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Cómo vencer el mal hábito de posponer en solo 4 pasos

Esteban Flores

En algunos países como Estados Unidos, un 25% de las horas del día se pierden a causa del hábito de  la procrastinación, el famoso “mañana empiezo“.

9 de cada 10 personas en todo el mundo tienen ese hábito nada saludable de ir posponiendo las tareas y actividades importantes para más adelante; un eterno “más adelante” que nunca llega a convertirse en presente, generando ansiedad, frustración y estrés.

Una técnica muy antigua que actualmente se está redescubriendo es la que consiste en dar pequeños golpecitos en la zona temporal para estimular el cerebro y dejarlo más perceptivo y abierto a aprender nuevas habilidades o reemplazar viejos hábitos.

Si estimulamos el lóbulo temporal, podemos ayudar a que nuestro cerebro esté más activo en esa zona y, en consecuencia, estemos más abiertos y permeables a aprender o modificar hábitos y actitudes. De esta manera, podemos cambiar nuestros sistemas de creencias, vencer temores, superar bloqueos emocionales y cambiar completamente la actitud hacia la vida, logrando atraer el bienestar y la prosperidad.
A veces nos sentimos culpables de que dejamos de hacer esas actividades importantes y, en su lugar, hicimos otras que nos resultan más placenteras y que no tienen otro objetivo que alargar nuestra gran tarea.

¿Tienes por costumbre dejar las cosas para el último momento? ¿Aplazas las tareas que requieren tu atención porque te generan ansiedad o un compromiso que crees que no puedes asumir?



Principales razones del famoso “mañana empiezo”

1. Por miedo
Dejar de hacer algo solo porque se genera miedo de no saber hacerlo, de no estar a la altura o de fracasar.

2. Por activación
Se retrasa una tarea, dejándola para después. Hasta que no queda más tiempo para seguir posponiéndola y se debe terminar haciéndola de prisa y sin ganas.

3. Por indecisión
Puede no saberse por dónde comenzar ni cómo hacerlo y al final se pierde pensando en la mejor manera de hacerlo sin llegar a tomar la decisión para hacerlo.

Éstas son las tres grandes razones por las cuáles muchas personas tienen la costumbre de posponer las cosas y “dejarlas para más adelante”.

4 pasos para dejar de postergar
  1. Visualiza las tareas difíciles y trata de completarlas

 

Si tienes un proyecto que terminar pronto y te está absorbiendo completamente haciéndote inefectivo en otras áreas, debes terminarlo antes que cualquier otra cosa. Terminar con la tarea más larga de tu lista te hace sentir más productivo y te da el impulso para hacer otras cosas que has dejado de lado.

Si tu proyecto grande es algo que no puedes terminar rápidamente, entonces divídelo en una lista con actividades más pequeñas que puedas terminar en un día. No te preocupes por terminar todo, pero toma medidas ahora para que completarlo después sea tarea fácil.
Haz una lista definitiva para ese proyecto y colócala en algún lugar donde la veas regularmente. Te sentirás motivado a medida que completes cosas de la lista.

 

  1. Haz tareas de dos minutos

    Cada vez que se te presente algo que no quieras hacer o que quieras sacar de la lista, pregúntate: “¿terminar esto me tomará más de dos minutos?”. Para la mayoría de nosotros, esto incluye tareas pequeñas como sacar la basura o desmalezar un poco el jardín, pero puedes incluir tareas simples de cualquier ámbito de tu vida. Realiza cualquier cosa que quieras sacar de la lista pero que tardes menos de dos minutos en realizar. Oblígate a utilizar tus próximos 120 segundos en ser productivo y en cumplir la tarea que normalmente postergarías por horas e incluso días.

    3. No seas tan perfeccionista

    Si estás esperando el momento adecuado, las herramientas perfectas, o no te detienes hasta que tu proyecto sea “perfecto”, estás dejando a un lado el terminar tu tarea. Evita este pensamiento de “perfección” dando prioridad a la cantidad por encima de la calidad. Si tu proyecto no necesita ser perfecto pero todavía estás enfocado en eso, detente y realiza tu próxima tarea.

    4. Concéntrate en la meta final

    Mientras trabajas, piensa en todo el tiempo libre, relajación, dinero, o lo que sea que ganes cuando termines. Esto te ayuda a terminar la tarea y trabajar hacia tu meta.

    Quizás también te sirva  el método de John Kaufman paraaprender cualquier cosa en 20 horas.

    Recuerda, como dice el refrán, “no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”.

 

Fuente: www.labioguia.com/

Un monstruo viene a verme: se llama ansiedad

Hay un monstruo que viene a verme y no pretende matarme, pero casi me impide vivir. Un monstruo que cambia de forma y posición en mi cuerpo. Unas veces parece atragantarme, otras veces me revoluciona el sistema nervioso y otras me paraliza. Es un monstruo muy nombrado, padecido y explicado. Se llama ansiedad.

