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Un profesor italiano propone a sus alumnos quince deberes muy especiales para el verano

Un profesor italiano ha revolucionado el fin de curso en las redes sociales tras publicar una curiosa nota personal en su muro de Facebook. En la publicación, que se ha compartido ya miles de veces, lista los deberes que ha asignado a sus alumnos para este verano. Se trata de 15 “tareas” muy especiales que no solo son válidas para los niños, sino que tal vez deberían ser obligatorias también para muchos adultos.

Las quince tareas del profesor

Estos son los quince puntos que incluyen las tareas veraniegas de este profesor italiano:

  1. Por la mañana, de vez en cuando, ve a caminar por la orilla del mar en total soledad. Fíjate en cómo se refleja el sol, piensa en las cosas que más amas de la vida y siéntete feliz.
  2. Trata de utilizar todas las nuevas palabras que has aprendido este año. Cuantas más cosas puedas decir, más cosas podrás pensar y, cuantas más cosas puedas pensar, más libre te sentirás.
  3. Lee tanto como puedas. Pero no porque debas. Lee porque el verano inspira aventuras y sueños, y leyendo te sentirás como una golondrina en pleno vuelo. Lee porque es la mejor forma de rebeldía que existe. (Para lecturas recomendadas, pregúntame.)
  4. Evita todas las cosas, situaciones y personas que te generen negatividad o vacío. Busca situaciones estimulantes y la compañía de amigos que te enriquezcan, te comprendan y te aprecien por lo que eres.
  5. Si te sientes triste o asustado, no te preocupes; el verano, como todas las cosas maravillosas, agita el alma. Prueba a escribir un diario para reflejar tus sentimientos. (En septiembre, si quieres, lo leemos juntos.)
  6. Baila. Sin vergüenza. En la calle debajo de casa o en tu habitación. El verano es un baile y sería absurdo no participar.
  7. Al menos una vez, ve a ver la salida del sol. Quédate en silencio y respira. Cierra los ojos, agradecido.
  8. Haz mucho deporte.
  9. Si encuentras a una persona que te encanta, díselo con toda la sinceridad y la gracia que puedas. No importa si lo entiende o no. Si no lo hace, no era la persona predestinada para ti; si lo hace, el verano de 2015 os ofrecerá una oportunidad de oro para caminar juntos. (Si sale mal, regresa al punto 8.)
  10. Revisa los apuntes de nuestras clases, hazte preguntas y relaciona cada autor y cada concepto con lo que te sucede.
  11. Sé alegre como el sol e indomable como el mar.
  12. No digas palabrotas, sé siempre educadísimo y amable.
  13. Ve películas con diálogos conmovedores, preferiblemente en inglés, para mejorar tus habilidades lingüísticas y tu capacidad de soñar. No dejes que la película se termine en los créditos, revívela en tu verano.
  14. A plena luz del día o en las noches cálidas, sueña cómo puede y debe ser tu vida. Busca en el verano la fuerza para no renunciar nunca y haz todo lo que puedas para perseguir ese sueño.
  15. Sé bueno.

¿Qué te parecen estos deberes? ¿Sugerirías alguna otra tarea similar para este verano? Compártelo con nosotros.

Fuente: aulaplaneta.com

Cómo responder a las “excusas” de tus alumnos

El artículo de hoy quiere dar una solución a frecuentes respuestas que oigo diariamente por boca de mis alumnos de entre 12-15 años de edad. Son respuestas que yo mismo daba cuando era alumno y estoy seguro de que te serán muy familiares.

Se trata de respuestas que se centran en el problema y no en la solución. De ahí que me parece muy importante saber responderlas adecuadamente. Y les aseguro que no siempre es fácil. De ahí que hoy quiera enseñarles qué técnicas o estructuras utilizo cuando un alumno se queda sin tinta en la impresora, llega tarde a primera hora de la mañana o no entrega las tareas.

Sin más demora, zarpamos…

Tres ejemplos de respuestas que como docentes debemos combatir para el bien del alumno.

