Entradas

Educar a los niños en el valor del orden

El orden es una de las características que debe tener, tarde o temprano, todo miembro de una sociedad. Sin duda el orden es necesario para la inserción de toda persona dentro de un empleo o bien en la educación.

Por esta razón resulta fundamental que los niños comiencen de pequeños a asimilar ciertos parámetros de orden puesto que, de este modo, les resultará mucho más sencillo la incorporación de dicha enseñanza.

Beneficios de fomentar el orden en los niños

  1. Favorece la memoria a largo plazo
  2. Beneficia el orden en el hogar tanto para los adultos como para los niños
  3. Ayuda a establecer estructuras mentales que permiten la elaboración de procesos mentales superiores
  4. Favorece la autonomía infantil
  5. Provee de un orden mental interno
  6. Eleva la autoestima del niño
  7. Realza el buen comportamiento y las buenas relaciones (en el hogar y en el ámbito escolar también)

5 trucos para enseñar a los niños a ser ordenados:beneficios de ser ordenados

  1. Establecer rutinas. Es importante establecer días y horarios para cada actividad. Esto no sólo fomenta el orden personal sino también la disciplina (que van de la mano junto con el orden). Por ejemplo establecer horarios para el cepillado de los dientes, para el aseo, para los juegos, para el baño, para las comidas, etc. Claro que con esto no necesariamente tenemos que ser padres estrictos o inflexibles, pero sí será un buen parámetro para respetar por parte de los niños y los adultos.
  1. Da el ejemplo. Este es un dato que hemos mencionado más de una vez pero no nos cansamos de mencionarlo ya que, sostenemos que el ejemplo es uno de las mejores herramientas con las que cuenta todo padre y madre frente a sus hijos.
  1. Utiliza canciones divertidas. Puede que, a la hora de ordenar sus juguetes o sus pertenencias tus hijos comiencen a angustiarse o simplemente no quieran realizar dicha actividad. En estos casos puede ser de utilidad la implementación de una canción que los motive. También puedes emplear el “premio-castigo” indicándoles que “luego del ordenamiento les darás un premio”. Sin embargo creemos que no es prudente abusar de dicha herramienta para evitar que los niños sólo actúen a cambio de un premio.
  1. Explícales las consecuencias del desorden. En este caso puede ser de utilidad la realización de algún juego o actividad. También puedes valerte de gráficos o de historias y de consecuencias que se relacionen con la falta del orden.
  1. El orden ligado con la independencia. En la mayoría de los casos los niños anhelan ser independientes. Si éste es el caso de tu hijo es una excelente oportunidad para enseñarle que el orden es un paso fundamental para ganar cierta autonomía e independencia. De este modo estarás colaborando en elevar su autoestima y, en consecuencia, disminuir el estrés que muchos niños tienen en la actualidad.

 

4 Juegos educativos para ayudar a los niños a ser ordenados

 

4 Juegos educativos para ayudar a los niños a ser ordenados

  • Ordenando la secuencia

Materiales: tarjetas con diferentes momentos del día de un niño. Cada una de estas tarjetas contienen una acción que se realiza en el día: cepillarse los dientes, levantarse, ir a la escuela, almorzar, jugar, cenar, etc.

El objetivo de este juego es darle al niño las tarjetas desordenadas y que él las ordene según el orden correcto.

  • Ordenando libros

Si los niños son un poco más grandes (más de 8 años) se les puede pedir que ordenen por orden alfabético, algunos libros (aproximadamente 10).

  • Estableciendo reglas en una ronda

En este caso se puede proponer el relato de un cuento que cada niño va a ir completando según le toque su turno.

Por ejemplo se empieza con uno de los niños dándole una frase inicial: “Había una vez, en un castillo muy, muy lejano, un ogro muy triste…”

Se le pide a un niño que complete con una frase aquello que cree que le ha ocurrido al ogro para estar triste. Luego se le pide al compañero de junto que continúe la historia y así sucesivamente. Es importante que cada niño haga un aporte respetando el orden del juego.

  • Reconociendo el error

Para este juego se necesitará que los niños de toda el aula observen en detalle cada rincón del salón y los objetos que en él se encuentran. Luego se le pide a uno de los niños que salga fuera del aula. Con ayuda del resto de los niños se modificará algo del salón. Luego se le pide al niño que regrese al salón y que intente distinguir aquello que se ha cambiado del orden anterior. Gana el niño que en menor tiempo adivine el cambio.

Fuente: escuelaenlanube.com

Orden en casa, una rutina necesaria

En casa la mayoría de los niños no cuenta con una rutina de orden y limpieza como la que tienen en la escuela. Es necesario integrarla a la vida familiar para lograr que los pequeños mantengan organizados sus juguetes, ropa, pinturas, etcétera. Esta disposición, como la mayoría de las cosas que aprenden a esta edad, es cuestión de rutina. 

