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Andrés L. Mateo: ¿Para qué sirve leer una obra de ficción?

Tras la creación estética de un genuino narrador subyacen estructuras discursivas entramadas que revelan una época. Ninguna obra de arte, por lo tanto, puede ser tan autárquica que sus enunciados se presenten desprovistos del espacio y del tiempo, dualidad inseparable en la que pernocta toda esencia. Esta es una de las principales razones por la que las transcendentales obras dominicanas jamás deberían ser soslayadas al momento de pensar en la formación de ciudadanos y ciudadanas, y en el tipo de nación al que aspiramos.

La cuestión más importante no apunta sólo al anaforismo populoso y modal: “leer, leer, leer”; sino, y mucho más relevante: ¿Cuáles obras leer y con cuáles estrategias abordar su estudio? Porque, sobre todo, no en todos los textos que pasan por las manos de nuestros estudiantes y profesores encontramos el universo referencial que permite la formación de sujetos con sensibilidad y compromiso social, patriotas por convicción y por dignidad.

Amén de esto, las presentes y futuras generaciones deben saber lo mucho que ha costado a nuestros antepasados el que hoy podamos contar con un estado de deberes y derechos, lo más parecido posible a una democracia. Dicha afrenta puede lograrse, en buena proporción, mediante el estudio crítico de los documentales y de las obras literarias e históricas que contribuyen con el fortalecimiento de la consciencia ciudadana. ¿Cuáles son esas obras? ¿Dónde están?

Una muestra digna la constituye la novela La balada de Alfonsina Bairán (2011) del prestigioso intelectual dominicano Andrés L. Mateo. Se trata de una narrativa fotográfica fascinante. En ella se percibe la facultad de su autor de concebir mundos vividos, imaginados y reinventados, en torno a la dictadura de Trujillo. Está escrita en tercera persona y, en algunos casos, se emplea la primera. Sin embargo, el narrador en ningún momento deja saber su identidad nominal.

No sabemos cómo se llama ese personaje que actúa y disfruta del sexo barato que le oferta su preferida Bartolina. ¿Constituye este aspecto un signo del peligro que representaba opinar durante la dictadura? Posiblemente. Lo que sí sabemos de este personaje sin nombre es que fue objeto del mismo horror que se vivió en Santo Domingo durante la tiranía de Trujillo.

No hay dudas que estamos ante un narrador de amplitud de miras, evidente en la precisión enunciativa y lexical que se entrama en todo su relato. Esa brillantez se reviste de poesía hasta en la más abrupta historia que reinventa. No importa cuán tétricas sean las imágenes, los ambientes, las acciones, los actantes, etcétera, su narrar siempre aparece revestido de un poetizar con el que convierte la más cruel fealdad de la vida en poesía. Incluso, la locución interjectiva más enfática de nuestro idioma, en la voz de los personajes de nuestro autor, suscita el placer sonoro propio del poema. Igualmente sucede con la denominación común con que tanto el narrador como los personajes llaman a las mujeres que ofrecen servicios sexuales:

“¡Qué (…) me importa que el mundo no pase de ahí! 1960: y no ha pasado nada”.(p. 89: párr. 1.) (…)“Mire ahora mismo (…). Se trata de usted y de mí; de las (…). A todos nos ha creado esa mujer”(P. 103, párr. 4).

La novela recrea la llegada de los exiliados españoles después de la Guerra Fría (1936-1939). De hecho, Alberto Cuadra González fue uno de esos opositores al régimen de Franco que llegó al país para ser testigo presencial de la dictadura más cruel y sanguinaria que se ha vivido en el Caribe. Conoció a Alfonsina Bairán, quien también era descendiente de árabes, de esos que fueron acogidos por Trujillo como consecuencia de la crisis humanitaria que produjo la Segunda Guerra Mundial.

Tras el asesinato de su esposo, Alfonsina decide vengarse. Se casa con el propio asesino de éste y funda un prostíbulo al que todos llamaban el Bar de la Turca. Rodeada de sus perros y de las chicas que ofrecían servicios sexuales, Alfonsina pasó todo su tiempo triste y cabizbajo, hasta que llegó el momento en que desapareció de forma misteriosa. ¿La asesinó Trujillo? No se supo más de ella, ni siquiera el mismo narrador lo explica.

Los signos de la dictadura están presentes en cada una de las acciones de los actantes. Incluso en el narrador principal, un omnisciente que no alcanza la categoría de un dios porque aunque cuenta lo que está pensando por la mente de su amante Bartolina, al final de la novela queda perplejo, sin respuestas a muchas preguntas, cuyas contestaciones sí hubiese podido responder un narrador omnisapiente.

Alfonsina Bairán representa, desde mi perspectiva, la frustración que se vivió en el período dictatorial. Decenas de esposas que no supieron más de sus maridos, y viceversa. Padres y madres que un día cualquiera vieron salir a sus hijos e hijas a la escuela para no regresar jamás. En cierta ocasión, unos jóvenes pescadores del río Ozama se llenaron de pavor al encontrar el cuerpo muerto flotando de Valentín Abad. Estaban seguros que ese profesor había pronunciado algunas palabras no tan afines al régimen y que, posiblemente, llegaron a los oídos del déspota.

Conjuntamente con el ambiente terrorífico que atribulaba a los ciudadanos pensantes, el narrador describe, al otro lado del contén, a los enajenados por el régimen. La percepción de que el déspota era un dios imprescindible fue construida a través de propaganda que colocaba a Trujillo primero que a Dios, en cada hogar, por lo que para los ignaros Trujillo era un hombre bueno.

Es por eso que el discurso soterrado, en la literalidad de esta interesante obra, denuncia, de manera magistral, tal actitud retrógrada y legitimadora del desgobierno. Una vez que se difunde la noticia sobre la muerte del déspota, los acólitos lo lloran evidenciando su limitada visión sobre el panorama real que vivía el país: “¡Coño!, me dije, aterrorizado, ¡están adoloridos! ¡Por la muerte de esa bestia están adoloridos!” (P. 121: párr. 4),se lamenta el narrador.

El existencialismo sartreano es evidente en la diégesis de los personajes, incluyendo al narrador principal, quien ante la muerte y desapariciones inexplicables de numerosos ciudadanos se introduce dentro de una crisis existencial que lo hace exclamar: ¡Muerte, coño, llévame a mí también! (P. 117: párr. 6).

La narración en apariencia es lineal, aunque en los últimos capítulos retrocede al ambiente y acciones del inicio para concluir con la incertidumbre y la confusión que produjo la desaparición de Alfonsina Bairán. Estamos, pues, ante una prosa poética, un “macropoema” narrativo que transcurre mayormente en pretérito perfecto simple del singular. En otras ocasiones se emplea el pretérito imperfecto y el tiempo presente compuesto.

