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Gesta histórica del 14 de Junio de 1959

La Creación del Movimiento de Liberación Dominicana (MLD)

A partir del 1° de enero de 1959, con el triunfo de la Revolución, Cuba ofreció  la ayuda económica necesaria para establecer los campamentos de entrenamiento de los expedicionarios que irían a suelo dominicano.

A finales de enero llegan a Cuba José Horacio Rodríguez, Rinaldo Sintjago y Poncio Pou Saleta, para dar inicio el reclutamiento de las tropas que se entrenarían en los campamentos de Mil Cumbres, provincia Pinar del Río, y el campamento San Julián, este último abortado por diversas razones.

A partir de marzo fueron llegando desde diferentes países  americanos más de trescientos voluntarios.

A solicitud de Fidel Castro, se designó a Enrique Jiménez Moya como enlace oficial entre los dominicanos y los revolucionarios cubanos.

Con la participación de casi todas las organizaciones políticas del exilio dominicano, se celebró en el mes de marzo, gracias a la convocatoria realizada por la Unión Patriótica Dominicana de Venezuela, un congreso donde formalmente se constituyó el Movimiento de Liberación Dominicana, con la integración del Frente Unido de Puerto Rico, el Frente Unido Dominicano de New York, la Unión Patriótica Dominicana de Cuba, el Partido Socialista Popular, el Frente Independiente Democrático de Venezuela y la Unión Patriótica Dominicana de los Estados Unidos.

En el acta constitutiva de esta entidad patriótica, figura el nombramiento de Enrique Jiménez Moya como comandante en jefe del Ejército de Liberación Dominicana, así como la creación de un Consejo Asesor de la Revolución Dominicana integrado por dos representantes de cada una de las instituciones arriba firmantes.

A su vez, se eligió un Comité Central Ejecutivo conformado por los doctores Francisco Castellanos, Francisco Canto, Luis Aquiles Mejía, Juan Isidro Jiménez Grullón y el señor Cecilio Grullón. Al general Juancito Rodríguez se le designó Consejero de dicho Comité y suplente en ausencia de alguno de ellos.

Como resolución fundamental de esta asamblea quedó redactada y aprobada su plataforma de Gobierno, contenido en el Programa Mínimo de la Revolución Dominicana.

Ese documento explicaba las transformaciones económicas, sociales y políticas, que el MLD pondría en práctica luego del triunfo. Establecía también el compromiso de respaldar el ejercicio de la democracia representativa, y en el plano internacional “fomentar las relaciones con los demás pueblos, basadas en la comprensión y el mutuo respeto que inspira la igualdad privada de los estados y la libre determinación de los pueblos”.

El Movimiento de Liberación y en su ejército construyeron un grupo heterogéneo y plural de hombres de distintas ideologías políticas, clases sociales, religiones, razas y nacionalidades. Capitalistas y socialistas, intelectuales y obreros, profesionales y campesinos.  Jóvenes y viejos, dominicanos y extranjeros se reunieron con un mismo ideal: “La defensa de la Libertad y la Democracia en la República Dominicana”.

Para alcanzar sus ideales democráticos, esta organización no partidista decide colaborar con la guerrilla cubana, contribuyendo con dinero y armas a Fidel Castro, viejo compañero de los dominicanos en la frustrada expedición de Cayo Confites, máximo líder de la insurrección contra el dictador Batista, con ese propósito fue designado como enviado especial a Enrique Jiménez Moya, quien se integró a la lucha del pueblo cubano alcanzando el grado de capitán.

Todo lo anterior contribuyó a que, luego de derrotada la dictadura de Fulgencio  Batista, en Cuba, el gobierno revolucionario dirigido por Fidel Castro autorizara la instalación en esa isla los campamentos de entrenamiento de los dominicanos.

La lucha para darle fin a la dictadura trujillista prontamente ganó expresiones de solidaridad y de adhesión de demócratas  procedentes de diversas naciones, entre los que se encontraban:

  • 22 cubanos
  • 13 venezolanos
  • 5 puertorriqueños
  • 2 españoles
  • 2 norteamericanos
  • 1 guatemalteco

Entrenamiento

El entrenamiento se realizó en el campamento Mil Cumbres, en Cuba, congregando unos 250 expedicionarios.  La dirección de este campamento recayó en el comandante Dr. José Horacio Rodríguez. Los entrenamientos militares estuvieron a cargo del oficial mayor cubano Roberto Fajardo.

