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Educar a los niños ‘desconectados’ de la tecnología si es posible

Verónica Pérez Arango, docente en un colegio de secundaria y mamá de Ulises, de 8 años, ha visto esta escena muchas veces: en casas de hijos de amigos que pasan horas hipnotizados delante de una tableta o un teléfono, Uli –como llama cariñosamente a su hijo– tiende a escabullirse con su hermanita menor a alguna otra habitación y descubrir juguetes nuevos que quizá su dueño no toca hace siglos.

“La verdad es que me llama poderosamente la atención que niños y niñas de 6 o 10 años no se diviertan con otra cosa que no sean las redes y la tecnología”, dice Verónica. Esa es una de las razones por las cuales Ulises forma parte de una tendencia que crece: niños criados con acceso nulo o muy restringido a teléfonos celulares y, especialmente, redes sociales.

En un mundo hiperconectado, en el que las empresas de tecnología apuntan a públicos cada vez más jóvenes, muchos padres en Argentina y en el mundo eligen educar a sus hijos en ambientes ‘tech-free’.

¿Cuáles son las ventajas y desventajas de una niñez sin apps? ¿Es muy difícil sostener la apuesta por una infancia analógica? ¿Un chico desenchufado es un chico aislado, excluido? ¿Cuáles son las recomendaciones de los especialistas?

En el caso de Ulises, por ejemplo, él no tiene redes sociales ni celular: a veces le pide prestado el teléfono a su mamá para poner algo de música. “No tiene redes, pero la verdad es que tampoco las pidió”, explica Verónica, que regula también las horas de pantalla en su casa, incluyendo Netflix y YouTube. “Lo que sí me pregunta es por qué no puede ver todo el día Netflix, a lo cual le respondo que está genial ver pelis, pero que está bueno aburrirse porque cada vez que se aburren descubren un juego nuevo o inventan algo o salen al aire libre –dice Verónica–. A mí, como madre, me da más trabajo esto, pero amo tanto que juegue cuando conozco niños y niñas de esa edad que si no tienen tecnología adelante, no saben qué hacer”.

En el grado de Ulises, que va a una escuela pública, la mayoría de los papás están en la misma sintonía; y para Verónica eso es un factor clave: “Me parece que cuando el entorno de padres prioriza más el juego, el cuerpo, la conversación y el compartir, es más fácil que los niños no se sientan sapos de otro pozo –explica–. Si justo tu hijo o hija son los únicos que no usan tanta tecnología, es más difícil”.

Único de su curso sin celular

Ese es un poco el caso de Sebastián, de 11 años, hijo de Laura Castillo, actriz, que asegura a todo aquel que quiera escucharlo ser el único de su grado que no tiene celular ni redes.

Sebastián también estudia en una escuela pública (en las que, muchos papás aseguran, la iniciación de los niños en la vida digital es más tardía e irregular que en las privadas), pero los años que lo separan de Ulises pueden explicar la diferencia: es común que a los 11 o 12 años muchos niños tengan su primer celular o una cuenta de Instagram. Sin embargo, los papás de Sebastián se mantienen firmes: “Creemos que no lo necesita y no está aún preparado. No se mueve solo en la calle más allá de algún mandado o compra cercana a nuestra casa. Además privilegiamos el contacto real con sus amigos y compañeros”, explica Laura, y agrega: “Ya va a tener, cuando vaya a la secundaria y se mueva más solo, pero por ahora aunque se queje y lo discutamos mucho nos mantenemos firmes. No creemos que sea decisión de él”.

La historia de Sebastián es la que a los adultos nos aparece como más típica: sin embargo, no todos los niños que no tienen acceso a celulares o a redes lo viven como un problema. En parte, como comentaba Verónica, el entorno juega un papel importantísimo: una red social solo tiene gracia si tus amigos están en ella, pero también depende de la personalidad de cada niño. Muchos niños huyen de las redes sociales clásicas y eligen otro tipo de ‘apps’, más relacionadas con el juego y la creatividad que con la exposición de sus vidas personales.

A pesar de que sus padres no le prohíben el acceso a ninguna red (“sí leo todo lo que puedo y hablo mucho con ella, además de proponer mil cosas para que no esté todo el día en el teléfono”, dice Tomás Linch, editor y papá), Catalina, de 12, usa solamente WhatsApp y una red social llamada Amino, que no usa ninguno de sus compañeros de colegio: “Arranqué en sexto grado. Pero mis amigos solían usar mucho antes Instagram, que yo nunca usé”, cuenta. Amino es una ‘app’ que conecta comunidades de fans de distintos temas, desde animé hasta series de TV, videojuegos o superhéroes: Catalina dibuja y la usa para trabajar en proyectos colaborativos. “Es extraordinario lo que los niños generan solos”, se maravilla Tomás, que nunca había escuchado hablar de Amino antes. “No creo que alguien de mi edad se pierda de nada por no tener redes, celular o WhatsApp –dice Catalina–. A veces usamos WhatsApp para hacer la tarea, pero el que no tiene usa el WhatsApp del padre y se arregla”.

Algo parecido dice Lucas, de 11, hijo de Laura González, maquilladora y esteticista, que no tiene redes sociales, pero sí un celular muy básico y sin chip para jugar algún juego: “Yo diría que sin Skype, sin WhatsApp, sin Facebook, sin Instagram. ¡Estoy muy bien! No me interesa mucho hablar en redes sociales. A mí lo que me gustaría es tener un celu para jugar jueguitos, pero tranqui, no tengo ningún problema. Mis amigos siguen a famosos en Instagram, pero yo no, yo solo quiero un celu para jugar y que no se me quede varado como el que tengo ahora”, dice Lucas, sin rastros de mal humor. Eso no significa que su vida sea 100 % libre de tecnología: es un fanático de la PlayStation y juega en red con sus amigos del colegio.

Decisión a conciencia

¿Tiene fundamentos la decisión de los papás ‘tech-free’? Todo indica que sí: hace unos meses fue furor la noticia de que muchos empleados de las empresas de Silicon Valley crían a sus hijos de la forma más analógica posible. Vijay Koduri (exempleado de Google y cofundador de la ‘startup’ HashCut) y su mujer, Minni Shahi (empleada de Apple), le contaron al medio ‘Business Insider’ que la tecnología en la que ellos trabajan está prohibida en su casa: ninguno de sus hijos de 10 y 12 años tiene su propio celular, y solo tienen permiso para jugar con los de sus padres durante diez minutos semanales. Junto con otros padres de Silicon Valley, explicaron que la carrera hoy en las empresas de tecnología es crear aplicaciones cada vez más adictivas para consumidores cada vez más jóvenes: “Las empresas de tecnología saben que cuanto más temprano logres que los niños usen tu plataforma, más fácil es que incorporen el hábito para toda la vida”, explicó Koduri.

