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Qué es el método Montessori en la educación de los niños

Todos podemos observar que el sistema de educación convencional tiene bastantes fallos que afectan al desarrollo intelectual de nuestros niños. Por eso, y ante la inmovilidad de la educación tradicional, cada vez más padres se plantean darle a sus hijos una educación alternativa.

Diferencias entre el método Montessori y el método tradicional

Existen varios métodos de educación alternativa y uno de los más reconocidos es el método Montessori, basado en la experiencia de la doctora María Montessori. Se trata de una educación diferente, más libre, que se adapta a las necesidades e inquietudes de cada niño favoreciendo tanto su aprendizaje como su autonomía. Descubrimos algunas ventajas del método Montessori.

El método Montessori se basa en la creencia de que cada niño puede aprender de forma espontánea todas la habilidades que requiere para su vida adulta. En los colegios Montessori los niños aprenden a escribir, a leer y a contar de una forma diferente a los colegios tradicionales, dejando que cada niño descubra esos conocimientos según se van desarrollando sus habilidades cognitivas y sin presión.

Como cada niño es diferente y tiene un ritmo diferente, el papel de los profesores del método Montessori también varía respecto a la educación convencional. El profesor observa y analiza a cada niño mientras el niño va descubriendo los conocimientos por sí mismo y le dirige hacia aquellas actividades que pueden potenciar su desarrollo de forma más natural.

No hay castigos, no hay competitividad entre los alumnos, sino respeto hacia el desarrollo individual. Por eso se trata de una educación más personalizada a pesar de que las aulas son compartidos por niños de todas las edades. Y mientras que el aprendizaje de los más pequeños se basa en el trabajo individual, ya en primaria se potencia más el aprendizaje en grupo.

Las ventajas del método Montessori en la educación de los niños

Este método alternativo de educación para niños encuentra numerosas ventajas. La más evidente es la actitud que toma el niño a la hora de ir al colegio. Mientras que en los colegios tradicionales los niños se toman el aprendizaje como una obligación y en ocasiones temerosos de no dar la talla, en los colegios Montessori los niños disfrutan aprendiendo a su propio ritmo.

Esta particularidad del método Montessori protege la autoestima de los niños enseñándoles desde la infancia que todos tenemos unas habilidades y que son esas las que tenemos que potenciar. Además, los niños Montessori aprenden en un entorno de libertad y de respeto que les ayudará en un futuro a incorporarse a la sociedad con todos los valores y garantías.

Pero uno de los valores más interesantes del método Montessori es la autonomía que proporciona a los niños. Desde el primer momento, el niño descubre el valor del esfuerzo personal y se acostumbra a su propia autodisciplina a la hora del aprendizaje. Sus logros y su trabajo se ve reconocido y recompensado y es cuando comprende que depende de sí mismo para seguir aprendiendo y avanzando. Sin duda, uno de los valores más importantes que le resultará de mucha ayuda en su vida adulta.

Fuente: guiainfantil.com

 

Enseña a tu hijo los límites de abrazar y besar a los demás

Es muy común que los padres le digan a sus hijos “saluda con un beso al tío”, “Dale un abrazo al abuelo”. Y suele suceder que muchas veces el niño no quiere, y los padres obligamos a nuestros hijos a hacerlo.
Los niños desde muy pequeños conocen el mundo a través del tacto. No es raro entonces que demuestren su afecto a través de besos, caricias, abrazos y contactos (y hasta algunas veces, mordiendo). Según los expertos, los niños que besan y abrazan a todo el mundo deberían conocer que existe un límite para ello.

Es muy lindo cuando los pequeños son cariñosos. Nos encanta que nuestros hijos nos llenan de abrazos y besos. Pero ¿qué pasa cuando esos besos y abrazos los reparten por doquier, a cualquier persona o compañerito de la guardería? Casi sin preguntar, con sus besos (a veces en la boca) y sus abrazos de ternura, sin darse cuenta de que a veces no están respetando el espacio del otro. Y eso, es algo que le debemos enseñar los padres.

