Entradas

¿Cómo decir no a los niños de manera positiva?

¿Te cuesta marcar límites a tus hijos? ¿No sabes cómo decir que no de una forma positiva? Encuentra las claves para aprender a decir no a los niños de una manera efectiva.

ASERTIVIDAD

Decir no a los niños puede llegar a ser una tarea muy complicada. A veces nos pasamos por defecto y otras por exceso. Hay padres que están acotando el margen de actuación de sus hijos de manera constante (no hagas eso, no toques aquello, deja eso), privándolos de su propia autonomía con ese exceso de normas sin explicación y otros que no ponen ningún tipo de freno a sus hijos, dejando que hagan y deshagan a su antojo y desatando la aparición de los niños tiranos.

Por poner un ejemplo de esto último, ¿cuántas veces hemos ido a cenar a un restaurante y hemos visto cómo los hijos de alguien corren y juegan por allí como si de un parque se tratara? Los padres no están vigilando a sus hijos, los cuales pueden llegar a incomodar a otros clientes e incluso a los trabajadores que tienen que ir esquivando niños para lograr hacer su trabajo.

 ¿Cuándo hay que decir no a los niños?

Evidentemente ni un caso ni el otro son lo más propicio para una buena educación de nuestros menores. En el primer caso los niños crecen sin autoestima y acaban siendo personas con poca creatividad, puesto que se les limita mucho desde pequeños, se les impone todo y dejan poca rienda suelta a crear su propia manera de actuar. De adultos serán personas rígidas, muy normativas y excesivamente autoexigentes.

Por el contrario, las personas que a las que no se les ha negado nada en la infancia, tienen poca tolerancia a la frustración y por tanto, imponen su criterio, carecen de empatía, les cuesta aceptar otras opiniones y son personas anárquicas que toleran mal las normas sea donde sea. Por tanto, serán personas con tendencia a la espontaneidad pero quizás con dificultades para autorregularse (saber cuándo hay que ser espontáneo y cuándo hay que controlarse), mantener amistades, relaciones de pareja o incluso un trabajo.

Por tanto, podemos deducir que hoy es necesario decir no a los niños de una manera equilibrada para lograr que crezcan con autoestima, con auto exigencia pero sin desbordarse, creativos, que puedan ser espontáneos y que acepten las normas y maneras de funcionar tanto en las relaciones personales como en las laborales.

Así, se puede decir que hay que aprender a decir que no a los niños. Pero para que éstos sean efectivos, utilizar la palabra ‘no’ puede ser contraproducente. Cuando alguien nos prohíbe algo sentimos un deseo irrefrenable de llevarle la contraria o de desobedecer. No nos gusta la negativa aunque es una de las primeras palabras que aprendemos ya desde bebés y la aplicamos constantemente.

 ¿Cómo se puede decir no a los niños de una manera positiva?

Esto os lo explico de cara a los hijos, pero en realidad se puede aplicar a cualquier persona en cualquier ámbito. Introducir la palabra ‘no’ en una frase puede hacer que la persona lejos de escuchar se ponga a la defensiva y trate de desobedecer o que acabe haciendo una pataleta. Hay que dejar esta palabra que es muy cortante y directa para actuaciones realmente importantes, como cuando el niño está en peligro o cuando lo que ha hecho es grave. Para todo lo demás, aprender a marcar límites sin decir la palabra ‘no’ es la mejor manera de conseguir que crezcan sanos:

  1. Convierte la frase en positivo

Esta tarea es muy complicada para quien no lo suele hacer habitualmente, pero hay que intentar construir las frases en positivo en lugar de en negativo. Por ejemplo: “no toques esa planta” se puede traducir por “vamos a jugar aquí, mejor”. Parece muy difícil pero si se practica cada día, se puede lograr marcar límites sin hacer uso de la negativa.

  1. Explica las consecuencias

Muchas veces los padres empiezan a decir no a los niños sin explicar el por qué o bien dan una explicación tan larga que los niños no escuchan. Saber por qué no pueden hacer algo es importante, ya que aprenderán que la negativa no es porque sí, sino que tiene una explicación.

