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Prácticas sencillas de autocuidado para mamás ocupadas

 

El autocuidado para mamás es importante para mantener la salud física y emocional de las madres ocupadas y sin tiempo

Cada vez más personas comienzan a darse cuenta de que el cuidado personal no es una cuestión de egoísmo. Al contrario, cuidar de uno es el primer paso para cuidar bien a los demás. Si eres madre o padre, esta afirmación cobra aún mayor sentido. Este artículo se centra en prácticas de autocuidado para mamás, especialmente para mamás ocupadas. Aquellas que cuando se ponen el traje de «supermamá» se olvidan de ellas mismas.

Es hora de alejar esa creencia tan popular entre muchas mujeres de que, como su familia está por encima de todo, dedicarse tiempo y recursos a ellas mismas es un acto egoísta. Como madre debes tener claro que para cuidar a tus hijos tienes que cuidar de ti, que para querer a tus hijos tienes que quererte. ¿Qué les estarías enseñando entonces?

El autocuidado es una parte fundamental de cualquier rutina de bienestar. Pero es algo más que cuidarse por fuera. Es sobre todo una cuestión de salud. El autocuidado abarca muchos aspectos de nuestra vida. Desde lo práctico a lo físico y lo mental y, cómo no, lo espiritual. Por eso, cada uno debe definir qué significa el autocuidado para sí. Es decir, qué aspectos de su vida desea cuidar.

«Los demás solo aman y respetan a los que se aman a sí mismos».

-Paulo Coelho-

Creando momentos de autocuidado para mamás ocupadas

No vamos a intentar convencerte de lo importante que es que mimes tu piel o tu pelo, de que cuides lo que comes o de que hagas ejercicio. Eso ya lo sabes. Lo que queremos es darte estrategias y herramientas para que reconectes contigo misma, para que recargues las pilas y sigas adelante. 

Estamos de acuerdo que para las madres dedicar tiempo para el cuidado personal puede ser especialmente complejo. Y es porque encontrar tiempo es casi imposible. Por esto el reto está en crearlo, en inventarlo. Sí, es una cuestión de creatividad.

Se trata de convertir los momentos en los que no haces nada en particular en momentos para el cuidado personal. Aprender a diferenciar lo importante de lo que no lo es. Invierte esos minutos y haz algo en tu beneficio. También puedes coger algo de tiempo de otras tareas e invertirlo en ti. Sé creativa y escucha a tu cuerpo. Aprende a relajarte y descansar.

A continuación vamos a ver una serie de prácticas de autocuidado enfocadas a las mamás ocupadas. Son prácticas que puedes incorporar a tu día a día, sin excusas de tiempo. Solo tienes que encontrar unos minutos para ponerlas en práctica y volver a tu centro.

«A medida que empecé a quererme, dejé de ansiar tener una vida diferente, y pude ver que todo lo que me rodeaba me estaba invitando a crecer».

-Charlie Chaplin-

Madre preocupada por su tiempo

Pon las piernas en alto

Levantar las piernas no solo te ayudará a sentirlas menos pesadas o a luchar contra la inflamación provocada por diversas condiciones de salud. Si sufres de esta condición podrás notar un alivio, al menos momentáneo. Si quieres, cierra los ojos y deja tu mente lo más en blanco posible.

Para poner las piernas en alto solo tienes que tumbarte sobre la cama o sobre una alfombra (incluso sobre el suelo). Después, apoya los pies con las piernas flexionadas o estiradas sobre la pared o sobre una silla, el cabecero de la cama… o lo que te venga bien. También puedes, puedes elevar las piernas sin soporte. Cuando más eleves las piernas y más las estires, mejor. Pero si no puedes, no pasa nada. Escucha a tu cuerpo y lleva las piernas hasta donde puedas o te sientas cómoda.

Practica la respiración abdominal

Practicar la respiración abdominal es el primer paso para aprender a relajarse. Además, una de las técnicas más recomendadas en el autocuidado para mamás. Al poner la atención en el movimiento del abdomen, conseguimos que el diafragma baje. Esto hará que la respiración sea más profunda. Este tipo de respiración disminuye el estrés. Además, favorece la oxigenación del organismo.

Para comenzar, siéntate en una posición cómoda o túmbate boca arriba. Cierra los ojos y coloca las manos sobre el vientre. Inhala a través de su nariz y siente que el vientre se expande como un globo. Exhala y date cuenta de cómo el vientre se acerca a la columna vertebral. Repite varias veces, haciendo que cada ciclo de respiración sea más largo y profundo.

