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Los Reyes Magos son verdad

Papá llegó a casa y se sentó con su hija para escuchar cómo le fue el día. La niña en voz baja y misteriosa le preguntó: ¿Existen los Reyes Magos?

– ¿Papa?

– Sí, hija, cuéntame.

– Oye, quiero… que me digas la verdad.

– Claro, hija. Siempre te la digo, respondió el padre un poco sorprendido.

– Es que… titubeó Cristina.

– Dime, hija, dime.

– Papá, ¿existen los Reyes Magos?

El padre de Cristina se quedó mudo, miró a su mujer, intentando descubrir el origen de aquella pregunta, pero sólo pudo ver un rostro tan sorprendido como el suyo que le miraba igualmente.

– Las niñas dicen que son los padres. ¿Es verdad?

La nueva pregunta de Cristina le obligó a volver la mirada hacia la niña y tragando saliva le dijo:
– ¿Y tú qué crees, hija?

– Yo no se, papá: que sí y que no. Por un lado me parece que sí que existen porque tú no me engañas; pero, como las niñas dicen eso.

– Mira, hija, efectivamente son los padres los que ponen los regalos pero…

– ¿Entonces es verdad?, cortó la niña con los ojos humedecidos. ¡Me habéis engañado!

– No, mira, nunca te hemos engañado porque los Reyes Magos sí que existen, respondió el padre cogiendo con sus dos manos la cara de Cristina.

– Entonces no lo entiendo. Papá.

– Siéntate, cariño, y escucha esta historia que te voy a contar porque ya ha llegado la hora de que puedas comprenderla -dijo el padre, mientras señalaba con la mano el asiento a su lado.

Cristina se sentó entre sus padres ansiosa de escuchar cualquier cosa que le sacase de su duda, y su padre se dispuso a narrar lo que para él debió de ser la verdadera historia de los Reyes Magos:

– Cuando el Niño Dios nació, tres Reyes que venían de Oriente guiados por una gran estrella se acercaron al Portal para adorarle. Le llevaron regalos en prueba de amor y respeto, y el Niño se puso tan contento y parecía tan feliz que el más anciano de los Reyes, Melchor, dijo:

– ¡Es maravilloso ver tan feliz a un niño! Deberíamos llevar regalos a todos los niños del mundo y ver lo felices que serían.

– ¡Oh, sí! -exclamó Gaspar-. Es una buena idea, pero es muy difícil de hacer. No seremos capaces de poder llevar regalos a tantos millones de niños como hay en el mundo.

Baltasar, el tercero de los Reyes, que estaba escuchando a sus dos compañeros con cara de alegría, comentó:
– Es verdad que sería fantástico, pero Gaspar tiene razón y, aunque somos magos, ya somos ancianos y nos resultaría muy difícil poder recorrer el mundo entero entregando regalos a todos los niños. Pero sería tan bonito.

Los tres Reyes se pusieron muy tristes al pensar que no podrían realizar su deseo. Y el Niño Jesús, que desde su pobre cunita parecía escucharles muy atento, sonrió y la voz de Dios se escuchó en el Portal:
– Sois muy buenos, queridos Reyes, y os agradezco vuestros regalos. Voy a ayudaros a realizar vuestro hermoso deseo. Decidme: ¿qué necesitáis para poder llevar regalos a todos los niños?

– ¡Oh, Señor! -dijeron los tres Reyes postrándose de rodillas. Necesitaríamos millones y millones de pajes, casi uno para cada niño que pudieran llevar al mismo tiempo a cada casa nuestros regalos, pero. no podemos tener tantos pajes., no existen tantos.

– No os preocupéis por eso -dijo Dios-. Yo os voy a dar, no uno sino dos pajes para cada niño que hay en el mundo.

– ¡Sería fantástico! Pero, ¿cómo es posible? -dijeron a la vez los tres Reyes con cara de sorpresa y admiración.

– Decidme, ¿no es verdad que los pajes que os gustaría tener deben querer mucho a los niños? -preguntó Dios.

– Sí, claro, eso es fundamental, asistieron los tres Reyes.

– Y, ¿verdad que esos pajes deberían conocer muy bien los deseos de los niños?

– Sí, sí. Eso es lo que exigiríamos a un paje, respondieron cada vez más entusiasmados los tres.

– Pues decidme, queridos Reyes: ¿hay alguien que quiera más a los niños y los conozca mejor que sus propios padres?

Los tres Reyes se miraron asintiendo y empezando a comprender lo que Dios estaba planeando, cuando la voz de nuevo se volvió a oír:

– Puesto que así lo habéis querido y para que en nombre de los Tres Reyes de Oriente todos los niños del mundo reciban algunos regalos, YO, ordeno que en Navidad, conmemorando estos momentos, todos los padres se conviertan en vuestros pajes, y que en vuestro nombre, y de vuestra parte regalen a sus hijos los regalos que deseen.

También ordeno que, mientras los niños sean pequeños, la entrega de regalos se haga como si la hicieran los propios Reyes Magos. Pero cuando los niños sean suficientemente mayores para entender esto, los padres les contarán esta historia y a partir de entonces, en todas las Navidades, los niños harán también regalos a sus padres en prueba de cariño. Y, alrededor del Belén, recordarán que gracias a los Tres Reyes Magos todos son más felices.

Cuando el padre de Cristina hubo terminado de contar esta historia, la niña se levantó y dando un beso a sus padres dijo:
– Ahora sí que lo entiendo todo papá. Y estoy muy contenta de saber que me queréis y que no me habéis engañado.

Y corriendo, se dirigió a su cuarto, regresando con su hucha en la mano mientras decía:
– No sé si tendré bastante para compraros algún regalo, pero para el año que viene ya guardaré más dinero.

Fuente:  En buenas manos

Pautas para crear un rincón de las emociones en tu aula

El rincón de las emociones es un espacio en el aula en el que el niño puede vivir sus emociones sin reprimirlas y sin interrumpir la dinámica de la clase. Les damos las pautas necesarias para que se animen a crearlo en su aula y disfrutar de los resultados.

El cerebro da prioridad a la emoción y no puede focalizar su atención en otro asunto hasta haber resuelto ese tema. Así, por mucho que se esfuerce, el alumno tendrá serias dificultades para concentrarse llegando incluso a sentirse culpable y frustrado.

Pero la realidad es que no puede luchar contra su organismo. De ahí la importancia de crear un espacio en el que pueda atender esta urgencia. Un espacio para atravesar su emoción sin reprimirla. Un espacio en el que recuperar la tranquilidad. Un espacio en el que volver a estar disponible mientras los compañeros continúan con sus tareas sin interrupciones.

Crea tu propio rincón de las emociones

Para niños a partir de 6 años: no confundir con el “rincón de pensar”, pues se trata de sentir.

Búsqueda de un lugar íntimo. Elige un lugar apartado e íntimo en tu aula.

Crea conciencia de respeto. Éste es un lugar sagrado donde nadie debe ser molestado. Cualquier burla o interrupción puede estropear el proceso.

