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No suba esa foto de su hijo

Nuestras redes están llenas de imágenes de niños haciendo monerías. En verano, su sobrexposición aumenta más si cabe. Cada imagen es compartida —sin consentimiento alguno—  por el padre, la madre o algún familiar o amigo para orgullo de quien comparte y disfrute de sus conocidos. Se reciben likes y alguna alabanza que lleva a reincidir. Así ha sido durante varios años sin que nadie se planteara las consecuencias. Hasta que, acompañando al resquemor creciente hacia las redes sociales, una duda ha empezado a extenderse: ¿acaso hacemos mal subiendo a Internet imágenes de niños?

Tres de cada cuatro menores de dos años tienen fotos online, según un estudio de la empresa de seguridad en Internet AVG con datos de ciudadanos de 10 países (Estados Unidos, Canadá, Alemania, el Reino Unido, Francia, España, Italia, Australia, Nueva Zelanda y Japón). La emoción ante la paternidad es una de las causas de esta pulsión, la versión actualizada de las imágenes que se guardaban en la cartera. De media, los progenitores de niños menores de 6 años suben 2,1 informaciones a la semana sobre estos, según un estudio con información de 1.300 padres estadounidenses de la aplicación Local Babysitter. Entre los 6 y los 13, hay un descenso: 1,9 informaciones por semana. Cuando el menor cumple 14 años, el ímpetu se reduce a menos de una vez a la semana (0,8). En España, los padres son los más preocupados, según AVG, por las consecuencias futuras en la vida de sus hijos de la cantidad de información onlineque proporcionan sobre estos (valoran su grado de preocupación en un 3,9 sobre 5). Esta preocupación posiblemente se habrá visto reforzada tras saber que Mark Zuckerberg —el hombre que más ha hecho porque compartamos como compartimos — cree que el futuro, en lugar de abierto, como sostenía hasta ahora, será privado.

Mientras que el sector de la comunicación se ve obligado a proteger la identidad de los menores que salen en sus páginas, la publicación masiva de imágenes sin filtro de niños en las redes ha convertido la protección en una ironía. El fenómeno es tal que ha dado origen a un nuevo término: sharenting, la suma de share(compartir) y parenting (crianza). En 2015 dos holandeses lanzaron al mercado la marca Koppie Koppie, una tienda online de tazas con fotos de niños cogidas de la Red para señalar el problema. Pero la primera persona que escribió un estudio detallado sobre este extendido fenómeno fue la abogada Stacey Steinberg, que en 2016 publicó el informe Sharenting, la privacidad de los niños en la era de las redes sociales. Esta profesora de Derecho de la Universidad de Florida, EE UU, y madre, estudió en profundidad las implicaciones de esta costumbre planetaria en marcha desde hace más de una década. Los padres son, por un lado, “los veladores de la información personal de sus hijos y, por otro, los narradores de la vida de estos”, escribe Steinberg. Al narrar, compartimos información sobre los hijos a la vez que les privamos del derecho a hacerlo ellos mismos en sus propios términos. Y eso es una fuente potencial de daño a la que hemos prestado poca atención.

Los padres velan por la información personal de sus hijos y a la vez narran la vida de estos.

STACEY STEINBERG, ABOGADA

Los riesgos a los que se ven sometidos los menores son varios. Para empezar, ponemos más fácil su localización física a criminales o pervertidos. Pero hay además otros peligros de origen digital. Si alguien captura una imagen o un vídeo de un menor, puede simular que sufre algún tipo de peligro y reclamar un rescate. También puede suplantar su identidad en las redes, como ya le ha sucedido a varias influencers. Si, además, al anunciar el nacimiento de un bebé añadimos la fecha (cosa que hacen no pocos padres), podríamos estar propiciando el robo de su identidad. Por no hablar del ciberbullying que quizá causamos al subir una foto ridícula de nuestro hijo (se calcula que en 2018 lo habían sufrido el 59% de los menores, según Pew Research).

Pero hay otra consecuencia más obvia que tampoco solemos tener en cuenta: la opinión del menor. Un 58% de los padres estadounidenses que comparten fotos creen que subirlas sin el consentimiento expreso de sus hijos es correcto, según la empresa de seguridad McAfee. Y un 40% cree que la foto podría llegar a avergonzar al menor, pero que no le importará o que acabará superándolo. Sin embargo, lo que se está comprobando es precisamente lo contrario: que a muchos sí les disgusta el uso que sus padres hacen de su imagen. Valga de ejemplo lo que le dijo la hija de la actriz Gwyneth Paltrow cuando esta subió una imagen de ambas en la que la menor llevaba unas gafas de esquí que cubrían su rostro: “Mamá, ya lo hemos hablado. No puedes publicar fotos mías sin mi consentimiento”, se quejaba Apple. A lo que Paltrow respondía: “¡Pero si ni siquiera se te ve la cara!”.

