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Child Grooming, el acoso sexual a menores a través de Internet

En la “era del ciberespacio”, la realidad del Child Grooming ha sido detectada y puesta de manifiesto con eficacia. La sucesión de crímenes está demandando una regulación penal que promueva soluciones rápidas, ajustadas y de carácter definitivo.

Cuando se trabaja una regulación jurídica en concreto, esta debe responder a la par a la realidad social que se vive en ese determinado momento. En este sentido, por Child Grooming se entienden aquellos atentados sexuales ejercidos sobre menores a través de Internet. Actualmente, existe una regulación exhaustiva enfocada en el tema debido a la expansión de esta clase de delitos.

Como es sabido, Internet ha cambiado la sociedad. El desarrollo digital y los avances tecnológicos se producen cada vez a mayor velocidad, y muchos de ellos están planteando serios retos al Derecho. De hecho, parte de la doctrina ha empezado hablar de la existencia de los derechos de cuarta generación para referirse a los que nacen en la era digital. Por ejemplo, con esto se querría hacer referencia a los derivados de la protección de datos personales vinculados al derecho a la intimidad.

En la «era del ciberespacio», la realidad del Child Grooming, definido como ciberacoso sexual infantil, ha sido detectada y puesta de manifiesto con eficacia. La sucesión de crímenes y la relevancia de las consecuencias que estos casos producían ha requerido una regulación penal que promoviese soluciones rápidas y de carácter definitivo.

Niña sufriendo ciberacoso

Pero, ¿qué es el Child Grooming?

El ciberacoso infantil viene a definir la nueva táctica con la que muchos pedófilos tratan de contactar con sus potenciales víctimas, especialmente debido al uso casi abusivo que se le da a los móviles y ordenadores. Estos instrumentos incluyen cámaras de mucha calidad. Así, la posibilidad de enviar imágenes personales a través de Internet es cada vez más accesible para los jóvenes. Situación que se potencia a través de redes como Instagram, Facebook, YouTube o Twitter, entre otros.

En este contexto, los pedófilos —adultos con inclinación sexual hacia niños, preadolescentes y adolescentes— pueden escoger a través de miles de perfiles a su próxima víctima. Especialmente del sector más vulnerable, que es el que se encuentra en menores de entre diez y quince años.

A través de Internet, el delincuente puede dar lugar a situaciones graves de acoso sexual. Algunas de las cuales pueden llegar a materializarse en la vida real. Todos estos supuestos tienen graves consecuencias a las víctimas; menores que aún no tienen una personalidad formada, siendo muy vulnerables en el terreno emocional.

Estos acosadores generalmente se encuadran dentro de un rango de edad determinado: entre treinta y cincuenta años. Aunque aparentan ser normales, son personas inseguras, inmaduras y con serias dificultades para establecer relaciones sociales, además de contar con un grave desajuste de personalidad.

Características y evolución del delito

En un estudio realizado en noviembre de 2002 sobre «Seguridad infantil y costumbres de los menores en Internet», el Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid empezó a alertar acerca del Child Grooming.

A lo largo del mencionado estudió, se indicaba cómo un 44% de los menores que navegaba con regularidad, se había llegado a sentir acosado sexualmente en Internet en alguna ocasión. Entre ellos, un 11% también reconocía haber sido víctima de esta situación en diversas ocasiones. De este modo, se pedían medidas penales contra la pornografía infantil en Internet que comprendiesen esta materia.

Hombre sujetando una máscara para representar las mentiras blancas

Así, llegamos a encontrarnos ante el nuevo delito recogido en el artículo 183 bis del Código Penal. Tras la reforma del Código Penal operada por la LO 5/2010, de 22 de junio, de Acercamiento Tecnológico a Menores de Trece Años con Fines Sexuales, el denominado Child Grooming se inserta en el Código Penal.

Este nuevo delito hace referencia a los demás delitos de pederastia y contra la libertad sexual, ya que se castiga su conducta si se realiza con la finalidad de cometer alguno de aquellos delitos. Pensemos que estos delitos sexuales tienen un mayor contenido del injusto. Es decir, poseen una mayor gravedad. Esto se debe a que no se está lesionando solo la indemnidad sexual del menor, sino también su correcta formación de la personalidad y la sexualidad.

La indemnidad sexual haría referencia al derecho a no verse involucrado en un contexto sexual sin un consentimiento válidamente prestado. En este caso, se habla de indemnidad sexual y no libertad sexual porque los menores de trece años no pueden prestar -ni válida ni inválidamente el consentimiento- en las relaciones sexuales según nuestra normativa penal, debido a su inocencia y falta de madurez.

Las nuevas tecnologías han generado un cambio en la forma de comunicarnos. Se han establecido espacios virtuales de encuentro, lo que ha traído consigo efectos muy positivos, pero en algunos aspectos se ha dado lugar a nuevas situaciones de peligrosidad.

Para poder luchar de forma efectiva contra la pederastia infantil, y en concreto contra el Child Grooming, hay que ser conscientes de esta realidad.Mantenerse informado e informar a los menores del peligro que puede conllevar ciertos actos y un uso descuidado de Internet.

Fuente: lamenteesmaravillosa.com

Enseña a tus hijos a reconocer los signos del abuso sexual

Pareciera que cada día que abrimos el periódico, entramos a redes sociales o vemos las noticias, hay una nueva y terrible historia de explotación y abuso infantil. Como consejera y educadora enfocada en prevenir el abuso sexual infantil, la gente a menudo me pregunta si el abuso sexual es más frecuente hoy que antes. Educadores y cuidadores quieren saber por qué pareciera que hay una explosión de nuevas denuncias.