Diseña y construye una casita. Hazlo con la ayuda de tus alumnos. De madera, de cartón o de tela. También puedes delimitar una esquina con un mueble. Lo más importante es que el niño no se sienta observado.

Introduce un cojín. Para abrazar, golpear o acurrucarse. La forma de expresión de los niños puede provocar rechazo en muchos adultos, pero debemos respetarlas como son y cambiar nosotros nuestra manera de verlas en vez de intentar cambiarlos a ellos. Al ir creciendo se regula sólo si pudieron ser expresadas. Lo ideal sería que estuvieran acompañados por una persona cualificada en emociones, pero al menos este lugar supone un primer paso para no reprimir.

Pautas para actuar

Entramos cuando nos sentimos inquietos, sin paz ; salimos cuando recuperamos la calma. Puedes ayudar al niño si lo notas alterado y él no identifica qué le pasa reflejándole gestos y comportamientos: “te noto agitado”, “tu cara ha cambiado”, “pareces triste…” A muchos niños les cuesta identificar porque ya están desconectados de sus emociones, con lo cual ármate de paciencia e insiste en reflejar con cariño. El ejemplo de otros compañeros más conectados puede servirles de gran ayuda.

Identificación de la emoción: antes de entrar, el niño ha de identificar la emoción y situarla en su cuerpo: dónde la siente en su cuerpo y cómo la siente. Por ejemplo; si siente un dolor en el pecho, o un calor en el estómago… ¿Qué es ese dolor?, ¿Estoy triste?…

Observación de la emoción: sensaciones físicas y pensamientos, de qué tengo ganas en estos momentos: gritar, llorar, abrazar…

Identificación del conflicto: Ponemos palabras a todas esas sensaciones y pensamientos: “Estoy enfadado porque mi mamá olvidó meter mi bocadillo en la mochila…”

Expresión y búsqueda de soluciones: comparto con el profesor o con el grupo.

Busco mi parte de responsabilidad en el problema: ¿Qué puedo hacer yo para calmar mi enfado?

Expreso: “Por favor mamá, no olvides meterme hoy el bocadillo, pues ayer me puse muy triste y enfadado, cuando lo olvidaste”, por ejemplo.

Una forma diferente de acercar la ciencia

Hainan Reynoso Uribe

Los expertos y analistas coinciden en señalar que la educación dominicana necesita nuevos modelos y perspectivas vanguardistas para reformar el proceso obsoleto de enseñanza-aprendizaje que la coloca en los niveles más bajos de los estándares mundiales. Una manera dinámica, divertida y emotiva de acercar los alumnos a la ciencia es la propuesta de Marti Montferrer, estudiante de Geología en la Universidad de Barcelona, quien se dedica de manera profesional a su canal educativo de YouTube, llamado C de Ciencia.

El canal está orientado, además de explicar los conceptos teóricos, a despertar la curiosidad por el estudio de la ciencia.

La novedosa propuesta de Marti Montferrer replantea el proceso enseñanza aprendizaje desde un interesante y moderno enfoque pedagógico que combina la docencia moderna con la tradicional.

Motivar a los alumnos con preguntas interesantes como, por ejemplo, si podría llover diamantes o por qué los mangos caen del árbol en lugar de irse hacia arriba, despertaría su curiosidad de investigar al respecto. En consecuencia, estarían estudiando motivados, sin sentirse forzados a hacerlo o sin saber por qué razón lo hacen.

Mediante la educación moderna, los estudiantes pueden acceder a recursos tecnológicos como el internet, para ver videos sobre interesantes procesos científicos y luego ir al aula, a la educación tradicional, a aprender o reforzar los conceptos básicos de matemática, física y ciencia en general, que los explican. “El objetivo es que sientan deseos de utilizar las matemáticas y la ciencia para satisfacer su curiosidad” establece Marti Montferrer.

Sin emoción no hay atención. La atención es el punto de partida para lograr adquirir conocimiento, y de donde se colige que “sin emoción no hay aprendizaje”. Es entonces función de los maestros lograr cautivar la atención de los estudiantes.

Despertar la curiosidad
En ese sentido Marti Montferrer propone tres técnicas para despertar la curiosidad en el aula:
  1. Libros más atractivos. Marti establece que la curiosidad y la teoría son complementarias, a la vez que propugna por libros más atractivos, con más imágenes, recursos y experimentos que teoría. Es partícipe de títulos cargados de experimentos para que los niños realicen en casa y luego discutan en clase la teoría que los da lugar.
  2. Ejercicios interesantes. Plantear problemas atractivos, que interesen a los estudiantes y los motive a investigar y experimentar. Proponer ejercicios que los ayuden a satisfacer sus dudas. Dejar un espacio para la exposición de los resultados y su comparación con la realidad.
  3. Docentes proactivos. Despertar la curiosidad en los alumnos y plantear las clases de una forma más atractiva usando la docencia moderna, “Que el niño entienda que es necesario hacer toda la parte aburrida o difícil de las matemáticas, hacer toda esa ciencia, para llegar a la respuesta que busca”, aseguró Marti Montferrer.

Como decía Albert Einstein, no podemos continuar con la locura de seguir haciendo lo mismo una y otra vez esperando obtener resultados diferentes.

La apuesta es por centros educativos donde los estudiantes vayan a aprender y no a ser enseñados. Replantearse la educación desde esta perspectiva pondría al país a la altura de países como Chile y Costa Rica.

Plan LEA conversó con el genio YouTuber de ‘C de Ciencia’ luego de que expusiera su forma fresca de acercar la ciencia ante más de 1200 profesionales de la docencia en La XX edición del Congreso Internacional de Educación Aprendo, organizado por Educa y el Plan LEA.

El cónclave,  celebrado en un hotel de esta capital del 11 al 13 de noviembre pasado, reunió además de los maestros, a técnicos y tomadores de decisiones del sector público y privado.

Asimismo, participaron reconocidos expertos de Latinoamérica, Estados Unidos y Europa.

Criando niños bilingües

Cecilia Jan

La semana pasada, contaba cómo David (de tres años y cuatro meses) habla como un loro, pero pronunciando todavía con lengua de trapo.  Lo que no contaba es que nuestras conversaciones son bilingües. Se desarrollan  en dos idiomas: yo le hablo en chino mandarín de calle (me vine a España muy pequeña y no llegué a ir al colegio antes, por lo que me falta vocabulario y dudo con algunas estructuras gramaticales) y él me contesta en castellano, mezclando alguna palabra en chino. Los diálogos desde fuera suenan bastante curiosos, pero en casa estamos totalmente acostumbrados.

Tanto David como Natalia (23 meses) me entienden perfectamente, pero están rodeados del español de forma tan abrumadora (su padre, el colegio, los amigos, la tele) que sé que será muy difícil que se suelten a hablar en chino a menos que pasemos temporadas en China o Taiwan.

Algo que a veces resulta frustrante, sobre todo teniendo en cuenta que me pierdo la posibilidad de hacer algunas cosas con los peques en español que me apetecen y que de hecho controlo mejor, es cantar o leerles cuentos (las canciones infantiles en chino que me sé me las he tenido que aprender estos últimos años, y no sé leer en chino). Pero creo que el esfuerzo vale la pena.

