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Por qué deberíamos llevar a la biblioteca a los niños más a menudo

El hábito de lectura es fundamental en el desarrollo y la educación de los niños, además de ser muy enriquecedor a nivel cultural. Estimula la creatividad, la imaginación, la capacidad de concentración y atención, aporta conocimiento, enriquece el vocabulario, alimenta su curiosidad y con ello, la flexibilidad de pensamiento.

Son múltiples los beneficios que pueden proporcionar los libros y los cuentos si están presentes en el día a día de los pequeños. Por eso, deberíamos llevar a la biblioteca a los niños más a menudo. Estos centros culturales son un espacio muy estimulante en el que los más pequeños podrán mejorar sus capacidades.

Razones para llevar a la biblioteca a los niños

Cuando hablamos de planes con niños, se nos presentan múltiples propuestas de ocio. Entre todas ellas, una de las mejores opciones es la de visitar la biblioteca. Allí, los niños lo pasarán bien mientras aprenden y, además, en la mayoría de las ocasiones es gratis.

Podrán elegir los libros y los cuentos que quieran. Además, muchas de las bibliotecas cuentan con otras alternativas como ordenadores, vídeos o música.

La visita a la biblioteca implica diversos aprendizajes beneficiosos en el desarrollo y educación de los niños además de fomentar el hábito de la lectura. Entre ellos:

1. Respetar normas sociales de convivencia
Es importante que desde temprana edad entiendan que cuando existen unas normas será necesario respetarlas. De este modo alcanzarán el objetivo del siguiente punto. Acatar las normas facilita el aprendizaje de valores.

2. Aprenden valores
Lo hacen cuando entienden que no deben molestar a las demás personas que están en el centro utilizando sus instalaciones. O cuidando los ejemplares y materiales que deciden usar y toman prestado. Además de ser más responsables a la hora de cuidar el material prestado.

3. Menos “materialistas”
Los pequeños disfrutan de un material que no es de ellos, sino de todos. Aprenden a disfrutarlo cuando tienen los libros en sus manos, pero saben que cuando acaben no se los quedarán, sino que otros podrán entretenerse con ellos.

4. Estrechar lazos familiares
Es una actividad que comparten padres e hijos y esto hace que se pase tiempo juntos mientras se estrechan lazos de unión familiar.

¿Cuándo empezar a ir a una biblioteca?

Cuando un niño se aficiona a la lectura desde pequeño desarrolla con mayor facilidad ciertas habilidades cognitivas que le ayudarán a desenvolverse por el mundo. Si el pequeño se “aficiona” más tarde experimentará mayores dificultades. Es por ello que se puede hablar del “efecto Mateo” (el rico se hace más rico, y el pobre se hace más pobre) desde la perspectiva educativa, donde el aprendizaje prematuro acompañado de éxito da lugar a posteriores logros, mientras que el fracaso temprano en la lectura puede dar lugar a problemas en el aprendizaje de habilidades lectoras.

Por tanto, será fundamental que se fomente el interés por la lectura y se cree un hábito enriquecedor y saludable desde temprana edad.

Fuente: guiainfantil.com

Niños en casas ajenas: reglas de etiqueta para tener en cuenta

¿Hay que hacerles caso siempre a los adultos a cargo? ¿Y llevar algo de comer? ¿Hay que llevar algún regalo para los anfitriones cuando se trata de estadías largas? En esos casos, ¿cómo es el manejo del dinero que los niños eventualmente llevan para gastos personales? ¿Y cómo se maneja la intimidad a la hora de, por ejemplo, el baño o de cambiarse la ropa? Estas son algunas de las muchas preguntas que los padres se formulan cuando sus hijos son invitados a pasar una noche, un fin de semana o unas vacaciones en casas de amigos. Y aunque las opiniones al respecto varían de familia en familia, existen ciertas ‘reglas de etiqueta’, ciertos consensos tácitos que facilitan estas situaciones.

‘Portarse mejor que en la casa de uno’ es una máxima a la que adhieren muchos padres a la hora de dar el sí cuando sus hijos preguntan si pueden ir a la casa de este o aquel.“Con respecto a las buenas costumbres, obviamente siempre les digo que se repite como himno ‘por favor’, ‘gracias’, ‘buen día’, ‘buenas noches’. Si no te gusta la comida, dices ‘no, gracias’ ”, cuenta Soledad Bolomo, de 44 años, mamá de pequeños y adolescentes, de 20, 15 y 9 años.

En materia de autoridad, los padres suelen coincidir en que cuando el menor juega de visitante, esta la ejerce el adulto anfitrión, y que llamar a papá o a mamá para dirimir si seguir las reglas de la casa solo se aplica a cuestiones de fuerza mayor. “Los padres que están ahí ofician de autoridad, y donde van mis hijos deben tener claro que es la autoridad la que pone las reglas –afirma Fabiana Suárez, de 35 años, mamá de un niño de 15 y una niña de 14–. Si son padres que se exceden, ellos sabrán si no se sienten cómodos si vuelven ahí o no, pero no es opción no responder a esa autoridad”.

