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Material para trabajar los valores del mes de septiembre en el aula

La siguiente estación hace énfasis en la vivencia de dos valores fundamentales: Paciencia y Fortaleza, que son esenciales para la construcción de la paz en los centros educativos y para la formación de líderes y para el fomento de la participación en la escuela. Amar la escuela, sirviendo a nuestra escuela, día a día.

Competencias Fundamentales

  • Ética y Ciudadana.
  • Comunicativa.
  • Desarrollo personal y espiritual.

Indicadores de Logros

  • Desarrolla actitudes de liderazgo.
  • Colabora con espontaneidad en las actividades que promueven la participación estudiantil
  • Participa en la elección y el buen funcionamiento de los consejos y comités de cursos estudiantiles.
  • Sabe trabajar en equipo
  • Comunica de manera asertiva sus ideas.

http://www.educando.edu.do/portal/wp-content/uploads/2019/09/Estacion-2-Nos-Organizamos-septiembre.pdf

Fuente: Educando

La importancia del perdón para la estabilidad emocional

La práctica del perdón se ha demostrado que reduce la ira, el dolor, el estrés y la depresión, y conduce a una mayor sensación de esperanza, paz, compasión y confianza en uno mismo. Practicar el perdón conduce a relaciones saludables, así como mejora la salud física. También influye en nuestra actitud la que abre el corazón a la bondad, la belleza y el amor.

El perdón, ¿quién sale ganando?

Lo cierto es que, hablando de un tema como el de perdonar y olvidar cuando te hacen daño, parece un poco estúpido plantear la pregunta de quién sale ganando al hacerlo. Pero es la mejor forma de orientar el tema y empezar diciendo algo revolucionario: Ambos salen ganando.

Tanto la persona que pide perdón como la que perdona, consiguen una paz interior que es muy difícil de conseguir por otros medios, por lo que conviene practicarlo siempre que sea necesario.

Evidentemente, hay que practicarlo de corazón, porque, de lo contrario, no sirve de nada. Pedir perdón y perdonar deben ser actos puros para que la conciencia quede tranquila. Si no lo son, no sirve de nada, y no conseguirás ninguna mejora.

Vamos a ver qué beneficios aporta el perdón para cada uno de los que participan en el proceso. Veamos, primero, qué beneficios recibe quien pide perdón, y después, qué beneficios recibe quien perdona.

¿Qué beneficios aporta pedir perdón?

El primer y más obvio beneficio de pedir perdón es que, una vez lo haces, reconoces que has hecho algo malo y que has hecho daño a otra persona, liberándote de la presión que tenías en la conciencia por saber que habías hecho algo malo, pero no reconocerlo.

Es en el momento en el que se pide perdón en el que se exterioriza esa carga que, hasta el momento, se llevaba en la conciencia, liberando así un gran peso y quedando libre para poder continuar con la vida.

Es evidente que hay algunas personas que no necesitan pedir perdón, porque consideran que lo que hicieron no fue algo malo, por ejemplo.

Sin embargo, aquellas personas que saben que hicieron algo equivocado o incluso inapropiado, pero no lo reconocen frente a la otra persona por orgullo, encontrarán un gran placer en pedir perdón.

Pedir perdón es, en muchos casos, un acto de absoluta valentía, porque es muy difícil enfrentarse a la conciencia y exteriorizar los sentimientos negativos que uno tiene sobre sí mismo, consciente de haber hecho algo malo.Aunque esto forma parte de una cierta tradición cristiana (aunque no solo), conviene que, una vez se haya pedido perdón, se plantee alguna forma de reparar el daño causado. Esta es la mejor forma de hacer que la conciencia quede en paz, incluso aunque la otra persona no exija nada.

Y si no sabes cómo pedir perdón, lo mejor es que lo hagas sin planteártelo, sin prepararlo. Acude a su casa y déjate llevar. Si estás convencido de que debes pedir perdónlo pedirás, y mientras más natural sea, mejores resultados obtendrás.

Cómo pedir perdón: 4 pasos

Paso 1: Admitir la culpabilidad: aceptar la responsabilidad de nuestros actos y que éstos han causado algún tipo de dolor o malestar en otra persona, es el primer paso. Incluso los niños pequeños son capaces de darse cuenta cómo su mal comportamiento hace que otros se sientan mal.

Paso 2: Pedir disculpas: pero es importante pedirlas de corazón. Es fácil darse cuenta de cuando se trata de una disculpa vacía cuando lo oyen. Una verdadera disculpa no es “Lo siento sé que estás molesto”. Una verdadera y auténtica disculpa es aquella en la que se dice “Lo siento, porque mi mala acción (o palabras) te han causado daño. Reconozco que sientes dolor debido a lo que hice (o dije)”.

Paso 3. Si quieres ser perdonado, pregunta cómo enmendar el error: si la otra persona ve que tienes buena intención y deseos de solucionar lo ocurrido, es mucho más probable que te ofrezca su perdón, pues verá que hay un sincero arrepentimiento.

Paso 4: Practica: no te ocultes bajo una capa de orgullo, pues el orgullo es una carga muy pesada. Si has dicho o hecho algo ofensivo, discúlpate, y hazlo en todas las ocasiones que debas hacerlo, no lo postergues. Toda  habilidad puede ser cultivada.

