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Consejos para ser un padre o madre impactante

Hemos encontrado en Internet la siguiente Infografía con consejos para ser un docente impactante. Nosotros la “reciclamos” y te invitamos a que en lugar del docente te coloques tú, es decir, una infografía con “Consejos para ser un padre o madre impactante”. Y aquí hay algunos:

Irradia alegría y paz. Despiértales con una sonrisa y acuéstalos con una sonrisa más grande. Los problemas no deben interferir entre tu sonrisa y tu hijo. Les sonríes porque sus vidas son valiosas para ti independientemente de su comportamiento. Haz que tu casa sea un espacio donde puedan ser ellos mismos.

  1. Investiga cómo aprende tu hijo. No todos aprenden igual, no todos necesitan la misma metodología, trato u objetivos. Adáptate a su estilo de aprendizaje y a sus diferencias.
  2. Denota entusiasmo en tu hogar. Sorpréndeles, crea en ellos recuerdos imborrables, crea escenarios y experiencias que les inspiren.
  3. Comunícate con asertividad. Cuando te comuniques con ellos, primero llégales al corazón. Después a su cerebro.
  4. Trátalos ¡siempre! con respeto y confianza. Puedes estar enfadado con él. ¡Pero muy enfadado! Y decepcionado. Y preocupado. Pero eso no te autoriza a faltarle al respeto. Se ha equivocado, confía en él y vuelve a darle una nueva oportunidad, quizás desde una perspectiva y recursos diferentes.
  5.  Logra involucrarle en su mejora. A través de la mediación, trasmítele la necesidad de cambiar de estrategia, de adaptar sus objetivos, de modificarse a sí mismo. Haz que quiera ser ordenado y no que ordene. Haz que quiera estudiar y no que estudie. Para eso, debes confiar en él.
  6. Hazle sentir competente y capaz.
  7. Haz que valga la pena volver a casa del colegio cada día.
  8. Dedica tiempo a cada hijo. Poco o mucho pero hazle sentir que es valioso para ti.
  9. Incentiva la curiosidad y la flexibilidad.
  10. Elogia sus logros.
  11. Crea expectativas. Ábrele la mente y el espíritu.

Elena Roger Gamir

Pedagoga – Solohijos

 

¿Qué piensa tu hijo de ti?

Como padres y madres, pensamos que no siempre lo hacemos bien. Que perdemos la paciencia. Gritamos y actuamos a veces con nuestros hijos de manera que posteriormente nos sentimos mal. Y en nuestro malestar, nos olvidamos de los muchos pequeños detalles amorosos que cada día nos salen de manera espontánea del corazón.

En realidad, se nos da muy bien querer a nuestros hijos. Cuando les escuchamos al salir del colegio,  cuando cocinamos con ellos magdalenas o les hacemos cosquillas. Cuando les leemos el cuento o bailamos con ellos  se sienten queridos. Cuando les miramos con ternura. Con los gestos más sencillos les llegamos al corazón.

Este vídeo nos muestra que las prioridades y expectativas de hijos y padres no son las mismas. Ellos contemplan lo imperceptible, lo sutil e invisible. Ellos hablan el lenguaje del corazón, por lo que valoran de nosotros aspectos que ni siquiera nosotros valoramos. Claro que cometemos errores pero entre nuestra imperfección también tocamos el alma de nuestros hijos y los llenamos de recuerdos brillantes.
No lo hacemos tan mal, aunque está bien querer mejorar. Pero que nuestras expectativas para ellos y para nosotros no sean tan rígidas  que no nos permitan disfrutar de lo que sin verse va construyendo la fina red de los detalles  amorosos.

Elena Roger Gamir

Pedagoga – Solohijos

Síndrome del niño rico: cada vez más frecuente en nuestros pequeños

El síndrome del niño rico cada vez parece ser más sonado. Los desórdenes que provoca en un niño el tenerlo todo sin límites han llegado a ocasionar grandes desgracias, mismas que han quedado en la historia y lamentablemente en la mente de muchos.

Prueba de ello es lo que ocurrió en Estados Unidos y como noticia se hizo viral por todo el mundo debido al gran impacto que tuvo en la población. Muchos aún recuerdan a Ethan Couch, un joven que proviene de una familia millonaria que nunca ha pasado ninguna necesidad y que siempre tuvo excesos en cuanto a todo, mismo que terminó matando a 4 personas por conducir en estado de ebriedad y pese a ello no hubo justicia, logró salvarse de la cárcel gracias al psiquiatra que le diagnosticó affluenza o síndrome del niño rico. 

Después de todo lo sucedido, Ethan violó la libertad condicional y huyó del país. Lo que ha conmovido a muchos es toda la historia que hay detrás, pues muchos acusan a los padres de ser los responsables ya que nunca le pusieron límites a Ethan y le dieron todo a manos llenas y en excesos.

Epidemia social a la vista

El dar a los hijos todo lo que piden se ha vuelto en un serio problema, muchos padres no son conscientes de las consecuencias que esto puede tener. Sin embargo, tanto para quien tiene las posibilidades como quien no, esto se ha convertido en algo muy normal, muchas veces tan solo es el llenar la falta de atención hacia ellos sin imaginar el gran daño que les causan. Cada día son más los niños que presentan desórdenes debido a este comportamiento que poco a poco se va convirtiendo en una epidemia.

¿Cómo podríamos identificar señales tempranas de un niño que puede verse afectado?

Hay señales que pueden alertarnos, como por ejemplo el que el niño repita con insistencia sentirse aburrido a pesar de tener miles de cosas para entretenerse a su alcance, verle estresado a pesar de ser un niño, con cambios repentinos de humor e inclusive con fobias.

