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Cómo promover el respeto desde el aula

Si el profesor no practica la tolerancia y la aceptación de las virtudes y defectos de sus alumnos, difícilmente recibirá mensajes positivos y de respeto hacia él de los estudiantes

El respeto es uno de los valores más importantes que debemos cultivar desde el hogar y la escuela, con nuestra familia, amigos y todas las personas que están alrededor. Es la base sobre la que se sustentan las relaciones entre las personas y por lo tanto, es esencial para que exista una sana convivencia y armonía dentro de la comunidad.

La importancia del respeto

El respeto es un valor que aparece en cualquier relación social e interpersonal. En la escuela el respeto debe servir como guía en las situaciones de interacción que se dan entre los estudiantes, entre los profesores, entre los directivos y los profesores, entre los estudiantes y los profesores o entre los padres y los profesores.

Que haya respeto dentro del aula significa aceptar las reglas y las normas que se han acordado y cuidar las instalaciones usándolas de manera correcta sin dañarlas, entre otras actitudes.

Si por ejemplo se insulta, menosprecia, se engaña o se grita sin motivo, se pierde el respeto y con ello, la escuela pierde fuerza a la hora de buscar su fin primordial que es la enseñanza de valores. Además la convivencia será caótica e insostenible y la educación será imposible.

Aprender a respetar a los compañeros en la clase

Partimos de la base de que la familia debe ser la cuna del aprendizaje y el fomento del respeto. Si un niño no respeta a sus padres, será difícil que lo sienta por otras personas.

Para poder promover respeto en la escuela, los profesores y los directivos deben hacer cumplir las reglas estableciendo límites claros, escuchando a los padres y a los alumnos, negociando democráticamente con ellos y sobretodo, sirviendo de ejemplo y modelo de comportamiento.

El respeto es algo mutuo

Si el profesor no practica la tolerancia y la aceptación de las virtudes y defectos de sus alumnos, difícilmente recibirá mensajes positivos y de respeto hacia él de los estudiantes.

Además, el profesor debe ser visto como un guía que sirve de apoyo a sus alumnos en el proceso de enseñanza y alejarse de la imagen de profesor autoritario al que se debe temer. El miedo es un sentimiento que dista mucho del respeto.

En resumen, para que el niño aprenda a respetar es importante que tanto la familia como los profesores en la escuela le enseñen a hacerlo desde el ejemplo para generar relaciones sanas y efectivas. No enseñarlo desde la imposición y actitudes estrictas.

Normas para promover el respeto

Para promover el respeto en la escuela, los alumnos, los profesores, los directivos o el personal de mantenimiento, son responsables de contribuir a la causa mientras estén en la escuela. Para ello, existen una serie de normas que se pueden cumplir para que las relaciones serán armónicas:

• La primera de todas, respetar a todas las personas que conforman el colegio.

• Los profesores deben reconocer la cualidades de cada alumno y felicitarlos mientras se ayuda a todos los demás a saber valorar las cualidades del otro.

• Las críticas, las burlas y los juicios que no tienen carácter constructivo no se deben permitir.

• Enseñar a respetar las reglas de los juegos y las actividades que se realicen.

• Fomentar la integración y la comunicación.

• Enseñar a valorar el trabajo y esfuerzo de todos los integrantes del colegio: profesores, administración, personal de limpieza, etcétera.

Fuente: https://www.elmanana.com/

Educar en valores: el trabajo

El trabajo es uno de los valores más importantes que debemos enseñar a nuestros hijos,  con él adquirimos cualidades como la laboriosidad, perfección en la tarea realizada, la puntualidad, la alegría, el optimismo, la justicia, etc.  que nos hacen mejores y nos ayudan a mejorar a los demás.

Con el trabajo se desarrolla la personalidad, se enriquece nuestra cultura, establecemos relaciones y vínculos personales con los que podremos contribuir a servir a la sociedad, hacerla progresar y mejorar las condiciones de vida de los seres humanos.

La laboriosidad, significa hacer con cuidado y esmero las tareas, labores y deberes que son propios de nuestras circunstancias. También implica el ayudar a quienes nos rodean en el trabajo, la escuela, e incluso durante nuestro tiempo de descanso; los padres debemos mirar por el bienestar de toda la familia y el cuidado material de sus bienes; los hijos, además de estudiar deben ayudar en las tareas domésticas.

¿Cómo enseñarles laboriosidad?

  • El ejemplo: el aspecto más importante es el modelo que los padres representamos para el niño, si ellos cumplen horarios laborales específicos, o realizan esfuerzos en tiempo y habilidad para entregar trabajos encargados. Nuestros hijos perciben que el mundo del trabajo es algo natural que forme parte de la realidad social, de la vida familiar y que favorece el sostenimiento y calidad de vida de la familia.
  • Debemos delegar en él actividades sencillas(desde los dos años y medio en adelante) que pueda hacer, como llevar una prenda, recoger algunos juguetes, ayudar a mamá a “hacer” la cama; recoger un plato de la mesa. Actividades que van instrumentado el esfuerzo sano en el niño desde temprana edad.
  • Participamoscon él en las tareas, labores, que le son impuestas en el jardín, colegio, escuela, que requieren la activación de las habilidades en nuestro hijo, y que, en nuestra compañía, puede adquirir un aspecto placentero y productivo en su consecución.
  • Es importantísimo valorar los trabajosdel niño (inicialmente educativos) puesto que son el fruto de su proceso o habilidades en pleno desarrollo.
  • Es muy recomendable presentar el trabajo nuestro hijo como una labor honrosa, fructífera, de modo que él percibe que el trabajo dignifica al hombre y a la familia, y no como una carga pesada donde los padres después de una jornada extenuante llegan a quejarse y maldecir la existencia.

