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Juventud y factores de riesgos (Parte I)

Tienen miedo de tomar decisiones, se sienten desprotegidos y no tienen como prioridad en sus vidas vivir en una familia tradicional, padre, madre e hijos; no sienten respeto o cariño por sus verdaderos padres.

Por JULIO LEONARDO VALEIRÓN UREÑA

En un mundo y una época como la que vivimos con cambios profundos y complejos, el tema de juventud cobra cada vez mayor importancia. Se ha planteado, que la juventud como una de las etapas de la vida, aparece después de la segunda guerra mundial, situándola entre la adolescencia y la vida adulta. Se llega incluso a decir que “fueron las revueltas juveniles de finales de los años 60 y principios de los 70 la que hicieron cristalizar la atención sobre lo que, entonces, apareció como una cosa nueva”. Desde ahí se plantea que dicho concepto surge como consecuencia de dos estudios realizados por Kenneth Keniston: Young Radicals (1968) y Youth and Dissent (1971) y que en un artículo de su autoría publicado en 1970 éste llega a señalar lo siguiente: “que las transformaciones producidas en la sociedad habían hecho aparecer una “nueva” fase de la vida, después de la que se había considerado adolescencia.” [1]

En el prólogo del texto citado antes, se señalan siete grandes cambios en los países más ricos producidos luego del conflicto bélico mundial, que han impactado fuertemente a los jóvenes, estos son:

  1. Con la explosión de nacimientos en la posguerra, las generaciones de jóvenes de finales de los años 60 y de los años 70 eran mucho más numerosas que las que las habían precedido.
  2. En todos los países de la OCDE[2], la enseñanza secundaria del segundo ciclo y la enseñanza pos-secundaria se han desarrollado mucho y también se han democratizado. Sin embargo, este movimiento no ha afectado a todos los jóvenes, de modo que ha aparecido una nueva subclase de “dejados de lado”, constituida por una minoría de jóvenes que han fracaso en la escuela y no tienen más que un bajo nivel de instrucción.[3]
  • El final de los años 60 y el principio de los 70 fueron periodos de agitación entre los jóvenes, cuya huella se ve todavía en numerosas instituciones sociales, en particular, en la enseñanza.[4]
  1. Se han producido profundos cambios en la formación y organización de las familias. Las tasas de natalidad han caído bruscamente, al elegir numerosas parejas no tener hijos. La proporción de matrimonios considerados como “estándar” -los padres y sus hijos- han bajado. En contrapartida, la proporción de hogares regidos por una sola persona ha aumentado mucho, al igual que la de las familias monoparentales, como consecuencia de divorcio o de nacimientos fuera del matrimonio. Existe también un número claramente mayor de parejas que viven juntos sin estar casados y otros tipos de matrimonios no tradicionales. Todo ello hace que la organización familiar sea muy diferente de la que existía hasta hace poco.[5]
  2. El paro de los jóvenes se ha convertido en un grave tema de preocupación, al mismo tiempo que ha adquirido un carácter endémico, muchos jóvenes se encuentran hoy “de más”.[6]
  3. En ciertos países, el número de mujeres con hijos en edad escolar y que ocupan un empleo fuera de sus casas ha aumentado considerablemente en poco tiempo.
  • Finalmente, los comportamientos desviados, como, por ejemplo, la toxicomanía y la delincuencia, se han hecho más frecuentes entre los jóvenes. Si bien la situación difiere de una a otro país de la OCDE, esta tendencia se observa con la suficiente frecuencia como para que se pueda considerar que se trata de una evolución general.”

Si consideramos la fecha de publicación del referido Informe (1989) al mismo tiempo que observamos que muchos de los indicadores señalados han ido en aumento, incluso en nuestro propio país, el tema de jóvenes se constituye en una situación que por lo menos debe ser estudiada más profundamente sin las conocidas trabas mentales o prejuicios de que “los tiempos de antes eran mejores”.