Si te sientes especialmente estresada o agitada, retén el aire unos segundos después de inhalar y exhalar. Si la primera vez no puedes, no te preocupes. Inténtalo de nuevo. Si lo haces con intención y correctamente, en tres o cuatro respiraciones te habrás calmado. Puedes hacer 3 ciclos de 5 respiraciones abdominales cada uno. Entre ciclo y ciclo, deja un minuto de descanso.

Disfruta un té caliente

Tomar un té caliente en soledad y en silencio es uno de los grandes regalos que te puedes hacer a lo largo del día. Conviértelo en un ritual (a media mañana o media tarde) y este hábito se convertirá en tu gran aliado a lo largo del día.

Puedes hacerte una infusión de cultivo orgánico, con la que sientas que puedes conectar. Dependiendo de la hora del día y de tu tolerancia a la cafeína (teína), así como de tus necesidades para ese momento, podrás elegir diferentes tés. Elige uno con propiedades saludables que sientas que te va a hacer bien. Si el silencio te abruma o sientes que los pensamientos saturan tu mente, acompaña tu ritual con un vídeo o un audio de meditación guiada o visualización. Siente cada sorbo, céntrate en las sensaciones y respira.

Mujer bebiendo un té caliente

Otras prácticas sencillas de autocuidado para mamás ocupadas

Hay otras prácticas sencillas que puedes implementar en el autocuidado. Es ideal incluir una práctica matutina de yoga para iniciar el día (basta con 15-20 minutos). Si puedes dedicarle unos minutos a la meditación o al mindfulness, mejor aún. Tal vez tengas que madrugar un poco más para esto, pero merece la pena. Si no puedes hacerlo al final del día para irte a la cama relajada.

Aunque lo hemos comentado por encima al principio, en tu rutina diaria no puede faltar tiempo para tu cuidado físico personal. Lo que hagas depende de lo que tú valores. Lo que importa es que no dejes de hacer lo que te gusta para cuidarte porque todo el tiempo se lo dediques a todo lo demás. Intenta no dejar fuera de tu rutina de autocuidado al ejercicio. El caso es que organices tu día para poder dedicarle unos minutos al ejercicio, dentro o fuera de casa, en el gimnasio o al aire libre.

Fuente: lamenteesmaravillosa.com

Son niñas, no madres

“Yo nunca me imaginé que mi papá iba a abusar de mí (…) Me dijo que si no me dejaba le iba a hacer daño a mi hermano, yo tenía miedo que le haga algo a mi hermano (…) Él seguía, yo no quería y él lo hacía a la fuerza. Pasó un tiempo, yo ya tenía unos doce años, a los trece me quedé embarazada y a los catorce di a luz”.

Estas son las palabras de Norma, una niña ecuatoriana a quien, el Estado, lejos de proteger, obligó a continuar un embarazo resultado del abuso reiterado de su padre.

Cada día nos enfrentamos a historias de niñas sobrevivientes de violencia sexual que reflejan las mismas injusticias y los mismos abusos que ha vivido Norma, a través de nuestro trabajo con Planned Parenthood y de la mano de organizaciones de la sociedad civil a lo largo de América Latina.

Como psicóloga clínica y como abogada especializada en la defensa de los derechos reproductivos, respectivamente, sabemos que las niñas que han experimentado la traumática experiencia de la violación y de un embarazo forzado deben ser protegidas, no violentadas nuevamente, y menos ser criminalizadas.

América Latina es, por detrás de África, la región con la segunda tasa más alta de embarazos en adolescentes y la única región del mundo en la cual aumentan los embarazos de niñas como resultado del abuso sexual. Más de un millón de niñas y adolescentes en la región enfrentan violencia sexual.

Las estadísticas son alarmantes:

En Ecuador: Cada día 7 niñas menores de 14 años resultan embarazadas a causa de violencia sexual.
En México: En el 60 % de los casos los agresores resultan ser familiares o personas conocidas.
En Nicaragua: 8 de cada 10 víctimas de violencia sexual son niñas menores de 13 años.
En Argentina: Cada 3 horas una niña de entre 10 y 14 años se convierte en madre.
En Perú: Cada día 4 niñas menores de 15 años dan a luz.
En Guatemala: el embarazo es la primera causa de deserción escolar de las niñas y adolescentes.