Para resolver mis dudas y las que me han planteado, he hablado con Orlanda Varela, psiquiatra y coordinadora de formación sobre bilingüismo de Sinews, un centro de Madrid que ofrece terapia (psicología, psiquiatría, logopedia y terapia ocupacional) en varias lenguas, y organiza talleres periódicos para padres que tratan de criar niños bilingües.

Como introducción general, Varela me explica que para que se desarrolle a nivel nativo una lengua, se considera necesario que al menos el 20% de la actividad comunicativa real del niño tenga lugar en ese idioma. Por tanto, se trata de que durante al menos el 20% de las cerca de 12 horas que el niño está despierto, reciba estímulos en esa lengua, que serán mucho mayores cuanto más personales e interactivos sean. Además, para disipar las dudas de los padres sobre si empezar desde el principio o esperar a que ya haya aprendido un idioma, se recomienda que esta exposición sea desde el nacimiento del bebé, para aprovechar al máximo la plasticidad del cerebro.

“Los idiomas se aprenden a base de diálogo, de preguntas y respuestas, de prueba y error y de autocorrección”, dice Varela, que añade que el estímulo es mucho mayor cuando ese diálogo sirve para “desarrollar habilidades útiles a nivel real”. Es decir, es mucho más valioso que el niño hable con los padres, por ejemplo, y que aprenda a negociar por qué le tienen que dejar acostarse más tarde, o con otros niños para que le dejen jugar en el parque, que las horas que pasa en clase, en las que la interacción tú a tú con el profesor suele ser muy baja porque se tiene que repartir con otros niños, o las que está viendo la tele, aunque sea en el idioma que se pretende que domine.

Diferencias en el cerebro y capacidades especiales de las personas bilingües

La psiquiatra explica que hay diferencias estructurales entre el cerebro expuesto a un solo idioma y el expuesto a más de uno. “En las imágenes cerebrales de personas bilingües se observa una mayor densidad de materia gris especialmente en el lado izquierdo, donde se localizan las funciones del lenguaje. Pero lo que es realmente interesante es la diferencia entre aprender dos idiomas desde que nacemos o hacerlo más tarde. El cerebro almacena los idiomas y los interconecta de forma muy distinta”.

Así, “la persona que ha estado expuesta a dos lenguas desde el nacimiento activa al hablar en cada uno de los idiomas en la misma zona del cerebro (es como si fuese dos monolingües en un cerebro) mientras que los que han aprendido tardíamente una segunda lengua activan zonas distintas”. De esta forma, “los bilingües precoces no traducen, no necesitan una lengua para funcionar con la otra, sino que son capaces de activarlas simultánea o independientemente y a veces ni siquiera son conscientes de en qué idioma están hablando o pensando en un momento determinado”. Varela cita una metáfora de la lingüista Barbara Zurer, en el que las lenguas son dos árboles en un bosque. “En el niño bilingüe precoz, los dos árboles son independientes, están plantados en el mismo suelo pero cada uno tiene sus raíces. En el bilingüe tardío, uno de los árboles es el único que tiene raíces propias (la lengua materna), y sobre él crece una planta que se alimenta de la primera y depende de ella (la segunda lengua)”.

Como consecuencia de tener dos instrumentos continuamente disponibles para expresarse y pensar, las personas bilingües tienen algunas capacidades especiales, enumera Varela: una mayor capacidad metalingüística (conciencia sobre el lenguaje, una habilidad básica para aprender a leer y escribir); más facilidad para aprender otras lenguas (tercera y sucesivas), ya que “han aprendido a aprender” un idioma; mayor flexibilidad mental o capacidad para encontrar distintas soluciones al mismo problema (se considera un elemento fundamental de la creatividad); una mejor atención selectiva (capacidad para priorizar la información relevante e ignorar otra que interfiera o no interesa), no sólo en cuestiones verbales. Los bilingües tienen mayor capacidad multitarea.

En cuanto a si los niños bilingües tardan más en hablar, Varela explica que dentro de la enorme variabilidad que se da en todos los niños, sí parece que estadísticamente, los expuestos a más de un idioma tienden a situarse en el límite más alto, pero sin que suponga un retraso patológico.

Modelos de familia

Aunque cada familia es un mundo, y a la vista de los ejemplos que me han planteado, en esto de los idiomas, con parejas mixtas, movilidad geográfica, colegios extranjeros, etc., la casuística es variadísima, le pregunto a Varela por sus recomendaciones para los tres modelos más comunes:

  • Los dos padres hablan un idioma, que es distinto al del lugar en el que viven. Es el caso de Andrés, un amigo de David cuyos padres son rumanos. Si el niño está muy integrado en la lengua de la comunidad (en este caso, España), para exponerlo más a la lengua minoritaria (el rumano), lo mejor es que en casa se hable sólo en esa lengua. De otra forma, el niño tiene pocas probabilidades de oír un diálogo en el idioma minoritario, algo muy enriquecedor.
  • Cada padre habla un idioma, uno de ellos el mismo del lugar en el que viven. Es mi caso. Cada padre ha de hablar al niño sólo en su lengua. Sin embargo, “un padre sólo que hable un idioma no es suficiente”, me dice Varela en referencia al minoritario. “Sí es suficiente para desarrollar un nivel de comprensión muy bueno, prepara el cerebro del niño para sonidos que no podría tener más adelante. Pero para que lo utilice, es necesario un estímulo extra”. La experta advierte que es frecuente que los padres sientan frustración cuando después de todo el esfuerzo realizado, el niño no conteste en ese idioma -diálogos como los nuestros, yo en chino y David en español, se dan en el 80% de los casos-, por lo que recomienda no descorazonarse. “Aunque no responda, le das una oportunidad insustituible, porque el cerebro tiene una plasticidad que luego ya no se tiene”. Todo ese esfuerzo “será útil cuando reciba ese empujón que le haga utilizar todo el potencial acumulado”. La psiquiatra coincide en que el mejor estímulo es llevar al niño al país de origen de la lengua minoritaria, cuanto más temprano mejor, que tenga contacto con otros hablantes y vea que el idioma es útil, que sirve para comunicarse. Otras pistas para reforzar esta lengua son conectarse con familiares vía Skype, contratar una niñera o albegar a un estudiante que hable ese idioma, o formar un grupo de juego con otros niños que lo hablen. Se trata de que los refuerzos sean lo más auténticos y lo menos académicos posibles.

 

  • Cada padre habla un idioma, los dos distintos al del lugar en el que viven. Es el caso de Cecilia, una lectora mexicana, de marido alemán, y residente en Estados Unidos, por lo que en el colegio su hijo aprende inglés. Como en el caso anterior, cada padre debe hablar con el niño en su idioma. No hay que preocuparse por el idioma de la comunidad, ya que va a estar tan expuesto a él, en la calle, en la tele, en el parque, y sobre todo, si se va a escolarizar en esa lengua, que lo aprenderá sin problemas. También, como en el caso anterior, cada padre ha de tratar de que el estímulo en su lengua minoritaria sea suficiente.

