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Historia del imponente Monumento a los Héroes de la Restauración

El Monumento a los héroes de la Restauración es un monumento importante histórica y culturalmente, edificado sobre una colina en el centro de Santiago de los Caballeros en el cerro del Castillo, en la República Dominicana.

Este imponente monumento fue terminado de construir en 1953, y cuya construcción respondió al mandato de Rafael Leónidas Trujillo Molina de levantarlo en su honor, de ahí también su primer nombre: “Monumento a la paz” de Trujillo. Aunque se empezó a construir en 1944, año del Centenario de la Independencia Nacional, pero tuvo problemas con su financiación, pues fue subvencionado por el pueblo, a través de colectas, por ello tardó esos nueve años en terminarse.

Este monumento fue diseñado por Henry Gazón Bona; tiene 70 m de alto y está construido en mármol de las minas de Samaná; tiene 365 escalones que representan el cuidado que tenía Trujillo por sus ciudadanos “los 365 días del año”; y además, en el exterior, hay una estatua de Trujillo en caballo de dimensiones enormes, y otra estatua de una mujer en la cima de la colina, a la que se le denomina ” El Ángel de la Paz”.

Otro dato de interés es que en su planta baja se exhiben pinturas, murales y esculturas, sobresaliendo en su diseño interior y ornamentación cornisas de artesón, columnas de estilo jónico, zócalos de mármol y lámparas de cristal de Roca. Y en su planta alta se exponen murales del pintor español Vela Zanetti.

Tiene una biblioteca con documentos sobre la patria, y una terraza desde la cual podrás observar unas vistas estupendas de la ciudad, con la posibilidad de usar un telescopio.

Pero después del asesinato del dictador, se le cambió el nombre a “Monumento a los héroes de la Restauración”, en homenaje a los que lucharon por la independencia del país entre 1863 y 1865, tras la anexión a España. También al término de la dictadura se derribó su estatua y el monumento fue vandalizado.

No debes dejar de visitar este magnífico monumento remodelado en el año 2008, cuando se plantaron árboles propios del clima en sus jardines y se construyeron tres plazas temáticas con estatuas de héroes y personajes dominicanos. Estas plazas están dedicadas a las costumbres santiaguenses, a los escritores dominicanos y a los jugadores de pelota.

Fuente: https://www.visitarepublicadominicana.org/

Las mujeres dijeron presente en la Guerra de la Restauración

Por Mtra. Petronila Dotel Matos,
Historiadora

“Mi bandera no se baja,
ella estuvo siempre arriba.
Es el alma de mi patria
y por ella doy mi vida”.
Canela Mota, poetiza banileja

La mujer dominicana en la Guerra Restauradora (1863-1865)

Ya hoy es quizás muy común reconocer que hubo mujeres muy activas en la lucha por la Independencia de 1844, pero… ¿Qué pasó en la Guerra Restauradora? ¿Dónde estaban las mujeres?

Caracterizada por muchos historiadores como una guerra eminentemente popular, hemos de suponer que la presencia femenina fue importante. y La historia la hacen los pueblos y la mujer es parte intrínseca del pueblo en tanto sujeto de la construcción de su propia historia. No obstante, confinadas como hemos estado en la sociedad patriarcal a las tareas domésticas, al hogar, a lo privado; la labor de la mujer en los hechos políticos-militares ha sido claramente limitada. No obstante, su aporte, aunque pueda verse disminuido porque ha sido circunscrito al aspecto logístico o de soporte, no puede soslayarse, pues al hacerlo, estamos ignorando que, a la hora de hacer cambiar el curso de una situación oprobiosa, cualquier elemento que contribuya a tal logro, es un aporte de intensidad incalculable.

Este artículo intenta ser una herramienta reivindicadora del papel histórico de la mujer en la guerra restauradora. A pesar de lo poco que se ha escrito sobre el tema, empiezo por recoger los nombres y acciones de restauradoras ilustres; no solo como testimonio pertinente, sino también tributo a su coraje y al aporte ignorado, más no por ello devaluado. Hablo de mujeres guerreras que supieron acudir al llamado de la Patria desde las limitaciones de sus contextos, conscientes de su deber de luchar por la soberanía y la dignidad. [ix]

