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¿Cómo resolver conflictos en el aula?

La sociedad parece que nos incita a hablar mal de otros a sus espaldas, a gritar, a insultar e incluso a agredir físicamente. El aprendizaje de la convivencia se dificulta en la adolescencia porque no aprendimos antes a comunicarnos utilizando la palabra.

Un centro educativo, además de ser un espacio de aprendizaje, es un lugar de convivencia, y por ello, un espacio en el que hay conflictos que debemos abordar. Conflictos que se producen fruto de las relaciones que se establecen entre alumnos y profesores.

Aprender a vivir juntos debe formar parte de lo que entendemos por calidad educativa. Aprender a resolver conflictos en el aula o bien en el recreo, permite conocer y practicar los procesos para el logro del respeto mutuo, la solidaridad y la tolerancia, para convivir en armonía y adquirir habilidades protectoras frente a la violencia.

Empecemos preguntándonos: ¿Cómo enseña la escuela a resolver los conflictos en el aula? ¿Agrediendo o dialogando? ¿Quién los resuelve?

En general, cuando surgen conflictos, los resuelven los adultos sin contar con la capacidad de los niños y adolescentes para confrontar opiniones, ponerse de acuerdo y asumir las consecuencias de su manera de actuar.

No se cuenta con ellos y se adoptan actitudes autoritarias y agresivas. O se hace caso omiso ante sus conflictos permitiendo que los resuelvan «a su manera», agrediéndose entre ellos, sometiéndose unos a otros.

La institución escolar no enseña a resolver las situaciones conflictivas. Cada profesor actúa según su propio criterio siguiendo el modelo tradicional, que castiga al agresor y defiende al agredido compadeciéndole.

A menudo, cuando el profesorado no sabe cómo actuar, envía a los niños «agresores» a la dirección, o habla con los padres para que corrijan a sus hijos, sin tener en cuenta que el conflicto no se generó en casa sino en la escuela y que por lo tanto es ahí donde se debe resolver.

EL DOCENTE COMO MEDIADOR ANTE LAS CONDUCTAS VIOLENTAS

Niños y adolescentes siguen sin aprender a resolver sus conflictos pacíficamente, porque el modelo social, inherente a la familia y la escuela, no promueve la convivencia armónica sino que suscita agresividad.

  • Al agredido, en lugar de enseñarle a poner límites, a defenderse diciendo «no» con firmeza y a pedir ayuda si no le escuchan, le defienden compadeciéndole, educándole para ser víctima, o se le anima a agredir diciéndole «¡Defiéndete!», refiriéndose a que devuelva la agresión.
  • Al agresor, en lugar de enseñarle a controlarse apartándose del grupo, a hablar para decir lo que quiere en lugar de agredir, le reprenden con gritos, descalificaciones, culpabilizándole, castigándole… Le etiquetan de «agresivo», «insociable» o «egoísta», transmitiéndole la idea de que es así, de que no puede cambiar, contribuyendo de esta manera a perpetuar su comportamiento ofensivo.

Para contrarrestar la ausencia de modelo social no agresivo, es imprescindible que la escuela programe la enseñanza de la resolución de conflictos por la vía pacífica, potenciando el papel del mediador, asumido por todos y cada uno de los alumnos.

“Deberíamos enseñar a nuestros alumnos a comunicarse dialogando, a defenderse hablando, a aceptar las diferencias, a comprender, a respetar, a manifestar su punto de vista, a escuchar, a establecer acuerdos…”.

Su método se basa en la negociación y el diálogo, trabajando en equipo:
1.- La base de la convivencia es el diálogo y los acuerdos. Para resolver conflictos en el aula es necesario saber dialogar y ponerse de acuerdo. Por otra parte, trabajar en equipo permite a los alumnos practicar los valores, convivir en armonía regulando sus reacciones emocionales, adquirir habilidades para resolver sus conflictos y ser ciudadanos responsables y solidarios.
2.- El diálogo consiste en expresar claramente el propio punto de vista y escuchar con empatía el punto de vista de los demás.
3.- Para enseñarles a dialogar, primero les debemos escuchar: ¿Qué piensan, creen, opinan, sienten…? Después expresaremos nuestro punto de vista.
4.- Los acuerdos consisten en establecer las normas y límites de convivencia que se necesitan, así como las consecuencias que ayudan a cumplir las normas que les cuestan.
5.- En el centro escolar se debe establecer un tiempo para enseñar a los niños a resolver sus conflictos mediante el diálogo y el acuerdo. Se les dice que les vamos a enseñar a convivir en paz. Y se resuelve un conflicto diferente en cada sesión.
6.- Los niños necesitan que les enseñemos a resolverlos, en lugar de hacerlo nosotros. No debemos pedirles que los solucionen sin haberles enseñado cómo hacerlo.
7.- Les enseñaremos cuando ellos y nosotros estemos tranquilos. En el momento del conflicto los separamos y después hablamos… sin gritos, sin quejas, sin recriminaciones, sin culpabilizar.
8.- Al agredido no debemos defenderle ni animarle a agredir. Le enseñamos a decir «no» con firmeza. Si no le hacen caso, tiene que pedir ayuda.
9.- Al agresor le enseñamos, sin agredirle, a decir lo que quiere y a controlarse, a tranquilizarse, alejándose del niño con quien tiene el conflicto.
10.- Establecemos las normas y límites de convivencia: lo que pueden y lo que no deben hacer.

Aula Siena, partiendo de esta premisa, ofrece sus cursos,  y recursos prácticos al educador para enseñar a resolver conflictos en el aula. Para potenciar la convivencia solidaria en un ambiente de libertad y disciplina.

Fuente: aulasiena.com

¿Cómo resolver conflictos en el aula?

Los conflictos en el aula son una realidad inherente al hecho de convivir. Lo que debe preocuparnos no es que existan sino cómo se resuelven.

La sociedad parece que nos incita a hablar mal de otros a sus espaldas, a gritar, a insultar e incluso a agredir físicamente. El aprendizaje de la convivencia se dificulta en la adolescencia porque no aprendimos antes a comunicarnos utilizando la palabra.

Un centro educativo, además de ser un espacio de aprendizaje, es un lugar de convivencia, y por ello, un espacio en el que hay conflictos que debemos abordar. Conflictos que se producen fruto de las relaciones que se establecen entre alumnos y profesores.

Aprender a vivir juntos debe formar parte de lo que entendemos por calidad educativa. Aprender a resolver conflictos en el aula o bien en el recreo, permite conocer y practicar los procesos para el logro del respeto mutuo, la solidaridad y la tolerancia, para convivir en armonía y adquirir habilidades protectoras frente a la violencia.

Empecemos preguntándonos: ¿Cómo enseña la escuela a resolver los conflictos en el aula? ¿Agrediendo o dialogando? ¿Quién los resuelve?

En general, cuando surgen conflictos, los resuelven los adultos sin contar con la capacidad de los niños y adolescentes para confrontar opiniones, ponerse de acuerdo y asumir las consecuencias de su manera de actuar.

No se cuenta con ellos y se adoptan actitudes autoritarias y agresivas. O se hace caso omiso ante sus conflictos permitiendo que los resuelvan «a su manera», agrediéndose entre ellos, sometiéndose unos a otros.

La institución escolar no enseña a resolver las situaciones conflictivas. Cada profesor actúa según su propio criterio siguiendo el modelo tradicional, que castiga al agresor y defiende al agredido compadeciéndole.

A menudo, cuando el profesorado no sabe cómo actuar, envía a los niños «agresores» a la dirección, o habla con los padres para que corrijan a sus hijos, sin tener en cuenta que el conflicto no se generó en casa sino en la escuela y que por lo tanto es ahí donde se debe resolver.

EL DOCENTE COMO MEDIADOR ANTE LAS CONDUCTAS VIOLENTAS

Niños y adolescentes siguen sin aprender a resolver sus conflictos pacíficamente, porque el modelo social, inherente a la familia y la escuela, no promueve la convivencia armónica sino que suscita agresividad.

  • Al agredido, en lugar de enseñarle a poner límites, a defenderse diciendo «no» con firmeza y a pedir ayuda si no le escuchan, le defienden compadeciéndole, educándole para ser víctima, o se le anima a agredir diciéndole «¡Defiéndete!», refiriéndose a que devuelva la agresión.
  • Al agresor, en lugar de enseñarle a controlarse apartándose del grupo, a hablar para decir lo que quiere en lugar de agredir, le reprenden con gritos, descalificaciones, culpabilizándole, castigándole… Le etiquetan de «agresivo», «insociable» o «egoísta», transmitiéndole la idea de que es así, de que no puede cambiar, contribuyendo de esta manera a perpetuar su comportamiento ofensivo.