  1. Utiliza un tono de voz adecuado en cada caso

A veces hay una tendencia a decir no a los niños de una manera demasiado agresiva, gritando o usando un tono cortante ya desde el primer aviso. Eso nos puede funcionar en un primer momento, cuando el niño se asusta, pero la tendencia es a que los hijos se acostumbren a esa manera de funcionar y cuando realmente necesitamos alzar la voz, no obedezcan, quedándonos así sin recursos. Por tanto, hay que decir no a los niños con una voz suave, pero eso no quiere decir que permitamos que el niño haga lo que quiere o seamos más laxos sino que marcamos sin ser agresivos.

  1. Haz uso de las consecuencias, evita ser perro ladrador

Evita la palabrería sin consecuencias. Si ves que tu hijo no obedece, puede que pierdas los estribos. En lugar de eso recurre a las consecuencias. Avisa con anterioridad de lo que va a suceder si se obedece, dale varias oportunidades remarcando cuántas le vas a dar y evidentemente, cumple la consecuencia prometida. De nada sirve que digas lo que va a pasar si realmente no acaba sucediendo. El niño sabe que todo quedará en palabras y la rectificación será nula. Por ejemplo: “es hora de cenar, deja ya el juego y ven a la mesa”, si ves que no obedece “voy a decírtelo como mucho dos veces más, si vienes antes de las tres veces luego jugaremos juntos un rato”; y si cuentas hasta tres y no ha venido “te has quedado sin jugar juntos” (y se cumple). Como ves, se dice que no pero en lugar de con un castigo, con un premio si se realiza el cambio de conducta. Así, si no hay un cambio, se quedará sin premio pero es mejor evitar el castigo en cualquier ocasión.

  1. Usa la ilusión de alternativas

En psicología a veces utilizamos esta técnica para conseguir que la persona haga algo de lo que queremos y sienta que está escogiendo, es decir, que no se le está obligando a nada. Así, por ejemplo, si quieres que tu hijo coma algo de verdura le puedes decir: “¿qué te apetece más comer, judías verdes, tortilla de espinacas o calabacín relleno?”. Así, sentirá que decide pero estará comiendo algo de verdura, que es tu objetivo.

Ahora ya puedes empezar a practicar estas maneras de decir no a los niños de forma positiva, tanto con tus hijos como con adultos. Lo más difícil es mantenerlo a lo largo del tiempo. Es un aprendizaje, así que intenta ser constante y ponerlo en práctica cada día y verás los resultados muy pronto.

La importancia de decir no a los niños

Educar a un niño no es una tarea fácil, sobre todo cuando se intentan establecer límites sobre lo que debe hacer y lo que no. Los enfados y las rabietas suelen ser una respuesta relativamente frecuente, pero es fundamental aprender a decirles “no” de forma calmada y razonando dicha actitud para que el pequeño sea también consciente de su propio proceso de crecimiento y se sienta seguro al ir ganando más autonomía. Cuando no se pueden establecer estas restricciones o no se puede decir no a los niños, es importante combatir de raíz el problema y acudir cuánto antes a un psicólogo infantil. La educación de los niños es una tarea muy difícil ya que es la etapa dónde se forja los rasgos más decisivos de su personalidad.

Fuente:  www.mundopsicologos.com

“El Lado Positivo”, una campaña para mirar la vida con resiliencia colectiva

El Banco Popular Dominicano presentó la campaña de publicidad institucional “El Lado Positivo”, que anima a la sociedad a enfrentar la realidad con optimismo, descubriendo el potencial que todos llevamos dentro para superar las adversidades.

A través de piezas audiovisuales, impresas, radiales y para el ecosistema digital, la iniciativa motiva a la reflexión, a valorar lo bueno con lo que se cuenta y aunar esfuerzos colectivos para contribuir con la reactivación económica y social del país.

A través de piezas audiovisuales, impresas, radiales y para el ecosistema digital, la iniciativa motiva a la reflexión para superar las dificultades.

A ritmo de pop urbano con toques de merengue, la narrativa del comercial recorre las calles de diversas ciudades dominicanas, mostrando cómo la población sale adelante en el día a día, gracias a su talante positivo, entusiasta y resiliente, adaptándose a la situación de cada momento y demostrando cómo, desde el lado positivo, los retos pueden verse como oportunidades que se superan juntos.

A través de distintas piezas y formatos, el Banco Popular busca contribuir a reafirmar el talante positivo, entusiasta y resiliente de los dominicanos.

Con esta campaña, el Banco Popular invita a ver las cosas desde ese ángulo que representa la esencia de los dominicanos y refuerza el mensaje de que para enfrentar con éxito los retos de la vida resultan fundamentales la cooperación y la solidaridad, el propósito de superación y la actitud optimista de toda la población.