Aquí tienes tres respuestas que he oído alguna vez de boca de mis alumnos. Seguro que algunas de ellas te sonarán:

  1. No te he podido entregar el trabajo porque la impresora no tenía tinta.
  2. He llegado tarde porque mi madre no me ha despertado.
  3. No tengo los deberes porque el último día no vine a clase. Estaba en el médico.

¿Te resultan familiares estas respuestas? Seguramente sí. Y ya te adelanto que no tienen una fácil respuesta o, mejor  dicho, la respuesta que debemos dar lleva un tiempo. Pero creo que es importante hallar ese tiempo de donde sea para trabajarlas en bien de nuestros estudiantes.

Para ello quiero enseñarte algunas estructuras que uso y que creo que pueden serte útiles. No se trata de que las sigas a rajatabla, sino que me gustaría que fueran un punto de partida y encontraras tú mismo la fórmula que mejor se adapta a ti y a tus alumnos.

Estructuras asertivas. Cómo se responde a la frase: “La impresora no tenía tinta”.

La mejor forma de responder y combatir este tipo de respuestas por parte de tus alumnos es mediante la asertividad, es decir, adoptando una postura asertiva.

Porque, ¿qué tienen en común las 3 respuestas que he escrito a modo de ejemplo? Muy sencillo. Que todas ellas se centran en el problema en lugar de la solución.

Fíjate, si no:

  1. La culpa es de la tinta.
  2. La culpa de la madre.
  3. La culpa es del médico.
¿Qué hacer entonces ante este tipo de respuestas que da el alumno?

Ser asertivos, es decir, ser contundente con la forma en la que responderemos, pero sin perder ni los nervios, ni el control. Y tampoco enfadándonos con el alumno. También debes asumir que te llevará un poco más de tiempo modificar la respuesta, pero creo que merece la pena esa inversión de tiempo.

Lo primero que hay que hacer es hacerle ver al alumno que centrándose en el problema, nunca será capaz de reconocer la parte o totalidad de culpa que el alumno tiene. De ahí que sea tan importante no enfadarnos, sino tener la respuesta oportuna en el momento adecuado.

Las estructuras asertivas que te propongo se dividen en 3 fases:

FASE 1ª: Reconocimiento. El alumno reproduce exactamente la solución que le propone el docente.

Estructura asertiva:

– No. Repite conmigo: + (reconocimiento de la culpa) 

  1. No. Repite conmigo. “Reconozco que no he sido previsor y he dejado la impresión para el último momento.”
  2. No. Repite conmigo.” Ya soy lo suficientemente mayor como para despertarme yo solo.”
  3. No. Repite conmigo: “Cuando voy al médico, mi obligación es preguntar a mis compañeros las tareas encomendadas por los profesores.”

Fase 2ª: Revisión. El alumno, tras reproducir la solución que le ha dado el docente, debe repetirla, pero usando sus palabras para comprobar que el mensaje se ha entendido.

Estructura asertiva:

– Bien. Dime entonces por qué… + (respuesta del alumno)

  1. – Bien. Dime entonces por qué no has entregado el trabajo. (Docente)

   – Porque no he sido previsor. (Posible respuesta del alumno)

  1. – Bien. Dime entonces por qué has llegado tarde. (Docente)

    – Porque ya soy lo suficientemente mayor como para depender de que mi madre me despierte todos los días. (Posible respuesta del alumno)

  1. – Bien. Dime entonces por qué no has hecho las tareas. (Docente)

– Porque no me he preocupado de pedir a mis compañeros las tareas del día que fui al médico. (Posible respuesta del alumno)

FASE 3ª: Felicitación. Se felicita al alumno por reconocer dónde está el problema.

Estructura asertiva:

Te felicito + Nombre del alumno + por tu respuesta. Recuérdala la próxima vez que te pase algo parecido.

La respuesta está en la asertividad. A modo de conclusión.

