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Mi hijo no quiere estudiar, se niega completamente

La tarea de ayudar a un niño con sus estudios y actividades escolares, se convierte en un desafío titánico, o un mundo apasionante y complejo, dependiendo de la disposición, paciencia y preparación de los padres o aquellas personas a cargo del niño.

¿Por qué mi hijo no quiere estudiar?

Podría citar: “El éxito de los padres, son sus hijos”. En vista de lo expuesto estos serían parte de los diversos factores que nos entregan indicios del porque nuestros niños no quieren estudiar y una de las causas más frecuentes es la desmotivación y partiendo de allí debemos indagar y hacer un seguimiento diario con debidos registros, bien sea en el hogar o en la escuela.

Esto debe de realizarse a cabo con sentido y concordancia de ambos padres en pro del desarrollo integral en el niño o en su defecto el adolescente.

Causas por la qué los niños no quieren estudiar

Posibles causas más frecuentes en los niños que se niegan a estudiar:

  1. Causas emocionales: En muchos niños la causa principal es la tristeza, el agotamiento o tienen miedo posiblemente por atravesar alguna situación en el hogar u en la escuela y esto lo desmotiva para estudiar.
  2. Baja autoestima: Bien sabemos que todos los seres humanos son seres individuales con potenciales, aptitudes e inclinación hacia algunas materias y si no se siente cómodo en una o no le va también como desea en otras, su estabilidad emocional se frustra creando un conflicto emocional al no encontrar solución.
  3. Dificultad de aprendizaje: Bien sabemos que no todos los infantes son iguales, no tienen la misma rapidez o poseen la misma dificultad para comprender alguna información.
Consejos para que estudie

Algunos consejos que le podemos dar de ayuda para tratar que los niños y adolescentes estudien son:

  1. Cuando se detecta que el niño tiene algún problema emocional bien sea en casa o en la escuela es de vital importancia que busques ayuda profesional para ayudar al niño y para que el profesional le otorgue las orientaciones y herramientas necesarias en el caso de su hijo.
  2. Es determinante el ambiente donde se desenvuelve el niño; los primeros años del niño juegan un papel relevante en su desarrollo integral, por tal motivo los padres deben ofrecer un clima de paz, tranquilidad, amor y seguridad cuando a un paquete de derechos y deberes.
  3. Crear en los niños un alto grado de lo que es la responsabilidad desde el inicio de su etapa escolar y no debemos de obligarlos a estudiar. Un error que suelen cometer los padres es obligar a sus hijos a estudiar cuando ellos ya saben y logran comprender que el estudio es un deber y por ende lo harán.

Con esto recalcarles que a través del estudio obtendrán los conocimientos necesarios y las respuestas a sus inquietudes e incertidumbres, además de labrarse un camino a futuro que les permita una senda que mediante esfuerzo y merito podrá alcanzar un éxito implacable como es el sueño de muchas personas el gozar una vida digna y productiva en todo el sentido moral y ético de las mismas palabras.

Fuente. escuelaenlanube.com

Forzar el aprendizaje de tu hijo solo le provoca sufrimiento

Tenemos esa dichosa manía de comparar. Y de exigir lo que otros son capaces de lograr.Pero no nos damos cuenta de que en el aprendizaje, cada uno sigue su ritmo, y que lo importante al final no es el comienzo, ni siquiera el camino, sino la meta final.

Un importante filólogo y neurocientífico, Francisco Mora, advierte a los padres del error que cometen al exigir a su hijo cierta ‘velocidad’ en su desarrollo. Al final, forzar el aprendizaje de tu hijo solo le provoca sufrimiento.

Por qué no debes forzar el aprendizaje de tu hijo

Todo lo que el niño aprende queda ahí, no se pierde, aún cuando parezca que el aprendizaje no ha dado sus frutos. ‘Nadie que aprenda algo nuevo ahora tendrá el mismo cerebro mañana’, asegura Francisco Mora, un famoso neurocientífico y profesor en filología.

El cerebro está formado por diferentes áreas. Y no todas aprenden de la misma manera.Ni todos los niños llevan un mismo ritmo de aprendizaje. La ciencia ha conseguido averiguar que no todas las zonas del cerebro están preparadas para aprender al mismo tiempo y que ningún niño tiene el mismo ritmo de maduración. Ha demostrado, por ejemplo, que en realidad el cerebro no está preparado para aprender a leer y escribir antes de los 7 años.

Lo peor de todo es cuando en el colegio o dentro del hogar, se exige a un niño un ritmo de aprendizaje al que no puede llegar. Es como cuando intentas arrancar un vehículo sin combustible…una pérdida de tiempo.

