Hamlet, el antihéroe solitario de la duda

Dr. Enrique Sánchez Costa

“¿Qué sé yo?”, se pregunta Montaigne. Y con él se abisma el hombre moderno en la duda. La duda ante el mundo físico, que el descubrimiento de América y las exploraciones marítimas ensanchan por momentos. La duda ante el mundo espiritual, sacudido por la Reforma luterana y su subjetivación radical de la experiencia religiosa. La duda ante el mundo político, que Maquiavelo teoriza –amoralmente– como lucha descarnada por el poder. Recomienda al príncipe que sea “zorro para conocer las trampas y león para espantar a los lobos”; que sepa “disfrazarse bien y ser hábil en fingir y en disimular”; y que, “en caso de necesidad, no titubee en adentrarse en el mal”.

La corte de Isabel I, quien gobernará Inglaterra entre 1558 y 1603, es un hervidero de intrigas, espías y ejecuciones. Esa es la época que respira William Shakespeare: el poeta y dramaturgo que asaltará con su talento la escena inglesa y la literatura universal. Entre sus 39 obras teatrales –y entre personajes tan memorables como Shylock, Falstaff, Lear, Macbeth o Cleopatra– descuella Hamlet, príncipe de Dinamarca. Él es el centro de la obra más extensa y compleja de Shakespeare. Sus monólogos e intervenciones representan casi la mitad del texto. Y, como un agujero negro, atrae hacia sí al resto de personajes, conduciendo a siete de ellos a la muerte.

Hamlet es un ser atribulado. Por la muerte repentina de su padre. Por el matrimonio tempranísimo de su madre con su tío. Y, especialmente, por conocer que su tío “incestuoso” es el asesino de su padre. Pero, ¿hay certeza del crimen? No hay evidencias, más allá de la confesión misteriosa del espectro paterno, que no puede revelar a nadie. Hamlet decide entonces disfrazarse, fingir, “adoptar una actitud extravagante”, mientras comprueba la acusación del espectro (a través de la representación teatral) y cavila su venganza.

El rey asesino se sorprende de “la transformación de Hamlet”, que se ha convertido en un príncipe zorro, en un hombre de las mil caras, que camufla sus dudas en un envoltorio de extravagancia y locura. “Ser o no ser”: suicidarse o resistir los embates de la tragedia. Vengarse o no vengarse: perdonar la vida al rey asesino (infringiendo el mandato de su padre) o asesinar al rey vil (violando la ley del Estado y de Dios). Mientras tanto, en la corte podrida de Dinamarca, todos espían a Hamlet: el rey, el cortesano Polonio, su amada Ofelia, sus “amigos” de la universidad. Todos morirán, además de Laertes y el propio Hamlet.

Hamlet, príncipe renacentista, se debate entre el ideal heroico grecolatino (encarnado en su padre, el guerrero que clama venganza) y el ideal cristiano del perdón. No asume él las cualidades del héroe tradicional: es pasivo, dubitativo y cruel. Por momentos, incluso, revela la carencia de empatía y la desinhibición del psicópata. Y, pese a todo, es un antihéroe –un héroe alternativo–, que admiramos por su lucidez y amamos por compartir con nosotros las penalidades de la vida y las dudas del hombre moderno.

Bases del Concurso Semana de la Geografía 2021

Bases del concurso Semana de la Geografía 2021

Atracciones turísticas de nuestro país por región

 

Wanda Lisselote Binet

 

Santo Domingo, capital de la República, localizada al sur del país, en la desembocadura del río Ozama, fue la primera ciudad fundada en América y primera sede del gobierno de la corona de Castilla en el nuevo mundo.  En ella, se encuentra la primera catedral y el primer castillo de América, conocido como Alcázar de Colón o Palacio Virreinal de Don Diego Colón, situados ambos en la Ciudad Colonial, zona declarada por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad.

 

Este centro histórico, recibe más de un millón de visitantes extranjeros cada año, y cuenta con un gran número de museos, iglesias coloniales y monumentos históricos abiertos al público durante todo el año. Aquí encontramos la Fortaleza de Santo Domingo, el Palacio Consistorial, la Casa de Tostado, el Palacio de Borgellá (antigua casa de Diego de Herrera), el Imperial Convento de Santo Domingo, Iglesia del Convento Regina Angelorum, el Fuerte de la Concepción, la Puerta del Conde, el Fuerte San José, la Puerta de la Misericordia, la Capilla de Nuestra Señora del Rosario, las ruinas del Hospital San Nicolás de Bari (primero en América), la casa de Nicolás de Ovando, el Panteón de la Patria, y las ruinas del Monasterio de San Francisco.

 

Macro Región Sureste o Este.

 

Acá encontramos la famosa playa de Boca Chica, a Casa de Campo, provincia La Romana, luego en la provincia de San Pedro de Macorís están las playas Caribe, Guayacanes y Juan Dolio.  En la Romana, se disfruta de las playas de La Caleta y Bayahibe desde la cual se accede en excursiones a la Isla Saona, de la ciudad turística de Altos de Chavón con su anfiteatro, el hotel de alto estándar Casa de Campo y además posee un aeropuerto internacional y un puerto de cruceros.

