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La destructiva nota de una profesora a una alumna que indigna a todos

Un psicólogo compartió en sus redes sociales la nota que una profesora dejó en el cuaderno a una niña de seis años. La nota ha indignado tanto a psicólogos como a educadores y padres. ¿La razón? Lejos de ser una calificación o una nota para mejorar el rendimiento de la pequeña, se trataba de una nota totalmente destructiva. Lo malo es que no era la primera vez que esta pequeña recibía una nota así. ¿El resultado? Su problema con las matemáticas y la lengua, lejos de mejorar, no para de crecer…

Esta es la destructiva nota de una profesora a una alumna que nos hace reflexionar sobre la docencia

La nota dice muy claro lo siguiente: ‘Muy distraída y lenta’. No es la única advertencia de la profesora a su alumna. Su cuaderno estaba lleno de marcas señalando todos los errores que la niña cometía. Ninguna para señalar los aciertos. Además, escribía de forma esporádica mensajes similares, como ‘muy vaga’, ‘sin atención’…

El caso de esta pequeña, con sus dificultades y particularidades, ha incendiado las redes sociales, y ha servido para reflexionar, una vez más, sobre la importancia de potenciar la empatía entre los docentes. El caso lo ha sacado a la luz el psicólogo Agustín Soria Viña. Explica la historia de esta niña, que vive en un barrio conflictivo de Argentina, con pocos recursos, y algunos problemas de aprendizaje. En su nota, explica lo siguiente:

‘Ayer conocí a L. Tiene seis años, se encuentra en primer grado y vive en un barrio complejo y carenciado de la ciudad de Rosario. La niña se hace presente e ingresa al espacio portando una pícara sonrisa en su rostro y una rosa y pesada mochila en su mano derecha. Comenzamos a interactuar por motivos que hacen a la construcción de un vínculo terapéutico.

Se le pregunta por su escuela y afirma que le agrada concurrir a la misma yque disfruta con Lengua y Matemáticas…

Sin embargo, la pequeña acudía a terapia porque solo conocía ciertos números y las vocales. Llevaba consigo un cuadro con los números hasta el 50 y el alfabeto, pero la profesora no le permitía utilizar esa pequeña ayuda… La niña, a pesar de todo, lo intentó. La respuesta, imagina: sus errores bien marcados y la nota en grande advirtiendo de un problema de ‘lentitud’ y falta de atención.

El psicólogo también advierte en su explicación que la profesora utilizaba para enseñar vocales y números la repetición sistemática. Nada de juegos, ni proyectos, ni actividades atractivas. El clásico ‘copia 100 veces el alfabeto’.

Pero el texto del psicólogo recalca (sobre todo) el gran error de ‘etiquetar a la niña’ como lenta y distraída:

‘Y encima, la docente sólo marcaba sus errores. Ni siquiera los visualizaba como parte del proceso de aprendizaje. Lo marcaba para estigmatizar, para herir, para hacer que sus alumnos, en este caso L, padecieran ir a clases, y aún peor, que temieran equivocarse.

La niña, que está en plena construcción de su subjetividad y por ende de sus aprendizajes, se sumergía en un abismo de calificaciones absurdas y patologizantes. Lenta, distraída, sin atención, vaga…

L, no consiguió mostrarnos ni una actividad que haya realizado bien. Sólo decía “acá me equivoqué”, “ahí me confundí”, “eso lo hice mal”. Resaltaba todo lo negativo, como su maestra’.

El problema aquí es que el profesor solo recalcaba los errores de la niña, anulando por completo su confianza en sí misma, su autoestima y por supuesto, su ilusión. Le enseñaba con una metodología aburrida, sistemática, sin tener en cuenta además sus problemas y lagunas de base, sus progresos y sus obstáculos, encaminándola sin remedio hacia el fracaso escolar…

Una reflexión que puede servir en cualquier lugar, en donde exista una carencia de empatía y conexión entre profesores y alumnos. Tal vez, rescatando este importantísimo valor y armándose de herramientas ilusionantes, se consiga mucho más. Con una metolodología basada en los proyectos, en los trabajos en equipo, en la personalización y el respeto del ritmo de aprendizaje de cada alumno, en el aprendizaje positivo, los juegos, la práctica…  Muchos profesores ya apuestan por ello. Afortunadamente.

Fuente: guiainfantil.com

¿Se debe hacer regalos a los niños por las buenas notas?

MARÍA G. RODRÍGUEZ – @ABC_familia Madrid

Después de que los niños hayan superado el curso con éxito a muchos padres les surgen dudas sobre cómo deben actuar. ¿Deben obsequiarles con algún regalo o intentar que todo entre dentro de la normalidad? ¿Se merecen sus hijos alguna sorpresa o no deben acostumbrarles a obtener recompensas por sus méritos?