La doctora Julieta Olivieri, psiquiatra infantil y juvenil del Departamento de Urgencia del Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez, opina en la misma línea: “En general, los niños arrancan a usar el celular en los últimos años de la primaria, preparándose para la mayor autonomía de la secundaria. Los que empiezan antes pueden tener trastornos del sueño, cuestiones de compulsión, ansiedad… en mi experiencia no es para nada positivo empezar muy temprano”.

Según ella, los papás tienen muy presente el miedo a los ataques de pedófilos, pero no necesariamente otro peligro real, que es la propia exposición de los niños: “Ellos no siempre entienden que eso que ponen en un celular se puede volver público: los papás no lo piensan mucho hasta que el niño no aparece exhibido en una foto complicada. Los pedófilos son reales, pero este también es un peligro muy común si un niño tiene acceso ilimitado a redes”. Olivieri sugiere un acceso a redes no demasiado temprano, paulatino y supervisado por un adulto.

Algunos padres optan por estos caminos intermedios, con graduación y control: es el caso de Lucrecia Fernández Grenno, politóloga y mamá de Magdalena, de 7 años, que tiene un celular con WhatsApp, pero solo un pequeño grupo de contactos. “Su papá es de la República Checa, como ella, así que se comunica con él por WhatsApp. Me tiene a mí, a sus abuelos y a su mejor amiga. No tiene permitido tener a otros”. A veces mira el Facebook de su mamá o pone “me gusta” a sus primos desde la cuenta de ella; según Lucrecia, este tipo de acceso controlado es común en el entorno de ella: “Pide tener Instagram, pero yo aún no la dejo, le explico que es demasiado pequeña y que puede sacarse fotos que no correspondan. No le gusta, pero lo acepta como límite, también porque ninguno de sus compañeros tiene”.

Emma, de 11, tiene un acceso un poco mayor, acorde con su edad, pero también monitoreado de cerca por su mamá, Clara Sirvén, periodista y productora: “Emma tiene una cuenta de Instagram privada, y los seguidores los acepto yo”, explica Clara. Sus amigas suelen tener Instagram y otra red llamada Musical.ly, muy popular entre los niños (entre otras cosas, porque no tiene ningún límite en la edad de acceso). Emma llega a usar tres o cuatro horas diarias de redes, pero no le parecería grave no tener: “Mis amigas que no tienen se quedan afuera de alguna cosa, alguna foto graciosa, pero nada muy importante”.

Por su parte, Jimena Riveros tiene en su casa a todo el espectro de la niñez, con Ema de 7, Mía de 10 y Juana de 12. “La chiquita tiene Musical.ly, pero no tiene abierta la red, sube videítos que solo pueden ver sus hermanas y amigas, igual ya está en tema, cosa que con la mayor arrancó apenas en cuarto grado. Yo tengo en mi celular las cuentas de Instagram de las dos más grandes, así que veo todo: y, obviamente, son perfiles cerrados”. Los fines de semana se van a una casa en la que no hay conexión: “Ellas piden que la ponga, pero lo estoy retrasando, porque me encanta que se entretengan haciendo vida sin internet”.
Con o sin grises, una cosa parece cierta: la infancia ‘unplugged’ es posible, y –para muchos– no está nada mal.

Fuente: abcdelbebe.com

La salud mental de los niños

Por suerte, cada vez más se presta atención a la salud mental de los niños pero, hace tan solo unas décadas era un tema que ni se contemplaba. Ahora, contamos con muchísimos recursos para ayudar a los niños a desarrollar una adecuada fortaleza psicológica y un óptimo bienestar emocional y mental.

Situaciones que pueden alterar la salud mental de los niños

Los psicólogos somos testigos de cómo en esta última década los padres y madres acuden con mayor frecuencia a la consulta de psicología con el objetivo de cuidar la salud mental de los niños que en ocasiones se ve amenazada por distintas causas.

Es más fácil detectar cuáles son las necesidades físicas de un niño (tiene hambre, tiene sed, tiene frío, etc.) que las necesidades emocionales. Además, muchas veces los niños no entienden qué les sucede y por tanto no pueden expresarlo con claridad. Esto hace que en muchos casos no sea fácil identificar que el niño no goza de una salud mental adecuada.  

Seguidamente, detallamos los principales motivos que pueden alterar la salud mental del niño:

– Ser víctima de acoso escolar.

– La no adaptación en el centro educativo.

– Ser testigo de violencia en la familia.

– Haber sido víctima de un abuso sexual o haber sufrido agresiones físicas y/o psicológicas por parte de sus progenitores o cuidadores.

– No sentirse querido por sus principales figuras de apego y no recibir cariño de los mismos.

– Sufrir la separación traumática y tormentosa de sus padres en la que ambos han llegado a las manos, se han insultado, humillado, despreciado, etc.

– Haber sufrido la muerte de un ser querido o haber sido testigo de cómo alguno de los progenitores ha enfermado (cáncer, trasplantes, etc.).

– Estar hospitalizado durante períodos largos de tiempo por enfermedad.

– Tener un problema psicológico, un trastorno psiquiátrico o enfermedad mental.

– Haber vivenciado una situación de catástrofe natural (incendios, terremotos, etc.).

– Estar sometido a un estrés continuo en la familia debido a condiciones económicas poco favorables (situación de desempleo de los padres, falta de recursos para satisfacer necesidades básicas como agua, alimentación o vivienda, etc.).

Todas estas situaciones pueden amenazar la salud mental del niño. Algunos niños disponen de los suficientes recursos personales para gestionar las emociones que se despiertan ante este tipo de situaciones sin que le interfieran en su día a día y, por tanto, pueden continuar así funcionando sin ningún problema. Sin embargo, otros niños, ante estas situaciones ven tambalear su salud mental y aparecen lo que conocemos como ‘síntomas’.