El estilo enunciativo es diverso. Son comunes oraciones simples y compuestas por diferentes procedimientos sintácticos (subordinación, coordinación, yuxtaposición); mientras el uso del presente progresivo se constituye en estrategia con la que el narrador le admite viveza y dinamismo a la descripción secuencial de las acciones. Veamos:

“Mientras los hechos ocurrían se aisló de tal forma que había olvidado la presencia de él. Lo sintió, en el silencio achispado, que le oprimía el hombro, y lo vino a ver a penas cuando los soldados se interpusieronarrastrando al muchacho, cruzando la plaza en diagonal, obligando a la multitud a sosegar el apocamiento”.(P. 25: párr. 2; resaltados míos).

Esta novela de nuestro colosal intelectual y humanista, Andrés L. Mateo, puede ser estudiada desde diversas perspectivas. Los actantes son lingüísticamente tan cultos y precisos como el propio autor, por lo que estamos ante una prosa cuya lectura seguro proporcionará un mayor universo morfosintáctico, semántico y pragmático a los lectores. Empero, sobre todo, esta novela presenta oportunidades ineludibles para contextualizar los hechos del mundo ficcional creado dentro del mundo de la historia real que representaron tres décadas de retroceso en la ruta hacia una democracia todavía en cierne.

La balada de Alfonsina Bairán es sólo una muestra de las valiosas obras representativas de la cultura dominicana e hispánica que deben ser leídas porque, sobre todo, tras la hermosura del velo significante que la adorna, se encuentran los intersticios discursivos necesarios para propiciar el fortalecimiento de nuestra identidad como dominicanos, antídoto del neocolonialismo que aún intenta ideologizar nuestras posibilidades de pensarnos y repensarnos como dominicanos.

Andrés L. Mateo (1999) La balada de Alfonsina Bairán. Tercera reimpresión, 2011. Madrid: Alianza Editorial.     

Gerardo Roa Ogando en Acento.com.do

La lectura, más que una acción de decodificar

Desarrollar el gusto por la lectura es un reto que hay que plantearse. Las sociedades actuales exigen cada vez más ciudadanos pensantes.

Luz Yasmín Rodríguez Jáquez, M.A.
Santo Domingo

La lectura es una de las actividades más importantes y útiles que la persona desarrolla a lo largo de su existencia. Es una acción intelectual, exclusiva de los seres humanos. Generalmente, comienza a adquirirse muy lentamente desde temprana edad y se mantiene de por vida; es decir, que no se pierde con el tiempo; por el contrario, se desarrolla a medida que se frecuenta y ejercita la habilidad de leer.

En otras palabras, es un proceso mucho más complejo que la sencilla alfabetización o acción de decodificar, es más que ojear las palabras de un texto, ya que se establece un vínculo con este, que involucra al lector emocional e intelectualmente.

De igual modo, Felipe Garrido sustenta: “Para obtener una buena lectura es necesario sentir, seguir y comprender el texto y no las palabras de forma individual; sino combinando los párrafos, las frases, los capítulos en unidades de significado cada vez más extensas, hasta alcanzar la comprensión de una obra en su todo”.

Esto ocurre cuando se aprende a dar sentido a más mensajes y expresiones, a más noticias, sentimientos, emociones e ideas. O sea, a reconocer lo dicho en contextos diferentes y a comprender conocimientos y experiencias que ya se habían pensado, sentido y vivido.

En ese mismo tenor, Emilia Ferreiro (2005) manifiesta: “El lector debe ser crítico de los textos que lee, de manera que descubra el significado de la palabra escrita, es decir, la lectura es una actividad donde el individuo admite la asignación de hallar sentido y coherencia a lo que el autor manifiesta en su escrito, por lo tanto, este debe reaccionar al momento de leer, buscando sentido de lo que el escritor quiso expresar”.

Ciertamente, siempre se le ha visto como una actividad que permite identificar, decodificar y analizar lo que otra persona quiere dejar dicho, pero se debe tener en cuenta que no solo es un acto en que el ser humano decodifica signos gráficos; esta va más allá; aceptando la responsabilidad de buscar un sentido del texto y transformar los conocimientos previos por los conocimientos recientemente aprendidos.

Por otra parte, la lectura puede realizarse de muchas maneras y con diversos objetivos. No es igual la que se ejecuta por placer que aquella que se hace por obligación, con el fin de cumplir determinado propósito educativo o laboral. Como expresa Garrido: “Que alguno lea por deleite o por el placer de leer es la mayor evidencia de que verdaderamente es un buen lector, de que es un aficionado con la lectura”. En otros términos, quiere decir que ha descubierto que esta es una pieza importante de la vida, una fuente de experiencias, emociones y afectos; que puede consolar, dar energía e inspirar. También, significa que se ha expuesto el enorme poder de evocación que tiene tal acción.

Verdaderamente, se hace necesario hacer de dicha práctica un hábito permanente y convertir el acto de leer en un momento placentero, gratificante y compartido.

En conclusión, desarrollar el gusto por la lectura, así como incentivar a las personas hacia ella, es un reto que hay que plantearse. Las sociedades actuales exigen cada vez más ciudadanos pensantes.

 

Referencias

– Felipe Garrido, Como leer (mejor) en voz alta. (1997). Una guía para contagiar la afición a leer. Fundación Mexicana para el Fomento de la Lectura, México. pág. 10-13

– Emilia Ferreiro. Cultura Escrita Y Educación. (2000) Fondo De Cultura Económica. México.

 

 

Leer no es vivir, pero es una manera de volver a la vida

Leer no es vivir, pero es una de las mejores formas de estar vivos, de sumergirnos en un océano de letras para refugiarnos, renacer y liberarnos en esas islas de serenidad literarias. ¿Qué es leer para ti? Algunos dicen que leemos para saber que no estamos solos, otros, que el día a día se hace más vívido y gratificante.

Sumergirse en un libro es un ejercicio que nos nutre, nos educa y hace de nuestras mentes entidades más libres, con más poder.

La lectura, los libros, son un bien universal que deberían trascender mundos y culturas, e ir más allá del tiempo. Son un legado a la humanidad que heredar de padres a hijos como un bien preciado.

Si eres un buen artesano de las noches de lectura intensa, estamos seguros que te vas a sentir identificado con estas reflexiones. Unas reflexiones que, a su vez, te invitamos a complementar.

Las lecturas de infancia

Tan pronto como nos iniciamos en el proceso lecto-escritor empezamos sumergiéndonos en esos primeros libros que los mayores suelen abrir para nosotros, o aún más, en ocasiones hasta los descubrimos nosotros mismos.