La pregunta es legítima y no es fácil de responder: el abuso sexual sigue siendo un crimen que se reporta poco, aunque ahora hay más medios que nunca para que los sobrevivientes hablen de sus experiencias traumáticas. La luz está llegando poco a poco a los rincones oscuros donde los depredadores siempre se han escondido, y a aquellos que los albergan y asisten. Así que mientras las historias de abuso a manos de clérigos de confianza o incluso miembros de la familia son difíciles de leer y dolorosos de atestiguar, me emociona saber que finalmente estamos dándoles voz a quienes no la tienen. Las estadísticas muestran que al menos uno de diez menores de edad en Estados Unidos sufrirá de abuso sexual antes de cumplir 18 años; no podemos ignorarlo

Es hora de enfocarse en la prevención. Los depredadores olfatean a quienes ya tienen problemas en otras áreas de su vida y pueden ser vulnerables. Sin embargo, hay muchas cosas que los padres y tutores pueden hacer para proteger a las criaturas:

• Enséñales que sus sentimientos importan y merecen respeto. Para los papás eso no significa dejarlos correr por la casa y hacer lo que les dé la gana, sino que cuando un niño comparte un sentimiento, hay que validarlo. Muchos papás conocen el clásico ejemplo de hacer una cena maravillosa con plato fuerte, varios acompañantes e incluso el postre; después, enfrentar a un niño que al ponerse la piyama anuncia que tiene hambre. Todos quisiéramos responder: “Eso no es posible” o “No tienes hambre” o algo menos correcto. Pero con un poco de cuidado podemos validar al niño y mantener nuestro estatus en la jerarquía del hogar. Intenta algo como: “Lamento que tengas hambre, pero tendrás que esperar al desayuno”, o “Ay, tienes hambre… hay una zanahoria en el refrigerador para ti” para validar los sentimientos de tus criaturas.

Respetar al niño y validar sus sentimientos le da un sentido del yo y le ayuda a reconocer sus propias emociones: ser capaz de reconocer nuestros sentimientos es el primer paso para saber cuando algo no se siente bien. Los depredadores confían en que los menores de edad son fáciles de manipular. Los que tienen una mejor sensibilidad respecto a lo que se siente bien y lo que no —y son capaces de comunicar esos sentimientos a adultos de confianza y que estos los validen— tienen una gran ventaja.

• Insiste en que son dueños de su cuerpo. Chicas y chicos necesitan comprender que nadie puede tocar sus partes íntimas, mirarlas o hablarles de sus partes íntimas fuera de las situaciones apropiadas, como en el consultorio médico. Comunícale este concepto a tus hijos desde los 2 años. Puede empezar cuando sea hora del baño o durante el entrenamiento de control esfínteres. Use lenguaje simple y apropiado para su edad: “Mamá te está lavando los ojos y los oídos y la espalda y el pene. Tu cuerpo es tan especial y te pertenece a ti. Nadie puede tocarlo porque este es tu cuerpo. Si alguien lo hace, dile a mamá de inmediato porque mi trabajo es cuidarte y mantenerte seguro; tocarte, especialmente en tus partes íntimas, puede no ser seguro”.

A medida que los niños crecen, esta conversación debe ser más detallada e incluir escenarios posibles, diálogos e incluso juego de roles. Asegúrate de que los chicos sepan que las reglas son para todos. Eso significa decir cosas como: “Nadie puede hacerte sentir incómodo, incluso si es tu tío, primo, tía o vecino. No está bien nunca y siempre voy a creerte”. Muchos niños no lo sabrán si no se los decimos.

• Asegúrate de que entienden la diferencia entre los secretos y las sorpresas. Hay que enseñarles que jamás deben mantener un secreto sobre sus partes íntimas. Un ejemplo que puedes usar es una visita médica, en la que es posible que alguien toque y mire sus partes íntimas. Eso está bien porque el doctor o la doctora se está asegurando de que estamos saludables, pero sobre todo porque no es un secreto. Los papás deben estar presentes cuando un niño está siendo examinado o saber de la consulta y después conversar con su hijo sobre lo ocurrido durante la examinación.

También, para equilibrar, hay que ayudarles a comprender el matiz entre secreto y sorpresa. Pedirle a un niño que no hable sobre el contenido de un regalo o una fiesta sorpresa puede ser confuso, así que hay que insistir en que las sorpresas y los secretos no son lo mismo. Quien recibe un regalo se va a enterar de la sorpresa y casi seguro se sentirá feliz y cómodo. Por el otro lado, un secreto que no debe contarse jamás no está bien y nos puede confundir, entristecer o hacer sentir asco. Este es un concepto crucial para los niños, porque los depredadores intentarán que los niños mantengan el secreto.

• Comparte tus historias con tantas sensaciones y sentimientos como sea posible. Los niños buscan en los adultos cercanos formas de entender lo que experimentan así que es útil compartir la propia experiencia. Esto les ayuda a aprender qué significa expresar los sentimientos y a poner en palabras cosas que no comprenden. No tienes que compartir historias de abuso, lo importante es modelar lo que significa seguir las corazonadas y los instintos. Las historias pueden ser tan simples como: “Estaba tan frustrada esta mañana porque me quedé atorada en el tráfico y sabía que iba a llegar tarde al trabajo. Sentía mariposas en el estómago y mis manos estaban tensas de apretar tan fuerte el volante”. Comunicarse así con los niños les permite compartir sus propios sentimientos de ira, confusión, felicidad y tristeza, y a comprender que otros pueden sentirse así.

• Pide permiso para tocar a un niño. Cuando les pedimos permisos pequeños a los niños, fomentamos la noción de que tienen control sobre su cuerpo. Así si, por ejemplo, se topan con un depredador sabrán reconocer lo que se siente distinto. Algo tan pequeño como preguntar: “¿Puedo acomodarte el cuello? Está torcido” le manda el mensaje de que tiene autonomía sobre su cuerpo. Practicar diálogos así pueden ayudar mucho a que un niño o niña reconozca que un depredador no pide permiso y le ayudará a identificar a esa gente tramposa.

• Dales el poder de decir “No” y de hablar con franqueza.Animar la honestidad emocional y los límites físicos ayuda a que adquieran control sobre su cuerpo. Dejar a una niña decir: “No, no quiero un abrazo, pero un apretón de manos está bien” le muestra que tiene alternativas. Pero, aun así, los chicos pueden ser incapaces de decir “No” a un abusador o de detener el abuso. La mayoría de los menores de edad que sufren abuso sexual no lo dicen, así que tenemos que decirles que incluso si no pudieron decir “No” o alejarse, lo más importante es contarle a alguien lo sucedido. Diles que les creerás sin importar lo que pase y que no van a meterse en problemas por decirlo.