Llevo ya varios cursos trabajando la asertividad con este tipo de estructuras asertivas que he compartido contigo en este artículo. No tengo muy claro el porqué es tan frecuente este tipo de respuestas en los alumnos. Probablemente se deba a un tipo de mecanismo de defensa ante una posible represalia por parte del docente. De ahí que en lugar de una reprimenda, la asertividad debe convertirse en una oportunidad para construir un diálogo efectivo con nuestros alumnos.

Libro recomendado sobre asertividad: Asertividad. La expresión de una sana autoestima, de Olga Castanyer.

Cómo vencer el mal hábito de posponer en solo 4 pasos

Esteban Flores

En algunos países como Estados Unidos, un 25% de las horas del día se pierden a causa del hábito de  la procrastinación, el famoso “mañana empiezo“.

9 de cada 10 personas en todo el mundo tienen ese hábito nada saludable de ir posponiendo las tareas y actividades importantes para más adelante; un eterno “más adelante” que nunca llega a convertirse en presente, generando ansiedad, frustración y estrés.

Una técnica muy antigua que actualmente se está redescubriendo es la que consiste en dar pequeños golpecitos en la zona temporal para estimular el cerebro y dejarlo más perceptivo y abierto a aprender nuevas habilidades o reemplazar viejos hábitos.

Si estimulamos el lóbulo temporal, podemos ayudar a que nuestro cerebro esté más activo en esa zona y, en consecuencia, estemos más abiertos y permeables a aprender o modificar hábitos y actitudes. De esta manera, podemos cambiar nuestros sistemas de creencias, vencer temores, superar bloqueos emocionales y cambiar completamente la actitud hacia la vida, logrando atraer el bienestar y la prosperidad.
A veces nos sentimos culpables de que dejamos de hacer esas actividades importantes y, en su lugar, hicimos otras que nos resultan más placenteras y que no tienen otro objetivo que alargar nuestra gran tarea.

¿Tienes por costumbre dejar las cosas para el último momento? ¿Aplazas las tareas que requieren tu atención porque te generan ansiedad o un compromiso que crees que no puedes asumir?



Principales razones del famoso “mañana empiezo”

1. Por miedo
Dejar de hacer algo solo porque se genera miedo de no saber hacerlo, de no estar a la altura o de fracasar.

2. Por activación
Se retrasa una tarea, dejándola para después. Hasta que no queda más tiempo para seguir posponiéndola y se debe terminar haciéndola de prisa y sin ganas.

3. Por indecisión
Puede no saberse por dónde comenzar ni cómo hacerlo y al final se pierde pensando en la mejor manera de hacerlo sin llegar a tomar la decisión para hacerlo.

Éstas son las tres grandes razones por las cuáles muchas personas tienen la costumbre de posponer las cosas y “dejarlas para más adelante”.

4 pasos para dejar de postergar
  1. Visualiza las tareas difíciles y trata de completarlas

 

Si tienes un proyecto que terminar pronto y te está absorbiendo completamente haciéndote inefectivo en otras áreas, debes terminarlo antes que cualquier otra cosa. Terminar con la tarea más larga de tu lista te hace sentir más productivo y te da el impulso para hacer otras cosas que has dejado de lado.

Si tu proyecto grande es algo que no puedes terminar rápidamente, entonces divídelo en una lista con actividades más pequeñas que puedas terminar en un día. No te preocupes por terminar todo, pero toma medidas ahora para que completarlo después sea tarea fácil.
Haz una lista definitiva para ese proyecto y colócala en algún lugar donde la veas regularmente. Te sentirás motivado a medida que completes cosas de la lista.

 

  1. Haz tareas de dos minutos

    Cada vez que se te presente algo que no quieras hacer o que quieras sacar de la lista, pregúntate: “¿terminar esto me tomará más de dos minutos?”. Para la mayoría de nosotros, esto incluye tareas pequeñas como sacar la basura o desmalezar un poco el jardín, pero puedes incluir tareas simples de cualquier ámbito de tu vida. Realiza cualquier cosa que quieras sacar de la lista pero que tardes menos de dos minutos en realizar. Oblígate a utilizar tus próximos 120 segundos en ser productivo y en cumplir la tarea que normalmente postergarías por horas e incluso días.

