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La geografía: sentido de pertenencia, derechos y deberes ambientales

Carolina Jiménez
[email protected]
Santo Domingo

Entender y conocer el lugar donde vivimos, en ocasiones, suele ser complicado. La razón es que no se dedica el tiempo o el interés suficiente para indagar sobre la pertenencia y ubicación del entorno que nos rodea, para interiorizar y reflexionar sobre la dependencia que tienen los seres humanos de la naturaleza. Tener conciencia sobre ello, contribuye a valorar lo existente y a respetar los derechos y deberes por cumplir.

Yvonne Arias, Directora Ejecutiva de Grupo Jaragua, expone que la medida a tomar para entender el valor de lo que se tiene, es la investigación. De esta forma, se podría hacer más “vivible” la isla a la que pertenecemos; conservando y utilizando adecuadamente las áreas verdes y el medio ambiente en general.

Influencia para cambiar el medio ambiente

Son los seres humanos quienes tienen el dominio de poder cambiar el medio ambiente. Antes, se deber hacer conciencia si estos cambios son para satisfacer necesidades particulares o de colectividad. También se debe tomar en cuenta que los cambios sean para ayudar al medio ambiente y no para perjudicarlo.
“No siempre podemos transformar los lugares. La geografía soportada es aquella a la que el ser humano, para satisfacer sus necesidades, no ha podido hacer una transformación eficaz del medio geográfico. Existen ejemplos de lugares difíciles, inhóspitos para el ser humano establecerse, entre estos se encuentran La Antártida y el Lago Fuego en Etiopía”, puntualiza Arias.

Asimismo, explica que: “Aunque esta determinación ha traído como consecuencia la destrucción debido a un cambio de uso de los hábitats y ecosistemas naturales. El uso urbano, agrícola, ganadero, minero, turístico, entre otros, ha conllevado a esos cambios, que en muchos casos ponen en riesgo los servicios ambientales que dan sitios únicos, peculiares e insustituibles en el planeta”. 

Medio ambiente, derechos colectivos y deberes constitucionales

Mediante los artículos 14, 15, 16, 17 y 67 de la Constitución Dominicana, se evidencia los derechos que pueden ser exigidos como ciudadanos y la orientación para el cumplimiento de deberes para lograr la conservación del ambiente a través de un uso racional.

• Artículo 14: establece que son patrimonios de la Nación los recursos naturales no renovables que se encuentren en el territorio y en los espacios marítimos bajo jurisdicción nacional, los recursos genéticos, la biodiversidad y el espectro radioelétrico.

•Artículo 15: establece que el agua constituye patrimonio nacional estratégico de uso público, inalienable, imprescriptible, inembargable y esencial para la vida y que su consumo humano tiene prioridad sobre cualquier otro uso. Que el Estado promoverá la elaboración e implementación de políticas efectivas para la protección de los recursos hídricos de la Nación.

• Artículo 16: establece que la vida silvestre, las unidades de conservación que conforman el Sistema Nacional de Áreas Protegidas y los ecosistemas y especies que contiene, constituyen bienes patrimoniales de la Nación y son inalienables, inembargables e imprescriptibles.

• Artículo 17: establece el aprovechamiento de los recursos naturales. Los yacimientos mineros y de hidrocarburos y, en general, los recursos naturales no renovables, sólo pueden ser explorados y explotados por particulares, bajo criterios ambientales sostenibles, en virtud de las concesiones, contratos, licencias, permisos o cuotas, en las condiciones que determine la ley.

•Artículo 27: establece que constituyen deberes del Estado prevenir la contaminación, proteger y mantener el medio ambiente en provecho de las presentes y futuras generaciones.

Cuando el Estado y los ciudadanos cumplan con los derechos y deberes, Arias asegura que seremos una nación civilizada, con una ciudadanía “alfabetizada ambientalmente”.

 

 

 

Los perros se parecen a nosotros más de lo que pensábamos

Autor: Maya Wei-Haas

Es probable que los propietarios de perros no se sorprendan de saber que cada vez más investigaciones apuntan a que el mejor amigo del hombre suele comportarse más como humano que como canino.

Estudios han demostrado que los perros interpretan expresiones faciales, expresan celos, manifiestan empatía e incluso miran televisión. Y según expertos, han aprendido estas conductas humanas a lo largo de los 11,000 a 16,000 años de su evolución de lobos a mascotas domesticadas.