Los padres, madres y cuidadores pueden ayudar a las criaturas a compartir historias de abuso y obtener la validación y la ayuda que necesitan. Prevenir el abuso es igualmente importante: al darles las herramientas necesarias, podemos ayudarles a aprender cómo mantenerse más seguros y apoyarlos en caso de que enfrenten una situación traumática.

Fuente: nytimes.com

Cómo denunciar el acoso escolar

Es posible denunciar a aquellos centros educativos que no garantizan los derechos de los alumnos. Asegurar la protección de los menores frente a un posible acoso es un deber del centro y una tarea de todos como sociedad.

Conocer el procedimiento adecuado para denunciar el acoso escolar se ha convertido en un factor fundamental para que, precisamente, se denuncien los hechos. El peligro de no hacerlo no es solamente que el acto quede impune, sino que se repita en el tiempo.

El acoso escolar o bullying es un problema grave que sigue afectando a muchos menores cada día. Por suerte, la lucha para frenar este tipo de situaciones está cogiendo cada vez más fuerza. A día de hoy, es posible tomar medidas para proteger a niños y adolescentes. De hecho, la mayoría de centros cuentan con planes de contingencia para actuar en estos casos.

El acoso escolar debe ser tratado de raíz, eficazmente y a tiempo. De lo contrario, las víctimas pueden sufrir graves daños físicos y psicológicos, llegando al suicidio en el peor de los casos. Además, las consecuencias no solo afectan a los acosados.

Los agresores, cuando el acoso no es denunciado, adquieren la costumbre de actuar de manera violenta. Distintos estudios han demostrado que muchos de los acosadores cuya conducta no ha sido sancionada ni redirigida se convierten en adultos violentos (Olweus, 2011; Temcheff, Serbin, 2008).

Niño representando el bullying

Denunciar el acoso escolar

Actualmente, la ley hace responsables a los colegios de no proteger a los niños de los peligros que puedan sufrir estando en el centro. Esto, como es obvio, incluye el acoso. Por lo tanto, en primer lugar, al detectar que un menor puede estar sufriendo bullying es fundamental exigir al colegio que tome medidas de protección. También que sancione a los agresores por las conductas llevadas a cabo.

Este paso es muy importante. Es posible denunciar a aquellos centros educativos que omiten su responsabilidad frente a los alumnos. Garantizar la protección de los menores y la seguridad de las víctimas de acoso escolar son deberes del centro. Se supone que este debe ser un entorno seguro para cualquier menor.

Ya existen sentencias que obligan al colegio a indemnizar a aquellos niños que han sufrido acoso escolar y no han sido protegidos. Una de las más importantes es de mayo de 2012. En ella el juez obliga a un colegio de Alcorcón a pagar 32.000 euros a la familia de un menor que sufrió bullying.

Independientemente, si el colegio no tomara las medidas adecuadas o estas no fueran suficientes, hay que acudir a los órganos territoriales de educación. La Inspección Educativa tiene protocolos de intervención específicos para estos casos.

¿Qué ocurre en estos casos?

Si la situación llega a manos de la Inspección, esta la examinará en busca de evidencias. Después, si llegara a detectar pruebas de acoso, realizará una intervención y hará un seguimiento del mismo. En casos de extrema gravedad, si se llega a estimar que se ha cometido algún delito, el procedimiento exige poner el caso en manos de la Fiscalía de Menores.

El acoso escolar en muchas ocasiones incluye conductas delictivas. Por ejemplo, amenazas o agresiones físicas.

Cuando median esta clase de delitos, o si a través del procedimiento mencionado no se soluciona el problema, para denunciar el acoso escolar se puede acudir directamente a la vía penal. En función de la gravedad de los actos, se pueden imponer penas como el internamiento en un centro de menores en régimen cerrado o semiabierto. También, trabajos en beneficio de la comunidad o la pena de libertad vigilada, además de las correspondientes indemnizaciones.

De forma habitual, el pago de la indemnización lo efectúa el agresor -o sus padres, madres o tutores, al ser menores de edad-. No obstante, si ha habido negligencia por parte del centro educativo, como se mencionaba, es posible reclamar de forma subsidiaria una indemnización al mismo.

Independientemente, no hay que olvidar que el verdadero objetivo es que el acoso cese. El menor afectado tiene que verse y sentirse libre de la amenaza que hasta ese momento suponían los agresores.

Niña víctima de bullying

Cómo actuar en casa

La confianza, sentirse apoyado en todo momento por la familia, son factores fundamentales que pueden marcar cómo el menor afectado tratará internamente el problema. Es clave que en la familia se escuche al hijo o hija, pues habitualmente, ellos hablan con claridad cuando se sienten seguros. Por ello, no es recomendable poner en duda en ningún caso el relato. Se debe actuar con calma y precaución.

El acoso escolar puede atraer graves consecuencias. En concreto, puede generar daños sobre la autoestima del menor. También cuadros de estrés postraumático, depresión, y en casos más graves conductas autolíticas.

De este modo, puede ser necesaria atención especializada para tratar la sintomatología producida por el acoso escolar. Estos síntomas tienden a reflejarse en cambios como una disminución del rendimiento escolar, miedo a ir al colegio o estados de ánimo depresivos. En estos casos, es fundamental consultar la situación con un especialista.

Fuente: lamenteesmaravillosa.com

Los diez consejos para evitar el ahogamiento de niños en piscinas y playas

El último dato que recoge el Instituto Nacional de Estadística (INE), indica que durante 2017 fallecieron 36 niños por esta causa. Muchos de estos ahogamientos se produjeron en piscinas privadas y gran parte de los mismos se refieren a niños menores de 5 años. A esta dramática estadística hay que añadir los menores que sufren secuelas neurológicas, fracturas graves y otras patologías derivadas de accidentes en el agua.