Por el contrario, agrega, “si son padres más permisivos que nosotros, mis hijos tienen claro cuáles son nuestras reglas y hasta dónde ellos llegan o no, pero tengo claro que estoy delegando la autoridad en alguien y tengo que confiar. Lo mismo espero de alguien que manda a sus hijos a mi casa, que confíen en mi criterio, y por eso soy más cuidadosa cuando hay invitados que cuando no los hay”.
La autoridad es siempre del mayor a cargo. Cuando mis hijas son las invitadas confío en su buen criterio para que me llamen ante algún problema”, coincide Natalia Rivas, mamá de tres niños de 7, 13 y 16 años. “Cuando estoy a cargo de menores ajenos soy bastante clara con lo que se puede hacer y lo que no, y cumplo (y hago cumplir) las pautas prefijadas. Así que existe un primer filtro: mis hijas les avisan a sus amigas que acordamos las actividades, hacemos un contrato tácito que no se modifica a no ser por causas de fuerza mayor. Si alguna es poco permeable a esas reglas en general, deja de participar en estos encuentros”, agrega Natalia.

“Las normas de protocolo son tácitas y varían de acuerdo con cada niño, con la edad de los amiguitos y, sobre todo, con cada familia –afirma Celeste Celano–. Lo más importante sería destacar el sentido común por sobre todas las cosas, en donde es saludable sentarse con los hijos antes de acudir a casas de amigos, y conversar sobre el comportamiento en la inserción y dinámica de la familia a visitar”.

Colaborar con comidas

Aunque no es obligatorio, muchos padres y madres coinciden en que es una buena costumbre que cuando los hijos van a casa ajena por períodos que implican desayunos, almuerzos o cenas lleven algún comestible para compartir. “Siempre llevan algo para compartir. Según el horario, algo para probar, postre, helados, algo para el desayuno, bebidas”, dice Soledad.

“Hay niños que cuando invitan a dormir piden plata para ordenar pizza, otros que no –agrega Fabiana–. En mi casa, hasta cierta cantidad de invitados, la comida la ponemos nosotros; si son un grupo más grande, acepto que se autogestionen con libertad”. El tema del dinero adquiere importancia cuando se trata de estadías largas, como pueden ser las vacaciones en las que los hijos son invitados por familias de amigos. Existen distintas modalidades para colaborar con el gasto que representa un veraneante extra.

“Además de hacerme cargo de costos obvios como pasajes, excursiones o salidas, cuando mi hijo es invitado de vacaciones por amigos lleva dinero para colaborar con los gastos comunes, como ir al supermercado o salir a comer afuera”, cuenta Javier Jiménez, de 39 años, papá de dos niños de 13 y 15 años.

“Cuando mi hija se fue de vacaciones con otra familia, yo desconocía el manejo financiero que ellos hacían con su hija, así que acordé que tendrían ambas el mismo presupuesto y que lo determinaba la familia que las llevaba”, agrega Fabiana.

Como anfitriona de grupos a veces numerosos, Natalia cuenta: “En vacaciones básicamente acordamos un monto diario por invitada. Si son muy pequeñas para administrarse, me lo dan a mí; si no, cuando llegamos a destino hago las compras en común, divido por las que somos, y cada una me da su parte. Si vamos a comer afuera, cada una paga lo propio”.

Si de largas estadías se trata, muchos consideran una regla de etiqueta tácita un agradecimiento a la familia anfitriona que va más allá de lo verbal. “Siempre hago algún regalo a los anfitriones cuando vuelve –cuenta Fabiana–. Además, le doy plata a mi hija antes de ir expresamente para que algún día invite algo, desde churros en la playa hasta salir a tomar un helado”.

Mariana González, de 42 años, mamá de un varón de 14 y una niña de 9, actúa de la misma forma: “Este verano mi hijo se fue de vacaciones con la familia de un amigo y llevó de regalo un adorno para la casa de veraneo, así como plata para invitar a su amigo a alguna actividad”.

Cuidados personales

Uno de los aspectos que más preocupan a los padres cuando sus hijos comienzan a ir a casas ajenas es el cuidado de la intimidad, ante situaciones como la de tener que cambiarse o bañarse fuera del hogar. “Ni mi hijo ni mi hija se bañan en casas ajenas, ni nada que tenga que ver con su higiene personal tiene lugar fuera de casa –dice Mariana–. Cuando van a dormir a la casa de amigos van bañados o se bañan al día siguiente. También les digo que si se tienen que cambiar lo hagan a puertas cerradas”.

Natalia, desde el lugar de anfitriona, coincide en la necesidad de resguardar la intimidad de los invitados: “Cuando vienen a casa, yo soy más que cuidadosa con su intimidad, extremando las formas para que no haya ningún malentendido –cuenta–. Con las más pequeñas, si tengo que hacer algo que pueda ser malentendido antes hablo con la mamá, y llegado el caso prefiero que, por ejemplo, no se bañen en casa y se queden sucias antes que invadir sus intimidad”.

Para padres desorientados

Autoridad: El adulto que oficia de anfitrión es quien pone las reglas; llamar “a la casa” para cuestionar esa autoridad solo es para casos excepcionales.

Compartir: Si la visita implica participar en comidas, llevar algo para compartir es un buen gesto.

Dinero: En estancias largas, como vacaciones, se aconseja que los niños lleven dinero (o se lo den al adulto a cargo) para gastos personales.

Fuente: abcdelbebe.com