Francisco Mora asegura que lo único que conseguimos ‘apretando’ a un niño para que aprenda cuando su cerebro aún no está preparado es sufrimiento. Estas son las terribles consecuencias de intentar forzar el aprendizaje de un niño:

– Frustración. No hay nada más frustrante que aquello que se intenta una y otra vez y no se consigue. Imagina que te exigen hacer una voltereta mortal en un día. No estás preparado para ello, y además debes ponerte en forma antes. Pero no te dan ese tiempo… tiene que ser ya, ahora… Es o que un niño siente cuando le exigen un objetivo al que se ve incapaz de llegar en el tiempo concedido.

– Baja autoestima. Al verse ‘incapaz’ de llegar a donde otros niños sí son capaces de llegar, el niño pensará que es su problema, que ‘no es tan habilidoso como el resto’, y finalmente terminará por sentirse inferior a los demás, lo que representa una auténtica bomba para su autoestima.

– Desilusión. La clave del aprendizaje tal vez esté en la curiosidad. Si un docente es capaz de despertar curiosidad por algo nuevo en sus alumnos, conseguirá su atención. El filólogo y neurocientífico pone un curioso ejemplo: ‘ si de pronto en una clase pasa por detrás de un profesor una jirafa, todos prestarán atención a la jirafa, porque es una novedad que despertará de forma inmediata curiosidad y por tanto, se hará dueña de toda la atención de los niños’. Cuando un niño no está preparado para recibir cierta información, o hacer determinada tarea, no podrá prestar atención, y poco a poco, perderá la ilusión por aprender.

– Problemas emocionales. Aunque tendemos a pensar que el cerebro es racional, eso no es cierto. De hecho, el cerebro es también el hogar de todas las emociones. El cerebro necesita emocionarse para aprender. Sin emociones, no hay aprendizaje. Si fuerzas a tu hijo y le exiges una madurez para la que aún no está preparado, será incapaz de gestionar ciertas emociones que irán implícitas y llegarán, seguramente, como un torrente que no pueda parar.

– Problemas de comportamiento. Algunas veces, los niños con problemas de comportamiento es clase simplemente están desmotivados. No les interesa la clase, no prestan atención porque ya han asumido que no llegarán al objetivo que les exigen.

No los niños que aprenden antes son los más listos de la clase ni los que aprenden más lentos son los más tontos. Ni es más listo el que empieza a hablar antes o camina con solo 10 meses. No importa el ritmo de aprendizaje: importa si se consigue al final el aprendizaje, el cómo se utilizan las herramientas aprendidas al final del trayecto.

Cuáles son las claves en el aprendizaje de los niños

La solución pasa por un cambio radical en la concepción de la educación, en no tratar a un individuo como un todo, sino a cada niño de forma individual, prestando especial atención en cada uno de sus potenciales y a su particular ritmo de maduración. Y como no, utilizar las herramientas que motivan y sacan de su ‘letargo’ al cerebro:

1. Imágenes. La neurociencia ha demostrado que el cerebro, ante una charla de un profesor, por muy interesante que sea, termina por desconectar. Sin embargo, las imágenes captan el interés de un niño con mucha más facilidad. El aprendizaje debería estar basado en imágenes, y no tanto en palabras.

2. Buscar emocionar a los alumnos. La motivación llega de la mano de las emociones. La curiosidad, también, y con ella, la atención. Para aprender hay que emocionarse y es algo que deberían tener en cuenta a diario todos los docentes.

3. Más trabajos en equipos. No solo por los beneficios que aportan a nivel de valores, sino porque trabajar en equipo estimula el cerebro y todas las áreas de aprendizaje.

4. Utilizar las nuevas tecnologías como aliados. Las nuevas tecnologías no son enemigos del aprendizaje. De hecho, pueden ser grandes aliados. A los niños les encanta el lenguaje visual e interactivo de las nuevas tecnologías. ¡Utilicémoslas!

5. Más deporte y más juegos. El juego es un motor para el aprendizaje. El deporte, también. ¿Sabes por qué? Porque mantienen a un niño emocionado, excitado, divertido y  sobre todo, atento.

6. Más contacto con la Naturaleza. En Japón los alumnos tienen una asignatura obligatoria que se llama ‘Observación de la Naturaleza’. Los niños salen al campo con su libreta y observan todo lo que ven. Les ayuda a pensar, sacar conclusiones y desarrollar su capacidad deductiva. Nada como el trabajo de campo para aprender de primera mano ciertos conocimientos.

7. Descansar bien. El cerebro necesita descansar. Si se sobreestimula a un niño y al final no descansa las horas que debe, no podrá rendir al día siguiente. Lógico.

No fuerces a tu hijo a leer o ascribir antes de tiempo si no está preparado. No le exijas ciertas habilidades psicomotrices si aún no muestra la destreza necesaria. Las habilidades se adquieren lentamente, pero de forma segura. Confía en tu hijo y verás como al final, con el tiempo, las semillas darán su fruto.

Fuente: www.guiainfantil.com

Cuidar de los hijos cansa más que trabajar: ¡lo dice la ciencia!

