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Estas son las tareas que ya debería hacer tu hijo a su edad

Ya sea por las prisas o por comodidad, muchos padres acostumbran a no dejar que sus hijos realicen ciertas tareas para las que están perfectamente capacitados. Atarse los cordones, llevar su plato al fregadero, hacerse la cama, recoger los juguetes de la habitación, vestirse… Asumen que sus hijos tardarán más en llevar a cabo estas labores sin pensar que el verdadero efecto sobre ellos es que impiden que se desarrollen conforme a su propia evolución y sean incapaces de aprender lo que significa ser responsables.

No obstante, hay familias en las que se llega a cuestionar a qué edad deben asumir los pequeños ciertos hábitos. En un intento de ayudarles a salir de dudas, Montse Julia, coordinadora del equipo directivo y coordinadora pedagógica de Infantil y Primaria del Colegio Montessori Palau, ha elaborado para ABC un esquema de las principales tareas para las que están preparados según su edad.

Antes de caminar:

Orientaciones generales:

Mostrar al niño todo lo que se hace

– Cuidado de la persona, salud y relaciones cercanas:

Explicar al niño lo que va sucediendo.

Hacerle participar de las tareas relacionadas con el cuidado de la persona.

Experiencia en el suelo práctica de movimiento.

– En casa

Observar y escuchar como se preparan sus comidas y los ingredientes.

– Participación en sociedad:

Hacer participar al niño de lo que hacemos fuera de casa, si es adecuado a su edad.

Desde que camina hasta los 2 años y medio:

Orientaciones generales:

El niño puede participar en muchas actividades y practicarlas: Lo mostramos y lo hacemos, lo hacemos juntos y el niño terminará haciéndolo solo.

– Cuidado de la persona, salud y relaciones cercanas:

Ir a buscar pañales y toallitas.

Ducharse (básico).

Escoger la ropa (entre dos o tres alternativas).

Vestirse y desvestirse (a excepción de algunas piezas).

Lavarse la cara y manos.

Cepillarse los dientes.

Comer solo.

Olvidarse de los biberones.

Controlar los esfínteres.

Recoger los juguetes, libros y guardarlos

Prepara las cosas para ir al colegio

– En casa:

Recoger ropa sucia y llevarla a lavar.

Hacer la cama (si es baja).

Poner la mesa.

Practicar barrer, fregar y aspiradora.

Separar residuos de basura.

Doblar trapos.

Limpiar el polvo.

– En la cocina:

Pelar y cortar un plátano con un cuchillo.

Desgranar guisantes, habas…Pelar huevos durso.

Hacer zumo de naranja.

– Participación en sociedad:

Entrenarse a parar en la acera.

Escuchar la dirección de su casa con frecuencia.

De 2 y medio a 5 años:

Orientaciones generales:

Ir ampliando el campo de autonomía. Facilitar y dar oportunidades para que experimente la espere, guarde silencio.

– Cuidado de la persona, salud y relaciones cercanas:

Abrillantar zapatos.

Ducharse bien.

Participar al hacer una maleta.

– En casa:

Barrer y fregar.

Aspirar

Limpiar el polvo a fondo.

Lavar platos, vasos y cubiertos a mano.

Limpiar sanitarios.

Arrancar las malas hierbas y recoger hojas secas.

Cargar y vaciar el lavavajillas.

Regar plantas.

Preparar jarrones de flores (más sofisticado).

– En la cocina:

Preparar ensalada.

Preparar desayuno y merienda.

Pelar zanahorias (rascándolas).

Cortar lechuga.

Preparar bocadillos.

Seis años:

Orientaciones:

Ir ampliando el campo de autonomía. Obedecer y aumentar la libertad. Facilitar y dar oportunidades para que experimente la espera, guarde silencio.

– Cuidado de la persona, salud y relaciones cercanas:

Peinarse (sencillo).

Diferenciar ropa de verano de la de invierno.

Conocer el día de la semana en el que se está y los horarios propios.

Conocer los cumpleaños de los miembros más allegados a la familia.

Contestar el teléfono y coger los recados y darlos correctamente

Practicar actividades físicas sin especialización como actividad de desarrollo saludable y de diversión.

Hacerse la maleta de viaje con supervisión.

Tomar conciencia de aspectos básicos relacionados con la sexualidad de acuerdo con los valores familiares.

– En casa:

Poner el lavavajillas.

Separar la ropa por grupos de lavado.

Quitar malas hierbas.

Guardar la compra.

Saber cerrar la casa.

Saber ser anfitrión en las fiestas con invitados.

Alimentar a las mascotas.

– Participación en sociedad:

Saber cómo actuar en caso de perderse (policía, tienda…).

Conocer las normas de civismo.

Dar la visión de la familia ante la muerte de personas, mascotas…

Siete años:

Consideraciones generales:

Ir ampliando el campo de autonomía facilitando que experimente pequeñas consecuencias de sus actos y frustraciones.

– Cuidado de la persona, salud y relaciones cercanas:

Apreciar la propia higiene.

Conocer los teléfonos de urgencias (ambulancias, bomberos…)

Medicaciones (en caso de haberlas) saber para qué sirven y las precauciones.

– En casa:

Poner lavadoras.

Tender, doblar y colgar ropa limpia.

Hacer la compra.

Conocer los peligros de la casa (gas, electricidad, productos tóxicos, conocer precauciones).

Saber dónde se guardan las cosas.

Pasear a las mascotas.

Cocinar huevos revueltos, duros, tortilla, francesa y carne a la plancha.

Cocinar pasta, arroz y verdura hervidos.

Conocer los alimentos sanos y saber escoger menús equilibrados.

– Participación en sociedad:

Conocer las leyes que rigen la sociedad como propiedad privada, respeto a la intimidad, derechos de imagen…

Conocer las normas viarias básicas como peatón y como conductor.

– Ética y moral

Reflexionar y saber qué hacer ante una persona con la que no te llevas bien o de carácter extraño.

Dar a conocer el código ético familiar.

Compartir la visión del concepto de pareja, familia, relacionado con la sexualidad.

Ocho años:

Consideraciones generales:

Ir ampliando el campo de autonomía facilitando que experimente pequeñas consecuencias de sus actos y frustraciones.

– Cuidado de la persona, salud y relaciones cercanas:

Peinarse, más sofisticado. Saber realizar pequeñas curas de rascadas, picadas, tratarse los piojos.

Conocer el propio peso, altura, talla, número de zapatos.

Iniciar algún tipo de especialización deportiva como actividad de desarrollo, saludable y de diversión.

Conocer los cambios del cuerpo de acuerdo con la edad.

– En casa

Planchar sencillo.

Cambiar bombillas

Feír pescado o verduras o patatas.

Pelar patatas (dependiendo de la fuerza).

– Participación en sociedad:

Ir a diferentes sitios cercanos a pie solo.

Ética y moral

Conocer la actitud de la familia ante la pobreza, los países del tercer mundo y problemas sociales.

Conocer la actitud de la familia ante la guerra, inmigración, marginación.

Nueve años:

Consideraciones generales:

Ir ampliando el campo de autonomía facilitando que experimente pequeñas consecuencias de sus actos y frustraciones.

– Cuidado de la persona, salud y relaciones cercanas:

Saber realizar pequeñas curas de arañazos, tratarse piojos

Conocer las enfermedades crónicas propias o de hermanos y padres y saber las pautas a seguir.

Saber cuándo abrigarse.

Hacerse la maleta de viaje autónomamente.

Tomar conciencia progresivamente de aspectos más amplios relacionados con la sexualidad de acuerdo con los valores familiares.

– En casa

Planchar todo.

Seguir una receta.

– Ética y moral

Conocer la relación de la familia con el dinero: las prioridades.

Reflexionar y saber la razón de vida, el motor de vida de los padres, dar respuestas a preguntas trascendentes, reflexionar sobre religiones y creencias en el mundo.

Autoconocimiento: tomar conciencia cuando uno no está de buen humor.

Escoger las personas de confianza, los buenos amigos, compartir cosas y sentimientos con ellos.

