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Padres convierten su casa en escuela para sus hijos

Con el argumento de que “nadie educa mejor a los hijos que sus propios padres”, Ana Karen Copado decidió impartir la educación básica a su hijo Mateo aplicando el sistema denominado Escuela en Casa. La familia es vecina del Fraccionamiento Real del Sol, en Tlajomulco, y pocas escuelas públicas están cerca del domicilio. Además, se ubica en una parte del municipio en la que, según habitantes, constantemente se registran problemas de inseguridad.

Por eso, para alejar a su hijo de este panorama, optó por sumarse al programa que ofrece la organización jalisciense “A Todas las Naciones”. Allí le otorgaron el material para impartir el nivel preescolar a su hijo. Además, semanalmente recibe asesoría de docentes encargados de diseñar el programa y ella se encarga de planear clases, horarios y actividades educativas combinadas con las responsabilidades del hogar.

“Los padres tienen más paciencia. Tú sabes cómo es tu hijo y cómo va a aprender o de qué manera se le puede llegar para que aprenda las cosas más rápido”, relata Ana Karen.

Pero la forma en la que decidió educar a Mateo no es bien vista por familiares y vecinos; piensan que el niño es sometido a un encierro o que eventualmente tendrá problemas para desenvolverse con los demás. Ana sostiene que ocurre todo lo contrario: “Se les nota la diferencia: son autodidactas e independientes. Hasta cierto punto aprenden más que en las escuelas públicas”.

Óscar Joel García Membrillo, coordinador del proyecto Escuela en Casa, explica que desde hace 18 años promueven esta modalidad. Actualmente atienden a 120 estudiantes de preescolar, primaria y secundaria (para los del nivel bachillerato se apoyan con Prepanet, del Tec de Monterrey). La dinámica consiste en que los padres o tutores imparten las materias en una planeación diseñada a sus tiempos, por cinco horas diarias. Quienes concluyen sus estudios deben certificarse ante la Secretaría de Educación Jalisco (SEJ) con un examen de conocimientos.

De acuerdo con la Secretaría, sólo tres casos han solicitado dicha validación; otras 80 personas se han acreditado ante la Secretaría de Educación Pública (SEP).

Fuente: El Informador.mx

Niño absentista: familia disfuncional

Hainan Reynoso Uribe

Este martes 10 de enero casi 2.2 millones de niños y adolescentes están convocados a reintegrarse a la docencia en los planteles públicos del país luego del asueto de Navidad, Año Nuevo y Día de los Magos.

Según datos suministrados por la Unicef, en 2009, la asistencia a la escuela media era de apenas un 27% de alumnos y un 39% de alumnas.

El entonces secretario de Educación ofrecía cifras alarmantes  en declaraciones a la prensa. “El absentismo sobrepasa el 50% entre escolares del nivel básico.” Afirmaba Melanio Paredes. A la sazón citaba entre las causas principales, “las condiciones de trabajo del maestro“.

Hoy, tras la aplicación del 4% del Producto Interno Bruto (PIB) en el sector educativo, habría que preguntarse por qué es todavía necesario motivar la asistencia a clases.

En respuesta, en los últimos años el Estado ha implementado campañas publicitarias a los fines de sensibilizar a los padres y tutores sobre la importancia del reintegro oportuno y puntual de todos los alumnos a clases. Un aspecto del cual la familia debe ser precursora.

Mala nota

Durante el tiempo de ausencia en el aula se produce un desajuste en el proceso de aprendizaje, que en la mayoría de los casos ya existía,  y que resulta en un nuevo abandono escolar.  Los niños absentistas obtienen bajas calificaciones, se desmotivan de asistir a clases y hasta se convierten en desertores del sistema.

Es por esto que el maestro debe dirigir acciones que suplan  las expectativas del alumno en lo relacionado a su nivel y capacidad de aprendizaje, para adaptarlo a su realidad  y llevar su determinado ritmo de aprendizaje. De esta forma evitará el descontento en el niño y por ende la repetición del ciclo de abandono.

Un estudio de la UNICEF y la  Asociación civil Educación para todos en Argentina, establece que la repitencia y el abandono durante el año escolar, principalmente después de las vacaciones de Navidad y Año Nuevo,  son los síntomas de una cadena de pequeños fracasos en la vida escolar de los alumnos, entre las que citan: la falta de comprensión de los temas en la clase, el absentismo,  sufrir  situaciones familiares adversas, falta de apoyo, a quien acudir para encontrar respuesta o explicaciones, entre otras.

Existen algunas pautas mediante las cuales los profesores pueden detectar posibles casos de absentismo escolar, dentro de las que se cuentan:

  1. Los hijos de padres o tutores desafiantes ante el sistema educativo, descuidados, irresponsables, sobreprotectores, entre otras cualidades.
  2. Familias disfuncionales con normas inadecuadas, con cierta incapacidad para la organización y asignar responsabilidades a los niños.
  3. Niños cuyos hermanos tienen historial de faltar a la escuela.
  4. Alumnos con un intelecto por debajo de la inteligencia promedio.
  5. Respuesta educativa inadecuada para alumnos con habilidades diferentes.
  6. Falta de emoción en la educación.
  7. Cualquier otra situación que pueda alertar sobre el riesgo de absentismo escolar.
Rol de padres y tutores

La familia debe jugar su rol de aula grande,  donde inicia el proceso de formación y educación del individuo, según explica Miguel Alejandro Fersobe, director de Participación Comunitaria del  Ministerio de Educación de la República Dominicana (Minerd).

