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Noam Chomsky revela las 3 grandes crisis a las que nos enfrentamos como sociedad

A finales del pasado año, el lingüista Noam Chomsky participó en el Festival Ciudad de las Ideas celebrado en Puebla (México) y su intervención, como suele suceder, fue reveladora y no dejó a nadie indiferente. Chomsky explicó que la sociedad actual tendrá que enfrentarse a tres grandes crisis que ya están dejándose ver, todas con un factor común: la crisis moral de deshumanización.

El ser humano se está deshumanizando —aunque, en realidad, esto no ha ocurrido de golpe, está siendo un proceso lento y continuado— y parece que, como sociedad, no queremos ver lo que el futuro nos puede deparar si no replanteamos nuestra forma de actuar.

Las 3 grandes crisis a las que nos enfrentamos como sociedad

Chomsky lo tiene claro: hay tres cosas que deberíamos empezar a tener en cuenta si queremos evolucionar (y sobrevivir) como sociedad. Abrir los ojos al mundo que nos rodea es esencial. Partiendo de esa deshumanización que se refleja en una crisis moral de la humanidad como especie, las tres grandes crisis que debemos tener en cuenta son:

1. La crisis nuclear

Es cierto que tras el final de la Guerra Fría el mundo (las comunidades, los individuos) ese terrorífico arsenal nuclear que guardan bajo la manga algunos países ha caído en el olvido. Sin embargo, según Chomsky, debería llamar la atención de todos. La amenaza está ahí, sobre todo ahora que algunos países tienen líderes que podrían jugar con el botón rojo que da la orden de borrar países enteros de la faz de la tierra con ese bien cuidado arsenal nuclear.

Chomsky asegura que acabar con la guerra nuclear es simple: “sabemos cómo enfrentar el problema” y la solución radica en deshacerse de las armas. Por desgracia, “los intereses particulares de determinados países prevalecen ante la paz mundial“.

Aunque las “grandes guerras” o guerras mundiales queden ya muy atrás, sobre todo para las generaciones más jóvenes, “la amenaza es mayor porque los países están más armados que nunca y en una carrera armamentística y de exhibición de poder con una actitud de provocación constante al enemigo”. Solo tenemos que pensar en Corea del Norte y sus despliegues mediáticos para ponernos a temblar.

2. La crisis climática

El cambio climático es una realidad. La Comisión Nacional del Cambio Climático de Estados Unidos ha informado de que la posibilidad de que el nivel del mar se eleve hasta dos metros en este siglo es real. Sin embargo, Estados Unidos ha decidido frenar cualquier tipo de ayuda para prevenir que el planeta llegue a su fin, algo que para Chomsky es inverosímil. Además, apunta que “si hoy hay problemas de refugiados” solo hay que imaginar “cómo sería si Nueva York estuviera bajo el agua”

3. El riesgo de una pandemia caracterizada por los fenómenos migratorios

“Estamos en el vértice de catástrofes posibles y no lo estamos tomando en serio”, apuntó Chomsky durante su charla en el Festival Ciudad de las Ideas. Las pandemias están a las puertas, y todas ellas se caracterizarán por venir de la mano de fenómenos migratorios y el desplazamiento (forzoso en la mayoría de los casos) de miles de personas en busca de una vida mejor.

La posibilidad de una catástrofe nuclear, junto a las catástrofes que vendrán de la mano del cambio climático, no dejarán más que personas desplazadas y refugiadas (de todos los países, ya sean de Oriente o de Occidente) que serán carne de cultivo para pandemias. Puedes estar de acuerdo o no con Chomsky, pero hay que concederle que no se suele equivocar…

Además, en su charla en México criticó los tratados comerciales que tan “famosos” se han vuelto en los últimos años (el, por ahora fallido, TTIP, el CETA y todos los que vendrán) y que “no buscan el beneficio de la sociedad sino satisfacer los intereses de quienes los formulan”.