¿Qué beneficios aporta perdonar?

Si pedir perdón tenía beneficios, más aún los tiene la capacidad de perdonar. Gracias al actor de perdonar, se suelta el dolor, se olvida el sentimiento de impotencia y de rabia, y se recuperan las esperanzas, la confianza en uno mismo, y la tranquilidad.

Hay que entender que, mientras estás en una situación de no haber perdonado a quien te ha dañado, estás resentido, y no lo estás solo con esa persona, sino que, en buena medida, lo estás con todo el mundo.

Por lo tanto, ser capaz de perdonar a esa persona implica, hasta cierto punto, arreglar la relación con el mundo, dejando el espíritu en paz, y consiguiendo una mayor estabilidad a nivel emocional y anímico.

Sobre cómo perdonar hay mucho escrito, porque tiende a ser más difícil que pedir perdón. Sin embargo, es importante entender que el perdón no requiere, necesariamente, arreglar la relación con quien te hizo daño.

El perdón es algo personal. Puedes perdonar a alguien sin hablar con él. Y, por supuesto, perdonar a alguien tampoco supone aprobar lo que hizo. Simplemente, significa reconocer que el mundo no es justo y que las personas se equivocan.

Aprender a perdonar es algo complicado, y se han escrito muchos libros al respecto. Sin embargo, al final, la mejor forma de perdonar es entendiendo qué fue lo que te hizo daño, entender que esa persona no es lo único que hay en el mundo, y seguir avanzando.

En este sentido, el perdón tiene mucho más que ver con la aceptación. Pero lo cierto es que, si quieres perdonar a alguien y retomar una relación, el primer paso que debes dar es el de la aceptación a un nivel interior.

Pasos para perdonar

  • Saber exactamente cómo te sientes y ser capaz de admitir que lo que te han hecho no está bien, es por supuesto el primer paso. Después, podrás ir a hablar con la otra persona.
  • Comprométete a hacer lo que tienes que hacer para sentirte mejor. El perdón es para ti y para nadie más.
  • El perdón no implica necesariamente la reconciliación con la persona que te ha hecho daño, ni tolerar de su acción. Lo que buscamos es encontrar la paz, dejar atrás lo sucedido y no sentir rencor.
  • Tu angustia inicial proviene de los sentimientos de dolor, pensamientos angustiantes y malestar físico que sufres en el primer momento. El perdón ayuda a mitigar estos sentimientos de dolor.
  • En el momento que sientas malestar, practica alguna técnica simple de relajación o gestión del estrés, para calmarte, deja de luchar.
  • No tengas reacciones impulsivas, es algo que las otras personas esperan de ti, pero a la larga es mucho peor y lo único que lograrás es alargar y empeorar el conflicto.
  • Pon toda tu energía en encontrar otra manera de conseguir metas positivas. En lugar de reproducir mentalmente tu dolor, busca nuevas formas de conseguir lo que quieres.
  • Recuerda que una vida bien vivida es la mejor venganza. En lugar de centrarte en tus sentimientos heridos, y por lo tanto dando a la persona que causó el dolor el poder sobre ti, aprende a buscar el amor, la belleza y la bondad en lo que te rodea. El perdón se trata de poder personal.
  • Transforma tu historia de rencor y recuerda que la mejor elección es también la más heroica: perdonar.

Como puedes ver, lograr la estabilidad emocional a través del perdón es muy sencillo. Gracias a unas simples palabras, puedes hacer feliz a otra persona, y eso es algo que une y relaja la mente… y la conciencia. ¡Pruébalo!

Fuente:psicoactiva.com

El problema de los niños de hoy en día es la ausencia de valores

Cuanto antes nos demos cuenta de lo que ocurre con nuestros niños, mejor. No existe un pasado mejor ni un futuro peor. Existe un presente, y es el que tenemos. Ni mejor ni peor: diferente. Antes eran las peleas de pandillas y las notas amenazantes en la mochila. Ahora, las peleas en el chat de una red social, aunque sea en grupos privados. Antes se escondían las revistas ‘para adultos’ bajo el colchón. Ahora, observan escenas ‘subidas de tono’ en los vídeos musicales (a veces, a escondidas).

Debemos entender en qué mundo vivimos. En ese aspecto, nada es muy diferente, sino que ha cambiado el entorno y los vehículos de transmisión de la información. Sí, ahora la avalancha de información es mayor, y los controles parentales más complejos. Pero además, lo que sí está cambiando, desgraciadamente, es el uso de la única herramienta que de verdad guía a nuestros hijos por un camino ético y adecuado: los valores. Sí, por mucho que nos duela reconocerlo, el problema de los niños de hoy en día es la ausencia de valores.

Por qué el problema de los niños de hoy en día es la ausencia de valores o los valores tergiversados

Siempre han existido abusones. Siempre víctimas. Niños más tímidos y otros más lanzados. Niños más inocentes y otros más ‘maduros’. Niños que con 10 años intentaban ver esa película no apta para menores de la que tanto hablaban los adultos… o niños que en la esquina de la calle se insultaban e incluso llegaban a las manos (muchos dirán que menos… tal vez era porque muchos casos nunca llegaban a conocerse).

