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Trata a tus hijos como te gustaría ser tratado y no te equivocarás

Trata a tus hijos como a ti mismo te gustaría ser tratado. Apaga sus miedos, pon nombre a esas emociones que ellos no saben expresar, regálales tiempo, enciende sus sueños y hazles sentir como lo que son, las personas más valiosas de tu mundo.

Resulta curioso como a día de hoy, muchas madres y padres ven la crianza con un poco de miedo. Leen manuales de educación, se instruyen en las últimas teorías y buscan respuesta a cada problema en Internet o en esos amigos -padres o no- que se alzan como auténticos gurús en temas de crianza. Esos papás se olvidan en cierto modo de escuchar algo mucho más valioso que todo esto: a su instinto natural.

Un niño no quiere gritos ni entiende de reproches, tu hijo merece ser tratado con el arte de escucha, la paciencia y la grandeza del afecto. Porque a los niños no hay que «domarlos» hay que amarlos.

El instinto de una madre o la capacidad natural de un padre a la hora de intuir las necesidades de sus propios hijos es sin duda la mejor estrategia a la hora de educarlos. Los niños llegan al mundo con una bondad innata, así que merecen ser tratados con respeto para salvaguardar esta nobleza de corazón, atendiendo con naturalidad y sin miedo cada acontecimiento que nos traiga el día a día.Te invitamos a reflexionar sobre ello.

Un niño debe ser tratado con afecto y sin miedos

Hay madres y padres que temen fracasar en su papel como progenitores.Piensan que puede ser una tragedia no poder darles la mejor fiesta de cumpleaños, no encontrarles plaza en el mejor colegio o no poder comprarles la misma ropa de marca que llevan sus amigos en el cole. Aspiran, de algún modo, a ofrecerles a sus niños aquello que ellos mismos no tuvieron.

Queda claro que cada uno es libre a la hora de elegir cómo educar a un hijo, pero a menudo se nos olvida cómo son los niños y todo lo que acontece en su interior. Nos aferramos en pensar en todo lo que debemos ofrecerles sin descubrir primero qué necesitan realmente: a nosotros mismos.

  • Un niño no es un adulto en miniatura, es una persona que necesita entender el mundo a través de ti y con tu ayuda.
  • Un niño actúa siempre por necesidades y no por manipulación o malicia como los adultos. Hemos de ser intuitivos ante esas demandas.
  • Un niño debe, por encima de todo, ser tratado con afecto. Nuestros hijos no necesitan pues ropas de marca o juguetes electrónicos con los que jugar en soledad. Necesitan tu tiempo, tu ejemplo, tus abrazos de buenas noches y tu mano a la que entrelazarse para cruzar la calle.

La crianza autorregulada: comprender y acompañar

La crianza autorregulada se nutre directamente de las teorías del apegoformuladas en su día por el psiquiatra Wilhelm Reich. Ahora bien, a día de hoy vuelven a estar de actualidad porque ensalzan una serie de conceptos clave mediante los cuales, conectar mucho mejor con la infancia, con sus tiempos, con sus necesidades.

Una madre es más eficaz que nunca cuando confía en su instinto, cuando lee en los ojos de su hijo aquello que de verdad necesita.

Lo interesante de este enfoque es que se entiende la autorregulación como sinónimo de vida, de la necesidad de tomar contacto primero con nuestra propia complejidad personal para entender que también el niño tiene sus necesidades, sus propios conflictos generados, a veces, por una sociedad que no comprende la infancia ni al infante.

Claves de la crianza autorregulada

La crianza autorregulada nos dice que un niño que ha sido tratado con respeto en su infancia y que además, ha visto cómo sus padres eran respetuosos con todos aquellos que les rodeaban, será un adulto respetuoso.

Ahora bien, pero… ¿de qué manera alcanzamos tal logro? ¿Cómo nos enseña la crianza autorregulada a dar adultos felices al mundo?

  • Un niño debe sentirse comprendido y acompañado en todo momento. Si aparece la frustración esa criatura deja de sentirse adaptada, integrada.
  • Hay que educar con un apego saludable basado en el amor y la cercanía. De este modo, poco a poco, ese niño se sentirá seguro para dirigir sus pasos hacia la independencia.
  • La voz de un niño debe ser escuchada en todo momento, porque también ellos deben ser tenidos en cuenta cuando ríen y cuando lloran, cuando demandan o cuando sugieren.
  • La crianza autorregulada también nos habla de tiempos, de no iniciar el aprendizaje intelectual hasta los 7 años, para propiciar así un primer tiempo de descubrimientos a través del juego.

La interacción con sus entornos a través de los cinco sentidos y de las relaciones con sus iguales mediante la alegría, también nos ofrece un modo interesante de favorecer su desarrollo psicosocial. No obstante, y sea como sea el enfoque con el que elijamos criar a nuestros hijos, no debemos olvidar algo tan sencillo como tratarlos con esa fórmula mágica certera e infalible: el amor.

Fuente: lamenteesmaravillosa.com

Los niños no se definen por sus notas escolares

Como consecuencia, al no cejar en nuestro empeño de priorizar los resultados académicos, estamos descuidando las habilidades para la vida. Nuestros hijos son pequeñas personas que no se definen por sus logros o sus fracasos, sino por ser ellos mismos, únicos por naturaleza.

Como adultos somos responsables de ofrecer a los niños recursos emocionales y sociales que les permitan vivir en un entorno mucho más saludable tanto interno como externo.

Es más fácil criar niños fuertes que reparar adultos rotos

En este sentido para garantizar el bienestar infanti y adolescente, es necesario fortalecer psicológicamente a los niños y prepararles para hacer frente a las dificultades emocionales e interpersonales que acompañan de manera intrínseca a la vida cotidiana.