En estos dos últimos casos, surge además la duda de en qué idioma han de hablar los padres entre sí. Varela recomienda que se siga utilizando la lengua que empleaba la pareja antes, pues será la más útil para comunicarse y además suele ir acompañada de connotaciones emocionales. En algunos casos, como el mío, es simple, pues Eduardo y yo hablamos en español, pero en otros, puede que los padres hablen entre sí un cuarto idioma que no es ni el suyo nativo ni el del país en el que viven. Ante mi duda, la psiquiatra me tranquiliza: “No, los niños no se vuelven locos. La idea que tenemos los bilingües tardíos de la confusión es porque no hemos desarrollado esas estructuras naturalmente. Otra cosa es que el niño tenga dominio activo del idioma, pero sí tendrá dominio pasivo”. Es decir, que distingue de forma natural los distintos idiomas que escucha, y los entiende.

¿Qué hacer cuando el niño se niega a hablar un idioma?

Ante todo, dice Varela, respetarlo. Para estimular al niño a que hable esa lengua, hay que ponerlo en situaciones en las que no tiene más remedio que utilizarlo, como viajar al país de origen. Si además, las asocia a los padres, mejor, es decir, si ve que la gente se dirige a nosotros en ese idioma, que hay una relación privilegiada; o cree que obtiene una ganancia por usarlo, será un refuerzo. Por ejemplo, la lengua minoritaria se puede convertir en un código secreto (“dímelo en chino y así no se enteran los demás”), o su uso puede suponer una ganancia afectiva (“qué bien que me hables en chino, con lo que me gusta”). Pero la psiquiatra advierte que no hay que presionar, ni corregir constantemente, pues desmotiva.

La experta recomienda que solo se recurra al “háblame en chino, que si no no te entiendo” si el niño es muy pequeño, y sin abusar. “En realidad, es un insulto a la inteligencia del niño”, pues este en seguida se da cuenta de que es falso. “Los niños tienen un radar, saben cuándo es necesaria de verdad esa comunicación y cuándo es artificial”, añade.

Mezcla de idiomas y corrección de errores

Hasta los cuatro años, dice Varela, es absolutamente normal que los niños mezclen las lenguas, como hace David, incluyendo palabras en un idioma u otro porque las use más, o simplemente le guste más cómo suenan. Más adelante, lo pueden hacer, pero con una utilidad: es lo que se llama cambio de código, porque cada palabra en un idioma designa algo que es culturalmente distinto. No hay que corregir al niño en ninguno de estos casos.

Otras veces, lo que sucede es que el niño emplea estructuras gramaticales de un idioma en el otro. “Las interferencias son mayores cuanto menor es la exposición a la lengua minoritaria”, explica la experta. En estos casos, recomienda la “corrección por modelado”: por ejemplo, si dice “soy cansado”, un error frecuente al extrapolar del francés, en vez de corregirle con “no se dice así”, es mejor responder usando esa misma estructura pero de forma correcta: “ya sé que estás cansado”, es decir, ofrecerle un modelo. Pero tampoco conviene abusar, pues interfiere mucho en la conversación. Varela aconseja limitarlo a las estructuras que se usen siempre mal, y reforzar la corrección con instrumentos como cuentos en los que se utilice bien.

¿Se aburrirá o se quedará excluido por usar un idioma distinto?

Es una duda que surge sobre todo al principio de la escolarización en un idioma distinto al de casa, normalmente a los 2-3 años. La psiquiatra afirma que “el estímulo para comunicarse en la nueva lengua es tan fuerte que se aprende a un ritmo espeluznante”. Por eso, aconseja no preocuparse, ya que aunque al principio puede generar cierto estrés, en muy poco tiempo se resuelve, simplemente porque el niño aprende la nueva lengua. Aún recuerdo cuando llegué a España, con cuatro años, la sensación agobiante de ir al colegio y no entender nada. Pero es cierto que ese mismo año ya hablaba español, y poco tiempo después, ya lo hablaba mejor y lo usaba mucho más que el chino.

¿Qué pasa cuando en el colegio introducen un idioma extranjero?

Por desgracia, opina Varela, en los colegios españoles no hay que preocuparse porque el estímulo del nuevo idioma, normalmente el inglés, “no suele ser suficiente ni para causar confusión”. Lo que puede ocurrir es que el niño, si está expuesto a esa lengua en casa, llegue a corregir al profesor, lo que genera un conflicto. Según los casos, puede ser recomendable que el niño escoja un idioma distinto, por ejemplo el francés; o al contrario, si no es un buen estudiante, se quede en ese idioma aunque no vaya a aprender mucho porque al menos hay una asignatura que domina y le sirve de estímulo.

¿Cómo y cuándo introducir la lecto-escritura?
  • Si los idiomas comparten el mismo alfabeto, como el español con el inglés. En este caso, normalmente las habilidades de lecto-escritura son mayores, porque tienen mayor capacidad metalingüística para extrapolar las reglas de la lecto-escritura de un idioma a otro. Varela cuenta que es normal que el niño, al empezar a leer en el colegio, aplique las mismas reglas a la otra lengua y de repente, los padres se dan cuenta un día de que sabe también leer en el otro idioma. Para ello, es importante que el niño tenga exposición a la lengua escrita, por ejemplo, leyéndole los padres en ese idioma para que identifique los sonidos que se pronuncian distinto con las letras. Para ello, son muy útiles los libros bilingües, con el texto en ambos idiomas.
  • Si los idiomas no comparten el mismo alfabeto, como el español y el hebreo o el chino. En este caso, la lengua minoritaria es independiente de la escolarización. Hay que fomentar desde pequeños la lecto-escritura, con mucha exposición a los sonidos desde el principio, y utilizando juegos como crucigramas, sopas de letras, el ahorcado, en los que tiene que usarla.

Fuente: El País

Cómo aficionar a los niños a la lectura

Consuelo Cuevas

Las edades en las que debemos aficionar a los niños a la lectura es a partir del año o año y medio. A esta edad un niño o una niña, pueden disfrutar con un cuento adecuado, con una revista específicamente pensada para su nivel de comprensión y de madurez.

La iniciación en la lectura requiere calma y cierta dosis de dedicación. Con un niño pequeño, tampoco se puede alargar demasiado el tiempo dedicado a disfrutar de una historia, porque su capacidad de atención es aún muy limitada.

Estímulos para aficionar a los niños a la lectura

Es preciso elegir un momento adecuado, de tranquilidad, cuando el niño esté relajado, no ocupado en otra actividad o interesado por otra cosa, y el adulto no tenga prisa. Hay que buscar un ambiente adecuado, un espacio cómodo y tranquilo, sin demasiadas interferencias (ruidos, movimientos). Un rincón en el que el niño pueda sentarse junto a adulto o en sus rodillas, o apoyarse sobre una mesa baja, por ejemplo, para poder tener la postura que le resulte más cómoda para centrarse.