Por todo ello, los servicios de pediatría de los Hospitales Vithas han elaborado sendos decálogos de recomendaciones de fácil cumplimiento que pueden ayudar a padres y cuidadores a evitar más muertes infantiles por esta causa. Muchas de estas recomendaciones son extensibles a las personas adultas, especialmente de edad avanzada, colectivo que concentra el mayor número de ahogamiento.

Medidas de prevención de ahogamiento en piscinas
No perder de vista a los pequeños
No perder de vista a los pequeños

1. Vigilancia continua: no existe sustituto de la vigilancia de un adulto. Quien acompañe al niño debe estar permanentemente vigilando y si se ausenta debe nombrar un sustituto. Es primordial no perder de vista a los pequeños cuando se bañan o están cerca del agua.

2. Norma 10” 20”: el adulto debe mirar al niño cada 10 segundos y debe permanecer a una distancia tal que le permita llegar en 20 segundos.

3. Detectar riesgos: comprobar si existe algún modo de que el niño muy pequeño llegue a la piscina y de qué manera lo haría, para evitarlo.

4. Protección: incorporar dispositivos de seguridad que impidan que el niño llegue al agua en un descuido.

5. Aprendizaje: antes del verano y desde bastante pequeños deberían aprender a flotar primero y nadar después. Este aprendizaje no exime en ningún caso de la vigilancia.

6. Dispositivo de rescate: tener a mano salvavidas, pértiga y teléfono para contactar con emergencias.

7. Orden: mantener alejados de la piscina juguetes u objetos que llamen la atención del niño y al sentirse atraído por ellos le hagan acercarse al agua.

8. Drenajes: asegúrate de que los sistemas de drenaje están apagadosy los niños están lejos de los mismos.

9. Seguridad: tener vallas, cobertores de invierno, alarmas perimetrales o de inmersión, elementos de flotación adaptados a cada niño.

10. Emergencias: aprende la secuencia de reanimación cardiopulmonar (RCP) y el teléfono de emergencias (112).

Medidas de prevención de ahogamiento en playas
Mejor las playas con servicio de socorrista
Mejor las playas con servicio de socorrista

1. Siempre acompañados: nunca dejes a los niños ir solos a la playa. Ellos no tienen la misma percepción del peligro que nosotros y pueden menospreciarlo.

2. Mejor con socorrista: elige playas con servicio de socorrista. Respeta y sigue sus indicaciones.

3. Chaleco: mejor saber nadar, pero si no es así, en el mar, mejor chaleco que flotador o manguitos.

4. Evitar saltos: enséñales que no deben saltar desde las rocas o cualquier tipo de plataforma en altura, el peligro que ello supone y las consecuencias desastrosas que puede acarrear. Predica con el ejemplo.

5. Desconfía de los inflables: las colchonetas, flotadores y demás, dan falsa sensación de seguridad.

6. Después de comer: deben entrar despacio en el agua ya que existe elriesgo de hidrocución ante cambios bruscos de temperatura.

7. Vigila constantemente: en la playa hay mucha gente. No los dejes solos ni un minuto.

8. Confía en el socorrista: si hay que hacer un rescate, sigue siempre sus instrucciones.

9. La RCP salva vidas: aprende la secuencia de reanimación cardiopulmonar (RCP) y el teléfono de emergencias (112).

10. Protégele del sol: Aplica crema solar SPF50 con frecuencia, gorro, gafas de sol, ropa ligera, protector labial con filtro solar. Los golpes de calor pueden ser fatales en el agua.

*Estas recomendaciones son extensibles a pantanos, embalses o las pozas que se forman en algunas playas cuando baja la marea.

 

El cerebro del niño no sabe de periodos vacacionales, su mente debe seguir ejercitándose

El debate está servido: ¿Es el verano una época solamente de diversión? ¿ Es bueno mantener el hábito del trabajo o es preferible una desconexión? Rutina y hábito o merecido descanso, las opiniones son muchas cuando se pregunta: ¿Hay que hacer deberes en verano? Pero, ¿qué son los deberes? Si se trata de tareas a desarrollar para estimular el aprendizaje, descubrir la pasión y el talento del alumno, asociar el error con el proceso necesario para el logro y por lo tanto con la construcción de nuevos conocimientos, evidentemente el concepto de «deberes» resulta un continuo en el que establecer delimitaciones no tiene sentido.

Hay que recordar que el aprendizaje es para toda la vida y el proceso de enseñanza-aprendizaje debe ser divertido y natural. Un aprendizaje experiencial conforma una herramienta que contribuirá a afrontar situaciones críticas y difíciles del día y día y superar incertidumbres.

Los niños deben aprender desde la emoción, con alegría y sorpresa, con ensayo y error, superando retos en la medida que se supera un conocimiento pero, por encima de todo, motivados por la curiosidad. Con todo, no existe una respuesta definitiva a la pregunta sobre los deberes en verano.

El cerebro del niño no sabe de periodos vacacionales, su mente debe seguir ejercitándose y no por ser verano debe hacer una parada, sino que continúa siendo un entorno donde seguir aprendiendo. Existen muchas maneras de seguir absorbiendo conocimientos; también jugando.

Los expertos en neuroeducación sostienen que existe una clara «plasticidad cerebral» que se debe aprovechar. Tanto es así, que el encéfalo se va adaptando y modificando en función de los estímulos que perciba a lo largo de la vida. Por lo tanto, en la medida que se entrene, estimule o active el cerebro, se estará promoviendo las interconexiones para el establecimiento y consolidación de nuevos aprendizajes.

Por lo tanto, es de especial importancia la consideración de dejar o no el cerebro de los niños sin una «rutina de trabajo» para seguir estimulando y avanzando hacia el desarrollo de las inteligencias múltiples (Gardner, 1983).

Fuente: abc.es

Internet: ¿para qué lo usan los menores y qué actividades realizan?