Ayudar en la casa, administrar las actividades extracurriculares, preparar la lunchera… Criar a un hijo no es una tarea fácil pero, por amor a los pequeños, muchos padres terminan descubriendo habilidades que nunca habían imaginado que tenían.

De un modo general, ser madre o padre en tiempo completo no es reconocido por la sociedad como una actividad compleja que, así como otros trabajos ejercidos fuera de casa, exige mucha dedicación. Quienes asumen esta responsabilidad reciben cuestionamientos del tipo: «¿Por qué estás cansado? No trabajas, solo cuidas a los niños.»

Cuidar de los hijos cansa más que trabajar

Rebatiendo este cuestionamiento, un estudio de la Universidad Católica de Lovaina, en Bélgica, concluyó que cuidar de los hijos cansa más que trabajar. En esta investigación, 2 mil padres fueron encuestados, y 1 de cada 10 afirmó que cuidar a los hijos compromete la salud emocional y física.

Los resultados mostraron que el 13 % de los participantes poseía altos niveles de cansancio y sentimiento de incapacidad. Los índices varían del 11,6 % para los padres al 12,9 % para las madres.

Fatiga parental

La fatiga parental es una ramificación del síndrome de fatiga, un problema psíquico causado por la sobrecarga y el estrés extremo, generalmente en el trabajo y en este caso, al cuidar a los hijos. Las causas exactas del problema no son conocidas, pero se sabe que está ligado a la sobrecarga cognitiva.

«Si trabajas al límite de tu capacidad por mucho tiempo, hay agotamiento nervioso y consecuentemente, fatiga», afirma el psiquiatra Fernando Portel, de la Asociación Brasileña de Psiquiatría (ABP). Lo mismo sucede cuando cuidamos a los niños.

Así que ya sabes, el cuidado de los hijos y la casa también es trabajo.

Fuente: vix.com

12 frases para enseñarles a tus hijos que no se vayan con desconocidos

Todos recordamos a nuestros padres y abuelos diciéndonos una y otra vez que no nos fuésemos con desconocidos, que no aceptásemos regalos de extraños y un millón de advertencias más. Todos pasamos por eso de pequeños, pero los tiempos cambian y los peligros también. Si bien no es tan común que un desconocido trate de llevarse a un niño que no conoce, ¿estamos preparados para hacer que nuestros hijos capten la idea?

Por desgracia, la mayoría de los secuestros de menores ocurren en el ámbito familiar, pero la seguridad es lo primero y, por eso, no está de más enseñar a los más peques a que no se vayan con desconocidos o gente de la que desconfíen. Eso sí, no nos volvamos locos: no es cuestión de meter miedo a los niños. Tan solo se trata de explicarles, poco a poco y sin dramas, que hay buenas y malas personas en el mundo.

1. “No aceptes regalos ni chucherías de un desconocido”

La leyenda urbana de los caramelos o gominolas con droga podría no ser o no real… Eso sí, reconozcamos que es raro que alguien le haga un regalo a un niño que no conoce. Así que, para curarnos de espantos, lo mejor es que a los más pequeños les quede muy claro esta frase.

2. “No acompañes a nadie sin permiso”

Si los niños saben que antes de irse con alguien tienen que pedir permiso a sus padres y es una norma que siempre tiene que darse, entonces preguntarán si se encuentran en esa situación en la que un desconocido, o conocido de la familia, le pida que le acompañe.

3. “Gritar ‘socorro’ es la clave”

Si alguien le agarra, le fuerza a hacer algo o intenta llevárselo, lo primero que tiene que hacer es gritar muy fuerte “socorro” o “estos nos son mis padres”.

4. “Recuerda nuestra palabra de seguridad o palabra secreta”

Es una buena idea que tengas una palabra de seguridad con tus hijos. Si, por ejemplo, alguien va a buscarle al colegio diciendo que va de parte de sus padres, entonces le preguntará la palabra secreta (que solo sabréis vosotros) y si la persona que le va a buscar no la sabe, entonces es el momento de correr a pedir ayuda a su profesor.

5. “No debe haber secretos con otros adultos”

Es importante que los niños tengan claros que no deberían tener secretos con otros adultos. Si alguna persona le dice o hace algo que “es un secreto”, debería contarse a su padre o a su madre de todas maneras. Los secretos no son buenos.

6. “Decir ‘no’ no tiene nada de malo”

Los niños tienen que saber desde bien pequeños que no pasa nada por decir que no. Además, saber decir no les ayudará a salir de muchas situaciones incómodas a lo largo de su vida.

7. “Cuidado con las redes sociales y lo que compartes en ellas”

Los niños acceden a internet y las redes cada vez más pronto. Por eso, es imprescindible dejarles claro que nunca deben compartir su ubicación, ni compartir detalles íntimos ni información personal con gente que conozcan a través de las redes.