Sin embargo, los niños de antes, los que ahora tenemos hijos, teníamos algo que empieza a fallar en nuestros hijos: una escala de valores. Algunos niños no saben ni qué es eso. ¿Qué es perseverancia? ¿Qué es empatía? ¿Respeto? ¿A quién? Nos perdemos entra tantas escuelas educativas, tantas teorías, tanto ‘derecho del niño’, tanta libertad, tanta demagogia… Y además no tenemos tiempo. Tiempo para hablar de verdad con ellos, para interesarnos por lo que piensan, lo que sienten… Tiempo para jugar con ellos (si, los padres pueden y deben jugar con sus hijos).

‘Las cosas claras y el chocolate espeso’, que decía mi abuela. Valores. Las cosas claras. Alguien con valores, a pesar de sus tropiezos, sus dudas, su curiosidad hacia algunas ‘tentaciones’, al final, sabrá continuar por buen camino. Y para que no quede duda, aquí tienes una lista con los valores que siempre deben reinar en el hogar:

– Respeto. Y aquí no hablo de tener miedo a los padres. Respeto, que no miedo. No se trata de usar el castigo físico. El respeto se consigue con vínculo, con ejemplo y con respeto. Pero también con normas y límites muy claros. Nada de dudas. Esta es la norma y punto. Los niños verán que sus padres se mantienen firmen en sus decisiones y no perderán credibilidad. Y por supuesto, respeto a los demás. Respeto a sus iguales. Que al fin entiendan ese ‘no hagas al otro lo que no quieres que te hagan a ti’. Así de simple. Y sí, padres de hijos ‘chinchones’: el chinchar o molestar constantemente al otro es también una forma de agresión y de falta de respeto. También el insultar y el menospreciar.

– Empatía. Es cierto que hay niños que ya de por sí tienen más empatía que otros. Son más sensibles a su entorno. Otros, sin embargo, más introvertidos, se encierran más en su mundo. Pero la empatía puede fomentarse. Utiliza mucho la comunicación. Pero la comunicación de emociones. Tal vez, las personas con poca empatía es porque tengan en el fondo un problema para reconocer y canalizar las emociones. Practica y ejercita la inteligencia emocional. Sí, tu hijo debe enfrentarse a todas las emociones: debes dejar que esté triste, que esté enfadado, que se sienta frustrado, que tenga miedo y por supuesto, alegría.

– Tolerancia. Tu hijo no vive solo en el mundo. Debe aprender desde pequeño a convivir con el resto. La tolerancia y respeto a las diferencias (sí, también opiniones) es esencial. Seguro que muchas veces tu hijo salió del colegio quejándose de algún compañero por su forma de ser. Bien, ahí entras tú. Si la queja no es por un comportamiento agresivo, si es solo porque no le gusta cómo juega o cómo habla…si es porque no le gusta su forma de explicar las cosas… ahí estás tú para explicarle que es un deber respetar la forma de ser de los otros. Sin más.

– Coherencia. No puedes exigir algo a tus hijos que tú no cumples. O pedir una cosa y al día siguiente otra totalmente diferente. Usa el sentido común.

– Sinceridad. Si eres el primero que miente a tu hijo, él entenderá que la mentira es algo aceptable. Ante todo, debes conseguir que entienda que la sinceridad te hace sentir bien contigo mismo y con los demás. También te ayudará a ganarte respeto.

– Gratitud. Ser agradecido ayudará a tu hijo a potenciar la amistad y a que le valoren más. Y ya sabes que la mejor forma de inculcar este valor es el ejemplo. Puedes sugerir a tu hijo que empiece a agradecer a sus amigos lo que hacen por ellos mediante dibujos, mensajes de agradecimiento… Verás el resultado que tiene.

– Humildad. Muchos de los problemas de hoy en día, relacionados con la violencia infantil, tiene que ver con la prepotencia, la falta de humildad. Son niños que o bien quieren llamar la atención de forma desesperada por una ausencia tremenda de cariño, o porque han sido tan sobrevalorados y sobreprotegidos, que se creen de verdad por encima de los demás. Cuidado. Nadie es más ni menos. Y todos cometemos errores. La grandeza está en saber reconocerlos, que nada tiene que ver con agachar la cabeza en absoluta sumisión. Es lo que tu hijo debe entender.

Sin duda, existen otros muchos valores importantes: el esfuerzo, la perseverancia, la paciencia… Todos son importantes. Pero tal vez, para la convivencia con los demás, los que hemos resaltado, sean los más esenciales.

No esperes que el colegio se encargue de todo esto. No son ellos. Eres tú. Tú el que debe enseñar a tu hijo a respetar, a tolerar y a mostrar empatía hacia los demás. Cuando son pequeños, puedes utilizar el juego. Juega con él y enséñale mediante los juegos algunos valores.

Cuando sean más mayores, aprovecha el vínculo que has creado desde que era pequeño. Ellos te admiran, te quieren y no quieren defraudarte. Enséñales con el ejemplo y tendrás mucho camino hecho.

