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Beneficios de la lectura: cómo los cuentos ayudan a superar miedos

Por Appvise

Hoy en día, es bien sabido que la lectura aporta, tanto a los pequeños como a los adultos, una serie de beneficios en los diferentes ámbitos del desarrollo personal. Tanto en casa como en los colegios, el fomento en la lectura debería estar muy presente, ya que contribuye en gran medida al crecimiento cognitivo, afectivo y social del lector.

Qué nos aporta la lectura

Es difícil no reconocer que tenemos a nuestro alcance un gran abanico de posibilidades en cuanto a literatura se refiere.

Los más pequeños disponen desde los cuentos más clásicos y populares de siempre a los más modernos álbumes ilustrados.

Los jóvenes, cada vez tienen más novelas adaptadas a los tiempos modernos y con sus aficiones más comunes.

Y los adultos, miles de novelas que despiertan emociones, intrigas o hacen reflexionar. Pero, en cualquier caso, todas ellas tienen algo en común: aportan grandes beneficios a quienes disfrutan de esas historias.

5 beneficios de la lectura que no sabías

  • Leer de forma habitual permite que el cerebro trabaje de forma constante, manteniéndose activo y estimulando la conectividad neuronal.
  • Ayuda a mejorar nuestro nivel de alfabetización al igual que nuestras habilidades lingüísticas: velocidad lectora, vocalización, expresividad, comprensión; amplia nuestro vocabulario y la calidad en nuestra comunicación con los demás.
  • Desarrolla la memoria, ayuda a ordenar nuestros pensamientos, mejora nuestro nivel de concentración y amplia nuestros horizontes en cuanto a creatividad se refiere.
  • Permite evadirse durante unos instantes, viajar a otros mundos de fantasía con los que nuestro subconsciente siempre ha soñado, experiencias (a veces) imposibles de cumplir.
  • Aumenta la capacidad de empatía hacia los demás, al tratar de comprender a los personajes, al sentir y pensar en sus formas de actuar…

Lo mejor de todo es pensar que estas aportaciones que nos ofrece la simple lectura de un libro abarcan todas las edades, desde los más pequeños al lector más adulto, ya que les aportarán, en mayor o menor medida, alguno de los beneficios mencionados.

10 cuentos contra el miedo

Entre esa infinidad de libros y cuentos que llenan las librerías, encontramos algunas historias que, además de aportar las habilidades antes mencionadas, nos pueden ayudar como educadores o padres, a afrontar con nuestros hijos un problema muy común: los miedos nocturnos.

Los monstruos, la oscuridad, otros seres fantásticos… pueden ser un obstáculo a superar en el desarrollo evolutivo de los más pequeños, y que nos lleve a buscar estrategias en el lugar menos pensado para superarlo con éxito. Este tipo de miedo podría considerarse como uno de los llamados miedos evolutivos, o aquellos miedos que van apareciendo en las diferentes etapas de nuestra vida y por los que vamos pasando, como puede ser el miedo a la separación de los padres, a ser rechazado, la muerte de un ser querido…

Entre los siguientes cuentos que vamos a presentar podemos encontrar personajes muy variopintos: desde niños valientes, hasta monstruos que no saben asustar o controlar sus emociones, pasando por personajes que nos hacen ver la oscuridad de una forma divertida y lúdica. ¿Estás preparado para plantarles cara? Pues… ¡aquí van!

  • “Donde viven los monstruos”, de Maurice Sendak. Este cuento es un clásico, también adaptado a la gran pantalla, que narra la historia de un niño que se siente incomprendido y que quiere gobernar en el mundo de los monstruos, quienes buscaban a su vez un líder en quien confiar.
  • “¡Buenas noches, monstruos!”, de Lucía Serrano. Esta vez, serán los monstruos los que mostrarán sus sentimientos y se refugiarán en la cama del niño para sentirse a salvo.
  • “Yo mataré monstruos por ti”, de Santi Balmes. De nuevo, el miedo de un niño que cree en un mundo paralelo debajo de su cama, donde resulta que los monstruos siente también temor, pero por el ser humano.
  • “¿Por qué sueño cosas feas?”, de Olga Alamán. En este caso, serán los niños quienes pregunten sobre distintos miedos y los padres contesten de forma clara y sencilla, generando una reflexión al respecto.
  • “Una pesadilla en mi armario”, de Mercer Mayer. Clásica historia del miedo al armario, contada con toques de humor y buscando un tierno final a lo que parecía terrorífico sin remedio.
  • “A todos los monstruos les da miedo la oscuridad”, de Michäel Escoffier. En él, se relata con humor la auténtica razón de por qué los monstruos se esconden en las habitaciones de los niños y cómo ellos también sienten miedo.
  • “Tragasueños”, de Michael Ende. El autor de la Historia Interminable nos cuenta la historia de una princesa que no podía dormir bien porque tenía pesadillas. Un viaje por el que su padre, el rey, buscará la solución en un ser fantástico que come sueños y pesadillas.
  • “El monstruo de colores”, de Anna Llenas. Un monstruo necesitará de nuestra ayuda para poder hacer frente al descontrol de sus emociones.
  • “¡A dormir, monstruos!”, de Ed Vere. Aquí se presentan los monstruos de una forma que jamás podrás imaginar: divertida y nada terrorífica.
  • “De verdad que no podía”, de Gabriela Keselman. Un niño no puede dormir, pero cuenta con la protección de su madre, a quién aprenderá a pedir ayuda siempre que lo necesite.