Desde esta perspectiva, la entidad bancaria, que acaba de cumplir 57 años de operaciones, reafirma su compromiso de seguir trabajando al lado de la sociedad y el planeta, contribuyendo al desarrollo sostenible de la nación.

La narrativa del comercial recorre las calles de diversas ciudades dominicanas, mostrando cómo la población sale adelante en el día a día.

La reconocida agencia de publicidad Cazar3 es la responsable de la ejecución de esta campaña institucional, producida por Kokaleka, con el acompañamiento del banco. En redes sociales, puede seguirse el contenido a través de la etiqueta #ElLadoPositivoRD.

Vicepresidencia Ejecutiva de Relaciones Públicas y Comunicaciones
Grupo Popular, S. A

El frasco de la felicidad para desarrollar pensamiento positivo en los niños

Pensar en positivo no siempre es fácil. Las pruebas, los obstáculos… Un día que sale todo mal… Sin embargo, numerosos estudios han demostrado que incluso ante ese tipo de días, una actitud positiva puede llegar a cambiar una situación adversa.

Por eso es importante enseñar a los niños a desarrollar el pensamiento positivo, ya que además les ayudará a encarar los problemas de forma diferente. Puedes utilizar, por ejemplo, este pequeño juego: el frasco de la felicidad para desarrollar el pensamiento positivo.

Cómo utilizar el frasco de la felicidad para desarrollar pensamiento positivo en los niños

Un optimista… ¿nace o se hace? Es cierto que hay niños con una actitud más desinhibida ante los problemas y niños que en seguida se preocupan por las cosas más triviales. Sí, pero también es cierto que el positivismo se educa. Y no se trata de darle la espalda a la realidad, sino de aprender a enfrentarse a los problemas y a la realidad que no nos gusta desde el optimismo, es decir, con el convencimiento de que aquello que no nos gusta o puede arreglarse o, si no tiene solución, no debe amargarnos la existencia.

¿Sabes cómo puedes ayudar a tu hijo a desarrollar desde pequeño esa actitud positiva frente a la vida? Utiliza este pequeño juego, creado por la filósofa Elsa Punset: el frasco de la felicidad. ¿Sabes en qué consiste?:

  1. Es una técnica ideal para hacer en familia. Tanto tú como tus hijos escogen un frasco grande de cristal. Será el frasco de la felicidad. Puedes escribirlo con rotulador y colocarlo en un lugar visible de la casa.
  2. Cada día, todos, padres e hijos, tendrán que escribir lo mejor que les pasó a cada uno durante ese día y apuntarlo en un papel. Pueden ser cosas sencillas. Una palabra amable, una sonrisa o un examen que salió mejor de lo esperado… Al escribirlo, se grabará en el cerebro aunque no nos demos cuenta. Se dobla el papel y se introduce en el frasco.
  3. A los 6 meses aproximadamente, o bien cuando el frasco ya esté lleno, se sacan los papeles y se leen todos los mensajes positivos en familia.
Qué se consigue con la técnica del frasco de la felicidad

Sabemos que el cerebro va aprendiendo mediante ‘prueba’, ‘error’ y ‘acierto’. Y hay dos actitudes diferentes frente a esto: una es derrotista. Otra, positiva. Está demostrado que una actitud positiva puede transformar algo negativo en una posibilidad de cambio. Es decir, que mediante el pensamiento positivo, los problemas pueden convertirse en oportunidades.

Gracias a esta técnica del frasco de la felicidad, conseguirás:
  1. Tu hijo aprenderá a reflexionar sobre las cosas buenas que le ocurren a lo largo del día.
  2. Tu hijo aprenderá a apreciar esos pequeños detalles que a menudo pasan desapercibidos. Cada vez que tu hijo escribe algo agradable que le pasó, lo recordará. El cerebro recuerda antes las cosas negativas porque la angustia hace que le demos vueltas una y otra vez. Las cosas positivas pasan desapercibidas. Sin embargo, al escribirlas y al volverlas a leer poco después, quedarán fijadas en el recuerdo.
  3. Tu hijo a prenderá a diferenciar los problemas pequeños de los realmente importantes.
  4. Enseñarás a tu hijo a ser agradecido.
  5. Mejorará la comunicación dentro de la familia.