 

En la provincia de La Altagracia, tenemos a la reconocida Punta Cana, a Cabeza de Toro donde se realizan competencias de pesca, Bávaro, Macao y Uvero Alto con su variedad de oferta hotelera. En El Seibo, contamos con las lagunas Redonda y Limón, playa Esmeralda y la Montaña Redonda. Desde la provincia Hato Mayor, podemos acceder al parque nacional Los Haitises que nos ofrece saltos, lagos, selva y la posibilidad de acampar; en el municipio costero Sabana de la Mar, encontramos hoteles como el conocido Paraíso Caño Hondo y acceso a la Bahía de Samaná.

 

Macro Región Norte o Cibao.

 

Samaná, nos ofrece la experiencia de visita al santuario de las ballenas jorobadas, las playas de Cayo Levantado, Rincón, El Portillo, Las Terrenas, el salto El Limón, entre otros, y una gastronomía basada en el coco. María Trinidad Sánchez nos brinda las lagunas Dudú y Gri-Grí.  Puerto Plata nos ofrece una variedad de hoteles, playas como Sosúa, Cofresí, y Cabarete. Monte Cristi, con sus playas de El Morro, Estero Balsa y Punta Rucia entre otras, ofrece grandes lugares para el buceo y pesca de peces de colores.

 

Macro Región Suroeste.

 

Las provincias San Cristóbal y Peravia ofrecen playas con arena oscura y piedras, como Najayo, Palenque y Salinas, donde encontramos las únicas dunas del país.  En San José de Ocoa, encontramos un clima montañoso donde se desarrolla turismo de montaña.  Azua, con sus playas Monte Río, Billeya y Caobita, nos ofrece las aguas termales de Galindo y Puerto Viejo.

 

En Baoruco, Jimaní e Independencia, tenemos el circuito de la vuelta al Lago Enriquillo, acuífero más grande y profundo por debajo del nivel del mar en el Caribe, donde viven las especies de iguana y caimanes que habitan en la isla, también encontramos la cueva de Las Caritas, decoradas con arte de la cultura taína, los balnearios de agua subterránea y azufrada de Las Marías, Las Barías y la Zurza.

 

En Pedernales, tenemos el Hoyo de Pelempito que es una de las áreas protegidas dominicanas con mayor biodiversidad, la playa de aguas cristalinas Bahía de las Águilas, y las islas Beata y Alto Velo y la laguna de Oviedo.

 

En Barahona, los balnearios San Rafael, Los Patos, El Quemaito, las minas de larimar y el polo magnético.

 

La Semana de la Geografía es un aporte a la educación de Listín Diario y Plan LEA;  auspiciado por Propagas y su Fundación Propagas; con la colaboración del Ministerio de Educación, Banco Popular, Grupo Ramos, Cooperativa San José, Autoridad Nacional de Asuntos Marítimos (Anamar), Fondesa, Instituto Nacional de Formación y Capacitación Magisterial (Inafocam), Grupo Jaragua, El Defensor del Pueblo, Instituto Panamericano de Geografía e Historia (Sección Nacional Dominicana), Asociación Cibao de Ahorros y Préstamos, embajada de China y Banco de Reservas.

 

Turismo convencional y sostenible en el país

Bolívar Troncoso
Santo Domingo, RD.

El apasionante recorrido por la geografía dominicana nos lleva a disfrutar de infinidad de atractivos y diversidad de oferta natural y cultural, diseminados por un paisaje de montañas, llanuras, valles, hoya, valles intramontanos con paisajes que nos invitan a convertirnos en amantes de los recorridos por la geografía de un minúsculo país que por su diversidad parece, más que una isla, un continente, para disfrutar de una oferta interminable y embriagante, de ahí que, como dice el anuncio:  “República Dominicana lo tiene todo’’.

Nuestra hidrografía está representada por cuencas fluviales o de ríos, lacustres y marinas. De las fluviales o de ríos tiene cuatro principales (Yuna, Yaque del Norte, Yaque del Sur y Artibonito), y más de veinte cuencas distribuidas en sus cuatro regiones (norte, sur, este y oeste), usadas por el turismo como balnearios, saltos o cascadas, con las aventuras de rafting, canyoning, cascading, etc.; de las lacustres cuenta con un lago (Enriquillo), y varias lagunas (Cabral o Rincón en Barahona, Oviedo en Pedernales, Saladilla en Monte Cristi, Redonda y Limón en Miches de El Seibo, la Gran Laguna y Gri Gri en María Trinidad Sánchez, entre otras), siendo de los destinos más importantes para la observación de aves, actividad ecoturística muy generalizada.

Las costas suroeste, con las provincias de Peravia, Azua, Barahona y Pedernales constituyen el futuro desarrollo del sol y playa sostenible, especialmente Pedernales, en este momento con una iniciativa inmobiliario público-privada.

