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¿Tienen los profesores tantas vacaciones como pensamos?

Si quieres tocarle las narices a un profesor, no hay nada mejor que sacar a colación sus “tres meses de vacaciones”. No hace falta ni siquiera añadir el clásico “¡qué bien vivís!” o la coletilla “y luego os quejáis”. Con eso suele ser más que suficiente para echar sal a una herida mucho más profunda, la del progresivo desprestigio de los profesores que tiene en esta apelación a su supuesta vaguería una de sus expresiones más extendidas. Tanto, que Esperanza Aguirre, en su día, ya recordó a los profesores ante sus reivindicaciones salariales que “la mayoría de madrileños trabajan más de 20 horas”, dando a entender que la jornada semanal de los docentes era de 16.

Parece una tendencia global. En Argentina, Cristina Fernández de Kirchner también se refirió a “las jornadas laborales de cuatro horas y tres meses de vacaciones”. El vídeo bien puede ser utilizado como tortura para los docentes aplicado como el Tratamiento Ludovico de ‘La naranja mecánica’. Como cualquiera de ellos explicaría, se trata del error de confundir la jornada lectiva en la que dan clase a los alumnos con la jornada laboral completa (que es de 37,5 horas). De igual manera que nadie diría que un abogado solo trabaja las horas que pasa en un tribunal, los profesores dedican el resto de su jornada a otras actividades, desde recibir a padres hasta corregir exámenes, pasando por claustros o guardias.

Si hiciéramos una huelga de celo y solo trabajáramos lo que nos corresponde, no habría exámenes corregidos ni notas puestas

“Que a mí me expliquen donde están los tres meses, porque a mí no me salen las cuentas”, matiza otra profesora cuando saco a la palestra esta argumentación. Supongo, respondo, que es la suma de los dos meses estivales con Navidad y Semana Santa. Pero julio no es un mes vacacional, aunque no haya clases. Como me recuerda otro profesor de la pública, Luis, tienen que estar disponibles todo el mes (“para temas de actas, oposiciones, reclamaciones, recursos…”) y personarse en un plazo máximo de 48 horas. Y eso sin tener en cuenta los que son despedidos en verano y cobran paro esos dos meses, algo habitual en la privada. El profesor propone darle la vuelta a la tortilla: “Si hiciéramos una huelga de celo y solo trabajáramos lo que nos corresponde, no habría exámenes corregidos, ni notas puestas, ni alumnos evaluados”. Es, además, una manera de compensar el hecho de que los profesores cobren como funcionarios del grupo A menos que otros compañeros de similar categoría, como me recuerda Elías, otro profesor.

Las vacaciones son para el verano

Pongámonos ahora en otro supuesto, en el cual, efectivamente, los profesores recogen los bártulos el 21 de junio a las tres de la tarde, el colegio echa el cierre hasta septiembre, y el cuerpo de docentes en su conjunto tiene más de dos meses para ver las nubes pasar. ¿Cuál es exactamente el problema, más allá de la envidia consustancial de la que los funcionarios también han sido víctimas? ¿No se trata, en todo caso, de una aspiración legítima siempre y cuando uno no sea un ‘workaholic’? ¿Nos parece mal que un adulto (probablemente con hijos) pueda tener tiempo libre durante el verano o nos parece mal porque nosotros no lo tenemos y preferimos el “mal de muchos”?

El problema es que el colegio se ha convertido en una guardería que, para más inri, no ofrece sus servicios durante todo el año

En otras palabras: ¿no se trata de otro signo más de que nos hemos obligado a aceptar jornadas leoninas, una existencia hiperconectada al trabajo durante 24 horas al día los siete días a la semana, y que pretendemos que el resto haga lo mismo? El verano era tradicionalmente la época del año dedicada a los niños, la del retorno al pueblo (a los abuelos, a los tíos, a los primos, los amigos…) y al reencuentro con los padres que habían pasado el resto del año trabajando. Una época familiar por antonomasia que conformaba recuerdos imborrables y que ha terminado por convertirse en un quebradero de cabeza, especialmente en los hogares donde los dos miembros de la familia trabajan.

Al final, la guerra discursiva contra los profesores en realidad no es más que el síntoma de un problema más profundo, el de la conciliación laboral. O, en otras palabras, qué hacemos con los niños cuando no están en el colegio. Hace un par de semanas, padres furiosos protestaron por que la Escuela Primaria Danemill cerrase sus puertas los viernes al mediodía, básicamente, porque les obligaba a ir a recoger a sus hijos antes. A lo largo del año, los niños ven sus agendas llenas de clases extraescolares, deportes e idiomas con el objetivo, en parte, de tenerlos entretenidos hasta que los padres puedan volver al hogar después de haber hecho un buen puñado de horas extra (no remuneradas) para sus empresas.