8. “No le des información personal a alguien que no conoces de nada”

Muy relacionado con el punto anterior: nada de compartir información personal con desconocidos.

9. “No te alejes de tus padres”

Déjales claro que cuando están contigo (o su otro progenitor) no deben alejarse, ni perderos de vista.

10. “Si te pierdes en una tienda, no salgas del lugar”

Más de lo mismo: si el pequeño se pierde en una tienda o en un centro comercial es importante que no salga del recinto y que busque a alguien que trabaje allí (un dependiente o alguien de seguridad) para que avise de que se ha perdido.

11. “No subas al coche o furgoneta con un desconocido”

Déjale claro que si alguien le invita a subir a su coche tiene que irse lo más rápido posible al lado contrario y buscar ayuda (de la policía o de un profesor si está a la salida del colegio).

12. “Nunca digas que estás solo en casa”

Si, por cualquier motivo, está solo en casa, enséñale que nunca diga ni por teléfono ni a través de la puerta que está solo.

Fuente: muhimu.es

6 cosas que hacen los daneses para criar niños felices, ¿las probamos?

Dinamarca está en el top 5 de países más felices del mundo desde 1973. El libro Cómo criar niños felices. El método danés para desarrollar la autoestima y el talento de nuestros hijos de la psicóloga estadounidense Jessica Joelle Alexander y la coach y terapeuta danesa Iben Dissing nos da la clave de por qué las familias danesas viven en un círculo de crianza feliz que se repite generación tras generación, consiguiendo coronar esta lista de países.

Cómo criar niños felices

En su libro, las dos especialistas en psicología explican cuáles son las pautas que deberían seguir los padres —y que ya hacen la mayoría de daneses— a la hora de educar y criar a sus hijos. Por ejemplo, aseguran que los gritos y los cachetes deben quedar completamente fuera de la crianza: ese estilo autoritario que cada vez se lleva menos, pero que algunos echan de menos, es el más nocivo para los más pequeños.

Niños felices, adultos capaces de superar el fracaso

Además, la presión y el estrés al que muchos someten a sus hijos no es saludable: reducirlos y centrarse más en la autoestima es clave para criar niños felices. Hay que crear más bienestar y cuidar lo que el pequeño es, no lo que podría llegar a ser o los logros que podría alcanzar. Si reforzamos su autoestima, tarde o temprano llegará mucho más lejos.

Ver la vida a la manera danesa es lo que nos sugieren Alexander y Dissing en su libro. Si modificamos viejos hábitos de crianza conseguiremos que las nuevas generaciones se conviertan en adultos plenos, capaces de sobreponerse al fracaso y con una autoestima difícil de derribar.

Las 6 pautas para criar niños tan felices como los daneses

1. Enséñales a jugar

Sí, cierto, puede que al principio (si no están acostumbrados) haya muchos lloros y rabietas, pero merece la pena pasar por el mal trago inicial. Según las autoras de este libro sobre el método danés para criar niños felices: “Si los niños siempre están luchando por conseguir algo, como buenas notas, premios o el reconocimiento de profesores o de sus padres, no lograrán desarrollar su impulso interior. El juego puede ser usado para mejorar las habilidades de superación de adversidades, en especial las de adaptación, de resolución de problemas y de establecimiento de metas”. Así que ya lo sabes, el juego libre es de lo mejor que hay para alcanzar la felicidad.

2. Deja que sean auténticos

Borra el concepto de autodecepción (y decepción) de su vocabulario. Responde siempre con honestidad a sus preguntas, lee cuentos que hablen de las emociones (todas, tanto las buenas como las malas), enséñales a ser genuinos. Es importanteque los niños dejen de compararse con sus compañeros, amigos o familiares de su edad (si aún estás a tiempo, evita que aprendan este mal hábito evitándolo tú también). Es más importante enfocarse en el esfuerzo individual, en su propia originalidad y autenticidad. Además, no conviertas los halagos en tu respuesta automática: un halago tiene que ser una recompensa, no algo sin ningún tipo de significado.

3. Utiliza la redefinición para mejorar

Los daneses evitan el lenguaje limitante y negativo, y no les dicen a los más pequeños qué hacer, cómo deben sentirse o cómo deben enfrentarse a una situación. Por el contrario, les motivan para que los niños vean las situaciones desde distintos puntos de vista y, así, se centren menos en los resultados que deben obtener o las partes negativas de no obtener los resultados “adecuados”.

4. Crea empatía

La única forma de tener relaciones sanas y cariñosas a largo plazo es reforzando la empatía en una edad muy temprana. El método danés para criar niños felices tiene esto muy en cuenta: si la empatía se suprime, entonces estarás exponiendo a tu hijo a abusos físicos, psicológicos o sexuales sin quererlo y, en muchos casos, sin ser consciente de ello. En estos casos, los límites saludables se rompen y, por tanto, su habilidad para ser empáticos se ve afectada. Claro, que también la sobreprotección, el otro extremo de la cuerda, es perjudicial. Crea empatía, pero no asfixies a tu hijo.