Durante el campamento sus miembros se reagruparon en seis pelotones, comandados por dominicanos y denominados, respectivamente, Juan Pablo Duarte, Simón Bolívar, Antonio Duvergé, José Martí, Gregorio Luperón y Máximo Gómez.

A los dos meses de entrenamiento, Jiménez Moya seleccionó a los que integrarían las fuerzas expedicionarias.

El día 13 de junio partió el primer grupo, distribuido en dos lanchas que zarparon desde la Bahía de Nipe, cuyos integrantes fueron despedidos por el comandante Camilo Cienfuegos; al día siguiente, el 14 de junio, el grupo que iría por avión fue despedido por el capitán Manuel Rojo del Río, en la Bahía de Manzanillo.

Desarrollo de la Expedición

La expedición de Constanza, Maimón y Estero Hondo, del 14 de Junio de 1959, estaba programada para llegar a la República Dominicano por aire y mar, sin embargo, las dos embarcaciones facilitadas por cubanos, llegaron a la costa norte seis días después, debido a un sabotaje y a un mal tiempo.

La incursión aérea ocurrió el domingo 14 de junio, con 54 expedicionarios a bordo de un avión C-46 Curtiss, por el aeropuerto militar de Constanza.

El avión, adquirido en Miami utilizando parte de los 250,000 dólares donados por los venezolanos, fue camuflado con las insignias de la Aviación Militar Dominicana y regresó a Cuba, piloteado por el venezolano Julio César Rodríguez y el co-piloto cubano Orestes Acosta.

La incursión aérea, en sentido general, fue exitoso y sin bajas, logrando los expedicionarios desplazarse hacia las montañas en dos grupos, uno dirigido por Enrique Jiménez Moya con 33 hombres, que avanzó hacia Tireo, mientras que los otros 20 expedicionarios, avanzaron hacia las montañas de El Botao, bajo la dirección del comandante cubano Delio Gómez Ochoa.

El régimen de Trujillo desplegó unos 3,000 soldados para enfrentar los expedicionarios, además, movilizó camiones y aviones, a los que se sumaron los grupos campesinos.

A tempranas horas del 15 de junio, los cielos de Constanza se ennegrecieron por los bombardeos de la Aviación Militar Dominicana.

Mientras se internaban en las montañas, uno de los expedicionarios perdió la mochila que contenía los planos de los desembarcos marítimos, lo que constituyó un  revés, al revelar los planes de los desembarcos marítimos no realizados aún.

El 20 de junio, la lancha Carmen Elsa desembarcó por Maimón, con 96 expedicionarios, comandada por José Horacio Rodríguez y finalmente capitaneada por José Messón.

A su vez, la Tínima desembarcó en Estero Hondo con unos 48 expedicionarios, comandada por José Antonio Campos Navarro. Los desembarcos fueron enfrentados por el Ejército y la Aviación Militar, con el despliegue de otros 3,000 soldados.

Los expedicionarios de Maimón y Estero Hondo fueron duramente atacados por la Marina, con la presencia de un guardacostas, una corbeta de guerra y un barco destructor, además de bombardeos por la Aviación Militar Dominicana.

La menor parte de los expedicionarios de ambos frentes cayeron en combate, mientras la mayoría fue hecha prisionera por militares y civiles, algunos asesinados de inmediato o enviados a la Base Aérea de San Isidro, donde finalmente eran interrogados, torturados y fusilados.

Un último reducto de 5 expedicionarios de Constanza fue hecho prisionero el 10 de julio, compuesto por los dominicanos Poncio Pou Saleta y Merardo Germán,  mientras que los cubanos Delio Gómez Ochoa, Frank López y  el adolescente Pablito Mirabal, se les capturó al día siguiente.

Existen evidencias de la continuidad hasta el mes de septiembre de 1959 de dos expedicionarios que habían desembarcado en Maimón, logrando permanecer con vida de manera aislada. Ellos fueron el norteamericano Larry Bivins -veterano de la guerra de Corea, y el español Francisco Álvarez, quien fue el último en morir el día 14 de septiembre.

Las bajas reportadas en las filas de las tropas del ejército de Trujillo fueron de 42 muertos, 32 heridos y un soldado desaparecido.