Síntomas que pueden indicar problema de salud mental de los niños

Los síntomas nos dan pistas de que algo no funciona bien, nos alertan de que algo está pasando. Podemos empezar a sospechar que el niño no goza de una óptima salud mental cuando:

– No muestra interés por interactuar con las personas de su entorno.

– No establece relaciones positivas con su grupo de iguales ni tampoco con los adultos.

– Cuando hay retraimiento o aislamiento social.

– Alteraciones en el sueño y en la alimentación.

– No tiene curiosidad por aprender ni explorar el entorno en el que se desenvuelve.

– No experimenta, regula ni expresa sus emociones de manera adecuada.

– Manifiesta un comportamiento que llama la atención (se muestra retraído, aislado o por el contrario se muestra agresivo y desafiante, etc.).

– Irritabilidad, muestras frecuentes de ira.

– Se auto lesiona (se muerde, se golpea, se araña, etc.).

– Muestra sentimientos de tristeza o melancolía la mayor parte del tiempo.

– Se siente constantemente preocupado, ansioso.

– Repite conductas más comunes en niños de menor edad como incontinencia urinaria en la cama, durante mucho tiempo.

– Se queja constantemente de dolores de cabeza, de estómago o cualquier otro tipo de dolor corporal.

Es importante observar si el niño muestra estos síntomas en todos los contextos en los que se desenvuelve (casa, colegio, durante el tiempo de ocio con los compañeros, etc.) ya que esto va a determinar si estamos o no ante un problema de salud mental.

Tratamiento de problemas mentales en niños

Es importante que si se detectan algunos de los indicadores de salud mental deficitaria, que anteriormente hemos señalado, se le ofrezca al niño la posibilidad de ser atendido por un profesional de la salud. No intervenir o no hacer nada al respecto puede agravar los síntomas y no aliviar el malestar del niño e incluso agravarlo.

Esto limitaría su derecho a vivir de manera plena y satisfactoria. Por ello, ante estos síntomas de alarma, lo más recomendable es que los padres y madres se pongan en contacto con profesionales de la salud (médico especialista en pediatra, médico especialista en psiquiatra o psicólogo) para que puedan actuar con el fin de aliviar el sufrimiento del menor.

Fuente: guiainfantil.com

Cómo explicar a los niños el abuso sexual y cómo detectarlo

La idea de que alguien pueda hacerle daño a nuestros hijos es terrorífica, tanto que llegamos a rechazar pensar en ello y hablar a los niños de esa posibilidad. Sin embargo, al mantenerlos en la total ignorancia puede que los estemos poniendo en peligro. Pero, ¿qué decirle a un niño para prevenir los abusos?

Una conversación necesaria

Abuso sexual infantil es cuando un adulto o un niño más mayor utiliza de forma sexualizada a un menor para beneficio propio, ya sea tocándole o excitándose. El abuso sexual es un delito tabú, porque a sus víctimas les cuesta mucho hablar de ello y denunciarlo, especialmente si son niños. Sin contar esos casos que nunca son descubiertos, que son bastantes, las última cifras aportadas por Save the Children son preocupantes.

Según la ONG, con datos del Ministerio del Interior, en 2015 en nuestro país se produjeron 3.919 denuncias por agresiones sexuales a menores; esto se traduce en una media de 10 denuncias al día, lo que significa un aumento del 5% con respecto al 2014. Para los padres es inevitable pensar que sus hijos están protegidos frente a estas aberraciones y que nunca les va a ocurrir a ellos. Nos encargamos de que así sea, pero por muy duro que suene, la realidad es que el 87% de estos abusos se producen en el entorno cercano al niño, dentro de su círculo de confianza, donde el menor se siente a salvo (colegio, clases extraescolares, amigos o familiares).

Por ello es importante que hablar con nuestro hijo en casa de este problema tampoco sea tabú. Es una conversación dura y nada agradable, pero le estaremos dando las herramientas necesarias para protegerse. Hemos hablado con Margarita García Marqués, psicóloga de ASPASI (Asociación para la Sanación y la Prevención de los Abusos Sexuales en la infancia. www.aspasi.org), para que nos aconseje y nos dé las claves a la hora de tratar este tema con los niños.

Prevenir los abusos sexuales

Quizá es imposible evitar todos los abusos, pero sin duda es posible prevenirlos. Para hacerlo hay dos cosas que podemos hacer: ser nosotros vigilantes y además, enseñar a los niños que el abuso existe y que nadie puede tocarlos de forma inadecuada.

A los niños hay que explicarles que lugares de su cuerpo y que formas de tocarlos no son correctas y enseñarles que, si alguien hace algo que les incomoda, deben salir corriendo inmediatamente y no aceptar el contacto físico indeseado. Eso pasa incluso por no obligarles a darle besos a alguien si no quieren, pues de ese modo se sienten dueños de sus cuerpos y saben que nadie puede forzarlos a hacer algo que no quieran.

Hay que explicarles, en la medida de su comprensión, que hay personas que, incluso pareciendo muy buenas, nos pueden engañar y tratar de hacerles daño o tocarlos de forma indebida. Nadie, nadie, puede tocarlos o acariciarlos de forma que no les guste. Puede que eso haga que rechaze abrazos de alguien que es inofensivo pero eso reforzará su confianza en que tienen derecho a decir que no.

También, por supuesto, hay que enseñarles que no deben irse con extraños, sea porque les piden ayuda para buscar un cachorrito o les ofrezcan un juguete o una golosina. Pero, por supuesto, ni todos los extraños van a querer hacerles daño, ni todas las personas conocidas o de confianza son seguras.

La norma de no estar solos y no irse con desconocidos es fundamental. Deben gritar y huir si alguien quiere llevárselos y tirarse al suelo pataleando y chillando si los agarran. Pero, cuando se trata de personas conocidas de su entorno el asunto es más delicado, pues pueden tratar de engañarlos o asustarlos para que sean dóciles o callen lo sucedido.

Por eso, siempre debemos reiterarles que confiamos en ellos y que deben contarnos cualquier cosa mala que les suceda, pues creeremos en ellos y los defenderemos, incluso si la persona que los ha dañado es muy cercana a nosotros.