Las primeras lecturas de infancia son huellas emocionales hiladas de fantasías inolvidables. Eran cerraduras a las que asomarse por primera vez para experimentar terror, aventura, amor…

A menudo, cuando cerramos los ojos, desearíamos revivir de nuevo todas esas sensaciones tan nuevas e intensas, al pasar las hojas amarillentas de nuestros libros de infancia. Esos que aún guardamos con nuestro nombre escrito en las primeras páginas.

Niña a la que le gusta leer

De alguna manera, los libros viejos son como fotografías del alma, como pequeños universos que contienen muchas partes de nosotros mismos.Son emociones contenidas en mares de letras que aún nos conmueven, y que nos hace preguntarnos si los niños de ahora se acercan a los libros con la misma pasión que lo hicimos nosotros. Está claro que su mundo parece otro, que la sociedad actual cabalga a lomos de la tecnología y no sobre las suaves páginas de un libro.

Ahora bien, lejos de ver diferencias, vale la pena invertir esfuerzos propios en que este acercamiento se produzca. ¿De qué manera? A través de estas sencillas estrategias:

  • Es tarea de todos iniciar de forma temprana a los niños en la lectura.
  • El mejor modo de hacerlo es sirviéndoles de ejemplo. Si en sus contextos más cercanos los libros son algo íntimo y familiar, también lo serán para ellos.
  • No les obligues a leer un determinado tipo de libros. A la lectura se llega por curiosidad y en libertad, permite que sean ellos quienes elijan.
  • Establece horarios de lectura, deja que, por ejemplo, sea la noche ese instante de paz en el que irse a la cama con un libro.

Los libros y el arte de los sentidos

No importa lo grande que sea el volumen, porque ni pesan ni molestan. En ocasiones, cargamos con enormes libros en nuestros bolsos para devorarlos mientras viajamos en tren o en autobús. Son islas en las que refugiarnos.

Los libros se leen, se huelen, se acarician y para muchos, no se prestan. Son amigos silenciosos con los que establecer una unión única y excepcional. Amigos de placeres y aventuras.

A los libros se les disfruta con muchos sentidos. De hecho, es posible que alguna vez te hayas preguntado por qué los libros más viejos tienen ese olor tan peculiar, un olor que nos intriga y nos atrapa.

  • Todo ello se debe a un elemento oculto en sus páginas. La razón hay que buscarla en la lignina (prima hermana de la vainilla). Se trata de un polímero presente en el reino vegetal y que, en el caso de los árboles, les ayudan a mantenerse firmes
  • Todo libro elaborado a la vieja usanza contará con esa esencia singular a vainilla que se potencia aún más a medida que las hojas envejezcan, y amarilleen.

Hoy en día estos procesos han cambiado. Ya no es frecuente sentir ese embriagador olor de antaño. Y más, si tenemos en cuenta el auge de los dispositivos electrónicos.

Leer para ser libres, leer para ser felices

Mujer leyendo

La lectura es más que un refugio cotidiano, es el amanecer a nuevos conocimientos, es vivir historias ajenas, es transitar por mundos imposibles… Es cerrar un libro y comprender que ya no somos los mismos.Leer expande, nos permite volver a la realidad cuando deseamos sabiendo que en fondo de nuestro ser hay algo que nos sigue uniendo a ellos. Y a pesar de saberlo, a pesar de comprender que leer no es vivir porque no es la vida real, ellos, los libros, siguen haciendo más vívidos nuestros días.

¿Cómo serán las personas que nunca han abierto un libro? Tal y como dijo Gandhi, «si no lees no pasa nada, pero si lo haces pasa mucho.»

La vida ofrece sabiduría, no hay duda, pero quien lee tanto como respira, quien busca su instante diario para abrir estas cerraduras literarias encuentra beneficios más intensos:

  • A pesar de que muchos piensen que quien lee demasiado es que no desea vivir en el mundo real, se equivoca. La lectura es un aprendizaje constante para crear personas más hábiles.
  • Un buen libro nos permite relativizar muchos aspectos cotidianos que nos generan estrés y ansiedad. Los libros nos instruyen, nos deleitan, nos calman y nos inician en nuevos conocimientos.
  • Quien está habituado a leer a menudo se vuelve también más exigente. También afina a su vez su sentido crítico. Tiene múltiples y variadas opiniones, tiene voz propia porque ha vivido en muchos mundos, porque se ha metido en muchas mentes.

Leer no es solo una forma de ser más libres. Es también un arma de poder a tu alcance.

Fuente: lamenteesmaravillosa.com

Saben leer pero no entienden lo que leen: una nueva generación de analfabetos

Los dispositivos y medios digitales han afectado profundamente la lectura, una de las formas más efectivas en la historia para obtener y generar conocimiento

¿Cuándo fue la última vez que leíste un texto, de principio a fin, sin desesperarte, sin cansarte, sin interrumpir tu lectura, sin distraerte y sin querer pasar urgentemente a otra cosa?

Esta pregunta, por sencilla que pueda parecer, es capaz de revelar una de las tendencias contemporáneas más preocupantes: el impacto del Internet y sus tecnologías derivadas parece haber creado una nueva forma de analfabetismo funcional, en el cual la gente sabe leer pero es incapaz de mantener su atención lo suficientemente en la lectura como para comprender las ideas que propone un texto o la abstracción inherente a toda escritura, y menos para recrear los efectos emocionales y estéticos propios de ciertas obras.

Como quizá muchos de nosotros sabemos por experiencia propia, la lectura ha experimentado a lo largo de los últimos años una de las transformaciones más importantes de su historia. Después de al menos un par de siglos de ser una práctica realizada en silencio y con cierto grado de soledad, en nuestra época ambas condiciones han cambiado radicalmente, pues el silencio ha sido sustituido por un ruido casi omnipresente y multiforme: el ruido de la distracción; e igualmente, la soledad en la que la lectura se desarrollaba ha sido reemplazada poco a poco por una peculiar forma de la presencia y la compañía (mensajería instantánea, redes sociales, etc.), capaz de irrumpir en todo momento y circunstancia.

La “era de la ansiedad” que con lucidez desoladora prefiguró W. H. Auden ha arrasado, entre muchos otros bienes, con la posibilidad de sentarse tranquilamente a pasar las páginas de un libro, sumergirse en su lectura y por un instante suspender la corriente incesante del tiempo para situar en su lugar los acontecimientos que la escritura es capaz de implantar en nuestra percepción.