¿Deberíamos pedir entonces permiso a nuestros hijos cada vez que subamos una foto de ellos? De esto trataba el debate que mantuvieron el pasado mes de octubre varias influencers españolas —Lidia Bedman, mujer de Santiago Abascal, líder de Vox, o Jennifer Ortiz, entre otras—, madres y famosas que, además, reciben dinero por exhibir y exhibirse. Ortiz resumía el dilema durante el debate de la siguiente forma: “El día de mañana, cuando mi hijo me pregunte sobre las fotos que subí de él, le diré: ‘Hijo, lo hice quizá desde mi egoísmo, pensando que eran fotos bonitas y que no te iban a hacer daño. Entonces, en ese momento le pediré perdón y le daré una tarjeta [de crédito] con su dinero”.

¿Subimos imágenes de niños por el lado emocional o porque mercantilizamos con llos?

LAURA BAENA, CREADORA DE LA WEB MALASMADRES

Poco a poco van trascendiendo casos puntuales llegados a los tribunales de menores que denuncian a sus padres en Italia, Francia o Estados Unidos. En Francia, las autoridades pueden imponer multas de hasta 45.000 euros más un año de prisión por publicar fotos íntimas de los hijos sin su permiso. “En España no conozco ningún caso aún”, afirma Samuel Parra, abogado especializado en temas tecnológicos. “Lo más habitual es que un padre denuncie al otro por subir fotos sin su consentimiento como le ha sucedido a Bisbal, que denunció a su exmujer, Elena Tablada, por subir a las redes imágenes de la hija de ambos. Si el padre denunciado no retira las fotos, ahí vienen los problemas”. “Hay una realidad”, opina Laura Baena, publicista y creadora de la web Malasmadres. “Las fotos de menores lo petan. ¿Subimos las imágenes porque nos tocan la parte emocional o realmente estamos mercantilizando a los niños?”.

¿Podemos esperar que las propias redes pongan freno a nuestra locuacidad? Nathan Freitas, del Berkman Klein Center for Internet & Society, un centro de investigación sobre tecnología dependiente de la Universidad de Harvard, cree que sería naif esperarlo: “No les resultaría nada difícil crear un botón muy grande y claro que dijera: ‘Compartir SOLO con mi familia directa’. Pero si eso supone recolectar menos dinero, vayamos olvidándonos de ello”. Y los tribunales ¿podrían poner freno a los padres? Lo habitual es que sean reticentes a priorizar el derecho a la privacidad de los menores ante su propia familia. Se supone que los padres son los mejores guardianes de la privacidad de sus hijos y cuando no lo son, los jueces generalmente aceptan que los padres hacen lo mejor para estos.

Stacey cierra su texto con varias recomendaciones a los padres interesados en proteger a sus hijos: que se familiaricen con las políticas de privacidad de las redes en las que suben fotos. Que fijen alertas que les avisen cuando el nombre de su hijo salga en algún resultado de búsqueda en Google. Que antes de contar algo se planteen no revelar la identidad del menor. Que no den pistas sobre los lugares que visita. Que pidan permiso a estos antes de compartir una información sobre ellos. Que no suban nunca una foto de estos con poca ropa. Y la última: que consideren si esa información que están valorando compartir puede tener algún efecto en el bienestar y en el desarrollo psicológico del pequeño.

Fuente: elpais.com

Medidas de seguridad infantil

Carolina Jiménez
[email protected]
Santo Domingo

En la temporada de vacaciones es donde mayor precaución debemos tener con los más pequeños de la casa, y es que al estar tanto tiempo allí, pueden distraerse con objetos o actividades que resultan ser peligrosas.

Se dice que la seguridad de los pequeños empieza en el hogar con las medidas de precauciones adecuadas que tomen los padres para el cuidado de sus hijos. Pero no solo en la casa  pueden ocurrir estos accidentes, sino también en los campamentos de verano.

Algunos de los accidentes más frecuentes son: caídas, golpes, quemaduras y ahogamientos.

