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Cómo prevenir ciberriesgos en menores durante las vacaciones escolares

La autoridad que regula las telecomunicaciones en Reino Unido concluyó, en un reciente informe, que las redes sociales han sido la principal fuente de las malas experiencias online que han sufrido el 79% de los jóvenes de 12 a 15 años de edad

El aumento de las horas libres que dedican en verano los menores a las nuevas tecnologías es proporcional a la peligrosidad. Más aún si no están bajo la supervisión de padres o tutores.

El temor está fundamentado: según la encuesta «España en Cifras 2019» del INE, el 26,2% de los niños con 10 años tienen móvil propio; esta media sube vertiginosamente hasta el 94,8% cuando tienen 15 años. El dato se complementa con lo revelado por el informe Online Nation, publicado recientemente por Ofcom, la autoridad que regula las telecomunicaciones en Reino Unido: las redes sociales han sido la principal fuente de las malas experiencias online que han sufrido el 79% de los jóvenes de 12 a 15 años de edad. La solución: proveerles de una educación digital adecuada a su edad y sus necesidades.

«Nuestros menores se relacionan con la tecnología desde edades muy tempranas, ya que la usan como herramienta de juego y aprendizaje. Por eso es importante que sean conscientes de los ciberriesgos que esta tecnología entraña, informándoles de una manera adecuada a su edad», explica José Luís Jiménez, experto en ciberseguridad de la empresa tecnológica Nunsys y miembro del Programa Cibercooperantes del Instituto Nacional de Ciberseguridad (INCIBE), que promueve la colaboración de personas particulares interesadas en la divulgación de la ciberseguridad a través de charlas de sensibilización, con centros que requieren de este tipo de formación destinada a niños, jóvenes, padres, madres y educadores.

Además de insistir en la importancia de la educación, Jiménez recomienda una serie de buenas prácticas para garantizar que niños y adolescentes disfruten del potencial que ofrecen las tecnologías de la información para su desarrollo personal e intelectual:

1. Configurar correctamente el móvil o tablet actualizando el sistema operativo e instalando un antivirus, para evitar que puedan controlar la cámara y micrófono del terminal.

2. Instalar aplicaciones de control parental que permitan monitorizar el comportamiento online del niño e impedir que pueda ser víctima de ciberacoso por parte de desconocidos.

3. Evitar introducir datos sensibles (contraseñas, números PIN) mientras se está conectado a redes wifi públicas de hoteles o restaurantes.

4. Supervisar la utilización que se da a lasredes sociales: nunca publicar fotos en las que se reconozca a los menores ni revelar detalles personales.

5. Incentivar otras formas de ocio: lectura, ejercicio, actividades artísticas, etc. Según un estudio de la consultora Edelman, el 74% de los niños pasa menos de una hora al día fuera de casa.

6. Limitar las horas de uso de tecnología para evitar episodios de dependencia cuando los menores vuelvan a la rutina escolar tras las vacaciones, ya que pueden presentar síntomas como mayor irritabilidad o problemas de concentración.

 

Menores e internet: Cómo pueden los padres adaptarse a cada edad

INCIBE aboga por el acompañamiento familiar para un uso seguro de la tecnología por parte de los menores, con recomendaciones específicas:

De 3 a 5 años: Poco tiempo y contenidos seleccionado

Hasta los dos años, lo mejor es evitar que los menores tengan contacto con pantallas. Después, se recomienda establecer normas para que los niños entiendan que el uso de pantallas es limitado o esporádico. También es aconsejable que los progenitores seleccionen de manera cuidadosa los contenidos a los que pueden acceder.

De 6 a 9 años: Contenido adecuado por tiempo limitado

Es momento de acordar con los hijos las horas de conexión. Se trata de establecer un horario en el que podrá acceder a internet, respetándolo siempre. Los progenitores también deben enseñarle a qué tiene acceso, ayudándole a identificar contenidos positivos y de calidad adecuados a su edad.

De 10 a 13 años: Adaptar y supervisar en función de su madurez

Los tiempos de conexión pueden adaptarse en función del carácter del menor, pactando el uso de internet. Es también conveniente ir moderando el acompañamiento. Los padres deben supervisar la actividad del menor, sus contactos online y actividad en redes sociales, enseñándole a contrastar información.

Mayores de 14 años: La clave está en el diálogo

Es fundamental hablar con los menores de forma cotidiana sobre lo que hacen en internet, fomentando su capacidad crítica y manteniendo un buen clima de confianza y comunicación. Los padres, en función de la madurez del menor, tienen que adaptarle el contenido al que tiene acceso, así como acordar el tiempo de uso y conexión. También deben orientar su actividad en la Red hacia contenidos que tengan que ver con su formación y entretenimiento.

Fuente: abc.es

Así se puede trabajar en clase con series

El éxito que cosechan en la actualidad las series entre los adolescentes y el público infantil consolida este formato como un recurso muy atractivo para trabajar las diferentes materias en clase. Son muchos los docentes que ya han aprovechado algunas como ‘Juego de Tronos’, ‘Élite’ o ‘Los 100’ con propuestas metodológicas y lúdicas. Recopilamos las experiencias publicadas en nuestra web al respecto para que puedas inspirarte en ellas y tomar ejemplo con tus estudiantes.

Un comentario de texto a propósito de un fragmento de guion de ‘Merlí’, un trabajo en grupo con dudas sobre sexo con la excusa de ‘Sex Education’ o ‘Titans’ para repasar clásicos del mundo del cómic. Así ha aprovechado Cristian Olivé las series de Netflix para trabajar Lengua y Literatura en 2º de ESO en la Escola Joan Pelegrí de Barcelona.

Netflix y otras plataformas de streaming representan la sociedad audiovisual de los tiempos modernos. Los jóvenes de hoy consumen cada vez más contenidos en diferido porque pueden decidir dónde y cuándo hacerlo. Desde el punto de vista educativo, los recursos que Netflix puede ofrecer para las clases de Lengua y Literatura son tan extensos como lo es su catálogo.

Por ejemplo, la serie ‘Élite’ puede ser un buen arranque para hablar de novela negra. Sería, cuanto menos, sorprendente llegar a clase con los planos reales del instituto donde estudian día a día y pedirles que sitúen la escena de un crimen para luego elaborar una noticia con las seis preguntas básicas del periodismo.

Merlí

Con la excusa de que casi todos conocen ‘Sex Education’, pueden realizar un trabajo en grupo en el que expongan sus dudas sobre sexo, preparen un cuestionario, investiguen sobre dichos asuntos y, finalmente, recreen un consultorio juvenil como en la serie de Netflix.

Partiendo de una transcripción de los diálogos de una secuencia de ‘La casa de papel’, pueden añadirle una voz narrativa que combine estilo directo e indirecto. Además, tras algunas visualizaciones del video en clase, pueden recopilar descripciones de lo que sucede para incorporarlas a modo de incisos en el texto dialogado.

¡Hemos dejado entrar a Merlí en clase!

Siempre agradecen que con la literatura miremos más allá de los clásicos. Por ello, a partir de un fragmento de guion de ‘Merlí’, podemos mostrarles las diferencias entre un texto teatral y un guion cinematográfico. Teniendo en cuenta que la serie también trata de forma recurrente los temas de la diversidad y de la tolerancia, podrían buscar información y elaborar un reportaje sobre la situación LGTBI en el mundo.

Merlí

‘Black Mirror’, a pesar de estar enfocada a un público más adulto, es conocida por la mayoría de jóvenes. La serie explora los límites de la tecnología, de modo que se puede entablar un debate en clase con argumentos a favor y en contra acerca de la adicción a las redes sociales y qué piensan de la batalla de los likes. El contenido de la serie también puede ser la excusa para hablar de la literatura de distopías y no estaría de más pedirles que imaginen una breve trama de un capítulo con una sociedad futurista y distópica.

También para repasar literatura universal

Los superhéroes de ‘Titans’ pueden ser la razón para repasar algunos clásicos del mundo del cómic y de la novela gráfica. De hecho, con fotogramas de la serie podrían lanzarse a escribir algunas viñetas.

La casa de papel

En ‘You’ el protagonista es un desequilibrado librero. Como son constantes las referencias a obras de la literatura universal, podemos hacer un repaso de las más emblemáticas, desde “Frankenstein” hasta “El guardián entre el centeno”. De paso, se puede aprovechar que el verbo ‘stalkear’ resume a la perfección la trama de la serie para comentar otras expresiones adolescentes de origen anglosajón, como ‘hater’, ‘shippear’ o ‘hype’, entre otras.

¿Cómo ordenar el aula?

El texto instructivo es la modalidad con la que Marie Kondo ayuda a sus clientes a ordenar su hogar en la serie de Netflix. Por esta razón, una manera divertida y relajada de trabajar dicha tipología textual podría ser pidiéndoles que sienten las bases de cómo tener el aula decente y ordenada en todo momento.

En resumen, Netflix ofrece un abanico lo bastante amplio como para acercar la asignatura de Lengua y Literatura a los jóvenes. Dicen que todo tiene su secreto y, en nuestra profesión, convertir un punto de interés cercano a los alumnos en materia de clase suele ser un éxito asegurado.

Aprender Historia viviendo en Juego de Tronos

Juego de Tronos Series en clase

En las clases de Historia de Agustín Tortosa en el Colegio Zola de Las Rozas (Madrid) se creó un reino feudal como el de la popular serie para acercar el temario de historia al alumnado de 2º de ESO. Así, los estudiantes inventaron un mundo medieval en el que se convirtieron, por ejemplo, en nobles en pleno siglo XXI. Después de una breve introducción al contenido que se estudiaría, se fueron sucediendo distintas pruebas relacionadas con diferentes aspectos del contexto social, cultural, político o religioso de la Edad Media. Cada prueba superada, era sinónimo de un doblón: una recompensa traducida en la nota final del proyecto y que se iban consiguiendo en función de los establecido en la rúbrica de evaluación.

Fuente: educaciontrespuntocero.com

Enfermedades que los celulares provocan a tus niños y no lo sabías

Todos hemos sabido las consecuencias negativas de los celulares, sin embargo, se quedan a la deriva por tantas novedades tecnológicas existentes.

Sí, los celulares nos han proporcionado horas de diversión, información, y más que nada, comunicación con cualquier parte del mundo.

Pero aunque son pocos sus daños, no se les presta atención porque, admitámoslo, la vida no sería la misma sin ellos.