Un consejo general, de todos modos, sería no dejar a nuestros hijos a solas con nadie en quien no confiemos absolutamente (ni familia, ni amigos, ni cuidadores, ni figuras con autoridad espiritual, ni maestros ni entrenadores o monitores) pues los abusadores aprovechan cuando el niño está desprotegido e, incluso así, estar abiertos a percibir signos de abusos y reiterándole a nuestro hijo a menudo que nadie puede tocarles indebidamente y que, si algo extraño les sucede, deben contárnoslo inmediatamente y los salvaremos.

Miedo en los niños

Tenemos que ser conscientes de que contarles esto a los niños puede causarles miedo y preocuparlos. La idea no es que vivan aterrorizados o desconfiando del mundo, ni pensando que todos son malvados, pero si que conozcan la realidad para poder enfrentarse a ella y evitar ser víctimas.

Vivir con miedo no los va a proteger, pero si el saber como actuar si la situación se presenta. Es decir, les estamos dando armas y protegiéndolos al contárselo.

Hay explicar las cosas poco a poco y desde pequeños, cuando no entienden que es el abuso, y enseñarles a ser dueños de sus propios cuerpos y a tener confianza absoluta en nosotros les digan lo que les digan o los amenacen con lo que les amenacen. Podemos prevenir que sean víctimas del abuso sexual hablando con ellos.

Fuentes: bebesymas.com/crecerfeliz.es

Enseña a tu hijo los límites de abrazar y besar a los demás

Es muy común que los padres le digan a sus hijos “saluda con un beso al tío”, “Dale un abrazo al abuelo”. Y suele suceder que muchas veces el niño no quiere, y los padres obligamos a nuestros hijos a hacerlo.
Los niños desde muy pequeños conocen el mundo a través del tacto. No es raro entonces que demuestren su afecto a través de besos, caricias, abrazos y contactos (y hasta algunas veces, mordiendo). Según los expertos, los niños que besan y abrazan a todo el mundo deberían conocer que existe un límite para ello.

Es muy lindo cuando los pequeños son cariñosos. Nos encanta que nuestros hijos nos llenan de abrazos y besos. Pero ¿qué pasa cuando esos besos y abrazos los reparten por doquier, a cualquier persona o compañerito de la guardería? Casi sin preguntar, con sus besos (a veces en la boca) y sus abrazos de ternura, sin darse cuenta de que a veces no están respetando el espacio del otro. Y eso, es algo que le debemos enseñar los padres.

 De acuerdo a Fatherly, y según el terapeuta familiar Dolan Del Vecchio, son los padres los que tienen que moldear el comportamiento de los niños y enseñarles a respetar al otro, y hacerles entender que los besos y abrazos, por más que sean demostraciones bonitas de afecto, no siempre deben darse en cualquier momento, lugar, ni mucho menos a cualquier persona sin preguntárselo. El terapeuta dice “Muchos padres no respetan los límites físicos propios de su hijo, y mucho menos los límites físicos entre marido y mujer. Los padres deben tener una idea de sus propios límites razonables entre sí, con otros adultos y con sus hijos, porque si no lo hacen sus hijos van a hacer lo que sea que hagan “.

Es decir, que si eres de tomar por la fuerza a tu hijo para besarlo y abrazarlo, aunque él grite que no quiere, entonces él o ella puede replicar esa conducta con sus compañeritos o compañeritas de la escuela.

Especial

Pedir permiso antes de la demostración

Del Vechio quiere dejar en claro que, cuando un niño aún no domina el lenguaje, es normal que los niños agarren a otros y abracen y necesiten ser agarrados y abrazados por sus padres, pero conforme van creciendo, son los padres quienes mediante el lenguaje deben explicarle a sus hijos que no todos los amiguitos quieren ser besados efusivamente.

Está bien que los padres fomenten el abrazo de su hijo a un amigo del preescolar al encontrarse o al irse de la escuela, a modo de saludo de bienvenida y despedida. También está bien alentar a un niño a preguntar antes de abrazar y besar al amigo o amiga. Pero el terapeuta explica que lo que también es importante, es que el niño entienda que el problema no está en el afecto, sino en no pedir permiso.

Lo que se debe lograr es el equilibrio. Es decir, hacerle entender al niño que mostrar afecto está bien, pues es un valor en la amistad, pero que es fundamental el respeto al otro de su cuerpo y su espacio personal.

Por otra parte, enseñarle a los niños a no ser excesivamente afectuosos y demostrativos con cualquier persona los protege de los peligros que implica brindar demasiada confianza a un extraño. Asimismo, el terapeuta recomienda enseñar a los niños acerca de los nombres propios de las partes del cuerpo, así como la privacidad de las zonas íntimas y que nadie debe tocarlas bajo ningún punto de vista.

Internet

Cómo enseñarle a un niño excesivamente cariñoso

  • Modelar los buenos límites personales, así como los límites físicos con amigos y otros miembros de la familia.
  • No reaccionar a las violaciones de límites con enojo sino con cordura.
  • Recordarles a los niños que es importante preguntar antes de abrazar y besar a alguien, y que se trata de respeto.
  • Estar atento a la enseñanza del peligro de besar a los extraños.
  • Ayudar a los niños a comprender con quién debe hablar si se lo toca de manera inapropiada.

Y al revés, también

Así como le enseñamos a nuestros hijos a no ser excesivamente afectuosos y demostrativos con sus amigos o personas desconocidas, es fundamental que los padres creemos conciencia acerca de cuántas veces los niños se sienten obligados a saludar a las personas que no quieren.

Es muy común que los padres le digan a sus hijos “saluda con un beso al tío”, “Dale un abrazo al abuelo”. Y suele suceder que muchas veces el niño no quiere, y los padres obligamos a nuestros hijos a hacerlo. Ello deja un doble mensaje oculto, pues el niño está aprendiendo que no es dueño de su cuerpo y que un adulto puede decirle qué es lo que debe hacer y a quién tiene que besar. No se trata de inculcar malos modales, sino de respetar la voluntad del niño y escuchar su voz interior que le dice que por algún motivo no quiere besar a ese adulto.

Fuente: vanguardia.com.mx

El ‘insonmio tecnológico’ afecta cada vez más a niños y jóvenes

Niños irritables, con problemas en el colegio, cefaleas, con dificultades para seguir instrucciones, que se quejan de estar cansados o que les cuesta quedarse dormidosson cada vez más comunes en las consultas de los especialistas pediátricos.

