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¿Qué enseñanza les damos a nuestros hijos cuando le pedimos perdón?

La capacidad de perdonar es un ejercicio de humildad y madurez. Cuando la figura de autoridad reconoce cuando comete un error delante de su hijo, está forjando los siguientes valores: la humildad, la comunicación, la aceptación y las relaciones humanas. El mayor valor modelado al pedir perdón, es el respeto al otro. Al pedir perdón se le enseña al niño a reconocer sus propios errores y crear empatía con los demás.

El aceptar los errores es una forma de crear seguridad y modelar cómo se manejan las faltas. Lo que indica la capacidad de reconocer lo que no está bien, responsabilizarse por sus acciones y buscar soluciones.

El reconocer los errores no es signo de debilidad, sino que permite un mejor desarrollo del autoestima ya que el identificar las fortalezas es importante para un buen autoconcepto, pero aún más importante es el admitir las debilidades.

El pedir perdón tampoco muestra falta de autoridad. La autoridad se maneja mejor cuando se definen bien las reglas, se siguen y se crean demandas y exigencias para llevarlas a cabo; al igual que las consecuencias. La mejor forma de educar es por medio del modelo a seguir. El ser humano aprende más por las vivencias. Al pedir perdón no deja el adulto de asumir su postura de autoridad; sino que por el ejemplo, enseña al hijo, a reconocer cuando no tiene la razón.

El pedir perdón a un hijo, cuando la acción va en contra a lo que el padre verbaliza, modela consistentemente y exige; les enseña que se puede retomar las acciones erradas e iniciar nuevamente. El solo pedir perdón sin haber un seguimiento coherente de lo que se quiere enseñar, no presenta una misma validez, que un perdón con intención y seguimiento a la palabra.

Fuente: nuestroshijos.do

Mi hijo y yo chocamos mucho ¿Qué podemos hacer para llevarnos mejor?

Hemos olvidado lo que es ser adolescente. Hemos olvidado el estrés, la adrenalina, las experiencias, la dinámica. No me refiero a que no recordamos la adolescencia. Sino que, al recordarla, no la vemos igual que cuando la vivimos.

Tu hijo/a está en una etapa de cambios. Un momento en el cual refuerza o debilita creencias importantes. No siempre tiene la respuesta de por qué actúa de la forma en que lo hace, y principalmente busca el amor a través de ser visto y escuchado. Cada adolescente busca una manera diferente de recibir amor y resulta un reto descifrar esta fórmula.

Pero voy a concentrarme el resto de este breve artículo en ti. Madre, padre… El dilema de los conflictos con tu hijo/a proviene de dos fuentes principales:

*Lo que entiendes que debería ser, no es igual a lo que es.

*Estás cansada/o.

Tu hijo/a necesita paciencia y necesita pocas reglas. Reglas importantes, sí. Reglas que sirvan para forjar valores y carácter, sí. Pero pocas. De lo contrario, no tendrá espacio para tropezar y levantarse. Y al romper cada pequeña regla habrá un conflicto más por el cual pelear.

La paciencia la ejercerás específicamente preguntando y escuchando con atención. Cuando estés listo para responder la pregunta que hacen o dar la orden correcta, mejor pregunta. En vez de asumir, pregunta. Y pregunta hasta que él/ella se sienta que de verdad estás escuchando.

Decía Carl Jung que lo que más nos irrita en el otro son comportamientos con los cuales no hemos lidiado dentro de nosotros mismos. Fritz Perls decía que “los hemos negado” y que hemos separado de nosotros mismos. Si estás teniendo conflictos muy frecuentes con tu hijo/a, puede ser que se deba específicamente a que hace algo que nunca harías o hace algo que tú mismo/a haces… frecuentemente.

Para que puedas entrar con el mindset correcto, sácate de la cabeza dos creencias:

Que conoces a tu hijo/a completamente. Esto hará que los veas en una nueva luz. Con la intención de descubrir y no de asumir.

Que los conflictos son algo malo. Esto disminuirá en gran medida tu cansancio. Pues verás los conflictos como oportunidades.

Aprende a entrar en su mundo. Esto no se trata de aprender a “leerlos”. Sino de sentir la emoción principal que expresan al comunicarse contigo.

Aprende a preguntar y ser paciente para esperar la respuesta. Hasta que entiendas la intención positiva de sus acciones siempre la hay… a veces muy oculta, pero está ahí en el fondo.

Asegúrate de no tener demasiadas reglas. Tres o cuatro es lo ideal. Reglas importantes que reflejen los valores de la casa. De modo que ellos puedan tener espacio para discernir entre los comportamientos que son coherentes las mismas y los que no.

Y lo más importante, trabaja contigo misma/o. Saca de 10 a 20 minutos al día para meditar y explorar tus emociones.

Fuente: nuestros hijos.do

Disciplinando a nuestros hijos

¿Cómo conseguir que su hijo de 1 año se mantenga alejado del reproductor de vídeo? ¿Qué hacer cuando su hijo en edad preescolar tiene una de sus rabietas? ¿Cómo lograr que su hijo adolescente respete su autoridad?

Independientemente de la edad que tenga su hijo, es importante que usted sea consistente a la hora de impartirle disciplina. Si usted no respeta las normas que ha fijado ni se atiene a las consecuencias que ha enunciado, lo más probable es que tampoco lo haga su hijo.

