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La importancia de enseñar historia en la escuela

La enseñanza de la historia es indispensable para el conocimiento del ser humano viviendo en sociedad. De hecho, la enseñanza de la historia es espejo del desastre mayor que padece el sistema educativo nacional. Este artículo, que forma parte del libro Para qué estudiar y enseñar la historia, de próxima publicación en el Instituto de Estudios Educativos y Sindicales de América, caracteriza las deficiencias y expone la necesidad de una reforma radical de la enseñanza de la historia.

Si damos un salto desde los tiempos remotos hasta los días actuales, advertimos que los motivos que hoy nos mueven a enseñar la historia no difieren sustancialmente de los fines que animaron a nuestros antepasados indígenas. Enseñamos a nuestros descendientes la historia propia y la de otros pueblos para hacerlos conscientes de que son parte de la gran corriente de la historia humana, de un proceso que se inició hace miles de años y por el que han transitado pueblos y civilizaciones distintos a los nuestros.

Enseñamos el pasado porque somos conscientes de que el “pasado fue el modelo para el presente y el futuro”. En cierta manera, el conocimiento del pasado es la clave del “código genético por el cual cada generación reproduce sus sucesores y ordena sus relaciones. De ahí la significación de lo viejo, que representa la sabiduría no sólo en términos de una larga experiencia acumulada, sino la memoria de cómo eran las cosas, cómo fueron hechas y, por lo tanto, de cómo deberían hacerse”.1

Enseñar el desarrollo histórico de los pueblos equivale entonces a ser conscientes, en primer lugar, de nuestra temporalidad, a situarnos en nuestra propia circunstancia histórica.

La primera lección del conocimiento histórico es hacernos conscientes de nuestra historicidad. “La vida humana se desarrolla en el tiempo, es en el tiempo donde ocurren los acontecimientos y (…) es en el transcurso del tiempo que los hombres escriben la historia”. Los individuos, así como los grupos y las generaciones humanas, requieren situarse en su tiempo, en el inescapable presente que irremediablemente forjará su propia perspectiva del pasado y sus expectativas del futuro. La dimensión histórica, con su ineludible juego entre el presente, el pasado y el futuro, es el ámbito donde los seres humanos adquieren conciencia de la temporalidad y de las distintas formas en que ésta se manifiesta en los individuos y en los grupos con los que éste se vincula.

La conciencia de que nuestras vidas se realizan en el tiempo y se modifican con el transcurrir temporal la adquirimos primeramente en el seno de la vida familiar y en el propio entorno social. La primera noción de que el ser humano está vinculado con sus antecesores en una suerte de cadena temporal se adquiere con los padres y los ascendientes de los que éstos provienen. En el seno de la familia el niño adquiere por primera vez conciencia de que es un eslabón temporal de un grupo social cuyos orígenes se sitúan en un pasado remoto. Es en el seno de la familia donde se percata de las diferencias de edad y donde adquiere noción de los cambios que el paso del tiempo induce en la vida humana. Más tarde esta percepción individual de la temporalidad se convierte en percepción social cuando el joven o el adulto entran a formar parte de generaciones, grupos y clases sociales. La apreciación de que el grupo, la tribu o la nación también cambian con el transcurso del tiempo aparece cuando el individuo se inserta en la vida social de su momento histórico.

El proceso histórico, además de verificarse en el tiempo, ocurre en el espacio. Tiempo y espacio son los dos ejes del acontecer histórico. Los hechos históricos, una vez situados en el tiempo, requieren ser ubicados en el lugar donde ocurren, deben ser registrados en una geografía precisa. Cualquier persona que se acerca al pasado, y con más razón el historiador, está obligada a conocer el lugar exacto donde ocurrieron los hechos y a dar cuenta de las características de ese espacio.

Por estos rasgos del conocimiento histórico en muchos países la historia marcha emparejada con la geografía. No puede haber conocimiento fidedigno de los acontecimientos sin el registro pormenorizado del territorio donde éstos ocurrieron. Sin caer en las aberraciones que proclamaron que el lugar o el clima determinaban la naturaleza de los acontecimientos históricos, es un hecho que el medio geográfico impone su huella sobre las obras humanas. El historiador, como el géografo, está entonces obligado a conocer el ámbito ecológico que rodea la vida social para explicar el peso del medio natural en el desenvolvimiento de los seres humanos.