Para contrarrestar la ausencia de modelo social no agresivo, es imprescindible que la escuela programe la enseñanza de la resolución de conflictos por la vía pacífica, potenciando el papel del mediador, asumido por todos y cada uno de los alumnos.

“Deberíamos enseñar a nuestros alumnos a comunicarse dialogando, a defenderse hablando, a aceptar las diferencias, a comprender, a respetar, a manifestar su punto de vista, a escuchar, a establecer acuerdos…”.

Su método se basa en la negociación y el diálogo, trabajando en equipo:
1.- La base de la convivencia es el diálogo y los acuerdos. Para resolver conflictos en el aula es necesario saber dialogar y ponerse de acuerdo. Por otra parte, trabajar en equipo permite a los alumnos practicar los valores, convivir en armonía regulando sus reacciones emocionales, adquirir habilidades para resolver sus conflictos y ser ciudadanos responsables y solidarios.
2.- El diálogo consiste en expresar claramente el propio punto de vista y escuchar con empatía el punto de vista de los demás.
3.- Para enseñarles a dialogar, primero les debemos escuchar: ¿Qué piensan, creen, opinan, sienten…? Después expresaremos nuestro punto de vista.
4.- Los acuerdos consisten en establecer las normas y límites de convivencia que se necesitan, así como las consecuencias que ayudan a cumplir las normas que les cuestan.
5.- En el centro escolar se debe establecer un tiempo para enseñar a los niños a resolver sus conflictos mediante el diálogo y el acuerdo. Se les dice que les vamos a enseñar a convivir en paz. Y se resuelve un conflicto diferente en cada sesión.
6.- Los niños necesitan que les enseñemos a resolverlos, en lugar de hacerlo nosotros. No debemos pedirles que los solucionen sin haberles enseñado cómo hacerlo.
7.- Les enseñaremos cuando ellos y nosotros estemos tranquilos. En el momento del conflicto los separamos y después hablamos… sin gritos, sin quejas, sin recriminaciones, sin culpabilizar.
8.- Al agredido no debemos defenderle ni animarle a agredir. Le enseñamos a decir «no» con firmeza. Si no le hacen caso, tiene que pedir ayuda.
9.- Al agresor le enseñamos, sin agredirle, a decir lo que quiere y a controlarse, a tranquilizarse, alejándose del niño con quien tiene el conflicto.
10.- Establecemos las normas y límites de convivencia: lo que pueden y lo que no deben hacer.

Aula Siena, partiendo de esta premisa, ofrece sus cursos,  y recursos prácticos al educador para enseñar a resolver conflictos en el aula. Para potenciar la convivencia solidaria en un ambiente de libertad y disciplina.

Fuente: aulasiena.com

Papá le pega a mamá: los testigos del maltrato

“La educación es la vacuna contra la violencia.”

La violencia doméstica es una realidad común en nuestra sociedad. Esta ocurre en todas las clases sociales, grupos étnicos, culturas y religiones.

La mayoría de los casos pasan desapercibidos ya que muy a menudo las víctimas sufren en silencio. Los estudios demuestran que cada año son mas los jóvenes entre las edades de 3 a 17 años los que están expuestos a la violencia doméstica. Las estadísticas reflejan que el 95% de los casos involucran a las mujeres víctimas de sus parejas masculinas. La trágica realidad es que cada vez que una madre es maltratada por su pareja, son a menudo sus propios hijos los testigos del maltrato y la tensión en el hogar por lo que ellos también se ven afectados. El presenciar puede significar VER incidentes reales de maltrato físico y/o sexual, ESCUCHAR amenazas o peleas desde otra habitación, OBSERVAR las secuelas de maltratos físicos, tales como: sangre, moretones, lágrimas, la ropa rasgada y/u objetos rotos.

Lo que hiere a la madre, también hiere a los hijos. Cuando la madre es abusada, sus hijos pueden sentirse culpables de no poder protegerla. Ellos sufren al ver que sus padres se gritan, empujan o golpean. Estos comportamientos causan en los hijos sentimientos de confusión, estrés, miedo, vergüenza, o hasta muchos llegan a pensar que ellos mismos han causado el conflicto. Están siempre en guardia, observando y esperando a que el próximo evento se produzca. Como nunca se sabe lo que va a desencadenar el abuso, no tienen tranquilidad; siempre están preocupados por ellos mismos, por sus madres y hasta por sus hermanos. Pueden sentirse enojados, humillados y hasta impotentes.

En los hogares donde existe violencia doméstica, el miedo, la inestabilidad y la confusión reemplazan el amor, la comodidad y la crianza que los niños necesitan. Muchos pueden presentar problemas emocionales, llorar excesivamente, sentirse retraídos o tímidos, pueden tener dificultades para hacer amigos, sienten miedo de los adultos y algunos hasta pueden sufrir de depresión y utilizan también la violencia para resolver sus propios problemas en la escuela y el hogar.

Cuando los hijos crecen en un hogar de maltrato, se les niega el tipo de vida familiar que fomenta el desarrollo saludable y aunque ellos no sean directamente maltratados, igual pueden verse afectados al ver que son sus madres las que están siendo victimas del maltrato. Como resultado, muchos experimentan el estrés en el hogar y llegan a mostrarlo de diferentes maneras tales como: dificultad para conciliar el sueño, enuresis, problemas de conducta, dolores de estómago, dolores de cabeza y / o diarrea, etc. Los niños que crecen en este tipo de entorno, tienen un mayor riesgo de caer en las drogas, abuso del alcohol o ser objetos de relaciones abusivas, como agresores o víctimas y un tercio llegan a desarrollar problemas emocionales, trastorno de estrés postraumático, delincuencia juvenil y la criminalidad en la edad adulta.

Debido a que mamá está luchando para sobrevivir, a menudo no está presente para sus hijos y papá esta tan consumido tratando de controlar a todo el mundo que tampoco se muestra disponible para ellos. Por lo tanto, los hijos llegan a sentirse física, emocional y psicológicamente abandonados creciendo hambrientos de atención, afecto y aprobación.

Reacciones emocionales, físicas y de comportamiento ante la violencia familiar en los hijos:

Reacciones emocionales : El miedo, la culpa, la vergüenza, trastornos del sueño, tristeza, depresión y enojo (tanto hacia la persona que abusa con violencia como también hacia la madre por ser incapaz de impedir la violencia).

Reacciones físicas: Dolores de estómago y / o dolores de cabeza, enuresis (mojadas de cama) y ​pérdida de la capacidad de concentración. Algunos también pueden sufrir abuso o negligencia física o sexual. Otros pueden salir lastimados al tratar de intervenir en nombre de su madre o de algún hermano.

Reacciones de comportamiento: Rabietas, alienación o ansiedad por complacer. Los niños pueden presentar síntomas de ansiedad y una capacidad corta de atención que puede provocar un bajo rendimiento escolar y de asistencia. Algunos pueden experimentar retrasos en el desarrollo del lenguaje, habilidades motoras y/o cognitivas. También pueden utilizar la violencia para expresarse mostrando un aumento de agresividad con sus compañeros o hasta con sus propias madres. Ellos pueden llegar hasta a auto-lesionarse.

Los efectos a largo plazo en los niños que son testigos de violencia doméstica

Los niños que crecen observando que sus madres son víctimas de abusos, sobre todo por parte de sus padres, crecen con un modelo de relaciones íntimas en las que una persona usa la intimidación y la violencia sobre la otra persona para conseguir lo que desea. Dado que los niños tienen una tendencia natural a identificarse con la fuerza, muchos pueden aliarse con el abusador y perder el respeto por sus aparentemente indefensas madres. El abusador suele menospreciar a la madre delante de sus hijos y puede llegar a decirles que ella está “loca” y que ellos no tienen por que escucharla. Al ver que sus madres están siendo tratadas con una enorme falta de respeto por parte de sus padres, los niños aprenden que ellos también pueden faltarle al respeto a las demás mujeres de la misma forma en que sus padres lo hacen con sus propias madres.

