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Juventud y factores de riesgos (Parte I)

Tienen miedo de tomar decisiones, se sienten desprotegidos y no tienen como prioridad en sus vidas vivir en una familia tradicional, padre, madre e hijos; no sienten respeto o cariño por sus verdaderos padres.

Por JULIO LEONARDO VALEIRÓN UREÑA

En un mundo y una época como la que vivimos con cambios profundos y complejos, el tema de juventud cobra cada vez mayor importancia. Se ha planteado, que la juventud como una de las etapas de la vida, aparece después de la segunda guerra mundial, situándola entre la adolescencia y la vida adulta. Se llega incluso a decir que “fueron las revueltas juveniles de finales de los años 60 y principios de los 70 la que hicieron cristalizar la atención sobre lo que, entonces, apareció como una cosa nueva”. Desde ahí se plantea que dicho concepto surge como consecuencia de dos estudios realizados por Kenneth Keniston: Young Radicals (1968) y Youth and Dissent (1971) y que en un artículo de su autoría publicado en 1970 éste llega a señalar lo siguiente: “que las transformaciones producidas en la sociedad habían hecho aparecer una “nueva” fase de la vida, después de la que se había considerado adolescencia.” [1]

En el prólogo del texto citado antes, se señalan siete grandes cambios en los países más ricos producidos luego del conflicto bélico mundial, que han impactado fuertemente a los jóvenes, estos son:

  1. Con la explosión de nacimientos en la posguerra, las generaciones de jóvenes de finales de los años 60 y de los años 70 eran mucho más numerosas que las que las habían precedido.
  2. En todos los países de la OCDE[2], la enseñanza secundaria del segundo ciclo y la enseñanza pos-secundaria se han desarrollado mucho y también se han democratizado. Sin embargo, este movimiento no ha afectado a todos los jóvenes, de modo que ha aparecido una nueva subclase de “dejados de lado”, constituida por una minoría de jóvenes que han fracaso en la escuela y no tienen más que un bajo nivel de instrucción.[3]
  • El final de los años 60 y el principio de los 70 fueron periodos de agitación entre los jóvenes, cuya huella se ve todavía en numerosas instituciones sociales, en particular, en la enseñanza.[4]
  1. Se han producido profundos cambios en la formación y organización de las familias. Las tasas de natalidad han caído bruscamente, al elegir numerosas parejas no tener hijos. La proporción de matrimonios considerados como “estándar” -los padres y sus hijos- han bajado. En contrapartida, la proporción de hogares regidos por una sola persona ha aumentado mucho, al igual que la de las familias monoparentales, como consecuencia de divorcio o de nacimientos fuera del matrimonio. Existe también un número claramente mayor de parejas que viven juntos sin estar casados y otros tipos de matrimonios no tradicionales. Todo ello hace que la organización familiar sea muy diferente de la que existía hasta hace poco.[5]
  2. El paro de los jóvenes se ha convertido en un grave tema de preocupación, al mismo tiempo que ha adquirido un carácter endémico, muchos jóvenes se encuentran hoy “de más”.[6]
  3. En ciertos países, el número de mujeres con hijos en edad escolar y que ocupan un empleo fuera de sus casas ha aumentado considerablemente en poco tiempo.
  • Finalmente, los comportamientos desviados, como, por ejemplo, la toxicomanía y la delincuencia, se han hecho más frecuentes entre los jóvenes. Si bien la situación difiere de una a otro país de la OCDE, esta tendencia se observa con la suficiente frecuencia como para que se pueda considerar que se trata de una evolución general.”

Si consideramos la fecha de publicación del referido Informe (1989) al mismo tiempo que observamos que muchos de los indicadores señalados han ido en aumento, incluso en nuestro propio país, el tema de jóvenes se constituye en una situación que por lo menos debe ser estudiada más profundamente sin las conocidas trabas mentales o prejuicios de que “los tiempos de antes eran mejores”.

