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Padres bilingües: ¿qué ventajas ofrecen a sus hijos?

El aprendizaje de un segundo idioma es casi que uno de los mínimos básicos que exige la educación de este siglo para poder interactuar con las diferentes culturas y que los jóvenes puedan desenvolverse en los espacios laborales. Por ello, expertos señalan la importancia de que los padres aprendan un segundo idioma para que, cuando decidan tener hijos, el aprendizaje en los pequeños se facilité gracias al conocimiento que sus progenitores ya tienen de él.

Desde temprana edad un niño es receptivo a toda la información que se le transmite. Pero expertos hablan de los tres años como el momento en que los pequeños pueden empezar a diferenciar un idioma de otro. Es en esta etapa cuando más se debe impulsar en un menor el aprendizaje de un segundo idioma, y las ventajas de que sean sus propios padres los que se dan a la tarea porque ellos mismos son bilingües, aumentan en estas familias que inclusive, pueden llegar a ser políglotas.

“Un padre tiene la capacidad de apoyar a su hijo en su propio proceso de aprendizaje de un idioma, con sus tareas, con la motivación, con el ejemplo. Es el mejor escenario para que un niño, en un ambiente cómodo como el de su hogar, pueda realizar actividades con sus padres como ver programas de televisión, escuchar música o leer libros en inglés. Esto hará que el niño tenga ventajas competitivas frente a otros chicos, pues aprenderán el idioma mucho más rápido”, dijo a ELTIEMPO.COM Sam Day Weber, docente de inglés en el British Council.

Según el docente, que los niños vean a sus padres interactuando con otras personas en otro idioma diferente al suyo es también un factor de motivación para los pequeños. “El niño se abrirá a otras culturas y tendrá muchas más ganas de entenderse con los demás en una lengua diferente”, agregó Day Weber.

Para Maria Clara Delgadillo, psicóloga de la Universidad Santo Tomás, “los niños aprenden mucho más rápido las cosas cuando provienen de con sus padres, son su primer acercamiento al mundo y su forma de impulsarse para aprender cosas nuevas”.

Según Delgadillo, “esto tiene ventajas en el cerebro del pequeño, pues el conocimiento se adquiere con la mejor disposición y siempre queriendo imitar el comportamiento de sus progenitores”. Esto quiere decir que si un padre maneja bien el idioma inglés, tiene buena pronunciación y buena gramática, su hijo va a querer imitarlo y seguramente tendrá un mejor nivel en el colegio.

Por otro lado, para Rebecca Smith, coordinadora de Jóvenes Estudiantes en el British Council, “que los padres sean bilingues y traten de tener horarios de solo hablar inglés en casa, enfrenta a los pequeños incluso a tener que pedir lo que necesitan en otro idioma, los reta y les ayuda a defenderse, lo cual puede trasladarse a su salón de clases donde probablemente se vana a encontrar con un docente que solo les va a estar hablando en inglés”.

Los tres expertos coinciden en que hoy en día los padres tienen cientos de herramientas que pueden apoyar estos procesos, tanto para ellos como para los niños y que usualmente son de muy fácil acceso, incluso gratuitas. British Council, por ejemplo, tiene plataformas enfocadas tanto a los adultos como a los chicos, todas sin pago y con contenido interactivo (videos, audios y juegos). Pero también existen diversas aplicaciones, libros y videos en línea que pueden ser utilizados como herramientas e apoyo”, agrega Smith.

Aprender y avanzar juntos, la edad no es un obstáculo

Están también los casos en los que los padres no dominan un idioma, pero quieren empezar a aprenderlo. Para ellos, aseguran los expertos, es recomendable incluso que se sienten con sus hijos, quienes también están empezando su proceso de inmersión en un idioma, para que juntos puedan intercambiar inquietudes y logren avanzar juntos.

“Un padre no debe preocuparse si su hijo aprende más rápido que él o habla mejor inglés que él. Lo importante es ese proceso de sentarse juntos y compartir un espacio que les permita interactuar como familia y construir conocimiento juntos”, asegura Day Weber.

Fuente: abcdelbebe.com

Bajo rendimiento escolar: ¿cuándo acudir al médico

Durante la época escolar, suele suceder que los padres de familia concentran su atención en el buen desempeño académico de sus hijos. ¿Quién no se siente orgulloso cuando sus pequeños obtienen altas calificaciones? Sin embargo, cuando esto no ocurre se piensa que ello se debe al poco esfuerzo y dedicación que ha puesto el niño en sus asuntos escolares y se olvida que, muchas veces, puede ser resultado de trastornos específicos del aprendizaje como las dificultades para escribir y leer, los conflictos emocionales, las perturbaciones del sueño o el déficit de atención e hiperactividad, además de causas más frecuentes como los malos hábitos de estudio.

