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6 recursos para fomentar el respeto por las diferencias culturales en clase

La educación en valores y entre ellos el de respetar las diferencias culturales es fundamental para una buena convivencia.

En un mundo marcado por la emigración e inmigración, educar en el respeto hacia las diferencias culturales se hace imprescindible. ¿Cómo despertar en los niños la sensibilidad multicultural para que no surjan problemas por racismo o xenofobia? Chequea a continuación 6 consejos para fomentar la tolerancia entre alumnos, docentes y sociedad en general entre personas que provengan de distintos lugares y culturas.

Los niños deben ser educados desde pequeños tanto en sus casas como en la escuela en una cultura de paz, tolerancia, respeto y diversidad cultural.Respetar la interculturalidad y respetar las decisiones políticas, religiosas, culturales o de cualquier índole es un pilar clave para la buena convivencia social; ya que una de las consecuencias de la globalización es que las ciudades sean cada vez más cosmopolitas. Conoce algunos recursos con los que podrás abordar este tema en el aula.

 

6 recursos para trabajar la diversidad cultural en el aula

1 – Fomenta el respeto a la multiculturalidad a través de recursos visuales

Ya hemos hablado anteriormente de diferentes recursos visuales para trabajar temas conflictivos en clase. Aprovecha las películas, fotografías y documentales que tratan sobre esta temática para exhibirlas en el salón ya que los estudiantes aman este tipo de actividades y puede resultar además un recurso muy efectivo para introducir o reflexionar sobre los temas más complejos de la diversidad cultural en una sociedad.

 

2 – Fomenta el respeto a la multiculturalidad con actividades en grupo

El docente debe ayudar a la integración de la minoría con respecto al resto de la clase. Promueve el trabajo en equipo pero no permitas que sean los mismos estudiantes los que los conformen, porque de esta manera existe el riesgo de que justamente quienes pertenecen a una minoría sean dejados a un lado. Ármalos tú mismo para buscar el equilibrio entre los grupos y asegurarte que no se vayan unos con otros sólo por afinidad.

 

3 – Fomenta el respeto a la multiculturalidad montando una obra

Los niños aman aprender mediante el juego, y ya hemos visto la efectividad del teatro como herramienta de aprendizaje en el aula. Las obras de teatro resultan ideales para aprender mediante la personificación de personajes y momentos históricos. Trabaja alguno de los temas más emblemáticos del racismo o problemáticas afines y adapta la versión para que los alumnos puedan representarlo. Esto los hará sentir más cerca del tema sensibilizándose al respecto del mismo.

 

4 – Fomenta el respeto a la multiculturalidad a través del árbol del amor y la amistad

Esta es una actividad más recomendada para niños pequeños. Se trata de proponer a los alumnos que escriban palabras u oraciones que les inspiren a algo bonito (pueden investigar incluso como se diría lo mismo en otros idiomas) y hagan con estas frases un gran árbol que situarán en un lugar visible del salón. Toma un rato durante uno o dos días de la semana para reflexionar en conjunto sobre lo que dice el árbol, comentando cómo han podido aplicar lo que dice allí con el resto de sus compañeros e incentivándolos a poner nuevas “hojitas” si es que quieren agregar una anécdota o frase sobre la amistad.

 

5 – Fomenta el respeto a la multiculturalidad incentivándolos a enseñar del tema

A los alumnos les encanta tomar el rol del profesor. Crea un espacio dónde ellos puedan jugar este juego de forma productiva. Puede ser a través de la creación de una revista de la clase con contenidos que los mismos estudiantes hayan ideado, o a través de una jornada dónde sean ellos los responsables de explicarles a los demás (a los padres en un acto o a compañeros de otra clase) que es el respeto por las demás culturas y cuáles son las actitudes, que son la minorías, el racismo, la inmigración y todos los temas al respecto de la sensibilidad multicultural.