Así que abre los ojos e investiga sobre cada mal que puede estar pasando a tus seres queridos, sobre todo los niños, ellos son los que más rápido se adaptan a la tecnología y los que pueden salir más perjudicados en el asunto.

Enfermedades frecuentes en niños por usar el celular

Hay una alerta a nivel mundial por las inesperadas enfermedades que están causando el uso de los celulares a los niños.

Seguramente no estás al tanto de ellos y por eso te traemos este escrito para que conozcas las últimas novedades.

Ya que estamos rodeados de aparatos electrónicos – celulares, tabletas, televisores, computadores, etc. – no es dificultoso saber que los niños preferirían esas cosas a jugar en el parque con sus amigos.

Al ser padres hay que prestar atención a cuánto tiempo pasan nuestros hijos en el Internet, ya que estar al frente de la pantalla por muchas horas puede afectar gravemente la salud de uno.

Un ejemplo de ello es el uso de lentes, desde pequeños pueden padecer de alguna enfermedad de la vista, la cual se debe al uso incontrolable de aparatos electrónicos.

Por ese motivo, como padres se debe tener un horario restringido en sus usos, así evitarás daños a la salud a futuro. ¡Muy práctico! ¿No?

Estas son las cinco enfermedades que un niño puede tener con el uso prolongado del celular:

Trastornos visuales

celulares

Pasar mucho tiempo frente a la pantalla cansa la vista y si se ve forzado a repetirlo diariamente, esta puede dañarse más rápido de lo que debería.

Puede causar a su vez:

Disminución de la vista

Dolores de cabeza

Cansancio visual

Sobre todo con el brillo de la pantalla, este es el factor más importante de la enfermedad, preferiblemente debe quitarse el brillo o usar un protector.

Ansiedad

Cuando constantemente estás en Internet o en las redes sociales, puedes fácilmente volverte adicto a ellas.

Y cuando los padres establecen un horario en su uso, los hijos pueden verse forzados a una gran ansiedad cuando no tienen el aparato en sus manos. Son los mismos síntomas que un adulto pasa en abstinencia.

Insomnio

tarde

Va conjunto a la ansiedad. Como el niño desea tanto usar su celular no va a poder dormir hasta que esté cumpliendo su meta, sin importarle su salud.

Las consecuencias son terribles en un niño, pues este estará cansado el día anterior y no podrá rendir en sus actividades rutinarias.

Provocándole:

Mal humor

Dolor de cabeza

Sueño

Irritación

Cáncer

The small boy sits with the computer on a white background TFGP.

Sí, esta es la peor consecuencia que pueda haber. Trae a su vida l posibilidad de desarrollar ciertos tipos de cáncer.

Eso se debe a las ondas radiofrecuenciales que poseen los aparatos, el cual está constantemente con la víctima. Y como su cuerpo aún está en crecimiento, los mismos pueden hacer que sus órganos internos no crezcan como debiesen.

Quemaduras

quemar

Cuando un aparato está dañado, mal conectado o cerca de algo inflamable; cualquier chispa que pueda ocasionar un fuego, se hará realidad. Incluso cuando un niño cargue su celular u otro aparato. Hay que evitar el uso de los mismos si están en mal estado.

Y ahí lo tienen, las cinco enfermedades causantes de que muchos niños dejen ahora mismo de usar celulares.

Y cuidado, los adultos se pueden ver sometidos a los mismos planes. Así que da el ejemplo a tu hijo y permítele vivir una vida sin ser esclavo de la tecnología.

Fuente: familiasalud.com

Desconectar de las pantallas, el nuevo lujo de las élites

El estar desconectado empieza a ser tendencia entre algunos, los millonarios de Silicon Valley optan por vetar su tecnología a sus hijos.

Desconectarse del teléfono o de cualquier pantalla es la tendencia entre los más pudientes.

En abril de 2010 se vendió el primer iPad invento que, para su creador, Steve Jobs, equivalía “a tocar internet con las manos”. Las posibilidades del iPad parecían infinitas y pronto se aplicaron a la educación donde, si el ordenador portátil ya era “lo más”, la tableta iba a ser lo siguiente. Un nuevo y exquisito caramelo que, como sucede con las modas, se degustó primero entre las élites.

En los colegios privados las clases trufadas de pantallas se mostraban con orgullo en los días de puertas abiertas. Y los progenitores cuyos hijos iban a centros donde había: “¡Un iPad por alumno!” se pavoneaban ante los menos afortunados. La tableta servía para “todo”: dibujar, ver videos, grabar y editar, hacer fotos, leer, descargarse aplicaciones… El futuro estaba al alcance de sus privilegiados retoños.

Hace unos años en los colegios privados las clases trufadas de pantallas se mostraban con orgullo en los días de puertas abiertas.

Las pantallas, sin embargo, no tardaron en llegar a los centros concertados y públicos. Evitar la brecha digital se convirtió hasta en un compromiso electoral. Nadie quería quedarse atrás en la conquista del acceso las pantallas. Un objetivo que se ha cumplido con creces: hoy son ubicuas.

Pero, mientras en España el móvil de última generación es el regalo estrella de la comunión, en Silicon Valley los hijos de las élites se están educando en escuelas cuyo principal reclamo es, precisamente, la ausencia de pantallas. Por lo menos, hasta Secundaria.

Una keynote de Apple en la que se presentaba el iPad esencial, pensado en gran medida para las aulas.

“Estoy convencida que el diablo vive en nuestros teléfonos y está causando estragos entre nuestros hijos”, explicaba en el New York Times Athena Chavarria, que trabaja en la fundación de Mark Zuckerberg, creador de Facebook. Chavarria que no dejó que sus hijos tuvieran móvil hasta los 14 años, no permite su uso en el coche y controla los tiempos de exposición en casa. En el mismo diario, Chris Anderson, ex editor de la revista tecnológica Wired, equipara las pantallas a la cocaína.

Sabe perfectamente que las aplicaciones que soportan son altamente adictivas. Que están diseñadas para que el usuario genere dopamina, la hormona que alimenta el llamado circuito de recompensa. “Pensamos que podríamos controlarlas pero superan nuestra capacidad. Van directamente a los centros de placer del cerebro en desarrollo”, resume. Entre las normas tecnológicas que aplica a sus cinco hijos está el suprimir el wifi en caso de mal comportamiento. Si no hace mucho se castigaba a los hijos sin postre, ahora se les castiga sin wifi.

Chris Anderson, ex editor de la revista tecnológica Wired, equipara las pantallas a la cocaína

En Silicon Valley, las reticencias a la exposición precoz a las pantallas empezaron desde lo alto: los Gates no permitieron que sus hijos tuvieran móvil hasta la adolescencia y el consejero delegado de Apple, Tim Cook, aseguró que no permitiría que su sobrino se uniera a las redes sociales. Steve Jobs, por su parte, no dejó que sus hijos se acercaran a un iPad.

Hay varias razones por la que los artífices de la revolución digital protegen a sus criaturas de la misma. La primera es la preocupación, fundamentada, sobre la incidencia en su desarrollo. Cada vez hay más datos contrastados que las pantallas son un problema. La adicción que generan desemboca en problemas de concentración, de vista, déficit de sueño, baja tolerancia a la frustración e incluso, baja autoestima.

La adicción que generan las pantallas desemboca en problemas de concentración, de vista, déficit de sueño, baja tolerancia a la frustración e incluso, baja autoestima.

Un estudio en curso del Instituto Nacional de Salud de Estados Unidos está revelando que el cerebro experimenta “cambios significativos” si el crío pasa más de siete horas diarias frente a la pantalla. La doctora Dowling, una de sus responsables, explicó a la CBS que “hay un patrón” en los cerebros de estos niños. El córtex, la capa cerebral que procesa la información procedente de los sentidos, parece estar adelgazándose prematuramente.

Y, como explican desde la web del Hospital de Sant Joan de Déu: “Una persona que tiene el córtex frontal encogido y una densidad de sustancia gris más baja, se vuelve más impulsiva, es más propensa a comportamientos adictivos, es más agresiva y no toma decisiones tan acertadas, porque su capacidad para hacer encadenamientos lógicos está alterada”. También hay evidencia que los niños que pasan más de dos horas al día frente a cualquier tipo de pantalla tienen notas más bajas en las áreas relacionadas con el lenguaje y el razonamiento.

En Silicon Valley en menos de una década se ha pasado de alardear que el niño de tres años ya domina el iPad a alardear de lo contrario

Ante este panorama, las alarmas se han disparado en Silicon Valley. No en vano, es allí donde empezó todo y donde se dispone de la información más privilegiada. Así, en menos de una década se ha pasado de alardear que el niño de tres años ya domina el iPad a alardear de lo contrario. En lo que podría calificarse de tremenda hipocresía, los hijos de los principales responsables de que el mundo esté hiperconectado se crían sin conexión.

Pero no todo son razones de salud y desarrollo cognitivo. Detrás de esta tendencia hay también razones de diferenciación social. Cuando una abrumadora mayoría ya tiene acceso a las pantallas (en Estados Unidos el 98% de los hogares están conectados, en España, el 85% de la población tiene móvil), criar niños sin acceso a ellas se ha convertido en otro signo de estatus. En el competitivo mundo de la crianza, los niños “screen-free” son especiales: “Mis hijos no han visto nunca una película”, explicaba, orgullosa, una madre. “Son diferentes. Nada que ver”.

Niños usando sus smartphones

El problema es que suelen ser los más ricos los que pueden permitirse este nuevo lujo. No es lo mismo tener una niñera que, por contrato, no puede utilizar el móvil (como sucede en Silicon Valley), que ser padres trabajadores o familias monoparentales, que no dan abasto. Progenitores que descubren, no sin perplejidad, que ese móvil que le regalaron a su hijo o esa clase de código informático a la que le apuntaron con seis años —porque eran “el futuro”—, ahora son perjudiciales.

En los centros privados de Silicon Valley prometen cero tecnología, pizarras, tizas, manualidades y juego al aire libre, sin estructurar. Mientras los niños más desfavorecidos se enganchan a sus pantallas como si fueran comida basura, los hijos de las élites están redescubriendo el patrimonio de la infancia: el juego. Un derecho reconocido por las Naciones Unidas, con beneficios incontables.

En los centros privados de Silicon Valley prometen cero tecnología, pizarras, tizas, manualidades y juego al aire libre.