De hecho, cuando los niños alcanzan la edad escolar, se espera que tengan un proceso de aprendizaje acorde con su edad y en los mismos tiempos que sus compañeros. No obstante, aunque los signos de alarma son fácilmente reconocibles, los padres suelen ‘normalizarlos’ o ignorarlos, por lo que generalmente los profesores son quienes detectan los cambios en los estudiantes y alertan a las familias. Así que hacer esta identificación de manera temprana permite iniciar tratamientos que evitan la frustración, mejoran la autoestima y mantienen un desarrollo adecuado de tus hijos.

¿Cómo reconocer un problema de aprendizaje?

Los signos de alarma para los problemas de aprendizaje están asociados, fundamentalmente, a cambios evidentes en los niños, la mayoría de las veces relacionadas con el bajo rendimiento escolar –permanente o en disminución– y los problemas de comportamiento, reflejados en falta de motivación, desorganización, trastornos de sueño (ronquidos, miedo) y desinterés de los niños por las actividades que les apasionan y desgano a la hora de estudiar.

¿Cuál es el tratamiento para los problemas de aprendizaje?

Aunque los problemas de aprendizaje pueden llegar a ser graves, detectarlos a tiempo es fundamental para su tratamiento. De acuerdo con el Dr. Juan Esteban Cote, neurólogo pediatra de Clínica La Colina, “el primer paso es implementar las buenas pautas de crianza y los hábitos de vida saludables. Podría incluir también orientación psicológica y, en algunos casos, terapias para tratar problemas como la dislexia, discalculia y disgrafía, entre otros trastornos del aprendizaje”.

Claves para evitar y mitigar los problemas de aprendizaje

Buenas pautas de crianza y hábitos saludables: implica tener un sistema adecuado de reconocimientos (premio / castigo), figuras de autoridad claras para los niños, cumplir tareas en la casa y tener horarios establecidos para el sueño, el estudio, el descanso y el juego. Así mismo, limitar el acceso a la tecnología sin restringirlo completamente, de manera tal que se permita a los niños explorar y desarrollar su capacidad narrativa, para activar su creatividad pero sin incurrir en excesos.

Alimentación: es fundamental que tu hijo tenga una dieta balanceada en frutas y verduras, así como horarios de alimentación consistentes. Recuerda que su cerebro necesita proteínas y fuentes de energía para su desarrollo y funcionamiento.
Hacer ejercicio: en el ejercicio se liberan sustancias que mejoran la concentración, disminuyen la ansiedad y aumentan la motivación de los niños, además de promover un aprendizaje más rápido y mejorar la calidad del sueño.

Terapias: para los trastornos específicos (dislexia, discalculia y disgrafía) se recomiendan terapias dirigidas en el colegio o por profesionales, para desarrollar las habilidades específicas en los niños, evitar la frustración y los estereotipos.

Medicación: en casos más concretos con trastornos de conducta o déficit de atención e hiperactividad disruptivos, los niños podrían ser tratados con medicamentos recetados por especialistas, que surgen efectos muy rápidamente y que no generan adicción.

Finalmente, es recomendable hacer una elección adecuada del colegio de los niños, teniendo en cuenta sus necesidades. “Cada niño es diferente y muchas veces los colegios adecuados son los que permiten a los menores desarrollar sus múltiples inteligencias, en grupos de no más de 15 niños y con educación personalizada” concluye el Dr. Cote.

Fuente: abcdelbebe.com

 

Las familias que juegan juntas son más felices

Podríamos decir que jugar en familia es beneficioso para la salud. Ahora un estudio además lo confirma. No solo mejora el vínculo familiar, sino que además es bueno para la felicidad de cada uno de sus miembros.

Descubre por qué las familias que juegan juntas son más felices y presentan índices más bajos de estrés.

Un estudio revela que las familias que juegan juntas son más felices

Nos gustaría pasar mucho tiempo de calidad junto a los hijos, pero el trabajo, las tareas domésticas, o los smartphones al final terminan distrayendo y agotando a los padres. El resultado es la falta de tiempo para estar y jugar con los hijos. De hecho, un 38% de los padres reconoce no tener tiempo para jugar con sus hijos.

Sin embargo, deberíamos intentar revertir esto de alguna forma, ya que se ha demostrado que jugar en familia tiene grandes beneficios para todos. Un estudio realizado por Lego, ha sacado a la luz datos muy interesantes y reveladores:

1. Jugar en familia hace que las felices sean más felices. El estudio se ha realizado mediante una encuesta a más de 10.000 padres, madres y niños de todo el mundo. El informe detecta un fuerte vínculo entre las horas que pasan jugando juntos padres e hijos y la felicidad declarada de las familias. De hecho, nueve de cada diez familias que juegan durante cinco horas o más aseguran ser felices, mientras que entre aquellos que juegan durante menos de cinco horas, este porcentaje desciende al 75%.

2. Jugar en familia disminuye el estrés de todos sus miembros. Jugar juntos hace que padres e hijos se sientan más relajados y mejoren el vínculo y conexión entre ellos.