«Los padres deben saber lo que se ha esforzado su hijo durante el curso, y considerar si es el momento adecuado o si se lo merece, pero no hacerlo por costumbre y mucho menos porque los demás compañeros sí que obtienen un regalo», afirma Virginia Carrera Ramírez, psicopedagoga de la consulta de psicopedagogía Virginia Carrera.

Óscar González Vázquez, profesor y director de la Escuela de padres con talento, se decanta por ofrecer más atención a los pequeños día a día y gestos que refuercen su confianza, los cuales considera mucho más necesarios para la educación y autoestima de los jóvenes. Como apunta Virginia Carrera, «es un tema complicado y no tiene una respuesta tajante». Todo depende de si se parte de la base de que estudiar es solo una obligación o, si por el contrario, se pretende otorgar un presente como algo merecido por el esfuerzo diario.

En lo que ambos coinciden es en que las cosas materiales no son la mejor forma de premiar el esfuerzo de los hijos. Se trata de enseñarles a que trabajen, lo que a largo plazo les hará más felices que conseguir todo lo que quieren sin esfuerzo ninguno.

Estos son los argumentos de ambos expertos tanto a favor como en contra de los regalos por las buenas notas.

En contra

— El niño debe entender que estudiar es su responsabilidad y que sacar buenas notas es imprescindible para labrarse un buen futuro. No se puede acostumbrar al estudiante a obtener siempre una recompensa por sus logros y muchos menos a diario. Hay que evitar frases como: «si terminas los deberes te doy la paga» o «si apruebas el curso te compro un juego». Eso jamás.

— Los regalos pueden ser contraproducentes, ya que el joven puede entender las cosas al revés y llegar a pensar que más que tener la obligación de trabajar, son sus padres los que deben obsequiarlos al finalizar el curso. Además, esto hará que cada vez pidan más y mejores regalos.

— No puede ser utilizado como un fin en sí mismo. El niño puede interpretar que la única razón por la que debe estudiar es para recibir algo a cambio. Existe el riesgo de que se perciba como algo intrínseco al final de cada trimestre o curso. Dejará de ser efectivo porque esperarán el obsequio incluso cuando bajen las calificaciones en sus notas.

— Prometerle un presente por aprobar todo también puede ser perjudicial en el caso de que no lo consiga, pues no haremos sino aumentar su sensación de fracaso.

— Es mejor el refuerzo cotidiano, con palabras positivas y consecuencias directas en los hábitos del día a día. Que después de terminar los deberes puedan jugar, ir al parque, utilizar la videoconsola, etc.

— Resulta más efectivo dedicarles tiempo y afecto, pues con ello construirán su personalidad y se fortalecerán los vínculos familiares. Hay que tener en cuenta que lo más valioso que se puede dejar a los hijos son los valores y una base para su futura vida adulta. Lo material es momentáneo.

A favor

— Un regalo puede ser una buena manera de que el crío aprenda que el esfuerzo y la constancia dan sus frutos. De la misma forma que los adultos agradecen recibir un detalle en su trabajo y les ayuda a motivarse.

— En caso de que se opte por regalar algo por los aprobados, hay que valorar si, en vez de objetos materiales, no le puede hacer más falta una felicitación, un abrazo, un beso o algo de atención. Son gestos sencillos pero muy poderosos, que llenan al adolescente de satisfacción. Un buen regalo puede ser un elogio: «¡Qué bien lo has hecho! Eso es porque te has esforzado durante todo el curso». El niño estará encantado de que se le reconozca su trabajo y esfuerzo.

— No es malo recompensar el esfuerzo continuado pero lo ideal es que el niño no se lo espere, así lo entenderá como el resultado de su trabajo y no como algo que debe recibir sí o sí. Así, valorará y será consciente de su propia constancia y dedicación.

— Dependiendo de las circunstancias, un regalo puede utilizarse como incentivo cuando el niño empieza a desviarse del rumbo y siempre que no contribuya a su indisciplina. Se puede intentar que lo tome como una meta, como una motivación. En cualquier caso, no suele ser efectivo, ya que se convierte en un objetivo a largo plazo que el niño no es capaz de mantener, y al no ser algo inmediato pierde el interés. Por ello, siempre es mejor llevar a cabo un refuerzo diario y sin premios que tengan un valor económico.

— Algo material que se les puede regalar es un libro. Pero no uno cualquiera: un libro que él elija y le guste. Así, al mismo tiempo se fomenta el placer de la lectura.