¿A qué se dedican los profesores cuando no están en el aula? (iStock)

¿A qué se dedican los profesores cuando no están en el aula? (iStock)

El verdadero problema de los profesores o, mejor dicho, de los colegios es que sus horarios no encajan con la jornada laboral de los trabajadores, que se ven obligados a buscar alternativas durante los meses de verano. “A lo mejor debe ser la sociedad la que se adapte al calendario escolar, no la docencia la que se adapte a los padres”, me dice Luis. “Ahí está el centro de la cuestión para mí; deben ser los padres los que luchen por sus derechos, no hacer que el resto pierda los suyos”. Pero probablemente resulta más cómodo (y catártico) intentar que se extienda el modelo “colegio-como-guardería” a los meses de verano que dar la vuelta a un modelo de explotación laboral que parece global e irreversible y, lo que es peor, en muchos casos es interiorizado como forma imprescindible de sobrevivir o medrar en tu carrera profesional.

Pídele cuentas al rey

El profesor se convierte, así, en el chivo expiatorio de los problemas causados por las dificultades de conciliación laboral, de igual manera que el trabajador de un ‘call center’ tiene que tragarse las broncas de los clientes insatisfechos con el servicio. Si hay algo que está claro, es que, si eres el eslabón más débil, no puedes tener ningún aparente privilegio. “Quizá el problema aquí es que el empresario medio español emprendedor quiere que curres 15 horas y te olvides de que tienes una familia”, sugiere de nuevo Luis. Así, los colegios han terminado diversificándose como un lugar donde dejar a los niños mientras que las empresas se han lavado las manos respecto a las soluciones.

Es cada vez más habitual que un sector profesional reciba las iras del resto de la sociedad sin que a nadie se le ocurra reclamar a sus superiores

Hay parches más o menos útiles, claro, que pasan por promover y financiar medidas de conciliación que no hagan recaer en el sistema docente y sus profesionales unas tareas que en sí no les corresponden. Luis recuerda que en su barrio las bibliotecas organizan a través del Ayuntamiento campamentos diurnos, y que en los países nórdicos, “si tu hijo está malo, ese día no vas a trabajar y no pasa nada; si debe irse del colegio, sales de trabajar y no pasa nada; si tienes que ir a una reunión del colegio, la empresa te pone todas las ventajas para que acudas sin problemas”. Asociaciones de padres españoles han pedido la regulación del derecho para acudir a reuniones con el tutor de los hijos en horario laboral. “Si su reivindicación es que haya medidas sociales orientadas a que puedan estar tutelados durante la parte de sus vacaciones que no comparten con sus tutores legales, una vez más, estaré luchando con los padres”, añade Elías.

Mientras tanto, asistimos a otra batalla en una guerra que cada día nos suena más: la de un sector profesional contra otro, la del trabajador contra el trabajador, que consideran que la única medida posible es la de igualar a todos por lo bajo. A día de hoy, parece mucho más plausible que los profesores terminen dando clase hasta el 31 de julio, para que los padres puedan seguir trabajado desde el amanecer hasta la noche sin tener que romperse la cabeza con qué hacer con ellos, que se obligue a las empresas a flexibilizar sus horarios e incentivar la conciliación (de verdad, no utilizándola como un arma para contratar solo a personas sin cargas familiares). La próxima vez que sienta envidia por los tres meses de vacaciones del profesor de su hijo, dedique de paso unos segundos a saber qué van hacer este verano sus superiores… y durante cuánto tiempo.

Fuente: blogs.elconfidencial.com

El reto de los profesores de América Latina: pasar del cuaderno a las ‘apps’

Entre los obstáculos para la educación 2.0. en la región está mejorar la conectividad, según un estudio de la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura

Hace tan sólo una década el maestro nicaragüense Reynaldo Maradiaga, no había tocado un ordenador. Entonces, todavía rondando la treintena, ya pensaba que se escapaba de sus posibilidades, pero el aprendizaje del uso de las nuevas tecnologías le abrió una forma nueva de acercarse a sus alumnos del Colegio Público Benjamín Zeledón, en Managua. De ser un maestro convencional ha pasado compartir con sus alumnos videos en Youtube, administrar grupos sobre literatura en Facebook y trabajar con aplicaciones para que los estudiantes puedan contestar ejercicios de lengua y gramática. “Estamos trabajando con lo que más le gusta al estudiante”, ha asegurado Maradiaga, que ha viajado a Madrid para compartir su experiencia y recibir formación con otros profesores de siete países en la sede Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI).

Su testimonio forma parte de las experiencias positivas de la inclusión de las TIC (Tecnologías de Información y Comunicación) en los sistemas educativos en América Latina, una región que aunque en la última década ha avanzado la incorporación de estos recursos en las aulas, todavía enfrenta algunos desafíos como la conectividad, según un estudio presentado esta semana por la institución. La OEI ha evaluado el uso de las TICS en 144 colegios en Ecuador, El Salvador, Guatemala, México, Nicaragua, Panamá y Uruguay. En el estudio –que analiza los datos de 2016- han participado más de 540 directores y 2.300 profesores que forman parte del programa “Aulas Fundación Telefónica”, un proyecto puesto en marcha en 2009 que suele ir de la mano con los gobiernos locales para dotar de material y dar formación a docentes en escuelas públicas con el fin de reducir la brecha digital.

Entre los avances destacan que el 77% de los profesores de los centros que han participado en el estudio utilizan al menos una vez al mes un ordenador en clase para que sus alumnos consulten Internet. Sin embargo, aunque el 80% de los centros consultados tienen Internet de banda ancha, la mitad de los profesores lamenta que la conexión es intermitente o “casi nunca” funciona. “En mi país el Gobierno ha asimilado esto de la tecnología y en mi escuela hay tres redes (de acceso a internet)”, apunta Maradiaga, pero la realidad no es igual en todos los países.