De entre todos los juegos que se pueden compartir en familia, los de aprendizaje lúdico son los más beneficiosos, aunque tampoco hay que olvidar los juegos relacionados con las nuevas tecnologías. Por increíble que te parezca, muy lejos de ‘ensuciar’ la relación familiar, este tipo de juegos puede unir a la familia, a pesar del miedo que reconocen tener los padres, a que este tipo de juegos empeoren las relaciones sociales de sus hijos.

El gran problema sigue siendo el tiempo. La inmensa mayoría de los padres encuestados reconocen no pasar el suficiente tiempo jugando con sus hijos, por culpa del trabajo, de las tareas domésticas… o del tiempo que pasan conectados al móvil. De hecho, tres de cada diez padres asegura pasar menos de cinco horas a la semana jugando con los hijos. Cuando se pregunta lo mismo a los hijos, confirman que les encantaría que sus padres jugaran más con ellos.

La responsable de este estudio (Jessica Joelle Alexander) nos deja unas frases muy interesantes que nos hacen reflexionar sobre la importancia del juego con los hijos: “Jugar juntos es una piedra angular fundamental en la vida familiar tanto para niños como para padres. Pero con los estilos de vida modernos más ocupados que nunca y con tanto énfasis en la educación formal y las actividades programadas, puede ser fácil olvidarse de hacer tiempo para ello. Dados los efectos positivos que tienen en nuestros niveles de bienestar y felicidad, el juego familiar debería ser la “tarea” más importante de todas”.

Preocupaciones de los padres respecto al juego de sus hijos

A la hora de incentivar a los niños hacia uno u otro juego, los padres tienen en cuenta sobre todo los siguientes factores:

– La seguridad del juguete o del juego.

Que sea un juego didáctico. Los padres prefieren juegos educativos, ya que confían en que les ayudará a tener más éxito en su aprendizaje escolar y personal.

– Si es un juego digital, que no entorpezca las habilidades de sociabilidad de los niños y que sí les ayude a ser más creativos. Pero en este punto, los datos son positivos, ya que el estudio ha demostrado que más de un 80% de niños prefiere jugar con sus pares que solo, y un 72% prefiere juegan con amigos que hacerlo de forma online.

Fuente: guiainfantil.com

Familia y escuela como aliados

Carolina Jiménez
[email protected]
Santo Domingo

La familia juega un papel primordial en la educación de los niños, considerándose la primera escuela desde la concepción del ser humano.

La doctora en educación, Margarita Heinsen, nos platica sobre la tarea que tiene el docente de fortalecer la relación con la familia y de buscarles estrategias que permitan una alianza e integridad en el proceso educativo de los hijos.

¿Qué tan importante es el rol de la familia en la educación?

Existen muchas investigaciones que demuestran que el docente cumple un rol fundamental en el aprendizaje de los niños y jóvenes. Pero también los padres deben involucrarse en esa formación, de hecho, la familia es el primer educador del niño que va modelando actitudes y valores. Aunque en la escuela se cumplan roles, la familia es la principal responsable de la formación integral en todos los aspectos, ambas partes deben complementarse para la educación.

¿Se han perdido los valores en la familia?

Todo padre desea lo mejor para su hijo, al asumir este rol, se quiere hacer de la mejor manera. La realidad es que no nos preparamos ni hay un manual que nos enseñe a ser padres.

La familia sí tiene valores, solo que a veces no somos tan claros con ellos y esto genera inseguridad en los hijos. Lo cual indica que los padres deben definir sus valores y ponerlo sobre la mesa, sí es cierto que se necesita de tiempo y orientación, pero se debe ofrecer a los hijos un referente desde el hogar y la escuela complementarlo. Considero que la familia y los docentes deben alinearse para que los resultados de aprendizaje sean significativos.

¿Qué sería lo correcto cuando los docentes dicen que no tienen apoyo de los padres?

Lo primero es que el centro educativo desde un inicio debe comprometer a los padres y darles una orientación de cómo contribuir juntos a la educación de los hijos. A veces los padres carecen de estrategias y es ahí donde la escuela tiene que asumir el rol de también formar a los padres en el proceso de aprendizaje y ofrecerles un acompañamiento.

¿Qué consejo tiene para  los padres y docentes?

Los padres tenemos que formarnos, buscar ayuda y estar constantemente mejorando. Puede que en el camino cometamos miles de errores, pero en vez de hacer críticas al centro educativo o al docente, deberíamos unirnos para el beneficio de nuestros hijos.

En el caso de los docentes, estos pueden tener muchos estudiantes en un aula, por lo que recomiendo sacar tiempo para atender las necesidades de cada uno. Según investigaciones, una conversación de 10 minutos entre docente y estudiante, reduce conductas y crea relaciones positivas dentro del aula.

Qué hacer si no te gusta el profesor de tu hijo

Lo ideal sería que tuviéramos profesores dedicados, motivadores, pacientes, vocacionales y muy capaces. La realidad es que, junto a ellos, hay otra rama de profesores cuya pedagogía brilla por su ausencia.

