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Bachiller: la decisión está en ti

Carolina Jiménez
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Santo Domingo

Muchos adolescentes cuando entran al bachillerato, comienzan a pensar en la carrera que quieren ejercer en un futuro y en cual universidad les gustaría estudiar. Algunos tienen decisiones claras sobre estos puntos. Sin embargo, puede suceder que el resto se sienta inseguro o confundido al finalizar sus estudios escolares.

En este último caso, es recomendable que estos jóvenes busquen asesoría, ya sea de la mano de expertos o de sus propios padres, quienes son el motor principal para guiarlos en el proceso de perseguir sus sueños y alcanzar el éxito. Pero sin olvidar que existe una línea muy delgada entre ayudar al hijo a elegir una carrera y tomar la decisión por él.

Una de las decisiones que pueden tomar los hijos en este proceso es querer estudiar en el extranjero. Existen diversas razones, por ejemplo, que la carrera que les guste no esté en el país o consideran que yéndose pueden vivir nuevas experiencias y tener más oportunidades.

Es el caso de tres jóvenes con perfiles diferentes que tomaron la decisión de irse a estudiar al extranjero. Todos con expectativas parecidas, ideales contundentes y la motivación necesaria para llevar a cabo sus objetivos.

Priscila Maltés

Tiene 18 años de edad. La razón que la llevó a estudiar al extranjero es que en el país no está la carrera que le apasiona: “A mí me encanta el teatro, todo lo que tiene que ver con arte. Es lo que he hecho desde niña y aquí aunque se está desarrollando la profesión, no me ofrecen lo mismo que si estudio afuera”. 

Una ventaja importante sobre los estudios en el extranjero, es que los jóvenes al finalizar sus estudios pueden implementar en su país todo aquello que no encontraron al momento de entrar a la universidad. Así lo planea Maltés: “Mi visión es volver al país y efectuar algún tipo de cambio con relación a la carrera que estudiaré, para que personas como yo puedan tener la oportunidad sin necesidad de irse del país”.

La joven recomienda a todos los estudiantes que la investigación y la planificación son la base fundamental para saber si es conveniente irse del país. Sobre todo familiarizarse con el proceso que conlleva, ya que el tiempo puede venirse arriba y no resulta tan fácil.

Alexander López

En el caso de Alexander López, él desde pequeño soñaba con estudiar en el extranjero: “Sabía que quería ser científico desde los seis años. Al ver siempre videos científicos por internet, me daba cuenta que eran experimentos en universidades de Estados Unidos, por lo que mi meta es estudiar una carrera que no se ofrece aquí, dígase física mezclado con matemáticas”.

Al preguntarle sobre cuál es el proceso para ingresar a una universidad en el exterior, explica que el primer paso es lograr ser admitido y tener el perfil adecuado para obtener una beca. Recibir respuesta de estas universidades puede tardar aproximadamente siete meses. Luego de ser completado el proceso de admisión aplicas a la parte financiera, donde las mismas universidades según el índice académico pueden otorgar la ayuda.

María Elisa Lama

La tercera joven es María Elisa Lama, de 18 años de edad, la cual estudiará en el exterior Economía y Finanzas: “Decidí irme a estudiar afuera porque tengo una mayor oportunidad de ejercer esa carrera, además me pueden brindar los recursos necesarios para tener más amplitud en el mercado. También considero que allá puedo ver una diferente perspectiva de cómo se trabaja aquí”.

Algo que cuenta Lama es que desde pequeña siempre se esforzó en el colegio para mantener buenas calificaciones; realizaba actividades extracurriculares y trabajos comunitarios. Esta variedad de actividades la ayudaron en el proceso de aceptación y a recibir la beca.

“Lo principal es que conozcan sus prioridades para saber qué quieren hacer y si de verdad quieren enfocarse en eso. No dejar nada para último, comenzar desde pequeño y crear esa costumbre de mantener un buen índice, porque eso puede ayudar no solo en el estudio, sino también en futuros trabajos”, recomienda Lama a los jóvenes que van a la universidad.

Luis David Sena, representante de la juventud dominicana en el extranjero, recomienda lo siguiente a jóvenes que aspiran estudiar en el extranjero: 

1- Si decides irte a estudiar al extranjero, debes empezar el proceso con tiempo desde el bachillerato, ya que en tres meses no puedes cumplir con todo lo requerido. El tiempo es regla de oro en este trayecto.