Se necesita también una actitud que favorezca el encuentro del niño con el adulto en torno a una historia: el adulto debe dedicarse esos poco minutos, en cuerpo y alma, a disfrutar con el libro o con la revista elegidos. Si él disfruta, el niño lo percibirá y le será más fácil concentrarse en la actividad. Hay que aceptar la reacción del lector: a veces estará más disperso, se irá y volverá, o no… Pero hay que continuar unos minutos leyendo o narrando de memoria el cuento, porque a veces el niño, aparentemente ocupado en otra cosa, sigue escuchando.

Y no hay que forzar demasiado las cosas: hay veces en que el ánimo del niño no permitirá proponerle una actividad que requiere cierta quietud.

Un momento excelente es la hora de dormir, cuando el niño está cómodamente en su cama. Un cuento corto, contado a media voz, con un poco de soltura, le ayudará a desconectar de la actividad del día, le relajará y le ayudará a conciliar el sueño dormir (lo que no siempre le resulta fácil por sí mismo).

Aficionar a los niños a la lectura antes de que aprendan a leer

Un niño de entre 1 y 3 años tiene una capacidad aún muy limitada de atención, por lo que los momentos de acercamiento a un libro o a una revista serán necesariamente breves.

Entre la enorme oferta editorial, hay que elegir con esmero. Conociendo el carácter del niño, su personalidad, sus gustos incipientes (pero a veces muy marcados) y teniendo en cuenta su edad, el adulto tiene que elegir cuidadosamente el soporte de la lectura: un libro que le niño pueda manipular, una revista con diferentes contenidos adaptados a su edad y con dibujos grandes, atractivos, reconocibles, que le aporten placer y también información.

A estas edades en que el niño todavía no sabe leer, la imagen, la ilustración, es una fuente de entretenimiento y de conocimiento (de hecho el niño hace una lectura de imágenes en las que descubre muchos objetos y muchos matices). Por tanto, hay que buscar también libros y revistas con buenas ilustraciones. Las revistas tiene una ventaja añadida: en un mismo ejemplar, ofrece al niño un abanico amplio de estilos de ilustración. Unos les gustarán más que otros y, así, poco a poco y casi sin darse cuenta, va perfilando también sus propios gustos.

Y para lograr encandilar a un niño con la lectura, hay que elegir un buen momento del día en que el niño esté dispuesto; un espacio tranquilo, sin demasiados ruidos ni actividad, y hay que repetir la escena de sentarse o tumbarse a leer con el niño hasta lograr que sea un hábito como, por ejemplo, el beso de buenas noches.

Fuente:  Guía infantil

Prevenir la obesidad desde la escuela

La obesidad infantil y juvenil es uno de los problemas que más afecta a esta población en el mundo desarrollado. Se ha de prevenir e intervenir desde distintos ámbitos, siendo la familia probablemente la primera implicada. Pero también desde la escuela se puede prevenir la obesidad promoviendo los buenos hábitos.

Éstas son algunas de las intervenciones que se pueden llevar a cabo en el ámbito escolar para prevenir la obesidad, según los expertos que elaboran la “Guía de Práctica Clínica sobre la Prevención y el Tratamiento de la Obesidad Infantojuvenil”.

Son puntos deseables en todo centro educativo, para la realización de los cuales son necesarias tanto la concienciación de la comunidad educativa como la elaboración de programas y la adjudicación de recursos destinados a ello.

  • La escuela debe promover la educación física y la actividad deportiva, dentro y fuera de ésta.
  • Las escuelas deberían incluir programas educativos orientados a la mejora de la dieta, la actividad física y la disminución del sedentarismo, que incluyan a la familia y al personal académico.
  • Las intervenciones escolares deben ser mantenidas en el tiempo, a lo largo de los cursos escolares y continuadas fuera del ámbito escolar.
  • La ingesta alimentaria en la escuela debe ser saludable, incluyendo variedad de frutas y verduras y comidas pobres en grasasy azúcares. Sin embargo, muchos comedores escolares no proporcionan menús equilibrados.
  • Se recomienda la implementación de intervenciones multidisciplinares en los colegios e institutos para fomentar el consumo de frutas y verduras en la población infantil y adolescente. Hay una propuesta a nivel europeo para llevar frutas y verduras gratis a los colegios.
  • En la escuela es necesario crear un entorno dietético saludable, disminuyendo la accesibilidad a alimentos de elevado contenido calórico (máquinas expendedoras) y facilitando el consumo de alimentos saludables.
  • Se recomienda la promoción de la práctica de actividad física en la población infantil y adolescente mediante intervenciones dirigidas a más de un ámbito (escuela, familia, comunidad), e incluyendo intervenciones ambientales.
  • Tanto las familias como los profesionales que trabajan en la escuela deben estar incluidos en los programas escolares de educación sanitaria.
  • Se recomienda fomentar actividades en el ámbito escolar dirigidas a disminuir el tiempo destinado a ver la televisión, jugar con videojuegos, el ordenador o el teléfono móvil.

Lo cierto es que desde las administraciones se lucha porque muchos de estos puntos para prevenir la obesidad desde la escuela se lleven a cabo, aunque aún queda mucho camino por recorrer, y somos las familias las que deberíamos valorar y reclamar la importancia de estas prácticas saludables.

Fuente: Bebés y más

Las 10 preguntas de ciencia que hacen los niños

Hay unas pregunta básica que la mayoría de los padres temen: ¿cómo se hacen los niños? Quizá por eso, muchos se preparan para responderla incluso años antes de que los niños estén preparados para hacerla. Pero esa es, obviamente, tan sólo una de las millones de dudas que intrigan a los más pequeños.

Y, según un sondeo hecho recientemente en Reino Unido, cuando las preguntas se refieren a temas de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas, el 83% de los padres no tiene ni la más remota idea de qué decirles a sus hijos. No se trata de preguntas necesariamente elaboradas o profundas las que según la encuesta los progenitores no pudieron responder. Son cosas básicas como por qué el cielo es azul o por qué los gatos tienen cola y los peces no tienen pestañas.

Desconocer la respuesta es sólo una parte del problema: dos tercios de los encuestados reconocieron haber respondido de forma errónea con tal de no admitir su ignorancia. El 61% de los padres dijeron sentir pavor cuando sus niños los toman por sorpresa con preguntas difíciles y admitieron, también, haber esquivado con artimañas a estas pequeñas mentes inquisidoras. En la encuesta, comisionada por la Institución de Ingeniería y Tecnología (IET, por sus siglas en inglés), participaron más de 1.000 padres con hijos de entre 4 y 12 años en Reino Unido.

La lista

Pero, restricciones geográficas a un lado, ¿quién no se ha visto completamente incomodado, por no decir aterrado, ante las preguntas de un niño?

¿Podrías decir con la mano en el corazón que nunca te hiciste el tonto diciendo que no podías responder porque estabas ocupado, cuando en realidad no tenías la más pálida idea de cómo contestar a lo que te estaban preguntando? Es un mal que en algún momento nos toca a todos: padres, tíos, hermanos…

A continuación, te contamos cuáles son las 10 preguntas más comunes que los padres británicos no saben cómo responder (y las respuestas, para que si te las hacen a ti estés preparado). Y te invitamos también a que nos cuentes cuáles te han hecho a ti y cómo has reaccionado. ¿Te has hecho el tonto y haz mirado para otro lado? ¿Has contestado algún disparate?

