Entradas

Educar a los niños ‘desconectados’ de la tecnología si es posible

Verónica Pérez Arango, docente en un colegio de secundaria y mamá de Ulises, de 8 años, ha visto esta escena muchas veces: en casas de hijos de amigos que pasan horas hipnotizados delante de una tableta o un teléfono, Uli –como llama cariñosamente a su hijo– tiende a escabullirse con su hermanita menor a alguna otra habitación y descubrir juguetes nuevos que quizá su dueño no toca hace siglos.

“La verdad es que me llama poderosamente la atención que niños y niñas de 6 o 10 años no se diviertan con otra cosa que no sean las redes y la tecnología”, dice Verónica. Esa es una de las razones por las cuales Ulises forma parte de una tendencia que crece: niños criados con acceso nulo o muy restringido a teléfonos celulares y, especialmente, redes sociales.

En un mundo hiperconectado, en el que las empresas de tecnología apuntan a públicos cada vez más jóvenes, muchos padres en Argentina y en el mundo eligen educar a sus hijos en ambientes ‘tech-free’.

¿Cuáles son las ventajas y desventajas de una niñez sin apps? ¿Es muy difícil sostener la apuesta por una infancia analógica? ¿Un chico desenchufado es un chico aislado, excluido? ¿Cuáles son las recomendaciones de los especialistas?

En el caso de Ulises, por ejemplo, él no tiene redes sociales ni celular: a veces le pide prestado el teléfono a su mamá para poner algo de música. “No tiene redes, pero la verdad es que tampoco las pidió”, explica Verónica, que regula también las horas de pantalla en su casa, incluyendo Netflix y YouTube. “Lo que sí me pregunta es por qué no puede ver todo el día Netflix, a lo cual le respondo que está genial ver pelis, pero que está bueno aburrirse porque cada vez que se aburren descubren un juego nuevo o inventan algo o salen al aire libre –dice Verónica–. A mí, como madre, me da más trabajo esto, pero amo tanto que juegue cuando conozco niños y niñas de esa edad que si no tienen tecnología adelante, no saben qué hacer”.

En el grado de Ulises, que va a una escuela pública, la mayoría de los papás están en la misma sintonía; y para Verónica eso es un factor clave: “Me parece que cuando el entorno de padres prioriza más el juego, el cuerpo, la conversación y el compartir, es más fácil que los niños no se sientan sapos de otro pozo –explica–. Si justo tu hijo o hija son los únicos que no usan tanta tecnología, es más difícil”.

Único de su curso sin celular

Ese es un poco el caso de Sebastián, de 11 años, hijo de Laura Castillo, actriz, que asegura a todo aquel que quiera escucharlo ser el único de su grado que no tiene celular ni redes.

Sebastián también estudia en una escuela pública (en las que, muchos papás aseguran, la iniciación de los niños en la vida digital es más tardía e irregular que en las privadas), pero los años que lo separan de Ulises pueden explicar la diferencia: es común que a los 11 o 12 años muchos niños tengan su primer celular o una cuenta de Instagram. Sin embargo, los papás de Sebastián se mantienen firmes: “Creemos que no lo necesita y no está aún preparado. No se mueve solo en la calle más allá de algún mandado o compra cercana a nuestra casa. Además privilegiamos el contacto real con sus amigos y compañeros”, explica Laura, y agrega: “Ya va a tener, cuando vaya a la secundaria y se mueva más solo, pero por ahora aunque se queje y lo discutamos mucho nos mantenemos firmes. No creemos que sea decisión de él”.

La historia de Sebastián es la que a los adultos nos aparece como más típica: sin embargo, no todos los niños que no tienen acceso a celulares o a redes lo viven como un problema. En parte, como comentaba Verónica, el entorno juega un papel importantísimo: una red social solo tiene gracia si tus amigos están en ella, pero también depende de la personalidad de cada niño. Muchos niños huyen de las redes sociales clásicas y eligen otro tipo de ‘apps’, más relacionadas con el juego y la creatividad que con la exposición de sus vidas personales.