Porque al fin y al cabo la vida no es sólo lo que transmiten los cuentos de hadas y esto es algo que debemos tener muy presente en la crianza de nuestros pequeños. Solo así les daremos habilidades para minimizar el malestar y prevenir los problemas psicológicos que se derivan de las propias dificultades vitales.

Esto les ayudará a crecer sanos y a desarrollar una personalidad saludable que se enfoque en el bienestar y en la calidad de vida. Así, las bases de este mismo fortalecimiento se asientan en 3 pilares:

  • El equilibrio emocional.
  • Las relaciones interpersonales satisfactorias.
  • El desarrollo personal-profesional.

La niñez es una etapa crucial para adquirir y desarrollar las competencias psicológicas que permiten una evolución favorable de estos tres pilares de nuestro bienestar. Sin embargo, como venimos comentando, como sociedad primamos en nuestros niños el desarrollo de competencias académicas, olvidándonos de ayudarles a pensar, sentir y actuar de forma más beneficiosa.

«A lo largo de la vida resultan esenciales una mayor autoconciencia, una mejor capacidad para dominar las emociones perturbadoras, una mayor sensibilidad frente a las emociones de los demás y una mejor habilidad interpersonal, pero los cimientos de estas aptitudes se construyen en la infancia».

-Daniel Goleman-

La asignatura de su vida más importante no son las matemáticas

La asignatura más importante en la vida de nuestros niños no son las matemáticas ni las ciencias o la lengua sino su capacidad para adaptarse al entorno, manejar sus relaciones, sus emociones y sus pensamientos. Para esto es principal que la educación empiece por nosotros.

O sea que si queremos ayudar a nuestros pequeños a gestionar su enfado, no podremos hacerlo si explotamos cada vez que algo no nos gusta. Del mismo modo, si no estamos bien, no educaremos de la forma correcta. Por ejemplo, no conseguiremos calma y motivación en nuestros niños si tenemos altos niveles de estrés y de frustración.

No medir el afecto es esencial para transmitir amor a nuestros niños; el exceso de afecto no los consiente, lo hace el hecho de darlo tras episodios negativos de mala conducta. No es adecuado reforzar la desmotivación ante las tareas escolares pero sí que lo es no apoyar al niño cuando comprende la enseñanza del error de no hacer los deberes o no estudiar. Además es importante que destaquemos que:

  • Es adecuado dar afecto físico; es decir, abrazos, besos, caricias, miradas…
  • Debemos elogiar los logros de los niños de manera correcta.
  • Debemos estar dispuestos a ver y responder a las necesidades emocionales de los niños.
  • Debemos proporcionar un refugio seguro en el que el niño sienta nuestro apoyo.

Es clave que nos interesemos por sus motivaciones, intereses y preferencias. Asimismo, es importante que nos impliquemos en la escuela y que evitemos entrometernos en la vida de los niños de manera crítica y desafiante.

Pero, sobre todas las cosas, no podemos definirnos en base a las notas escolares. Ellos no son listos o tontos ni buenos ni malos, son ELLOS en esencia y con libertad.

Fuente: lamentesmaravillosa.com

Cómo fomentar la autoestima en tus hijos

Enseñar a los niños a valorarse, respetarse y tratarse con cariño es clave para su desarrollo. Descubre qué puedes hacer para que los niños crezcan confiando en sí mismos y en su potencial.

Los padres son las personas más importantes para sus hijos. Son quienes ejercen la mayor influencia en la compleja pero bonita tarea de conocerse a sí mismos, el sostén desde el que descubrir el mundo y al que recurrir cuando se sienten perdidos. Quienes les proporcionan el espejo para comenzar a reconocerse. Por ello, es tan importante que comiencen a cultivar en ellos la aceptación. 

Los padres suelen ser la fuente de confort y seguridad para los niños.

La necesidad de sentirse seguros

A menudo, los niños buscan la aprobación de sus padres para sentirse queridos y aceptados. Necesitan saber que están de acuerdo con ellos, que les dan permiso para sentirse seguros de sí mismos. La cuestión es enseñarles a regular esa necesidad para que poco a poco vayan siendo más autónomos e independientes. El problema es cuando esta se vuelve demasiado intensa y perdura con el paso de los años, ya que se puede crear una especie de dependencia hacia la aprobación de los demás para actuar.

Así, cuando los padres aceptan a sus hijos tal y como son, los valoran y aprecian, les proporcionan un escudo psicológico que les protegerá de por vida. Pero lamentablemente, no siempre es así. No todos los padres son capaces de cubrir las necesidades emocionales de su hijos. No obstante, siempre puede aprenderse el maravilloso arte de la aceptación, aun en la adultez.

 

Por otro lado, hay que tener en cuenta que los niños aprenden de sus padres, de los comportamientos que manifiestan, las palabras que dicen y los gestos que representan. Así, si todo este conjunto de respuestas tienen como hilo conducto al amor, el cariño y la seguridad, los niños interiorizarán que son valorados, queridos y respetados, es decir, que son tenidos en cuenta. Estas serán sus primeras lecciones de valía y buena autoestima.

Un aspecto a tener claro es que la aceptación no conlleva resignación, es decir, a veces es necesario establecer límites en la educación de los más pequeños. Eso sí, lo importante es que no dejemos de transmitir el mensaje de que son aceptados tal y como son, reconociendo tanto sus valores como dificultades.