Ralph Minear compartió en su libro ¨El niño que tiene todo en exceso¨: Cuando se ha cruzado ese lìmite, el niño se vuelve desdichado, intranquilo, irritable o presenta síntomas físicos y emocionales. Con gran frecuencia incurre en comportamientos perjudiciales, como el consumo de alcohol o la utilización de drogas prohibidas.

La presión que ejercemos sobre ellos, uno de los detonantes

Es cierto que todos los padres quieren lo mejor para sus hijos, que todos desean que sean felices y que reciban la mejor educación para que tengan un futuro prometedor. Sin embargo, muchos no notan la presión que ejercen en sus hijos para que logren todo aquello que más que desearlo los hijos, lo desean ellos como padres.

Muchas veces no notamos que cargamos de actividades a los hijos sin importar si pueden con todas o no y no les damos espacio ni tiempo para disfrutarse ellos mismos, esto a la larga termina siendo contraproducente.

El mantener a un niño siempre ocupado, casi obligarlo a competir con sus compañeros por ser el mejor de la clase, combinarlo con exceso de información, de libertad, responsabilidades y exigencias puede resultar un cóctel demasiado peligroso para el niño

Un  niño que tiene todo su tiempo ocupado logra estresarse y esto lo manifiesta a través de rebeldía. Las acciones de los niños hablan mucho por ellos, así que es necesario no perderlos de vista y responder a cada señal confusa de comportamiento.

¿Se necesita ser rico para sufrir de este síndrome?

Los padres definitivamente hacen esfuerzos sobrehumanos por darles todo a sus hijos e incluso aquello que está fuera de su alcance. Este síndrome no es exclusivo de personas con un nivel socioeconómico alto. El problema radica en que es bueno hacerles saber a nuestro hijos los límites que a veces es necesario tener, además, sería bueno también que de alguna manera logren ganarse aquello que tanto desean pues solo así valoran.

Se sugiere no facilitarles todo lo que desean, a veces queremos ofrecerles todo lo que nosotros no tuvimos, pero son otros tiempos y la sociedad cada vez sufre más transformaciones. Evitemos pensar que con darles todo les estamos dando felicidad, existe gente sumamente rica que es muy infeliz y existen personas increíblemente humildes que cuando uno las ve se pregunta cómo es que le hacen para ser felices.

¿Qué podemos hacer para evitarlo?

Lo primordial es involucrar al niño con la vida real, no darle todo a manos llenas, ponerle límites y ubicarlo en su realidad, que para obtener lo que uno quiere es necesario trabajar por ello, ya sea que se lo gane a través de buena conducta, calificaciones, entre otros.

También sería bueno el modificar nuestros actos de premiarles con cosas materiales, pues deben entender desde pequeños que así como existen derechos también tienen obligaciones que deben ser cumplidas.

No debemos olvidarnos de enseñar a nuestros hijos a valorar lo que tienen y el esfuerzo que se ha puesto para obtenerlo. Pues esta enseñanza les servirá por el resto de su vida y los ayudará a vivir de una mejor manera.

Comparte esta información puede ser de gran ayuda para evitar el crecimiento de este síndrome y así la gente podrá prevenir.

Fuente: porquenosemeocurrio.com

¿Qué tan bien estoy haciendo mi rol de padre, madre y/o tutor?

Para responder a cada cuestionante utilice los códigos sugeridos: Rara vez (1),  A veces (2) y/o  Seguido (3)
  1. Esperar a manejar los problemas hasta que me haya tranquilizado.
  2. Decir “Te Quiero”.
  3. Ayudar a mi adolescente a entender cuáles son las reglas.
  4. Pasar tiempo divertido junto con la familia.
  5. Hacerle saber a mi adolescente cuales son las consecuencias de romper una regla.
  6. Dar un cumplido y premios especiales cuando mi adolescente sigue las reglas.
  7. Cumplir con las consecuencias cada vez que ella o el rompa las reglas.
  8. Dar abrazos.
  9. Asistir a las conferencias en la escuela para padres de familia.
  10. Ir a ver a mi adolescente en deportes, música y otras actividades.
  11. Explicarle cuáles son sus quehaceres y cuando deben estar terminados.
  12. Pasar tiempo especial a solas con mi adolescente.
  13. Hacerle saber a mi adolescente las razones por las cuales tenemos las reglas.
  14. Apoyar y entender a mi adolescente cuando está desilusionado(a).
  15. Tener horarios regulares para las tareas.
  16. Hacerle saber a mi adolescente que estoy orgulloso (a) cuando logra un objetivo.
  17. Trabajar junto con mi adolescente para resolver problemas que hubiera en casa.
  18. Tratar de ver las cosas desde el punto de vista de mi adolescente.
  19. Hacerle saber a mi adolescente lo que espero acerca de la escuela, alcohol, fumar y uso de drogas.
  20. Ayudar a mi adolescente a pensar cómo manejar situaciones difíciles con amigos o en la escuela.
Lectura de resultados

Respuestas

Mayoría 1. Los resultados que te han traído hasta aquí  denotan que tu hijo o hija está demandando tu atención. Trata de recuperar esos detalles que le recuerdan a tu hijo que es un ser especial y amado. Expresando tus sentimientos, lograrás hacer un gran cambio en la relación de ustedes, limarás asperezas y descubrirás el amor y admiración que puede llegar a sentir tu hijo por ti.