Diez años:

Consideraciones generales:

Ir ampliando el campo de autonomía facilitando que experimente pequeñas consecuencias de sus actos y frustraciones.

– Cuidado de la persona, salud y relaciones cercanas:

Conocer los peligros para la salud de las drogas alcohol, trabajo, y las consecuencias del mal uso y abuso.

Custodiar su documentación sanitaria, targeta sanitaria, libro de vacunaciones, conocer las vacunas básicas.

– En casa:

Sacar la basura.

Saber comprobar los puntos clave para cerrar la casa seguridad, alarmas…

Cuidado de las mascotas incluyendo algunos temas básicos médicos.

– Participación en sociedad:

Conocer el funcionamiento de la sociedad, (bancos, oficios, agentes sociales, administraciones…)

– Ética y moral

Conocer las opciones políticas de casa, razonamientos y argumentos.

Haber adquirido empatía, reconocer cuando los demás no están bien.

Once años:

Consideraciones generales:

Ir ampliando el campo de autonomía responsable

– En casa:

Conocer los cambios del cuerpo de acuerdo con la edad tanto para el propio sexo como para el opuesto.

Conocer todas las tareas de la casa.

Sbir un diferencial.

Llamar a los operarios necesarios.

Llamadas de urgencia.

– Ética y moral

Aprender a afrontar problemas buscando soluciones.

Doce años:

Consideraciones generales:

Un adolescente debe participar de las obligaciones familiares al mismo nivel que un adulto.

– En casa:

Preparar un día a la semana una cena o una comida para la familia. Custodiar toda a documentación personal: DNI, tarjeta sanitaria…

Haber adquirido un buen hábito de práctica regular de actividad física como fuente de salud, equilibrio y diversión.

Conocer y saber realizar las tareas básicas del jardín.

Responsabilidad compartida sobre todos los aspectos relacionados con las mascotas, veterinario, vacunas,..

Cocinar y conocer platos para un menú básico.

– Participación en sociedad:

Realizar encargos básicos para la familia.

Vuelta al cole: cuando el síndrome postvacacional afecta a los niños

Animar y motivar a los más pequeños de la casa en su vuelta a las aulas también es una competencia paternal, recuerdan los expertos

Entre la próxima semana y la siguiente, miles de escolares iniciarán un nuevo curso. Como los adultos, los niños también pueden sufrir síndrome posvacacional, que se manifiesta, entre otros síntomas, con cansancio, cambios de humor o, en casos más puntuales, problemas estomacales. «Uno de los mayores miedos de los niños, sobre todo a partir de los seis años, es el miedo escolar. Pero, en general, a casi todos los niños les cuesta el cambio entre las vacaciones y el mundo escolar, debido al contraste tan fuerte de las dos experiencias. Por ello, la ayuda en la transición de las dos etapas, es nuclear», afirma la psicóloga, neuropsicóloga y coach personal Sonia Sauret.

Para Sauret, es fundamental el comportamiento de los propios padres. «Cuando estos se estresan demasiado, los niños lo viven. Al pequeño le importa muchísimo el estado de ánimo de los padres. Cuanto más pequeño, más le importa». De hecho, matiza la psicóloga Mireia Cabero, de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), la dificultad de volver a la rutina escolar se muestra de forma muy distinta en los menores que cursan educación infantil y los que estudian ESO. «Los primeros pueden manifestarlo en forma de llantos o quejas, mientras que los segundos optan mayoritariamente por el silencio. Eso no quiere decir que el adolescente no tenga que hacer ningún esfuerzo», advierte.

En ambos casos, apunta la neuropsicóloga Sonia Sauret, lo que sucede es un «contagio emocional». «Cuando las personas sincronizan sus propias emociones con las expresadas por quienes las rodean, aunque sea de forma inconsciente. Lo bueno qes que también sucede con la felicidad y emociones como la alegría, el buen humor, la calma, la tranquilidad y la seguridad, que también se contagian. Así, el niño imitaría la conducta emocional de los padres, de forma incosciente y totalmente natural», explica.

Teniendo en cuenta esa realidad, Sauret recuerda que «animar y motivar a los niños también es una competencia paternal» y que para eso los progenitores deben comenzar por cuidar el lenguaje y transmitir ilusión. «Cuidar las expresiones verbales y no verbales, intentar sentir y expresar ilusión en esta etapa del año… Y por supuesto, evitar los típicos comentarios negativos sobre la vuelta al colegio y los profesores, las actividades relacionadas o, incluso, el mal comportamiento de tu hijo».

De hecho, la propuesta de esta neuropsicóloga y coach es hacer que la vuelta al cole sea un acontecimiento espectacular. «Si parte del significado que tienen las cosas para los niños proviene de lo que dicen los padres… Quienes realmente tienen el poder sobre el significado de las cosas, son los padres. Comprar el material, preparar la ropa adecuada, organizar las actividades, ordenar la habitación, pueden convertirse en actividades importantes, positivas y hechas con optimismo e ilusión», apunta. «Resaltar la alegría de estrenar material nuevo, hacerles partícipes de la vuelta al cole, comprando y organizando juntos, puede ser buena idea. Hasta organizar una pequeña fiesta de principio de curso con sus amigos de clase. ¿Por qué no? Puede ayudar a perder el miedo y la timidez, y facilitar la ilusión y la adaptación, que es lo que pretendemos», insiste. La clave, corrobora la psicóloga Mireia Cabero, de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), «es poner el foco en todos los aspectos positivos que tiene el inicio de curso. como es el reencuentro con los amigos, profesores, nuevos retos… unos días antes de volver a clase».

La importancia de volver a las rutinas

Para la experta de la UOC, otro de los hábitos clave que influyen en el estado de ánimo y que debe irse recuperando estos días previos es el sueño. «El hábito de acostarse más temprano facilitará que el día que empiecen la escuela puedan levantarse sin necesidad del despertador», coinciden en señalar Cabero y el también psicopedagogo de la UOC Antoni Badia. Resulta importanet, incluso, «seguir una alimentación energética que facilite la rutina, eliminando productos con azúcares refinados propios del verano como puedan ser los helados, las bebidas azucaradas…». Por último, y en el caso de que la vuelta al cole les despierte un rechazo exagerado, «debería buscarse por qué: si es por alguna actividad, por algún compañero…», advierte Mireia Cabero.

Fuente: abc.es

De ‘rompehogares’ a cuidadora

Cuando él abandonó a mi madre por una mujer muchísimo más joven, nunca esperé que un día me iba a sentir agradecida con ella.

Es alta en comparación al promedio de mujeres chinas; parece casi jugadora de voleibol olímpica. Tiene un torso largo y su cara es ancha. Un polvo rosa oscuro acentúa sus pómulos.

“Los rasgos de una campesina”, solía decir mi madre sobre ella. “No es hermosa, ¡ni siquiera bonita!”.

Mi padre no opinaba lo mismo.

Hace veinticinco años él dejó a mi madre para estar con esa mujer, entonces una estudiante de posgrado en su departamento que era tres décadas más joven.

Ella se volvió su esposa (nunca la llamaré madrastra). La casa de mi padre se volvió la casa de él con su esposa. Aunque a estas alturas se siente más como el hogar de ella, con sus baratijas, zapatillas de plástico y montones de trabajos pendientes de calificar. Ya no me refiero a los viajes de fin de semana allí como ir a casa, que implica calidez y un sentimiento de bienvenida, sino como ir de visita, algo completamente distinto.

Durante una visita reciente, ella preparó la avena de mi padre con almendras y linaza y se lo dio de comer una cucharada a la vez. Entre cucharadas él solo murmullaba. En ocasiones la voz de mi padre denota irritación; esa mañana mostraba más bien una benigna confusión.
“Mira quién es”, dijo ella.

Llamé a mis dos hijos para que se acercaran, lo que hicieron incómodos. “Hola Gung-Gung”, dijo mi bebé de 6 años, y mi padre abrió sus ojos.

“Hola ba, ¡estamos aquí!”, dije.

“Oh, ¡hola, hola!”, respondió, con el entusiasmo de un cachorro. Sacó una mano debajo de su cobija gruesa y los niños sonrieron. Él no recuerda sus nombres.