El estado de alerta ha sido vital para nuestra supervivencia como especie. Sin embargo, cuando este estado de atención, tensión y alerta se cronifica el resultado es una preocupación constante, que habitualmente además se generaliza en todo y en todos.

Nos hace ser conscientes de todo lo que nos rodea, pero de una forma amplificada y distorsionada. Ya no distinguimos lo estresante de lo sencillo. Todo se amontona en nuestra mente y hace que funcione a pleno rendimiento. No para ocuparnos, sino para preocuparnos. Es un monstruo que nos domina porque no sabemos transformar su furia en energía, solo se materializa en debilidad.

¿La ansiedad ¿de dónde viene?

Cuando la ansiedad se cronifica en un estado de perpetua preocupación podemos hablar de lo que se conoce en el ámbito clínico como Trastorno por Ansiedad Generalizada (TAG). Tiene que darse durante al menos 6 meses y presentar 3 o más síntomas como inquietud, irritabilidad, fatigabilidad fácil, dificultad para concentrarse o tener la mente en blanco, tensión muscular y problemas de sueño.

La ansiedad generalizada comparte muchos síntomas con la depresión, ambos trastornos presentan un alto afecto negativo. Sin embargo, la depresión se caracteriza más por el sentimiento de tristeza y la ansiedad por una continua hiperactividad fisiológica y una sensación de continua incertidumbre y ahogo. Cualquier cambio en la rutina diaria, se percibe como un monstruo amenazante, dispuesto a lanzarse a nuestra yugular.

El TAG no parece tener un fuerte componente genético, pero sí parece tener un carácter crónico que se agrava con el estrés y va fluctuando en intensidad a lo largo de la vida. Su principal rasgo definitorio es la preocupación constante por aspectos de la vida cotidiana. Su presencia se hace evidente -en los casos que está presente- alrededor de los 20 años, aunque su comorbilidad con otros síntomas ansiosos o depresivos pueden hacer difícil su diagnóstico.

Es mucho más frecuente en mujeres, como casi la mayoría de los trastornos emocionales en la adultez. Se manifiesta a su vez en un triple sistema de respuesta: el cognitivo, el motor y el emocional.

Ese monstruo que se conoce a la perfección

Muchas personas conocen “al dedillo” sus síntomas, ya que este trastorno suelen padecerlo personas con una alta conciencia acerca de lo que les ocurre, aunque no sean capaces de tratarlo y mejorar la sintomatología. Además, suelen describir a la perfección cómo la ansiedad los aborda y los paraliza. La alexitimia no es un rasgo predominante en estos pacientes, sino todo lo contrario.

Se sabe mucho sobre la ansiedad, pero este trastorno parece no tener un tratamiento lo suficientemente bien establecido y exitoso, aun siendo muy frecuente en la población. El tratamiento de elección suele ser la terapia cognitivo conductual, como la de Dugas y Ladouceur (actualizada en 2007); la de Borkovec y Pinkus (2002) o la de Brown y Barlow (1993).

A veces para potenciar su eficacia se utilizan fármacos, pero OJO: la ansiedad prolongada nunca debe tratarse con ansiolíticos en el caso de utilizar medicación. Debería utilizarse un antidepresivo ISRS como la paroxetina, aunque los más indicados son los los antidepresivos duales como la venlafaxina.

Un cuento sobre la ansiedad y el mundo en el que vivimos

Aunque muchos pacientes conozcan bien sus síntomas, será la terapia la que les ayude a actuar como científicos ante sus propios síntomas, como “gurús” de la búsqueda de su propia regulación emocional. El psicólogo/a deberá poner a su alcance las mejores técnicas para ello.

Una buena idea es que la persona con ansiedad crónica se plantee verdaderas preguntas acerca de su existencia y de sus valores vitales. A veces hay que lanzarle preguntas a este mundo, que parece crear y alimentar ese monstruo. A veces vale la pena convertirnos en un pequeño relato para ver un sentido en aquello que percibimos como caos.

¿Qué le debes al mundo? ¿Qué te demanda ese monstruo?

Recuerda esa niñez. Recuerda lo feliz que eras porque saltabas, corrías y disfrutabas sin tener que dar explicaciones a nadie. Recuérdate saltando, ensuciándote y despeinándote, embriagada/o en por la intensidad del momento. No había tiempo para la preocupación, porque no existía el concepto de tiempo más allá del que estabas viviendo. Pero pronto llegaron las demandas y con ellas la sensación de que le debías algo al mundo.