En particular, “prestarnos atención, relacionarse con nosotros [y] tolerarnos” ha resultado en características específicas que reflejan las nuestras, agrega Laurie Santos, directora del Laboratorio de Cognición Comparativa de Yale.

Estos son algunos de los estudios más recientes que muestran el lado humano de nuestros compañeros caninos.

Las mascotas observan la interacción de sus amos con otras personas.Foto: Rich Reid, National Geographic

Perros observadores

La escucha social –u observación de personas- es fundamental para las interacciones humanas, pues nos permite identificar individuos buenos y malos.

Y nuestros perros también “escuchan”, afirma un artículo publicado en la edición de agosto de la revista Animal Behaviour.

Para su investigación, los científicos reclutaron 54 canes para que observaran a sus amos intentando rescatar un rollo de cinta de un contenedor. A tal fin, dividieron a los caninos en tres grupos: colaborador, no colaborador y un grupo control.

En el grupo colaborador, el propietario del perro pidió ayuda a una persona, quien respondió sujetando el contenedor. Cuando el amo de grupo no colaborador” solicitó ayuda a la otra persona, esta le volvió la espalda. En cuanto al grupo control, la persona adicional simplemente dio la espalda al amo sin que este pidiera ayuda. Ahora bien, en todos los experimentos hubo una tercera persona “neutral”, quien permaneció sentada en la habitación.

Concluida la primera ronda, la persona neutral, el “colaborador” y el “no colaborador” ofrecieron premios al perro.

En la mayoría de los casos, los canes del grupo no colaborador favorecieron a la persona “neutral” sobre el “no colaborador”. Sin embargo, en el grupo colaborador, los perros no mostraron preferencia por los premios del “colaborador” o de la persona “neutral”: algo que los científicos habían observado anteriormente en bebés y monos caí o maiceros (Cebus apella).

Entonces, ¿los perros toman partido ignorando a las personas que son ruines con sus amos? Investigaciones futuras nos darán la respuesta.

¡Te hice mirar!

Para muchos animales –humanos, chimpancés, cabras, delfines y hasta la tortuga terrestre de patas rojas- seguir la mirada es una respuesta instintiva que los alerta de cualquier cosa, desde amenazas inmediatas hasta “un arbusto de bayas particularmente sabrosas”, informa Lisa Wallis, estudiante de doctorado en el Instituto de Investigaciones Messerli en Viena, Austria.

Antes se pensaba que los perros solo seguían la mirada humana cuando indicaba que había comida y juguetes. Pero un nuevo estudio sugiere que siguen la dirección de nuestros ojos hacia cualquier punto en el espacio; eso sí, a condición de que no hayan recibido adiestramiento.

“Sabemos que son capaces de hacerlo”, afirma Wallis, líder de la investigación publicada en agosto en Animal Behaviour. Mas el entrenamiento era la “pieza que faltaba en el rompecabezas”.

En experimentos recientes, Wallis y sus colegas reunieron 145 collies de la frontera, de diversas edades y niveles de entrenamiento. Su finalidad era determinar si la edad, la habituación o el entrenamiento influían en la tendencia de los perros a seguir la mirada humana.

Wallis observó la respuesta de los canes cuando miraba hacia la puerta. Le sorprendió descubrir que solo los collies sin entrenamiento seguían su mirada y que los animales entrenados la ignoraban. Pensó que tal vez se debía a que los perros entrenados aprendían a enfocarse en el rostro de las personas y no en la dirección que siguen sus ojos.

Después que el equipo de investigadores dedicó escasos cinco minutos a enseñar a los collies sin entrenamiento a observar el rostro de Wallis, los canes comenzaron a ignorar el instinto de seguir su mirada.

No obstante, aún más sorprendente fue que los perros sin entrenamiento miraban continuamente de la puerta hacia Wallis, como desconcertados por lo que ella estaba mirando. Semejante conducta, registrada solo en humanos y chimpancés, se denomina “verificación” o “doble vistazo”, informa la científica.

“La lección para todos es que siempre debemos determinar si el entrenamiento influye en este tipo de estudios”, concluye Wallis.

Siguientes pasos en la investigación canina

En los seres humanos, el envejecimiento acelera la decadencia de la memoria a corto plazo y las destrezas de razonamiento lógico, lo que dificulta aprender nuevas tareas.

