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España:  Aspirantes a bomberos eliminados por faltas ortográficas

Reprobar por faltas ortográficas no es únicamente una cuestión de centros escolares o universidades. La corrección en la escritura es un tema capital también para poder superar los exámenes de las aplicaciones para el sector público. Por este requisito, 38 de los 62 aspirantes a bombero en Burgos (es decir, el 60%) no han superado la primera prueba de la oposición. Todos ellos competían por una de las ocho plazas ofertadas, donde también se valoraba el conocimiento de la ciudad o la resolución de problemas aritméticos.

El subjefe de servicios de prevención y extinción de incendios del Ayuntamiento de Burgos, Julio Estébanez Gil, señala que en esta provincia siempre ha habido una prueba de dictado y de vocabulario, a excepción de las oposiciones del año 2007. “Pedimos un conocimiento mínimo del nivel de la Escuela Secundaria Obligatoria y, si bajamos el nivel, no sé qué vamos a exigir”.

Asimismo, explica que el examen constó de cuatro pruebas teóricas eliminatorias y que, de los aspirantes, “la mayoría suspendió la segunda -el dictado- pero otros nueve fallaron en los siguientes apartados. El problema ha sido cómo han gestionado las respuestas ya que cada error restaba un porcentaje de la calificación total”.

Estébanez apunta, además, que no ve necesario que se cambien las pruebas y confía en los alumnos aprobados, que continúan examinándose.

Extracto de la prueba del dictado

“Debido al accidente de Tomás, y antes de que se llevaran su coche al garaje, tuvimos que estabilizar el vehículo, echar absorbente sobre la calzada, limpiar el arcén, retirar la barandilla y señalizar la zona con varias vallas y cinta de balizar”.

“Varios vecinos del inmueble afectado por el fuego inhalaron gran cantidad de humo y se intoxicaron con el monóxido de carbono, por lo que tuvieron que ser atendidos por los servicios sanitarios en el lugar de la emergencia y posteriormente trasladados al hospital”.

Las oposiciones a bombero dependen de cada ayuntamiento y los exámenes son diferentes dependiendo de la comunidad autónoma en la que se realiza la prueba. Por lo general, están divididos en apartados. Los más comunes son un test de cultura general, otro de temario, un psicotécnico y una prueba de personalidad.

Hay comunidades en las que también se examinan del conocimiento de la ciudad y del callejero o de determinados oficios, como pueden ser los de electricidad, fontanería o carpintería. Sin embargo, la polémica prueba de vocabulario y dictado sólo se ha demandado en la última convocatoria en algunos ayuntamientos, como en el de Burgos.

En comunidades como Madrid, las oposiciones no cuentan con un examen sobre el correcto uso de la ortografía. Así lo detalla a este medio un bombero del Ayuntamiento de la capital, que asegura que en los exámenes no hay que desarrollar ningún temario y la modalidad es de tipo test. No obstante, apunta que este tipo de oposiciones son selectivas y “buscan eliminar al mayor número de aspirantes”. Un proceso que califica de necesario porque, “lamentablemente, no hay plazas suficientes para el gran número de personas que se presentan al examen”.

Por su parte, este profesional asegura que a día de hoy los bomberos ya son “especializados”, lo que significa que cuentan con el título de Bachillerato: “aunque no en todas las comunidades exista una prueba de vocabulario o dictado, se entiende que los candidatos son capaces de superar sin dificultad una prueba de este tipo”.

La ortografía de los aspirantes

“As de observar que la masa a absorvido la mayor parte de los ingredientes” (“Has de observar que la masa ha absorbido la mayor parte de los ingredientes”)

“Participó en la rellerta y el mozo cayó al suelo hecho un obillo, esangüe, con las manos en el vientre, inerte” (“Participó en la reyerta y el mozo cayó en el suelo hecho un ovillo exangüe, con las manos en el vientre, inerte”)

Oposiciones para policía

En las pruebas de la Policía Nacional y la Guardia Civil, las cuestiones de dictado o vocabulario son imprescindibles. El principal motivo es el inevitable trato con los ciudadanos que desempeñarán los agentes en un futuro. A esto se suman categorías comunes con las oposiciones a bombero, como las pruebas de personalidad, los psicotécnicos o la entrevista personal.

La Academia Santa María, especializada en formación y preparación para agentes de seguridad, asegura que las pruebas de vocabulario son propias de oposiciones a Policía Nacional y Guardia Civil: “Son 100 palabras en las que tienen que indicar si están correctamente escritas o no”.

Por el contrario, esta parte del examen no aparece si la oposición es para la Policía Local. A cambio, existe una prueba de inglés que para los aspirantes a nivel nacional es únicamente opcional. Se trata de un añadido para “aquellos aspirantes que quieran mejorar su calificación total”.

