G Wells dijo una vez que la educación del futuro iría de la mano de la propia catástrofe. En su famosa obra “La máquina del tiempo”, visualizó que para el año año 802.701, la humanidad se dividiría en dos tipos de sociedad. Una de ellas, la que vivíría en la superfice, serían los Eloi, una población sin escritura, sin empatía, inteligencia o fuerza física.

Según Wells, el estilo educativo que predominaba en su época ya apuntaba resultados en esta dirección. El inicio de las pruebas estandarizadas, de la competitividad, de las crisis financieras, del escaso tiempo de los padres para educar a sus hijos y de la nula preocupación por incentivar la curiosidad infantil o el deseo inherente por aprender hacían ya que, en aquellos albores del siglo XX, el célebre escritor no augurara nada bueno para las generaciones futuras.

No se trata de alimentar pues tanto pesimismo, pero sí de poner sobre la mesa un estado de alerta y un sentido de responsabilidad. Por ejemplo, algo de lo que se quejan muchos terapeutas, orientadores escolares y pedagogos es de la falta de apoyo familiar que suelen encontrarse a la hora de hacer intervención con ese adolescente problemático, o con ese niño que evidencia problemas emocionales o de aprendizaje.

Cuando no hay una colaboración real o incluso cuando un padre o una madre desautoriza o boicotea al profesional, al maestro o al psicólogo, lo que conseguirá es que el niño, su hijo, continúe perdido. Aún más, ese adolescente se verá con más fuerza para seguir desafiando y buscará en la calle lo que no encuentra en casa o lo que el propio sistema educativo tampoco ha podido darle.

Hay niños difíciles y demandantes que gustan actuar como auténticos tiranos. Hay adolescentes incapaces de asumir responsabilidades, y que adoran sobrepasar los límites que otros les imponen acercándose casi hasta la delincuencia. Todos conocemos más de un caso, sin embargo, hemos de tomar conciencia de algo: nada de esto es nuevo. Nada de esto lo ocasiona Internet, ni los videojuegos ni un sistema educativo permisivo.

Al fin y al cabo estos niños evidencian las mismas necesidades y conductas de siempre contextualizadas en nuevos tiempos. Por ello, lo primero que debemos hacer es no patologizar la infancia ni la adolescencia. Lo segundo, es asumir la parte de responsabilidad que nos toca a cada uno, bien como educadores, profesionales de la salud, divulgadores o agentes sociales. Lo tercero y no menos importante, es entender que los niños son sin duda el futuro de la Tierra, pero antes que nada, son hijos de sus padres.

Los ingredientes de la auténtica educación

Cuando un profesor llama a una madre o a un padre para advertirles de la mala conducta de un niño, lo primero que siente la familia es que se está poniendo en tela de juicio el amor que sienten por sus hijos. No es cierto. Lo que ocurre, es que a veces ese afecto, ese amor sincero se proyecta de forma errónea.

• Querer a un hijo no es satisfacer todos sus caprichos, no es abrirle todas las fronteras ni evitar darle negativas. El amor auténtico es el que guía, el que inicia desde bien temprano un sentido real de responsabilidad en el niño, y que sabe gestionar sus frustraciones dando un “NO” a tiempo.

• La educación de calidad sabe de emociones y entiende de paciencia. El niño demandante no detiene sus conductas con un grito o con dos horas de soledad en la propia habitación. Lo que exige y agradece es ser atendido con palabras, con nuevos estímulos, con ejemplos y con respuestas a cada una de sus ávidas preguntas.

Hemos de tomar conciencia también de que en esta época donde muchas mamás y papás están obligados a cumplir jornadas de trabajo poco o nada conciliadoras con la vida familiar, lo que importa no es el tiempo real que compartamos con los hijos. Lo que importa es la CALIDAD de ese tiempo.

Los padres que saben intuir necesidades, emociones, que están presentes para guiar, orientar y para favorecer intereses, sueños e ilusiones, son los que dejan huella y también raíces en sus hijos, evitando así que esos niños las busquen en la calle.

Fuente: lamenteesmaravillosa

¿Qué es la cultura?

Cuando hablamos de cultura nos referimos a un término amplio, muy abarcador, en el que están contempladas las distintas manifestaciones del ser humano, en oposición a sus aspectos genéticos o biológicos, a la “naturaleza”. Sin embargo, presenta diversas formas de entenderse.

Se llama cultura el modo de hacer las cosas propio de una comunidad humana, por lo general determinado por sus características singulares de tiempo, espacio y tradición. Así, al hablar de cultura lo hacemos también de la manera de ver la vida de una comunidad humana, su modo de pensarse a sí mismos, de comunicarse, de construir una sociedad y una serie de valores transcendentes, que pueden ir desde la religión, la moral, las artes, el protocolo, la ley, la historia, la economía y un largo y variopinto etcétera. Según algunas definiciones, todo lo que el humano haga es cultura.

