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Inclusividad e igualdad en la escuela

Nathalia Romero
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Santo Domingo, RD

“Considerando que la constitución establece en su artículo 39 numeral 4 el derecho a la igualdad entre el hombre y la mujer ante la ley y de manera expresa que: “Se prohíbe cualquier acto que tenga como objetivo o resultado menoscabar o anular el reconocimiento, goce o ejercicio en condiciones de igualdad de los derechos fundamentales de mujeres y hombres. Se promoverán las medidas necesarias para garantizar la erradicación de las desigualdades y la discriminación de género”. De esta forma empieza la ordenanza que presentó el Ministerio de educación mediante la cual se establece como prioridad el diseño e implementación de la política de género en el sistema educativo dominicano.

La medida ha creado opiniones divididas en la sociedad dominicana, tanto a favor como en contra.

Varios sectores la rechazan debido a la confusión que se tiene entre la política de género y el famoso concepto de “ideología de género”, ambos muy distintos. Pero la ordenanza solo busca la inclusión, equidad e igualdad.

Ahora, ¿qué es la inclusividad y la política de género?

Para el sociólogo Joel Arboleda la política de género es un conjunto de medidas que buscan mitigar las diferencias que se generan entre hombres y mujeres. Sin embargo, lo que se trata es de mitigar problemas sociales que se dan a raíz de su condición biológica. “El género es una variable social, y el sexo es una variable biológica”.

Mientras que la inclusividad es cuando se abren las puertas y la igualdad de oportunidades para que las diferencias de género no se traduzcan en diferencias de acceso a las oportunidades.

“Normalmente lo que se busca en una sociedad es que el acceso a las oportunidades sean iguales, independientemente de si los individuos pertenecientes a ella la aprovechan o no”.

Asimismo expresa que la educación dominicana necesita una política de género adecuada porque normalmente cuando se habla de género la gente piensa en la violencia y desigualdad que se ejerce en las  mujeres, pero las relaciones de género nos afectan a todos. Un ejemplo de esto es el rol del hombre y  la construcción de la masculinidad que puede llevar a unos excesos incumplibles. Una muestra de esto es cuando la sociedad espera que el hombre sea quien mantenga el hogar, cuando en la actualidad ya las mujeres trabajan y a veces ganan y tienen mejores empleos que sus parejas. “Entonces, sucede que el hombre pasa por una inconsistencia de estatus porque no logra desarrollar lo que la sociedad espera que él realice por su condición de ser hombre”.

El sociólogo también hace la observación de que las personas que están en contra de la política de género no entienden que por la falta de esta, aun las mujeres no acceden a mejores trabajos, ni salarios, ni las contratan porque están embarazadas, y a los hombres no le dan permisos de paternidad. “Parte de la violencia que hay en la sociedad dominicana deviene de relaciones de género mal dirigidas”.

Una educación inclusiva ayudaría a largo plazo cambiar ese tipo de relaciones. Las relaciones de género están sufriendo una revolución que es indetenible. Cuando este proceso avance el mundo será totalmente diferente, aunque sectores no estén de acuerdo. Una sociedad no se puede desarrollar con la mitad de su población marginada”.

Inclusividad en el sistema educativo dominicano

De su lado el  psicólogo Blas Valenzuela señala que el mayor beneficio de la implementación de la enseñanza inclusiva permitiría eliminar estereotipos de género, disminuir los niveles de discriminación sexista, reducir los casos de violencia de género, mejorar la convivencia familiar y un sinnúmero de aspectos que se pueden evidenciar en países que tienen años aplicando políticas de género en las escuelas, y han mostrado resultados y cambios positivos y significativos.

“Si coeducamos desde la escuela, podremos asegurarles estos derechos a las futuras generaciones, además de disminuir los niveles de discriminación, de violencia, de embarazos no planeados, entre otras situaciones” concluye Valenzuela.

EN PUNTOS

Feminicidios.
República Dominicana es el país de mayor tasa de feminicidios en la región

Embarazos.
También el país de Latinoamérica con mayores embarazos en adolescentes

Desigualdad.
Según el estudio Desarrollo humano en el tiempo: tendencias del bienestar y la desigualdad en el país, la nación ha venido perdiendo el 44% de su potencial de desarrollo por la desigualdad de género.

Las 11 claves para criar a un niño feminista

Un grupo de psicólogos, neurocientíficos y economistas tienen claras las once claves educativas para crear a niños feministas. Están dirigidas a aquellos padres que quieran educar a sus hijos para ser libres y seguros para perseguir sus sueños sin las barreras de los roles de género.