 “Un segundo rol, de carácter político institucional -prosigue Fersobe- es la participación organizada de la familia en el sistema educativo dominicano, a través de los diversos mecanismos creados por las políticas públicas expresadas en las normativas institucionales que empoderan a la familia como ente participativo del sistema”.

El funcionario apela a que los padres desempeñen este rol de manera efectiva, por motu proprio, más que por compromiso, allende su afiliación a través de los mecanismos de participación.

¿Falta del  alumno o falla del sistema?

El sistema educativo está compuesto por diversos actores y protagonizado por los maestros, directores, orientadores, funcionarios, técnicos y la familia.  Culpar al alumno absentista es revictimizarlo, pues él es el producto de ese conjunto de estructuras y sujetos –el sistema educativo-  que todavía dista de ser inclusivo y de excelencia.

 

Criando niños bilingües

Cecilia Jan

La semana pasada, contaba cómo David (de tres años y cuatro meses) habla como un loro, pero pronunciando todavía con lengua de trapo.  Lo que no contaba es que nuestras conversaciones son bilingües. Se desarrollan  en dos idiomas: yo le hablo en chino mandarín de calle (me vine a España muy pequeña y no llegué a ir al colegio antes, por lo que me falta vocabulario y dudo con algunas estructuras gramaticales) y él me contesta en castellano, mezclando alguna palabra en chino. Los diálogos desde fuera suenan bastante curiosos, pero en casa estamos totalmente acostumbrados.

Tanto David como Natalia (23 meses) me entienden perfectamente, pero están rodeados del español de forma tan abrumadora (su padre, el colegio, los amigos, la tele) que sé que será muy difícil que se suelten a hablar en chino a menos que pasemos temporadas en China o Taiwan.

Algo que a veces resulta frustrante, sobre todo teniendo en cuenta que me pierdo la posibilidad de hacer algunas cosas con los peques en español que me apetecen y que de hecho controlo mejor, es cantar o leerles cuentos (las canciones infantiles en chino que me sé me las he tenido que aprender estos últimos años, y no sé leer en chino). Pero creo que el esfuerzo vale la pena.

Para resolver mis dudas y las que me han planteado, he hablado con Orlanda Varela, psiquiatra y coordinadora de formación sobre bilingüismo de Sinews, un centro de Madrid que ofrece terapia (psicología, psiquiatría, logopedia y terapia ocupacional) en varias lenguas, y organiza talleres periódicos para padres que tratan de criar niños bilingües.

Como introducción general, Varela me explica que para que se desarrolle a nivel nativo una lengua, se considera necesario que al menos el 20% de la actividad comunicativa real del niño tenga lugar en ese idioma. Por tanto, se trata de que durante al menos el 20% de las cerca de 12 horas que el niño está despierto, reciba estímulos en esa lengua, que serán mucho mayores cuanto más personales e interactivos sean. Además, para disipar las dudas de los padres sobre si empezar desde el principio o esperar a que ya haya aprendido un idioma, se recomienda que esta exposición sea desde el nacimiento del bebé, para aprovechar al máximo la plasticidad del cerebro.

“Los idiomas se aprenden a base de diálogo, de preguntas y respuestas, de prueba y error y de autocorrección”, dice Varela, que añade que el estímulo es mucho mayor cuando ese diálogo sirve para “desarrollar habilidades útiles a nivel real”. Es decir, es mucho más valioso que el niño hable con los padres, por ejemplo, y que aprenda a negociar por qué le tienen que dejar acostarse más tarde, o con otros niños para que le dejen jugar en el parque, que las horas que pasa en clase, en las que la interacción tú a tú con el profesor suele ser muy baja porque se tiene que repartir con otros niños, o las que está viendo la tele, aunque sea en el idioma que se pretende que domine.

Diferencias en el cerebro y capacidades especiales de las personas bilingües

La psiquiatra explica que hay diferencias estructurales entre el cerebro expuesto a un solo idioma y el expuesto a más de uno. “En las imágenes cerebrales de personas bilingües se observa una mayor densidad de materia gris especialmente en el lado izquierdo, donde se localizan las funciones del lenguaje. Pero lo que es realmente interesante es la diferencia entre aprender dos idiomas desde que nacemos o hacerlo más tarde. El cerebro almacena los idiomas y los interconecta de forma muy distinta”.

Así, “la persona que ha estado expuesta a dos lenguas desde el nacimiento activa al hablar en cada uno de los idiomas en la misma zona del cerebro (es como si fuese dos monolingües en un cerebro) mientras que los que han aprendido tardíamente una segunda lengua activan zonas distintas”. De esta forma, “los bilingües precoces no traducen, no necesitan una lengua para funcionar con la otra, sino que son capaces de activarlas simultánea o independientemente y a veces ni siquiera son conscientes de en qué idioma están hablando o pensando en un momento determinado”. Varela cita una metáfora de la lingüista Barbara Zurer, en el que las lenguas son dos árboles en un bosque. “En el niño bilingüe precoz, los dos árboles son independientes, están plantados en el mismo suelo pero cada uno tiene sus raíces. En el bilingüe tardío, uno de los árboles es el único que tiene raíces propias (la lengua materna), y sobre él crece una planta que se alimenta de la primera y depende de ella (la segunda lengua)”.