La causa, coinciden los médicos, suele ser siempre la misma: las pantallas a las que se exponen antes de dormir.
“Hay muchísimos casos en el último tiempo. La gran mayoría de los pacientes que consultan por trastornos de desarrollo o trastornos escolares no se dan cuenta de que la causa es la exposición a las pantallas”, dice la doctora Marcela Paredes, neuróloga infantil de la Clínica Santa María.

A su consulta llegan desde preescolares hasta adolescentes con este problema. “Hay niños chicos que están todo el día expuestos a las pantallas, de la tableta, del celular.Los papás los hacen comer o dormir mirando el celular, en plena ignorancia (de los problemas que esto trae)”.

El aumento de niños con problemas por la exposición nocturna a las pantallas es un problema global: en España, el hospital Vitas Nisa Rey Don Jaime admitió al diario ‘El Mundo’ que las consultas infantiles han aumentado en un 22 por ciento en los últimos cinco años, debido al “insomnio tecnológico”.

Dormir fragmentado

“No solo se duerme menos debido a las pantallas, también hay más despertares en la noche, algunos son imperceptibles, pero generan un sueño más liviano. Todo esto cambia la arquitectura del sueño. Y el sueño REM, que es cuando se sueña, en el que creamos memorias, se da de manera superficial”, advierte el doctor Pablo Brockmann, somnólogo del Centro del Sueño de la Red de Salud UC Christus. Y agrega: “Las pantallas son uno de los principales factores que afectan el sueño de las nuevas generaciones”.

Con él coincide la doctora Viviana Venegas, neuróloga infantil de la Clínica Alemana:“No es solo que duerman mal o que les cueste dormir, también tiene impacto al día siguiente en el funcionamiento cognitivo del niño, las capacidades de rendir en el colegio, el humor y otros problemas. Muchas cosas pasan durante el sueño: se regulan las hormonas –por ejemplo, las que se relacionan con el desarrollo corporal–, se resetea el cerebro, se consolida la memoria, se prepara para lograr mayores aprendizajes, también se relaciona con el metabolismo de la glucosa… es muy relevante para la salud general del niño”.

Hipertensión arterial y obesidad también están relacionados con un mal dormir, dicen los especialistas. “Las luces de cualquier pantalla tienen la misma intencionalidad lumínica que el día. Al recibir estímulo de luz día, el cerebro hace algunas cosas, y en la oscuridad tiene otras funciones. Entonces, cuando mantienes un estímulo lumínico, el cerebro no sabe qué hacer y se altera una serie de funciones, y eso se traduce en manifestaciones de disfunciones de la regulación metabólica y endrocrinológica”, dice la doctora Paredes.

Por eso se recomienda no exponerse a las pantallas al menos una hora antes de irse a dormir.

El doctor Brockmann reconoce que es difícil limitar el uso de pantallas, sobre todo entre los adolescentes. Por eso recuerda que algunos teléfonos, como el iPhone, tienen un modo para que la luz se vuelva más cálida y evite interferir tanto en la calidad del sueño.

Buscando otra solución, Google mostró hace una semana –en su conferencia para desarrolladores– una nueva función para celulares (llamada Wind Down Mode, que funcionará en el próximo sistema operativo Android), que detecta hábitos de sueño y cambia la pantalla a blanco y negro cuando se acerca la hora de dormir.

Sin embargo, tampoco hay que olvidar el papel de los padres, hace hincapié la doctora Venegas. “Es una labor educativa que hay que trabajar, no se puede tomar a la ligera. El rol de los padres en el uso adecuado de las tecnologías cobra real importancia en este”.

Medidas efectivas en casa

Para ayudar a que los niños tengan una relación saludable con la tecnología, la Asociación Americana de Pediatría recomienda poner límites de horarios en los que se pueda estar “conectado”. Además, recuerda que el tiempo ‘online’ no tiene por qué ser un tiempo en solitario. “Juega e interactúa con tus hijos cuando usen pantallas. (…). No tes limites a monitorear lo que hacen”, se lee en el sitio web.

Crear espacios y momentos sin tecnologías es otra clave: comidas, reuniones familiares, así como las habitaciones infantiles deben estar libres de pantallas.

También es buena idea apagar el televisor cuando nadie lo esté viendo, así como cargar los dispositivos electrónicos de noche y fuera del cuarto del hijo, para evitar que se sienta tentado a usarlo.

“No use la tecnología como un chupeta emocional. Los dispositivos electrónicos pueden ser muy efectivos en calmar y tranquilizar a los niños, pero no debe ser la única forma que aprendan a tranquilizarse. Los niños deben aprenden a reconocer y manejar sus emociones”, recomendó la Asociación Americana de Pediatría.

Fuente: abcdelbebe.com

Elegir una guardería para el bebé

La elección de la guardería para el bebé es siempre un motivo de preocupación para los padres, que quieren lo mejor para su hijo. Por tanto, antes de iniciar la búsqueda, los padres debemos tener claro lo que queremos, en base a una serie de requisitos indispensables que, en adelante, habrá que colocar en orden de prioridades.

Una buena guardería o escuela infantil debe ser aquella que no se limite a “vigilar” a los niños, sino que les proporcione un ambiente acogedor, en el que profesionales formados dispongan de una base adecuada para su desarrollo. La escuela debe ofrecer confianza a las familias y a los más pequeños. Si los padres se encuentran satisfechos con la elección, será más fácil que sus hijos acepten y se adapten bien al cambio.

Te contamos qué debes tener en cuenta a la hora de elegir una guardería para el bebé.

Consejos para elegir una guardería para el bebé

Es aconsejable que la guardería se encuentre cerca del domicilio familiar. Los amiguitos que haga vuestro hijo en la guardería también serán sus amigos de vecindad. Los padres deben visitar varias guarderías e informarse acerca del funcionamiento y de la organización de cada una de ellas.

Para eso, es necesario tener algo de tiempo para estar allí y observar la relación del personal, cómo se hablan y se comportan entre ellos y con los niños. El día de la visita conviene hacer todas las preguntas que se te ocurran y también, todas las que creas que son necesarias. Aprovecha la ocasión para que no te queden dudas, si es posible. Todos los centros, tanto públicos como privados, deben ajustarse a la normativa de la LOGSE (Ley de Ordenación General del Sistema Educativo), pero aunque la mayoría cumple las normas, es conveniente visitar las instalaciones y comprobar que efectivamente es así.