En un artículo titulado “Mujeres Banilejas: Orgullo dominicano”, publicado en el Listín Diario en 2019, se resalta la labor patriótica de dos ilustres dominicanas que se opusieron al acto ominoso perpetrado por Pedro Santana y su grupo, es decir, la anexión a España, el 18 de marzo de 1861, hecho que dio al traste con la Primera República. Son Ellas:

María Encarnación Echeverría Vilaseca. Según resalta el citado artículo, esta insigne banileja y culta poetiza, escribió varios poemas contra la anexión y durante la Guerra Restauradora, bajo el seudónimo de “Una Dominicana”, estando en Santiago de los Caballeros. La labor literaria de María Encarnación tuvo más acogida fuera del país que aquí, pues como lo expresa el artículo citado: “sus versos fueron merecedores de la mejor acogida en el extranjero”. Cabe destacar que su soneto “La Creencia”, fue seleccionado por Marcelino Menéndez y Pelayo para ser publicado en la Antología Poética Hispoamericana, en el IV Centenario Colombiano. Las páginas de la revista “Letras y Ciencias” y del libro “Semblanzas Dominicanas”, de Federico Benigno Pérez, plasmaron su obra literaria.”

Canela Mota, considerada como una mujer intrépida y valiente, “salió a la calle clamando en contra del odioso hecho, derramó lágrimas de santa indignación, e hirió el amor propio de los varones que consentían la consumación de tan vergonzoso perjuicio. La acción de Canela Mota, quien era hija de Manuel de Regla Mota, se produjo cuando su padre levantó la bandera española en el acto donde se reconocía la horrorosa medida que mataba el ideal republicano”. Rodríguez Demorizzi en su artículo “Mujeres banilejas: Orgullo dominicano”, establece que: “Con una bandera en mano, posiblemente el 18 de marzo de 1862, Canela Mota salió a las calles de su natal Baní proclamando la insignia poética:

Mi bandera no se baja,

ella estuvo siempre arriba.

Es el alma de mi patria

y por ella doy mi vida”.

En una reseña del periódico El Nacional sobre el libro: “La Historia con ojos de Mujer” de Carmen Rosa Hernández, Iluminada González y Miledy Pringle, dichas autoras recogen los nombres de varias mujeres restauradoras, como:

María Catalina Encarnación. Esta valiente mujer animó a sus hijos a participar en la acción bélica restauradora, con tal determinación que perdió a 4 de los 14 vástagos que tuvo en dicha gesta. Cabe resaltar que varias de sus hijas cumplieron el papel logístico de cocineras de las tropas patrióticas.

Antonia Batista. Otra activa restauradora que “convirtió su casa en punto de reunión y coordinación para el movimiento restaurador. Además de cumplir las tareas de lavar, cocinar y atender a los heridos del bando nacional”[x].

María Pérez. Era “esposa del general Florentino, y este la adiestraba en el manejo de la espada y en algunas tareas de la guerra”[xi]. Hubo mujeres que se destacaron vendiendo sus bienes para aportar dinero a la causa, como fue el caso de Águeda Rodríguez Salcedo. Águeda se destacó además por el “enlace”, o el vínculo de comunicación entre los patriotas dominicanos locales y los que estaban en Cabo Haitiano preparando las acciones para lo que más tarde se conoció como el Grito de Capotillo, hecho que marcó el inicio de las acciones más significativas de la guerra restauradora. A partir del Grito de Capotillo el 16 de agosto de 1863, la guerra tomó otro rumbo.

Cabe recordar que antes de los hechos de Capotillo todos los esfuerzos conspirativos fracasaron. En la primera protesta dirigida por José Contreras el 2 de mayo en Moca, todos los patriotas fueron fusilados. El patricio Francisco del Rosario Sánchez, quien con ayuda del gobierno haitiano de Fabré Geffrard, entró desde Haití hasta San Juan de la Maguana, siendo fusilado él y sus compañeros el 4 de julio el 1961. Las acciones realizadas en el año 1863, tanto en el sur como en la región norte corrieron la misma suerte. Sobre la acción realizada por Cayetano Velázquez en Neiba, el historiador Filiberto Cruz Sánchez señala: “…unos cincuenta hombre dirigidos por Cayetano Velázquez intentaron asaltar la casa del Comandante de Armas, siendo aplastados de inmediato por las fuerzas del gobierno”.[xii]