 De acuerdo a Fatherly, y según el terapeuta familiar Dolan Del Vecchio, son los padres los que tienen que moldear el comportamiento de los niños y enseñarles a respetar al otro, y hacerles entender que los besos y abrazos, por más que sean demostraciones bonitas de afecto, no siempre deben darse en cualquier momento, lugar, ni mucho menos a cualquier persona sin preguntárselo. El terapeuta dice “Muchos padres no respetan los límites físicos propios de su hijo, y mucho menos los límites físicos entre marido y mujer. Los padres deben tener una idea de sus propios límites razonables entre sí, con otros adultos y con sus hijos, porque si no lo hacen sus hijos van a hacer lo que sea que hagan “.

Es decir, que si eres de tomar por la fuerza a tu hijo para besarlo y abrazarlo, aunque él grite que no quiere, entonces él o ella puede replicar esa conducta con sus compañeritos o compañeritas de la escuela.

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Pedir permiso antes de la demostración

Del Vechio quiere dejar en claro que, cuando un niño aún no domina el lenguaje, es normal que los niños agarren a otros y abracen y necesiten ser agarrados y abrazados por sus padres, pero conforme van creciendo, son los padres quienes mediante el lenguaje deben explicarle a sus hijos que no todos los amiguitos quieren ser besados efusivamente.

Está bien que los padres fomenten el abrazo de su hijo a un amigo del preescolar al encontrarse o al irse de la escuela, a modo de saludo de bienvenida y despedida. También está bien alentar a un niño a preguntar antes de abrazar y besar al amigo o amiga. Pero el terapeuta explica que lo que también es importante, es que el niño entienda que el problema no está en el afecto, sino en no pedir permiso.

Lo que se debe lograr es el equilibrio. Es decir, hacerle entender al niño que mostrar afecto está bien, pues es un valor en la amistad, pero que es fundamental el respeto al otro de su cuerpo y su espacio personal.

Por otra parte, enseñarle a los niños a no ser excesivamente afectuosos y demostrativos con cualquier persona los protege de los peligros que implica brindar demasiada confianza a un extraño. Asimismo, el terapeuta recomienda enseñar a los niños acerca de los nombres propios de las partes del cuerpo, así como la privacidad de las zonas íntimas y que nadie debe tocarlas bajo ningún punto de vista.

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Cómo enseñarle a un niño excesivamente cariñoso

  • Modelar los buenos límites personales, así como los límites físicos con amigos y otros miembros de la familia.
  • No reaccionar a las violaciones de límites con enojo sino con cordura.
  • Recordarles a los niños que es importante preguntar antes de abrazar y besar a alguien, y que se trata de respeto.
  • Estar atento a la enseñanza del peligro de besar a los extraños.
  • Ayudar a los niños a comprender con quién debe hablar si se lo toca de manera inapropiada.

Y al revés, también

Así como le enseñamos a nuestros hijos a no ser excesivamente afectuosos y demostrativos con sus amigos o personas desconocidas, es fundamental que los padres creemos conciencia acerca de cuántas veces los niños se sienten obligados a saludar a las personas que no quieren.

Es muy común que los padres le digan a sus hijos “saluda con un beso al tío”, “Dale un abrazo al abuelo”. Y suele suceder que muchas veces el niño no quiere, y los padres obligamos a nuestros hijos a hacerlo. Ello deja un doble mensaje oculto, pues el niño está aprendiendo que no es dueño de su cuerpo y que un adulto puede decirle qué es lo que debe hacer y a quién tiene que besar. No se trata de inculcar malos modales, sino de respetar la voluntad del niño y escuchar su voz interior que le dice que por algún motivo no quiere besar a ese adulto.

Fuente: vanguardia.com.mx

El respeto hacia los profesores

Los docentes son el colectivo más importante de nuestra sociedad. De ellos aprendemos el pasado, realizamos nuestro presente y nos moldean hacia el futuro. En épocas anteriores, muchos maestros ejercían una autoridad casi absoluta.  En muchas áreas sustituían a los padres.

En los últimos años se ha experimentado una decadencia muy alarmante en el grado de respeto y seriedad con que los alumnos tratan a sus maestros.  Por muchas razones,  les ven de igual a igual y, respaldados por algunas leyes mal interpretadas de protección al menor, se comportan de forma apabullante, indisciplinada y muy irrespetuosa hacia el colectivo docente.