Cómo mejorar la caligrafía

Mariló Góngora

La mala caligrafía suele ser muy usual entre adultos, con las prisas y el poco tiempo no nos paramos en escribir de forma correcta y legible, lo cual puede ocasionar problemas considerable en nuestro entorno: desde falta de comunicación a problemas laborales. Por ello, es aconsejable que desde pequeños se eduque a los niños en la buena caligrafía, vigilando que no cometan faltas y que escriban de forma clara. Esto les ayudará a adquirir este hábito y añadirlo a sus vidas de forma fácil y natural. En el siguiente artículo  te explicamos cómo mejorar la caligrafía.

  1. La primera tarea necesaria para mejorar la caligrafía es practicar y dedicarse a escribir, a ser posible de forma constante y regular. Hay que empezar adquiriendo y desarrollando dicho hábito para ejercerlo con ganas y de una forma adecuada que te permita mejorar tu letra de manera progresiva.
  2. Una vez que te sientes a escribir, debes hacerlo de forma tranquila, fijándote en lo que escribes y cómo lo haces. Esto te permitirá ser consciente de tus limitaciones y de tus errores más comunes, un paso esencial para modificarlos y mejorar así tu caligrafía.
  3. En este caso, es necesario dejar de lado la tecnología y concentrarse en escribir a mano, con papel y lápiz. Ello permitirá potenciar el ejercicio y desarrollarlo de forma autónoma, mejorando todo aquello que cuenta con fallas. En muchas casos, la mala caligrafía tiene mucho que ver con la forma en la que coges el lápiz, por lo que será bueno que repares en ello e intentes tomar el lápiz o el bolígrafo de la siguiente forma: deja que la parte inferior repose sobre la base del dedo pulgar y para sostenerlo ayúdate del dedo pulgar, índice y corazón.
  4. En otros casos, el problema principal reside en la velocidad de escritura. Así que si notas que tu caligrafía es difícil de entender o te equivocas con demasiada frecuencia, lo mejor es que intenten bajar un poco el ritmo con el que escribes habitualmente. Verás que al ir más lento, tu concentración en hacer bien las letras será mayor y, por consiguiente, conseguirás una caligrafía mucho más legible y sin tantos errores.
  5. Es imprescindible leer. De esta forma, te darás cuenta de cómo se escriben las palabras, adquirirás vocabulario nuevo y tu escritura posterior será más enriquecedora y fructífera, lo que te ayudará a mejorar tu caligrafía.
  6. Se aconseja dibujar y colorear figuras ya realizadas para fortalecer las manos y de esta forma ponerse límites en el momento de utilizar un lápiz. Existen libros adaptados para adultos que te permitirán adquirir este hábito y mejorar tu escritura.
  7. En el caso que sea necesario, puedes ayudarte de cuadernos especializados en caligrafía sin importar cual sea tu edad. Pues este tipo de librillos son muy útiles para mejorar la letra, ya que suelen incluir renglones que te ayudarán a hacer las letras con el tamaño y la proporción adecuada. Esta es, sin duda, una forma directa y sencilla de comenzar a tratar el problema.

Fuente: Un como

Tu cerebro podría ser el responsable de tu mala suerte

Hay días en que parece que nada puede salir bien: te levantas 30 minutos tarde porque se ha roto el reloj despertador, se quema tu desayuno, no encuentras tus llaves, los taxis pasan como si no te vieran y, al caminar, pisas una baldosa floja que ensucia tus zapatos nuevos. A esta altura podrías estar preguntándote cuándo te has cruzado con un gato negro o has caminado debajo de una escalera, como para tener tan mala suerte. Sin embargo, numerosos estudios han demostrado que la fortuna no es una fuerza externa que conduce nuestra vida, sino que depende principalmente de nuestra actitud.

“Lo que consideramos como azar y suerte no son lo mismo”, explica Richard Wiseman, psicólogo, investigador de la Universidad de Hertfordshire en Inglaterra, quien estudió este asunto durante más de 10 años. “La suerte es determinada por tu actitud hacia la vida, lo que tu das al universo y cómo respondes a los resultados”, resume.

Los gatos negros son causantes de mala suerte según la creencia popular.
Crédito: ©Frostdragon/CC BY 2.0

¿Nacidos con estrella o estrellados?

