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¿Estamos preparados para convivir con la inteligencia artificial?

Que los robots ocupen gran número de puestos de trabajo nos plantea un debate no solo económico, sino de supervivencia como especie. Pronto tendremos que decidir si confiaríamos a un algoritmo nuestros sistemas de salud o de defensa.

¿Deberían pagar impuestos los robots? Según Bill Gates, la respuesta es “sí”. Al sustituir a seres humanos en puestos de trabajo por los cuales las empresas pagan impuestos, estas deberían tributar la parte correspondiente. Si no es así, la prestación de servicios públicos será pronto insostenible debido al previsible crecimiento en el número de robots en el mercado laboral.

Desde luego es preocupante que una nueva ola de robots ocupe un gran número de puestos de trabajo, pero se podría decir que la automatización de la producción industrial es algo que lleva ocurriendo de manera masiva desde el final de la segunda guerra mundial. ¿Por qué la situación es más alarmante en estos momentos? Veamos uno de los casos más repetidos en los últimos años, el de los coches y camiones sin conductor. Lo que empezó como uno de los experimentos de Google, el desarrollo de vehículos autónomos, es algo que ahora están haciendo casi todas las grandes marcas y que ha puesto de moda Tesla con sus primeros modelos. El mejor argumento para la automatización de la conducción es el de la seguridad: es más seguro que conduzca un conjunto de algoritmos, que no se cansan ni conducen bebidos o drogados, que un ser humano, cuyas capacidades cognitivas se resienten en muchas circunstancias.

Cuando la conducción automatizada se combina con la llamada «economía Uber» aparece también el problema del trabajo. ¿Cuántos puestos de trabajo desaparecerán en todo el mundo si la inteligencia artificial (IA) se impone en los sectores del transporte por carretera de personas y mercancías? ¿Cuántos millones de taxistas, conductores de autobuses y camiones hay en todo el mundo que perderían sus trabajos? ¿Qué haremos con ellos? Uber ya está colaborando con las universidades de Arizona y Carnegie Mellon (de la que fichó a 40 investigadores en inteligencia artificial) en asuntos de seguridad y autonomía mientras que Tesla ya ha anunciado la construcción del modelo «Semi», un camión totalmente eléctrico que probablemente tendría la misma capacidad de conducción autónoma que los coches. Es decir, el horizonte de cambios que nos traerá la economía de la inteligencia artificial se mueve en el rango de las décadas, si no de unos pocos años.

Para mi generación, la educación era un instrumento de ascenso económico, de pertenencia social y, de rebote, una forma de evitar aquellos puestos de trabajo que podrían desaparecer gracias a mejoras en la productividad. Es decir, estudiar para hacerse abogado, médico o funcionario no solo proporcionaba estabilidad económica y cierta visibilidad social, sino que las garantizaba durante toda la vida profesional. Lo más probable es que, gracias a la inteligencia artificial, este planteamiento ya no sea válido ni para las mejores profesiones.

En muchos de los despachos de abogados más grandes del mundo, la parte de la profesión de la que se encargaban los abogados más jóvenes, lo que se llama la fase de «descubrimiento» en la que las partes pueden obtener pruebas antes del juicio, ya la han comenzado a hacer los algoritmos. Y no solo eso, sino que en la empresa americana DoNotPay es un abogado-robot quien escribe la carta de 500 palabras que hay que enviar al ayuntamiento para quitarte las multas de tráfico. Su porcentaje de éxito es del 60%.

Los futuros médicos no lo tienen más sencillo. Los sistemas de inteligencia artificial para el reconocimiento de imágenes aplicados a la detección de cánceres de piel son más exactos que los especialistas humanos. Y respecto a los funcionarios, confieso que formo parte de un equipo de investigadores de varios países que estudiamos la aplicación desistemas de inteligencia artificial para el desarrollo e implementación de políticas públicas. Todavía es pronto, y el marco de referencia en el que trabajamos es el de un sistema híbrido de algoritmos y humanos que trabajan de manera coordinada. Pero el interés de los gobiernos por crear mejores formas de solucionar los problemas complejos que afectan a la humanidad –desde el cambio climático hasta las epidemias– implica crear sistemas que sean capaces de procesar enormes cantidades de datos, algo que los seres humanos no hacemos bien.

