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Cómo reforzar a los alumnos de forma positiva

Al igual que con sus padres en casa, los niños tienen a sus profesores como referente dentro del aula. Los pequeños perciben de sus maestros lo que hacen y lo que dicen. De esta manera, tienden a imitarlos en todos los aspectos. Por ejemplo, la manera de relacionarse, la actitud hacia la vida, el sistema de valores, etc.

Por ello, es importante que a la hora de enseñar, los profesores muestren coherencia entre lo que exigen a los niños y lo que hacen ellos mismos para que los pequeños puedan aprender. Es decir, los maestros han de tener en cuenta que debe de haber una correspondencia entre lo que enseñan y cómo se comportan.

Los profesores han de encontrar un modelo educativo adecuado en el que se pueda favorecer la autoestima de sus alumnos donde el niño se sienta respetado, aceptado y en el que aprecie su capacidad de resolver problemas de manera independiente. Te contamos cómo pueden reforzar a los niños de forma positiva.

Cuando un profesor busca reforzar a los alumnos de forma positiva es recomendable que en vez de limitarse a destacar sus errores, castigar o regañar al niño por aquello que hace mal, se debe resaltar y valorar las conductas y acciones positivas que realiza el niño para perpetuarlas y que se repitan en el futuro.

Gracias a este refuerzo positivo se consigue que los alumnos afiancen conocimientos, estimular su esfuerzo, sean más receptivos, estén más motivados y aumente su autoestima.

Para ello el profesor puede estimular con eficacia las conductas positivas de los alumnos:

– Diferentes estímulos para alumnos diferentes. Es importante que a la hora de preparar las clases se tenga en cuenta la teoría de las inteligencias múltiples. Cada niño es diferente y su manera de aprender difiere con respecto al tipo de inteligencia que tenga más desarrollada.

– Trabajar de manera conjunta con la familia. Gracias ello la calidad de la educación que se le ofrece al niño mejora ostensiblemente.

– Dar respuestas inmediatas. Cuando los niños consigan ciertos logros o actúen de manera positiva los profesores han de alentar sus esfuerzos durante el proceso o inmediatamente después. Si pasa un periodo de tiempo largo desde la acción positiva del niño se puede perder eficacia en la estimulación. Esto se puede hacer con frases como: ¿Qué bien estas trabajando?

– Generar expectativas de logro adecuadas y facilitar que el menor se sienta aceptadohará que el niño pueda llegar a tener una imagen positiva de sí mismo.

– Utilizar técnicas como “el bolígrafo verde”. Es una técnica que se hizo muy famosa por internet. Es muy simple y eficaz. Consiste en marcar con el bolígrafo verde los aciertos, en vez de tachar con rojo los fallos en los exámenes o las pruebas. Gracias a esto se evita centrar la atención de los alumnos en los errores, ayudándoles a fijarse en lo que hacen bien para poder repetirlo en el futuro.

Crear buen clima. Los profesores necesitan crear un ambiente cálido y acogedor, en el que los niños se sientan seguros y en el que se atiendan sus necesidades.

Qué reforzadores pueden usar los profesores con los niños

Para llevar a cabo el refuerzo positivo de sus alumnos, los profesores cuentan con diferentes tipos de estímulos y reforzadores que pueden usar. Entre ellos:

Físicos. Estos son: premios, regalos, ser la mejor nota de clase, etc. Todos ellos basados en una motivación extrínseca. No se puede abusar de ellos ya que crean dependencia y pueden desviarse hacia una competición insana entre los alumnos y llegar a crear bullying.

Sociales. Estos se basan en estímulos verbales como las felicitaciones, en el contacto físico como las palmaditas, y en expresiones faciales como gestos y sonrisas.

La retroalimentación. Cuando el niño realiza la actividad es gratificante para él que se elogie cómo la ejecuta.

Utilizar actividades preferidas. Conociendo los gustos de los niños, utilizar las actividades que más les agradas para estimularlos.

Fuente: guiainfantil.com

La vuelta al colegio sin dramas ni perezas

Ya queda muy poco para que los niños vuelvan al colegio y muchos padres se llevan las manos a la cabeza preocupados por cómo va a reaccionar su pequeño cuando tenga que ir o volver al cole, a despertarse más temprano, volver a las obligaciones o a tener que dejar de estar todo el día jugando.