5. Deja atrás los ultimátums

Un ultimátum no deja de ser una lucha de poder: “si haces esto todo saldrá bien”, aunque el pequeño no entiendas por qué ha de hacerlo, no quiera hacerlo o no esté cómodo haciéndolo. Aquí las autoras del libro recomiendan distinguir entre el comportamiento y el niño en sí: no culpes al pequeño (los niños son buenos por naturaleza), involucra al otro progenitor (si lo hay) y hablad, los tres, sobre por qué determinado comportamiento está mal.

Alexander y Dissing lo epxlican así: “Lo que a menudo sucede es que los padres pierden en esta configuración. Podemos perder la cercanía (gobernando con miedo), podemos perder la perspectiva (escogiendo las batallas y no la guerra o las grandes líneas de la paternidad), y podemos perder el respeto (si no lo siguen).El uso de la empatía y un enfoque más basado en el respeto tiene un efecto boomerang. Enseñe respeto, sea respetuoso y usted será respetado es el lema”.

6. Refuerza la unión y el hygge

Ya hablamos en su momento sobre el hygge y nos sigue encantando. La felicidad depende, en gran medida, del tiempo que pasamos con los amigos y la familia. Aquí entra el hygge, ese concepto danés que nos habla de pasar tiempo de calidad con las personas a quienes tenemos estima. Esto es clave para que los niños crezcan felices: “Se busca desconectar de todo y dedicarse a estar con quien más se aprecia en un ambiente acogedor. El concepto de unión y ‘hygge’ tiene demasiadas implicaciones pero, esencialmente, es hacerte tú mismo a un lado por el beneficio de un todo. Es dejar el drama en la entrada y, sacrificar tus necesidades y deseos individuales para hacer que una reunión grupal resulte más amena”.

Fuente: muhimu.es

8 errores de educación que puedes cambiar por completo con el método Montessori

Cómo cambiar la forma de educación de los hijos hacia un método de educación positiva.

De los errores se aprende. Y es cierto que nunca es tarde para cambiar y transformar los errores en algo positivo. Así que si tú también cometes algún error de educación con tu hijo, estás a tiempo de transformarlos por completo con un simple cambio de actitud.

Para ello nos fijamos en los consejos de una famosa escritora norteamericana sobre la educación y métodos de enseñanza, L.R Knost, cuya filosofía se basa en los  métodos de la escuela Montessori. Aquí tienes los 8 errores de educación que puedes cambiar por completo con el método Montessori.

Si hay algo que L.R Knost sepa, es reflexionar sobre la educación de los niños. Está claro que ayuda bastante el haber tenido 6 hijos. La experiencia es un grado, que decía mi abuela, así que cuando alguien con tanta experiencia habla sobre educación, suelo prestar atención.

Laura R. Knost es defensora del método de aprendizaje positivo, a la filosofía de la escuela María Montessori, y a la educación de los hijos desde el afecto. Muchos de nuestros errores como padres, asegura, están relacionados con la forma ‘clásica’ de educación, basada en la autoridad y el castigo. Pero nunca es tarde para cambiar.

En este caso, Laura R. Knost nos habla de cómo podemos cambiar 8 errores de educación con los niños, los más frecuentes. Solo tenemos que cambiar nosotros, como padres, nuestra forma de educar:

1. En lugar de manipular, da ejemplo. Uno de los errores más extendidos entre los padres es la manipulación. ¿Cómo se manipula a un hijo? Por ejemplo, cuando usamos el chantaje afectivo: ‘Si no recoges los juguetes, estaré muy triste’. O bien la amenaza: ‘Si no recoges tus juguetes, te quedarás sin salir’. La propuesta de la escritora es transformar la manipulación en ejemplo. Recoger con los niños los juguetes para que aprendan a hacerlo en una buena opción. Si ellos ven que nosotros también recogemos nuestras cosas, entenderán que es algo que también ellos deben hacer.

2. En lugar de intimidar, invita. Muchos padres hacen un excesivo uso de su autoridad y llegan a intimidar a sus hijos. Para un niño, es como un muro que no se atreve a cruzar. Si en lugar de intimidar, invitas a tu hijo a hacer algo, le estarás tendiendo un puente y además generarás en él mucha más confianza. La confianza genera ese maravilloso efecto de ilusión, autoestima y recompensa. Normalmente, quien da confianza, la recibe. Si invitas a tu hijo a hacer algo en lugar de ordenárselo por la fuerza, responderá de forma positiva.