Pero los seres humanos sí podemos hacer algo que, de momento, la inteligencia artificial no sabe hacer. El caso más famoso de los últimos años es el de la máquina DeepMind que Google compró por Google y que se hizo célebre alderrotar sin mayores problemas al campeón mundial de Go, un juego de estrategia muy popular en Asia mucho más complejo que el ajedrez. La buena noticia es que DeepMind solo sabe jugar a Go y que si lo ponemos a conducir un coche, detectar cánceres o evaluar pruebas legales no sabrá ni por dónde empezar. Un niño, por su parte, aprende a aprender de otros contextos como parte normal de su desarrollo. Es decir, los niños, y también los animales, no están circunscritos como los algoritmos a una inteligencia que es específica y eficaz solo en un dominio de la realidad. Los seres humanos ejercen lo que se conoce como inteligencia general, que les permite aprender tanto por imitación como por lo que podemos llamar analogía, aplicando lo aprendido en un dominio a otro completamente distinto. De momento la inteligencia artificial no ha desarrollado ni parece que pueda desarrollar nada parecido en el futuro inmediato.

No hay un consenso sobre la definición de inteligencia artificial, pero todos los expertos están de acuerdo en que dos cosas han cambiado radicalmente en los últimos años en este campo al que hasta hace poco solo la ciencia ficción prestaba atención. La primera tiene que ver con los avances en un subcampo de la inteligencia artificial que se conoce como «aprendizaje automático» (machine learning, en inglés). El aprendizaje automático es la capacidad de un sistema de mejorar su rendimiento en una tarea a medida que la realiza más veces. Casi siempre estas tareas están relacionadas con el reconocimiento de patrones en conjuntos de datos. Y aquí es donde los cambios de comportamiento producidos por la digitalización de la vida humana han proporcionado el segundo elemento para el despegue de la inteligencia artificial: los datos. La eficacia de los sistemas de aprendizaje automático se debe a la disponibilidad de los trillones de datos generados, entre otras cosas, gracias a nuestra participación en Internet, los teléfonos móviles y las redes sociales.

Seis compañías americanas y una china tienen casi todos los conjuntos de datos de los que se alimenta la economía de la inteligencia artificial: Google, Facebook, Apple, Amazon, Microsoft, IBM y Baidu. El resto, es decir, toda la economía mundial, juega de momento un papel secundario en este nuevo ecosistema digital. Como ha explicado el experto americano Ryan Calo, para acceder a una cantidad suficiente de datos las empresas pueden construir sus propias bases de datos, pueden comprarlos o pueden usar los que son de dominio público. Esto significa que estamos muy cerca de una situación monopolística respecto al mercado de datos, que este es ya inmenso (hay un gran mercado negro de compraventa de datos personales), y que el papel de los gobiernos democráticos en la regulación de todo lo que tiene ver con los datos –desde la privacidad hasta lo que debe ser de dominio público y lo que nunca puede ser parte de una transacción comercial– es más importante y decisivo que nunca.

¿Confiaría en el algoritmo?

Desde el punto de vista de la economía, sin empresas nacionales y europeas en la economía de la inteligencia artificial la autonomía de un país o una región así como la capacidad de sus trabajadores y expertos para sobrevivir en este nuevo ambiente se verá muy reducida. Desde el punto de vista de la cultura y la historia, el futuro de una comunidad política depende de que se pueda acceder a los datos del comportamiento pasado de nuestros conciudadanos, de la misma forma que ahora accedemos a los documentos históricos y a los libros guardados en archivos y bibliotecas.

Otro problema que acucia a los expertos en IA y a los que aplican sus sistemas en ámbitos públicos, es que algunos de los algoritmos más efectivos que se han desarrollado últimamente son algoritmos de caja negra. La «caja negra» se refiere a que no sabemos qué es lo que aprende el algoritmo para hacer las cosas tan bien como las hace. Esto se conoce como el problema de la interpretabilidad y tiene consecuencias enormes en casi todos los ámbitos en los que se usa la IA.