Mayoría 2. Estas en el medio, es decir, no eres un padre totalmente detallista, pero tampoco eres un padre neutro. Estás a un paso de demostrarte a ti mismo que puedes ser mejor, que puedes optimizar esa relación de padre e hijo. Comienza por pensar en esos detalles que se te están escapando de las manos y luego, a ponlos en práctica.

Mayoría 3. ¡Enhorabuena!, eres un excelente padre, asumes tu  rol correctamente y  has logrado desarrollar en tu hijo esa confianza que necesita para aceptarse y aceptar su entorno. Sigue así, siendo un padre modelo y podrás predicar con tu ejemplo a otros.

Con música se estudia mejor

En las bibliotecas el silencio es el don más preciado. Dentro de nuestras casas son los padres los que intentan que sigamos esta ‘norma social’ establecida: si vas a estudiar, apaga la música.

Desde un desconocimiento podría parecer evidente que escuchar música somete a nuestro cerebro a la multitarea y que hacer dos cosas a la vez dificulta que podamos concentrarnos bien en una de ellas. Pero en esta ocasión los jóvenes tienen razón: la música les ayuda a concentrarse.

Otro de los estudios que subrayan esta teoría es el de la investigadora Teresa Lesiuk, de la Universidad de Windsor en Canadá, tras estudiar el efecto de la música en los trabajadores de una pequeña empresa. Estos terminaban sus tareas más rápido y, además, generaban ideas más originales que los que trabajaban en silencio.

La ciencia está de su lado pero con salvedades: no vale cualquier tipo de música. Según los estudios, los ritmos muy repetitivos no ayudan porque nos adormecen. Tampoco funcionan los ritmos que son muy complejos o sin un ritmo definido. La clave, como en todo es encontrar el punto medio.

El estudio del profesor Morten Kringelbach de la Universidad de Oxford, por ejemplo, no sugiere los ritmos del funk como los de James Brown. Nuestro cerebro se inclina por este estilo musical ya que el ritmo tiene la cadencia perfecta para nuestra concentración: no es muy predecible ni muy caótico.

Ya sabemos qué estilo es el más adecuado pero… ¿por qué nos ayuda a concentrarnos mientras estudiamos?

Al aumentar nuestra felicidad, mejora nuestra concentración y, por tanto, nuestro rendimiento mental. Para poder estudiar hay que estar motivados en la acción que se está realizando. Motivado y feliz. Y ahí está la clave pues al escuchar música nuestro cerebro segrega dopamina y mejora de forma automática e inconsciente nuestra motivación hacia el estudio.

Fuente: Muhimu

10 valores que debemos inculcar en nuestros hijos

Seguramente coincidirás con nosotros en que todo padre desea que sus hijos sean felices. Y aunque este puede ser un concepto bastante escuchado lo cierto es que no existen fórmulas mágicas para lograr lo antes dicho. Sin embargo existen pautas o el aprendizaje de ciertos valores que podrían marcar el sendero de la felicidad de los niños.

VEAMOS 10 VALORES QUE DEBEMOS INCULCAR A NUESTROS HIJOS
  1. FELICIDAD. Encarar la vida tomando siempre como iniciativa una actitud positiva ayuda a enfrentar los problemas. Con esto no queremos decir que ser feliz consiste en tenerlo todo. De hecho la felicidad se compone de pequeños momentos. Enseñarle al niño a valorar estos momentos teniendo siempre una actitud positiva ayudará a que él enfrente las dificultades desde varios ángulos. Anímalo a que el niño ría (no de los problemas, pero sí que se tome el tiempo necesario para resolverlos y ayúdale con esto).
  2. FOMENTAR EL BUEN HUMOR. Nunca pierdas de vista que el niño tomará como ejemplo a seguir todo lo que sus padres hagan. Por tanto es recomendable que tú también comiences a tomarte la vida con cierto humor.

Aceptarse a sí mismo es un gran paso para luego darle una solución al problema (siempre y cuando éste se encuentre a nuestro alcance). Nunca hay que olvidar que el humor es un signo de inteligencia.

Que el buen humor forme parte de las costumbres del hogar, genera hábitos de comportamiento que influirán en la conducta del momento presente y quedarán arraigadas en el futuro.

       3. AMABILIDAD. La amabilidad, el buen trato, pedir las cosas con respeto y educación son valores que “abren puertas” no sólo a chicos sino también a grandes.

Una actitud positiva frente a la adversidad será beneficiosa para sacar el provecho de toda situación difícil que el niño tenga que  atravesar.

        4. GENEROSIDAD. Con esto nos referimos a la solidaridad. La ayuda desinteresada fomenta valores incalculables en los niños.

      5. CARACTER. Hoy por hoy se conoce que el carácter no es algo que no se pueda modificar. Es importante que enseñemos a los niños a modificar el carácter estableciendo valores como el auto-respeto y el respeto por los demás. También hay que hacer hincapié en la diversidad de caracteres y en la aceptación de otros puntos de vista diferentes a los del niño.

      6. DOLOR. Es necesario hablar de este punto. Todo padre desea que su hijo no sufra jamás, pero bien sabemos que esto solo resulta ser una utopía. Por tal motivo es fundamental enseñarle a nuestros hijos a enfrentar el dolor y poder superar el mismo. También es importante marcarle cuándo ese dolor es producto o consecuencia de sus propios actos y cuando no lo es.

      7. RESPONSABILIDAD. El valor de la responsabilidad es imprescindible para que se forme una personalidad de adulto íntegro. Para ello debemos ser el ejemplo y ayudarlos no sólo desde la palabra sino también desde el sentimiento. Lo mejor es inculcarle este valor desde el sentimiento. De este modo quedará arraigado en nuestros hijos y se formará un hábito de comportamiento.

