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¿Cómo puedes mejorar el rendimiento académico de tu alumnado?

Habitualmente, podemos encontrarnos con clases complicadas donde nos es difícil avanzar: bien sea porque la clase tiene una idiosincrasia particular, por falta de recursos y la consiguiente masificación del aula o porque, debido al motivo que sea, encontramos cierta resistencia y mala receptividad por parte del alumnado a nuestra asignatura. ¿Qué podemos hacer?

Lo primero que hay que tener en cuenta es que cada uno de estos pasos puede ser aplicado simultáneamente a los demás, y que no dejan de ser simples ideas, un guión genérico: prescindir de una parte o no depende del buen juicio docente del lector en función de su materia, alumnado, centro… 🙂

Trabajos

En una clase donde, sea cual sea el motivo, nos encontramos con grandes dificultades para hacer del aprendizaje de los y las estudiantes algo eficaz, el examen solo es un elemento más de frustración que contribuye a una receptividad por su parte cada vez más negativa. Ciertamente, no podemos prescindir en algunos casos de esta herramienta, pero hemos de tomar conciencia de que se trata de una herramienta más, y hay otras herramientas posibles que nos permiten una mejor evaluación de la mayor parte de las materias y temáticas.

La herramienta por excelencia para evaluar, no solo conocimientos, sino capacidad de investigación e indagación, pensamiento crítico, razonamiento lógico-argumentativo y varias competencias básicas a la vez, es el trabajo o la disertación: bien sea en grupo o bien sea individual, el trabajo, en sus dos opciones, es una actividad de aula que requiere un gran esfuerzo por parte del alumnado. Los trabajos individuales inciden sobre la autonomía, el pensamiento crítico, la argumentación…; el trabajo colaborativo incide sobre la comunicación, la planificación y la capacidad de ordenar y organizar información. Ambos tipos pueden combinarse: es más fácil aprender aquello que entendemos, lógicamente. Sin entenderlo, es imposible hacer un buen trabajo: eso sí, explica los requisitos y en qué consiste, para no encontrarte dos entradas de wikipedia pasadas a mano y con una grapa en la esquina izquierda superior.

Retroalimentación

Volviendo a un exámen: un número no enseña gran cosa. La corrección sí: es importante explicar detalladamente qué es lo que falla y, por supuesto, no olvidar aquellos puntos fuertes o sobresalientes.

Búsqueda de información

Y ahora volvemos a los trabajos (y a los exámenes): empollar vilmente lo que pone en un libro de texto entra difícilmente dentro de “aprendizaje” real y significativo. Buscar información es esencial, necesario, cada uno a su nivel y en sus posibilidades.

Por ello, las actividades de aula deberían implicar, al menos en un 40% la necesidad de buscar, fuera de libro de texto o de apuntes, información. Eso es “aprender a aprender”

 Ampliación

En los exámenes, el espacio cerrado juega en contra del desarrollo del aprendizaje de tus estudiantes: deja espacio para escribir si tu asignatura lo requiere, porque no hay nada más frustrante para un GRAN estudiante que haberse interesado por algo que le ha encantado, haberlo buscado, saber MÁS de lo marcado en “Objetivos didácticos” y no tener forma de expresarlo.

 Adaptación a las necesidades y preferencias

Hay alumnos que quieren subrayar, otros toman notas,… ¿Qué hacer? Nada. Se puede aconsejar sobre métodos de esquematización, subrayado y trabajo instrumental en general, pero cada persona aprende a su manera y tu trabajo es enseñarle a aprender de la forma óptima para su caso particular, y no a enseñarle a aprender de la forma óptima para ti. Molesta a muchos profesores y profesoras ver cómo alguien marca un libro: un libro sirve para estudiar, y salvo que este sea propiedad del colegio, si el libro es suyo, no está profanándolo por subrayar, sino todo lo contrario.

Fuente: escuela20.com

10 características de una clase que “funciona”

¿Quieres que tu aula sea un lugar “intelectualmente activo”? ¿Qué caractiza a los entornos de aprendizaje progresivo? ¿Por qué son el modelo del siglo XXI para tantos?  Terry Heick, en TeachThought, nos ofrece un resumen en 10 puntos sobre aquello que caracteriza a un entorno de enseñanza-aprendizaje efectivo. Y tu aula, ¿qué?