Fuente: guiainfantil.com

El valor de enseñar a los niños a decir «gracias», «por favor» o «buenos días»

Para crear una sociedad basada en el respeto mutuo, en la que el civismo y la consideración marquen la diferencia, es necesario invertir en esas pequeñas costumbres sociales, a las que a veces, no prestamos la importancia que merecen. Porque la convivencia se basa al fin y al cabo en la armonía, en esas interacciones de calidad basadas en la tolerancia donde todo niño debería iniciarse desde una edad temprana.

Soy de la generación del gracias, del por favor y del buenos días, de la misma que no duda en decir un «lo siento» cuando es necesario. Cualidades todas ellas que no dudo en transmitir en mis hijos, porque educar en respeto es educar con amor.

Un error en el que suelen caer muchas familias es en iniciar a los niños en estas normas de cortesía cuando los más pequeños empiezan a hablar. Ahora bien, es interesante saber que el «cerebro social» de un bebé es tremendamente receptivo a cualquier estímulo, al tono de voz e incluso a las expresiones faciales de su padre y su madre.

Lo creamos o no, podemos educar a un niño en valores desde edades muy tempranas. Sus aptitudes son casi insospechadas y hemos de aprovechar esa gran sensibilidad en materia emocional. Te hablamos de ello.

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Dar las gracias, un arma de poder en el cerebro infantil

Los neurocientíficos nos recuerdan que el sistema neuronal  de un niño está programado genéticamente para «conectarse» con los demás. Es algo mágico e intenso. Incluso las actividades más rutinarias como alimentarlos, bañarlos o vestirles se convierten en improntas cerebrales que prefiguran en un sentido u otro la respuesta emocional que tendrá ese niño en el futuro.

El diseño de nuestros cerebros, por así decirlo, nos hace sentirnos inexorablemente atraídos a su vez por otros cerebros, por las interacciones de todos aquellos que están a nuestro alrededor. Así pues, un niño que es tratado con respeto y que desde una edad temprana se ha acostumbrado a escuchar la palabra «gracias», entenderá rápidamente que está ante un refuerzo positivo de gran poder y, que sin duda, irá desentrañando poco a poco.

Es muy probable que un niño de 3 años al que su padre y su madre han enseñado a decir gracias, por favor o buenos días, no comprenda muy bien aún el valor de la reciprocidad y del respeto que impregnan estas palabras. No obstante, todo ello crea un adecuado y maravilloso sustrato para que después las raíces fuertes y profundas.

Al fin y al cabo, la edad mágica comprendida entre los 2 y los 7 años, es la que Piaget denominaba como «estadio de inteligencia intuitiva». Es aquí donde los pequeños, a pesar de estar supeditados al mundo del adulto, van a ir despertándose progresivamente al sentido del respeto, a intuir ese universo que va más allá de las propias necesidades para descubrir la empatía, el sentido de la justicia y por supuesto, la reciprocidad.

madre e hija

La reciprocidad, un valor social de peso

Cuando un niño descubre por fin lo que sucede en sus contextos más próximos cuando pide las cosas por favor y las concluye con un gracias, ya nada va a ser igual. Hasta el momento, lo llevaba a cabo como una norma prosocial pautada por los adultos, algo que le confería refuerzos positivos por su buen comportamiento.

«La educación no cambia el mundo, cambia a las personas que van a cambiar el mundo»

-Paulo Freire-

No obstante, tarde o temprano experimentará el auténtico efecto de tratar con respeto a un igual, y cómo esa acción revierte a su vez en él o en ella misma. Es algo excepcional, una conducta que le habrá de acompañar para siempre, porque tratar con respeto a los demás es también respetarse a uno mismo, es actuar de acuerdo a unos valores y un sentido de convivencia basado en un pilar social y emocional de peso: la reciprocidad.

Niñas jugando

Será sobre los 7 años cuando nuestros hijos descubran plenamente todos estos valores que conforman su inteligencia social. Es ese instante en que empiezan a dar más importancia a la amistad, a saber lo que implica esa responsabilidad afectiva, a entender y disfrutar de la colaboración, atendiendo necesidades ajenas e intereses diferentes a los propios.

Es sin duda una edad maravillosa donde todo adulto debe tener muy presente un aspecto esencial: debemos seguir siendo el mejor ejemplo para nuestros hijos. Ahora bien, la pregunta mágica es la siguiente… ¿De qué manera vamos inculcando en nuestros hijos desde edades tempranas esas normas de convivencia, de respeto y de cortesía?

Te ofrecemos unas sencillas estrategias para que las tengas en cuenta, son indicaciones básicas que señalar a los niños en cada situación. Vale la pena tenerlo en cuenta.

  • ¿Has llegado o entrado a algún sitio? Saluda, di buenos días o buenas tardes.
  • ¿Te vas? Di adiós
  • ¿Te han hecho un favor? ¿Te han dado algo? Da las gracias.
  • ¿Te han hablado? Responde.
  • ¿Te están hablando? Escucha.
  • ¿Tienes algo? Compártelo.
  • ¿No lo tienes? No envidies.
  • ¿Tienes algo que no es tuyo? Devuélvelo.
  • ¿Quieres que hagan algo por ti? Pídelo por favor.
  • ¿Te has equivocado? Discúlpate.

Normas sencillas que, sin lugar a dudas, le serán de gran ayuda en el día a día.