A pesar de que sus padres no le prohíben el acceso a ninguna red (“sí leo todo lo que puedo y hablo mucho con ella, además de proponer mil cosas para que no esté todo el día en el teléfono”, dice Tomás Linch, editor y papá), Catalina, de 12, usa solamente WhatsApp y una red social llamada Amino, que no usa ninguno de sus compañeros de colegio: “Arranqué en sexto grado. Pero mis amigos solían usar mucho antes Instagram, que yo nunca usé”, cuenta. Amino es una ‘app’ que conecta comunidades de fans de distintos temas, desde animé hasta series de TV, videojuegos o superhéroes: Catalina dibuja y la usa para trabajar en proyectos colaborativos. “Es extraordinario lo que los niños generan solos”, se maravilla Tomás, que nunca había escuchado hablar de Amino antes. “No creo que alguien de mi edad se pierda de nada por no tener redes, celular o WhatsApp –dice Catalina–. A veces usamos WhatsApp para hacer la tarea, pero el que no tiene usa el WhatsApp del padre y se arregla”.

Algo parecido dice Lucas, de 11, hijo de Laura González, maquilladora y esteticista, que no tiene redes sociales, pero sí un celular muy básico y sin chip para jugar algún juego: “Yo diría que sin Skype, sin WhatsApp, sin Facebook, sin Instagram. ¡Estoy muy bien! No me interesa mucho hablar en redes sociales. A mí lo que me gustaría es tener un celu para jugar jueguitos, pero tranqui, no tengo ningún problema. Mis amigos siguen a famosos en Instagram, pero yo no, yo solo quiero un celu para jugar y que no se me quede varado como el que tengo ahora”, dice Lucas, sin rastros de mal humor. Eso no significa que su vida sea 100 % libre de tecnología: es un fanático de la PlayStation y juega en red con sus amigos del colegio.

Decisión a conciencia

¿Tiene fundamentos la decisión de los papás ‘tech-free’? Todo indica que sí: hace unos meses fue furor la noticia de que muchos empleados de las empresas de Silicon Valley crían a sus hijos de la forma más analógica posible. Vijay Koduri (exempleado de Google y cofundador de la ‘startup’ HashCut) y su mujer, Minni Shahi (empleada de Apple), le contaron al medio ‘Business Insider’ que la tecnología en la que ellos trabajan está prohibida en su casa: ninguno de sus hijos de 10 y 12 años tiene su propio celular, y solo tienen permiso para jugar con los de sus padres durante diez minutos semanales. Junto con otros padres de Silicon Valley, explicaron que la carrera hoy en las empresas de tecnología es crear aplicaciones cada vez más adictivas para consumidores cada vez más jóvenes: “Las empresas de tecnología saben que cuanto más temprano logres que los niños usen tu plataforma, más fácil es que incorporen el hábito para toda la vida”, explicó Koduri.

La doctora Julieta Olivieri, psiquiatra infantil y juvenil del Departamento de Urgencia del Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez, opina en la misma línea: “En general, los niños arrancan a usar el celular en los últimos años de la primaria, preparándose para la mayor autonomía de la secundaria. Los que empiezan antes pueden tener trastornos del sueño, cuestiones de compulsión, ansiedad… en mi experiencia no es para nada positivo empezar muy temprano”.

Según ella, los papás tienen muy presente el miedo a los ataques de pedófilos, pero no necesariamente otro peligro real, que es la propia exposición de los niños: “Ellos no siempre entienden que eso que ponen en un celular se puede volver público: los papás no lo piensan mucho hasta que el niño no aparece exhibido en una foto complicada. Los pedófilos son reales, pero este también es un peligro muy común si un niño tiene acceso ilimitado a redes”. Olivieri sugiere un acceso a redes no demasiado temprano, paulatino y supervisado por un adulto.

Algunos padres optan por estos caminos intermedios, con graduación y control: es el caso de Lucrecia Fernández Grenno, politóloga y mamá de Magdalena, de 7 años, que tiene un celular con WhatsApp, pero solo un pequeño grupo de contactos. “Su papá es de la República Checa, como ella, así que se comunica con él por WhatsApp. Me tiene a mí, a sus abuelos y a su mejor amiga. No tiene permitido tener a otros”. A veces mira el Facebook de su mamá o pone “me gusta” a sus primos desde la cuenta de ella; según Lucrecia, este tipo de acceso controlado es común en el entorno de ella: “Pide tener Instagram, pero yo aún no la dejo, le explico que es demasiado pequeña y que puede sacarse fotos que no correspondan. No le gusta, pero lo acepta como límite, también porque ninguno de sus compañeros tiene”.

