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Educar para el cambio

Elizahenna Del Jesús
[email protected]
Santo Domingo

Debemos motivar para el cambio, para la reestructuración de ideas, para la autorreflexión y la transformación, para la desintoxicación Sí, la limpieza del sistema educativo.

Nuestros niños y niñas están siendo expuestos a toda clase de información en la actualidad. Ya no hay censura.

La violencia intrafamiliar, la delincuencia, el poco tiempo que le dedican papá y mamá, la temática trabajada tanto en la música y los programas televisivos incitan a la violencia, corrompen el trabajo que desde la escuela se hace.

Es bueno que el docente al inicio de cada año escolar se plantee metas, se analice, se cuestione y busque la manera de innovar para mejorar su práctica  educativa.

Esta práctica evidencia que hay un querer hacer mejor las cosas, que hay una preocupación por ser mejor y ayudar a otros a ser mejor.  Es por ello que,  escribo estas líneas, y las dirijo solo a ti docente, maestro y amigo, a ti que tienes en tus manos el poder de hacer cambios, a ti que detrás de esas cuatro paredes tienes la oportunidad de hacer maravillas en esos niños y niñas que este año escolar se te confían, a ti que trabajas por vocación, porque te gusta lo que haces y reconoces el incalculable valor  de tu oficio.

En positivo

Hoy te hablo de una nueva filosofía, de un nuevo modo de hacer, de una práctica positiva, de una metodología no solo para la primera semana de clases sino para el año escolar completo y para todos los años escolares que tengas la dicha de aportar a la sociedad.

Trabajar el positivismo en el aula, que todo lo que tus alumnos y alumnas vean sean acciones positivas, que todo lo que tengan que hacer contenga una chispa de esperanza, amor y magia.

Que tus palabras, tu mirada y hasta tu forma de vestir les hable de lo bello de la vida, de esa parte dulce que la sociedad de hoy no le sabe mostrar, de esa bondad que aún no han tenido el privilegio de disfrutar.

Cuando comiences a implementar prácticas positivas verás menos violencia en tu aula, verás niños más buenos, verás mejores resultados académicos, verás que has creado un espacio positivamente educativo. Podrás evidenciarlo en el deseo de tus niños de asistir a clases, en la admiración que desarrollarán alumnos y padres hacia tu persona y en la entrega con la que realizarán sus labores.

Resultados

Entonces, maestro y maestra, ¿crees que vale la pena intentarlo? ¿Crees que los resultados de esta práctica servirán de algo? Los resultados no los verás de la noche a la mañana, pero los verás y será gratificante saber que lo lograste en tu espacio y desde tu área. Tu ejemplo llegará a otros lugares, llegará a la maestra que comparte contigo, a la coordinadora que te guía, al director que te supervisa, a los padres que te recomendarán y, lo más importante de todo será el dulce recuerdo que impregnarás en tus estudiantes, eso no lo podrá empañar nada en el mundo.

La empatía del maestro es clave para el aprendizaje del alumno

La empatía es un valor fundamental en todo tipo de circunstancias, pero además no sólo es aplicable en la educación de los niños, también los adultos debemos ejercerlo y practicarlo, más aun si estamos en contacto directo con los niños, como es el caso de padres y educadores.

Ser un maestro empático es fundamental, y es que este valor ejerce un fuerte poder sobre sus alumnos: les motiva, estimula y es clave para su desarrollo académico. Así lo demuestra un estudio finlandés llamado “Primeros Pasos” y elaborado por la Universidad de Juväskylä y la de Turku, en Finlandia.

Por qué la empatía del profesor es básica para el desarrollo del alumno

Todos hemos tenido profesores de diferentes tipos: motivantes, vocacionales, estimulantes, aburridos, autoritarios, desafiantes… Hemos tenido buenos y malos profesores. ¿Cuál es la diferencia entre ellos? Quizás una de las respuestas resida en el nivel de empatía del profesor hacia el alumno.

La importancia de ser empático en el aula con los alumnos y mantener un ambiente agradable y cálido obtiene mejores resultados sobre los alumnos que la férrea disciplina y la distancia con el estudiante. Así lo demuestran una investigación llevada a cabo en Finlandia que demuestra que la interacción entre el alumno y el profesor es más importante que otros factores como los materiales con los que se trabaje o el número de estudiantes que haya en un aula.

Este estudio viene a confirmar que los primeros años de colegio, durante la educación primaria, son fundamentales para el alumno, se trata de un período crítico en el que una buena relación con su profesor conseguirá todos estos resultados sobre el niño:

Facilitará su aprendizaje.

– Potenciará sus ganas de aprender y les motivará a estudiar.

– Le ayudará a tener una buena autoestima, a creer en sí mismo.