Ecoalojamiento

En materia de ecoalojamiento (ecolodge), el país cuenta con más de 200 proyectos, distribuidos en toda la geografía nacional, muchos considerados modelos de sostenibilidad como Casa Bonita en Baoruco de Barahona (ha ganado varios premios mundiales), además de la fama de su gastronomía; Baiguate en Jarabacoa; rancho Platón en Paraíso de Barahona; Paraíso Caño Hondo (ganó premio mundial de ecoalojamiento sostenible) en Sabana de la Mar, provincia de Hato Mayor; rancho Doña Callita en Hato Mayor del Rey; villas Pajón en Valle Nuevo, Constanza, entre otros.

Puerto Plata fue el primer desarrollo con los destinos de Playa Dorada, Sosúa, Cabarete, Costambar, Cofresí y Maimón. La oferta se fundamenta en resorts, cruceros, golf, yatismo, turismo de salud, gastronomía, museos, teleférico, agroturismo, aventura, arquitectura, etc. Bávaro-Punta Cana es el destino de mayor desarrollo, de los resorts más espectaculares, con mayor número de habitaciones hoteleras (supera las 40 mil), de importante oferta gastronómica, golf, marinas, turismo inmobiliario, turismo de salud, parques temáticos, entre muchas otras ofertas.

Ocupa el primer lugar en el Caribe Insular, recibiendo más de tres millones de turistas por su aeropuerto. Su desarrollo se ha extendido hacia el Noroeste, integrándose hoy día Macao, Uvero Alto y Miches.

La mayoría de sus playas están certificadas por Bandera Azul (es una certificación ecológica voluntaria que reconoce playas y marinas que cumplen exigentes requisitos de calidad ambiental), muchos de los proyectos se están certificando en sostenibilidad, contando con el proyecto modelo de turismo sostenible, Punta Cana Beach Resort a Club.

Samaná, con Las Terrenas, Santa Bárbara de Samaná y Las Galeras se va posicionando como destino de sol y playa sostenible, además de su importante desarrollo de ecoturismo y aventura con el salto del Limón, el tour al parque nacional Los Haitises, la observación de ballenas jorobadas, etc.

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Importancia de los ecosistemas terrestres de República Dominicana

“Para conocer, amar, conservar y defender la biodiversidad y las áreas protegidas es imprescindible que las exploremos y descubramos la riqueza biológica, cultural y de esparcimiento que guardan”.

YVONNE ARIAS
Santo Domingo, RD

Conocer y amar para conser­var y defender Nuestra is­la La Españo­la, posee una gran riqueza de ecosistemas que ofrecen servicios ambientales que garantizan la vida. Princi­palmente en las áreas prote­gidas se encuentra una gran biodiversidad que incluye especies endémicas y nati­vas, muchas de las cuales se encuentran en peligro. Las áreas protegidas surgieron como una necesidad de sal­vaguardar el patrimonio de los pueblos.

En nuestro país la singu­laridad y unicidad de mu­chas de estas les ha valido el reconocimiento interna­cional, por lo que han sido denominadas y declaradas como Reserva de la Biosfe­ra, Zonas Especialmente protegidas, entre otras cate­gorías. Para conocer, amar, conservar y defender la bio­diversidad y las áreas prote­gidas es imprescindible que las exploremos y descubra­mos la riqueza biológica, cultural y de esparcimiento que guardan, para el disfru­te nuestro y de las próximas generaciones.

La afirmación de que amamos lo que conocemos es repetida con frecuencia, aunque lamentablemen­te no siempre lo interiori­zamos y ponemos en prác­tica. Cuando nos ponemos en contacto con nuestras ri­quezas naturales tenemos la oportunidad de conocer­la y aprender, lo que nos da una base para amarla, pro­tegerla, conservarla y de­fenderla.

Defender basado en co­nocimiento y o en la ciencia corresponde a una élite, pe­ro hay otras maneras de co­nocer, amar, respetar y con­servar sin la necesidad de ser especialistas. Podemos actuar por ética, al recono­cer el derecho que tienen los demás seres vivos de com­partir el planeta, porque consideramos que los ecosis­temas y la biodiversidad son hermosos y deben ser dis­frutados tal como están o no dañar por compasión.

Al parecer la clave para preservar los servicios eco­sistémicos y la biodiversi­dad es que actuemos desde nuestras propias conviccio­nes, pero que actuemos en favor de la naturaleza, por­que así actuamos en favor de nosotros mismos.

La buena salud del medio ambiente es garantía de la salud humana
La buena salud del me­dio ambiente es la única ga­rantía de que la humanidad esté saludable. La tierra ha estado sometida durante décadas a un ataque despia­dado que ha causado gran­des impactos, hasta llevarla a la crisis actual. La biodi­versidad se encuentra en crisis, lo que ha sido demos­trado por varios estudios científicos como el de la Pla­taforma Intergubernamen­tal Científico-Normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosiste­mas, publicado en 2019. El mismo explica que alrede­dor de 1 millón (25%) de todas las especies de plan­tas y animales evaluadas (muchas de estas en áreas protegidas) se encuentran amenazadas de extinción.