Consejos de seguridad infantil en la casa

Estar siempre pendientes de los más pequeños, puede evitar que estos sufran accidentes que podrían ser de alto riesgo.

  1. Sellar los enchufes que estén al alcance de los niños. Esta medida ayudará a evitar un accidente eléctrico. Al mismo tiempo recoger los cables que estén en zonas visibles. 
  2. Impedir paso a las escaleras, al menos que un adulto esté vigilando. Esto se puede lograr con una barrera exclusiva para puertas y escaleras.
  3. Nunca dejar solos a los pequeños cerca de la piscina. Así evitar caídas que podrían causar ahogamiento. Durante las vacaciones de verano no debe perder de vista a los pequeños en las playas o piscinas. Es recomendable estimular la enseñanza de la natación a edades tempranas.
  4. Comprarles juguetes seguros que no tengan piezas cortantes, ángulos puntiagudos, ni estar fabricados con materiales tóxicos. Procurar que sean de tamaño grande para impedir que los introduzcan en la boca y se los traguen. 
  5. Vigilar siempre la llave de corte del gas de la cocina. Si no se está cocinando, hay que procurar mantener la llave cerrada. Lo mismo se debe hacer con las estufas de gas. Hay que evitar dormir con ellas encendidas.
  6. Guardar productos peligrosos lejos del campo de acción de los niños. Colocar los productos de limpieza y otros productos potencialmente tóxicos en estanterías o muebles en alto para evitar su ingestión. 
  7. No se debe cocinar con el niño en brazos ni dejarlo en el suelo cerca de la cocina. Las quemaduras son altamente peligrosas. Hay que tratar de mantener alejado al niño a toda costa de la cocina.
Consejos de seguridad en los campamentos de verano

Para un director de campamento y staff en general, es una ardua responsabilidad el cuidado de los pequeños. Por lo tanto, son muchas las medidas de precauciones que deben aplicar, pero estas cuatro son de las más importantes:

  1. Crear actividades sin altos riesgos que sean adecuadas para la edad de los niños.
  2. Contar con un personal de adultos que vigilen constantemente las actividades de los pequeños.
  3. Ofrecer seguridad en cada una de las actividades, ya sean acuáticas o de otro tipo.
  4. Tener botiquín de primeros auxilios.

Las normas de seguridad que debes enseñar a tu hijo

Lo que más angustia le produce a un padre o una madre es que a su hijo pueda ocurrirle algo. Su seguridad, física y emocional, está por encima de todo lo demás. Sin embargo, a menudo olvidamos darle a nuestro hijo las herramientas para que pueda defenderse y tener claras algunas pautas de seguridad básicas.

Te ofrecemos una selección de normas de seguridad que debes enseñar a tu hijo desde bien pequeño para que aprenda a defenderse en la vida.

Desde qué hacer en el momento en el que se pierde hasta cómo reaccionar si un niño le molesta en el colegio constantemente. Enseña a tu hijo a desenvolverse de forma más segura por la vida. Al menos conseguirás evitar ciertos riesgos y le estarás ofreciendo a tu hijo una herramienta indispensable para él. Apunta las principales normas de seguridad que debes enseñar a tu hijo:

1. Qué hacer en caso de acoso. Por desgracia. los casos de acoso escolar se dan en edades cada vez más tempranas. A partir de los 6 años ya se detecta abuso de unos niños hacia otros. Explica a tu hijo qué hacer si un niño le molesta de forma reiterada, le pega o le humilla constantemente. Debes dejarle claro que debe contarlo y acudir a su profesor y a sus padres en busca de ayuda, y que es algo que nunca debe ocultar.

2. Qué hacer si el niño se pierde. A pesar de ir con mucha precaución en lugares de grandes multitudes de gente, basta un segundo para perder a nuestro hijo de vista. Y los minutos que pasan hasta que le encontramos son realmente angustiosos. Ante todo, calma. Si tu hijo aprendió la norma básica, no andará muy lejos. Debes explicarle que si se pierde, debe quedarse quieto en un sitio y en último caso, pedir ayuda a un adulto, preferentemente a madres con niños. Evidentemente, entre las normas básicas está el enseñar a nuestro hijo la dirección y el número de teléfono de los padres.

3. Qué hacer si una persona intenta tocarle donde no debe. Debes enseñar a tu hijo a defenderse de posibles pederastas. Lo mejor en estos casos es explicarle desde pequeño que nadie puede tocar ciertos lugares de su cuerpo. Y que si ocurriera esto, debe decírselo inmediatamente a sus padres o a alguna persona adulta de confianza.