Fuente: GuiaInfantil.com

Aprender con los hijos

Andrea Teanni Cuesta

Un artículo publicado recientemente revela lo difícil que se hace la comunicación hoy día entre padres e hijos. Para lograr su cometido el autor se vale de una anécdota que cuenta una historia de incomunicación, tristeza y frustración. A consecuencia de esto, él mismo ofrece a los padres una serie de consejos que podrían revertir la situación en oportunidad para orientar a los hijos por medio de la comprensión y aprender junto con ellos.  Dichos consejos están compuestos por actitudes y emociones  que involucran tanto a los padres como a los hijos. Establecen una relación causa efecto, dicho de otra manera, de acciones por parte de los padres que generan reacciones en los hijos.

Los primeros tres consejos están dirigidos a cambiar la forma de comunicación habitual. Tal es el caso de hablar de forma positiva en vez de negativa, lo que genera seguridad en los niños y  debilita la resistencia a escuchar a sus padres. Otro cambio consiste en cambiar la segunda persona por la primera, una vez el padre o la madre  recalca su actitud y no la del niño, este se muestra más receptivo a los reclamos, se evita que el hijo se sienta culpable,  se aísle, y más importante aún, se establece una forma de reclamar con respeto. El último, relacionado con el habla, está orientado a que los padres motiven a los hijos a darle nombre a sus emociones, no soslayar lo que están sintiendo a causa de motivos determinados, sino reconocer que algo malo les sucede; de esta manera los preparan para hacer frente a problemas futuros de cualquier ámbito de sus vidas.

El resto de los consejos están vinculados a la escucha. Escuchar a los hijos sin imponer su criterio y a la vez pedirles que hagan propuestas, repercutirá en que estos sientan el compromiso de cumplir con sus promesas y que desarrollen el sentido de responsabilidad para toda su vida. El otro consejo está vinculado a la escucha de los hijos en la primera infancia. Por ejemplo, si las madres dan nombre a las acciones y sentimientos en esta etapa de sus vidas, los bebés se acostumbrarán a la escucha y les facilitará la comunicación en su vida adulta.

Finalmente, se puede afirmar que el texto de referencia constituye una guía bastante didáctica para los padres. Aunque en muchos casos no sería tan fácil de asumir, debido a que los motiva a deponer actitudes de poder, no solo practicados por mucho tiempo, sino que fueron formados por ellas.

En otro orden, la propuesta sobre aprender puede parecer un tanto controversial frente a la creencia de los padres de que sus años y experiencia son suficientes para educar a sus hijos. Así que la idea de seguir aprendiendo y que los hijos tienen mucho que  enseñarles, puesto que estos viven en una época nueva que trae consigo nuevos paradigmas, a muchos les costará un gran tiempo y esfuerzo asumir.

No obstante a esto, el texto es valioso para los padres. Los cambios propuestos son muy útiles para los hijos de una sociedad  en la que los padres y maestros ya no son las únicas fuentes de información. Pero lo que sí es cierto, es que de cualquier forma la palabra y la comunicación siguen siendo la sabia de las relaciones entre padres e hijos.

El texto Aprender con los hijos fue publicado en la sección En armonía de la revista selecciones.com, por Julio Belvione.

El clima del aula como promotor del sentido de pertenencia y el logro de los estudiantes

Dra. Arq. Leyda Mercedes Brea Sención.

El sentido de pertenencia se ha definido como un sentimiento de identificación de un individuo con un grupo o con un lugar determinado a partir del cual, emergen lazos afectivos que generan en la persona actitudes positivas y de compromiso hacia el grupo y el lugar. Se perfila como una variable susceptible a las características del ambiente, por ello, numerosas investigaciones se han realizado con el propósito de caracterizar aquel que favorezca su construcción y que posibilite comportamientos y actitudes positivas hacia el aprendizaje, hacia el grupo y hacia la institución educativa. Estas han dado cuenta de la relación existente entre el sentido de pertenencia al centro de estudios y un clima positivo tanto organizacional como de aula.

El clima del aula: condicionantes y repercusiones

El clima del aula se plantea en la literatura como una cualidad del ambiente de aprendizaje, conformado por las percepciones que tienen sus actores, es decir, los profesores y los estudiantes. Describe las relaciones socio-afectivas entre ellos, el contexto en el cual se dan estas relaciones y la influencia en el comportamiento, los resultados académicos y la satisfacción de los miembros. Por todo esto, generar un clima positivo en el aula ha de constituirse en una meta educativa muy preciada. Sobre este tema, González (2010) señala que los centros educativos han de preocuparse por la generación de un buen clima en el aula, a fin de facilitar y promover el compromiso de los estudiantes con su formación y una actividad social y académica enriquecedora.