Por otra parte, el conocimiento histórico, al reparar en las circunstancias que promueven el desarrollo de los individuos, las familias, los grupos o las naciones, nos lleva a percibir la singularidad de esos grupos, nos hace percatarnos de sus rasgos propios y de los lazos de identidad que los unen. El conocimiento histórico enseña que desde los tiempos más remotos los seres humanos se organizaron en grupos, tribus, pueblos y naciones dotados de un profundo sentimiento de solidaridad e identidad. Al mismo tiempo que el conocimiento histórico destaca la naturaleza social de los seres humanos, nos acerca a los artefactos que contribuyeron a soldar los lazos sociales: la lengua, los rasgos étnicos, el territorio, las relaciones familiares, la organización política…

Por las razones anteriores se puede afirmar que el conocimiento histórico es indispensable para preparar a los niños y los jóvenes a vivir en sociedad: proporciona un conocimiento global del desarrollo de los seres humanos y del mundo que los rodea. El conocimiento histórico es, ante todo, conocimiento del ser humano viviendo en sociedad. Si las nuevas generaciones están obligadas a conocer el presente, es conveniente que lo hagan a partir del pasado que ha construido ese presente. Es necesario que cada generación sepa actuar en el presente fundada en el conocimiento que le proporciona el análisis de la experiencia pasada.

Desde el inicio de la vida civilizada el conocimiento histórico ha sido el mejor instrumento para difundir los valores de la cultura nacional y para comprender el sentido de la civilización humana. La historia, al recoger y ordenar el conocimiento del pasado, se convierte en el almacén de la memoria colectiva, en la salvaguarda de la nación. La historia es el saber que da cuenta de las raíces profundas que sostienen las sociedades, las naciones y las culturas y, asimismo, es la disciplina que esclarece el pasado de los individuos: es el saber que desvela las raíces sociales del ser humano.

Para que la historia pueda cumplir sus funciones culturales, sociales, nacionales y educativas es preciso que satisfaga los siguientes requisitos:

1. Ofrecer a los niños conocimientos básicos sobre la historia y la geografía de México, con el fin de familiarizarlos con los fundamentos de la cultura nacional. Enseñar a los alumnos la historia y la geografía equivale a darles una visión del mundo y una memoria.

2. Despertar la curiosidad de los niños y los jóvenes por su pasado. Fomentar, mediante el uso de diversos métodos activos y complementarios, el estudio de los orígenes familiares y sociales, así como los de la región y la nación. Esta enseñanza es la base de su patrimonio cultural, concebido como una herencia del pasado a los seres humanos contemporáneos, que permite a cada uno encontrar su identidad. La identidad del ciudadano se basa en esta apropiación del patrimonio cultural heredado.

3. Hacer sentir a los niños y a los jóvenes que los conocimientos históricos no son adquisiciones definitivas, sino saberes sujetos a revisión constante. Lo que hoy conocemos puede ser modificado por el conocimiento de mañana, o puede ser puesto en duda por nuevos descubrimientos. El estudio de la historia debe fomentar la idea de que el conocimiento es un proceso en constante renovación, y estimular el sentido crítico y el espíritu de observación.

4. El estudio de la historia debe asimismo estimular las facultades que el humanismo propone desarrollar: “la capacidad crítica de análisis, la curiosidad que no respeta dogmas ni ocultamientos, el sentido del razonamiento lógico, la sensibilidad para apreciar las más altas realizaciones del espíritu humano, la visión de conjunto ante el panorama del saber, etcétera”.3 Enseñar a los alumnos a leer e identificar, es decir, a reconocer y nombrar, y más tarde a construir algunas frases para darle sentido a las cosas así reunidas, ejercita el juicio crítico y el razonamiento.

5. Rebasar el campo de la historia de México para hacer comprender a los jóvenes la importancia de la civilización y de la historia de otros pueblos. El conocimiento de otras culturas y tradiciones es la mejor manera de estimular la comprensión y el espíritu de tolerancia entre los jóvenes.

6. Utilizar los ejemplos históricos para enseñar cómo funciona la vida y la sociedad, y cómo pueden los jóvenes conocer los derechos y los deberes de los seres humanos, cómo se forjaron los valores que sostienen y alimentan al conjunto social, y cómo se reconocieron y aceptaron esos valores en el desarrollo histórico de los pueblos. Comprender el mundo contemporáneo y actuar sobre él como persona libre y responsable, exigen el conocimiento del mundo en su diversidad y en su desarrollo histórico.