Aunque investigaciones previas han detectado un deterioro semejante en los perros, la memoria a largo plazo es un elemento poco conocido de la biología canina.

Por esa razón, Wallis y colegas estudian la forma como perros jóvenes y viejos memorizan tareas, y si pueden recordarlas meses después.

Si bien no tiene resultados definitivos, Wallis espera descubrir que es difícil –aunque no imposible- que un perro viejo aprenda nuevos trucos.

Fuente: National Geographic en español

Cuando mamá y papá son discapacitados intelectuales

Rafael  J. Álvarez

La ONU reconoce el derecho de los discapacitados a casarse y tener descendencia, una minoría estadística que sigue siendo un tabú social.

Por primera vez, un medio de comunicación cuenta el caso de una pareja que ha decidido tener hijos, una vida tutelada y libre a la vez, una experiencia de amor y de familia. La historia de Araceli y Juan

Cuando llega la noche, al oírse el silencio, Araceli y Juan bajan las voces del día, se acurrucan en la cama de sus hijos y les cuentan «cuentos inventados» para dormir. Entonces, Lucía, agarrada aún al maletín de médica que le trajeron los Reyes, y Juan, ya soltando despacio su miniatura de coche rojo y arañado, se empiezan a rendir. En la casa, en este piso normal de una ciudad normal, se oyen susurros de padre y de madre. Hay que descansar. Caricias y penumbra, pijamas para viajar al sueño, cuentos imaginados. Y, por fin, dos niños dormidos.

Araceli y Juan acaban de triunfar. Como millones de madres y de padres a la misma hora en millones de sitios.

– ¿A qué tienes miedo, Araceli?

– A no saber darles la educación o el cuidado que necesitan. A veces pienso qué pasará cuando nosotros faltemos.

Araceli y Juan, mamá y papá.

Araceli y Juan, discapacitados intelectuales.

Ésta es una historia distinta. Probablemente es la primera vez que se asoma a un medio de comunicación una realidad pequeña, infrecuente, desconocida, un mundo casi invisible que convive con el de los evidentes. Igual es una sorpresa. O un puñado de preguntas. O hasta algo que puede resultarle turbador a alguien.

Aquí está la vida cuando dos personas con discapacidad intelectual no sólo se unen en pareja, sino que, además, tienen hijos.

La historia de Araceli y de Juan. Y la de sus pequeños, Lucía y Juan.

Una historia de amor.

Así que, quizá, no sea tan distinta.

«Todas las personas con discapacidad en edad de contraer matrimonio tienenderecho a casarse y fundar una familia sobre la base del consentimiento libre de los futuros cónyuges y a decidir de manera responsable el número de hijos». Lo dice la Convención sobre los derechos de las personas con discapacidad deNaciones Unidas, aprobada el 13 de diciembre de 2006 y ratificada por España.

Araceli, Juan y su derecho.

«Y el de los hijos, porque cuando una pareja de personas con discapacidad expresa el deseo de tener hijos, se trata de sopesar el derecho de los padres y el de los menores, hablar con ellos y tener en cuenta pros y contras. Pero si los adultos quieren tener un hijo lo van a tener. Es un tema de derechos». Habla Josep Tresserras, director gerente de Som Fundació, una asociación catalana que lleva 30 años tutelando a personas con discapacidad intelectual y que es la responsable legal de Araceli.

Derechos. A un lado y al otro. Y derechos con abrigo.

En Documentos de Ética: Maternidad-paternidad en personas con discapacidad intelectual, del colectivo Plena Inclusión, Xabier Etxeberria defiende que «hay personas que, contando con apoyos adecuados, tienen suficiente competencia para ejercer el derecho a la paternidad y ser excelentes padres y madres; mientras que habrá otras circunstancias en las que será desaconsejable».

Hay gente que no quiere a, sino con. Lo escribió Miguel Hernández en su elegía aRamón Sijé, con quien tanto quería. Los expertos que quieren con los discapacitados intelectuales desdramatizan la maternidad y la paternidad. Sólo hay que oír a Antonio Manuel Ferrer, jefe del área jurídica de Som Fundació: «Una persona con un alto grado de discapacidad no te va a pedir tener hijos. Lo piden o lo consultan quienes tienen más autonomía. Es más natural de lo que parece, pero es que hay mucho estigma social, mucho miedo y mucha ignorancia. Lo primero que la gente pregunta cuando sabe que un discapacitado va a tener hijos es si los niños van a ser discapacitados. Y, si no hay componente genético en la discapacidad, no hay herencia genética. La descendencia es un aspecto más de la persona discapacitada, un derecho en el que no se puede intervenir. Al final, es la misma vida que fuera: ricos y pobres, tarambanas y serios, juntos y separados».