Aun así, sea un profesor autoritario, o un buen profesor, para gustos los colores. De tal manera que, hay padres que prefieren maestros estrictos y que impartan disciplina, y otros que prefieren profesores con métodos más modernos y positivos. Sea como fuere, ¿qué hacer cuando no te gusta el profesor de tu hijo?

Cuando no te gusta el profesor de tu hijo, ¿cómo gestionarlo?

Las personas somos seres emocionales de individuales, cada uno con sus preferencias y sus gustos. Por lo tanto, igual que te gustan o desagradan compañeros de trabajo, conocidos u otras personas que vas conociendo a lo largo de la vida, te pueden gustar o no los profesores de tus hijos.

Las razones por las que puede no gustarnos un profesor son: porque grita a los alumnos, aplica una disciplina muy estricta, o todo lo contrario, sus métodos son demasiado laxos, no sabe explicar, manda muchos deberes, no presta la suficiente atención a tu hijo… ¿Qué debemos hacer si le tomamos manía al profesor?

1- Nunca expreses tu antipatía por el profesor delante del niño: quizás, aunque no compartas su metodología, el niño tiene un buen concepto del él. Expresar ante el niño el rechazo que sientes, los desacuerdos que mantienes y lo deseoso que estás de que acabe el curso, no harán otra cosa que trasladar todas esas emociones al niño. Lo confundirás, lograrás que nazca en el niño también antipatía, desgana por las clases y poco respeto al maestro.

2- Valorar en su justa medida en qué se equivoca: debes razonar si realmente es un mal profesor cuyos métodos están afectando a los alumnos y merece la pena tomar medidas importantes, o simplemente es una antipatía personal porque preferirías otro tipo de profesor, es decir, no es malo, pero tampoco es bueno.

3- Explica a tu hijo cuál es el papel del profesor: en ocasiones los niños esperan que sus profesores les presten toda la atención o simplemente no encajan del todo pero no se está produciendo ninguna situación abusiva. Si el niño se queja del profesor constantemente es posible que tú le tomes antipatía. Pero, cuando solo se trate de diferencias de caracteres, es un momento para enseñar al niño a sacar lo mejor de la situación, a entender que siempre se encontrará en la vida con personas con las que tiene diferencias y habrá de lidiar con ellas. Y tú, habrás de hacer lo mismo.

4- Habla con el profesor: tenemos una costumbre muy extendida de quejarnos de puertas para adentro, en los grupos de WhatsApp o ante los niños, pero en pocos casos exponemos nuestro parecer ante el principal implicado, el maestro. Si no estás de acuerdo con algo y piensas que está causando un perjuicio al niño, pide una tutoría para tratar el problema. Intenta ser proactivo, y llegar a un entendimiento por el bien de tu hijo. Lleva la conversación de forma positiva, no amenazante o inquisitoria. Si entras atacando, el profesor se pondrá a la defensiva y habrá poco que hacer.

5- Mantente pendiente en todo momento: pregunta al niño por lo que hacen en el aula sin que sea un tercer grado y sin que note tu desagrado, interésate cada día. Intenta participar en alguna dinámica de clase si es posible que vayan padres a dar charlas, y ves con tus propios ojos la actitud de los alumnos y el profesor.

6- Habla con el jefe de estudios: si crees que hay un verdadero problema en el aula y el profesor no se comporta como debiera, grita a los alumnos, les habla mal o incluso les humilla dirígete a la jefatura de estudios o al mismo director. Expone el problema, en ocasiones se realizan reuniones en las que el colegio trata de mediar entre el padre y el profesor. En algunos casos, se permite que el niño pueda cambiarse a otra clase si la queja está justificada. Cuando el asunto es serio, puedes incluso pedir que se inicie un protocolo para la apertura de un expediente disciplinario si procede.

Para terminar, una reflexión… Apartar al niño de cualquier problema, incluso los nimios y pequeños, no le ayudarán a afrontar una vida en la que se encontrará con personas que le ayudarán, otras que le ignorarán y otras que le pondrán piedras en el camino. Es la sobreprotección, el mal que afecta a nuestros hijos hoy en día según los expertos.

Siempre que el profesor no esté causando un daño emocional en el niño, debemos tragarnos nuestra antipatía y ayudarles a afrontar el curso con motivación y ganas para sacar todo su potencial.

Fuente: guiainfantil.com

 

10 preguntas que los padres deben hacer a los profesores

Hay padres que olvidan que la escuela es cosa de todos y que llevar a los niños no implica ni que saquen buenas notas ni que ‘salgan’ educados. La educación se empieza en casa y la escuela debe ser una extensión de la misma, un lugar donde se aprenden conocimientos.

Los padres desde casa tendrán que colaborar a que el niño vea la importancia de la escuela y respete la figura del profesor, una persona que va cada día a su puesto de trabajo para enseñar de la mejor forma posible los conocimientos que la sociedad considera necesario para la edad de los pequeños.