Ahora bien, si los niños son tratados desde el desprecio, la agresividad o la indiferencia alimentarán en su interior la desesperanza, el rechazo o el sentimiento de abandono. De esta forma, aprenderán que no son queridos, sino invisibles y su autoestima se verá perjudicada. Por tanto, es importante:

  • Reconocer su potencial en lugar de señalarles constantemente sus errores. Esto no quiere decir que no lo hagamos, pero siempre desde una perspectiva de oportunidad para crecer.
  • Evitar crear expectativas sobre su futuro, forma de ser y comportamientos.
  • Escucharles e interesarse por aquello que quieran compartir con nosotros, al igual que preguntarles y hacerles partícipes.
  • Reconocer y validar sus emociones. Si calificamos como “malos” sus sentimientos o hacemos que los repriman o nieguen, el resultado puede ser una baja autoestima, una conducta insincera y una pérdida de conexión con sus sentimientos. Por lo tanto, hay que valorar todo el abanico de emociones que experimenten, en lugar de valorar solo las positivas.

No obstante, también es importante evitar decirles cómo deben sentirse, así como compararles con sus compañeros, utilizar el sarcasmo, las amenazas y los castigos en repercusión a sus sentimientos, ya que lo único que estaríamos fomentando sería la negación u ocultación de cómo se sienten.

Cómo ayudar a los niños a que expresen su malestar

Fomentar una autoestima sana en los niños significa también enseñarles a expresar su malestar, sus emociones negativas, de manera adecuada, así como las diversas formas en las que pueden afrontarlas.

La autoestima implica conocerse y valorarse y esto no podemos hacerlo si olvidamos cuándo nos encontramos mal o estamos enfadados. Todo cuenta en el universo emocional. Por esta razón, a continuación indicamos una serie de claves que favorecerán la expresión de las emociones en los más pequeños:

  • Proporcionar un clima seguro y de aceptación que invite a los niños a expresar cómo se sienten.
  • Ayudarles en la expresión de su malestar. Por ejemplo, a través de actividades como escribir, dibujar, contar un cuento, interpretar, etc.
  • Contarles una situación similar en la que nos sintamos igual que ellos, para así fomentar la idea de que lo comprendemos.
  • Ser un buen modelo en el afrontamiento de sentimientos intensos.
  • Ayudarles a sentirse bien en situaciones de decepción o derrota.

 

La importancia del lenguaje positivo

No debemos olvidar uno de los elementos más potentes que tienen los padres para fortalecer la autoestima de sus hijos: el lenguaje. La forma que tenemos de dirigirnos a ellos determina parte del vínculo que construimos. 

En cada una de las interacciones que tenemos con los niños, de algún modo estamos reflejando nuestra identidad. Por ello, resulta tan importante prestar atención a las palabras y el tono de voz que utilizamos cuando nos dirigimos a ellos. Lo fundamental es que utilicemos un lenguaje positivo y sincero que fomente su autoestima.  

Este tipo de lenguaje se compone de una descripción del comportamiento del niño pero libre de juicios, distinguiendo así su valía de su conducta. Además, hay que acompañarlo de cuál es nuestra reacción a lo que el niño ha realizado, es decir, cómo nos sentimos y qué pensamos sobre lo ocurrido. Y por último, señalar de algún modo que reconocemos y validamos cómo se siente.

Como vemos, ser padre implica ser instructor y formador de habilidades para vivir en el mundo. De esta forma, el uso de la disciplina resulta necesario. Ahora bien, esta no puede ser una agresión a la autoestima, sino un medio para crear un entorno seguro que facilite el aprendizaje y la autonomía.

Fuente: lamenteesmaravillosa.com

En casa se pueden hacer muchas cosas para que tus hijos no hereden tu fobia a las Matemáticas

Conseguir que los niños disfruten aprendiendo es fácil si se incorporan a la rutina cotidiana

Cuando los niños comienzan la escuela algunos padres reviven como una auténtica pesadilla el “miedo a las mates” de sus años de infancia. Se trata de uno de los bloqueos más reconocidos por las familias, que se ven incapaces de fomentar y reforzar los conceptos que los pequeños están aprendiendo en clase y se agarran a las academias y las extraescolares delegando esta tarea. Pero, ¿por qué es tan habitual que se atasquen las matemáticas? «Como todas las cosas complicadas -responde Malena Martín, madre, licenciada en matemáticas, profesora de secundaria y fundadora de la plataforma Aprendiendo Matemáticas, «pero sin duda el principal motivo es la forma en la que nos han enseñado. Si en el colegio el ritmo de las clases no es el adecuado para nuestros hijos, las explicaciones van demasiado rápidas, o bien la forma en cómo se presentan esas matemáticas es demasiado abstracta… es posible que se pierdan».

Esto se va agravado, prosigue, «por esa creencia tan habitual de «yo no sirvo para los números, no se me dan bien las matemáticas», que encima se transmite de padres a hijos», advierte. Pero sin duda, asegura, «hay otra manera de hacer matemáticas que permite que cualquier niño avance y además, lo haga de manera gratificante, divertida, y disfrutando del proceso, no sufriendo con este».

Según Martín, es posible trabajar las matemáticas de una forma «natural» y convertirla en un hábito que se puede incorporar a la rutina familiar y que permite desterrar viejos temores. ¿Cómo? «En casa podemos estimular el gusto por las matemáticas como ya hacemos por la lectura o con los hábitos de salud. De hecho, es fácil conseguir que los niños dejen de tener miedo y se abran al aprendizaje de las matemáticas si se divierten y comprenden lo que hacen. Si además los padres colaboran con ciertas rutinas, miel sobre hojuelas», asegura esta mujer, que comenzó la licenciatura siendo ya mamá de dos niños pequeños. Sus hijos, reconoce, despertaron en ella la preocupación por mejorar y renovar la didáctica de las matemáticas y la animaron a investigar en el área de las matemáticas manipulativas y lúdicas.