Som Fundació tutela a 581 personas, mayores de edad que no tienen a nadie, hombres y mujeres con al menos un 33% de discapacidad reconocida oficialmente. «Les ayudamos a tomar decisiones para que encaucen su vida. Defendemos sus derechos, les escuchamos y vamos viendo sus posibilidades. Y administramos y cuidamos su patrimonio. Todo con autorización judicial», informa Tresserras. «La tutela es la sustitución de la persona en todo menos en sus derechos personalísimos», apunta Ferrer. «Creamos un vínculo emocional y acompañamos a la persona en temas de salud, casa, familia, empleo, envejecimiento, ocio… Detectamos sus necesidades, prevenimos situaciones y estamos 24 horas», concreta Margarita Grau, responsable del área social de Som Fundació.

En este universo de medio millar de personas con discapacidad tuteladas, la maternidad o la paternidad son una minoría estadística. Un 11% de casos. Casi todos, madres solteras, separadas o divorciadas.

¿Y parejas en las que ambos son discapacitados y tienen hijos? «Poquísimas. Eso casi no se da».

Araceli y Juan sí se dan. Y dan.

Ella es Araceli Balaguer, 35 años, mujer tutelada porque necesita ayuda para tomar decisiones que tengan validez legítima. Y madre sin fronteras. Él es Juan Alarcón, 41 años, hombre sin tutela porque tiene una discapacidad que, sin embargo, no le impide razonar para tomar decisiones con vigencia legal. Y padre sin dudas.

– ¿Y eso cómo es, Juan?

– Con los hijos me siento más hombre. Diferente.

Araceli y Juan se conocieron en la empresa donde ella sigue trabajando. Araceli empaquetaba productos y Juan jugaba al fútbol con los compañeros de ella. Y los finales de partido empezaron a ser los inicios de algo entero. «Juan fue un poco pesado, pero me gustaba». «Le pedí salir a Araceli. Le costó un poco, pero me dijo que sí».

Y se fueron a vivir juntos.

Sólo pienso en ti.

A los dos años de techo en común, Araceli y Juan le contaron a Gemma Santiveri que querían ser padres de dos niños. Niño y niña. La parejita. «A una persona con discapacidad que quiere tener hijos se le explican las ventajas y los inconvenientes. Se le dice que hay más gastos, que alguien debe ayudarla, que su vida va a cambiar, que hay renuncias a la vida personal y hasta que le puede ser retirado el hijo si lo abandona o no lo cuida. Araceli y Juan me dijeron que lo tenían claro, pero que no era el momento y que esperarían a que las circunstancias mejoraran», recuerda la trabajadora social de Som Fundació que tutela directamente a Araceli.

– ¿Qué tenía que mejorar?

– Tal y como está la vida hay que pensárselo mucho. Y Juan y yo éramos muy jóvenes.Yo tenía miedo a enfrentarme a tener un niño, a ser madre. Pero yo veía a mis cuñadas con hijos y me gustaba. Con el tiempo me vi más capaz, pregunté en el juzgado si podía tener hijos y me dijeron que mi discapacidad era sólo para temas económicos.

Las cosas de dentro, las madureces, mejoraron. Y en 2011, Araceli dio a luz a Lucía. «Juan quería niño. Gané yo».

Al poco se casaron «para dejar atado el tema de los papeles de los hijos». Y en 2014nació Juan.

Estamos en Barberá del Vallés, a 15 kilómetros de Barcelona. En el portal nos encontramos con Araceli, que viene de hacer recados y está nerviosa por la entrevista. Aunque ella no lo sabe, se le pasará enseguida.

Juan está con un chándal del Barça. Araceli es del Madrid. «Es para chincharlo». Cuando Lucía y el pequeño Juan nos ven entrar en su casa, el mundo se convierte en un juguete gigante y con muchas pilas. Las suyas, claro. Es como si la energía de una niña de cinco años y un crío de tres acelerara las partículas del Universo. ElBig Bang en Barberá del Vallés.

