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34 millones de personas en América no cuentan con agua potable

Investigadores revelan que en la actualidad el 95% de los latinoamericanos tienen acceso al agua frente al 82% que había en 2000. Estos logros pasan de largo frente a los 34 millones de personas en América Latina, en su mayoría residentes en zonas rurales, que todavía no cuentan con acceso a agua potable, y las tantas otras que la reciben de manera escasa.

Hoy es el Día Internacional del Agua. Según estimaciones de CAF -Banco de Desarrollo de América Latina- sería necesario  invertir 0,3% del PIB regional anual hasta 2030 para alcanzar el 100% de cobertura en agua potable, un 94% en alcantarillado sanitario y un 85% de la superficie urbana atendida por redes de drenaje fluvial, pasa solucionar esta situación.

En ese sentido, el presidente ejecutivo de CAF, Enrique García, estima que  “La exclusión social es la cara más visible de la inequidad: existen desigualdades en el acceso a bienes y servicios básicos, como el agua y el saneamiento, que hieren la cohesión social de la sociedad latinoamericana y sus perspectivas futuras de bienestar, equidad y justicia social”, asegura.

La mayoría de los países latinoamericanos  comparten los mismos problemas de mala calidad sanitaria del agua, falta de continuidad y presión de los sistemas de distribución y el bajo nivel de tratamiento de las aguas residuales. Lo aterior se agrega a la nueva necesidad de adaptarse a los efectos del cambio climático sobre las fuentes hídricas. La mayoría de las ciudades de la región no tiene infraestructura suficiente para un drenaje efectivo de aguas-lluvias ni planificación para proteger las fuentes de agua. Un ejemplo de eso es lo acontecido apenas hace cuatro años en un país  sudamericano

El 8 de febrero de 2013 la ciudad peruana de Arequipa amaneció tranquila. El trajín normal y cotidiano de la segunda urbe más grande de Perú no dio indicios de lo que vendría después, con el correr de las horas. El clima fue virando. Las lluvias torrenciales que comenzaron pasado el mediodía y cayeron sin interrupción durante seis horas, en medio de un viento helado, fueron seguidas por un aluvión que dejó personas fallecidas, casas y comercios destruidos y miles de damnificados. Todo fue barrido por la mezcla de agua, lodo y piedras. Las torrenteras y el Río Chili se desbordaron. Las calles se transformaron en ríos. Aun hoy los pobladores recuerdan con nitidez ese día en el que todo colapsó.

Ese evento significó un antes y un después para Arequipa. Dio lugar a la realización de un profundo estudio de vulnerabilidad y adaptación al cambio climático y la puesta en marcha de acciones estructurales. Las autoridades entendieron que no había tiempo que perder.

No obstante, Arequipa no es un caso aislado: numerosas ciudades de América Latina enfrentan fenómenos climáticos extremos, que van desde sequías prolongadas a inundaciones por lluvias torrenciales repentinas. Como ocurre en otras partes del mundo, cada vez es más usual oír hablar de huracanes, incendios, inundaciones o aludes mientras avanza el derretimiento de los glaciares –fuente natural de agua.

El cambio climático está afectando los recursos hídricos de América Latina, que alberga un tercio del total del agua dulce del planeta. A su vez, el crecimiento acelerado de las ciudades (donde actualmente vive el 80% de la población latinoamericana) aumentó la presión sobre el recurso hídrico, de la mano de una mayor demanda de agua para el consumo, la agricultura y la producción.

Ante esta realidad relativamente nueva y compleja, y siendo el agua un recurso necesario y reconocido como un derecho humano fundamental, su manejo eficiente es hoy clave para América Latina.

La defensa del acceso al agua realizada por el Papa Francisco en su histórica encíclica ‘Laudato Sí’ es quizá el ejemplo más claro de la centralidad del recurso. En un reciente seminario sobre “El derecho humano al agua”,  realizado en la Pontificia Academia de las Ciencias, el presidente ejecutivo de CAF, Enrique García, aseguró que la inequidad frena el desarrollo estructural de América Latina, una de las regiones con mayor nivel de desigualdad en el mundo. “La exclusión social es la cara más visible de la inequidad: existen desigualdades en el acceso a bienes y servicios básicos, como el agua y el saneamiento, que hieren la cohesión social de la sociedad latinoamericana y sus perspectivas futuras de bienestar, equidad y justicia social”, apuntó.