Ha llegado el momento de volver a la rutina, a un cotidiano más organizado y lleno de horarios, y eso, aunque parece sencillo, no es tan fácil de asimilarlo, principalmente para los niños. Por esta razón, semanas antes de que tu hijo vaya o vuelva al colegio, es necesario que tome algunas providencias para que la transición de las vacaciones al colegio no lo atrape de golpe.

Buenos hábitos para la vuelta al cole

1- Los niños deben empezar a irse a la cama y a despertarse más temprano. Los padres deben establecer nuevos horarios para el sueño, para los momentos de alimentación. Eso evitará que el niño se duerma o esté irritado, cansado e incluso malhumorado en el primer día del colegio.

2- Es importante que los niños hagan un repaso de las actividades académicas o revisen las tareas que la profesora les dejó. Eso evitará que él no se sienta tan inseguro y miedoso en los primeros días del cole.

3- Es recomendable que los niños ya tengan organizados y forrados los nuevos libros, el material escolar, el uniforme (si es el caso), la mochila, estuche, calzados, etc., antes del inicio de las clases. Eso evitará que se sientan ansiosos y preocupados.

4- Promover una reunión con los amiguitos del niño. Eso le ayudará a ‘romper el hielo’. Se sentirá más seguro y arropado.

5- Es también importante que los padres tengan una actitud positiva, paciente y firme en cuanto a la vuelta al colegio de sus hijos. Deben resaltar siempre lo positivo del colegio. Eso evitará que el niño esté nervioso y miedoso.

6- Es aconsejable que los padres construyan un canal de comunicación muy abierto con los hijos. Al recogerlos en el cole, busquen saber cómo ha sido su día en el aula y en el patio. El niño se sentirá más positivo y apoyado.

7- Es el momento de establecer nuevos horarios: hora de irse a la cama, de despertarse, de ver la televisión, de jugar, de comer, etc., para que poco a poco el niño se vaya organizando.

8- Es conveniente que los niños crucen el puente de las vacaciones a la vida académica de una forma serena, sin excesos ni agobios. Las actividades extraescolares pueden esperar algunas semanitas.

Por lo demás, se debe evitar dar muchas vueltas al tema. Los padres debemos entender que es una etapa de transición como muchas otras. Los padres solo deben preocuparse si el niño, pasada una semana, sigue no queriendo irse al colegio y encima empieza a sentir dolor de tripa, de cabeza… Eso podrá ser síntomas del síndrome post vacacional, de alguna enfermedad, o dolencias por otro motivo. En este caso, se debe hablar con el niño e intentar ayudarlo.

Fuente: guiainfantil.com

5 consejos para padres con hijos respondones

Hay niños más pacíficos y obedientes. Otros, tienen una personalidad más fuerte y tienden a rebatirlo todo. Puede ocurrir a partir de los 4-5 años o cuando llega la adolescencia. Algo que no tiene por qué suponer ningún problema siempre y cuando no utilicen palabras hirientes como ‘Eres mala/a’, ‘Hazlo tú’, ‘Me da igual’….

Si tu hijo comienza a contestar de forma inadecuada o por defecto ante todo, no te desesperes. Te damos cinco consejos para superar esta etapa:

  1. Controla tus emociones y no te pongas a su nivel. Es fácil decirlo pero difícil hacerlo, por eso, tienes que recordar que ‘Tú tienes el control de la situación, eres el adulto’. Si pides respeto, tú debes ser el primero. Así que deja de retarle y evita frases como ‘¿Qué has dicho?’, ‘Vamos, repítelo’.  Todo eso va a generar que la situación se agrande y no vas a conseguir que tu hijo deje de decirlo.
  2. Usa la empatía y deja de pensar que te está retando. Pensar que tu hijo/a es malo/a, sólo va a conseguir que enfoques la situación de una manera equivocada y encima te vas a enfadar más.  Así que  para romper ese círculo de malas contestaciones, trata de no darle mucha importancia y deja de pensar que es un ataque personal. En vez de eso, entiende que para él es una frustración, como muchas de las que tienes tú tenías a su edad y hazlo saber. Puedes decirle por ejemplo: ‘Entiendo que no te guste que tu hermano juegue contigo pero no es la forma de decirlo’.
  3. Aprovéchalo como una oportunidad para hablar con tu hijo cuando esté más calmado/a. Transmite la importancia de hablar de lo que uno siente o piensa, pero al mismo tiempo explícale que debe canalizar de una determinada manera ese enfado para no herir a los demás. Por supuesto, deben pensar juntos soluciones. Usa frases como esta:  ‘¿Cómo puedes hacerlo la próxima vez?’.
  4. Habla claro y sin complicaciones. Hay muchos padres y madres que dan demasiadas explicaciones y algunos tratan de utilizar doble sentido o ironías para explicárselo, y en la comunicación con un hijo/a es totalmente inútil. Por un lado, porque puede que no entienda lo que estemos diciendo y por otro, pensará que encima te estas riendo de él o ella y será un obstáculo para la comunicación.
  5. Marca tus límites, de la misma manera que es importante que él/ella exprese, es que lo hagas tú. Puedes explicárselo de esta forma: ‘Cuando me hablas así, me enfado y no me gusta esa como me estás contestando, así que me gustaría que si quieres algo me lo digas sin llamarme malo/a.