– ¡Juan, no pegues al señor!, corrige Araceli.

– ¡Juan, no te subas al sofá!, corrige Juan.

– Juan muerde. Pero yo le regaño y le cuido, suelta Lucía, madre de repente.

Araceli y Juan dicen que los niños están agitados por la novedad de la visita. «Son como todos los niños. No tenemos tiempo para aburrirnos».

En el salón hay una pecera enorme y Lucía, niña de humor largo, nos cuenta que cada pez lleva el nombre de un primo suyo. Nemo era demasiado fácil.

«A Lucía le di el pecho un tiempo, pero a Juan no; me ponía nerviosa, no se agarraba bien. Los biberones están muy bien. Al principio tenía miedo de no saber. Tardé una semana en bañar a Lucía; me ayudaba mi cuñada. Y más tiempo en cortarle las uñas. Era miedo. Pero una vez que tienes hijos, el miedo desaparece».

La niña está entretenida con la cámara del fotógrafo. El niño va de su habitación al salón y viceversa a velocidad de neutrino, nos enseña un coche diminuto y quiere jugar.

– Juan, deja al señor apuntar.

Todos nos reímos. Hay buen ambiente aquí. Un poco ruidoso, pero sano, una sensación de que no hay nada material que esté prohibido en esta casa, nada intocable para los niños. «Queremos darles la mejor educación posible, que respeten a los demás siempre. Y ellos nos enseñan de todo, cada día salen con una frase nueva o una pregunta más. Por ejemplo, cuándo van a tener un hermanito».

– ¿Y?

– Ni soñarlo. Eso cuesta mucho dinero, ropa, alimentos…

Y empezamos a pensar que, en esta historia, lo normal es la noticia.

Cuando Juan conoció a Araceli conducía una grúa municipal porque la empresa de su padre había ganado el concurso público. Pero eso se terminó y él lleva ahoraseis meses en paro. «Busco faena, pero la cosa anda mal. Sólo me falta el carné de camiones con carga. Los demás los tengo todos. A ver qué sale».

Así que mientras Araceli sale disparada de casa a las siete de la mañana a embolsar objetos, Juan se encarga de los críos. «Los levanto, los lavo, los visto, les doy el desayuno y los llevo al colegio».

Cada tres meses hay reunión con las profesoras. «Los niños van estupendamente. Nos dicen que son abiertos y cariñosos». El colegio, ese mundo. «Nunca he sentido rechazo de nadie. Hemos ido a reuniones de padres y todo normal. Yo no me siento distinta al resto de las madres. Lo haré mejor o peor, pero me siento igual de capacitada para criar a mis hijos. Lo primero son mis hijos. Si hay que faltar al trabajo por ellos, se falta».

Juan y Araceli son padre y madre de cuerpo presente desde las cuatro de la tarde, cuando ella vuelve del trabajo. «Los llevamos un rato al parque y les ayudamos con los deberes», cuenta la madre. «Lucía está ahora con los planetas. El otro día la ayudé a hacer un cohete», cuenta el padre.

Quizá cuando sus hijos tengan una necesidad intelectual profunda, Juan y Araceli tiren de la familia de él o de Som Fundació. Quizá hagan más familia aún. «Gemma está para todo», dice Araceli. Y las dos se sonríen entre el barullo de este día con visita.

Mientras, Juan y Araceli van dando pautas a sus hijos, estableciéndoles límites. «Les decimos lo que está bien y lo que está mal. Si les regañamos y no hacen caso les damos un cachete en el culete, flojito, claro. Les dejamos nuestro móvil para que vean youtubers, les hablamos en castellano y en catalán… Como todo el mundo. Ya sabes cómo son los críos, se pasan el día pidiendo cosas. Se creen que somos el Banco de España. Pero se lo explicamos y lo entienden».

– ¿Por ejemplo?

– Pues en estos Reyes les dijimos que sólo habría dos regalos porque hay niños que no tienen nada y los Reyes tienen que repartir. Lo entendieron muy bien. A Lucía le trajeron un bebé que llora y un maletín de médico para curarle.

Y en eso Lucía sale corriendo hacia la habitación y trae al bebé para enseñárnoslo. Y vuelve a irse a su cuarto y a volver al salón y trae el maletín. O lo que queda de él.