La violencia sexual tiene impactos devastadores en la vida de las niñas. La investigación regional, Vidas Robadas, publicada por Planned Parenthood Global describe el impacto profundo en la salud física, emocional y social de los embarazos forzados en niñas entre 10 y 14 años. El embarazo no solo implica un riesgo evidente a la salud física de las niñas, sino también está asociado a elevados niveles de depresión, angustia, ansiedad y el trastorno total de sus vidas, incluyendo el abandono de los estudios, situación que afecta de manera desproporcionada a las niñas que ya enfrentan discriminaciones estructurales vinculadas a su grupo étnico o sus condiciones socio económicas.

A pesar de la crisis de violencia sexual y embarazos forzados en niñas, los Gobiernos han negado una respuesta integral consistente con sus obligaciones de proteger los derechos y la salud de las niñas. En muchos países de la región, el aborto es legal, como mínimo, para evitar un riesgo en la salud o la vida de la mujer. Es decir, las niñas deberían poder tener acceso a la interrupción legal del embarazo como una opción para proteger su vida y su salud. Sin embargo, los Estados no solo fallan en proteger a las niñas de la violencia sexual, sino que las obligan a continuar el embarazo y les imponen la maternidad. Esta realidad se agudiza en los seis países de la región —Nicaragua, Honduras, El Salvador, República Dominicana, Suriname y Haití— en los que el aborto está penalizado en todas las circunstancias.

Por eso hoy denunciamos y luchamos contra estas injusticias.

De la mano de Surkana y Fundación Desafío, en Ecuador; Mujeres Transformando El Mundo y el Observatorio de Salud Sexual y Reproductiva, en Guatemala y la Asociación de Mujeres Axayácatl, en Nicaragua, en colaboración con el Centro de Derechos Reproductivos, y junto a cuatro niñas y jóvenes que nos han brindado su confianza y han tenido la valentía de emprender este proceso, presentaremos sus casos ante la Organización de las Naciones Unidas.

Con esta acción, buscamos impulsar la urgente toma de medidas por parte de los Estados para garantizar que las niñas puedan vivir una infancia digna y decidir sobre su futuro. Desde Planned Parenthood Global, unimos nuestra voz a la de las niñas y jóvenes que hoy exigen justicia, y nos mantenemos firmes en el apoyo a las organizaciones partes que luchan todos los días para crear una sociedad donde las niñas puedan crecer seguras y en libertad. Hoy decimos: son niñas, no madres.

Fuente: elpais.com

Soy una mamá monpet, madre sin tiempo personal

Primero pensé que era una madre con el Síndrome de Wendy, luego descubrí que me acercaba más al perfil de madre helicóptero, pero resulta que ni una cosa ni otra. Yo soy una mamá monpet o madre sin tiempo personal.

La realidad de una madre monpet

Si no habías oído hasta ahora este término, te diré que procede de la expresión inglesa Mother with no personal time, cuya traducción sería algo así como Madre sin Tiempo Personal.

Una madre monpet hace cosas como encerrarse en el baño con alguna excusa para contestar los whatsapps de su grupo de amigas u ofrecerse de manera voluntaria para bajar la basura a horas intempestivas y con tormenta fuera con el único objetivo de rascar un par de minutos al día para respirar y desconectar de todo. ¿Te suena, verdad? Por no hablar de ese momento en el que necesitas pegarte una ducha de dos minutos ¡solo dos minutos! y la única manera de hacerlo es poniendo a las niñas frente al ordenador para que vean un capítulo sus dibujos favoritos.

Ser madre es un trabajo que no tiene vacaciones, ni días de asuntos propios, ni puentes… Son 24 horas al día, 7 días de la semana en los que tienes que compaginar el papel de madre “perfecta” con ese otro trabajo con el que pagas la hipoteca, los gastos de la casa, la cuota del colegio, los uniformes…

Te levantas a las 6-7 de la mañana, vas a la oficina, comes en 15 minutos, sufres por dejar todo terminado antes de que llegue la hora de salir y… ¡a por tu segunda labor del día! Corres para llegar a buscar a las niñas al colegio (en el camino rezas para que no se estropee el transporte público o para que no haya ningún accidente en la carretera), llevas a una a música, mientras que la otra tiene inglés y, en esa hora que tienes, haces la compra para cenar esa noche algo calentito porque se te olvidó sacar el tupper del congelador.