Sencillas recomendaciones pueden sernos de utilidad para incentivar una mejor comprensión de la función del maestro:

– Cada cual debe permanecer en su lugar. Los alumnos son alumnos y los docentes son docentes. Las funciones y límites deben estar bien definidos para evitar confusiones.

– El maestro debe estar en contacto permanente con las familias.  De esta manera,  habrá un intercambio de información con respecto al desempeño estudiantil y sobre la actitud del alumno.

– Toda falta de respeto, tanto por parte de alumnos como por parte de docentes, debe ser bien sancionada por la directiva del centro. Esto mantendrá la sensación de justicia y calmará los ánimos.

– Los profesores deben estar unidos, tanto para organizar actividades de integración con el alumnado como para respaldar acciones que impliquen proteger a cualquier compañero.

– Intenta tener toda la información posible de los alumnos conflictivos. Esto permitirá adoptar las medidas pedagógicas necesarias para dominar situaciones problemáticas dentro y fuera del aula.

– Incentivar climas de trabajo donde la tolerancia, el respeto y la armonía sean el motor que impulse todo tipo de actividades.

– El nombramiento de delegados estudiantiles es muy importante para motivar al diálogo ante cualquier petición que se quiera hacer por parte de los alumnos.

– La creación de aulas de reeducación puede ayudar a la mejor convivencia estudiantil. El trabajo coordinado con las Asociación de Padres puede ser de gran apoyo.

La violencia escolar es un tema que está sonando cada vez más fuerte en nuestras escuelas.  Las influencias que ejercen los medios de comunicación, videojuegos, etc, están marcando una nueva forma (agresiva) de resolver los problemas y esto se está viendo reflejado en los ambientes educativos.

A los padres y maestros se les está escapando de las manos el mantener líneas de autoridad y respeto.  Las nuevas corrientes de pedagogía les recomiendan ponerse al nivel de los niños y jóvenes y así ganarse su confianza, pero lo que está sucediendo, en muchos casos, es que estas mentes inmaduras no están capacitadas para sobrellevar esta relación de igualdad, produciéndose la consecuente pérdida de respeto.

Por lo tanto,  es un reto constante el mantener la disciplina en un clima de confianza claro y consistente con los fines propios de la educación.

Fuente: cosasdeeducacion.es

El valor de enseñar a los niños a decir “por favor”, “gracias” o “buenos días”

Debemos enseñar a los niños que las palabras por favor y gracias les pueden abrir muchas puertas, y que el respeto a los que les rodean es fundamental para ser igualmente respetados.

El valor de dar las “gracias”, de tratar con respeto el alma del otro, el hacer uso del “por favor” en nuestras demandas o interacciones con aquellos que nos rodean es un acto de nobleza que merece la pena transmitir a los más pequeños.

Es muy posible que tú mismo seas “de esa generación”, de aquella a la que le enseñaron con firmeza que a las personas se les respeta, y que es necesario tratar con cariño para, a su vez, ser tratado también con reconocimiento.

Es esencial fomentar también este tipo de costumbres en nuestros hijos para que en su día a día no solo den ejemplo, sino que propicien entornos sociales más respetuosos y poder crear así, un mañana más íntegro.

El poder de dar las gracias, un acto que transmitir a nuestros hijos

Dar las gracias, decir buenos días o pedir las cosas por favor no es solo un acto de cortesía.

Lo creamos o no, es una forma de conseguir que nuestros niños piensen y pasen de ese egocentrismo habitual de la infancia temprana a ese reconocimiento del otro y de sus necesidades. Algo que debe acontecer ya a partir de los 6 años.

El desarrollo moral en los niños

Uno de los autores más conocidos a la hora de hablar del desarrollo moral de los niños fue sin duda Lawrence Kohlberg.

Cabe decir, eso sí, que pueden existir muchas diferencias de niño a niño, e incluso de hermano a hermano, pero lo habitual es seguir este desarrollo en lo que se refiere a la toma de conciencia del respeto, de las normas y el reconocimiento del otro.

