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Amigos imaginarios: preguntas y respuestas para padres

Entre los dos y tres años de edad, es común y muy normal que los niños tengan amigos imaginarios, que pueden poseer diferentes características. Superhéroes, hadas, idealizaciones de sí mismos o de alguien más están entre los más frecuentes.

Que tu hijo tenga un amigo imaginario es parte de un proceso natural en donde se adentra en su propia fantasía, creando un mundo fantástico en el que puede jugar y dejarse llevar por su imaginación. Estos amigos suelen cumplir con una función protectora y de compañía, que les permite liberar tensiones. Otros aspectos positivos de esta práctica es que el niño explota su imaginación, con lo que puede llegar a enriquecerse social y emocionalmente. Además, le puede servir para reforzar su autoestima –ya que adquiere confianza al sentirse protegido– para desarrollar habilidades de empatía y para incentivar su creatividad.

Sin embargo, es importante saber distinguir entre un proceso normal y uno que pudiera ser patológico.  En este sentido, es importante poner especial atención en caso de que el niño:

Empiece a hablar consigo mismo, sin dar muestras de ningún tipo de interacción (aunque sea imaginaria).
Utilice a un ser imaginario para tratar de engañar.
Represente vivencias de hechos traumáticos que le generen ansiedad y nerviosismo.

Otro aspecto que es importante cuidar es que la relación del niño con su amigo imaginario no se vuelva tan estrecha que llegue a interferir con sus relaciones no imaginarias, afectando su vida social.

Centrándonos en el tema que nos ocupa, podemos decir que más allá de las razones por las cuales un niño tiene un amigo imaginario, es bueno que como personas de referencia en sus vidas sepamos colocarnos y acompañarles en esta situación. Enojarse con ellos no es lo más recomendable, ya que se trata de un proceso mental por el que todos (o la mayoría) hemos pasado.

Este amigo imaginario que puede “tomar la forma” de una persona o de un animal, robot, personaje, etc, nos puede dar muchas pistas sobre lo que le gusta o no le agrada a nuestro hijo. Claro, porque los niños depositan en estos amigos imaginarios todas sus frustraciones, sus deseos y sus elecciones.

Puede que, con paso del tiempo, los amigos imaginarios cambien de forma y de nombre o bien se “sumen” nuevos integrantes al equipo.

De la misma forma que llegan, también se van. En el momento en que el pequeño alcanza cierta madurez y el niño se da cuenta de que ya no lo necesita, el amigo toma su maleta invisible y se va por el mismo camino que utilizó para aparecer.

Amigos imaginarios: preguntas y respuestas para padres

Algunos padres llegan a la consulta con un psicólogo o psicopedagogo de la escuela para preguntar sobre el o los amigos imaginarios de los hijos. Las dudas más habituales son:

¿Es algo patológico? No, nuestros pequeños no están enfermos ni tienen problemas mentales por afirmar que tienen un amigo imaginario. Cerca de la tercera parte de los niños de entre 2 y 6 años de edad han creado al menos uno.

La reacción de los padres suele ser de preocupación y de sorpresa, pero no hay de que preocuparse mientras el niño continúe con sus actividades normales y mantenga amistades reales con otros niños.

¿Por qué pasa esto?

Cuando los peques cumplen dos años tienen la capacidad para desarrollar lo que se conoce como “juego simbólico”. Esto quiere decir que fantasean e imaginan cosas.

Juegan a la comidita, a la mamá, a ser astronauta o súper héroe, llaman por teléfono de juguete a los padres, etc. No hay que asustarse por ello sino disfrutar de que están llevando a cabo sus habilidades imaginarias, que luego se podrán reforzar con la lectura de libros o ciertas clases intelectuales o artísticas.

¿Cómo reconocerlo?

Si tu hijo tiene un amigo invisible te darás cuenta porque él mismo se encargará de describirlo y de hablar de él. Puede tener características de personas o no y probablemente su personalidad sea parecida a la del niño.

¿Qué puedo hacer?