La desaparición progresiva de la zona rural y el consiguiente aumento significativo de las zonas urbano-marginales, caracterizadas principalmente por la pobreza, la exclusión, la carencia de elementos esenciales para la vida, como agua, energía eléctrica, alcantarillados, disposición adecuada de excretas, y todo ello coronado con el aumento de la violencia intrafamiliar, el embarazo adolescente, el consumo de sustancias prohibidas, el aumento de la deserción escolar, etc., plantea un escenario de altísimo riesgo psicosocial para los jóvenes.

El estudio referido sobre los jóvenes dominicanos, publicado por EDUCA, nos ofrece algunas informaciones que son muy relevantes para comprender mejor la realidad de ellos en el caso dominicano. A los llamados “nini”, el estudio los refiere, además, como los “sin-sin”, para señalar que los mismos se encuentran sin las competencias requeridas por el mercado de trabajo, pero tampoco, sin oportunidades para acceder a una “vida digna y próspera”. Por supuesto, y es una de las conclusiones que el estudio pone de relieve: “dado el bajo nivel de educación que pueden acumular los jóvenes “Sin-Sin”, sus posibilidades de obtener un empleo de calidad se ven reducidas, lo que va en detrimento de su calidad de vida”. Según el estudio, las mujeres son las más afectadas con un 27%, a diferencia de los varones cuyo porcentaje alcanza el 12%. Sin embargo, también concluye el estudio, los varones caen en una mayor proporción en el “desaliento”, debido a las dificultades que enfrentan a la hora de conseguir empleo, pues un 33% lo ha intentado sin resultados positivos, lo cual los conduce a situaciones de vulnerabilidad como actividades ilícitas, consumo de drogas, violencia, entre otras. Es bueno señalar que la tasa de desempleo juvenil en República Dominicana para el año 2016, es la más alta de la región (29.4%).

Otro dato importante es el que tiene que ver con la distribución de los jóvenes que se encuentran “ocupados” en el mercado laboral y su distribución de acuerdo con el grupo de edad y el tipo de ocupación. Teniendo como base la Encuesta Nacional de la Fuerza de Trabajo 2016 la distribución de los jóvenes según grupo de edad y tipo de trabajo se distribuye de la manera siguiente:

Grupo de joven            Informal           Formal

15 – 18 años                  73.5%                 26.5%

19 – 24 años                  46.0%                 54.0%

25 – 29 años                  42.7%                 57.3%

Es importante destacar los altos porcentajes de jóvenes en el mercado de trabajo informal caracterizado por: muy baja estabilidad (no cuentan siquiera con contrato de trabajo) ni cotizan, por supuesto, en el régimen de seguridad social, además de bajos salarios, no gozan de los beneficios básicos como seguro de salud. La vulnerabilidad, incluso en aquellos que trabajan, es muy obvia.

A manera de comprender y situar la situación socio-juvenil en la República Dominicana, solo basta con saber que, según el censo del 2010 realizado por la Oficina Nacional de Estadística (ONE), la población por debajo de 25 años, en nuestro país, alcanza el 49.4%, es decir, casi la mitad de la población.

¿Qué hacen, en qué ocupan su mayor tiempo, qué piensan, qué sienten, cuáles expectativas tienen los jóvenes dominicanos? ¿Quién soy, cuál será mi futuro, qué papel juega mi familia en mi vida, Dios juega alguna?

En un artículo de prensa del 12 de mayo de éste mismo año y bajo la autoría de Eduard Rafael Figueroa Sánchez,[7] se ofrecen una serie de comentarios hechos por algunos jóvenes al respecto de algunas de las preguntas formuladas anteriormente.

Dialogando con jóvenes de diferentes estratos sociales que han vivido con o sin sus padres, pudimos constatar que los que no crecieron en una familia tradicional se sienten solos; muchos tomaron las calles a temprana edad, porque no tuvieron a alguien que velara por sus necesidades, y no se formaron correctamente. Tienen miedo de tomar decisiones, se sienten desprotegidos y no tienen como prioridad en sus vidas vivir en una familia tradicional, padre, madre e hijos; no sienten respeto o cariño por sus verdaderos padres.

Pero no solo los jóvenes de familias disfuncionales tienen este tipo de problemas. Muchos, a pesar de haber crecido con sus padressienten que no tienen libertad, que son tratados como niños, que no los dejan tomar decisiones y arriesgarse a emprender el camino que ellos quieren.