  • Durante la primera infancia, entre los 2 y los 5 años, el niño se rige solo por los premios y los castigos. Entiende que hay normas impuestas que hay que obedecer para ganar afecto y para evitar posibles regañinas o castigos.
  • En la segunda infancia acontece, sin duda, la edad de oro. Entre los 6 y los 9 años se deja a un lado ese egocentrismo individualista de forma gradual.
 De modo que, entre los 8 o los 10 años, el niño ya es capaz de entender ese bien común, ese respeto que ofrecer a los demás y que revierte en uno mismo.
  • Es habitual que en estas edades salgan en defensa de sus amigos, de sus hermanos, que tomen conciencia no solo de lo que es justo de forma individual.

Poco a poco, y más llegada ya la adolescencia, desarrollarán una “justicia propia”, siendo críticos ya ante determinadas cosas que consideran poco respetuosas o injustas.

Gestos de cortesía para permitirles conectar mejor con el mundo

Cuando alguien ofrece a un niño de cuatro años un regalo, es común que los padres le indiquen aquello de “¿Qué se dice ahora?”, a lo cual, el niño, casi a regañadientes y en voz baja, diga eso otro de “Gracias”.

  • No importa si hemos de repetírselo muchas veces: llegará un momento en que no solo lo automatice, sino que se dé cuenta de lo que consigue.
  • Cuando pide “por favor” las cosas en clase, puede descubrir que un compañero se las ofrece con una sonrisa. A su vez, al decir “gracias”, el otro niño le responderá con agrado.

Todo ello propicia poderosas conexiones basadas en las emociones positivas.

  • Este tránsito entre dar las gracias de forma obligada hasta que el propio niño lo hace con espontaneidad y con agrado es un proceso maravilloso que revertirá en su vida.

Porque los gestos positivos ofrecen calidez, y tratar con respeto a los demás hace las cosas más fáciles.

Fuente: mejorconsalud.com

Aprender con los hijos

Andrea Teanni Cuesta

Un artículo publicado recientemente revela lo difícil que se hace la comunicación hoy día entre padres e hijos. Para lograr su cometido el autor se vale de una anécdota que cuenta una historia de incomunicación, tristeza y frustración. A consecuencia de esto, él mismo ofrece a los padres una serie de consejos que podrían revertir la situación en oportunidad para orientar a los hijos por medio de la comprensión y aprender junto con ellos.  Dichos consejos están compuestos por actitudes y emociones  que involucran tanto a los padres como a los hijos. Establecen una relación causa efecto, dicho de otra manera, de acciones por parte de los padres que generan reacciones en los hijos.

Los primeros tres consejos están dirigidos a cambiar la forma de comunicación habitual. Tal es el caso de hablar de forma positiva en vez de negativa, lo que genera seguridad en los niños y  debilita la resistencia a escuchar a sus padres. Otro cambio consiste en cambiar la segunda persona por la primera, una vez el padre o la madre  recalca su actitud y no la del niño, este se muestra más receptivo a los reclamos, se evita que el hijo se sienta culpable,  se aísle, y más importante aún, se establece una forma de reclamar con respeto. El último, relacionado con el habla, está orientado a que los padres motiven a los hijos a darle nombre a sus emociones, no soslayar lo que están sintiendo a causa de motivos determinados, sino reconocer que algo malo les sucede; de esta manera los preparan para hacer frente a problemas futuros de cualquier ámbito de sus vidas.

El resto de los consejos están vinculados a la escucha. Escuchar a los hijos sin imponer su criterio y a la vez pedirles que hagan propuestas, repercutirá en que estos sientan el compromiso de cumplir con sus promesas y que desarrollen el sentido de responsabilidad para toda su vida. El otro consejo está vinculado a la escucha de los hijos en la primera infancia. Por ejemplo, si las madres dan nombre a las acciones y sentimientos en esta etapa de sus vidas, los bebés se acostumbrarán a la escucha y les facilitará la comunicación en su vida adulta.

Finalmente, se puede afirmar que el texto de referencia constituye una guía bastante didáctica para los padres. Aunque en muchos casos no sería tan fácil de asumir, debido a que los motiva a deponer actitudes de poder, no solo practicados por mucho tiempo, sino que fueron formados por ellas.

En otro orden, la propuesta sobre aprender puede parecer un tanto controversial frente a la creencia de los padres de que sus años y experiencia son suficientes para educar a sus hijos. Así que la idea de seguir aprendiendo y que los hijos tienen mucho que  enseñarles, puesto que estos viven en una época nueva que trae consigo nuevos paradigmas, a muchos les costará un gran tiempo y esfuerzo asumir.