 

Para ella el único modelo que funciona para enseñar las matemáticas de una forma divertida y fácil es el del juego y el uso de materiales manipulativos. «Los niños tienen que ver y tocar las matemáticas. Solo partiendo de ahí, se puede hacer que los niños vayan de manera autónoma descubriendo los conceptos, en lugar de aprendiéndolos de memoria. No es lo mismo partir de la práctica y poco a poco ir llegando a lo abstracto, que partir de esto último». Como ella misma dice, se trata de «un modelo de aprendizaje que conecta con las necesidades y los talentos de cada niño y que favorece el desarrollo del pensamiento lógico de una forma creativa».

Y, sobre todo, respeta la evolución de cada niño. «Los niños menores de seis años deberían el 90% de su tiempo jugando y manipulando material, no con un papel haciendo sumas y restas. En Alemania hasta que no entran en Primaria no hacen nada de números, ni de lecto-escritura, y cuando lo hacen avanzan en cuestión de meses lo que aquí nuestros niños tardan años sufriendo. Es una pena el desconocimiento que hay en algunos colegios sobre el proceso de aprendizaje».

Matemáticas de «estar por casa»

Para comenzar con este aprendizaje Malena Martín nos ofrece cuatro consejos para trabajar las matemáticas desde casa:

Los materiales manipulativos.Son recursos que permiten a los niños aprender practicando. Por ejemplo, con unas regletas numéricas los niños visualizan los números y realizan investigaciones que les llevan a entender por sí mismos las operaciones aritméticas y sus propiedades como la conmutativa de la suma o de la multiplicación. Con un ábaco, los niños aprenden el sistema decimal y desarrollan estrategias de cálculo mental. Hay muchos materiales educativos para aprender matemáticas e incluso nosotros mismos podemos fabricar en casa con cartulinas o reciclando objetos cotidianos como tapones, rollos de papel higiénico o envases.

Los juegos de mesa. Son los grandes aliados para consolidar lo aprendido y desarrollar la memoria. También es recomendable ofrecerles juegos de ingenio y lógica que les ayuden a desarrollar su razonamiento lógico, algo básico en la resolución de problemas matemáticos.

Los libros o cuentos. La literatura es una buena herramienta para acercar las matemáticas desde una perspectiva diferente a la habitual.

Y por último, y más importante: la confianza. «Los padres deben transmitir una actitud tranquila, de confianza, de que sus hijos pueden. Quizás tardarán más que otros, pero ellos pueden. Y si no quieren, pues igual ahora no es su momento. No forzarles y esperar porque seguro, seguro, que lo acaban haciendo».

Fuente: abc.es

 

Los valores los inculcan los padres, no la escuela

Los profesores tienen una función importantísima en este aspecto, pero es el ejemplo de la familia el que cala de verdad en los hijos.

El amor incondicional, la bondad, el afecto, la honestidad, la justicia, la solidaridad, el respeto, la tolerancia… son valores necesarios para realizarnos correctamente, para crecer y ser felices. Las personas adultas deberíamos saber transmitirlos a las generaciones que nos siguen. Pero ¿por dónde empezar su enseñanza y aprendizaje? Lo principal es que todos los expertos consultados señalan a la familia como el lugar principal donde se descubren los valores. Pero ¿están las familias preparadas para este reto?

Coherencia en el testimonio

En este aspecto de la educación, los padres han de ser conscientes de que su manera de ser y de hacer familia será crítica. Para la escritora Victoria Cardona, «los padres deben saber que en la primera infancia los niños imitan todo, por lo que es muy importante ser coherentes a la hora de dar testimonio. Los valores no se enseñan. Los valores los descubren los hijos a través del ejemplo de los padres». Coincide con ella Ramón Olegario, profesor de pedagogía terapéutica del IES nº 1 de Riberia (La Coruña), para quien la educación en valores debe empezar en casa, y cuanto antes. «Si un niño ha tenido una buena base afectiva, una base armónica, ese niño tiene mucho ganado. De hecho, la escuela tiene una función importantísima en este aspecto, pero los profesores somos sólo los subsidiarios de dicha educación en valores».

La familia, prosigue Cardona, «es núcleo de la sociedad donde se educan por contagio a todos los que la integran. Pero cada familia tiene su estilo y debe estudiar qué valores quiere transmitir». Ahí es donde Javier Borrego, profesor de Ética y Antropología de la Universidad CEU San Pablohace hincapié en lo siguiente: «Los valores por sí solos no son nada. Sólo tienen su sentido cuando están ordenados y podemos señalar un valor central».

Distintas jerarquías

De ahí que Borrego proponga que cada familia se plantee qué ideal es el que le mueve. Porque, prosigue este docente, no todas las jerarquías de valores son iguales. «Puede haber familias que entiendan que lo mejor es colmar todos los deseos de los niños, y entonces los niños crecen sin enfrentarse a los problemas y disfrutando de la vida… pero a la larga será perjudicial. Pero puede haber otras familias que su ideal sea la unidad y la comunicación. Entonces se acostumbrarán a no tenerlo todo inmediatamente, a compartir. Los niños de estas familias crecerán más felices. Es así de sencillo».

De esta forma, mientras que para este profesor la educación en valores debe empezar por la enseñanza de ciertos criterios éticos y estéticos, para el profesor de pedagogía terapéutica del IES Nº 1 de Ribeira (La Coruña), hoy por hoy lo principal sería «educar en el respeto al prójimo, llevado a todos los niveles». «Yo diría que todos son importantes», apunta por su parte Victoria Camps, catedrática de Filosofía Moral y Política de la Universidad Autónoma de Bellaterra. Autora del libro «Qué hay que enseñar a nuestros hijos», Camps concluye que «el buen humor, la generosidad, la autoestima… son conceptos encadenados que se van complementado, y cuyo conjunto explica qué es eso de la felicidad».