Los países han tratado de coordinar acciones para en­frentar esta crisis, a través de convenciones ambienta­les y objetivos de desarro­llo sostenibles comunes. El objetivo 15, “Gestionar sos­teniblemente los bosques, luchar contra la desertifi­cación, detener e invertir la degradación de las tierras y detener la pérdida de biodi­versidad” sostiene que “los ecosistemas sanos protegen el planeta y mantienen los medios de subsistencia. Los bosques, los humedales, las montañas y las tierras secas, en particular, proporcionan innumerables recursos y servicios ambientales”.

Recorramos la diversidad y singularidad de los ecosistemas terrestres
Los ecosistemas terres­tres dominicanos y especial­mente los que se encuen­tran en las áreas protegidas ofrecen múltiples opciones para disfrutar de un am­biente sano que permite apreciar el paisaje, los soni­dos, colores y olores natura­les, y por supuesto hábitats y biodiversidad extraordi­narios y únicos.

Entre los ecosistemas re­comendados por especialis­tas para visitar se encuen­tran el bosque nublado, el seco (espinoso, latifoliado y de montaña), el de pinar y sabana pajón. Las princi­pales áreas protegidas que deberíamos incluir en nues­tras visitas son Las Dunas de Baní, Las Cuevas del Po­mier, Jaragua, Sierra de Bahoruco, Monte Cristi, Los Haitises, Valle Nuevo, Nalga de Maco, Ébano Verde, Qui­ta Espuela y El Zorzal.

Durante la visita a los ecosistemas terrestres es re­comendable usar vestimen­ta cómoda que nos prote­jan del sol e inclemencias del tiempo, cumplamos con las normas establecidas en el área, respetemos al per­sonal y a las comunidades anfitrionas. Al regresar de seguro que tendremos re­cuerdos inolvidables que nos motiven a compartir la experiencia, promover la vi­sita y gestionar apoyo para la conservación de tan va­liosos y espectaculares eco­sistemas.

La Semana de la Geogra­fía es un aporte a la educa­ción de Listín Diario y Plan LEA; auspiciado por Propa­gas y su Fundación Propa­gas; el Ministerio de Edu­cación, Banco Popular, Grupo Jaragua, Grupo Ramos, Cooperativa San José, Autoridad Nacio­nal de Asuntos Marítimos (Anamar), Fondesa, Insti­tuto Nacional de Formación y Capacitación Magisterial (Inafocam), Instituto Pa­namericano de Geografía e Historia (Sección Nacional Dominicana), Asociación Cibao de Ahorros y Présta­mos, embajada de China y Banco de Reservas.

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La autora es bióloga dominicana, directora ejecutiva del Grupo Jaragua.

 

La evaluación de los formadores de docentes ¿Debería ser más rigurosa?

Por: Bilda Valentín-Martínez

No cabe duda que la formación es una acción que debe ser evaluada de manera permanente en busca de la mejora constante. Los sistemas educativos de este y de diversos países tienen establecidas las evaluaciones del personal docente de todos los niveles y grados. La educación superior no escapa de este tipo de actividad. Sin embargo, desde este texto se llama a la reflexión acerca de si estas valoraciones deben ser iguales para todos los maestros de las diferentes carreras universitarias o si los profesionales que forman maestros deben tener otras distinciones.

El formador de formadores

Con ese término se ha denominado a los profesionales de educación que forman a los futuros maestros. Significa que es un profesional que enseña a otro para ejercer su misma función, lo que implica que sus acciones servirán de modelo para perfilar ese nuevo profesional de la educación.

Jiménez (1999) destaca que el término formador hace referencia a toda persona que de alguna manera tiene relación con la formación desde una perspectiva de la responsabilidad de la concepción o de la realización de esta actividad.

En este sentido, quienes forman a los futuros maestros deberán tener unas competencias con aspectos muy definidos y con unos niveles de exigencias mayores que quienes forman otros tipos de profesionales. Es por ello, que, se plantea un perfil competencial vinculado con diferentes contextos tanto profesional, cultural como el escenario universitario. Es así, como el contexto de clase se convierte en un aula – laboratorio en el cual los futuros docentes se verán reflejados.

Autores como Mas Torelló (2011) plantean que para valorar el trabajo del profesorado universitario es relevante tener claro cuáles son las competencias de este profesional y es por esto que, también señala que debería ser evaluado desde tres contextos: el aula, el contexto socioprofesional y cultural y por último el institucional al cual pertenece.

Importancia de la evaluación

La evaluación de las acciones de un docente es relevante si se quieren mejorar los procesos de enseñanza y aprendizaje. Cuando se trata de evaluar al profesor universitario, la situación puede ser un poco más compleja. Sin embargo, si se realiza con precisión y de manera objetiva, esta puede ser una herramienta útil para optimizar el servicio que ofrece la institución de educación superior.

Unas de las complejidades de las evaluaciones se dan cuando de los resultados de estas se toman decisiones que tienen que ver con la permanencia o no en espacios laborales. Sin embargo, de acuerdo a Torrecilla (2008) la evaluación es un magnífico instrumento que permite confirmar el nivel de desempeño de los profesionales de la educación superior y por supuesto dentro de estos los formadores de maestros.