Hace veinticinco años, mi padre era profesor de Física Teórica y muy carismático, con una mente sumamente ágil. ¿Cómo sucedió esto? ¿Será que alguna vez la vio en la primera fila de su clase, donde ella siempre hacía las preguntas más pertinentes? ¿O acaso ella visitó su cubículo durante las horas de asesoría, primero algo incierta y acompañada por otro estudiante y, ya después, ella sola? ¿Fue él como un casanova motivado por la lujuria o tuvieron un acercamiento gradual impulsado por su fascinación mutua con la superconductividad de alta temperatura? ¿Quién dio el primer paso?

“Ella viene desde China continental, ¡claro que es cazafortunas!”, decía seguido mi madre. “Green card y dinero. Tu ba es muy tonto, ¡solo sabe de Física!”.

En ese entonces le daba la razón a mi mamá, por lealtad. Claro que sí. Como hija, como una mujer joven, como feminista. Mi madre era fuerte, pero esto era doloroso.

Después de intercambiar los saludos, la esposa de mi padre siguió dándole la avena a cucharadas. Yo me senté cerca de donde mi papá tenía sus pies. Ella habló con un tono animado y ruidoso sin siquiera voltear a verme. A lo largo de los años nunca me ha pedido ayuda y ha ignorado mis ofertas para ayudar; ahora estamos atrincheradas en un lugar donde es menos incómodo si no ofrezco hacerlo, y me pregunto si debería haberlo intentado con mayor insistencia.

Mi madre ya no vive, pero sigo escuchando su voz: “Es la rompehogares”.

No culpo a mi padre. Él estaba descontento. Nunca entendí el matrimonio de mis padres: ella lo molestaba, él le gritaba, los dos peleaban y ella hacía como si nada.

Recuerdo cuando era niña que lo veía caminar en círculos muy concentrado por la casa. “¿Otra vez estás trabajando?”, le preguntaba. “Ajá”, respondía, con una enorme sonrisa. Amaba que estar caminando en círculos mientras pensaba era parte de su trabajo. Para enseñarnos matemáticas, nos sentaba en su regazo y nos pedía calcular cuántos pollos y cuántos cerdos había en un corral con dieciocho patas y seis cabezas.

Tampoco culpo a mi madre. Era una mujer práctica que trabajaba de bibliotecaria y crió a tres hijos que tenía que llevar a sus clases de gimnasia y natación y piano; siempre estaba cortando esto y otro en la cocina mientras preparaba el caldo en la estufa.

Creo que la mayor diferencia entre ellos era esta: mi madre nunca esperó tener una vida plena de felicidad y mi padre sí.

Seguro era la crisis de mediana edad, pensamos (aunque ya casi tenía 60 años cuando sucedió). No va a durar. Y, encima, qué asco (ella tenía veintitantos, igual que yo). Hoy en día, ¿mi padre sería considerado un depredador? En ese entonces, a mediados de los años noventa, ya había murmuraciones, burlas, miradas altaneras. Hoy seguramente él sería blanco de condena. Y ella, si no era la cazafortunas en busca de una green card que decía mi madre, definitivamente era ingenua, una jovencita tonta o fácilmente engañada. Hoy seguramente alguien la haría darse cuenta de la tontería para evitar que siguiera.

El deterioro de mi padre se fue haciendo evidente a lo largo de varios años. Primero se volvió olvidadizo, con lapsus fáciles de perdonarle. Luego empezó a contar siempre las mismas historias, repetidas varios días seguidos, luego cada par de horas, cada par de minutos, después de solo unos segundos. Una mañana se perdió camino a la universidad en un trayecto en el que había conducido por más de cuarenta años. Un estudiante muy gentil se lo encontró cuando mi padre estaba aterrado y lo acompañó hasta su oficina. La imagen del profesor distraído cambió por completo.

En otra ocasión me llamó y sonaba histérico. “Estaba haciendo mis cálculos y de repente me sentí tan nublado que no sabía ni dónde estaba. Hija, ¿me estás escuchando? Si pierdo la cabeza, ya no quiero vivir”.

Empezó a llorar. Yo no sabía qué decirle. Pensaba que mi padre, como todos los padres, era invencible.

Su deterioro no se sentía tan grave por la rutina invariable en las visitas de fin de semana. Teníamos rituales: ir al bufé chino (donde ella llevaba sus propias hojas de té para tomar); cenar en Red Lobster (donde él ordenaba el surf and turf, tradicional mar y montaña); tener prendida todo el tiempo la televisión de 60 pulgadas sintonizada en CNN o telenovelas chinas.

Salíamos a caminar por las veredas del vecindario suburbano; primero con uno de mis hijos en la carriola; luego él, agarrado del brazo de su esposa mientras mis hijos se correteaban más adelante; después, con uno de nosotros empujando su silla de ruedas y él con una cobija en el regazo. Ahora que tiene 83 años apenas si sale. No puede caminar ni orinar ni comer por sí solo. Ella lo sienta frente a la ventana con las persianas arriba en días soleados.

Ella es cordial y amable con los niños. Aunque nunca pregunta sobre cómo les va en la escuela ni en sus actividades o si tenemos planes para el verano. A veces intento entablar una conversación: “¿Cuántas clases vas a dar este semestre?”. “¿Ha estado haciendo mucho frío?”. “¿Qué tal está comiendo?”.

Ella es amable pero nunca baja la guardia. Tal vez sea cultural o tal vez sea que para ella no soy más que la hija de mi madre.

Lo cierto es que la esposa de mi papá no parece estar resentida conmigo. Quizá recelosa. A veces su tono hacia mí es hasta cortante.

Y ahí escucho las advertencias de mi mamá: “No te dejes engañar por ella”.

Sin embargo, también tiene un toque muy gentil cada vez que se acerca a mi padre para ajustar su gorra de béisbol o sus calcetas grises o los lentes en su nariz. Cuando se sientan en el sofá, ella se queda pegada a él.

Podría haberlo llevado a un hogar, o contratado a una enfermera para que lo cuidara o a todo un elenco de asistentes en el hogar.

Pero ella no lo ha hecho.

A veces los espío. Ella sigue agarrándolo de la mano hasta cuando no hay nadie más presente.

Alguna vez fueron coautores de artículos académicos; discutían sobre política mientras comían pistaches en la cama y veían The Bachelor. Alguna vez fueron una pareja que conducía dos horas solo para ir a un lugar de comida estilo dim sum o que de repente volaban a Asia para alguna reunión de egresados de su colegio. Era evidente, aunque nunca fue fácil para mí aceptarlo, lo bien que el intelecto, curiosidad y sentido de asombro de la esposa de mi padre encajaba con los de él.

Ella no tenia cómo saber qué el iba a terminar así.

Se acercaba la hora de cenar cuando mi hijo de 8 años preguntó si íbamos a ir al bufé chino “como siempre”.

“Como siempre” se acabará un día, y pronto.

Para irnos fue complicado lograr subir a mi padre a la camioneta, aunque ella tiene el asunto bien practicado: Aquí va el pie derecho, pon aquí la mano izquierda, ¡cuidado con la cabeza! Ok, ya estás sentado, relájate.

Antes de que él se relajara, ella había estado cargando cada gramo de su peso.

Me di cuenta de que ella podía hacerlo porque él ha adelgazado mucho. Ya prácticamente es solo huesos. El que su esposa siga teniendo fortaleza se ha vuelto muy importante, una ventaja práctica. En esos momentos pienso: “Qué buena elección tomó mi padre. Qué suerte tengo. Si no lo hiciera ella, lo tendría que hacer yo, pese a que no tengo nada de su gracia como cuidadora”.

Al llegar al bufé, la persona en la recepción nos dijo: “¡Cuánto tiempo sin verlos!”.

Mi padre comió con un babero de tela. Su plato fue llenado por la esposa con costillitas y carne con salsa dulce y jengibre. La esposa partió las patas de cangrejo con sus dientes para que él pudiera comerlas. Una hora después, de regreso en la casa, ella le estaba dando lo que había sobrado.