Esta es la pregunta por excelencia en relación a los amigos imaginarios de los niños. Como primera medida, no retar al niño porque ha presentado a un personaje invisible. Quizás los demás familiares y amigos no entiendan por qué se pone otro plato en la mesa para “pepito” o “pirula” o que hay que pensar como si se tuviera un hijo adicional. Pero lo importante es “seguirles el juego”.

La idea es acompañar a los niños en este proceso y que no lo vean o sientan como algo malo. Ahora bien, tampoco hay que irse al otro extremo. Deja que tu hijo saque el tema del amigo imaginario,

no lo instes a pensar en él, síguele la corriente y si no “tomas de la mano” a los dos, dí que estás distraído y no te has dado cuenta. Pídele disculpas a “Pepín” y listo.

¿Cuándo preocuparme?

Un amigo imaginario se puede volver una preocupación cuando el niño se obsesiona con él, de manera tal que no puede realizar ninguna otra actividad, relacionarse con personas de carne y hueso, se retrase con sus tareas, no quiera salir de la habitación, cambie su temperamento, etc.

En esos casos, es bueno que vaya a la consulta con un psicólogo. Si nada de esto ocurre, deja que siga en curso su amistad hasta que el niño sólo se canse o se aburra de ella.

El noticiero de Montse

Fuente: Cg.fasilicimo.com

¿Por qué los niños muerden?

Morder es una conducta que algunos niños en edades comprendidas de 1 a 3 años presentan. Existen diferentes razones de por qué los niños muerden, pero en cualquier caso es necesario enseñarles desde el primer momento las consecuencias que acarrea el morder.

Para poder comprender este problema debemos entender por qué los niños muerden.

Los bebés emplean su boca para explorar, aprender y también para relacionarse. Es una de las partes de su cuerpo que se encuentran más desarrollada. En ocasiones con la dentición necesitan calmar sus encías con lo cual muchas veces muerden porque carecen de autodominio y actúan impulsivamente.

En el caso de niños de 1 a 3 años las razones son diferentes. A esta edad comienzan a socializar, a relacionarse con sus coetáneos, pero aún no poseen un lenguaje ni tienen las habilidades suficientes para comunicarse. Morder es una manera de conseguir un juguete o llamar la atención. También lo hacen cuando están nerviosos o se sienten frustrados: ante situaciones nuevas, la llegada de un hermanito, el ingreso al jardín de infancia… Otros niños sencillamente muerden por imitación. En edad preescolar la conducta de morder suele desaparecer. A estas edades los niños ya comienzan a tener habilidades de comunicación que permiten la convivencia con sus compañeros. Un niño que muerde frecuentemente en esta etapa puede estar presentando problemas emocionales.

Lo primero que hay que hacer es observar cuando y porque está conducta aparece. Cuando un niño muerde siempre debemos transmitirle que la agresión no es aceptada. Debemos intervenir con rapidez, pero con calma y mostrarle nuestra desaprobación. Hay que explicarle que “no se puede hacer daño” mirándole a los ojos. Si el niño está jugando debe separarse de la actividad (dos minutos son suficientes), si quiere continuar jugando con los demás tendrá que parar de morder. También es aconsejable que tenga una conducta reparadora: ayudarle a curar al amigo, darle un beso, pedirle disculpas…

Prohibir una conducta no significa que el pequeño entienda cual es la conducta acertada. A los niños hay que servirles ejemplos a seguir; por ejemplo mostrarles nuevas formas de relación, utilizar el lenguaje, esperar turnos, pedir prestado, acariciar a sus amigos…

Cuando el niño exhiba conductas positivas (pedir permiso para coger el juguete de otro niño, por ejemplo) debemos elogiarle, valorarles cuando estén jugando de manera “pacífica” con otros pequeños.

Nunca debemos responder con la misma acción: morder a un niño que muerde es un gran error. Cuando son muy pequeños no pueden relacionar el dolor que sienten con el que causan cuando muerden a los demás. No utilices la violencia ni la humillación para erradicar el comportamiento. Dialoga, háblale con firmeza y coherencia manteniendo siempre la calidad del vínculo afectivo.

Fuente: Bebés y más