7. Reafirmar la idea de que educar “es creer en la perfectibilidad humana, en la capacidad innata de aprender y en el deseo de saber que la anima, en que hay cosas (símbolos, técnicas, valores. memorias, hechos…) que pueden ser sabidos y que merecen serlo, en que los hombres podemos mejorarnos unos a otros por medio del conocimiento”.4

Aun cuando desde los inicios de nuestro sistema educativo la historia fue considerada una asignatura importante, sus contenidos, los modos de enseñarla, la formación de los profesores, los métodos que la difunden y sus resultados poco han contribuido a formar mejores ciudadanos y mexicanos. Casi no hay estudios sistemáticos que registren el desempeño pormenorizado de la enseñanza de la historia en las escuelas. Pero los escasos que existen confirman la exactitud del diagnóstico hecho por un libro dedicado a examinar la realidad educativa del país: una catástrofe silenciosa recorre los diferentes ámbitos del sistema educativo nacional. Veamos, con mayor precisión, dónde se ubican estas catástrofes y cuáles son sus características.

Los contenidos. Supuestamente la enseñanza de la historia debería ofrecer a los niños y jóvenes una idea general sobre la formación de su país, sobre los principales procesos históricos que intervinieron en su desarrollo y sobre la diversidad de su población. Asimismo, la enseñanza de la historia debería ser un apoyo de la formación cívica de los estudiantes, debería capacitarlos para comprender la realidad social y el mundo que los rodea, y ofrecerles instrumentos básicos para actuar en el mundo exterior. Supuestamente la enseñanza de la historia, como la enseñanza en general, debería preparar a los niños a pensar bien, a reflexionar con propiedad y a manejar el conocimiento aprendido, de tal manera que pudieran transitar de la vida escolar a la vida productiva como individuos activos, participativos y creativos.

Sin embargo, en la realidad, los contenidos de los libros de texto y de los programas escolares se dedican a formar en las mentes de los niños una concepción estrecha del desarrollo histórico del país, dominada por la idea de una identidad nacional uniforme. No hay congruencia entre los propósitos declarados de la enseñanza de la historia y los métodos adoptados para transmitirla, que están regidos por la memorización y las prácticas obsoletas. El problema mayor que presentan los libros de texto es que su contenido carece de un propósito definido desde el punto de vista histórico y pedagógico. No está claro qué se quiere enseñar de la historia de México, ni para qué ni cómo. Los libros de texto tampoco enseñan a pensar y explicar los procesos históricos. A veces hay una contradicción flagrante entre los temas seleccionados y los métodos adoptados para explicarlos. Los materiales didácticos se reducen al libro de texto, que es utilizado como única fuente de información y de consulta. En fin, según los expertos, la educación básica padece las siguientes deficiencias:

Al igual que en la primaria, el plan de estudios de la educación secundaria continúa basado en una pedagogía abstracta, de información, irrelevante para la vida real de los estudiantes; se transmiten contenidos desvinculados del entorno social específico en donde se realiza la práctica educativa y, por esta vía, se garantiza el divorcio entre el conocimiento escolar y las demandas efectivas de la sociedad.6

Por lo general, las horas dedicadas a la enseñanza de la historia resultan insuficientes para cubrir el número de las materias. La disparidad entre los propósitos de los programas escolares y la realidad de la enseñanza se manifiesta en múltiples renglones. La contradicción entre el número de horas realmente disponibles y las materias que deberían enseñarse hace imposible cumplir el programa anual, lo cual deriva en frustración tanto para los profesores como para los alumnos.

Los métodos de enseñanza. Sabemos que entre la población mexicana una de las lecturas más frecuentadas es la de los libros de historia; pero en las escuelas los niños unánimemente tienen esta materia como la más aburrida y la consideran un verdadero suplicio. Según algunas encuestas los niños y jóvenes rechazan las clases de historia porque están basadas en la memorización y en procedimientos tradicionales. Son clases en las que están ausentes las técnicas que han renovado la impartición de conocimientos. Los profesores no fomentan el trabajo colectivo o las prácticas de grupo, y también están en contra de los métodos experimentales, las innovaciones pedagógicas y las visitas a museos o a los lugares históricos. En general, se manifiestan en contra de las técnicas que ponen en relación directa al alumno con los temas de estudio, y con las prácticas que los hacen pensar y actuar como individuos racionales. En todos estos casos el estudiante no es considerado un sujeto activo, sino un paciente sometido a la tutela del educador.7