No obstante a esto, el texto es valioso para los padres. Los cambios propuestos son muy útiles para los hijos de una sociedad  en la que los padres y maestros ya no son las únicas fuentes de información. Pero lo que sí es cierto, es que de cualquier forma la palabra y la comunicación siguen siendo la sabia de las relaciones entre padres e hijos.

El texto Aprender con los hijos fue publicado en la sección En armonía de la revista selecciones.com, por Julio Belvione.

Cómo enseñar a los niños a cuidar de nuestro planeta

Vilma Medina

Ayer me encontré a una amiga que estaba yendo con su hija a comprar una flor para que hoy la niña llevara al colegio. Con la flor iban a decorar un enorme cartel para celebrar el Día de la Tierra.

Hace años, yo me acuerdo que mi profesora nos pedía dibujos y poesías que reflejasen la necesidad de respetar y cuidar del medio ambiente. Me parece una forma efectiva para abrir los ojos de los niños a las riquezas, como también a las carencias del planeta.

Sin embargo, creo que una conciencia común sobre los problemas de la contaminación, de la conservación de la biodiversidad, y otras preocupaciones ambientales, no se despierta solo en un día, es necesario enseñar e inculcar en nuestros hijos la necesidad de cuidar y respetar el planeta desde que son muy pequeños, y día tras día, tanto en casa como en el colegio.

El 22 de abril, en muchos países se celebra el Día de la Tierra. Aprovechemos la festividad para enseñar a los niños que la buena salud de la Tierra depende mucho de nuestras actitudes frente al medio ambiente.

Cómo enseñar a los niños a respetar el Medio Ambiente

Es necesario que los niños adquieran hábitos positivos en lo que se refiere a la naturaleza, como por ejemplo:

– No ensuciar ni contaminar los ríos, lagos, embalses, campos, montañas,… No echar basura al suelo.

– Utilizar el agua con moderación, tanto en la hora del baño, o de lavar las manos, etc.

– No hacer daño a los árboles, ni a los animales. Es necesario respetar el bien común.

– Reciclar y reutilizar lo que ya no nos sirve, en lugar de desechar. Los niños pueden transformar un simple tarro o envase de algún producto, en un juguete, etc. Debemos enseñar a los niños la importancia de reciclar.

– Tener respeto y contacto con la naturaleza, para conocer sus cualidades.

– Plantar, sembrar, irrigar y cuidar de la tierra, ni que sea en un huerto casero.

– Visitar bosques, granjas, jardines botánicos…

– Ver, siempre que sea posible, vídeos sobre la vida en los mares, montañas, etc. Es imprescindible que los niños aprendan, de una forma natural y divertida, el valor que tiene el agua, la tierra, el aire…

Como profesores y padres, ejercemos un importante papel en este sentido. Debemos, sobretodo, dar ejemplos. Los niños nos imitan en lo bueno y en lo malo. Jamás hay que ‘bajar la guardia’ en este sentido.

Fuente: GuiaInfantil.com

 

Beneficios del contacto con la naturaleza en niños

Descubre los beneficios de que tu pequeño disfrute de todo tipo de ambientes naturales.

Muchos recordaremos cuando éramos niños y como nos encantaba ir a jugar debajo de la lluvia, saltar charcos, jugar con tierra y trepar árboles. La naturaleza nos brindaba mucha diversión a pesar de que, llegando a casa, nuestros padres seguramente nos llamarían la atención.

De niños tal vez no lo hubiéramos creído, pero también nuestros papás, y los papás de nuestros papás, se empapaban en las calles, hacían pasteles de lodo e iban jugando a tener aventuras en los parques llenos de mugre y humedad.

El contacto de los niños con el ambiente es algo más natural de lo que podemos imaginar, incluso tiene su lado antropológico: dentro de nosotros hay rasgos que nos llaman a convivir con la naturaleza plenamente. De ahí que a muchos nos agrade andar descalza en el pasto, sumergirnos en un lago o tomar agua de lluvia.