La mayoría de los jóvenes que se crían en hogares abusivos aprenden que la violencia es una manera eficaz de resolver los conflictos y problemas. Pueden reproducir la violencia de la que fueron testigos desde niños en sus relaciones adolescentes y adultas así como también ser más propensos a golpear a sus futuras parejas que aquellos que han sido criados en hogares no violentos. Para las niñas, la adolescencia puede resultar en la creencia de que las amenazas y la violencia son parte de la norma en las relaciones.

¿Qué hacer?

Es imposible evitar que los hijos sean testigos de la violencia doméstica. Ellos pueden ver o escuchar los episodios abusivos entre sus padres, ser utilizados o incluso implicados en la violencia (por ejemplo, el niño puede estar en los brazos de su madre cuando ella es golpeada), por lo que pueden experimentar las consecuencias y la tensión que acarrea el abuso. El grado de daño emocional depende en gran medida de cada niño, su edad, sexo y personalidad, lo mucho que el/ella haya presenciado el abuso y si ha estado o no personalmente involucrado en él.

Una sensación común que algunos padres consideran es que a pesar del entorno violento y abusivo, es mejor permanecer juntos por el bienestar de sus hijos. Sin embargo, no se dan cuenta que a menudo son sus propios hijos los que prefieren ver a sus padres separados como una forma de ponerle fin al “problema”.

La única respuesta ante el problema de violencia doméstica es tratarla como lo que es – violencia. Se debe luchar contra los valores sociales que refuerzan el estereotipo que fomenta a los hombres a actuar agresivamente y utilizar la violencia como una forma de resolver los problemas; donde las mujeres son débiles, sumisas y deben aceptar la dominación masculina como la norma. El crecer en un hogar donde el abuso de alguna forma es la norma, ofrece a los hijos el ejemplo que esto es lo que una relación está destinada a ser. Este tipo de hogares tienden a incluir la inestabilidad, los conflictos, la distancia emocional y una vida que va de una crisis a otra. Ellos aprenden patrones poco saludables de relacionarse, y por lo tanto inconscientemente la mayoría llegara a elegir futuras parejas que vengan de entornos igualmente poco saludables para así poder seguir el patrón de violencia del cual están familiarizados. Por lo tanto, antes de que sea demasiado tarde, es crucial buscar ayuda profesional, una terapia familiar, que le ofrezca a cada miembro del hogar la oportunidad de lograr romper con los patrones destructivos aprendiendo maneras no violentas de como resolver sus conflictos emocionales.

Fuente: latribuna.hn

Qué funciona para prevenir la violencia contra las mujeres

Las intervenciones entre adolescentes se han mostrado como el método más eficaz para evitar los malos tratos, algo que es muy difícil de parar cuando ya ha comenzado

La violencia machista no suele empezar con el matrimonio. Ni en el noviazgo. Ni siquiera en la niñez. Arranca con mucha frecuencia en la generación anterior. Los malos tratos son una lacra que afecta a todos los sectores sociales y países, pero si existe una correlación clara es que quien vio o sufrió violencia tiene más probabilidades de reproducirla y, también, de padecerla.

¿Cómo prevenir esta violencia heredada? Idealmente, evitándola en el seno del hogar, para que los hijos no laaprendan y reproduzcan. El problema es que “es muy difícil cambiar el chip de los adultos”, como explica Andrew Morrison, jefe de la división de Género y Diversidad del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). “No tenemos evidencia de que los programas que se emplean con ellos tengan efectividad, sin embargo, con los jóvenes sí, son más moldeables”.

Con estas premisas, las políticas de prevención de violencia machista tienen un importante papel en esa fase crítica de la vida que es la adolescencia. Está demostrado que existen programas capaces de disminuir los malos tratos, sean físicos o psicológicos, que ya aparecen en las primeras relaciones sentimentales. Y, con esto, se estaría cortando en el futuro la transmisión de esta violencia a los hijos de estos jóvenes.

Porque se conoce que los niños que ven violencia en casa son más propensos a ejercerla después. Pero no solo eso: el riesgo de sufrirla en la edad adulta entre las niñas que viven en estos entornos se multiplica por 2,5. ¿Por qué se repiten estos patrones? “No se sabe al 100%, pero la hipótesis es que si crecen en ese ambiente piensan que es la forma normal de resolver conflictos. Hay encuestas a mujeres adultas en Latinoamérica que dicen que el 16% piensan que la violencia contra ellas mismas es aceptable bajo ciertas circunstancias”, explica Morrison. Este porcentaje es todavía superior si se atiende a los adolescentes de todos los países en desarrollo: casi la mitad de las jóvenes de entre 15 y 19 años cree que en ocasiones se justifica, según un informe de Unicef.

Sea por lo que fuere, lo cierto es que una de cada tres mujeres del mundo es víctima de malos tratos de su pareja a lo largo de su vida. Y que el 38% de los asesinatos a mujeres los cometen sus parejas, según datos de la Organización Mundial de la Salud. En todo el mundo se experimenta con programas para revertir estas cifras. Desde el punto de vista de la prevención, estos son algunos de ellos, cómo lo hacen y su efectividad:

Amor, pero del bueno

Con la idea de aprovechar esta etapa moldeable que es la adolescencia, el programa Amor, pero del bueno experimentó en México con jóvenes y docentes. En primer lugar, se capacitó a profesores y orientadores. En segundo, se impartieron talleres con los propios chavales. Son sesiones participativas en las que reflexionan sobre los roles y estereotipos de género o los derechos sexuales y reproductivos. El programa, en el que participaron 800 adolescentes y 100 docentes, consiguió reducir en un 55% la violencia psicológica perpetrada por los jóvenes varones a sus parejas. Es la más frecuente: según datos oficiales del país, un 76% experimenta violencia psicológica; un 16,5%, sexual y un 15%, física.

Con esta enorme problemática y el éxito cosechado por Amor, pero del bueno, el Gobierno de México ha decidido llevar el programa a escala para probarlo con 10.000 jóvenes. Claudia Piras, economista principal en la División de Género y Diversidad del BID (uno de los promotores del programa) asegura que han extraído tres enseñanzas principales: “Primera: es posible implementar intervenciones en ámbito escolar que contribuyan a cambiar actitudes. Segunda: intervenir en esta edad es fundamental, porque es cuando se consolida la forma en la que se relaciona la pareja. Y, tercera: hacerles reconocer cuándo una relación no es sana y actuar en el momento adecuado es la mejor herramienta para que no se conviertan en víctimas de la violencia de adultos”.

Programa H y M

La ONG Promundo fue la pionera, a finales del siglo pasado, en poner en marcha programas para concienciar a los adolescentes y reducir la violencia machista entre ellos. “Involucrar a hombres jóvenes y empoderar a mujeres jóvenes para promover la igualdad de género y la salud”. Este es el lema de los programas H y M, que fueron experimentados por primera vez en Brasil. Se trata de un grupo de intervenciones complementarias que usan talleres educativos, estrategias de alcance comunitario y una campaña multimedia para potenciar el sentido de control sobre sus vidas en las chicas y para sensibilizar a los chicos sobre algunas de las formas dañinas en que socializan e introducir formas para tomar actitudes y comportamientos de equidad de género. La piedra angular son las actividades grupales que realizan grupos separados por sexos, ya que se comprobó que era la mejor forma para expresar sentimientos y conseguir resultados.

Las evaluaciones de impacto de estos programas mostraron que después de participar en las actividades, ellas afianzaron su conocimiento y comunicación con sus parejas sobre la salud sexual, incrementaron también su autoeficacia en las relaciones interpersonales, hubo disminución en el consumo de drogas y mayor uso de preservativos. En ellos se produjo un notable cambio en la concepción de las actitudes de género.

A la vista de los resultados, la metodología del programa se ha usado en más de 30 países de América, Asia, África y Europa.

Ciudad mujer joven

Los malos tratos machistas se suman a las muchas formas violencia a las que están sometidos los jóvenes (y el resto de la población) en El Salvador. La secretaría de Inclusión Social del país lanzó en 2014 Ciudad mujer joven, un modelo integral de atención que combinó actividades en las escuelas con la filosofía del exitoso programa H y M. “Incluye prácticas de prevención del embarazo y habilidades para la vida que hagan ver, sobre todo a las chicas, que pueden tener mejores expectativas”, explica Nidia Hidalgo, especialista en el país del BID, que es socio del Gobierno en este para aplicar este programa.