Como consecuencia de tener dos instrumentos continuamente disponibles para expresarse y pensar, las personas bilingües tienen algunas capacidades especiales, enumera Varela: una mayor capacidad metalingüística (conciencia sobre el lenguaje, una habilidad básica para aprender a leer y escribir); más facilidad para aprender otras lenguas (tercera y sucesivas), ya que “han aprendido a aprender” un idioma; mayor flexibilidad mental o capacidad para encontrar distintas soluciones al mismo problema (se considera un elemento fundamental de la creatividad); una mejor atención selectiva (capacidad para priorizar la información relevante e ignorar otra que interfiera o no interesa), no sólo en cuestiones verbales. Los bilingües tienen mayor capacidad multitarea.

En cuanto a si los niños bilingües tardan más en hablar, Varela explica que dentro de la enorme variabilidad que se da en todos los niños, sí parece que estadísticamente, los expuestos a más de un idioma tienden a situarse en el límite más alto, pero sin que suponga un retraso patológico.

Modelos de familia

Aunque cada familia es un mundo, y a la vista de los ejemplos que me han planteado, en esto de los idiomas, con parejas mixtas, movilidad geográfica, colegios extranjeros, etc., la casuística es variadísima, le pregunto a Varela por sus recomendaciones para los tres modelos más comunes:

  • Los dos padres hablan un idioma, que es distinto al del lugar en el que viven. Es el caso de Andrés, un amigo de David cuyos padres son rumanos. Si el niño está muy integrado en la lengua de la comunidad (en este caso, España), para exponerlo más a la lengua minoritaria (el rumano), lo mejor es que en casa se hable sólo en esa lengua. De otra forma, el niño tiene pocas probabilidades de oír un diálogo en el idioma minoritario, algo muy enriquecedor.
  • Cada padre habla un idioma, uno de ellos el mismo del lugar en el que viven. Es mi caso. Cada padre ha de hablar al niño sólo en su lengua. Sin embargo, “un padre sólo que hable un idioma no es suficiente”, me dice Varela en referencia al minoritario. “Sí es suficiente para desarrollar un nivel de comprensión muy bueno, prepara el cerebro del niño para sonidos que no podría tener más adelante. Pero para que lo utilice, es necesario un estímulo extra”. La experta advierte que es frecuente que los padres sientan frustración cuando después de todo el esfuerzo realizado, el niño no conteste en ese idioma -diálogos como los nuestros, yo en chino y David en español, se dan en el 80% de los casos-, por lo que recomienda no descorazonarse. “Aunque no responda, le das una oportunidad insustituible, porque el cerebro tiene una plasticidad que luego ya no se tiene”. Todo ese esfuerzo “será útil cuando reciba ese empujón que le haga utilizar todo el potencial acumulado”. La psiquiatra coincide en que el mejor estímulo es llevar al niño al país de origen de la lengua minoritaria, cuanto más temprano mejor, que tenga contacto con otros hablantes y vea que el idioma es útil, que sirve para comunicarse. Otras pistas para reforzar esta lengua son conectarse con familiares vía Skype, contratar una niñera o albegar a un estudiante que hable ese idioma, o formar un grupo de juego con otros niños que lo hablen. Se trata de que los refuerzos sean lo más auténticos y lo menos académicos posibles.

 

  • Cada padre habla un idioma, los dos distintos al del lugar en el que viven. Es el caso de Cecilia, una lectora mexicana, de marido alemán, y residente en Estados Unidos, por lo que en el colegio su hijo aprende inglés. Como en el caso anterior, cada padre debe hablar con el niño en su idioma. No hay que preocuparse por el idioma de la comunidad, ya que va a estar tan expuesto a él, en la calle, en la tele, en el parque, y sobre todo, si se va a escolarizar en esa lengua, que lo aprenderá sin problemas. También, como en el caso anterior, cada padre ha de tratar de que el estímulo en su lengua minoritaria sea suficiente.

En estos dos últimos casos, surge además la duda de en qué idioma han de hablar los padres entre sí. Varela recomienda que se siga utilizando la lengua que empleaba la pareja antes, pues será la más útil para comunicarse y además suele ir acompañada de connotaciones emocionales. En algunos casos, como el mío, es simple, pues Eduardo y yo hablamos en español, pero en otros, puede que los padres hablen entre sí un cuarto idioma que no es ni el suyo nativo ni el del país en el que viven. Ante mi duda, la psiquiatra me tranquiliza: “No, los niños no se vuelven locos. La idea que tenemos los bilingües tardíos de la confusión es porque no hemos desarrollado esas estructuras naturalmente. Otra cosa es que el niño tenga dominio activo del idioma, pero sí tendrá dominio pasivo”. Es decir, que distingue de forma natural los distintos idiomas que escucha, y los entiende.