“¿Todavía tienes hambre, ba?”, le dije, con un palmadita a la cabeza.

“Tiene buen apetito”, me dijo ella, y las dos sonreímos como si se tratara de un bebé que se terminó su botella de leche. Cuando estábamos limpiando la mesa él empezó a murmullar. “¡Ah, ya sálganse!”. Su molestia retumbó por el aire. Las personas con demencia casi nunca muestran gratitud. Pero ella podría irse.

No lo ha hecho. No lo hará.

“Abre bien”, le pidió a mi padre, para pasar hilo dental por sus dientes.

Me pregunto qué dirá la gente de ellos ahora. Aunque las opiniones de la sociedad no importan; a ellos nunca les importaron.

Por más que sea desdeñado o desagradable a la vista, su matrimonio me ha enseñado que no hay que emitir juicios prematuros.

Ella sigue ahí; alta, orgullosa, resiliente. Para bien o para mal, hasta que la muerte los separe.

Sin duda es amor. (Perdóname, ma).

Es amor: atrincherado, digno de respeto, de admiración y, sí, de gratitud.

Fuente: TheNewYorkTimes

Así podemos proteger a los menores de los ciberriesgos

El uso de la tecnología no está exento de riesgos. Enseñar a los menores cuál es la forma correcta de utilizarla es una tarea en la que han de involucrarse los adultos también en casa. Se trata de establecer unas normas y hábitos de uso con el fin de alejar a los hijos de posibles peligros.

El 71% de los padres son conscientes de que cuando sus hijos se relacionan con la tecnología están expuestos a diferentes ciberriesgos. Así lo recoge el estudio ‘Winning the game’, elaborador por la empresa de seguridad McAfee.

Entre sus principales preocupaciones está la posibilidad de que los ciberdelicuentes se escondan bajo una falsa identidad para robar información confidencial (62%), se descarguen virus de manera inconsciente (58%) o que los hackers accedan a datos personales o financieros (52%).

La necesaria intervención de los progenitores

Para proteger a los menores es imprescindible que sus progenitores hagan una labor de prevención. Establecer ciertas rutinas y configurar adecuadamente los dispositivos que utilizan los menores ayuda a que adquieran determinados hábitos que mejoren su seguridad en el uso de la tecnología.

familiar proteger menores ciberriesgos

Unos hábitos que, una vez adquiridos en el ámbito del hogar, serán capaces de trasladar fácilmente al entorno educativo cuando llegue el momento de utilizar un ordenador o una tableta como herramienta de aprendizaje.

El mismo informe de McAfee aporta otros datos significativos: el 27% de los progenitores nunca supervisa lo que hacen sus hijos online y uno de cada diez no sabe si hablan con otras personas. “El equilibrio tecnológico será diferente para cada familia porque cada una tiene sus propios valores, dinámicas y estilos de crianza”, apunta Francisco Sancho, EMEA Partner Manager de McAfee.

“Es poco realista pensar que se puede supervisar todo lo que hace tu hijo –añade Sancho–, pero los padres pueden ayudar educando sobre el contenido y los ciberriesgos, tales como descargarse apps desconocidas y hablar con extraños”.

Tecnología segura

Internet se ha convertido en un recurso imprescindible en la escuela, ya sea para buscar información, interactuar con otros alumnos y docentes, o acceder a material educativo. Por eso es necesario que también se les oriente desde casa sobre la mejor forma de protegerse.

“Los peligros a los que nos enfrentamos en la vida digital no deben ser subestimados, máxime cuando se trata de la vida de nuestros hijos. Los menores no tienen el conocimiento ni la experiencia para eludir a los ciberdelincuentes, por lo que es necesario que los padres asumamos el reto de protegerlos cuando navegan por Internet”, sostiene José Luis Laguna, Systems Engineer Manager en Fortinet Iberia.

niño proteger menores ciberriesgos

Desde esta compañía, también dedicada a proporcionar soluciones de seguridad, recuerdan que es imprescindible hablar con los menores sobre los peligros de la Red y hacerles saber que si ven algo extraño han de avisar a un adulto. Estar al tanto de las actividades online que realizan, colocar los dispositivos en un espacio común de la casa o implementar controles parentales son acciones de prevención necesarias.

Como medida adicional, recomiendan consultar con el proveedor de internet si cuentan con algún tipo de servicio que permita restringir el acceso a determinadas webs y herramientas de comunicación. En caso afirmativo, resultará muy útil para tener un mejor control de lo que hacen los menores cuando usan los dispositivos tecnológicos.

El valor de la privacidad

Para acompañar estas medidas, desde ambas compañías consideran esencial realizar una labor educativa para enseñar a los más pequeños el valor de la privacidad. Esto incluye explicarles cuáles son los ciberriesgos de la publicación de fotos o información personal en Internet y lo difícil que es eliminarla una vez que se hace pública.

Una responsabilidad que también recae en los adultos. “Los padres deben entender las implicaciones de que exista información o fotos de sus hijos online. Dejan una huella digital y, si cae en manos equivocadas, puede ser utilizada para recopilar información personal de los pequeños. Conocer el nombre y ubicación de su colegio, el nombre completo del niño o incluso su fecha de nacimiento… Todo esto puede tener graves consecuencias, desde el robo de identidad hasta el ciberacoso”, advierte Francisco Sancho.

Cuidar las etiquetas geográficas cuando se comparte contenido, establecer límites en el tiempo de uso y, sobre todo, educar antes que supervisar, son parte de las claves para que los más pequeños utilicen la tecnología y accedan a internet de forma segura.

Fuente: educacióntrespuntocero.com

6 claves para educar mejor

 

Educar es una experiencia muy bonita, pero también con momentos de dificultad. En la actualidad, a pesar de tener acceso a un gran número de información sobre cómo educar, parece que, en ocasiones, seguimos perdidos. El psicólogo Miguel Ángel Rizaldos nos habla sobre cómo educar mejor.

Hoy en día, existe acceso a numerosas guías y métodos sobre educación, pero lo cierto es que los padres cada vez parecen estar más perdidos respecto a la forma de educar a sus hijos, ¿por qué?

Considero, por mi experiencia de psicólogo de más de 28 años, que la sobreprotección que mantenemos hacia nuestros hijos impide poner en práctica la información sobre educación a la que tenemos acceso.

Los padres, madres y educadores podemos llegar a ser como helicópteros: estamos todo el día encima de los menores. Esto no favorece un desarrollo sano, ya que los niños necesitan descubrir y experimentar por sí mismos. Y estar continuamente bajo la supervisión de sus mayores no lo facilita.

Además, no podemos olvidar que los padres, madres y educadores también transmitimos nuestros miedos y carencias. Nuestros hijos son fiel reflejo de nosotros.

Padre hablando con su hija

La educación en la actualidad

Es verdad que la realidad resulta algo más compleja ahora, aunque en lo esencial sigue siendo la misma, pero con más tecnología.

Creo que existe poca naturalidad y sentido común. Por un lado, queremos no equivocarnos nunca y hacer todo perfecto en cuanto a la educación de nuestros hijos e hijas y, por otro, deseamos también que sean perfectos. Sin embargo, esto es contraproducente y justo favorece que consigamos lo contrario.

Es cierto hay que educar lo mejor posible, pero no podemos olvidar que, en ocasiones, nos equivocaremos y nuestros hijos también. Unas veces se gana, otras se aprende… 

Quizás todo esto tenga que ver con ese impulso de querer tener todo controlado para que salga bien o como nos gustaría. Sin embargo, la vida es incertidumbre la mayor parte de las veces. Y nuestro margen de maniobra es limitado.