La desaparición progresiva de la zona rural y el consiguiente aumento significativo de las zonas urbano-marginales, caracterizadas principalmente por la pobreza, la exclusión, la carencia de elementos esenciales para la vida, como agua, energía eléctrica, alcantarillados, disposición adecuada de excretas, y todo ello coronado con el aumento de la violencia intrafamiliar, el embarazo adolescente, el consumo de sustancias prohibidas, el aumento de la deserción escolar, etc., plantea un escenario de altísimo riesgo psicosocial para los jóvenes.

El estudio referido sobre los jóvenes dominicanos, publicado por EDUCA, nos ofrece algunas informaciones que son muy relevantes para comprender mejor la realidad de ellos en el caso dominicano. A los llamados “nini”, el estudio los refiere, además, como los “sin-sin”, para señalar que los mismos se encuentran sin las competencias requeridas por el mercado de trabajo, pero tampoco, sin oportunidades para acceder a una “vida digna y próspera”. Por supuesto, y es una de las conclusiones que el estudio pone de relieve: “dado el bajo nivel de educación que pueden acumular los jóvenes “Sin-Sin”, sus posibilidades de obtener un empleo de calidad se ven reducidas, lo que va en detrimento de su calidad de vida”. Según el estudio, las mujeres son las más afectadas con un 27%, a diferencia de los varones cuyo porcentaje alcanza el 12%. Sin embargo, también concluye el estudio, los varones caen en una mayor proporción en el “desaliento”, debido a las dificultades que enfrentan a la hora de conseguir empleo, pues un 33% lo ha intentado sin resultados positivos, lo cual los conduce a situaciones de vulnerabilidad como actividades ilícitas, consumo de drogas, violencia, entre otras. Es bueno señalar que la tasa de desempleo juvenil en República Dominicana para el año 2016, es la más alta de la región (29.4%).

Otro dato importante es el que tiene que ver con la distribución de los jóvenes que se encuentran “ocupados” en el mercado laboral y su distribución de acuerdo con el grupo de edad y el tipo de ocupación. Teniendo como base la Encuesta Nacional de la Fuerza de Trabajo 2016 la distribución de los jóvenes según grupo de edad y tipo de trabajo se distribuye de la manera siguiente:

Grupo de joven            Informal           Formal

15 – 18 años                  73.5%                 26.5%

19 – 24 años                  46.0%                 54.0%

25 – 29 años                  42.7%                 57.3%

Es importante destacar los altos porcentajes de jóvenes en el mercado de trabajo informal caracterizado por: muy baja estabilidad (no cuentan siquiera con contrato de trabajo) ni cotizan, por supuesto, en el régimen de seguridad social, además de bajos salarios, no gozan de los beneficios básicos como seguro de salud. La vulnerabilidad, incluso en aquellos que trabajan, es muy obvia.

A manera de comprender y situar la situación socio-juvenil en la República Dominicana, solo basta con saber que, según el censo del 2010 realizado por la Oficina Nacional de Estadística (ONE), la población por debajo de 25 años, en nuestro país, alcanza el 49.4%, es decir, casi la mitad de la población.

¿Qué hacen, en qué ocupan su mayor tiempo, qué piensan, qué sienten, cuáles expectativas tienen los jóvenes dominicanos? ¿Quién soy, cuál será mi futuro, qué papel juega mi familia en mi vida, Dios juega alguna?

En un artículo de prensa del 12 de mayo de éste mismo año y bajo la autoría de Eduard Rafael Figueroa Sánchez,[7] se ofrecen una serie de comentarios hechos por algunos jóvenes al respecto de algunas de las preguntas formuladas anteriormente.

Dialogando con jóvenes de diferentes estratos sociales que han vivido con o sin sus padres, pudimos constatar que los que no crecieron en una familia tradicional se sienten solos; muchos tomaron las calles a temprana edad, porque no tuvieron a alguien que velara por sus necesidades, y no se formaron correctamente. Tienen miedo de tomar decisiones, se sienten desprotegidos y no tienen como prioridad en sus vidas vivir en una familia tradicional, padre, madre e hijos; no sienten respeto o cariño por sus verdaderos padres.