Literatura para alimentar nuestra inteligencia emocional.

Como se puede ver, tanto la inteligencia emocional como la superación personal, hacen un claro acto de presencia en todas estas lecturas recomendadas. Son un punto de conexión en común.

Es decir, abren las puertas a que los niños dejen aflorar sus sentimientos, les permitan afrontarlos con valentía, o incluso reconociéndolos y exteriorizándolos para quitarse ese primer peso de encima.

A través de valores como la empatía, son capaces de comprobar que todos podemos llegar a sentir miedo alguna vez, aun siendo adultos. Y que por ello, no debemos sentirnos mal por estar tristes o sufrirlo, sino que debemos sacar nuestra fuerza interior para vencerlos de la mejor manera posible: con una sonrisa.

Cómo ayudar a tu hijo a superar la timidez

La timidez es un rasgo de carácter en parte heredado y en parte aprendido. Si desde pequeño se siente querido y motivado irá adquiriendo más seguridad y aprenderá a relacionarse mejor.

El bebé empieza a desarrollarse socialmente en el momento en que es capaz de interactuar con otras personas; los llantos con los que se comunica desde que nace y la sonrisa social de los 4 meses son pruebas concluyentes de ello.

A través de estas formas tan rudimentarias de expresión comienza a dar muestras de su “carácter”.

Y es evidente que hay unos bebés que son más retraídos que otros: lloran o hacen pucheros cuando los coge alguien que no es su mamá, ponen caras raras a los vecinos, no quieren quedarse con los abuelos o con los tíos…

Pero la timidez es un estilo de funcionamiento multifactorial, en el que influye lo heredado y lo aprendido. De hecho este rasgo, como tal, no aparece hasta los 2 años, cuando el niño empieza a ser consciente de que los demás evalúan sus acciones, pueden darse cuenta de sus errores e incluso reírse de él.

Este descubrimiento hace que se sienta incómodo, sobre todo ante personas o situaciones nuevas que perturban su entorno familiar, que tanta seguridad le proporciona. Su manera de enfrentarse a estas realidades “complicadas” puede hacer aflorar los primeros signos de retraimiento o timidez.

Con 3 o 4 años el niño confiere mucha importancia a la opinión de los demás. Es fundamental prestar atención al rol social que asume entonces, para evitar posibles problemas de comportamiento en el futuro.

La influencia del ambiente

Además del carácter, tanto la educación como el ejemplo que el niño recibe en casa influyen en su grado de extroversión/introversión.

En este sentido, si se le educa en un contexto seguro, en el que se sienta querido y motivado y en el que tenga claro dónde están los límites, se sentirá más preparado para ser autónomo y relacionarse mejor.

En cambio, si desde pequeño se le regaña o castiga a menudo sin explicarle el porqué de las regañinas, la consecuencia puede ser que se retraiga y le cueste tomar la iniciativa para afrontar retos, como acercarse a jugar con niños que no conoce.

Del mismo modo, aunque es necesario animarle a intentar nuevos logros, exigirle con frecuencia algo para lo que no está preparado puede llegar a convencerle de que nada le sale bien, lo que le hará más dependiente y menos dispuesto a lanzarse “al exterior”.

Por otro lado, acontecimientos como la llegada de un hermanito también pueden influir en la confianza que tenga en sí mismo y en su actitud hacia los demás. Pero si le ayudamos a entenderlos y le demostramos que le queremos igual que antes, saldrá reforzado de ellos.

Además, como el comportamiento del niño varía también en función del contexto y de las expectativas que tienen sobre él las personas de ese entorno, es posible que sea atrevido en casa e inhibido en el colegio, o viceversa (reservará el comportamiento extrovertido para el entorno en el que se sienta más libre y valorado).

Le asusta salirse de la norma

Cuando la timidez aparece, el niño empieza a presentar dificultades de relación con los adultos y con sus iguales (no le apetece ir al parque, le cuesta hablar con otros niños en el cole…).

De repente se niega a hacer cosas que antes no le planteaban problemas y teme iniciar actividades nuevas. Huye de los desconocidos y se “pega” (literalmente) a su persona de referencia cuando está en un ambiente que le resulta ajeno. Como no se siente seguro, busca el reconocimiento de los otros y le asusta salirse de la norma y no saber cómo actuar.

Por lo general, a medida que el pequeño va madurando aprende a relacionarse mejor y este tipo de sentimientos se reducen o pierden intensidad.

Sin embargo, en algunos casos se mantienen e incluso se intensifican, algo que puede agravarse si el niño tiene poca destreza en alguna faceta concreta y esto le lleva a formarse una idea negativa de sí mismo.

Cuando esto ocurre, al crecer va siendo más consciente de lo que se pierde por no hacer lo que le gustaría (asistir a un cumpleaños, acercarse a sus compañeros en el recreo…). Y esta sensación le genera sufrimiento.

Fuente:  bbmundo.com