Imagínese que el sistema de salud sustituye la parte del diagnóstico que hacen los médicos con un algoritmo que es mucho más eficiente que los doctores de carne y hueso. El único problema es que no sabemos lo que el algoritmo ve en los datos para decidir que, lo que usted tiene, es lo mismo que ha detectado en otros miles de pacientes cuyos datos ya ha examinado. ¿Confiaría en el algoritmo?

Ahora piense que hemos «avanzado» tanto en nuestros sistemas de gobierno que la detección de un ataque militar de una potencia extranjera –también gestionada por algoritmos– queda en las manos de un algoritmo, ¿le confiaríamos que declarara la guerra y organizara la primera ola de contraataques? El Parlamento debería haber aprobado antes una resolución al respecto, pero dada la velocidad a la que ocurre la cíber-guerra no parece muy efectivo esperar a que se cumplan los trámites parlamentarios habituales. O quizás sí sea conveniente que los ritmos de decisión de estos sistemas sigan de alguna manera armonizados con los de la vida humana. Es algo que tendremos que decidir en los próximos años.

El test de Turing

En Blade Runneer 2049 parece que todo está ya decidido. O quizás no todo. Hay un elemento clave sobre el que bascula la meditación metafísica sobre el futuro de la especie humana. En la película de Dennis Villeneuve la cacería de replicantes antiguos por parte de la nueva generación de replicantes nos lleva hasta el personaje de Deckard, interpretado por Harrison Ford. Para la inteligencia artificial, el personaje de Deckard representa el problema deltest de Turing, un clásico según el cual un buen sistema de IA debe ser capaz de hacerse pasar por humano sin que los humanos podamos distinguirlo. Esto ocurre ya en muchos ámbitos, desde los bots con los que interactuamos al comprar algo, hasta los que crean noticias falsas cuya falsedad millones de seres humanos no podemos distinguir. Pero si el engaño –desde la mentira hasta la ficción– parece ser un rasgo distintivo de la humanidad cada vez más alcance de la IA, el personaje de Harrison Ford nos plantea a la vez la cuestión de si tiene no solo la capacidad sino también la voluntad de engañar, de hacerse pasar por humano. Si es así, entonces sí que habría pasado el test y ya no habría posibilidad de distinguir entre humanos y androides.

Seiscientos años antes de Blade Runneer 2049, en 1550, el emperador Carlos V convocó en la Junta de Valladolid a algunos de los más ilustres pensadores de la época para que discutieran, decidieran y aconsejaran acerca de si «los indios» de América tenían naturaleza humana. En realidad, ese debate en el que prevaleció la argumentación jurídica de Francisco de Vitoria en favor de la humanidad de los americanos constituye el primer gran test de Turing de nuestra vida moderna, pero aplicado a seres humanos. Entonces la capacidad para la religión fue uno de los criterios fundamentales para llegar a esa solución. Camino de la tercera década del siglo XXI no parece claro que haya un consenso global sobre lo que los seres humanos tenemos en común y muchos grupos se empeñan en subrayar lo que nos diferencia a unos de otros.

¿Es usted un ser humano?¿Qué le distingue de nuestros antecesores, de las otras especies y de los nuevos robots? En realidad estas son las cuestiones fundamentales que nos ha arrojado a la cara el mundo de la inteligencia artificial y que, ahora sí, parece que no podemos aplazar.

Fuente: abc.es

 

Cómo criar niños emocionalmente sanos

Si algo le hace falta al mundo es gente emocionalmente sana: líderes de todo tipo, maestros, padres de familia, etc.

Por eso es importante darles las herramientas necesarias para que puedan desarrollar su inteligencia emocional, y en ese sentido, lo primero que tienen que hacer es identificar sus propias emociones. ¿Cómo esperamos que un niño controle su enojo y deje de hacer berrinches si no sabe que la emoción que está sintiendo es algo que experimentamos todos y, sobre todo, que se puede controlar?

Cuando los niños entienden sus propias emociones empiezan a entender las de los demás, empiezan a ser empáticos y a desarrollar sus habilidades sociales.

Para Sonja Lyubomirsky, doctora en Psicología Social y de la Personalidad, el nivel de felicidad de una persona está determinado por tres factores: la genética, que influye aproximadamente en un 50%; los aspectos circunstanciales de la vida (salud, capacidad económica o estatus social) que influyen en un 10%, y las decisiones personales, que representan el 40%.