Pero aún queda lo mejor. Llegáis a casa ¡y todo se ralentiza! Son las 20.00 horas y aún os quedan cosas por hacer: los deberes, la tortilla, los dientes, el cuento… Con un poco de suerte, a las 22.00 horas se hace el silencio en casa. Cansada, tú te tiras en el sofá para descansar, sabiendo que ese tiempo durará poco porque tienes que plancharte la ropa y preparar la comida para el día siguiente.

Un estudio realizado en Estados Unidos por la empresa de alimentación y salud Welch’s afirma que una mujer dedica unas 98 horas semanales a tareas netamente laboriosas dentro y fuera del hogar. Estas cifras se repiten en España, donde según el INE (Instituto Nacional de Estadística) las mujeres destinan 26,5 horas a la semana a cuidar a hijos o familiares, tareas domésticas y colaboraciones sin sueldo en ONG (a estas horas habría que contar las horas de trabajo remunerado).

¡Agotador vivirlo y leerlo! Pero es una realidad que a muchas mujeres madres nos toca de lleno. Muchas veces somos nosotras, las mujeres, las que asumimos toda la carga de trabajo y las que nos negamos a soltar o a delegar en el otro, pero está claro que tanta presión puede repercutir nuestra salud. ¡Tenemos que empezar a ponerle freno!

A la conquista del tiempo y espacio para la madre monpet

Después de todo lo que te he contado, ¿crees que tú también eres una madre monpet? Sé que resulta muy fácil decirlo, pero encontrar tiempo para ti es primordial para que tú estés bien y, por lo tanto, tu familia también. ¿Qué hacer para dejar de ser una madre monpet? La solución es encontrar tu espacio y tu momento para conectarte contigo misma:

– Resérvate un hueco para hacer lo que más te guste
Apuntarte a clases de yoga, salir a correr, quedar con las amigas, ir a darte un masaje, leer un libro, tomar un café… Seguro que hay miles de cosas que hacías antes de ser madre y que has aparcado por falta de tiempo. ¡Es el momento de recuperar algunas de ellas!

– Reorganiza la agenda
Crear una familia es cosa de dos. Puede que por nuestra condición natural de madre, asumamos más responsabilidades, pero la otra parte, es decir, el padre también juega un papel importante en todo esto. Habla con él para repartir las tareas y no te cargues tú con todo.

– Haz ejercicio
Si hacer deporte no está dentro de tus hobbies favoritos, ¡lo sentimos! A partir de ahora y para dejar de ser una madre monpet, ¡necesitas moverte más! A través del ejercicio se libera estrés y se eliminan tensiones. Busca tus zapatillas que… ¡comenzamos!

– Mímate por dentro y por fuera 
La falta de tiempo y las prisas hace que muchas madres no se cuiden, pero hay que mimarse. Hay que mirarse al espejo, arreglarse, ponerse guapa para empezar cada día con la mejor sonrisa y con ganas de comerse el mundo.

– Pide ayuda
Tú eres un pilar muy importante para tus hijos. Si estás feliz, ellos serán felices, por eso es importante que estés bien. Si te notas bloqueada, pide ayuda a algún familiar o vecina o, incluso si te notas muy desbordada, habla con tu médico de cabecera.

Después de descubrir que soy una madre monpet y de aceptarlo, no puedo dejar de preguntarme: “¿Por qué tenemos tanto interés en etiquetarlo todo?” Y lo que es peor, ¡todo lo que tiene que ver con la maternidad! Hay gente que habla de drama de las madres monpet, pero yo prefiero decir problema con fácil solución. ¿Nos ponemos manos a la obra?

Fuente: guiainfantil.com

Madres adolescentes: con mayor probabilidad de un mal cardiovascular

Muchas investigaciones se han dedicado a estudiar las enfermedades cardiovasculares ligadas a la edad, pero relativamente pocas, han observado las asociaciones y respuestas que existen entre la edad y el primer parto.

En especial, se conoce de los riesgos que las madres adolescentes tienen con un embarazo joven, y lo que esto implica también para sus hijos, pero no se había estudiado el riesgo contenido en relación con las afecciones cardiovasculares.