De 0 a 2 años

Sabiendo que los bebés y los niños pequeños son curiosos por naturaleza, es una buena idea eliminar de su entorno cualquier tentación. Mantenga el entorno de su hijo relativamente libre de objetos prohibidos -artículos como el reproductor de vídeo, el reproductor de música, las joyas y, sobre todo, los productos de limpieza y los medicamentos, deberían estar fuera del alcance del pequeño. Cuando su bebé se acerque gateando o su torbellino de dos años corra hacia algún objeto peligroso o prohibido, dígale sin perder la calma: “No”, y aléjelo de ese lugar o bien dirija su atención hacia otra actividad.

La técnica disciplinaria conocida como “tiempo fuera o de exclusión” o “pausa obligada”, consistente en obligar al niño a pasar cierto tiempo solo y en un lugar carente de estímulos y distracciones (por ejemplo, un rincón), puede ser eficaz con niños pequeños. A un niño de dos años que ha estado golpeando o mordiendo a otro niño o tirando la comida al suelo, se le debería explicar por qué es inaceptable su comportamiento y luego llevarle al área designada -por ejemplo, una silla de la cocina o el primer peldaño de las escaleras-, y dejarlo allí un par de minutos para que se calme (tiempos superiores no son eficaces con niños tan pequeños).

Es importante no golpear, dar cachetes o abofetear a un niño, independientemente de la edad que tenga. Además los bebés y los niños pequeños no pueden establecer una conexión entre su comportamiento y el castigo corporal. Lo único que sentirían es el dolor de los golpes.

Y no olvide que los niños aprenden observando a los adultos, sobre todo a sus padres. Asegúrese de ser un buen ejemplo para su hijo, y así él podrá utilizar su comportamiento como un buen modelo de rol. Usted ejercerá sobre su hijo un impacto mucho mayor si predica con el ejemplo, recogiendo sus cosas, en vez de pedirle a él que recoja sus juguetes mientras usted deja sus cosas esparcidas por la sala de estar.

De 3 a 5 años

A medida que su hijo vaya creciendo y empiece a entender la relación existente entre las acciones y sus consecuencias, asegúrese de empezar a informarle sobre cuáles son las normas de la casa. Es importante explicarles a los niños qué es lo que se espera de ellos antes de castigarles por determinado comportamiento. Por ejemplo, la primera vez que su hijo de tres años utilice las ceras de colores para “decorar” la pared del salón, explíquele por qué no está permitido pintar en las paredes y qué sucederá si lo vuelve hacer. Dígale que, si vuelve a pintar en una pared, tendrá que ayudarle a limpiarla y que no podrá utilizar las ceras de colores durante el resto de la tarde. Si su hijo vuelve a pintar en las paredes al cabo de unos días, deberá recordarle que las ceras de colores son para dibujar sobre papel y luego pedirle que se atenga a las consecuencias.

Cuanto antes transmita a su hijo el mensaje de que: “Yo fijo las normas y tú debes escuchar y aceptar las consecuencias”, mejor será para todos. Aunque a veces pueda resultar más fácil ignorar un comportamiento puntual inaceptable o no imponer el castigo enunciado, si actúa de ese modo, correrá el riesgo de sentar un mal precedente. La consistencia es la clave de una disciplina eficaz. Es importante que los padres decidan juntos cuáles son las normas y luego sean coherentes al aplicarlas.

Al mismo tiempo que usted establece claramente qué tipo de comportamientos no están permitidos y merecen un castigo, no olvide recompensar la buena conducta. Y no subestime el efecto positivo que pueden tener sus elogios sobre su hijo. La disciplina no consiste solamente en castigar. Los padres han de recordar que deben reforzar el buen comportamiento de sus hijos. Por ejemplo, usted puede decir: “Estoy orgulloso de que hayas compartido tus juguetes con otros niños”. Generalmente, esto resulta más eficaz que castigar a un niño por el comportamiento contrario -no compartir. Y sea específico a la hora de elogiar a su hijo; no se limite a decirle: “¡Bien hecho!”

Si su hijo se está comportando de manera inaceptable y el mal comportamiento no remite a pesar de todos sus esfuerzos, considere la posibilidad de diseñar una lista de registro semanal. Cuelgue la lista, con una columna para cada día de la semana, en la puerta de la nevera y decida cuántas oportunidades le concederá a su hijo para comportarse de forma inaceptable antes de imponerle un castigo, o durante cuánto tiempo deberá comportarse correctamente para recompensarle. Luego, bastará con llevar a cabo un seguimiento monitorizando diariamente el comportamiento de su hijo. Así, tanto usted como su hijo podrán ver literalmente cómo se está portando el pequeño. En cuanto el sistema empiece a dar sus frutos, no se olvide de recompensar a su hijo por aprender a controlarse y, sobre todo, por superar un problema de larga duración. Premios o consecuencias deben ser dados en el momento. Las consecuencias a largo plazo no tienen mucho efecto.

La “pausa obligada” también puede funcionar con niños de esta edad. Establezca un lugar apropiado carente de distracciones donde será más fácil que su hijo reflexione sobre su comportamiento. Tenga en cuenta que “enviar al niño a su habitación” tal vez sirviera de algo cuando los niños no tenían ordenadores, televisores ni videojuegos en sus habitaciones. No se olvide de establecer la cantidad de tiempo que sea más adecuada para su hijo. Algunos expertos afirman que 1 minuto de “pausa obligada” por cada año de vida es una buena regla empírica; otros recomiendan alargar la pausa hasta que el niño se haya tranquilizado (para que aprenda a autocontrolarse).

Es importante que le diga a su hijo qué es lo correcto, no sólo qué es lo que no puede hacer. Por ejemplo, en vez de decirle: “No se salta en el sofá”, puede decirle: “Por favor, siéntate en el sofá y pon los pies en el suelo.”