¿Qué hacer cuando el niño se niega a hablar un idioma?

Ante todo, dice Varela, respetarlo. Para estimular al niño a que hable esa lengua, hay que ponerlo en situaciones en las que no tiene más remedio que utilizarlo, como viajar al país de origen. Si además, las asocia a los padres, mejor, es decir, si ve que la gente se dirige a nosotros en ese idioma, que hay una relación privilegiada; o cree que obtiene una ganancia por usarlo, será un refuerzo. Por ejemplo, la lengua minoritaria se puede convertir en un código secreto (“dímelo en chino y así no se enteran los demás”), o su uso puede suponer una ganancia afectiva (“qué bien que me hables en chino, con lo que me gusta”). Pero la psiquiatra advierte que no hay que presionar, ni corregir constantemente, pues desmotiva.

La experta recomienda que solo se recurra al “háblame en chino, que si no no te entiendo” si el niño es muy pequeño, y sin abusar. “En realidad, es un insulto a la inteligencia del niño”, pues este en seguida se da cuenta de que es falso. “Los niños tienen un radar, saben cuándo es necesaria de verdad esa comunicación y cuándo es artificial”, añade.

Mezcla de idiomas y corrección de errores

Hasta los cuatro años, dice Varela, es absolutamente normal que los niños mezclen las lenguas, como hace David, incluyendo palabras en un idioma u otro porque las use más, o simplemente le guste más cómo suenan. Más adelante, lo pueden hacer, pero con una utilidad: es lo que se llama cambio de código, porque cada palabra en un idioma designa algo que es culturalmente distinto. No hay que corregir al niño en ninguno de estos casos.

Otras veces, lo que sucede es que el niño emplea estructuras gramaticales de un idioma en el otro. “Las interferencias son mayores cuanto menor es la exposición a la lengua minoritaria”, explica la experta. En estos casos, recomienda la “corrección por modelado”: por ejemplo, si dice “soy cansado”, un error frecuente al extrapolar del francés, en vez de corregirle con “no se dice así”, es mejor responder usando esa misma estructura pero de forma correcta: “ya sé que estás cansado”, es decir, ofrecerle un modelo. Pero tampoco conviene abusar, pues interfiere mucho en la conversación. Varela aconseja limitarlo a las estructuras que se usen siempre mal, y reforzar la corrección con instrumentos como cuentos en los que se utilice bien.

¿Se aburrirá o se quedará excluido por usar un idioma distinto?

Es una duda que surge sobre todo al principio de la escolarización en un idioma distinto al de casa, normalmente a los 2-3 años. La psiquiatra afirma que “el estímulo para comunicarse en la nueva lengua es tan fuerte que se aprende a un ritmo espeluznante”. Por eso, aconseja no preocuparse, ya que aunque al principio puede generar cierto estrés, en muy poco tiempo se resuelve, simplemente porque el niño aprende la nueva lengua. Aún recuerdo cuando llegué a España, con cuatro años, la sensación agobiante de ir al colegio y no entender nada. Pero es cierto que ese mismo año ya hablaba español, y poco tiempo después, ya lo hablaba mejor y lo usaba mucho más que el chino.

¿Qué pasa cuando en el colegio introducen un idioma extranjero?

Por desgracia, opina Varela, en los colegios españoles no hay que preocuparse porque el estímulo del nuevo idioma, normalmente el inglés, “no suele ser suficiente ni para causar confusión”. Lo que puede ocurrir es que el niño, si está expuesto a esa lengua en casa, llegue a corregir al profesor, lo que genera un conflicto. Según los casos, puede ser recomendable que el niño escoja un idioma distinto, por ejemplo el francés; o al contrario, si no es un buen estudiante, se quede en ese idioma aunque no vaya a aprender mucho porque al menos hay una asignatura que domina y le sirve de estímulo.

¿Cómo y cuándo introducir la lecto-escritura?
  • Si los idiomas comparten el mismo alfabeto, como el español con el inglés. En este caso, normalmente las habilidades de lecto-escritura son mayores, porque tienen mayor capacidad metalingüística para extrapolar las reglas de la lecto-escritura de un idioma a otro. Varela cuenta que es normal que el niño, al empezar a leer en el colegio, aplique las mismas reglas a la otra lengua y de repente, los padres se dan cuenta un día de que sabe también leer en el otro idioma. Para ello, es importante que el niño tenga exposición a la lengua escrita, por ejemplo, leyéndole los padres en ese idioma para que identifique los sonidos que se pronuncian distinto con las letras. Para ello, son muy útiles los libros bilingües, con el texto en ambos idiomas.
  • Si los idiomas no comparten el mismo alfabeto, como el español y el hebreo o el chino. En este caso, la lengua minoritaria es independiente de la escolarización. Hay que fomentar desde pequeños la lecto-escritura, con mucha exposición a los sonidos desde el principio, y utilizando juegos como crucigramas, sopas de letras, el ahorcado, en los que tiene que usarla.