1. Déjale expresar, déjale llorar

Está demostrado que tanto los niños como las niñas lloran con la misma frecuencia, pero a partir de los cinco años a los niños les coartan a la hora de expresar sus sentimientos. Es muy importante proporcionarles una variedad completa de emociones en todas sus sus etapas madurativas en las que, sin miedo, puedan distinguir entre la rabia y el enfado, entre el dolor emocional y la necesidad de pedir ayuda.

2. Facilítale modelos a seguir

Los estudios revelan que los niños son muy receptivos a los modelos externos. Por lo tanto, poder proporcionarles modelos masculinos y femeninos ejemplares serán de gran ayuda.

3. Enséñale a cuidar a otros

Desde pequeños tenemos que inculcarles este valor tan importante. Habitualmente, son las mujeres las que cuidan a los niños o ancianos. Debemos hablarles a los niños de cómo los hombres también pueden llevar el trabajo y la familia (o solo la familia) y cómo se espera que los hijos cuiden a su padre o madre u otros familiares cuando estos no puedan valerse por sí mismos.

4. Comparte el trabajo

Recuerda que tus hijos no te escuchan, pero te están observando todo el día. Así que debes romper en casa los roles de género y mostrarles que los quehaceres domésticos y el cuidado de los niños se llevan a cabo entre papá y mamá.

5. Enséñale a hacerse cargo de sí mismo

Es muy común que en una casa donde hay niña y niño, a la niña se le otorgan tareas de la casa como algo de deber natural y en el caso de ellos solo si son remuneradas. Este concepto tan anticuado tenemos que cambiarlo para convertir a nuestros hijos en personas independientes capaces de limpiar, cocinar y cuidarse (y todas esas competencias que, de sobra, conocen muchas hijas).

6. Incítalo a que tenga amigas

Es habitual ver cómo en las escuelas los grupos ya se forman en torno al género, pero debemos ayudar a romper este estereotipo. Estudios afirman que los niños que juegan con amigos del sexo opuesto aprenden a comunicarse y solucionar problemas de mejor manera.

7. Enséñales que “no es no”

Desde pequeños tenemos que enseñarles el poder de esta palabra. Enséñales que antes de tocar el cuerpo de otro niños le pidan permiso y, por tu parte, deja de hacerles cosquillas cuando él diga “no” o “basta”.

8. Déjalo ser él mismo

Hace más de 50 años que se separaron los productos o juguetes para niñas o para niños: coches para ellos y muñecas para ellas, color azul para él y el rosa para ella.Muchos padres desde pequeños les someten a estas diferencias, así que es normal que cuando el niño tome conciencia acabe posicionado en esta diferenciación. Así que déjale elegir y ofrécele la posibilidad, desde pequeño, de tener todo tipo de juguetes y llevar cualquier color. La mejorar manera de empoderar a tu hijo para que elija quién y cómo quiere ser.

9. Pronúnciate cuando alguien sea intolerante

Recuerda que la típica frase “son niños” no es forma de justificar una mala conducta. Sé duro cuando veas a tus hijos comportándose de manera inapropiada y nunca lo justifiques por su rol de género.

10. Nunca uses la palabra niña con desprecio o de manera despectiva

Las bromas sexistas son muy peligrosas a ciertas edades. No dejes que tu niño diga frases como “corre como una niña” o “pareces mariquita”. Sin darnos cuenta, muchas veces los padres inculcan conductas misóginas a los niños para protegerlos de las burlas. Cambia el rol y dale herramientas para que defiendan la libertad.

11. Léele historias en las que la protagonistas sean mujeres y niñas

Rompe con el estereotipo del hombre que salva al mundo y la mujer que necesita ser salvada. A partir de los tres años ya empiezan a entender los estereotipos, por lo tanto, usa también lecturas en las que las mujeres sean las protagonistas.

Fuente: mihumu.es

 “En esa estrella está mamá”

Pilar Álvarez

Al anochecer, tía y sobrina salen al patio a mirar las estrellas. Una sola, en realidad. “En esa estrella está mamá”, le dice Pilar a la niña.

-¿Le habrán dado bien de comer allí?- pregunta la pequeña.

-Claro, cariño.

Los psicólogos le recomendaron que le dijera la verdad adaptada a sus cuatro años de edad: mamá se ha ido para siempre.

Cristina Martín-Tesorero Contento, de 38 años, fue asesinada por su marido el 5 de febrero en la casa familiar de Mora (Toledo), un pueblo con 10.315 habitantes que vive del olivo y que se ha volcado con los homenajes a su vecina. Llevaba más de 20 años luchando contra la consecuencia de la primera operación a la que se sometió después de que le detectaran el síndrome de Meniere, una enfermedad rara que empezó a sufrir de adolescente. Por las complicaciones de aquella primera visita al quirófano acabó en una silla de ruedas. Y además tenía hipersensibilidad en el lado izquierdo del cuerpo.