    3. No seas tan perfeccionista

    Si estás esperando el momento adecuado, las herramientas perfectas, o no te detienes hasta que tu proyecto sea “perfecto”, estás dejando a un lado el terminar tu tarea. Evita este pensamiento de “perfección” dando prioridad a la cantidad por encima de la calidad. Si tu proyecto no necesita ser perfecto pero todavía estás enfocado en eso, detente y realiza tu próxima tarea.

    4. Concéntrate en la meta final

    Mientras trabajas, piensa en todo el tiempo libre, relajación, dinero, o lo que sea que ganes cuando termines. Esto te ayuda a terminar la tarea y trabajar hacia tu meta.

    Quizás también te sirva  el método de John Kaufman paraaprender cualquier cosa en 20 horas.

    Recuerda, como dice el refrán, “no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”.

 

Fuente: www.labioguia.com/

No soporto a mi hijo

No soporto  a mi hijo,  no soporto lo que hace, no soporto cómo se porta, no soporto lo que dice, no soporto cómo actúa y a veces hasta cómo se mueve.

“No soporto que no me deje ver una película tranquilamente en casa”.

“No soporto  hablarle y que no me haga ningún caso”.

“No soporto  salir a un parque y que llegue a casa como una croqueta rebozado de arena con la ropa toda sucia”.

“No soporto  ver como se pelean entre hermanos”.

“No soporto  tener que escuchar gritos, llantos y risas a todas horas sin poder disfrutar del silencio”.

“No soporto  llevar el coche lleno de trastos suyos, migas de galletas y botellas de agua”.

“No soporto  llegar tarde a los sitios por su culpa”.

“No soporto  tener siempre la casa manga por hombro porque solo saben jugar y ensuciar”.

“No soporto  no poder dormir por las noches porque tienen que despertarse y despertarme para todo”.

“No soporto  no poder ir a un centro comercial de tiendas porque mi hijo no es capaz de estarse quieto y obedecerme”.

“No soporto  no poder hablar por teléfono porque siempre tiene que interrumpirme”.

“No soporto  que me manche la ropa con sus manos sucias”.

“No soporto  tener que repetir mil veces las cosas para que me obedezcan”.

¿Te has identificado con alguna o algunas de estas frases?

¿Tu hijo te escucha decirlas? ¿Siente que piensas así? ¿Qué mensaje le quieres transmitir?

Somos padres además de otras muchas cosas, pero somos padres y que nuestro hijo nos dé un abrazo con las manos sucias y nos manche nuestra camisa, que no podamos ir de compras con la tranquilidad que lo hacíamos antes de tener niños, que nos interrumpan cuando hablamos por teléfono… está incluido en el plan de padres.

“Ser padres es disfrutar de como tu hijo se mueve, juega, salta y grita”.

“Ser padres es disfrutar de ver una película con tus hijos al lado y en familia”.

“Ser padres es disfrutar hablando con tus hijos y mostrando el camino todas las veces que sea necesario hasta que sepan caminar solos”.

“Ser padres es disfrutar de tus hijos cuando están en el parque y regalarles una sonrisa y no un mal gesto cuando vemos su ropa sucia”.

“Ser padres es disfrutar de tus hijos en todo momento y aprender de ellos cuando por sí solos solucionan sus problemas de hermanos sin necesidad de intervenir”.

“Ser padres es disfrutar de la compañía y el sonido de la infancia y no el silencio de la soledad”.

“Ser padres es disfrutar de tus hijos y su compañía en cada viaje mirando en el asiento de atrás y viendo cada huella que dejan de su paso y su crecimiento”.

“Ser padres es disfrutar de esos momentos de prisas y carreras por llegar a la hora en familia, aprendiendo lo que es la vida y colaborando unos con otros”.