De 6 a 8 años

La “pausa obligada” y enunciar las consecuencias de la mala conducta también son técnicas disciplinarias eficaces para este grupo de edad.

De nuevo, la consistencia y la coherencia son cruciales. Cumpla su palabra a la hora de impartir disciplina o, si no, se arriesgará a perder su autoridad. Su hijo debe saber que usted hace lo que dice. Esto no significa que no pueda concederle segundas oportunidades o permitirle cierto margen de error, pero, por lo general, debería ser consecuente y cumplir su palabra.

Asegúrese de no amenazar a su hijo con castigos imposibles o poco realistas cuando esté muy enfadado (“¡Vuelve a dar un portazo y nunca más verás la televisión!”), puesto que, si no cumple sus amenazas, su palabra perderá valor. Si, mientras se dirigen a la playa en coche, amenaza a sus hijos con dar media vuelta y volver a casa si no dejan de pelearse, haga exactamente lo que ha dicho. El día de playa perdido es mucho menos importante que la credibilidad que usted ganará ante sus hijos.

Los grandes castigos pueden quitarle autoridad como padre. Si castiga a su hijo a no salir de casa todas las tardes durante un mes entero, lo más probable es que el niño no se sienta motivado a portarse mejor porque cree que ya está todo perdido.

De 9 a 12 años

A los niños de este grupo de edad -como en todas las edades- se les puede impartir disciplina apelando a las consecuencias naturales. A medida que van madurando y reclaman más independencia y responsabilidad, enseñarles a asumir las consecuencias de su comportamiento constituye un método disciplinario eficaz y apropiado.

Por ejemplo, si su hijo de once años se va a dormir sin haber hecho los deberes, ¿debería usted prohibirle acostarse hasta que los acabe o ayudarle a acabarlos? Probablemente no, ya que estaría desperdiciando una valiosa oportunidad para enseñarle algo sobre la vida. Si no acaba los deberes, tendrá que ir a la escuela al día siguiente sin haberlos hecho y cargar con las consecuencias de que le pongan una mala nota.

Es natural que usted quiera evitar que su hijo se equivoque, pero, a largo plazo, le hará un favor si deja que cometa sus propios errores de vez en cuando. Así, su hijo comprobará lo que conlleva un comportamiento inapropiado y probablemente no volverá a cometer los mismos errores. No obstante, si su hijo no parece aprender de las consecuencias naturales, usted debería establecer sus propias consecuencias para ayudarle a modificar su comportamiento.

A partir de los 13 años

A estas alturas, usted ya ha sentado las bases de la disciplina. Su hijo sabe lo que se espera de él y que usted cumple su palabra en lo que se refiere a las consecuencias de la mala conducta. Pero no se le ocurra bajar ahora la guardia -la disciplina es tan importante para un adolescente como para un niño pequeño. Del mismo modo que un niño de 4 años necesita que sus padres le fijen un horario para acostarse por las noches que deberá respetar a pesar de sus lloriqueos, un adolescente también necesita que le fijen límites.

Asegúrese de fijar normas sobre los deberes, las visitas de los amigos, la hora para volver a casa por las noches y las citas, y hable sobre ello con su hijo con suficiente antelación para que no haya malentendidos. Aunque probablemente su hijo protestará de vez en cuando, también se dará cuenta de que es usted quien tiene el control. Aunque le parezca mentira, los adolescentes también quieren y necesitan que les fijen límites y les impongan cierto orden en sus vidas, aunque reclamen y necesiten mayor libertad y más responsabilidades.

También es importante que permita que su hijo adolescente tenga cierto grado de control sobre su vida. Esto no sólo reducirá el número de luchas de poder, sino que también ayudará a que su hijo respete las decisiones que usted todavía debe tomar por él. Durante las primeras fases de la adolescencia, a un chico se le puede permitir que tome sus propias decisiones en lo que se refiere a la ropa que se pone para ir al instituto, el peinado que lleva y cómo decora su habitación. A medida que se vaya haciendo mayor, se le debería ir ampliando el grado de control que tiene sobre su vida, pudiéndole permitir, por ejemplo, llegar más tarde de la hora establecida de vez en cuando.

También es importante centrase en lo positivo. Por ejemplo, retrase la hora para volver a casa por las noches cuando su hijo se porte bien, en vez de adelantársela como castigo por un comportamiento irresponsable.

Unas palabras sobre pegar a los niños

Quizás no exista ninguna forma de disciplina más polémica que los castigos corporales y, en concreto, el hecho de pegar, abofetear o dar cachetes a los niños. A continuación, reproducimos algunas de las razones por las que la Academia Americana de Pediatría recomienda a los padres que eviten pegar a sus hijos:

  • Al pegar a un niño, se le está enseñando que está bien pegar a alguien cuando uno está enfadado.
  • Al pegar a un niño, aparte de hacerle daño, se le pueden infligir lesiones corporales.
  • Pegando a un hijo, en vez de enseñarle a modificar su comportamiento, sólo se consigue que tenga miedo a sus padres, y lo único que le enseña es a evitar que lo vuelvan a pillar “in fraganti”.
  • En el caso de los niños que se portan mal para llamar la atención, una bofetada o un cachete puede “recompensarlos”, aunque no sea eso lo que pretenden sus padres, al brindarles cierto tipo de atención -una atención negativa es mejor que ninguna atención en absoluto.