¿Cuántos niños debe haber por clase?

Cuánto más pequeños son los niños, mayor es la atención que necesitan. Asegúrate de que el número de niños por educador cumpla la normativa vigente. Cuantos menos sean por clase mejor será la atención hacia ellos. Según establece el marco legal, el número de niños por clase está directamente relacionado con la edad que tengan. Por tanto, sólo pueden estar:

– En el caso de niños menores de 12 meses, 8 niños por clase.
– Si tienen entre uno y dos años, 20 niños por clase.
– Si ya tienen entre tres y seis años, 25 niños por clase.

¿Cómo debe ser el espacio y las instalaciones de la guardería?

El espacio ha de ser amplio y exclusivo, con acceso independiente al exterior. Por cada niño, el centro debe disponer de dos metros cuadrados mínimos en las salas. En la zona correspondiente a los menores de dos años, las áreas de descanso e higiene deben estar diferenciadas. Hay que contar también con una sala de utilización múltiple. El comedor, por ejemplo.

¿Es obligatorio que haya un pediatra y algún especialista en educación especial?

No es obligatorio que haya un pediatra, pero es conveniente que ofrezcan esteservicio médico, que tiene una función de prevención. Si vuestro hijo tiene algún tipo de necesidad educativa especial, el centro deberá aportar recursos humanos y materiales de apoyo determinados por la administración educativa correspondiente.

El control higiénico en la escuela infantil

Existen controles periódicos por parte de las autoridades competentes para comprobar el perfecto estado de los centros, que deben cumplir las ordenanzas que señale la legislación vigente, y también contar con un espacio apropiado para el comedor y la cocina. Los padres pueden visitar la cocina y hacer preguntas sobre el menú, por ejemplo.

La zona de recreo para los bebés

Por cada nueve aulas, con una superficie no inferior a los 75 metros cuadrados, todas las escuelas infantiles deben disponer de un patio exterior de juegos, exclusivamente del centro escolar.

Preparación académica de los educadores

Los cuidadores o educadores que atiendan a los niños entre 0 y 3 años deben tener, como mínimo, un título de Jardín de Infancia, y los que atiendan a los niños entre 3 y 6 años deben ser Maestros de Educación Infantil.

Fuente: guiainfantil.com

Por qué a tus hijos les cuesta pronunciar “erre” y “ese”

Es normal que muchos niños, sobretodo los más pequeños, al inicio del habla les cueste pronunciar ciertos fonemas como el sonido de la “erre” y de la “ese”. Son los sonidos más complicados de conseguir, ya que es necesario un gran control de la lengua para poder pronunciarlos.

Te contamos las razones de por qué a tus hijos les cuesta pronunciar “erre” y “ese” y qué deben hacer para evitar este problema en el futuro.

Niños a los que les cuestan pronunciar “erre” y “ese”

Es frecuente relacionar las dificultades de pronunciación de los sonidos erre y ese con la logopedia, pero pocas veces nos preguntamos el porqué. Teniendo tantos sonidos en nuestro repertorio (p, c, g, d, t, n, l, etc.) ¿Por qué estos dos sonidos son los más frecuentes?

Para ello, antes de nada, es importante analizar sus características:

El sonido vibrante múltiple o erre fuerte (rr) se produce colocando la punta de la lengua en el paladar, concretamente en un punto específico de las arrugas próximas a los dientes, una vez en ese punto de colocación se produce un movimiento de vibración rápido. Su dificultad de articulación se conoce bajo el nombre de rotacismo. Y normalmente los niños suelen presentar alguno de estos típicos cinco errores, si intentasen decir (rr)atón:

  • Omisión o ausencia del sonido. Ejemplo: atón
  • Sustitución por erre francesa. Ejemplo: Ejemplo: gatón
  • Sustitución por erre floja. Ejemplo: ratón
  • Sustitución por ele. Ejemplo: latón

El sonido fricativo sordo o ese (s) se produce colocando el ápice o punta de la lengua en posición anterior, aunque sin sobresalir de la frontera de los dientes, una vez en ese punto de colocación se produce un paso de aire suave y concentrado en línea media. Su dificultad de articulación se conoce bajo sigmatismo. Y normalmente los niños suelen presentar alguno de estos típicos tres errores, si intentasen decir (s)iete:

  • Omisión o ausencia del sonido. Ejemplo: iete
  • Sustitución por zeta. Ejemplo: ziete
  • Sustitución por sonidos parecidos a la ce hache. Ejemplo: chiete

Una vez descritos con detalle, es fácil entender mejor por qué estos sonidos son particularmente difíciles de adquirir para los más pequeños; ambos necesitan de un buen control de la punta de la lengua muy preciso y maduro a nivel de movilidad, colocando la lengua hábilmente cerca de los dientes y con la suficiente suavidad como para dejar pasar más o menos aire.

En resumen, ahora ya sabemos la importancia de la punta de la lengua y de una buena movilidad para prevenir posibles dificultades.

Fuente: guiainfantil.com

Lectoescritura: cómo aprenden los niños a leer y escribir

Cómo es el proceso de aprendizaje de la lectoescritura en la infancia

La adquisición de la lectura y la escritura, son procesos que se aprenden de forma dinámica y constructiva. Ambos procesos requieren tener adquiridas ciertas habilidades psicológicas básicas, así como destrezas cognitivas y una adecuada construcción del pensamiento: como son la observación reflexiva, la identificación, la comparación, resolución de problemas, el análisis, la generalización, habilidades motrices concretas, la formulación de hipótesis y reglas, la clasificación. Así es como aprenden los niños a leer y escribir. 

El proceso de aprendizaje en los niños de leer y escribir

Muchos niños y niñas, a partir de los 3 o 4 años, pueden iniciarse en la curiosidad por las letras, por saber lo que pone en un cartel, en un letrero o en una etiqueta, incluso son capaces de identificar su nombre de tantas veces que se lo han mostrado escrito o lo han visto en las etiquetas de su ropa del colegio o en sus materiales escolares. Paralelamente hacen un esfuerzo por escribir su nombre de la mejor forma que saben.