Las deficiencias de la calidad sanitaria del agua, la falta de continuidad y presión de los sistemas de distribución y el bajo nivel de tratamiento de las aguas residuales son problemas compartidos por la mayoría de los países latinoamericanos, que se agregan a esta nueva necesidad de adaptarse a los efectos del cambio climático sobre las fuentes hídricas. La mayoría de las ciudades de la región no tiene infraestructura suficiente para un drenaje efectivo de aguas-lluvias ni planificación para proteger las fuentes de agua.

“Los gobiernos, sean locales, regionales o nacionales, están entendiendo la importancia de abordar todo el ciclo del agua, más allá del acceso. Hay que evaluar si se están protegiendo las cuencas y bosques, si hay suficientes plantas potabilizadoras, cómo es el sistema de alcantarillado, si el agua está debidamente tratada antes de devolverla a los ríos. Todos son elementos a tener en cuenta”, afirma José Carrera, vicepresidente de Desarrollo Social de CAF -Banco de Desarrollo de América Latina.

Hoy el 95% de los latinoamericanos tienen acceso al agua frente al 82% que lo tenía en el año 2000. A pesar de estos avances, aún hay 34 millones de personas en la región, en su mayoría residentes en zonas rurales, que todavía no cuentan con acceso a agua potable. Otras tienen acceso, pero de forma precaria.

Estimaciones del banco indican que América Latina necesitaría invertir 0,3% del PIB regional anual hasta 2030 para alcanzar el 100% de cobertura en agua potable, un 94% en alcantarillado sanitario y un 85% de la superficie urbana atendida por redes de drenaje fluvial.

“No sólo es un objetivo realista sino incluso un buen negocio si tenemos en cuenta el alto costo que pagan los países por una mala calidad del agua. Hay enfermedades, gastos en salud, ausentismos en los trabajos”, asegura Carrera.

Transitando ya plenamente el siglo XXI, parece clara la necesidad de trabajar en mejorar la gestión hídrica. Ese es el horizonte hacia el que camina América Latina.

CAF -Banco de Desarrollo de América Latina- tiene como misión impulsar el desarrollo sostenible y la integración regional, mediante el financiamiento de proyectos de los sectores público y privado, la provisión de cooperación técnica y otros servicios especializados. Constituido en 1970 y conformado en la actualidad por 19 países -17 de América Latina y el Caribe, junto a España y Portugal- y 13 bancos privados, es una de las principales fuentes de financiamiento multilateral y un importante generador de conocimiento para la región.

Cada familia tiene un ‘aura’ de bacterias característica

Mírese a sí mismo un instante. Eso que cree un cuerpo humano está, en realidad, mayoritariamente formado por otros seres vivos microscópicos, con sus propias preocupaciones e intereses. Por cada una de las células humanas que hay en su cuerpo, hay nueve bacterias. Técnicamente hablando, usted es 10% humano, 90% bacteria.

Un estudio muestra que cuando una familia se muda de casa se lleva consigo un mundo propio e identificable de miles de especies de microbios, que influyen en su salud

Pero, como señala el microbiólogo estadounidense Jack Gilbert, ese mundo paralelo invisible que marca nuestras vidas no acaba en uno mismo. Cada familia, y por tanto cada casa, tiene un aura de bacterias características. Gilbert, profesor de la Universidad de Chicago, capitanea el Proyecto Microbioma del Hogar, que explora cómo las personas interactúan con las bacterias que viven en sus casas.