  1. ¿Qué es la fotosíntesis?

Es el proceso por el cual las plantas verdes y algunos organismos usan la luz del sol para transformar el CO2 y el agua en azúcares y oxígeno.

  1. ¿Cómo puede ser que el Universo sea infinito?

El universo puede ser infinito, pero nosotros solamente podemos ver una parte finita del mismo por causa de la velocidad -también finita- de la luz.

En otras palabras, únicamente podemos ver aquellas partes cuya luz ha tenido tiempo para alcanzarnos desde el inicio del universo. Es decir, en teoría podemos ver nada más un universo esférico con un radio de aproximadamente 15.000 millones de años luz.

Lo que está más lejos aún no nos ha alcanzado.

  1. ¿Por qué el Sol es tan grande y no hay humanos viviendo allí?

No es tan grande: es mucho más pequeño que la mayoría de estrellas que puedes ver en el cielo. ¿Vivir allí? Imposible: ¡nos moriríamos de calor!

  1. ¿Por qué brilla el Sol?

El Sol brilla debido a que la enorme presión en su centro hace que los átomos de hidrógeno se transformen en helio. Este proceso se llama fusión nuclear. La fusión ocurre cuando los elementos más livianos son forzados a mantenerse juntos para transformarse en elementos más pesados.

Cuando esto pasa, se crea una cantidad enorme de energía.

  1. ¿Cómo llegaron las estrellas al cielo?

Colapsaron bajo su propia gravedad desde las grandes nubes de gas que dejó el Big Bang.

  1. ¿Por qué la Luna no se cae?

La verdad es que sí se cae hacia la Tierra, por la fuerza de gravedad. Pero lo hace de forma continua, y su velocidad es tan grande que logra seguir la curvatura de la Tierra y por lo tanto nunca se choca con nosotros.

  1. ¿Por qué el cielo es azul?

La luz que llega del Sol ingresa en la atmósfera y se dispersa en todas las direcciones. La luz azul tiene una longitud de onda más corta, por lo que se dispersa más que las luces rojas y amarillas, dándonos la impresión de que ocupa todo el cielo.

  1. ¿Quién inventó las computadoras?

Es dificil de decir con exactitud. Podríamos decir fueron Charles Babbage y Ada Lovelace en el siglo XIX, cuya máquina hecha de latón era algo así como una calculadora. O podríamos decir que fueron Alan Turing y John von Neumann que diseñaron las primeras máquinas electrónicas. ¡Fue un trabajo de mucha gente!

  1. ¿Los ladrillos son de un material hecho por el hombre?

El ingrediente, la arcilla, es natural, pero el ladrillo esta fabricado por el hombre.

  1. ¿Cuántos tipos de dinosaurios hay?

Se estima que hay aproximadamente entre 700 y 900 especies de dinosaurios. Pero todo el tiempo los arqueólogos encuentran nuevos fósiles, así que, ¿quién sabe? Quizás aún queden muchas por descubrir.

Si alguna de estas preguntas te ha dejó en blanco, no te preocupes, el consejo de Naomi Climer, presidenta de IET es admitir que no sabes y buscar la respuesta con el niño.

“Los padres deberían saber que es perfectamente legítimo decir: no sé, que buena pregunta, veamos si podemos encontrar la respuesta”, aconseja.

“El mundo es asombroso… pero si ya de pequeño te aplastan con respuestas insatisfactorias, de alguien que parece pensar que eso no es importante o interesante, eso puede ser descorazonador”, advierte.

Fuente: BBC Mundo

Un desarrollo acorde con la lateralidad en los niños

Leslie Amell

“Lateralidad” puede parecer un concepto muy abstracto pero, en realidad, se aplica en muchas áreas de nuestra vida. El desarrollo adecuado de la lateralidad en los niños es vital para la realización de otros procesos de aprendizaje. Muchas veces “lateralidad” se confunde con otros términos como “dominancia manual” o “direccionalidad”, por lo que es importante, en primer lugar, diferenciar estos conceptos.

 El cerebro humano tiene dos hemisferios, derecho e izquierdo. En la mayoría de las personas el hemisferio izquierdo es el dominante y determina que la persona sea diestra; sin embargo, en un porcentaje menor (6%), el hemisferio dominante es el derecho, lo que hace que la persona sea zurda. La dominancia de una persona está determinada por el predominio de uno de los hemisferios.

 ¿Qué hace que un niño sea diestro o zurdo?

Los expertos indican que la dominancia se ve condicionada por nuestros genes, por lo que tendríamos más posibilidades de ser zurdos si existiesen antecedentes familiares. Pero, en realidad, no nacemos totalmente diestros o zurdos, sino que nos vamos convirtiendo en tales en nuestra primera infancia, influidos por esa tendencia genética y por el entorno en el que crecemos.

 ¿Desde qué edad  podemos definir la dominancia de un niño? Podemos tener indicadores de la dominancia desde que el niño empieza a voltearse, por el lado hacia el cual se voltea primero; o al agarrar objetos, por la mano con la cual lo toma primero. No obstante, antes de los tres años es normal que no haya una dominancia definida y que el niño experimente con ambos lados de su cuerpo.

 Hay cuatro partes del cuerpo que nos van indicando la dominancia del niño: mano, pie, ojo y oído. Cuando en estos cuatros miembros el niño tiene la misma dominancia podremos decir que se ha logrado un adecuado desarrollo de la lateralidad. Podríamos definirla entonces, como el predominio funcional de un lado del cuerpo humano sobre el otro, determinado por la supremacía que un hemisferio cerebral ejerce sobre el otro. Para lograr una mayor eficacia con un mínimo de esfuerzo en todo lo que hacemos, es preciso tener una lateralidad bien establecida.

 La lateralidad cruzada sería entonces cuando el predominio de la mano, del ojo, del oído o del pie no se ubica en el mismo lado del cuerpo que los demás miembros. Por ejemplo, un niño que escribe con la mano derecha, pero al tomar el teléfono se lo pone en el oído izquierdo o un niño que patea con el pie derecho, pero escribe con la mano izquierda.

El objetivo de la dominancia lateral es que uno de los hemisferios sea el que dirija o controle los procesos mentales. Una lateralidad mal establecida es el caso del niño ambidiestro. Es como si un carro tuviera dos volantes y dos conductores, sería un caos. Los dos hemisferios compiten o cooperan, el objetivo es que lleguen a cooperar, ya sea que esto ocurra de manera natural o con un acompañamiento terapéutico.

 Por otro lado, la conciencia que tiene el niño de la existencia de un lado derecho y un izquierdo de su cuerpo y la habilidad de proyectarla al mundo que le rodea se domina direccionalidad. Es decir, la conciencia que tiene de su posición con relación a los objetos que lo redean, por ejemplo: “La mesa está a mi derecha, pero si giro, estará a mi izquierda”.