¿Qué nos dice eso? Que aún cuando la felicidad no depende por completo de nuestra actitud o de las habilidades emocionales que logremos desarrollar, sí tenemos mucho por hacer, y es justo en ese terreno en el que los papás deben trabajar a favor de la salud emocional de sus hijos, pero no sólo de ellos, sino de la suya como papás, ya que es muy importante entender esto: las emociones se contagian.

Para ayudarlo a desarrollar su inteligencia emocional:

  1. Ayúdalo a entender lo que siente. Puedes decirle: “Veo que estás enojado. Algunas veces, cuando estamos enojados, no queremos hablar. Nos dan ganas de romper cosas o de pegar, nuestra respiración se acelera. Entiendo que te sientas enojado. A todos nos pasa”.
  2. Ayúdalo a expresar lo que siente. Dale la confianza que necesita para poder expresarse sin que lo juzgues. Escúchalo, hazle saber que lo entiendes y no le pongas etiquetas.
  3. Sé empática con sus emociones y ayúdalo a encontrar soluciones.
  4. Ayúdalo a manejar lo que siente. Para ello, puedes utilizar la técnica del semáforo. Dibuja un semáforo en una cartulina y explícale su funcionamiento, que es similar al de los de la calle. El rojo significa que debemos detenernos a pensar. El amarillo representa la duda: no sabes qué hacer ni qué podría ocurrir según lo que decidas, así que es mejor andarse con cuidado. En cambio, cuando estamos en verde es porque tenemos claro qué hacer y estamos listos para avanzar. Cuando te des cuenta de que una emoción está rebasando a tu hijo, llévalo al semáforo y pídele que él mismo se ubique en un color según cómo se sienta. Esto es muy útil para que aprenda a controlar sus impulsos.
  5. Aprovecha cualquier situación para hacerle entender sus emociones y las de los demás.Pregúntale cómo se siente, cómo cree que se siente su amigo, su maestra, incluso el personaje de un libro o de una película.
  6. No intentes evitar que se sienta frustrado de vez en cuando, mejor deja que aprenda de su ella. Velo como una oportunidad para que aprenda a manejar las dificultades que se le presenten.

Fuente: bbmundo.com

Los hijos mayores tienen mayor cociente intelectual que los hermanos que los siguen

Bárbara de la Macorra

Un nuevo estudio de la Universidad de Edimburgo asegura que los hijos mayores tienen un mayor cociente intelectual que los hijos siguientes.

Cada cierto tiempo salen a la luz estudios que aseguran que el orden del nacimiento en la familia afecta a la inteligencia, empatía e inteligencia emocional de cada uno de los hijos. Así se dice que los hijos pequeños de la familia, al aprender de padres y hermanos, desarrollan una mayor comprensión emocional por lo que tienden a ser niños más empáticos y sensibles. Por el contrario, otros estudios aseguran que los primogénitos, al haber disfrutado de mayor tiempo de calidad y a solas con los padres, tienen capacidades intelectuales mayores que sus hermanos menores, ¿qué hay de verdad en todo esto?

Según un nuevo estudio de la Universidad de Edimburgo publicado en la University of Wisconsin Journal Division, y que se basa en las estadísticas del National Longitudinal Survey of Youth, los primeros hijos son más inteligentes que los que llegan después.

Usando los datos de los niños documentados en la NLSY79 (cinco mil chicos y chicas de hasta catorce años de edad) se establecieron las diferencias en el orden de nacimiento según los resultados cognitivos y no cognitivos obtenidos por cada uno de los pequeños.

Desde la edad de un año, los nacidos en último lugar de la familia tienen una puntuación más baja en las evaluaciones cognitivas y no cognitivas que sus hermanos mayores.

La brecha en el orden de nacimiento en estas evaluaciones va en aumento desde el nacimiento hasta la entrada en la escuela, y se perpetúa significativamente, al menos según las estadísticas, desde entonces.

Las madres durante los segundos, y siguientes embarazos, asumen más riesgos y son menos propensas, también, a amamantar y a proporcionar estimulación cognitiva cuando se las compara con el primer embarazo y el primer hijo.