4. Qué hacer si llaman a la puerta y está solo. Una norma básica que muchos padres olvidan recordar es la de no abrir ni hablar con desconocidos. Parece obvio, pero para un niño, lo normal es mostrarse amigable y confiar en los demás. Déjale muy claro que él no puede abrir la puerta ni contestar al teléfono.

5. Cómo cruzar la calle. Desde que tu hijo comienza a andar, debes empezar a enseñarle educación vial. Con canciones, juegos… verás que pronto asimila que existen normas para evitar accidentes en la calle. Lo primero que debes enseñarle es a cruzar la calle por el paso de peatones, mirando bien a ambos lados antes de cruzar y respetando las luces de los semáforos.

6. Cómo jugar en la piscina. A los niños les encanta la piscina y el agua, pero a menudo se lo pasan tan bien que olvidan las normas básicas de seguridad. No está de más que se lo recuerdes, aunque parezcas que ya lo has repetido mil veces. Recuérdales que nada de tirarse de cabeza en la zona menos profunda, que no debe entrar en el agua sin manguitos o flotador si aún no está seguro, que debe volver a echarse crema para el sol al salir del agua…

 

7. Qué hacer si ve que pegan a otro niño. Cuando el niño no es víctima de acoso pero sí es espectador, también tiene cierta responsabilidad. Enseña a tu hijo a ayudar a los niños que sufren acoso. ¿Cómo? Avisando al profesor y a los padres de lo que ocurre.

8. Cómo jugar en la playa. La playa es un lugar ideal para los niños. Pero tiene sus peligros y por eso es fundamental que le expliques a tu hijo normas básicas para disfrutar sin riesgos. Por ejemplo, debes recordarle que no puede alejarse mucho del lugar en donde os encontráis, ni meterse en el agua sin pediros permiso.

9. Cómo navegar por internet. Nuestros hijos han nacido en la era digital. Seamos responsables. Si les enseñamos a andar, a comer, a leer y a escribir… ¿cómo es que no le enseñamos a navegar por Internet? La red no está exenta de cientos de riesgos. Lo mejor será que le expliques a tu hijo que mientras no tenga la edad suficiente, sólo podrá navegar por internet con tu permiso y deberá contarte qué ve y qué juegos utiliza.

10. Cómo pedir ayuda desde casa. Con cinco años, un niño ya es capaz de entender qué es un número de emergencia y  cuándo debe utilizarlo. Si en algún momento está contigo en casa y necesita pedir ayuda porque tú te encuentres mal, podrá hacerlo si ya se lo explicaste.

11. Qué hacer si alguien que no conoce le pide que vaya. Igual que enseñamos a los niños a no hablar con desconocidos, mucho menos irse con alguien que no conoce. Explícale que aunque esa persona le diga que es amigo de sus padres, nunca debe fiarse. Y por supuesto, que jamás debe entrar a un coche con desconocidos.

12. Cómo comportase en zonas con muchas personas. Cuando vas a un centro comercial, a un concierto.. a cualquier lugar en donde se concentran muchas personas. Enseña a tu hijo que justo en esos lugares no debe alejarse de sus padres, ya que correrán el riesgo de perderse.

Fuente: guiainfantil.com 

Salvemos la educación

Fracaso escolar, jóvenes que dedican años y años a su formación y que, a pesar de contar con uno o más títulos académicos, no consiguen encontrar trabajo, universitarios que terminan dedicándose a algo para lo que se han preparado pero que no les convence ni les llena ni les ilusiona, profesores que siguen las mismas técnicas de enseñanza desde hace años… Hemos evolucionado en muchos ámbitos: medicina, tecnología, comunicaciones, transporte, pero, ¿qué pasa con lo que debería considerarse la base del futuro de la Humanidad? ¿Qué ocurre con la educación?

Existe una corriente que aboga por una verdadera revolución en la educación, que defiende la idea de que, si seguimos con las mismas técnicas y metodologías de la escuela tradicional, el fracaso será la nota predominante en la carrera académica de millones de estudiantes.

“Con el tiempo he perdido la cuenta del número de personas que he llegado a conocer que carecen de una verdadera percepción de sus talentos individuales y lo que les apasiona. No disfrutan de lo que hacen, pero tampoco tienen idea de lo que les satisfaría” El Elemento. Sir Ken Robinson.