De los 196 expedicionarios sólo sobrevivieron 6; dos cubanos: Delio Gómez Ochoa y Pablito Mirabal, y cuatro dominicanos: Gonzalo Almonte Pacheco, Francisco Medardo, Mayobanex Vargas y Poncio Pou Saleta.

Fuente:museodelaresistencia.org

La Guerra de la Restauración

La Restauración fue un movimiento popular y nacionalista que mediante la guerra revolucionaria, devolvió a la República Dominicana su independencia, el 3 de marzo de 1865.

La Restauración fue un movimiento popular y nacionalista que mediante la guerra Revolucionaria, devolvió a la República Dominicana su independencia. La base social de ese movimiento estaba constituida, fundamentalmente por campesinos, la gurgucia urbana. Estas clases enarbolaron la bandera del Republicanismo democrático como representantes del progreso económico Social y Político en su época histórica.

La Restauración fue además el mayor movimiento armado que conoció el país en toda su existencia, a partir incluso de los tiempos coloniales.

El 16 de agosto, los dominicanos conmemoran otro aniversario del inicio de los actos bélicos, que desataron la guerra domínico-española, por la restauración de la República Dominicana, que había sido proclamada el 27 de febrero de 1844, pero desde su fundación estuvo amenazada por las luchas intestinas de sus fundadores y otros que aún siendo acabados de llegar, ejercieron un protagonismo y una presión tan deliberante, que terminaron desplazando a los más sacrificados por la patria.

A estas luchas de intereses entre los dominicanos, se sumaron las constantes invasiones, amenazas y presiones de los haitianos, quienes alegaban que desde el tratado de Basilea en 1795, la isla era una sola e indivisible y por lo tanto se oponían a la independencia del territorio que ellos siempre habían reclamado y que habían gobernado desde el 9 de febrero de 1822, hasta el 27 de febrero de 1844.

También presionaban e instigaban potencias como Francia, España, Inglaterra y el naciente imperio del norte, como llamara José Martí a los Estados Unidos de América. Estas potencias no tenían ningún interés real en el territorio dominicano, sino tenerlo como base para sus defensas o para atacar a otras potencias, por eso el desenfrenado interés por la estratégica bahía de Samaná.

En el caso de los haitianos, ya que ellos sólo querían esa parte de la isla para evitar que cayera en manos de alguna de esas potencias y en caso de verse atacados, dar a Quisqueya como botín de guerra, en un eventual acuerdo de paz.

En este estado de efervescencia, intranquilidad e inestabilidad social, política y económica, así como los constantes cambios de gobernantes y el revanchismo político, el país pasó sus primeros trece años de vida republicana, hasta que el 7 de julio de 1857, estalló un movimiento en todo el Cibao, que es conocido en la historia dominicana como la Revolución de Julio y terminó con el derrocamiento del segundo gobierno de Buenaventura Báez y abriendo el camino para el tercer y último gobierno de Pedro Santana.

El proceso de la anexión a España fue largo, ya que se acompañó de proyectos y gestiones como las que encabezaron Buenaventura Báez en 1846 y 1857, Mella y Felipe Alfaú en 1853.

Ya para 1860 la anexión a España comienza a germinar, a raíz de una larga exposición que escribió Pedro Santana a la reina Isabel II.
En esa carta Santana fundamenta la solicitud, señalando entre otras cosas, que el hecho de tener el mismo origen, religión y costumbres “nos inclinan a desear encontrar esa estabilidad en una más perfecta unión con la que fue nuestra madre patria que la que existe y seguramente nos presentará mejor oportunidad que las que ofrecen hoy las circunstancias”.
Como resultado de esta solicitud, llegó a Santo Domingo el general español Gutiérrez de Rubalcaba para estudiar la situación y rendir un informe, el cual fue favorable a la petición de anexión y Santana procedió a someter las bases en que debía apoyarse la anexión, las cuales especificaban lo siguiente:

1)  El respeto a la libertad individual y al principio de no esclavitud.

2)  Que el territorio dominicano fuera considerado como una provincia española y como tal, disfrutará de los derechos correspondientes.

3)  La utilización del mayor número de hombres, especialmente los del ejército, que desde 1844 habían prestado importantes servicios a la patria.