Algunos alegan que no dialogan con sus padres, porque estos hacen el “papel de periodistas”solo buscando informaciones, pues quieren saber todo sobre sus hijos: ¿dónde vas?, ¿con quiénes vas?, ¿qué vas hacer ahí?, ¿a qué hora regresas?, ¿quién te trae?, ¿qué ropa te vas a poner?, ¿cuáles son tus amigos?, ¿tienes novia o novio?, ¿qué vas a estudiar?

Pienso que todos estaríamos de acuerdo, por lo menos, de que el tema no solo es importante, sino que debe seguir siendo estudiado a profundidad. En una próxima entrega ampliaremos las ideas expuestas.

[1] Coleman, J. y Hustén, T. (1989) Inserción de los jóvenes en una sociedad en cambio. NARCEA, S.A. de Ediciones. Madrid.

[2] OCDE: Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico.

[3] Hoy en la República Dominicana este porcentaje ronda por algo más del 40% de los jóvenes.

[4] No se puede obviar los grandes movimientos juveniles, principalmente universitarios, en que se puso de manifiesto su interés por los problemas sociales y políticos, y culturales en sentido general, en el marco de las situaciones que se desarrollaban entonces: el triunfo de la revolución cubana, la guerra de Vietnam, el conflicto chino-soviético, el mayo francés; pero además, el movimiento por la paz a nivel mundial y la cultura hippies, el influjo de los Beatles y otros grupos, impactando la cultura juvenil entonces y, por supuesto, la llamada Guerra Fría, que impregnó de mucha densidad esos años.

[5] El modelo familiar prevaleciente hasta entonces se ve bruscamente alterado sin un modelo alternativo que lo sustituya.

[6] Aparecen los llamados “nini”, jóvenes que niestudian nitrabajan. Se llega a plantear que en América Latina uno de cada cinco jóvenes, principalmente mujeres, entre 15 y 24 años no estudia ni trabaja. (Los “ninis” de América Latina: ni estudian ni trabajan ni son comprendidos (worldbank.org)). Según un estudio realizado por EDUCA, en República Dominicana ese grupo representa el 20%, entre 15 y 29 años. (“Los jóvenes dominicanos: esos desconocidos”).

[7] Recuperado en Ensayo/Juventud – Rasgos de la cultura juvenil en la República Dominicana | Listín Diario (listindiario.com)

Fuente: acento.com.do

Elizabeth Duval y su mensaje a la juventud

Elizabeth Duval es estudiante de Psicología Clínica y como consecuencia a algunas aficiones también escritora.

Esta joven ha luchado por sus sueños desde temprana edad; siendo impulsada por los valores que sus padres le han inculcado desde su niñez. Asegura estar convencida de que las metas si se trabajan con mucha dedicación y esmero pueden alcanzarse; ya que esto muchas veces consiste en tener un cambio de mentalidad para implementar nuevas estrategias que te ayudan a posicionarte a dónde quieres llegar.

Elizabeth nos externa una preocupación que le inquieta. “Los jóvenes hoy en día estamos escasos de oportunidades aun en nuestro propio país, no obstante, buscamos salir adelante a pesar de las situaciones, ya sea económica, familiar o de cualquier otra índole”.

Asegura que con la ayuda de Dios y su familia, ha tratado de  lograr su cometido, tanto así que en el 2020 vio concretizado su más preciado sueño, la publicación de su primer libro, titulado ‘Quiero vivir’. Donde relata la vida de unos jóvenes que fueron marcados por palabras, culpas, e incluso muertes desde su infancia; y como resultado de esas vicisitudes desarrollaron traumas que le impidieron desarrollarse en su adultez.

‘Quiero vivir’ es un llamado para la actual generación, ya que muchos están envueltos en cosas que se lamentan día tras día, y se valen hasta de un silencio para pedir ayuda antes de sucumbir.

“A través de mis escritos quiero transmitir una esperanza donde se acabó la que había, una ayuda en medio de una desolación; una palabra de aliento en medio de tantos dichos destructivos, un consuelo donde habita el lloro cada día”. Todo lo que está plasmado en mi libro puede darle a la juventud una perspectiva diferente de la vida; ayudarles a comprender que un pasado doloroso no puedes definir a una persona”.