En la región Norte las insurrecciones también decayeron por varias razones, por lo que, tal como nos señala el referido autor, “La mayoría de los patriotas dominicanos que participaron en las sublevaciones de febrero decidieron refugiarse en Haití durante los siguientes seis meses, aprovechando la solidaridad del gobierno haitiano de Geffrard, quien seguía opuesto a la anexión de Santo Domingo.”[xiii]

Es entonces con el Grito de Capotillo, que realmente la causa restauradora se encamina hacia el logro de la victoria sobre el ejército español. Por ello, el determinante rol de “enlace” que cumplió una mujer de la talla de Águeda Rodríguez Salcedo, adquiere una irregateable y trascendental dimensión histórica que nos llena de orgullo y nos invita a un merecido y reivindicador reconocimiento a esta insigne mujer, y en ella, a todas las mujeres dominicanas presentes en nuestras luchas patrióticas.

¿Qué mayor rol histórico podemos reclamarles a mujeres que asumieron con valor espartano la causa restauradora, entregando su amor y su sangre en la sangre de sus propios hijos y esposos, animado a las tropas, escribiendo poemas patrióticos, sirviendo de enlace, curando los heridos, aportando dinero, cocinando, lavando o prestando sus casas para las reuniones conspirativas, a riesgo de sus propias vidas?

La nueva historia está llamada a revindicar y a elevar el valor cualitativo de estas acciones y roles logísticos, sin cuyo aporte cívico-patriótico no habría sipo posible concretar la causa restauradora. Se trata de asumir que la historia es una construcción colectiva, en la cual desde las acciones más puntales hasta los eventos más concluyentes, suman peldaños hacia la conquista de las causas patrias.

Fuente: https://historiadominicana.blogspot.com/

Rutas de batallas durante la Guerra de la Restauración

El éxito que debe la guerra restauradora a la geografía lo confirma un experto en el tema de la anexión, el historiador dominicano Jaime Domínguez, miembro de la Academia Dominicana de la Historia.

Pese a que sólo catorce patriotas penetraron a territorio dominicano desde Haití el 16 de agosto de 1863, la insurrección se propagó rápidamente y gente de todas las regiones se incorporó a la lucha.

“La ofensiva iniciada en Capotillo parecía un huracán que se llevaba a su paso todas las fuerzas enemigas que encontraba, desde la zona fronteriza norte hasta La Vega, Moca, San Francisco de Macorís, Cotuí y Cevicos”, asegura Domínguez.

Una vez instaurado el gobierno restaurador en Santiago, el 14 de septiembre de 1863, había que fortalecer los focos guerrilleros sureños y orientales, pero los patriotas sabían que llevaban desventaja en cuanto a suministros y capacidad ante los refuerzos anexionistas que llegaban desde Cuba y Puerto Rico.

¿Qué hicieron entonces? Debido a que los españoles eran superiores en número, en armamento y en disciplina, aplicaron la guerra de guerrillas, esta vez sugerida por el ministro de la Guerra del Gobierno Restaurador, Matías Ramón Mella, y evitaron los ataques frontales y “las batallas campales propias de los ejércitos regulares”.

Las instrucciones de Mella impartidas en octubre de 1863 indicaban que “… nuestra tropa deberá, siempre que pueda, pelear abrigada por los montes y por el terreno” y debían estar “dirigidas por oficiales salidos de academias, pues muchos restauradores desconocían las reglas básicas de la guerra por no haber ido a escuelas militares”, apunta Domínguez partiendo de sus investigaciones.

Los refuerzos anexionistas, sin embargo, seguían llegando. Las tropas de Pedro Santana, nombrado jefe de todas las tropas españolas y criollas en septiembre de 1863, partieron de Santo Domingo hacia Santiago para frenar la insurrección.

En esa época, para alcanzar el Cibao debían pasar por Bayaguana y Monte Plata, “flanquear la cordillera Central por el paso llamado el Sillón de la Viuda y luego llegar a Cevicos, Cotuí, San Francisco de Macorís, Moca y finalmente Santiago”.

Frenadas por los restauradores comandados por Gregorio Luperón en Arroyo Bermejo, Monte Plata, el primero de octubre de 1863, Santana no tuvo más remedio que levantar su campamento en Guanuma.

“A partir de ese momento la Guerra Restauradora fue un esfuerzo de cada bando de tratar de penetrar la línea de defensa del otro para tomar la ciudad sede de su gobierno: los restauradores Santo Domingo, y los anexionistas criollos y españoles a Santiago”, explica Domínguez.