El reconocido psicólogo, Richard Wiseman, realizó un sencillo experimiento para estudiar el fenómeno de la suerte. Convocó a personas que se sintieran afortunadas o desafortunadas y les dio a ambos grupos un periódico. La consigna que debían cumplir era responder cuántas fotografías había en el interior de la publicación. En una de sus hojas colocó un anuncio que decía: “comuníquele al investigador que ha visto esto y obtenga 250 libras”. Sorprendentemente (o no), los que dijeron tener buena suerte fueron más propensos a hallar el mensaje que ocupaba media página.

En otra prueba realizada por Wiseman, se colocó un poco de dinero en la acera por la que circularían personas que afirmaban tener suerte y otras que se consideraban desafortunadas. Las personas “afortunadas” notaron el dinero y lo recogieron, pero las de “mala suerte” pasaron por el costado sin verlo.

El reconocido psicólogo afirma que “las personas supersticiosas que creen firmemente que son poco afortunadas, realmente se sentirán más tensas ciertos días. Con total seguridad se sentirán estresadas, conducirán peor, posiblemente estarán más distraídas y serán más propensas a tener un accidente”. Por otro lado, las personas que se sienten afortunadas son más relajadas y abiertas, y, por lo tanto, observan todo el panorama y no sólo lo que ellos están buscando.

El uso de amuletos de la suerte da buenos resultados porque aumenta la confianza de las personas y eso las vuelve más perseverantes y eficientes.

Supersticiones

A través de un estudio que se realizó en 2010 en Estados Unidos, se demostró que los objetos de la suerte sí funcionan pero no por un poder especial que puedan tener, sino por el efecto que ellos producen en la confianza de las personas.

En una prueba realizada con un grupo de jugadores de golf, los que pensaban que estaban utilizando “un balón de la suerte” mostraron mayor rendimiento con respecto a quienes habían oído que su pelota era una común y corriente.

También tuvieron mayor efectividad en la resolución de anagramas las personas a quienes se les permitió conservar el amuleto que habían traído con ellos. La hipótesis de los investigadores fue que quienes tenían un objeto de la suerte se sentían más eficaces y persistían en la resolución de los problemas.

Afortunado en el juego

Creer que un hecho aleatorio tiene más probabilidades de ocurrir porque no ha sucedido recientemente, es una creencia errónea que se conoce como “falacia del jugador”. Esto significa que si en un juego de ruleta la bola ha caído diez veces seguidas en rojo, tendemos a creer que hay más probabilidades de que el resultado sea negro en el próximo tiro. Sin embargo, las probabilidades siguen siendo 50 y 50.

Hasta el momento, se pensaba que las personas caían en este error debido al desconocimiento de las probabilidades; sin embargo, un estudio del Colegio de Medicina de Texas demostró que lo que nos hace pensar de esta manera es un procedimiento de nuestro cerebro. La investigación fue realizada con un modelo informático de neuronas biológicas que se programó para “adivinar” hechos aleatorios. En la prueba, el cerebro sintético se comportó de igual manera que uno real (creyendo la “falacia del apostador”).

Esto explica por qué incluso los jugadores experimentados son propensos a estos pensamientos.

Creer que hay más probabilidades de que la ruleta marque determinado número o color es un engaño de nuestro cerebro.
Crédito: ©Håkan Dahlström/CC BY 2.0

Creer que hay más probabilidades de que la ruleta marque determinado número o color es un engaño de nuestro cerebro.

Escuela de la suerte

Richard Wiseman, luego de investigar la psicología de la suerte y concluir en que es nuestro cerebro quien la determina, decidió fundar una escuela donde se enseñara que nadie nace con buena o mala fortuna. En sus clases, al igual que en su libro Nadie nace con suerte, enumera cuatro principios que influyen en la fortuna que pueda desarrollar un individuo.

El primer punto es que las personas afortunadas son expertas en crear oportunidades. Esto lo logran adoptando una actitud relajada a la vida y abriéndose a nuevas experiencias.

En segundo lugar, las personas que consideran que tienen suerte acostumbran a hacer caso a sus corazonadas. Los desafortunados ignoran su propia intuición y luego se arrepienten de la decisión tomada.

El tercer factor es la perseverancia y el optimismo ante los fracasos. Los afortunados suelen pensar que algo bueno va a suceder luego.

Por último, los individuos que poseen “buena suerte” tienen, en realidad, la habilidad de convertir lo malo en algo bueno. Los psicólogos llaman a esta capacidad “mentalidad de inversión”: consiste en pensar que los sucesos podrían haber sido mucho peores y sentirse contentos por cómo en realidad son.

Wiseman sintetiza: “Percibir que la suerte depende de nuestra razón junto con una dosis de ciencia y sano escepticismo puede ser muy positivo en nuestras vidas”.

¿Estás preparado para cambiar tu suerte? ¡Ya sabes cómo hacerlo!

Fuente: National Geographic