Los educadores. En nuestro país, el “elemento constitutivo central de la educación es el maestro”.8 Sin embargo, los profesores son, sin duda alguna, uno de los puntos más débiles del actual sistema educativo. Las encuestas realizadas en el área de historia señalan que están mal pagados y carecen de motivaciones sociales e intelectuales para cumplir con su cometido, males que comparten con los demás profesores del sistema. Las encuestas revelan que en la mayoría de los casos no tienen una preparación especializada en los temas históricos. Los datos disponibles informan que gran parte de los profesores que imparten estas materias se formaron en otras especialidades. Esas mismas encuestas indican que los programas de actualización no han servido para remediar las deficiencias iniciales en la preparación de los maestros. Es decir, por su propia formación deficiente los profesores son los primeros en reproducir en el salón de clases los conocimientos obsoletos, las pedagogías inapropiadas y la frustración entre los alumnos. Son también los primeros en evadir el análisis y la autocrítica, pues atribuyen los fracasos de su enseñanza al exceso de materias, la falta de programas didácticos y de materiales de trabajo adecuados, o a las autoridades de la escuela.9

Otro de los problemas que afecta la enseñanza de la historia es la desvinculación entre el profesor de la materia, las autoridades de la escuela y los padres de los alumnos. En general, los directores de la escuela y los Jefes de Enseñanza desconocen los enfoques, las pedagogías y las necesidades del programa de historia, por lo cual no prestan oídos a los planteamientos que hacen los docentes, o toman una posición contraria a sus demandas. El sentimiento de frustración que crea esta relación se agudiza porque los docentes no están organizados académicamente para hacer valer sus críticas y propuestas. Estas deformaciones se han profundizado porque los padres de familia que las perciben no tienen voz ni voto en la educación que se imparte a sus hijos. Están completamente marginados del sistema escolar.

En resumen, entre los retos que enfrenta el sistema educativo está el de “desarrollar su capacidad para atender integralmente al docente, desde su formación inicial hasta su actualización, procurar el mejoramiento de sus condiciones de trabajo y de salario, y reconocer su valorización social”.

Los alumnos. En la lista de catástrofes que agobian al sistema educativo mexicano uno de los sectores más agraviados es el de los alumnos. El primer agravio proviene de la frustración que experimenta el niño que va a la escuela a aprender la historia de su patria y recibe en cambio una retahíla de nombres, fechas y acontecimientos que antes que comprender tiene que memorizar. El segundo agravio lo reciente cuando en lugar de que la escuela establezca una relación de mutuo aprendizaje entre él y sus profesores, propicia una relación gobernada por el autoritarismo, la no comunicación y la represión. El tercer y más resentido de los agravios es la carga de aburrimiento, apatía, rechazo y nulo aprovechamiento que inunda al alumno en las clases de historia; una carga que ahoga cualquier estímulo para estudiar, comprender o investigar.

Es decir, la enseñanza de la historia es contraria a los ideales básicos del sistema educativo. En lugar de enseñar inocula deficiencias en la formación de los alumnos y malquista al estudiante con la educación, los profesores y la escuela. Antes que estimular a los alumnos a ejercitar la crítica y abrirse al entendimiento de nuevos problemas, los encierra en la memorización insustancial y la apatía. Estas deformaciones de la enseñanza de la historia se localizan en la enseñanza básica y se prolongan en la media y superior. Es decir, hay una crisis general de la enseñanza de la historia en el sistema educativo mexicano.

No nos engañemos: la imagen que tenemos de otros pueblos, y hasta de nosotros mismos, está asociada a la Historia tal como se nos contó cuando éramos niños. Ella deja su huella en nosotros para toda la existencia. Sobre esta imagen, que para cada quien es un descubrimiento del mundo y del pasado de las sociedades, se incorporan de inmediato ideas fugitivas o duraderas (…) al tiempo que permanecen, indelebles, las huellas de nuestras primeras curiosidades y de nuestras primeras emociones. Marc Ferro

Si esta aseveración de Marc Ferro es cierta, como lo creo, entonces los mexicanos estamos obligados a emprender una reforma radical de la enseñanza de la historia, porque la historia que hasta ahora hemos enseñado en nuestras escuelas está plagada de deficiencias y se enseña terriblemente mal. No soy experto en asuntos educativos ni en materias pedagógicas, dos aspectos clave en cualquier programa de reforma educativa. Sin embargo, pienso que la reforma que necesitamos debe sustentarse en una estrategia que aspire a alcanzar los siguientes objetivos.