Fuente: El País

Consejos para ser un padre o madre impactante

Hemos encontrado en Internet la siguiente Infografía con consejos para ser un docente impactante. Nosotros la “reciclamos” y te invitamos a que en lugar del docente te coloques tú, es decir, una infografía con “Consejos para ser un padre o madre impactante”. Y aquí hay algunos:

Irradia alegría y paz. Despiértales con una sonrisa y acuéstalos con una sonrisa más grande. Los problemas no deben interferir entre tu sonrisa y tu hijo. Les sonríes porque sus vidas son valiosas para ti independientemente de su comportamiento. Haz que tu casa sea un espacio donde puedan ser ellos mismos.

  1. Investiga cómo aprende tu hijo. No todos aprenden igual, no todos necesitan la misma metodología, trato u objetivos. Adáptate a su estilo de aprendizaje y a sus diferencias.
  2. Denota entusiasmo en tu hogar. Sorpréndeles, crea en ellos recuerdos imborrables, crea escenarios y experiencias que les inspiren.
  3. Comunícate con asertividad. Cuando te comuniques con ellos, primero llégales al corazón. Después a su cerebro.
  4. Trátalos ¡siempre! con respeto y confianza. Puedes estar enfadado con él. ¡Pero muy enfadado! Y decepcionado. Y preocupado. Pero eso no te autoriza a faltarle al respeto. Se ha equivocado, confía en él y vuelve a darle una nueva oportunidad, quizás desde una perspectiva y recursos diferentes.
  5.  Logra involucrarle en su mejora. A través de la mediación, trasmítele la necesidad de cambiar de estrategia, de adaptar sus objetivos, de modificarse a sí mismo. Haz que quiera ser ordenado y no que ordene. Haz que quiera estudiar y no que estudie. Para eso, debes confiar en él.
  6. Hazle sentir competente y capaz.
  7. Haz que valga la pena volver a casa del colegio cada día.
  8. Dedica tiempo a cada hijo. Poco o mucho pero hazle sentir que es valioso para ti.
  9. Incentiva la curiosidad y la flexibilidad.
  10. Elogia sus logros.
  11. Crea expectativas. Ábrele la mente y el espíritu.

Elena Roger Gamir

Pedagoga – Solohijos

 

¿Qué piensa tu hijo de ti?

Como padres y madres, pensamos que no siempre lo hacemos bien. Que perdemos la paciencia. Gritamos y actuamos a veces con nuestros hijos de manera que posteriormente nos sentimos mal. Y en nuestro malestar, nos olvidamos de los muchos pequeños detalles amorosos que cada día nos salen de manera espontánea del corazón.

En realidad, se nos da muy bien querer a nuestros hijos. Cuando les escuchamos al salir del colegio,  cuando cocinamos con ellos magdalenas o les hacemos cosquillas. Cuando les leemos el cuento o bailamos con ellos  se sienten queridos. Cuando les miramos con ternura. Con los gestos más sencillos les llegamos al corazón.

Este vídeo nos muestra que las prioridades y expectativas de hijos y padres no son las mismas. Ellos contemplan lo imperceptible, lo sutil e invisible. Ellos hablan el lenguaje del corazón, por lo que valoran de nosotros aspectos que ni siquiera nosotros valoramos. Claro que cometemos errores pero entre nuestra imperfección también tocamos el alma de nuestros hijos y los llenamos de recuerdos brillantes.
No lo hacemos tan mal, aunque está bien querer mejorar. Pero que nuestras expectativas para ellos y para nosotros no sean tan rígidas  que no nos permitan disfrutar de lo que sin verse va construyendo la fina red de los detalles  amorosos.

Elena Roger Gamir

Pedagoga – Solohijos

Síndrome del niño rico: cada vez más frecuente en nuestros pequeños

El síndrome del niño rico cada vez parece ser más sonado. Los desórdenes que provoca en un niño el tenerlo todo sin límites han llegado a ocasionar grandes desgracias, mismas que han quedado en la historia y lamentablemente en la mente de muchos.

Prueba de ello es lo que ocurrió en Estados Unidos y como noticia se hizo viral por todo el mundo debido al gran impacto que tuvo en la población. Muchos aún recuerdan a Ethan Couch, un joven que proviene de una familia millonaria que nunca ha pasado ninguna necesidad y que siempre tuvo excesos en cuanto a todo, mismo que terminó matando a 4 personas por conducir en estado de ebriedad y pese a ello no hubo justicia, logró salvarse de la cárcel gracias al psiquiatra que le diagnosticó affluenza o síndrome del niño rico. 

Después de todo lo sucedido, Ethan violó la libertad condicional y huyó del país. Lo que ha conmovido a muchos es toda la historia que hay detrás, pues muchos acusan a los padres de ser los responsables ya que nunca le pusieron límites a Ethan y le dieron todo a manos llenas y en excesos.

Epidemia social a la vista

El dar a los hijos todo lo que piden se ha vuelto en un serio problema, muchos padres no son conscientes de las consecuencias que esto puede tener. Sin embargo, tanto para quien tiene las posibilidades como quien no, esto se ha convertido en algo muy normal, muchas veces tan solo es el llenar la falta de atención hacia ellos sin imaginar el gran daño que les causan. Cada día son más los niños que presentan desórdenes debido a este comportamiento que poco a poco se va convirtiendo en una epidemia.

¿Cómo podríamos identificar señales tempranas de un niño que puede verse afectado?