  1. Estudiantes que hacen preguntas; buenas preguntas

No decimos que esto sea consecuencia de un buen clima de aula, pero sí es crucial si hablamos de aprendizaje y, además, el papel de la curiosidad está infravalorado: aunque se ha estudiado, no lo hemos tratado con la suficiente y necesaria profundidad, ni lo apreciamos debidamente entre nuestras/os alumnas/os. Si una unidad temática provoca poca curiosidad, si las tareas no la generan, mal asunto… Muchos profesores y muchas profesoras obligan al alumnado a preguntar cosas, sobre todo al principio de las unidades didácticas y al final de las clases: no se trata de esto, en absoluto. Esta táctica no da resultado, es en vano y desalienta a ambas partes. Hay que enseñar a los niños y las niñas a hacer buenas preguntas

  1. Las preguntas se valoran más que las respuestas

Porque, sí, las preguntas son más importantes que las respuestas: las buenas preguntas conducen al aprendizaje. Tienen valor en sí mismas (lo cual no significa que las buenas respuestas no lo tengan, pero una buena pregunta revela indagación y, a menudo, una respuesta implícita y un proceso constructivo para hallar la incógnita). Es más: es muy recomendable que “premies” ese tipo de acontecimientos y los tengas en cuenta a la hora de poner la (muy sobrevalorada) calificación.

  1. Las ideas provienen de muchas fuentes

Ideas para lecciones, para lecturas, para las pruebas objetivas, para los proyectos, para los trabajos… La fibra del aprendizaje del alumnado tiene que surgir desde muchas fuentes. Si todo viene de tí, mal: estás ayudando a matar la curiosidad, dándolo todo hecho. La comunidad educativa, los/as expertos/as (fuera del ámbito educativo; por ejemplo, físicos/as, lingüistas,etc) o el propio alumnado son muy buenas fuentes: un gran cambio en la credibilidad de los contenidos y habilidades impartidos en el aula.

  1. Se usan una gran variedad de métodos didácticos y diferentes modelos de diseño de material

Investigación, ABP (Aprendizaje Basado en Proyectos), estudio de casos, eLearning, flipping classroom… Las posibilidades son infinitas. Ningún método satisface a todos/as los/as alumnos/as: hay que variar y adaptarse a la diversidad del aula. Esa diversidad, además, incide en tus capacidades y habilidades docentes

  1. Aulas inmersas en el “mundo real”, en la comunidad

No tiene sentido que el aprendizaje ocurrido en el aula no trascienda al “mundo”, y que el “mundo” no llegue al aula. Hay que combinar todo: entorno digital y entorno físico, libros, murales, TIC, trabajos manuales… Todo en uno.

  1. Personalizamos el aprendizaje sirviéndonos de varios criterios

Esta personalización es, posiblemente, el futuro. Por ahora, la responsabilidad de la y el estudiante sobre su propio aprendizaje, sobre su “enrutamiento”, es limitada y parece caer sobre los/as docentes. Esto hace de la planificación individualizada un desafío; las guías a tomar para hacerlo “a medida” deberían reunir diferentes tipos de criterios: no sólo los resultados académicos o el nivel de competencia lingüística, por ejemplo, sino también las preferencias de trabajo, disposición hacia diferentes contenidos, intereses, etc.

  1. Evaluación transparente, auténtica, no punitiva.

La evaluación es un intento de saber lo que alguien “entiende”. Lo más frecuente es separar a “buenos/as alumnos/as” de “malos/as alumnos/as” en función de calificaciones. Para empezar, podríamos dudar de lo adecuado de los métodos de evaluación utilizados, del análisis del aprendizaje… pero lo central es que la evaluación debe ayudarles a mejorar: de ahí la importancia de la retroalimentación

  1. Los criterios de “éxito” son equilibrados y el alumnado los conoce

Las/os alumnas/os no deberían tener que adivinar qué significa para nosotros/as el “éxito”. Tampoco debería ponderarse totalmente sobre la participación, los resultados de las pruebas objetivas y los factores individuales de predisposición, actitud y comportamiento. ¿Tienes un marco coherente para definir el éxito? Hazlo y comunícalo a tus alumnos y alumnas

  1. Hábitos de aprendizaje en constante modelado

Curiosidad, persistencia, flexibilidad, creatividad, colaboración, retroalimentación, fijar prioridades, fijar metas… Lo que a menudo aprendemos sobre todo aquello que nos rodea es menos didáctico y más observacional, más indirecto

  1. Hay oportunidades para la práctica

Revisamos los conocimientos y pensamientos “antiguos” de nuestro alumnado y los propios, reflejamos los viejos errores, abordamos de nuevo las ideas complejas, repensamos las ideas clave desde diferentes ángulos y contrastamos los conceptos divergentes. Viajamos, ascendemos y descendemos dentro de la Taxonomía Bloom para maximizarlas oportunidades del estudiante de comprender, aprender y demostrar.

Fuente: escuela20.com