Juan lleva un rato encima de Juan, haciendo escalada por el sofá y por su padre. Gemma Santiveri echa una mano para entretener al señor de la guerrilla mientras sus padres hablan con el periodista del cuaderno. Y, entre juego y juego, latrabajadora social extrae uno de los tuétanos de esta historia. «Los niños saben que estamos para ayudar a su madre. Cuando crezcan serán personas que sabrán mucho de discapacidad, integración y normalización. Nos tendrán con ellos y sabrán que ayudamos a sus padres a responder preguntas».

Porque, como sostiene el asesor jurídico de Som Fundació, «tener hijos espabila». «Ayuda a capacitar más, despierta capacidades y responsabilidades. Los padres con discapacidad intelectual son conscientes de que tienen la responsabilidad de un menor. Claro que necesitan apoyo. Dos padres ciegos pueden tener hijos y necesitan apoyo igual. Pero los padres con discapacidad intelectual tienen el tema afectivo muy desarrollado, se dan muchísimo. Son muy padres y muy madres».

En Barberá del Vallés anochece, que no es poco. No falta mucho para que los juguetes dimitan y para que esta casa sea invadida por el reino de los cuentos inventados.

Antes hay que hacer una foto de familia, un instante para siempre de Araceli, Juan, Lucía y Juan. Es un manojo de disparos, una sesión de posado, pero Juan, el pequeño Juan, no entiende la quietud. Lucía sí.

– ¿Y tú qué quieres ser de mayor, Lucía?

– Profesora y conductora de grúas, como papá.

Mariluz y Antonio; ‘Sólo pienso en ti’

Supe de la existencia de Mariluz y Antonio por un reportaje en el Diario de Córdoba sobre Promi, una institución que bajo la férrea dirección de López Marín en Cabra (Córdoba), acogía a los discapacitados, les daba techo, comida, trabajo y dignidad. Después de los trabajos del día, una pareja, cogida de la mano, paseaba por el jardín. De esa imagen nacióSólo pienso en ti. Es curioso, leyendo las reseñas de la época, hablaban de una canción sobre dos seres «diferentes».  En realidad, querían decir que no existían. / VÍCTOR MANUEL

Fuente: elpais.com/

Actividades para trabajar los valores educativos en el aula

Los valores educativos son un elemento imprescindible en cualquiera de las etapas de nuestra formación. Son tan importantes como las asignaturas que conforman los núcleos vertebrales de los programas académicos. Entonces, ¿por qué no los trabajamos específicamente desde las aulas?

Al asistir a la escuela, no solo es importante adquirir los conocimientos específicos de áreas como matemáticas, geografía, historia, lengua o inglés. También es necesario que nos formemos en valores y que aprendamos los principios y las bases de la convivencia en sociedad y del papel que ocupamos en ella. ¿No serán el hábitat en el que vamos a desenvolvernos durante el resto de nuestra vida?

La educación en valores es, ante todo, una herramienta para poner en práctica acciones basadas en la solidaridad, la cooperación, el bienestar general, el respeto o la convivencia, entre otros, así como una vía para generar conciencia y empatía sobre los distintos problemas que afectan al mundo en el que vivimos.

En este sentido, forma parte de lo que actualmente se denomina ‘ciudadanía global‘, un movimiento que cobra protagonismo en distintos países y cuyo objetivo es aumentar el compromiso de las personas con sus entornos. ¿Ves por dónde vamos?

¿Cuándo y por qué formarnos en valores educativos?

Cualquier edad es buena para adquirir valores educativos. Sin embargo, si se trata de generar una cultura alrededor de dichos valores e impulsar una serie de cambios estructurales, la infancia es sin duda la mejor etapa de nuestra formación para ello, ¿no crees?

La ciudadanía global es una corriente educativa que impulsa un nuevo modelo de ciudadanía comprometida activamente en la consecución de un mundo más equitativo y sostenible. La educación para la ciudadanía global apuesta por el respeto y la valoración de la diversidad, la defensa del medio ambiente, el consumo responsable y el respeto a los derechos humanos individuales y sociales. Entiende que los ciudadanos y las ciudadanas globales se caracterizan por:

Ser conscientes de la gran amplitud y de los desafíos del mundo actual.

Reconocerse a sí mismos y a los demás como sujetos con dignidad, con obligaciones que cumplir y derechos que pueden exigirse, y con poder para conseguir cambios.

Responsabilizarse por sus actuaciones, se indignan ante las injusticias y frente a cualquier vulneración de los Derechos Humanos.