      8. BUEN GUSTO. Claro que el gusto es algo subjetivo pero con este punto nos referimos a la necesidad de establecer conductas de buen gusto que sean aceptadas socialmente. Por ejemplo, si como adultos utilizamos un lenguaje inapropiado en el hogar y frente a los niños o si el maltrato verbal es frecuente, es muy probable que el niño incorpore este comportamiento y que el mismo sea repudiado en los ámbitos escolares o donde se desenvuelva el niño.

      9. EMPATIA. Saber reconocer los sentimientos de otros niños y adultos, ponerse en el lugar del otro intentando sentir lo que ellos mismos sienten es algo que muchas personas presentan casi de forma natural mientras que en otros casos es necesario enseñarlo. También es importante aprender a “tomar distancia de la situación” para no “cargar” con el problema ajeno.

      10. BUENOS SENTIMIENTOS. Todo lo antes dicho, si se realiza con el fin de inculcar valores en los niños, no genera otra cosa que buenos sentimientos. Compartir, dar, escuchar, priorizar lo que se nos pide, sumado a todo lo antes dicho genera pensamientos positivos y niños potencialmente.

Fuente: Educapeques

Ser apropiado o diferente nunca es fácil

Puede ser doloroso si a su hijo no lo invitan a la fiesta de cumpleaños de un compañero de clase, no lo eligen para el papel principal en la obra, o se sienta solo en el recreo. A pesar de que no es fácil ser dejado fuera, cómo ayudar a lidiar con todo esto puede hacer toda la diferencia en el mundo.

¿Entonces qué puede usted hacer? En primer lugar, reconocer sus sentimientos y asegurarle que es amado  y apoyado en su casa.

Considerar si las habilidades sociales necesitan ser enseñadas y / o reforzadas para ayudarle a hacer conexiones con sus compañeros. Ayudarle a identificar sus puntos fuertes. Sugerirle que se una a un equipo o club de su interés. Hacerle saber que con el tiempo va a encontrar su espacio.

Animarle a dejar de intentar ser parte del “grupo de moda”, sino más bien tomar la iniciativa para hacer amistades con otros niños. Sin duda, hay muchos niños que pueden hacer empatía con él. Ella o él se sentirá facultado por ser un participante activo en su propio mundo.

Ser el nuevo chico en la escuela nunca es fácil. Pero sí esto le da a su hijo una oportunidad maravillosa para comenzar con una pizarra limpia. Si él se quedó fuera, ignorado o intimidado antes, eso es historia desconocida en una nueva escuela.

Asegurarle que se necesita tiempo para cumplir con los nuevos niños. Recordarle que sus nuevos compañeros de clase pueden haber sido amigos durante bastante tiempo, y al principio no pueden ser demasiado abiertos a una nueva persona en unirse.

Una forma para que los niños aprendan a hacer frente a una nueva situación es apoyándose en sus puntos fuertes. Así que recuérdele a su hijo que tiene talento. “Usted ha hecho amigos en casa cada vez que jugó al baloncesto. Los hijos vieron que era buena y querían estar en el equipo con usted.”

Si su niño tiene necesidades especiales hacerle saber que está bien ser diferente. Por supuesto, él probablemente no se siente de esa manera. Pero se puede dar un giro positivo en él con sus acciones.

No le aísle  de las interacciones con otros niños. Si bien es posible que desee ayudarla a evitar ser objeto de burla, o el temor de que se trata de manera diferente le hará daño, evitando conexiones sociales solamente le  obstaculizará.

7 Maneras de cómo hacer amigos:

 Hacer el primer movimiento.

Sea positivo y agradable.

Ser tú mismo.

No se olvide de sonreír.

Sé un buen oyente.

Ser sincero.

Librarse de rechazo.

¿Cómo se puede ayudar a su hijo?

Reconocer sus sentimientos.

Ser tranquilizador.

Identificar sus puntos fuertes.

Mantener una comunicación abierta. Incluso si él no quiere hablar con usted, seguir hablando. “¿Hay algo que pueda hacer para que te sientas más cómodo?” ¿Necesitas algo?” “¿Me gustaría hablar con tu profesor?”

Fuente: Discovery Education

¿Qué edad es la adecuada para que dejes a tus hijos solos en casa?

Uno de mis primeros recuerdos es el de mis padres a punto de dejarme sola en casa por primera vez, mientras que ellos iban a cenar. Yo estaba en el baño, en busca de esmalte de uñas. Me soné la nariz, y oí a mi padre preguntarle a mi mamá, ” ¿Está bien? Está llorando porque vamos a salir? “Mi madre abrió la puerta y me vio calmada pintándome las uñas. “Claramente, no le pasa nada”, dijo mi madre.

No recuerdo qué edad tenía exactamente, pero yo no podría haber tenido más de 11. Algunos padres nunca dejarían a su hijo de once años de edad solo en casa. Otros padres se sienten seguros dejando a sus hijos pequeños en casa bajo el cuidado de un niño de once años de edad.

¿Qué tan joven es demasiado joven para ser dejado solo en casa?

Esta es la época del año en que muchos padres que trabajan se enfrentan a este reto: la escuela termino, los campamentos solo cubren algunas horas de la mañana, y simplemente no tienen suficientes horas en el día para cubrir todos los asuntos básicos. Por desgracia, nuestra cultura de trabajo a veces hace que sea difícil para los padres, tener como principal las necesidades de sus hijos. ¿Y si no tienes otra opción que dejar a tus hijos solos en casa?