– Fomentará que tenga una buena imagen frente a sus compañeros.

– Les ayudará a establecer metas, a luchar por superarse y conseguir objetivos.

– Fomentará el aprendizaje no memorístico sino por la satisfacción de obtener nuevos conocimientos.

En definitiva, una buena preguntas que se debe hacer cada educador es: ¿cómo quieres ser recordado por tus alumnos? Si la respuesta es: como su mejor profesor, la clave está en la empatía.

Fuente: guiainfantil.com

La clave está en la familia

César Vidal Manzanares 

Hace ya muchos años, casi décadas, dediqué una parte de mi tiempo a escribir literatura infantil y juvenil. Aunque obtuve algunos premios literarios con esa labor, no se trataba de mi actividad más importante ni tampoco de la más lucrativa. Por razones de agenda, tanto entonces – igual que sucede ahora – tenía muchas invitaciones para dar conferencias, celebrar campus literarios o enseñar seminarios. La mayoría de las veces, también por razones de agenda, tenía que declinar las invitaciones. Con una excepción: los libroforos con niños y adolescentes. Sucediera lo que sucediera y aunque significara poner patas arriba las actividades del mes, siempre decía sí a las invitaciones para ese tipo de libroforos.

Implicaba no pocas veces comenzar una jornada a las ocho de la mañana e ir saltando de libroforo en libroforo hasta las doce para luego continuar por la tarde dos o tres horas más. Siempre se trataba de clases que habían leído alguno de mis libros previamente y, por regla general, me limitaba a presentarme con algunas frases y abría a continuación un turno de preguntas. Necesitaría un libro para relatar todo lo que aprendí en aquellos años tristemente pasados y felizmente vividos y, precisamente por eso, debo ser selectivo. Una de las lecciones más importantes que extraje de aquellas experiencias fue la del valor de la familia en la educación y en ella voy a detenerme.

Había yo pensado en aquel entonces que encontraría diferencias entre los alumnos en el curso de los libroforos. Y, ciertamente, las encontré. Sin embargo, no fueron como yo había esperado. Creía yo que los colegios más caros y elitistas darían los mejores alumnos y, sobre todo, educarían mejor a la hora de pensar, expresarse y actuar de manera creativa. No me pude equivocar más. Colegios muy modestos, públicos y en zonas humildes contaban con alumnados más inteligentes que otros privados, caros y en zonas residenciales. Pero no se trataba sólo de eso. En un mismo centro educativo, pude encontrarme con clases absolutamente dispares, con cursos adocenados y pobres, otros, brillantes e inteligentes. ¿Qué establecía la diferencia si no era la posición social ni el coste de la educación?

Educación conjunta

En un primer momento, atribuí aquellas diferencias, en ocasiones abismales, al personal docente. Ciertamente, su papel era esencial. Un profesor entregado diligentemente a sus tareas colocaba a mayor altura educativa a los alumnos de un aula pequeña y pobre situada en un suburbio que otro más negligente aunque contara con instalaciones mejores en un barrio de clase alta. El buen maestro lograba superar en no pocos casos la diferencia de medios.

Pensaba yo haber encontrado la clave de la educación cuando, de manera casi simultánea, varios maestros me sacaron del error. Me decía con tono modesto: “Nos esforzamos lo que podemos, pero todo depende de las familias”. Inicialmente, pensé que se trataba de una muestra de humildad del docente, pero que se repitiera una y otra vez me pareció excesivo. Ciertamente, en su trabajo eran buenos, incluso en no pocos casos, resultaban muy buenos. Sin embargo, me decían la verdad. Cuando la familia se involucraba en la educación de los hijos – o si no lo hacía – la diferencia era notable.

Perfil de César Vidal Manzanares

Historiador, escritor y comunicador de origen español residente en los Estados Unidos. Obtuvo la licenciatura en derecho por la Universidad Complutense de Madrid y desde 1980 y por un periodo de más de 10 años ejerció como abogado. Posee sendos doctorados en Teología y Filosofía. Vidal es un escritor muy prolífico especialmente sobre temática relacionada con la historia, aunque no todas vinculadas a la temática de su tesis doctoral. Entre 2004 y 2012 ha editado más de ochenta publicaciones. Vidal ha sido reconocido internacionalmente con numerosos premios literarios así como distinciones internacionales, como el Premio Humanismo de la Fundación Hebraica, y ha sido reconocido por su labor en defensa de los derechos humanos por organizaciones como Yad Vashem, Supervivientes del Holocausto (Venezuela), ORT (México), Jóvenes Contra la Intolerancia o la Asociación Víctimas del Terrorismo.