Emma, de 11, tiene un acceso un poco mayor, acorde con su edad, pero también monitoreado de cerca por su mamá, Clara Sirvén, periodista y productora: “Emma tiene una cuenta de Instagram privada, y los seguidores los acepto yo”, explica Clara. Sus amigas suelen tener Instagram y otra red llamada Musical.ly, muy popular entre los niños (entre otras cosas, porque no tiene ningún límite en la edad de acceso). Emma llega a usar tres o cuatro horas diarias de redes, pero no le parecería grave no tener: “Mis amigas que no tienen se quedan afuera de alguna cosa, alguna foto graciosa, pero nada muy importante”.

Por su parte, Jimena Riveros tiene en su casa a todo el espectro de la niñez, con Ema de 7, Mía de 10 y Juana de 12. “La chiquita tiene Musical.ly, pero no tiene abierta la red, sube videítos que solo pueden ver sus hermanas y amigas, igual ya está en tema, cosa que con la mayor arrancó apenas en cuarto grado. Yo tengo en mi celular las cuentas de Instagram de las dos más grandes, así que veo todo: y, obviamente, son perfiles cerrados”. Los fines de semana se van a una casa en la que no hay conexión: “Ellas piden que la ponga, pero lo estoy retrasando, porque me encanta que se entretengan haciendo vida sin internet”.
Con o sin grises, una cosa parece cierta: la infancia ‘unplugged’ es posible, y –para muchos– no está nada mal.

Fuente: abcdelbebe.com

Conoce el Síndrome del juego inacabado y cómo afecta a los niños

El juego es parte esencial en el crecimiento infantil, pero el exceso de estímulos puede provocar lo contrario.

Todos los niños adoran recibir juguetes y jugar, pero cuando esto ya es un exceso, lo que es muy común actualmente, ya no resulta tan provechoso. Cada vez más niños reciben regalos, los abren, juegan un rato y después terminan junto con muchos juguetes más ¡arrumbados!

El síndrome del juego inacabado se da cuando los niños son incapaces de disfrutar y jugar con un juguete o centrarse en una sóla tarea. Demasiados juguetes pone en peligro la capacidad de asombro e ilusión que tanto necesitan los niños para aprender.

Este síndrome se da por varias razones como tener demasiados juguetes, tener juguetes que lo hacen todo y no tener un área de juegos.

Para evitarlo los expertos recomiendan no comprarles todo lo que nos pidan,organizar el lugar de juegos, jugar más con nuestros hijos, guardar los juguetes que sobran, seleccionar los mejores según su edad.

Fuente: padresehijos.com.mx

Los Reyes no traen sólo juguetes

Beatriz G. Portalatín

Llegó el Día de Reyes, el más esperado por los pequeños de la casa y, por qué no decirlo, también para los que ya no son tan niños. Hoy, esos locos bajitos, que cantaba Serrat, abren sus regalos. Algunos ni siquiera pegaron ojo y otros se despertaron antes del amanecer gritando a sus padres que se levanten porque han venido los Reyes Magos: “¡Que ya han llegado los Reyes!”

La ilusión no se concentra en el número de regalos. Los pequeños anhelan más si cabe el instante de abrir los paquetes. No hace falta que el salón esté repleto de ellos para hacerles felices, basta con tener los justos y necesarios para que realmente disfruten; basta con regalarles algo que realmente deseen con todas sus fuerzas, como tiempo para jugar en familia. Aunque suene extraño, los niños disfrutan más jugando con sus padres y hermanos que solos con sus maquinitas otabletas. ¿Cuál será el mejor regalo que pueden traerles sus majestades, Melchor,Gaspar y Baltasar?

“Si tú le preguntas a un niño qué es para él un día agradable, no te dirá que un día jugando con su tableta o con su videojuego favorito”, afirma a EL MUNDO el psicólogo Javier Urra, director de UrraPsicólogos, UrraInfancia y director clínico del programa RecURRA-Ginso.