Por ello, un grupo de investigadores de la Medical School University Hospital en Tirana (Albania); del Laboratorio Multilab y Alvaro Laboratorios (Natal, Brasil); del Hospital Universitario Caldas (Manizales, Colombia); del Kingston General Hospital (Kingston, Ontario, Canadá); y del Hospital Honoré Mercier (Quebec, Canadá) se dio a la tarea de reunir datos de madres tempranas.

Esta investigación que involucró a las entidades mencionadas fue publicada en el Journal of the American Heart Association, revelando que las mujeres que han tendido su primer hijo antes de los 20 años, tienen mayor probabilidad de desarrollar, con los años, algún tipo de enfermedad cardiaca o vascular, esto comparadas con las que tienen hijos a mayor edad.

El estudio

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, en el mundo hay unos 16 millones de nacimientos al año de embarazadas entre los 15 y 19 años, y alrededor de un millón de esos partos son de niñas menores de 15 años.

Este trabajo que hasta ahora revela sus resultados, empezó en 2012 con 1.047 mujeres, de entre 65 y 74 años, de Canadá, Albania, Colombia y Brasil, a las que se les calculó su perfil de riesgo cardiovascular, teniendo en cuenta la edad en la que fueron madres por primera vez, su condición socioeconómica y si han presentado algún problema de tipo cardiaco o vascular.

Así, se compararon mujeres cuyos embarazos se dieron antes de los 20 años con aquellas que los tuvieron entre los 20 y 24; de 25 a 29 y más de 30 años, y también con mujeres nulíparas (que nunca han tenido hijos).

De tal forma, el estudio halló que de los grupos afiliados a la investigación, el que menos riesgo tiene de desarrollar alguna afección cardiovascular es el de quienes fueron madres entre los 25 y 29 años, las mujeres menores de 20 años tenían una media de riesgo con un 5,8 puntos, y las mujeres sin hijos tenían un porcentaje a la baja de probabilidades de afecciones de este tipo.

Igualmente, se encontró que la aparición de la enfermedad cardiovascular puede ir ligada al estrés que despierta en las jóvenes gestantes su condición, la incertidumbre del futuro y el compromiso de la maternidad temprana.

Catherine Pirkle, una de las autoras del estudio, dice que algo muy importante del trabajo es invitar a las mujeres, quienes tuvieron su primer hijo antes de los 20 años, para que mantengan alerta de cualquier síntoma relacionado con una afección cardiovascular, a revaluar sus hábitos de vida y alimenticios, y a mirar la posibilidad de realizar una actividad física de manera cotidiana.

Mayor prevención del embarazo adolescente

De igual forma, los autores de este estudio hacen un llamado a los sistemas de salud y a los gobiernos para que se incentiven los programas de promoción y educación sexual, y se facilite el acceso a métodos de planificación, buscando que las jóvenes, al inicio de su vida sexual, tengan conocimiento de la posibilidad que tienen de un embarazo prematuro, y de lo que esto implica para su desarrollo personal, profesional y para la salud misma.

Fuente: abcdelbebe.com

Hijos de mamás trabajadoras son más exitosos

Muchas de las mamás que trabajan se sienten culpables de hacerlo. Piensan que sus hijos la extrañan, se preguntan dónde están y si regresarán. Esto tendría que ser todo lo contrario: deberían sentirse orgullosas de ser mamás trabajadoras.

Sí, serlo es difícil. Es como un acto de malabarismo y de culpa al no poder estar todo el tiempo. Se tiene que aceptar que hay la posibilidad de que no estarás ahí para sus primeras palabras o pasos o para consolarlo si algo lo hace sentir mal, pero todo eso vale la pena.

Un estudio de Harvard Business School analizó los datos de dos docenas de países y argumenta que los hijos de mamás que trabajan:

  • Tienen más probabilidades de ser empleados en una empresa.
  • Las hijas: 33% ocupan puestos de supervisión y ganan más dinero que las de mujeres que no trabajan fuera del hogar y presentan 4.5% más de probabilidad de ser empleadas por sí mismas.
  • Completan más años de educación.
  • Son de alto rendimiento en la escuela.
  • Sienten menos depresión y ansiedad.
  • Seguramente tendrán puestos altos en alguna empresa.
  • Son más independientes y saben estar más tiempo solos sin exigir compañía.
  • Hacen menos berrinches, a menos que no reciban atención exclusiva en algún momento del día.
  • Participan en las labores domésticas a edad más temprana.
  • Demuestran mayor iniciativa y liderazgo en los juegos y las actividades escolares.
  • Comentan desde pequeños que quieren estudiar una carrera o poner un negocio.