Por último extiende un consejo para la juventud. “Si yo pude yo sé que ustedes también podrán. La edad en ocasiones solo es un número, los problemas suelen ser pasajeros, pero las victorias pueden extenderse a una temporada que puede darte el tiempo que necesitas para deshacerte de los malos ratos, lo que te agobia, atormenta y desenfoca; para dar paso a una persona que aprendió de esa experiencia y puede ser modelo e inspiración a otros jóvenes”.

La delincuencia juvenil: fenómeno de la sociedad actual

La violencia no es producida aleatoriamente, sino que parte de una cultura de conflictos familiares, sociales, económicos y políticos, y en general, del sistema globalizado que a su vez permea las diferentes formas de vida en la sociedad, donde los estilos de vida de los jóvenes son catalogados como formas de delincuencia. El objetivo de esos estilos de vida, sin embargo, sólo consiste en distanciarse culturalmente de una sociedad que los jóvenes no han fabricado. Víctimas de la discriminación social y excluidos de las decisiones importantes, muchos jóvenes carecen de planes o proyectos de vida, y son considerados incapaces de adaptarse al medio social, por lo cual toman la delincuencia como alternativa de sobrevivencia. El fácil acceso a las drogas, la falta de oportunidades de empleo, salud, educación y espacios para la cultura y el deporte, la desintegración familiar, la impunidad, entre otros factores, componen el contexto en el que nace y crece la juventud mexicana del siglo XXI.

Los seres humanos nos encontramos inmersos dentro de un proceso globalizador de las economías en el ámbito mundial, en el cual predominan bloques económicos como Europa, los países asiáticos y Estados Unidos, los cuales tienen gran injerencia en el resto del planeta. Esto, debido a que sus intenciones latentes concuerdan en que lo fundamental es subordinar a todos los hombres de las regiones o zonas para hacerlos fieles consumidores y abastecedores de materias primas.

La sociedad ha fomentado un excesivo individualismo y una consideración del individuo como mera unidad de consumo, pero escasamente ha brindado al individuo un tipo de vida en comunidad o ha ofrecido una escasa influencia en las decisiones de un entorno social.

En este fenómeno, los medios tienen un papel muy relevante, porque son los encargados de llevar los mensajes a todo el mundo, a todo ser humano. Ellos son en parte los responsables de unificar a la Tierra bajo los mismos parámetros ideológicos. Son los instrumentos socializantes más fuertes en la actualidad, pues han sustituido en gran medida la importancia que tenían los antiguos, tales como la escuela, la familia o la Iglesia.

Buscan crear al hombre de un mismo pensamiento, voluntad, y acción. Con esto, cabe decir que tal vez uno de los objetivos de los medios de comunicación (industria cultural) y de las industrias (empresas transnacionales) es hacer que cada individuo se vea envuelto en la necesidad ideológica de participar en el consumo de productos, práctica que los ideólogos denominan civilización y modernización a la que los pueblos deben sumarse para dejar de pertenecer al grupo de los marginados y pasar así a formar parte de los consumidores.

Ante esta situación, la violencia aparece como una forma de respuesta ante una frustración social. Este tipo de violencia puede ser también una consecuencia del profundo deterioro al que se ha llegado en un tipo de sociedad que ha puesto sus esperanzas en un mero crecimiento cuantitativo del consumo de bienes materiales y que apenas ha tenido en cuenta al individuo en su dimensión como persona socialmente integrada en una comunidad.

Esta problemática obliga a reflexionar sobre el fenómeno de la violencia y su relación con la juventud. Esta última se resiste a las transformaciones sociales de hoy, pues a lo movedizo que tiene de por sí la personalidad del adolescente en devenir, hay que añadir la incoherencia del mundo actual con sus propagandas, disensiones políticas y religiosas, y las contradicciones de los intereses económicos. Todo esto crea confusión y desorientación desbordante y trágica en la juventud. En tales circunstancias no todos los jóvenes son aptos para ver el mundo tal como es y aceptarlo insertándose en él, íntegra y generosamente.