Fuente: guiainfantil.com

Qué hacer si tu hijo quiere todo lo que ve

Tu hijo no tiene paciencia, quiere las cosas al instante. Si no lo obtiene en el momento se vuelve insoportable, ¿Qué puedes hacer?”  En esta entrada te ofrezco unas pautas para manejar esta situación.

1. En qué consiste el problema

Tal y como se describe en el ejemplo, el niño o la niña pide algo y lo quiere ya: aquí y ahora. Si no se atiende su demanda la reacción puede ir desde la frustración, la protesta, el llanto o la rabietaa conductas más agresivas, como romper cosas o insultar a los padres.

2. Por qué se produce

Es una conducta aprendida. El niño o la niña ha ido aprendiendo que al pedir las cosas no se aplazaba su petición. Además, ha aprendido con el paso del tiempo que si reacciona negativamente (llorando, enrabietándose o amenazando…) los padres responden con más prontitud y premura.

3. Qué contribuye

El temperamento más fuerte, la impaciencia o la poca capacidad de tolerar frustaciones pueden ser características que los niños tengan asociadas.

Padres con pautas inadecuadas, como responder demasiado pronto a sus demandas o con poca capacidad de decir “no” a sus hijos, también suelen empeorar las situaciones.

4. Qué se puede hacer

En primer lugar, deben estar mentalizados de la importancia de corregir esta conducta. Es claramente inadecuada y si no la corrigen las consecuencias para el chico o la chica serán peores: no se corrige con el tiempo. Hasta que no estén mentalizados y decididos no hagan nada: en la modificación del comportamiento actuar “a medias” es peor que no hacer nada.

La estrategia general sería “deshacer” el camino aprendido y enseñarle a aplazar las cosas y tolerar las pequeñas frustraciones. Algunas pautas que deberían seguir:

1º. No responda inmediatamente

Comience por aplazar un poco de tiempo las demandas que habitualmente le hace su hijo o hija. Si hasta ahora respondía inmediantamente, ahora deje transcurrir un poco más de tiempo, aunque solo sean unos segundos.

2º. Ignorar las conductas inadecuadas

Ignore sus protestas y quejas. Cuando comience a aplazar el tiempo de respuesta, aumentarán las quejas. Hágase fuerte e intente mantener el tiempo que se ha marcado.

3º. No cambie su decisión

No acelere la respuesta si el niño o la niña reacciona negativamente con más fuerza.

4º. Indique cuándo va a cumplir la petición

En algunas peticiones indíquele cuando las va a cumplir. Si su hijo le pide que le prepare un bocadillo, por ejemplo,  puede indicarle cuándo lo va a hacer: “te lo haré cuando termine de arreglarme el pelo“, e ignore sus protestas. No cambie su decisión por la reacción negativa del niño.

5º. Plantearle metas a medio plazo

Poco a poco enséñele a plantearse metas a medio o largo plazo. Por ejemplo, el ahorro puede ser una buena medida para aprender que las cosas necesitan un tiempo.

6º. Reforzar positivamente la colaboración

Toda colaboración y capacidad de espera, se le debe reconocer y elogiar.

5º. Recuerde

No olvide que es un proceso lento: hay que “desaprender” una conducta inadecuada y enseñar una nueva forma de comportarse. Para ello les he propuesto seis pautas:

  1. No responda inmediatamente.
  2. Ignore las conductas inadecuadas.
  3. No cambie su decisión por la reacción negativa
  4. Indíquele cuándo va a cumplir la petición
  5. Plantée metas a medio plazo
  6. Refuerce positivamente la colaboración

Por tanto, no sean impacientes en conseguirlo, la clave puede estar en la constancia y en avanzar en pequeños pasos. ¡MUCHO ÁNIMO!