Claves para educar mejor

Los elementos fundamentales y básicos para una educación sana serían:

  • Reconocer y valorar los comportamientos adecuados o los que se aproximan. Criticar y señalar los inadecuados de forma constante no ayuda y tampoco es útil. Estar continuamente enfadado no educa.
  • Empatizar, ponernos en el lugar de nuestros pequeños. Nosotros también fuimos niños. Por lo que intentar recordar esa perspectiva que un día tuvimos puede ayudarnos a entenderlos.
  • Coherencia entre lo que decimos y lo que hacemos. Es mejor no decir aquello que no vamos a hacer.
  • Escuchar con atención lo que te dicen y sienten nuestros hijos. Esto facilitará nuestra comunicación con ellos.
  • Expresar lo que sentimos. Creemos que no es adecuado expresar las emociones negativas delante nuestros hijos. Sin embargo, es conveniente para que ellos también lo hagan y aprendan a canalizarlas.
  • Cuidarnos. Si al tener hijos, olvidamos nuestras necesidades e intereses, no nos cuidaremos y acabaremos quemados. La cuestión es que si no lo hacemos con nosotros, tampoco cuidaremos bien. Y lo más importante, transmitiremos a nuestros hijos que no es importante el autocuidado.

Dar ejemplo es esencial

Los padres, madres y educadores transmitimos nuestro estilo y educación en valores en la convivencia diaria con nuestros pequeños.

Aunque sabemos que no seremos el único influjo en su futura conducta, debemos tener presente que con nuestra educación marcaremos lo que será su hoja de ruta básica para la vida.

Decimos más con lo que hacemos que con lo que decimos que hay que hacer. Por lo tanto, tenemos que ser más coherentes entre lo que expresamos a nivel verbal y lo que finalmente hacemos. En mi libro Guía para papás y mamás en apuros hablo sobre ello.

Hay que cuidarse para educar mejor

Desde la psicología, podríamos afirmar que “de tal palo saldrá tal astilla”, entonces cuidemos el palo para que salgan buenas astillas.

Cuando nos abandonamos y no nos cuidamos lo que suele ocurrir es que acabamos experimentando el síndrome de burnout o estar quemado. Se trata de una preocupación contante por cuidar de nuestros hijos que acaba convirtiéndose en una pesada carga.

Lo que ocurre es que, como dijimos anteriormente, si no nos cuidamos, no cuidaremos bien. Y lo peor de todo es que a nuestros pequeños les trasmitiremos el mensaje de que cuidarse no es importante. Así, cuando sean adultos lo replicarán y, por lo tanto, no se cuidarán.

Madre explicando a su hija consecuencias del mal comportamiento

Transmitir valores para educar mejor

Los valores que queremos trasmitir tienen que tener su correlato en nuestra conducta. De lo contrario, no transmitiremos nada, todo quedará en palabras. Por lo que es fundamental tener el impulso de la motivación y ser conscientes de nuestra responsabilidad en el futuro bienestar de nuestros menores.

  • Somos la base principal del desarrollo saludable de nuestros queridos hijos.
  • Somos el ejemplo y modelo principal de su comportamiento.
  • Somos instigadores de su desarrollo y aprendizaje.

Ser padres y madres es bonito no fácil. Cuidémonos para sentirnos bien y poder trasmitir así las claves que les ayuden a tener mayor bienestar. Y no olvidemos que la palabra convence, pero el ejemplo arrastra…

Fuente: lamenteesmaravillosa.com

10 motivos por los que tu hijo debería practicar deporte

Practicar un deporte con regularidad ofrece muchísimos beneficios, tanto físicos como psíquicos. Lo primero que nos viene a la mente cuando hablamos de hacer ejercicio, son todas las ventajas sobre nuestro cuerpo, desde mantener un peso saludable y mejorar la elasticidad y la coordinación, hasta fortalecer la musculatura y prevenir enfermedades.

Es innegable que realizar una actividad física favorece la salud corporal, pero, muchas veces, no se presta suficiente atención a la mejora de la salud mental. Facilitar el aprendizaje, mejorar el estado de ánimo, obtener más energía y reforzar la autoestima, son algunos de los efectos secundarios de entrenar con cierta periodicidad.

Además de todos estos motivos, los niños y adolescentes pueden sacar más provecho del deporte ya que se encuentran en una etapa formativa y especialmente sensible. De tal manera, el deporte representa una oportunidad para que los más jóvenes de la casa se relacionen con la sociedad y aprendan lecciones tan útiles y valiosas como que todo esfuerzo conlleva una recompensa y que hay batallas que se pierden. También, les mantiene alejados de hábitos perjudiciales como el consumo de tabaco, alcohol o drogas.

Diez beneficios de practicar deporte

  1. Un estilo de vida activo protege la salud. Practicar deporte con regularidad, treinta minutos al día cuatro o más veces por semana, mejora las funciones cardiovasculares y, por tanto, disminuye el riesgo de sufrir varias enfermedades como la cardíaca, presión arterial alta, niveles elevados de colesterol en sangre e incluso, algunos tipos de cáncer.
  2. El deporte fortalece los huesos y lo músculos. Esto disminuye el riesgo de sufrir fracturas y en última instancia baja el riesgo de osteoporosis. La actividad física contribuye a una adecuada maduración del sistema muscular y esquelético, además de corregir posibles defectos físicos. Huesos y músculos fuertes son la base para un crecimiento adecuado.
  3. Mejor coordinación y flexibilidad. El cuerpo se mueve con más elasticidad y permite un nivel más amplio de estiramiento. Este hecho también protege a los niños y niñas de posibles lesiones, ya que como mejor sea su coordinación y mayor sea la flexibilidad de sus músculos evitaran y amortiguaran las caídas y golpes.
  4. El ejercicio físico es la mejor manera de conseguir un peso saludable y, junto a una dieta equilibrada, evitar enfermedades como la obesidad, uno de los males de la infancia más habituales en la actualidad. Si los niños se mantienen activos, resultará más sencillo mantener y regular el peso corporal. También, es una manera más de evitar el sedentarismo y fomentar la realización de los trayectos cortos, caminando o paseando.
  5. Potencia la creación de hábitos saludables, desde la propia práctica del ejercicio a una alimentación sana o una adecuada higiene corporal. Hacer ejercicio con cierta regularidad favorece a la elaboración y regularización de hábitos, costumbres i rutinas que, a medida que los niños y niñas crezcan, formaran parte de su personalidad.
  6. Cuando se tiene un buen estado físico, el cansancio es menor y también se tiene mayor energía y resistencia durante el día. El ejercicio físico ayuda a descargar tensiones, disminuye el estrés y, en consecuencia, mejora la calidad de sueño. Este tipo de actividad puede frenar los impulsos excesivos de los más pequeños de la casa que aún no saben controlar el exceso de nervios o de energía.
  7. Mejor estado de ánimo y sensación de bienestar. Muchos deportistas describen sensaciones de alegría y mejor humor cuando se ejercitan con regularidad. Esto es así porque el ejercicio estimula la liberación de endorfinas, sustancias naturales que produce el cuerpo y promueven la sensación de bienestar y vitalidad. De esta manera, se consigue el mantenimiento de un buen estado de ánimo, más fuerte para afrontar los problemas y contratiempos del día a día.
  8. Practicar algún deporte es una oportunidad para que tu hijo se relacione con otros niños o adultos, siguiendo una serie de reglas y normas del juego. La mejor manera de socializar y que aprenda a ser más colaborador y menos individual, además de enseñarle a aceptar y respetar sus semejantes así como reconocer que existe alguien que sabe más que él. Los deportes en equipo son una manera de compartir triunfos y derrotas, formar parte de un equipo, trabajar unidos para conseguir un objetivo común y de obtener disciplina. Algo que, sin duda, beneficia a quien lo practica en todos los ámbitos de la vida cotidiana.
  9. Es un canal más para mejorar la autoestima de niños y adolescentes que por su cuerpo pueden tener problemas de integración, por sentirse demasiado altos o bajos, o gordos o delgados. Estas sensaciones y complejos son más fáciles de aceptar cuando se forma parte de un equipo y cuando se tiene la capacidad para controlar su cuerpo. Estar integrado en la práctica de un deporte genera, poco a poco, que el niño supere su timidez y aumente su seguridad y confianza en sí mismo.
  10. Los niños a través del deporte pueden darse cuenta del valor y de la importancia de realizar un trabajo y esfuerzo No todos los objetivos se alcanzan de inmediato y es importante que entiendan los sacrificios y las dificultades que a veces surgen. Valores como la constancia, el rigor y la motivación son claves para disfrutar los triunfos y afrontar que hay batallas que también se pierden. Es una manera de ayudar a los niños que tienen poca tolerancia a la frustración.