Por lo anterior, algunos adolescentes y jóvenes aquejados de inmadurez persistente podrían convertirse en antisociales e incluso en delincuentes, si llegan a una particular situación de inadaptación. El adolescente realiza sus primeras tomas de conciencia personales y profundiza en sus sentimientos, ideas y creencias. Su postura ante el mundo adulto es de oposición y de desafío, y esta es una reacción necesaria de defensa de un ser que va tomando las riendas de su existencia.

Además, la actual sociedad industrializada, urbana y consumista —con todo lo que ello comporta: ideología del bienestar, carrera del lucro, primacía del tener sobre el ser, crisis de la familia, soledad, anonimato— es la que segrega la violencia. Ya que, como sociedad de consumo, alimenta deseos o aspiraciones y despierta esperanzas que no puede satisfacer; mientras margina del proceso de producción y de consumo, excluye y discrimina a gran número de personas, clasificando y haciendo de ellas unos inadaptados y rebeldes; pero sobre todo, tiende a destruir los valores morales.

En realidad, cuando la sociedad actual exalta como valores supremos de la vida al placer y al dinero, cuando aplaude el éxito y la riqueza, obtenidos por los medios que fueren, cuando desprecia al hombre honesto como a un ser débil que no es capaz de hacerse valer mientras exalta al fuerte que prevalece sobre los demás con astucia y con violencia, no habría por qué maravillarse de que algunos jóvenes sientan la tentación de recurrir a la violencia para ganar con facilidad y rapidez mucho dinero.

La vida actual origina violencia y agresividad, más aun cuando en un espacio invariable aumenta mucho la población, pues esto genera aglomeraciones y desorden en las grandes urbes, con el cortejo de desagradables complicaciones que llevan consigo: prisa, falta de tiempo, tensión, vida compleja, falta de comunicación afectiva, etc. Si añadimos a esto la anomia, la hipocresía social, la creación consumista de necesidades artificiales, la doble moralidad, etc., comprenderemos que en unas circunstancias de vida tan frustradoras tenga que surgir la violencia y la agresividad como medio para sobrevivir.

La violencia casi siempre lleva consigo la opresión y la injusticia

¿Qué es entonces la violencia?

El uso injusto de la fuerza —física, psicológica y moral— con miras a privar a una persona de un bien al que tiene derecho (en primer lugar el bien de la vida y la salud, el bien de la libertad) o con miras también a impedir una acción libre a la que el hombre tiene derecho u obligarle a hacer lo contrario a su libre voluntad, a sus ideales, a sus intereses. Por lo tanto, no puede llamarse violencia a cualquier uso de la fuerza, sino sólo a un uso injusto que lesione un derecho.

Así pues, para que haya violencia, se requieren dos factores: uso de la fuerza y violación de un derecho.

La violencia semeja la acción estratégica que orienta la fuerza física con la intención de someter o delimitar la elección de las posibilidades de actividad de los dominados.

Etimológicamente, la palabra violencia deriva del latín violentia, vis maior, fuerza mayor, ímpetu. Según el diccionario, es la fuerza o energía desplegada impetuosamente. En el origen, pues, el concepto de violencia denota una realidad moralmente neutra; la calificación que uno puede hacer de ella dependerá del uso o abuso de esta fuerza.

El violento puede serlo con los que conviven bajo su mismo techo. La violencia está presente en las calles, estalla entre los conductores y los transeúntes, entre los viajeros que usan un mismo transporte público, entre los vecinos de la misma escalera. La violencia verbal o gestual brota a menudo en la tienda, en el taller, en la oficina, en el despacho o en la escuela. Y en la mayoría de los casos, los motivos que desatan estos comportamientos violentos, si se miran desapasionadamente, son mínimos, insignificantes, ridículos. Lo que pasa es que son como chispas que encienden el ambiente tenso y crispado a que nos aboca el ritmo trepidante y angustioso de nuestro tiempo.

Sin embargo, la violencia es un fenómeno que no está vinculado exclusivamente a la obtención de bienes o a la satisfacción de necesidades, más bien involucra al propio ser del hombre y no significa necesariamente terror, destrucción o aniquilación física del otro, sino el despliegue de estrategias de coerción para conseguir lo deseado.