Fuente: lamenteesmaravillosa.com

Los valores los inculcan los padres, no la escuela

Los profesores tienen una función importantísima en este aspecto, pero es el ejemplo de la familia el que cala de verdad en los hijos.

El amor incondicional, la bondad, el afecto, la honestidad, la justicia, la solidaridad, el respeto, la tolerancia… son valores necesarios para realizarnos correctamente, para crecer y ser felices. Las personas adultas deberíamos saber transmitirlos a las generaciones que nos siguen. Pero ¿por dónde empezar su enseñanza y aprendizaje? Lo principal es que todos los expertos consultados señalan a la familia como el lugar principal donde se descubren los valores. Pero ¿están las familias preparadas para este reto?

Coherencia en el testimonio

En este aspecto de la educación, los padres han de ser conscientes de que su manera de ser y de hacer familia será crítica. Para la escritora Victoria Cardona, «los padres deben saber que en la primera infancia los niños imitan todo, por lo que es muy importante ser coherentes a la hora de dar testimonio. Los valores no se enseñan. Los valores los descubren los hijos a través del ejemplo de los padres». Coincide con ella Ramón Olegario, profesor de pedagogía terapéutica del IES nº 1 de Riberia (La Coruña), para quien la educación en valores debe empezar en casa, y cuanto antes. «Si un niño ha tenido una buena base afectiva, una base armónica, ese niño tiene mucho ganado. De hecho, la escuela tiene una función importantísima en este aspecto, pero los profesores somos sólo los subsidiarios de dicha educación en valores».

La familia, prosigue Cardona, «es núcleo de la sociedad donde se educan por contagio a todos los que la integran. Pero cada familia tiene su estilo y debe estudiar qué valores quiere transmitir». Ahí es donde Javier Borrego, profesor de Ética y Antropología de la Universidad CEU San Pablohace hincapié en lo siguiente: «Los valores por sí solos no son nada. Sólo tienen su sentido cuando están ordenados y podemos señalar un valor central».

Distintas jerarquías

De ahí que Borrego proponga que cada familia se plantee qué ideal es el que le mueve. Porque, prosigue este docente, no todas las jerarquías de valores son iguales. «Puede haber familias que entiendan que lo mejor es colmar todos los deseos de los niños, y entonces los niños crecen sin enfrentarse a los problemas y disfrutando de la vida… pero a la larga será perjudicial. Pero puede haber otras familias que su ideal sea la unidad y la comunicación. Entonces se acostumbrarán a no tenerlo todo inmediatamente, a compartir. Los niños de estas familias crecerán más felices. Es así de sencillo».

De esta forma, mientras que para este profesor la educación en valores debe empezar por la enseñanza de ciertos criterios éticos y estéticos, para el profesor de pedagogía terapéutica del IES Nº 1 de Ribeira (La Coruña), hoy por hoy lo principal sería «educar en el respeto al prójimo, llevado a todos los niveles». «Yo diría que todos son importantes», apunta por su parte Victoria Camps, catedrática de Filosofía Moral y Política de la Universidad Autónoma de Bellaterra. Autora del libro «Qué hay que enseñar a nuestros hijos», Camps concluye que «el buen humor, la generosidad, la autoestima… son conceptos encadenados que se van complementado, y cuyo conjunto explica qué es eso de la felicidad».

Objetivo, una libertad responsable

Principios que se dan en casa

… Y los enemigos que nos hacen perder las referencias

6 recursos para fomentar el respeto por las diferencias culturales en clase

La educación en valores y entre ellos el de respetar las diferencias culturales es fundamental para una buena convivencia.

En un mundo marcado por la emigración e inmigración, educar en el respeto hacia las diferencias culturales se hace imprescindible. ¿Cómo despertar en los niños la sensibilidad multicultural para que no surjan problemas por racismo o xenofobia? Chequea a continuación 6 consejos para fomentar la tolerancia entre alumnos, docentes y sociedad en general entre personas que provengan de distintos lugares y culturas.

Los niños deben ser educados desde pequeños tanto en sus casas como en la escuela en una cultura de paz, tolerancia, respeto y diversidad cultural.Respetar la interculturalidad y respetar las decisiones políticas, religiosas, culturales o de cualquier índole es un pilar clave para la buena convivencia social; ya que una de las consecuencias de la globalización es que las ciudades sean cada vez más cosmopolitas. Conoce algunos recursos con los que podrás abordar este tema en el aula.

 

6 recursos para trabajar la diversidad cultural en el aula

1 – Fomenta el respeto a la multiculturalidad a través de recursos visuales

Ya hemos hablado anteriormente de diferentes recursos visuales para trabajar temas conflictivos en clase. Aprovecha las películas, fotografías y documentales que tratan sobre esta temática para exhibirlas en el salón ya que los estudiantes aman este tipo de actividades y puede resultar además un recurso muy efectivo para introducir o reflexionar sobre los temas más complejos de la diversidad cultural en una sociedad.

 

2 – Fomenta el respeto a la multiculturalidad con actividades en grupo

El docente debe ayudar a la integración de la minoría con respecto al resto de la clase. Promueve el trabajo en equipo pero no permitas que sean los mismos estudiantes los que los conformen, porque de esta manera existe el riesgo de que justamente quienes pertenecen a una minoría sean dejados a un lado. Ármalos tú mismo para buscar el equilibrio entre los grupos y asegurarte que no se vayan unos con otros sólo por afinidad.