Es lógico pensar que esto ocurre debido a que, obviamente, cuando hay solo un niño en casa se lleva toda la atención, tiempo y disposición de los recientes papás, ventajas de las que no disfrutan los siguientes hijos que ya deben compartir el espacio y la dedicación paternal con sus hermanos mayores.

Estas variaciones en el comportamiento de los padres pueden explicar la mayoría de las diferencias en las habilidades cognitivas antes de que el niño empiece el colegio.

¿De dónde nace la creencia de que el orden de nacimiento influye en la inteligencia?

La primera persona en hablar de la importancia del orden de nacimiento para las capacidades cognitivas fue el psicólogo austriaco Alfred Adler, sin embargo fue Michael Grose, siguiendo la psicología del anterior y experto en la crianza adleriana, quien asegura que los humanos nos encontramos en una lucha darwiniana desde el momento en que nacemos y luchamos por los escasos recursos dentro de una familia: el tiempo, el amor y el afecto de nuestros padres. Es por ello que el orden de nacimiento, en sus propias palabras y siempre según el autor de Por qué los hijos mayores quieren gobernar el mundo y los pequeños, cambiarlo, determina quién hereda el poder (el primogénito) y quién es el enviado “a la guerra”(el hermano más joven y entendido como el que es “el de repuesto”).

Fuente: serpadres.es

5 tips para potenciar la inteligencia de tu bebé

Para potenciar la inteligencia de tu peque no es necesario que lo inscribas a un curso para crear niños superdotados, basta con que lo atiendas con todo el cariño del mundo y juegues mucho con él. Así, su buena relación favorecerá la conexión de sus neuronas, lo que le ayudará a desarrollar su potencial intelectual.

Te proponemos algunas ideas para favorecer su evolución psicomotriz y, con ella, su inteligencia.

  1. Observa el juguete. Antes de sacarlo de la cuna, enséñale un juguete y muévelo a un lado y a otro, para que lo siga con la vista, o acerca tu cara a la suya y sácale la lengua varias veces, para que te imite. Así activarás su capacidad de atención, lo que le hará estar más receptivo a los estímulos del nuevo día.
  1. ¡Música, maestro! También es muy recomendable que le pongas música. Los expertos aseguran que las composiciones de Mozart proporcionan a los pequeños una sensación de paz tan intensa que potencian su desarrollo creativo. En cualquier caso, escuchar música, sea del tipo que sea, es una actividad que favorece las conexiones cerebrales y facilita la adquisición de conceptos abstractos y matemáticos.
  1. ¡Vamos a bailar! Las canciones infantiles, al ser tan repetitivas y pegadizas lo animarán a moverse. Diversos especialistas asegura que a la inteligencia llega a través del movimiento.
  1. De paseo. Dar una vuelta por la casa es otra actividad con la que tu peque disfrutará y aprenderá mucho, porque además de estimular su vista y su interés por todo su entorno,  le ayudará a situarse en el espacio. Si además le vas balanceando suavemente, entrenarás su sentido del equilibrio.
  1. ¡Arriba las piernas! Aprovecha cuando le cambias el pañal para ejercitar sus brazos y piernas. De este modo le ayudas a descubrir  estas partes también son suyas y se va formando una idea más acertada de cómo es y de cuáles son los límites de su cuerpo.

Fuente: www.padresehijos.com.mx/

¿Qué es el autosabotaje?

Pablo Klte

Autosabotaje es lo que llamamos a hacer todo tipo de cosas para destruir nuestros propios objetivos. El auto-sabotaje se puede hacer de muchas formas, como por ejemplo:

  • La indecisión y la evitación.
  • Los aplazamientos.
  • Automedicarse, tomar alcohol, drogas, comida, pornografía, etc.
  • Practicar otros hábitos poco saludables, como dormir poco, comer en exceso, etc.
  • Negar los sentimientos.
  • Compararse con otros y sentirse inferior.
  • Tener relaciones que no son compatibles con nuestros objetivos, ya que nos derriban emocional o físicamente, no se ajustan a nuestras necesidades, o nos distraen de nuestros objetivos.

Las personas pueden autosabotearse por varios motivos, 1) porque no saben lo que quieren o 2) porque no saben dar los pasos que les ayudarán a alcanzar sus objetivos y / o 3) se comportan de una manera que en realidad socava sus objetivos.