Esta relación con la naturaleza tiene muchos beneficios para nuestro organismo, especialmente cuando somos niños: nos hace sentir conectados con nuestro entorno, nos genera tranquilidad y armonía.

Además, es una forma de generar defensas en el cuerpo: jugar con tierra y agua nos hace más resistentes a los virus y bacterias. Es como si nuestro cuerpo, de manera inconsciente, buscara aquello que necesitamos para terminarnos de desarrollar y fortalecer.

Por si fuera poco, los niños que están en contacto con la naturaleza son más responsables y respetuosos con su entorno: generan conciencia sobre el cuidado del ambiente, valoran más los pequeños detalles y son menos propensos a desarrollar adicciones como el tabaquismo.

Y sin duda, los pequeños amantes de la naturaleza serán más propensos y hábiles para desarrollar algún deporte, lo que les ayudará en su desarrollo físico, mental y emocional.

Permite que tu pequeño disfrute plenamente de su entorno, siempre y cuando no sea enfermizo o tenga alguna alergia. Si no lo sabes, su cuerpo lo irá desvelando poco a poco mientras esté en contacto con la naturaleza. Él aprenderá mucho de sí mismo

www.padresehijos.com

Ideas para mejorar la autoestima de tus hijos

Tengo dos hijas, dos pequeñas terremoto que son tan distintas,  digo que se parecen en los apellidos y en el blanco de los ojos. Pero descubrí algo más que tienen en común: necesitan trabajar la autoestima, por distintos motivos.

La pequeña porque quiere hacer cosas y la motricidad no la acompaña. Se frustra, se desespera, y no lo intenta más hasta que se olvida que no lo sabía hacer. Y por favor que nadie le diga que no sabe hacer algo o lo hace mal, porque entonces su autoestima se destruye como castillo de naipes y le cuesta mucho recuperarla. Nosotros nunca le decimos nada así, pero cuando enfada con su hermana…ahi ella sí le dice, y ella llora con una pena…y como su hermana, obviamente se va a encontrar con compañeros que también se lo digan.

Y la mayor porque así es ella, porque hace muchas cosas bien pero es perfeccionista y siempre quiere ser mejor. Y aun así, no se cree que lo hizo bien. Y ella siente que sencillamente no destaca, y que nadie se da cuenta que hace bien las cosas.
Así que me he propuesto trabajar la autoestima, algo que creo que es importante sembrar. Empecé con uno de los retos de Edukame, y busqué información sobre cómo trabajarla. Como creo que trabajar la autoestima y ver resultados son más de los días que dura el reto, os voy a dejar algunas ideas que he aprendido, algunas de las cuales ya hago, y en unos meses más cuento cómo nos ha ido y a ver si se ven resultados!

Ideas para mejorar la autoestima

Dejar mensajes positivos escondidos para que los niños (y los adultos) los encuentren a lo largo del día

Dedicarles tiempo en exclusiva

Colocarse frente a un espejo para hablar de lo que más nos gusta de nosotros mismos, y lo que menos


Sobre este punto os cuento una actividad que hago yo, un poco parecida. Hay varias formas de ponerlo en práctica, cada uno puede adaptar la suya.

Decir “te quiero”, y las cosas que nos gustan de los niños, como por ejemplo “me gusta tu sonrisa”.

Creo que este punto no se nos debería olvidar nunca. Decir te quiero es importante, pero también decirles, sin motivo especial, lo que nos gusta de ellos: su forma de ser, sus ojos, sus sonrisa, su valentía, su risa…infinidad de cosas que nos gustan y que, a lo mejor se las decimos a los demás o las escribimos, pero también hay que decirlas a los protagonistas.

No compararlos, ni entre hermanos ni con otros niños
Corregir siempre en positivo, reconociendo sus sentimientos

Elogios reales y concretos: “has combinado muy bien los colores del dibujo”. Decir muy bien cuando nos muestran un dibujo, o hacen la voltereta, les da nuestra aprobación pero no les está diciendo lo que hacen bien. Si les contamos qué hacen bien, como vestirse solos, abrocharse los zapatos, pintar sin salirse, son elogios concretos.