“Ser padres es disfrutar de una casa llena de luz y juegos de niños aprovechando todos esos momentos de juguetes tirados para endulzarte el día con sus historias y poder involucrarte en su mundo de juegos”.

“Ser padres es disfrutar de esas noches en las que tu hijo te necesita y solo tú puedes consolarle y borrar sus miedos y malos sueños con un simple abrazo y todo tu amor”.

“Ser padres es disfrutar cuando sales con tu hijo a un centro comercial y la vida ha cambiado de color pasando a ser todo un juego con risas y entusiasmo, no un simple día de compras en el que todo gira en torno a uno mismo”.

“Ser padres es disfrutar de tu hijo cuando reclama tu atención mientras hablas por teléfono y te pide a gritos participar de tu mundo  y acompañarte en todo”.

“Ser padres es disfrutar de tu hijo cuando con todo su amor viene a darte un abrazo con sus manos sucias para agradecerte lo rica que estaba su merienda”.

“Ser padres es disfrutar de tu hijo cuando colabora, cuando aprende con tu guía y ves su propia autonomía y no una sumisión por tener que obedecerte”.

La infancia de tu hijo no es para siempre, crecerá y dejará de ser un niño del que poder disfrutar.

Aprovecha cada segundo y cada acto que ocurra mientras te deje hacerlo. Llegará un día en el que el silencio volverá, la casa estará de nuevo ordenada, el sofá volverá a ser un lugar en el que poder ver películas en soledad y calma, la noche será eterna y echarás de menos esos abrazos siendo tú quien necesite su compañía.
Llegará todo eso que echas de menos cuando te conviertes en padre, volverá, pero mientras vuelve tienes algo de lo que disfrutar y aprovechar porque cuando quieras darte cuenta se habrá ido.

La vida te  ha dado la grandísima oportunidad de ser padre, disfruta de lo que tienes.

Fuente: Criar en positivo

Procrastinar se asocia con peor salud psicológica

Como definición podemos decir que  procrastinar es el acto de posponer tareas o situaciones que es necesario realizar y sustituirlas por otras más agradables o placenteras.  Pero, ¿quiénes procrastinan más? ¿son más felices los que más posponen sus tareas?

Un estudio llevado a cabo por investigadores de diferentes entidades alemanas ha pretendido dar algunas respuestas a estas cuestiones. El trabajo contó con la colaboración de 1350 mujeres y 1177 hombres, de edades comprendidas entre los 14 y los 95 años. Se les aplicó un cuestionario sobre procrastinación y también otras escalas de estrés, depresión, ansiedad, fatiga y satisfacción con la vida, con el objetivo de analizar las relaciones entre el hábito de posponer las obligaciones y el bienestar general a través de todas las variables anteriores.

Los resultados han sido publicados recientemente en la revista PLoS ONE (2016) y han mostrado que de forma general, no parece que los procrastinadores disfruten de un mayor bienestar en comparación con los que demoran menos sus tareas y actividades. De forma concreta, los autores encontraron que los individuos más jóvenes son los que más procrastinan, encontrándose las tasas más altas entre los 14 y 29 años. Además, parece que en general hombres y mujeres tienen esta tendencia por igual, salvo cuando son más jóvenes, momento en el que los chicos superan a las chicas.

En cuanto a la relación con las variables clínicas, se comprobó que una mayor tendencia a la procrastinación se relacionaba con mayor estrés, más problemas de ansiedad y depresión, y mayor fatiga. Además, en contra de lo que podría parecer más natural, la procrastinación se relacionó con una menor satisfacción con la vida, concretamente con aspectos como el trabajo y el salario. También se observó que no tener pareja o estar en paro también se asoció con el hecho de procrastinar.

Los autores plantean la necesidad de realizar más investigaciones para poder estudiar por qué se posponen las actividades, fundamentalmente en poblaciones jóvenes y desempleados, de forma que pueda comprenderse mejor este fenómeno. Además, parece que una consecuencia lógica de este tipo de estudios sería el poder proporcionar las ayudas necesarias a los que lo necesiten y así mejorar su estado de ánimo y su satisfacción vital.