 

6 – Fomenta el respeto a la multiculturalidad a través de una entrevista

Si tienes la posibilidad de llevar alguna persona famosa pero que haya llegado de otro país o que no haya tenido la historia más alentadora del mundo pero sin embargo le haya hecho frente a las adversidades hasta triunfar, llévalo al salón de clase para que los niños puedan entrevistarlo y conversar con él. Claro está que antes de que la persona acuda sería bueno conocer de antemano con los alumnos su historia, y advertirle a él los temas que quieres tratar para fomentar el respeto por las situaciones adversas y las diferencias culturales entre los estudiantes. La idea es que nadie esté incómodo en tal acontecimiento; y el conocer cara a cara al entrevistado y escuchar de su boca su historia de vida puede sensibilizar a los alumnos y acrecentar su respeto y solidaridad con respecto a ciertos temas. Con esta actividad estarás, además, ayudando a los alumnos a desarrollar sus habilidades de comunicación.

Fuente: universia.com

10 maneras de ser un buen maestro y ayudar a los alumnos

Maneras de ser un buen maestro, por medio de la ayuda y comprensión

Ser maestro implica más que haber ido a la Universidad o ser una persona con una capacidad académica suficiente para dictar una cátedra de determinado tema, lo principal que deben tener en cuenta los maestros es que son un modelo a seguir para cada uno de los alumnos, estos están observando de forma constante como actúan y aun cómo se visten.

En este artículo se hablará de las Maneras de ser un buen maestro, para proporcionar una buena formación a los alumnos con respecto a algunas áreas del conocimiento y valores éticos, para que puedan comportarse de forma adecuada en la sociedad. Los buenos maestros no lo son sólo en el aula, sino que su responsabilidad sigue con ellos siempre.

10 maneras de ser un buen maestro y lograr la formación de sus alumnos

1.  El buen maestro llega a todos sus alumnos. En algunas ocasiones se pueden encontrar maestros que se quejan acerca de que su clase tiene demasiados alumnos, el buen maestro no se fija en la cantidad de alumnos, mejor se  idea la forma de llegar a todos.

2.  El buen maestro debe ganarse el respeto. La enseñanza no se logra siendo una persona que infunda temor, pero tampoco una que nadie la respete, el maestro debe ganarse el respeto, respetando la individualidad de los estudiantes.

3.  Participación de los alumnos. En cuanto a las Maneras de ser un buen maestro, es de vital importancia buscar que el alumno interactúe, cuando el alumno participa aprende hasta un ochenta o noventa por ciento de los temas proporcionados.

4.  Experiencia docente. Uno de los factores de importancia para ser buen maestro es demostrar por su calidad de enseñanza la experiencia que tiene en el cuanto a impartir conocimiento.

5.  Habilidad de expresión. Esta es una de las mejores herramientas de un maestro de excelencia, es decir, el maestro debe hacerse entender acerca de lo que desea expresar, sin que los estudiantes queden con dudas.

6.  Dinamismo. Para tener las mejores Maneras de ser un buen maestro se debe ser una persona dinámica (sin caer en el extremo de ser payaso) con el fin de que los alumnos estén pendientes de lo que se dice en clase.

7.  Planeación. El buen maestro se prepara por anticipado elaborando una clase de excelencia, en el momento de la organización deben ser tenidos en cuenta los detalles que se pueden presentar en el aula.

8.  Ser él mismo. El buen maestro debe presentarse siempre como lo que él es, fingir no sirve de nada, fingir deteriora la personalidad de un maestro y los alumnos se identifican con el maestro que hace brillar su personalidad.

9.  Capacitación. En cuanto a las Maneras de ser un buen maestro la capacitación permanente debe ser un estilo de vida, para estar actualizado y proporcionar un conocimiento de calidad.

10. Pensar en la formación de sus alumnos. El trabajo por excelencia de un buen maestro es la formación de sus alumnos, en esto se debe interesar y al preparar cada clase debe tener en cuenta este detalle.