Pero no solo los jóvenes de familias disfuncionales tienen este tipo de problemas. Muchos, a pesar de haber crecido con sus padressienten que no tienen libertad, que son tratados como niños, que no los dejan tomar decisiones y arriesgarse a emprender el camino que ellos quieren.

Algunos alegan que no dialogan con sus padres, porque estos hacen el “papel de periodistas”solo buscando informaciones, pues quieren saber todo sobre sus hijos: ¿dónde vas?, ¿con quiénes vas?, ¿qué vas hacer ahí?, ¿a qué hora regresas?, ¿quién te trae?, ¿qué ropa te vas a poner?, ¿cuáles son tus amigos?, ¿tienes novia o novio?, ¿qué vas a estudiar?

Pienso que todos estaríamos de acuerdo, por lo menos, de que el tema no solo es importante, sino que debe seguir siendo estudiado a profundidad. En una próxima entrega ampliaremos las ideas expuestas.

[1] Coleman, J. y Hustén, T. (1989) Inserción de los jóvenes en una sociedad en cambio. NARCEA, S.A. de Ediciones. Madrid.

[2] OCDE: Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico.

[3] Hoy en la República Dominicana este porcentaje ronda por algo más del 40% de los jóvenes.

[4] No se puede obviar los grandes movimientos juveniles, principalmente universitarios, en que se puso de manifiesto su interés por los problemas sociales y políticos, y culturales en sentido general, en el marco de las situaciones que se desarrollaban entonces: el triunfo de la revolución cubana, la guerra de Vietnam, el conflicto chino-soviético, el mayo francés; pero además, el movimiento por la paz a nivel mundial y la cultura hippies, el influjo de los Beatles y otros grupos, impactando la cultura juvenil entonces y, por supuesto, la llamada Guerra Fría, que impregnó de mucha densidad esos años.

[5] El modelo familiar prevaleciente hasta entonces se ve bruscamente alterado sin un modelo alternativo que lo sustituya.

[6] Aparecen los llamados “nini”, jóvenes que niestudian nitrabajan. Se llega a plantear que en América Latina uno de cada cinco jóvenes, principalmente mujeres, entre 15 y 24 años no estudia ni trabaja. (Los “ninis” de América Latina: ni estudian ni trabajan ni son comprendidos (worldbank.org)). Según un estudio realizado por EDUCA, en República Dominicana ese grupo representa el 20%, entre 15 y 29 años. (“Los jóvenes dominicanos: esos desconocidos”).

[7] Recuperado en Ensayo/Juventud – Rasgos de la cultura juvenil en la República Dominicana | Listín Diario (listindiario.com)

Fuente: acento.com.do

“Hiperpadres”: el riesgoso deseo de criar hijos perfectos

Cuando era muy chica, Marion Forwood, que ahora tiene 49 años, iba caminando sola al colegio. Hoy, como madre de Tomás, de 13 años; de Francisco y Andrés, mellizos de seis, y de Luciano, de cuatro, pasa más horas arriba de su auto que en su propia casa. Los lleva a clases, y después a fútbol, taekwondo y natación. También van a tenis, toman clases de arte y juegan al golf.

Si puede, cuando alguno de los chicos no quiere comer en la escuela lo busca para que puedan estar juntos los 45 minutos que dura el almuerzo. “Todo está cronometrado. Desde hace dos años digo que voy a dedicar las mañanas a hacer algo para mí, pero no lo consigo. Me cuesta muchísimo encontrar ese espacio”, dice.

Tal como sucede con muchos otros padres, Forwood se convirtió en lo que los especialistas llaman una “hipermadre”. De tan presentes que están en la crianza, se transforman en una especie de planners de la vida de sus hijos: les organizan la agenda, se convierten en sus choferes, se preocupan de que reciban una formación integral.