Los menores usan internet de manera habitual. Lo hacen para hablar con amigos, completar tareas escolares o escuchar música. Unas actividades que a priori son inofensivas, pero que no están exentas de ciertos riesgos. Conocerlos ayuda a los adultos, y a los niños y adolescentes, a aprender a prevenirlos.

Internet ha de convertirse en un sitio seguro para los menores, tanto en casa como en los centros educativos. Para cumplir con este propósito, los adultos también tenemos que hacer nuestros deberes. Uno de ellos es preocuparnos por saber qué uso le dan los niños y adolescentes a la Red mientras navegan. 

Para ello la Universidad del País Vasco (UPV/EHU), dentro de la iniciativa europea EU Kids Online, ha elaborado el estudio ‘Actividades, mediación, oportunidades y riesgos online de los menores en la era de la convergencia mediática, en el que también ha colaborado el Instituto Nacional de Ciberseguridad (INCIBE) y para el que se ha entrevistado a un total de 2.900 menores de edad. El 53% con edades comprendidas entre los 9 y 12 años, y el 47% restante entre 13 y 17 años.

¿Qué hacen los menores en internet?

Comunicarse con familiares y amigos es el principal propósito de los menores cuando acceden a internet, al menos es lo que afirma el 70% de ellos. Mientras que las actividades dedicadas al entretenimiento, como escuchar música (63%), ver vídeos (55%) y jugar online(46%), ocupan el segundo lugar.

Los participantes en el estudio de la UPV/EHU también le dan un puesto preferente al uso de la Web como herramienta para realizar tareas escolares (43%). Con un porcentaje similar entre los niños y niñas de 9 a 12 años, pero con diferencias en el grupo de edad de los adolescentes: 45% en el caso de los chicos y 59% en el de las chicas.

deberes menores usos internet

En cuanto a la frecuencia de uso de las redes sociales, el 37% sostiene que las usa a diario. La búsqueda de información también está entre sus actividades habituales: el 19% busca noticias online y hasta un 22% consultan el precio de productos o realizan compras online.

Atendiendo a los rangos de edad, el uso de Internet aumenta en la mayoría de las actividades según van haciéndose mayores con una excepción: los juegos online. En este caso, es muy parecido el uso de los niños de 9 a 12 años (65%) y el de los chicos de 13 a 17 años (67%). Algo parecido ocurre entre las niñas: 28% entre las pequeñas y 23% entre las mayores, siendo esta actividad la que presenta más diferencia en función del género.

A qué riesgos se exponen

La realización de actividades en internet implica cierto riesgo, lo mismo que algunas de las que realizan los menores fuera de los entornos online, pero “no produce necesariamente daño”, según afirma el estudio. Aún así, el 33% de los menores reconoce haberse encontrado con situaciones que les han molestado. “En los aspectos más preocupantes, cabe destacar que uno de cada tres menores ha sido víctima de bullying, uno de cada cinco ha ejercido esta práctica en alguna de sus modalidades y afecta más a las niñas que a los niños”, apunta Maialen Garmendia, investigadora de la UPV/EHU.

Los menores también se ven expuestos al visionado de imágenes sexuales y al sexting (envío de mensajes con contenido erótico). Así, el 42% de los que tienen entre 11 y 17 años ha visto imágenes de carácter sexual y tres de cada diez menores han recibido mensajes con este tipo de contenido. Una frecuencia que es mayor según aumenta la edad de los menores.

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Este patrón también se repite cuando se les pregunta sobre sus contactos online con desconocidos: entre 11 y 12 años, lo practica uno de cada tres; de 12 a 13 años, son más de la mitad (53%); y dos de cada tres jóvenes de entre 15 a 17 años lleva a cabo contactos de este tipo. Es significativo que el 83% se muestra satisfecho con estos encuentros.

En cuanto a los riesgos derivados de los contenidos negativos que ven con más frecuencia, el informe desvela que las chicas están más expuestas. Por ejemplo, el 45% accede a información sobre cómo hacerse daño (autolesionarse) frente al 25% de los chicos.

Destrezas digitales como defensa

Afortunadamente, ante estas situaciones no se encuentran indefensos. En su uso frecuente de internet han desarrollado habilidades digitales que les ayudan a adoptar estrategias para hacer frente a estas experiencias. De hecho, ante situaciones molestas el 56% opta por bloquear a la persona que les importuna y un 24% cambia la configuración de privacidad en sus perfiles online.

También buscan consejo y apoyo entre sus amigos (70%) y consideran importante la mediación de los progenitores (46%), incluso intentan que la persona que les molesta les deje en paz (57%), aunque sólo un 16% denuncia el problema.

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Sin embargo, las diferencias por edad en este aspecto resultan muy notables. Entre los que tienen menos de 12 años sólo el 40% afirma tener estas habilidades, mientras que entre los mayores sube considerablemente: el 80% reconoce que sabe configurar las opciones de privacidad en distintas plataformas y aplicaciones.

El informe de la UPV/EHU señala a la familia y a la escuela como los entornos en los que se ha de potenciar un uso adecuado de internet. En el primer caso, como el espacio donde deben sentirse seguros; y en el segundo, como el lugar donde establecen la mayoría de sus relaciones sociales y en el que se pueden prevenir comportamientos como el ciberacoso.

Esto es lo que puede pasar si un niño se queda encerrado dentro del coche

Los niños no deben quedarse solos dentro de un coche, y mucho menos cuando no tienen ninguna posibilidad de salir por sus propios medios, y menos aún cuando estamos en verano y el vehículo se encuentra aparcado al aire libre mientras se está calentando por el sol.

En ninguna circunstancia, sin embargo, por mucho que se explique lo que ocurre cuando la temperatura en el interior del coche se eleva (puede subir de 10 a 15 grados en 15 minutos), puede que nos cueste imaginar lo que ocurriría, por eso creo que todos deberíamos ver este vídeo que hemos encontrado en Bebés y Más.

Sólo dura siete minutos, a lo largo de los cuales seguimos los hechos que suceden al ‘abandono’ de un bebé dentro del coche, mientras la madre entra a comprar con las consiguientes distracciones (pedir consejo a los empleados, encontrarse a una conocida, atender los mensajes del teléfono, esperar la cola en la caja,..).