Los resultados mostraron una mejora de las habilidades de las chicas para tener conversaciones entre ellas en temas de violencia. “Es algo que se suele callar. Con esta metodología se ha derribado el tabú y conseguido que reflexionen sobre esa situación y la compartan”, asegura Hidalgo. Entre los chicos, sin embargo, el estudio posterior mostró un cambio en los conocimientos de género, pero sus actitudes permanecieron. “No dudamos que trabajo con hombres es de suma importancia, pero hay que intensificarlo. No es lo mismo modificar actitudes para las afectadas, que están más abiertas al cambio, que en la posición de poder que tienen los hombres”, subraya esta experta.

Con P de paternidad

Aunque la etapa de la adolescencia es clave para actuar en la prevención de la violencia, también hay programas que muestran resultados interviniendo en la paternidad. “Existe gran cantidad de evidencia del impacto profundo y duradero de la presencia de padre varón en el futuro de los hijos. Pero en muchas comunidades esto no se estila, no se les ha enseñado a ser cariñosos o estar cerca de sus hijos, sino a proveer”, subraya Clara Alemann, experta de género del BID. “La violencia contra mujer y la niñez están íntimamente relacionadas. Suelen suceder en hogares donde está legitimada por normas sociales; en familias o comunidades con altos grados de desigualdad de género”, continúa.

La ONG Promundo también fue la que comenzó a probar programas de crianza destinados a los padres. Se trata de adaptar la metodología al contexto de cada comunidad para pasar de relaciones paterno-filiales frías e inseguras a clima familiar armonioso. Para ello se trabaja con los profesionales sanitarios, con los padres (masculinos) y sus parejas y con actividades que movilizan a toda la comunidad. En Ruanda y Uganda, esta metodología ha dado resultados positivos de menor violencia y mayor diálogo en el seno de la familia. “En Latinoamérica no hay ninguno con una evaluación de impacto rigurosa”, asegura Alemann. Con P de paternidad se está implementando en comunidades de El Alto (Bolivia), donde por el momento se están midiendo actitudes, conocimientos y prácticas de padres, para comprobar si una intervención logra mejores relaciones, mayor involucración y distribución del trabajo doméstico, y logran reducir la disciplina violenta. Los resultados se conocerán el año que viene.

Lo que los especialistas tienen muy claro es que para combatir la violencia contra la mujer —cuyo día internacional se celebra el 25 de noviembre—, la prevención es la clave. Alemann subraya que hay que empezar lo antes posible: “Ninguna intervención de respuesta a posteriori va a poder contrarrestar este fenómeno. Es necesario empezar antes de que ocurra para evitar la repetición”.

Fuente: elpais.com

Frialdad emocional: la violencia invisible que destruye a las personas

Hoy sabemos que la violencia psicológica puede dejar heridas tan profundas, o incluso mayores, que la violencia física. Sin embargo, detectar el abuso emocional no es tan sencillo, no solo porque no existen marcas visibles en el cuerpo, sino porque nuestros estereotipos pueden impedirnos ver las evidencias más sutiles.

Solemos asociar el maltrato psicológico con los gritos, las humillaciones verbales, las amenazas y las burlas denigrantes. No obstante, existe un tipo de violencia psicológica que puede hacer mucho daño y normalmente pasa desapercibida: la frialdad emocional o indiferencia.

El aislamiento emocional como herramienta de castigo

En la Antigua Grecia se aplicaba un castigo ejemplar a las personas que se consideraban peligrosas o sospechosas para la soberanía popular. El nombre que se le daba a este castigo era ostrakismos, que significa literalmente “destierro por ostracismo”. Cuando la Asamblea votaba, la persona tenía 10 días para abandonar la ciudad y si intentaba regresar antes del plazo establecido, le condenaban a muerte. En algunos casos, la propia exclusión se convertía en una condena a muerte, ya que las personas no sobrevivían sin la protección de la sociedad.

En la actualidad hay personas que siguen aplicando una especie de ostracismo emocional (condenan al otro a un tratamiento frío) que implica ignorar sistemáticamente sus necesidades. Esa persona adopta un comportamiento pasivo-agresivo ya que recurre al silencio, la indiferencia y al desprecio para castigar o manipular al otro.

Los comportamientos que delatan esa frialdad emocional son:

  • Negarse a mantener una conversación y dirigirle la palabra a la persona que se está “castigando”.
  • No responder a sus preguntas o hacerlo con monosílabos.
  • No mostrar afecto, ignorando conscientemente las necesidades emocionales del otro, que quedan insatisfechas en el marco de la relación.
  • Evitar el contacto físico y visual, haciendo como si la persona no existiera, de manera que se sienta invisible e insignificante.
  • Mostrar un marcado desinterés por todo lo relacionado con la otra persona.
  • Negarse a colaborar en diferentes tareas para generar frustración y malestar en el otro.
  • No acudir a eventos sociales juntos, con el objetivo de que el otro se avergüence de sí mismo.
¿Qué sucede cuando no se satisface la necesidad de conectar emocionalmente?

Sentimos una profunda necesidad de conectar emocionalmente con los demás. Cuando somos pequeños, no solo necesitamos que nuestros padres nos alimenten y protejan, también necesitamos ser amados y mimados. Los abrazos y las caricias nutren el desarrollo infantil.

Esas necesidades no desaparecen cuando nos convertimos en adultos independientes, sino que se multiplican. Necesitamos cierto grado de aceptación social y que validen nuestras emociones y sentimientos. También necesitamos amar y ser amados y, en determinados momentos, cuando las cosas se tuercen,necesitamos sentirnos arropados.

Ese apoyo emocional es la base sobre la cual seguimos construyendo nuestra identidad. Cuando ese apoyo falla, cuando nuestras necesidades emocionales no son satisfechas, no solo experimentamos un gran vacío, sino que, a la larga, comenzaremos a pensar que no somos dignos de ser amados, lo cual terminará dañando nuestra autoestima y la imagen que tenemos de nosotros mismos.

Cuando la frialdad emocional proviene de las personas más cercanas, como puede ser la pareja, un padre o un hijo, podemos llegar a sufrir graves daños en nuestro autoconcepto: perdemos el control, se debilita la sensación de pertenencia e, incluso, se afecta nuestro sentido de la vida, según indica un estudio publicado en la revista Group Processes & Intergroup Relations.

Otro metaanálisis publicado en la revista Communication Monographs en el que participaron más de 14.000 personas llegó a la conclusión de que el silencio es sumamente destructivo en las relaciones de pareja, ya que se interpreta como una falta de implicación y un intento de sometimiento emocional. Estos psicólogos descubrieron que el uso del silencio como herramienta de castigo es común en las parejas y es uno de los factores que más distancia a sus miembros, llevando a la ruptura.

El problema es que la frialdad emocional genera frustración debido a la falta de respuesta e implicación del otro. También puede hacer que nos sintamos confundidos y hasta culpables, además de que nos sentiremos cada vez más solos e incomprendidos. La persona que es ignorada sistemáticamente y cuyas necesidades emocionales son menospreciadas se sumirá en el profundo pozo de la depresión. Sentirá que no es digna de ser amada ni respetada, por lo que perderá la confianza en sí misma y será cada vez más vulnerable ante su maltratador.

Ese tipo de relaciones dejan profundas huellas que incluso determinan las relaciones posteriores que establece esa persona, destruyendo su capacidad para confiar en los demás y establecer relaciones plenas. La frialdad emocional y la indiferencia pueden terminar discapacitando emocionalmente a una persona.

Por eso, es importante que tengamos presente que el distanciamiento emocional es una de las formas más crueles de violencia y manipulación psicológica. Ignorar las necesidades del otro no es la mejor manera para resolver los conflictos y acortar las distancias. Toda relación debe estar basada en el diálogo y el respeto mutuo.

Fuente: muhimu.es

Descubre cómo este profesor consiguió eliminar los embarazos adolescentes

En un colegio de Bogotá en el que los embarazos eran tan habituales que, nada más y nada menos, 70 niñas daban a luz cada año, el profesor Luis Miguel Bermúdez consiguió reducirlos hasta eliminarlos por completo. ¿Cómo? Gracias al diseño de un currículo de educación sexual.

Este “profesor del sexo” era más que necesario y no solo en ese colegio. La situación no es excepcional dentro del país. En Colombia, 1 de cada 3 adolescentes es madre antes de cumplir 19 años. A este escalofriante dato se suma la difícil situación que viven todas estas chicas, obligadas en su mayoría a dejar los estudios, con todo lo que eso conlleva. Según UNICEF, el embarazo adolescente “está asociado con la violencia de género en su sentido más amplio: violencia física, simbólica, psicológica y económica”.