Los restauradores pagaron con creces las veces que olvidaron las recomendaciones de Mella. En mayo de 1864, en Montecristi, seis mil soldados provenientes de Cuba y apoyados en trece piezas de artillería derrotaron a los restauradores que intentaron evitar su desembarco.

“Sin embargo –sigue Domínguez-, al tratar de marchar hacia Santiago, fueron emboscados en el camino por guerrilleros encabezados por Benito Monción y Pedro Antonio Pimentel desde los bosques”.

Al tomar conciencia de que los anexionistas les aventajaban en la ciudad y ellos, a su vez, los aventajaban en los montes, “los restauradores encaminaron sus esfuerzos a atacar los convoyes que por tierra llevaban los suministros para abastecer a las tropas anexionistas criollas y extranjeras en las ciudades del Sur y del Este”. Esta se convirtió en su principal táctica bélica.

El ataque se hacía, explica Domínguez, “bloqueando el camino con árboles gruesos y trincheras. Al acercarse el convoy, desde los bosques les disparaban tanto a la vanguardia como al centro y a la retaguardia.

Los españoles tenían una caballería que escoltaba al convoy, la que se desplazaba hacia el lugar donde el fuego enemigo era más nutrido. Hacían disparos de granadas y metralla seguidos de una carga a la bayoneta, por lo que los guerrilleros se dispersaban hacia los bosques”.

Según Domínguez, los anexionistas “no explotaban la ventaja táctica que constituía la dispersión del enemigo, al no salir en su persecución”. Algunos anexionistas resultaban muertos o heridos en los ataques. Como las escenas se repetían en diversos lugares de la geografía nacional, esto representaba una continua pérdida para los anexionistas.

Conseguir armas y municiones era el problema de los restauradores. Pero se las ingeniaban canjeando serones de tabaco en las Islas Turcas por cañones y fusiles, “y en Haití por pólvora y plomo, con lo que en Santiago se hacían balas. En el Sur, el general Cabral cambiaba reses y bestias de carga por municiones a los haitianos”, indica el historiador.

Para finales de 1864, y citamos a Domínguez: “La contienda bélica estaba perdida para los anexionistas desde el punto de vista estratégico, porque éstos no podían evitar que los restauradores hostigasen a su libre albedrío los convoyes que iban de una ciudad a otra a abastecerlos de alimentos, medicinas, dinero, municiones y armamento, incluso en lugares tan cercanos a Santo Domingo como el poblado de Guerra”.

Otro hecho que apresuró el fin de la guerra fue el cambio de gobierno ocurrido en España en noviembre de 1864, cuando ascendió al poder Ramón María Narváez. Fue él quien le propuso a la corte, al año siguiente, el retiro de las tropas españolas del país.

La política anexionista había fracasado. Es que “la guerra -concluye Domínguez- es estrategia y es suministro. La guerra es del que dispara el último tiro”.

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Haz la ruta
El país está sembrado de detalles dedicados a eternizar la memoria de los héroes de la Restauración, así que les invitamos a conocer las principales atracciones.

Partiendo desde Santo Domingo, el primer punto importante es la enorme escultura de Gregorio Luperón que se levanta en una de las entradas de la ciudad de Moca, en la avenida Duarte.

El monumento está cerca de la Iglesia Corazón de Jesús, un lugar muy frecuentado por turistas y nacionales que llegan atraídos por sus hermosos vitrales. En la misma ciudad son puntos a visitar la fuente de la Plaza Antonio de la Maza, la iglesia de Nuestra Señora del Rosario y el zoológico de la ciudad.

De Moca haremos escala en Santiago, cuya principal atracción es, precisamente, el monumento a los Héroes de la Restauración, en la entrada de la ciudad. Pero mucho más importante, por ser punto clave en la guerra restauradora, es la fortaleza San Luis, ubicada en la calle San Luis esquina Vicente Estrella.

Más al norte, en Puerto Plata, la fortaleza de San Felipe y la estatua de Luperón, que vigilan el puerto y el malecón de la ciudad, nos esperan como una visita obligada. Las casas victorianas, la loma Isabel Torres y la playa de Long Beach completarán el paseo por la Novia del Atlántico.

El monumento a los héroes de Capotillo, en el municipio de Loma de Cabrera, provincia Dajabón, es la próxima parada.