Es por ello, que a partir de los 3 años puede comenzarse el trabajo en la construcción del aprendizaje de los procesos de lectura y escritura, con tareas de pre-escritura. Pero, como he manifestado en otras ocasiones, este aprendizaje no hay que forzarlo, y es posible que haya muchos niños y niñas que no estén preparados para iniciarse en él. Por lo tanto, la edad de inicio es relativa y dependerá del desarrollo de cada pequeño.

Para motivar este proceso, se puede estimular al niño con ciertas tareas y juegos que van a favorecer una mayor habilidad a la hora de enfrentarse al proceso lecto-escritor, como son juegos de:

  • Orientación espacial.
  • Lateralidad, de coordinación viso-motora.
  • Discriminación y memoria auditiva.
  • Psicomotricidad fina.
  • Lenguaje hablado,
  • Conciencia fonológica.
Cuándo está el niño preparado para leer y escribir

El niño o la niña pueden estar preparados para leer y escribir a partir de los 5 o 6 años, pero esta edad no es delimitante, sino aproximada, ya que es necesaria cierta madurez y no todos los niños se desarrolla igual. Sí es importante estar pendiente del momento en que al niño se le ve preparado para iniciar el proceso y siempre asegurándonos que su comunicación a través del lenguaje ya es óptima.

Nuestros hijos, nuestros alumnos, irán descubriendo que cada letra tiene su propio sonido, lo que se llama fonema, que es la unidad fonológica mínima, y aprenderán a descodificar, por asociación y repetición del adulto, ese sonido cada vez que vayan viendo esa letra y esa grafía la asociarán al nombre de la letra. Es sorprendente cuando ven, por ejemplo, unas montañas dibujadas y dicen que se parece a la letra “M”, o una cuerda en el suelo con forma serpenteante y dicen que parece una “S”.

Por lo general, se inician primero en el reconocimiento de las letras que componen su nombre, y para ellos y ellas descubrirlas en otros carteles o letreros es realmente satisfactorio.

Es frecuente también que reconozcan palabras escritas sin apenas saber leer, y es que la memoria visual juega un buen papel, ya que han sido capaces de memorizar las grafías de una palabra y por ese motivo las identifican: como por ejemplo CASA, MAMÁ o PAPÁ.

Para los niños y niñas es más sencillo iniciarse tanto en lectura como en escritura con letra mayúscula, ya que su grafía es más simple, tanto de memorizar como de trazar.

La curiosidad que tiene un niño por aprender a leer y escribir, cuando su madurez se lo permite, es el motor y motivación suficiente para fomentar ese aprendizaje. Una vez que ya identifica todas las grafías y el sonido que hace cada letra, será capaz de decodificar esos sonidos para leer la palabra, y no le faltarán ganas de transcribirlas al papel casi de forma simultánea. En esta parte de tarea grafo motriz, es adecuado enseñarle la direccionalidad de la letra, ya que hay niños y niñas que interiorizan de manera incorrecta un trazo en una letra o número, y posteriormente es más difícil de corregir, es decir, hay que desaprender lo aprendido, que decimos en educación.

Es habitual que, en sus inicios, la niña o el niño, cometan ciertos errores fruto de su aprendizaje, como pueden ser omisiones de letras, letras escritas de forma invertida, no dejar espacios entre palabras, aquí la tarea del adulto no es tanto borrar, sino mostrar cómo se hace, siempre desde la calma y la confianza.

Fuente: guiainfantil.com

Paciencia ante todo para hablarles a los niños

Después de un largo viaje en auto nos parece natural que un cachorro “se queje” ladrando, corra en círculos o quizá muerda un poco. No nos enojamos con él cuando necesita liberar esa energía. Le preguntamos: “¿Quién es un buen chico?” en un tono que el perro entiende perfectamente. Significa: “Estoy encantado contigo simplemente porque existes”.

Comparémoslo con la manera en que tratamos a los niños después de que han aguantado un día de clases, actividades y tareas. Les ladramos instrucciones: “Termina tus problemas de matemáticas, ¡y asegúrate de demostrar el resultado!”, “¡Deja de jugar con el iPad!”, “¡Prepárate para ir a dormir!”.

En vez de disfrutar su compañía, los arrinconamos y les damos órdenes.

Esto es particularmente desafiante para los niños pequeños.

Los padres sin agallas y sobreprotectores crían niños infantiles y berrinchudos que se sienten con el derecho a todo. Sin embargo, los profesores de esos niños piensan que son estupendos.

¿Por qué ocurrió ese cambio de equilibro? Antes trataba los problemas de las niñas y ahora lidio con una regresión tan severa en los niños que los padres están temerosos por ellos y de ellos. ¿Por qué son tan lastimosos, patéticos y molestos… pero solo en casa?

Sabemos algunas de las razones. El temario de la escuela se ha extendido mientras que el desarrollo humano sigue avanzando al mismo ritmo de siempre. Esto significa que las chicas, que desarrollan habilidades verbales, de lectura y sociales antes que los niños, tienen una ventaja.

Para ese momento, muchos niños ya agotaron sus reservas de autocontrol. Algunos inician una huelga. Los líderes sindicales lo llaman “cumplimiento doloso”: asiste al trabajo, pero no trabajes. A menos que un padre se comporte como cuidador y asistente personal desde el inicio hasta el final.

¿Después qué sigue? ¡Te vas a la cama en este instante, jovencito!

Ahora la lucha de poder se intensifica. El “Acuéstate conmigo”. Los “monstruos”. Las lágrimas. Su ansiedad extrema es su energía, imaginación y pasión que implosionan contra ellos mismos y contra el pacífico hogar de su familia.

No es fácil cambiar las escuelas o regresar a épocas pasadas. Sin embargo, podemos controlar por lo menos un elemento del asunto: cómo interactuamos con nuestros hijos.

¿Qué porcentaje de la comunicación con tu hijo consiste en fastidiar, recordar, castigar o gritar? “Mmm… ¿90 por ciento, 100?”. Sé que eso no es cierto, así como sé que los niños no padecen enfermedades mentales y que estas familias no sufren disfunción oculta.

Antes de considerar la terapia o los medicamentos, les sugiero a los padres que aprendan a hablarles a los niños pequeños y también a escucharlos.