Respetar y valorar la equidad de género, la diversidad y las múltiples pertenencias identitarias de las personas y de los pueblos como fuente de enriquecimiento humano.

Se interesan por conocer, analizar críticamente y difundir el funcionamiento del mundo en lo económico, político, social, cultural, tecnológico y ambiental.

Participar y comprometerse con la comunidad en los diversos ámbitos, desde los locales a los más globales, con el fin de responder a los desafíos y lograr un mundo más equitativo y sostenible.

Contribuir a crear una ciudadanía activa, que combate la desigualdad a través de la búsqueda de la redistribución del poder, de las oportunidades y de los recursos.

Algunos recursos para trabajar los valores educativos

Los valores educativos no son objetos concretos ni materiales. Todo lo contrario, son conceptos abstractos que necesitan trasladarse a la práctica para visualizarlos en toda su extensión y comprender su importancia.

Ese es justamente el principal reto de la educación en valores: traducir esos conceptos a nuestra cotidianidad y suministrar recursos para aplicarlos. Pero… ¿cómo lograrlo?

Como es lógico, la educación en valores no se imparte de la misma forma en todas las fases de formación y aprendizaje. Cada momento requiere de unos métodos y recursos en función de nuestra capacidad cognitiva. No es lo mismo trabajar el valor del respeto entre niños y niñas de 5 años que hacerlo en adolescentes de 15.

Los retos de cada etapa son distintos, lo cual obliga a que los vehículos de aprendizaje también lo sean. A continuación enumeramos algunos recursos que pueden ayudarnos a trabajar valores educativos en cada momento de la formación en las aulas:

1) Educación en valores en Primaria

La Primaria es la etapa más importante a la hora de trabajar los valores educativos. Es el momento en el que los niños empiezan a descubrir verdaderamente el mundo y se relacionan directamente con sus semejantes.

Si tienen una formación sólida en valores, sabrán la importancia de estos y tendrán claro cuándo deben aplicarlos. El objetivo es ayudar a que los identifiquen y que, a la vez, los asuman como algo que forma parte de su cotidianidad. Algunos recursos que podemos implementar en este sentido son:

Juegos didácticos: los juegos acercan los valores a los niños. Su propósito es servir como proyección de la realidad para plantear situaciones hipotéticas en las que deban tomar decisiones al respecto. ¿Qué mejor que aprender valores de forma divertida, amena y en compañía de otros niños?

Vídeos y animaciones: en esta primera etapa es fundamental el papel de la imagen. Los niños se apoyan en recursos como los vídeos, la animación y hasta las caricaturas para aprender lo que son los valores y las conductas sociales. Es otra forma de acercarlos a esta temática.

Dibujos: también se pueden visualizar los valores a través de ilustraciones y dibujos hechos por los propios niños. Este recurso nos dará una idea de cuál es su concepto real de los valores que queremos transmitirles.

2) Educación en valores en Secundaria

Entre los 12 y los 16 años, los adolescentes ya no solo deben identificar los valores más importantes a nivel individual y colectivo sino que, además, deben darles una utilidad concreta. Es decir, van ligados a las distintas inclinaciones profesionales o talentos que se vayan esbozando en ellos y en cómo aplicarlos en cada área.

Como es lógico, los recursos empleados en esta etapa son más elaborados y complejos que en la etapa educativa de Primaria. Algunos de ellos son:

Documentales y cortometrajes: los cuentos y vídeos explicativos dan paso a piezas visuales más complejas y elaboradas, aunque no por ello deben perder el contacto con los intereses de los adolescentes que se sitúen en esta franja de edad. El objetivo sigue siendo el mismo: visualizar los valores educativos.

Páginas web de valores: a esta edad, la interactividad con las herramientas digitales es mucho mayor y es por eso que se recomienda el uso de plataformas, páginas, tabletas y otros recursos para la educación en valores.

Iniciativas de voluntariado: también es una buena época para fomentar en los adolescentes la importancia y el impacto de las iniciativas de voluntariado, sea cual sea el área de aplicación. Si ahora participan como miembros activos de ellas, mañana quizá sean líderes de sus propios proyectos.