El maestro nicaragüense, de 44 años, imparte clase de Literatura y Lengua a adolescentes de entre 11 y 17 años para los que diseña aplicaciones sencillas con el programa AppsGeyser, en función de las necesidades de sus alumnos. Maradiaga considera que utilizar ordenadores e incluso el móvil en las aula ha sido positivo y ha tenido un impacto en “la retención, la buena disciplina, ha elevado los índices de aprobación porque los estudiantes están animados, no están viendo papeles, escribiendo tanto. Eso ayuda”. Por su cuenta ha continuado formándose, incluso le han pedido que instruya a otros profesores de la escuela, algo que hace de forma puntual porque lo que le gusta es seguir enseñando en el aula. “Mi ramo es español, si me equivoco es en español no en computación”, dice.

De aprendiz a maestra de maestros

Quien sí se atrevió a dar el paso fue la peruana Soledad de la Cruz, una profesora que comenzó impartiendo clase a niños de nueve años en la escuela de José Carlos Mariategui en el enclave rural de Huancayo, situado a 3.285 metros, que actualmente es “dinamizadora” en su escuela y más de 40 maestros en su escuela aprenden en el Aula de Innovación Tecnológica. Además, es coordinadora de su región -que abarca 14 centros- para promover el uso de las TICs. De la Cruz, confiesa que tuvo que aprender Word en 2010 para poder avanzar en la certificación como maestra y desde entonces no ha dejado de formarse. En estos años destaca que los niños están aprendiendo de una forma más lúdica y una consecuencia colateral: los padres se están interesando también. “En mi escuela, los padres se han involucrado y quieren que los maestros que enseñen a sus niños sepan más de tecnología. Y ahí el reto de cada docente de pode seguir capacitándose”.

La secretaria técnica del Instituto de evaluación de la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI), Tamara Díaz, responsable del análisis de los datos del estudio apunta que casos como el de Maradiaga o De la Cruz, que se han convertido en referentes en su comunidad escolar demuestran que: “El cambio educativo es posible”.

Díaz enfatiza que la introducción de tecnología en las aulas debe ir acompañada de formación para el profesorado y de un plan que defina cómo y para qué emplearlos. “Lo importante es que los alumnos sean capaces de desenvolverse y ahora tenemos la obligación como profesor de dotarles de las herramientas para que sean ciudadanos del siglo XXI”.

Fuente: elpais.com

5 trucos para que el profesor no pierda la paciencia

La vuelta al cole es momento de reencuentro, de compartir las experiencias del periodo vacacional, de observar los cambios que han dado nuestros alumnos y alumnas, es tiempo de darnos cuenta de que tenemos casi diez maravillosos y largos meses por delante de trabajo

Tomar conciencia de todo ello es fundamental, y no solo al principio de curso, sino todos y cada uno de los días en los que tenemos frente a nosotros esas caras, caritas en algunos casos, que esperan de nosotros y nosotras… ¡mucha paciencia! Te ofrecemos una serie de consejos o trucos para que el profesor no pierda la paciencia con sus alumnos. 

Por qué un maestro puede llegar a perder la paciencia con sus alumnos

¿Por qué un maestro, un docente, una profesora, pierde la paciencia? ¿Tú que responderías? Cuando estás cansado y cansada y además no te han “obedecido” en unos treinta minutos, cuando consideras que el nivel de ruido es excesivo, cuando un alumno te dio una respuesta que para ti fue inadecuada.. Pues bien, es legítimo perder la paciencia, claro que sí; otra cosa es qué hacemos y cómo actuamos cuando perdemos esa paciencia.

Somos personas, personas humanas, y somos referentes de nuestros alumnos, es por ello que debemos hacernos mirar cómo respondemos ante nuestra rabia y enfado, delante de ellos y ellas.

El día a día en el aula puede llegar a ser muy duro. La vida en el cole puede convertirse en puro agotamiento: el ajetreo del día a día con sus clases, reuniones, tutorías, preparar materiales, realizar programaciones, patios, comedores… además de los virus con los que convivimos, de los momentos y circunstancias en los que dejamos que salga una versión nuestra que no nos gusta… Así, así es nuestra vida y somos responsables de ella y no víctimas, dato importante. Tenemos la profesión que hemos elegido y que es tremendamente espectacular.

5 trucos para que el profesor no pierda la paciencia con los alumnos

Quizá habría que preguntarle al Santo Job, cómo lo hizo, pero como eso no es posible, aquí os dejo algunos consejos para que podáis tener en cuenta:

1. Es importante observar cuántas veces al día o a la semana, perdemos la paciencia, y dónde ubicamos nuestro nivel para “saltar” con un grito, con una amenaza, con una sanción inadecuada, y todo ello fruto de nuestro propio enfado, que es nuestro y, en muchas ocasiones, de nadie más. Date cuenta que cuando tu malestar aumenta, la tensión en el aula es mayor. Esto puede ser un bonito ejercicio de autoconocimiento.