Entre centenares de definiciones posibles, la violencia se perfila como la actuación contra una persona o un colectivo empleando la fuerza o la intimidación. De cualquier manera, las descripciones no son neutras, pues llevan consigo un componente subjetivo que depende de los criterios utilizados, tanto jurídicos como institucionales o personales. Por eso se puede afirmar que no hay un criterio universal de la violencia; cada sociedad tiene los suyos propios. Una visión histórica sobre la violencia demuestra que ésta no se circunscribe únicamente a las grandes expresiones como la de la guerra. La violencia ha sido un elemento sustancial de toda la humanidad, ya en sus relaciones políticas, ya en las sociales y personales. Algunos han creído ver en ello la declaración de la agresividad presente en la naturaleza humana como una característica más relacionada con los instintos. Otros, en cambio, opinan que la violencia tiene marcados componentes sociales e incluso culturales.

Ahora bien, que la violencia sea o no innata es de poca importancia. Pero sí importa que la sociedad haga algo por orientarla en su verdadero sentido, por canalizarla como energía de algún modo útil, por prevenirla cuando sea nociva, en todo caso, por contenerla dentro de unos límites tolerables. Sufrimos la violencia inmisericorde de las gentes que no dejan vivir en paz a los demás. La gran mayoría de los seres humanos controla su agresividad, pero unos pocos inadaptados se están haciendo los dueños de las calles y de la noche, de los parques y hasta de las casas ajenas. Pequeños grupos, bandas, forajidos y delincuentes, amedrentan y asustan a los ciudadanos.

Debido a la generalización del fenómeno de la violencia no existen grupos sociales protegidos, es decir, la violencia no es específicamente un problema de pobres o clases sociales marginadas, ni de confrontaciones raciales, económicas o geográficas, sino que la violencia puede acentuarse por género, edad, etnia y clase social, independientemente de si se es víctima o victimario; es decir, la violencia responde a realidades específicas.

Hay que destacar que la violencia, aunque en muchos casos este asociada a la pobreza, no es su consecuencia directa, pero sí es resultado de la forma en que las desigualdades sociales —la negación del derecho a tener acceso de bienes y equipos de entretenimiento, deporte, cultura—, operan en las especificidad de cada grupo social, desencadenando comportamientos violentos. Así pues, la dependencia, la pobreza y marginación no necesariamente generan delincuentes, pues influye también el desarrollo material, individual y social, aspectos que derivan en la vida de los individuos que, al no contar con opciones o alternativas para obtener los ingresos necesarios para mejorar su calidad de vida, están dispuestos a cometer delitos.

Fuente: http://www.scielo.org.mx/

Hoy se celebra el Día Nacional de la Juventud

República Dominicana celebra este 31 de enero el Día Nacional de la Juventud, en honor a San Juan Bosco (1815-1888), el llamado Padre y Maestro de la Juventud.

San Juan Bosco fue  sacerdote católico italiano, educador y escritor quien dedicó su vida al mejoramiento y la educación de los jóvenes de las calles, delincuentes juveniles y otros niños desfavorecidos de la Italia del Siglo XIX.

A los dos años, Bosco quedó huérfano de padre y tuvo que vivir en una situación de pobreza. En 1835, ingresó al seminario en Chieri, y después de seis años de estudio, fue ordenado a sacerdote por el arzobispo Franzoni de Turín.

“Los jóvenes no sólo deben ser amados, sino que deben notar que se les ama”,  es uno de los tantos pensamientos de San Juan Bosco, quien es considerado como “Padre y Maestro de los Jóvenes” y por eso el  31 de enero de cada año es conmemorada esta fecha en memoria de su muerte.

Don Bosco consagró su vida a trabajar en  ayuda de la juventud, fundamentalmente en la formación en diferentes áreas, en ámbitos laborales y  religioso,  ya que él  consideraba que en la juventud  estaba el  futuro de la  nación.

En virtud de  la Ley No.20-93 es declarado  el día 31 de enero de cada año, fiesta de San Juan Bosco, como Día Nacional de la Juventud en la República Dominicana, de 5 de Diciembre de 1993.

