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¿Los cuervos celebran funerales para sus muertos?

Liz Langley

Quienes han escuchado el melancólico reclamo de la paloma huilota tal vez se pregunten: ¿Las aves sufren por la pérdida de sus seres queridos?

Emilie Bouef nos envió el siguiente comentario por Facebook: “Me han contado que los cuervos hacen una especie de funeral cuando uno de ellos muere. Me encantaría saber más al respecto”.

Llamarse, reunirse y prestar atención especial a un camarada caído son conductas comunes de los córvidos, grupo de aves altamente inteligentes que incluye a las cornejas, los arrendajos, las urracas y los cuervos, informa Kaeli Swift, estudiante doctoral en ciencias ambientales de la Universidad de Washington.

Pero eso no significa, necesariamente, que las aves estén de luto por su compañero perdido. Por el contrario, es posible que traten de averiguar si hay una amenaza en el sitio donde ocurrió la muerte, para evitarlo en el futuro.

En un estudio publicado recientemente en la revista Animal Behaviour, Swift descubrió que los cuervos estadounidenses asocian el peligro con las personas que manipulan cadáveres de cuervos, y pueden mostrarse recelosas de comer cerca de esos individuos.

El hombre de la máscara

Al iniciar su experimento de dos años, Swift puso comida en más de cien sitios del estado de Washington que atraían a los cuervos en etapa de cría y nidificación.

Luego, Swift pidió a 25 voluntarios humanos que usaran máscaras y se pararan cerca de la comida durante 30 minutos, a la vista de las aves. Las máscaras ocultaban las expresiones faciales de las personas, y también permitían rotar a los voluntarios que participaban en el experimento.

Cada voluntario llevaba en las manos un cuervo muerto y se paraba cerca del cadáver de un halcón de cola roja –depredador de los córvidos- o cerca de un halcón de cola roja muerto que sujetaba un cadáver de cuervo (todas las aves usadas en el experimento estaban disecadas). La variable de control del experimento –el elemento que no cambia- podía ser la ausencia del voluntario o un voluntario con las manos vacías.

De manera casi universal, cuando vieron a las personas y las aves muertas, los cuervos respondieron con “regaños” o emitiendo una alarma para otros cuervos. De las cuatro situaciones, la combinación “halcón y cuervo muerto” provocó la respuesta más intensa; sin embargo, los pájaros no respondieron al voluntario de “control” con las manos vacías.

Una voluntaria demuestra cómo presentaron los cadáveres de cuervos a los cuervos vivos durante los experimentos de Swift y sus colegas. Kaeli Swift

Una voluntaria demuestra cómo presentaron los cadáveres de cuervos a los cuervos vivos durante los experimentos de Swift y sus colegas. Kaeli Swift

Los voluntarios que provocaron reacciones regresaron al mismo sitio, periódicamente, durante seis semanas, pero volvieron con las manos vacías. Con todo, los cuervos siguieron protestando por su presencia durante todo el experimento y se mostraron más recelosos del área durante varios días, lo que sugiere que consideran peligrosas a las personas que manipulan a sus congéneres muertos.

En un segundo experimento Swift descubrió también que los cuervos respondían con menos intensidad a una persona enmascarada que sostenía una paloma disecada, lo que indica que “los cuervos son más sensibles a los cuervos muertos que a otros tipos de aves”, informa Swift.

En términos generales, la investigación demostró que la simple inferencia del peligro bastó para que los cuervos se volvieran escépticos de los humanos.

No te olvido

Otros experimentos han revelado que los cuervos estadounidenses nunca olvidan un rostro (humano), aun después de nueve años y medio (y contando), asegura John Marzluff, biólogo de la Universidad de Washington y coautor del nuevo estudio.

Semejante habilidad es beneficiosa para estas aves sociales y longevas, porque tienen que vérselas con personas imprevisibles.

Si eres un cuervo, “algunos te matarán y otros te darán de comer”, y eso puede cambiar si, por ejemplo, un amante de las aves se muda de una casa y otra persona menos amistosa llega a vivir allí, señala Marzluff.

Por ello, los cuervos deben ser “ágiles” al interactuar con nosotros, y el estudio apoya la idea de que “estos cuervos prestan atención” a personas individuales.

En una investigación anterior, Marzluff y su equipo hicieron escaneos cerebrales de cuervos estadounidenses y demostraron que el hipocampo –región asociada con el aprendizaje y la memoria- se activa al ver a una persona sosteniendo el cadáver de un cuervo.

“Esas asociaciones pueden renovarse” si vuelven a ver la amenaza, afirma.