Fuente: familiaycole.com

5 actitudes que debilitan el vínculo con nuestros hijos

Dar cariño, afecto, seguridad y apoyo a los hijos es fundamental para su desarrollo emocional. Establecer pues un vínculo afectivo desde las primeras etapas es básico para ello.

Hay pequeñas acciones cotidianas que son básicas que fomentan el apego y el vínculo, pero también hay otras actitudes que pueden romperlo, estropearlo o debilitarlo. Esas son las que debemos evitar siempre.

Acciones que rompen el vínculo con los hijos

  1. No escuchar a los hijos: cierto es que los niños pueden hacer cientos de preguntas al día y que someterse a ese interminable cuestionario es agotador, pero no dar respuesta a nuestros hijos impide abrir una vía de comunicación. Hablar con ellos es importante, pero también escucharles, saber cómo les fue el día, si tuvieron algún problema, cuál fue su mejor experiencia o simplemente a qué jugaron, es básico para cuidar el vínculo.
  2. Gritarles: los gritos constantes a la hora de educar a los hijos sólo causan en ellos baja autoestima, minan su confianza, tienden a tener conductas más agresivas y les genera más estrés. Todos los expertos y psicólogos se unen en la misma afirmación: para educar a los hijos no hay que gritarles.
  3. Castigarles: el exceso de autoritarismo, las constantes prohibiciones y la educación asociada al castigo no enseña nada al niño. Los psicólogos prefieren utilizar el refuerzo positivo y no el castigo, ya que el niño obtiene una enseñanza y además reforzamos su autoestima. En vez de sancionar constantemente podemos estimular el buen comportamiento con consecuencias favorables para ellos, por ejemplo: “si haces todas tus taras, puedes elegir hoy el postre”.
  4. No dedicarles tiempo: el día a día nos sume en un sinfín de tareas que parecen no acabar nunca, sin embargo, sacar un poco de tiempo al día, por poco que sea para dedicarlo en exclusiva a nuestros hijos es fundamental. De lo contrario, poco a poco irán distanciándose de nosotros y el vínculo irá debilitándose.
  5. No mostrar afecto: el contacto físico, los abrazos, los besos o simplemente decirles cuánto les queremos son costumbres que estimulan el vínculo entre padres e hijos. Si no realizamos estas pequeñas y simples acciones, nuestros hijos no sólo crecerán sin esa necesidad básica de afecto de todo ser humano sino que además no estaremos estimulando el apego con nuestros hijos.

Fuente: guiainfantil.com

Por qué los niños no deben dormir en la cama de sus padres

El dormir en la misma cama que los niños es una práctica que está rodeada de polémica. Existen opiniones a favor y en contra de ello pero, ¿qué ocurre cuando los niños quieren dormir en la cama de los padres más allá de la etapa infantil?

El sueño en la infancia

Dormir bien es fundamental para disfrutar de un óptimo rendimiento durante el día y de una buena calidad de vida. Si un niño tiene un sueño superficial y con interrupciones se levantará con la sensación de no haber descansado durante la noche, su estado de ánimo se verá afectado, disminuirá su rendimiento y tendrá somnolencia al día siguiente.

Dormir las horas de sueño necesarias y tener un sueño de calidad repercute positivamente en el desarrollo del niño. Por todo ello, es importante favorecer todas aquellas condiciones que permitan a los niños dormir de manera profunda y sin interrupciones durante la noche.

Debemos procurar que la habitación del niño disponga de una temperatura adecuada, que no sea ruidosa, que no haya luces encendidas, que los dispositivos electrónicos (TV, ordenadores, teléfonos móviles, tabletas…) estén apagados durante la noche y que la cama disponga de un colchón confortable.

Dormir en la cama de los padres o el colecho tras la etapa infantil

¿Dormir con los niños en la misma cama es una buena idea? ¡NO! Está práctica es conocida bajo el término “colecho” y no está exenta de polémica, ya que son muchas las personas que se posicionan a favor y muchas otras que se posicionan en contra.

Algunos profesionales afirman que los niños a partir de los 3 meses de vida deben dormir solos, otros señalan que deben dejar de compartir cama con los padres a partir de los 6 meses, otros dicen que lo ideal es a partir de los 3 años y otros incluso afirman que solo a partir de los 5 años es cuando el niño debe empezar a dormir en una cama distinta a la de sus padres. Aunque la polémica sigue vigente, parece que los profesionales se ponen de acuerdo en afirmar que un niño debe dormir solo antes de iniciar la educación primaria, es decir, a los 5 o 6 años.