La desconexión como nuevo signo de estatus no solo se da entre los más pequeños. En el mundo del marketing se asegura que el estar “off line” es la nueva marca de diferenciación. Si hace poco mandar un mail con la coletilla “enviado desde mi iPhone” implicaba poder, ahora el poder implica lo contrario: no responder. “Si estás en la cúspide de la jerarquía, no tienes porqué dar explicaciones a nadie. Te las tienen que dar a ti”, afirma en el New York Times Joseph Nunes, especialista en “marketing de estatus”. En el reportaje, titulado “Contacto humano, el nuevo lujo”, se explica que el estar conectado se está volviendo más y más vulgar.

Las élites tampoco necesitan dar al “me gusta” y regalar así sus datos a Google y Facebook. Saben que en internet, donde supuestamente impera el todo gratis, los datos de los usuarios son la moneda de cambio y no piensan entrar en el juego. Pero los pobres o la cada vez más ahogada y enganchada clase media, no tienen la capacidad de evitarlo.

La tendencia entre los ricos es gastar en experiencias reales y personalizadas

El mundo del marketing ha detectado que hoy la aspiración de las élites es… el mundo real. Y en el mercado gigantesco e ilimitado de las “experiencias”, el contacto humano es la última moda. En el citado reportaje del Times, Milton Pedraza, consejero delegado de The Luxury Institute —especializado en “lujo emocionalmente inteligente”—, explica que la tendencia entre los ricos es gastar en experiencias reales y personalizadas. Así lo resumen en su último informe: “Mientras gigantes como Amazon y Walmart buscan la automatización y la despersonalización, la industria del lujo debe apostar por una humanización profunda. El del lujo es el mundo más preparado para enseñar a otras industrias el valor del los vínculos y la conexión humana”.

El universo online se ha vulgarizado: es para los que no tienen tiempo, ni recursos. Hoy es mucho más barato chatear por WhatsApp que tomar un café con un amigo. Navegar por un campo de amapolas en Instagram que pasear por un campo de amapolas en primavera. Jugar con cubos virtuales que con cubos de madera. Ver una película en streaming que ir al cine. Tanto para los niños como para los adultos, la vida real es cada vez es más exclusiva. Implica tener imaginación, atención, recursos y, especialmente, tiempo. Un factor que internet y las aplicaciones, diseñadas para ser altamente adictivas, nos roban de forma eficaz.

Fuente: lavanguardia.com

El reto de los profesores de América Latina: pasar del cuaderno a las ‘apps’

Entre los obstáculos para la educación 2.0. en la región está mejorar la conectividad, según un estudio de la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura

Hace tan sólo una década el maestro nicaragüense Reynaldo Maradiaga, no había tocado un ordenador. Entonces, todavía rondando la treintena, ya pensaba que se escapaba de sus posibilidades, pero el aprendizaje del uso de las nuevas tecnologías le abrió una forma nueva de acercarse a sus alumnos del Colegio Público Benjamín Zeledón, en Managua. De ser un maestro convencional ha pasado compartir con sus alumnos videos en Youtube, administrar grupos sobre literatura en Facebook y trabajar con aplicaciones para que los estudiantes puedan contestar ejercicios de lengua y gramática. “Estamos trabajando con lo que más le gusta al estudiante”, ha asegurado Maradiaga, que ha viajado a Madrid para compartir su experiencia y recibir formación con otros profesores de siete países en la sede Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI).

Su testimonio forma parte de las experiencias positivas de la inclusión de las TIC (Tecnologías de Información y Comunicación) en los sistemas educativos en América Latina, una región que aunque en la última década ha avanzado la incorporación de estos recursos en las aulas, todavía enfrenta algunos desafíos como la conectividad, según un estudio presentado esta semana por la institución. La OEI ha evaluado el uso de las TICS en 144 colegios en Ecuador, El Salvador, Guatemala, México, Nicaragua, Panamá y Uruguay. En el estudio –que analiza los datos de 2016- han participado más de 540 directores y 2.300 profesores que forman parte del programa “Aulas Fundación Telefónica”, un proyecto puesto en marcha en 2009 que suele ir de la mano con los gobiernos locales para dotar de material y dar formación a docentes en escuelas públicas con el fin de reducir la brecha digital.

Entre los avances destacan que el 77% de los profesores de los centros que han participado en el estudio utilizan al menos una vez al mes un ordenador en clase para que sus alumnos consulten Internet. Sin embargo, aunque el 80% de los centros consultados tienen Internet de banda ancha, la mitad de los profesores lamenta que la conexión es intermitente o “casi nunca” funciona. “En mi país el Gobierno ha asimilado esto de la tecnología y en mi escuela hay tres redes (de acceso a internet)”, apunta Maradiaga, pero la realidad no es igual en todos los países.

El maestro nicaragüense, de 44 años, imparte clase de Literatura y Lengua a adolescentes de entre 11 y 17 años para los que diseña aplicaciones sencillas con el programa AppsGeyser, en función de las necesidades de sus alumnos. Maradiaga considera que utilizar ordenadores e incluso el móvil en las aula ha sido positivo y ha tenido un impacto en “la retención, la buena disciplina, ha elevado los índices de aprobación porque los estudiantes están animados, no están viendo papeles, escribiendo tanto. Eso ayuda”. Por su cuenta ha continuado formándose, incluso le han pedido que instruya a otros profesores de la escuela, algo que hace de forma puntual porque lo que le gusta es seguir enseñando en el aula. “Mi ramo es español, si me equivoco es en español no en computación”, dice.

De aprendiz a maestra de maestros

Quien sí se atrevió a dar el paso fue la peruana Soledad de la Cruz, una profesora que comenzó impartiendo clase a niños de nueve años en la escuela de José Carlos Mariategui en el enclave rural de Huancayo, situado a 3.285 metros, que actualmente es “dinamizadora” en su escuela y más de 40 maestros en su escuela aprenden en el Aula de Innovación Tecnológica. Además, es coordinadora de su región -que abarca 14 centros- para promover el uso de las TICs. De la Cruz, confiesa que tuvo que aprender Word en 2010 para poder avanzar en la certificación como maestra y desde entonces no ha dejado de formarse. En estos años destaca que los niños están aprendiendo de una forma más lúdica y una consecuencia colateral: los padres se están interesando también. “En mi escuela, los padres se han involucrado y quieren que los maestros que enseñen a sus niños sepan más de tecnología. Y ahí el reto de cada docente de pode seguir capacitándose”.

La secretaria técnica del Instituto de evaluación de la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI), Tamara Díaz, responsable del análisis de los datos del estudio apunta que casos como el de Maradiaga o De la Cruz, que se han convertido en referentes en su comunidad escolar demuestran que: “El cambio educativo es posible”.

Díaz enfatiza que la introducción de tecnología en las aulas debe ir acompañada de formación para el profesorado y de un plan que defina cómo y para qué emplearlos. “Lo importante es que los alumnos sean capaces de desenvolverse y ahora tenemos la obligación como profesor de dotarles de las herramientas para que sean ciudadanos del siglo XXI”.

Fuente: elpais.com

Educar a los niños ‘desconectados’ de la tecnología si es posible

Verónica Pérez Arango, docente en un colegio de secundaria y mamá de Ulises, de 8 años, ha visto esta escena muchas veces: en casas de hijos de amigos que pasan horas hipnotizados delante de una tableta o un teléfono, Uli –como llama cariñosamente a su hijo– tiende a escabullirse con su hermanita menor a alguna otra habitación y descubrir juguetes nuevos que quizá su dueño no toca hace siglos.

“La verdad es que me llama poderosamente la atención que niños y niñas de 6 o 10 años no se diviertan con otra cosa que no sean las redes y la tecnología”, dice Verónica. Esa es una de las razones por las cuales Ulises forma parte de una tendencia que crece: niños criados con acceso nulo o muy restringido a teléfonos celulares y, especialmente, redes sociales.

En un mundo hiperconectado, en el que las empresas de tecnología apuntan a públicos cada vez más jóvenes, muchos padres en Argentina y en el mundo eligen educar a sus hijos en ambientes ‘tech-free’.

¿Cuáles son las ventajas y desventajas de una niñez sin apps? ¿Es muy difícil sostener la apuesta por una infancia analógica? ¿Un chico desenchufado es un chico aislado, excluido? ¿Cuáles son las recomendaciones de los especialistas?

En el caso de Ulises, por ejemplo, él no tiene redes sociales ni celular: a veces le pide prestado el teléfono a su mamá para poner algo de música. “No tiene redes, pero la verdad es que tampoco las pidió”, explica Verónica, que regula también las horas de pantalla en su casa, incluyendo Netflix y YouTube. “Lo que sí me pregunta es por qué no puede ver todo el día Netflix, a lo cual le respondo que está genial ver pelis, pero que está bueno aburrirse porque cada vez que se aburren descubren un juego nuevo o inventan algo o salen al aire libre –dice Verónica–. A mí, como madre, me da más trabajo esto, pero amo tanto que juegue cuando conozco niños y niñas de esa edad que si no tienen tecnología adelante, no saben qué hacer”.

En el grado de Ulises, que va a una escuela pública, la mayoría de los papás están en la misma sintonía; y para Verónica eso es un factor clave: “Me parece que cuando el entorno de padres prioriza más el juego, el cuerpo, la conversación y el compartir, es más fácil que los niños no se sientan sapos de otro pozo –explica–. Si justo tu hijo o hija son los únicos que no usan tanta tecnología, es más difícil”.

Único de su curso sin celular

Ese es un poco el caso de Sebastián, de 11 años, hijo de Laura Castillo, actriz, que asegura a todo aquel que quiera escucharlo ser el único de su grado que no tiene celular ni redes.

Sebastián también estudia en una escuela pública (en las que, muchos papás aseguran, la iniciación de los niños en la vida digital es más tardía e irregular que en las privadas), pero los años que lo separan de Ulises pueden explicar la diferencia: es común que a los 11 o 12 años muchos niños tengan su primer celular o una cuenta de Instagram. Sin embargo, los papás de Sebastián se mantienen firmes: “Creemos que no lo necesita y no está aún preparado. No se mueve solo en la calle más allá de algún mandado o compra cercana a nuestra casa. Además privilegiamos el contacto real con sus amigos y compañeros”, explica Laura, y agrega: “Ya va a tener, cuando vaya a la secundaria y se mueva más solo, pero por ahora aunque se queje y lo discutamos mucho nos mantenemos firmes. No creemos que sea decisión de él”.