Fuente: educapeques.com

 

La sociedad y el estigma del Síndrome de Solomon

Sarah Romero

Nuestra sociedad tiende a demonizar el éxito de los demás. Este acto con base en la envidia por los triunfos ajenos tiene unas consecuencias muy claras en la sociedad: somos menos libres de lo que pensamos porque estamos muy condicionados por el entorno. El miedo a ser el elemento discordante de un grupo sienta las bases de una patología muy bien estudiada, conocida como Síndrome de Solomon.

Este trastorno se caracteriza porque el individuo toma decisiones o lleva a cabo conductas evitando destacar o sobresalir por encima de los demás, es decir, sobre el entorno social que le rodea. Este comportamiento tan determinado lleva a estas personas a ponerse obstáculos a sí mismas con objeto de continuar en la senda de la mayoría.

Las personas afectadas por el síndrome de Solomon tienen baja autoestima y también falta de confianza en sí mismas, lo que les lleva a evaluarse según las valoraciones de su propio entorno y no según sus propias apreciaciones. El miedo a que nuestras virtudes brillen por encima de las de los demás y estos se vean ofendidos por ello es uno de los pilares de este trastorno psicológico.

A pie de calle, está mal visto que nos vaya todo bien y esta actitud, generalizada en el ser humano, lleva a los individuos a fijarse más en las carencias que en las virtudes. Desear algo que no tenemos y sí tiene otro, provoca que el complejo de inferioridad esté solo a un paso al darle un lugar destacado a nuestras frustraciones -en vez de a nuestras fortalezas- y que nos cueste más alegrarnos de las cosas buenas que les suceden a los demás.

Fuente: Muy interesante

¿Eres de letras? La sociedad digital te necesita

Sergio C. Fanjul

¿Qué pinta un humanista en plena revolución digital? En un mundo donde todo se reduce a la computación de ceros y unos, a algoritmos, sensores, aluviones de datos, robots, procesos automatizados, ¿dónde queda espacio para los analógicos saberes en torno al ser humano? Es una pregunta que preocupa y que circula en el mundo de las Humanidades, mientras vamos viendo cómo se van recortando a buen ritmo este tipo de materias en institutos y universidades.

Ya sabemos con certeza que los trabajos del futuro serán mayormente tecnológicos: muchos de los que existirán dentro en una década aún no podemos ni imaginarlos. Según la Comisión Europea en 2020 quedarán desiertos más de 750.000 empleos en áreas científico-técnicas (paradójicamente, también existe escasez de vocaciones científicas). Pero en este panorama hipertecnológico los humanistas todavía pueden jugar varios papeles. El más obvio: aprovechar los avances digitales para sus propias disciplinas, en lo que se han llamado las Humanidades Digitales. Pero no solo eso: también colaborar al propio desarrollo tecnológico (como colabora la filosofía o la psicología en el desarrollo de la Inteligencia Artificial) o, sobre todo, crear un marco de sentido para lo que se nos viene encima. Para poner unos límites a la Revolución Tecnológica que la hagan compatible con el ser humano tal y como lo conocemos. Si es que tal cosa es posible.

Colaborando con la tecnología

Aunque a primera vista pudiera no parecerlo, el desarrollo de la tecnología ha estado y está fuertemente imbricado con ciertas ramas de las Humanidades, sobre todo las más filosóficas. “Muchos de los desarrollos tecnológicos han salido primero de la mente de los filósofos para luego ser desarrollados por ingenieros”, afirma el filósofo de la ciencia y la tecnología David Casacuberta, profesor de la Universidad Autónoma de Barcelona.

Hoy en día esa imbricación continúa. “Hay diversos aspectos de la tecnología que se tocan con cuestiones éticas”, explica Casacuberta. Pone como ejemplo el comportamiento de los coches autónomos, que funcionan sin conductor y que tendrán que decidir cómo actuar en diferentes casos, si dada la posibilidad de un choque tiene optar por salvar a las personas o al coche más caro, etc. O en sistemas que decidan a quién dar un préstamo bancario y a quién denegárselo. Con la llegada de las superinteligencias que pueden llegar a competir e incluso superar a la humana, los protocolos éticos serán indispensables. Al fin y al cabo las Leyes de la Robótica de Isaac Asimov, que prohíben a los robots dañar a los humanos por acción u omisión, no son más que uno de estos protocolos.