Muchos padres duermen con sus hijos para que no tengan miedo durante la noche, para sentirse más seguros o simplemente porque desde que nacieron han adquirido el hábito de dormir juntos en la misma cama. Sin embargo:

– Esta práctica interfiere en la calidad del sueño del niño por lo que no es recomendable.

– No potencia la autonomía e independencia del niño sino todo lo contrario. Como padres, tenemos la obligación de criar niños responsables, autosuficientes e independientes y, dormir con nuestros hijos dificulta que lo sean.

– Potencia que los niños adquieran miedos y manifiesten una conducta de dependencia hacia sus padres.

– Si los niños duermen en la cama con sus progenitores es posible que su sueño se vea interrumpido en varias ocasiones durante la noche debido a los movimientos que los padres hacen en la cama, ronquidos, tos, calor, incomodidad, etc. ¡Cuidado!, un sueño superficial y con interrupciones continuado puede conllevar a que el niño desarrolle problemas de sueño como por ejemplo insomnio.

Por qué los niños deben dormir en su cama

Tenemos que procurar que sean autónomos. Igual que le enseñamos a comer, a atarse las cordoneras o cuidar su higiene corporal por sí mismos, es importantísimo enseñarles a dormir solos sin necesitar el acompañamiento o protección de un adulto.

Dormir solos repercute positivamente en su autoestima. Por otro lado, si el niño tiene miedo debemos enseñarle a afrontar y gestionar sus miedos pero no animarle a evitarlos durmiendo en nuestra cama. Tenemos que ayudarles a que interioricen el mensaje de “soy capaz de dormir solo” y debilitar el mensaje de “necesito a mi mamá o necesito a mi papá para poder dormir”.

Por tanto, debemos ayudar a nuestro hijo a llevar una adecuada higiene de sueño que le permita tener un sueño de calidad y disfrutar de un gran descanso durante la noche.

Fuente: GuiaInfantil.com

Qué hacer ante las malas contestaciones de nuestros hijos

Hay niños más y menos rebeldes: los hay que desde la primera infancia son respondones y ya quieren imponer su criterio y otros que son más conformistas o pacíficos.

Sin embargo, a medida que crecen, nuestros hijos tienen más argumentos a la hora de discutir, intentan negociar, imponer sus ideas o ganar esas pequeñas batallas del día a día. Es entonces cuando miramos al cielo y suspiramos: “ya está aquí, es la preadolescencia”. Pero, qué debemos hacer si para imponer su criterio nos hablan de forma despectiva, si incluso nos insultan o se pasan de la raya, ¿cómo actuar ante las malas contestaciones de nuestros hijos?

Las malas contestaciones de nuestros hijos… ¿cómo actuar?

Aunque para nosotros sea una especie de castigo que nuestro pequeño angelito esté intentando buscar pelea constantemente, imponer su criterio a toda costa y cada vez que le reñimos, rebate cada una de las cosas que le decimos, hemos de aceptar que, en el fondo está desarrollando su personalidad y ganando habilidades de negociación, en definitiva, está creciendo y hemos de considerar que ya tienen su propia opinión.

Sin embargo, en esta fase lo que no podemos ni debemos aceptar son las malas contestaciones de nuestros hijos, para todo hay un límite. ¿Cómo frenarles si en esa fase nos hablan mal?

– No responder con malas contestaciones: ponernos a su nivel y utilizar los malos modos sólo creará un bucle y una tensión que irá en aumento. Es verdad que es fácil decirlo pero no hacerlo, sin embargo, es esencial que no hagamos lo que precisamente estamos intentando evitar en ellos. Se trata de educarles de forma coherente y, con el ejemplo.

– Ser tajante: que no demos malas contestaciones no significa que las tengamos que permitir en nuestros hijos. Sin gritar, sin insultar y sin violencia verbal, hemos de ser firmes y claros, no vamos a permitirles que nos hablen de esa manera y, mientras lo hagan, no mantendremos una conversación con ellos.

– ¿Qué hay detrás de la mala contestación? Tenemos que intentar averiguar qué le pasa, no achacarlo todo a la preadolescencia y saber qué le molesta, por qué está enfadado con nosotros y si hay algo que podamos mejorar para que no se sienta tan rabioso.

– No critiques el ser, critica el estar: significa que, en un momento de conflicto evites el “eres un contestón”, “eres malo”, “eres un desastre”, en lugar de ponerle etiquetas que, acabará asumiendo con el paso del tiempo, debemos cuestionar lo que hizo, ese momento en que se equivocó.