La historia de Sebastián es la que a los adultos nos aparece como más típica: sin embargo, no todos los niños que no tienen acceso a celulares o a redes lo viven como un problema. En parte, como comentaba Verónica, el entorno juega un papel importantísimo: una red social solo tiene gracia si tus amigos están en ella, pero también depende de la personalidad de cada niño. Muchos niños huyen de las redes sociales clásicas y eligen otro tipo de ‘apps’, más relacionadas con el juego y la creatividad que con la exposición de sus vidas personales.

A pesar de que sus padres no le prohíben el acceso a ninguna red (“sí leo todo lo que puedo y hablo mucho con ella, además de proponer mil cosas para que no esté todo el día en el teléfono”, dice Tomás Linch, editor y papá), Catalina, de 12, usa solamente WhatsApp y una red social llamada Amino, que no usa ninguno de sus compañeros de colegio: “Arranqué en sexto grado. Pero mis amigos solían usar mucho antes Instagram, que yo nunca usé”, cuenta. Amino es una ‘app’ que conecta comunidades de fans de distintos temas, desde animé hasta series de TV, videojuegos o superhéroes: Catalina dibuja y la usa para trabajar en proyectos colaborativos. “Es extraordinario lo que los niños generan solos”, se maravilla Tomás, que nunca había escuchado hablar de Amino antes. “No creo que alguien de mi edad se pierda de nada por no tener redes, celular o WhatsApp –dice Catalina–. A veces usamos WhatsApp para hacer la tarea, pero el que no tiene usa el WhatsApp del padre y se arregla”.

Algo parecido dice Lucas, de 11, hijo de Laura González, maquilladora y esteticista, que no tiene redes sociales, pero sí un celular muy básico y sin chip para jugar algún juego: “Yo diría que sin Skype, sin WhatsApp, sin Facebook, sin Instagram. ¡Estoy muy bien! No me interesa mucho hablar en redes sociales. A mí lo que me gustaría es tener un celu para jugar jueguitos, pero tranqui, no tengo ningún problema. Mis amigos siguen a famosos en Instagram, pero yo no, yo solo quiero un celu para jugar y que no se me quede varado como el que tengo ahora”, dice Lucas, sin rastros de mal humor. Eso no significa que su vida sea 100 % libre de tecnología: es un fanático de la PlayStation y juega en red con sus amigos del colegio.

Decisión a conciencia

¿Tiene fundamentos la decisión de los papás ‘tech-free’? Todo indica que sí: hace unos meses fue furor la noticia de que muchos empleados de las empresas de Silicon Valley crían a sus hijos de la forma más analógica posible. Vijay Koduri (exempleado de Google y cofundador de la ‘startup’ HashCut) y su mujer, Minni Shahi (empleada de Apple), le contaron al medio ‘Business Insider’ que la tecnología en la que ellos trabajan está prohibida en su casa: ninguno de sus hijos de 10 y 12 años tiene su propio celular, y solo tienen permiso para jugar con los de sus padres durante diez minutos semanales. Junto con otros padres de Silicon Valley, explicaron que la carrera hoy en las empresas de tecnología es crear aplicaciones cada vez más adictivas para consumidores cada vez más jóvenes: “Las empresas de tecnología saben que cuanto más temprano logres que los niños usen tu plataforma, más fácil es que incorporen el hábito para toda la vida”, explicó Koduri.

La doctora Julieta Olivieri, psiquiatra infantil y juvenil del Departamento de Urgencia del Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez, opina en la misma línea: “En general, los niños arrancan a usar el celular en los últimos años de la primaria, preparándose para la mayor autonomía de la secundaria. Los que empiezan antes pueden tener trastornos del sueño, cuestiones de compulsión, ansiedad… en mi experiencia no es para nada positivo empezar muy temprano”.

Según ella, los papás tienen muy presente el miedo a los ataques de pedófilos, pero no necesariamente otro peligro real, que es la propia exposición de los niños: “Ellos no siempre entienden que eso que ponen en un celular se puede volver público: los papás no lo piensan mucho hasta que el niño no aparece exhibido en una foto complicada. Los pedófilos son reales, pero este también es un peligro muy común si un niño tiene acceso ilimitado a redes”. Olivieri sugiere un acceso a redes no demasiado temprano, paulatino y supervisado por un adulto.

Algunos padres optan por estos caminos intermedios, con graduación y control: es el caso de Lucrecia Fernández Grenno, politóloga y mamá de Magdalena, de 7 años, que tiene un celular con WhatsApp, pero solo un pequeño grupo de contactos. “Su papá es de la República Checa, como ella, así que se comunica con él por WhatsApp. Me tiene a mí, a sus abuelos y a su mejor amiga. No tiene permitido tener a otros”. A veces mira el Facebook de su mamá o pone “me gusta” a sus primos desde la cuenta de ella; según Lucrecia, este tipo de acceso controlado es común en el entorno de ella: “Pide tener Instagram, pero yo aún no la dejo, le explico que es demasiado pequeña y que puede sacarse fotos que no correspondan. No le gusta, pero lo acepta como límite, también porque ninguno de sus compañeros tiene”.

Emma, de 11, tiene un acceso un poco mayor, acorde con su edad, pero también monitoreado de cerca por su mamá, Clara Sirvén, periodista y productora: “Emma tiene una cuenta de Instagram privada, y los seguidores los acepto yo”, explica Clara. Sus amigas suelen tener Instagram y otra red llamada Musical.ly, muy popular entre los niños (entre otras cosas, porque no tiene ningún límite en la edad de acceso). Emma llega a usar tres o cuatro horas diarias de redes, pero no le parecería grave no tener: “Mis amigas que no tienen se quedan afuera de alguna cosa, alguna foto graciosa, pero nada muy importante”.

Por su parte, Jimena Riveros tiene en su casa a todo el espectro de la niñez, con Ema de 7, Mía de 10 y Juana de 12. “La chiquita tiene Musical.ly, pero no tiene abierta la red, sube videítos que solo pueden ver sus hermanas y amigas, igual ya está en tema, cosa que con la mayor arrancó apenas en cuarto grado. Yo tengo en mi celular las cuentas de Instagram de las dos más grandes, así que veo todo: y, obviamente, son perfiles cerrados”. Los fines de semana se van a una casa en la que no hay conexión: “Ellas piden que la ponga, pero lo estoy retrasando, porque me encanta que se entretengan haciendo vida sin internet”.
Con o sin grises, una cosa parece cierta: la infancia ‘unplugged’ es posible, y –para muchos– no está nada mal.

Fuente: abcdelbebe.com

Dentro de poco podrás controlar tu móvil con la mente

En 2018 ya estamos acostumbrados a hablar con nuestros gadgets. Le preguntamos a Siri si hace falta que saquemos el paraguas mañana. Decimos al aire ‘Ok Google’ para saber si nuestro equipo ha ganado. Y buscamos una serie hablando directamente al televisor, de la misma forma que le pedíamos a nuestros padres que nos pusieran los dibujos animados.

Pero dentro de poco puede que ni siquiera gastemos nuestras cuerdas vocales para interactuar con las máquinas. Ni tan siquiera hará falta hacer un gesto o tocar un botón. Solo tendremos que pensar lo que necesitamos y lo conseguiremos.

Suena a ciencia ficción pero es la realidad que se está cociendo en el Instituto Tecnológico de Massachusetts, uno de los laboratorios más importantes y avanzados del planeta. Allí se está diseñando y probando AlterEgo.

Da igual que sea feo, te lee la mente

AlterEgo es una tecnología que permite hablar con los ordenadores sin pronunciar una sola palabra y escuchar su respuesta sin necesidad de tener oídos. Su aspecto es el de una especie de trozo de plástico que va de la oreja a la boca, como si fuera una especie de collarín futurista o un fragmento de mandíbula de un tiburón.

Además, AlterEgo también funciona como un altavoz, pero no como uno corriente: su sistema emite sonidos desde el ordenador al que esté conectado mediante vibración, lo que le permite enviar señales directamente al oído interno a través de los huesos de la mandíbula y del cráneo.

Mayores de 14 años: La clave está en el diálogo

Es fundamental hablar con los menores de forma cotidiana sobre lo que hacen en internet, fomentando su capacidad crítica y manteniendo un buen clima de confianza y comunicación. Los padres, en función de la madurez del menor, tienen que adaptarle el contenido al que tiene acceso, así como acordar el tiempo de uso y conexión. También deben orientar su actividad en la Red hacia contenidos que tengan que ver con su formación y entretenimiento.

Fuente: abc.es

Así se puede trabajar en clase con series

El éxito que cosechan en la actualidad las series entre los adolescentes y el público infantil consolida este formato como un recurso muy atractivo para trabajar las diferentes materias en clase. Son muchos los docentes que ya han aprovechado algunas como ‘Juego de Tronos’, ‘Élite’ o ‘Los 100’ con propuestas metodológicas y lúdicas. Recopilamos las experiencias publicadas en nuestra web al respecto para que puedas inspirarte en ellas y tomar ejemplo con tus estudiantes.

Un comentario de texto a propósito de un fragmento de guion de ‘Merlí’, un trabajo en grupo con dudas sobre sexo con la excusa de ‘Sex Education’ o ‘Titans’ para repasar clásicos del mundo del cómic. Así ha aprovechado Cristian Olivé las series de Netflix para trabajar Lengua y Literatura en 2º de ESO en la Escola Joan Pelegrí de Barcelona.

Netflix y otras plataformas de streaming representan la sociedad audiovisual de los tiempos modernos. Los jóvenes de hoy consumen cada vez más contenidos en diferido porque pueden decidir dónde y cuándo hacerlo. Desde el punto de vista educativo, los recursos que Netflix puede ofrecer para las clases de Lengua y Literatura son tan extensos como lo es su catálogo.

Por ejemplo, la serie ‘Élite’ puede ser un buen arranque para hablar de novela negra. Sería, cuanto menos, sorprendente llegar a clase con los planos reales del instituto donde estudian día a día y pedirles que sitúen la escena de un crimen para luego elaborar una noticia con las seis preguntas básicas del periodismo.

Merlí

Con la excusa de que casi todos conocen ‘Sex Education’, pueden realizar un trabajo en grupo en el que expongan sus dudas sobre sexo, preparen un cuestionario, investiguen sobre dichos asuntos y, finalmente, recreen un consultorio juvenil como en la serie de Netflix.