En la literatura se recogen diversos criterios sobre las variables que entran en juego en la conformación del clima del aula. Algunos autores como Arón & Milicic (1999), Ríos, Bozzo, Marchant y Fernández (2010) coinciden en que el clima del aula se configura a partir de elementos materiales (el espacio, la infraestructura, el mobiliario, los recursos didácticos) e inmateriales (los contenidos, las actuaciones de las personas y sus relaciones). En base a esto, la investigación ha medido la influencia en el clima del aula de las características físicas del ambiente en cuanto a su propiedad de promover el aprendizaje y la identificación así como también los efectos en la implicación de los contenidos curriculares, de las relaciones entre profesores y estudiantes y de las prácticas en el aula.

  El docente como impulsor de un buen clima de aula

Muchos estudios han puesto en evidencia que el clima del aula en la escuela se determina en gran medida por los comportamientos de los docentes (Pérez, 2010; Ríos, Bozzo, Marchant, & Fernández, 2010). Se han identificado como factores claves de un clima positivo la capacidad del profesor para estimular y motivar a aprender a los estudiantes. Describen el perfil de un profesor motivador como aquel que pone de manifiesto cuáles son las metas del programa y sus expectativas, conoce a sus alumnos, inculca en los estudiantes el valor del trabajo y el esfuerzo al mismo tiempo que valora el de ellos y les retroalimenta formativa y oportunamente (Ariza & Ferra, 2009). Es un profesor con liderazgo que  promueve un clima afectivo gratificante, el espíritu crítico y la adquisición de competencias sociales de comunicación y negociación mediante las discusiones grupales, el trabajo colaborativo y el debate de ideas, las cuales favorecen el control sobre las estrategias de pensamiento por parte de los alumnos.

De igual manera, los elementos asociados a clima positivo de aula se vinculan con un docente que mantiene un trato respetuoso y cordial hacia los estudiantes, les motiva y promueve la participación y está disponible para ellos. Respecto a esto, estudios realizados por Astin (1984) revelaron que una interacción frecuente con los profesores es un factor fuerte de satisfacción y de identificación de los estudiantes con la escuela y con sus estudios, más que cualquier otro tipo de interacción, ya sea con los pares o con cualquier instancia del centro.

En un aula con un buen clima es un ambiente donde el docente manifiesta buena disposición para resolver dudas con voluntad y actitud positiva, mantiene siempre la disciplina y maneja comportamientos irregulares (Ríos, Bozzo, Marchant, & Fernández, 2010). Asimismo, es un docente que construye a partir de los errores dejándolos ver como necesarios para aprender, ayudando a los alumnos a reestructurar los conceptos y convertirlos en conocimientos acertados. Son docentes que propician el desarrollo de lazos afectivos entre los estudiantes a fin de mejorar la disposición para relacionarse unos con otros y para el aprendizaje.

Respecto a esto, la investigación da cuenta de la valoración por parte del alumnado de la enseñanza personalizada en el aula. Esta es una práctica docente que informa sobre profesores que conocen, cuidan y apoyan a sus alumnos y que están al tanto de las diferentes situaciones que puedan incidir en su desempeño. Junto con ella, el respeto y la democracia son otros de los aspectos que construyen un clima de aula propicio para el florecimiento del sentido de pertenencia.

Haciendo referencia a estos últimos aspectos, es importante resaltar que el aula es un espacio de relaciones interpersonales y grupales, donde se ejecutan muchas veces relaciones de poder entre el cuerpo docente y el alumnado, las cuales deben estar basadas en la percepción de liderazgo, el respeto, la confianza y el cuidado. Cuando en el aula se verifican relaciones de poder caracterizadas por la dominación-sumisión, se crea un clima tenso que no promueve el aprendizaje ni la identificación y repercute en la imagen, la autoestima, los sentimientos, los intereses y la motivación del alumno.