4)  La amortización del papel moneda circulante, como una de las primeras
medidas.

5)  El reconocimiento y validez de los actos gubernamentales, ocurridos en el país desde 1844.

Al comenzar el año 1861, los anexionistas se apoyaban en todo tipo de excusas para simular sus propósitos y mientras por un lado justificaban ante el gobierno español que la anexión se haría “conforme a los deseos que siempre habían manifestado los dominicanos”, por el otro lado se desarrollaba una política represiva, tratando de ahogar en sangre, cárceles y deportaciones, todo tipo de protesta que iban surgiendo en el país, y también se buscaba y se obtenía al precio que fuera, adhesión de los jefes militares y de grupos y personalidades influyentes.

Se colocaron personas de extrema confianza en los puestos claves, se escribieron circulares a funcionarios civiles y militares, así como a los cónsules y representantes diplomáticos acreditados en el país y se puso en funcionamiento la maquinaria propagandística para comunicarle al país, que ya la anexión era una realidad.

Para las primeras horas de la mañana del 18 de marzo de 1861, Pedro Santana, el primero y último presidente de la que hasta entonces había sido la República Dominicana, convocó al “pueblo” a la plaza de la catedral, hoy parque Colón, para darle oficialmente la “gran noticia” y bajar la bandera dominicana, para izar el pabellón español y entre las proclamas y argumentos en el acto de entrega, Santana proclamó lo siguiente:

“España nos protege, su pabellón nos cubre, sus armas impondrán a los extraños, reconoce nuestras libertades; Y juntos las defenderemos, formando un solo pueblo, una sola familia, como siempre fuimos; Juntos nos presentaremos ante los altares que la madre patria erigiera”.

La vuelta a la situación colonial se puso de manifiesto no sólo con la reincorporación del territorio a España, sino con el establecimiento de viejas modalidades coloniales, tales como instauración de las instituciones jurídicas hispánicas, un clima inquisitorial y de intolerancia religiosa, el predominio de los peninsulares y los prejuicios raciales frente a los nativos, entre otras barbaridades.

Al producirse la anexión, Pedro Santana quedó como gobernador interino de la colonia, hasta que fue confirmado en el mando en mayo de 1861, cuando la reina Isabel II reconoció oficialmente el traspaso territorial y empezó a tomar decisiones en su readquirida colonia, mandando personal administrativo desde Cuba y Puerto Rico, pero antes se hicieron oír las protestas de países como Chile, Perú, Haití, Francia, Inglaterra, Venezuela, Alemania y Estados Unidos, entre otros.

El descontento de muchos nativos que se oponían a la anexión, nunca se apagó y por el contrario, todas las medidas y accionar de los españoles, contribuían a incrementar el sentimiento patrio y muy pronto comenzaron los focos de resistencia que luchaban por el retorno a la vida republicana, que con sus virtudes y defectos, garantizaba por lo menos un mínimo de libertades e igualdad entre los ciudadanos.

España en ningún momento cumplió con los acuerdos que fundamentaban la anexión y las medidas económicas y represivas en contra de la población, no sólo traspasó lo administrativo y militar, sino que también volvieron medidas esclavistas y raciales, donde hasta la Iglesia Católica desconocía a los sacerdotes dominicanos.

Se fueron desatando varios movimientos tendentes a expulsar a los españoles y restablecer la república, como el levantamiento en Moca dirigido por José Contreras, el movimiento de la Regeneración Dominicana y el asalto de Neyba, ocurrido en febrero de 1863, dirigido por Cayetano Velásquez, también el día 21 de febrero de ese mismo año, Santiago Rodríguez encabezó un movimiento que culminó con el levantamiento y toma de Guayubin, donde los dominicanos sorprendieron la guarnición española y convirtieron toda la región noroeste en un bastión importante de la resistencia, ya que lograron el levantamiento de varias comunidades.

El estado de sitio, los apresamientos y fusilamientos emprendidos por los españoles, acrecentaron aún más las luchas de los restauradores y el amanecer del 16 de agosto de 1863, fue fiel testigo del ataque a Santiago, por hombres encabezados por Benito Monción, Gaspar Polanco, Benigno Filomeno Rojas, Cayetano Germosén, Olegario Tenarez, Eugenio Miches y Gregorio Luperón, entre otros.