El vínculo de comunicación entre padres y profesores

Además, la escuela es un lugar de encuentro y amistades, donde los niños pueden pasarlo bien con sus amigos. Desgraciadamente, también existen niños y niñas que dentro de las puertas de la escuela no están bien, ya sea por la poca profesionalidad de los docentes o por la actitud de los compañeros dentro de las aulas.  Si este fuera tu caso tendrías que informarte bien para tomar medidas al respecto, el bienestar de los pequeños es lo prioritario.

Los padres forman parte de un triángulo interactivo donde las partes que deben estar siempre conectadas son: la escuela, la familia y el niño. Solo de este modo el pequeño verá la importancia de la escuela.

Pero, lo habitual es que cuando los padres se entrevistan con el profesor/a, sea éste quien les pregunte muchas cosas sobre la familia y su hijo para poder tener información y así trabajar mejor con los pequeños. ¿Y qué pasa con los padres? Para que los padres puedan confiar en el profesional que atiende diariamente a su hijo necesitará saber algunas cosas.

Las 10 preguntas de los padres a los profesores

Además, si debes ir a una reunión con el profesor de tu hijo y no sabes qué debes preguntar para estar bien informado/a, toma nota de las siguientes 10 preguntas que te ayudarán a entender cómo evoluciona tu hijo en casa y sobre todo, para apoyar lo que el niño hace en la escuela, desde casa. ¿Cómo podéis ayudar al pequeño a aprender mejor? Estando los docentes y las familias en constante comunicación. ¡Toma nota!

1. ¿Cuál es la metodología de trabajo que utilizas cada día dentro del aula? Pregunta al profesor si manda deberes, si prefiere no enviar deberes en casa, si tienen que estudiar mucho o poco, etc.

2. ¿Qué haces cuando un alumno se porta mal? Muestra interés por saber si el profesor está a favor o en contra de los castigos.

3. ¿Cómo premias el esfuerzo de los alumnos que trabajan duro? Infórmate si el profesor ofrece recompensas en la clase. Pregúntale si utiliza algún sistema de estímulos.

4. ¿Cómo rinde mi hijo/a en la escuela? Pregunta si tu hijo trabaja bien, si hace los debes, si muestra interés.

5. ¿Cómo son los hábitos de trabajo de mi hijo/a dentro de aula? Pregunta si tu hijo trabaja bien en equipo, si sabe comportarse ante el trabajo, si se enfada si algo le sale mal, etc. Cómo es el comportamiento de tu hijo con los demás niños.

6. ¿Necesita tiempo extra para acabar sus tareas? Pregunta si tu hijo tarda más en hacer las tareas que otros niños o si va al mismo ritmo.

7. ¿Cómo se comporta mi hijo/a dentro de clase? ¿Y con sus compañeros? Pregunta si tienes un buen comportamiento de respeto, cumpliendo las normas.

8. ¿Cómo se relaciona con sus compañeros en clase y en la hora del descanso? Infórmate si tu hijo tiene una buena interacción con los demás.

9. ¿Participa mi hijo/a en clase? Así sabrás si tu hijo se muestra tímido o no.

10. ¿Cómo puedo ayudar a mejorar la educación de mi hijo desde casa? Ofrécete para ayudar en jornadas escolares o en cualquier cosa que requiera la participación de los padres.

Ya verás que con estas preguntas entenderás mucho mejor la vida de tu hijo/a en la escuela.

Fuente: guiainfantil.com

Dormir o no con los hijos ¿Qué dicen los estudios?

Son las 12 de la noche, un grito rompe el silencio. Los padres corren al cuarto del niño. Prenden la luz y lo encuentran sentado en su cama, llorando. “Hay un monstruo debajo de mi cama”, dice.

La madre pasa la mano por la cabeza del pequeño y le limpia las lágrimas. El padre hace el amago de revisar bajo la cama y de paso abre el armario: “No hay nada, tranquilo. Ven con nosotros”, le dicen, y terminan durmiendo los tres en la cama matrimonial. Una práctica común y a simple vista, inocente.

Psicopedagogos y expertos en crianza coinciden en que cuando dormir con los hijos se vuelve hábito, se puede generar un daño en el desarrollo del menor. Incluso, puede afectar la relación de pareja.

Según la investigación ‘Trastornos del sueño en niños sanos’, del Hospital Nacional Profesor Alejandro Posada, en Buenos Aires (Argentina), el sueño es una de las funciones más importantes en la vida del niño. “Existe una íntima relación entre las actividades diurnas y las dificultades en el sueño. Estas se pueden asociar con conflictos familiares, trastornos del aprendizaje y con maltrato infantil”, asegura el estudio, y añade que entre el 20 y 30 por ciento de los menores tienen dificultades para conciliar el sueño o se despiertan durante la noche.

De la investigación se desprende que el 37,4 por ciento de los menores presentan trastornos del sueño. De los 25 niños que compartían la cama con los padres, 64 por ciento presentaban dificultades para dormir, mientras que los que dormían solos, o con otro niño, las referían en un 33,7 por ciento.