3. En lugar de avergonzar, dile todo lo que hace bien. No hay nada peor que avergonzar y humillar a un niño. Es como si lanzaras una losa sobre su autoestima y sobre la confianza que siente hacia ti. Luego no te quejes si apenas te cuenta nada y la comunicación con él empeora… Lo mejor, frente a resaltar una y otra vez todo lo que hace mal, confía en él y resalta lo que hace bien. Conseguirás que él cada vez quiera hacer más cosas bien para ganar más alabanzas.

4. En lugar de enfurecerte, alienta. Si en algún momento tu hijo no consigue hacer algo o comete un error, que no sienta tu furia. No le regañes, que no no note que estás frustrado o triste. Lo que debes hacer es mantener la calma y animarle para que vuelva a intentarlo. Genera en él ese sentimiento de superación y perseverancia tan necesarios para aprender y conseguir alcanzar los sueños.

5. En lugar de amenazar, enseña. Está demostrado que los gritos y las amenazas no sirven para nada bueno. Es más, generan en los niños una especie de bloqueo e impiden que aprendan. Enseñar implica todo lo contrario: en lugar de decirle ‘Como no hagas los deberes, te quedarás sin jugar toda la tarde’, enséñale qué ocurre si no hace los deberes: ‘No has hecho los deberes porque preferías ver la televisión, así que no puedes jugar. Tendrás que hacer los deberes’.

6. En lugar de suponer, escucha. A menudo cometemos el error de sacar nuestras propias conclusiones sin ni siquiera escuchar lo que tiene que decirnos nuestro hijo. Para valorar algo que hizo o no hizo, antes hay que escuchar su versión. Así que si un día te encuentras ese jarrón que tanto te gusta hecho añicos, antes de gritarle o castigarle sin más, deja primero que te cuente qué ha ocurrido.

7. En lugar de herir, ayuda. Las palabras pueden ser crueles y agresivas. También los silencios. A veces no medimos la fuerza de lo que decimos a nuestro hijo y terminamos diciendo cosas de las que luego nos arrepentimos. Las palabras pueden herir, y las heridas no enseñan grandes cosas a los niños. Lo que debemos hacer es respirar muy hondo cuando sintamos ganas de decir a nuestro hijo algo que sabemos que puede herirle, y transformar esas palabras en otras que le sirvan de ayuda. Así, en lugar de decir ese horrible: ‘¿Eres tonto, o qué?’, cambia la frase por un ‘¿Pero por qué hiciste eso? ¿Quieres que te ayude a hacerlo de forma correcta?’.

8. En lugar de castigar, educa. Los castigos en la mayoría de los casos no funcionan. Los niños, a la larga, aprenden a mentir para librarse de ellos. La educación puede funcionar perfectamente sin castigos. Si le das a tu hijo responsabilidades, le enseñas mediante rutinas a respetar una serie de normas, le enseñas mediante el ejemplo y le enseñas a ‘remendar’ sus errores, le estarás educando sin necesidad de castigar.

Cómo es el método de educación basado en la filosofía Montessori

Desde luego, los consejos de esta mamá y abuela no tienen desperdicio. ¿Su filosofía? Se mantiene fiel a los principios básicos de la escuela Montessori:

– Conseguir que el niño sea capaz de ver desde pequeño que es independiente, autónomo, y capaz de lograr por sus propios medios muchísimas cosas.

– Darle responsabilidades a los niños para que se involucren más en todo lo que hacen y sean capaces de entender las consecuencias del acto y efecto de todo lo que hacen.

– Educar desde el cariño y la comprensión.

– Darles libertad a cada niños para seguir su propio ritmo de aprendizaje.

– Potenciar las habilidades individuales de cada niño.

Fuente: guiainfantil.com

Cambios en el comportamiento del niño ante la llegada de un hermano

La llegada de un nuevo bebé supone una inmensa alegría, pero también importantes cambios en la estructura y las rutinas familiares. La llegada de un nuevo hermanito supone que nuestro día a día se altera por completo, nuevos horarios, nuevas rutinas, nuevas necesidades que atender…

Y, los hermanos mayores, aunque ilusionados y felices por ese nuevo miembro de la familia, son los que más pueden sufrir ese cambio de estructura familiar. Así es cómo puede cambiar el comportamiento del niño ante la llegada de un hermano.

Cambios en el niño ante la llegada de un hermano

Para los niños, la llegada de un hermano supone un nuevo papel en la familia, un cambio de estructura y de roles en casa. Si es hijo único pasa a ser el mayor, y si es el pequeño pasa a ser el “del medio”.  Además, los papás tenemos que repartir nuestra atención y nuestras muestras de afecto a un nuevo miembro de la familia, y es el bebé el que acapara la atención de los adultos del entorno.

Es de suponer que estos cambios puedan afectar al comportamiento del hermano o hermanos mayores, despertando ciertos “celos” en ellos que conllevan o pueden conllevar cambios en su conducta e incluso tener regresiones, y volver a etapas que parecía que tenía superadas. Todos estos cambios que se dan en el niño son normales y desaparecen con el tiempo, pero es importante que los papás les echemos una mano:

– No es raro que haya niños que con la llegada de un hermano empiecen a hablar como si fueran pequeños.