2. Una vez que sabemos en qué momento podemos perder la paciencia, anticiparnos a que eso ocurra y realizar algunos ejercicios que me ayuden a encontrar de nuevo calma: contar hasta diez, realizar respiraciones diafragmáticas, beber agua, meterse un caramelo en la boca, salir unos minutos del aula y pedir a algún compañero que nos cubra… Busca tu alternativa a esa pérdida de paciencia.

3. Comunicar a nuestros alumnos y alumnas nuestro enfado, compartirlo con ellos y expresarles el motivo. Cuidado porque ellos y ellas no son los culpables. Nuestros alumnos hacen cosas, y yo como maestra decido cómo me afecta, repito que es legítimo enfadarse.

4. Comparte con compañeros y compañeras lo que ha ocurrido, seguro te entenderán y si les pides consejo, podrán darte sus pequeños trucos.

5. Pedir perdón si hemos ofendido o nuestra actuación no ha sido la más adecuada. Así nuestros alumnos entenderán que también nos equivocamos y que sabemos reconocer nuestros errores.

Querido profe, querida maestra y querido maestro, recuerda siempre las palabras de Albert Einstein: “el ejemplo no es la mejor manera de enseñar, es la única”.

Fuente> guiainfantil.com

Qué hacer si no te gusta el profesor de tu hijo

Lo ideal sería que tuviéramos profesores dedicados, motivadores, pacientes, vocacionales y muy capaces. La realidad es que, junto a ellos, hay otra rama de profesores cuya pedagogía brilla por su ausencia.

Aun así, sea un profesor autoritario, o un buen profesor, para gustos los colores. De tal manera que, hay padres que prefieren maestros estrictos y que impartan disciplina, y otros que prefieren profesores con métodos más modernos y positivos. Sea como fuere, ¿qué hacer cuando no te gusta el profesor de tu hijo?

Cuando no te gusta el profesor de tu hijo, ¿cómo gestionarlo?

Las personas somos seres emocionales de individuales, cada uno con sus preferencias y sus gustos. Por lo tanto, igual que te gustan o desagradan compañeros de trabajo, conocidos u otras personas que vas conociendo a lo largo de la vida, te pueden gustar o no los profesores de tus hijos.

Las razones por las que puede no gustarnos un profesor son: porque grita a los alumnos, aplica una disciplina muy estricta, o todo lo contrario, sus métodos son demasiado laxos, no sabe explicar, manda muchos deberes, no presta la suficiente atención a tu hijo… ¿Qué debemos hacer si le tomamos manía al profesor?

1- Nunca expreses tu antipatía por el profesor delante del niño: quizás, aunque no compartas su metodología, el niño tiene un buen concepto del él. Expresar ante el niño el rechazo que sientes, los desacuerdos que mantienes y lo deseoso que estás de que acabe el curso, no harán otra cosa que trasladar todas esas emociones al niño. Lo confundirás, lograrás que nazca en el niño también antipatía, desgana por las clases y poco respeto al maestro.

2- Valorar en su justa medida en qué se equivoca: debes razonar si realmente es un mal profesor cuyos métodos están afectando a los alumnos y merece la pena tomar medidas importantes, o simplemente es una antipatía personal porque preferirías otro tipo de profesor, es decir, no es malo, pero tampoco es bueno.

3- Explica a tu hijo cuál es el papel del profesor: en ocasiones los niños esperan que sus profesores les presten toda la atención o simplemente no encajan del todo pero no se está produciendo ninguna situación abusiva. Si el niño se queja del profesor constantemente es posible que tú le tomes antipatía. Pero, cuando solo se trate de diferencias de caracteres, es un momento para enseñar al niño a sacar lo mejor de la situación, a entender que siempre se encontrará en la vida con personas con las que tiene diferencias y habrá de lidiar con ellas. Y tú, habrás de hacer lo mismo.

4- Habla con el profesor: tenemos una costumbre muy extendida de quejarnos de puertas para adentro, en los grupos de WhatsApp o ante los niños, pero en pocos casos exponemos nuestro parecer ante el principal implicado, el maestro. Si no estás de acuerdo con algo y piensas que está causando un perjuicio al niño, pide una tutoría para tratar el problema. Intenta ser proactivo, y llegar a un entendimiento por el bien de tu hijo. Lleva la conversación de forma positiva, no amenazante o inquisitoria. Si entras atacando, el profesor se pondrá a la defensiva y habrá poco que hacer.

5- Mantente pendiente en todo momento: pregunta al niño por lo que hacen en el aula sin que sea un tercer grado y sin que note tu desagrado, interésate cada día. Intenta participar en alguna dinámica de clase si es posible que vayan padres a dar charlas, y ves con tus propios ojos la actitud de los alumnos y el profesor.

6- Habla con el jefe de estudios: si crees que hay un verdadero problema en el aula y el profesor no se comporta como debiera, grita a los alumnos, les habla mal o incluso les humilla dirígete a la jefatura de estudios o al mismo director. Expone el problema, en ocasiones se realizan reuniones en las que el colegio trata de mediar entre el padre y el profesor. En algunos casos, se permite que el niño pueda cambiarse a otra clase si la queja está justificada. Cuando el asunto es serio, puedes incluso pedir que se inicie un protocolo para la apertura de un expediente disciplinario si procede.