Aunque este fenómeno depende de las prácticas culturales, esa relación sí es frecuente en América Latina. Expertos consultados por EL TIEMPO lo confirman. Ana Rita Russo, directora del programa Pisotón en la Universidad del Norte, habla de los hitos del desarrollo, esas destrezas que el niño adquiere en su crecimiento. Entre esos está la alimentación, la dormida y el desarrollo motor, del lenguaje y afectivo. “Estas habilidades están marcadas en la etapa del paso de la dependencia absoluta que tiene un bebé de los padres, a lo que llamamos la dependencia relativa, en la cual el niño va logrando autonomía, autoestima, integración de la identidad y consolidación del ser”, explica la experta.

Fuente: abcdelbebe.com

Teletrabajo con niños en casa: ¿una tarea posible?

El teletrabajo es, cada vez más, una estrategia que utilizan las empresas colombianas y multinacionales para atraer y retener el recurso humano femenino, a través de beneficios emocionales enfocados, en especial, en las madres. De hecho, un informe publicado este año por Michael Page Colombia –firma especializada en reclutamiento de profesionales– señaló que el 85 por ciento de las empresas multinacionales que están en Colombia ya cuentan con políticas especiales para las mamás trabajadoras.

A su vez, cifras del Mintic y Mintrabajo señalan que más de 500 empresas son, actualmente, parte del Pacto por el Teletrabajo en Colombia que beneficia a 122.278 teletrabajadores, muchos de ellos, hombres y mujeres con hijos.

Sin embargo, si bien la estrategia se enfoca en mejorar la calidad de vida de los padres y lograr el balance entre la vida familiar y laboral, para algunos el tema no ha funcionado.

Es el caso de Sandra Gutiérrez Mejía, una ejecutiva comercial de una reconocida empresa que, por ser madre de dos niños pequeños, tuvo la oportunidad de probar durante dos meses el llamado home office. “Al principio me pareció lo máximo estar en casa y cuidar de mis pequeños. Pero con el pasar de los días me di cuenta de que terminaba aún más extenuada, los niños me quitaban mucho tiempo, tenía que interrumpir mis labores para prestarles atención y mi productividad empezó a bajar. Mis clientes lo percibieron, me notaban distraída y empecé a tener problemas. No pude más y decidí volver a la oficina”, relata esta mamá.

¿Falta de planificación?

Casos como estos abundan: padres y madres que, en lugar de percibir los beneficios del teletrabajo, terminan sobrecargados con las tareas del hogar y de la oficina, más estresados y extenuados por intentar resolver, a la vez, asuntos laborales y familiares.

Se trata de un fenómeno conocido como el ‘burnout del teletrabajador’, al que hace varios años se refirió el padre del teletrabajo, Jack Nilles: “El mayor riesgo de esta modalidad no es que la gente no trabaje, sino que trabaje demasiado”, decía.
Por eso, los testimonios de estos padres tienen un común denominador: la falta de planificación.

“Lo que pasa es que hay padres a los que nos cuesta organizarnos, ser disciplinados y poner límites. Cuando estás en casa, tu prioridad son tus hijos, quieres estar al tanto de ellos todo el tiempo y descuidas el trabajo. Luego, terminas trasnochando y pierdes ese balance que al principio buscabas”, sostiene Aura Sofía Castillo, una madre que tampoco pudo continuar con el home office.

Según voceros del Mintic, uno de los mayores retos para los padres, y en general para todos los teletrabajadores, es el adecuado manejo del tiempo. “Cuando los padres teletrabajan deben establecer un plan de acción que les permita cumplir las metas y requerimientos de la empresa. La clave está en fijar rutinas y aprovechar muy bien las horas que se evitan en desplazamientos desde y hacia la oficina”, señalan.

De eso da cuenta Claudia Vásquez, madre de dos niños, a quien el teletrabajo le mejoró la calidad de vida porque logró generar el balance ideal entre cumplir con sus funciones como consultora de comunicaciones y su rol de mamá.

“Fue cuestión de dialogar con los niños y hacerles comprender que, aunque estoy en casa, no puedo prestarles atención todo el tiempo. Aprovecho al máximo las horas que están en el colegio, cuando llegan compartimos el almuerzo y apenas el reloj marca las 5:30 me olvido del trabajo y me dedico a ellos. Mientras tanto, ellos saben que solo me pueden interrumpir cuando es verdaderamente necesario”, dice Vásquez.

¿Y la productividad?

Según la Comisión Asesora de Teletrabajo, sí es posible mantener la productividad e incrementarla, solo es cuestión de organización. “Dependiendo de la edad de los niños, se pueden coordinar horarios para que ellos comprendan que en determinados periodos no deben interrumpir, y deben respetar tanto el tiempo como el espacio de trabajo que tienen sus padres para cumplir con sus responsabilidades”, aseguran.

En este sentido, Eliana López, executive manager de Michael Page Colombia, señala que los padres “deben destinar un espacio en casa, ojalá cerrado, para evitar distracciones, ruidos o interrupciones, y explicar a los niños que, cuando se está allí, no se debe interrumpir”, aconseja López. Así, para la directiva, solo si se establecen rutinas, se fijan límites y se respetan, los niños podrán saber en qué horarios cuentan con sus padres aunque estén en casa.