Partiendo de una transcripción de los diálogos de una secuencia de ‘La casa de papel’, pueden añadirle una voz narrativa que combine estilo directo e indirecto. Además, tras algunas visualizaciones del video en clase, pueden recopilar descripciones de lo que sucede para incorporarlas a modo de incisos en el texto dialogado.

¡Hemos dejado entrar a Merlí en clase!

Siempre agradecen que con la literatura miremos más allá de los clásicos. Por ello, a partir de un fragmento de guion de ‘Merlí’, podemos mostrarles las diferencias entre un texto teatral y un guion cinematográfico. Teniendo en cuenta que la serie también trata de forma recurrente los temas de la diversidad y de la tolerancia, podrían buscar información y elaborar un reportaje sobre la situación LGTBI en el mundo.

Merlí

‘Black Mirror’, a pesar de estar enfocada a un público más adulto, es conocida por la mayoría de jóvenes. La serie explora los límites de la tecnología, de modo que se puede entablar un debate en clase con argumentos a favor y en contra acerca de la adicción a las redes sociales y qué piensan de la batalla de los likes. El contenido de la serie también puede ser la excusa para hablar de la literatura de distopías y no estaría de más pedirles que imaginen una breve trama de un capítulo con una sociedad futurista y distópica.

También para repasar literatura universal

Los superhéroes de ‘Titans’ pueden ser la razón para repasar algunos clásicos del mundo del cómic y de la novela gráfica. De hecho, con fotogramas de la serie podrían lanzarse a escribir algunas viñetas.

La casa de papel

En ‘You’ el protagonista es un desequilibrado librero. Como son constantes las referencias a obras de la literatura universal, podemos hacer un repaso de las más emblemáticas, desde “Frankenstein” hasta “El guardián entre el centeno”. De paso, se puede aprovechar que el verbo ‘stalkear’ resume a la perfección la trama de la serie para comentar otras expresiones adolescentes de origen anglosajón, como ‘hater’, ‘shippear’ o ‘hype’, entre otras.

¿Cómo ordenar el aula?

El texto instructivo es la modalidad con la que Marie Kondo ayuda a sus clientes a ordenar su hogar en la serie de Netflix. Por esta razón, una manera divertida y relajada de trabajar dicha tipología textual podría ser pidiéndoles que sienten las bases de cómo tener el aula decente y ordenada en todo momento.

En resumen, Netflix ofrece un abanico lo bastante amplio como para acercar la asignatura de Lengua y Literatura a los jóvenes. Dicen que todo tiene su secreto y, en nuestra profesión, convertir un punto de interés cercano a los alumnos en materia de clase suele ser un éxito asegurado.

Aprender Historia viviendo en Juego de Tronos

Juego de Tronos Series en clase

En las clases de Historia de Agustín Tortosa en el Colegio Zola de Las Rozas (Madrid) se creó un reino feudal como el de la popular serie para acercar el temario de historia al alumnado de 2º de ESO. Así, los estudiantes inventaron un mundo medieval en el que se convirtieron, por ejemplo, en nobles en pleno siglo XXI. Después de una breve introducción al contenido que se estudiaría, se fueron sucediendo distintas pruebas relacionadas con diferentes aspectos del contexto social, cultural, político o religioso de la Edad Media. Cada prueba superada, era sinónimo de un doblón: una recompensa traducida en la nota final del proyecto y que se iban consiguiendo en función de los establecido en la rúbrica de evaluación.

Fuente: educaciontrespuntocero.com

Enfermedades que los celulares provocan a tus niños y no lo sabías

Todos hemos sabido las consecuencias negativas de los celulares, sin embargo, se quedan a la deriva por tantas novedades tecnológicas existentes.

Sí, los celulares nos han proporcionado horas de diversión, información, y más que nada, comunicación con cualquier parte del mundo.

Pero aunque son pocos sus daños, no se les presta atención porque, admitámoslo, la vida no sería la misma sin ellos.

Así que abre los ojos e investiga sobre cada mal que puede estar pasando a tus seres queridos, sobre todo los niños, ellos son los que más rápido se adaptan a la tecnología y los que pueden salir más perjudicados en el asunto.

Enfermedades frecuentes en niños por usar el celular

Hay una alerta a nivel mundial por las inesperadas enfermedades que están causando el uso de los celulares a los niños.

Seguramente no estás al tanto de ellos y por eso te traemos este escrito para que conozcas las últimas novedades.

Ya que estamos rodeados de aparatos electrónicos – celulares, tabletas, televisores, computadores, etc. – no es dificultoso saber que los niños preferirían esas cosas a jugar en el parque con sus amigos.

Al ser padres hay que prestar atención a cuánto tiempo pasan nuestros hijos en el Internet, ya que estar al frente de la pantalla por muchas horas puede afectar gravemente la salud de uno.

Un ejemplo de ello es el uso de lentes, desde pequeños pueden padecer de alguna enfermedad de la vista, la cual se debe al uso incontrolable de aparatos electrónicos.

Por ese motivo, como padres se debe tener un horario restringido en sus usos, así evitarás daños a la salud a futuro. ¡Muy práctico! ¿No?

Estas son las cinco enfermedades que un niño puede tener con el uso prolongado del celular:

Trastornos visuales

celulares

Pasar mucho tiempo frente a la pantalla cansa la vista y si se ve forzado a repetirlo diariamente, esta puede dañarse más rápido de lo que debería.

Puede causar a su vez:

Disminución de la vista

Dolores de cabeza

Cansancio visual

Sobre todo con el brillo de la pantalla, este es el factor más importante de la enfermedad, preferiblemente debe quitarse el brillo o usar un protector.

Ansiedad

Cuando constantemente estás en Internet o en las redes sociales, puedes fácilmente volverte adicto a ellas.

Y cuando los padres establecen un horario en su uso, los hijos pueden verse forzados a una gran ansiedad cuando no tienen el aparato en sus manos. Son los mismos síntomas que un adulto pasa en abstinencia.

Insomnio

tarde

Va conjunto a la ansiedad. Como el niño desea tanto usar su celular no va a poder dormir hasta que esté cumpliendo su meta, sin importarle su salud.

Las consecuencias son terribles en un niño, pues este estará cansado el día anterior y no podrá rendir en sus actividades rutinarias.

Provocándole:

Mal humor

Dolor de cabeza

Sueño

Irritación

Cáncer

The small boy sits with the computer on a white background TFGP.

Sí, esta es la peor consecuencia que pueda haber. Trae a su vida l posibilidad de desarrollar ciertos tipos de cáncer.

Eso se debe a las ondas radiofrecuenciales que poseen los aparatos, el cual está constantemente con la víctima. Y como su cuerpo aún está en crecimiento, los mismos pueden hacer que sus órganos internos no crezcan como debiesen.

Quemaduras

quemar

Cuando un aparato está dañado, mal conectado o cerca de algo inflamable; cualquier chispa que pueda ocasionar un fuego, se hará realidad. Incluso cuando un niño cargue su celular u otro aparato. Hay que evitar el uso de los mismos si están en mal estado.

Y ahí lo tienen, las cinco enfermedades causantes de que muchos niños dejen ahora mismo de usar celulares.

Y cuidado, los adultos se pueden ver sometidos a los mismos planes. Así que da el ejemplo a tu hijo y permítele vivir una vida sin ser esclavo de la tecnología.

Fuente: familiasalud.com

Desconectar de las pantallas, el nuevo lujo de las élites

El estar desconectado empieza a ser tendencia entre algunos, los millonarios de Silicon Valley optan por vetar su tecnología a sus hijos.

Desconectarse del teléfono o de cualquier pantalla es la tendencia entre los más pudientes.

En abril de 2010 se vendió el primer iPad invento que, para su creador, Steve Jobs, equivalía “a tocar internet con las manos”. Las posibilidades del iPad parecían infinitas y pronto se aplicaron a la educación donde, si el ordenador portátil ya era “lo más”, la tableta iba a ser lo siguiente. Un nuevo y exquisito caramelo que, como sucede con las modas, se degustó primero entre las élites.

En los colegios privados las clases trufadas de pantallas se mostraban con orgullo en los días de puertas abiertas. Y los progenitores cuyos hijos iban a centros donde había: “¡Un iPad por alumno!” se pavoneaban ante los menos afortunados. La tableta servía para “todo”: dibujar, ver videos, grabar y editar, hacer fotos, leer, descargarse aplicaciones… El futuro estaba al alcance de sus privilegiados retoños.

Hace unos años en los colegios privados las clases trufadas de pantallas se mostraban con orgullo en los días de puertas abiertas.

Las pantallas, sin embargo, no tardaron en llegar a los centros concertados y públicos. Evitar la brecha digital se convirtió hasta en un compromiso electoral. Nadie quería quedarse atrás en la conquista del acceso las pantallas. Un objetivo que se ha cumplido con creces: hoy son ubicuas.

Pero, mientras en España el móvil de última generación es el regalo estrella de la comunión, en Silicon Valley los hijos de las élites se están educando en escuelas cuyo principal reclamo es, precisamente, la ausencia de pantallas. Por lo menos, hasta Secundaria.

Una keynote de Apple en la que se presentaba el iPad esencial, pensado en gran medida para las aulas.

“Estoy convencida que el diablo vive en nuestros teléfonos y está causando estragos entre nuestros hijos”, explicaba en el New York Times Athena Chavarria, que trabaja en la fundación de Mark Zuckerberg, creador de Facebook. Chavarria que no dejó que sus hijos tuvieran móvil hasta los 14 años, no permite su uso en el coche y controla los tiempos de exposición en casa. En el mismo diario, Chris Anderson, ex editor de la revista tecnológica Wired, equipara las pantallas a la cocaína.

Sabe perfectamente que las aplicaciones que soportan son altamente adictivas. Que están diseñadas para que el usuario genere dopamina, la hormona que alimenta el llamado circuito de recompensa. “Pensamos que podríamos controlarlas pero superan nuestra capacidad. Van directamente a los centros de placer del cerebro en desarrollo”, resume. Entre las normas tecnológicas que aplica a sus cinco hijos está el suprimir el wifi en caso de mal comportamiento. Si no hace mucho se castigaba a los hijos sin postre, ahora se les castiga sin wifi.

Chris Anderson, ex editor de la revista tecnológica Wired, equipara las pantallas a la cocaína

En Silicon Valley, las reticencias a la exposición precoz a las pantallas empezaron desde lo alto: los Gates no permitieron que sus hijos tuvieran móvil hasta la adolescencia y el consejero delegado de Apple, Tim Cook, aseguró que no permitiría que su sobrino se uniera a las redes sociales. Steve Jobs, por su parte, no dejó que sus hijos se acercaran a un iPad.