– No reír la gracia al niño: cuando las malas contestaciones se dan en niños muy pequeños, a veces nos hace gracia, y nos reímos cuando se ponen respondones, sin embargo, desde las primeras manifestaciones, debemos hacerles saber que no es forma de hablar y que, sólo le haremos caso cuando nos hable correctamente.

– No permitir el insulto: en ocasiones no ponemos unas normas claras y ponemos tantas que a los niños les resulta confuso. Es preferible poner pocas normas pero muy claras y una de ellas puede de ser: “no se pega y no se insulta”. Cuando estén tranquilos les explicaremos la importancia de la tolerancia y el respeto en el trato a los demás y, que se puede defender una idea o un criterio, sin necesidad de dar malas contestaciones o insultar.

– Consecuencia ante las malas contestaciones: si los niños llegan a insultarnos o dar una contestación hiriente y dolorosa, les podemos mandar tiempo fuera, en lugar de ponernos a gritar y discutir. Les apartaremos de la situación sin implicarnos en la batalla para que se de cuenta que ha herido nuestros sentimientos y que no queremos estar con él si se comporta así.

Fuente: guiainfantil.com

Más vale corregir a tiempo que lamentarse después

Seguramente has escuchado alguna vez el dicho de “Quien bien te quiere, te hará llorar”. Esta frase he tardado años en entenderla. Ahora que soy madre, he aprendido que muchas veces tenemos que hacer llorar a nuestros hijos, para corregir o evitar un comportamiento. A veces es duro porque la corrección a nuestros hijos no es grata.

Corregir a los hijos: un acto de amor

Los padres, en ocasiones, nos debatimos entre dejar pasar una conducta o corregirla. Los niños tienen una baja tolerancia a nuestras negativas o censuras y es fácil que la reacción ante tal circunstancia les provoque el llanto, la rabieta o el enfado. Muchas veces nos duele ver llorar a nuestro hijo y permitimos o aceptamos ciertos comportamientos por no tener que escuchar su llanto, por no limitar su libertad o por evitar que conozcan otras facetas menos amables de la vida o de nosotros.

Mover la voluntad de los hijos y educarles, no siempre puede realizarse mediante estímulos y refuerzos positivos, alguna vez tenemos que educar con el “no” y con la frustración de los niños. Si bien es más perfecto o eficaz educar mediante aspectos positivos y la alegría, es necesario algunas veces acudir a la reprimenda y a la negación de los errores o malos comportamientos cometidos. Cuando nuestros hijos experimenten esta frustración, mediante el llanto, la ira o el enfado, debemos explicarles, una vez que estén calmados,  y si tienen edad para entendernos, la causa de nuestro proceder y las posibles consecuencias de su acción.

Debemos acoger entre nuestros brazos a nuestro hijos con amor, mientras intentan comprender el por qué los hemos hecho llorar. Corregir a los hijos no es quitarles libertad, es enseñarles a disfrutarla, poniéndoles los límites adecuados. Si hacemos llorar a nuestros hijos es, casi siempre, por su bien.

Cuando nuestros hijos ya pueden entendernos, siempre deberíamos acabar nuestra lección del día, mediante un cariñoso y amable colofón del tipo: “si no me importaras y no te quisiera, no te reprendería. Me daría exactamente igual lo que hicieras. Si te corrijo es por tu bien, porque deseo que seas cada vez mejor persona. Yo tampoco lo sé todo y me equivoco, todos necesitamos alguna vez de un tirón de orejas”.

Nunca debemos dejar de crecer como personas, aunque sea mediante el disgusto o la negación de nuestras apetencias, cuando éstas no son buenas para nosotros o para los demás.

Fuente: GuiaInfantil

No basta con decirle a los niños que no deben hablar con extraños

Pensaba que ese consejo era suficiente para protegerlos, pero estaba equivocada

Jackie Goldschneider
REBECCA NELSON

Un fin de semana llevé a mi niña de seis años a la fiesta de cumpleaños de una compañerita de su salón; una más de las interminables fiestas que han venido a plagar mis fines de semana como madre. El evento se llevó a cabo en uno de esos enormes salones llenos de niños gritones que se la pasan corriendo y con esos enormes castillos inflables para brincar.

Cuando entramos, mi hija se quitó los zapatos y corrió atrás de sus amigos dentro de un castillo inflable el doble de grande que mi casa. De vez en cuando la veía trepando por un tubo, pero seguir todos sus movimientos era imposible. Así que me fui a otra zona a platicar con las otras mamás, para tratar de relajarme y que la situación no fuera estresante.