Decidir cuándo dejar a sus hijos solos en casa es un paso muy grande, y viene con un montón de dudas, preocupaciones y preguntas.

Hay algunas pautas generales, y algunos requisitos específicos, a tener en cuenta a medida que navega esto para tu familia. Las leyes estatales dictan en realidad la edad que debe tener tu hijo para que legalmente pueda ser dejado solo en casa. Por favor asegúrese de revisar las leyes de tu estado.

Independientemente de si tu hijo legalmente se puede quedar solo en casa, tu primera estrategia podría ser dejarlo con algunos miembros de la familia o hermanos mayores. También puedes buscar en las asociaciones de vecinos de colaboración – hay muchas familias en la misma situación en la que estás tú. Un método cooperativo de cuidado de niños ha salvado muchas familias del estrés de tejer juntos las necesidades de la familia en la cara de los requisitos de trabajo del mundo real. Llegar a tus vecinos incluso podría ayudar a expandir tu red de apoyo más allá de tus necesidades de cuidado de los niños.

Si su hijo es legalmente capaz de quedarse solo en casa, y los amigos y la familia no son una opción, tendrás que elaborar un plan claro para la seguridad de tu hijo, mientras esta solo en casa. La capacidad de tu hijo para tomar buenas decisiones es mucho más importante que su edad: ¿cómo van a seguir las reglas de seguridad de todo? ¿Pueden tanto entender y seguir adelante con un plan, en caso de que necesite ayuda mientras estás fuera?

Un paso importante hacia el éxito para ti y tus hijos es establecer claramente tus expectativas, y para hablar de sus miedos o dudas acerca de que los dejen solos. También es una buena idea hacer alguna serie breve de pruebas, déjenlos solos en casa durante no más de 30 minutos, y luego incrementando ese tiempo a media que vayan pasando las ocasiones. Esto ayuda a construir su confianza y te permite controlar más de cerca si están listos para este gran paso.

Acerca de Rebecca Wolfenden, 1- a-1 Coach

Rebecca Wolfenden es una mamá amorosa con su hijo y una coach 1- a-1 dedicada. Obtuvo su licenciatura como “Trabajador Social” en la Universidad de Virginia Occidental y ha estado con la “Empowering Parents” desde 2011. Rebecca tiene experiencia trabajando con niños y familias en la configuración de casas y escuelas, y tiene una amplia práctica trabajando con personas de todas las edades que han sobrevivido a traumas tanto físicos como emocionales.

5 de las cosas más difíciles que deben afrontar los padres: Cómo manejar los más difíciles problemas de crianza

Ver a mi hijo tener dificultades sin intervenir para “arreglar” las cosas para él era una de las cosas más difíciles que he experimentado personalmente como madre, a pesar de que sabía que era lo mejor para él. Y la verdad es que, desde el principio, ser madre es un equilibrio de cuidar de tus hijos mientras los dejas crecer y aprender de sus errores. Tu papel de simplemente amar y proteger a tu bebé del dolor y cambios incomodos, a una de aceptar que tu niño o adolescente tendrá que experimentar las consecuencias naturales de sus acciones. La parte dura (para ellos y para nosotros) Es que estas consecuencias casi siempre incluyen un cierto malestar, decepción o dolor.

Junto con las cosas buenas, la lista de cosas difíciles que enfrentamos como padres es larga y como todos nos damos cuenta muy temprano, hay muchos desafíos que ni siquiera consideramos o conocíamos antes de tener hijos. Como madre y  terapeuta de 30 años, he encontrado que los siguientes cinco son de los más difíciles.

  1. “Se el padre del niño que tienes, y no el niño que desearías tener.”

Muchas veces, tratamos de criar a nuestros hijos sobre la base de lo que pensamos que deberían ser, y no sobre quién realmente son. Escucha, que puede ser difícil y agotador tener un hijo con TDAH, o un adolescente con ODD que es desafiante e irrespetuoso. O puede que simplemente tengas un hijo que es muy diferente a ti, por lo que tratar de ver su lado de las cosas se convierte en una batalla constante. Se podría pensar, “Hey, esto no es para lo que me apunte! Se supone que así es cómo será la maternidad?” Como madre y terapeuta, sé que cuando aceptas que tu hijo o hija no es como pensabas que iba a ser, un verdadero dolor puede surgir. Es posible que tenga que renunciar a ciertos sueños que tenía para el futuro de su hijo cuando se da cuenta de que ella o él no va a tomar el camino que habías esperado que tomara.

Entender, sin embargo, que una vez que lo dejas ir y aceptas que su hijo es alguien totalmente diferente a lo que esperabas, un tipo diferente de amor puede desarrollarse, porque vas a ser capaz de ver con claridad la persona que realmente es. He encontrado que la verdadera aceptación es una de las cosas más poderosas, amorosa, que un padre puede dar a su hijo. Es la base para muchas cosas, incluyendo el ser capaz de desarrollar y comunicar las expectativas razonables para el comportamiento apropiado. Las luchas viejas de poder desaparecen, lo que le puede dar espacio para nutrir nuevos aspectos de su relación. Como un beneficio adicional, cuando aceptas a tu hijo por como es, este puede aceptarse mejor así mismo.

  1. Deja que tu hijo experimente el dolor y el malestar de las consecuencias naturales:

Recuerdo que me sentí muy mal cuando mi hijo, que era un niño pequeño en el momento, empujó una puerta abierta y cayó por unas escaleras mientras estábamos visitando a la familia. Todos apartamos la vista una fracción de segundo, y eso fue todo lo que necesitó. Esto fue traumático no sólo para mi hijo, pero para nosotros como padres. Recuerdo darme cuenta de que no podía siempre mantenerlo a salvo de todo. (Gracias a Dios que sólo fueron unos moretones.) A pesar de que fue claramente un accidente, todavía me sentía como un mal padre. Estos sentimientos son naturales, pero es importante que aprendas cómo tratar con ellos. La meta para todos nosotros es aprender de cada experiencia y tratar de ser razonable acerca de lo que tienes control sobre – y lo que está fuera de su control.