Beneficios de la laboriosidad para el niño:

  • Consolida valores importantesligados a ella: disciplina, responsabilidad, carácter industrioso, perseverancia.
  • Valoración de las propias actividadesque el niño logra por sus medios y esfuerzos.
  • A largo plazo los capacita para adscribirse a empresas, organizaciones donde desempeñar un rol.
  • Valoran del trabajode sus padres y el de los demás.
  • Afrontan  los desafíosque se les presentan y necesitan su diligencia para superarlos.

Aristóteles dijo:

 “El placer en el oficio trae perfección en el trabajo”

 

Se trata de ser exigentes para obtener un trabajo bien hecho y no para “salir del paso”. Podemos relacionar este punto con la responsabilidad.

El valor de la puntualidad es la disciplina de estar a tiempo para cumplir nuestras obligaciones: en el colegio, con los amigos, una reunión para entregar un trabajo del colegio, etc.

El valor de la puntualidad es necesario para aprender a ser eficaces y ordenados en el trabajo, así se podrán hacer más actividades, realizar un trabajo mejor hecho y obtener la confianza de los demás.

Los niños van tomando conciencia del tiempo conforme van creciendo o también, cuando comprenden el funcionamiento de las agujas del reloj. Por eso, la puntualidad es también una forma de diferenciar el tiempo de ocio del tiempo de trabajo propio de la rutina escolar y las actividades extraescolares.

 

¿Cómo conseguir que los niños sean puntuales?

  • Es necesario que nuestro hijo comience a valorar la importancia de hacer una determinada tarea en un tiempo determinado. Para ello, es importante el diálogo con él y hacerle comprender las consecuencias de no llegar a la hora convenida a un sitio (por ejemplo llegar tarde al cine).
  • Es bueno crear rutinas, no sólo porque ayudan a nuestro hijo a sentirse seguro sino que además le ayudan a crear hábitos. Poco a poco, irá aprendiendo que esta serie de pequeñas acciones, tienen que llevarse a cabo en un tiempo determinado.
  • Los niños deben conocer qué tipo de sentimientos desencadena alguien impuntual. Un valor importante es enseñar a los niños a no hacer a los demás aquello que no les gustaría a ellos mismos. Por lo tanto, han de comprender cómo se siente alguien cuando espera a una persona que no llega.
  • Hay que enseñar a los niños que lasdistracciones les llevarán a ser impuntuales. Hacer una tarea requiere su concentración, sobre todo en la infancia, donde la abstracción es mayor. El niño no podrá vestirse bien y con agilidad, si la televisión está encendida y están emitiendo sus dibujos favoritos.
  • Las personas aprendemos a partir de la experiencia, por ello aunque los padres mantengan un diálogo constante con los niños para educarles en valores, en ocasiones tienen que aprender de sus propios errores y experimentar ellos mismos qué ocurre si son impuntuales.
  • La puntualidad se enseña a los niños con el ejemplo, si los padres suelen llegar tarde a los sitios, los niños no valorarán la importancia de llegar a un lugar a la hora convenida.
  • Nuestros hijos deben saber que las personas impuntuales van perdiendo la credibilidad y el respeto de los demás. Si el niño no llega a tiempo a jugar su partido de futbol un día tras otro, quizás dejen de contar con él para próximos encuentros.
  • La impuntualidad puede hacer perder grandes oportunidades a las personas. Hacer comprender a nuestro hijo lo que puede perderse si  siempre llega tarde a los sitios, ayudará a que comprenda la importancia de este valor.
  • Nuestros hijos deben saber que algunos imprevistos pueden hacer que alguien no llegue a tiempo o que la tarea no se realiza en el tiempo determinado. Para evitar estos imprevistos es conveniente dar un poco más de tiempo a cada tarea y no ir con prisas y a última hora.

La impuntualidad da una mala imagen de uno mismo. Una persona impuntual es vista por los demás como poco seria o con una incapacidad de organizar su tiempo. Cómo nos ven los demás y que las personas tengan una buena impresión de nosotros habla bien de nosotros

 

Fuente: 

sinalefa2.wordpress.com

Psicóloga clínica apunta a analizar ‘valores y principios’ en el hogar de los estudiantes

La psicóloga Paola Flaquer considera que en la sociedad hay una conducta “hipersexualizada” infantil.

Deyanira Polanco
[email protected]
Santo Domingo, RD

Más que crucificar a las niñas que se grabaron en ropa interior en una es­cuela, y que amerita un régimen de consecuen­cia, hay que tomar en cuenta que esa acción in­apropiada provoca tras­tornos sicológicos en esas menores de edad que van desde la depresión, an­siedad y hasta trastornos alimentarios.