Hay señales que pueden alertarnos, como por ejemplo el que el niño repita con insistencia sentirse aburrido a pesar de tener miles de cosas para entretenerse a su alcance, verle estresado a pesar de ser un niño, con cambios repentinos de humor e inclusive con fobias.

Ralph Minear compartió en su libro ¨El niño que tiene todo en exceso¨: Cuando se ha cruzado ese lìmite, el niño se vuelve desdichado, intranquilo, irritable o presenta síntomas físicos y emocionales. Con gran frecuencia incurre en comportamientos perjudiciales, como el consumo de alcohol o la utilización de drogas prohibidas.

La presión que ejercemos sobre ellos, uno de los detonantes

Es cierto que todos los padres quieren lo mejor para sus hijos, que todos desean que sean felices y que reciban la mejor educación para que tengan un futuro prometedor. Sin embargo, muchos no notan la presión que ejercen en sus hijos para que logren todo aquello que más que desearlo los hijos, lo desean ellos como padres.

Muchas veces no notamos que cargamos de actividades a los hijos sin importar si pueden con todas o no y no les damos espacio ni tiempo para disfrutarse ellos mismos, esto a la larga termina siendo contraproducente.

El mantener a un niño siempre ocupado, casi obligarlo a competir con sus compañeros por ser el mejor de la clase, combinarlo con exceso de información, de libertad, responsabilidades y exigencias puede resultar un cóctel demasiado peligroso para el niño

Un  niño que tiene todo su tiempo ocupado logra estresarse y esto lo manifiesta a través de rebeldía. Las acciones de los niños hablan mucho por ellos, así que es necesario no perderlos de vista y responder a cada señal confusa de comportamiento.

¿Se necesita ser rico para sufrir de este síndrome?

Los padres definitivamente hacen esfuerzos sobrehumanos por darles todo a sus hijos e incluso aquello que está fuera de su alcance. Este síndrome no es exclusivo de personas con un nivel socioeconómico alto. El problema radica en que es bueno hacerles saber a nuestro hijos los límites que a veces es necesario tener, además, sería bueno también que de alguna manera logren ganarse aquello que tanto desean pues solo así valoran.

Se sugiere no facilitarles todo lo que desean, a veces queremos ofrecerles todo lo que nosotros no tuvimos, pero son otros tiempos y la sociedad cada vez sufre más transformaciones. Evitemos pensar que con darles todo les estamos dando felicidad, existe gente sumamente rica que es muy infeliz y existen personas increíblemente humildes que cuando uno las ve se pregunta cómo es que le hacen para ser felices.

¿Qué podemos hacer para evitarlo?

Lo primordial es involucrar al niño con la vida real, no darle todo a manos llenas, ponerle límites y ubicarlo en su realidad, que para obtener lo que uno quiere es necesario trabajar por ello, ya sea que se lo gane a través de buena conducta, calificaciones, entre otros.

También sería bueno el modificar nuestros actos de premiarles con cosas materiales, pues deben entender desde pequeños que así como existen derechos también tienen obligaciones que deben ser cumplidas.

No debemos olvidarnos de enseñar a nuestros hijos a valorar lo que tienen y el esfuerzo que se ha puesto para obtenerlo. Pues esta enseñanza les servirá por el resto de su vida y los ayudará a vivir de una mejor manera.

Comparte esta información puede ser de gran ayuda para evitar el crecimiento de este síndrome y así la gente podrá prevenir.

Fuente: porquenosemeocurrio.com

¿Qué tan bien estoy haciendo mi rol de padre, madre y/o tutor?

Para responder a cada cuestionante utilice los códigos sugeridos: Rara vez (1),  A veces (2) y/o  Seguido (3)
  1. Esperar a manejar los problemas hasta que me haya tranquilizado.
  2. Decir “Te Quiero”.
  3. Ayudar a mi adolescente a entender cuáles son las reglas.
  4. Pasar tiempo divertido junto con la familia.
  5. Hacerle saber a mi adolescente cuales son las consecuencias de romper una regla.
  6. Dar un cumplido y premios especiales cuando mi adolescente sigue las reglas.
  7. Cumplir con las consecuencias cada vez que ella o el rompa las reglas.
  8. Dar abrazos.
  9. Asistir a las conferencias en la escuela para padres de familia.
  10. Ir a ver a mi adolescente en deportes, música y otras actividades.
  11. Explicarle cuáles son sus quehaceres y cuando deben estar terminados.
  12. Pasar tiempo especial a solas con mi adolescente.
  13. Hacerle saber a mi adolescente las razones por las cuales tenemos las reglas.
  14. Apoyar y entender a mi adolescente cuando está desilusionado(a).
  15. Tener horarios regulares para las tareas.
  16. Hacerle saber a mi adolescente que estoy orgulloso (a) cuando logra un objetivo.
  17. Trabajar junto con mi adolescente para resolver problemas que hubiera en casa.
  18. Tratar de ver las cosas desde el punto de vista de mi adolescente.
  19. Hacerle saber a mi adolescente lo que espero acerca de la escuela, alcohol, fumar y uso de drogas.
  20. Ayudar a mi adolescente a pensar cómo manejar situaciones difíciles con amigos o en la escuela.
Lectura de resultados

Respuestas

Mayoría 1. Los resultados que te han traído hasta aquí  denotan que tu hijo o hija está demandando tu atención. Trata de recuperar esos detalles que le recuerdan a tu hijo que es un ser especial y amado. Expresando tus sentimientos, lograrás hacer un gran cambio en la relación de ustedes, limarás asperezas y descubrirás el amor y admiración que puede llegar a sentir tu hijo por ti.