Mientras que otro grupo encabezado por Santiago Rodríguez, Pedro Antonio Pimentel, José Antonio Salcedo, Lucas Evangelista de Peña yFederico de Jesús García, entre otros, enarboló la insignia tricolor, símbolo del pabellón dominicano, en el cerro de Capotillo, en la hoy provincia de Dajabón.

El movimiento restaurador abarcó a todos los sectores en los diferentes aspectos sociales, políticos y militares, en los que también podemos destacar la ayuda económica y bélica, de países como Venezuela y Haití.

Para finales del año 1864, ya el movimiento restaurador abarcaba todo el territorio dominicano, bajo el criterio de que la República todavía existía y bajo la consigna de “Libertad o Muerte” y “Guerra a Muerte Contra el Colonialismo Español y los Traidores a la Patria”.

Al comenzar el año de 1865, Geffrard, el presidente de Haití, envió un comisionado para mediar en la guerra y en los intercambios de prisioneros, que ya se había iniciado entre comisionados españoles y restauradores, así como el acuartelamiento y ubicación de todas las tropas españolas.

El día 3 de marzo de 1865, el gobierno español emitió el “Real decreto” que determinó el abandono por parte de España, del territorio dominicano y anulando el pacto de anexión.

Las tropas españolas iniciaron el proceso de evacuación el día 10 de julio de 1865, iniciándose así la segunda república bajo el mando de Pedro Antonio Pimentel, quien había sustituido a la Junta Central Gubernativa, el primero de marzo.

Fuente: educando.edu.do

Biohacking, el movimiento que hace temblar la industria biotecnológica

María Hidalgo

Hay un movimiento DIY (“Do It Yourself”, “Hazlo tú mismo”) desconocido por la mayoría pero que cada vez acumula más fuerza y polémicas: la Biología de garaje (en referencia a los comienzos de la revolución informática). Es un movimiento internacional de ciencia ciudadana que trata de crear una versión accesible y distribuida de la biología, a través de soluciones tecnológicas de bajo coste y suele ser externa, y en cierto modo ajena, de los entornos convencionales en los que podemos encontrar el estudio y desarrollo de la biología como pueden ser las universidades y las empresas de biotecnología.

Como muestra de ello, a diferencia de la biología institucional, muchos de los desarrolladores de esta biología DIY no poseen una formación académica en esta ciencia sino que adquieren sus nociones y la practican gracias al conocimiento abierto y el apoyo de una comunidad.

Al democratizar la experimentación de las prácticas biológicas, ha surgido un fenómeno paralelo a este DIY: el biohacking. Tras este concepto encontramos todo un movimiento de acercamiento de la ciencia a la ciudadanía que ha conseguido trasladar los laboratorios de investigación a los “garajes” de todo aquel quiere acercarse a esta ciencia y sumarse a la experimentación colectiva y en abierto.

Los participantes de esta biología casera se identifican por una estética biopunk así como con el movimiento transhumanista y el techno-progresismo. Para aunar no sólo esta estética sino también sus principios, cuentan incluso con un Manifiesto Común, en el que podemos encontrar algunas de sus reivindicaciones, como son por ejemplo, la alfabetización científica de la sociedad para que esta pueda ser colaboradora activa de su propia salud, sus interacciones con sus propios cuerpos y medio ambiente, la calidad de su comida, agua o aire.

Pero el biohacking va mucho más allá y aspira también a la gestión de la propia biología utilizando una serie de técnicas médicas, nutricionales y electrónicas con objeto de ampliar las capacidades físicas y mentales del sujeto.

Esto puede sonar a simple ciencia ficción pero ya hay ejemplos y casos muy reales que han podio llevar a la práctica como por ejemplo “Circadia”, un dispositivo de código abierto implantable en el cuerpo y que puede leer datos biomédicos y transmitirlos a Internet a través de bluetooth. Cualquier usuario puede descargárselo, modificarlo o utilizarlo para sí mismo. El implante, no solo acumula datos médicos, también puede mostrar (mediante Leds a través de la piel) mensajes, advertencias o textos desde un Smartphone con Android al implante.

¿Increíble? Pues como os decíamos, Circadia es solo un pequeño ejemplo. Estos nuevos hackers se experimentan en todos los campos imaginables de la biología genética como la extracción de ADN en casa con fines didácticos pero también, planteando polémicos problemas de bioseguridad.