Primero. Promover una encuesta exhaustiva de la situación actual del sistema educativo. Como dije antes, en México son escasas las encuestas rigurosas sobre un fenómeno tan cambiante y sujeto a transformaciones profundas como la educación. Los países avanzados hacen periódicamente este tipo de ejercicios de evaluación y anualmente revisan las variables más sensibles a los cambios. Es evidente que para emprender una reforma rigurosa del sistema educativo se requiere una encuesta exhaustiva, amplia y sistemática, que permita elaborar un diagnóstico realista de los problemas que hoy afectan a las tareas educativas. Y es asimismo necesario que esa acción se encomiende, como se hace regularmente en Francia y otros países, a las personas más capacitadas y comprometidas con los desafíos educativos de su país.

Segundo. Elaboración de un programa de reformas basado en los resultados de la encuesta anterior. Es imprescindible que la propuesta de reformas a los métodos de enseñanza y al sistema educativo sea elaborada por una comisión integrada por un equipo de profesores, pedagogos, historiadores, padres de familia, escolares y expertos altamente calificados y comprometidos con el buen desarrollo del sistema educativo. Quiero decir que deberá ser una comisión independiente del sistema corporativo que hoy impide que la educación sea un asunto de interés público y una responsabilidad nacional.

Tercero. El programa de reformas debe estar integrado por acciones inmediatas, seguidas por otras de mediano y largo plazo, y las tres deberán ser objeto de evaluaciones periódicas que habrán de darse a conocer a la opinión pública.

La reforma de la enseñanza de la historia y del sistema educativo no puede olvidar que la enseñanza “nunca es una mera transmisión de conocimientos o destrezas prácticas, sino que se acompaña de un ideal de vida y de un proyecto de sociedad”.15 La nueva propuesta educativa debe ser coherente con el proyecto de sociedad democrática que están construyendo los mexicanos, y debe rechazar los ideales de educación negativos. Como dice Savater, el proyecto democrático y universalista de educación debe rechazar “el servicio a una divinidad celosa cuyos mandamientos han de guiar a los humanos, la integración en el espíritu de una nación o de una étnia como forma de plenitud personal, la adopción de un modelo sociopolítico único capaz de responder a todas las perplejidades humanas, sea desde la abolición colectivista de la propiedad privada o desde la potenciación de ésta en una maximización de acumulación y consumo que se compromete con la bienaventuranza”.

Por último, para alcanzar estos objetivos, habría que retomar las propuestas sociales del Acuerdo Nacional para la Modernización de la Educación Básica (1992). El mensaje de este documento decía que la “magnitud y trascendencia de la obra educativa que reclama el futuro de México entraña la participación de cuantos intervienen en los procesos educativos”, por lo que es indispensable fortalecer la capacidad de organización y participación en la base del sistema: la escuela misma, los maestros, los padres de familia y los alumnos. Se trataba de “desplegar la energía social para un decidido enriquecimiento de la educación”, fundado en “una amplia participación social en la educación”.

Enrique Florescano
Historiador. Entre sus libros, Memoria mexicana y La bandera mexicana: Breve historia de su formación y simbolismo.

Fuente: https://www.nexos.com.mx/

Antonio Imbert Barrera, ejemplo de hombría, coraje y responsabilidad

Todos los patriotas del 30 de mayo fueron hombres que sacrificaron sus vidas en aras de eliminar a un tirano que había sometido al país con la mayor crueldad y despotismo por 31 años.

Todos son considerados por la historia como patriotas y héroes que ofrendaron sus vidas por un ideal superior: el nacimiento de la democracia y las libertades públicas. Nadie debe escamotear y regatear la heroicidad de sus acciones y la enorme trascendencia política y social del magnicidio. Con la muerte de Trujillo nació la democracia dominicana. El general Imbert Barrera fue un hombre muy valiente que arriesgó su vida y la de su familia para darle muerte al dictador. Fue de los que en la refriega le dio varios tiros directos al tirano, igual que Antonio de la Maza, otro singular patriota.

Solo dos sobrevivieron ese episodio de máxima trascendencia en el Siglo XX; Luis Amiama Tió y Antonio Imbert Barrera, que con suerte, astucia y valentía lograron salvar sus vidas. Todos los demás murieron en la acción o varios meses después fueron asesinados cobardemente por Ramfis Trujillo. Todos sufrieron fuertes y crueles  torturas y murieron con el máximo honor y ese heroísmo mutiló la felicidad de todas sus familias para siempre. Esa condición de héroes no se debe regatear por posteriores filiaciones políticas o sectarismos divisionistas de tinte ideológico desfasado.