Transmitirles el poder de superación, confiar en sus posibilidades

Si nosotros les decimos y mostramos confiar en sus posibilidades, ellos van a terminar creyendo también en si mismos. Por ejemplo, si están intentando hacer la voltereta y no lo consiguen, transmitirles que confiamos en ellos y que podrán hacerla con un poco más de práctica, les ayuda a confiar y seguir intentando.

Explicarles que todos hacemos cosas bien, pero también hay cosas que no nos salen tan bien
Hacer desaparecer las etiquetas negativas (que es lento, bruto, etc…) y tampoco abusar de las positivas

El tema de las etiquetas positivas es porque no es lo mismos decirles “eres listo” pues no comprenden porqué lo son, que elogiar su comportamiento, las cosas que hace bien “qué bien haces las tareas”

Felicitarles por los avances: cuando aprenden a vestirse solos, a escribir su primera palabra

Cuando logramos algo nuevo, siempre viene bien que nos feliciten por ello ¿no? la pequeña hace pocos días, jugando con unas letras, logró montar su nombre ella sola. Y al darme cuenta la felicité. Me gusta que sepa que reconozco las cosas nuevas que aprende.

Darles pequeñas responsabilidades, acordes a su edad

En mi caso, les dejo llevar las llaves de casa cuando estamos en un lugar conocido, y últimamente (y supervisando de reojo) dejo que la mayor vigile a la pequeña mientras ésta se baña.

Tener un bote positivo: donde dejamos unos papeles con cosas buenas que hemos hecho cada día

Esta actividad la hicimos al final del curso pasado, pues terremoto mayor le tenía mucho cariño a sus profesoras y, al pasar a primaria, sabía que ya no vería a su hermana tanto como los años anteriores que compartían espacios escolares. Así que llenamos un bote con las actividades que recordaba con felicidad del curso y los guardamos para leerlos cuando lo echara de menos.

Además de estas ideas y otras que hay en el reto, una de las cosas que hago es algo parecido a lo que proponen en este  juego, cuando por ejemplo a una de mis hijas le dice fea un/a amigo/a, le pongo un espejo delante y le pregunto ¿qué ves? cuando contestan “a mí”, le pregunto “¿y te ves fea?” y siempre me contestan que no. A lo que añado “da igual lo que digan los demás, lo importante es lo que tú sabes que hay al otro lado del espejo” No sé si servirá o no, pero por ejemplo, como contaba hace unos días por twitter, el padre de las criaturas le dice a modo de apodo cariñoso “gorda” a la más pequeña (algo que es muy común escuchar por aquí) y ella le contestó:

“Papá, no soy gorda”

“Lo sé hija, es algo cariñoso que se dice, ya sé que no eres gorda”

“Ya papá, pero a mi nadie me llama gorda ya.

 

Bravo por ella, ojalá siempre tenga las cosas tan claras. Siempre,  siempre, le digan lo que le digan. Espero contarles pronto de los frutos de implementar las ideas de este reto.

Fuente: padres.facilisimo.com

 “En esa estrella está mamá”

Pilar Álvarez

Al anochecer, tía y sobrina salen al patio a mirar las estrellas. Una sola, en realidad. “En esa estrella está mamá”, le dice Pilar a la niña.

-¿Le habrán dado bien de comer allí?- pregunta la pequeña.

-Claro, cariño.

Los psicólogos le recomendaron que le dijera la verdad adaptada a sus cuatro años de edad: mamá se ha ido para siempre.

Cristina Martín-Tesorero Contento, de 38 años, fue asesinada por su marido el 5 de febrero en la casa familiar de Mora (Toledo), un pueblo con 10.315 habitantes que vive del olivo y que se ha volcado con los homenajes a su vecina. Llevaba más de 20 años luchando contra la consecuencia de la primera operación a la que se sometió después de que le detectaran el síndrome de Meniere, una enfermedad rara que empezó a sufrir de adolescente. Por las complicaciones de aquella primera visita al quirófano acabó en una silla de ruedas. Y además tenía hipersensibilidad en el lado izquierdo del cuerpo.