Fuente: cdn.com

Insatisfacción corporal en jóvenes

La insatisfacción corporal nace de la disonancia entre nuestra percepción corporal y el canon de belleza que adoptamos. En este artículo analizaremos las causas y las consecuencias de este malestar en jóvenes y adolescentes.

La imagen corporal es la representación mental y subjetiva de nuestra apariencia. A veces, se acerca a la realidad de nuestro cuerpo, pero otras se aleja de una manera muy acusada. Así, la insatisfacción corporal nace de actitudes, sentimientos y conductas referidas a nuestro plano más físico.

La mayoría de las personas mostramos cierta disconformidad por algún aspecto de nuestro cuerpo. Esto es normal, siempre y cuando no se lleven a cabo acciones desproporcionadas para cambiar, moldear o modificar la parte corporal en cuestión.

El término que se utiliza para describir esta situación se conoce como malestar normativo. Hablamos de insatisfacción corporal por tanto, cuando esta disconformidad nos lleva a realizar conductas dañinas para la salud, física y mental, con la finalidad de cambiar nuestra imagen corporal.

Chico triste apoyando la cabeza en la pared

Orígenes y causas

Debido a la prevalencia de la insatisfacción corporal en la sociedad occidental, durante los últimos veinte años se han llevado a cabo estudios para determinar sus causas. Principalmente, se han investigado dos grupos de variables:

  • Factores sociales. Medios de comunicación, cultura, amistades y familia
  • Factores psicológicos. Sentimientos causados con factores sociales y creencias generadas por la influencia de los padres y la cultura

Como se puede observar, los factores psicológicos están asociados a los sociales. Además, los medios de comunicación y la cultura se posicionan como principales mediadores en la imagen corporal de las personas. De hecho, tal y como señala en uno de los estudios analizados:

La insatisfacción se puede originar por la distorsión perceptiva, por la discrepancia entre el cuerpo percibido y el ideal o, simplemente, por el disgusto con el propio cuerpo y puede originarse por un entorno adverso a ciertas figuras ideales establecidas por la sociedad. (Jimenez, Jimenez y Bacardi, 2017)

Insatisfacción corporal en jóvenes y adolescentes

Como ya hemos dicho, nuestra imagen corporal viene condicionada por componentes internos perceptuales, afectivos y conductuales. Vivimos en una sociedad que cada vez más otorga una importancia desmedida a la imagen corporal. Especialmente en la cultura occidental, se valora la delgadez en las mujeres y la musculatura en los hombres.

En este sentido, los medios de comunicación nos bombardean de manera constante, insertando en nuestros patrones el molde de belleza que proyectan. De hecho, las industrias de la belleza y del culto al cuerpo han incrementado sus beneficios de manera ascendente en los últimos años.

Aunque afecta a todos los grupos de edades, es durante la adolescencia cuando más nocivo se puede volver este mensaje. La adolescencia es un periodo de cambio, de búsqueda y de inconformidad. Por tanto, la influencia de los mensajes que reciben de la sociedad y de los medios de comunicación puede afectarles en más medida que a cualquier otro grupo de edad.

Sumado a lo anterior, ciertos estudios han señalado que la insatisfacción corporal se presenta antes de la adolescencia. Estos hallazgos son muy alarmantes, y demandan por parte de la sociedad medidas extraordinarias en cuanto a prevención.

Mujer triste mirándose al espejo

Consecuencias de una imagen corporal negativa

La insatisfacción corporal en ocasiones nos lleva a realizar conductas perjudiciales para nuestra salud, con la intención de acercarnos al «cuerpo ideal». Por ejemplo, respecto al peso, se han asociado conductas como la restricción de ciertos alimentos, los ayunos y la actividad física excesiva.

En edades anteriores a la adolescencia, estas conductas pueden afectar al cuerpo provocando fatiga, lesiones óseas, problemas gastrointestinales o deficiencias nutricionales. Incluso, en casos graves, pueden provocar retraso en el crecimiento, pubertad tardía o trastornos de la conducta alimentaria. De hecho, la insatisfacción corporal es un buen predictor de este tipo de trastornos.