Objetivo, una libertad responsable

Principios que se dan en casa

… Y los enemigos que nos hacen perder las referencias

10 señales de que tu hijo es superdotado

Existen muchos mitos y leyendas alrededor de las personas que tienen capacidades superiores a la media. En realidad, muchas de estas personas pasan toda su vida desapercibidas tanto en el ámbito escolar como en el laboral, y ni siquiera ellas conocen todo su potencial.

Si sospechas que tu hijo o hija es bastante más inteligente que otros niños de su edad, te damos una serie de herramientas para que confirmes si es superdotado o no.

Eso sí, antes de entrar en materia habría que dejar claro qué significa ser superdotado. Las claves que te daremos en este artículo sirven para saber si tu pequeño tiene un coeficiente intelectual de más de 130.

¿Cómo saber si un menor es superdotado?

Como explica Carmen Sanz, psicóloga y presidenta de El Mundo del Superdotado, en declaraciones al diario ABC: “Cuando son pequeños, muchos padres vienen explicando que tienen un hijo diferente, que no se relaciona bien, que tiene un alto nivel de agresividad… Cuando son un poco más mayores, nos explican que presentan síntomas incluso de depresión y, en un porcentaje alarmantemente elevado, incluso de fracaso escolar“.

Cada niño es único, pero hay una serie de señales que te pueden poner sobre la pista de si tu pequeño es superdotado o no

Cada niño es único y se comporta de manera diferente, por eso no es nada fácil saber si uno en particular es superdotado o no. Sin embargo, hay algunas señales más o menos comunes que te pueden poner en alerta.

10 cosas que te dicen si tu hijo es superdotado

1. Tiene una habilidad enorme para asimilar conceptos nuevos

Es decir, tiene un desarrollo precoz. No todos los niños son capaces de comprender conceptos completamente nuevos a la primera. Las alarmas saltan cuando su desarrollo en las primeras etapas de crecimiento, comparado con otros niños de su edad, va más adelantado en uno o varios aspectos.

2. Tiene muy buena memoria

3. Aprende con facilidad

Además, tiene muchísima curiosidad por saber cómo funcionan las cosas y por aprender en general.

4. Su forma de expresarse llama la atención

Su lenguaje es mucho más preciso que el de otros niños de su edad. Además, su vocabulario es muy rico.

Los pequeños superdotados se expresan de una manera que llama mucho la atención

5. Se aburre en clase

Sobre todo porque aprende mucho más rápido que la media, así que pierde el interés. Esto no significa necesariamente que tenga las mejores notas de la clase: el fracaso escolar es bastante común entre los más pequeños con una capacidad intelectual superior.

6. Tiene un interés especial en temas muy concretos

Le llaman la atención el espacio, los animales, el cuerpo humano, la muerte, las enfermedades, etc.

7. Su sentido de la justicia está altamente desarrollado

8. Es sumamente perfeccionista

Puede darse el caso de que un niño superdotado prefiera no hacer lago antes de hacerlo “tan solo bien” o no conseguir la perfección que desea.

9. Su sensibilidad sensorial es alta

Sus sentidos están especialmente desarrollados.

10. Su forma de razonar llama la atención

Un niño o niña superdotado razona y relaciona conocimientos de una manera que no es acorde con su edad.

¿Qué hago si mi hijo es superdotado?

Si tienes sospechas, lo mejor es no demorarlo más y pasar a la acción. Un pequeño superdotado necesita estímulos diferentes para aprender. Claro que cada familia tiene que decidir si quiere intervenir o no. Eso sí, las altas capacidades intelectuales están reconocidas legalmente como necesidades específicas de apoyo educativo y, por tanto, derivan en una intervención a nivel escolar. Sería, por ejemplo, necesaria la adaptación curricular para responder a sus necesidades específicas.

Deja que tu hijo superdotado marque el ritmo de su propio aprendizaje: no le frenes, pero tampoco le fuerces

Lo más sencillo es que, si crees que tu hijo podría ser superdotado, acudas a un experto en altas capacidades para que resuelva todas tus dudas, evalúe al menor y os acompañe durante todo el camino. Es importante que dejes de lado todos los estereotipos y mitos (los niños superdotados llevan gafas, son los primeros de la clase, no les gusta el deporte, solo escuchan música clásica…). No tiene que ser así, para nada. Un experto te ayudará a entenderlo.

Y, lo más importante, escucha a tu hijo. Que él o ella sea quién marque el ritmo de aprendizaje: ni le frenes, ni le metas demasiada presión.

Deja que crezca, experimente y sea feliz.

Fuente: muhimu.com

¿Cómo desarrollar la inteligencia emocional en los niños?

¿Quieres fomentar la educación emocional en casa? Existen 5 aspectos fundamentales que debes tener en cuenta para desarrollar la inteligencia emocional en los niños. ¡Te lo contamos!

Desarrollar la inteligencia emocional en casa es imprescindible para que el niño aprenda a canalizar sus emociones y adquiera  las habilidades necesarias para el siglo XXI.  A partir del año podemos empezar a trabajar con nuestros hijos la educación emocional en casa a través de diferentes aspectos.

Cómo enseñar la inteligencia emocional en casa

Para desarrollar la inteligencia emocional en niños en el hogar hay que tener en cuenta los cinco aspectos fundamentales que la componen. Aplicar cada uno de ellos en conjunto aporta al niño las herramientas necesarias para gestionar sus sentimientos y desarrollar seguridad en sí mismos.