 

3 – Fomenta el respeto a la multiculturalidad montando una obra

Los niños aman aprender mediante el juego, y ya hemos visto la efectividad del teatro como herramienta de aprendizaje en el aula. Las obras de teatro resultan ideales para aprender mediante la personificación de personajes y momentos históricos. Trabaja alguno de los temas más emblemáticos del racismo o problemáticas afines y adapta la versión para que los alumnos puedan representarlo. Esto los hará sentir más cerca del tema sensibilizándose al respecto del mismo.

 

4 – Fomenta el respeto a la multiculturalidad a través del árbol del amor y la amistad

Esta es una actividad más recomendada para niños pequeños. Se trata de proponer a los alumnos que escriban palabras u oraciones que les inspiren a algo bonito (pueden investigar incluso como se diría lo mismo en otros idiomas) y hagan con estas frases un gran árbol que situarán en un lugar visible del salón. Toma un rato durante uno o dos días de la semana para reflexionar en conjunto sobre lo que dice el árbol, comentando cómo han podido aplicar lo que dice allí con el resto de sus compañeros e incentivándolos a poner nuevas “hojitas” si es que quieren agregar una anécdota o frase sobre la amistad.

 

5 – Fomenta el respeto a la multiculturalidad incentivándolos a enseñar del tema

A los alumnos les encanta tomar el rol del profesor. Crea un espacio dónde ellos puedan jugar este juego de forma productiva. Puede ser a través de la creación de una revista de la clase con contenidos que los mismos estudiantes hayan ideado, o a través de una jornada dónde sean ellos los responsables de explicarles a los demás (a los padres en un acto o a compañeros de otra clase) que es el respeto por las demás culturas y cuáles son las actitudes, que son la minorías, el racismo, la inmigración y todos los temas al respecto de la sensibilidad multicultural.

 

6 – Fomenta el respeto a la multiculturalidad a través de una entrevista

Si tienes la posibilidad de llevar alguna persona famosa pero que haya llegado de otro país o que no haya tenido la historia más alentadora del mundo pero sin embargo le haya hecho frente a las adversidades hasta triunfar, llévalo al salón de clase para que los niños puedan entrevistarlo y conversar con él. Claro está que antes de que la persona acuda sería bueno conocer de antemano con los alumnos su historia, y advertirle a él los temas que quieres tratar para fomentar el respeto por las situaciones adversas y las diferencias culturales entre los estudiantes. La idea es que nadie esté incómodo en tal acontecimiento; y el conocer cara a cara al entrevistado y escuchar de su boca su historia de vida puede sensibilizar a los alumnos y acrecentar su respeto y solidaridad con respecto a ciertos temas. Con esta actividad estarás, además, ayudando a los alumnos a desarrollar sus habilidades de comunicación.

Fuente: universia.com

Tolerancia, un valor indispensable para la vida: ¿cómo puede trabajarse en el aula y desde casa?

La tolerancia es una competencia que es necesaria desarrollar en nuestros estudiantes y en nosotros mismos. El mundo sería un lugar mejor si todos fuésemos más tolerantes con el diferente, con el de otro país, con el de otra cultura, con el que habla otro idioma, con el que viste distinto o con el que tiene otras capacidades.

Y no nos engañemos, a todos nosotros nos queda mucho camino por andar. En numerosas ocasiones, nuestra tolerancia acaba donde termina nuestra educación, nuestro conocimiento, nuestra zona de confort, y ahí empieza el miedo que no nos deja aceptar lo que no entendemos o lo que nos parece diferente: como es distinto, es malo. Un miedo que se transforma en rechazo y, en muchas ocasiones, lamentablemente, en crítica o ataque, incluso a los colectivos más vulnerables.

La tolerancia implica respeto, empatía y solidaridad. Supone ser flexible, saber escuchar, saber observar y aceptar la diferencia como parte normal de nuestra vida: todos somos diferentes, y ahí está la riqueza en este mundo, en su diversidad”

En la Declaración de Principios sobre la Tolerancia, se destaca que, en un mundo globalizado como el actual, la tolerancia adquiere, si cabe, un papel más protagonista, siendo su principal medio de implementación, la educación. Además, se subraya la necesidad de que exista un marco legal que la avale, así como acciones locales y una toma de conciencia individual.

Desde el aula

El docente debe ser tolerante para promover la tolerancia. Padres, profesores y sociedad somos el espejo donde los niños se miran. Sus acciones y reacciones, sus prejuicios y miedos son, en muchas ocasiones, reflejo de lo que han visto o han vivido en los distintos contextos en lo que se mueven.

En el aulanuestro ejemplo será clave, como se acaba de comentar. Añadido a ello, diferentes juegos, dinámicas y recursos servirán para favorecer el desarrollo de esa tolerancia entre nuestros estudiantes, pudiéndose trabajar desde cualquier asignatura y debiéndonos adaptar, obviamente, a la edad de los alumnos con los que tratemos. Estos son algunos ejemplos:

– Usar las paredes de modo constructivo, dando espacio a la diversidad con murales, pósters, mapas, imágenes o dibujos.