Allí se enarboló la bandera nacional el 16 de agosto de 1863, dando inicio a La Restauración. Luego tomaremos el sur hasta el cementerio municipal de San Juan De la Maguana, al lugar donde fueron fusilados Francisco del Rosario Sánchez y sus compañeros en 1861.

Textos recomendados:
• “Historia de la Restauración” de Pedro M. Archambault.
• “La Guerra de la Restauración”, de Juan Bosch.
• “Anexión y Guerra de Santo Domingo”, de José de la Gándara.
• “Dominación y Última Guerra de España en Santo Domingo”, de Ramón González Tablas.

Fuente: Listín Diario

16 de agosto: Día de la Restauración Dominicana

El Día de la Restauración Dominicana se conmemora cada año en recuerdo al inicio de la Guerra de la Restauración de la soberanía dominicana el 16 de agosto.

El origen de este día lo encontramos en el día en el que comenzó la Guerra de la Restauración para volver a conseguir la República Dominicana la propia soberanía que había sido arrebatada por España el 16 de agosto de 1863.

El 16 de agosto es un día de recuerdo del comienzo de la Guerra y de recuerdo de todas aquellas personas que lucharon el conflicto y murieron en el mismo.

La Guerra tuvo lugar entre los años 1863 a 1865. El detonante del conflicto fue que España había vuelto a reconquistar la República Dominicana tras 17 años de Independencia.

Pedro Santana arrebató el poder a quien era en ese momento el gobernador del país. Tras este hecho las autoridades empezaron a imponer sus normas a la ciudadanía a través de lo que se conoce como bagajes. Los bagajes consistieron en que cada ciudadano debía de entregar a los militares españoles los animales que tuviesen. Se estableció el monopolio del tabaco, aranceles afectando todo ello a la clase obrera del país. En este momento estaba siendo controlado por los españoles.

El 16 de agosto del año 1863, tras el Grito de Capotillo en el que Gregorio Luperón y Santiago Rodríguez levantaron la bandera dominicana en el cerro de Capotillo de Santo Domingo, dio comienzo la Guerra de la Restauración Dominicana.

En el transcurso de la guerra las pérdidas humanas fueron muy numerosas, tanto por parte de los españoles con de los dominicanos. La fiebre amarilla también estuvo presente en este conflicto y fue la causante de la muerte de muchas personas de la población dominicana y militares españoles y dominicanos. Las tierras de campos fueron destruidas así como una pérdida muy numerosa de animales.

El 3 de marzo de 1865, la reina Isabel II ordenó el final de la guerra. Más tarde el 15 de julio, los militares españoles que allí se encontraban volvieron para España.

Esta Guerra trajo para la República Dominicana al igual que para Cuba la satisfacción de haber conseguido vencer a España en un conflicto de tal envergadura, aunque las pérdidas tanto humanas como materiales fueron demasiado cuantiosas.

Después de este guerra y en recuerdo de los suyos, de todos aquellos que dieron la vida por la libertad, por ganar la guerra, por conseguir de nuevo la independencia que había sido arrebatada por España, la República Dominicana celebra orgullosa el 16 de agosto esos años de tanto sufrimiento para los suyos, pero que al final y a pesar de todo el dolor causado consiguieron la independencia.

 Fuente: dia-de.com

La Guerra de la Restauración

La Restauración fue un movimiento popular y nacionalista que mediante la guerra revolucionaria, devolvió a la República Dominicana su independencia, el 3 de marzo de 1865.

La Restauración fue un movimiento popular y nacionalista que mediante la guerra Revolucionaria, devolvió a la República Dominicana su independencia. La base social de ese movimiento estaba constituida, fundamentalmente por campesinos, la gurgucia urbana. Estas clases enarbolaron la bandera del Republicanismo democrático como representantes del progreso económico Social y Político en su época histórica.

La Restauración fue además el mayor movimiento armado que conoció el país en toda su existencia, a partir incluso de los tiempos coloniales.

El 16 de agosto, los dominicanos conmemoran otro aniversario del inicio de los actos bélicos, que desataron la guerra domínico-española, por la restauración de la República Dominicana, que había sido proclamada el 27 de febrero de 1844, pero desde su fundación estuvo amenazada por las luchas intestinas de sus fundadores y otros que aún siendo acabados de llegar, ejercieron un protagonismo y una presión tan deliberante, que terminaron desplazando a los más sacrificados por la patria.