Hay varias razones por la que los artífices de la revolución digital protegen a sus criaturas de la misma. La primera es la preocupación, fundamentada, sobre la incidencia en su desarrollo. Cada vez hay más datos contrastados que las pantallas son un problema. La adicción que generan desemboca en problemas de concentración, de vista, déficit de sueño, baja tolerancia a la frustración e incluso, baja autoestima.

La adicción que generan las pantallas desemboca en problemas de concentración, de vista, déficit de sueño, baja tolerancia a la frustración e incluso, baja autoestima.

Un estudio en curso del Instituto Nacional de Salud de Estados Unidos está revelando que el cerebro experimenta “cambios significativos” si el crío pasa más de siete horas diarias frente a la pantalla. La doctora Dowling, una de sus responsables, explicó a la CBS que “hay un patrón” en los cerebros de estos niños. El córtex, la capa cerebral que procesa la información procedente de los sentidos, parece estar adelgazándose prematuramente.

Y, como explican desde la web del Hospital de Sant Joan de Déu: “Una persona que tiene el córtex frontal encogido y una densidad de sustancia gris más baja, se vuelve más impulsiva, es más propensa a comportamientos adictivos, es más agresiva y no toma decisiones tan acertadas, porque su capacidad para hacer encadenamientos lógicos está alterada”. También hay evidencia que los niños que pasan más de dos horas al día frente a cualquier tipo de pantalla tienen notas más bajas en las áreas relacionadas con el lenguaje y el razonamiento.

En Silicon Valley en menos de una década se ha pasado de alardear que el niño de tres años ya domina el iPad a alardear de lo contrario

Ante este panorama, las alarmas se han disparado en Silicon Valley. No en vano, es allí donde empezó todo y donde se dispone de la información más privilegiada. Así, en menos de una década se ha pasado de alardear que el niño de tres años ya domina el iPad a alardear de lo contrario. En lo que podría calificarse de tremenda hipocresía, los hijos de los principales responsables de que el mundo esté hiperconectado se crían sin conexión.

Pero no todo son razones de salud y desarrollo cognitivo. Detrás de esta tendencia hay también razones de diferenciación social. Cuando una abrumadora mayoría ya tiene acceso a las pantallas (en Estados Unidos el 98% de los hogares están conectados, en España, el 85% de la población tiene móvil), criar niños sin acceso a ellas se ha convertido en otro signo de estatus. En el competitivo mundo de la crianza, los niños “screen-free” son especiales: “Mis hijos no han visto nunca una película”, explicaba, orgullosa, una madre. “Son diferentes. Nada que ver”.

Niños usando sus smartphones

El problema es que suelen ser los más ricos los que pueden permitirse este nuevo lujo. No es lo mismo tener una niñera que, por contrato, no puede utilizar el móvil (como sucede en Silicon Valley), que ser padres trabajadores o familias monoparentales, que no dan abasto. Progenitores que descubren, no sin perplejidad, que ese móvil que le regalaron a su hijo o esa clase de código informático a la que le apuntaron con seis años —porque eran “el futuro”—, ahora son perjudiciales.

En los centros privados de Silicon Valley prometen cero tecnología, pizarras, tizas, manualidades y juego al aire libre, sin estructurar. Mientras los niños más desfavorecidos se enganchan a sus pantallas como si fueran comida basura, los hijos de las élites están redescubriendo el patrimonio de la infancia: el juego. Un derecho reconocido por las Naciones Unidas, con beneficios incontables.

En los centros privados de Silicon Valley prometen cero tecnología, pizarras, tizas, manualidades y juego al aire libre.

La desconexión como nuevo signo de estatus no solo se da entre los más pequeños. En el mundo del marketing se asegura que el estar “off line” es la nueva marca de diferenciación. Si hace poco mandar un mail con la coletilla “enviado desde mi iPhone” implicaba poder, ahora el poder implica lo contrario: no responder. “Si estás en la cúspide de la jerarquía, no tienes porqué dar explicaciones a nadie. Te las tienen que dar a ti”, afirma en el New York Times Joseph Nunes, especialista en “marketing de estatus”. En el reportaje, titulado “Contacto humano, el nuevo lujo”, se explica que el estar conectado se está volviendo más y más vulgar.

Las élites tampoco necesitan dar al “me gusta” y regalar así sus datos a Google y Facebook. Saben que en internet, donde supuestamente impera el todo gratis, los datos de los usuarios son la moneda de cambio y no piensan entrar en el juego. Pero los pobres o la cada vez más ahogada y enganchada clase media, no tienen la capacidad de evitarlo.

La tendencia entre los ricos es gastar en experiencias reales y personalizadas

El mundo del marketing ha detectado que hoy la aspiración de las élites es… el mundo real. Y en el mercado gigantesco e ilimitado de las “experiencias”, el contacto humano es la última moda. En el citado reportaje del Times, Milton Pedraza, consejero delegado de The Luxury Institute —especializado en “lujo emocionalmente inteligente”—, explica que la tendencia entre los ricos es gastar en experiencias reales y personalizadas. Así lo resumen en su último informe: “Mientras gigantes como Amazon y Walmart buscan la automatización y la despersonalización, la industria del lujo debe apostar por una humanización profunda. El del lujo es el mundo más preparado para enseñar a otras industrias el valor del los vínculos y la conexión humana”.

El universo online se ha vulgarizado: es para los que no tienen tiempo, ni recursos. Hoy es mucho más barato chatear por WhatsApp que tomar un café con un amigo. Navegar por un campo de amapolas en Instagram que pasear por un campo de amapolas en primavera. Jugar con cubos virtuales que con cubos de madera. Ver una película en streaming que ir al cine. Tanto para los niños como para los adultos, la vida real es cada vez es más exclusiva. Implica tener imaginación, atención, recursos y, especialmente, tiempo. Un factor que internet y las aplicaciones, diseñadas para ser altamente adictivas, nos roban de forma eficaz.

Fuente: lavanguardia.com

El reto de los profesores de América Latina: pasar del cuaderno a las ‘apps’

Entre los obstáculos para la educación 2.0. en la región está mejorar la conectividad, según un estudio de la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura

Hace tan sólo una década el maestro nicaragüense Reynaldo Maradiaga, no había tocado un ordenador. Entonces, todavía rondando la treintena, ya pensaba que se escapaba de sus posibilidades, pero el aprendizaje del uso de las nuevas tecnologías le abrió una forma nueva de acercarse a sus alumnos del Colegio Público Benjamín Zeledón, en Managua. De ser un maestro convencional ha pasado compartir con sus alumnos videos en Youtube, administrar grupos sobre literatura en Facebook y trabajar con aplicaciones para que los estudiantes puedan contestar ejercicios de lengua y gramática. “Estamos trabajando con lo que más le gusta al estudiante”, ha asegurado Maradiaga, que ha viajado a Madrid para compartir su experiencia y recibir formación con otros profesores de siete países en la sede Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI).

Su testimonio forma parte de las experiencias positivas de la inclusión de las TIC (Tecnologías de Información y Comunicación) en los sistemas educativos en América Latina, una región que aunque en la última década ha avanzado la incorporación de estos recursos en las aulas, todavía enfrenta algunos desafíos como la conectividad, según un estudio presentado esta semana por la institución. La OEI ha evaluado el uso de las TICS en 144 colegios en Ecuador, El Salvador, Guatemala, México, Nicaragua, Panamá y Uruguay. En el estudio –que analiza los datos de 2016- han participado más de 540 directores y 2.300 profesores que forman parte del programa “Aulas Fundación Telefónica”, un proyecto puesto en marcha en 2009 que suele ir de la mano con los gobiernos locales para dotar de material y dar formación a docentes en escuelas públicas con el fin de reducir la brecha digital.

Entre los avances destacan que el 77% de los profesores de los centros que han participado en el estudio utilizan al menos una vez al mes un ordenador en clase para que sus alumnos consulten Internet. Sin embargo, aunque el 80% de los centros consultados tienen Internet de banda ancha, la mitad de los profesores lamenta que la conexión es intermitente o “casi nunca” funciona. “En mi país el Gobierno ha asimilado esto de la tecnología y en mi escuela hay tres redes (de acceso a internet)”, apunta Maradiaga, pero la realidad no es igual en todos los países.

El maestro nicaragüense, de 44 años, imparte clase de Literatura y Lengua a adolescentes de entre 11 y 17 años para los que diseña aplicaciones sencillas con el programa AppsGeyser, en función de las necesidades de sus alumnos. Maradiaga considera que utilizar ordenadores e incluso el móvil en las aula ha sido positivo y ha tenido un impacto en “la retención, la buena disciplina, ha elevado los índices de aprobación porque los estudiantes están animados, no están viendo papeles, escribiendo tanto. Eso ayuda”. Por su cuenta ha continuado formándose, incluso le han pedido que instruya a otros profesores de la escuela, algo que hace de forma puntual porque lo que le gusta es seguir enseñando en el aula. “Mi ramo es español, si me equivoco es en español no en computación”, dice.

De aprendiz a maestra de maestros

Quien sí se atrevió a dar el paso fue la peruana Soledad de la Cruz, una profesora que comenzó impartiendo clase a niños de nueve años en la escuela de José Carlos Mariategui en el enclave rural de Huancayo, situado a 3.285 metros, que actualmente es “dinamizadora” en su escuela y más de 40 maestros en su escuela aprenden en el Aula de Innovación Tecnológica. Además, es coordinadora de su región -que abarca 14 centros- para promover el uso de las TICs. De la Cruz, confiesa que tuvo que aprender Word en 2010 para poder avanzar en la certificación como maestra y desde entonces no ha dejado de formarse. En estos años destaca que los niños están aprendiendo de una forma más lúdica y una consecuencia colateral: los padres se están interesando también. “En mi escuela, los padres se han involucrado y quieren que los maestros que enseñen a sus niños sepan más de tecnología. Y ahí el reto de cada docente de pode seguir capacitándose”.

La secretaria técnica del Instituto de evaluación de la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI), Tamara Díaz, responsable del análisis de los datos del estudio apunta que casos como el de Maradiaga o De la Cruz, que se han convertido en referentes en su comunidad escolar demuestran que: “El cambio educativo es posible”.