El microbiólogo y su equipo han seguido durante seis semanas a siete familias, en los estados de California, Washington e Illinois. Cada dos días, los adultos participantes en el estudio —15, acompañados por tres niños, tres perros y un gato— cogían bastoncillos con algodón esterilizado y tomaban muestras del interior de su nariz, de sus manos y de sus talones. Además, pasaban estos hisopos por la manija de la entrada principal de su casa, por el pomo de la puerta del baño, por el suelo del dormitorio y por la encimera y el interruptor de la cocina.

Bacterias que engordan

La primera conclusión de su estudio, que se publica hoy en la revista Science, es que cada hogar tiene una fauna microscópica característica. Y, es más, cuando una familia se muda de casa, como hicieron tres de las participantes en el estudio, se llevan su personal aura de bacterias con ellas. En sólo un día, el nuevo hogar tiene la misma flora microbiana que el antiguo. Ahora, la gran pregunta es cómo influyen estas compañeras invisibles en la salud humana.

Ciertas bacterias afectan al desarrollo cerebral, según investigaciones en ratones

“Sabemos que ciertas bacterias pueden hacer que un ratón engorde de manera más sencilla, por ejemplo, y que otras tienen un papel en el desarrollo cerebral de los ratones jóvenes”, explica Gilbert en un comunicado. “Queremos saber de dónde vienen estas bacterias y, ya que la gente pasa cada vez más tiempo bajo techo, queríamos mapear los microbios que viven en nuestros hogares y la probabilidad de que se establezcan con nosotros”, expone. “Son esenciales para entender nuestra salud en el siglo XXI”.

El equipo de Gilbert ha observado que los miembros de un núcleo familiar tienen muchas más bacterias en común entre ellos que con las personas de otros hogares. Sus manos tienen una población microscópica muy similar y sólo el interior de sus narices muestra un mundo de bacterias más personal, propio de cada individuo.

Transmisión de enfermedades

En las más de 1.500 muestras recogidas, los científicos han identificado unas 22.000 especies diferentes de bacterias. ”Las especies más comunes que vemos son bacterias asociadas a la piel. El género Propionibacterium tiende a dominar todo”, detalla por correo electrónico Gilbert, cuya familia ha participado en el estudio.

Con una muestra de bacterias del suelo de una casa se puede averiguar a qué familia pertenece

“Pasamos el 90% de nuestras vidas bajo techo y de niños ese porcentaje puede ser incluso mayor. Este es nuestro ecosistema y adquirimos nuestras bacterias de este ecosistema. Si nos faltan algunas bacterias que pueden ser beneficiosas para nuestra salud, podemos sufrir impactos negativos. Por ejemplo, sabemos que la falta de algunas bacterias puede influir en nuestra propensión a desarrollar asma y alergias alimentarias. Si pudiéramos manipular la casa para tener más bacterias de este tipo, podríamos tratar estas enfermedades desde el nacimiento”, especula el microbiólogo.

En una de las familias investigadas, los científicos siguieron el rastro de una cepa potencialmente patógena del género Enterobacter. Primero apareció en las manos de una persona, luego en la encimera de la cocina y luego en las manos de otra persona, mostrando una posible cadena de transmisión de enfermedades dentro del hogar.

El aura de bacterias característica de una familia podría, además, servir como herramienta forense, en opinión de Gilbert. Con una muestra sin identificar de microbios del suelo de una de las casas del estudio, “se podría predecir fácilmente a qué familia pertenece”.

Qué es la autofagia celular, el proceso por el que Yoshinori Ohsumi ganó el Nobel de Medicina

¿Se comen las células a sí mismas?

La respuesta a esa pregunta se encuentra en el Nobel de Medicina 2016, que fue a parar al biólogo japonés Yoshinori Ohsumi por sus descubrimientos sobre los mecanismos de la autofagia celular.
Pero ¿en qué consiste este proceso?

A mediados de los años 50, el científico belga Christian de Duve descubrió los lisosomas. Se trata de unos orgánulos celulares capaces de “digerir” grandes cantidades de proteínas, carbohidratos, lípidos, e incluso otros orgánulos celulares, según explicó el Instituto Karolinska, encargado de entregar el Nobel de Medicina.