 

Cómo conseguir la apariencia de un maestro profesional

Los maestros son evaluados por los estudiantes, los administradores y por los padres, por la forma en que se visten. Mientras que algunas escuelas les permiten a los maestros vestirse de forma más casual, en otras hay un código impuesto de vestimenta. De todas formas, los maestros deben vestirse de forma profesional cuando van a la escuela. Cuando los maestros se visten para el éxito, se ganan el respeto de los administradores y establecen un ejemplo positivo para sus estudiantes. Si eres nuevo en la carrera de enseñanza, aprende cómo vestirte apropiadamente para el aula.

Vestimenta para los maestros

1. Usa unos pantalones de vestir con una camisa de trabajo o con una camisa polo. Tu camisa debe estar bien planchada y metida dentro de tus pantalones. Ponte zapatos que sean negros y con un brillo apropiado.

2. Usa ropa que esté en buena condición. Las costuras rasgadas, los dobladillos mal cocidos y agujeros en las camisas son inaceptables. Asegúrate de que tu ropa esté en buena condición y que te quede bien.

3. Mantén una apariencia limpia. Tu cabello debe tener un estilo prolijo y tu cara debe estar limpia y afeitada. Aunque es aceptable usar un poco de colonia, ten cuidado de no ponerte mucho. Si tienes alguna perforación o algún tatuaje, cúbrelos durante las horas escolares.

Vestimenta para las maestras

1. Usa un vestido o un pantalón de vestir con una linda blusa. Si optas por usar un vestido, debe ser uno que llegue hasta tus rodillas o por debajo de ellas. La ropa no debe ser ajustada y, tu cintura, tus muslos y tu escote nunca deben ser expuestos. Usa zapatos cerrados que sean cómodos, dado que estarás de pie todo el día.

2. Usa un maquillaje modesto. Todo lo que necesitas es rímel para resaltar tus ojos, un poco de rubor para aclarar tu cutis y un brillo de labios neutral para hacer que tus labios brillen.

3. Peina tu cabello para que quede limpio y ordenado. Por ejemplo, puedes llevar tu cabello atado en una cola de caballo. Evita teñirte el pelo con cualquier color que no sea natural.

Fuente: ehowenespanol.com

El sentido de educar

¿Cómo piensa usted el papel del maestro en el siglo XXI?

Fernando Savater: El maestro es el soporte básico del cultivo de la humanidad y su labor está ligada al sentido humanista de la civilización, porque él pone las bases de todo el desarrollo intelectual futuro, de la persona plenamente humana, civilizadamente decente en compañía de los demás. Es decir, sin una buena educación dada por el maestro, no hay posibilidad de que luego aparezcan el científico, el político, el creador artístico. Toda labor educativa tiene una cierta ilusión artística, es decir, no es una artesanía. Llamo arte a todo aquello que se puede enseñar en sus fundamentos, pero no en su excelencia.

El maestro tiene a veces un papel socialmente humilde, pero fundamental desde el punto de vista de la civilización y de la humanidad.

A.T.: ¿Qué les diría a los maestros que pasaron el umbral del siglo y no fueron preparados para todas las transformaciones que vivimos?

F.S.: Todos sabemos que hay cosas que nos enseñaron y que no podemos enseñar y la paradoja es que tenemos que educar a otros para un mundo que no vamos a conocer. Algunos hemos crecido y sido educados en una dictadura y hemos tenido que preparar a otros para la democracia y las libertades. Los maestros deben gozar de períodos para reciclar sus conocimientos y sus modos pedagógicos, de tal modo que puedan volver a reciclar y a ponerse al día en sus conocimientos. Es algo obligatorio para todos nosotros.

A. T.: Los maestros necesitan aprender nuevas habilidades y convertirse en aprendices toda la vida…

F. S.: Cualquier persona que entre en relación con la enseñanza sabe que su tarea, de transmitir y de asimilar, es inacabable. Una persona que vive de enseñar tiene que estar constantemente abierta a todos los conocimientos, las enseñanzas y lo que pueda mejorarlo como profesor. Cuanto más sabemos enseñar, más nos convencemos de lo que nos falta por aprender.

A.T.: ¿Cuál es la función del maestro para que la sociedad sea más equitativa y más productiva?

F.S.: El maestro puede contribuir a formar personas más inclinadas hacia la justicia, la curiosidad y la laboriosidad, pero hay muchas otras claves que están en la sociedad: económicas, laborales, etc. El maestro intenta preparar las personas para que sean un poco mejores que el promedio de la sociedad a la que van destinadas; ahí es donde se da, en cada caso a su modo, la interacción entre lo social y lo personal. Una cosa es que la enseñanza sea muy importante y otra suponer que es omnipotente.

