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“Hiperpadres”: el riesgoso deseo de criar hijos perfectos

Cuando era muy chica, Marion Forwood, que ahora tiene 49 años, iba caminando sola al colegio. Hoy, como madre de Tomás, de 13 años; de Francisco y Andrés, mellizos de seis, y de Luciano, de cuatro, pasa más horas arriba de su auto que en su propia casa. Los lleva a clases, y después a fútbol, taekwondo y natación. También van a tenis, toman clases de arte y juegan al golf.

Si puede, cuando alguno de los chicos no quiere comer en la escuela lo busca para que puedan estar juntos los 45 minutos que dura el almuerzo. “Todo está cronometrado. Desde hace dos años digo que voy a dedicar las mañanas a hacer algo para mí, pero no lo consigo. Me cuesta muchísimo encontrar ese espacio”, dice.

Tal como sucede con muchos otros padres, Forwood se convirtió en lo que los especialistas llaman una “hipermadre”. De tan presentes que están en la crianza, se transforman en una especie de planners de la vida de sus hijos: les organizan la agenda, se convierten en sus choferes, se preocupan de que reciban una formación integral.

Incluso, y no pocas veces, les hacen la tarea o les pintan a escondidas esa lámina de ciencia que tienen que entregar, con un único objetivo: que quede perfecta.

Se trata, advierten los especialistas, de un nuevo modo de sobreprotección, que aparece como consecuencia de una “profesionalización de la paternidad”.

“Hoy, muchos padres sienten la presión de ser perfectos. Es un objetivo equivocado. Los chicos no necesitan padres perfectos, necesitan padres presentes. Conectados, pero no «hiperpadres».

Laura Monte, madre de Martina, de 11 años, y de Guillermina, de ocho, no duda en definirse como una “hipermamá”. Pone un ejemplo: la semana pasada, su hija mayor tenía que entregar una lámina. Entonces, ella le buscó información por Internet y se la imprimió en el trabajo. Cuando volvieron a casa, luego de varias actividades, Martina se fue a dormir porque tenía mucho sueño. Monte se quedó a cargo del collage. Al día siguiente, le dio la cartulina terminada a su hija. “Pónle tu nombre y entrégala”, le dijo.

Los “hiperpadres” suelen hablar en plural sobre sus hijos y las elecciones de vida: “No tomamos gaseosa de noche”, “no miramos televisión” u “hoy tenemos prueba de matemática”. También se los denomina “padres helicóptero”, porque siempre sobrevuelan la vida de sus hijos.

Gestionan la vida familiar como si fuera la organización de una empresa. Están presentes en cada detalle. Exigen de sus hijos lo mismo que la sociedad espera de ellos como padres: perfección.

“El problema es que actúan de padres. Hacen todo lo que ellos creen que un buen padre debería hacer. Llevarlos, traerlos, conseguirles vacantes en los mejores colegios, que hagan un taller de arte con algún artista reconocido… Pero, contrariamente, no ejercen la función parental, que es la base de la integración del yo de sus hijos”, detalla Eva Rotenberg, directora de la Escuela para Padres y autora del libro Parentalidades: interdependencias transformadoras entre padres e hijos (Lugar Editorial).

“Ser padres es otra cosa. Es establecer con el hijo un vínculo profundo, es asumir ser esa persona que le va a enseñar el mundo y que lo va a conducir a descubrir quién es. No por llenarlo de actividades el chico va a aprender. Al contrario, un niño que no tiene desarrollada su subjetividad seguramente tendrá problemas para aprender cosas nuevas”, advierte Rotenberg.

Profesionales

En el hecho de empujar a los hijos a ser los mejores hijos de los mejores padres -lo que sea que eso signifique-, con las mejores intenciones, quedan algunas cosas en el camino.

“Los cambios culturales respecto de los roles y las tareas en la sociedad y en el hogar impulsaron también una nueva imagen de padre y madre”, advierte Carina Lupica, directora del Observatorio de la Maternidad. “Está vigente la idea de maternidad intensiva, que pretende subrayar la exigencia de ser buena madre, entendiendo por tal el ejercicio material de la maternidad personalizada y profesionalizada”, apunta.

Ser profesionales dentro y fuera de la casa. Coordinar todo con una precisión suiza. Es decir, esto implica múltiples objetivos y tareas que deben atenderse simultáneamente.