No es una buena idea tratar de proteger a tu hijo de experimentar las consecuencias de sus acciones. Míralo de esta manera: ¿cómo va  aprender tu hijo de sus errores si le quitas el resultado natural de una mala elección que hizo? De hecho, nosotros los humanos aprendemos por ensayo y error. Nosotros intentamos algo, se produce un error o nos metemos en problemas, y tratamos de otra manera. Nos portamos mal, alguien se enoja, por lo que nos detenemos. Si pones una valla protectora alrededor de tu hijo y tratas de arreglar las cosas por él, ¿cómo va a aprender a hacer las cosas de manera diferente la próxima vez? Como mi esposo James Lehman dijo, “Es útil dejar que los hijos tomen sus propias decisiones. El cambio ocurre cuando aprendemos de nuestros errores y en los momentos de aceptar las responsabilidades de nuestras acciones”.

  1. Enfrentar el juicio, la vergüenza y la culpa que emiten otros:

Si tienes un niño que actúa y tiene otros comportamientos desafiantes-rabietas, gritos, que desobedece o es molesto y desagradable, probablemente te han dado “la mirada” de parte de amigos y desconocidos por igual. Seguro conoces aquel que dice: “¿Qué te pasa? ¿Por qué no haces algo sobre el comportamiento de tu hijo?! “Puede que te sientas como un terrible padre o madre, incluso si sabes que estás haciendo todo lo posible para criar a tu hijo lo mejor que sabes hacerlo. Y la verdad es que, otros probablemente te juzgarán, es la naturaleza humana. Si estás en esta situación, es natural preocuparse de que tu hijo te haga pasar por algo embarazoso o te decepcione, y también que te preocupe acerca de cómo reaccionarán los demás a la mala conducta de tu hijo y que los mismos te culpen.

Pero cuando tu hijo está actuando fuera de lo correcto y te sientes juzgada por los demás, y para y dite a ti misma: “No puedo leer la mente de los demás.” Si tratas de imaginar lo que los otros están pensando, el 95 por ciento de las veces veras algo negativo allí. Eso es porque cada vez que somos negativos, interpretamos que las percepciones de otras personas sobre nosotros es negativa, también. Y en estas situaciones no leemos la mente de las personas en busca de esperanza. Las leemos en busca de la crítica, especialmente cuando algo va mal. Así que cuando te encuentres tratando de adivinar lo que tu vecino, tu suegra o tus amigos están pensando, simplemente dite a sí misma: “Yo no soy un lector de la mente; No sé lo que están pensando.” Parar la cinta que se está reproduciendo en tu cabeza y sigue adelante. Esto también es parte del proceso de aprender cómo participar en “la conversación positiva”, o hablándote a ti mismo de una manera que promueve la calma y la esperanza, en lugar de pánico.

  1. “Te odio, mamá!”

Una de las cosas más difíciles que enfrentan los padres es cuando su hijo es grosero o irrespetuoso. Tu hijo puede que siempre haya sido así, o el cambio en su personalidad aparentemente podría haber ocurrido durante la noche, tal vez cuando llegan a los años de la pubertad. Tu hijo de 10 años le encanta estar contigo, pero luego te encuentras con, ella o él gritándote “Te odio”, diciéndote nombres, y se niega a ir a cualquier sitio contigo.

Las palabras “Te odio” pueden tener el poder de reducir a cualquier padre a las lágrimas o enojo, puede hacer que sientas que ha fracasado y que te preguntes dónde empezaron a salir mal las cosas. Los niños saben que diciendo estas palabras puede paralizar un padre durante una pelea, por lo que utilizan esta táctica para conseguir lo que quieren. Por difícil que sea, tratar de no personalizar el comportamiento de tu hijo. Cuando se personaliza las cosas, se hace muy difícil ser objetivo acerca de cómo responderle a tu hijo en el momento. Una buena cosa que puedes hace cuando esto sucede es  es parar, respirar, y en lugar de una reacción automática, responde con (por ejemplo), “No estamos hablando de eso ahora. Estamos hablando del hecho de que tienes que hacer tus tarea”.

  1. Dejar ir

Durante la pre-adolescencia y adolescencia de tu hijo, estas en una constantemente confrontación con dejar ir, especialmente si tu niño parece necesitar aprender las cosas de la manera difícil. Una parte natural de la adolescencia es la asunción de riesgos – que a menudo da lugar a romper las reglas y el comportamiento inapropiado. Se hace extremadamente importante como padre poder desconectarse de tus propias respuestas emocionales a este mal comportamiento (el sentimiento de culpabilidad, vergüenza, o simplemente decepcionado). Como padres, cuando nuestros hijos se hacen mayores, tenemos que retirarnos hacia atrás y convertirnos en entrenadores y profesores, aún amando a nuestros hijos como personas, pero dándoles espacio para aprender.

Por doloroso que es aceptar a veces, nuestros hijos han nacido para alejarse de nosotros. Hay una sensación de dolor que va junto con esto; Yo la he experimentado. Es importante recordar que este trabajo de cuidar a nuestros hijos mientras estos están constantemente separándose de nosotros y están convirtiéndose en personas individuales puede ser estresante y demandante.