Fuente: kidshealth.org

Desengánchate del móvil y conéctate a tus hijos

¿Has hecho un cálculo rápido del tiempo que pasas al día mirando la pantalla del móvil? ¿Y del tiempo que dedicas a los niños? Créeme, preferirás no hacerlo por temor a darte cuenta de que le prestas más atención a un aparato electrónico que a tus hijos.

En la última semana me he tomado el trabajo de observar a padres y madres con sus hijos por la calle. En el colegio, en el parque, en un centro comercial e incluso cuando iban en el coche. Sí, también he visto padres conduciendo y chateando a la vez con sus hijos en el asiento trasero. Hemos llegado a un punto en el que tenemos que detenernos, reflexionar y cambiar. Por eso, te propongo: desengánchate del móvil y conéctate a tus hijos. Ya verás por qué es tan importante que lo hagas.

Te pierdes la infancia de tus hijos

Puede sonar exagerado, pero es así. ¿Acaso crees que pasará algo muy grave si dejas de mirar el móvil por cinco minutos? Ni siquiera sucederá si dejas de hacerlo por una hora. En cambio, durante ese tiempo sí te estás perdiendo la posibilidad de compartir preciosos momentos con tus hijos que no volverán.

Facebook, Twitter, Instagram, Pinterest, correos, chats…. Podríamos pasarnos las 24 horas allí metidos si nos dejaran. Tenemos un enganche demencial con el móvil. Somos capaces de olvidarnos del niño en un cumpleaños, pero salir de casa sin el móvil nos produce un ataque de ansiedad.

Algo anda mal. Los padres no somos conscientes de lo que nos estamos perdiendo por estar tan enganchados al móvil. Dejas de lado momentos inolvidables como jugar con tus hijos, mantener una charla, compartir con ellos el poco tiempo libre que tenéis al día, contarles un cuento a la hora de irse a la cama, hacerles mimos de la mañana, sentarse juntos a la mesa sin interferencias, o algo tan simple como mirarle a los ojos mientras te habla. Porque eso también hemos dejado de hacerlo.

Si te sientes identificado o identificada, desengánchate porque la infancia de tus hijos es sólo una, es demasiado corta, y te la estás perdiendo.

Tus hijos se sienten ignorados

Es posible que te quejes de la adicción de tu marido al móvil, o de tu hijo adolescente, o de esa persona a la que hablas y ni te mira por estar respondiendo un Whataspp. ¿A que te sientes ignorado? Piensa en cómo se sentirá tu hijo si sus personas de referencia, las personas que más le quieren, sus padres, le ignoran. Ellos tal vez son muy pequeños para identificar ese sentimiento y reclamarte, pero tú puedes verlo.

Porque mientras estás metido dentro del móvil estás ignorando a tus hijos. Se pierde una interacción muy importante para su desarrollo, especialmente cuando son pequeños. El padre y la madre son actores fundamentales para el aprendizaje de los niños, a través de ellos establecen contacto con el entorno y descubren habilidades esenciales para su desarrollo a todo nivel (motor, cognitivo, psicológico y emocional). En otras palabras, son su conexión con el mundo, y si esa conexión falla, hay un problema.

Cuando los niños crecen tampoco es un mal menor. Aunque ya no sean bebés, los hijos necesitan sentir que sus padres les escuchan y les comprenden. A medida que crecen, vamos dejando de ser su nexo con el mundo para situarnos a su lado y acompañarlos, pero igualmente nos siguen necesitando. Debemos estar más pendientes de los hijos y menos del móvil.

Desintoxícate del móvil: cinco consejos

Te propongo un sencillo ejercicio. Mírate desde afuera como si llevaras una cámara en la frente y te estuvieses grabando. Piensa en todos los momentos que coges el móvil a lo largo del día y en cuáles podrías haberlo dejado pasar y prestado atención a tus hijos. Seguramente son más de los que crees.

No es fácil. Mirar el móvil cada cinco minutos es un acto compulsivo, pero como todo, si hacemos un esfuerzo se puede conseguir. Presta atención a estos consejos si quieres desengancharte del móvil y conectarte a tus hijos.

  • Deja el móvil en casa cuando salgas con tus hijos. Empieza por ratos cortitos y ve alargando el tiempo. Es una adicción, así que paso a paso.
  • No respondas llamadas ni mensajes que pueden esperar. No hace falta coger el móvil enseguida. Aprende a distinguir lo que es verdaderamente urgente de lo que no lo es.
  • Silencia el móvil. Si no te atreves a dejarlo en casa, puedes comenzar por silenciarlo para evitar caer en la tentación de cogerlo cada vez que suene una notificación.
  • Ponte horarios. Estipula horarios en los que tus hijos no estén contigo para utilizar el móvil. Por ejemplo, cuando estén en el colegio o por la noche después de acostarlos.
  • No lleves el móvil encima. Si lo llevas en el bolsillo no aguantarás la tentación de mirarlo a cada rato, así que cuando estés en casa con los niños deja el móvil en la entrada, en la cocina o en la mesa de noche.

Fuente: bebesymas.com

Los beneficios ocultos de ser un padre involucrado

La mayoría de las personas están de acuerdo en que ser un padre involucrado tiene beneficios obvios para los niños. Hay claros beneficios en que los padres participen en la crianza de un niño, proporcionando amor, apoyo y comodidad.

La mayoría de las personas están de acuerdo en que ser un padre involucrado tiene beneficios obvios para los niños. Hay claros beneficios en que los padres participen en la crianza de un niño, proporcionando amor, apoyo y comodidad. A su vez, los padres son importantes porque ayudan a los niños a aprender los valores y las distintas formas para solucionar los problemas que pueden enfrentar. Los padres también son modelos a seguir, y esto afecta positivamente la relación de los niños con sus pares y adultos fuera del hogar.