Esto sería un resumen de los muchos beneficios que supone practicar un deporte, pero seguro que entre todos podemos ampliar bastante más la lista. Ya no hay excusa para introducir el ejercicio en nuestra vida y en la de nuestros hijos, animaros a reflexionar sobre todo lo que os puede aportar. ¡Déjanos en los comentarios tu opinión!

Fuente: aulaplaneta.com

Enseña a tus hijos a reconocer los signos del abuso sexual

Pareciera que cada día que abrimos el periódico, entramos a redes sociales o vemos las noticias, hay una nueva y terrible historia de explotación y abuso infantil. Como consejera y educadora enfocada en prevenir el abuso sexual infantil, la gente a menudo me pregunta si el abuso sexual es más frecuente hoy que antes. Educadores y cuidadores quieren saber por qué pareciera que hay una explosión de nuevas denuncias.

La pregunta es legítima y no es fácil de responder: el abuso sexual sigue siendo un crimen que se reporta poco, aunque ahora hay más medios que nunca para que los sobrevivientes hablen de sus experiencias traumáticas. La luz está llegando poco a poco a los rincones oscuros donde los depredadores siempre se han escondido, y a aquellos que los albergan y asisten. Así que mientras las historias de abuso a manos de clérigos de confianza o incluso miembros de la familia son difíciles de leer y dolorosos de atestiguar, me emociona saber que finalmente estamos dándoles voz a quienes no la tienen. Las estadísticas muestran que al menos uno de diez menores de edad en Estados Unidos sufrirá de abuso sexual antes de cumplir 18 años; no podemos ignorarlo

Es hora de enfocarse en la prevención. Los depredadores olfatean a quienes ya tienen problemas en otras áreas de su vida y pueden ser vulnerables. Sin embargo, hay muchas cosas que los padres y tutores pueden hacer para proteger a las criaturas:

• Enséñales que sus sentimientos importan y merecen respeto. Para los papás eso no significa dejarlos correr por la casa y hacer lo que les dé la gana, sino que cuando un niño comparte un sentimiento, hay que validarlo. Muchos papás conocen el clásico ejemplo de hacer una cena maravillosa con plato fuerte, varios acompañantes e incluso el postre; después, enfrentar a un niño que al ponerse la piyama anuncia que tiene hambre. Todos quisiéramos responder: “Eso no es posible” o “No tienes hambre” o algo menos correcto. Pero con un poco de cuidado podemos validar al niño y mantener nuestro estatus en la jerarquía del hogar. Intenta algo como: “Lamento que tengas hambre, pero tendrás que esperar al desayuno”, o “Ay, tienes hambre… hay una zanahoria en el refrigerador para ti” para validar los sentimientos de tus criaturas.

Respetar al niño y validar sus sentimientos le da un sentido del yo y le ayuda a reconocer sus propias emociones: ser capaz de reconocer nuestros sentimientos es el primer paso para saber cuando algo no se siente bien. Los depredadores confían en que los menores de edad son fáciles de manipular. Los que tienen una mejor sensibilidad respecto a lo que se siente bien y lo que no —y son capaces de comunicar esos sentimientos a adultos de confianza y que estos los validen— tienen una gran ventaja.

• Insiste en que son dueños de su cuerpo. Chicas y chicos necesitan comprender que nadie puede tocar sus partes íntimas, mirarlas o hablarles de sus partes íntimas fuera de las situaciones apropiadas, como en el consultorio médico. Comunícale este concepto a tus hijos desde los 2 años. Puede empezar cuando sea hora del baño o durante el entrenamiento de control esfínteres. Use lenguaje simple y apropiado para su edad: “Mamá te está lavando los ojos y los oídos y la espalda y el pene. Tu cuerpo es tan especial y te pertenece a ti. Nadie puede tocarlo porque este es tu cuerpo. Si alguien lo hace, dile a mamá de inmediato porque mi trabajo es cuidarte y mantenerte seguro; tocarte, especialmente en tus partes íntimas, puede no ser seguro”.

A medida que los niños crecen, esta conversación debe ser más detallada e incluir escenarios posibles, diálogos e incluso juego de roles. Asegúrate de que los chicos sepan que las reglas son para todos. Eso significa decir cosas como: “Nadie puede hacerte sentir incómodo, incluso si es tu tío, primo, tía o vecino. No está bien nunca y siempre voy a creerte”. Muchos niños no lo sabrán si no se los decimos.

• Asegúrate de que entienden la diferencia entre los secretos y las sorpresas. Hay que enseñarles que jamás deben mantener un secreto sobre sus partes íntimas. Un ejemplo que puedes usar es una visita médica, en la que es posible que alguien toque y mire sus partes íntimas. Eso está bien porque el doctor o la doctora se está asegurando de que estamos saludables, pero sobre todo porque no es un secreto. Los papás deben estar presentes cuando un niño está siendo examinado o saber de la consulta y después conversar con su hijo sobre lo ocurrido durante la examinación.

También, para equilibrar, hay que ayudarles a comprender el matiz entre secreto y sorpresa. Pedirle a un niño que no hable sobre el contenido de un regalo o una fiesta sorpresa puede ser confuso, así que hay que insistir en que las sorpresas y los secretos no son lo mismo. Quien recibe un regalo se va a enterar de la sorpresa y casi seguro se sentirá feliz y cómodo. Por el otro lado, un secreto que no debe contarse jamás no está bien y nos puede confundir, entristecer o hacer sentir asco. Este es un concepto crucial para los niños, porque los depredadores intentarán que los niños mantengan el secreto.

• Comparte tus historias con tantas sensaciones y sentimientos como sea posible. Los niños buscan en los adultos cercanos formas de entender lo que experimentan así que es útil compartir la propia experiencia. Esto les ayuda a aprender qué significa expresar los sentimientos y a poner en palabras cosas que no comprenden. No tienes que compartir historias de abuso, lo importante es modelar lo que significa seguir las corazonadas y los instintos. Las historias pueden ser tan simples como: “Estaba tan frustrada esta mañana porque me quedé atorada en el tráfico y sabía que iba a llegar tarde al trabajo. Sentía mariposas en el estómago y mis manos estaban tensas de apretar tan fuerte el volante”. Comunicarse así con los niños les permite compartir sus propios sentimientos de ira, confusión, felicidad y tristeza, y a comprender que otros pueden sentirse así.

• Pide permiso para tocar a un niño. Cuando les pedimos permisos pequeños a los niños, fomentamos la noción de que tienen control sobre su cuerpo. Así si, por ejemplo, se topan con un depredador sabrán reconocer lo que se siente distinto. Algo tan pequeño como preguntar: “¿Puedo acomodarte el cuello? Está torcido” le manda el mensaje de que tiene autonomía sobre su cuerpo. Practicar diálogos así pueden ayudar mucho a que un niño o niña reconozca que un depredador no pide permiso y le ayudará a identificar a esa gente tramposa.

• Dales el poder de decir “No” y de hablar con franqueza.Animar la honestidad emocional y los límites físicos ayuda a que adquieran control sobre su cuerpo. Dejar a una niña decir: “No, no quiero un abrazo, pero un apretón de manos está bien” le muestra que tiene alternativas. Pero, aun así, los chicos pueden ser incapaces de decir “No” a un abusador o de detener el abuso. La mayoría de los menores de edad que sufren abuso sexual no lo dicen, así que tenemos que decirles que incluso si no pudieron decir “No” o alejarse, lo más importante es contarle a alguien lo sucedido. Diles que les creerás sin importar lo que pase y que no van a meterse en problemas por decirlo.

Los padres, madres y cuidadores pueden ayudar a las criaturas a compartir historias de abuso y obtener la validación y la ayuda que necesitan. Prevenir el abuso es igualmente importante: al darles las herramientas necesarias, podemos ayudarles a aprender cómo mantenerse más seguros y apoyarlos en caso de que enfrenten una situación traumática.