A estas luchas de intereses entre los dominicanos, se sumaron las constantes invasiones, amenazas y presiones de los haitianos, quienes alegaban que desde el tratado de Basilea en 1795, la isla era una sola e indivisible y por lo tanto se oponían a la independencia del territorio que ellos siempre habían reclamado y que habían gobernado desde el 9 de febrero de 1822, hasta el 27 de febrero de 1844.

También presionaban e instigaban potencias como Francia, España, Inglaterra y el naciente imperio del norte, como llamara José Martí a los Estados Unidos de América. Estas potencias no tenían ningún interés real en el territorio dominicano, sino tenerlo como base para sus defensas o para atacar a otras potencias, por eso el desenfrenado interés por la estratégica bahía de Samaná.

En el caso de los haitianos, ya que ellos sólo querían esa parte de la isla para evitar que cayera en manos de alguna de esas potencias y en caso de verse atacados, dar a Quisqueya como botín de guerra, en un eventual acuerdo de paz.

En este estado de efervescencia, intranquilidad e inestabilidad social, política y económica, así como los constantes cambios de gobernantes y el revanchismo político, el país pasó sus primeros trece años de vida republicana, hasta que el 7 de julio de 1857, estalló un movimiento en todo el Cibao, que es conocido en la historia dominicana como la Revolución de Julio y terminó con el derrocamiento del segundo gobierno de Buenaventura Báez y abriendo el camino para el tercer y último gobierno de Pedro Santana.

El proceso de la anexión a España fue largo, ya que se acompañó de proyectos y gestiones como las que encabezaron Buenaventura Báez en 1846 y 1857, Mella y Felipe Alfaú en 1853.

Ya para 1860 la anexión a España comienza a germinar, a raíz de una larga exposición que escribió Pedro Santana a la reina Isabel II.
En esa carta Santana fundamenta la solicitud, señalando entre otras cosas, que el hecho de tener el mismo origen, religión y costumbres “nos inclinan a desear encontrar esa estabilidad en una más perfecta unión con la que fue nuestra madre patria que la que existe y seguramente nos presentará mejor oportunidad que las que ofrecen hoy las circunstancias”.
Como resultado de esta solicitud, llegó a Santo Domingo el general español Gutiérrez de Rubalcaba para estudiar la situación y rendir un informe, el cual fue favorable a la petición de anexión y Santana procedió a someter las bases en que debía apoyarse la anexión, las cuales especificaban lo siguiente:

1)  El respeto a la libertad individual y al principio de no esclavitud.

2)  Que el territorio dominicano fuera considerado como una provincia española y como tal, disfrutará de los derechos correspondientes.

3)  La utilización del mayor número de hombres, especialmente los del ejército, que desde 1844 habían prestado importantes servicios a la patria.

4)  La amortización del papel moneda circulante, como una de las primeras
medidas.

5)  El reconocimiento y validez de los actos gubernamentales, ocurridos en el país desde 1844.

Al comenzar el año 1861, los anexionistas se apoyaban en todo tipo de excusas para simular sus propósitos y mientras por un lado justificaban ante el gobierno español que la anexión se haría “conforme a los deseos que siempre habían manifestado los dominicanos”, por el otro lado se desarrollaba una política represiva, tratando de ahogar en sangre, cárceles y deportaciones, todo tipo de protesta que iban surgiendo en el país, y también se buscaba y se obtenía al precio que fuera, adhesión de los jefes militares y de grupos y personalidades influyentes.

Se colocaron personas de extrema confianza en los puestos claves, se escribieron circulares a funcionarios civiles y militares, así como a los cónsules y representantes diplomáticos acreditados en el país y se puso en funcionamiento la maquinaria propagandística para comunicarle al país, que ya la anexión era una realidad.

Para las primeras horas de la mañana del 18 de marzo de 1861, Pedro Santana, el primero y último presidente de la que hasta entonces había sido la República Dominicana, convocó al “pueblo” a la plaza de la catedral, hoy parque Colón, para darle oficialmente la “gran noticia” y bajar la bandera dominicana, para izar el pabellón español y entre las proclamas y argumentos en el acto de entrega, Santana proclamó lo siguiente:

“España nos protege, su pabellón nos cubre, sus armas impondrán a los extraños, reconoce nuestras libertades; Y juntos las defenderemos, formando un solo pueblo, una sola familia, como siempre fuimos; Juntos nos presentaremos ante los altares que la madre patria erigiera”.