Para adentrarnos más en lo que consiste el currículo del profesor Bermúdez y cómo llegó al mismo, leamos esta entrevista realizada por el diario El Espectador:

P: ¿Cómo ideó este exitoso currículo?

R: Había leído muchísimo, pero me parecía que iba por el mismo camino que todos habían repetido. Por ese tiempo conocí a Fulanito, que estaba en quinto. Él jugaba cauchito (lo que entendemos en España como jugar a la goma) en los descansos y los niños se concentraban a verlo.

Al año siguiente, Fulanito pasó a sexto y en su primer día de recreo se acercó a un grupo de niñas que jugaba cauchito. Él les pidió que lo dejaran saltar, pero ellas y los que estaban concentrados alrededor soltaron la risa: “Ay, severa flor, no ve que esto es un juego de niñas, ¿usted es una niña? Cuidado se le ve la falda, qué gay”. Desde ese día lo llamaron el marica.

 Ese tipo de acoso es una situación diaria en las escuelas, ¿qué fue lo determinante?
Al niño le pusieron esta etiqueta de gay y se pasó el resto de los años tratando de quitársela. Ahí descubrí que en el cambio de primaria a bachillerato ese miedo a que te señalen hace que los niños intenten librarse de la discriminación a través de dos cosas: con violencia y con sexo. En octavo Fulanito embarazó a una niña.

Allí empecé a sospechar que la violencia de género y hostigamiento por orientación sexual no solo afectan a las mujeres y a la población LGBTI, sino que son dispositivos de control de la sociedad para mantener los sexos. Esa fue mi epifanía y la hipótesis de la tesis de mi doctorado en educación.

¿Cómo probó su hipótesis?

Por ese entonces se había suicidado Sergio Urrego, así que analizamos con los estudiantes de décimo y once las noticias sobre su muerte y los comentarios de la gente. El 90 % de opiniones eran negativas. Del mismo modo, revisamos las noticias del número de embarazos adolescentes en el distrito y los comentarios también eran negativos.

Luego, les pregunté si sus papás pensaban lo mismo, y todos lo negaron. Las niñas alegaban que sus mamás les decían que eran sus mejores amigas, que en ellas podían confiar; otros decían que les daba terror hablar con los padres. Así que les propuse que fueran responsables con su cuerpo para evitar los embarazos, es decir, no que dejaran de tener relaciones, sino que las tuvieran con un método. Les expliqué cómo hacer un diario de campo y les di la tarea de conseguir un método anticonceptivo durante dos semanas, registrándolo todo.

¿Qué arrojaron los resultados?

Que hay unos imaginarios culturales que impiden a los chicos hacerse responsables de sus cuerpos. Muchas no fueron capaces de decirles a los papás, otros ahorraron de las onces para comprar el anticonceptivo, niñas que les contaron la tarea a las madres terminaron regañadas, las abofetearon, les dijeron que eran unas calenturientas, unas prostitutas. El día que socializamos los resultados, que eran anónimos, las niñas empezaron a llorar en cadena.

Y hay más, no solo fue en la casa. La señora de la droguería les echó un sermón, una pidió la cita en la EPS y le dijeron que no la atendían sin sus padres. Mientras que con los hombres encontramos que pasaba otra cosa: el machismo.

¿Cómo explicaría esa diferencia entre géneros?

En mi contexto encontramos que hay un miedo social a que la niña pierda su virginidad porque repite la historia de su madre y un miedo latente a que el niño no tenga relaciones rápido porque se vuelve homosexual. Allá, en Suba-Rincón, las familias les temen a esos dos escenarios, porque a las mujeres las juzgan con la única función que les dan en la vida: ser madre. El embarazo adolescente y la homosexualidad son las maneras públicas de decirle a la sociedad que fracasó.

¿Por qué se da el embarazo adolescente?

Hay una cuestión inconsciente de las niñas de quedar embarazadas y de aceptarlo de alguna manera, porque la cultura les dice que eso es una tragedia, pero a la misma vez les dice que es normal. A mis niñas sus mamás les decían que ellas querían que estudiaran, que fueran a la universidad, que no cometieran los mismos errores que ellas habían cometido.

Una vez les pregunté si las mandaban a hacer comida, si alguna vez se les había quemado el arroz. Ellas decían que sí y que las regañaban porque si seguían quemando el arroz no iba a conseguir marido. Y eso no es ningún chiste, ahí meto a Sigmund Freud, ese es el horizonte de lo que tu familia en realidad quiere de ti. El problema es que quedan en embarazo y es doloroso para las niñas porque ya les quitan la atención, las dejan salir; mientras ellas añoran su virginidad porque las cuidaban.

¿Qué es una mujer empoderada?

Cuando mis niñas empezaron a visibilizar las violencias de género se negaron a hacer el arroz, comenzaron los problemas en las casas, muchas cosas de sus padres les parecieron ofensivas. Supe que se habían empoderado cuando les empezaron a decir locas o hippies en las casas, que no iban a conseguir marido y que por culpa de las clases de sexualidad se iban a quedar solteronas.

Desde su experiencia, ¿cómo podría explicar el feminicidio?

Es la consecuencia de esa educación violenta que recibió el hombre, especialmente de las mujeres. La primera formación se da en la familia y después en la escuela, estos dos escenarios son dirigidos casi siempre por mujeres. Durante esa época, el niño o niña aprende a ser violento. Mis niños dicen que las cantaletas permanentes de sus mamás son más hirientes que la pela que les da el papá, cada tanto.

Mi hipótesis sobre el feminicidio es que tú, como hombre, o incluso como mujer, devuelves toda esa violencia al crecer. Por eso, Suba es una de las localidades con mayor feminicidio en Bogotá, es un sector donde las familias que son monoparentales, y muchas veces las mamás por soslayar todas esas problemáticas y responsabilidades, violentan a sus hijos, lo que hace que ellos crezcan con una figura tanto de amor como también con una figura que tanto los ha violentado.

Usted habla de unas figuras hegemónicas, ¿cuáles son?

En las mujeres, la princesa Disney, blanca, mona; entonces que la manzanilla, que las góticas para que no se le oscurezcan los ojos. Si lo nota, todo eso son complejos: de blanqueamiento, de violencias coloniales. Y todos nos preocupamos así estemos bien alejados del estereotipo, peleamos y sufrimos por parecernos lo más posible a ese modelo hegemónico y en ese proceso, sufrimos, nos excluimos y nos excluyen.

En la escuela, esos son los principales motivos de violencia. Ahí es donde nosotros mediamos diariamente, en cada cosa que va apareciendo.

¿Cuál es papel de los métodos anticonceptivos en la sociedad? 

Nosotros hicimos una revisión a toda la publicidad de los métodos anticonceptivos preguntándonos por qué en Europa funcionaban. Claro, todos los comerciales de Norteamérica y Europa son sobre el placer, el placer, el placer. Mientras que la publicidad hecha para Lationamérica es protégete del embarazo, y protégete de las enfermedades, y protégete. Entendimos que nuestro enfoque no era centrado en la prevención, que teníamos que educar a través de la vivencia del ser humano en la sexualidad, es decir, el placer.

¿Qué es la ideología de género? 

Eso desde la academía no existía. Se lo vinieron a inventar para tergiversar la política de equidad de género en las escuelas en contra del plebiscito. Pero nosotros lo tomamos como algo que siempre ha estado: si tú eres mujer debes usar vestido rosa, ser delicada, dulce, cabello largo, ser débil y si no eres así; eres la marimacha, eres la lesbiana. Y si eres un hombre macho violento, debes ser desordenado, competitivo y, si no, usted es un maricón.

Otra cosa es equidad de género, ni siquiera igualdad, porque eso de igualdad es equiparar a hombres y mujeres en el mismo lugar y eso es como aceptar que no hay diferencias. La equidad es que tengamos la misma posición en el derecho.

¿Cómo afecta la violencia de género en las escuelas? 