Las mamás que trabajan:

  • Dan ejemplo de esfuerzo y perseverancia a sus hijos.
  • Son más saludables mental y físicamente que aquellas que no lo hacen o se quedan sin empleo, según un estudio de la American Sociological Association.
  • A los 40 años de edad se ven más jóvenes y tienen más energía.
  • Las que no trabajan reportan más sensaciones de tristeza e ira que aquellas que reciben un salario.

Esto no quiere decir que los niños no se benefician cuando sus mamás pasan más tiempo con ellos, sin embargo cada quien decide la forma en la que lo dedican. La investigación muestra que los niños de padres que trabajan acumulan beneficios; sólo recuerda poderles dedicar tiempo de calidad cuando estés con ellos.

Tip

Dedícale al menos 20 minutos de tiempo exclusivo, libres de cualquier distracción (teléfono, televisión, computadora) y mirándolo a los ojos. Así le dirás qué tan importante es para ti.

Fuente: bebemundo.com

12 prácticas necesarias para madres y padres estresados

“Prevenir antes que curar” de esta frase, nace este artículo. Trabaja en ti durante todo el año, y no tendrás que preocuparte de aprender en el último momento, para afrontarte a la realidad de tu vida familiar.

Si llegado a este punto te encuentras agotada o agotado, debes parar y pensar en cómo retomar las riendas de tu vida de otra forma más relajada. Aquí tienes un manual con 12 prácticas necesarias para madres y padres estresados. ¿Es tu caso?

12 actividades salvadoras para madres y padres estresados

¿Sientes que todo te sobrepasa? ¿Que sientes agotamiento e impotencia? ¿Que la educación de los hijos te consume? Aquí tienes una sería de prácticas, que llevadas a cabo darán como resultado cambios paulatinos y positivos.

  1. MES 1. Piensa en un objetivo para ti o tu familia, pero no te apegues al resultado, disfruta del camino. Ve avanzando poco a poco y comparte la felicidad del trayecto.
  2. MES 2. Haz una lista de tus quejas familiares más frecuentes y la frecuencia con las que las realizas. Toma conciencia así de cuál es tu lenguaje para la comunicación familiar.
  3. MES 3. No vivas en la sensación de no ser suficiente con lo que tienes. Está bien que ambiciones sanamente, pero no busques la perfección. Mejor pensar en lo que tienes que en lo que te falta.
  4. MES 4. Presta atención a tus sentidos. Dedica este mes a saborear, oler, caminar de manera consciente. ¿A qué huelen las nubes? ¿A qué saben las estrellas?
  5. MES 5. Cuando escuches o te cuenten algo que no te gusta, di: ‘Esto no me impide ser feliz’. Repite internamente. Y haz oídos sordos.
  6. MES 6. No esperes al fin de semana o a las vacaciones para realizar algo distinto en tu vida. Organiza un plan en mitad de la semana y compártelo o vívelo a solas. ¡La cuestión es disfrutar!
  7. MES 7. Olvídate del reloj y los móviles durante una tarde a la semana en todo tu mes. Dedica a escuchar y saborear el silencio que te ofrecerá este ejercicio.
  8. MES 8. Practica el Silencio. Destina tiempo en el mes, a estar contigo mismo, disfrutando del silencio. No juzgues lo que la mente te traiga durante el silencio, solo observa el pensamiento y déjalo ir.
  9. MES 9. Dedica tiempo a cada uno de tus hijos, por separado, y también dedica tiempo a tu pareja. Haz que tus hijos tengan un momento para compartir “secretos” solo contigo.
  10. MES 10. Haz una lista de actividades comunes para compartir en familia, y practícalas con atención durante este mes. Después analizáis cuáles han sido las más divertidas y a repetir!!!
  11. MES 11. Durante este mes, cuando estés con otras familias, habla siempre en positivo de tus hijos. NO entres en la queja. No te dejes atrapar por el lenguaje negativo. ¡¡Siempre positivo, nunca Negativo!!
  12. MES 12. Dedica este mes a escribir actitudes positivas y valorativas de cada miembro de la familia, incluida tú, y deja notas-sorpresas por toda la casa. Ya me estoy imaginando sus sonrisas.

Fuente: guiainfantil.com