Fuente: muyinteresante.es

Tabla de tareas del hogar para niños según su edad: la enseñanza que los padres han olvidado

Se trata de una habilidad tan necesaria como escasa, aunque una manera muy sencilla para desarrollarla consiste en hacer que los niños se involucren en las tareas del hogar desde que son pequeños. Aristóteles lo llamó phronēsis y Kant, juicio pero ambos se referían a la habilidad para pensar con sentido común y asumir el punto de vista de los demás.

Por desgracia, según un estudio publicado en la revista Qualitative Sociology que analizó el comportamiento de las familias estadounidenses desde 1920 hasta la fecha, todo parece indicar que hemos ido a peor. Estos investigadores afirman que los padres les dan a sus hijos cada vez menos responsabilidades y estas son más triviales. Por tanto, los niños tienen menos oportunidades para involucrarse en actividades realmente significativas que aporten algo a la familia o a su comunidad.

Seis buenas razones por las que los niños deben contribuir en las tareas del hogar
      1. Favorece la colaboración

Cuando los niños saben que están haciendo algo importante para los demás sienten que forman parte de un equipo. Esa sensación les empodera, les anima a seguir las instrucciones y les enseña a trabajar en grupo.

  1. Fomenta la autoconfianza

Si los padres confían en sus hijos, los niños aprenderán a confiar en sus capacidades. Por eso, darles tareas relevantes es una estrategia para desarrollar la seguridad, la confianza y la autoestima infantil.

  1. Estimula la responsabilidad

Si los niños saben que les corresponden determinadas tareas y que nadie las hará por ellos aprenderán a asumir responsabilidades, por lo que se convertirán en pequeños más juiciosos y reflexivos.

  1. Potencia la autonomía y la independencia

Ir dándole a los niños tareas cada vez más complejas que demanden el desarrollo de nuevas habilidades les dará la confianza que necesitan para ser más autónomos e independientes.

  1. Desarrolla la capacidad de organización

Los niños que participan desde una edad temprana en las tareas del hogar suelen ser más organizados que quienes lo hacen a una edad más avanzada. Esta capacidad no solo les permitirá mantener su habitación en orden sino que también les ayudará a planificar mejor sus tareas escolares.

  1. Promueve el respeto

Cuando los niños se involucran en las tareas del hogar valoran muchísimo más el trabajo de sus padres, por lo que también es una manera para enseñarles el respeto por los demás, un respeto que va más allá de las simples normas básicas de cortesía como saludar, despedirse o dar las gracias.

¿Cómo educan a sus hijos los padres de otras culturas?

Un estudio publicado en la Journal of the Society for Psychological Anthropologyreveló que existen grandes diferencias en la educación que reciben los niños de la amazonía peruana, los samoanos y los californianos.

En la amazonía peruana, durante el primer año de vida los bebés son apreciados, amados y protegidos por la familia y la comunidad. Se mantienen siempre cerca de sus madres. Sin embargo, muy pronto se insertan en las actividades cotidianas, primero solamente como observadores y más tarde, apenas aprenden a caminar, los adultos les motivan a hacer las cosas por sí solos.

De hecho, a los tres años ya intentan cortar la hierba y comienzan a imitar las actividades de los adultos. No obstante, las tareas no se distribuyen por género y los adultos se cercioran de que sean útiles para la comunidad. Se trata de un estilo de crianza que no está basado en la prevención ni en la intervención sino en la corrección del error. Así los padres desarrollan la autosuficiencia y autonomía de sus hijos.

En la cultura samoana los niños también se insertan muy pronto en la vida familiar y comunitaria. Los bebés se alimentan cara a cara con otros pequeños o mirando a sus padres, de manera que aprenden muy pronto a conectar con los demás y comprenden el valor de la atención, dos puntos clave para el desarrollo de una actitud respetuosa.