 Al iniciar la escuela básica, el niño empieza hacer uso de la lateralidad y la direccionalidad. La lateralidad es una función que hace posible que nos orientemos en el espacio y en el tiempo y, por tanto nos permite entender y manejar los códigos escritos (letras y números). Algunos de los efectos de una lateralidad no definida son un retraso en la adquisición de la lectura y escritura, torpeza motriz, problemas con orientación espacial, tartamudez, dislexia y dificultades en términos generales en los procesos de aprendizaje básico de la etapa de educación primaria.En la lecto-escritura, el niño debe leer de izquierda a derecha y de arriba hacia abajo y debe diferenciar letras que sólo varían en su posición, como la b y la d, la p y la q. En matemáticas, el niño debe hacer operaciones de derecha a izquierda, y debe diferenciar números que sólo varían en su posición, como 6 y 9. Estos procesos que podrían parecer simples requieren una orientación en el espacio. El niño que escribe “la” por “al”, que copia “23” por “32”, que lee “patas” por “pasta” podría estarnos dando indicios de que su lateralidad no está definida.

 ¿Deben los padres o los maestros obligar a un niño a utilizar determinado lado de su cuerpo?

Históricamente se ha creído que ser derecho es lo normal y ser zurdo es una desventaja. Es un tabú que ha crecido a través del tiempo el origen latín de la palabra izquierda es “sinister” (siniestro) y el origen de la palabra derecha es “diestra”. Al tomarse la diestra como lo correcto y lo justo, a la siniestra se le asignó lo negativo e incorrecto. Es así que se ve hoy en día como siniestro, lo malo. Basándose en este tabú, muchas personas intentaban imponer el uso de la mano derecha. Actualmente, se ha demostrado que la dominancia no tiene relación con el coeficiente intelectual ni con el desenvolvimiento académico de las personas.

 Es importante no forzar la lateralización, puesto que nos podríamos equivocar potenciando un lado que tal vez no es el dominante. Un niño al que se le ha forzado a utilizar la mano contraria a su lado dominante es un niño con un sistema nervioso desorganizado. Su cerebro ha de estar organizado para que él pueda organizarse a su vez en el espacio en que el se mueve y sobre el papel en su trabajo escolar. Este trabajo debe realizarlo escolar. Este trabajo debe realizarlo un experto, ya que el simple hecho de hacer que el niño escriba con una mano que no es su mano dominante puede causarle dificultades serias de aprendizaje. Una vez que el experto haya identificado la dominancia, se traza un plan para desarrollar la lateralidad adecuada, en el cual se involucran los padres, los maestros y el terapeuta de aprendizaje.

Fuente: faromundi.org.do

¿Por qué los niños muerden?

Morder es una conducta que algunos niños en edades comprendidas de 1 a 3 años presentan. Existen diferentes razones de por qué los niños muerden, pero en cualquier caso es necesario enseñarles desde el primer momento las consecuencias que acarrea el morder.

Para poder comprender este problema debemos entender por qué los niños muerden.

Los bebés emplean su boca para explorar, aprender y también para relacionarse. Es una de las partes de su cuerpo que se encuentran más desarrollada. En ocasiones con la dentición necesitan calmar sus encías con lo cual muchas veces muerden porque carecen de autodominio y actúan impulsivamente.

En el caso de niños de 1 a 3 años las razones son diferentes. A esta edad comienzan a socializar, a relacionarse con sus coetáneos, pero aún no poseen un lenguaje ni tienen las habilidades suficientes para comunicarse. Morder es una manera de conseguir un juguete o llamar la atención. También lo hacen cuando están nerviosos o se sienten frustrados: ante situaciones nuevas, la llegada de un hermanito, el ingreso al jardín de infancia… Otros niños sencillamente muerden por imitación. En edad preescolar la conducta de morder suele desaparecer. A estas edades los niños ya comienzan a tener habilidades de comunicación que permiten la convivencia con sus compañeros. Un niño que muerde frecuentemente en esta etapa puede estar presentando problemas emocionales.

Lo primero que hay que hacer es observar cuando y porque está conducta aparece. Cuando un niño muerde siempre debemos transmitirle que la agresión no es aceptada. Debemos intervenir con rapidez, pero con calma y mostrarle nuestra desaprobación. Hay que explicarle que “no se puede hacer daño” mirándole a los ojos. Si el niño está jugando debe separarse de la actividad (dos minutos son suficientes), si quiere continuar jugando con los demás tendrá que parar de morder. También es aconsejable que tenga una conducta reparadora: ayudarle a curar al amigo, darle un beso, pedirle disculpas…

Prohibir una conducta no significa que el pequeño entienda cual es la conducta acertada. A los niños hay que servirles ejemplos a seguir; por ejemplo mostrarles nuevas formas de relación, utilizar el lenguaje, esperar turnos, pedir prestado, acariciar a sus amigos…

Cuando el niño exhiba conductas positivas (pedir permiso para coger el juguete de otro niño, por ejemplo) debemos elogiarle, valorarles cuando estén jugando de manera “pacífica” con otros pequeños.

Nunca debemos responder con la misma acción: morder a un niño que muerde es un gran error. Cuando son muy pequeños no pueden relacionar el dolor que sienten con el que causan cuando muerden a los demás. No utilices la violencia ni la humillación para erradicar el comportamiento. Dialoga, háblale con firmeza y coherencia manteniendo siempre la calidad del vínculo afectivo.

Fuente: Bebés y más

Formemos un club de lectura en la escuela

Está más que comprobado que mientras más leen los niños, tienen mejor desenvolvimiento en la lecto-escritura y en el proceso enseñanza-aprendizaje. Estar en contacto con libros e involucrarse en actividades divertidas y simples como escuchar  cuentos y obras cortas, despierta en los alumnos el deseo y la motivación por leer.

Existe una diversidad de actividades que el docente puede llevar a cabo para influenciar a los estudiantes con la lectura y que se enamoren de ella. En el caso que nos ocupa proponemos la creación de un club de lectura que se reúna periódicamente para realizar una puesta en común de algún título que todos los miembros han leído con anticipación de manera individual, pero de mutuo  acuerdo.

Un club de lectores en la escuela

Para formar un círculo de lectura en la escuela primero hay que elegir un lugar adecuado para la reunión reunión, lotes de libros de un mismo título, un organizador o moderador, y ponerse de acuerdo con unas reglas o normas básicas para el desenvolvimiento ordenado y armonioso.

La hora estará determinada por las posibilidades de los niños.  El horario matutino es recomendado a los alumnos de la jornada extendida, mientras que por lo general, los clubes de lectores se desarrollan en horas de la tarde, tarde-noche.

Un excelente lugar para realizar los encuentros es la biblioteca de la escuela o colegio y no se recomienda un grupo muy numeroso para tener mejor dominio del grupo y para poder reunir libros suficientes para cada participante.

El nombre del club resultará del consenso de los integrantes, pero será el que indique la naturaleza y propósito del grupo.

 

Elegir un moderador

El moderador  planifica la actividad.  Elige el libro a leer, distribuye los títulos y hace la programación del club para el tiempo estimado, ya sea tres, seis meses, un año, en fin.