Antes de pensar: ¿qué pasa con las madres?, hay que decirse a sí mismo que no es una cuestión de quién es más importante, si las madres o los padres. La cuestión es que si están ambos padres involucrados en la crianza de sus hijos, van a ver beneficios (algunos obvios y algunos no tan obvios) en el niño, la familia y en los propios padres.

En los últimos veinte años, más madres han entrado en el “mundo del trabajo”, por lo que más padres están involucrados en la vida de sus hijos. La participación del padre es motivada por las habilidades, la confianza en sí mismo, el apoyo social y las prácticas comunitarias y culturales (Pleck y Masciadrelli, 2004).

Beneficios para los niños:

Cuando hablamos de los beneficios de ser un padre involucrado, más bien nos centramos en los beneficios que los niños reciben de tal relación. Después de todo, ser un padre involucrado significa estar activamente involucrado en casi todos los aspectos de la vida de los hijos (Marsilio et al., 2000), en otras palabras, ponerse uno mismo a disposición de los hijos (Palkovitz, 2002). Los investigadores han estado estudiando este tema durante décadas. Por ejemplo, conviene saber:

  • Que la interacción de los padres con los bebés (participación en actividades cognitivamente estimulantes, calidez emocional, cuidado físico) redujo las posibilidades de experimentar retraso cognitivo.
  • Los bebés de tres meses de edad pueden ver la diferencia entre su madre y su padre por la forma en que cada uno le habla, lo sostiene y por los diferentes olores.
  • Cuando los padres están involucrados en la crianza (paternidad sensible y receptiva), a los niños les va mejor en las pruebas cognitivas y en la capacidad de lenguaje que a aquellos que tienen padres menos sensibles o involucrados.
  • La mejora de las capacidades cognitivas se asocia con un mayor logro educativo. De hecho, los padres que participan en la escuela de sus hijos y en el rendimiento académico (independientemente del nivel educativo), aumentan las posibilidades de que sus hijos terminen la escuela secundaria y que vayan a una escuela profesional, o incluso una universidad.
  • A su vez, la participación de los padres en las actividades escolares de los niños protege el riesgo a fallar o la deserción.
  • Una positiva participación de los padres disminuye los problemas de comportamiento de los niños (especialmente los niños con temperamentos más difíciles) y brinda una mejor salud mental a las niñas.
  • Los padres que están más involucrados con sus hijos tienden a criar niños que experimentan más éxito en sus carreras.
  • Los padres que están involucrados en las vidas de sus hijos protegen contra factores de riesgo que suponen un daño para los niños (por ejemplo, comportamientos problemáticos, depresión materna y dificultades económicas de la familia).
  • La participación de los padres se asocia con promover habilidades sociales y de lenguaje.
  • La participación de los padres se relaciona con menores tasas de problemas de comportamiento infantil, incluyendo la hiperactividad, la violencia adolescente, la delincuencia y otros problemas con la ley.
  • La participación de los padres se asocia con características positivas de los niños, tales como la empatía, la autoestima, el autocontrol, el bienestar psicológico, la competencia social, las habilidades para la vida y menos creencias sexuales estereotipadas.
  • Los niños que crecen en hogares con padres involucrados son más propensos a tener un papel activo y positivo en el aumento de sus propias familias. Por ejemplo, padres que recuerdan una relación segura, amorosa con ambos padres, están más involucrados en las vidas de sus hijos y dan más apoyo a sus esposas.
  • Tanto hombres como mujeres que recuerdan haber tenido padres amorosos, tienen alta satisfacción con la vida y autoestima.
  • Los programas educativos que con éxito aumentaron la participación de los padres produjeron cambios positivos en el comportamiento de los niños.
Beneficios para los niños con padres no residenciales:

En esta misma línea, la participación de los padres no residenciales (padres que no viven en la misma casa que su hijo) parece ser particularmente importante.

¿Sabías que los niños que crecen con padres no residenciales pero involucrados… (Peters y Ehrenberg, 2008; King, 1994):

  • Informan tener mejores relaciones con sus padres como adultos jóvenes que aquellos que crecieron con padres no residenciales menos involucrados.
  • Tienden a obtener calificaciones más altas que aquellos sin padres involucrados.
  • Parecen tener mejores habilidades sociales, pueden hacer amigos con más facilidad y manejar mejor las situaciones sociales difíciles.
  • Tienden a tener menos problemas de comportamiento, incluso los padres impiden que participen en los problemas de conducta de la adolescencia.
  • Tienen menos problemas de salud mental cuando son adultos (especialmente las hijas mujeres).
Beneficios para la familia:

La familia entera se beneficia de tener un padre involucrado. Los beneficios provienen de tener buenas relaciones entre los miembros de la familia, no sólo entre padres e hijos, sino también entre los cónyuges. Estar involucrado en el cuidado, no sólo del niño, sino también de la familia, puede aportar una mejor armonía. La familia tiende a disfrutar más del tiempo juntos.

¿Sabías que ser un padre involucrado se relaciona con estos beneficios…

  • Mejor comunicación entre padres y miembros de la familia.
  • Mayor sentido de compromiso con la familia.
  • Menos conflictos preocupantes con hijos adolescentes.
Beneficios para los padres:

Para finalizar, ser un padre involucrado tiene beneficios para la propia persona. Cuando los padres construyen relaciones fuertes con sus hijos y con otros miembros de la familia, reciben apoyo y cariño a cambio. Las relaciones familiares saludables proporcionan la red de apoyo más fuerte e importante que una persona puede tener, sea niño o adulto.