También las convierte en vulnerables ante los abusos sexuales y maltra­tos por parte de adultos, adolescentes y compañe­ros, y ser “hipersexuali­zadas” a una corta edad.

Así lo explica la sicólo­ga clínica, de salud e in­fanto-juvenil, Paola Fla­quer, quien rechaza que sean expulsadas de la es­cuela las adolescentes y más que todo, que se les ofrezca ayuda sicológica y educación sexual.

La parte de expul­sión, eso resolvería el problema para el centro escolar, porque es más lo de resolver el problema, pero para las niñas se re­quiere una buena sico-educación y buscar ayu­da no solamente para ellas tres, sino porque es una situación a nivel de la sociedad que no se re­suelve solo con expulsar a esas tres niñas, sino que necesita mucha educación sexual”, explicó al ser en­trevistada por Listín Dia­rio.

Entiende que con la ex­pulsión se le estaría qui­tando la base segura de los estudiantes, que es la escuela y que debe ser el lugar que apoye con la educación de los niños y niñas.

“Los vamos a dejar más vulnerables todavía, sin ese espacio? Lo importan­te debe ser mucha edu­cación, buscarles ayuda, terapia, trabajar esa au­toestima. Trabajar en ese sentido crítico de qué con­secuencia me trajo eso, y por qué no puedo volver­lo a hacer y, más que todo, prevención en las escue­las, trabajar la educación sexual que es tan necesa­ria”, agregó la experta.

Explica que lo que es­tá pasando en la socie­dad es una conducta “hi­persexualizada” infantil, de niñas que no tienen la edad suficiente e incurren en acciones sin prever las consecuencias, tanto a ni­vel personal como social.

“Estamos dándole mu­cho valor a la imagen de estas niñas, en cuanto las redes, en cuanto a lo que ellas mismas ven en la te­levisión y en otros medios. Se le está dando mucha importancia a su imagen corporal, lo que puede lle­varlas a mucha ansiedad, depresión, trastorno de la conducta alimentaria, ba­ja autoestima. Esas son las consecuencias que tie­ne como sociedad el peso que se le está dando a esta imagen corporal, al cómo me veo”, afirma Flaquer.

Por otro lado, dijo que la mujer se está vendien­do como objeto sexual y al hacer esos videos, lo que buscan es “la validación de otras personas, sobre todo de hombres, y más a esa edad”.

Destacó que esas accio­nes privan la parte de su desarrollo de una infancia sana, donde “crecen” rápi­damente y eso las puede llevar a desigualdad, vio­lencia de género, abusos sexuales, porque asumen un rol que no les corres­ponde a esa edad.

“Están en una fase vul­nerable, frágiles ante cual­quier situación donde se puedan manipular estas niñas”, sostuvo, por lo que se requiere de mucha edu­cación sexual en las escue­las, desde temprana edad.

Recomendaciones
La especialista en la con­ducta infanto-juvenil ins­ta a los padres para que sean abiertos y mantener una comunicación cla­ra con los niños y niñas, donde les expliquen las consecuencias de este ti­po de situaciones y hasta dónde pueden llegar es­tos videos.

Igual, tener controles de las redes sociales, donde los padres sean más vigi­lantes y que los hijos ten­gan la confianza de ha­cerles preguntas sobre sus dudas y no buscarlas por fuera.

Otra recomendación es que los adultos analicen los valores y principios que están transmitiendo a los niños y las niñas y tra­tar de ser un modelo de lo que quieren transmitirles. Y también las escuelas im­partir mucha educación sexual.

Lo principal debe ser desarrollar un sentido crí­tico, que no todo lo que vea en medios de comuni­cación deben imitarlo.

En cuanto a los teléfo­nos inteligentes, la exper­ta opina que “no podemos aislar a esos niños de los medios”, pero es bueno te­ner supervisión.

Los teléfonos inteligentes
La especialista en con­ducta infanto-juvenil ad­vierte que no se puede aislar a la niñez de los teléfonos móviles por­que esa información está ahí, pero es importante comunicarse con ellos. Que no todo lo que ve­mos es bueno y que no es necesario copiarlo.

Educación, comportamiento humano y coronavirus

¿Qué aprenderemos de esta situación?

Me temo que muy poco.

Mientras oímos decir a muchos que ya las cosas no volverán a ser igual, la realidad es que estamos cambiando muy poco. Seguimos en nuestro materialismo, en nuestro monetarismo, egoísmo, vanidad, superficialidad…

Entiendo que una cosa sí deberíamos aprender de la pandemia. Es justamente ésta: qué es la educación.

Porque la situación en que nos encontramos nos está diciendo a voces que no necesitamos ciudadanos que conozcan el teorema de Pitágoras o el teorema fundamental del álgebra. ¿Para qué nos sirve si no nos hace seres humanos mejores?

Necesitamos ciudadanos que sean dueños de sí mismos, libres de ataduras: caprichos, ansiedades, egoísmos, deseos de dominar y sobresalir, afanes de placer, de dinero, de poder, y éxito.

Necesitamos seres humanos responsables.

Necesitamos seres humanos que sepan usar y usen su inteligencia.