En un futuro el manejo de la tecnología se habrá simplificado tanto que, según algunos expertos, los perfiles más técnicos, como los de los programadores, serán menos necesarios y emergerán otros de carácter más humanístico. “Con los avances que está habiendo en inteligencia artificial las herramientas van a ser cada vez más sencillas de manejar a un nivel técnico y probablemente lo que se necesite entonces sea gente que sepa hacer las preguntas pertinentes, como psicólogos o filósofos”, concluye Juan Antonio Torrero, responsable de big data de Orange España.

La relación entre el desarrollo de la inteligencia artificial y la filosofía, la lingüística o la psicología es evidente. Por ejemplo, el célebre filósofo estadounidense Daniel Dennett ha trabajado extensamente en este ámbito. “Los filósofos han soñado con la inteligencia artificial durante siglos”, escribe en uno de sus artículos, “Hobbes y Leibniz, en formas muy diferentes, intentaron explorar la idea de romper la mente en pequeñas operaciones mecánicas. Descartes incluso anticipó el test de Turing (un experimento ideado por Alan Turing para verificar si existe inteligencia artificial)”. Otro notable filósofo implicado en temas como inteligencia artificial y singularidad tecnológica es Nick Bostrom, director del Instituto para el Futuro de la Humanidad de Oxford. Ante el posible surgimiento de una superinteligencia artificial: “Lo mejor que podemos hacer ahora mismo es impulsar y financiar el pequeño pero pujante campo de investigación que se dedica a analizar el problema de controlar los riesgos futuros de la superinteligencia”, escribió en la revista Edge, “será muy importante contar con las mentes más brillantes, de tal manera que estemos preparados para afrontar este desafío a tiempo”.

Tomando las riendas del caballo digital desbocado

El brutal desarrollo tecnológico sin control puede suponer una apisonadora que arrolle nuestras vidas y hasta nuestra propia naturaleza. Conviene pensar sobre ello, como hacen algunos humanistas. “Con la actual fascinación por la tecnología da la impresión de que todo se puede reducir a átomos y bits”, dice el sociólogo Francesc Núñez Mosteo, director del máster de Humanidades de la Universidad Oberta de Catalunya(UOC), “hay que superar ese materialismo y entender que el ser humano no es solamente eso, sino también espiritualidad, política, moral, ética”. El sociólogo señala la necesidad de promover, más allá de lo científico-técnico, capacidades como el espíritu crítico o la capacidad de juicio que, en su opinión, nacen de las Humanidades. “La tecnología ha ampliado mucho nuestra capacidad de acción y necesitamos criterios para movernos en esos nuevos espacios”, apunta.

Desde algunas posturas cientifistas cualquier avance científico y tecnológico es bueno, pero esa no es una postura universalmente compartida. “Una parte de la tecnociencia ha venido a ponerse al frente de aquello que en el futuro tendrá que ser la vida humana”, explica la filósofa Marina Garcés, profesora de la Universidad de Zaragoza y directora delAula Oberta del Institut d’Humanitats, en la que se debate sobre temas como estos. “Esa parte quiere monopolizar lo que consideramos la vida buena: una educación digitalizada, un buen envejecimiento gracias a los avances tecnológicos, etc”. Para evitar este monopolio de estos sectores tecnocientíficos Garcés apoya la idea de fundar una nueva alianza entre las ciencias y las humanidades, una alianza para repensar qué es lo que esperamos de desarrollo tecnológico, en qué nos queremos convertir: “Si solo vemos las funciones y no vemos el marco, somos esclavos de ese marco”.