Porque (no nos engañemos) es casi imposible controlar al cien por cien el tiempo que pensamos dedicar a comprar, y esto es razón suficiente para no dejar a nuestro hijo encerrado en el coche

Y si – además – somos conscientes de que la temperatura corporal de los pequeños, sube de tres a cinco veces más rápido que en un adulto, y que la hipertermia puede ocurrir en sólo 20 minutos (a todas luces, esto es menos de lo que tardaríamos, aunque el volumen de la compra sea pequeño), no necesitamos ninguna explicación más. A los niños, no se les deja solos en el coche, porque el tiempo que pretendemos ahorrar se puede volver en nuestra contra.

‘One desition’ está producido por Red Castle, y en él (además de seguir los movimientos de la madre mientras compra), observamos cómo el niño empieza a sudar, a inquietarse, después a llorar pidiendo ayuda, y finalmente queda inconsciente.

Un niño muerto cada diez días en estas circunstancias en Estados Unidos, es una cifra que alarma. Y si debemos ser responsables como padres, en caso de convertirnos en espectadores por presenciar a un pequeño dentro del coche sólo, no debemos demorar nuestra actuación (llamar a la policía y si es necesario forzar la puerta – o romper el cristal como hace uno de los protagonistas -), porque lo que está en juego es una vida.

La mayoría de las víctimas por hipertermia tienen entre 0 y cuatro años, aunque dentro del coche, un niño puede sufrir otros accidentes como quedar atrapados por una ventana, o poner en marcha accidentalmente el vehículo.

Espero que la difusión de este vídeo ayude a mejorar la consciencia social hacia este tema tan delicado.

Fuente: bebesymas.com

No suba esa foto de su hijo

Nuestras redes están llenas de imágenes de niños haciendo monerías. En verano, su sobrexposición aumenta más si cabe. Cada imagen es compartida —sin consentimiento alguno—  por el padre, la madre o algún familiar o amigo para orgullo de quien comparte y disfrute de sus conocidos. Se reciben likes y alguna alabanza que lleva a reincidir. Así ha sido durante varios años sin que nadie se planteara las consecuencias. Hasta que, acompañando al resquemor creciente hacia las redes sociales, una duda ha empezado a extenderse: ¿acaso hacemos mal subiendo a Internet imágenes de niños?

Tres de cada cuatro menores de dos años tienen fotos online, según un estudio de la empresa de seguridad en Internet AVG con datos de ciudadanos de 10 países (Estados Unidos, Canadá, Alemania, el Reino Unido, Francia, España, Italia, Australia, Nueva Zelanda y Japón). La emoción ante la paternidad es una de las causas de esta pulsión, la versión actualizada de las imágenes que se guardaban en la cartera. De media, los progenitores de niños menores de 6 años suben 2,1 informaciones a la semana sobre estos, según un estudio con información de 1.300 padres estadounidenses de la aplicación Local Babysitter. Entre los 6 y los 13, hay un descenso: 1,9 informaciones por semana. Cuando el menor cumple 14 años, el ímpetu se reduce a menos de una vez a la semana (0,8). En España, los padres son los más preocupados, según AVG, por las consecuencias futuras en la vida de sus hijos de la cantidad de información onlineque proporcionan sobre estos (valoran su grado de preocupación en un 3,9 sobre 5). Esta preocupación posiblemente se habrá visto reforzada tras saber que Mark Zuckerberg —el hombre que más ha hecho porque compartamos como compartimos — cree que el futuro, en lugar de abierto, como sostenía hasta ahora, será privado.

Mientras que el sector de la comunicación se ve obligado a proteger la identidad de los menores que salen en sus páginas, la publicación masiva de imágenes sin filtro de niños en las redes ha convertido la protección en una ironía. El fenómeno es tal que ha dado origen a un nuevo término: sharenting, la suma de share(compartir) y parenting (crianza). En 2015 dos holandeses lanzaron al mercado la marca Koppie Koppie, una tienda online de tazas con fotos de niños cogidas de la Red para señalar el problema. Pero la primera persona que escribió un estudio detallado sobre este extendido fenómeno fue la abogada Stacey Steinberg, que en 2016 publicó el informe Sharenting, la privacidad de los niños en la era de las redes sociales. Esta profesora de Derecho de la Universidad de Florida, EE UU, y madre, estudió en profundidad las implicaciones de esta costumbre planetaria en marcha desde hace más de una década. Los padres son, por un lado, “los veladores de la información personal de sus hijos y, por otro, los narradores de la vida de estos”, escribe Steinberg. Al narrar, compartimos información sobre los hijos a la vez que les privamos del derecho a hacerlo ellos mismos en sus propios términos. Y eso es una fuente potencial de daño a la que hemos prestado poca atención.

Los padres velan por la información personal de sus hijos y a la vez narran la vida de estos.

STACEY STEINBERG, ABOGADA

Los riesgos a los que se ven sometidos los menores son varios. Para empezar, ponemos más fácil su localización física a criminales o pervertidos. Pero hay además otros peligros de origen digital. Si alguien captura una imagen o un vídeo de un menor, puede simular que sufre algún tipo de peligro y reclamar un rescate. También puede suplantar su identidad en las redes, como ya le ha sucedido a varias influencers. Si, además, al anunciar el nacimiento de un bebé añadimos la fecha (cosa que hacen no pocos padres), podríamos estar propiciando el robo de su identidad. Por no hablar del ciberbullying que quizá causamos al subir una foto ridícula de nuestro hijo (se calcula que en 2018 lo habían sufrido el 59% de los menores, según Pew Research).