Ahora bien, si se tienen bebés, es clave contar con la ayuda de un tercero en el hogar, que pueda atender sus demandas de cuidado cuando los padres estén trabajando. En este caso, se debe aprender a organizar las tareas del trabajo de acuerdo con las necesidades del pequeño. Por ejemplo, establecer adecuadas rutinas de sueño, de alimentación y de juego en horarios fijos les permite a los padres anticiparse y aprovechar espacios como las siestas y los momentos de relajación y tranquilidad del bebé para programar sus actividades laborales.

Cuidado con excederse

Otro riesgo que se corre al trabajar en casa es dejarse absorber por los asuntos laborales y descuidar el plano familiar a tal punto que se dañen las relaciones con la pareja y los hijos.

Carolina Forero, de Hays Colombia, firma consultora especializada en selección, advierte que también hay que ser flexible. “Muchas veces, el trabajo se verá interrumpido, por lo que un plan rígido puede que no funcione. Lo ideal es que exista un ritmo apropiado tanto para el trabajo como para el cuidado de los niños. Hay que buscar un balance entre el tiempo que será dedicado exclusivamente a trabajar, las pausas que se van a tomar y la interacción que se tendrá con los hijos durante el día”, aconseja Forero.

Fuente: abcdelbebe.com

La adicción de los padres al móvil provoca un gran daño en los hijos

Nuestra dependencia al móvil es tal, que a menudo olvidamos lo más básico.Por ejemplo, atender a los hijos. Y sí, es cierto que los niños pueden ser muy pesados. Cierto que las madres y los padres necesitamos nuestro espacio, un respiro, un momento de desconexión. Pero… ¿hasta el punto de ignorar a nuestro hijo?

Un vídeo se ha hecho viral porque muestra una terrible realidad: los padres enganchados al móvil que se aíslan por completo y desatienden las peticiones y demandas de los hijos. Como en este caso, en el que una madre hace ‘oídos sordos’ a las repetidas quejas de su hija para que le preste atención. No dejes de ver este polémico vídeo que muestra cómo la adicción de los padres al móvil provoca un gran daño en los hijos.

El vídeo dura poco más de un minuto y medio, y en él se ve a una pequeña de unos 4 o 5 años reclamar insistentemente la atención de su madre. Su madre, por cierto, ni siquiera la mira. Por más que la niña insiste en que tiene frío, su madre sigue pendiente de su teléfono.

En un momento dado, la madre al fin le pregunta que qué le pasa… La niña responde pero ella, indiferente, continúa con su móvil, como si no oyera nada. Al rato, cansada de las quejas de su hija, le exige que se quede quieta en el asiento.

Las críticas han llegado, claro. También las dudas. Muchos preguntan si la niña no será demasiado ‘insistente’, lo que puede hacer que la madre, desesperada, intente ignorarla para ver si se le pasa… Pero la inmensa mayoría solo ve una madre que desatiende las necesidades básicas de su hija.

No sabemos si la niña había tenido una rabieta, si la madre estaba cansada, si la niña solo se queja porque necesita una atención constante… Pero lo cierto es que la imagen nos hace darnos de bruces con una triste realidad: estamos dejando pasar los años concentrados en nuestro smartphone, hablando con prácticamente desconocidos, sin atender a las personas realmente importantes, que suelen estar cerca de nosotros. Los hijos crecen rápido, y cada uno de sus años no regresará. ¿De verdad preferimos regalarle nuestro tiempo a otras personas?

Eso sin contar con el ejemplo que estamos dando a los hijos. ¿Cómo podemos exigirles luego que no pasen tanto tiempo conectados a su smartphone si es lo que vieron desde pequeños?

El daño que causa en los hijos tu adicción al móvil

Sin duda, este es un mal que afecta a prácticamente todos los padres.Llegamos cansados del trabajo y necesitamos relajarnos. La casa impone más trabajo, concentración y nervios. ¿Qué hacemos? Entregarnos a las risas, la relajación y las relaciones a distancia mediante las redes sociales y los chats por el móvil. ¿Los afectados? Los hijos. Y si no, piensa… ¿cuántas veces habrás dejado sin responder una pregunta de tu hijo porque estabas concentrado con algo en el móvil?

Ahora bien… ¿somos conscientes del daño que esto provoca en los hijos?Estos son algunos, según numerosos expertos:

1. Síndrome de padre ausente. Y quien dice padre, dice madre, claro. Los padres hiperconectados al móvil, es como si no estuvieran. Los hijos notan su ausencia y se sienten ignorados. Los expertos comienzan a llamar este daño’abandono emocional’. Unas palabras terribles que nos hacen reflexionar, sin duda.

2. Referencias equivocadas. Recuerda que somos un referente para los hijos. Luego no te asustes cuando a los 10 años ya te exija un teléfono móvil y se pase el día en su cuarto viendo vídeos. Luego, poco a poco, preferirá ese tipo de relaciones a distancia frente al clásico juego con amigos en el parque.