Humanidades digitales

La tecnología y las Humanidades se mezclan de una forma mucho más cotidiana habitualmente. El concepto de Humanidades Digitales se refiere a la utilización de las diversas herramientas tecnológicas en el ámbito de las Humanidades, ya sea en la docencia, la creación o la investigación. A día de hoy el impacto de la tecnología se observa en las bibliotecas digitalizadas, en las bases de datos, en los materiales digitales para la docencia o en los campus virtuales de las universidades. “Las Humanidades, casi en un ejercicio de ventriloquía, pueden utilizar la tecnología para mostrar que todavía es importante lo que tienen que decir”, opina Laura Borràs, directora del Máster de Literatura en la Era Digital de la Universidad de Barcelona.

La tecnología no solo ejerce de herramienta facilitadora, sino que también modula el contenido humanístico. “No es lo mismo la literatura digitalizada, que simplemente se ha pasado a un formato tecnológico, que la literatura digital que utiliza todos los recursos y que sin la tecnología pierde parte de su esencia”, explica Borràs. Así los textos de literatura digital incluyen imágenes, sonidos, hipervínculos o son animados al contacto con el dedo o el ratón, creando nuevas experiencias literarias difícilmente traducibles al papel. El escritor Michael Joyce, pionero de este tipo de literatura, creó obras cuyos fragmentos estaban relacionados mediante links, cosa normal al navegar por la web, pero que abre nuevas dimensiones en la literatura. La poesía digital, en las que las palabras se mueven, se modifican o forman sucesivas figuras, puede cumplir en esta era el papel de los viejos caligramas de Apollinaire. Y en cualquier iPad se pueden descargar coloridas versiones de los cuentos de terror de Lovecraft o de Poe que incluyen animaciones, interacción con el lector o efectos de sonido, que pueden ser muy del gusto de las nuevas generaciones de lectores.

No solo literatura: las Humanidades Digitales abarcan multitud de disciplinas, como la geografía, la historia del arte, o la arqueología. El arqueólogo Joan Anton Barceló, profesor titular de Prehistoria en la Universidad Autónoma de Barcelona, utiliza de manera cotidiana tecnología avanzada en su tarea. Los escáneres 3D, sistemas de tomografía computerizada, teledetección satelital, etc, le proporcionan una gran cantidad de datos numéricos. “En una excavación arqueológica puede haber cinco pentabytes de información o incluso más” comenta el investigador. Para presentar todos esos datos al público aprovecha la naturaleza digital de la información para montar museos virtuales con todo tipo de información añadida. Todo esto cambia radicalmente la manera en cómo las nuevas generaciones se aproximarán al estudio del pasado y tratarán de predecir el futuro.

Ciencias Vs. Humanidades
S. C. F.

La brecha entre las ciencias y humanidades, establecida desde la educación como una línea roja (que para muchos es preciso saltar) ha generado frecuentes fricciones. Si ahora las Humanidades se sienten amenazadas por el rampante desarrollo tecnológico, también han sido frecuentes las quejas desde el lado científico por el desinterés de los humanistas en sus disciplinas, excluidas con frecuencia de lo que generalmente llamamos cultura: se considera de incultos no conocer El Quijote pero muy normal no saber enunciar el Segundo Principio de la Termodinámica, que vertebra nuestro Universo.

Sobre esta brecha lanzó su crítica el físico y novelista británico C.P. Snow en su célebre conferencia de 1959, tituladaLas dos culturas. Allí abogaba por traspasar las fronteras y trabajar de manera multidisciplinar para afrontar los problemas a los que se enfrenta la Humanidad. Más recientemente, el empresario y editor de la revista EdgeJohn Brockman acuñó el término de Tercera Cultura, que trata de unir y superar las dos anteriores. Entre los nombres que se relacionan con este movimiento están el científico cognitivo Steven Pinker, el biólogo Richard Dawkins, el filósofo Daniel Dennett, el astrofísico Martin Rees, el físico Alan Guth o la bióloga Lynn Margulis, que vendrían a ocupar, desde las ciencias naturales, el papel del intelectual tradicional. Como se ve no abundan los humanistas.

Fuente: Elpais.com