La palabra cultura proviene del vocablo latino cultus, a su vez derivado de colere, es decir, “cuidar del campo y del ganado”, lo que hoy en día llamamos cultivar. El pensador romano Cicerón lo empleó como cultura animi (“Cultivar el espíritu”) para referirse metafóricamente al trabajo de hacer florecer la sabiduría humana, y desde entonces se vinculó con esos aspectos.

De esa manera nace también el uso de “culto” y “culta” para referirse a aquellos individuos que han cultivado su espíritu, y se le da al término cultura un significado similar al de civilización, de “ser civilizado”. De allí proviene también la distinción entre una cultura elevada o “alta” y una popular o “baja”, de acuerdo a la distinción entre las clases sociales.

Sin embargo, hoy en día el concepto se emplea mucho más amplia y democráticamente, como dijimos al principio, para significar todos los aspectos espirituales, racionales y sociales de la humanidad.

Tipos de cultura

Existen muchísimas maneras de clasificar la cultura (o las culturas), algunas de las cuales pueden ser:

  • Según estrato social. Se habla de alta y baja cultura para referir, respectivamente, a la cultura de las clases privilegiadas y dominantes, y la del vulgo y la tradición popular. Durante muchos siglos se tuvo la primera como la verdadera cultura, pero hoy se entiende que ello es únicamente porque pertenecía a la élite letrada.
  • Según uso de la escritura. Se puede hablar de culturas orales o ágrafas, para aquellas que no conocen la escritura y dependen de la memorización para transmitir y conservar sus tradiciones, y de culturas letradas para aquellas que manejan la escritura y dependen de ella para hacerlo.
  • Según estado de desarrollo histórico. Dependiendo del lugar que ocupen en el transcurso de la historia humana, es posible hablar de culturas primitivas u originarias (aquellas con que inició la humanidad), culturas nómadas (errantes, de cazadores y recolectores), culturas agrícolas (aquellas centradas en la vida del agro), culturas urbanas (propias de la ciudad) o culturas industriales (posteriores a la Revolución Industrial y su cambio de valores).
  • Según religión. Es posible también dividir las culturas en base a su raíz religiosa, la cual determinó históricamente su rango de valores y su normativa moral y ética. Así, se habla de cultura cristiana, cultura islámica o musulmana, cultura judaica, etc.
Elementos de la cultura

Toda cultura se conforma a partir de seis elementos básicos, que son:

  1. Valores. Consideraciones compartidas de lo deseable e indeseable, lo transcendente y lo efímero, así como la dirección que ha de tener la existencia respecto a la sociedad.
  2. Normas y sanciones. Un código de leyes, básicamente. Una normativa por la cual las sociedades eligen regirse, ya sea explícitamente (lo legal), protocolarmente o subjetivamente. No todas las leyes están dichas, ni escritas en piedra.
  3. Creencias. Un conjunto de ideas sobre cómo operan la vida y el universo, sobre el propio ser humano y su lugar en el mundo, y le dan propósito y dirección a la vida.
  4. Símbolos. Emblemas, formas o signos que contienen un significado potente dentro de la cultura, representando su modelo de vida o su tradición ancestral, o algún elemento considerado icónico e identificativo de la misma, como es la cruz del cristianismo, por ejemplo.
  5. Idioma. El código compartido de sonidos que permite comunicarse, junto con el modo específico de hablarlo, derivarlo, cambiarlo y emplearlo creativamente (literatura), forman parte vital del acervo de una cultura. Se dice que el lenguaje es el espejo de la cultura.
  6. Tecnología. El cuerpo de conocimientos y aplicaciones de ellos que se derivan del deseo humano por manipular la realidad y adaptarla a sus necesidades y sus antojos. Las grandes revoluciones tecnológicas acarrearon cambios culturales profundos.
Ejemplos de cultura

Algunos ejemplos de cultura pueden ser:

  • La cultura china. Propia de una de las naciones más antiguas de la tierra, cuyo origen rico y diverso les aseguró un lugar dominante en el Asia antigua y moderna.
  • La cultura europea. Se llama así a aquella que identifica los valores propios de la región, centro cultural, tecnológico y comercial del mundo antiguo, y que supo imponerse a los demás continentes a lo largo de los siglos.
  • Las culturas precolombinas. Se llama así al conjunto de las civilizaciones americanas previas a la llegada de Colón, como fueron los mexicas (aztecas), los incas, los taínos, los caribes, etc.
  • La cultura 2.0. Propia del Internet y de las redes sociales, así como de las interacciones que este adelanto tecnológico permite en materia de creación de comunidades on-line.

Fuente: concepto.de

Aceptar al otro

Amar es, entre otras cosas, comprender a la persona que se ama. Para un mayor amor, se debe buscar comprender mejor al otro, aun cuando esto sea difícil.

En efecto, muchos son los esposos que dicen que lo más difícil en el matrimonio es adaptarse a la personalidad del cónyuge, avenirse a él.