Un “Padre suficientemente bueno”

No se puede proteger a tus hijos de todo lo malo que podría sucederles, o de las malas decisiones que pueden tomar, pero puedes ayudarles a aprender de las malas decisiones  que toman. Tu hijos probablemente no te agradezcan ahora el dejarlos pasar por situaciones difíciles por su cuenta y sufrir a través de las consecuencia, pero te pueden sorprender cuando ya sean adulto diciéndote que el entrenamiento, enseñanza o el hecho de que te limitaras hicieron una diferencia positiva en su vida.

Por ultimo: Es difícil para los padres descubrir lo que es correcto; y la verdad es, en realidad no es hay una respuesta “correcta” todo el tiempo. Es importante aceptar que hay que tomar decisiones, y que las decisiones a menudo vienen con ansiedad. Recuerda que estás haciendo lo mejor que puedes y que lo haces de la mejor forma posibles. Más importante que tratar de ser un padre perfecto es ser uno lo suficientemente bueno, que cuida de sus hijos y hace sus mejores esfuerzos. Las situaciones difíciles son parte de la vida – las situaciones de las que podemos aprender y crecer. Y como padres podemos ayudar a nuestros hijos a través de los tiempos difíciles. Esto no se detiene en la adolescencia, porque vamos a ser padres siempre – nuestro papel simplemente continuan cambiando con el tiempo.

Acerca de Janet Lehman , MSW

Janet Lehman , MSW , ha trabajado con niños y adolescentes con problemas durante más de 30 años. Un trabajador social veterano, que se especializa en problemas de comportamiento del niño – que van desde la gestión de la ira y de oposición desafiante a un comportamiento criminal más grave en los adolescentes. Además, Janet ganó una comprensión personal de aprendizaje y de comportamiento infantil retos de su hijo, que han luchado con problemas de aprendizaje en la escuela. Es co-creadora del programa Transformación total, la guía completa a consecuencias ™, conseguir a través de su hijo ™, y Dos padres Uno Plan ™.

¿Cómo se desarrolla mejor el cerebro de un bebé?

Simon Worrall
Pronuncia: Otorrinolaringóloga pediátrica. Difícil, ¿verdad?

Según Dana Suskind, quien obtuvo ese título en la Universidad de Chicago, la exposición a un lenguaje abundante durante los primeros tres años de vida no solo es crucial para la capacidad de pronunciar palabras largas, sino para nuestro desarrollo integral y el éxito en general.

Por desgracia, en su nuevo libro Thirty Million Words: Building a Child’s Brain también demuestra que nuestros logros están determinados, en buena medida, por el medio social y económico en que nacemos.

Sin rodeos: un niño nacido en la modesta Compton, California, probablemente escuchará 30 millones de palabras menos en los primeros tres años de vida que otro nacido en la acaudalada Greenwich, Connecticut.

En una entrevista desde su hogar en Chicago, Suskind explica que la iniciativa “Thirty Million Word” intenta cerrar la brecha de logros; porqué el esfuerzo de Mark Zuckberger de aprender chino refleja la importancia de la exposición al lenguaje desde la infancia; y cómo su propuesta de “sintonizar, hablar más y tomar turnos” puede ayudar a resolver los problemas mundiales.

¿Qué te inspiró a escribir el libro, Dana?

Hace unos diez años inicié el programa de implantes cocleares en la Universidad de Chicago. Mi experiencia como cirujana me llevó al mundo de las ciencias sociales y allí descubrí el poder del lenguaje.

Los niños que nacen en condiciones de pobreza escuchan 30 millones de palabras menos que sus pares más acaudalados.

Antes de la implantación, los niños no manifestaban una diferencia real en su potencial de aprender a hablar. Pero después del implante, eran muy distintos. Algunos hablaban y aprendían igual que sus pares, mientras que otros apenas podían comunicarse. Y la diferencia casi siempre estuvo marcada por líneas socioeconómicas.

Julien Heh y Allie, su hija de 20 meses, participan en un taller de especias. Muchos padres no notan que pueden sostener charlas con sus hijos.

Aquella experiencia me puso a pensar, ¿qué está sucediendo? Es la misma cirugía, con resultados muy distintos. Luego me enteré de una investigación muy importante que hicieron Betty Hart y Todd Risley hace unos 30 años. Demostraron que los niños que nacen en condiciones de pobreza escuchan 30 millones de palabras menos que sus pares más acaudalados. Pero la brecha de 30 millones de palabras es solo una metáfora de la riqueza del lenguaje y los ambientes en los primeros años de vida.

Lo explicas de una manera maravillosamente sencilla. Cuéntanos de tus tres consejos para los padres y cómo marcan la diferencia en el desarrollo del cerebro infantil.

Desde el punto de vista científico, un ambiente con un lenguaje rico es increíblemente complejo. Sin embargo, en el nivel más fundamental, todo se reduce a tres cosas: armonizar, hablar más y tomar turnos.

Armonizar significa que cuando estés cambiando el pañal de tu hijo, salgan de compras o vayan al centro en autobús, te muestres interesada en cualquier cosa que despierte el interés del niño.

Hablar más es justo eso: hablar más, usar un lenguaje más rico, narrar a tu hijo lo que ocurre en el día.

Tomar turnos es lo más importante. Significa que debes considerar a tu hijo como un compañero de conversación, desde el primer momento. Muchos padres no se dan cuenta de que pueden conversar con un recién nacido. Sin embargo, los bebés nacen listos para aprender y responden con cada ruido y eructo, incluso antes de usar su primera palabra.