Díaz enfatiza que la introducción de tecnología en las aulas debe ir acompañada de formación para el profesorado y de un plan que defina cómo y para qué emplearlos. “Lo importante es que los alumnos sean capaces de desenvolverse y ahora tenemos la obligación como profesor de dotarles de las herramientas para que sean ciudadanos del siglo XXI”.

Fuente: elpais.com

Educar a los niños ‘desconectados’ de la tecnología si es posible

Verónica Pérez Arango, docente en un colegio de secundaria y mamá de Ulises, de 8 años, ha visto esta escena muchas veces: en casas de hijos de amigos que pasan horas hipnotizados delante de una tableta o un teléfono, Uli –como llama cariñosamente a su hijo– tiende a escabullirse con su hermanita menor a alguna otra habitación y descubrir juguetes nuevos que quizá su dueño no toca hace siglos.

“La verdad es que me llama poderosamente la atención que niños y niñas de 6 o 10 años no se diviertan con otra cosa que no sean las redes y la tecnología”, dice Verónica. Esa es una de las razones por las cuales Ulises forma parte de una tendencia que crece: niños criados con acceso nulo o muy restringido a teléfonos celulares y, especialmente, redes sociales.

En un mundo hiperconectado, en el que las empresas de tecnología apuntan a públicos cada vez más jóvenes, muchos padres en Argentina y en el mundo eligen educar a sus hijos en ambientes ‘tech-free’.

¿Cuáles son las ventajas y desventajas de una niñez sin apps? ¿Es muy difícil sostener la apuesta por una infancia analógica? ¿Un chico desenchufado es un chico aislado, excluido? ¿Cuáles son las recomendaciones de los especialistas?

En el caso de Ulises, por ejemplo, él no tiene redes sociales ni celular: a veces le pide prestado el teléfono a su mamá para poner algo de música. “No tiene redes, pero la verdad es que tampoco las pidió”, explica Verónica, que regula también las horas de pantalla en su casa, incluyendo Netflix y YouTube. “Lo que sí me pregunta es por qué no puede ver todo el día Netflix, a lo cual le respondo que está genial ver pelis, pero que está bueno aburrirse porque cada vez que se aburren descubren un juego nuevo o inventan algo o salen al aire libre –dice Verónica–. A mí, como madre, me da más trabajo esto, pero amo tanto que juegue cuando conozco niños y niñas de esa edad que si no tienen tecnología adelante, no saben qué hacer”.

En el grado de Ulises, que va a una escuela pública, la mayoría de los papás están en la misma sintonía; y para Verónica eso es un factor clave: “Me parece que cuando el entorno de padres prioriza más el juego, el cuerpo, la conversación y el compartir, es más fácil que los niños no se sientan sapos de otro pozo –explica–. Si justo tu hijo o hija son los únicos que no usan tanta tecnología, es más difícil”.

Único de su curso sin celular

Ese es un poco el caso de Sebastián, de 11 años, hijo de Laura Castillo, actriz, que asegura a todo aquel que quiera escucharlo ser el único de su grado que no tiene celular ni redes.

Sebastián también estudia en una escuela pública (en las que, muchos papás aseguran, la iniciación de los niños en la vida digital es más tardía e irregular que en las privadas), pero los años que lo separan de Ulises pueden explicar la diferencia: es común que a los 11 o 12 años muchos niños tengan su primer celular o una cuenta de Instagram. Sin embargo, los papás de Sebastián se mantienen firmes: “Creemos que no lo necesita y no está aún preparado. No se mueve solo en la calle más allá de algún mandado o compra cercana a nuestra casa. Además privilegiamos el contacto real con sus amigos y compañeros”, explica Laura, y agrega: “Ya va a tener, cuando vaya a la secundaria y se mueva más solo, pero por ahora aunque se queje y lo discutamos mucho nos mantenemos firmes. No creemos que sea decisión de él”.

La historia de Sebastián es la que a los adultos nos aparece como más típica: sin embargo, no todos los niños que no tienen acceso a celulares o a redes lo viven como un problema. En parte, como comentaba Verónica, el entorno juega un papel importantísimo: una red social solo tiene gracia si tus amigos están en ella, pero también depende de la personalidad de cada niño. Muchos niños huyen de las redes sociales clásicas y eligen otro tipo de ‘apps’, más relacionadas con el juego y la creatividad que con la exposición de sus vidas personales.

A pesar de que sus padres no le prohíben el acceso a ninguna red (“sí leo todo lo que puedo y hablo mucho con ella, además de proponer mil cosas para que no esté todo el día en el teléfono”, dice Tomás Linch, editor y papá), Catalina, de 12, usa solamente WhatsApp y una red social llamada Amino, que no usa ninguno de sus compañeros de colegio: “Arranqué en sexto grado. Pero mis amigos solían usar mucho antes Instagram, que yo nunca usé”, cuenta. Amino es una ‘app’ que conecta comunidades de fans de distintos temas, desde animé hasta series de TV, videojuegos o superhéroes: Catalina dibuja y la usa para trabajar en proyectos colaborativos. “Es extraordinario lo que los niños generan solos”, se maravilla Tomás, que nunca había escuchado hablar de Amino antes. “No creo que alguien de mi edad se pierda de nada por no tener redes, celular o WhatsApp –dice Catalina–. A veces usamos WhatsApp para hacer la tarea, pero el que no tiene usa el WhatsApp del padre y se arregla”.

Algo parecido dice Lucas, de 11, hijo de Laura González, maquilladora y esteticista, que no tiene redes sociales, pero sí un celular muy básico y sin chip para jugar algún juego: “Yo diría que sin Skype, sin WhatsApp, sin Facebook, sin Instagram. ¡Estoy muy bien! No me interesa mucho hablar en redes sociales. A mí lo que me gustaría es tener un celu para jugar jueguitos, pero tranqui, no tengo ningún problema. Mis amigos siguen a famosos en Instagram, pero yo no, yo solo quiero un celu para jugar y que no se me quede varado como el que tengo ahora”, dice Lucas, sin rastros de mal humor. Eso no significa que su vida sea 100 % libre de tecnología: es un fanático de la PlayStation y juega en red con sus amigos del colegio.

Decisión a conciencia

¿Tiene fundamentos la decisión de los papás ‘tech-free’? Todo indica que sí: hace unos meses fue furor la noticia de que muchos empleados de las empresas de Silicon Valley crían a sus hijos de la forma más analógica posible. Vijay Koduri (exempleado de Google y cofundador de la ‘startup’ HashCut) y su mujer, Minni Shahi (empleada de Apple), le contaron al medio ‘Business Insider’ que la tecnología en la que ellos trabajan está prohibida en su casa: ninguno de sus hijos de 10 y 12 años tiene su propio celular, y solo tienen permiso para jugar con los de sus padres durante diez minutos semanales. Junto con otros padres de Silicon Valley, explicaron que la carrera hoy en las empresas de tecnología es crear aplicaciones cada vez más adictivas para consumidores cada vez más jóvenes: “Las empresas de tecnología saben que cuanto más temprano logres que los niños usen tu plataforma, más fácil es que incorporen el hábito para toda la vida”, explicó Koduri.

La doctora Julieta Olivieri, psiquiatra infantil y juvenil del Departamento de Urgencia del Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez, opina en la misma línea: “En general, los niños arrancan a usar el celular en los últimos años de la primaria, preparándose para la mayor autonomía de la secundaria. Los que empiezan antes pueden tener trastornos del sueño, cuestiones de compulsión, ansiedad… en mi experiencia no es para nada positivo empezar muy temprano”.

Según ella, los papás tienen muy presente el miedo a los ataques de pedófilos, pero no necesariamente otro peligro real, que es la propia exposición de los niños: “Ellos no siempre entienden que eso que ponen en un celular se puede volver público: los papás no lo piensan mucho hasta que el niño no aparece exhibido en una foto complicada. Los pedófilos son reales, pero este también es un peligro muy común si un niño tiene acceso ilimitado a redes”. Olivieri sugiere un acceso a redes no demasiado temprano, paulatino y supervisado por un adulto.

Algunos padres optan por estos caminos intermedios, con graduación y control: es el caso de Lucrecia Fernández Grenno, politóloga y mamá de Magdalena, de 7 años, que tiene un celular con WhatsApp, pero solo un pequeño grupo de contactos. “Su papá es de la República Checa, como ella, así que se comunica con él por WhatsApp. Me tiene a mí, a sus abuelos y a su mejor amiga. No tiene permitido tener a otros”. A veces mira el Facebook de su mamá o pone “me gusta” a sus primos desde la cuenta de ella; según Lucrecia, este tipo de acceso controlado es común en el entorno de ella: “Pide tener Instagram, pero yo aún no la dejo, le explico que es demasiado pequeña y que puede sacarse fotos que no correspondan. No le gusta, pero lo acepta como límite, también porque ninguno de sus compañeros tiene”.

Emma, de 11, tiene un acceso un poco mayor, acorde con su edad, pero también monitoreado de cerca por su mamá, Clara Sirvén, periodista y productora: “Emma tiene una cuenta de Instagram privada, y los seguidores los acepto yo”, explica Clara. Sus amigas suelen tener Instagram y otra red llamada Musical.ly, muy popular entre los niños (entre otras cosas, porque no tiene ningún límite en la edad de acceso). Emma llega a usar tres o cuatro horas diarias de redes, pero no le parecería grave no tener: “Mis amigas que no tienen se quedan afuera de alguna cosa, alguna foto graciosa, pero nada muy importante”.

Por su parte, Jimena Riveros tiene en su casa a todo el espectro de la niñez, con Ema de 7, Mía de 10 y Juana de 12. “La chiquita tiene Musical.ly, pero no tiene abierta la red, sube videítos que solo pueden ver sus hermanas y amigas, igual ya está en tema, cosa que con la mayor arrancó apenas en cuarto grado. Yo tengo en mi celular las cuentas de Instagram de las dos más grandes, así que veo todo: y, obviamente, son perfiles cerrados”. Los fines de semana se van a una casa en la que no hay conexión: “Ellas piden que la ponga, pero lo estoy retrasando, porque me encanta que se entretengan haciendo vida sin internet”.
Con o sin grises, una cosa parece cierta: la infancia ‘unplugged’ es posible, y –para muchos– no está nada mal.