La constatación de este fenómeno no es un asunto menor. Si la lectura suele considerarse importante a priori, es porque durante varios siglos se dio por sentado que los libros eran la mejor forma de almacenar conocimiento fuera de nuestra memoria. De todos los saltos civilizatorios que ha experimentado la humanidad, la escritura fue uno de los más decisivos. Sin ésta, es muy posible que nuestra especie seguiría repitiendo los mismos errores de nuestros ancestros más remotos, y aunque en algunos casos esto sucede así, en muchos otros, sobre todo aquellos relacionados con la técnica, la escritura y la lectura han sido dos herramientas clave para el desarrollo de la cultura.

Vale la pena recordar que leer no es únicamente descifrar los signos que conforman una palabra, un párrafo o un libro entero, sino además entender de manera amplia el sentido de aquello que se lee: su sentido literal y su sentido figurado, el uso que se le da al lenguaje, el mensaje que se busca transmitir, la posición ideológica desde la cual se habla y otras sutilezas presentes en un texto. Los analfabetas funcionales de nuestra época tienen las habilidades necesarias para descifrar las palabras, pero han perdido su comprensión lectora. De cierta manera, este resultado puede verse como un desperdicio de todos los recursos alguna vez invertidos en el esfuerzo de aprender a leer.

Entre otros testimonios que podrían recabarse respecto de esta situación, quizá los más elocuentes se encuentren entre los profesores de los niveles medio y superior de la educación escolarizada. En numerosos casos, profesores de casi cualquier disciplina han manifestado su preocupación por la dificultad de los jóvenes para mantener su atención en una tarea.

En cuanto al caso específico de la lectura, el periódico The Guardian recoge como ejemplo la experiencia de Mark Edmundson, profesor de literatura inglesa que ha constatado que existe una amplia reticencia de los estudiantes hacia las obras más emblemáticas de los siglos XIX y XX, debido a que no tienen la paciencia para leer profundamente. Edmundson habla incluso de una suerte de “impaciencia cognitiva” que se interpone entre la mente del estudiante y la recepción de la obra literaria.

Por su parte Ziming Liu, de la Universidad Estatal de San José (California), ha realizado estudios en torno a una práctica conocida en el mundo anglosajón como skimming, lo cual puede traducirse como “hojear” (con cierta evocación a la idea de destilar). De acuerdo con Liu, no son pocos los estudiantes que ahora no hacen más que “hojear” los textos que leen, buscando los términos que consideran importantes para pasar pronto a otra cosa.

Esta forma de “leer”, sin embargo, va en contra de la naturaleza misma de la lectura. Patricia Greenfield, psicóloga de la Universidad de California en Los Ángeles, ha explicado en sus investigaciones que la lectura ocurre como un circuito que requiere de todo un ambiente para desarrollarse y culminar en la generación del conocimiento. Interrumpir alguna de las fases de ese circuito, suprimir alguno de sus componentes, saltarse alguno de los pasos conduce necesariamente a un resultado incompleto y en no pocos casos equivocado. La expectativa de inmediatez a la que estamos tan habituados no puede cumplirse en la lectura, en la cual los resultados se obtienen paulatina y gradualmente, como culminación de un proceso que en sus etapas intermedias agrega cada vez pequeños o grandes componentes que ya por sí mismos pueden considerarse ganancias parciales.

Como hemos señalado en otros textos, nuestra época ha sido afectada de manera notable por la transformación radical que trajo la invención del Internet y las comunicaciones digitales. Un ámbito de esa transformación es, claramente, la capacidad de atención del ser humano. La conexión 24/7 propia del Internet se convirtió en una conexión también incesante para nuestra mente y, más aún, en una especie de tiranía para nuestra atención.

¿Al ser humano todavía le interesa acceder al conocimiento? Esta pregunta sin duda está en el origen del interés que se puede tener por la lectura. Más allá de las condiciones adversas o favorables, el interés por una tarea o por sus resultados esperados es, indudablemente, la pieza clave que nos lleva a emprender los esfuerzos necesarios para realizarla.

Lo paradójico sería que en una época que alguna vez fue llamada la era de la información, el sujeto contemporáneo simplemente prefiera vivir en la ignorancia, la mentira, el prejuicio o la ilusión de la verdad: nubes del pensamiento que la lectura ayuda a disipar.

Fuente: pijamasurf.com

14 juegos para enseñar a leer a los niños

Cuando un niño está motivado, aprende deprisa. Eso es algo que todos sabemos. Por eso… ¿por qué no utilizar los juegos para que aprendan a leer? Además, si disfrutan a la vez que aprenden a leer, estaremos incentivando su interés por la lectura y los libros.Y ya sabemos la cantidad de beneficios que tienen los cuentos, las poesías y los libros para los niños…

Te ofrecemos una lista de 14 juegos para enseñar a leer a los niños. Son juegos que incentivan al niño a leer, que le motivan para que encuentre de la lectura una actividad maravillosa.

Los mejores 14 juegos para enseñar a leer a los niños

Estaremos todos de acuerdo en que los niños (también los adultos) muestran más interés por las actividades lúdicas a las que puedes optar con libertad que aquellas que se imponen de forma obligatoria. Por eso, para ellos será mucho más gratificante aprender a leer desde el juego y la diversión, que si le imponen de forma imperativa la lectura. Para hacer de este momento un encuentro mucho más atractivo entre el niño y la lectura, puedes utilizar todos estos juegos:

  1. Palabras en la sopa. Puedes utilizar esa divertida pasta con forma de letras cada vez que prepares sopa y jugar a crear palabras. ‘Oso’, ‘Flor’… a los niños les parecerá divertido e irán familiarizándose con las letras y las palabras casi sin enterarse.
  2. Galletas con mensaje. ¿Y si cocináis juntos unas deliciosas galletas con forma de letras? Existen moldes de letras con las que luego podréis formar divertidas palabras.
  3. Letras con las manos. Podemos jugar con las manos y con el cuerpo a formar letras. Pueden participar dos o más jugadores. Pide a tu hijo que haga una letra con el cuerpo. Luego será tu turno. Si participan varios niños, pueden jugar a crear palabras con el cuerpo y las manos.
  4. El contador de sílabas. Para que los niños se familiaricen con las sílabas, nada mejor que jugar al contador de sílabas. ¿Cómo? ¡Con palmadas! Descompón cada palabra en sílabas y por cada sílaba da una palmada. Así, si dices en voz alta ‘ma-ri-po-sa’, tendrás que dar cuatro palmadas.
  5. El juego del ‘ahorcado’. Piensa en una palabra. El niño tendrá que adivinar cuál es la palabra en la que pensaste. Para ello, dibuja un palo de ‘ahorcado’ y abajo, una rayita por cada letra de la palabra. El niño debe decir una letra y si la lleva tu palabra, colocarla en el lugar adecuado. Cada vez que falle, dibujas una parte del ‘ahorcado’.
  6. Libros con pictogramas. Cuando están aprendiendo a leer, los dibujos entre varias palabras pueden darle una pista. Aunque siempre viene bien que después le muestres la palabra del dibujo.
  7. Crucigramas y pasatiempos. Busca crucigramas adaptados a su edad, con atractivos dibujos para que tengan alguna pista. Deberán rellenarlo buscando las letras adecuadas. Un juego fantástico que les ayuda a reconocer palabras y es muy beneficioso para su agilidad verbal. También existen pasatiempos con letras, juegos para unir palabras con su dibujo correspondiente o de letras punteadas que el niño tendrá que repasar y colorear.
  8. El cazador de letras. Escribe varias palabras en una hoja, con colores llamativos. Luego, nombras a tu hijo ‘cazador de letras’. Tendrá que reconocer y rodear con un rotulador la letra que pidas. Por ejemplo, si le pides que cace la letra ‘R’, tendrá que buscar entre todas las palabras que escribiste en la hoja y rodear solo las ‘R’ que encuentre. Luego, cambiará de color y le pedirás que busque otra letra.
  9. Letras de plastilina. La plastilina es un juego fabuloso. Además de mejorar la psicomotricidad fina del niño y avivar su imaginación, también puede ser muy útil para crear letras divertidas para crear palabras.
  10. El coleccionista de palabras. En este juego pueden participar varios niños a la vez. necesitan una hoja de papel, un lapicero y un cronómetro. Tú dirás una letra. Cuando digas ‘tiempo’, el cronómetro comienza a funcionar. Los niños deberán escribir todas las palabras que recuerden que empiecen con la letra que dijiste. Gana el niño que más letras apuntó en un minuto.
  11. Escrito en la arena. ¿Alguna vez jugaste a escribir palabras en la arena? Puede ser en un parque, en la playa, en un bosque… Tu hijo solo necesita una ramita o palo. Juntos, podéis escribir palabras de diferentes tamaños.
  12. Canciones. Existen muchas canciones para aprender las letras, tanto el abecedario completo como las letras. También canciones que enseña a los niños los días de la semana, los colores… No dejes de jugar con ellas para que tu hijo comience a reconocer las letras y las palabras.
  13. Círculo o cuadrado. Para enseñar a tu hijo que algunas palabras se escriben con minúscula y otras empiezan con mayúscula, puedes usar el juego del círculo y el cuadrado. Sobre un texto corto y sencillo, pídele que rodee con un círculo las palabras que comienzan con minúscula y que encierre en un cuadrado aquellas que empiezan con mayúscula. Puedes usar diferentes colores para círculos y cuadrados.
  14. El bingo de las palabras. Escribe y recorta en forma de círculo o cuadrado las letras del abecedario. Crea tus propios cartones de bingo sustituyendo los números por letras. Las letras que recortaste, las guardas en una bolsa. ¡¡¡Y que comience el bingo!!! Sacarás una letra y el niño tiene que comprobar si la tiene en el cartón. En el momento en el que tenga todas las letras de una línea, deberá cantar ‘línea’. Si rellena todo el cartón, deberá cantar ‘bingo’. Lo divertido en este caso es que jueguen varios niños.

Fuente: guiainfantil.com

La imprevista conexión entre la escritura a mano y aprender a leer

Cuando era niño, escribir significaba una de dos cosas: Escribir a mano con un bolígrafo o un lápiz, o presionar teclas en una máquina de escribir. Eso era todo. Los errores eran difíciles de arreglar y las revisiones difíciles de hacer. Si había que modificar algo, tenía que borrarlo con cuidado (tratando de no manchar o rasgar el papel) o usar corrector líquido o de cinta. Nunca se veía del todo bien.

Esto generaba mucha frustración en los estudiantes con problemas de aprendizaje basados en el lenguaje como la dislexia. La mecánica de escribir se interponía en el camino de la expresión, lo que generaba mucha ansiedad en los niños.

Después llegó la tecnología de asistencia para la escritura. Ahora tenemos computadoras con autocorrector, dictado, predicción de palabras y mucho más. Los chicos pueden revisar los trabajos sin necesidad de una goma de borrar o cinta correctora. Es más sencillo que ellos se expresen.

Toda esta tecnología también ha resultado en algo más: Menos atención a la escritura a mano. Y eso tiene una implicación inesperada en el lenguaje y la alfabetización. Practicar menos la escritura a mano puede conducir a que sea más difícil que los niños aprendan a leer.

Todos aprendemos mejor cuando la información es presentada de múltiples maneras. Esto es especialmente cierto para los chicos con dificultades de aprendizaje y atención. Llamamos a esto aprendizaje multisensorial.

La escritura a mano es una actividad multisensorial. Al trazar cada letra, su mano comparte información con las áreas del procesamiento del lenguaje de su cerebro. A medida que sus ojos siguen lo que está escribiendo, usted involucra esas áreas. Lo mismo ocurre si pronuncia los sonidos de las letras y palabras cuando las escribe.

La investigación muestra que existe una relación especial entre el desarrollo del lenguaje y el acto de escribir a mano. Los estudios muestran que a los chicos que practican la escritura a mano les va mejor en lectura y ortografía. ¿El motivo? Algunos expertos creen que hacer letras a mano cuando se están aprendiendo los sonidos activa los circuitos de lectura en el cerebro que favorecen la alfabetización.

En cambio, teclear en una computadora no ha demostrado mejorar la lectura. Es cierto que teclear puede ser un salvavidas y un alivio para los niños que tienen dificultad con la escritura, pues les permite expresarse y tener más éxito en la escuela. No obstante, no debería ser un sustituto de la enseñanza y práctica de la escritura a mano, especialmente en los primeros grados.

No creo que el asunto para los maestros y padres sea decidir si “¿importa la escritura a mano?”. Importa y siempre importará. El desafío es encontrar el enfoque adecuado para los niños que tienen dificultad con la escritura.

Muchos chicos experimentan verdadera incomodidad física al sostener un lápiz. Se quejan de que les duelen los dedos o los brazos, o de que se les cansa la mano. La sensación de agarrar puede que los distraiga. Y además está el desgaste emocional que se produce al preguntarles una y otra vez ¿qué dice ahí?”, por las letras y palabras que trazaron. Con todo esto, es tentador descartar los lápices y bolígrafos, y usar solamente el teclado o el dictado.

En el libro Reader Come Home: The Reading Brain in a Digital World (no disponible en español), Maryanne Wolf habla sobre cómo la tecnología ha creado la tendencia de hojear, en lugar de leer lenta y cuidadosamente. Ella habla de los beneficios de la “paciencia cognitiva”. Y nos recuerda que leer rápidamente no es lo que hace que alguien sea un buen lector.