“Te dirá que lo que realmente le hace feliz es salir al campo a disfrutar de la naturaleza o ir a la ciudad para conocer algo nuevo con sus padres, familiares y amigos. Hacer excursiones para ver cosas nuevas o reunirse en casa de amigos de sus padres que tengan hijos de su edad y poder pasar el día todos juntos. También les gusta mucho interactuar con distintas generaciones, es decir, juegos de mesa donde puedan participar todos, padres, tíos, abuelos…”.

Los niños reclaman más tiempo libre al día con sus progenitores y diferentes estudios dan muestra de ello. Una investigación dirigida por Urra en 2015, Estudio TriNa de la Diversión en Familia -para el que se hicieron 5.000 entrevistas-, señaló que un 63% de los niños (entre seis y 12 años) quería pasar más tiempo de ocio con sus padres, sobre todo aquellos que tenían entre seis y nueve años. Pero la cuestión no es estar más tiempo, sino la calidad de esos momentos. Es decir, “no se trata de estar por estar, compartiendo un espacio, sino de interactuar con ellos, de hacer juntos alguna actividad, de jugar. Quieren que los padres sean participativos con ellos”, explica este psicólogo.

Pero el ritmo de vida actual, en el que la prisa, las obligaciones y los deberes son el pan nuestro de cada día, hace casi imposible pasar más tiempo con los hijos. De media, según aseguran algunas publicaciones, el tiempo de ocio que pasan los padres con sus hijos es de entre un 10% y un 20% . “Tenemos un problema grave con el tiempo familiar, y la solución pasa, ante todo, por la conciliación. Esto requiere voluntad política y empresarial. Sin conciliación y sin unos horarios racionales mantener una vida personal y familiar satisfactoria es imposible”, asegura Mariola Lorente Arroyo, investigadora de la Fundación Universidad de Padres.

“Es imprescindible dedicar tiempo cada día a nosotros mismos y a nuestros seres queridos. Un rato de desconexión de puertas para afuera para centrarnos en la familia: jugar, una cena tranquila, una charla sobre cómo ha ido el día…”, añade.

A modo de consejo y para que los padres puedan hacer más cosas junto a sus hijos, Lorente señala que “una idea estupenda y que a los niños les encanta es regalarles una libreta de cupones”. “Se puede hacer a mano o buscar algún modelo en internet, y es tan sencillo como elaborar vales canjeables que el niño usa cuando le apetece: escoger una actividad para hacer en familia, una película para ver todos juntos, leer un cuento, elegir un juego de mesa, visitar un museo, preparar su cena favorita o asistir a un concierto o a un evento deportivo”.

Dedicar tiempo a jugar con los hijos es clave y uno de los objetivos es conocerse más entre todos los miembros de la familia, no sólo que los padres conozcan más a sus hijos sino también al revés. En el tiempo de juego, sostiene Urra, se aprovecha el momento para hablar de las cosas que han pasado, para saber cómo se comporta uno u otro y, en definitiva, para conocerse.

“Es muy importante que los niños fomenten su creatividad”, afirma. Para ello, no hace falta jugar con nada material, se puede por ejemplo jugar a las películas, a los disfraces o al juego de los personajes: “No se precisa nada económico, pero sí ganas e ilusión”, cree.

No debemos olvidar tampoco que los niños tienen necesidad de jugar, y además, se convierte casi en una obligación para el desarrollo de muchas capacidades que el juego da tales como “la curiosidad, la experimentación, la posesión y utilización del objeto, aprender a dilatar la gratificación, a superar la frustración…”, enumera Petra Mª Pérez Alonso-Geta, catedrática de Teoría de la Educación de la Universidad de Valencia y miembro del Observatorio Infantil del Juego. “A través del juego, el niño aprende y crea su lugar en el mundo”, afirma.

También es fundamental la interacción con otros niños “porque en esa relación pueden surgir posturas contrarias y, si uno quiere seguir jugando, tiene que saber acatar unas normas y unos límites”, expone la experta.

Pero también es clave un tiempo de juego y ocio con los padres y familiares porque así lo demandan los pequeños. De hecho, en el informe Juego y Familia, elaborado por esta misma profesional y promovido por OJI hace cuatro años, ya se mostraba cómo el 60% de los hijos reclamaba más tiempo de juego con sus progenitores: “Los padres tienen que ser conscientes de la necesidad de jugar que tienen sus hijos y que esa necesidad no se supla con los juegos tecnológicos”.