Empezaste a sentir que ocultar aquello que no estaría bien visto de cara a los demás era más importante que vivir la verdadera realidad que te rodeaba. Las demandas empezaron a sustituir a los chapuzones. Los discursos que ensalzaban a aquellos niños “con altas capacidades” parecían ensordecer los gritos que antes eran de alegría y espontaneidad. Nadie supo decirte que nunca podrías asumir el control de todo.

Nadie te enseñó a seguir manteniendo tu llama de la infancia a la par que construías una identidad con nuevas responsabilidades. Nadie supo explicarte la diferencia entre deberes y derechos, entre ellos el de ser feliz sin sentirte culpable.

Llegados a este momento, con ese monstruo devorándote cada vez más, es hora de que empieces a exigirle más a él y menos a ti. Pregúntale: ¿Qué te debo yo a ti, mundo para que me envíes este monstruo? Quizás con esa pregunta tú y muchos entiendan que por mucho que nos demande, no podemos darle nada al mundo sin ni tan siquiera somos capaces de disfrutar por estar viviendo en él.

No vas a defraudar a nadie, ni tan siquiera pediste permiso para estar aquí. Suelta tanta demanda y vuelve a coger tus derechos. Vuelve a ensuciarte, sin preocuparte si el mundo se enfadará por ello. Saluda a ese monstruo y aunque a veces parezca venir con fuerza, demuéstrale con tus actos que no tienes más para él que lo que no eres capaz de darte a ti misma/o.

Fuente: lamenteesmaravillosa

7 claves para aprobar exámenes sin haber estudiado

Lo sé, es un título muy arriesgado; pero si no me hubiera funcionado en exámenes, no me atrevería a confesarles que es verdad. La clave no está en los test en sí, sino en que, los test, los crean humanos. En concreto, una clase de humanos conocida como profesores.

Debido a la gran presión a la que, en muchas ocasiones, se ven sometidos, muchos de los profesores llegan a la época de exámenes casi tan exhaustos como tú. Por tanto, muchos suelen recurrir a las mismas metodologías para simplificar su creación de exámenes tipo test, con una buena noticia para ti: esto los hace muy vulnerables.

Hoy hemos rescatamos para ustedes siete claves que, en caso de duda, los ayudarán a aprobar un examen para el que deberían haber estudiado más:

  1. Ante la duda, la respuesta más larga suele ser la respuesta correcta

¿Por qué un profesor iba a esforzarse en escribir una opción larga si esa no fuese realmente la respuesta correcta? Redactar una alternativa de respuesta supone un esfuerzo extra para el profesor. En la mayoría de ocasiones, preferirá quitar un par de palabras en lugar de incluir otras nuevas.

  1. Ante la duda, “todas las opciones son verdaderas” suele ser la respuesta correcta

Muchas preguntas no tienen una única respuesta por lo que, para poder incluir distintos aspectos de ella, deben incluir varias frases que las definan. Lo más sencillo para un profesor es copiar y pegar opciones verdaderas en un examen tipo test. Construir alternativas falsas requiere un esfuerzo creativo del que muchas veces prefieren prescindir. “Todas las anteriores son falsas” también suele ser una respuesta falsa. Recuerda que, si crear una alternativa falsa es difícil, crear todas lo es mucho más.

  1. Ante la duda, las alternativas que incluyen la conjunción “y” son falsas

Siguiendo la misma dinámica, los profesores suelen coger respuestas verdaderas que ya estén en los apuntes y meterles una variante rápida para hacerlas falsas. Es más fácil que crear respuestas falsas desde cero.

  1. Ante la duda, las alternativas que tienen palabras como “nunca” o “siempre” son alternativas falsas

Muchas veces, cuando un profesor tiene que crear opciones falsas para sus alternativas de respuesta a una pregunta verdadera en un examen suele recurrir a un truco muy sencillo: incluir en la frase las palabras “nunca” o “siempre”.  Otra variante para transformar una respuesta cierta a en falsa sin complicarte demasiado es simplemente cambiarle un dato numérico o un adjetivo. Truco para ti: si una respuesta incluye un número estadísticamente es más probable que sea falsa.

  1. Ante la duda, si no tiene concordancia sintáctica o falla en género o número es falsa

Vale, puede parecer evidente pero es más común de lo que imaginas. Si el enunciado pregunta sobre algo en plural, las respuestas en singular son falsas. Si te preguntan por algo masculino y la respuesta está en femenino, esa es falsa. Es muy sencillo de ver, pero también es un error muy sencillo de cometer para un profesor cansado que crea opciones falsas en su despacho y está deseando irse a casa.

  1. Ante la duda, las opciones con errores ortográficos son respuestas falsas

El copiar y pegar es más infalible que la escritura directa. Las alternativas falsas de los exámenes son más improvisadas y no suelen requerir mucha revisión por lo que son mucho más propensas a que aparezcan errores ortográficos.