En la escuela esas equidades de género se manifiestan distinto que en la vida adulta. En la vida adulta la culpa es mucho del hombre. Y no, tú no puedes culpar a un niño porque lo están educando de una manera machista. De hecho, en la adolescencia sufren esa violencia por igual. Incluso, a veces, en octavo la violencia de género ataca más a los varones, por eso se vuelven más violentos. Como las niñas llegan más rápido a la etapa de desarrollo, ellas empiezan a burlarse de sus compañeritos: les dicen que son feos, que son inmundos, así, de una manera mordaz. Y uno ve cómo el niño se desquita en décimo. No lo hace racionalmente, pero le hace lo mismo a la mujer.

¿Por qué es tan difícil romper el status quo?

Por nuestra herencia hispano católica que puso en nuestra cultura una crianza marianista hacia la mujer. Eso hizo una construcción de feminidad en Latinoamérica que excluye a todas las que se salen de nuestro estereotipo. Y en esa exclusión se refugian las violencias. Por ejemplo, ¿cuántas veces no se les enseña a las niñas que la primera relación sexual es sublime? ¿Y usted cree que para la mayoría de las mujeres su primera relación sexual fue placentera? ¿Con qué punto de comparación? No, eso es violento.

Para un hombre adulto hay más privilegios en cuanto al machismo. Sin embargo, en la adolescencia los niños debemos pasar por violencia y relaciones sexuales que no deseábamos. Todos creen que en la adolescencia queremos tener relaciones sexuales y nadie sabe de las inseguridades que tienen. Uno es inseguro, busca la relación sexual para reforzar la hombría frente a la orientación sexual, tienen la curiosidad, pero le temen.

Sin embargo, si un currículo oculto del machismo logró hacer toda una sociedad machista, si alguien se propone hacer un currículo que tenga las mismas estrategias para acabarlo, lo puede lograr.

Fuente: muhimu.es

 

Violencia en la escuela: cómo prevenirla y afrontarla

Arellano Norka
Reyes Merlín
Velásquez María

 

El profesorado necesita una formación conceptual, procedimental y actitudinal para atacar el problema de la violencia y  para acompañar a las familias en la búsqueda de soluciones, el éxito de la intervención requiere de una acción coordinada de todos los que intervienen en el problema, por lo cual el trabajo en equipo es imprescindible y la participación de la familia es fundamental.

La prevención está al alcance de todos, dado que esta   no es otra cosa que la puesta en marcha de las medidas apropiadas para impedir   la  aparición de interacciones violentas en los individuos y en la comunidad en general (Fernández, 1999).

Díaz – Aguado (2005) destaca  como forma de prevenir la violencia en las aulas:

Para prevenirla es necesario romper la “conspiración del silencio” que ha existido hasta hace poco sobre este tema, y enseñar a condenarla en todas sus manifestaciones, insertando su tratamiento en un contexto normalizado orientado a mejorar la convivencia. Conviene tener en cuenta, en este sentido, que algunas de las características de la escuela tradicional contribuyen a que en ella se produzca la violencia o dificultan su erradicación: como la permisividad que suele existir hacia la violencia entre iguales como reacción (expresada en la máxima “si te pegan, pega”) o como forma de resolución de conflictos entre iguales; la forma de tratar la diversidad actuando como si no existiera; o las frecuentes situaciones de exclusión que se viven en ella…(p.3)

La autora refiere la importancia de  tratar al adolescente como si fuera un profesional capaz de prevenir la violencia, lo que implica también formar a los estudiantes en métodos de resolución de conflictos. Enfatiza Díaz -Aguado, la importancia de  proporcionarle el apoyo y la motivación necesarias al alumno en esta tarea, dado que esto   favorece que pueda descubrir el significado que ella tiene para el experto que habitualmente la realiza, y que llegue a identificarse con dicho significado de forma mucho más eficaz que si le pidiéramos estudiar conceptos y definiciones sobre violencia y resolución de conflictos. Es por esto recomendable realizar simulaciones en situaciones hipotéticas y actuar como mediador en la resolución de conflictos entre pares.

Para prevenir que el conflicto siga una espiral de desarrollo y estalle en violencia, uno de los aspectos que debe buscarse es el autocontrol, la experiencia de los autores en la docencia permite afirmar  que hoy los adolescentes parecen no tener conciencia de los límites, presentando problemas para autocontrolarse, autolimitarse y  ponerse en el lugar de. Se hace necesario comenzar a trabajar desde la escuela con las técnicas de  autocontrol, entendiéndose por ésta  la capacidad consciente de regular los impulsos de manera voluntaria a fin de alcanzar un mayor equilibrio  personal y relacionar, lo cual facilita a las personas dominar sus impulsos, sus emociones en determinado lugar o circunstancia. (ESHC. 2005)       

 Para prevenir la violenciauno de los aspectos más  importantes es aprender a controlar la rabia, que si bien es un sentimiento normal e inevitable, hay distintas formas de abordarla, el docente debe aprender a aceptarla y a saber mantener la calma, pero debe tener claro que puede tener consecuencias muy graves si no se sabe controlar.

Si quiere mantener un ambiente cordial en el aula de clase y evitar estallidos de violencia, se pueden considerar las siguientes recomendaciones:

  • Predique con el ejemplo: Si se ve envuelto   en un pleito o discusión que le genera sentimiento de enojo, evite explotar y mostrar conductas agresivas, intente racionalizar el problema y en un tono suave y calmado, busque donde existen los puntos coincidentes y a partir de ellos abogue por el consenso.
  • Aléjese del lugar en el caso de no poder controlar la situación.
  • Aceptación: Jamás ponga en entredicho la naturaleza y la necesidad del enojo. Ayude a los alumnos a ver que es algo muy humano con lo cual tienen que lidiar. De otra forma es peligroso porque absorber y evadir los enojos significa acumular una presión que posteriormente se libera con peores reacciones.
  • Identificación y búsqueda de opciones para la expresión de sentimientos de enojo: Dialogue con él  e incentívelo a buscar otras maneras de expresarse.
  • Desfogue físico: Para liberar la carga de energía negativa que produce el enojo, proponga a actividades como correr, patear o arrojar una pelota con fuerza, etc. El cansancio físico y gasto de energías disminuye el enojo.
  • Expresión creadora a través de  cuentos, pintura, incentívelos a expresarse a través del arte, colocando en este sus emociones.
  • ComunicaciónHablar sobre los problemas que ocasiona el enojo lleva a entenderlos mejor, incluso a minimizar su carga y su importancia. Impúlselos a que recurran al diálogo, ya sea con usted o con sus amigos.
  • Buen humorSi se toma de la mejor forma, el enojo puede hasta provocar risa. Enseñe a ver las cosas positivas y a identificar cuando las razones del enojo son absurdas. De esta forma, lo tomarán de buen humor y lo asimilarán más pronto y mejor.
  • Charla a solas:  Recomiéndele el monólogo, dado que hablar consigo mismo hace que con las palabras se libere el enojo. Lo mejor es que esas palabras se quedan en el individuo y no dañan a nadie más.  Sugiérale que estando solo puede gritar para liberar la presión del enojo.
  • ConteoContar números u objetos a la vista le permite alejarse del sentimiento del enojo y relajarse en un patrón fijo y monótono. Ésta es una de las técnicas más populares y más efectivas a corto plazo.
  • Ante la tempestad, la calmaEn caso de una situación de enojo a nivel grupal, lo más sabio que puede hacer es mantenerse calmado y escuchar lo que dicen los demás. Como usted es el único escuchando con la mente fría, puede evitar discusiones inútiles, identificar los conflictos y tratar de solucionarlos.

Además de las recomendaciones dadas el docente puede aplicar algunas de las técnicas que se recomiendan para manejar la violencia  como son: tiempo fuera, la técnica de semáforo, el pensamiento lateral.

Tiempo Fuera

Esta técnica busca sacar de contexto a la persona para que baje el enojo poco a poco y reflexione acerca de la manera en que se reacciona en una situación dada. Si el alumno está muy alterado y nota que no lo está escuchando, envíelo a un lugar privado  unos minutos para que se calme y poder iniciar el diálogo, y si es el docente aléjese del lugar, cálmese y regrese a retomar la situación.

Es importante aprender y enseñar a meditar y darse cuenta de las actitudes fuera de control,  en este caso cuando   al estar  consciente de que se está por perder el control es recomendable pedir un “tiempo fuera”,  frase esta que debe ser conocida por los docentes como una clave que implica “quiero estar  en privado”, tiempo que debe ser dado al alumno hasta que supere la crisis. Si el docente quiere aplicar esta técnica es importante que considere las  siguientes sugerencias:

  • Busque un lugar seguro y con supervisión en donde el joven pueda estar tranquilo sin que nadie lo moleste, dígale que al final de su tiempo fuera,  van a conversar sobre su comportamiento. Invítelo a que tome asiento tranquilo, sin hablar con nadie, hasta que esté bien calmado y dispuesto a tener una conversación.  Cuando esté dispuesto al diálogo hable con él sobre lo que ocurrió.