La aparición de las tabletas y los juegos digitales ha hecho que los niños “se entretengan y los padres puedan seguir haciendo sus cosas, pero eso no es un juego socializado sino un juego panorámico en el que no se experimenta”, aclara Pérez Alonso-Geta.

Además, Javier Urra insiste en que “es un mito que a los niños sólo les gusten los videojuegos”. Es cierto que “tampoco los debemos demonizar [los juegos electrónicos] pues los niños aprenden con ellos ciertas estrategias destrezas”, sostiene Pérez Alonso-Geta.

Tan sólo hay que recordar que no hay que abusar de ellos. “Hemos de tener en cuenta que la edad de juego tiene unas edades muy concretas (desde los tres o cuatro años hasta la preadolescencia) que no se puedan desaprovechar dándole al niño una maquinita para que esté entretenido. Es una etapa maravillosa que fundamentalmente tienen que cubrir con juegos que impliquen relacionarse con otros”, concluye.

A la hora de decidir qué regalar a los niños, se deben seguir ciertos parámetros. Los pediatras miembros de la web Top Doctors sostienen que “los menores de dos años no necesitan apenas juguetes y los que se regalen deben favorecer la estimulación psicomotriz, la maduración del lenguaje y la sociabilidad”. Para niños de dos a cinco años, “se recomiendan juguetes que estimulen la imaginación, la memoria y habilidades manuales”.

En la etapa escolar, “son útiles los juegos que requieren normas y otros jugadores con el fin de desarrollar razonamientos mentales”. Y es muy importante fomentar la lectura en todas las edades. Por último, y con respecto a los juguetes electrónicos, “les pueden aportar habilidades que les van a ser muy útiles en el futuro, pero es importante limitar el tiempo empleado”.

La regla de los cuatro regalos

 

Algo para leer

Fomentar la lectura es una de las mejores opciones y, además, incentiva la imaginación y la creatividad. Es un regalo útil y adecuado para todas las edades porque también engloba los cómics y los álbumes ilustrados. Los requisitos a seguir son que el libro se adapte a los gustos del niño y que, naturalmente, sea una lectura adecuada a su edad y también a su capacidad.

Algo deseado

El juguete que ellos hayan pedido a los Reyes Magos con todas sus fuerzas, aquel que desean ver bajo el árbol, junto a su zapato, mañana temprano. Aquel regalo que llevan meses pidiendo y no paran de soñar con él. Por ejemplo, ese Scalextric que usted sabe que no para de pedir, la bicicleta de la que no para de hablar y que le hará una ilusión loca y sentirse feliz.

Algo necesario

Puede ser algo de material escolar que necesiten porque se les haya quedado viejo o se haya roto. O material deportivo, como una raqueta o un balón de fútbol o baloncesto, según el deporte que les guste. Si les interesa la música, se puede regalar un reproductor musical, o un CD de su grupo favorito, o material para explorar posibles aficiones nuevas, como pintar.

Algo útil

La ropa y el calzado siempre vienen bien y será útil no sólo para los niños sino también para los padres. Se pueden regalar desde zapatillas de deporte hasta ropa para estar en casa o pijamas, sudaderas, jerseys, ropa deportiva si el niño practica algún deporte… Es importante, eso sí, respetar los gustos de los pequeños y, también, que estén acorde a su edad.

Fuente: elmundo.es/

Juguetes divertidos que mejoran la atención

Hainan Reynoso Uribe

“Sin emoción no hay curiosidad, no hay atención, no hay aprendizaje, no hay memoria”. Francisco Mora . El juego es emoción, y según la neurociencia, no hay aprendizaje si no hay emoción.

En un artículo publicado en el blog Psicología y pedagogía, la especialista Pamela Ferreira considera que la única manera de potenciar y entrenar la atención de una forma divertida es a través del juego.

Un niño y un adulto sano tienen distintas capacidades de atención. Un aspecto muy peculiar del proceso cognoscitivo infantil –prosigue Ferreira- es la capacidad de atención activa. Esta es la capacidad  de fijar la atención en la información relevante, y obviar las distracciones. Esta facilidad se amplía entre los cuatro y siete años de edad. En ese sentido, aunque la atención puede ser entrenada y aumentada en todas las edades, esa es la mejor época para hacerlo.