“Si pretendemos profesionalizar la vida familiar, apuntamos a un rendimiento, a una carrera de metas y logros, en lugar de buscar la felicidad”, explica la psicóloga y orientadora familiar Adriana Ceballos.

En la primera reunión de padres del año, Romina Deites, diseñadora y madre de Mora, de seis años, recibió una curiosa advertencia: “Por favor, mamis, pase lo que pase, no les hagan la tarea”. Miró para todos lados, le causó gracia. ¿A quién se le ocurría? Un mes después, se sorprendió a sí misma, con los lápices de Mora, metiéndole color a una tarea que su hija había completado, pero en blanco y negro.

“La paradoja de la hiperpaternidad es que cuanto más perfecto buscas que sea tu hijo, más inseguro lo haces -dice Andrés-. Un chico que se tiene confianza tiene el «yo puedo» incorporado. Uno criado con hiperpadres tiene el «mis padres lo harán por mí» incorporado. Y eso es un atentado contra la autoestima.”

Hay una regla de oro para evitar caer en la sobreprotección: no hacer por los hijos nada que ellos puedan hacer por sí mismos. “Ayudarlos está bien, pero entrometerse en todos sus asuntos no. ¿Quieres ayudarlo? No lo ayudes tanto en todo. Antes de saltar a su rescate, pregúntate si eso es algo que él o ella puede hacer solo. Es posible criarlos para que tengan confianza en sí mismos, desarrollen su inteligencia, sean responsables y felices sin estar sobrevolando sus vidas como un helicóptero”, concluye Andrés.

En EE.UU., el inicio del debate

La psicóloga estadounidense Madeline Levine fue la primera en usar el concepto de “hiperpadres”. A partir de sus experiencias de más de 30 años, constata, sobre todo en una cultura tan competitiva como la de los Estados Unidos, que la paternidad se había convertido en una carrera contra reloj, con una meta clara: el triunfo de los hijos. Levine recomienda ejercer la paternidad de manera menos intensa para evitar que los chicos terminen frustrados por las grandes exigencias de sus padres.

Fuente: lanacion.com.ar

Más de 25.800 menores llegaron solos a Italia en 2016 tras cruzar el Mediterráneo

EFE. Más de 25.800 menores no acompañados llegaron a las costas de Italia tras atravesar el Mediterráneo en 2016, cifra que se ha duplicado con respecto a la registrada en 2015, según ha denunciado este viernes Unicef .

“Estos números no tienen precedente y muestran que la crisis de refugiados e inmigrantes en Europa es una crisis de niños”, ha afirmado en rueda de prensa la portavoz de dicha organización, Sarah Crowe.

Los no acompañados representaron el 91% del total de 28.200 menores que llegaron el año pasado a Italia como refugiados o inmigrantes. Durante 2015, la agencia de la ONU registró 12.360 menores no acompañados que alcanzaron las costas italianas, con lo que la cifra se ha duplicado en 2016.

El Ministerio del Interior italiano ya difundió este jueves estos datos al revelar la llegada a las costas italianas de “25.846 inmigrantes menores no acompañados” durante 2016. La responsable del departamento de Interior creado para la acogida de menores no acompañados, Maria Caprara, ha denunciado la dificultad de acoger a estos menores que, según los tratados, no pueden ser alojados con el resto de inmigrantes.

Caprara ha señalado que es necesario buscarles “una acogida de calidad y un proyecto de vida y formación en el caso de que quieran quedarse en Italia o facilitar que encuentren a sus familias en otros países”.

Para Unicef, estos datos muestran que existe “una peligrosa tendencia” de un número creciente de “niños vulnerables que ponen en riesgo sus vida para llegar a Europa”. La agencia ha recordado que los niños no llegan a Italia para quedarse, sino que su intención es seguir atravesando el continente hacia otros destinos, por lo que ha solicitado “una respuesta coordinada” de las autoridades europeas. La mayoría de estos menores son originarios de Eritrea, Egipto, Gambia y Nigeria.

A pesar de que la mayoría eran varones de entre 15 y 17 años, también llegaron niños más pequeños y chicas, aunque Unicef no ha especificado el número exacto de estos dos colectivos. “Las jóvenes tienen un enorme riesgo de abuso sexual, especialmente por bandas criminales”, ha alertado la portavoz, quien ha agregado que varias entrevistadas han denunciado que fueron obligadas a prostituirse enLibia para pagar pasaje del barco hacia Italia. Las entrevistas a los chicos han revelado que muchos de ellos fueron obligados a realizar trabajos forzados.