La Técnica del Semáforo

El equipo del psicólogoescolar.com, plantea que  esta técnica está especialmente indicada para la enseñanza del auto control de las emociones negativas: ira, agresividad, impulsividad, etc., resulta esencial dada la importancia de educar en actitudes de tolerancia, respeto, convivencia. La escuela está siendo cada vez más consciente de la necesidad de erradicar fenómenos de violencia que se han instalado en su seno, resultando prioritaria la educación de los aspectos emocionales de la inteligencia. (psicólogoescolar.com)

Pasos para la enseñanza de la Técnica del Semáforo

  1. Asociar los colores del semáforo con las emociones y la conducta:
  • Rojo: Pararse. Cuando no  se puede controlar una emoción (se tiene mucha rabia, se quiere agredir a alguien, se está muy nervioso…)  hay que pararse como cuando  se está frente a la luz roja del semáforo.
  • Amarillo: Pensar. Después de detenerse es el momento de pensar y darse cuenta del problema que se está planteando y de lo que se está sintiendo.
  • Verde: Solucionarlo. Al darse tiempo de pensar pueden surgir alternativas o soluciones al conflicto o problema.  Es la hora de elegir la mejor solución.

El Pensamiento Lateral

Para aprender a buscar opciones e ideas nuevas que faciliten la resolución de conflictos se puede utilizar e incentivar  “El Pensamiento Lateral   para lo cual se recomiendan diversos ejercicios que pueden aplicarse a manera de juego, en estos ejercicios no existe trampas, sino buscar la solución de una manera distinta a la comúnmente abordada, las soluciones  a veces generan expresiones ¿Cómo no se me ocurrió?

Enmarcado en la definición dada en Wikipedia, su objetivo  es buscar representar otros caminos alternativos que no estamos acostumbrados a usar, dado que estamos habituados a pensar en una sola dirección y dar por obvio aquello que no lo es. Según el autor, la mayoría de la gente tiende solo a ver una forma de resolver el problema.

Se puede inferir de lo anteriormente expuesto que existen diferentes formas de resolver un problema que muchas veces no son visibles a simple vista por lo cual debería buscarse otras soluciones, rompiendo con  la lógica que se ha  aprendido y utilizado durante décadas con el pensamiento de tipo vertical, esta   transgresión lleva a   encontrar nuevos caminos que antes podían no haberse visto. El pensamiento vertical  crea patrones y adapta las novedades a lo que conoce, mientras que el lateral está dispuesto a explorar esas nuevas situaciones para ver a donde conducen. Aprender a buscar nuevas opciones implica entender que la solución a los problemas puede encontrarse  en el otro, que a veces es necesario romper con paradigmas para encontrar nuevos caminos los cuales, en muchas ocasiones, no son los más evidentes.

La Comunicación

La auténtica educación tiene como fin el desarrollo integral de la persona, por eso debe proporcionar, además de conocimientos, valores, creencias y actitudes frente a distintas situaciones. Para  encarar esta tarea  se debe   estimular la comunicación y erradicar todos los aspectos que no la hacen efectiva.

La comunicación es prevención porque posibilita  encontrar un espacio, ser protagonistas, aprender a respetar al otro, ayuda a formar el espíritu crítico, viabiliza la capacidad de aceptar el error como incentivo, para la búsqueda de otras alternativas válidas y ayuda a superar las dificultades porque la carga se reparte.

Es por ello que el docente debe promover la participación, la comunicación interpersonal, la asunción de responsabilidades y el aprendizaje cooperativo. A través de técnicas y estrategias diferentes tales como: el debate, asambleas, teatro, juegos cooperativos, talleres, fiestas, campeonatos deportivos, entre otros, orientando a los jóvenes hacia la autogestión y la autodisciplina mediante la distribución compartida de responsabilidades estableciendo entre otras cosas normas claras y consensuadas,  etc.

Si se  parte  de considerar a  la comunicación como el elemento principal para evitar la violencia escolar, se hace importante el que los docentes aprendan a comunicarse de manera efectiva, y para eso es imprescindible aprender a escuchar de manera activa.

Escucha activa

Es una manera de escuchar con atención lo que la otra persona  dice con el objetivo de intentar comprenderlo. En el proceso de comunicación la persona que utiliza la escucha activa le trasmite al emisor lo que este ha dicho, destacando el sentimiento que contenía el mensaje. Por lo tanto, es importante resaltar que se ha entendido no únicamente lo que ha expresado  el emisor sino también lo que siente.

Aunque se comprendan los sentimientos de la otra persona, esto no significa que se esté de acuerdo con lo que dice o piensa la otra persona.

Las técnicas de escucha activa

  • Mostrar interés: favorecer que la otra persona hable.
  • Clarificar: aclarar lo que ha dicho, obtener más información y así ayudar a ver otros puntos de vista.
  • Parafrasear: se trata de repetir con tus palabras lo que la otra persona ha dicho, por lo tanto no debe expresar las ideas propias ni las opiniones. Se puede empezar la frase diciendo… “si lo he entendido bien, lo que me estás diciendo es…”
  • Reflejar: mostrar a la otra persona que se entiende lo que ella siente. Esta técnica permite reflejar los sentimientos de la otra persona que habla.
  • Resumir: centrar el tema destacando las ideas principales de lo que la otra persona  ha expresado.

Cuando se escucha de forma activa no se hace únicamente escuchando sino que también se hace a partir del lenguaje no verbal  y por lo tanto se debe tener en cuenta: contacto visual, un tono de voz suave, gestos acogedores y una postura corporal receptiva.

Cuando se escucha de forma activa, Uranga (1998) plantea que:

  • No se cambia de tema cuando la persona habla.
  • No se valora, no se juzga, no se anima ni aconseja.
  • No se piensa en rebatir lo que el otro dice mientras habla.
  • Se exploran los sentimientos además de los hechos.
  • Se observa el lenguaje no verbal.
  • Se hacen preguntas abiertas, es decir, preguntas que permitan al que habla expresarse más, explorar y profundizar en lo que ha pasado. Preguntamos acerca de sus necesidades, sus preocupaciones, sus ansiedades y sus dificultades.
  • Se parafrasean los puntos principales para ayudar a quien habla a comprender el conflicto, dándole la oportunidad de ver en otras palabras lo que ha expresado.

Fuente: quadernsdigitals.net

Los ambientes violentos causan daños cerebrales en niños

Las experiencias de los primeros años de vida de un pequeño son la base del crecimiento del cerebro. Los primeros tres años de vida son fundamentales para establecer los cimientos sobre los que se construyen la salud, la capacidad de aprendizaje y el bienestar.  Y es durante esta etapa cuando, a un ritmo superior que en ningún otro, se producen la mayor cantidad de conexiones neuronales y se forma la arquitectura física del cerebro.

Los científicos han confirmado, gracias a varios estudios, que las experiencias durante la primera infancia tienen un papel esencial en la arquitectura cerebral. Y demostraron que el estar expuesto a situaciones de violencia o de adversidad durante los primeros años de vida puede ocasionar cambios físicos en la estructura de las conexiones neuronales.

Esto se debe a que las neuronas o células nerviosas permiten que los niños respondan a los estímulos que les rodean, y constituyen los bloques con los cuales se construye su cerebro. Por lo que, un niño expuesto a condiciones de adversidad, problemas, violencia y ambientes tóxicos, durante la primera infancia, desarrolla menos conexiones neuronales y revertir estos resultados más adelante es complicado y costoso.

Fuente: padresehijos.com.mx

 “En esa estrella está mamá”

Pilar Álvarez

Al anochecer, tía y sobrina salen al patio a mirar las estrellas. Una sola, en realidad. “En esa estrella está mamá”, le dice Pilar a la niña.

-¿Le habrán dado bien de comer allí?- pregunta la pequeña.

-Claro, cariño.

Los psicólogos le recomendaron que le dijera la verdad adaptada a sus cuatro años de edad: mamá se ha ido para siempre.