Sometemos a su consideración algunos juguetes que estimulan de forma específica la capacidad de atención como el cubo mágico, y el dómino. Mientras que el cubo mágico y el dómino estimulan  la asociación, agudeza y discriminación visual; los rompecabezas favorecen la integración visual.

Día de los Magos

Se aproxima el Día de los Reyes Magos, como tradicionalmente se le llama a la efeméride más divertida de Occidente.  Es la fecha en que por tradición los chiquitos se emocionan destapando los regalos con juguetes y a los adultos les brillan los ojos de verlos felices.

La fecha es reminiscencia de los obsequios que los magos de Oriente ofrecieron a Jesucristo cuando nació en Belén de Judea, según refiere el evangelista Mateo. A la sazón le ofrendaron oro, incienso y mirra.

El oro era el obsequio a la realeza, y una estrella en el firmamento los guió hasta donde había nacido el Rey de reyes y Señor de señores.  La mirra es la resina aromática que se usaba en la preservación de los cadáveres, y presagiaba la misión del recién nacido: tomar el lugar de esta raza de víboras en la cruz del Calvario. El incienso era el sacrificio a los dioses, ofrecido a quien es Dios hecho hombre.

De ese tiempo a la fecha los juguetes han evolucionado considerablemente. Los videojuegos, bicicletas, patinetas, tabletas y los juegos de mesa se llevan los primeros lugares del ranking entre los más populares.

¿Y si este año regalas un juguete que entretiene, integra a la familia, es una interesante herramienta educativa? Los juegos de mesa desarrollan habilidades sociales como el respeto y la tolerancia ante la frustración, y diferencias de criterio.  Son una excelente herramienta para animar las noches de familia.

Scrabble

Es un juego de palabras tradicional y entretenido. Consiste en formar palabras en un tablero que se conecten con las palabras creadas por los otros jugadores y desafiar a al rival para  obtener la mayor cantidad de puntos. Se debe designar a alguien para que anote los tantos acumulados por cada participante.

Es probable que durante el juego surjan dudas de ortografía y hasta se cuestione la existencia de alguna palabra. En ese sentido es recomendable elegir previamente qué diccionario se consultará, y tenerlo a mano.

Monopolio

Este juego de mesa tan popular consiste en llevar a la quiebra a tus adversarios antes que ellos te lleven a ti a la bancarrota. Aquí cada decisión es fundamental para poder ganar.  Se trata de un juego de estrategias donde pasas de mendigo a millonario o viceversa.

Jenga

Este es un maravilloso juego de habilidad física y mental en el que los jugadores, deben retirar bloques de una torre por turnos y ponerlos en la parte de arriba, hasta que ésta se caiga. Se trata de 54 piezas de madera que se ubican de forma cruzada por niveles de tres piezas juntas, de manera que formen un cuadrado al colocarse juntos.

Termina cuando la torre completa 18 niveles de altura. En su turno, cada jugador deberá retirar una pieza de cualquiera de los niveles inferiores de la torre utilizando solo dos dedos y colocarlo en el nivel superior para completarlo y hacer crecer su tamaño.

Gana el jugador que realizó la jugada anterior a la que hizo que se derribara la torre.

Se debe esperar cinco segundos después de cada movimiento, de lo contrario, si se toca antes y la torre se cae, se pierde la jugada.

 

 Los niños necesitan calidad, no cantidad

La Navidad es sinónimo de regalos, de ilusión y sobre todo de niños. En estas fechas los pequeños de la casa son los indudables protagonistas y gran parte de las fiestas están dedicadas a ellos. Tanto que, a veces, en las familias se les inunda de regalos con los consiguientes problemas. Los niños se saturan, no saben por dónde empezar, se aburren antes de comenzar a jugar e incluso a los pocos días se olvidan de los presentes que han recibido.

La culpa no es sólo de los pequeños que pueden pecar de caprichosos, es más de los adultos que les dan todo lo que piden. La psicóloga Helena Sancho reclama sentido común. «Hay que conocer a los niños. Dejarles pedir lo que quieran no es malo. Es bueno que aprendan que las cosas no se consiguen a la primera.