¿Existirían problemas relacionados con el biohacking? Estandarizar los protocolos de seguridad ha de ser una obligación para cualquier investigador, profesional o amateur, para garantizar que los experimentos ofrecen buenos resultados, y no perjuicios en el futuro. Aunque como también explica Markus Schmidt en este artículo, la filosofía hacker aplicada a la biología presenta los siguientes principios:

Be safe, do not damage anything, do not damage anyone, either physically, mentally or emotionally, be funny, at least to most of the people who experience it.

 El movimiento de biología DIY, al igual que la biología sintética, ha sido el objeto de numerosos artículos de prensa en los que se utilizan argumentos como el síndrome de Frankenstein para crear un estado de alarma alrededor de él, asociándolo al bioterrorismo. En realidad los principales laboratorios de biología DIY son vigilados por las agencias del estado de diferentes países para asegurarse que sus actividades no presentan ningún peligro, y a veces llegan a colaborar con ellas.

En junio de 2013 el laboratorio estadounidense BioCurious propuso un proyecto en la plataforma de financiamiento participativo Kickstarter para crear plantas genéticamente modificadas que brillaban en la oscuridad. A raíz de la polémica que se generó a partir de él sobre los usos apropiados de las biotecnologías, Kickstarter decidió prohibir las campañas que prometieran organismos genéticamente modificados como recompensa.

Otra de las polémicas parten de los movimientos grinder (modificación corporal destinada a aumentar las capacidades sensoriales del ser humano) y transhumanista también se han apropiado del término biohacker, que entienden como la experimentación biológica sobre uno mismo por medio de diferentes implantes electrónicos y de nuevos modos de alimentación. Sin embargo, la mayoría de laboratorios de biología DIY tiende a desvincularse de estas corrientes ideológicas a causa de los riesgos sobre la salud humana que éstas podrían conllevar.

Además de causar polémicas, los biohacker, al igual que sus compañeros informáticos y periodistas, también están organizándose para desvelar las prácticas poco éticas del mundo empresaria. En particular, los miembros de Four Thieves Vinegars, se definen como un grupo de biohackers cuyo objetivo es desarrollar métodos que permitan a cualquier ciudadano con unos conocimientos básicos, fabricar sus propios medicamentos y luchar de esta forma contra un sistema que termina privando a muchos de sus derechos de acceso a la medicina por varias razones.

Según detallaba eldiario.es, este mismo verano estalló otra polémica vinculada al precio de las inyecciones de epinefrina comercializadas por la compañía Mylan y conocidas como EpiPen, que se utilizan como tratamiento de emergencia para tratar reacciones alérgicas graves. En la actualidad cada pack de dos unidades se vendía a 600 dólares, sin embargo, un equipo de biohackers consiguió crear una dispositivo similar por menos de 30 dólares.

Four Thieves Vinegar (traducido como el vinagre de los cuatro ladrones) y ha utilizado componentes que se pueden comprar a través de internet por un precio que ronda los 30 dólares. El colectivo ha colgado un documento con instrucciones en su página web y ha publicado un vídeo en el que explican cómo crear el dispositivo autoinyectable, que han bautizado como EpiPencil.

Con esta acción los activistas han demostrado que el dispositivo es relativamente sencillo y barato de producir, algo que ya habían reconocido varias fuentes del sector farmacéutico según informó la cadena americana NBC.

Estas son algunas páginas esenciales para conocer algo más sobre ellos:

Biocurious, hackerspace for biotech in Sunnyvale

Biofoundry, Australia’s first biohacking space based in Sydney

Bricobio, Montreal’s first BioTech Biohacker Space

Counter Culture Labs, biohacking space in Oakland (EE.UU.)

Genspace, community based lab in Brooklyn, New York providing scientific education

Hackteria, Open Source Biological Art, DIY Biology, open source software, open source hardware

La Paillasse, Paris (France)

London Biohackspace, London (United Kingdom)

Open Wetlab, Amsterdam (Holland)

SyntechBio, Latin American Network of Biohacker Spaces

TheLab, biohackerspace and community lab in Los Angeles (EE.UU.)

Univercité, Renens (Switzerland). It includes the Hackuarium laboratory

Fuente: muhimu.es