¿En qué nos estamos equivocando? Hay varias cosas que estamos haciendo mal, pero la base de todo está en que “las escuelas matan la creatividad”. Eso dijo Sir Ken Robinson, uno de los más conocidos defensores del cambio en la educación, en una de sus más concurridas conferencias. La base de su discurso se centra en que, si analizamos los sistemas educativos que existen en la actualidad, veremos que la mayoría de ellos tienen unas características comunes: 1. las humanidades y las artes siempre se consideran materias menos importantes que las matemáticas o la lengua,2. se penaliza el error y el fracaso y 3. se potencia la idea de la habilidad académica frente al verdadero talento de cada alumno. Lo grave de esto es que mucha gente que es realmente brillante y creativa termina plenamente convencida de que no lo es.

La imaginación, la creatividad y la falta de miedo a equivocarse es algo que los niños desarrollan de manera natural. Con el tiempo, y no sin la ayuda del sistema educativo, vamos perdiendo esa valentía, esa confianza en nuestra capacidad de imaginar y de crear. Nos inflamos a títulos, que es lo que nos da seguridad, y lo que, sin embargo, no nos garantiza el éxito. Porque, como advierte Sir Ken Robinson, quien antes tenía un título, tenía un trabajo, pero ahora no, y esto se debe, entre otras cosas, a la explosión demográfica y la extensión de la alfabetización.

“Nuestros coetáneos, nuestra cultura y las expectativas que tenemos de nosotros mismos pueden agravar esta visión limitada de nuestras capacidades. Sin embargo, uno de los factores más importantes para todo el mundo es la educación”. El Elemento. Sir Ken Robinson.

No podemos seguir anclados en los mismos sistemas educativos mientras el mundo cambia a una velocidad vertiginosa. Hay iniciativas, como Proyecta, de la Fundación Amancio Ortega y la Fundación Santiago Rey Fernández-Latorre, que fomentan la innovación en la educación y promueven el desarrollo de técnicas creativas por parte del profesorado.

Fuente: ventanaalfuturo.elmundo.es

Así puedes ser desvalijado si enseñas tus dedos en un selfie

Hoy en día, la seguridad y privacidad son dos aspectos que se persiguen de manera incesante dada la gran proliferación de redes sociales y smartphones.

Sistemas de banca electrónica, ordenadores, alarmas, controles de acceso, móviles… son algunos de los dispositivos que incorporan algún tipo de seguridad biométrica como forma de proteger mejor los datos. Este tipo de tecnología está basada en la identificación de características físicas únicas como pueden ser las huellas dactilares o el iris de una persona.

Sin embargo, su efectividad se ha puesto en entredicho. Recientemente, investigadores del Instituto Nacional de Informáticos de Japón (NII por sus siglas en inglés) han podido reproducir las huellas dactilares a partir de fotografías, tomadas a una distancia máxima de tres metros, en las que la gente posaba haciendo el gesto de la paz.

Según declaraciones de Isao Echizen, investigador de seguridad y medios digitales en el NII, al diario Shenkei Shimbun, “solamente haciendo el gesto de la paz delante de una cámara, las huellas dactilares permiten la fácil disponibilidad de la identidad de la persona”. Esto permitiría vulnerar cualquier dispositivo con seguridad biométrica basada en la identificación por huella dactilar. Además, para poder captar las imprentas de una persona a través de una fotografía, bastaría con disponer de un smartphone con una cámara de alta calidad y enfocar las huellas con una iluminación intensa. Es decir, no sería necesario emplear alta tecnología.

Es por esto que los mismos investigadores están desarrollando una película transparente que puede pegarse a las yemas de los dedos para ocultar las huellas. De esta forma, se eliminaría el robo de identidad. Un producto que, como afirmó Echizen a Shenkei Shimbun, estará listo para dentro de dos años aproximadamente.

Pero ésta no es la primera vez que se vulnera este tipo de seguridad biométrica. En 2013, Jan Krissler (conocido en la comunidad de hackers comoStarbug) falsificó los sensores TouchID de Apple en las primeras 24 horas de vida del iPhone 5S. Algo que consiguió utilizando una mancha de una huella en la pantalla del terminal. De esta forma pudo crear un dedo falso y desbloquear con éxito el teléfono. Pero en este caso, para robar la huella y obtener un escaneo de alta resolución, necesitó el acceso al móvil.