Fuente: nytimes.com

Los diez consejos para evitar el ahogamiento de niños en piscinas y playas

El último dato que recoge el Instituto Nacional de Estadística (INE), indica que durante 2017 fallecieron 36 niños por esta causa. Muchos de estos ahogamientos se produjeron en piscinas privadas y gran parte de los mismos se refieren a niños menores de 5 años. A esta dramática estadística hay que añadir los menores que sufren secuelas neurológicas, fracturas graves y otras patologías derivadas de accidentes en el agua.

Por todo ello, los servicios de pediatría de los Hospitales Vithas han elaborado sendos decálogos de recomendaciones de fácil cumplimiento que pueden ayudar a padres y cuidadores a evitar más muertes infantiles por esta causa. Muchas de estas recomendaciones son extensibles a las personas adultas, especialmente de edad avanzada, colectivo que concentra el mayor número de ahogamiento.

Medidas de prevención de ahogamiento en piscinas
No perder de vista a los pequeños
No perder de vista a los pequeños

1. Vigilancia continua: no existe sustituto de la vigilancia de un adulto. Quien acompañe al niño debe estar permanentemente vigilando y si se ausenta debe nombrar un sustituto. Es primordial no perder de vista a los pequeños cuando se bañan o están cerca del agua.

2. Norma 10” 20”: el adulto debe mirar al niño cada 10 segundos y debe permanecer a una distancia tal que le permita llegar en 20 segundos.

3. Detectar riesgos: comprobar si existe algún modo de que el niño muy pequeño llegue a la piscina y de qué manera lo haría, para evitarlo.

4. Protección: incorporar dispositivos de seguridad que impidan que el niño llegue al agua en un descuido.

5. Aprendizaje: antes del verano y desde bastante pequeños deberían aprender a flotar primero y nadar después. Este aprendizaje no exime en ningún caso de la vigilancia.

6. Dispositivo de rescate: tener a mano salvavidas, pértiga y teléfono para contactar con emergencias.

7. Orden: mantener alejados de la piscina juguetes u objetos que llamen la atención del niño y al sentirse atraído por ellos le hagan acercarse al agua.

8. Drenajes: asegúrate de que los sistemas de drenaje están apagadosy los niños están lejos de los mismos.

9. Seguridad: tener vallas, cobertores de invierno, alarmas perimetrales o de inmersión, elementos de flotación adaptados a cada niño.

10. Emergencias: aprende la secuencia de reanimación cardiopulmonar (RCP) y el teléfono de emergencias (112).

Medidas de prevención de ahogamiento en playas
Mejor las playas con servicio de socorrista
Mejor las playas con servicio de socorrista

1. Siempre acompañados: nunca dejes a los niños ir solos a la playa. Ellos no tienen la misma percepción del peligro que nosotros y pueden menospreciarlo.

2. Mejor con socorrista: elige playas con servicio de socorrista. Respeta y sigue sus indicaciones.

3. Chaleco: mejor saber nadar, pero si no es así, en el mar, mejor chaleco que flotador o manguitos.

4. Evitar saltos: enséñales que no deben saltar desde las rocas o cualquier tipo de plataforma en altura, el peligro que ello supone y las consecuencias desastrosas que puede acarrear. Predica con el ejemplo.

5. Desconfía de los inflables: las colchonetas, flotadores y demás, dan falsa sensación de seguridad.

6. Después de comer: deben entrar despacio en el agua ya que existe elriesgo de hidrocución ante cambios bruscos de temperatura.

7. Vigila constantemente: en la playa hay mucha gente. No los dejes solos ni un minuto.

8. Confía en el socorrista: si hay que hacer un rescate, sigue siempre sus instrucciones.

9. La RCP salva vidas: aprende la secuencia de reanimación cardiopulmonar (RCP) y el teléfono de emergencias (112).

10. Protégele del sol: Aplica crema solar SPF50 con frecuencia, gorro, gafas de sol, ropa ligera, protector labial con filtro solar. Los golpes de calor pueden ser fatales en el agua.

*Estas recomendaciones son extensibles a pantanos, embalses o las pozas que se forman en algunas playas cuando baja la marea.

 

No suba esa foto de su hijo

Nuestras redes están llenas de imágenes de niños haciendo monerías. En verano, su sobrexposición aumenta más si cabe. Cada imagen es compartida —sin consentimiento alguno—  por el padre, la madre o algún familiar o amigo para orgullo de quien comparte y disfrute de sus conocidos. Se reciben likes y alguna alabanza que lleva a reincidir. Así ha sido durante varios años sin que nadie se planteara las consecuencias. Hasta que, acompañando al resquemor creciente hacia las redes sociales, una duda ha empezado a extenderse: ¿acaso hacemos mal subiendo a Internet imágenes de niños?

Tres de cada cuatro menores de dos años tienen fotos online, según un estudio de la empresa de seguridad en Internet AVG con datos de ciudadanos de 10 países (Estados Unidos, Canadá, Alemania, el Reino Unido, Francia, España, Italia, Australia, Nueva Zelanda y Japón). La emoción ante la paternidad es una de las causas de esta pulsión, la versión actualizada de las imágenes que se guardaban en la cartera. De media, los progenitores de niños menores de 6 años suben 2,1 informaciones a la semana sobre estos, según un estudio con información de 1.300 padres estadounidenses de la aplicación Local Babysitter. Entre los 6 y los 13, hay un descenso: 1,9 informaciones por semana. Cuando el menor cumple 14 años, el ímpetu se reduce a menos de una vez a la semana (0,8). En España, los padres son los más preocupados, según AVG, por las consecuencias futuras en la vida de sus hijos de la cantidad de información onlineque proporcionan sobre estos (valoran su grado de preocupación en un 3,9 sobre 5). Esta preocupación posiblemente se habrá visto reforzada tras saber que Mark Zuckerberg —el hombre que más ha hecho porque compartamos como compartimos — cree que el futuro, en lugar de abierto, como sostenía hasta ahora, será privado.

Mientras que el sector de la comunicación se ve obligado a proteger la identidad de los menores que salen en sus páginas, la publicación masiva de imágenes sin filtro de niños en las redes ha convertido la protección en una ironía. El fenómeno es tal que ha dado origen a un nuevo término: sharenting, la suma de share(compartir) y parenting (crianza). En 2015 dos holandeses lanzaron al mercado la marca Koppie Koppie, una tienda online de tazas con fotos de niños cogidas de la Red para señalar el problema. Pero la primera persona que escribió un estudio detallado sobre este extendido fenómeno fue la abogada Stacey Steinberg, que en 2016 publicó el informe Sharenting, la privacidad de los niños en la era de las redes sociales. Esta profesora de Derecho de la Universidad de Florida, EE UU, y madre, estudió en profundidad las implicaciones de esta costumbre planetaria en marcha desde hace más de una década. Los padres son, por un lado, “los veladores de la información personal de sus hijos y, por otro, los narradores de la vida de estos”, escribe Steinberg. Al narrar, compartimos información sobre los hijos a la vez que les privamos del derecho a hacerlo ellos mismos en sus propios términos. Y eso es una fuente potencial de daño a la que hemos prestado poca atención.

Los padres velan por la información personal de sus hijos y a la vez narran la vida de estos.

STACEY STEINBERG, ABOGADA

Los riesgos a los que se ven sometidos los menores son varios. Para empezar, ponemos más fácil su localización física a criminales o pervertidos. Pero hay además otros peligros de origen digital. Si alguien captura una imagen o un vídeo de un menor, puede simular que sufre algún tipo de peligro y reclamar un rescate. También puede suplantar su identidad en las redes, como ya le ha sucedido a varias influencers. Si, además, al anunciar el nacimiento de un bebé añadimos la fecha (cosa que hacen no pocos padres), podríamos estar propiciando el robo de su identidad. Por no hablar del ciberbullying que quizá causamos al subir una foto ridícula de nuestro hijo (se calcula que en 2018 lo habían sufrido el 59% de los menores, según Pew Research).