– Presentarles imágenes evocadoras para poder hablar sobre ellas y sobre lo que representan.

– Jugar con las denominadas imágenes de percepción, para hacerles conscientes de que siempre pueden existir diferentes puntos de vista, ninguno más válido que el otro.

– Hacerles reflexionar sobre el valor de la palabra: cómo la lengua, el lenguaje no verbal o el modo de expresarse pueden suponer un foco de conflicto o de falta de respeto.

– Ayudarles a comprender la compleja actualidad en la que se encuentran inmersos, pudiendo ver y analizar periódicos, telediarios o noticias de última hora.

– Plantear actividades a partir de cuentos relacionados con la tolerancia.

– Invitar a expertos o personas con historias y experiencias relacionadas con la diversidad de cualquier índole.

 Decidir entre todos las normas de convivencia para la clase o el centro.

 Debatir sobre cómo podríamos hacer un mundo más tolerante, esto es, charlar abiertamente sobre la tolerancia.

 Proponer un proyecto transversal sobre el tema de la tolerancia, abordándolo desde diferentes asignaturas y con distintos enfoques.

-Emplear materiales audiovisuales para fomentar la reflexión, desde películas o documentales hasta vídeos cortos para el debate:

 

Desde casa

Desde casa, la familia, además de ser un modelo a seguir, puede animar a los niños a:

– Escuchar a los demás con una mente abierta, intentando comprender su postura y ponerse en su lugar.

 Respetar las ideas diferentes, que no coincidan con las suyas.

– Entender que las opiniones son relativas y discutibles y que no se tiene la verdad absoluta.

– Ser capaces de expresar el punto de vista propio sin herir los sentimientos de los demás.

 No burlarse de las diferencias.

– Aprender a jugar en equipo, sabiendo perder y ganar con humildad y sin humillaciones.

 Ser consciente de que ser diferente no te hace mejor ni peor que el resto de personas, solo único y especial.

 Adaptarse al ritmo y a las capacidades del resto de compañeros, valorando positivamente sus competencias, habilidades y talentos individuales.

Del mismo modo, si tenemos la oportunidad de compartir con los pequeños lecturas, documentales o viajes, podremos hacerles entender mejor la riqueza natural y cultural de nuestro planeta.

En definitiva, la tolerancia es aceptar y abrazar la diferencia, apreciar la diversidad, no tener miedo, respetar a los que no son o no piensan como nosotros, considerándolos como igualessaber escuchar, ayudar y empatizarSi somos tolerantes, seremos más cultos, más inteligentes y más humanos, seremos esponjas dispuestas a absorber conocimientos, experiencias y sentimientos de otras personas, siempre abiertos a nuevos aprendizajes. Eso sí, debemos empezar por ser tolerantes con nosotros mismos, de ese modo estaremos preparados para serlo con los demás.

Todo a nuestro alrededor es aprendizaje, todo a nuestro alrededor es diversidad. Solo tenemos que abrir los ojos, con tolerancia, y el mundo será un lugar mejor para todos. Hagamos un poco de introspección y autocrítica constructiva, como docentes o padres, como personas, no exijamos a los demás lo que nosotros no somos capaces de hacer. Es el momento, seamos más tolerantes.

Fuente:Unir.net

Textos periodísticos: La columna periodística. ¡Esta clase te encantará!

Rosario Vásquez

Este artículo del Listín Diario que te presentamos es para que tus estudiantes comprendan el tema tratado en la columna periodística  ¿Qué daño hace formar en valores?

Las actividades que hoy les proponemos corresponden al área de Lengua Española; ayudarán a mejorar sus habilidades en comprensión lectora y escritura; e incorporar valores y actitudes sobre crecimiento personal y espiritual.

Artículo que se propone: ¿Qué daño hace formar en valores?

Género: Artículo de opinión

Tema: La enseñanza de valores a través de la lectura de la Biblia

Escrito por: Dra. Margarita Cedeño

Fecha de publicación: martes 23  de octubre 2018

Búscalo en la página 8A Opinión La República y en el digital: https://listindiario.com/puntos-de-vista/2018/10/23/538620/que-dano-hace-formar-en-valores

Actividades sugeridas usando de base el artículo propuesto:

Actividades

Inicie la actividad con la pregunta ¿qué daño hace formar en valores?

Motive a los estudiantes a hacer la lectura completa del artículo.

Motive el diálogo entre los estudiantes a partir de las siguientes preguntas: ¿Qué piensan? ¿Qué hace más daño? ¿Te parece correcto que no se fomente la lectura de este libro sagrado en las aulas? ¿Por qué? ¿Qué estrategias sugiere se puedan optar para aquellos estudiantes que sus familias consideren inoportuna su lectura?

Indague quienes practican la lectura de la Biblia en sus hogares  e invite a sus padres a contar la experiencia a otras familias.

 

El problema de los niños de hoy en día es la ausencia de valores

Cada sociedad en su momento se encargó de culpar a las nuevas tecnologías de los problemas sociales. Cuando apareció el televisor, se culpó a éste de tanto aislamiento familiar. Ahora, en cambio, son internet y sus redes sociales los que parecen ser los culpables de tanta desintegración social en la época que estamos viviendo.