2- Hay un compromiso, ser consistente con el perfil que tú quieres desarrollar, el comité de admisión se da cuenta si estás haciendo trampa enseguida. En el caso de Alexander, es un perfil de mucha consistencia, él también hizo materias online de alto nivel del modelo americano de High School y terminó con honores, lo que le permitió entrar a una de las mejores universidades de Estados Unidos.

3- Algo que también influye mucho es el apoyo de los padres, estos tres jóvenes son una prueba de que padres comprometidos, hijos exitosos.

Sena resalta que la oportunidad de estudiar en el exterior y recibir becas, no solo se limita a estudiantes que van a colegios bilingu¨es o que pertenecen a un particular bloque, sino que son decisiones personales sin importar el status económico, género, religión o cualquiera de las variables.

¿Qué pueden hacer las universidades para fomentar el emprendimiento en los estudiantes?

Las bajas tasas de emprendimientos universitarios indican que tal vez las universidades deberían fomentar la mentalidad emprendedora entre sus estudiantes.

La combinación de la audacia de la juventud, el espíritu aventurero y las ganas de explorar nuevos horizontes tanto académicos como laborales, combinados con las innumerables ventajas de emprender un negocio propio hacen que la mayor parte de los universitarios desee crea su propia empresa al culminar los estudios formales o incluso durante el transcurso de la carrera.

En el Reino Unido, la cuarta parte de los estudiantes universitarios maneja la posibilidad de generar un emprendimiento propio al culminar los estudios, de acuerdo a los datos revelados por una investigación de la filial local del Banco Santander. Sin embargo, la realidad demuestra que solo el 10% continúa con esa idea al culminar la universidad, demostrando así que en el transcurso de la carrera la motivación inicial se fue diluyendo hasta desaparecer.

En su investigación, Santander también consultó a los jóvenes acerca del respaldo recibido por parte de la universidad como apoyo a esa postura emprendedora. Más de un tercio de los entrevistados calificaron el apoyo y la información ofrecida por la universidad como “buena”, pero indicando que podría ser mejor.

Pero ¿Qué pueden ofrecer las universidades a los estudiantes para ayudarlos a emprender? ¿Qué deberían hacer? ¿Generar planes específicos? ¿Dotarlos de los conocimientos necesarios para iniciar un negocio, independientemente de la carrera elegida? La respuesta, en realidad, dependerá de cada centro y lo que espere del futuro profesional de sus egresados. De todos modos, resulta impensable concebir a una universidad actual sin un –por lo menos- ligero tratamiento del mundo del emprendedurismo o las cualidades de un buen emprendedor. Considerando la realidad actual, todo centro educativo debería intentar acercarse a la modalidad de empleo que sin lugar a dudas se convertirá en la dominante durante los próximos años.

La mayor parte de los centros educativos considera a sus egresados solo al momento de medir las tasas de egreso de la institución, considerando como profesionales en ejercicio únicamente a aquellos que se desempeñan en un empleo formal de manera dependiente. Quienes deciden poner en marcha su propio negocio acostumbran a quedar por fuera de estas estadísticas, generando así un panorama engañoso y poco fiel a la realidad de la inserción laboral que presenta cada centro. Centrarse en las cifras de empleabilidad lleva a los centros a olvidar la importancia de la generación del espíritu empresarial en sus egresados.

Algunas de las universidades más destacadas del mundo intentan revertir esta situación, planteando soluciones específicas. La Universidad de Leeds, por ejemplo, dispone de un plan para que sus estudiantes ocupen un año entero para trabajar en la idea de su negocio, con asesoramiento profesional, espacios físicos para desarrollar el proyecto e incluso establecer oficinas, y un plan de asesoramiento mensual. Por su parte, el University College de Londres creó un centro para la iniciativa empresarial con el que busca asesorar tanto a estudiantes como al público en general que presente interés por la creación de un negocio propio.

En conclusión, podría decirse que centros pioneros del mundo comienzan a tomar medidas para fomentar el emprendedurismo en sus jóvenes, aceptando las tendencias mundiales que celebran la mentalidad emprendedora. Considerando esta tendencia, la decisión de continuar este camino o estancarse en la simple revisión de las cifras de empleabilidad dependerá de cada centro.