Pero hay otra consecuencia más obvia que tampoco solemos tener en cuenta: la opinión del menor. Un 58% de los padres estadounidenses que comparten fotos creen que subirlas sin el consentimiento expreso de sus hijos es correcto, según la empresa de seguridad McAfee. Y un 40% cree que la foto podría llegar a avergonzar al menor, pero que no le importará o que acabará superándolo. Sin embargo, lo que se está comprobando es precisamente lo contrario: que a muchos sí les disgusta el uso que sus padres hacen de su imagen. Valga de ejemplo lo que le dijo la hija de la actriz Gwyneth Paltrow cuando esta subió una imagen de ambas en la que la menor llevaba unas gafas de esquí que cubrían su rostro: “Mamá, ya lo hemos hablado. No puedes publicar fotos mías sin mi consentimiento”, se quejaba Apple. A lo que Paltrow respondía: “¡Pero si ni siquiera se te ve la cara!”.

¿Deberíamos pedir entonces permiso a nuestros hijos cada vez que subamos una foto de ellos? De esto trataba el debate que mantuvieron el pasado mes de octubre varias influencers españolas —Lidia Bedman, mujer de Santiago Abascal, líder de Vox, o Jennifer Ortiz, entre otras—, madres y famosas que, además, reciben dinero por exhibir y exhibirse. Ortiz resumía el dilema durante el debate de la siguiente forma: “El día de mañana, cuando mi hijo me pregunte sobre las fotos que subí de él, le diré: ‘Hijo, lo hice quizá desde mi egoísmo, pensando que eran fotos bonitas y que no te iban a hacer daño. Entonces, en ese momento le pediré perdón y le daré una tarjeta [de crédito] con su dinero”.

¿Subimos imágenes de niños por el lado emocional o porque mercantilizamos con llos?

LAURA BAENA, CREADORA DE LA WEB MALASMADRES

Poco a poco van trascendiendo casos puntuales llegados a los tribunales de menores que denuncian a sus padres en Italia, Francia o Estados Unidos. En Francia, las autoridades pueden imponer multas de hasta 45.000 euros más un año de prisión por publicar fotos íntimas de los hijos sin su permiso. “En España no conozco ningún caso aún”, afirma Samuel Parra, abogado especializado en temas tecnológicos. “Lo más habitual es que un padre denuncie al otro por subir fotos sin su consentimiento como le ha sucedido a Bisbal, que denunció a su exmujer, Elena Tablada, por subir a las redes imágenes de la hija de ambos. Si el padre denunciado no retira las fotos, ahí vienen los problemas”. “Hay una realidad”, opina Laura Baena, publicista y creadora de la web Malasmadres. “Las fotos de menores lo petan. ¿Subimos las imágenes porque nos tocan la parte emocional o realmente estamos mercantilizando a los niños?”.

¿Podemos esperar que las propias redes pongan freno a nuestra locuacidad? Nathan Freitas, del Berkman Klein Center for Internet & Society, un centro de investigación sobre tecnología dependiente de la Universidad de Harvard, cree que sería naif esperarlo: “No les resultaría nada difícil crear un botón muy grande y claro que dijera: ‘Compartir SOLO con mi familia directa’. Pero si eso supone recolectar menos dinero, vayamos olvidándonos de ello”. Y los tribunales ¿podrían poner freno a los padres? Lo habitual es que sean reticentes a priorizar el derecho a la privacidad de los menores ante su propia familia. Se supone que los padres son los mejores guardianes de la privacidad de sus hijos y cuando no lo son, los jueces generalmente aceptan que los padres hacen lo mejor para estos.

Stacey cierra su texto con varias recomendaciones a los padres interesados en proteger a sus hijos: que se familiaricen con las políticas de privacidad de las redes en las que suben fotos. Que fijen alertas que les avisen cuando el nombre de su hijo salga en algún resultado de búsqueda en Google. Que antes de contar algo se planteen no revelar la identidad del menor. Que no den pistas sobre los lugares que visita. Que pidan permiso a estos antes de compartir una información sobre ellos. Que no suban nunca una foto de estos con poca ropa. Y la última: que consideren si esa información que están valorando compartir puede tener algún efecto en el bienestar y en el desarrollo psicológico del pequeño.

Fuente: elpais.com

10 claves para divertirse en verano sin dejar de aprender

¿Se pueden aprovechar los meses de verano para que los niños puedan seguir practicando sus conocimientos? ¿Los juegos son una metodología de enseñanza adecuada? ¿Se puede realmente combinar el aprendizaje con el entretenimiento? Estos consejos de Emma Pérez Madorrán, directora del Colegio Europeo de Madrid, demuestran que sí.

Durante las semanas de verano, los estudiantes tienen tiempo para divertirse pero también para aprender cosas nuevas y repasar todos los conceptos que han visto durante el curso escolar. De hecho, esta época es idónea para aprender jugando, ya que de esta forma desarrollan sus habilidades cognitivas, emocionales, sociales y físicas. Así lo piensa Emma Pérez Madorrán, directora del Colegio Europeo de Madrid, que comparte 10 claves e ideas para conseguirlo.

Lectura compartida

Leer es fundamental para el desarrollo del lenguaje oral y escrito de los menores, por eso es tan importante hacerlo también durante el verano. En este caso propone dos ejercicios muy amenos: el primero consiste en que lo que lean los más pequeños lo compartan con los adultos, con el objetivo de desarrollar su memoria; y el segundo se basa en reconocer con ellos letras, palabras o frases (dependiendo de la edad) en carteles o folletos publicitarios, para que aprendan a diferenciar las mismas.

Representaciones ficticias

Los juegos simbólicos estimulan la comunicación interpersonal y mejoran la expresión corporal. Jugar a representar actores, animales o personajes de dibujos animados o simplemente contar lo que han hecho en el día, conlleva a un mayor desarrollo de sus habilidades sociales, sin contar con lo bien que se lo pasan realizando este tipo de actividades.

Juegos cooperativos

Es imprescindible que jueguen con otros niños para fomentar las habilidades sociales. De esta manera aprenden a respetar, a compartir y a cooperar. También esto supone la aceptación de sí mismos y de los demás, lo que favorece la empatía. Llevarles al parque a jugar, a la playa, a la piscina o invitar a amigos o primos a casa, para que puedan compartir tiempo juntos, es una muy buena idea.