Creo que se puede decir algo similar de la escritura a mano.

Solo porque teclear sea más rápido, no significa que sea mejor. Es cierto que los estudiantes con dislexia y otras dificultades de aprendizaje pueden escribir con más facilidad en una computadora que a mano, pero eso no significa que debamos abandonar la escritura a mano.

Mi punto de vista: Ofrezcamos a nuestros niños todas las oportunidades para que prosperen como lectores y escritores. Pueden usar pantallas, dispositivos y todo tipo de tecnología, pero también tengamos lápices y bolígrafos a la mano. Hacer el lento, y con frecuencia difícil trabajo de escribir a mano, puede ayudar a los chicos a convertirse en mejores lectores y escritores.

Fuente: understood.org

5 libros que devoraremos con mucho gusto en 2018

Enero es también el mes de hacer listas de libros y cosas que se quieren hacer a lo largo del año. Para nosotros, una de las mejores formas para superar esta terrible cuesta de enero es la lectura que, una vez más, nos trae un arranque de año con el mercado editorial a rebosar. Debéis escoger bien los títulos para este año ya que, entre tanta oferta, el lector puede enfrentarse a un cúmulo de páginas muy superficiales. Para evitarlo, hemos creado una lista de los que serán grandes éxitos literarios del 2018.

5 propuestas literarias que no te puedes perder este año

1. El arte de no desesperar cuando no estás esperando de Belle Boggs

El arte de no desesperar cuando no estás esperando: La editorial Seix Barral ha sacado a delante este ensayo de Boggs acerca de los problemas de fertilidad en el que toca temas como la adopción, la inseminación, los vientres de alquiler o el planteamiento del futuro cuando no habrá hijos en él. Un libro que se suma a la colección de escritos que abordan la maternidad desde una perspectiva alejada de la convencional.

2. Vernon Subutex 3 de Virgine Despentes

Vernon Subutex 3 (Literatura Random House): Se trata del libro que cierra la trilogía que ilustra los problemas que se viven en Francia actualmente: la violencia entre religiones, la caída de la democracia y el creciente racismo.

3. Muerte con pingüino de Andrei Kurkov

Muerte con pingüino: Una aventura emocionante y a la vez macabra donde el protagonista, un escritor en la ruina y depresivo, adopta a un pingüino como animal de compañía. El animal está igual de deprimido que él y, encima, por necesidad, el escritor comienza a trabajar como redactor de obituarios “por si acaso” para un periódico. Una trama macabra en la que los protagonistas de sus escritos empiezan a morir en extrañas circunstancias.

4. Madona con abrigo de piel de Sabahattin Ali

MADONA CON ABRIGO DE PIEL (Narrativa): De mano de la editorial Salamandra llega un libro que se publicó por primera vez en el año 1943, aunque su éxito no llegó hasta los años 90. Tanto ha gustado que se ha traducido a 16 idiomas con más de 1 millón de ejemplares vendidos.

Este libro narra la historia de amor entre el joven turco Raif Efendi y la pintora alemana Maria Puder. En esta novela está representada la relación entre Oriente y Occidente y la situación de Turquía dentro de Europa. Además, se está preparando su adaptación al cine con Marion Cotillard como protagonista.

5. Bitch Planet 2: Presidenta Bitch de Valentine De Landro y Santiago García

Bitch Planet Volume 2: President Bitch: Llega la segunda entrega de la distopía de De Landro y García, en la que la Tierra se encuentra dominada por El Protectorado. En su sistema obligan a las mujeres que no se doblegan a entrar en un mundo-cárcel llamado el Planeta de las Zorras.

De la mano de la editorial Astiberri llega Bitch Planet, una denuncia al patriarcado, al racismo y las injusticias que sufren las personas con diferentes orientaciones sexuales o identidades de género distintas a las normativas. Un alegato feminista y social necesario en 2018 (y durante muchos años más).

Fuente: muhimu.es

La clave para aprender a leer y a escribir en los niños

Qué es la conciencia fonológica y por qué es importante en el aprendizaje

Algunos niños, al iniciarse en el aprendizaje de la lectoescritura (momento que, por otro lado, empieza a ser cada vez más precoz en el ámbito educativo), encuentran dificultades para denominar las letras, comenzar a hacer las primeras uniones entre ellas, etc.

Estos pequeños demuestran, casi desde las primeras clases, que no consiguen ir al ritmo de los demás. Pero si se detectan dichos problemas tempranamente y se ponen medidas al respecto, en la mayoría de los casos, los niños podrán ‘subirse al carro’ sin demasiados problemas.

Qué es la conciencia fonológica en los niños

Estas dificultades de las que hablamos vienen marcadas, en muchas ocasiones, por una deficiente conciencia fonológica, base para la adquisición de la lectura y la escritura.

La conciencia fonológica consiste en la habilidad para asociar un sonido del lenguaje oral (fonema) a su representación gráfica o escrita (grafema) y comprender, además, que la combinación de estos signos gráficos genera unidades (sílabas) que, a su vez, pueden formar otras más complejas con un significado pleno (palabras). La capacidad para tener este manejo es, como decíamos, clave para el aprendizaje de la lectoescritura.

8 actividades para favorecer la conciencia fonológica en los niños

Las siguientes tareas están dirigidas a que los niños sean capaces de manipular las estructuras modificándolas, sustituyéndolas, omitiéndolas, etc. Todas las propuestas son de modalidad oral y en ellas resultarán útiles también los recursos visuales o manipulables que se quieran emplear.

  1. Listas de palabras: ‘vamos a decir todas las palabras que se nos ocurran que comiencen por la sílaba pa, como por ejemplo: pato’. Esta actividad se puede plantear desde formatos muy diferentes, como el conocido ‘De la Habana ha venido un barco cargado de…’. Esta frase se usa para introducir elementos que empiezan por la sílaba o sonido que el adulto elija.
  2. Calculadora humana: contar cuántas sílabas tiene una palabra o qué número de palabras componen una frase sencilla.
  3. Zampasílabas: descubrir la sílaba que hemos omitido en las palabras que se emiten oralmente, por ejemplo: esca__ras.
  4. Ladrón de sílabas: ahora es el niño quien debe eliminar la sílaba que le pedimos. Ej.: ¿cómo sonaría la palabra ‘ventana’ si quitamos la segunda sílaba?
  5. Deletreo: pedimos al pequeño que adivine a qué palabra corresponden los fonemas que estamos nombrando. Por ejemplo: /s/, /a/, /p/, /o/.
  6. Box de sílabas: al igual que los mecánicos cambian las ruedas a los coches de carreras, el niño deberá sustituir una determinada sílaba en una palabra por otra que ofrezcamos. Ej.: ¿cómo queda la palabra bolsillo si cambiamos la sílaba si por mi?
  7. Fonema/sílaba reincidente: identificar el fonema o la sílaba común a dos palabras distintas. Ejemplo: ¿qué sonido comparten lata y lobo? o ¿qué sílaba hay igual en las palabras completar y cumpleaños?
  8. Palabras encadenadas o Veo-veo: dos clásicos ideales para viajes largos en coche, paseos por la calle, de camino al colegio,…

Estas tareas son divertidas para nuestros peques y, más aún, cuando se les presentan como auténticos juegos. Por ello,  animamos a ponerles títulos atractivos y a mostrar una actitud dinámica que invite a participar. Del mismo modo, no olvides que el refuerzo positivo será fundamental para que los niños se animen y deseen seguir trabajando, pues una palabra cariñosa o de ánimo será la mejor recompensa.