Propongo un cuarto factor: apagar la tecnología. Llámese televisión, iPhone o iPad, hay tecnología en todas partes. Necesitamos aprender a vivir con la tecnología y entender que el cerebro del bebé necesita interacciones humanas reales, en vivo. Por desgracia, no existen sustitutos ni fórmulas, como las hay para la leche materna, así que solo podemos hacer nuestro mejor esfuerzo para limitar la tecnología e interactuar con nuestros hijos. (Lee: ¿Qué nos causa Facebook?)

En tu libro haces una pregunta importante: “Si los bebés fueran genios de la computación, ¿por qué no los sentamos frente al televisor y nos olvidamos de todo?”. Explica porqué eso no contribuye al proceso de aprendizaje.

¿No sería lo más simple? [Ríe] El lenguaje se desarrolló como un medio de comunicación. No teníamos tecnología para nutrir nuestros cerebros. Necesitábamos la interacción social para que el lenguaje se “pegara”. Hay estudios geniales que lo demuestran. Los bebés no aprenden con la televisión o los videos. La interacción, lo que llamamos “respuesta contingente” –cuando respondemos a las señales del bebé-, es lo que permite que aprendan cosas.

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¿Qué hay de los niños mayores de cuatro años, los que se pasan la vida en YouTube o el televisor, sin leer y sin los tres estímulos que propones? ¿Hay esperanzas para ellos?

¡Nunca es tarde! El cerebro siempre está desarrollándose, evolucionando; incluso en ti y en mí. [Ríe] Sin embargo, hay un periodo cuando el desarrollo cerebral es tan intenso como al principio, sobre todo en términos de destrezas cognitivas. Si queremos prevenir en vez de remediar, necesitamos enfocarnos en esa etapa. Eso no significa que debamos enfocarnos en los niños de cero a tres años y olvidarnos de los demás. Pero si descuidamos a los de cero a tres, después será muy difícil cerrar la brecha.

Ya es costumbre decir que el reforzamiento positivo es necesario. No obstante, tienes datos que confirman esa teoría, así como información sorprendente sobre factores socioeconómicos y el refuerzo positivo. Háblanos del estudio Hart-Risley.

Hart y Risley surgieron de la “Guerra contra la pobreza”. Antes de hacer su estudio, hace 30 años, realizaron muchas intervenciones preescolares con niños que vivían en condiciones de pobreza. Al principio, los resultados demostraron que, durante la edad preescolar –digamos, cuatro y cinco años-, los niños que recibían intervenciones clave no eran distintos de quienes no las recibían. Esa experiencia los llevó a cuestionar, “¿Qué pasa en la vida cotidiana de los bebés entre los cero y tres años?”

En casa de los mellizos Felix y Viva se habla 4 idiomas, lo que crea el rico ambiente lingüístico que Suskind considera crucial para el desarrollo cerebral.

Decidieron hacer un seguimiento de familias en todos los estratos socioeconómicos –incluyendo desde las que llamaron “empobrecidas” hasta las profesionales y todos los niveles intermedios- hasta los tres años de edad. Visitaron a los niños una vez al mes e hicieron grabaciones de audio. Cuando analizaron los datos, descubrieron que los niños nacidos en condiciones de pobreza habían escuchado 30 millones de palabras menos que sus pares más acaudalados. Fue entonces que concibieron esa metáfora genial para llamar la atención del público: la brecha de 30 millones de palabras.

Hart y Risley también detectaron diferencias entre el uso de afirmaciones y prohibiciones –“¡No hagas esto!”, “¡Bájate!”, “¡Cállate!”- y las descripciones que usaban una rica narrativa. Todo esto –la forma como los progenitores hablan o no con los niños- impactó no solo en el vocabulario de los bebés a los tres años, sino que al llegar al tercer grado, también encontraron impactos en sus calificaciones de exámenes y CI, y así descubrieron el inicio de la brecha de logros.

Mencionas que hay una diferencia entre los términos “ayudante” y “ayuda” para obtener una respuesta en los niños, y también cuando dices “eres muy malo” o “hiciste algo malo”. Explica la importancia del lenguaje en el desarrollo del cerebro infantil.

Lo más importante que me ha demostrado toda esta experiencia es el poder del lenguaje para nuestro desarrollo integral, para el desarrollo de nuestro cerebro. El lenguaje no solo incrementa el CI y la capacidad cognitiva. Hace crecer los distintos aspectos del individuo, como nuestra destreza para las matemáticas, nuestra percepción espacial, nuestra capacidad para perseverar frente a los desafíos, o nuestra autorregulación.

En estos momentos estoy muy enfocada en nuestro programa de elogios basado en la persona versus el proceso. Si dices “trabajas muy duro” versus “eres muy inteligente”, marcarás la diferencia entre un niño que persista frente a un desafío difícil o se dé por vencido.

Tiffany Painter y Trevon, su hijo de seis meses, disfrutan una mezcla de alimentos y videos musicales. Suskind dice que el lenguaje hace crecer distintos aspectos del individuo.

La empatía es la esencia de lo que deseamos en los seres humanos. Es importante elogiar al individuo en vez del proceso. Queremos que el niño piense, “Soy un gran ayudante” versus “solo fue el proceso”.

En cambio, si el niño hace algo malo, es importante entender que hay una diferencia crucial entre sentir culpa y vergüenza. Porque si avergüenzas a alguien, no haces algo constructivo. Lo deseable es que tu afirmación esté conectada con un acto. Si dices “eres malo” versus “ese acto es malo”, puedes marcar una gran diferencia.

Fecha: 2015-09-11

Fotografías: Lynn Johnson, National Geographic Creative