Para terminar, una reflexión… Apartar al niño de cualquier problema, incluso los nimios y pequeños, no le ayudarán a afrontar una vida en la que se encontrará con personas que le ayudarán, otras que le ignorarán y otras que le pondrán piedras en el camino. Es la sobreprotección, el mal que afecta a nuestros hijos hoy en día según los expertos.

Siempre que el profesor no esté causando un daño emocional en el niño, debemos tragarnos nuestra antipatía y ayudarles a afrontar el curso con motivación y ganas para sacar todo su potencial.

Fuente: guiainfantil.com

 

Consistencia por una República bilingüe

Carolina Jiménez
[email protected]
Santo Domingo

En el siglo XXI el idioma inglés se ha convertido en un lenguaje esencial para la comunicación. Uno de los factores principales es que se posiciona como el idioma extranjero más popular. Además, aprenderlo permite conectarnos a nivel internacional y comunicarnos con personas de todos los países alrededor del mundo, no solo los de habla inglesa.

Juan Valdez, director ejecutivo de la Asociación de Profesores de Inglés de la República Dominicana (DR-TESOL), expresó que el idioma inglés es uno de los más hablados en el mundo, convirtiéndose en una competencia básica.

“El mundo actual gira alrededor de la globalización, países como República Dominicana no tienen una industria, materias primas nacionales, ni grandes riquezas naturales que explotar. Pero sí pueden explotar el recurso humano. No vamos a vivir de nosotros mismos, sino de la interconexión global, entonces el lenguaje es el medio que se utiliza y ese lenguaje hoy en día como lengua franca, es el idioma inglés”, dijo.

Un dato interesante es que este idioma es predilecto en los medios de comunicación; periódicos y libros son escritos en inglés más que en otro lenguaje. Más del 75% de la información disponible en línea, está escrita en inglés.

El inglés dentro del sistema educativo

Valdez explicó que lo que hoy se define en el sistema escolar como asignaturas básicas, fue definido hace más de 115 años, cuando inventan la escuela. “Antes de 1854 nadie iba a la escuela, más que el 1% de las personas, porque la mayoría vivían en granjas y de la agricultura. Hasta que no se crearon las ciudades alrededor de las cuales se desarrolló la industrialización, no había lo que se llama escuela, entonces lo que se definió en 1900 como el contenido esencial del sistema educativo: matemáticas, ciencias y el dominio de la lengua española, obedecían básicamente al modelo productivo que se basó en la industrialización”.

El director puntualizó que hoy en día estamos en la era digital, la era del conocimiento y las llamadas competencias del siglo XXI van más allá del razonamiento lógico matemático, del dominio de la lengua materna y ciertos conocimientos de la ciencia.

El inglés ha estado en el currículo dominicano desde 1961, pero esto no implica que se esté impartiendo en las escuelas. “En la actualidad, en varios centros educativos siquiera imparten el inglés, o más bien no es una materia tan esencial como debería ser, porque ahora por ejemplo, los estudiantes o las personas salen hablando inglés a temprana edad porque estudian en colegios bilingües”.

También enfatizó que el inglés debe oficialmente declararse como una asignatura básica, como una estrategia de país. En segundo lugar, implementar políticas educativas adecuadas para lograr que el currículo educativo la incluya y se ejecute adecuadamente.

Valdez denomina injusticia social el hecho de que niños y adolescentes que asisten a las escuelas públicas estén condenados al monolingüismo. “En el país existen 2.7 millones de estudiantes, de estos más de 2.1 millones asisten a escuelas públicas. Los artículos 6,7 y 63 de la constitución dominicana, refieren que el estado debe garantizar a la población un sistema educativo de calidad y gratuito, que el 100% de los estudiantes de estas escuelas tengan que pagar para aprender una asignatura correspondiente es un serio factor de inequidad e injusticia social”.

Asimismo contó que en el país sí existen maestros capacitados para impartir la asignatura, el inconveniente está en que los centros no disponen de la instalación de recursos necesarios para que los docentes puedan ejecutarla

Calidad Educativa y Bilingüismo

Sobre el tema Calidad Educativa y Bilingüismo, manifestó que: “Cuando se evalúa la calidad educativa hay dos grandes conceptos: pertinencia y relevancia. Cuan pertinentes son los contenidos, los aprendizajes de las  competencias que adquieres en la escuela y cuan relevantes son en realidad para las personas en su estado actual y en el momento de la historia en que están. En tal sentido el inglés forma una competencia fundamental”.

Para dar énfasis al tema, la Asociación de Profesores realizó el Quinto Congreso Nacional Anual que tratará sobre el tema “Inglés para la Justicia Social” con el objetivo de lograr una República bilingüe donde todos nos pongamos de acuerdo en que no vale graduar ciudadanos con una visión de profesionalismo solo en esta isla.

 

Las 15 tareas de verano que un profesor entregó a sus alumnos

Multiplicaciones, ejercicios de ortografía, redacciones… Las tareas de los niños para el verano a menudo terminan estresando más a los padres que a los pequeños. Hay profesores que directamente mandan comprar un libro para el verano. Y muchos niños terminan interrumpiendo su baño, sus carreras con amigos, su momento de relax frente a una puesta de sol, porque tienen que hacer sumas y divisiones.