Conforme avanzó la enfermedad le dijeron que no volvería a andar, pero no se resignó y consiguió levantarse de nuevo. La habían operado decenas de veces para colocarle distintos implantes. Algunas de esas intervenciones duraron más de 10 horas. Su familia perdió la cuenta de las veces que entró en quirófano. “Cuando llevábamos 33 operaciones, dejamos de contar”, dice Pilar, su hermana mayor, una ingeniera de 45 años que dejó su trabajo en Madrid cuando su madre enfermó de cáncer y volvió a casa a cuidar de los suyos. Está sentada en el salón de la casa, al lado del sillón en el que dormía su hermana, junto a un aparador marrón plagado de fotos de Cristina: sonriente, con el traje de novia, con su niña, con los ojos azules mirando a cámara. Pilar y Vicenta visten de negro. Tobías, como ellas, tiene la mirada encogida de llorar.

Ha pasado muy poco tiempo. Aún hablan de ella en presente. Aún se sobresaltan cuando llega una de sus horas de medicación. Comía como un pajarillo, apenas algo de pollo cocido sin nada de sabor. La sal la tenía prohibida. Las visitas al hospital Gregorio Marañón de Madrid, donde están los especialistas que la trataban, eran continuas. “Soy vuestro conejillo de indias”, les decía con una carcajada cada vez que probaban un tratamiento nuevo. Tenía mucho sentido del humor. Se reía porque “pitaría en el aeropuerto” después de que le colocaran uno de los implantes. Y tenía también mucho carácter. “Con la mala leche que tienes volverás a andar”, le decían de broma sus médicos.

La familia pasa del llanto a la risa gracias al hijo de Pilar, un bebé de 17 meses que corretea por el salón ajeno a lo que ha pasado. “Menos mal que los tenemos a ellos”, dice Tobías. El bebé y la niña. “Hemos querido hablar de Cristina por su hija, para que tenga un bonito recuerdo de su madre. No olvides poner que era una luchadora”, pide Pilar.

De él, de su presunto asesino, prefieren contar poco. A la niña le han dicho que se ha ido “muy, muy lejos” por no explicarle aún que está en la cárcel de Ocaña. Pilar fue al colegio a pedir que la cuidaran de comentarios. Pero la niña volvió un día a casa contando que su padre le había clavado un cuchillo a su mamá.

Aquel domingo, después de comer todos juntos, estaban en casa la abuela, Cristina, su marido y el hijo de Pilar. Tobías, Pilar y la niña se habían ido a Madrid a comprar una sillita para el coche. Rafa, el marido, llevaba a sus 43 años más de dos años sin trabajar, con “depresión”. Se habían conocido por internet. Cristina, que casi no salía de casa, comenzó a hacer amigos en la red y se enamoraron. Rafa venía de Canarias. Se mudó al pueblo hace 12 años. Lo aceptaron como a un hijo y empezó a trabajar en la empresa familiar, una distribuidora de cerveza que Tobías tuvo que retomar tras jubilarse después de que su yerno dejara el negocio de lado y se encerrara día tras día en su habitación. No habían puesto ninguna denuncia, aunque Cristina llamó una vez al 016 para pedir ayuda después de que la insultara y la amenazara. Y la familia había consultado para intentar ingresarlo. “Temíamos por él. Nunca pensamos que pudiera pasar nada así”, dice su padre.

A Cristina Martín-Tesorero le encantaba tener la casa llena de gente. Sus primos la visitaban para las fiestas de cumpleaños, que se celebraban allí. “A pesar de las dificultades nunca perdió su gran sonrisa”, escribe uno de ellos. “Recuerdo el verano que, de niños, nos dedicamos a componer canciones”, relata otro en los mensajes que ha recogido Pilar. “Recuerdo la alegría que me produjo verla avanzar vacilante por el salón”, añade un tercero. En la casa de planta baja y sin barreras, que los padres construyeron para ella y su marido, acabaron viviendo todos para cuidar de Cristina, para atender a Vicenta.

Cristina adoraba a su hija. La tuvieron por vientre de alquiler en Estados Unidos. Nunca se perdía sus funciones en el colegio y cada noche era ella la que se acercaba a su cama a leerle un cuento. Siempre le encantó leer.

La niña también cuidaba mucho de su madre. Por eso ahora le preocupa si comerá bien en el cielo. Al anochecer salen a hablar con su estrella. “Pero no hay que llorar, tía. Yo no lloro, yo soy muy machota”.

Fuente: politica.elpais.com/