Pero la calma me duró unos minutos porque no pude resistir la urgencia de echarle un ojo otra vez. Di un vistazo por el enorme salón, buscando su larga pelo castaño, pero no la vi. Me asomé en cada castillo, en cada resbaladilla inflable y en cada espacio para brincar, siempre tratando de ver su sudadera morada, pero sin suerte… hasta que por fin la vi.

Nunca le expliqué que hay gente que miente y puede decirle que me conocen y que les pedí que le ayudaran, o que la conocen a ella y que la van a llevar a un lugar increíble.

Se alejaba caminando de la mano de un adulto al que yo nunca antes había visto. Era un tipo de 40 años, robusto y pesado, con una chaqueta de cuero y jeans. Mi corazón se estremeció y salí corriendo, sin saber exactamente qué decir.

“¿Qué pasa?”, pregunté, intentando no asustar a mi hija, quien se quedó paralizada.

“Le ayudo a encontrar a sus amigos. Soy amigo de la familia”, dijo el tipo con mucha calma y sin soltar la mano de mi pequeña.

Me llevé a mi hija de regreso en tanto la mamá de la niña del cumple llegó y me explicó que el hombre era un amigo y que mi niña estaba buscando a la festejada.

“Yo la llevo”, le dije mientras nos alejamos bruscamente.

Mi primer pensamiento fue de rabia por la increíble estupidez de que un adulto piense que es correcto tomar de la mano a una niña que no conoce y ofrecerse para llevarla a cualquier lugar.

Mi siguiente pensamiento fue de enojo con mi hija, a quien le he dicho que no debe hablar con extraños, puesto que ella había permitido que este hombre la tomara de la mano y caminara con él a cualquier lado. ¿Cómo podía ser ella tan despistada?

Pero luego me di cuenta de que aquí yo era la culpable. Le he dicho a mi hija que no debe irse a ningún lado con un extraño, pero nunca la preparé para enfrentar una situación en la que alguien pudiera planear que esto sucediera. Nunca le expliqué que hay gente que miente y pueden decirle que me conocen y que les pedí que le ayudaran, o que la conocen a ella y que la van a llevar a un lugar increíble.

Nunca le dije que algunas personas detienen sus autos junto a los niños, que intentan enseñarles fotos de perritos extraviados y luego les dicen que se suban con ellos. Nunca le dije, en los términos más claros, que nunca debe darle la mano a un adulto extraño y luego caminar así a cualquier lado.

¿Y si hubiera cambiado de opinión y la hubiera sacado a la calle y subirla a su auto? ¿Si se la hubiera llevado a un baño o dentro de un clóset?

Creí que con decirle que los niños no hablan con extraños era suficiente. No los quería asustar con detalles de un escenario que a lo mejor nunca verían o minar su inocencia con las vulgaridades que puede haber en nuestro mundo. Pero tuve que enfrentarlo y conseguí decirlo.

En esta ocasión, el tipo en cuestión no representó ningún peligro, pero sigo pensando en el momento y me pregunto: si no me los hubiera encontrado, ¿a dónde la hubiera llevado? ¿Y si hubiera cambiado de opinión y la hubiera sacado a la calle y subirla a su auto? ¿Si se la hubiera llevado a un baño o dentro de un clóset?

Esa noche junté a mis hijos y esposo, y tuvimos una larga charla sobre los extraños y sobre lo que tenían que hacer en caso de que se les acercaran, así como el tipo de mentiras e historias que podrían escuchar.

Así que, por favor, hablen con sus hijos sobre los extraños. Si no lo han hecho todavía hablen ya con ellos.

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Este artículo fue publicado originalmente en The Huffington Post y posteriormente fue traducido y editado para su mejor comprensión.

Lo que sucede cuando un niño crece sin límites

Imagina que caminas por una montaña que no conoces y llegas a una zona escarpada en donde apenas se ven los bordes. Afortunadamente alguien señaló con una barrera el final del camino. De no ser así, algún despistado se caería accidentalmente.

Algo así es lo que sucede con los niños: Si en su camino nadie se preocupó de poner barreras para indicar las zonas peligrosas del camino, se caerá. Si nadie coloca en su camino señales que indiquen qué dirección de be tomar… se perderá. Te explicamos qué sucede cuando un niño crece sin límites ni normas.