A.T.: ¿Qué se debería plantear un maestro en su actividad pedagógica para rendirle cuentas a la sociedad? ¿Cómo podría definir un docente del siglo XXI los elementos para decir: “Yo le rindo cuentas a una sociedad que me hace unas exigencias y tiene unos parámetros para medirme”?

F.S.: La pura labor educativa es lo contrario del autismo y no puede ser algo que se separa y que se convierte en una especie de reino aparte, que no da cuentas de información. Lo primero que tendría que haber es una relación fluida de comunicación entre la administración, la sociedad y los maestros para que no vaya la sociedad por un lado y los maestros por otro. El maestro no es el inventor de la educación, sino un educador de la gente que la ejercita, de acuerdo con la orientación que la sociedad decida darle en cada momento. No se educa en abstracto, se educa para intentar mejorar la sociedad y crear personas capaces de vivir en ella. Los objetivos de la educación deben ser una preocupación pública, que esté en los ministerios y en sectores influyentes. El maestro debe ser el agente que pone en práctica lo que los demás han propuesto o teorizado y, de alguna forma, su responsabilidad es entrar en contacto, comprender, aceptar y colaborar en el perfil de ese contenido que se trata de transmitir.

Debe haber algún mecanismo de inspección, de interacción, de coloquio con los padres, con las autoridades docentes, etc., para saber que la tarea se está realizando con normalidad, aunque los resultados, del maestro y de la educación, se ven a largo plazo. No se puede de un día para otro determinar qué éxito ha tenido la enseñanza, aparte de que los maestros enseñan. El maestro no es un hipnotizador, sino alguien que hace el esfuerzo por facilitar el aprendizaje; pero quienes aprenden son los alumnos.

A.T.: Usted ha señalado que “lo importante es que mantengamos la convicción de que hay que ser ultramodernos en los contenidos tecnológicos, en los contenidos científicos, en la utilización de aparatos que puedan ayudar a la transmisión de conocimientos; y clásicos en la defensa de los valores esenciales, porque esos valores no se han transformado”…

F.S.: Sí, por ejemplo, hay quienes miran con desconfianza y horror los ordenadores y la internet; lo ven como una obra del demonio que los va a desplazar; es un planteamiento completamente erróneo. Y lo otro es la mitificación de los medios que dice: “Vamos a mejorar la educación, vamos a poner un ordenador a cada niño en cada lugar”. Es estupendo que el niño tenga un buen ordenador, un buen bolígrafo e instrumentos adecuados. Los maestros tienen que saber que el ordenador forma parte del paisaje y que se deben mover en ese paisaje. Pero, además está la educación y, sobre todo, los valores, la idea de que sólo aprendemos a vivir del contacto con nuestros semejantes; no sólo de la perfección de un programa de ordenador, sino de la imperfección de un ser humano. Por eso el maestro es insustituible pues sólo las personas pueden enseñar a vivir a las personas. Ahora, efectivamente hoy tiene unos apoyos mediáticos que pueden en ocasiones aliviar su tarea y ayudarle a explicar, a mantener la atención de los alumnos. Pero también es conveniente siempre decirles a los estudiantes que aprender es una responsabilidad suya.

A.T.: Hay otros que sostienen que el espacio escolar tiende a desaparecer y que hay que pensar en una relación distinta con los estudiantes…

F.S.: Hay que procurar extender lo más posible el espacio escolar. El aula educa y enseña tanto como el profesor. El hecho de que el niño, el adolescente, salga por primera vez de su mundo familiar afectivo, y se encuentre con el mundo de lo público, en el que se exigen el respeto y la convivencia dentro de un aula con otros que no son sus parientes y que han llegado por el azar de la organización de la enseñanza, es algo pedagógicamente insustituible. Si el niño se queda en su casa y desde allí le llegan las noticias, eso no es una enseñanza educativa en el sentido pleno del término.

A.T.: La concepción del papel del maestro ha cambiado con el tiempo… Y el maestro se ve en ese dilema de tener que ser autoritario o ser amigo…

F. S.: El maestro no es un tirano sino una autoridad. El tirano quiere conservar a todo el mundo convertido en niño, mientras que la autoridad ayuda a crecer e implica un acompañamiento. El niño está en un mundo que ya tiene unas exigencias; de alguna manera el mundo no se ha inventado para complacerlo, sino que tiene que conocerlo y comprenderlo para entrar en él. Los compañeros dan un sentido de pluralidad generacional y el maestro representa las generaciones anteriores. Es decir, de alguna manera, se encarga de representar la realidad por la vía del conocimiento.