Seres humanos libres, responsables e inteligentes, esto es lo que debe producir la educación.

Si no aprendemos esto, sirve para poco la educación.

Recordemos que la forma más auténtica  de llamar a la educación entre los  romanos era “disciplina”. Con esta palabra traducían la paideia griega.

Seres educados son seres disciplinados, seres disciplinados son seres: libres, responsables e inteligentes.

Esos seres humanos libres, responsables e inteligentes son el mayor tesoro que tiene una sociedad.

 

 

Dr. Angel Palacio SS. Th. D

Director del Colegio Decroly

Minerd exhorta a celebrar la navidad en valores y paz

El ministro de Educación, Antonio Peña Mirabal, envió este jueves un mensaje de felicitación a toda la comunidad educativa con motivo de la celebración de la Navidad, al tiempo de exhortar a las familias dominicanas celebrar estas fiestas en unión y apego a los valores cristianos que promueven la paz como enarbola la Revolución Educativa.

Peña Mirabal recordó que durante su gestión la cultura de paz es una prioridad, así como la inclusión de las Asociación de Padres, Madres y Amigos de la Escuela (APMAE) en los procesos de formación estudiantil, una acción que en esta época cobra vital importancia.

“En estas fiestas navideñas quiero desearles una Feliz Navidad a todos los dominicanos, en especial a la comunidad educativa y sus principales actores que son los maestros, los estudiantes y las familias, esta última de una trascendencia importantísima por ser el núcleo de toda sociedad”, expresó el titular del MINERD.

Asimismo, Peña Mirabal instó a los padres, madres y tutores a concienciar a los niños para que, pasadas las fiestas navideñas y de Año Nuevo, retornen con entusiasmo a la escuela para aprovechar y cumplir con el Calendario Escolar.

Material para trabajar los valores del mes de septiembre en el aula

La siguiente estación hace énfasis en la vivencia de dos valores fundamentales: Paciencia y Fortaleza, que son esenciales para la construcción de la paz en los centros educativos y para la formación de líderes y para el fomento de la participación en la escuela. Amar la escuela, sirviendo a nuestra escuela, día a día.

Competencias Fundamentales

  • Ética y Ciudadana.
  • Comunicativa.
  • Desarrollo personal y espiritual.

Indicadores de Logros

  • Desarrolla actitudes de liderazgo.
  • Colabora con espontaneidad en las actividades que promueven la participación estudiantil
  • Participa en la elección y el buen funcionamiento de los consejos y comités de cursos estudiantiles.
  • Sabe trabajar en equipo
  • Comunica de manera asertiva sus ideas.

http://www.educando.edu.do/portal/wp-content/uploads/2019/09/Estacion-2-Nos-Organizamos-septiembre.pdf

Fuente: Educando

La importancia del perdón para la estabilidad emocional

La práctica del perdón se ha demostrado que reduce la ira, el dolor, el estrés y la depresión, y conduce a una mayor sensación de esperanza, paz, compasión y confianza en uno mismo. Practicar el perdón conduce a relaciones saludables, así como mejora la salud física. También influye en nuestra actitud la que abre el corazón a la bondad, la belleza y el amor.

El perdón, ¿quién sale ganando?

Lo cierto es que, hablando de un tema como el de perdonar y olvidar cuando te hacen daño, parece un poco estúpido plantear la pregunta de quién sale ganando al hacerlo. Pero es la mejor forma de orientar el tema y empezar diciendo algo revolucionario: Ambos salen ganando.

Tanto la persona que pide perdón como la que perdona, consiguen una paz interior que es muy difícil de conseguir por otros medios, por lo que conviene practicarlo siempre que sea necesario.

Evidentemente, hay que practicarlo de corazón, porque, de lo contrario, no sirve de nada. Pedir perdón y perdonar deben ser actos puros para que la conciencia quede tranquila. Si no lo son, no sirve de nada, y no conseguirás ninguna mejora.

Vamos a ver qué beneficios aporta el perdón para cada uno de los que participan en el proceso. Veamos, primero, qué beneficios recibe quien pide perdón, y después, qué beneficios recibe quien perdona.

¿Qué beneficios aporta pedir perdón?

El primer y más obvio beneficio de pedir perdón es que, una vez lo haces, reconoces que has hecho algo malo y que has hecho daño a otra persona, liberándote de la presión que tenías en la conciencia por saber que habías hecho algo malo, pero no reconocerlo.

Es en el momento en el que se pide perdón en el que se exterioriza esa carga que, hasta el momento, se llevaba en la conciencia, liberando así un gran peso y quedando libre para poder continuar con la vida.

Es evidente que hay algunas personas que no necesitan pedir perdón, porque consideran que lo que hicieron no fue algo malo, por ejemplo.

Sin embargo, aquellas personas que saben que hicieron algo equivocado o incluso inapropiado, pero no lo reconocen frente a la otra persona por orgullo, encontrarán un gran placer en pedir perdón.

Pedir perdón es, en muchos casos, un acto de absoluta valentía, porque es muy difícil enfrentarse a la conciencia y exteriorizar los sentimientos negativos que uno tiene sobre sí mismo, consciente de haber hecho algo malo.Aunque esto forma parte de una cierta tradición cristiana (aunque no solo), conviene que, una vez se haya pedido perdón, se plantee alguna forma de reparar el daño causado. Esta es la mejor forma de hacer que la conciencia quede en paz, incluso aunque la otra persona no exija nada.