Fuente: Guía Infantil

La literatura en el fomento de valores

Minerva González Germosén

Para desarrollar valores a través de la literatura se requiere amar la lectura y para tal cosa, fomentar su hábito es lo principal. Especialistas, sugieren que lo idóneo es iniciar los primeros estímulos durante la etapa prenatal.

La literatura como arte de la expresión que se vale del uso estético de la palabra para provocar placer, despertar emociones, hacer volar la imaginación y transportar a otros mundos inimaginables (Díaz Pimentel, 2012), puede ser el medio para fomentar valores en las personas. Sin embargo, para esto, se requiere estimular la lectura desde la primera etapa de concepción del bebé.

Leer permite la construcción de mundos imaginarios que posibilitan la cimentación de peldaños hacia moradas ideales. La fabricación de héroes para alcanzar utopías y destruir villanos que impiden llegar a metas anheladas.  Asimismo, la lectura es como  un volcán en erupción en el fortalecimiento de la imaginación del lector.

En el mundo real, la literatura construye la trayectoria de la madurez lingüística, fomentando el acervo cultural del lector. Del mismo modo, desarrolla la creatividad e imaginación, siendo esta última, la materia prima en todo proyecto ideado, “un puente que conduce hacia la representación metafórica y ficcional que comunica a otros mundos, donde se viven aventuras con personajes que se convierten en sus mejores amigos o sus más temidos enemigos” (Guerrero Guadarrama, 2003). Por lo que, es oportuno cimentar valores a través de la lectura para permear la personalidad del novel lector y sea una mejor persona.

Pero ¿cómo desarrollar valores a través de la literatura? ¿conviene a la sociedad el fomento de valores? ¿dónde deben ser fomentados los valores en casa o en la escuela?

Para desarrollar valores a través de la literatura se requiere amar la lectura y para tal cosa, fomentar su hábito es lo principal. Especialistas, sugieren que lo idóneo es iniciar los primeros estímulos durante la etapa prenatal, ya que según el científico Thomas R. Verny autor del libro “la vida secreta del niño antes de nacer “el bebé que se expone a estímulos tiene mayor capacidad de aprendizaje, desarrolla mejor la capacidad para calmarse y alcanza a escuchar con mayor claridad los sonidos que le resultan familiar. Esto último, podría ser aprovechado durante el embarazo escuchando audiolibros y leyendo cuentos infantiles donde se perciban los valores que se pretende alimentar en el niño.

Por otro lado, durante el embarazo, los padres deben preparar la habitación elegida para el bebé, ambientar un espacio para su biblioteca personal, colocar alfombras con personajes de cuentos clásicos que indudablemente llamaran su atención. Dicho espacio tiene que resultar confortable tanto para los padres como para el niño, hasta se pueden colocar fragancias aromáticas en el espacio dedicado a la biblioteca del niño. Asimismo, adquirir libros de acuerdo a las etapas por las que atravesará, estos podrían ser cuentos, leyendas, poesías.

Los textos elegidos tienen que ser apropiados en el vocabulario, la temática, contexto y hasta la trama abordada así, el niño comprenderá con más facilidad lo leído. Por otra parte, después del nacimiento del bebé las prácticas de lecturas continuarán y hasta podrían resultar estratégicas al momento de calmar al bebé en momentos de llanto. Los noveles padres elegirán las horas de lectura del bebé cuando lo estimen oportuno durante sus etapas de desarrollo. Y, llegada la época de escolaridad, los maestros de los distintos grados por los que deba pasar el infante compartirán con los padres la responsabilidad de leerle, mientras él adquiere la lectoescritura.

Adquirida la lectoescritura, el niño tendrá libertad de elegir sus libros de manera espontánea. Es importante no hacer de la lectura una tarea obligada, sino una actividad recreativa, divertida y placentera para no producir rechazo, afirma la cuentista Emma Lucía Ardilla. De esta manera, en cada etapa se forjará un potencial lector, puesto que, la niñez es el momento ideal para adquirir los mejores aprendizajes sin dificultad y, por ende, la apropiada para que la lectura sea el recurso para forjar valores, viajando por los senderos trazados por los personajes que forman las historietas que lee.

En la medida que el nuevo lector va alcanzando su madurez y adquiere la lectoescritura desarrollará destrezas que le permitirán discernir y criticar todo en su entorno. Mientras, los padres deben reajustar sus actividades para que sean comunes con las de sus hijos y así, frecuentar lugares donde los libros son los protagonistas como, puesta en circulación de obras, asistir al cine a ver películas realizadas a partir de historias de libros, visitar bibliotecas públicas y privadas, acudir a ferias, organizar intercambios de libros entre los amigos del niño que comparte su interés, colaborar en la organización del rincón de lectura del grado que cursa su hijo, entre otras.

Por otro lado, como resultado de investigaciones en contextos pedagógicos, especialistas de diversas áreas proponen múltiples maneras de iniciar los infantes en la lectura como María Montessori que ideó un método donde se recrearon rincones en las diversas disciplinas entre ellas, la lectura en el aula de la escuela o del hogar.  El método anterior no requiere ser un especialista para aplicarlo en cualquier niño, sin embargo, métodos como el global, mistos exigen para su aplicación especialidad en docencia. Lo cierto, que cualquier método que sea empleado para inducir al niño en la lectura servirá como estrategia para evitar los momentos de ocio y buscar la alegría que produce volar a lugares recónditos.