Fuente: abcdelbebe.com

Dentro de poco podrás controlar tu móvil con la mente

En 2018 ya estamos acostumbrados a hablar con nuestros gadgets. Le preguntamos a Siri si hace falta que saquemos el paraguas mañana. Decimos al aire ‘Ok Google’ para saber si nuestro equipo ha ganado. Y buscamos una serie hablando directamente al televisor, de la misma forma que le pedíamos a nuestros padres que nos pusieran los dibujos animados.

Pero dentro de poco puede que ni siquiera gastemos nuestras cuerdas vocales para interactuar con las máquinas. Ni tan siquiera hará falta hacer un gesto o tocar un botón. Solo tendremos que pensar lo que necesitamos y lo conseguiremos.

Suena a ciencia ficción pero es la realidad que se está cociendo en el Instituto Tecnológico de Massachusetts, uno de los laboratorios más importantes y avanzados del planeta. Allí se está diseñando y probando AlterEgo.

Da igual que sea feo, te lee la mente

AlterEgo es una tecnología que permite hablar con los ordenadores sin pronunciar una sola palabra y escuchar su respuesta sin necesidad de tener oídos. Su aspecto es el de una especie de trozo de plástico que va de la oreja a la boca, como si fuera una especie de collarín futurista o un fragmento de mandíbula de un tiburón.

Además, AlterEgo también funciona como un altavoz, pero no como uno corriente: su sistema emite sonidos desde el ordenador al que esté conectado mediante vibración, lo que le permite enviar señales directamente al oído interno a través de los huesos de la mandíbula y del cráneo.

Más que pensamientos, subvocalizaciones

El hardware es de lo más interesante, pero lo realmente importante es el software. Un programa de ordenador interpreta todas las señales neuromusculares y las traduce en palabras, que luego coloca dónde el usuario quiera, ya sea en una caja de búsqueda de Google, en un procesador de textos o las convierta en órdenes para controlar cualquier programa de ordenador

¿Qué utilidad puede tener este sistema? Según Arnav Kapur investigador jefe a cargo del proyecto, los usuarios de AlterEgo podrán comunicarse con un ordenador de una manera completamente segura y privada. Nadie podrá ver lo que escriben ni lo que dictan a la máquina. Podrán estar impertérritos manejando sus máquinas. Podrá ser muy útil para los jugadores de ajedrez y también para los profesionales que tengan que trabajar bajo unas condiciones de ruido extremas.

Otra de las ventajas del uso de AlterEgo es la eliminación de las contraseñas y la absoluta privacidad. Para Kapur, nadie se tiene que preocupar de introducir ningún tipo de password porque el aparato distingue la forma del rostro y sabe quién es el usuario que lo lleva puesto.

El objetivo final: unir al hombre con la máquina

Pero Kapur es más ambicioso. En declaraciones concedidas a New Scientist asegura que su objetivo es el de que los seres humanos puedan sentir que el ordenador es una parte más de su persona, y que puedan ordenar sobre la máquina de la misma forma que controlamos nuestras extremidades: solo pensando y queriendo que ejecuten algún tipo de acción. “¿Podemos crear un ordenador que se perciba como interno, como si fuera una extensión de nuestra propia cognición?”, se pregunta.

Para desarrollar esta tecnología, el MIT llevó a cabo una serie de experimentos para poder captar la subvocalización de manera adecuada. Para ello, colocaron electrodos en el rostro de varias personas a las que pidieron que subvocalizaran (pensaran que iban a decirlas pero no llegar a decirlas) varias palabras y registraron los patrones. De movimiento muscular.

Toda esta información fue analizada por una serie de algoritmos que buscaron respuestas similares para poder poder establecer un patrón e identificar futuras acciones subvocales. El algoritmo va aprendiendo más patrones y palabras, hasta que consiga entender cualquier tipo de orden o pensamiento. ¿El objetivo final? No malgastar nuestras cuerdas vocales. O hablar con nuestra Her particular sin articular palabra.

Fuente: revistagq.com

Cómo ayudar a un niño con adicción a la tablet o el móvil

Ayuda a tu hijo a vencer la adicción por las Nuevas Tecnologías

Cada vez con mayor frecuencia vemos a niños más pequeños y hasta bebes necesitando frenéticamente la pantalla de una tablet o de un móvil para estar “calmados”.

Se dice que la nueva generación nace con esta ‘habilidad’ asombrosa para aprender a manejar rápidamente las nuevas tecnologías. El problema es que éstas ejercen un poder casi hipnótico. Su atractivo les lleva a una dependencia cada vez mayor. Hasta que la dependencia se transforma en adicción. Te explicamos cómo ayudar a un niño con adicción a la tablet o el móvil.

Cómo detectar una adicción del niño a la tablet o el móvil

Es verdad que en ciertos momentos puede ser de gran ayuda darles a los hijos pequeños un dispositivo móvil para que se entretengan en una sala de espera, en una reunión de adultos o simplemente mientras mamá prepara la comida… el problema es que de ahí a que esto se convierta en una necesidad casi permanente para que ellos estén contentos, hay solo un paso.

Cada vez empiezan a pedirlo más y más y si no se les entrega pueden mostrarse realmente alterados siendo incapaces de entretenerse con nada más.

Hay padres que no logran detectar estas situaciones a tiempo, ya que por desgracia están inmersos en su propia adicción a las pantallas y porque es una forma de tener a sus hijos contentos y entretenidos.

A continuación, algunas conductas que nos hacen saber que es momento de frenar la situación:

  • Se muestran malhumorados e irritables cuando no tienen un dispositivo móvil y se calman mágicamente cuando llega a sus manos.
  • Algunas actividades cotidianas se ven alteradas como la hora de comer o acostarse debido a su necesidad de jugar con ellos.
  • Buscan cualquier momento para tomar el dispositivo sin ser vistos y pueden llegar a mentir si se les pregunta si lo han usado.
  • Dejan de disfrutar actividades que antes les gustaban mucho como pintar, hacer manualidades,  juegos al aire libre, etc; y todo el tiempo añoran que se les permita jugar con el móvil o la tablet.
  • Se dejan de interesar en jugar o socializar con otros niños en momentos en que podrían hacerlo, pidiendo jugar con su pantalla.

Consejos para ayudar a niños con adicción a la tablet o el móvil

¿Cómo podemos evitar que esta situación siga creciendo y se convierta en una verdadera pesadilla? Aquí tienes algunos consejos para intentar solucionar esa excesiva dependencia de los niños a las tablet, móviles o videojuegos:

  • Únete a él: No podemos esperar que nuestros hijos pequeños se desenganchen de los dispositivos móviles, si nosotros no lo logramos; de modo que esta es una gran oportunidad también para ti, para disfrutar mucho más los momentos a su lado y sacar la creatividad que tienes dentro. Recuerda que solo serán niños por poco tiempo…disfrútalos.
  • Anticípale lo que vendrá: Es importante que le hagas saber cómo serán las cosas de ahora en adelante, no es necesario usar frases como “Nunca más” o “Se acabó para siempre” ….

Puedes explicarle de forma tranquila que ya no va a jugar tanto con la tablet, o que ya no podrá usar el móvil de papá y mamá con tanta frecuencia. No es necesario que le des largas explicaciones acerca del porqué de la decisión; los niños muy pequeños aun no lograrán entenderlo por más convincente que seas. En vez de eso, puedes decirle que han decidido que es lo mejor para él, porque hay cosas más divertidas con las que puede jugar.

  • Elige un buen momento: Normalmente los niños pequeños juegan más con los dispositivos cuando están en casa, de forma que puedes buscar un fin de semana en el que tendrán actividades divertidas al aire libre y mucha estimulación para hacerles saber las nuevas reglas.
  • Pon a su alcance nuevos materiales que puedan ser divertidos y ayúdalo a elegir alternativas: Carteles, pinturas, plastilinas, bloques para armar y cosas divertidas en las que pueda entretenerse en momentos que normalmente utilizaba para jugar con los dispositivos. Si por ejemplo estaba muy acostumbrado a mirar la tablet durante la comida inventa juegos con las palmas, canciones o adivinanzas que le ayuden a no pensar en él. También puedes leerle y actuarle cuentos, lo que seguro disfrutará y sentará las bases para que desarrolle a futuro gusto por la lectura.
  • Quita la tentación de enfrente: Obviamente si el niño tiene la tablet o el móvil a la mano, será más fácil que sienta el deseo de jugar con él, de forma que trata de mantenerlos fuera de su vista por un tiempo.
  • No lo regañes ni castigues si se muestra enojado por la falta del dispositivo:Es un hecho que habrá momentos en que podrá mostrarse frustrado y enojado por no tener lo que desea, dale tiempo, dile que entiendes que esté enojado y muéstrate abierto a ayudarlo a buscar nuevas alternativas.
  • Sé paciente: Si estableces límites claros, te mantienes firme y le ayudas a pasar los primeros días que serán difíciles, en poco tiempo ni pensará en ello.

Todos los niños pueden ser muy felices y disfrutar sus días sin necesidad de tener un dispositivo móvil en sus manos que ya para eso habrá mucho tiempo…

Fuente: guiainfantil.com

Ilustraciones sobre cómo internet ha cambiado nuestra vida

Es increíble lo mucho que la tecnología, en especial internet, ha cambiado nuestra vida. No simplemente nuestra forma de relacionarnos, sino también nuestros deseos, miedos, tabúes, etc. En definitiva, ha impregnado toda nuestra cultura de tal forma que, en muy pocos años, nuestra manera de ver el mundo es completamente diferente. Eso sí, muchos dirán que para bien y otros tantos dirán que para mal.

“Internet es mucho más que una tecnología. Es un medio de comunicación, de interacción y de organización social” —Manuel Castells, sociólogo español.

¿En qué ámbitos destacan esos cambios?

Celos

Antes: ¡La estabas mirando! Después: ¡Le diste me gusta a su foto

 

Anuncios

Antes: Anuncios escuetos en el periódico con el número de teléfono. Después: Anuncios en redes sociales.

Buscando cosas

Antes: ¡Si tan solo tuviera acceso al conocimiento del mundo! Después: ¿Con qué sueñan los apios?

Ser un pirata

Antes: Un verdadero disfraz de pirata. Después: Esas personas que hackean o acceden a contenidos en línea de forma que roza la ilegalidad.

Viendo series

Antes: ¡Vaya! El próximo capítulo no es hasta la semana que viene. Después: ¡Vaya! La próxima temporada no es hasta el año que viene.

Buscando recetas

Antes: Llamabas a tu madre por teléfono para pedirle la receta. Después: Consultas la receta en internet.

Fotos: muhimu.es