Y si no sabes cómo pedir perdón, lo mejor es que lo hagas sin planteártelo, sin prepararlo. Acude a su casa y déjate llevar. Si estás convencido de que debes pedir perdónlo pedirás, y mientras más natural sea, mejores resultados obtendrás.

Cómo pedir perdón: 4 pasos

Paso 1: Admitir la culpabilidad: aceptar la responsabilidad de nuestros actos y que éstos han causado algún tipo de dolor o malestar en otra persona, es el primer paso. Incluso los niños pequeños son capaces de darse cuenta cómo su mal comportamiento hace que otros se sientan mal.

Paso 2: Pedir disculpas: pero es importante pedirlas de corazón. Es fácil darse cuenta de cuando se trata de una disculpa vacía cuando lo oyen. Una verdadera disculpa no es “Lo siento sé que estás molesto”. Una verdadera y auténtica disculpa es aquella en la que se dice “Lo siento, porque mi mala acción (o palabras) te han causado daño. Reconozco que sientes dolor debido a lo que hice (o dije)”.

Paso 3. Si quieres ser perdonado, pregunta cómo enmendar el error: si la otra persona ve que tienes buena intención y deseos de solucionar lo ocurrido, es mucho más probable que te ofrezca su perdón, pues verá que hay un sincero arrepentimiento.

Paso 4: Practica: no te ocultes bajo una capa de orgullo, pues el orgullo es una carga muy pesada. Si has dicho o hecho algo ofensivo, discúlpate, y hazlo en todas las ocasiones que debas hacerlo, no lo postergues. Toda  habilidad puede ser cultivada.

¿Qué beneficios aporta perdonar?

Si pedir perdón tenía beneficios, más aún los tiene la capacidad de perdonar. Gracias al actor de perdonar, se suelta el dolor, se olvida el sentimiento de impotencia y de rabia, y se recuperan las esperanzas, la confianza en uno mismo, y la tranquilidad.

Hay que entender que, mientras estás en una situación de no haber perdonado a quien te ha dañado, estás resentido, y no lo estás solo con esa persona, sino que, en buena medida, lo estás con todo el mundo.

Por lo tanto, ser capaz de perdonar a esa persona implica, hasta cierto punto, arreglar la relación con el mundo, dejando el espíritu en paz, y consiguiendo una mayor estabilidad a nivel emocional y anímico.

Sobre cómo perdonar hay mucho escrito, porque tiende a ser más difícil que pedir perdón. Sin embargo, es importante entender que el perdón no requiere, necesariamente, arreglar la relación con quien te hizo daño.

El perdón es algo personal. Puedes perdonar a alguien sin hablar con él. Y, por supuesto, perdonar a alguien tampoco supone aprobar lo que hizo. Simplemente, significa reconocer que el mundo no es justo y que las personas se equivocan.

Aprender a perdonar es algo complicado, y se han escrito muchos libros al respecto. Sin embargo, al final, la mejor forma de perdonar es entendiendo qué fue lo que te hizo daño, entender que esa persona no es lo único que hay en el mundo, y seguir avanzando.

En este sentido, el perdón tiene mucho más que ver con la aceptación. Pero lo cierto es que, si quieres perdonar a alguien y retomar una relación, el primer paso que debes dar es el de la aceptación a un nivel interior.

Pasos para perdonar

  • Saber exactamente cómo te sientes y ser capaz de admitir que lo que te han hecho no está bien, es por supuesto el primer paso. Después, podrás ir a hablar con la otra persona.
  • Comprométete a hacer lo que tienes que hacer para sentirte mejor. El perdón es para ti y para nadie más.
  • El perdón no implica necesariamente la reconciliación con la persona que te ha hecho daño, ni tolerar de su acción. Lo que buscamos es encontrar la paz, dejar atrás lo sucedido y no sentir rencor.
  • Tu angustia inicial proviene de los sentimientos de dolor, pensamientos angustiantes y malestar físico que sufres en el primer momento. El perdón ayuda a mitigar estos sentimientos de dolor.
  • En el momento que sientas malestar, practica alguna técnica simple de relajación o gestión del estrés, para calmarte, deja de luchar.
  • No tengas reacciones impulsivas, es algo que las otras personas esperan de ti, pero a la larga es mucho peor y lo único que lograrás es alargar y empeorar el conflicto.
  • Pon toda tu energía en encontrar otra manera de conseguir metas positivas. En lugar de reproducir mentalmente tu dolor, busca nuevas formas de conseguir lo que quieres.
  • Recuerda que una vida bien vivida es la mejor venganza. En lugar de centrarte en tus sentimientos heridos, y por lo tanto dando a la persona que causó el dolor el poder sobre ti, aprende a buscar el amor, la belleza y la bondad en lo que te rodea. El perdón se trata de poder personal.
  • Transforma tu historia de rencor y recuerda que la mejor elección es también la más heroica: perdonar.