Estar involucrado en la vida de los miembros de la familia ayuda a los padres a:
  • Disfrutar de una relación de apego seguro con los hijos.
  • Hacer frente a situaciones de estrés y problemas diarios.
  • Sentir que pueden depender más de otros.
  • Sentirse más cómodos en su ocupación. Sienten que pueden hacer bien su trabajo.
  • Sentirse seguros de que tienen mucho que ofrecer a los demás en términos de habilidades de trabajo, habilidades de crianza y relaciones sociales (Pleck y Masciadrelli, 2004).

Los padres pueden sentirse incómodos al principio o pueden sentir que están “demasiado ocupados” como para participar en algunos aspectos de la vida de sus hijos. Pero los beneficios superan las mayores excusas posibles.

Por último, ser padre implica enormes costos de compromiso, tiempo, dinero, etc. Algunos hombres (y mujeres) luchan para aceptar este costo. Cuando los padres no están dispuestos a pagar el costo, deben reconsiderar convertirse en padres, ya que esto le va a doler a los niños y al otro progenitor involucrado.

Los beneficios que figuran en esta publicación en realidad sólo son algunas de las principales conclusiones de investigaciones de familias con padres involucrados. Muchos de los beneficios pueden parecer obvios, pero quizás no todos ellos. Si miran la propia participación de su familia, pueden descubrir que han estado disfrutando de algunos de los beneficios mencionados anteriormente sin darse cuenta. A veces ser un padre involucrado es un trabajo duro. Pero no hay que olvidarse de parar y mirar alrededor de vez en cuando para ver todo lo que se recibe a cambio.

Fuente: mundobebe.com

12 prácticas necesarias para madres y padres estresados

“Prevenir antes que curar” de esta frase, nace este artículo. Trabaja en ti durante todo el año, y no tendrás que preocuparte de aprender en el último momento, para afrontarte a la realidad de tu vida familiar.

Si llegado a este punto te encuentras agotada o agotado, debes parar y pensar en cómo retomar las riendas de tu vida de otra forma más relajada. Aquí tienes un manual con 12 prácticas necesarias para madres y padres estresados. ¿Es tu caso?

12 actividades salvadoras para madres y padres estresados

¿Sientes que todo te sobrepasa? ¿Que sientes agotamiento e impotencia? ¿Que la educación de los hijos te consume? Aquí tienes una sería de prácticas, que llevadas a cabo darán como resultado cambios paulatinos y positivos.

  1. MES 1. Piensa en un objetivo para ti o tu familia, pero no te apegues al resultado, disfruta del camino. Ve avanzando poco a poco y comparte la felicidad del trayecto.
  2. MES 2. Haz una lista de tus quejas familiares más frecuentes y la frecuencia con las que las realizas. Toma conciencia así de cuál es tu lenguaje para la comunicación familiar.
  3. MES 3. No vivas en la sensación de no ser suficiente con lo que tienes. Está bien que ambiciones sanamente, pero no busques la perfección. Mejor pensar en lo que tienes que en lo que te falta.
  4. MES 4. Presta atención a tus sentidos. Dedica este mes a saborear, oler, caminar de manera consciente. ¿A qué huelen las nubes? ¿A qué saben las estrellas?
  5. MES 5. Cuando escuches o te cuenten algo que no te gusta, di: ‘Esto no me impide ser feliz’. Repite internamente. Y haz oídos sordos.
  6. MES 6. No esperes al fin de semana o a las vacaciones para realizar algo distinto en tu vida. Organiza un plan en mitad de la semana y compártelo o vívelo a solas. ¡La cuestión es disfrutar!
  7. MES 7. Olvídate del reloj y los móviles durante una tarde a la semana en todo tu mes. Dedica a escuchar y saborear el silencio que te ofrecerá este ejercicio.
  8. MES 8. Practica el Silencio. Destina tiempo en el mes, a estar contigo mismo, disfrutando del silencio. No juzgues lo que la mente te traiga durante el silencio, solo observa el pensamiento y déjalo ir.
  9. MES 9. Dedica tiempo a cada uno de tus hijos, por separado, y también dedica tiempo a tu pareja. Haz que tus hijos tengan un momento para compartir “secretos” solo contigo.
  10. MES 10. Haz una lista de actividades comunes para compartir en familia, y practícalas con atención durante este mes. Después analizáis cuáles han sido las más divertidas y a repetir!!!
  11. MES 11. Durante este mes, cuando estés con otras familias, habla siempre en positivo de tus hijos. NO entres en la queja. No te dejes atrapar por el lenguaje negativo. ¡¡Siempre positivo, nunca Negativo!!
  12. MES 12. Dedica este mes a escribir actitudes positivas y valorativas de cada miembro de la familia, incluida tú, y deja notas-sorpresas por toda la casa. Ya me estoy imaginando sus sonrisas.

Fuente: guiainfantil.com

Dedica tiempo a tus hijos en las vacaciones

Carolina Jiménez

[email protected]

 

Estamos viviendo en una sociedad donde los padres se andan quejando todo el tiempo del comportamiento de sus hijos. A tal punto que los niños no han salido bien de vacaciones cuando ya piden que comiencen las clases para enviarlos a la escuela o colegio. Utilizan expresiones como­: ´´¡Ya no aguanto más tenerlo en casa!´´, ´´¡Cuando es que comienzan las clases!´´, ´´¡Las vacaciones deberían ser más cortas!´´.