La ruta entre Libia e Italia es la más utilizada por los inmigrantes y refugiados menores de edad, dado que sólo el 17% de los refugiados que llegaron a Grecia en 2016 eran niños no acompañados. Crowe también ha narrado las “graves condiciones” en las que se encuentran los menores no acompañados que llegaron a las islas griegas, donde viven al raso, lo que es “extremadamente duro” dado el crudo invierno que sufre Europa.

El principal, ha explicado Crowe, es el alojamiento, dado que las agencias de la ONU distribuyen el material y la comida necesaria, pero que nada sustituye el alojamiento en un lugar acondicionado a permanecer bajo el frío glacial. “Como las instalaciones están llenas, estos niños viven al raso, cuando hay hoteles, moteles y casas en la isla que se podrían abrir y utilizarlas para albergarlos”, ha reiterado la portavoz.

Esta situación también ha sido denunciada por la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) que ha pedido a Europa “hacer mucho más para asistir y proteger a los refugiados y a los inmigrantes”, en palabras de su portavoz, Cecile Pouilly.

ACNUR ha denunciado que en la isla de Samos hay unas mil personas, incluidas familias con niños muy pequeños, que siguen durmiendo en tiendas sin calefacción. “Reiteramos nuestro llamamiento para que se aceleren los procedimientos en la isla que permitan la transferencia hacia el continente, donde hay más alojamiento disponible”, ha solicitado Pouilly.

Riesgo en la salud

José Luis Batista Silva

Cuba.- La aplicación de los conceptos de Peligro (P), Vulnerabilidad (V) y Riesgo (R) son utilizados frecuentemente por los medios y por especialistas dedicados a esta temática durante décadas, considerando fundamentalmente al peligro como una realidad objetiva que, en la mayoría de los casos, es muy difícil o hasta imposible reducirlo.

Empero, la vulnerabilidad de una región, comunidad, individuo, etc. sí puede modificarse, e inclusive reducirla a niveles muy bajos, lo cual significa no “estar en riesgo” ante determinados peligros. Vale recordar que existe una relación entre estos tres conceptos: R = P x V, es decir, el Riesgo es directamente proporcional a la Vulnerabilidad, aunque el Peligro es inalterable.

La aplicación de estos conceptos es también ampliamente utilizada en la Salud Pública, aunque debe entenderse existen diferencias formales de su interpretación, en comparación con las organizaciones de Protección Civil.  Diversas organizaciones, bajo la óptica de la salud humana consideran que el riesgo puede ser definido de varias formas: Es un sinónimo de respuesta estimada o probabilidad estimada a priori del efecto, peligro (como medida). Es la frecuencia esperada de efectos indeseables que aparecen por una exposición dada a un contaminante.

 Es un concepto matemático relacionado con la gravedad esperada y/o la frecuencia de respuestas adversas que aparecen por una exposición dada a una sustancia. Medida de peligro para la salud por la exposición a una sustancia y de la probabilidad de su ocurrencia. Puede involucrar la extrapolación cuantitativa de animales a humanos, o de altas dosis a corto plazo a bajas dosis a largo plazo. Probabilidad de daño, enfermedad o muerte bajo circunstancias específicas. En términos cuantitativos, el riesgo se expresa en valores en un rango de cero (representando la certeza de que el daño no ocurrirá) a uno (representando la certeza de que el daño tendrá lugar).

En resumen, puede concluirse que no existe diferencia entre los conceptos “vulnerabilidad” y “factores de riesgo”, solamente son formas de enfocar la temática de los riesgos en la Defensa Civil y en la Salud Pública.

Factores de riesgos

Se define como las características, actividades y atributos potenciales de un individuo para adquirir cierta enfermedad.

Peligro

Es la existencia real de las enfermedades, es una verdad objetiva.

RiesgoProbabilidad real de enfermarse.  Por tanto, si un médico le dice a su  paciente: “sus factores de riesgo” son el sobrepeso,  ingesta de gaseosas, no hacer ejercicios, etc., usted está corriendo el riesgo de contraer una cardiopatía”.