Incluso, y no pocas veces, les hacen la tarea o les pintan a escondidas esa lámina de ciencia que tienen que entregar, con un único objetivo: que quede perfecta.

Se trata, advierten los especialistas, de un nuevo modo de sobreprotección, que aparece como consecuencia de una “profesionalización de la paternidad”.

“Hoy, muchos padres sienten la presión de ser perfectos. Es un objetivo equivocado. Los chicos no necesitan padres perfectos, necesitan padres presentes. Conectados, pero no «hiperpadres».

Laura Monte, madre de Martina, de 11 años, y de Guillermina, de ocho, no duda en definirse como una “hipermamá”. Pone un ejemplo: la semana pasada, su hija mayor tenía que entregar una lámina. Entonces, ella le buscó información por Internet y se la imprimió en el trabajo. Cuando volvieron a casa, luego de varias actividades, Martina se fue a dormir porque tenía mucho sueño. Monte se quedó a cargo del collage. Al día siguiente, le dio la cartulina terminada a su hija. “Pónle tu nombre y entrégala”, le dijo.

Los “hiperpadres” suelen hablar en plural sobre sus hijos y las elecciones de vida: “No tomamos gaseosa de noche”, “no miramos televisión” u “hoy tenemos prueba de matemática”. También se los denomina “padres helicóptero”, porque siempre sobrevuelan la vida de sus hijos.

Gestionan la vida familiar como si fuera la organización de una empresa. Están presentes en cada detalle. Exigen de sus hijos lo mismo que la sociedad espera de ellos como padres: perfección.

“El problema es que actúan de padres. Hacen todo lo que ellos creen que un buen padre debería hacer. Llevarlos, traerlos, conseguirles vacantes en los mejores colegios, que hagan un taller de arte con algún artista reconocido… Pero, contrariamente, no ejercen la función parental, que es la base de la integración del yo de sus hijos”, detalla Eva Rotenberg, directora de la Escuela para Padres y autora del libro Parentalidades: interdependencias transformadoras entre padres e hijos (Lugar Editorial).

“Ser padres es otra cosa. Es establecer con el hijo un vínculo profundo, es asumir ser esa persona que le va a enseñar el mundo y que lo va a conducir a descubrir quién es. No por llenarlo de actividades el chico va a aprender. Al contrario, un niño que no tiene desarrollada su subjetividad seguramente tendrá problemas para aprender cosas nuevas”, advierte Rotenberg.

Profesionales

En el hecho de empujar a los hijos a ser los mejores hijos de los mejores padres -lo que sea que eso signifique-, con las mejores intenciones, quedan algunas cosas en el camino.

“Los cambios culturales respecto de los roles y las tareas en la sociedad y en el hogar impulsaron también una nueva imagen de padre y madre”, advierte Carina Lupica, directora del Observatorio de la Maternidad. “Está vigente la idea de maternidad intensiva, que pretende subrayar la exigencia de ser buena madre, entendiendo por tal el ejercicio material de la maternidad personalizada y profesionalizada”, apunta.

Ser profesionales dentro y fuera de la casa. Coordinar todo con una precisión suiza. Es decir, esto implica múltiples objetivos y tareas que deben atenderse simultáneamente.

“Si pretendemos profesionalizar la vida familiar, apuntamos a un rendimiento, a una carrera de metas y logros, en lugar de buscar la felicidad”, explica la psicóloga y orientadora familiar Adriana Ceballos.

En la primera reunión de padres del año, Romina Deites, diseñadora y madre de Mora, de seis años, recibió una curiosa advertencia: “Por favor, mamis, pase lo que pase, no les hagan la tarea”. Miró para todos lados, le causó gracia. ¿A quién se le ocurría? Un mes después, se sorprendió a sí misma, con los lápices de Mora, metiéndole color a una tarea que su hija había completado, pero en blanco y negro.