Asimismo prepara la documentación sobre los autores y las obras elegidas y planifica las actividades complementarias que se vayan a realizar.

También funge como moderador en  las reuniones y regula el préstamo y la devolución de los ejemplares.

Una tarea muy importante es la de recopilar los comentarios y sugerencias de los miembros y proponer iniciativas, como la de escribir cartas a las casas editoriales para solicitar los títulos necesarios o realizar actividades para reunir los fondos de adquirirlos.

Acuerdos básicos

Un club de lectura se rige más por acuerdos que por reglas. Es importante mencionar desde el principio el respeto a las opiniones ajenas, desterrar los insultos y la descalificación y facilitar el diálogo.

Se sugiere evitar rayar los libros en modo alguno,  mientras se recomienda forrarlos para evitar el deterioro de las carátulas.

El primer día.  Estrategia de Diagnóstico

El primer día de reunión se debe entregar a  cada miembro una ficha del lector.

Esta estrategia pretende que el lector piense sobre sí mismo y trate de describirse, que pueda reconocer sus características, lo que lo diferencia de los demás y también aquellos aspectos que lo integran al grupo. Se le propone a los lectores que elaboren su propia ficha del lector.  En ella escribirá sus datos personales, características, hábitos y preferencias sobre la forma en que interactúa con los textos y todo tipo de información que puede ayudarlo y ayudar al coordinador a conocerlo mejor.

El coordinador debe explicar en qué consiste su papel y cuál va a ser la mecánica de funcionamiento del grupo en adelante. Explicará que todos los participantes van a recibir un libro para llevar a casa y que en el caso de los títulos voluminosos se fijará una cantidad de páginas para cada reunión del club. Si lo considera conveniente, puede dar unas pautas de antemano sobre la obra: localización de la historia, grado de dificultad, singularidades del autor.

También deberá proporcionar al grupo sencillas instrucciones para el día de la reunión: como pedirle a los participantes del club que traigan anotaciones de citas, descripciones, comentarios sobre personajes o momentos de la obra literaria que le hayan suscitado alguna reflexión, observaciones de la estructura, dudas que han ido surgiendo durante la lectura y cualquier aspecto que les atraiga; facilitará el trabajo del grupo con el análisis de la lectura.

No olvidar, sin embargo, que el objetivo de este primer día es despertar apetito en los lectores. Deberemos llevar el guión bien preparado con preguntas motivadoras y algún texto que induzca al intercambio de opiniones y a querer volver el próximo día.

Lo habitual es empezar, si no se ha hecho en una sesión anterior, con la presentación del autor/a y de la obra. Puede llevarse alguna reseña crítica o una entrevista especialmente interesante. Introducido el tema se procederá a hacer una ronda de tanteo: ¿qué les ha parecido el libro?

El coordinador debe ir introduciendo, si no lo hacen los participantes del club, temas como estructura, contenido, género, punto de vista, tiempo narrativo.

Los lectores gustan de relacionar las lecturas unas con otras. Una de las razones por las que acuden los miembros del club a las reuniones descansa en el deseo de profundizar en la lectura solitaria y añadir nuevas interpretaciones a la propia.

¿Qué clase de actividades complementarias podemos proponer?

Hay infinidad de actividades que complementan la lectura del libro: desde ver una película basada en el original literario o asistir a una representación teatral, hasta una excursión al lugar donde se ambienta una novela, planificar encuentros con escritores, trazar un itinerario literario de una ciudad protagonista de una lectura, confeccionar un mapa con los acontecimientos históricos que surgen de un determinado libro, organizar una conferencia sobre conexiones entre la música y la literatura; realizar una lectura colectiva de homenaje a un clásico, visitar un museo de arte moderno si se ha elegido una obra que provoque una discusión sobre el arte contemporáneo, convocar un concurso de relatos, seleccionados entre escritores consagrados, con una votación a mano alzada para elegir el mejor relato según criterio de los miembros del club de lectura.

Libros de consenso general

Hay una serie de libros casi infalibles para empezar la actividad literaria de un club de lectura. La razón es que gustan a la mayoría de lectores con independencia de la edad, el sexo, procedencia geográfica y extracción social. Estos libros conforman esta breve selección:

La elección de los títulos

Quizás éste sea el capítulo más delicado y en el que resulte más difícil atinar. Una buena selección de obras para el club de lectura requiere: conocimiento previo de la obra, exigencia de calidad literaria, interés del planteamiento argumental y del desarrollo de la historia.

Libros de consenso general

Hay una serie de libros casi infalibles para empezar la actividad literaria de un club de lectura. La razón es que gustan a la mayoría de lectores con independencia de la edad, el sexo, procedencia geográfica y extracción social. Estos libros conforman esta breve selección:

Adultos

El amor en los tiempos del cólera, Gabriel García Márquez, La sonrisa etrusca,José Luis Sampedro, La casa de los espíritus, Isabel Allende, Orgullo y prejuicio, Jane Austen, El guardián entre el centeno, D. Salinger, Mejillones para cenar, Birgit Vanderbeke, Las hijas de Hanna, Marianne Fredriksson, Sostiene Pereira Antonio Tabucchi, El callejón de los milagros Nayib Mahfuz, La quinta mujer Henning Mankell, El retrato de Dorian Gray Oscar Wilde, Sueños en el umbral Fátima Mernissi.

Juvenil

Los zapatos de murano, Miguel A. Fernández Pacheco Los escarabajos vuelan al atardecer, Maria Gripe, Cuando Hitler robó el conejo rosa, Judith Kerr, Postales desde la tierra de nadie, Aidan Chambers, Día de Reyes Magos, Emilio Pascual, La traidora, Gudrun Pausewang, Cuaderno de agosto, Alice Vieira, Paradero desconocido, Kathrine Kressmann Taylor

Infantil

Matilda, Roald Dahl, Anastasia Krupnik Lois Lowry, Manolito Gafotas Elvira Lindo, El pequeño Nicolás Sempé Goscinny, Los batautos Consuelo Armijo, La increíble historia de la hormiga Miga Emili Teixidor, Las cosas de Ramón Lamote, Paco Martín, Los hijos de Lúa Fina Casaldelrrey.

Actos sociales

El club de lectura es en sí un acto social. No obstante abre la puerta a otros. Para aprovechar oportunidades de difusión de actividades de un pueblo o ciudad, la biblioteca, librería, centro cívico etc.. debe acostumbrarse a dejar sobre la mesa de reuniones información sobre proyecciones de cine, exposiciones, conciertos, charlas, cursos, seminarios, visitas de escritores, talleres en la biblioteca y otros. Seguro que a más de un participante del club le encantará esta clase de atenciones.

Evaluación

La crítica es siempre constructiva y por eso el coordinador debe someter a examen la actividad. Mejor que la encuesta sea anónima porque así los participantes se sentirán más libres de opinar.

La evaluación de la actividad debe contemplar aspectos como: nivel de integración de los participantes, satisfacción, aspectos positivos y negativos, calificación de los libros y cuál sería su contribución para mejorar el desarrollo del club.