A.T.: Lo que está unido a la responsabilidad, a la ética de la labor educativa y a la vocación…

F.S.: La tarea del maestro es la verdadera preocupación por el otro, que es el más alto nivel de moralidad. El hombre moral es el que se da a la persona. La educación es uno de los símbolos de la preocupación por los demás. Es importante que el maestro tenga vocación y gusto por lo que hace, como también lo es el que sea tratado de acuerdo con el esfuerzo y la dificultad de su tarea. Si comprendemos el término maestro en un sentido más amplio, como el de la persona que enseña a otros, entonces en nuestras sociedades democráticas todos somos maestros, unos de otros, para ayudarnos a comprender y a vivir en lo real. Y no es lo mismo ejercer esa función desde la paternidad, desde un papel público, o desde la persona que académicamente tiene que afrontar una clase.

A.T.: El maestro debe entender el mundo del niño, del educando de hoy…

F.S.: Hablamos de un ser humano y por lo tanto de un ser histórico; los niños del siglo XIX no son iguales a los de ahora, que nacen con la televisión puesta, en un mundo de libertades que no teníamos en otras épocas. Los niños no son seres al margen de sus condiciones sociales, culturales y familiares. El maestro debe buscar un lenguaje común con los niños.

A.T.: Usted ha expresado que “vivimos en un mundo apresurado, de urgencias e inmediatez” y eso afecta a la educación…

F.S.: Son los elementos que conspiran contra la importancia pública de la educación, cuya necesidad es inmediata, pero no sus resultados. La sociedad lo que quiere es un rendimiento inmediato y como eso no pasa, hay una sensación de frustración e inutilidad. El desarrollo de la cultura y el conocimiento aparecen como un lujo frente a la urgencia.

A.T.: ¿Qué queremos de la educación hoy?

F.S.: Esa pregunta sólo la podemos responder juntos como sociedad y está sujeta a debate. La educación es el cultivo de la humanidad. Entonces, ¿cómo cultivarla en las condiciones presentes? ¿En qué vamos a insistir? ¿A qué le damos prioridad? Hay muchas cosas interesantes que enseñar, pero debemos distinguir entre lo interesante y lo imprescindible. Esto último, es ser capaz de comprender y de expresarse, dos capacidades básicas para moverse en una democracia. De ahí que sea fundamental la enseñanza de todo lo referido a la comprensión y utilización argumental de los lenguajes, ya sean simbólicos o formales, así como la de los conocimientos científicos elementales: humanística, historia, física, etc. Y luego, poco a poco, la formación ética, ciudadana, en aquellos valores que son compartidos por todos.

A.T.: Hay una frase de su libro `El valor de educar´, que dice: “Me parecía sorprendente que por un lado la educación fuera el remedio universal de todos los males, y por otra parte la gente no se preocupaba fundamentalmente de la educación”. ¿Qué ocurre hoy, ocho años después de publicado el libro?

F.S.: Se trataba de concederle cada vez más importancia al papel de la educación y de los maestros en la sociedad. La educación ha pasado de ser algo accesorio y que entretenía a los niños y los hacía crecer, a convertirse en algo radical y decisivo en la vida de cada uno. Hay que potenciar en quienes aprenden la capacidad de preguntar y preguntarse. Es parte de esa vocación de aprender. Las verdaderas preguntas están movidas por el interés y la curiosidad por las cosas y no simplemente por el deseo de causar efecto o de exhibirse. Esas preguntas son las que orientan al educador respecto a qué es lo que tiene que ofrecer a su educando y saber dónde debe insistir, dónde están los problemas y dónde hay menos conocimiento.

Cómo fomentar la sensibilidad en el docente

El docente se enfrenta diariamente a situaciones que dificultan el desarrollo habitual de las clases, como los problemas de conducta. Una manera de abordarlas es aplicar técnicas basadas en la educación emocional. Este es el caso del tacto pedagógico que propone Max van Manen, catedrático de Educación por la Universidad de Alberta (Canadá).

La sensibilidad docente

Aspectos como la falta de motivación de los alumnos o la existencia de conductas disruptivas en el aula pueden evitarse gracias a este ‘tacto pedagógico’. Para ello, los profesores deben autoevaluar su metodología de enseñanza, establecer un clima de aprendizaje adecuado y ser capaces de identificar el ritmo de enseñanza idóneo para cada estudiante.

Habilidades requeridas

Los procesos de enseñanza, según van Manen, requieren de este tacto pedagógico. Para aplicarlo, los docentes deben entrenar ciertas cualidades. La inteligencia interpretativa, la intuición moral, la sensibilidad, la receptividad o la capacidad de improvisación constituyen estas habilidades básicas.

Esta sensibilidad pedagógica implica, por tanto, interesarse por los problemas de los alumnos y que ellos perciban esta implicación. Como señala este catedrático, cuanto mejor sea la comunicación que se establece entre alumno y profesor, mejores serán también los resultados de su aprendizaje. Por eso, para lograr que este vínculo sea más estrecho, resultan necesarias otras cualidades como la comprensión, la seguridad y la confianza.