Deléitate con su encanto

¡Mamá, mamá! ¿Sabías que hay 440 tipos de tiburones? El más grande es el blanco. ¡Tiene SEIS METROS DE LARGO! ¡Pero los tiburones solo matan a diez personas al año! ¡Los perros matan a 25.000 personas al año! Los tipos de tiburones son marrajo, martillo, azul y tollo cigarro. ¡Duende!, leopardo, nodriza, mielga…

El edificio más alto del mundo, la cámara de video más pequeña que utilizó la CIA, el mayor número de balones encestados en un solo partido. Los chicos quieren demostrar quiénes son, ser maestros del universo. Recolectar información es su manera de abarcar un tema. Si esa información tiene superlativos, los más grandes, los más fuertes, los más rápidos… qué mejor.

Una buena táctica es fingir ser un poco ignorantes y buscar su conocimiento especializado por mínimo que sea. Ser entusiasta y mostrarse cautivado es un depósito en el banco de la buena voluntad que estableces con tu hijo. Esa información esotérica comunicada apasionadamente es el regalo que te dan; cuando preguntas los detalles y valoras las respuestas, muestras tu gratitud.

Ayúdalo a cambiar de canal

Si está recitando la misma letanía de dinosaurios que ya has escuchado cincuenta veces, considera que quizá se le está acabando el material. Los niños pequeños necesitan más información no solo para saciar su curiosidad, sino también para mantenerte cautivado.

La mejor manera de refrescar el monólogo es proporcionarle algunos hechos nuevos y experiencias a través de libros, videos o paseos: un viaje a la biblioteca, al puerto, a la estación de trenes o al mercado de productores; o una gran excursión al museo, el acuario o el zoológico.

Encestando puntos

Deja que hable en la oscuridad, en el auto, mientras se mueve, mientras espera el autobús o cuando está sentado en el metro. En general, está más cómodo charlando al lado que cara a cara. Sostener un objeto también alivia la tensión. Tu papel es estar atento y recibir sus comentarios. Una vez que los niños pueden escribir, algunos prefieren comunicar un gran pensamiento, una confesión o un sentimiento profundo en un pedazo de papel y deslizarlo bajo tu puerta en vez de decirlo en persona. Si tú le dejas pequeñas notas de vez en cuando en su escritorio, la mesa de noche o la almohada, abres una vía de comunicación que no conocía y será más probable que él haga lo mismo.

Para que entienda tu mensaje, evita las “críticas constructivas” con palabras abstractas como inapropiado, enfocado, distractor y éxito. Sobre todo, cuando las usas en tono serio, a tu hijo le suenan como el blablablá de los adultos en las caricaturas de Charlie Brown y compañía. En vez de eso, habla con fuerza, calma y sencillez. Repite. Puede que tu hijo no entienda las insinuaciones. Es poco probable que recuerde los discursos largos y serios acerca de todo, desde las áreas que debe mejorar hasta los planes detallados que lo emocionan. Así que imagina que tus conversaciones son como encestar en el básquetbol. Dices algo, después otra cosa, y a veces lo logras y encestas.

Aprécialo

En su novela La ley del menor, Ian McEwan describe a un niño de 8 años que relata “un flujo plateado de anécdotas, reflexiones y fantasías” y que genera en un escucha adulto “una ola de amor por el niño que le apretaba la garganta y le ardía en los ojos”.

Dale a tu hijo el cariño fácil, el aprecio y la tolerancia que le demuestras a tu perro.

Puede llevarte en un viaje increíble si confía en ti, si te tomas el tiempo y si estás dispuesto a seguirlo.

Fuente: nytimes.com

El problema de los niños de hoy en día es la ausencia de valores

Cada sociedad en su momento se encargó de culpar a las nuevas tecnologías de los problemas sociales. Cuando apareció el televisor, se culpó a éste de tanto aislamiento familiar. Ahora, en cambio, son internet y sus redes sociales los que parecen ser los culpables de tanta desintegración social en la época que estamos viviendo.

La realidad es que siempre existirá un medio de comunicación distinto al ideal de comunicación de tú a tú que pulule por nuestras sociedades y que incluso modifique los patrones de actuación más tradicionales. Pero la interpretación y el uso que hagan nuestros hijos de lo que vean y escuchen fuera del hogar dependerán de algo muy sencillo, los valores con los que hayan sido criados.

Es cierto que algunos valores están desapareciendo de los hogares a un paso agigantado que realmente preocupa, pero en nuestras manos está afrontar los cambios y los nuevos retos con el fin de poder llegar a un consenso con los más jóvenes y hacerles ver que internet no exime de una serie de valores y comportamientos en el desarrollo de la vida. Veamos algunos casos:

Casos de falta de comportamiento y valores

  • El valor de la escucha activa. Este es probablemente el valor más ausente en los hogares, ya que la falta de tiempo, el exceso de trabajo, o determinados problemas sociales, hacen que cada vez más los padres escuchen menos las necesidades de sus hijos. Ya es raro un almuerzo o una cena en familia, un fin de semana de paseo con los hijos, una charla informal por la tarde con nuestros hijos… Cuando la escucha activa se pierde en el hogar, el resto de los valores comienza a fallar.
  • El valor del respeto. Creemos que respetar es conseguir que los niños hagan todo lo que decimos. Esto no es respetar, es sumisión. Y lo que menos debes desear es un hijo sumiso sin opinión propia. Esto no es bueno ni para tu hijo ni para la sociedad. El respeto es entender que existen límites y que los derechos de uno acaban cuando comienzan los del otro. El respeto requiere de que se pongan límites en casa y que exista castigo y recompensa de manera positiva. En modo alguno se trata, por tanto, de ejercer el castigo físico o el insulto, por supuesto, ya que así así solo se consigue el miedo y no el respeto.
  • El valor de la tolerancia. Es uno de los valores más ausente de la sociedad hoy en día y se aprende en casa. La tolerancia es respetar las diferencias del otro, respetar los espacios del otro, respetar la privacidad de los demás… La tolerancia es salir del egocentrismo y entender que los otros tienen pensamientos, sueños y anhelos que desean también alcanzar. Y en la medida en que les demos su propio espacio a los niños para desarrollarse, estaremos construyendo adultos tolerantes para el futuro.

En definitiva, lo importante es no olvidar que los valores no se enseñan, se transmiten, de manera que por más que nos esforcemos con palabras para lograr el objetivo de enseñar a los hijos a ser tolerantes o cualquier otro valor, nada aprenderán si realmente dichos valores no se ven reflejados en el propio hogar.

Fuente: blog.bosquedefantasias.com