Las causas de esta dificultad son ciertamente diversas. Hablando directamente del principal problema, es que los esposos no se acuerdan de que sus esposas son mujeres, y se comportan como mujeres, mientras que las esposas, con frecuencia cometen el error de querer que sus maridos actúen no como hombres, sino como mujeres.
Ya lo saben: los hombres son hombres y las mujeres son mujeres. A no olvidarlo.

Se puede evitar este problema, o encontrar más fácilmente la solución, si uno toma conciencia de lo que es propio del hombre y de lo que es propio de la mujer.

Este aprendizaje debería ya hacerse en la etapa del noviazgo. Que cada novio comprenda a su novia en sus reacciones de mujer y que cada novia acepte que su novio se comporta como hombre.
Así de sencillo. Así de sencillo de entender, no tan sencillo de practicar.

Hacer nacer una pareja unida es para todos un deseo legítimo. Todos quieren ser uno, todos quieren caminar tomados de la mano. Esta ambición todos la tienen y no basta con esforzarse en conocer al otro, también es necesario conocerse bien uno mismo. Debo conocerme mi propia personalidad y la de mi cónyuge, y saberlas armonizar, saberlas ensamblar.

En ese camino de conocerme y conocer al otro debo reflexionar sobre varios puntos que son esenciales para la unidad. Debo partir de que el hombre es hombre y la mujer es mujer con todas las características que los diferencian. Nunca debo olvidarme de esta circunstancia.

La constitución física de los dos es diferente. Sus reacciones son diferentes incluso frente a una misma circunstancia.

El modo de conocer las cosas varía en el hombre y ello es producto de su forma de ser varonil. La mujer percibe las cosas de distinta forma y las llega a conocer con matices distintos.

Cada uno ama, pero cada uno ama a su manera. El hombre no ama igual que la mujer. El amor del hombre casi siempre nace en el cerebro, en su faz pensante, después quizás baja al nivel corazón, pero siempre arranca de su parte pensante. No ocurre así en la mujer. Ella siempre pone el corazón por delante.

Y por último está su vida religiosa. Es frecuente que la mujer sea más religiosa, más creyente que el hombre. Ello le viene por lo que hemos citado antes: lo religioso va más unido al corazón que al cerebro. El creer conmueve mas, emociona más.
Las cosas pueden ser razonadas, pero el misterio de la fe no puede ser razonado, de ahí que la mujer le es más fácil creer, porque ella es más proclive a primero usar el corazón y después si es necesario, pensará.

La fe, el creer, necesita entender, sin entender y esto solamente se logra desde un corazón generoso.

¿Qué quiere decir esto? Que a veces vislumbramos que entendemos esto, que no entendemos, y esto solamente se logra desde un corazón generoso; desde un corazón abierto.

Allí es donde realmente crece y se arraiga la profundidad de la fe, la profundidad de lo que creemos.

Fuente: es.catholic.net

El gran significado de la palabra “Patria”

La patria es normalmente el lugar de nacimiento de alguien. El concepto de patria es semejante al de nación, pero patria tiene un componente emocional y nación es un término más oficial y administrativo.

El concepto de patria está presente en la cultura y en la mentalidad de los individuos. Por este motivo, tiene sentido hacer un breve análisis sobre algunos matices que incorpora este término.

Habitualmente las personas tienen un sentimiento de pertenencia en relación con el país en el que han nacido. Este sentimiento es el patriotismo. Si alguien tiene un vínculo emocional hacia la historia, los símbolos y las tradiciones de su país, este concepto se encuentra dentro de una tendencia general. Si ese mismo sentimiento es muy intenso y exagerado, puede desembocar en cierto fanatismo (esto es lo que sucede con algunas posturas ultranacionalistas).

Hay instituciones que tienen como objetivo preservar los intereses nacionales y defender a la patria. El ejército es el estamento encargado de mantener la seguridad de la nación ante una amenaza interna o externa. La función del ejército se fundamenta esencialmente en el concepto de patria. Hay que tener presente que en las guerras a lo largo de la historia se han utilizando los valores de exaltación nacional. Existen otros contextos en los que el significado de patria también está muy presente: los enfrentamientos deportivos entre naciones, en actos institucionales o en algunas conmemoraciones.

La idea de patria tiene un valor simbólico significativo. Representa el conjunto de vínculos afectivos y culturales de sus habitantes, así como un elemento de unión entre ellos.

Hay algunas particularidades en relación a la noción de patria. Se habla de la patria chica para hacer mención no al país de origen sino al lugar exacto de nacimiento. La patria de adopción se refiere al lugar donde alguien vive o ha vivido durante un tiempo aunque no haya nacido en él. Si una persona no tiene desde el punto de vista legal una nación es un apátrida.

Algunos pensadores creen que la noción de patria como ideal es una fuente de conflictos y que se trata de un concepto inadecuado en un mundo globalizado. Hay planteamientos que se aferran a los elementos patrióticos para definir la identidad de un colectivo. Incluso hay opciones que consideran que la única patria es la libertad.

Fuente: definicion.mx