Silvia siempre está a dieta. Dice que su objetivo es perder 10 kilos. Va a correr todas las mañanas, come un desayuno saludable y hace una comida adecuada para la dieta. Pero Silvia sabotea su pérdida de peso manteniendo un armario lleno de comida basura con patatas fritas y galletas para cuando llega a casa cansada y hambrienta.

A veces, el problema no está en ser honesto con uno mismo acerca de lo que realmente quiere. Es que inconscientemente ni siquiera se permite imaginar tener éxito.

Carlos no está contento con su salario y la falta de avance en su carrera. Está en el mismo puesto desde hace cuatro años. Se siente atrapado, pero no hace nada para seguir adelante. Durante su evaluación de trabajo, su jefe le sugiere que solicite un puesto de categoría superior. Pero Carlos no puede imaginarse a sí mismo trabajando en un nivel tan alto dentro de la empresa. Aunque él es muy capaz y trabajador, no tiene suficiente confianza en sí mismo. Su estancamiento es una forma de auto-sabotaje.

¿Por qué nos autosaboteamos?

Si nos establecemos un objetivo específico, pero saboteamos nuestro propio progreso, el miedo y la autoestima pueden ser el verdadero problema. A menudo hay gente que lucha para aceptar que realmente son “lo suficientemente buenos” y dignos de alcanzar sus objetivos, pues en el fondo no lo creen.

Les preocupa fallar, así que les es más fácil pensar que ni siquiera desean dicho objetivo, así seguro que se frustran por no lograrlo.

Es cierto que estos patrones de pensamiento cuesta mucho trabajo cambiarlos, pero es posible lograrlo, una vez se tengan claros los objetivos, siendo conscientes de nuestra propia conducta de auto-sabotaje, y encontrándonos dispuestos a luchar a través del miedo y tratar de hacer las cosas de una forma diferente.

Cómo superar el auto-sabotaje
  • Permítete soñar a lo grande. No tengas miedo de imaginar un futuro brillante por ti mismo. Ni el fracaso ni el catastrofismo te protegerán de una posible decepción. Sólo te mantendrán atrapado en una mentalidad negativa.
  • Establece metas específicas. Cuando no se reconoce lo que se quiere, no se puede ir tras ello.
  • Visualiza tus metas. Visualiza cómo sería tu futuro si ya hubieras logrado tus metas, esto te ayudará a no desviarte del camino.
  • Sé honesto contigo mismo. La mayoría de nosotros somos realmente buenos para auto-engañarnos. Sé fiel a ti mismo en lo que quieres, recordándote por qué lo quieres y trabajando cada día para lograr tus objetivos. A menudo es más fácil dar excusas o culpar a otros antes que ser honesto.
  • Busca apoyo. Cuando queremos lograr algo por nosotros mismos, a menudo nos podemos quedar a medio camino, abandonando tras encontrar dificultades. Contar con un amigo que nos anime y dé fuerzas, un entrenador, grupo de apoyo o un mentor, puede mejorar dramáticamente nuestros resultados.
  • Presta atención a tu autodiálogo. La mayoría de la gente tiende a centrarse en los aspectos negativos y deja de lado los aspectos positivos. Busca pruebas para desafiar las creencias negativas. Lo más probable es que hayas minimizado tus cualidades y logros. Reconoce tus aspectos positivos y fortalezas, ya que pueden ayudar a combatir el diálogo interno negativo y ver las cosas en perspectiva.
  • Practica la auto-compasión. La autocompasión es como un antídoto para los sentimientos de inadecuación que impulsan el auto-sabotaje. A menudo somos más críticos de nosotros mismos que los demás. Escucha esa pequeña voz en tu cabeza que está diciendo que no eres lo suficientemente bueno y cámbialo por algo positivo. Rendir cuentas y luchar por tus objetivos no significa ser duro con uno mismo. La autocrítica no es motivadora. No hay nada malo en hacer una siesta por la tarde o tomarse una cerveza con tus amigos, mímate de vez en cuando.