Recuerda que, en estas dos etapas, además del trabajo en el aula sobre valores educativos es importante seguir insistiendo en ello a lo largo del proceso formativo, bien sea en los ciclos de enseñanza media o en los grados profesionales. Sin olvidar, por supuesto, que la educación complementaria y los valores que se desprenden desde el hogar son el complemento imprescindible para cristalizar los esfuerzos realizados en la educación formal. ¡Todos a la una!

Fuente: blog.oxfamintermon.org

¿Qué intentan decirnos los gatos? La ciencia lo explicará

Carrie Arnold

Una encuesta reciente afirma que casi todos los propietarios de mascotas del estado de Nueva York hablan con sus animales como si fueran humanos.

Muchos creen que perros y gatos pueden responder con ladridos o maullidos que comunican hambre, temor o simplemente, la necesidad de orinar.

Pero, ¿es verdad que los animales hablan con acento, digamos, de Brooklyn?

Ese es el tipo de cosas que intenta averiguar la sueca Suzanne Schötz, amante de los gatos e investigadora en fonética.

La especialista de la Universidad de Lund, quien tiene tres gatos en casa, ha emprendido un nuevo estudio sobre la forma como se comunican los mininos.

Para su experimento, Schötz está reclutando gatos y humanos en Lund, en el extremo sur de Suecia, y también en Estocolmo, 500 kilómetros al norte.

Las personas de ambas regiones hablan dialectos muy distintivos, así que su finalidad es descubrir si los gatos también se comunican con dialectos.

De igual manera, pretende esclarecer si los maullidos felinos significan diferentes cosas, y si responden de distinta manera en función de cómo hablamos con ellos.

National Geographic se puso en contacto con Schötz para saber más de su proyecto.

Para empezar, ¿por qué maúllan los gatos?

Los gatos usan señales visuales y vocales para comunicarse con los humanos, pero necesitan vocalizar para llamar nuestra atención. Tienden a usar señales visuales y olfativas con otros gatos. Sin embargo, cuando un gato dice “miau”, normalmente se dirige a un humano, no a otro gato.

Muchos gatos y sus compañeros humanos parecen desarrollar un lenguaje pidgin (simplificado) para comunicarse mejor. No sabemos si hay semejanzas en los lenguajes o si son específicos de cada pareja gato/humano.

Una practicante de yoga adopta la postura de perro boca abajo y se encuentra cara a cara con un gato boca arriba.

Foto: Cory Richards, National Geographic

¿Cómo difiere la manera como las personas hablan con los gatos o sus mascotas y con los otros humanos?

Las personas parecen usar un estilo de habla muy similar cuando hablan con gatos y con niños pequeños. Usan un tono más agudo, con un rango de tonalidad más amplio, y la melodía del habla tiende a seguir patrones específicos, lo que se describe como “sonsonete”.

¿Qué tipos de información estás recogiendo en este estudio?

Estamos haciendo grabaciones de personas y gatos en dos regiones distintas de Suecia. En un estudio, analizaremos la melodía de las vocalizaciones de los gatos, para ver si podemos identificar patrones en las distintas emociones o en las diferentes razas. En el segundo estudio, vamos a exponer a los gatos a los diferentes tipos de habla humana y ver cómo responden. ¿Acaso prefieren que les hablen como niños pequeños, o prefieren que les hablen como a un adulto? ¿Pueden reconocer una voz familiar con base en la entonación y el estilo de habla? Todavía no lo sabemos.

¿Cómo puedes medir el tipo de voz que preferiría un gato? ¿Qué tipo de información estás buscando?

Grabaremos los distintos tipos de habla de varios humanos. Luego, iremos a la casa del gato y colocaremos altavoces detrás de una pantalla. Reproduciremos diferentes melodías y voces humanas hablando, y haremos videograbaciones de los gatos para ver sus respuestas. Observaremos el movimiento de las orejas, la cabeza, la postura del cuerpo, y cosas así.

¿Qué esperas lograr con este estudio?

Si la mayoría de los gatos usa melodías similares para decir, “Tengo un poco de hambre, me gustaría comer un bocadillo ahora”, y también usan melodías similares para comunicar, “Tengo mucha hambre, me muero de hambre”, empezaremos a entender lo que dicen.

Es posible que ciertas razas usen determinadas melodías; o tal vez los gatos de países donde el habla humana tiene ciertos patrones melódicos vocalicen de manera diferente. Si descubrimos que los gatos adoptan esas melodías, podríamos ayudar a sus propietarios a interpretar mejor esas señales.

Fuente: National Geographic en Español