A veces a quienes hay que educar es a la familia. Los abuelos, los tíos, piensan que cuanto más grande y caro sea el regalo más les van a querer los niños. Se llega, incluso, a regalar objetos que no son adecuados a determinadas edades.

«Los adultos compran y compran y los niños desenvuelven un regalo tras otro, con auténtica ansiedad, sin darle valor a ninguno. En su mayoría son juguetes que al poco tiempo terminan en algún rincón o en el fondo del armario de los juguetes. O bien porque no ha cumplido sus expectativas, o simplemente porque entre tantos juguetes, quedan olvidados» dice Sancho.

Patricia Fernández corrobora la opinión de la psicóloga. «El problema radica mucho más en los adultos que en los niños. A veces quieren darles todo lo que ellos no tuvieron, o pretenden suplir ausencias, e incluso quedar por encima de otras familias. Y eso no es bueno para los niños, que en realidad no necesitan casi nada.

Cuando se trata de varios hermanos también se puede optar por hacer algún regalo común. Algo que todos deseen pero con lo que no puedan jugar solos. Juegos de mesa, canicas, pelotas… hay miles de opciones que necesitan más de un niño para ser divertidas.

Algunas ideas para no regalar sólo juguetes:
  1. Equipamiento para ejercicio

En general, los niños no tienen una apreciación especial por ejercitarse en tanto no sea divertido o lúdico. Es por eso que una buena idea es estimular las ganas de ejercitarse regalándoles un mini trampolín para uso en interiores o un modelo más grande (y más caro) para uso en exteriores, por ejemplo. De esta manera se divierten, se entretienen y al mismo tiempo se ejercitan. Los más chicos también pueden encontrar diversión en otros equipos como un aro de basket (para interior o exterior), una soga de saltar, una bici o un hula hoop.

  1. Diario personal

Casi a todos los niños les gusta dibujar o escribir cuando descubren que pueden hacerlo y que mejoran con la práctica. Un buen método de estimular su imaginación, su inventiva, su creatividad y su autoexploración es un simple cuaderno en blanco que les permita expresarse. Incluso a muchos niños y niñas les llaman la atención aquellos que vienen con bloqueo como llaves o claves electrónicas para que sea un cuaderno íntimo.

  1. Ropa

La ropa es una necesidad, pero no tiene porqué ser aburrida. Las fiestas son un buen momento para “derrochar” en ropa un poco más cara que la que se acostumbra usar, para dar el gusto de comprar “esa” prenda que estuvieron deseando todo el año o comprar ropa especial que los chicos necesitan para sus actividades como la danza, el fútbol, o incluso ir a esquiar.

  1. “Cómo hacer”

A muchos chicos les gusta cocinar, hacer jardinería o experimentos. Para este tipo de niños existen opciones como libros de pastelería que vienen con ingredientes y utensilios, libros que enseñan a trabajar el jardín y otros que permiten aprender de química. Es una buena forma de acercarlos con esa actividad que tantas ganas tienen de desarrollar y estimular sus pasiones.

  1. Música

Ya se ha comprobado que la música tiene efectos espectaculares en el desarrollo de un niño y que cuando el sentido rítmico y musical es estimulado desde pequeños eso tiene un gran impacto positivo en su intelecto. Regalarles discos, parlantes para su cuarto o hasta un isntrumento es una excelente idea.

  1. Muebles

Si bien es probable que los niños no se entusiasmen cuando la familia adquiere por ejemplo un nuevo sofá para el living, los niños sí aprecian un lindo espacio para jugar y disfrutar tanto del tiempo libre como de hacer sus tareas. Una cómoda silla, un escritorio nuevo, una mesa de tamaño infantil, decoración para su cuarto o hasta un baúl donde poner sus juegos también son buenas opciones.

  1. Libros

Los libros son un regalo común pero el momento adecuado para regalarlos son las fiestas. Los chicos están de vacaciones y tienen más tiempo para prestarle atención a una buena historia de ficción o un libro que les interese. De esta manera se crea el hábito de lectura que tanto bien hace en su desarrollo académico y personal.

Fuente: Ojodeltiempo.com