Un profesor italiano de secundaria, Cesare Catá, sorprendió a niños, profesores y padres. Para el verano, sus alumnos no tendrán que rellenar hojas de frases subordinadas, ni resolver ecuaciones de lo más complejas. En los meses estivales, sus alumnos, tienen que ir cumpliendo una a una las 15 tareas de verano que les entregó en una lista.

Las 15 tareas de verano que todo niño debería completar en vacaciones

Tareas sencillas que a veces olvidamos, que nos enseñan tanto y que no se recogen en ningún manual escolar: tomar un helado con los abuelos mientras escuchas sus historias del pasado… Contemplar cómo una ola rompe contra las rocas o cómo juega con los párpados el primer rayo de sol.

Las 15 tareas de verano Cesare Catá para los niños tienen que ver con el libro sin hojas más importante, el de la vida, y son estas:

1. Por la mañana, de vez en cuando, camina solo por la orilla del mar. Mira cómo el sol se refleja en el agua, pensando en las cosas que más te gustan en la vida y siéntete feliz.

2. Intenta usar todas las palabras nuevas que has aprendido este año: podrás decir más cosas, podrás pensar más cosas y, cuanto más pienses, más libre te sentirás.

3. Lee lo máximo posible. No porque tengas que hacerlo. Lee porque el verano te inspira aventuras y sueños. Leyendo, te sentirás como los pájaros volando. Lee porque es la mejor forma de rebelión.

4. Evita todas las cosas, situaciones y personas que te hagan sentir negativo y vacío. Busca situaciones estimulantes y amigos que te aprecian y te entienden por ser quien eres.

5. Si te sientes triste o asustado, no te preocupes. El verano, como todas las grandes cosas, trastorna el alma. Intenta escribir un diario donde puedas escribir sobre tus sentimientos (y en septiembre, si quieres, lo leeremos juntos).

6. Baila; sin sentirte avergonzado. En la calle cerca de tu casa o en tu habitación. El verano es un baile. Sería una vergüenza no formar parte de él.

7. Al menos una vez, tienes que ver amanecer. Estar ahí en silencio y respirar. Cierra los ojos, agradecido.

8. Practica mucho deporte.

9. Si encuentras una persona que te gusta mucho, díselo con toda la sinceridad y la gracia de la que seas capaz. No pasa nada tanto si lo entiende como si no. Si no es recíproco, entonces no estaba previsto que él/ella formase parte de tu destino. De lo contrario, este verano es la gran oportunidad para caminar juntos (y si no funciona, vuelve al punto 8).

10. Recuerda lo que has aprendido en la escuela y consulta tus apuntes.

11. Sé feliz como el sol, indomable como el mar.

12. No digas palabrotas. Sé siempre educadísimo y gentil.

13. Disfruta de películas con diálogos emotivos, sobre todo en inglés. Esto te ayudará a mejorar tus habilidades lingüísticas y tus oportunidades de soñar. No dejes que la película acabe con los créditos. Vive la experiencia todo el verano.

14. Durante el día o la noche, sueña con cómo puede ser tu vida. Durante el verano, reúne fuerzas para no rendirte y haz todo lo que puedas para perseguir ese sueño.

15. Sé bueno.

 

Fuente: guiainfantil.com

Así sería el profesor perfecto para nuestros hijos

Hay profesores más clásicos. A algunos les gusta hablar en clase. Otros, prefieren que los alumnos tomen apuntes. Hay profesores que intentan ser amigos de los alumnos y los hay que guardan distancias. Los hay que mandan montañas de deberes y otros que prefieren trabajar sólo en clase.

Con tantos y tantos maestros… ¿qué es lo mejor? ¿Cómo debería ser el profesor de nuestros hijos? Una vez analizados los pros y los contras, aquí tenemos la radiografía del que seguramente sería el profesor perfecto. Así sería el profesor perfecto para nuestros hijos.

10 características del profesor perfecto

Descubre las virtudes que hacen que un maestro se acerque a la perfección. Es el que consigue que sus alumnos se motiven y aprendan de verdad. Esos profesores tienen en común todo esto:

1. Mantiene el contacto con la familia y piensa en cada alumno como alguien especial. Conocer a los padres y la familia del alumno ayuda a entender y empatizar con el niño. El profesor ideal es aquel capaz de encontrar la clave para sacar lo mejor de cada alumno.

2. Lee y conecta con profesores que debaten constantemente sobre la educación. Se trata de un profesor activo, que investiga nuevas fórmulas, nuevos caminos para educar, que se adapta a los cambios de la sociedad y nunca deja de aprender. Suele ser un profesor que no rechaza las redes sociales, sino que las utiliza a su favor, y que prefiere dejar de lado las lecciones de los libros para interactuar y debatir en clase.

3. Habla mucho con sus alumnos, e incluye la música y el arte en la clase. Lejos de olvidar la enseñanza de la música, el buen profesor se respalda en ella para enseñar a sus alumnos. También incentiva a sus alumnos para que se expresen mediante el arte.