Es relevante evaluar el desempeño de los formadores de docentes, ya que al momento de hacer esto, los alumnos son competentes de esbozar ese perfil que debe poseer un buen formador y verse reflejado en este. Es así como señala Alonso (2019), que un excelente maestro debe tener domino de manera adecuada de los contenidos científicos que enseñará, pero, también, debe acompañar al estudiante en la búsqueda y análisis de la información dándole oportunidad para que sea participativo y autónomo en su propio proceso de enseñanza y aprendizaje.

La evaluación del formador de profesores: una acción que debe ser exhaustiva

La evaluación del formador de docentes indiscutiblemente debe ser mucho más rigurosa que las de otros profesores universitarios, puesto que los futuros maestros deben ir construyendo un modelo de profesor que incidirán en su comportamiento cuando sean profesionales (Alonso, 2019). En este sentido, los profesores en formación, no solo darán importancia a las capacidades académicas y profesionales de sus formadores, sino también a las personales.

Partiendo de lo anterior, se vislumbra la necesidad de que las instituciones de educación superior, definan un perfil de formadores de maestros que esté articulado con el modelo educativo de la universidad, de manera que oriente la mejora del quehacer pedagógico (Vásquez, y Gabalán, 2006).

Se parte de la premisa de que los formadores de profesores desarrollen competencias en sus estudiantes, pero también es preciso que posean las habilidades y destrezas para lograr que estos futuros maestros adquieran estas competencias. Esto implica que evaluar el desempeño de los formadores de profesores puede ofrecer indicios relevantes sobre qué fortalezas pueden mantenerse y cuáles habría que reexaminar.

Se puede destacar que los futuros profesores necesitan tener formadores cualificados en la disciplina que imparten, de manera que ellos mismos se vean expresados en el accionar de sus maestros y vayan diseñando ese perfil ideal de profesional de la docencia. Por otro lado, aunque posiblemente los estudiantes universitarios de la carrera de educación todavía no posean tantas experiencias enseñando, pueden poseer capacidades para identificar características relevantes que debe tener un buen profesor formador de otros.

Evaluar las competencias del formador de profesores requiere contextualizar las capacidades y habilidades de acuerdo a las necesidades que se observan en los escenarios de la universidad de este tiempo. En este sentido, Ruiz-Corbella y Aguilar-Feijoo (2017), afirman que el profesor universitario deber ser competente para autoevaluar el nivel de logro de sus propias capacidades, lo que posibilitará identificar aquellas de las que posee mayor y menor dominio y reconocer de esta forma sus necesidades formativas.

Por la naturaleza de su labor de formador de profesores, este profesional, es el más idóneo para promover una cultura evaluadora, de manera que esta acción esté comprometida con su desarrollo profesional. De ahí que, resulta relevante que todas las instituciones de educación superior que formen maestros en el país, instauren de manera sistemática y permanente un proceso de evaluación y autoevaluación de los docentes universitarios que forman maestros.

(+) Fuentes

Alonso Martín, P. (2019). El perfil del buen docente universitario según la valoración de alumnos de Magisterio y Psicopedagogía. Perfiles educativos41(164), 65-81. DOI: https://doi.org/10.22201/iisue.24486167e.2019.164.58906

Jiménez Jiménez, B. (1999). Formación continua y nuevas tecnologías: una visión didáctico-comunicativa. In EDUTEC 99. IV Congreso de Nuevas Tecnologías de la Información y de la Comunicación para la educación. Nuevas tecnologías en la formación flexible y a distancia. (1999), Universidad de Sevilla. Secretariado de Recursos Audiovisuales y Nuevas Tecnologías.

Mas Torelló, Óscar (2014), “Las competencias del docente universitario: la percepción del alumno, de los expertos y del propio protagonista”, Profesorado. Revista de Currículum y Formación de Profesorado, vol. 18, núm. 3, pp. 255-273

Ruiz-Corbella, Marta y Aguilar-Feijoo, Ruth-Mercedes (2017), “Competencias del profesor universitario: elaboración y validación de un cuestionario de autoevaluación”, Revista iberoamericana de educación superior, vol.8, núm. 21, pp. 37-65.

Torrecilla, F. J. M. (2008). La evaluación del profesorado universitario en España. Revista Iberoamericana de Evaluación Educativa1(3), 29-45.

Vásquez Rizo, F. E. y Gabalán Coello, J. (2006). Percepciones estudiantiles y su influencia en la evaluación del profesorado. Un caso en la Universidad Autónoma de Occidente, Cali-Colombia. RELIEVE, v. 12, n. 2, p. 219-245. http://www.uv.es/RELIEVE/v12n2/RELIEVEv12n2_3.htm

Arturo de Las Heras: “El principal desafío que enfrenta la educación en línea en Latinoamérica es la desigualdad”

Nathalia Romero

Santo Domingo, RD.

[email protected]

 

 

Arturo de Las Heras es un experto en educación y sabe muy bien cómo la virtualidad ha cambiado el panorama de esta y de sus principales actores (docentes y alumnos).