Pero hay otra consecuencia más obvia que tampoco solemos tener en cuenta: la opinión del menor. Un 58% de los padres estadounidenses que comparten fotos creen que subirlas sin el consentimiento expreso de sus hijos es correcto, según la empresa de seguridad McAfee. Y un 40% cree que la foto podría llegar a avergonzar al menor, pero que no le importará o que acabará superándolo. Sin embargo, lo que se está comprobando es precisamente lo contrario: que a muchos sí les disgusta el uso que sus padres hacen de su imagen. Valga de ejemplo lo que le dijo la hija de la actriz Gwyneth Paltrow cuando esta subió una imagen de ambas en la que la menor llevaba unas gafas de esquí que cubrían su rostro: “Mamá, ya lo hemos hablado. No puedes publicar fotos mías sin mi consentimiento”, se quejaba Apple. A lo que Paltrow respondía: “¡Pero si ni siquiera se te ve la cara!”.

¿Deberíamos pedir entonces permiso a nuestros hijos cada vez que subamos una foto de ellos? De esto trataba el debate que mantuvieron el pasado mes de octubre varias influencers españolas —Lidia Bedman, mujer de Santiago Abascal, líder de Vox, o Jennifer Ortiz, entre otras—, madres y famosas que, además, reciben dinero por exhibir y exhibirse. Ortiz resumía el dilema durante el debate de la siguiente forma: “El día de mañana, cuando mi hijo me pregunte sobre las fotos que subí de él, le diré: ‘Hijo, lo hice quizá desde mi egoísmo, pensando que eran fotos bonitas y que no te iban a hacer daño. Entonces, en ese momento le pediré perdón y le daré una tarjeta [de crédito] con su dinero”.

¿Subimos imágenes de niños por el lado emocional o porque mercantilizamos con llos?

LAURA BAENA, CREADORA DE LA WEB MALASMADRES

Poco a poco van trascendiendo casos puntuales llegados a los tribunales de menores que denuncian a sus padres en Italia, Francia o Estados Unidos. En Francia, las autoridades pueden imponer multas de hasta 45.000 euros más un año de prisión por publicar fotos íntimas de los hijos sin su permiso. “En España no conozco ningún caso aún”, afirma Samuel Parra, abogado especializado en temas tecnológicos. “Lo más habitual es que un padre denuncie al otro por subir fotos sin su consentimiento como le ha sucedido a Bisbal, que denunció a su exmujer, Elena Tablada, por subir a las redes imágenes de la hija de ambos. Si el padre denunciado no retira las fotos, ahí vienen los problemas”. “Hay una realidad”, opina Laura Baena, publicista y creadora de la web Malasmadres. “Las fotos de menores lo petan. ¿Subimos las imágenes porque nos tocan la parte emocional o realmente estamos mercantilizando a los niños?”.

¿Podemos esperar que las propias redes pongan freno a nuestra locuacidad? Nathan Freitas, del Berkman Klein Center for Internet & Society, un centro de investigación sobre tecnología dependiente de la Universidad de Harvard, cree que sería naif esperarlo: “No les resultaría nada difícil crear un botón muy grande y claro que dijera: ‘Compartir SOLO con mi familia directa’. Pero si eso supone recolectar menos dinero, vayamos olvidándonos de ello”. Y los tribunales ¿podrían poner freno a los padres? Lo habitual es que sean reticentes a priorizar el derecho a la privacidad de los menores ante su propia familia. Se supone que los padres son los mejores guardianes de la privacidad de sus hijos y cuando no lo son, los jueces generalmente aceptan que los padres hacen lo mejor para estos.

Stacey cierra su texto con varias recomendaciones a los padres interesados en proteger a sus hijos: que se familiaricen con las políticas de privacidad de las redes en las que suben fotos. Que fijen alertas que les avisen cuando el nombre de su hijo salga en algún resultado de búsqueda en Google. Que antes de contar algo se planteen no revelar la identidad del menor. Que no den pistas sobre los lugares que visita. Que pidan permiso a estos antes de compartir una información sobre ellos. Que no suban nunca una foto de estos con poca ropa. Y la última: que consideren si esa información que están valorando compartir puede tener algún efecto en el bienestar y en el desarrollo psicológico del pequeño.

Fuente: elpais.com

¿Juegan los padres un papel acertado en la educación de sus hijos?

Una encuesta muestra la influencia de los progenitores a la hora de orientar por dónde debe ir el futuro de sus hijos

Un 77,9% de alumnos españoles tienen en cuenta la opinión de sus padres a la hora de elegir sus estudios futuros, una cifra que aumenta hasta un 81,6% en la Comunidad de Madrid, según la percepción de los mismos progenitores. Así se desprende de un informe elaborado por Educa2020, Sigma Dos y la Fundación AXA que ha sido presentado este lunes en la sede central de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE).

El trabajo se realizó como cierre de una actividad de Educa2020 que ha durado más de un lustro, al haberse constatado que más del 60% de los alumnos de Bachillerato –algo menos entre los estudiantes de FP– dice que la principal influencia a la hora de decidir qué estudiar y qué «ser de mayor» viene de los padres, y no de los orientadores académicos o de los tutores.

Acompañado por la CEO de AXA España y presidenta de la Fundación AXA, Olga Sánchez, el director de Investigación y Análisis de Sigma Dos, José Miguel de Elías, y los responsables de Educa2020, Miguel Garamendi, presidente de la CEOE, ha señalado que «vivimos en un contexto totalmente globalizado en el que estamos asistiendo auna auténtica revolución tecnológica. Un nuevo escenario en el que desaparecen trabajos y aparecen, sin cesar, otros nuevos. Nos tenemos que preparar, por tanto, para ese nuevo mercado laboral que ya se atisba».

Los cambios son el futuro y la educación el camino, aunque aún quede mucho por recorrer. El 41,6% de los progenitores –de una encuesta realizada a 19.000 familiares de alumnos en toda España–ha aconsejado a sus hijos una orientación concreta en relación a sus estudios o profesión. Dentro de este porcentaje, a más de la mitad les es indiferente si los estudiantes siguen una carrera humanística o científica, y el 20,7% prefiere que se decanten por la segunda de estas opciones.

La Formación Profesional (FP) es la gran desconocida entre quienes tienen un nivel de estudios de Bachillerato, FP Grado Medio o COU, aunque el conocimiento está muy extendido entre los madrileños. Pese a ello, y a la búsqueda cada vez mayor por parte de las empresas de trabajadores con este perfil, la puntuación general de la FP en la Comunidad de Madrid es de solo 5,6 puntos de valoración sobre diez.

La FP, «el patito feo»

La Formación Profesional (FP) tiene «mala imagen» en Madrid por su menor consideración social y por la creencia de que solo cursan estos estudios quienes no pueden seguir carreras superiores. Un 77,2% de los padres, madres y tutores encuestados en esta comunidad reconocen creerlo así, mientras que a nivel nacional este porcentaje desciende hasta el 57,5%.

Una muestra, en cualquiera de los dos casos, de que estos estudios y aprendizajes siguen siendo «el patito feo» en el mundo de la educación, aunque seguir carreras relacionadas con la tecnología desde los mismos suponga en la actualidad una garantía de hallar de inmediato un puesto de trabajo bien remunerado.

Los responsables de Educa2020 incorporaron a la explicación de esta última encuesta a los padres, madres y tutores de alumnos los resultados de otras tres anteriores, realizadas desde 2016 a nueve mil universitarios, 12.800 estudiantes de Bachillerato y 2.500 empresas, un total de 43.000 respuestas, para trazar una panorámica completa del estado de la «educación para la empleabilidad» en España. Concretamente en Madrid, el 58% de las empresas reconoce tener dificultades a la hora de encontrar candidatos idóneos para ocupar su oferta de puestos de trabajo y es algo relacionado con la escasa orientación a estos estudios.

Decía Henry Ford que si hubiese preguntado a los americanos por sus necesidades cuando estaba desarrollando su famoso método para hacer coches asequibles, le hubiesen respondido que preferían un caballo más rápido. Una frase anecdótica que, para el presidente de la CEOE, explica el momento en el que se encuentra la educación en nuestro país, «hoy todavía pensamos que necesitamos caballos más rápidos».

Fuente:abc.es