– Nos reclamen para tareas para los que ellos eran autónomos. Por ejemplo, niños que saben comer solos y de pronto nos piden que les demos de comer porque ellos no saben. O niños que dormían solos y ahora nos reclaman que durmamos con ellos o nos piden que les durmamos. Estas regresiones a una etapa pasada son el resultado del pensamiento del niño que cree que si al bebé le hacen más caso, entonces comportándose como bebés les harán más caso también a ellos.

– Puede ocurrir que el niño presente un carácter más irritable, o se muestre más sensible y llore con facilidad o se enfade sin motivo aparente. Es resultado de la tensión emocional que están viviendo, y que no sabe cómo gestionar, ya que no tiene las herramientas necesarias para ello.

– Hay ocasiones que el niño de pronto empieza a no querer que uno de los progenitores se haga cargo de él. Por ejemplo, no quiero que papá me acueste o me dé de comer y quiero que sea mamá, o al contrario, puede ocurrir que “no quieran ” a mamá y reclamen todo el rato al papá para hacer todo con ellos.

– Tampoco es extraño que los niños quieran molestar a sus hermanos pequeños, les quitan el chupete, o les despiertan , o incluso les regañan como si fueran “sus padres”.

Todos estos comportamiento no son más que llamadas de atención, y no debemos alarmarnos. Lo importante es cómo gestionemos estos celos en los hermanos mayores, ya que en gran medida, de la actuación de los padres depende que ese comportamiento se atenúe o se agudice.

Cómo ayudar al niño ante la llegada de un hermano

– Preparar al hermano mayor y hacerle partícipe de la llegada del nuevo hermano.Que participe en la preparación de las cosas del bebé, que elija algún juguete o algo de ropita para su hermanito.

Mantener las rutinas de los mayores en la medida de lo posible. Si le leíamos un cuento antes de dormir, y ahora no lo hacemos porque no tenemos tiempo con el bebé, se sentirá muy desplazado y culpará al hermano de la situación.

– Evitar “idealizar” los beneficios de tener un hermano, (vas a poder jugar con él, y tendrás un amigo, y le ayudarás a un montón de cosas)  ya que  la realidad inmediata es que todas esas cosas estupendas van a tardar en llegar, ya que el bebé al principio, no es buen compañero de juegos.

– Ignorar sus malos comportamientos y reforzar los buenos.

– Recordarle todas las cosas que podemos hacer con él y no con el hermano.

Dedicarle sus momentos en exclusividad, (el baño, llevarle a jugar…) y que papá y mamá se vayan alternando, para que sean momentos con los dos.

– Le podemos involucrar en las tareas de cuidado del bebé y hacerle ver que su ayuda es muy importante.

Nunca comparar a los hermanos, bajo ningún concepto y evitar esa frase tan típica de…”Eres el mayor, cuida de tu hermano, hijo no hagas eso que tu hermano pequeño…cuidado con tu hermano que es pequeño…”

Fuente: guiainfantil.com

Padres separados en Navidad

Si éste es uno de tus primeros años dividiendo la Navidad, no te desesperes. Aunque te resulte extraño hacerlo por primera vez, adereza tus fiestas navideñas con dosis de naturalidad, humor, generosidad y buen rollo. Con este coctel, te asegurarás un ambiente relajado y agradable para tus hijos. En definitiva, una Navidad feliz que, como me decía una amiga el otro día, es lo que interesa.

¿Qué hacemos con los niños? ¿Con quién pasarán la Navidad y el día de Reyes? ¿Cómo les afectarán estos cambios? Periodo de reuniones familiares por excelencia, la Navidad complica un poco las relaciones de las familias de padres separados o divorciados y convierte en una lucha competitiva la compañía de los hijos en estas fechas señaladas. Te decimos cómo mejorar la relación de padres separados en Navidad.

Cómo llegar al cuerdo entre padres separados en Navidad

Dónde comer o cenar los días de Nochebuena, Navidad, Nochevieja, Año Nuevo y Reyes con o sin los niños es el dilema al que se enfrentan los padres separados en Navidad cada año.

Es normal que estas fechas se conviertan en una época especialmente difícil para ellos, pues la separación supone muchos cambios en la estructura familiar. Sin embargo, hay que normalizar.

Es cierto que los niños ahora tienen dos hogares y que deben repartir sus vacaciones en distintas casas e incluso en distintos lugares o destinos. Por este motivo, los expertos aconsejan que conviene huir de complicaciones, evitar separar a los hermanos, respetar las tradiciones, si las hay, respecto a dónde pasar las fiestas, con una familia o con otra, para que los niños puedan relacionar la Navidad con los abuelos maternos y la Nochevieja con los paternos, por ejemplo

También hay que evitar comparaciones y comentarios sobre con quién se lo pasan mejor o críticas sobre las costumbres navideñas del cónyuge y su familia.