1. Conciencia de uno mismo o autoconciencia

Es importante que el niño tenga un conocimiento pleno sobre sí mismo. Debemos ayudarle a conocer tanto sus virtudes como sus defectos para que adquiera confianza en sí mismo y tenga una mayor capacidad autocrítica. Reforzar este aspecto le ayudará a poder tomar mejores decisiones en el futuro y no guiarse solo por sus emociones.

2. Autorregulación

Eliminar sentimientos como la rabia o la frustración en nuestros hijos es imposible. Sin embargo, podemos ayudarles a regular estos estados de nerviosismo o impulsividad creando en ellos una mayor serenidad. Esta cualidad puede ayudar a los más pequeños a crear herramientas para su futuro que le permitan gestionar mejor sus decisiones, por ejemplo, pensando antes de actuar.

Inteligencia emocional

3. Motivación

La motivación es imprescindible para que los más pequeños logren los objetivos que tienen en sus vidas. Trabajar este aspecto les ayuda a adquirir tenacidad, ilusión, perseverancia, e incluso, tolerancia a las frustraciones. De esta forma, logran una mayor productividad y eficiencia para su futuro profesional.

4. Empatía

La empatía es fundamental para que nuestros hijos puedan comprender lo que sienten las personas que se encuentran a su alrededor. En este sentido, debemos ayudarles a adquirir la capacidad de reconocer las emociones de los demás, saber escucharlos, ponerse en su lugar y entender cómo se sienten. Este aspecto es básico en las relaciones sociales que les acompañarán el resto de su vida.

5. Habilidades sociales

Las habilidades sociales están estrechamente ligadas con la empatía, ya que es imprescindible entender las emociones de las personas de nuestro alrededor para saber cómo actuar. Trabajando este aspecto, el niño consigue interactuar de forma adecuada y una mayor capacidad de asertividad.

Juguetes para desarrollar la inteligencia emocional

Desarrollar estos cinco aspectos en nuestros hijos sin las herramientas adecuadas puede ser complejo. Por ello, desde Miniland hemos creado una serie de juegos de emociones para niños que les ayudan a comprender y gestionar lo que sienten en las diferentes situaciones que les propone la vida.

Emoticapsules 

Dentro de la colección ‘Emociones y valores‘ encontramos diferentes juegos para ayudar a los niños a trabajar la inteligencia emocional en casa. Emoticapsules, son unas cápsulas de colores que representan mediante colores y gestos faciales las emociones básicas. Con ellas, los niños pueden conocer cómo identificar las emociones y desarrollar habilidades básicas para su gestión.

emoticapsules

Mindful KIDS  

Inspirándose en la teoría de las inteligencias múltiples de Gardner, desde Miniland se ha creado el concepto ‘Multiplay Experience‘. Según esta idea, potenciar el conocimiento, las motivaciones y habilidades del siglo XXI a través de experiencias de juego múltiple ayuda a los niños a adquirir fortalezas para enfrentarse a sus retos actuales y futuros. En esta línea se ha creado Mindful KIDS, un juego para aplicar la teoría del Mindfulness en los más pequeños. A través de diferentes técnicas de relajación y autoconciencia, nuestros hijos podrán desarrollar la Inteligencia Activa y Corporal, la Inteligencia Emocional y la Inteligencia del Lenguaje.

¡Práctica la educación emocional en casa con estos divertidos juegos de emociones para niños!

Fuente: spain.minilandeducational.com

Hijos por el mal camino: ¿qué hacer?

Amor, comprensión, educación, apoyo… Tienes la seguridad de que durante el proceso de crianza de tu hijo le brindaste todo lo posible para convertirlo en un ser de bien. Pero al final, el resultado no fue el que esperabas.

Ante estas circunstancias, ocurre con frecuencia que te asalte la duda de si fracasaste en tu tarea de criar y encaminar a tus hijos por la senda correcta. Drogadicción, robo, deserción escolar… ¿Por qué escogió ese comportamiento? ¿Eres culpable de su vida desventurada? ¿Mereces todo el sufrimiento que te hace experimentar?

Un sentir común

El Dr. Enrique Gelpí Merheb, psicólogo clínico especializado en niños y adolescentes, aclara que las frustraciones que puede experimentar un padre o una madre pueden surgir “por situaciones menos complejas como el que ‘mi hijo me falte al respeto, aun cuando no le he dado el ejemplo para hacerlo’, hasta que no desee estudiar en la universidad luego de escuela superior, o se involucre en problemas legales”. Claro, “siempre que sea consciente de que ha sido un buen ejemplo para su hijo y que ha optado por una crianza responsable”, aclara.

Cuando se trata de problemas más graves, el doctor señala que “para un padre o una madre debe ser catastróficamente frustrante porque hay muchos padres que viven toda su vida pendientes de darles a sus hijos lo que ellos no tuvieron, y aplicar un método de crianza diferente, utilizando toda la información que tienen a la mano lo mejor posible para su rol de crianza, así que debe ser devastador para ellos”. Por eso es de esperar que, tras ese sentir de culpabilidad, se esconda “el sentimiento de que fracasó como padre”.

¿Factor genético?

El psicólogo analiza que “se habla mucho de la herencia, de la predisposición genética” en muchos de los casos como responsable de los problemas que manifieste el menor. Y de hecho, hay padres que “ven la herencia como una camisa de fuerza o un destino; por ejemplo, si en la familia hay problemas de alcoholismo o una tendencia a ser desafiante, creen que el hijo va a tener ese comportamiento”.