Estos corpúsculos también se dedican a reciclar los desechos de las células para convertirlos en material útil.

Duve acuñó el término autofagia para denominar a los procesos que realizan los lisosomas y en 1974 ganó el Nobel de Medicina por sus hallazgos. Pero durante varios años no se supo más de estas funciones.

Fuente de energía

Pero en los años 90, el biólogo japonés Yoshinori Ohsumi empezó a usar células de levadura de pan para estudiar y entender mejor la autofagia.

Oshumi logró identificar los genes y los mecanismos que regulan el proceso en los hongos y comprobó que eran similares en las células humanas.

El trabajo de Ohsumi permitió saber que la degradación y reciclaje de componentes celulares es vital para que se cumplan ciertas funciones fisiológicas.

La autofagia es esencial cuando la célula “tiene hambre” o necesita energía.

Para Robin Keteller, el líder del grupo de investigación de la autofagia del University College de Londres (UCL), en Reino Unido, se trata “del sistema digestivo de las células”.
Los lisosomas se comen componentes extras de las células, que no son vitales para su funcionamiento, y proveen energía a lo que queda de ellas, explicó el especialista en conversación con BBC Mundo.

“Sin la autofagia, morirían, no podrían sobrevivir sin nutrientes”, agregó Keteller.

La profesora de Fisiología y miembro del Instituto Karolinksa y del comité del Nobel, Juleen Zierath, comentó que la autofagia ayuda a producir los 200 a 300 gramos de proteínas que necesita el cuerpo todos los días.

Defensa

Durante la autofagia, los lisosomas también se comen componentes dañados o tóxicos presentes en las células, como proteínas “viejas” y otros orgánulos.

Los “reciclan” o transforman en elementos como los aminoácidos, que son la materia prima para producir nuevas proteínas. “Se generan proteínas jóvenes y frescas”, explica Robin Keteller.

Para Zierath Juleen, del comité del Nobel, el trabajo del laureado Ohsumi “mostró que los lisosomas no eran un lugar de desechos, sino una planta de reciclaje de proteínas dañadas o antiguas para que puedan reutilizarse”.

Esta función disminuye las consecuencias negativas del envejecimiento, según el Instituto Karolinksa.

La autofagia también puede eliminar los restos de bacterias y virus después de una infección. “Sin la autofagia, nuestras células no sobrevivirían. La necesitamos para deshacernos de moléculas invasoras”, agrega Zierath, del comité del Nobel.

Cuando la autofagia falla, las moléculas tóxicas aumentan y se pueden producir enfermedades como el mal de Parkinson, el Alzheimer, la diabetes tipo 2 y el cáncer.

Asimismo, la autofagia contribuye al desarrollo embrionario y la diferenciación celular durante el crecimiento de los fetos.

Según el Instituto Karolinska, “Oshumi generó un enorme interés en la autofagia y ahora es una de las áreas más intensamente estudiadas en la medicina”.

Fuente: BBC Mundo

La alimentación inicial

Padre José Navarro, S. J.
Coordinador Nacional Pastoral Materno Infantil

La salud y el bienestar de las personas dependen en gran medida del modo en que se han alimentado desde la primera infancia. Las madres, los padres, abuelos y todos los miembros de la familia están llamados a practicar buenos hábitos de alimentación con los niños y niñas desde el nacimiento y en cada etapa de su desarrollo. Así, podremos evitar problemas como la desnutrición, la anemia, la obesidad y otros problemas nutricionales que afectan a niños y adultos en nuestro país y en el mundo.

A continuación presentamos algunos consejos para la alimentación de los niños y niñas en los primeros años de vida.

-Dar solamente la leche materna desde que el niño o niña nace hasta que cumple los seis meses de edad.  La leche materna es el mejor alimento para los primeros seis meses de vida, protege de enfermedades y siempre está buena. No es necesario dar agua ni té, jugos u otros alimentos hasta cumplir los seis meses.

-A partir de los seis meses de edad, comenzar a introducir los nuevos alimentos gradualmente, es decir, poco a poco.