Los trastornos alimentarios afectan más a mujeres que a hombres. Sin embargo, durante los últimos años la prevalencia de estos trastornos en hombres ha aumentado. Estos suelen mostrar insatisfacción cuando perciben su cuerpo demasiado delgado o demasiado grueso y no musculado. Sin embargo, en mujeres afecta sobre todo la percepción del volumen alto de su cuerpo.

Para prevenir la aparición de todos estos problemas, existe un enfoque que se ha demostrado efectivo y que se utiliza, por ejemplo, en centros educativos. Este se centra en fomentar una visión crítica del mensaje de los medios de comunicación sobre la figura y el peso, así como en aceptar el físico y promover hábitos saludables deportivos y nutricionales.

Fuente: lamenteesmaravillosa.com

31 de Enero: Día Nacional de la Juventud

El 31 de enero de cada año se celebra en nuestro país el Día Nacional de la Juventud, en honor a San Juan Bosco (1815-1888), el llamado Padre y Maestro de la Juventud, el sacerdote católico italiano, educador y escritor quien dedicó su vida al mejoramiento y la educación de los jóvenes de las calles, delincuentes juveniles y otros niños desfavorecidos de la Italia del Siglo XIX.

A los dos años, Giovanni Melchiorre Bosco quedó huérfano de padre y tuvo que vivir en una situación de pobreza. En 1835, ingresó al seminario en Chieri, y después de seis años de estudio, fue ordenado a sacerdote por el arzobispo Franzoni de Turín.

Un seguidor de la espiritualidad y la filosofía de San Francisco de Sales se constituyó en padre de huérfanos y de muchos niños pobres y abandonados. Toda su vida la dedicó a formar grandes familias de jóvenes.

Desarrolló métodos de enseñanza basados ​​en el amor en lugar del castigo, y estableció una red de organizaciones y centros para continuar su trabajo.

Sus labores como sacerdote y como educador le otorgaron gran prestigio en todo el mundo. Localidades, calles, parques, teatros, museos, universidades y colegios llevan el nombre de Don Bosco como una manera de rendir homenaje al apóstol de la juventud.

Fue declarado como un santo en la Iglesia Católica Romana por el Papa Pío XI en 1934.

En 1988, Juan Pablo II lo proclamó Padre y Maestro de la Juventud.

Hoy Día Nacional de la Juventud es importante hacer un llamado a la población dominicana a prepararse, a ser ejemplo dentro de una sociedad donde prevalezcan los valores, donde expresen sus ideas, visiones y perspectivas de transformar nuestro país, en una nación donde los pensamientos positivos y creativos sean los que dominen el deseo de avance del pueblo.

La juventud significa una etapa donde el dinamismo, la energía y el colorido son los principales elementos que dominan. Feliz Día Nacional de la Juventud.

Fuente: conectate.com.do

La juventud: salvadora del planeta

Los jóvenes de hoy están cada vez más conscientes de la huella de carbono que la humanidad está dejando en nuestro planeta. En vista de esto y de la persistente pobreza que existe en todo el mundo, algunos jóvenes activistas han tomado el asunto en sus propias manos y sin darse cuenta se han convertido en un modelo para sus compañeros.

Dos de estos jóvenes pioneros son Adeline Tiffanie Suwana de Indonesia y Greg Woodburn de los Estados Unidos.

Adeline Tiffanie Suwana, profesora de medioambiente

A los 12 años, a la estudiante indonesia Adeline Tiffanie Suwana le preocupaba el cuidado del medio ambiente después de ver los efectos que los desastres naturales y las inundaciones producían en su país.

Foto tomada de Muestra de Cine Medioambiental Dominicana

Aprendió acerca de la importancia de los manglares en la prevención de daños en caso de desastres naturales y decidió hacer alguna cosa para mejorar las condiciones de los manglares.

Comenzó por formar una comunidad de jóvenes llamada Sahabat Alam, que significa “Amigos de la Naturaleza”. En la actualidad la comunidad está formada por 1.700 miembros en toda Indonesia.

Adeline organiza a los estudiantes para plantar arrecifes de coral, ayudar con la cría de peces y la protección de las tortugas, plantar mangles y participar en actividades educativas y de limpieza medioambiental.

Fuente: Muestra de Cine Medioambiental Dominicana