Fuente: educaciontrespuntocero.com

Actitudes que nos hacen docentes más empáticos

Si te implicas en todas estas acciones y participas afectivamente de la realidad emocional de tus alumnos, no es necesario que continúes leyendo. Sin embargo, si crees que podrías hacerlo todavía mejor y quieres, lee lo siguiente. 

1. Pregunta antes de afirmar

Este es el primero de los trucos que puedes aplicar desde hoy para que la comunicación en el aula cambie. Por lo general, todas las personas solemos imponer nuestra postura y obviamos que existan otras realidades. Así que, te propongo cambiar el común “otra vez te has dejado los deberes en casa” por “¿le ha sucedido algo a tus deberes?”.

De esta manera, estarás fomentando el diálogo y mostrando interés por lo que ha sucedido. Así, te será más fácil que tus alumnos se sientan cómodos para expresarse contigo, y compartir sus problemas y preocupaciones.

2. Empieza tus conversaciones interesándote por el otro

¡Qué sencillo es y cuánto nos cuesta a veces! Te propongo un reto: Prueba a empezar hoy las conversaciones con tus alumnos un “hola, ¿cómo estás hoy?”. Estarás dando un primer paso para que esa persona se abra y te explique cómo se siente. Por un rato, evita hablar sobre ti y céntrate en escuchar, aprenderás mucho.

3. Conoce a tus alumnos

Proponte descubrir cosas que desconoces sobre tus alumnos: Qué hacen al salir de la escuela, qué les gustaría aprender en clase, qué opinan sobre un tema concreto, etcétera. Todo lo que descubras te resultará de gran ayuda para tus clases, podrás emplearlo para motivarlos y centrarlos en la tarea.

4. Adiós prejuicios y etiquetas

Conoce a tus alumnos por primera vez. Suena loco, ¿verdad? Dales la oportunidad de verles hoy sin los filtros que tú mismo te has impuesto con el paso del tiempo: Raúl es un trasto, María es muy buena alumna o a Juan no se le dan bien las matemáticas.

5. Piensa en positivo

¡Ponte las gafas de la felicidad! Durante un rato, presta atención solo las cosas que hacen bien tus alumnos y destierra lo malo. Hazles saber lo mucho que valoras el esfuerzo que dedican en aprender y cuánto han aprendido desde el inicio del curso. No te permitas ningún pensamientos negativos y si por un momento te aborda un problema, ¡transfórmalo en una oportunidad!

Puedes practicar este cambio de actitud con la sencilla dinámica de “El semáforo de la felicidad”

Al final de la semana, durante la asamblea semanal o la clase de tutoría, da a tus alumnos unos folios en blanco con caras que expresen diferentes emociones: alegría, miedo, tristeza y enfado.Pídeles que coloreen aquella que describa mejor su estado de ánimo a lo largo de la semana y que coloquen ese folio, de forma anónima, en una bolsa o cajita.

Toma todos los folios y, delante de ellos, haz el recuento de los resultados. Apunta cada semana en un póster cuántas caritas ha habido de cada tipo y juntos comparad esta semana con la anterior: ¿qué cambios ha habido?, ¿hay más caritas alegres? o ¿hay muchas caritas enfadadas esta vez?

Fuente: educaciontrespuntocero.com

 

10 estrategias para motivar a tus estudiantes

Como dijo el periodista Horace Greeley, “el maestro que intenta enseñar sin inspirar en el alumno el deseo de aprender está tratando de forjar un hierro frío”.

Es ciertamente muy lógico que la base del aprendizaje sean las ganas de aprender cosas nuevas. Y, en ocasiones, ser capaz de motivar a los más pequeños debe implicar repensar la forma de dar clase, como muy acertadamente reflexiona un pequeño estudiante en este vídeo.

Quizá en un principio puede sonar un poco abrumador, y quizá no sabes muy bien por dónde empezar a cambiar las cosas. Es por eso que te traemos 10 estrategias que esperamos puedan orientarte en esta aventura. ¡Toma nota!:

  1. Refuérzalos positivamente: Les será muy difícil creer en ellos mismos si no lo haces tú antes, por lo que además debes demostrárselo con cierta frecuencia. Recuerda que son ellos el centro de su aprendizaje, ¡dales el protagonismo que se merecen!
  2. Utiliza diferentes metodologías: Ya que no todos los estudiantes responden de la misma forma, es importante ir mezclando la forma de trabajar para que todos puedan disfrutar con aquello que más les gusta. Actividades individuales, en equipo, investigaciones, juegos… ¡el límite lo pone tu imaginación!
  3. Da feedback a tus alumnos: Es muy importante que les expliques dónde se han equivocado y cómo pueden mejorar para la siguiente ocasión, o pueden sentirse perdidos y perder la motivación pronto.
  4. No tengas miedo a innovar: Aprovecha la fascinación de los más pequeños por las nuevas tecnologías y prueba diferentes herramientas TIC en tus clases, adaptándolas a sus necesidades y al tema a tratar.
  5. Sé creativo en el uso del espacio: Cambia el escenario de vez en cuando, utilizando los diferentes espacios de la escuela o del entorno (patio, parque, biblioteca…) o cambiando de orden el mobiliario pueden ser geniales ideas para hacer las clases diferentes.
  6. Marca objetivos alcanzables: Los retos que plantees deben de ser lo suficientemente difíciles como para que requieran un esfuerzo importante (¿conoces el término de ‘zona de confort’?),  pero lo suficientemente realistas como para que no acaben siempre en frustración.
  7. Utiliza sus vivencias como recurso educativo: Relacionar los contenidos con la experiencia de tus estudiantes les permitirá ver la utilidad de lo que están aprendiendo, y les será mucho más sencillo retener los conocimientos sobre ello.
  8. Sé cercano y atento: Trata a cada estudiante de forma personalizada, intentando dedicarles tiempo exclusivo para hablar con ellos sobre temas académicos o extraescolares.
  9. Ayúdales a superar la frustración: Tus estudiantes necesitan apoyo para reconocer y superar la ansiedad y frustración. Por tu parte, analiza y estudia sus diferentes capacidades y adapta las tareas a ellas.
  10. Haz de la curiosidad tu mejor herramienta: ¿Habías pensado alguna vez en empezar todas tus clases con una pregunta que llame la atención de tus estudiantes? Ésta es una forma de despertar su curiosidad por el tema, pero seguro que puedes encontrar otras muchas adaptadas a sus preferencias y características.
Algunos recursos que no te puedes perder

Si te interesa el tema, no puedes perderte estos recursos relacionados, ¡están llenos de buenas ideas!:

  • Toda una responsabilidad: Un genial artículo de Santiago Moll, como ya nos tiene acostumbrados. Una reflexión desde la propia experiencia, y que seguro que te será de gran utilidad.
  • Consejos para practicar cada día: Algunas ideas que puedes poner en práctica desde hoy mismo y que seguramente marcarán la diferencia en tu aula. ¡Toma nota!
  • ¡Enséñales a motivarse!: ¿Qué es estar motivado?, ¿por qué unos alumnos están motivados y otros no?, ¿qué responsabilidad tenemos los profesores? En este artículo se responden a éstas y otras muchas preguntas.

Fuente: blog.tiching.com

10 maneras de ser un buen maestro y ayudar a los alumnos

Ser maestro implica más que haber ido a la Universidad y o ser una persona con una capacidad académica suficiente para dictar una cátedra de determinado tema, lo principal que deben tener en cuenta los maestros es que son un modelo a seguir para cada uno de los alumnos, estos están observando de forma constante como actúan y aun como se visten.

En este artículo se hablará de las Maneras de ser un buen maestro, para proporcionar una buena formación a los alumnos con respecto a algunas áreas del conocimiento y valores éticos, para que puedan comportarse de forma adecuada en la sociedad. Los buenos maestros no lo son sólo en el aula, sino que su responsabilidad sigue con ellos siempre.

1.  El buen maestro llega a todos sus alumnos. En algunas ocasiones se pueden encontrar maestros que se quejan acerca de que su clase tiene demasiados alumnos, el buen maestro no se fija en la cantidad de alumnos, mejor se  idea la forma de llegar a todos.

2.  El buen maestro debe ganarse el respeto. La enseñanza no se logra siendo una persona que infunda temor, pero tampoco una que nadie la respete, el maestro debe ganarse el respeto, respetando la individualidad de los estudiantes.

3.  Participación de los alumnos. En cuanto a las Maneras de ser un buen maestro, es de vital importancia buscar que el alumno interactúe, cuando el alumno participa aprende hasta un ochenta o noventa por ciento de los temas proporcionados.

4.  Experiencia docente. Uno de los factores de importancia para ser buen maestro es demostrar por su calidad de enseñanza la experiencia que tiene en el cuanto a impartir conocimiento.

5.  Habilidad de expresión. Esta es una de las mejores herramientas de un maestro de excelencia, es decir, el maestro debe hacerse entender acerca de lo que desea expresar, sin que los estudiantes queden con dudas.

6.  Dinamismo. Para tener las mejores Maneras de ser un buen maestro se debe ser una persona dinámica (sin caer en el extremo de ser payaso) con el fin de que los alumnos estén pendientes de lo que se dice en clase.