En una entrevista exclusiva para Plan LEA, de Las Heras, actual presidente del Centro de Estudios Financieros (CEF), nos habló sobre cómo se puede aprovechar la educación online a pesar de los desafíos que vienen con esta.

 

– Como sabemos la pandemia del Covid19 ha transformado la manera en que se imparten las clases, afectando tanto a estudiantes como a docentes.  ¿Cómo se puede aprovechar la educación en línea y cuáles son sus ventajas?

Efectivamente, a partir de la llegada de la COVID-19 se desaconsejan las reuniones de personas por motivos de salud y entra en juego la virtualidad como solución en el ámbito educativo. Ello ha permitido mantener las clases y la vigencia de la formación en todos los niveles, desde primaria hasta la universidad y formación continua. Porque una de las ventajas que tiene la virtualidad es cada uno puede ser profesor o alumno allá donde esté sin que se pierda el contacto directo entre ambas partes ni la interacción.

 

–  ¿Cree que los docentes universitarios necesitan más preparación en cuanto al manejo de las plataformas digitales?

Siempre es mejorable la formación del profesorado. Está claro que aquellos que estaban solo en la presencial tienen que hacer ahora un esfuerzo autodidacta muy grande. Pero si se les ayuda un poco y se les da una formación y metodología adecuada también este docente podría mejorar sus clases, ahora en formato online.

 

– Muchos piensan que la educación virtual no es efectiva porque evita la interacción en los salones de clase. ¿Cómo cambiar ese pensamiento? ¿Qué piensa usted al respecto? ¿Cómo pueden los docentes hacer que la experiencia de las clases virtuales sean igual de efectivas que las presenciales?

Por un lado, la educación virtual viene demostrado desde hace mucho tiempo que es una opción perfectamente válida para la transmisión de conocimientos. Millones de personas en todo el mundo utilizan las nuevas tecnologías para formarse con notable éxito.

Aunque no sólo vamos a las clases a adquirir conocimientos, también vamos a desarrollar una serie de habilidades, a conocer gente, a relacionarnos, y ahí, aunque las nuevas herramientas telemáticas permiten una gran interacción, puede que echemos de menos las aulas presenciales.

En mi opinión, aunque la pandemia haya hecho necesario que todas las clases pasen a online como mal menor, la formación presencial sigue siendo absolutamente necesaria en algunas etapas de la vida. Cuando todo pase, los niños volverán a los colegios, los jóvenes a las universidades y la tecnología formará parte de todos los procesos de aprendizaje.

 

– ¿Cómo ve las clases en línea en el futuro?

Todos los colegios, institutos, universidades han tenido que entrar en la virtualidad y cada uno la aprovechará en el futuro según haya podido percibir que este modelo es interesante para ellos. Nos vamos a encontrar con que la asistencia a las clases será diferente, que se pueden emitir y grabar por sistema, y que los estudiantes van a habituarse a estar en entornos virtuales, a ir a algunas clases de forma presencial y a otras hacerlas de forma virtual; a un mundo bastante híbrido en el que la tecnología está presente por completo y digitaliza la educación.

 

– Desde su punto de vista, ¿cuáles son los principales desafíos que enfrenta la educación en línea en Latinoamérica?

El desafío más importante es la desigualdad. Hay capas sociales que han ido quedado lejos de los avances tecnológicos, muchas personas sin computadoras ni acceso a Internet. Ese es el primer desafío, dotarles de los medios para acceder a la educación en línea. Después está el reto de enseñarles a utilizar esa tecnología. Los profesores para impartir la formación en línea y los alumnos para recibirla.

 

Terminar bien lo que comenzó de forma inesperada

“Hemos hecho lo mejor que hemos podido”, eso escuchamos decir (y con mucha razón) a los docentes y a las familias cuando se trata del esfuerzo por mantener a los niños y jóvenes conectados a la vida escolar, a pesar del distanciamiento obligado por la emergencia sanitaria y el confinamiento por el Covid19.

Con los aciertos y desaciertos propios del que se enfrenta por primera vez a lo desconocido, el año escolar que nos propusimos mantener y llevar al término, está en su etapa final. La escuela ha demostrado nueva vez ser, antes que todo, un espacio de relaciones y contención emocional de suma importancia especialmente para los niños y jóvenes.

Aunque en este último tramo del año escolar, estamos todavía en los afanes de exámenes, tareas finales, evaluaciones y demás, me atrevo a asegurar que habría sido peor para la estabilidad emocional y psicológica de los estudiantes y sus familias, la desvinculación con la escuela y el sistema de relaciones que ella genera.

Desde el enfoque Sistémico, la educación emocional significa ampliar nuestra mirada a todos aquellos fenómenos que están incidiendo en la vida de nuestros alumnos: la mirada transgeneracional (antepasados, las raíces), la mirada intergeneracional (padres e hijos; maestros-alumnos), la mirada intrageneracional (lealtad a la propia generación y al contexto histórico), la mirada intrapsíquica (el individuo como sistema físico, emocional, mental, espiritual, etapa evolutiva).