Al llegar a los cuatro o cinco años estos niños ya tienen asignadas tareas específicas dentro de la familia y la comunidad, siempre bajo el ojo atento de los adultos, que  normalmente solo intervienen para evitar que cometan errores.

Por el contrario, en la cultura occidental los padres se adaptan a las necesidades y los deseos de sus hijos, no solo durante su infancia sino también en la adolescencia. También se asume una educación más directiva, enseñándoles a los niños paso a paso cómo deben hacer las cosas. Muchos padres también tienen la tendencia a intervenir rápidamente cuando los pequeños tienen dificultades e incluso prefieren anticiparse a estas. El problema es que al evitar los errores y los problemas limitan las oportunidades de aprendizaje de los niños y les impiden desarrollar la autoconfianza y la tolerancia a la frustración.

Por otra parte, las madres suelen ser quienes llevan el peso del hogar y a los niños prácticamente no les dan responsabilidades, por lo que muchos, al llegar a los ocho años, se muestran reticentes cuando los padres les piden que contribuyan con algunas tareas domésticas.

¿Cómo lograr que las tareas domésticas sean realmente educativas? Darle verdaderas responsabilidades

Los niños, aunque sean pequeños, se dan cuenta de cuándo sus acciones realmente aportan algo al núcleo familiar. Por tanto, es importante que los padres no se limiten a desarrollar la autonomía infantil sino que le vayan dando al niño diferentes tareas que puedan marcar la diferencia en el hogar, siempre acordes a su nivel de desarrollo.

Dejarle libertad para que haga las cosas a su modo

Los padres pueden brindar orientaciones generales, sobre todo cuando se trata de tareas más complejas, pero es importante que los niños tengan cierta libertad para hacer las cosas a su modo. Es probable que se equivoquen, pero así aprenderán y desarrollarán la autoconfianza y la creatividad.

Armarse de paciencia

Educar no es un camino lineal, los padres tienen que armarse de paciencia porque es probable que se produzcan retrocesos o que el avance no vaya tan rápido como se esperaba. Toda ayuda que le permita crecer es bienvenida pero hacer las cosas en lugar del niño implica lastrar sus potencialidades.

Tabla de tareas para el hogar según la edad del niño

2-3 años
  • Comer solo.
  • Organizar sus juguetes y guardarlos en el cajón.
  • Regar las plantas.
  • Colocar sus libros en su sitio.
  • Limpiar el polvo de las esquinas.
4-5 años
  • Vestirse y asearse solo.
  • Poner la mesa.
  • Darle de comer a la mascota.
  • Fregar los platos con ayuda.
  • Mantener en orden su habitación.
6-7 años
  • Hacer la cama.
  • Preparar su mochila para el cole.
  • Pasar la aspiradora en casa.
  • Quitar el polvo de los muebles.
  • Recoger las hojas secas del jardín.
  • Preparar una ensalada.
8-9 años
  • Limpiar el suelo.
  • Cuidar la mascota.
  • Preparar el desayuno o un plato sencillo con ayuda.
  • Guardar la compra.
  • Poner y vaciar el lavavajillas.
  • Recoger el correo.
10-11 años
  • Limpiar su habitación.
  • Limpiar el jardín y quitar las malas hierbas.
  • Tender la ropa.
  • Cuidar de un hermano menor.
  • Preparar platos sencillos sin ayuda.
  • Saber coser un botón y hacer un dobladillo.

Fuente: muhimu.es

Madres agotadas que padecen el síndrome de burnout

 Jordana Vázquez

En una ocasión leí una frase que viene como anillo al dedo: “la madre perfecta no grita, no se desespera, no pierde la cordura y, sobre todo, no existe”. Sin embargo, en ocasiones nos exigimos demasiado porque queremos convertirnos en esa madre perfecta. Como resultado, terminamos agotadas, física y mentalmente, por lo que no es extraño que terminemos padeciendo el Síndrome de Burnout.