“La paradoja de la hiperpaternidad es que cuanto más perfecto buscas que sea tu hijo, más inseguro lo haces -dice Andrés-. Un chico que se tiene confianza tiene el «yo puedo» incorporado. Uno criado con hiperpadres tiene el «mis padres lo harán por mí» incorporado. Y eso es un atentado contra la autoestima.”

Hay una regla de oro para evitar caer en la sobreprotección: no hacer por los hijos nada que ellos puedan hacer por sí mismos. “Ayudarlos está bien, pero entrometerse en todos sus asuntos no. ¿Quieres ayudarlo? No lo ayudes tanto en todo. Antes de saltar a su rescate, pregúntate si eso es algo que él o ella puede hacer solo. Es posible criarlos para que tengan confianza en sí mismos, desarrollen su inteligencia, sean responsables y felices sin estar sobrevolando sus vidas como un helicóptero”, concluye Andrés.

En EE.UU., el inicio del debate

La psicóloga estadounidense Madeline Levine fue la primera en usar el concepto de “hiperpadres”. A partir de sus experiencias de más de 30 años, constata, sobre todo en una cultura tan competitiva como la de los Estados Unidos, que la paternidad se había convertido en una carrera contra reloj, con una meta clara: el triunfo de los hijos. Levine recomienda ejercer la paternidad de manera menos intensa para evitar que los chicos terminen frustrados por las grandes exigencias de sus padres.

Fuente: lanacion.com.ar

Más de 25.800 menores llegaron solos a Italia en 2016 tras cruzar el Mediterráneo

EFE. Más de 25.800 menores no acompañados llegaron a las costas de Italia tras atravesar el Mediterráneo en 2016, cifra que se ha duplicado con respecto a la registrada en 2015, según ha denunciado este viernes Unicef .

“Estos números no tienen precedente y muestran que la crisis de refugiados e inmigrantes en Europa es una crisis de niños”, ha afirmado en rueda de prensa la portavoz de dicha organización, Sarah Crowe.

Los no acompañados representaron el 91% del total de 28.200 menores que llegaron el año pasado a Italia como refugiados o inmigrantes. Durante 2015, la agencia de la ONU registró 12.360 menores no acompañados que alcanzaron las costas italianas, con lo que la cifra se ha duplicado en 2016.

El Ministerio del Interior italiano ya difundió este jueves estos datos al revelar la llegada a las costas italianas de “25.846 inmigrantes menores no acompañados” durante 2016. La responsable del departamento de Interior creado para la acogida de menores no acompañados, Maria Caprara, ha denunciado la dificultad de acoger a estos menores que, según los tratados, no pueden ser alojados con el resto de inmigrantes.

Caprara ha señalado que es necesario buscarles “una acogida de calidad y un proyecto de vida y formación en el caso de que quieran quedarse en Italia o facilitar que encuentren a sus familias en otros países”.

Para Unicef, estos datos muestran que existe “una peligrosa tendencia” de un número creciente de “niños vulnerables que ponen en riesgo sus vida para llegar a Europa”. La agencia ha recordado que los niños no llegan a Italia para quedarse, sino que su intención es seguir atravesando el continente hacia otros destinos, por lo que ha solicitado “una respuesta coordinada” de las autoridades europeas. La mayoría de estos menores son originarios de Eritrea, Egipto, Gambia y Nigeria.

A pesar de que la mayoría eran varones de entre 15 y 17 años, también llegaron niños más pequeños y chicas, aunque Unicef no ha especificado el número exacto de estos dos colectivos. “Las jóvenes tienen un enorme riesgo de abuso sexual, especialmente por bandas criminales”, ha alertado la portavoz, quien ha agregado que varias entrevistadas han denunciado que fueron obligadas a prostituirse enLibia para pagar pasaje del barco hacia Italia. Las entrevistas a los chicos han revelado que muchos de ellos fueron obligados a realizar trabajos forzados.