Al respecto, Gelpí Merheb reitera que “la herencia no es una camisa de fuerza ni un destino. Sí puede aumentar el riesgo, pero no implica que, de manera automática, eso le va a ocurrir a tu hijo”.

Cuidado con complacer demasiado

Por otro lado, hoy día muchos padres muestran inclinación por complacer a los hijos en todo -o casi todo- lo que piden. ¿Qué relación puede guardar esta conducta con los problemas que manifieste el menor en su adultez?

El psicólogo advierte que la gratificación instantánea “no es efectiva porque cuando el padre o la madre tienen que ser más estrictos o estructurados, les resulta más difícil hacerlo”. Además, con este comportamiento “enseñamos a los hijos a que en el mundo nada va a pasar que los va a frustrar, que no tienen que pasar trabajo para lograr lo que quieren en la vida, y eso no es la realidad con la que se van a enfrentar”, enfatiza.

Ante esta dinámica, cuando el menor esté en alguna situación en la que no recibe lo que desea, posiblemente no se adapte con facilidad a ciertas situaciones, incluyendo en sus relaciones interpersonales. “Cuando llega a la adolescencia o a la adultez, en la que la toma de decisiones depende totalmente de él, puede sufrir trastornos de ansiedad o depresión por no saber manejar las frustraciones”, menciona a modo de ejemplo el doctor. Esto, a su vez, lo pone en riesgo de adicción a drogas o alcoholismo como una manera de canalizar sus frustraciones.

Varios responsables

“La mayoría de los padres, en su sano juicio, tratan de criar lo mejor que pueden con las herramientas que tienen a su alcance”, observa el doctor. “En ese caso, entiendo que la responsabilidad es mínima, y más si se trata de padres que se interesan por buscar ayuda profesional, terapéutica, para manejar la situación de dificultad”. Y confiesa que “eso lo veo todos los días en mi oficina, padres tratando de darles el mejor ambiente a sus hijos”.

El psicólogo añade que “los padres deben entender que hay varios factores que van a intervenir en el que un hijo, al final del camino, termine con problemas a pesar de que sus padres trabajaron para que no sucediera”. Porque puede pasar que, “por más que trate de ser un ejemplo positivo para mi hijo, él tome otras decisiones negativas”, reitera.

El doctor aclara que, “al final del camino, es responsabilidad compartida: posiblemente el ambiente social tenga parte de esa culpa; el hecho de que el hijo, desde adolescente, toma sus propias decisiones; y el método de crianza del padre”.

Si son padres divorciados

Cuando se trata de hijos cuyos padres están separados y han atravesado por un divorcio, hay quienes manifiestan preocupación de que tenga serias repercusiones psicológicas. “Mucha gente piensa que si los padres se divorcian, eso va a ser traumático para el hijo y se van a perjudicar. Eso es un mito ”, responde enfático el doctor. “Lo que complica la situación no es el divorcio, sino cómo se maneja por los adultos, que incluye a los padres, tíos y abuelos”, entre otros. Por supuesto, “si son divorcios contenciosos, de discordia, puede ser un factor de riesgo”. Sin embargo, “si la separación se da en un entorno saludable, el efecto no tiene que ser tan negativo como la gente automáticamente le adjudica a la palabra divorcio”, reitera el psicólogo. Además, “ya sea bajo el mismo techo o en casas separadas, las inconsistencias en la crianza pueden ser otro factor de riesgo y contribuir a que se complique” el panorama. Por eso “todo depende de cómo los padres manejen el divorcio o la separación”.

Para concluir, el doctor invita a reflexionar que “los padres van a seguir siendo padres aunque su hijo opte por otro camino. Vamos a estar ahí para apoyarlo y guiarlo, pero al final eso tiene un límite”. El psicólogo aclara que “no es darle la espalda, pero como padres, aprender que, lamentablemente, en algunos momentos sus hijos tienen que sufrir las consecuencias naturales de sus propias decisiones”.

Fuente: primerahora.com

10 preguntas que los padres deben hacer a los profesores

Hay padres que olvidan que la escuela es cosa de todos y que llevar a los niños no implica ni que saquen buenas notas ni que ‘salgan’ educados. La educación se empieza en casa y la escuela debe ser una extensión de la misma, un lugar donde se aprenden conocimientos.

Los padres desde casa tendrán que colaborar a que el niño vea la importancia de la escuela y respete la figura del profesor, una persona que va cada día a su puesto de trabajo para enseñar de la mejor forma posible los conocimientos que la sociedad considera necesario para la edad de los pequeños.

El vínculo de comunicación entre padres y profesores

Además, la escuela es un lugar de encuentro y amistades, donde los niños pueden pasarlo bien con sus amigos. Desgraciadamente, también existen niños y niñas que dentro de las puertas de la escuela no están bien, ya sea por la poca profesionalidad de los docentes o por la actitud de los compañeros dentro de las aulas.  Si este fuera tu caso tendrías que informarte bien para tomar medidas al respecto, el bienestar de los pequeños es lo prioritario.

Los padres forman parte de un triángulo interactivo donde las partes que deben estar siempre conectadas son: la escuela, la familia y el niño. Solo de este modo el pequeño verá la importancia de la escuela.

Pero, lo habitual es que cuando los padres se entrevistan con el profesor/a, sea éste quien les pregunte muchas cosas sobre la familia y su hijo para poder tener información y así trabajar mejor con los pequeños. ¿Y qué pasa con los padres? Para que los padres puedan confiar en el profesional que atiende diariamente a su hijo necesitará saber algunas cosas.