¿Qué es el Síndrome de Burnout?

El Síndrome de Burnout es una respuesta del organismo cuando ha estado sometido a un periodo de estrés intenso y prolongado, tanto desde el punto de vista físico como emocional. Se trata de un problema común en los profesionales que trabajan en contacto directo con las personas en situaciones de gran tensión, como los médicos y las enfermeras. De hecho, esta entidad fue descrita por primera vez a finales de los años 1960 para referirse al desgaste que sufrían los agentes de policía de libertad condicional. Los psicólogos, trabajadores sociales y teleoperadores son otras de las profesiones más expuestas a este problema.

El principal problema es que el Síndrome de Burnout provoca una serie de síntomas que se pueden confundir fácilmente con otras enfermedades. De hecho, causa síntomas psicosomáticos como dolores de cabeza recurrentes, insomnio, fatiga intensa y dificultades gastrointestinales. También se acompaña con algunos síntomas emocionales, como la ansiedad, depresión, irritabilidad y distanciamiento afectivo.

Además, la persona con Síndrome de Burnout se siente agobiada y cansada. De hecho, suele experimentar un intenso sentimiento de impotencia y desesperación desde que se levanta. A la larga, si este problema no se trata, terminará sufriendo anhedonia; es decir, perderá la capacidad para disfrutar.

¿Por qué las madres sufren el Síndrome de Burnout?

Ser madre es un trabajo a tiempo completo, las 24 horas del día y los 365 días del año. A esto se le suma que muchas mujeres también trabajan y llevan la mayor parte del peso de las tareas del hogar. Sin embargo, en muchas ocasiones, apenas terminan de poner orden y limpiar, encuentran que todo está sucio y desordenado de nuevo, lo cual genera una intensa sensación de frustración e impotencia que les hace cuestionarse el sentido y el valor de lo que están haciendo.

Este problema ha ganado aún más fuerza en los últimos tiempos ya que muchas mujeres también sienten la necesidad de ser madres perfectas, acompañar a sus hijos a las actividades extraescolares y evitarles todo tipo de problemas. Este estilo de crianza, denominado hiperpaternidad, acelera aún más el agotamiento y acrecienta el estrés. De hecho, se ha apreciado que las madres sobreprotectoras tienen mayor riesgo de desarrollar trastornos emocionales como la depresión.

Por otra parte, el Síndrome de Burnout se alimenta de la sensación de falta de control que experimentan muchas madres. A ellas les gustaría proteger a sus hijos pero a menudo se ven inmersas en situaciones que les recuerdan su impotencia. Esa sensación de incertidumbre e imprevisibilidad termina siendo muy desgastante desde el punto de vista emocional.

¿Cómo evitar este problema?

Prioriza las tareas del día. Aprende a jerarquizar las tareas y prioriza aquellas que sean realmente importantes. Si al final del día no has hecho todo lo que tenías programado en tu agenda, no te agobies. No es necesario que seas una súper mamá.

Reserva unas horas solo para ti. Con los niños, es difícil encontrar tiempo para ti, pero si no te lo propones, siempre terminarás relegándote a un segundo plano. Por tanto, asegúrate de reservar algunas horas para relajarte. Puedes dedicarlas a lo que más te apetezca, como ver una buena película, leer, cenar en pareja o darte un baño relajante.

Pide ayuda. No tiene nada de malo apoyarte en las personas más cercanas, como tu pareja, padres o amigos. De hecho, si repartes las tareas del hogar de manera más equitativa tendrás más tiempo para ti, estarás más relajada y la relación con tu familia mejorará. También puedes plantearte contratar de vez en cuando a una canguro o a una empleada doméstica que te eche una mano.

Asume un estilo de vida más sano. El estrés no solo es un problema emocional sino que también está determinado por tus hábitos de vida. Llevar una dieta sana, practicar actividad física y aprender técnicas de relajación te ayudará a evitar el estrés.

Fuente: educpreescolar.blogspot.mx