Cristina Martín-Tesorero Contento, de 38 años, fue asesinada por su marido el 5 de febrero en la casa familiar de Mora (Toledo), un pueblo con 10.315 habitantes que vive del olivo y que se ha volcado con los homenajes a su vecina. Llevaba más de 20 años luchando contra la consecuencia de la primera operación a la que se sometió después de que le detectaran el síndrome de Meniere, una enfermedad rara que empezó a sufrir de adolescente. Por las complicaciones de aquella primera visita al quirófano acabó en una silla de ruedas. Y además tenía hipersensibilidad en el lado izquierdo del cuerpo.

Conforme avanzó la enfermedad le dijeron que no volvería a andar, pero no se resignó y consiguió levantarse de nuevo. La habían operado decenas de veces para colocarle distintos implantes. Algunas de esas intervenciones duraron más de 10 horas. Su familia perdió la cuenta de las veces que entró en quirófano. “Cuando llevábamos 33 operaciones, dejamos de contar”, dice Pilar, su hermana mayor, una ingeniera de 45 años que dejó su trabajo en Madrid cuando su madre enfermó de cáncer y volvió a casa a cuidar de los suyos. Está sentada en el salón de la casa, al lado del sillón en el que dormía su hermana, junto a un aparador marrón plagado de fotos de Cristina: sonriente, con el traje de novia, con su niña, con los ojos azules mirando a cámara. Pilar y Vicenta visten de negro. Tobías, como ellas, tiene la mirada encogida de llorar.

Ha pasado muy poco tiempo. Aún hablan de ella en presente. Aún se sobresaltan cuando llega una de sus horas de medicación. Comía como un pajarillo, apenas algo de pollo cocido sin nada de sabor. La sal la tenía prohibida. Las visitas al hospital Gregorio Marañón de Madrid, donde están los especialistas que la trataban, eran continuas. “Soy vuestro conejillo de indias”, les decía con una carcajada cada vez que probaban un tratamiento nuevo. Tenía mucho sentido del humor. Se reía porque “pitaría en el aeropuerto” después de que le colocaran uno de los implantes. Y tenía también mucho carácter. “Con la mala leche que tienes volverás a andar”, le decían de broma sus médicos.

La familia pasa del llanto a la risa gracias al hijo de Pilar, un bebé de 17 meses que corretea por el salón ajeno a lo que ha pasado. “Menos mal que los tenemos a ellos”, dice Tobías. El bebé y la niña. “Hemos querido hablar de Cristina por su hija, para que tenga un bonito recuerdo de su madre. No olvides poner que era una luchadora”, pide Pilar.

De él, de su presunto asesino, prefieren contar poco. A la niña le han dicho que se ha ido “muy, muy lejos” por no explicarle aún que está en la cárcel de Ocaña. Pilar fue al colegio a pedir que la cuidaran de comentarios. Pero la niña volvió un día a casa contando que su padre le había clavado un cuchillo a su mamá.

Aquel domingo, después de comer todos juntos, estaban en casa la abuela, Cristina, su marido y el hijo de Pilar. Tobías, Pilar y la niña se habían ido a Madrid a comprar una sillita para el coche. Rafa, el marido, llevaba a sus 43 años más de dos años sin trabajar, con “depresión”. Se habían conocido por internet. Cristina, que casi no salía de casa, comenzó a hacer amigos en la red y se enamoraron. Rafa venía de Canarias. Se mudó al pueblo hace 12 años. Lo aceptaron como a un hijo y empezó a trabajar en la empresa familiar, una distribuidora de cerveza que Tobías tuvo que retomar tras jubilarse después de que su yerno dejara el negocio de lado y se encerrara día tras día en su habitación. No habían puesto ninguna denuncia, aunque Cristina llamó una vez al 016 para pedir ayuda después de que la insultara y la amenazara. Y la familia había consultado para intentar ingresarlo. “Temíamos por él. Nunca pensamos que pudiera pasar nada así”, dice su padre.

A Cristina Martín-Tesorero le encantaba tener la casa llena de gente. Sus primos la visitaban para las fiestas de cumpleaños, que se celebraban allí. “A pesar de las dificultades nunca perdió su gran sonrisa”, escribe uno de ellos. “Recuerdo el verano que, de niños, nos dedicamos a componer canciones”, relata otro en los mensajes que ha recogido Pilar. “Recuerdo la alegría que me produjo verla avanzar vacilante por el salón”, añade un tercero. En la casa de planta baja y sin barreras, que los padres construyeron para ella y su marido, acabaron viviendo todos para cuidar de Cristina, para atender a Vicenta.

Cristina adoraba a su hija. La tuvieron por vientre de alquiler en Estados Unidos. Nunca se perdía sus funciones en el colegio y cada noche era ella la que se acercaba a su cama a leerle un cuento. Siempre le encantó leer.

La niña también cuidaba mucho de su madre. Por eso ahora le preocupa si comerá bien en el cielo. Al anochecer salen a hablar con su estrella. “Pero no hay que llorar, tía. Yo no lloro, yo soy muy machota”.

Fuente: politica.elpais.com/

 

Devolverles los espacios públicos urbanos a  los niños

“El mayor problema de los niños en las ciudades es que nunca están solos entre ellos, sin adultos”, sostiene el psicopedagogo y dibujante Francesco Tonucci, también conocido como Frato.

Tonucci percibe que  los padres tienen  temor de permitirles a los niños desplazarse solos en el espacio urbano debido al tránsito vehicular y  a  la violencia, un fenómeno que el experto italiano considera tiene un sesgo mediático.  Explica que esto se debe en parte a  los efectos de la globalización,  y  también a la sobreinformación a través de los medios de comunicación, de realidades extranjeras y muchas veces distintas a la vernácula.

Este especialista  puso en ejecución el proyecto  La ciudad de los niños, en demarcaciones de Argentina, España  e Italia  donde  los pequeños se van solos a la escuela, y en el trayecto, como es el caso de Roma, pueden poner multas morales a los vehículos estacionados sobre  las aceras.

 ”Si devolvemos las plazas a los pequeños, no necesitamos ludotecas (salas infantiles de juego)”, asegura Tonucci, quien difunde esta iniciativa en  su libro Cuando los niños dicen ¡basta! Con la Fundación Germán Sánchez Ruipérez. Un proyecto internacional del  Instituto de Ciencia y Tecnología del Conocimiento y el Consejo Nacional de Investigaciones en Roma.

Este maestro considera que las personas han  destruido las ciudades,  al tiempo que se cuestiona sobre si se podrán restaurar sin hacer algo creativo,  “Los adultos deben encargarse de que el barrio sea para todos y de ayudar a los niños”, acota,  a la vez que defiende que no se debe permitir que los más pequeños no puedan cruzar la calle porque los conductores se detienen sobre el paso de cebras, lo que para él supone considerar los carros como más importantes que los niños.

Asimismo, percibe que prevalece  un control permanente de  los pequeños, lo cual considera como el hecho más grave y el que afecta más negativamente la vida de un niño: ”Antes los niños podíamos salir de casa solos y pasábamos mucho tiempo libre sin control directo de los adultos. En ese lapso teníamos el desarrollo más fuerte. Era el tiempo del descubrimiento, de la maravilla, de la sorpresa, del placer. Estas experiencias se niegan hoy a los niños”.

Francesco Tonucci  considera que en la actualidad las condiciones sociales y ambientales de  las ciudades son peores, y exhorta a  los adultos a buscar posibles soluciones para que el barrio sea para todos, mientras asegura que si en la calle sólo hay vehículos, es peligrosa.

“En el Gran Buenos Aires se han puesto en marcha corredores escolares inspirados en mi propuesta. En ellos, la delincuencia ha bajado notablemente sin llamar a la policía. Los comerciantes y los ciudadanos ayudan a los niños. Este resultado nunca se habría obtenido con un aumento de la defensa. Cuanto más se cierra, más peligro. Cuanto más se abre, más seguridad”.

Lamenta que muchos niños vivan sin la posibilidad de elegir un compañero para jugar, a pesar de que un día deberán elegir un compañero para toda la vida, y no sabrán cómo  hacerlo. “Los pequeños están obligados a jugar con los compañeros, con los hijos de los amigos paternos o con los compañeros de las actividades extraescolares”.

“Son las dos caras del mismo problema. Por un lado, la imposibilidad de un pequeño de vivir cerca de otros niños porque muchos son hijos únicos, una situación que les resta autonomía. Por otro, el no poder salir de casa, encontrar otros niños y elegir un compañero de juegos” colige Tonucci.