  1. Ante la duda, recuerda que la alternativa correcta es la misma que en la de exámenes anteriores

Si tienes poco tiempo para estudiar y se acerca la fecha de tus exámenes, nuestro consejo es que te centres en repasar exámenes anteriores. Lo más seguro es que el examen tipo test de este año sea una batería de preguntas sacada de todos los exámenes de años anteriores.

Y, como último consejo, ante la duda ¡estudia más para el próximo!

Fuente: muhimu.es

Madres agotadas que padecen el síndrome de burnout

 Jordana Vázquez

En una ocasión leí una frase que viene como anillo al dedo: “la madre perfecta no grita, no se desespera, no pierde la cordura y, sobre todo, no existe”. Sin embargo, en ocasiones nos exigimos demasiado porque queremos convertirnos en esa madre perfecta. Como resultado, terminamos agotadas, física y mentalmente, por lo que no es extraño que terminemos padeciendo el Síndrome de Burnout.

¿Qué es el Síndrome de Burnout?

El Síndrome de Burnout es una respuesta del organismo cuando ha estado sometido a un periodo de estrés intenso y prolongado, tanto desde el punto de vista físico como emocional. Se trata de un problema común en los profesionales que trabajan en contacto directo con las personas en situaciones de gran tensión, como los médicos y las enfermeras. De hecho, esta entidad fue descrita por primera vez a finales de los años 1960 para referirse al desgaste que sufrían los agentes de policía de libertad condicional. Los psicólogos, trabajadores sociales y teleoperadores son otras de las profesiones más expuestas a este problema.

El principal problema es que el Síndrome de Burnout provoca una serie de síntomas que se pueden confundir fácilmente con otras enfermedades. De hecho, causa síntomas psicosomáticos como dolores de cabeza recurrentes, insomnio, fatiga intensa y dificultades gastrointestinales. También se acompaña con algunos síntomas emocionales, como la ansiedad, depresión, irritabilidad y distanciamiento afectivo.

Además, la persona con Síndrome de Burnout se siente agobiada y cansada. De hecho, suele experimentar un intenso sentimiento de impotencia y desesperación desde que se levanta. A la larga, si este problema no se trata, terminará sufriendo anhedonia; es decir, perderá la capacidad para disfrutar.

¿Por qué las madres sufren el Síndrome de Burnout?

Ser madre es un trabajo a tiempo completo, las 24 horas del día y los 365 días del año. A esto se le suma que muchas mujeres también trabajan y llevan la mayor parte del peso de las tareas del hogar. Sin embargo, en muchas ocasiones, apenas terminan de poner orden y limpiar, encuentran que todo está sucio y desordenado de nuevo, lo cual genera una intensa sensación de frustración e impotencia que les hace cuestionarse el sentido y el valor de lo que están haciendo.

Este problema ha ganado aún más fuerza en los últimos tiempos ya que muchas mujeres también sienten la necesidad de ser madres perfectas, acompañar a sus hijos a las actividades extraescolares y evitarles todo tipo de problemas. Este estilo de crianza, denominado hiperpaternidad, acelera aún más el agotamiento y acrecienta el estrés. De hecho, se ha apreciado que las madres sobreprotectoras tienen mayor riesgo de desarrollar trastornos emocionales como la depresión.

Por otra parte, el Síndrome de Burnout se alimenta de la sensación de falta de control que experimentan muchas madres. A ellas les gustaría proteger a sus hijos pero a menudo se ven inmersas en situaciones que les recuerdan su impotencia. Esa sensación de incertidumbre e imprevisibilidad termina siendo muy desgastante desde el punto de vista emocional.

¿Cómo evitar este problema?

Prioriza las tareas del día. Aprende a jerarquizar las tareas y prioriza aquellas que sean realmente importantes. Si al final del día no has hecho todo lo que tenías programado en tu agenda, no te agobies. No es necesario que seas una súper mamá.

Reserva unas horas solo para ti. Con los niños, es difícil encontrar tiempo para ti, pero si no te lo propones, siempre terminarás relegándote a un segundo plano. Por tanto, asegúrate de reservar algunas horas para relajarte. Puedes dedicarlas a lo que más te apetezca, como ver una buena película, leer, cenar en pareja o darte un baño relajante.

Pide ayuda. No tiene nada de malo apoyarte en las personas más cercanas, como tu pareja, padres o amigos. De hecho, si repartes las tareas del hogar de manera más equitativa tendrás más tiempo para ti, estarás más relajada y la relación con tu familia mejorará. También puedes plantearte contratar de vez en cuando a una canguro o a una empleada doméstica que te eche una mano.

Asume un estilo de vida más sano. El estrés no solo es un problema emocional sino que también está determinado por tus hábitos de vida. Llevar una dieta sana, practicar actividad física y aprender técnicas de relajación te ayudará a evitar el estrés.

Fuente: educpreescolar.blogspot.mx