El profesorado fomenta un clima positivo cuando aprecia a sus alumnos y escucha sus intervenciones. Sin embargo, fomenta un clima negativo cuando no escucha, muestra expresiones de tedio y da mucha importancia a las calificaciones ya que promueve la comparación social, la rivalidad entre los estudiantes, la disminución del grado de implicación, el deterioro de la autoestima y de la sensación de control (Ariza & Ferra, 2009). Otros factores que se relacionan con un clima de aula negativo son dar poca voz a los estudiantes, usar el refuerzo negativo para motivar, sancionar más allá de lo funcional y realizar comentarios irónicos. Todos estos aspectos generadores de un clima de aula negativo, son también y por consiguiente obstaculizadores del sentido de pertenencia.

 Contribución del ambiente físico al clima del aula

La investigación destaca la influencia de los aspectos físicos en el clima del aula. Se reconoce las distintas maneras en las que estos condicionan la percepción del ambiente y el establecimiento de lazos afectivos. Por tanto, un aula cuyo espacio se perciba acogedor aportará a un buen clima, en cambio, uno que se perciba aburrido u opresivo, lo debilitará.  Asimismo, aspectos físicos como la acústica, iluminación, ventilación, temperatura y disposición del mobiliario condicionan la interacción en clase, el trabajo colaborativo y el desempeño en sentido general.

Respecto a lo anterior, Suarez (1987) concede especial atención a cómo el espacio del aula puede facilitar o impedir un aprendizaje efectivo. En lo que respecta a la organización de los alumnos, señala que ésta debe responder a los objetivos curriculares y a las actividades de clase y ya sea por territorios personales (asientos en hilera, en círculo) o por áreas de trabajo (pareja, equipos),  repercutirá en las interacciones que se llevarán a cabo entre ellos. Por su parte, Pérez (2010) propone la conveniencia de aulas amplias donde se facilite la participación así como la importancia de proveer las condiciones adecuadas a la actividad formativa en cuanto a niveles de ruido interno y externo, visuales y factores estéticos.

Con estos aspectos coinciden Left (1978), Muntañola (2004) y Muñoz (2005) quienes resaltan los efectos de la ambientación estética del aula. Estos destacan que se produce una comunicación más efectiva en espacios que cuentan con cierta intencionalidad estética. Los alumnos se perciben cuidados e importantes en espacios que a su vez son cuidados.  Estos espacios provocan reacciones positivas como bienestar, familiaridad, calidez, confianza, satisfacción, cobijo y gozo. Facilitan la interacción social y la creatividad y dan sensación de energía y alegría. Lo contrario provoca aburrimiento, hostilidad, fatiga. Asimismo, contar con un mobiliario cómodo, lugares para exponer objetos y productos de la clase, espacios que se pueden personalizar, invita a permanecer, a construir significados y lazos afectivos (Russell & Pratt, 1980; Suarez, 1987; Vidal & Pol, 2005). Todo esto propiciará un buen desempeño e identificación.

 Estrategias didácticas conformadoras de buen clima de aula

La investigación sobre el clima del aula en la Escuela también se ha enfocado en estudiar las repercusiones de éste en el aprendizaje y en el sentido de pertenencia de los estudiantes. Concede un papel muy importante a las estrategias didácticas empleadas por los docentes en la conformación de un clima propicio para el aprendizaje y la identificación.  Estudios muestran que las aulas que se caracterizan por ser entornos cooperativos ayudan a los estudiantes a integrarse socialmente, a experimentar una sensación de pertenencia,  a permanecer en el programa elegido y a lograr buenos resultados en sus estudios (Meeuwisse, Severiens, & Born, 2010). De igual manera, el diseño de las actividades de aprendizaje influye en la percepción de auto eficacia de los estudiantes. Cuando este concede más protagonismo al alumnado, aumenta el grado de participación, independencia y responsabilidad y el desarrollo de capacidades y habilidades.

Coincidiendo con estos planteamientos, Howard, Howell, & Brainard (1987) agregan que la puesta en práctica de estrategias didácticas creativas y eficaces contribuye simultáneamente al buen rendimiento de los estudiantes y a la potenciación de los procesos de identificación y satisfacción estudiantil. Destaca entre estas estrategias la planificación flexible y adaptable, la priorización de la actividad del estudiante sobre las explicaciones docentes, el aprendizaje a través de la creación de problemas y relatos y las  actividades basadas en iniciativas del alumnado.