Paqui Díaz, profesora de educación infantil, sabe lo que es instaurar el hábito del orden, «sin éste, la clase no podría funcionar jamás», reconoce. Es lo primero en lo que se enfoca cuando los niños entran al colegio a los tres años de edad. Poco a poco, una a una, se van estableciendo las rutinas que hacen posible que 25 personas juguetonas convivan tantas horas en un espacio reducido y que, al marcharse a casa, todo quede tal como lo encontraron en la mañana al llegar al colegio.

No es lo mismo hacerse cargo de la ropa, juguetes y objetos personales de un niño que de 25. «Los pequeños se adaptan a lo que se espera de ellos. Si esperas poco, dan poco, si esperas mucho, dan mucho», afirma.

Hacerse cargo de sí mismos, también es hacerse cargo de sus objetos personales, de los juguetes con los que juega y que, con relativa facilidad, sueles encontrar desperdigados por los rincones. Ésta es, sin duda, la parte que a veces más trabajo cuesta. ¿Qué puedes hacer para que mantengan en orden sus cosas?

  1. Ritualizar el orden: «Recoger, ordenar cada cosa en su lugar», es la canción que cantan en la clase de Maya cuando terminan de usar el material. Y todos, como movidos por un resorte, comienzan a guardar lo que han usado. La canción se convierte en un símbolo, el comienzo de un ritual (de recoger) y el final de otro (de jugar). A esta edad las canciones son un recurso sensacional para marcar el principio o el fin de algo y poner a los niños en acción.
  2. Cada cosa en su lugar, como dice la canción, y un lugar para cada cosa. El orden es cuestión de espacio. Hay que tener claro dónde va cada objeto y enseñárselo al niño. Entre menos cajas y cajones tenga para organizar, será mejor.
  3. Necesita un comienzo y un final claros a la hora de jugar. Puedes fijar momentos específicos a lo largo del día. Por ejemplo, pactar con él que antes de salir al parque, van a asegurarse de que todos los juguetes estén en su lugar.
Errores
  1. Convertir al niño en observador pasivo: en vez de meter el sándwich en su lonchera mientras él mira, debes cederle a él la responsabilidad, por ejemplo, dejando sobre la mesa su lunch y permitiendo que él sea quien lo guarde.
  2. Pensar que el grito de «A recogeeeeer», desde la cocina, es suficiente. No hay que creer que por acompañarlo un día podrá guardar sus cosas solo en adelante.
  3. Instaurar un hábito implica una importante inversión de tiempo. Al principio, tienes que saber que eso que tú recoges en un abrir y cerrar de ojos te puede llevar cinco veces más de tiempo con ellos.
  4. Constancia, es decir, que siempre sea igual: después de sacar sus juguetes, se tienen que guardar al terminar de utilizarlos. Éste es un punto en el que muchas veces se flaquea, pues si tienes prisa preferirás recogerlos y acabar en un dos por tres, en lugar de que se cumpla la rutina.

Tabla de tareas del hogar para niños según su edad: la enseñanza que los padres han olvidado

Se trata de una habilidad tan necesaria como escasa, aunque una manera muy sencilla para desarrollarla consiste en hacer que los niños se involucren en las tareas del hogar desde que son pequeños. Aristóteles lo llamó phronēsis y Kant, juicio pero ambos se referían a la habilidad para pensar con sentido común y asumir el punto de vista de los demás.

Por desgracia, según un estudio publicado en la revista Qualitative Sociology que analizó el comportamiento de las familias estadounidenses desde 1920 hasta la fecha, todo parece indicar que hemos ido a peor. Estos investigadores afirman que los padres les dan a sus hijos cada vez menos responsabilidades y estas son más triviales. Por tanto, los niños tienen menos oportunidades para involucrarse en actividades realmente significativas que aporten algo a la familia o a su comunidad.

Seis buenas razones por las que los niños deben contribuir en las tareas del hogar
      1. Favorece la colaboración

Cuando los niños saben que están haciendo algo importante para los demás sienten que forman parte de un equipo. Esa sensación les empodera, les anima a seguir las instrucciones y les enseña a trabajar en grupo.

  1. Fomenta la autoconfianza

Si los padres confían en sus hijos, los niños aprenderán a confiar en sus capacidades. Por eso, darles tareas relevantes es una estrategia para desarrollar la seguridad, la confianza y la autoestima infantil.

  1. Estimula la responsabilidad

Si los niños saben que les corresponden determinadas tareas y que nadie las hará por ellos aprenderán a asumir responsabilidades, por lo que se convertirán en pequeños más juiciosos y reflexivos.

  1. Potencia la autonomía y la independencia

Ir dándole a los niños tareas cada vez más complejas que demanden el desarrollo de nuevas habilidades les dará la confianza que necesitan para ser más autónomos e independientes.

  1. Desarrolla la capacidad de organización

Los niños que participan desde una edad temprana en las tareas del hogar suelen ser más organizados que quienes lo hacen a una edad más avanzada. Esta capacidad no solo les permitirá mantener su habitación en orden sino que también les ayudará a planificar mejor sus tareas escolares.