El lector infante puede identificarse con uno de los personajes, asumiendo sus valores y antivalores, en ocasiones hasta difiriendo con decisiones tomadas por el autor y que probablemente perjudiquen sus personajes. Por otro lado, la madurez alcanzada permite que las actividades de lectoescritura sean completamente sensoriales y que se conecten sus emociones con su realidad contextual. La planeación y adecuación de las actividades por parte de los padres deben resultar recreativas, para que el momento de lectura no se perciba como algo impuesto, todo lo contrario, como una actividad divertida, relajada y entretenida (González, 2017). Estas, podrían ser asistir a puesta en circulación de obras, ver películas realizadas a partir de historias de libros, visitar bibliotecas públicas y privadas, acudir a ferias, organizar intercambios de libros entre los amigos del niño que comparte sus intereses, colaborar en la organización del rincón de lectura del grado que cursa su hijo, entre otras.

Quienes crecen haciendo de la lectura su mejor pasatiempo desarrollan destrezas que le beneficia en los diferentes contextos en que convivirá. Según Ana Romero Franco coordinadora del Taller Literario Pedro Mir, los niños apasionados de la literatura mostrarán seguridad en sus habilidades comunicativas orales y escritas, elevarán su autoestima, mostrarán seguridad al momento de expresarse en público y desarrollarán una elevada criticidad en los diversos planos en que se relacionen.

Finalmente, la literatura puede ser el recurso ideal para fomentar valores de manera imperceptible, convertirlos en personas sensibles, solidarias, honestas, respetuosas del entorno y de las leyes que rigen cualquier sociedad. Su práctica desarrolla destrezas y habilidades de discernimiento que permite una comunicación efectiva. Del mismo modo, su práctica asidua transforma el interior del lector, transportándolo a espacios donde se alcanza la felicidad, es la materia prima al momento de construir mundos donde mora la equidad desterrada de la realidad de los humanos. Derriba las barreras que impiden alcanzar las utopías soñadas. Es el alba que marca el sendero hacia fuentes de elixir que aletargan momentos de ocio, compañera fiel en viajes por espacios infinitos donde convergen diferentes puntos de vista.

Entonces, siendo la literatura el medio para transformar al ser humano ¿por qué no emplearla como herramienta principal? Para que baje el nivel de violencia, se administre con honestidad el erario, se fortalezca nuestro nivel educativo, nuestros hombres no asesinen sus parejas, nuestros jóvenes no vean el consumo de drogas como una salida del momento, para construir un mejor país.

 

 

 

Cómo enseñar a leer a un niño disléxico

La dislexia es una dificultad de aprendizaje, específica y persistente que afecta a la lectura y la escritura. Para los niños con dislexia aprender a leer y a escribir puede ser todo un desafío difícil de abordar por familias y educadores. Para el niño con dislexia el lenguaje escrito se convierte en una gran barrera, en muchas ocasiones sin sentido, ni lógica alguna, lo cual genera rechazo a la tarea, frustración y malestar.

El niño con dislexia es un niño que tiene importantes dificultades para leer y escribir, porque su cerebro procesa la información de una manera diferente a como lo hacen otros niños, es por eso que si esperamos los mismos resultados siguiendo el método tradicional nos encontraremos con muchas barreras, que pueden y suelen dañar al niño. Es importante tomar conciencia de las características de esta dificultad y ayudar a niño para fomentar el aprendizaje de la lectura, y la consiguiente superación de sus dificultades, desde la comprensión, el conocimiento y la atención a sus necesidades.

Dificultad para leer con dislexia

La dislexia es una dificultad de aprendizaje de origen neurobiológico, cuyas causas parecen estar en la maduración y estructuración de ciertas estructuras cerebrales.

La dislexia, es por lo tanto una condición del cerebro, las personas con dislexia procesan la información de un modo diferente y esto hace que tengan dificultades para entender las letras, sus sonidos, sus combinaciones.

El lenguaje humano es un lenguaje basado en unos signos, las letras y sus sonidos, que son arbitrarios. La correspondencia de cada grafema (letra), con su fonema (sonido), no sigue ninguna lógica, simplemente el azar. Esta es una de las mayores dificultades a las que se enfrentan los niños cuando tienen que aprender a leer y escribir, pasar a signos el lenguaje hablado que conocen, transformar los sonidos en letras es todo un reto.

Esto se complica aún más en los niños con dislexia, la relación se convierte en algo indescifrable para ellos, por más que se esfuercen no logran dar el sentido a ese baile de letras y sonidos.

Los niños con dislexia tienen muchas dificultades para reconocer las letras, a veces confunden unas letras con otras o las escriben al revés.

La siguiente dificultad consiste en saber cuál es el sonido que corresponde a cada letra, y la cosa se complica cuando combinamos varias letras y tenemos que saber varios sonidos.

Las palabras nuevas son todo un reto para ellos, y pueden olvidarlas hasta que las trabajen lo suficiente.

A veces leen con facilidad ciertas palabras, pero al día siguiente las olvidan por completo.

Cuando escriben omiten letras, las cambian de posición, olvidan palabras de una frase, etc.

La dislexia afecta también a la comprensión lectora. Cuando leen están haciendo mucho esfuerzo por descifrar y entender cada palabra, a veces, incluso cada letra, es por ello que el sentido del texto se pierde.

Cómo enseñar a leer a un niño disléxico

El niño con dislexia tiene dificultades para aprender a leer y escribir, porque le cuesta reconocer las letras y saber que sonido les corresponde. Sin embargo, el niño con dislexia puede aprender a leer y escribir y superar sus dificultades.

Recordemos que la dislexia es una dificultad de aprendizaje que no implica ningún hándicap físico o psíquico, el niño con dislexia tiene capacidades adecuadas. Para enseñar a leer a un niño con dislexia es esencial conocer la naturaleza de sus dificultades, comprenderlas y utilizar un método de enseñanza que responda a sus necesidades.

Método para enseñar a leer a un niño disléxico

En primer lugar es necesario hacer una valoración del niño, para conocer su nivel de lectura, de escritura, la naturaleza y características de sus dificultades y de este modo poder conocer sus necesidades. Para ello lo aconsejable es acudir a un especialista.

Favorece el desarrollo de la conciencia fonológica (que consiste en la correspondencia del sonido con la letra). Para ello empieza por actividades sencillas, letra por letra. Aunque otros niños de su edad lean textos completos, puede ser necesario comenzar a trabajar letra por letra. Más adelante podemos seguir con las palabras, las frases y los textos. Se trata de dedicar más tiempo y más detalle a estos aprendizajes.

Utiliza actividades motivadoras que resulten atractivas. No te límites al papel y el lápiz: puedes hacer letras de plastilina, escribir con los dedos en la arena, jugar al veo veo.

Apóyate de juegos, el ahorcado, sopas de letras, crucigramas, otros.

No les fuerces, ni les obligues a leer demasiado. Procura que lean a diario, pero poco a poco, a veces será suficiente con una frase o un párrafo.

Ayúdales a entender lo que leen, hazles preguntas, pídeles que vuelvan a leer.

Fuente: educapeques.com