Como puedes ver, lograr la estabilidad emocional a través del perdón es muy sencillo. Gracias a unas simples palabras, puedes hacer feliz a otra persona, y eso es algo que une y relaja la mente… y la conciencia. ¡Pruébalo!

Fuente:psicoactiva.com

El problema de los niños de hoy en día es la ausencia de valores

Cuanto antes nos demos cuenta de lo que ocurre con nuestros niños, mejor. No existe un pasado mejor ni un futuro peor. Existe un presente, y es el que tenemos. Ni mejor ni peor: diferente. Antes eran las peleas de pandillas y las notas amenazantes en la mochila. Ahora, las peleas en el chat de una red social, aunque sea en grupos privados. Antes se escondían las revistas ‘para adultos’ bajo el colchón. Ahora, observan escenas ‘subidas de tono’ en los vídeos musicales (a veces, a escondidas).

Debemos entender en qué mundo vivimos. En ese aspecto, nada es muy diferente, sino que ha cambiado el entorno y los vehículos de transmisión de la información. Sí, ahora la avalancha de información es mayor, y los controles parentales más complejos. Pero además, lo que sí está cambiando, desgraciadamente, es el uso de la única herramienta que de verdad guía a nuestros hijos por un camino ético y adecuado: los valores. Sí, por mucho que nos duela reconocerlo, el problema de los niños de hoy en día es la ausencia de valores.

Por qué el problema de los niños de hoy en día es la ausencia de valores o los valores tergiversados

Siempre han existido abusones. Siempre víctimas. Niños más tímidos y otros más lanzados. Niños más inocentes y otros más ‘maduros’. Niños que con 10 años intentaban ver esa película no apta para menores de la que tanto hablaban los adultos… o niños que en la esquina de la calle se insultaban e incluso llegaban a las manos (muchos dirán que menos… tal vez era porque muchos casos nunca llegaban a conocerse).

Sin embargo, los niños de antes, los que ahora tenemos hijos, teníamos algo que empieza a fallar en nuestros hijos: una escala de valores. Algunos niños no saben ni qué es eso. ¿Qué es perseverancia? ¿Qué es empatía? ¿Respeto? ¿A quién? Nos perdemos entra tantas escuelas educativas, tantas teorías, tanto ‘derecho del niño’, tanta libertad, tanta demagogia… Y además no tenemos tiempo. Tiempo para hablar de verdad con ellos, para interesarnos por lo que piensan, lo que sienten… Tiempo para jugar con ellos (si, los padres pueden y deben jugar con sus hijos).

‘Las cosas claras y el chocolate espeso’, que decía mi abuela. Valores. Las cosas claras. Alguien con valores, a pesar de sus tropiezos, sus dudas, su curiosidad hacia algunas ‘tentaciones’, al final, sabrá continuar por buen camino. Y para que no quede duda, aquí tienes una lista con los valores que siempre deben reinar en el hogar:

– Respeto. Y aquí no hablo de tener miedo a los padres. Respeto, que no miedo. No se trata de usar el castigo físico. El respeto se consigue con vínculo, con ejemplo y con respeto. Pero también con normas y límites muy claros. Nada de dudas. Esta es la norma y punto. Los niños verán que sus padres se mantienen firmen en sus decisiones y no perderán credibilidad. Y por supuesto, respeto a los demás. Respeto a sus iguales. Que al fin entiendan ese ‘no hagas al otro lo que no quieres que te hagan a ti’. Así de simple. Y sí, padres de hijos ‘chinchones’: el chinchar o molestar constantemente al otro es también una forma de agresión y de falta de respeto. También el insultar y el menospreciar.

– Empatía. Es cierto que hay niños que ya de por sí tienen más empatía que otros. Son más sensibles a su entorno. Otros, sin embargo, más introvertidos, se encierran más en su mundo. Pero la empatía puede fomentarse. Utiliza mucho la comunicación. Pero la comunicación de emociones. Tal vez, las personas con poca empatía es porque tengan en el fondo un problema para reconocer y canalizar las emociones. Practica y ejercita la inteligencia emocional. Sí, tu hijo debe enfrentarse a todas las emociones: debes dejar que esté triste, que esté enfadado, que se sienta frustrado, que tenga miedo y por supuesto, alegría.

– Tolerancia. Tu hijo no vive solo en el mundo. Debe aprender desde pequeño a convivir con el resto. La tolerancia y respeto a las diferencias (sí, también opiniones) es esencial. Seguro que muchas veces tu hijo salió del colegio quejándose de algún compañero por su forma de ser. Bien, ahí entras tú. Si la queja no es por un comportamiento agresivo, si es solo porque no le gusta cómo juega o cómo habla…si es porque no le gusta su forma de explicar las cosas… ahí estás tú para explicarle que es un deber respetar la forma de ser de los otros. Sin más.

– Coherencia. No puedes exigir algo a tus hijos que tú no cumples. O pedir una cosa y al día siguiente otra totalmente diferente. Usa el sentido común.

– Sinceridad. Si eres el primero que miente a tu hijo, él entenderá que la mentira es algo aceptable. Ante todo, debes conseguir que entienda que la sinceridad te hace sentir bien contigo mismo y con los demás. También te ayudará a ganarte respeto.