  1. Promueve el respeto

Cuando los niños se involucran en las tareas del hogar valoran muchísimo más el trabajo de sus padres, por lo que también es una manera para enseñarles el respeto por los demás, un respeto que va más allá de las simples normas básicas de cortesía como saludar, despedirse o dar las gracias.

¿Cómo educan a sus hijos los padres de otras culturas?

Un estudio publicado en la Journal of the Society for Psychological Anthropologyreveló que existen grandes diferencias en la educación que reciben los niños de la amazonía peruana, los samoanos y los californianos.

En la amazonía peruana, durante el primer año de vida los bebés son apreciados, amados y protegidos por la familia y la comunidad. Se mantienen siempre cerca de sus madres. Sin embargo, muy pronto se insertan en las actividades cotidianas, primero solamente como observadores y más tarde, apenas aprenden a caminar, los adultos les motivan a hacer las cosas por sí solos.

De hecho, a los tres años ya intentan cortar la hierba y comienzan a imitar las actividades de los adultos. No obstante, las tareas no se distribuyen por género y los adultos se cercioran de que sean útiles para la comunidad. Se trata de un estilo de crianza que no está basado en la prevención ni en la intervención sino en la corrección del error. Así los padres desarrollan la autosuficiencia y autonomía de sus hijos.

En la cultura samoana los niños también se insertan muy pronto en la vida familiar y comunitaria. Los bebés se alimentan cara a cara con otros pequeños o mirando a sus padres, de manera que aprenden muy pronto a conectar con los demás y comprenden el valor de la atención, dos puntos clave para el desarrollo de una actitud respetuosa.

Al llegar a los cuatro o cinco años estos niños ya tienen asignadas tareas específicas dentro de la familia y la comunidad, siempre bajo el ojo atento de los adultos, que  normalmente solo intervienen para evitar que cometan errores.

Por el contrario, en la cultura occidental los padres se adaptan a las necesidades y los deseos de sus hijos, no solo durante su infancia sino también en la adolescencia. También se asume una educación más directiva, enseñándoles a los niños paso a paso cómo deben hacer las cosas. Muchos padres también tienen la tendencia a intervenir rápidamente cuando los pequeños tienen dificultades e incluso prefieren anticiparse a estas. El problema es que al evitar los errores y los problemas limitan las oportunidades de aprendizaje de los niños y les impiden desarrollar la autoconfianza y la tolerancia a la frustración.

Por otra parte, las madres suelen ser quienes llevan el peso del hogar y a los niños prácticamente no les dan responsabilidades, por lo que muchos, al llegar a los ocho años, se muestran reticentes cuando los padres les piden que contribuyan con algunas tareas domésticas.

¿Cómo lograr que las tareas domésticas sean realmente educativas? Darle verdaderas responsabilidades

Los niños, aunque sean pequeños, se dan cuenta de cuándo sus acciones realmente aportan algo al núcleo familiar. Por tanto, es importante que los padres no se limiten a desarrollar la autonomía infantil sino que le vayan dando al niño diferentes tareas que puedan marcar la diferencia en el hogar, siempre acordes a su nivel de desarrollo.

Dejarle libertad para que haga las cosas a su modo

Los padres pueden brindar orientaciones generales, sobre todo cuando se trata de tareas más complejas, pero es importante que los niños tengan cierta libertad para hacer las cosas a su modo. Es probable que se equivoquen, pero así aprenderán y desarrollarán la autoconfianza y la creatividad.

Armarse de paciencia

Educar no es un camino lineal, los padres tienen que armarse de paciencia porque es probable que se produzcan retrocesos o que el avance no vaya tan rápido como se esperaba. Toda ayuda que le permita crecer es bienvenida pero hacer las cosas en lugar del niño implica lastrar sus potencialidades.

Tabla de tareas para el hogar según la edad del niño

2-3 años
  • Comer solo.
  • Organizar sus juguetes y guardarlos en el cajón.
  • Regar las plantas.
  • Colocar sus libros en su sitio.
  • Limpiar el polvo de las esquinas.
4-5 años
  • Vestirse y asearse solo.
  • Poner la mesa.
  • Darle de comer a la mascota.
  • Fregar los platos con ayuda.
  • Mantener en orden su habitación.
6-7 años
  • Hacer la cama.
  • Preparar su mochila para el cole.
  • Pasar la aspiradora en casa.
  • Quitar el polvo de los muebles.
  • Recoger las hojas secas del jardín.
  • Preparar una ensalada.
8-9 años
  • Limpiar el suelo.
  • Cuidar la mascota.
  • Preparar el desayuno o un plato sencillo con ayuda.
  • Guardar la compra.
  • Poner y vaciar el lavavajillas.
  • Recoger el correo.
10-11 años
  • Limpiar su habitación.
  • Limpiar el jardín y quitar las malas hierbas.
  • Tender la ropa.
  • Cuidar de un hermano menor.
  • Preparar platos sencillos sin ayuda.
  • Saber coser un botón y hacer un dobladillo.

Fuente: muhimu.es