Conforme avanzó la enfermedad le dijeron que no volvería a andar, pero no se resignó y consiguió levantarse de nuevo. La habían operado decenas de veces para colocarle distintos implantes. Algunas de esas intervenciones duraron más de 10 horas. Su familia perdió la cuenta de las veces que entró en quirófano. “Cuando llevábamos 33 operaciones, dejamos de contar”, dice Pilar, su hermana mayor, una ingeniera de 45 años que dejó su trabajo en Madrid cuando su madre enfermó de cáncer y volvió a casa a cuidar de los suyos. Está sentada en el salón de la casa, al lado del sillón en el que dormía su hermana, junto a un aparador marrón plagado de fotos de Cristina: sonriente, con el traje de novia, con su niña, con los ojos azules mirando a cámara. Pilar y Vicenta visten de negro. Tobías, como ellas, tiene la mirada encogida de llorar.

Ha pasado muy poco tiempo. Aún hablan de ella en presente. Aún se sobresaltan cuando llega una de sus horas de medicación. Comía como un pajarillo, apenas algo de pollo cocido sin nada de sabor. La sal la tenía prohibida. Las visitas al hospital Gregorio Marañón de Madrid, donde están los especialistas que la trataban, eran continuas. “Soy vuestro conejillo de indias”, les decía con una carcajada cada vez que probaban un tratamiento nuevo. Tenía mucho sentido del humor. Se reía porque “pitaría en el aeropuerto” después de que le colocaran uno de los implantes. Y tenía también mucho carácter. “Con la mala leche que tienes volverás a andar”, le decían de broma sus médicos.

La familia pasa del llanto a la risa gracias al hijo de Pilar, un bebé de 17 meses que corretea por el salón ajeno a lo que ha pasado. “Menos mal que los tenemos a ellos”, dice Tobías. El bebé y la niña. “Hemos querido hablar de Cristina por su hija, para que tenga un bonito recuerdo de su madre. No olvides poner que era una luchadora”, pide Pilar.

De él, de su presunto asesino, prefieren contar poco. A la niña le han dicho que se ha ido “muy, muy lejos” por no explicarle aún que está en la cárcel de Ocaña. Pilar fue al colegio a pedir que la cuidaran de comentarios. Pero la niña volvió un día a casa contando que su padre le había clavado un cuchillo a su mamá.

Aquel domingo, después de comer todos juntos, estaban en casa la abuela, Cristina, su marido y el hijo de Pilar. Tobías, Pilar y la niña se habían ido a Madrid a comprar una sillita para el coche. Rafa, el marido, llevaba a sus 43 años más de dos años sin trabajar, con “depresión”. Se habían conocido por internet. Cristina, que casi no salía de casa, comenzó a hacer amigos en la red y se enamoraron. Rafa venía de Canarias. Se mudó al pueblo hace 12 años. Lo aceptaron como a un hijo y empezó a trabajar en la empresa familiar, una distribuidora de cerveza que Tobías tuvo que retomar tras jubilarse después de que su yerno dejara el negocio de lado y se encerrara día tras día en su habitación. No habían puesto ninguna denuncia, aunque Cristina llamó una vez al 016 para pedir ayuda después de que la insultara y la amenazara. Y la familia había consultado para intentar ingresarlo. “Temíamos por él. Nunca pensamos que pudiera pasar nada así”, dice su padre.

A Cristina Martín-Tesorero le encantaba tener la casa llena de gente. Sus primos la visitaban para las fiestas de cumpleaños, que se celebraban allí. “A pesar de las dificultades nunca perdió su gran sonrisa”, escribe uno de ellos. “Recuerdo el verano que, de niños, nos dedicamos a componer canciones”, relata otro en los mensajes que ha recogido Pilar. “Recuerdo la alegría que me produjo verla avanzar vacilante por el salón”, añade un tercero. En la casa de planta baja y sin barreras, que los padres construyeron para ella y su marido, acabaron viviendo todos para cuidar de Cristina, para atender a Vicenta.

Cristina adoraba a su hija. La tuvieron por vientre de alquiler en Estados Unidos. Nunca se perdía sus funciones en el colegio y cada noche era ella la que se acercaba a su cama a leerle un cuento. Siempre le encantó leer.

La niña también cuidaba mucho de su madre. Por eso ahora le preocupa si comerá bien en el cielo. Al anochecer salen a hablar con su estrella. “Pero no hay que llorar, tía. Yo no lloro, yo soy muy machota”.

Fuente: politica.elpais.com/