La vuelta a la situación colonial se puso de manifiesto no sólo con la reincorporación del territorio a España, sino con el establecimiento de viejas modalidades coloniales, tales como instauración de las instituciones jurídicas hispánicas, un clima inquisitorial y de intolerancia religiosa, el predominio de los peninsulares y los prejuicios raciales frente a los nativos, entre otras barbaridades.

Al producirse la anexión, Pedro Santana quedó como gobernador interino de la colonia, hasta que fue confirmado en el mando en mayo de 1861, cuando la reina Isabel II reconoció oficialmente el traspaso territorial y empezó a tomar decisiones en su readquirida colonia, mandando personal administrativo desde Cuba y Puerto Rico, pero antes se hicieron oír las protestas de países como Chile, Perú, Haití, Francia, Inglaterra, Venezuela, Alemania y Estados Unidos, entre otros.

El descontento de muchos nativos que se oponían a la anexión, nunca se apagó y por el contrario, todas las medidas y accionar de los españoles, contribuían a incrementar el sentimiento patrio y muy pronto comenzaron los focos de resistencia que luchaban por el retorno a la vida republicana, que con sus virtudes y defectos, garantizaba por lo menos un mínimo de libertades e igualdad entre los ciudadanos.

España en ningún momento cumplió con los acuerdos que fundamentaban la anexión y las medidas económicas y represivas en contra de la población, no sólo traspasó lo administrativo y militar, sino que también volvieron medidas esclavistas y raciales, donde hasta la Iglesia Católica desconocía a los sacerdotes dominicanos.

Se fueron desatando varios movimientos tendentes a expulsar a los españoles y restablecer la república, como el levantamiento en Moca dirigido por José Contreras, el movimiento de la Regeneración Dominicana y el asalto de Neyba, ocurrido en febrero de 1863, dirigido por Cayetano Velásquez, también el día 21 de febrero de ese mismo año, Santiago Rodríguez encabezó un movimiento que culminó con el levantamiento y toma de Guayubin, donde los dominicanos sorprendieron la guarnición española y convirtieron toda la región noroeste en un bastión importante de la resistencia, ya que lograron el levantamiento de varias comunidades.

El estado de sitio, los apresamientos y fusilamientos emprendidos por los españoles, acrecentaron aún más las luchas de los restauradores y el amanecer del 16 de agosto de 1863, fue fiel testigo del ataque a Santiago, por hombres encabezados por Benito Monción, Gaspar Polanco, Benigno Filomeno Rojas, Cayetano Germosén, Olegario Tenarez, Eugenio Miches y Gregorio Luperón, entre otros.

Mientras que otro grupo encabezado por Santiago Rodríguez, Pedro Antonio Pimentel, José Antonio Salcedo, Lucas Evangelista de Peña yFederico de Jesús García, entre otros, enarboló la insignia tricolor, símbolo del pabellón dominicano, en el cerro de Capotillo, en la hoy provincia de Dajabón.

El movimiento restaurador abarcó a todos los sectores en los diferentes aspectos sociales, políticos y militares, en los que también podemos destacar la ayuda económica y bélica, de países como Venezuela y Haití.

Para finales del año 1864, ya el movimiento restaurador abarcaba todo el territorio dominicano, bajo el criterio de que la República todavía existía y bajo la consigna de “Libertad o Muerte” y “Guerra a Muerte Contra el Colonialismo Español y los Traidores a la Patria”.

Al comenzar el año de 1865, Geffrard, el presidente de Haití, envió un comisionado para mediar en la guerra y en los intercambios de prisioneros, que ya se había iniciado entre comisionados españoles y restauradores, así como el acuartelamiento y ubicación de todas las tropas españolas.

El día 3 de marzo de 1865, el gobierno español emitió el “Real decreto” que determinó el abandono por parte de España, del territorio dominicano y anulando el pacto de anexión.

Las tropas españolas iniciaron el proceso de evacuación el día 10 de julio de 1865, iniciándose así la segunda república bajo el mando de Pedro Antonio Pimentel, quien había sustituido a la Junta Central Gubernativa, el primero de marzo.

Fuente: educando.edu.do