Este modelo de educación emocional sistémico es fruto de las aportaciones de diversos autores de la neurociencia, como Damasio, autores pioneros del nuevo paradigma de la complejidad y de la teoría de sistemas como Edgar Morin, Humberto Maturana y especialmente Bert Hellinger con su descubrimiento de los órdenes que operan en los sistemas humanos y la aplicación de los mismos a la pedagogía,

Hoy sabemos que al trabajar con chicos de etapa escolar, la oportunidad más poderosa es justo ocuparse de su educación emocional y ofrecerles herramientas necesarias para generar el puente entre las emociones y el pensamiento, y con ello lograr una adaptación a la realidad escolar.

Cerrar de forma adecuada este año lectivo, es el reto que debemos asumir y enfrentar poniendo en marcha estrategias y actividades pertinentes que subsanen la traumática etapa que vivimos en este tiempo de confinamiento y distanciamiento físico.

Existen probadas experiencias que aportan bienestar emocional y psicológico al proceso de cierre de año de los estudiantes, que ahora debemos adaptar al formato a distancia que a fuerza nos hemos precisado asumir. Básicamente aquellas en donde los estudiantes puedan expresarse libremente, comunicando lo que sienten y han aprendido no solo en términos personales, sino también académicos. Identificar las mejores experiencias del año escolar, los aprendizajes y momentos más significativos, reconocer el trabajo de sus maestros y compañeros, así como el suyo propio. Practicar el agradecimiento, la valoración por el trabajo en equipo, el esfuerzo y apoyo de los padres y maestros, entre otros. Celebrar la vida, la salud y las bendiciones recibidas.

“La gente no es como comienza, es como termina”, decía mi padre. Por lo que cerrar de la mejor manera este tramo, sentará las bases para el inicio del que viene, el cual se presenta lleno de retos e incertidumbres. Lo único certero es que faltará todavía un tiempo para volver a la realidad conocida. Y que para afrontarla necesitaremos alumnos, escuelas y familias emocionalmente fuertes y unidas. Solo así venceremos, con la ayuda de Dios.

Emelinda Padilla Faneytt M.Ed.
La autora es especialista en Educación, Directora de la Red Explora para el Desarrollo Educativo (Red-E).
IG: redexplorard
FB: Red Explora

 

Lo que el coronavirus deja al descubierto en el sistema educativo dominicano

El mundo entero ha sido sorprendido con la llegada del COVID-19. Esta situación inesperada ha dejado al descubierto, una vez más, nuestras debilidades institucionales y la falta de planes de acción para casos de emergencia, como estos.

A pesar de que nuestro país es muy vulnerable a los efectos de terremotos, huracanes, problemas sanitarios, etc., la realidad es que “somos poco previsores y organizados”.

La amenaza y el rápido avance del coronavirus no solo es un desafío que pone a prueba a la salud pública, lo es también para toda la vida nacional y de ello no escapan las escuelas y sus gestores, teniendo en cuenta de que los espacios escolares son focos de contagio de alta peligrosidad.

En un abrir y cerrar de ojos, tenemos las escuelas cerradas, los alumnos en casa, los docentes buscando alternativas para ofrecer contenidos y no detener los procesos de enseñanza y aprendizaje, y a los padres angustiados por no saber cómo encauzar estas acciones con sus hijos e hijas.

La inequidad que caracteriza nuestra sociedad, baila entre aquellas instituciones educativas y familias que pueden contar con plataformas, dispositivos y servicios digitales para hacer llegar las clases virtuales a sus alumnos, en contraste con una mayoría de la población que no tiene posibilidades de acceder a ellas y a los que les preocupa primero, como es de esperarse, cómo conseguirán alimentar a su familia en medio de esta cuarentena.

Además de superar la brecha digital que existe entre nuestros estudiantes, ¿cuáles son algunos de los desafíos que deja “el coronavirus” a la escuela dominicana?

Capacidad para la enseñanza a distancia: A pesar de que muy pocos centros educativos cuentan con las plataformas adecuadas, el producto que están recibiendo los estudiantes evidencian planificaciones improvisadas, mal estructuradas y confusas. Con propuestas y estrategias poco atractivas y muy dirigidas. Además de la baja capacidad de los docentes y directivos en el uso de la tecnología educativa.

Aquellos que no tienen esos recursos tecnológicos, por la prisa, la falta de equipos de reproducción, de materiales de apoyo, entre otros, tampoco han podido diseñar opciones adecuadas que permitan un aprendizaje pertinente e interesante.

Es importante puntualizar, que no contamos con bibliotecas públicas o privadas, con opción a accesos virtuales. Lo mismo ocurre con las instituciones culturales como lo son los museos, galerías, entre otros.

Lo más sorprendente es que un país pobre como el nuestro, que enfrenta problemas de accesibilidad a la escuela, por la falta de planteles escolares suficientes, especialmente en lugares remotos, no haya hace tiempo implementado la bien llamada “televisión educativa”, que es en muchos países, una opción exitosa.  A raíz de este “período de excepción” se reportan acciones en ese sentido, pero todavía con limitaciones para su acceso y muchas oportunidades de mejora. Todos los canales de comunicación del país (TV, radio y prensa escrita) pudiesen ser de mucha utilidad si son puestos de manera coordinada al servicio de la educación.