3. Menos confianza en sí mismo. Si el padre o la madre ignora constantemente lo que dice, lo que le cuenta, porque éste prefiere centrarse en su teléfono, el niño sentirá que lo que dice no es importante, y terminará perdiendo la confianza en sí mismo.

4. Autoestima baja. La falta de confianza en sí mismo llevará al niño a una autoestima baja que le afectará en todos los campos de aprendizaje y por supuesto, de su personalidad. De hecho, el niño ignorado por la adicción de sus padres al móvil, en realidad siente ‘que no es importante’ para ellos. Tremendo, ¿verdad?

5. problemas en sus habilidades sociales. Los niños necesitan aprender a relacionarse con los demás. Practican en casa, con sus padres, y también con sus amigos. Sin duda, el ignorarles y preferir un teléfono a una conversación con ellos, no les ayuda nada.

6. Mala comunicación en casa. La comunicación es muy importante en una familia, sobre todo entre padres e hijos. Es una forma de crear vínculos, de establecer una relación sana de confianza. El niño cuenta cosas, los padres le escuchan… le preguntan… contestan a sus dudas. Esta es la relación más lógica, ¿verdad? Pero, ¿qué sucede cuándo esta comunicación se rompe? El niño habla, los padres no escuchan… El niño pregunta pero no obtiene respuestas. Al final, el niño se cansa y deja de preguntar y confiar en sus padres.

7. Problemas emocionales y de conducta. El sentimiento de ‘hijo ignorado’ lleva al niño a enfrentarse a una serie de emociones que aún es incapaz de entender y controlar. Esto le provoca una angustia con la que tendrá que crecer. Sin duda, esto puede desencadenar en problemas de actitud, como las rabietas, gritos, y el ‘mal comportamiento’ como un intento desesperado del niño por llamar la atención de sus padres.

Fuente: guiainfantil.com

Un año escolar cargado de éxitos y motivación

Carolina Jiménez
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Santo Domingo

El reloj comienza a sonar a tempranas horas, los padres se preparan para volver a la rutina diaria y los hijos a sus deberes. La razón es que se aproxima el regreso a clases, el comienzo de un nuevo año escolar que debe ser recibido con amor y entusiasmo.

Suele pasar que para los estudiantes este día sea estresante, ya que luego de unas largas vacaciones deben adaptarse nuevamente a los horarios, las responsabilidades y las tareas. Sin embargo, si se inicia con la mejor actitud y con objetivos a cumplir, se puede lograr un cambio positivo; buenas calificaciones, mayores amistades y rendimiento.

Recomendacion para tener un año escolar exitoso:

1- ¡Prepara tu mochila! Esta vez trata de que todo sea diferente, si te agrada la idea forra tus cuadernos y diséñalos con etiquetas que te fascinen, crea tu propia colección con los útiles escolares, así amarás más llevarlos contigo y hacer tus tareas.

2- Deja que las personas conozcan por tus acciones a tu nuevo yo! No te encorves sobre tus libros o arrastres los pies y agaches la cabeza mientras caminas. Párate derecho y con orgullo, camina con la cabeza en alto y ¡deja que tus libros sientan que están en buenas manos! Sé amistoso y saluda a tus amigos y a los nuevos compañeros que conozcas. Tener buenos amigos aumentará tu confianza y pasarás momentos inolvidables en la escuela.

3- Toma notas en clases y escucha al profesor. Puedes haber escuchado en el pasado esto muchas veces, pero esta es una buena idea. Si verdaderamente escuchas al profesor y tomas notas, ahorrarás mucho tiempo en las tareas y realmente aprenderás.

4- No entres en pánico cuando escuches, “¡Mañana habrá un examen de los capítulos 6 al 10 de su libro de sociales!”. Si entras en pánico, no será de mucha ayuda. Puede empeorar las cosas. Relájate y revisa tus notas y tu libro.

5- Averigua cómo graduarte con honores. Puede sonar extraño pensar en esto desde el primer día, pero la verdad es que si preguntas temprano a tus profesores y consejeros sobre lo que puedes hacer para obtener honores para graduarte, estarás más apto para trabajar por ello. Te dará una meta por la cual esforzarte.

 

Acompañamiento de los padres en el año escolar 

Desde antes de llegar el comienzo a clases, los padres tienen el deber de motivar a sus hijos utilizando expresiones tales como: “Tú puedes lograrlo”, “Eres inteligente”, “Confío en ti: vas a conseguirlo”, “El esfuerzo tendrá su recompensa”, “Puedes contar con mi ayuda”. Según expertos, la motivación es clave en el aprendizaje. Un niño sin motivación se negará a atender en clase. Buscará distracciones de cualquier tipo o intentará llamar la atención mediante un comportamiento no deseado. Un niño motivado, sin embargo, se mostrará ilusionado por aprender y tendrá muchísimas más posibilidades de terminar el curso con un excelente resultado.