– Gratitud. Ser agradecido ayudará a tu hijo a potenciar la amistad y a que le valoren más. Y ya sabes que la mejor forma de inculcar este valor es el ejemplo. Puedes sugerir a tu hijo que empiece a agradecer a sus amigos lo que hacen por ellos mediante dibujos, mensajes de agradecimiento… Verás el resultado que tiene.

– Humildad. Muchos de los problemas de hoy en día, relacionados con la violencia infantil, tiene que ver con la prepotencia, la falta de humildad. Son niños que o bien quieren llamar la atención de forma desesperada por una ausencia tremenda de cariño, o porque han sido tan sobrevalorados y sobreprotegidos, que se creen de verdad por encima de los demás. Cuidado. Nadie es más ni menos. Y todos cometemos errores. La grandeza está en saber reconocerlos, que nada tiene que ver con agachar la cabeza en absoluta sumisión. Es lo que tu hijo debe entender.

Sin duda, existen otros muchos valores importantes: el esfuerzo, la perseverancia, la paciencia… Todos son importantes. Pero tal vez, para la convivencia con los demás, los que hemos resaltado, sean los más esenciales.

No esperes que el colegio se encargue de todo esto. No son ellos. Eres tú. Tú el que debe enseñar a tu hijo a respetar, a tolerar y a mostrar empatía hacia los demás. Cuando son pequeños, puedes utilizar el juego. Juega con él y enséñale mediante los juegos algunos valores.

Cuando sean más mayores, aprovecha el vínculo que has creado desde que era pequeño. Ellos te admiran, te quieren y no quieren defraudarte. Enséñales con el ejemplo y tendrás mucho camino hecho.

Fuente: guiainfantil.com

El valor de enseñar a los niños a decir «gracias», «por favor» o «buenos días»

Para crear una sociedad basada en el respeto mutuo, en la que el civismo y la consideración marquen la diferencia, es necesario invertir en esas pequeñas costumbres sociales, a las que a veces, no prestamos la importancia que merecen. Porque la convivencia se basa al fin y al cabo en la armonía, en esas interacciones de calidad basadas en la tolerancia donde todo niño debería iniciarse desde una edad temprana.

Soy de la generación del gracias, del por favor y del buenos días, de la misma que no duda en decir un «lo siento» cuando es necesario. Cualidades todas ellas que no dudo en transmitir en mis hijos, porque educar en respeto es educar con amor.

Un error en el que suelen caer muchas familias es en iniciar a los niños en estas normas de cortesía cuando los más pequeños empiezan a hablar. Ahora bien, es interesante saber que el «cerebro social» de un bebé es tremendamente receptivo a cualquier estímulo, al tono de voz e incluso a las expresiones faciales de su padre y su madre.

Lo creamos o no, podemos educar a un niño en valores desde edades muy tempranas. Sus aptitudes son casi insospechadas y hemos de aprovechar esa gran sensibilidad en materia emocional. Te hablamos de ello.

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Dar las gracias, un arma de poder en el cerebro infantil

Los neurocientíficos nos recuerdan que el sistema neuronal  de un niño está programado genéticamente para «conectarse» con los demás. Es algo mágico e intenso. Incluso las actividades más rutinarias como alimentarlos, bañarlos o vestirles se convierten en improntas cerebrales que prefiguran en un sentido u otro la respuesta emocional que tendrá ese niño en el futuro.

El diseño de nuestros cerebros, por así decirlo, nos hace sentirnos inexorablemente atraídos a su vez por otros cerebros, por las interacciones de todos aquellos que están a nuestro alrededor. Así pues, un niño que es tratado con respeto y que desde una edad temprana se ha acostumbrado a escuchar la palabra «gracias», entenderá rápidamente que está ante un refuerzo positivo de gran poder y, que sin duda, irá desentrañando poco a poco.

Es muy probable que un niño de 3 años al que su padre y su madre han enseñado a decir gracias, por favor o buenos días, no comprenda muy bien aún el valor de la reciprocidad y del respeto que impregnan estas palabras. No obstante, todo ello crea un adecuado y maravilloso sustrato para que después las raíces fuertes y profundas.

Al fin y al cabo, la edad mágica comprendida entre los 2 y los 7 años, es la que Piaget denominaba como «estadio de inteligencia intuitiva». Es aquí donde los pequeños, a pesar de estar supeditados al mundo del adulto, van a ir despertándose progresivamente al sentido del respeto, a intuir ese universo que va más allá de las propias necesidades para descubrir la empatía, el sentido de la justicia y por supuesto, la reciprocidad.

madre e hija

La reciprocidad, un valor social de peso

Cuando un niño descubre por fin lo que sucede en sus contextos más próximos cuando pide las cosas por favor y las concluye con un gracias, ya nada va a ser igual. Hasta el momento, lo llevaba a cabo como una norma prosocial pautada por los adultos, algo que le confería refuerzos positivos por su buen comportamiento.

«La educación no cambia el mundo, cambia a las personas que van a cambiar el mundo»

-Paulo Freire-

No obstante, tarde o temprano experimentará el auténtico efecto de tratar con respeto a un igual, y cómo esa acción revierte a su vez en él o en ella misma. Es algo excepcional, una conducta que le habrá de acompañar para siempre, porque tratar con respeto a los demás es también respetarse a uno mismo, es actuar de acuerdo a unos valores y un sentido de convivencia basado en un pilar social y emocional de peso: la reciprocidad.