A partir de los seis meses, se inicia lo que llamamos la “alimentación complementaria” en que se van introduciendo otros alimentos en la alimentación del niño o niña y se continúa dando el seno hasta los dos años o más.  Estos deben  introducirse uno en uno, dejando un período de 3 o 4 días en cada nueva introducción, para detectar posibles alergias, y para que el niño se acostumbre al sabor.  Cuando el bebé ya acepta bien un alimento, éste puede ser mezclado con otro. -Preparar papillas espesas y no aguadas, desde el inicio. Los niños y niñas menores de dos años necesitan muchos nutrientes, pues están en crecimiento, pero su estómago es muy pequeño. Si les damos sopas y comidas aguadas no recibirán la cantidad suficiente de nutrientes. Por eso, las papillas no deben ser muy aguadas; para que sostengan bien es mejor que sean espesas, pues así tienen más nutrientes y calorías. -Dar alimentos naturales variados, de colores y sabores diferentes.

La alimentación debe ser variada, para que el niño reciba todos los nutrientes que necesita. Un bebé que aprende a comer frutas y vegetales variados tiene más probabilidades de ser un adulto con buenos hábitos de alimentación y mejor salud. A partir de los seis meses hay que tener especial cuidado para prevenir la anemia. Para esto es necesario dar al niño o niña alimentos especialmente ricos en hierro y en vitamina A.

El hígado de pollo o de res es importante dárselo a partir de los seis meses, pues este alimento es especialmente rico en hierro y vitamina A.

Las habichuelas, los guandules y otras leguminosas también aportan una buena porción hierro. Se debe mantener una higiene cuidadosa al preparar y dar los alimentos al niño.

El adulto debe lavarse las manos antes de preparar los alimentos y antes de dar de comer al niño. Es importante lavar también las manos del niño, y utilizar recipientes limpios. Utilizar agua potable (hervida o clorificada). Recordar que los biberones fácilmente se contaminan y producen diarrea al bebé. Es mejor usar un vasito para darle alimentos líquidos.-Dar la comida en un plato individual para cada niño o niña, y crear un ambiente favorable. Dar los alimentos en un plato individual para el niño, con cuchara. Si se le da del mismo plato que la madre, no sabremos qué cantidad come el niño.  Es mejor dar los líquidos en vasito, y no en biberón, para evitar contaminación y diarreas.  Es importante crear un clima agradable en la mesa. Este momento es de aprendizaje y de mucho amor.

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ALIMENTACIÓN BALANCEADA

GRUPOS DE ALIMENTOS 

-Constructores. Ricos en proteínas y forman los tejidos del cuerpo. Las carnes y derivados, pescado, huevos; habichuelas y demás leguminosas. -Protectores : Ricos en vitaminas y minerales; nos protegen de algunas enfermedades. Frutas: lechoza, piña, cereza, guayaba, china, guineo, mango, etc.. -Energéticos ricos en carbohidratos y grasas; nos dan energía para que nuestro cuerpo funcione.

  1. JOSÉ NAVARRO, S.J. FASCÍCULO NO. 4

El padre José Navarro García ingresó a la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) a la edad de 16 años, donde estudió Química y alcanzó el más alto índice de su promoción. Se graduó magna cum laude. Hizo una maestría en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y luego en Brasil para su doctorado.

Actualmente es el coordinador general de la Pastoral Materno Infantil de la Iglesia Católica de República Dominicana. Esta pastoral viene funcionando a nivel piloto desde hace unos años, construyendo una propuesta para mejorar la nutrición y el desarrollo integral en los primeros años de vida.

Precisamente este programa constituye el tema de su tesis de Doctorado en Ciencias de la Nutrición, bajo el tema: Evaluación de impacto de un programa de atención primaria en salud materno infantil.

La Pastoral Materno Infantil tiene sus raíces en la Pastoral del Niño del Brasil (Pastoral da Crianca). La historia de esa pastoral comenzó en 1982, en una reunión sobre la paz mundial, celebrada por la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Esta organización se está extendiendo por América Latina y el Caribe, África y Asia.