La ruta entre Libia e Italia es la más utilizada por los inmigrantes y refugiados menores de edad, dado que sólo el 17% de los refugiados que llegaron a Grecia en 2016 eran niños no acompañados. Crowe también ha narrado las “graves condiciones” en las que se encuentran los menores no acompañados que llegaron a las islas griegas, donde viven al raso, lo que es “extremadamente duro” dado el crudo invierno que sufre Europa.

El principal, ha explicado Crowe, es el alojamiento, dado que las agencias de la ONU distribuyen el material y la comida necesaria, pero que nada sustituye el alojamiento en un lugar acondicionado a permanecer bajo el frío glacial. “Como las instalaciones están llenas, estos niños viven al raso, cuando hay hoteles, moteles y casas en la isla que se podrían abrir y utilizarlas para albergarlos”, ha reiterado la portavoz.

Esta situación también ha sido denunciada por la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) que ha pedido a Europa “hacer mucho más para asistir y proteger a los refugiados y a los inmigrantes”, en palabras de su portavoz, Cecile Pouilly.

ACNUR ha denunciado que en la isla de Samos hay unas mil personas, incluidas familias con niños muy pequeños, que siguen durmiendo en tiendas sin calefacción. “Reiteramos nuestro llamamiento para que se aceleren los procedimientos en la isla que permitan la transferencia hacia el continente, donde hay más alojamiento disponible”, ha solicitado Pouilly.

Riesgo en la salud

José Luis Batista Silva

Cuba.- La aplicación de los conceptos de Peligro (P), Vulnerabilidad (V) y Riesgo (R) son utilizados frecuentemente por los medios y por especialistas dedicados a esta temática durante décadas, considerando fundamentalmente al peligro como una realidad objetiva que, en la mayoría de los casos, es muy difícil o hasta imposible reducirlo.

Empero, la vulnerabilidad de una región, comunidad, individuo, etc. sí puede modificarse, e inclusive reducirla a niveles muy bajos, lo cual significa no “estar en riesgo” ante determinados peligros. Vale recordar que existe una relación entre estos tres conceptos: R = P x V, es decir, el Riesgo es directamente proporcional a la Vulnerabilidad, aunque el Peligro es inalterable.

La aplicación de estos conceptos es también ampliamente utilizada en la Salud Pública, aunque debe entenderse existen diferencias formales de su interpretación, en comparación con las organizaciones de Protección Civil.  Diversas organizaciones, bajo la óptica de la salud humana consideran que el riesgo puede ser definido de varias formas: Es un sinónimo de respuesta estimada o probabilidad estimada a priori del efecto, peligro (como medida). Es la frecuencia esperada de efectos indeseables que aparecen por una exposición dada a un contaminante.

 Es un concepto matemático relacionado con la gravedad esperada y/o la frecuencia de respuestas adversas que aparecen por una exposición dada a una sustancia. Medida de peligro para la salud por la exposición a una sustancia y de la probabilidad de su ocurrencia. Puede involucrar la extrapolación cuantitativa de animales a humanos, o de altas dosis a corto plazo a bajas dosis a largo plazo. Probabilidad de daño, enfermedad o muerte bajo circunstancias específicas. En términos cuantitativos, el riesgo se expresa en valores en un rango de cero (representando la certeza de que el daño no ocurrirá) a uno (representando la certeza de que el daño tendrá lugar).

En resumen, puede concluirse que no existe diferencia entre los conceptos “vulnerabilidad” y “factores de riesgo”, solamente son formas de enfocar la temática de los riesgos en la Defensa Civil y en la Salud Pública.

Factores de riesgos

Se define como las características, actividades y atributos potenciales de un individuo para adquirir cierta enfermedad.

Peligro

Es la existencia real de las enfermedades, es una verdad objetiva.

RiesgoProbabilidad real de enfermarse.  Por tanto, si un médico le dice a su  paciente: “sus factores de riesgo” son el sobrepeso,  ingesta de gaseosas, no hacer ejercicios, etc., usted está corriendo el riesgo de contraer una cardiopatía”.