El asunto de los regalos a los niños es otro de los asuntos espinosos en las Navidades de las familias de padres separados. La tendencia a competir por el afecto de los niños con el regalo más caro o a montar expectativas por la elección de aquel que más ilusión les haga es uno de los errores más comunes y nocivos para la familia en general.

No te compliques, llegar a un acuerdo es lo que mejor funciona. Conviene hacer un esfuerzo por acercar posturas y criterios. Piensa que la desintegración de su unidad familiar preocupa a tus hijos y en Navidad notan más que el mundo en el que vivían se ha roto. Esfuérzate por crear un ambiente seguro y agradable para ellos.

Los que hacemos tristes o alegres la Navidad para los niños somos los padres. Siendo realistas con la situación y con un poco de esfuerzo para evitar discursiones, aunque no se tenga el cuerpo para celebraciones, podemos contribuir a crear un ambiente relajado que repercuta positivamente en la estabilidad emocional de los niños.

Marisol Nuevo. Guiainfantil.com

Conoce el Síndrome del juego inacabado y cómo afecta a los niños

El juego es parte esencial en el crecimiento infantil, pero el exceso de estímulos puede provocar lo contrario.

Todos los niños adoran recibir juguetes y jugar, pero cuando esto ya es un exceso, lo que es muy común actualmente, ya no resulta tan provechoso. Cada vez más niños reciben regalos, los abren, juegan un rato y después terminan junto con muchos juguetes más ¡arrumbados!

El síndrome del juego inacabado se da cuando los niños son incapaces de disfrutar y jugar con un juguete o centrarse en una sóla tarea. Demasiados juguetes pone en peligro la capacidad de asombro e ilusión que tanto necesitan los niños para aprender.

Este síndrome se da por varias razones como tener demasiados juguetes, tener juguetes que lo hacen todo y no tener un área de juegos.

Para evitarlo los expertos recomiendan no comprarles todo lo que nos pidan,organizar el lugar de juegos, jugar más con nuestros hijos, guardar los juguetes que sobran, seleccionar los mejores según su edad.

Fuente: padresehijos.com.mx

Cómo explicar a los niños los desastres naturales

Tras el sismo ocurrido en México,  muchos niños podrían no entender y asustarse mucho. Como padres, podemos explicarles y procurar su tranquilidad.

El 19 de septiembre de 2017 los mexicanos vivieron uno de los sismos más fuertes y con mayor magnitud registrados, exactamente 32 años después del sismo ocurrido en 1985. Los niños estuvieron en contacto con muchas emociones fuertes, imágenes impactantes y caos.

Como padres, quisiéramos que ellos estuvieran exentos de este tipo de tragedias. Por lo menos, quisiéramos que estuvieran con nosotros en el momento en que estos desastres ocurrieran. Pero como lo vivieron ayer, muchos de los niños se encontraban todavía en la escuela, y sus padres se encontraban trabajando o en el hogar. Esto nos pone a reflexionar y a pensar que no siempre vamos a estar con ellos, incluso en fenómenos naturales tan fuertes como un sismo o un terremoto.

Nuestros niños nos han hecho muchas preguntas, unos con curiosidad y otros con miedo, pues es normal que los niños se contagien el temor y pánico entre sí. Por ello, es importante procurar permanecer con ellos después de estos siniestros.

Para explicarles a tus hijos qué ha ocurrido sin que pierdan la calma, te damos las siguientes recomendaciones:

  1. Que tus peques queden al margen de la situación: con las nuevas tecnologías, es normal que los niños tomen una tablet o celular y entren en contacto con los videos e imágenes que están circulando en las redes. Por el momento, procura que no miren los testigos de todo lo acontecido.
  2. Háblales con calma de lo acontecido: explícales con palabras sencillas qué es lo que provoca un sismo o temblor, y que los movimientos terrestres son normales (como si fuera un cuento, explícales cómo las placas tectónicas de la Tierra se mueven. La Tierra es un ser vivo que, al igual que nosotros, se mueve por dentro y necesita cambiar de posición).
  3. El pánico es normal: diles que la gente se asusta por naturaleza, pues no está acostumbrada a este tipo de acontecimientos.
  4. Deja que tu peque te haga las preguntas: evita explicaciones de más y deja que él se exprese y te haga las preguntas que le surjan, y respóndele siempre con actitud afable, y nunca muestres desesperación si te insiste.
  5. Cuéntale sobre la ayuda humanitaria: dile sobre cómo la gente se une para ayudar a otros a levantarse de esta situación. De ser posible, sé un ejemplo de ello.

Fuente: Revista Padres e Hijos