Sin embargo, Starbug no se quedó ahí. En 2014, se celebró el Congreso de Comunicación de Chaos (la reunión anual de hackers en Alemania) donde Krissler demostró su método para falsificar las huellas de Ursula von der Leyen, la ministra de defensa alemana. Solamente le hicieron falta un software comercial llamado VeriFinger y varias fotografías de la ministra en alta definición. Según declaraciones a los medios de comunicación bromeó diciendo que, “después de esto, seguro que los políticos usarán guantescuando hablen en público”.

Es cierto que estas técnicas de hackeo de huellas no son muy comunes -ya que todavía la biometría no está muy extendida-, pero cada vez serán más habituales a medida que gane peso como mecanismo principal para proteger la privacidad. Pero como afirman desde el Instituto Nacional de Ciberseguridad (INCIBE) “como en cualquier otra cosa, todo depende del valor que le demos a esas huellas y a la información que queramos proteger con ellas”.

Antonio Rodríguez, experto en Ciberseguridad INCIBE, cuenta que hackear este tipo de tecnología “no es fácil, pero tampoco es imposible”. Afirma que “la seguridad depende de muchos factores, y no sólo de falsificar la huella, por lo que el dispositivo en sí debe ser protegido y actualizado igual que cualquier otro sistema informático”.

Pero, según coinciden expertos del sector, el error es creer que la seguridad biométrica, un mecanismo que facilita al usuario la forma en que se identifica o autentica, es la manera más segura de proteger tus datos personales y que, por lo tanto, sirve como reemplazo para otros mecanismos como las contraseñas. Antonio Rodríguez asegura que “reemplazar no es seguro, sino combinar”.

Y es que, aunque no pueden determinarse qué métodos de seguridad son mejores o cuáles son peores (pues cada uno tiene sus pros y sus contras), “hoy en día depender de un único mecanismo es inseguro. Lo ideal es siempre combinar dos o más mecanismos, lo que llamamos autenticación de doble factor”.

Esta misma línea la apoya el director de investigación de inteligencia artificial del Instituto Tecnológico de Informáticos (ITI), Juan Carlos Pérez, quien ratifica que “la biometría aporta un elemento adicional”. Cuenta que “si se usa de forma aislada, no garantiza unos niveles suficientes de seguridad”.

Así, aunque la verificación por huella dactilar se haya puesto en entredicho debido a las recientes investigaciones y avances, la teoría que defiende Juan Carlos Pérez es que debe entenderse como un aporte extra de seguridad. “Ningún sistema es completamente seguro sino que se diseña para conseguir cierta disminución de una serie de riesgos. El diseño requiere una serie de decisiones en relación al equilibrio entre coste, intrusividad (lo molesto que puede resultar para la persona usuaria) y riesgo residual”.

Es ahora cuando, con el auge de las impresoras 3D y las cámaras cada vez de mayor calidad, los expertos se están planteando cuestiones sobre la relación del avance de las tecnologías con la privacidad. Pero como manifiestan desde INCIBE, el avance de las tecnologías es inevitable. “Cuanto mejor es la tecnología, más sencillo es violar la seguridad y privacidad, pero también es más fácil crear mejores mecanismos para protegerla”. Según Antonio Rodríguez, “parece ser que ambas cosas irán a la par: aparecerán nuevas técnicas para burlar las protecciones actuales, y aparecerán contramedidas”. Pero lo importante en todo esto “no es la evolución de la tecnología, sino crear cultura de seguridad”.

Peligro incipiente

Mientras tanto, expertos del sector recomiendan atender a la protección de nuestras huellas dactilares ya que, si alguien dispone de ellas, “es como si alguien tuviese las llaves de nuestra casa, con la diferencia de que no podríamos cambiar la cerradura por una diferente. Esto no es un problema siempre y cuando esa única llave, nuestras huellas, no sea suficiente para entrar en casa”.

En la actualidad, y debido a la proliferación de redes sociales que están facilitando el aumento de filtración de información personal, deberíamos concebir nuestras huellas como información pública, “pues no se pueden esconder y evitar que las obtengan de una forma u otra”. Es por esto que para protegernos frente a este peligro incipiente, nuestra privacidad no debería depender exclusivamente de esa información, si no combinarse con otros mecanismos de acceso y protección.

Ahora, puede que lo pensemos dos veces antes de mostrar nuestras manos frente a una cámara o quizás toque, cada vez más, colmar nuestros dispositivos de contraseñas.