La realidad es que siempre existirá un medio de comunicación distinto al ideal de comunicación de tú a tú que pulule por nuestras sociedades y que incluso modifique los patrones de actuación más tradicionales. Pero la interpretación y el uso que hagan nuestros hijos de lo que vean y escuchen fuera del hogar dependerán de algo muy sencillo, los valores con los que hayan sido criados.

Es cierto que algunos valores están desapareciendo de los hogares a un paso agigantado que realmente preocupa, pero en nuestras manos está afrontar los cambios y los nuevos retos con el fin de poder llegar a un consenso con los más jóvenes y hacerles ver que internet no exime de una serie de valores y comportamientos en el desarrollo de la vida. Veamos algunos casos:

Casos de falta de comportamiento y valores

  • El valor de la escucha activa. Este es probablemente el valor más ausente en los hogares, ya que la falta de tiempo, el exceso de trabajo, o determinados problemas sociales, hacen que cada vez más los padres escuchen menos las necesidades de sus hijos. Ya es raro un almuerzo o una cena en familia, un fin de semana de paseo con los hijos, una charla informal por la tarde con nuestros hijos… Cuando la escucha activa se pierde en el hogar, el resto de los valores comienza a fallar.
  • El valor del respeto. Creemos que respetar es conseguir que los niños hagan todo lo que decimos. Esto no es respetar, es sumisión. Y lo que menos debes desear es un hijo sumiso sin opinión propia. Esto no es bueno ni para tu hijo ni para la sociedad. El respeto es entender que existen límites y que los derechos de uno acaban cuando comienzan los del otro. El respeto requiere de que se pongan límites en casa y que exista castigo y recompensa de manera positiva. En modo alguno se trata, por tanto, de ejercer el castigo físico o el insulto, por supuesto, ya que así así solo se consigue el miedo y no el respeto.
  • El valor de la tolerancia. Es uno de los valores más ausente de la sociedad hoy en día y se aprende en casa. La tolerancia es respetar las diferencias del otro, respetar los espacios del otro, respetar la privacidad de los demás… La tolerancia es salir del egocentrismo y entender que los otros tienen pensamientos, sueños y anhelos que desean también alcanzar. Y en la medida en que les demos su propio espacio a los niños para desarrollarse, estaremos construyendo adultos tolerantes para el futuro.

En definitiva, lo importante es no olvidar que los valores no se enseñan, se transmiten, de manera que por más que nos esforcemos con palabras para lograr el objetivo de enseñar a los hijos a ser tolerantes o cualquier otro valor, nada aprenderán si realmente dichos valores no se ven reflejados en el propio hogar.

Fuente: blog.bosquedefantasias.com

Cómo inculcar valores a tus hijos

Debes enseñar a tu hijo a pensar por sí mismo y decidir sobre su vida de manera constructiva.

En un mundo violento, lleno de delincuencia e injusticias, donde los valores morales están en crisis a diario te preguntas: ¿cómo inculcar valores a tus hijos?

La ética y la crianza con valores sirve para no caer en la indiferencia, en el “todo se vale” y lograr personas capaces de distinguir lo que vale y lo que está bien como base del sentido que le damos a nuestra vida.

Es muy importante que como padres manifiesten un rechazo radical a la violencia y la dominación, y ofrezcas a los niños vías positivas (como el arte, el deporte o el juego) para manifestar sus enojos, frustraciones, su agresividad, fuerza y deseos de éxito. Recuerda que en la vida diaria hay que enseñar con el ejemplo.

Mira cómo inculcar valores a tus hijos:

  • Libertad y autonomía: Debes transmitir a nuestros hijos la necesidad de formar el criterio para que a partir de la reflexión puedan saber qué posibilidades son mejores que otras, sin delegar la decisión a alguien externo como la escuela, la religión o la ley (o no únicamente).
  • El bien común: Es responsabilidad de los papás enseñarle a sus hijos el respeto, la tolerancia, la no discriminación y la posibilidad de armonizar a partir de la empatía.
  • La razón: Es tener la posibilidad de resolver los conflictos personales e interpersonales por la vía racional, con el lenguaje, la comunicación y la negociación. Como padres, esto se traduce en ayudar a nuestros hijos a expresarse, a ponerle nombre a lo que sienten e identificar los momentos de enojo y la necesidad de salir de ellos antes de poder hablar. La posibilidad para el diálogo debe estar siempre abierta y siempre ser conscientes de las consecuencias.

En sus primeros años así puedes inculcarle valores:

De 0 a 6 años: Durante los primeros seis años, los padres van diciendo a sus hijos cuándo sí y cuándo no a lo que quieren o deben hacer, pues los niños no tienen la capacidad para decidirlo por sí solos. Si las reglas son claras, los niños saben a qué atenerse, las respetan y las vuelven “legales” de modo interno.

De 6 a 12 años: En esta etapa desarrollan la empatía y empiezan a ser responsables de sus acciones. Necesitan explicaciones más cuidadosas y pensadas.

A partir de los 12 años: Surgen inquietudes sobre el porqué de las cosas, sentimientos como la compasión o el altruismo y la capacidad de considerar situaciones concretas en la aplicación de las normas.

Fuente: bbmundo.com