Las 10 preguntas de los padres a los profesores

Además, si debes ir a una reunión con el profesor de tu hijo y no sabes qué debes preguntar para estar bien informado/a, toma nota de las siguientes 10 preguntas que te ayudarán a entender cómo evoluciona tu hijo en casa y sobre todo, para apoyar lo que el niño hace en la escuela, desde casa. ¿Cómo podéis ayudar al pequeño a aprender mejor? Estando los docentes y las familias en constante comunicación. ¡Toma nota!

1. ¿Cuál es la metodología de trabajo que utilizas cada día dentro del aula? Pregunta al profesor si manda deberes, si prefiere no enviar deberes en casa, si tienen que estudiar mucho o poco, etc.

2. ¿Qué haces cuando un alumno se porta mal? Muestra interés por saber si el profesor está a favor o en contra de los castigos.

3. ¿Cómo premias el esfuerzo de los alumnos que trabajan duro? Infórmate si el profesor ofrece recompensas en la clase. Pregúntale si utiliza algún sistema de estímulos.

4. ¿Cómo rinde mi hijo/a en la escuela? Pregunta si tu hijo trabaja bien, si hace los debes, si muestra interés.

5. ¿Cómo son los hábitos de trabajo de mi hijo/a dentro de aula? Pregunta si tu hijo trabaja bien en equipo, si sabe comportarse ante el trabajo, si se enfada si algo le sale mal, etc. Cómo es el comportamiento de tu hijo con los demás niños.

6. ¿Necesita tiempo extra para acabar sus tareas? Pregunta si tu hijo tarda más en hacer las tareas que otros niños o si va al mismo ritmo.

7. ¿Cómo se comporta mi hijo/a dentro de clase? ¿Y con sus compañeros? Pregunta si tienes un buen comportamiento de respeto, cumpliendo las normas.

8. ¿Cómo se relaciona con sus compañeros en clase y en la hora del descanso? Infórmate si tu hijo tiene una buena interacción con los demás.

9. ¿Participa mi hijo/a en clase? Así sabrás si tu hijo se muestra tímido o no.

10. ¿Cómo puedo ayudar a mejorar la educación de mi hijo desde casa? Ofrécete para ayudar en jornadas escolares o en cualquier cosa que requiera la participación de los padres.

Ya verás que con estas preguntas entenderás mucho mejor la vida de tu hijo/a en la escuela.

Fuente: guiainfantil.com

Tartamudez: cinco mitos sobre este trastorno

Si tu hijo es tartamudo y le cuesta comunicarse, o su lenguaje se caracteriza por interrupciones y repeticiones. No es voluntario, y su origen puede ser orgánico, social o psíquico, es importante que prestes atención y lo ayudes lo más pronto posible.

La tartamudez se define como un trastorno que afecta a la capacidad de comunicarse y también se le conoce como disfemia, disfluencia en el habla o espasmofemia. Es un desorden que suele variar, esto quiere decir que en algunos casos el niño tartamudea más seguido y otros, en cambio, esto no sucederá. Debido su complejidad, pueden surgir dudas o mitos sobre este trastorno.

1. Tartamudeo porque soy una persona nerviosa

La ansiedad no causa la tartamudez, pero puede provocar que la tartamudez sea más severa en algunos momentos. Lo más frustrante de la tartamudez es que cuando queremos tartamudear menos es el momento en que tartamudeamos más. Es por esto por lo que si superamos el miedo a nuestra tartamudez esta disminuirá.

2. Necesito esconder mi tartamudez

¿Alguna vez has levantado la mano en clase o has pedido en un restaurante de comida rápida y te das cuenta de que cambias lo que quieres decir? Si en algún momento te ha pasado, estás teniendo una reacción normal ante esta situación difícil. Pero la realidad es que el bochorno de perder el control es mucho peor que la vergüenza que provoca tartamudear. Lo más importante es decir lo que quieres decir cuando lo quieres hacer. Tartamudear siempre está permitido.

3. Voy a superar mi tartamudez

Desafortunadamente las personas que se recuperan de la tartamudez lo hacen en edades tempranas. Muchas personas comienzan a tartamudear entre las edades de dos y cuatro años. Estas personas, si se recuperan, lo harán a los siete u ocho años. Es por esto por lo que si una persona llega a la juventud con tartamudez es probable que continúe así hasta la adultez. La buena noticia es que existen muchas opciones y estrategias que ayudan a manejar la tartamudez. Es por esto por lo que la acción de ignorar que tienen la condición, porque esto “va a desaparecer”, solo provoca que la situación empeore.

4. Estoy solo

Muchas personas que tartamudean crecen sintiéndose solos y aislados. Pero no lo están. Muchos expertos están de acuerdo con que cerca del 1 % de la población mundial tartamudea. Esto quiere decir que aproximadamente 67 millones de personas en el mundo padecen del trastorno y, a su vez, existen 72 millones de personas que tartamudean en el mundo. De ellos, un 5 % son niños. No obstante, “hasta un 80 % de ellos atraviesa una etapa de alteración en el habla, entre los dos y los cinco años, que puede ser evolutiva y desaparece de forma espontánea, pero no en todos los casos, por eso es preferible no esperar. El mejor momento para consultar con los especialistas siempre será cuanto antes”, según la Fundación Española de la Tartamudez (TTM).

5. La tartamudez me atrasará en la vida

Las personas que tartamudean son igual de inteligentes y capaces que todos los demás. En la historia ha habido muchas personas que tartamudean que son sumamente inteligentes, talentosas y exitosas, entre ellas se encuentran: Winston Churchill (primer ministro de Inglaterra durante la Segunda Guerra Mundial), Albert Einstein (ganador del Premio Nobel de Física), Charles Darwin (científico que habló de la teoría de la selección natural y de la evolución) y Marilyn Monroe (actriz y modelo).

Fuente: abcdelbebe.com