Cambiando tu forma de pensar y cambiarás también tu comportamiento, vale la pena intentarlo. No lo demores más, empieza hoy mismo. Busca apoyo. Mantén la esperanza. Todos somos capaces y dignos de lo que nos propongamos.

Fuente: Ojo del tiempo

El cerebro de los niños, la inteligencia

José Silié Ruiz

La inteligencia es la capacidad de resolver problemas; pero no es una facultad simple unitaria. Es en verdad, una jerarquía de habilidades, aprendidas sucesivamente, en que las últimas se van incorporando a las anteriores. El cerebro se puede concebir como un gran organizador de datos, un organizador mucho más complejo que cualquier computadora artificial. La información le llega por medio del oído, la vista, el tacto, el olfato, el sabor. El cerebro, al parecer reduce este vasto acopio de datos a símbolos en clave, que puede organizar lógicamente para resolver problemas, alcanzar metas y dar sentido a la existencia.

Porqué es tan importante la estimulación temprana en los niños, porque durante los primeros cuatro o cinco años de vida, el desarrollo del niño  es rápido y está más sujeto a modificación. En ese periodo adquiere las habilidades que le servirán de base para sus posteriores dotes. Tal vez un 20 por ciento de ellas se desarrollan antes de que cumpla un año, y quizá la mitad antes de que llegue a los cuatro. Con el agravante, de que esas tempranas influencias perduran para toda la vida, sean buenas o malas. Es la explicación a algunas conductas que asumimos en la vida adulta de las que¨ conscientemente¨ no tenemos una explicación válida.

Hay un obra que recomendamos, del inglés, Dr. Josep Perner, Profesor de Psicología Experimental  de la Universidad de Sussex, Inglaterra, es su libro ¨Comprender la Mente Representacional¨ de Editorial Paidos. La obra, sintetiza la bibliografía existente acerca de las teorías de la mente infantil, con el propósito de proporcionar una explicación integral de la comprensión infantil de los procesos representacionales y mentales, decisiva para la adquisición de la psicología del sentido común.

Nadie sabe cómo funciona la mente, o al menos, nadie sabe cómo funciona la mente al mismo nivel que se conoce el funcionamiento de otros muchos fenómenos. La mente, concebida como un ¨problema¨ al que se vislumbra una solución. Son dos los pilares fundamentales para comprender cómo funciona ¨la mente¨: la computacional y la evolución por selección natural. Así pues, si conectamos el concepto del pensamiento y lo asociamos a la capacidad de manejarnos, entonces la inteligencia se puede definir como el conjunto de técnicas que el niño adquiere para organizar los informes que le proporcionan los sentidos. Este nuevo concepto  de ¨inteligencia¨, contradice la vieja idea, de que es algo que queda perfectamente determinando en el momento de la concepción, como el sexo del individuo. El niño no nace con una inteligencia ya determinada, sino más bien con un ¨potencial intelectivo¨. En verdad, tiene que aprender a aprender, y su éxito dependerá de la capacidad organizadora que haya adquirido  en su experiencia temprana.

Y esto es muy necesario, está confirmado que los lactantes, mucho antes de que puedan hablar, aprenden a recordar cosas y a comparar sus propiedades, de ese modo ponen orden en su entorno. Y es muy necesario, pues la plétora de nuevas impresiones que, desde el entorno, bombardean constantemente a los retoños amenaza con exigir demasiado al nuevo cerebro. Pero ese cerebro no tiene límites, los juegos, la música, lectura en alta voz, televisión dirigida, conversar con ellos, las atenciones y mimos, están entre los principales elementos para ¨mejorar la inteligencia¨ a esa temprana edad.

El mencionado y triste ejemplo del niño de los tugurios, que vive en un ambiente sórdido, y con frecuencia los adultos que lo rodean son indiferentes y amargados. Como nadie lo motiva, no desarrolla las actitudes y aptitudes necesarias para triunfar.  Un ejemplo de lo opuesto,  una niña híper estimulada, mi nieta Nicole, canta  largas canciones tanto en inglés como en español, tal vez a sus tres años no entienda el argumento, pero  como neurólogo, de algo  estoy muy seguro, absorbe la musicalidad de los idiomas, de eso se trata, se puede ¨enseñar¨ inteligencia. El secreto,  una  permanente educación estimulante.