7 cosas que suceden cuando un niño crece sin límites

Aunque sea mucho más fácil decir que sí a todo para dejar de oír ese insoportable llanto que tornó en rabieta… puede que a corto plazo nos haya ayudado, pero a largo plazo, pasará factura. No decir No a tiempo a un hijo tendrá sus consecuencias. Si el niño no encuentra límites, ¿sabes qué le sucederá cuando crezca?

1. Se sentirá desorientado, confuso. Para un niño, una falta de límites es entendido como. Y cuando crezca, culpará a sus padres por todo ello.

2. Se sentirá desprotegido. Esto genera una baja autoestima y confianza en sí mismos. Los límites dan seguridad. Ese cartel que indica ‘cuidado, por ahí es peligroso continuar’, nos da seguridad. Igual ocurre con los límites que imponemos a los niños.

3. Genera una baja tolerancia a la frustración. Un niño que nunca ha tenido que asumir que no todo se consigue en esta vida, no sabrá lo que es la frustración. Cuando algo no le salga como desea, no sabrá hacerle frente a este nuevo sentimiento.

4. Se volverá caprichoso y no sabrá valorar lo que tiene. En realidad si en todo momento conseguía lo que quería, esto no hará más que alimentar su deseo de querer más y más. Y a su vez, al conseguir de forma sencilla lo que desea, hará que pierda la percepción del valor que tienen las cosas, ya que no precisa de esfuerzo para conseguirlo. El valor del esfuerzo para él será inexistente.

5. No será capaz de controlar sus emociones. Tendrá problemas de actitud en un futuro. Se sentirá vacío y no será capaz de controlar la ira o la tristeza. Y lo peor de todo… Será infeliz.

6. Será un perfecto manipulador. Si desde pequeño consiguió manipular a sus padres en favor de su propio beneficio, imagina lo que habrá aprendido para cuando sea mayor. El pequeño tirano podrá convertirse en un adolescente prepotente y manipulador.

7. No sabrá esperar. Si desde pequeño le dijiste a todo que sí, el niño pensará que nada precisa esfuerzo para conseguirlo. No desarrollará el valor de la paciencia. Será impaciente, actuará por impulsos y cuando un día vea que no puede conseguir algo de forma inmediata, se desesperará y le creará una gran confusión y rabia.

Lo más fácil es hacer caso a las peticiones del niño. En un momento de estrés o vergüenza ante una rabieta, muchos padres prefieren darle lo que pide. Esta no es más que una trampa. Así lo explica la teoría del refuerzo negativo de Patterson, quien asegura que la decisión de acceder al chantaje afectivo de un niño, es beneficioso a corto plazo para los padres, pero será negativo a largo plazo y las exigencias de su hijo irán creciendo a una velocidad exponencial. El niño comenzará a comportarse de forma violenta y agresiva porque busca con esa llamada de atención esos límites que no encontró.

Cómo poner límites a los niños

Poner límites no significa imponerse sin sentido, ni vulnerar los derechos del niños. No significa no dejarle hablar, ni dar su opinión. Poner límites tampoco significa gritarles. Se pueden establecer límites de forma racional y consensuada, respetando ciertas libertades de los niños y cierta elasticidad. Por ejemplo, no significa que no dejes jugar a tu hijo en casa, sino que ciertas formas de juego no están permitidas en casa. Pueden jugar a la pelota en casa con las manos pero puedes prohibirle jugar al fútbol en el salón. Para poner límites:

1. Deben ser límites consensuados con la pareja. No puede ser que el padre imponga unos límites y la madre no está de acuerdo y no los respete. Ambos deben llegar a un acuerdo sobre lo que los niños pueden y no pueden hacer.

2. Establece cierta elasticidad en las normas pero deja muy claro dónde está el límite. Tal vez puedas permitir que durante la comida se levanten una vez al servicio, pero nada más que una. Las normas además deben ser claras, que no creen confusión. Y por supuesto, deben ser explicados a los niños para que ellos entiendan por qué se establece el límite.

3. Nunca cedas. Si ‘te ablandas’ ante la mirada tierna de tu hijo y te saltas un día uno de los límites, será difícil imponerlo de nuevo.

4. Siempre desde el respeto. Imponer un límite no significa ser tirano y utilizar la fuerza del más fuerte. Los límites se pueden aplicar desde el cariño y el respeto.

5. Los pilares básicos: el amor y los valores. Si estableces los límites en función de una escala de valores, el niño tendrá una base sólida y razonada. Recuerda que los valores son fundamentales en su educación, ya que les sirve como guía en su aprendizaje.

Fuente: Guiainfantil.com