Mayoría 2. Estas en el medio, es decir, no eres un padre totalmente detallista, pero tampoco eres un padre neutro. Estás a un paso de demostrarte a ti mismo que puedes ser mejor, que puedes optimizar esa relación de padre e hijo. Comienza por pensar en esos detalles que se te están escapando de las manos y luego, a ponlos en práctica.

Mayoría 3. ¡Enhorabuena!, eres un excelente padre, asumes tu  rol correctamente y  has logrado desarrollar en tu hijo esa confianza que necesita para aceptarse y aceptar su entorno. Sigue así, siendo un padre modelo y podrás predicar con tu ejemplo a otros.

Con música se estudia mejor

En las bibliotecas el silencio es el don más preciado. Dentro de nuestras casas son los padres los que intentan que sigamos esta ‘norma social’ establecida: si vas a estudiar, apaga la música.

Desde un desconocimiento podría parecer evidente que escuchar música somete a nuestro cerebro a la multitarea y que hacer dos cosas a la vez dificulta que podamos concentrarnos bien en una de ellas. Pero en esta ocasión los jóvenes tienen razón: la música les ayuda a concentrarse.

Otro de los estudios que subrayan esta teoría es el de la investigadora Teresa Lesiuk, de la Universidad de Windsor en Canadá, tras estudiar el efecto de la música en los trabajadores de una pequeña empresa. Estos terminaban sus tareas más rápido y, además, generaban ideas más originales que los que trabajaban en silencio.

La ciencia está de su lado pero con salvedades: no vale cualquier tipo de música. Según los estudios, los ritmos muy repetitivos no ayudan porque nos adormecen. Tampoco funcionan los ritmos que son muy complejos o sin un ritmo definido. La clave, como en todo es encontrar el punto medio.

El estudio del profesor Morten Kringelbach de la Universidad de Oxford, por ejemplo, no sugiere los ritmos del funk como los de James Brown. Nuestro cerebro se inclina por este estilo musical ya que el ritmo tiene la cadencia perfecta para nuestra concentración: no es muy predecible ni muy caótico.

Ya sabemos qué estilo es el más adecuado pero… ¿por qué nos ayuda a concentrarnos mientras estudiamos?

Al aumentar nuestra felicidad, mejora nuestra concentración y, por tanto, nuestro rendimiento mental. Para poder estudiar hay que estar motivados en la acción que se está realizando. Motivado y feliz. Y ahí está la clave pues al escuchar música nuestro cerebro segrega dopamina y mejora de forma automática e inconsciente nuestra motivación hacia el estudio.

Fuente: Muhimu

10 valores que debemos inculcar en nuestros hijos

Seguramente coincidirás con nosotros en que todo padre desea que sus hijos sean felices. Y aunque este puede ser un concepto bastante escuchado lo cierto es que no existen fórmulas mágicas para lograr lo antes dicho. Sin embargo existen pautas o el aprendizaje de ciertos valores que podrían marcar el sendero de la felicidad de los niños.

VEAMOS 10 VALORES QUE DEBEMOS INCULCAR A NUESTROS HIJOS
  1. FELICIDAD. Encarar la vida tomando siempre como iniciativa una actitud positiva ayuda a enfrentar los problemas. Con esto no queremos decir que ser feliz consiste en tenerlo todo. De hecho la felicidad se compone de pequeños momentos. Enseñarle al niño a valorar estos momentos teniendo siempre una actitud positiva ayudará a que él enfrente las dificultades desde varios ángulos. Anímalo a que el niño ría (no de los problemas, pero sí que se tome el tiempo necesario para resolverlos y ayúdale con esto).
  2. FOMENTAR EL BUEN HUMOR. Nunca pierdas de vista que el niño tomará como ejemplo a seguir todo lo que sus padres hagan. Por tanto es recomendable que tú también comiences a tomarte la vida con cierto humor.

Aceptarse a sí mismo es un gran paso para luego darle una solución al problema (siempre y cuando éste se encuentre a nuestro alcance). Nunca hay que olvidar que el humor es un signo de inteligencia.

Que el buen humor forme parte de las costumbres del hogar, genera hábitos de comportamiento que influirán en la conducta del momento presente y quedarán arraigadas en el futuro.

       3. AMABILIDAD. La amabilidad, el buen trato, pedir las cosas con respeto y educación son valores que “abren puertas” no sólo a chicos sino también a grandes.

Una actitud positiva frente a la adversidad será beneficiosa para sacar el provecho de toda situación difícil que el niño tenga que  atravesar.

        4. GENEROSIDAD. Con esto nos referimos a la solidaridad. La ayuda desinteresada fomenta valores incalculables en los niños.