4. Desafía a sus alumnos a superar sus objetivos. Les incentiva y reta para que consigan superarse a sí mismos.

5. Siempre recompensa el esfuerzo. No consiste en premiar al niño que mejores notas saca sino el que más se esforzó.

6. Desarrolla el pensamiento crítico de los alumnos. Incita a que los alumnos pregunten y se planteen dudas. No enseña para que aprendan de memoria. Enseña a sus alumnos pensar.

7. Experimenta en clase. Este profesor prefiere que sus clases sean más prácticas. Investiga ejercicios y actividades. Experimenta.

8. Sabe controlar los nervios y es paciente. Un profesor que no grita en clase, que sabe comunicarse con sus alumnos de forma enérgica sin necesidad de gritar. Sabe perfectamente que para ganarse el respeto no hay que alzar la voz.

9. Es creativo, y facilita a sus alumnos las herramientas necesarias para que puedan aprender.

10. Incentiva y anima a sus alumnos constantemente. No deja que tiren la toalla, sino que les animan a seguir intentándolo una y otra vez. Y si fallan, no le dan importancia: perdona sus errores y les convence para que lo corrijan y empiecen de nuevo.

Fuente: guiainfantil.com

¿Realmente tienen los docentes “tres meses de vacaciones”?

Si quieres tocarle las narices a un profesor, no hay nada mejor que sacar a colación sus “tres meses de vacaciones”. No hace falta ni siquiera añadir el clásico “¡qué bien viven!” o la coletilla “y luego se quejan”. Con eso suele ser más que suficiente para echar sal a una herida mucho más profunda, la del progresivo desprestigio de los profesores que tiene en esta apelación a su supuesta vaguería una de sus expresiones más extendidas.

De igual manera que nadie diría que un abogado solo trabaja las horas que pasa en un tribunal, los profesores dedican el resto de su jornada a otras actividades, desde recibir a padres hasta corregir exámenes, pasando por claustros o guardias.

Si hiciéramos una huelga de celo y solo trabajáramos lo que nos corresponde, no habría exámenes corregidos ni notas puestas.

“Que a mí me expliquen donde están los tres meses, porque a mí no me salen las cuentas”, matiza una profesora. Supongo, respondo, que es la suma de los dos meses estivales con Navidad y Semana Santa. Pero julio no es un mes vacacional, aunque no haya clases. Como me recuerda otro profesor del sector público,  tienen que estar disponibles todo el mes (“para temas de actas, oposiciones, reclamaciones, recursos…”) y personarse en un plazo máximo de 48 horas. Y eso sin tener en cuenta los que son despedidos en verano y cobran paro esos dos meses, algo habitual en el sector privado. El profesor propone darle la vuelta a la tortilla: “Si hiciéramos una huelga de celo y solo trabajáramos lo que nos corresponde, no habría exámenes corregidos, ni notas puestas, ni alumnos evaluados”.

El trabajo invisible

Esa es otra: la del trabajo invisible de los profesores, que los que hemos convivido con ellos hemos podido ver con nuestros propios ojos en forma, por ejemplo, de montañas de exámenes corregidos en largos maratones dominicales o de largas reuniones de evaluación que acaban por la noche. Pongámonos en el absurdo de equiparar el calendario de los profesores con el de otras profesiones: ¿alguien cree que es, ya no factible, sino medianamente razonable que un docente de ocho horas de clase al día durante 11 meses al año, incluido julio. ¿Con qué dinero se pagaría?

Las vacaciones son para el verano

Pongámonos ahora en otro supuesto, en el cual, efectivamente, los profesores recogen los útiles el 21 de junio a las tres de la tarde, el colegio echa el cierre hasta finales de agosto, y el cuerpo de docentes en su conjunto tiene más de dos meses para ver las nubes pasar. ¿Cuál es exactamente el problema, más allá de una envidia? ¿No se trata, en todo caso, de una aspiración legítima siempre y cuando uno no sea un ‘workaholic’? ¿Nos parece mal que un adulto (probablemente con hijos) pueda tener tiempo libre durante el verano o nos parece mal porque nosotros no lo tenemos y preferimos el “mal de muchos”?

El problema es que el colegio se ha convertido en una guardería que, para más ofensa, no ofrece sus servicios durante todo el año.

En otras palabras: ¿no se trata de otro signo más de que nos hemos obligado a aceptar jornadas leoninas, una existencia hiperconectada al trabajo durante 24 horas al día los siete días a la semana, y que pretendemos que el resto haga lo mismo? El verano era tradicionalmente la época del año dedicada a los niños, la del retorno al pueblo (a los abuelos, a los tíos, a los primos, los amigos…) y al reencuentro con los padres que habían pasado el resto del año trabajando. Una época familiar por antonomasia que conformaba recuerdos imborrables y que ha terminado por convertirse en un quebradero de cabeza, especialmente en los hogares donde los dos miembros de la familia trabajan.

Al final, la guerra discursiva contra los profesores en realidad no es más que el síntoma de un problema más profundo, el de la conciliación laboral. O, en otras palabras, qué hacemos con los niños cuando no están en el colegio. Hace un par de semanas, padres furiosos protestaron porque una escuela cerrase sus puertas los viernes al mediodía, básicamente, porque les obligaba a ir a recoger a sus hijos antes. A lo largo del año, los niños ven sus agendas llenas de clases extraescolares, deportes e idiomas con el objetivo, en parte, de tenerlos entretenidos hasta que los padres puedan volver al hogar después de haber hecho un buen puñado de horas extra (no remuneradas) para sus empresas.