Niñas jugando

Será sobre los 7 años cuando nuestros hijos descubran plenamente todos estos valores que conforman su inteligencia social. Es ese instante en que empiezan a dar más importancia a la amistad, a saber lo que implica esa responsabilidad afectiva, a entender y disfrutar de la colaboración, atendiendo necesidades ajenas e intereses diferentes a los propios.

Es sin duda una edad maravillosa donde todo adulto debe tener muy presente un aspecto esencial: debemos seguir siendo el mejor ejemplo para nuestros hijos. Ahora bien, la pregunta mágica es la siguiente… ¿De qué manera vamos inculcando en nuestros hijos desde edades tempranas esas normas de convivencia, de respeto y de cortesía?

Te ofrecemos unas sencillas estrategias para que las tengas en cuenta, son indicaciones básicas que señalar a los niños en cada situación. Vale la pena tenerlo en cuenta.

  • ¿Has llegado o entrado a algún sitio? Saluda, di buenos días o buenas tardes.
  • ¿Te vas? Di adiós
  • ¿Te han hecho un favor? ¿Te han dado algo? Da las gracias.
  • ¿Te han hablado? Responde.
  • ¿Te están hablando? Escucha.
  • ¿Tienes algo? Compártelo.
  • ¿No lo tienes? No envidies.
  • ¿Tienes algo que no es tuyo? Devuélvelo.
  • ¿Quieres que hagan algo por ti? Pídelo por favor.
  • ¿Te has equivocado? Discúlpate.

Normas sencillas que, sin lugar a dudas, le serán de gran ayuda en el día a día.

Fuente: lamenteesmaravillosa.com

Los valores los inculcan los padres, no la escuela

Los profesores tienen una función importantísima en este aspecto, pero es el ejemplo de la familia el que cala de verdad en los hijos.

El amor incondicional, la bondad, el afecto, la honestidad, la justicia, la solidaridad, el respeto, la tolerancia… son valores necesarios para realizarnos correctamente, para crecer y ser felices. Las personas adultas deberíamos saber transmitirlos a las generaciones que nos siguen. Pero ¿por dónde empezar su enseñanza y aprendizaje? Lo principal es que todos los expertos consultados señalan a la familia como el lugar principal donde se descubren los valores. Pero ¿están las familias preparadas para este reto?

Coherencia en el testimonio

En este aspecto de la educación, los padres han de ser conscientes de que su manera de ser y de hacer familia será crítica. Para la escritora Victoria Cardona, «los padres deben saber que en la primera infancia los niños imitan todo, por lo que es muy importante ser coherentes a la hora de dar testimonio. Los valores no se enseñan. Los valores los descubren los hijos a través del ejemplo de los padres». Coincide con ella Ramón Olegario, profesor de pedagogía terapéutica del IES nº 1 de Riberia (La Coruña), para quien la educación en valores debe empezar en casa, y cuanto antes. «Si un niño ha tenido una buena base afectiva, una base armónica, ese niño tiene mucho ganado. De hecho, la escuela tiene una función importantísima en este aspecto, pero los profesores somos sólo los subsidiarios de dicha educación en valores».

La familia, prosigue Cardona, «es núcleo de la sociedad donde se educan por contagio a todos los que la integran. Pero cada familia tiene su estilo y debe estudiar qué valores quiere transmitir». Ahí es donde Javier Borrego, profesor de Ética y Antropología de la Universidad CEU San Pablohace hincapié en lo siguiente: «Los valores por sí solos no son nada. Sólo tienen su sentido cuando están ordenados y podemos señalar un valor central».

Distintas jerarquías

De ahí que Borrego proponga que cada familia se plantee qué ideal es el que le mueve. Porque, prosigue este docente, no todas las jerarquías de valores son iguales. «Puede haber familias que entiendan que lo mejor es colmar todos los deseos de los niños, y entonces los niños crecen sin enfrentarse a los problemas y disfrutando de la vida… pero a la larga será perjudicial. Pero puede haber otras familias que su ideal sea la unidad y la comunicación. Entonces se acostumbrarán a no tenerlo todo inmediatamente, a compartir. Los niños de estas familias crecerán más felices. Es así de sencillo».

De esta forma, mientras que para este profesor la educación en valores debe empezar por la enseñanza de ciertos criterios éticos y estéticos, para el profesor de pedagogía terapéutica del IES Nº 1 de Ribeira (La Coruña), hoy por hoy lo principal sería «educar en el respeto al prójimo, llevado a todos los niveles». «Yo diría que todos son importantes», apunta por su parte Victoria Camps, catedrática de Filosofía Moral y Política de la Universidad Autónoma de Bellaterra. Autora del libro «Qué hay que enseñar a nuestros hijos», Camps concluye que «el buen humor, la generosidad, la autoestima… son conceptos encadenados que se van complementado, y cuyo conjunto explica qué es eso de la felicidad».

Objetivo, una libertad responsable

Principios que se dan en casa

… Y los enemigos que nos hacen perder las referencias