Estimulación de la creatividad

Aunque no hay acuerdo en si la creatividad es innata o adquirida, lo cierto es que las familias deben estimular esta capacidad en los niños. Existen diversas estrategias para ello que se pueden introducir en la rutina veraniega: llevarles a museos, exposiciones o sugerirles juegos que ejerciten sus destrezas manuales y su imaginación como dibujos, figuras con plastilina o cuadros con legumbres.

Resolución de problemas

Que los pequeños aprendan a examinar y obtener el control sobre una actividad es muy relevante a la hora de que lleguen a saber que son ellos los que dominan el proceso y los responsables del resultado final. Hacer castillos de arena, jugar a encajar piezas o hacer puzles son actividades muy divertidas que también ayudan a mejorar su coordinación visual y manual.

Cocinar juntos

Implicar a los pequeños en tareas diarias como elaborar cualquier receta culinaria estimula todos sus sentidos al mismo tiempo que supone un aprendizaje matemático para ellos. Por ejemplo se les puede preguntar cuánta cantidad es necesaria de un determinado ingrediente.

Escuchar música

Desde las canciones infantiles a las clásicas, tanto en español como en inglés, a través de la música se estimula su sentido del oído, y con ayuda, aprenderán a diferenciar instrumentos y al mismo tiempo repasar palabras en inglés. Una práctica con la que disfrutan mucho y que pueden acompañarla con el baile también.

Realizar escapadas a la playa o montaña

Hacer excursiones cuando el tiempo lo permita también es una muy buena opción para que empiecen a explorar todo lo que hay en el exterior y aprendan cuáles son las dimensiones del entorno. Se puede ir en bicicleta o jugar a las palas o a la pelota, ya que son ejercicios que les ayudan a mejorar la coordinación de sus movimientos.

Juegos de mesa

Cabe destacar que este tipo de actividades son adecuadas para los estudiantes a partir de 6 u 8 años. Con ellas aprenderán a interiorizar las reglas del juego, a razonar y también a perder.

Escribir un diario de verano

Les ayuda a desarrollar su lenguaje escrito, escribiendo cada día lo que han hecho y cómo lo han pasado. Cuando acabe el verano se puede leer con ellos, de manera que también se potencie su memoria.

Fuente: educaciontrespuntocero.com

El armazón emocional en los niños

La relación de apego que establezcamos con nuestros hijos les ayudará a forjar su armazón emocional de una u otra manera. ¿Cómo puede ser este vínculo?

Hay un regalo que los padres siempre podemos hacer. El amor incondicional y el apego seguro ayudan a nuestros hijos a tener una autoestima positiva, relacionarse asertivamente con los demás, tener motivaciones para lograr sueños y saber reconocer y gestionar sus emociones.

Nuestros hijos son más valiosos de lo que pensamos. Ahora bien, ¿cómo podemos los padres ayudar a nuestros hijos en este sentido?

En primer lugar… ¿Qué es el armazón emocional?

El armazón o estructura emocional del niño está compuesto por las capacidades y aptitudes personales que le permiten desenvolverse con éxito en su día a día. Los elementos que lo componen son los siguientes:

  • Personalidad estable y suficientemente sólida. Lo que implica seguridad en sí mismo, fortaleza, sentido de la realidad o una buena tolerancia a la frustración.
  • Habilidades sociales. Capacidad de sentir empatía e interés por el otro.
  • Interés por el entorno. Aptitudes para explorar y de aprendizaje del mundo que le rodea a través del juego y de la interacción con personas y objetos de su alrededor.

Estamos acostumbrados a escuchar que influimos mucho en la personalidad y en el desarrollo emocional de nuestros hijos. ¿Pero está todo en nuestra mano? ¿Quiere esto decir que podemos crear al hijo que deseemos?

Aprendiendo a ser buenos padres.

Por mucho que nos guste hacerles la vida más fácil, los niños no son como un folio en blanco en el que poder dibujar todo aquello que nos gustaría que fuesen y les deparase el futuro, pero sí que es cierto que nuestra relación y el modo en que interactuamos con ellos puede afectar el desarrollo de su estructura emocional.

A esta relación o vínculo se la denomina apego, y en función del tipo de apego que establezcamos con nuestros hijos, estaremos marcando unas bases más o menos positivas para el desarrollo de su personalidad.

Relación entre el tipo de apego y el desarrollo emocional del niño

La relación de apego es el vínculo afectivo que se establece entre el recién nacido y la persona más cercana a él, la que le proporciona cuidados, afecto y seguridad. Es la primera relación que se tiene en la vida y a partir de la cual formamos nuestros esquemas a la hora de expresar nuestras emociones y de desarrollar nuestra personalidad.

  • Apego seguro. Se desarrolla cuando los padres responden a las necesidades y demandas emocionales de los hijos, mostrándose disponibles emocionalmente y transmitiéndoles confianza y seguridad.
  • Apego inseguro. Este tipo de apego aparece cuando el cuidador no cubre todas las necesidades del niño en cuanto a su cuidado, tanto físico como emocional. Suele tratarse de padres ausentes emocionalmente, poco afectivos y disponibles.
  • Apego ambivalente y apego desorganizado. Suelen aparecer en estilos de crianza negligentes, con violencia y con patrones inestables de afecto. Por ejemplo, si el niño acude al cuidador en busca de consuelo, este le responde con amabilidad unas veces y en otras se muestra impasible o le grita para que se calle.
Padre sobreprotegiendo a su hijo.

Fomentar que nuestros hijos tengan una estructura emocional saludable no es fácil, y no depende solo de nosotros. Influye su estilo de personalidad, el ambiente en que se cría, las circunstancias… Pero tomando conciencia de que lo que más necesita un niño es amor incondicional, seguridad y confianza, y tratando de proporcionárselo, estaremos haciendo mucho.

En ocasiones, nos preocupamos mucho por su educación, que vayan a buenos colegios, que aprendan idiomas o que destaquen en deporte, y olvidamos que si no forjamos su armazón emocional, todo lo demás es superfluo.