      5. CARACTER. Hoy por hoy se conoce que el carácter no es algo que no se pueda modificar. Es importante que enseñemos a los niños a modificar el carácter estableciendo valores como el auto-respeto y el respeto por los demás. También hay que hacer hincapié en la diversidad de caracteres y en la aceptación de otros puntos de vista diferentes a los del niño.

      6. DOLOR. Es necesario hablar de este punto. Todo padre desea que su hijo no sufra jamás, pero bien sabemos que esto solo resulta ser una utopía. Por tal motivo es fundamental enseñarle a nuestros hijos a enfrentar el dolor y poder superar el mismo. También es importante marcarle cuándo ese dolor es producto o consecuencia de sus propios actos y cuando no lo es.

      7. RESPONSABILIDAD. El valor de la responsabilidad es imprescindible para que se forme una personalidad de adulto íntegro. Para ello debemos ser el ejemplo y ayudarlos no sólo desde la palabra sino también desde el sentimiento. Lo mejor es inculcarle este valor desde el sentimiento. De este modo quedará arraigado en nuestros hijos y se formará un hábito de comportamiento.

      8. BUEN GUSTO. Claro que el gusto es algo subjetivo pero con este punto nos referimos a la necesidad de establecer conductas de buen gusto que sean aceptadas socialmente. Por ejemplo, si como adultos utilizamos un lenguaje inapropiado en el hogar y frente a los niños o si el maltrato verbal es frecuente, es muy probable que el niño incorpore este comportamiento y que el mismo sea repudiado en los ámbitos escolares o donde se desenvuelva el niño.

      9. EMPATIA. Saber reconocer los sentimientos de otros niños y adultos, ponerse en el lugar del otro intentando sentir lo que ellos mismos sienten es algo que muchas personas presentan casi de forma natural mientras que en otros casos es necesario enseñarlo. También es importante aprender a “tomar distancia de la situación” para no “cargar” con el problema ajeno.

      10. BUENOS SENTIMIENTOS. Todo lo antes dicho, si se realiza con el fin de inculcar valores en los niños, no genera otra cosa que buenos sentimientos. Compartir, dar, escuchar, priorizar lo que se nos pide, sumado a todo lo antes dicho genera pensamientos positivos y niños potencialmente.

Fuente: Educapeques

Ser apropiado o diferente nunca es fácil

Puede ser doloroso si a su hijo no lo invitan a la fiesta de cumpleaños de un compañero de clase, no lo eligen para el papel principal en la obra, o se sienta solo en el recreo. A pesar de que no es fácil ser dejado fuera, cómo ayudar a lidiar con todo esto puede hacer toda la diferencia en el mundo.

¿Entonces qué puede usted hacer? En primer lugar, reconocer sus sentimientos y asegurarle que es amado  y apoyado en su casa.

Considerar si las habilidades sociales necesitan ser enseñadas y / o reforzadas para ayudarle a hacer conexiones con sus compañeros. Ayudarle a identificar sus puntos fuertes. Sugerirle que se una a un equipo o club de su interés. Hacerle saber que con el tiempo va a encontrar su espacio.

Animarle a dejar de intentar ser parte del “grupo de moda”, sino más bien tomar la iniciativa para hacer amistades con otros niños. Sin duda, hay muchos niños que pueden hacer empatía con él. Ella o él se sentirá facultado por ser un participante activo en su propio mundo.

Ser el nuevo chico en la escuela nunca es fácil. Pero sí esto le da a su hijo una oportunidad maravillosa para comenzar con una pizarra limpia. Si él se quedó fuera, ignorado o intimidado antes, eso es historia desconocida en una nueva escuela.

Asegurarle que se necesita tiempo para cumplir con los nuevos niños. Recordarle que sus nuevos compañeros de clase pueden haber sido amigos durante bastante tiempo, y al principio no pueden ser demasiado abiertos a una nueva persona en unirse.

Una forma para que los niños aprendan a hacer frente a una nueva situación es apoyándose en sus puntos fuertes. Así que recuérdele a su hijo que tiene talento. “Usted ha hecho amigos en casa cada vez que jugó al baloncesto. Los hijos vieron que era buena y querían estar en el equipo con usted.”

Si su niño tiene necesidades especiales hacerle saber que está bien ser diferente. Por supuesto, él probablemente no se siente de esa manera. Pero se puede dar un giro positivo en él con sus acciones.

No le aísle  de las interacciones con otros niños. Si bien es posible que desee ayudarla a evitar ser objeto de burla, o el temor de que se trata de manera diferente le hará daño, evitando conexiones sociales solamente le  obstaculizará.

7 Maneras de cómo hacer amigos:

 Hacer el primer movimiento.

Sea positivo y agradable.

Ser tú mismo.

No se olvide de sonreír.

Sé un buen oyente.

Ser sincero.

Librarse de rechazo.

¿Cómo se puede ayudar a su hijo?

Reconocer sus sentimientos.

Ser tranquilizador.

Identificar sus puntos fuertes.

Mantener una comunicación abierta. Incluso si él no quiere hablar con usted, seguir hablando. “¿Hay algo que pueda hacer para que te sientas más cómodo?” ¿Necesitas algo?” “¿Me gustaría hablar con tu profesor?”

Fuente: Discovery Education