Sin embargo, estos padres no han pensado que en el día son muy pocas las horas que pasan con sus hijos, ya que sus horarios de trabajo y escuela coinciden en su mayoría, aún más si los hijos pasan el resto del día en actividades fuera de la casa, como  cursos, clases de deportes, baile, pintura u otras. Entonces, aquí es donde cabe la pregunta: ¿por qué quejarse tanto? 

Más bien deberían reflexionar sobre cómo se pierden la dicha de compartir con sus hijos momentos de felicidad y amor. La psicopedagoga, Idelmary Morales, dice que: “El dedicar tiempo de calidad a los niños estrecha de manera positiva los lazos y vínculos familiares y ayuda al desarrollo afectivo, social, cognitivo y físico de los pequeños”.

Las vacaciones escolares no pueden convertirse en un dolor de cabeza para los padres, sino todo lo contrario. Existen muchas actividades que se pueden realizar junto a ellos en el hogar para que estén entretenidos y a la vez, aprendan. Pero sobretodo convertirlo en un momento que brinde la posibilidad de compartir en familia.

Tener a los hijos en casa tiene sus ventajas, permite que estos puedan hacerse cargo de algunas tareas del hogar. Es recomendable que los padres los involucren y los hagan partícipes de todo aquello en lo que puedan colaborar. Es otra manera de compartir actividades y hacerlos responsables de algunas tareas que de acuerdo a su edad puedan realizar.

Planea las vacaciones de tus hijos sin desesperación

Cuando se aproximan las vacaciones es necesario que los padres planeen cómo aprovecharlas junto a sus hijos. Esto para no caer en la desesperación de no saber qué hacer con ellos durante el tiempo libre. 

Estas actividades pueden ayudar a los padres a reducir el estrés y a conectarse mejor con sus hijos. También evitarán las peleas, los gritos y discusiones entre ellos.

  • Realizar actividades de cómo preparar nuevas recetas en la cocina.
  • Contar historias y dramatizarlas.
  • Jugar en el jardín o cualquier espacio de la casa. Es una actividad que sin dudas, motivará al niño y lo mantendrá distraído.

La planeación y creatividad de los padres puede darles a los hijos unas vacaciones inolvidables.

Evitar los malos ratos

Si algo hay que tener claro es que todos pasamos por la etapa de la niñez. Algunos niños son más despiertos que otros y no consiguen estar tranquilos por mucho tiempo, pero esta no es una razón para que los padres pierdan la paciencia y la capacidad de tenerlos en sus hogares sin pedir con ansias el regreso a clases.

Cada padre debe tener la responsabilidad de criar a sus hijos y vivir cada una de sus etapas con felicidad y con la disposición de educarlos dentro del  hogar.

 

 

Vacaciones con adolescentes: ¡un desafío para los padres!

Llega un momento en que los hijos quieren andar “solos por el mundo”. Y lo demuestran todo el tiempo y cada vez a edades más tempranas. Como señala Ángel Peralbo, director del área de adolescentes del Centro de Psicología Álava Reyes de Madrid, actualmente a los 13 o 14 años ya quieren veranear por su cuenta: “Se ha adelantado el inicio de todas las conductas de riesgo, como el consumo de sustancias, sexualidad… y, cómo no, también la de romper con los padres. Para estos últimos, este tránsito es muy doloroso, pero no hay que preocuparse, es una respuesta típica de los adolescentes. Hay que asumirla, y actuar en consecuencia”.

Cuando se habla de las próximas vacaciones, es muy común escuchar “¿Ahí vamos a ir? Es un embole, no va ningún amigo”. Hay que tener en cuenta que en esta etapa los jóvenes empiezan a expresar con una claridad descarada sus preferencias y deseos y son precisos para transmitir su disgusto ante una propuesta que no les agrada. Por eso, Peralbo recomienda negociar: “No recomiendo la unilateralidad, aunque a veces no haya otro remedio. Por contra, pienso que la política de pactos con los adolescentes funciona. Lo ideal es que todos se sienten a hablar lo más sensatamente posible, y vean con qué opciones cuentan. Y si es posible, que encuentren soluciones que atiendan a todos”.

Se recomienda hacer una puesta en común de las aficiones o de las cosas que a todos les gustaría hacer, y extraer un compendio de actividades en las que todo el mundo se sienta a gusto al menos durante un rato. Si se puede invitar a un amigo, es una excelente opción. Los adolescentes se sienten contenidos por sus amigos y sienten que las necesidades de comunicación están cubiertas con ellos.

Si van a ir a un balneario pueden establecer de antemano cuántos días a la semana el adolescente tiene permitido salir por su cuenta y cuáles espacios de la familia no son negociables. Por ejemplo, puede levantarse más tarde y desayunar a la hora que quiera, pero debe estar para compartir la cena. También que como mínimo 3 veces a la semana tiene que ir a la playa con los demás, y los otros días puede hacerlo por su cuenta. Si lleva elementos tecnológicos, las reglas pueden ser más flexibles, pero no desaparecer por completo. Por ejemplo, si nunca está permitido usar el celular durante la cena, no debería habilitarse su uso en las vacaciones. Pero sí es una buena idea usar la tecnología a favor de la convivencia: por ejemplo proponerle que sea responsable de sacar fotos y luego editar un video familiar con lo mejor de las vacaciones.

También los padres pueden hacer algo que interese a los chicos y enseñarles a hacer una buena parrilla, alquilar kayaks, canoas, ir a pescar, visitar ferias artesanales, etc.