La investigación revela que un contenido curricular pertinente impartido en el aula mediante estrategias didácticas dinámicas e interactivas promueve el sentido de pertenencia, desarrolla el compromiso de los estudiantes y la motivación, y, por consiguiente, aumenta la retención y el éxito académico. Como ejemplo, se citan estrategias que enfaticen el aprendizaje colaborativo como proyectos, equipos temáticos y grupos de estudio; experiencias de aprendizaje diversificadas basadas en aprender haciendo como experimentos, construcciones, debates; espacios especializados según la disciplina como talleres, laboratorios, cocinas, salas de entrevistas, cabinas de audio; comunicación de contenidos actualizados mediante charlas entusiastas, videoconferencias, foros. Otras estrategias didácticas ejemplificadas en la literatura como potenciadoras de la identificación del estudiante son la construcción de diarios, bitácoras, álbumes de fotos y anuarios, murales, trabajo comunitario, exposiciones, simulaciones, trabajo en distintos escenarios.

Estudios llevados a cabo en aulas exponen que la alta valoración del trabajo que se hace en el aula, como la percepción de que las tareas son significativas, interesantes, importantes y útiles tienen una fuerte influencia en el sentido de pertenencia, el cual a su vez es más fuerte en las aulas donde los profesores fomentan la participación y son percibidos como amigables, serviciales y organizados (Anderman, 2011).

Conclusión

A partir de la literatura y los estudios empíricos realizados en distintas escuelas, se resumen a continuación las características de las aulas con un clima positivo, que promueven el sentido de pertenencia de los estudiantes y con él su identificación, compromiso y buen desempeño académico. Estas características se presentan clasificadas en los cuatro aspectos descritos como configuradores del clima del aula: Aspectos didácticos, curriculares, relacionales y físicos.

 Referencias

Anderman, L. (18 de 4 de 2011). School belonging. Recuperado el 2 de 3 de 2013, de education.com: http://www.education.com/reference/article/school-belonging/

Ariza, M. R., & Ferra, M. P. (2009). Cómo motivar a aprender en la universidad: una estrategia fundamental contra el fracaso académico en los nuevos modelos educativos. Revista Iberoamericana de Educación(51), 87-105.

Arón, A. M., & Milicic, N. (1999). Clima social escolar y desarrollo personal. Un programa de mejoramiento. Santiago de chile: Andrés Bello.

Astin, A. W. (1984). Astin, A. W. (1984). Student involvement: A developmental theory for higher education. Journal of college student personnel, 25(4), 297-308.

Brea, L. (2014). Factores determinantes del sentido de pertenencia en los estudiantes de Arquitectura del Campus Santo Tomás de Aquino de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra. Murcia, España: Universidad de Murcia.

González, M. T. (2010). Los centros escolares y su contribución a potenciar la implicación de los estudiantes en sus aprendizajes. En M. Manzanares, Organizar y dirigir en la complejidad. Insatituciones educativas en evolución (págs. 372-379). Madrid: Wolters Kluwer.

Hargreaves, D. (1986). Las relaciones interpersonales en la educación (3 ed.). Madrid: Narcea .

Howard, E., Howell, B., & Brainard, E. (1987). Handbook for conducting school climate improvement projects. BloomIngton, Indiana: PHI Delta Kappa Educational Foundation.

Leff, H. L. (1978). Experience, environment and human potencials. New York: Oxford University Press.

Meeuwisse, M., Severiens, S. E., & Born, M. P. (2010). Learning environment, interaction, sense of belonging and study success in ethnically diverse student groups. Research in Higher Education, 51(6), 528-545.

Muntañola, J. (Mayo-Agosto de 2004). Arquitectura, educación y dialogía social. Revista española de pedagogía(228), 221-228.

Muñoz, J. M. (2005). El lenguaje de los espacios: interpretación en términos de educación. Teoría educativa(17), 209-226.

Pérez, Z. P. (Noviembre de 2010). Las dinámicas interactivas en el ámbito universitario: el clima de aula. Revista Electrónica Educare, 14(Extraordinario), 7-20.

Ríos, D., Bozzo, N., Marchant, J., & Fernández, P. (2010). Factores que inciden en el clima de aula universitario. Revista Latinoamericana de Estudios Educativos, 40(3-4), 105-126.

Suarez, M. (1987). Organización espacial del aula. Revista de Educación(2821), 301-311.

Tableman, B., & Herron, A. (Diciembre de 2004). School Climate and Learning. Best Practice Briefs(31).