El verdadero problema de los profesores o, mejor dicho, de los colegios es que sus horarios no encajan con la jornada laboral de los trabajadores, que se ven obligados a buscar alternativas durante los meses de verano. “A lo mejor debe ser la sociedad la que se adapte al calendario escolar, no la docencia la que se adapte a los padres”, afirma un profesor “Ahí está el centro de la cuestión para mí; deben ser los padres los que luchen por sus derechos, no hacer que el resto pierda los suyos”. Pero probablemente resulta más cómodo (y catártico) intentar que se extienda el modelo “colegio-como-guardería” a los meses de verano que dar la vuelta a un modelo de explotación laboral que parece global e irreversible y, lo que es peor, en muchos casos es interiorizado como forma imprescindible de sobrevivir o medrar en tu carrera profesional.

Pídele cuentas al rey

El profesor se convierte, así, en el chivo expiatorio de los problemas causados por las dificultades de conciliación laboral, de igual manera que el trabajador de un ‘call center’ tiene que enfrentar los problemas de los clientes insatisfechos con el servicio. Si hay algo que está claro, es que, si eres el eslabón más débil, no puedes tener ningún aparente privilegio. “Quizá el problema aquí es que el empresario medio  emprendedor quiere que trabajes15 horas y te olvides de que tienes una familia”. Así, los colegios han terminado diversificándose como un lugar donde dejar a los niños mientras que las empresas se han lavado las manos respecto a las soluciones.

Es cada vez más habitual que un sector profesional reciba las iras del resto de la sociedad sin que a nadie se le ocurra reclamar a sus superiores.

Hay parches más o menos útiles, claro, que pasan por promover y financiar medidas de conciliación que no hagan recaer en el sistema docente y sus profesionales unas tareas que en sí no les corresponden.

Mientras tanto, asistimos a otra batalla en una guerra que cada día nos suena más: la de un sector profesional contra otro, la del trabajador contra el trabajador, que consideran que la única medida posible es la de igualar a todos por lo bajo. Al día de hoy, parece mucho más plausible que los profesores terminen dando clase hasta finales de junio, para que los padres puedan seguir trabajado desde el amanecer hasta la noche sin tener que romperse la cabeza con qué hacer con ellos, que se obligue a las empresas a flexibilizar sus horarios e incentivar la conciliación (de verdad, no utilizándola como un arma para contratar solo a personas sin cargas familiares). La próxima vez que sienta envidia por los tres meses de vacaciones del profesor de su hijo, dedique de paso unos segundos a saber qué van hacer este verano sus superiores… y durante cuánto tiempo.

 

Fuente: blogs.elconfidencial.com

¿Por qué en algunos países los alumnos regalan manzanas a sus profesores?

EL AULA DE PAPEL OXFORD

En algunos países es común que los alumnos regalen manzanas a los maestros y esta se ha convertido en prácticamente un símbolo de los docentes.

Una de las teorías que tiene más fuerza es que la manzana simbolizaba la sabiduría en la Antigua Grecia y por eso los alumnos las regalan a sus profesores, como muestra de gratitud por haber compartido sus conocimientos con ellos.

Hay otra teoría que sitúa el origen de la tradición en el norte de Europa, hacia el siglo XVII, donde algunas familias de agricultores que no podían pagar la educación de sus hijos compensaban a los profesores con manzanas. Esta práctica se extendió posteriormente por Estados Unidos.

Incluso hay una teoría que sitúa el origen en las propiedades saludables de las manzanas. Hay un dicho inglés que dice “una manzana al día, mantiene lejos al doctor” (an apple a day keeps the doctor away). Dada la importante función de los docentes, es posible que se les regalaran manzanas como fuente de salud para que no enfermaran y no faltaran a clase.

¿Qué características esperan los alumnos de nosotros?

¿Sabes qué características  esperan los alumnos de nosotros? ¿qué expectativas y prejuicios tiene nuestro alumnado acerca de nosotros? En este artículo te daremos a conocer los cuatro rasgos que los estudiantes desean encontrar en su profesorado.

  1. “Es divertido y hace que aprender también sea divertido”. Al profundizar en el tema, los alumnos detallaron esta percepción, señalando que deseaban profesores y profesoras que disfrutaran enseñando y lo demostraran en sus interacciones con el alumnado en su día a día (es que esas cosas se notan).
  2. “Se preocupa realmente por mí”. Básicamente, hacen distinción entre el cuidado genuino y otras actitudes más hipócritas: muchos de ellos afirmaron haberse llegado a sentir insultados ante actitudes extremadamente paternalistas.
  3. “Nos da un trato igualitario” Casi todos los alumnos encuestados afirman que les agrada el trato con igualdad entre los compañeros, y valoran que el o la docente trate a cada cual según ese principio.
  4. “Trabajamos en grupo y por proyectos” para, volviendo al punto 1, hacer el aprendizaje divertido. Todo estudiante desea poder elegir y desea actividades prácticas, resolución de problemas y elaboración de proyectos.

Fuente: comunidaddocente.org