Planes y protocolos de contingencia: ¿Tenemos en nuestras escuelas la capacidad para identificar y manejar situaciones de emergencia? ¿Existen canales de comunicación y apoyo fluidos y claros con otras instituciones para hacer frente a estos casos?

Apoyo y empoderamiento a las familias: ¿Están los padres preparados para tener los niños en casa? Sabemos que el estado de cuarentena ha provocado mucho estrés al interior de las familias. De un día para otro, los padres se sienten responsables de que sus hijos “puedan cumplir y salvar el año escolar”, la casa se ha convertido en escuela y ellos en maestros. En muchos casos, el ambiente del hogar está tenso y las relaciones se han visto afectadas por la presión académica, el encierro y la impotencia. Sin dejar de mencionar el factor “miedo” que definitivamente está presente en una población que se sabe en riesgo.

La crisis provocada por el coronavirus también ha mostrado acciones creativas y bien intencionadas. Ha enarbolado un espíritu solidario y altruista entre maestros, alumnos y familias. Pero no menos cierto es que, al mismo tiempo los canales de comunicación se han sobresaturado de información cambiante y difusa, agudizando la angustia y la desinformación.

Cuando el coronavirus haya pasado y podamos volver a encontrarnos cara a cara. Además de celebrar victoriosos la vida, debemos abocarnos a la implementación de las necesarias acciones transformadoras a nuestro sistema educativo y emerger de esta crisis con la corona del desarrollo, igualdad de oportunidades y una educación de mayor calidad para todos y todas.

 

Emelinda Padilla Faneytt M.Ed.

La autora es especialista en Educación, directora de la Red Explora para el Desarrollo Educativo (Red-E).

IG: redexplorard

FB: Red Explora

La guerra y la peste de Atenas

Dr. Enrique Sánchez Costa

 

Tras vencer a los persas por segunda vez (479 a. C.), Atenas se convierte en la ciudad más floreciente del Mediterráneo. Su comercio de aceite y de cerámica crecen sin parar. Pericles lidera la expansión imperial y artística de Atenas. Llegan tributos de doscientas ciudades griegas. Se construye, deslumbrante, el Partenón. En el 431 a. C. proclama Pericles: “Seremos admirados por nuestros contemporáneos y por las generaciones futuras […] Nos bastará con haber obligado a todo el mar y a toda la tierra a ser accesibles a nuestra audacia, y con haber dejado por todas partes monumentos eternos”.

Pero de la audacia a la desmesura –a la “hybris”– no hay más que un paso. Y ese mismo año Atenas entra en guerra con Esparta: la otra gran potencia helénica. Tucídides, historiador y estratega ateniense, narrará esa guerra civil de treinta años en su Historia de la guerra del Peloponeso (ca. 411 a. C.). Es Tucídides el primer historiador que defiende y practica la historia como una “investigación laboriosa”, que busca causas, contrasta fuentes y emplea una “rigurosa crítica”. Su libro fascina por la calidad de su prosa diamantina; la agudeza de su pensamiento; la habilidad de transitar de lo particular de Grecia a lo universal de la “naturaleza humana”.

Frente a la épica de lo militar, Tucídides afirma que “la guerra, al suprimir las facilidades de la vida cotidiana, se convierte en un maestro de violencia y coloca las pasiones de la masa al nivel de las circunstancias imperantes”. La guerra convierte a seres antes pacíficos en agentes de la destrucción. Tucídides habla de una “subversión de los valores” que llega, incluso, “a cambiar el sentido normal de las palabras”: “una audacia irreflexiva pasó a significar valerosa adhesión al partido; una precaución sensata, cobardía encubierta; la cordura, embozo del desmayo”. Impera “el fanatismo”. Los traidores triunfan, los confiados y pacíficos sucumben. “La fuente de todas esas aberraciones era la sed de poder inspirada por la codicia y la ambición”.

Pericles convence a todos de protegerse dentro de las murallas. Y el hacinamiento favorece la epidemia (quizá tifus o peste bubónica), que se desata en Atenas tras el primer año de guerra. Tucídides cuenta sus síntomas con precisión macabra: inflamación de los ojos, respiración irregular, aliento fétido, tos violenta, vómitos, secreción de bilis, ulceraciones, espasmos, insomnio, diarrea… “Cuerpos de moribundos yacían unos sobre otros, y personas medio muertas se arrastraban por las calles”, buscando agua. “Ante la extrema violencia del mal, los hombres, sin saber lo que sería de ellos, se dieron al menosprecio tanto de lo divino como de lo humano”. Cunde el desánimo, la inmoralidad y el sálvese quien pueda. Muchos muertos quedan sin enterrar. Aumentan los robos. Se buscan los placeres inmediatos.

Pericles morirá en la peste, junto a un tercio de la población de Atenas. La ciudad perderá la guerra y su imperio político. Pero su legado perdurará para siempre: la democracia, la retórica, el arte clásico, la filosofía, la ciencia, la historia.