Por ejemplo, en 2008, Marzluff pidió a investigadores con máscaras de cavernícolas que capturaran cuervos mientras otro grupo, con máscaras de control –de Dick Cheney- las liberaba. Después, las aves ignoraron a los inofensivos Cheney, pero regañaron y persiguieron a los cavernícolas, y siguieron haciéndolo durante años.

¡Pobres pájaros! Quizás pensaron que podían confiar en un Cuer-vernario.

Fuente: National Geographic en Español

El retorno de lo querido: celebración del Día de Muertos en México

A veces el colibrí, a veces el cuervo,
a veces el tecolote, nos dice cuándo hemos de irnos.
Pero nosotros los mexica no morimos,
sólo cambiamos de casa, de cuerpo.
Y cada año venimos aquí.

Como cada año en las diferentes regiones de México las comunidades celebran el regreso temporal de sus familiares y seres queridos difuntos: el Día de Muertos. Se trata de una festividad sincrética entre la cultura prehispánica y la religión católica que, dado el carácter pluricultural y pluriétnico del país, ha dado lugar a expresiones populares diversas, transmitidas de generación en generación y a las que, con el paso del tiempo, se han añadido diferentes significados y evocaciones de acuerdo con el pueblo indígena, comunidad o grupo que las llevan a cabo, en el campo o en la ciudad.

La UNESCO, único organismo especializado de las Naciones Unidas cuyo mandato trata específicamente de la cultura, se asocia a esta celebración recordando que las festividades indígenas por el Día de Muertos, como se le conoce popularmente, forman parte de la Lista del Patrimonio Cultural Inmaterial, al tiempo que enfatiza la importancia de su significado en tanto se trata de una expresión tradicional -contemporánea y viviente a un mismo tiempo-, integradora, representativa y comunitaria.

El Día de Muertos en la cosmovisión indígena implica el retorno transitorio de las ánimas de los difuntos, quienes regresan a casa, al mundo de los vivos, para convivir con los familiares y para nutrirse de la esencia del alimento que se les ofrece en los altares puestos en su honor. Su origen se ubica en el sincretismo entre la celebración de los rituales religiosos católicos traídos por los españoles y la conmemoración del día de muertos que los indígenas realizaban desde los tiempos prehispánicos; los antiguos mexicanos, o mexicas, mixtecas, texcocanos, zapotecas, tlaxcaltecas, totonacas y otros pueblos originarios de nuestro país, trasladaron la veneración de sus muertos al calendario cristiano, la cual coincidía con el final del ciclo agrícola del maíz, principal cultivo alimentario del país.

La celebración del Día de Muertos se lleva a cabo entre finales de octubre y los primeros días de noviembre, si bien popularmente se asocia principalmente a los días 1 y 2 de noviembre. Esto es así porque la celebración de los difuntos se divide en categorías y en un día específico de culto en función de la edad y causa del fallecimiento. De acuerdo con el calendario católico, el 1 de noviembre corresponde a Todos los Santos, día dedicado a los “muertos chiquitos” o niños, y el día 2 de noviembre a los Fieles Difuntos, es decir, a los adultos. En algunos lugares del país el 28 de octubre se destina a las personas que murieron a causa de un accidente o de manera trágica, y el día 30 se espera la llegada de las almas de los “limbos” o “limbitos”, los niños que murieron sin haber sido bautizados.

Foto tomada de UNESCO

Las festividades indígenas del Día de Muertos incluyen prácticas como el adorno de las tumbas o hacer altares sobre las lápidas, lo que tienen un gran significado para las familias porque se piensa que ayudan a conducir a las ánimas y a transitar por un buen camino tras la muerte. Para facilitar el retorno de las almas a la tierra, las familias esparcen pétalos de flores de cempasúchil, la flor tradicional de la festividad, y colocan velas y ofrendas a lo largo del camino que va desde la casa al cementerio. Se preparan minuciosamente los manjares favoritos del difunto y se colocan alrededor del altar familiar y de la tumba, en medio de las flores y de objetos artesanales, como las famosas siluetas de papel. Estos preparativos se realizan con particular esmero, pues existe la creencia de que un difunto puede traer la prosperidad (por ejemplo, una abundante cosecha de maíz) o la desdicha (enfermedad, accidentes, dificultades financieras, etc.) según le resulte o no satisfactorio el modo en que la familia haya cumplido con los ritos.

En la celebración del Día de Muertos, la muerte no remite a una ausencia sino a una presencia viva; la muerte es una metáfora de la vida que se materializa en el altar ofrecido: quienes hoy ofrendan a sus muertos serán en el futuro  invitados a la fiesta. En este sentido se trata de una celebración que conlleva una gran trascendencia popular en tanto comprende diversos ámbitos de significación, desde los filosóficos hasta los materiales.

Fuente: UNESCO