7.  Planeación. El buen maestro se prepara por anticipado elaborando una clase de excelencia, en el momento de la organización deben ser tenidos en cuenta los detalles que se pueden presentar en el aula.

8.  Ser él mismo. El buen maestro debe presentarse siempre como lo que él es, fingir no sirve de nada, fingir deteriora la personalidad de un maestro y los alumnos se identifican con el maestro que hace brillar su personalidad.

9.  Capacitación. En cuanto a las Maneras de ser un buen maestro la capacitación permanente debe ser un estilo de vida, para estar actualizado y proporcionar un conocimiento de calidad.

10. Pensar en la formación de sus alumnos. El trabajo por excelencia de un buen maestro es la formación de sus alumnos, en esto se debe interesar y al preparar cada clase debe tener en cuenta este detalle.

Fuente: educapeques.com

6 estrategias para promover la participación y el compromiso de los estudiantes en clase

La participación en clase de los estudiantes es fundamental y tiene múltiples beneficios. Aporta a la dinámica de clase y contribuye al aprendizaje del estudiante, al tiempo que trabaja en el desarrollo de la persona ayudándola a superar la timidez con los compañeros, por ejemplo. A continuación, te proponemos explorar algunas ideas que los profesores pueden incorporar para sus clases y así promover una participación activa de sus estudiantes.

1. Definir la participación en clase

Invitá a los estudiantes a participar en clase, realizar comentarios verbales e involucrarse en la conversación para que no haya solo una exposición por parte del docente. Promueve la comunicación entre profesores y estudiantes; una manera de hacerlo es a través del planteo de dudas, preguntas que no hayan realizado en clase y comentarios a través del correo electrónico o plataformas educativas, por ejemplo. Será importante recordarles a los alumnos que escuchar es también parte de la participación y que es necesario desarrollar esa capacidad.

2. Cultivar la presencia de los profesores que invite a la participación de los estudiantes

Estar presente no solo significa estar en el salón de clase físicamente, sino también mentalmente. Es decir, es necesario que el docente todos los días esté atento a las interacciones e intervenciones de cada estudiante. Hay muchas maneras de mostrar que el docente está presente. Además, siempre hay que tener en cuenta comportamientos no verbales que transmiten confianza y comodidad, como una sonrisa, un comentario sobre el tiempo o un evento actual. Todas las acciones positivas, así como ver que el docente está comprometido con el contenido del curso y el aprendizaje de los estudiantes, ayudarán a promover la participación de los alumnos en el salón de clases.

3. Dedicar tiempo a hablar sobre el aprendizaje y a mostrar porqué es importante

La conexión de lo que se aprende con su lado práctico es muy importante para captar la atención del alumno. Muchas veces, el problema de la falta de compromiso con la clase tiene que ver con que el alumno no ve la aplicación práctica o la importancia que tiene lo impartido para su carrera o desarrollo. Esto los lleva a querer aprender de una manera fácil, memorizar la información y estudiar o salvar haciendo lo mínimo posible. Por lo tanto, despertar en el estudiante el sentimiento de compromiso con el aprendizaje será tarea del docente. Los profesores serán los encargados de cautivar la atención y despertar la curiosidad del aprendizaje en los estudiantes..

4. Permitir que los estudiantes participen del proceso de aprendizaje

Los docentes son quienes toman todas las decisiones sobre el aprendizaje de los estudiantes. Ellos deciden los contenidos, la manera de aprender, el ritmo y las condiciones en que aprenderán. Está bueno que los estudiantes puedan aportar y decidir sobre el método de aprendizaje, como por ejemplo ver qué temas desean tratar.

5. Diseñar tareas auténticas y experiencias de aprendizaje

Siempre será bueno diseñar tareas nuevas para que los estudiantes participen en clase. Por ejemplo, plantearles una hipótesis y pedirles la predicción de los resultados o introducirlos a la crítica literaria y que den su opinión. Probablemente no sean los mejores trabajos y cometerán errores, pero trabajar sobre las equivocaciones es una buena manera de aprender. Además, contribuyendo al trabajo de la materia se genera un compromiso con el aprendizaje.

6. Utilizá cuestionarios, pruebas y exámenes finales

Si el objetivo es la retención de la información a largo plazo y el docente quiere que los estudiantes sean capaces de transferir o aplicar el conocimiento, la mejor manera de cumplirlo es a través de un examen al finalizar el curso. Cada vez que un estudiante se vuelve a exponer a un material ya aprendido, éste se vuelve más fácil de recordar. Probablemente los estudiantes prefieren tener exámenes por unidad y no al finalizar el curso, por eso una buena opción hacer revisiones cada tres semanas y acumular menos información. Esto hará que sea más liviano y ayudará a los alumnos para prepararse de cara a los exámenes más largos.

Fuente: universia.com.ar