Fuente: muhimu.es

 

Una mazorca de 5.000 años cuenta la historia del maíz

Una mazorca de 5.000 años muestra cómo fue la domesticación del maíz. El análisis de su ADN da pistas sobre el proceso que llevó a una mala hierba como el teosinte a convertirse en la base alimenticia de América. Aquella mazorca (también llamada elote o choclo) era muy diferente del maíz actual, pero ya portaba los genes del cereal que se ha convertido, según la FAO, en el más producido del mundo.

El maíz entró en la dieta de los humanos hace apenas 9.000 años. De esa época son los restos encontrados en cuevas del valle del río Balsas, en el suroeste de México. La comparación genética entre el maíz actual (Zea mays L. ssp. mays) y su antecesor, el teosinte (Zea mays ssp. parviglumis), confirman que fue por entonces cuando empezaron a divergir ambas plantas. Pero el resto de la historia hasta que el maíz se convirtió en el principal sustento de las grandes civilizaciones americanas apenas está escrita.

Ahora, un grupo de investigadores, entre ellos varios mexicanos, ha tenido la rara ocasión de conseguir una muestra de ADN de una de las mazorcas más antiguas de las que se conservan y que por su antigüedad, 5.310 años, se coloca en la mitad de la historia. Se trata de la llamada Tehuacán162, localizada en los años 60 por arqueólogos estadounidenses en una cueva del valle de Tehuacán, en Puebla (México). Aunque se han hallado elotes aún más antiguo, este apenas ha sido contaminado por ADN bacteriano en todo este tiempo. Eso ha permitido a los científicos secuenciar su genoma, cuyos resultados acaban de publicar en Current Biology.

“Aunque desde el punto de vista morfológico, es mucho más pequeña, da menos granos y más pequeños, Tehuacán162 ya tiene genes que son importantes en el proceso de domesticación del maíz”, dice la investigadora del centro de geogenética del Museo de Historia Natural de Dinamarca, y principal autora de la investigación, la mexicana Jazmín Ramos Madrigal. “Uno es el Tga1. Un nucleótido de este gen ha sido relacionado con la presencia de una cáscara dura alrededor del grano. Está en el teosinte, pero no en el maíz y tampoco en Tehuacán162”, añade Ramos.

La mazorca parece encontrarse a medio camino. Lo está cronológicamente, lo está morfológicamente (ver imagen superior) y, como recuerda la investigadora mexicana, “desde el punto de vista genético también está en medio”. Además del Tga1, este elote ya cuenta con otros genes presentes en el maíz actual, como los que intervienen en la particular inflorescencia de este cereal, con sus flores rodeando el extremo del tallo, en su reloj circadiano o en el momento de la floración. “Otro que está presente es el bt2, asociado al almidón, al valor nutricional, del maíz”, comenta Ramos.

Todo ello muestra que el proceso de domesticación del maíz fue lento y gradual. También permite ver que la distancia tanto morfológica como genética entre el maíz cultivado y el silvestre, el teosinte, es mucho mayor que la que hay entre los otros cereales y sus parientes silvestres.

Sin embargo, Tehuacán162 aún conserva genes que recuerdan su conexión con el teosinte. No tiene, por ejemplo, la mutación del gen implicado en el dulzor de muchas variedades del maíz actual y que, por ejemplo, domina en los cultivos de EE UU, principal productor mundial.

Más misteriosa es la presencia de un gen relacionado con la caída de los granos. Una de las manipulaciones humanas más importantes de los cereales, si no la que más, fue evitar que los granos cayeran una vez maduros. Este mecanismo natural de dispersión de la semilla complicaría la cosecha. A diferencia del maíz actual, como en el trigo o el arroz, el gen responsable de que los granos se queden en la espiga, aún no estaba en Tehuacán162.

Quizá por eso, el árbol genético del maíz tenga una rama rota al llegar a esta mazorca de 5.000 años. A diferencia de otras ramas del dendrograma, cuyas variedades fueron creciendo y evolucionando mientras se extendían por toda América, perviviendo hasta hoy, la subespecie de Tehuacán162 no tuvo continuación y se extinguió.