Para el caso de un viaje, el joven puede ser el encargado de navegar en internet y buscar todas las posibilidades de paseos en el lugar seleccionado y luego entre todos armar el itinerario. Si son por ejemplo 7 días, él podrá seleccionar uno o dos lugares para visitar y los demás estarán a cargo de los padres.

Consejos:
  • Tener paciencia.
  • Entender que “romper con los padres” es una respuesta típica de los adolescentes.
  • La independencia es importante tanto para los adolescentes como para los padres.
  • Entender que ellos (al igual que los adultos) elaboran planes, sueñan, esperan.
  • Pactar con los adolescentes. Hablar, estudiar las opciones, buscar soluciones que atiendan a todos. Una buena idea: hacer una lista.
  • Llevar al lugar de destino algo que al adolescente le haga bien (por ejemplo, invitar a un amigo/a).
  • Los padres no deben discutir delante de sus hijos.

Fuente: mundobebe.com

Cómo fomentar la honradez y la honestidad en los niños

Lo primero es que tienes que enseñar con el ejemplo; ya que tus hijos te observan todo el tiempo, están muy pendientes de la más mínima conversación y o acción que tu realizas y si por ejemplo,  te ven que te robas las luces en rojo porque no hay una autoridad, que te pasas de listo y le coges el parqueo a alguien que está intentando paquearse; que tratas de sobornar con regalitos para obtener beneficios por encima de otros… ; que cuando tu niño o niña lleva de la escuela a la casa una prenda u objeto  que no es de él o de ella y tú no la devuelves, entonces no estás siendo un buen ejemplo.

Recuerda que cuando se es honrado y honesto desde chiquito es la mejor herencia y orgullo que exhibirá cuando sea adulto.

Ser honrado y honesto es tener vergüenza.  Permite que tu niño o niña tengan el sentimiento de sentirse avergonzado cuando inocentemente dicen una mentirita, se comen la merienda de sus amiguitos…  Corrígelos con amor y lo mejor es, de acuerdo a su edad, ponle una sillita para pensar durante 2 o cinco minutos.

El valor de ser honrado es en la casa que se aprende.

Enséñale el valor que tiene el trabajo de papá y mamá que no importa cuál es el oficio que realizan cuando se hace con dignidad.  Que las cosas se consiguen con esfuerzo, dedicación y empeño.

Educar en valores es algo muy importante, seguramente más que enseñar Lengua Española o Matemáticas.  ¿Quién se ocupa de hacerlo? Es penoso ver tantas vidas y familias arruinadas por la desmedida ambición, amor a lo ajeno y la exhibición del lujo como símbolo de superioridad.

 

 

Mi hijo no quiere estudiar, se niega completamente

La tarea de ayudar a un niño con sus estudios y actividades escolares, se convierte en un desafío titánico, o un mundo apasionante y complejo, dependiendo de la disposición, paciencia y preparación de los padres o aquellas personas a cargo del niño.

¿Por qué mi hijo no quiere estudiar?

Podría citar: “El éxito de los padres, son sus hijos”. En vista de lo expuesto estos serían parte de los diversos factores que nos entregan indicios del porque nuestros niños no quieren estudiar y una de las causas más frecuentes es la desmotivación y partiendo de allí debemos indagar y hacer un seguimiento diario con debidos registros, bien sea en el hogar o en la escuela.

Esto debe de realizarse a cabo con sentido y concordancia de ambos padres en pro del desarrollo integral en el niño o en su defecto el adolescente.

Causas por la qué los niños no quieren estudiar

Posibles causas más frecuentes en los niños que se niegan a estudiar:

  1. Causas emocionales: En muchos niños la causa principal es la tristeza, el agotamiento o tienen miedo posiblemente por atravesar alguna situación en el hogar u en la escuela y esto lo desmotiva para estudiar.
  2. Baja autoestima: Bien sabemos que todos los seres humanos son seres individuales con potenciales, aptitudes e inclinación hacia algunas materias y si no se siente cómodo en una o no le va también como desea en otras, su estabilidad emocional se frustra creando un conflicto emocional al no encontrar solución.
  3. Dificultad de aprendizaje: Bien sabemos que no todos los infantes son iguales, no tienen la misma rapidez o poseen la misma dificultad para comprender alguna información.
Consejos para que estudie

Algunos consejos que le podemos dar de ayuda para tratar que los niños y adolescentes estudien son:

  1. Cuando se detecta que el niño tiene algún problema emocional bien sea en casa o en la escuela es de vital importancia que busques ayuda profesional para ayudar al niño y para que el profesional le otorgue las orientaciones y herramientas necesarias en el caso de su hijo.
  2. Es determinante el ambiente donde se desenvuelve el niño; los primeros años del niño juegan un papel relevante en su desarrollo integral, por tal motivo los padres deben ofrecer un clima de paz, tranquilidad, amor y seguridad cuando a un paquete de derechos y deberes.
  3. Crear en los niños un alto grado de lo que es la responsabilidad desde el inicio de su etapa escolar y no debemos de obligarlos a estudiar. Un error que suelen cometer los padres es obligar a sus hijos a estudiar cuando ellos ya saben y logran comprender que el estudio es un deber y por ende lo harán.

Con esto recalcarles que a través del estudio obtendrán los conocimientos necesarios y las respuestas a sus inquietudes e incertidumbres, además de labrarse un camino a futuro que les permita una senda que mediante esfuerzo y merito podrá alcanzar un éxito implacable como es el sueño de muchas personas el gozar una vida digna y productiva en todo el sentido moral y ético de las mismas palabras.

Fuente. escuelaenlanube.com