Don Antonio Imbert Barrera fue declarado Héroe Nacional porque fue un hombre que ofreció su vida para darle muerte a Trujillo, junto con los demás patriotas que participaron en la conjura. Con esa sola actuación consagró don Antonio su calidad humana y patriótica, y por eso en 1962, junto con Luis Amiama Tió, fue distinguido por el Gobierno con la declaración de Héroe Nacional y el rango de general vitalicio.

Fue héroe por su valentía y elevado sentido del deber porque se jugó la vida y porque esos hombres del 30 de mayo abrieron las puertas a la libertad que desde entonces disfrutamos como nación y pueblo. Don Antonio, con esa acción aquella noche del 30 de mayo de 1961 tocó las puertas de la historia y entró a la inmortalidad, junto a los demás héroes que participaron en el magnicidio.

La inquina de algunos pocos contra Imbert Barrera es de carácter político e ideológico desfasada y por viejos rencores mezquinos, por algunas de sus actuaciones posteriores, lo que no es justo ni dable en la historia. Todo viene por su postura asumida en la dolorosa Guerra de Abril de 1965. Ahí se dividió el país y surgieron dos bandos, que hasta hoy sus viejos participantes disputan sus diferencias después de 53 años.

El regateo de parte de la izquierda democrática y obvio de los comunistas de entonces, fue por haber formado con el apoyo de los norteamericanos el Gobierno de Reconstrucción Nacional, que realmente administró el país por cinco meses. En el otro lado, estaba el Gobierno Constitucionalista dirigido por el coronel Francisco Caamaño, que controlaba una parte de la zona colonial y resistió con dignidad, con sus seguidores, los ideales que defendían. Ambos representaban el país dividido de esos difíciles meses.

Ambos gobiernos, nos guste o no, fueron el producto de las circunstancias de un crítico momento histórico dominicano a cuatro años de la muerte de Trujillo y dentro de un contexto extremo de la Guerra Fría, entre dos ideologías muy opuestas que exponían las dos superpotencias mundiales y con la revolución castrista en plena efervescencia y con su tesis de exportar su revolución comunista y después de la crisis nuclear en Cuba en octubre de 1962, que dejó su impronta de tensiones en la geopolítica mundial.

Había, pues, grandes temores en la población y existía en Hispanoamérica y el Caribe un fuerte nerviosismo político, por los avances de la extrema derecha militar y por los mismos avances de los movimientos comunistas. Fue una época confusa de todo tipo de extremismos de derecha trujillista, de conservadores de centro-izquierda democrática; de comunistas castristas, maoístas, pro-rusos y anarquistas. Hay que leer bien la prensa de esos años, para poner las cosas en su contexto histórico del momento.

La Guerra de Abril comenzó por un golpe de Estado y lucha entre dos bandos militares. Fue una guerra civil en el fondo. Se complicó cuando asustados por la rebelión popular constitucionalista los norteamericanos invadieron el país. Con solicitud del coronel Pedro Bartolomé Benoit o no, los norteamericanos iban a invadir de todas formas. La carta de Benoit y dos coroneles más de la Junta de San Isidro, solo fue una farsa protocolar de los norteamericanos. El anticomunismo activo de la época y la política estadounidense de no permitir otra Cuba, no daba lugar para interpretaciones. Ellos invadieron por su visión y temores geopolíticos. La posición norteamericana y la del presidente Johnson y su gabinete, están muy claras en los informes y cables desclasificados.

Antonio Imbert Barrera ni ningún político o militar dominicano fueron la causa de la invasión. Ninguno la deseaba, y lo cierto es que los líderes de los dos bandos enfrentados se tuvieron que resignar ante la realidad y manejar esa nueva circunstancia. Para evitar un 1916, no había otra salida que negociar y pactar. En medio de la guerra fría, Estados Unidos invadió, por sus causas e intereses propios. Cierto es que no debió invadir y fue un acto de injerencia paternalista extrema.

Tampoco era cierto que los jefes constitucionalistas fueran comunistas, para nada. Quizás ayudó a salvar muchas vidas en una guerra fratricida, pero la invasión frustró un proceso interno que venía desde el 1961, que debieron resolverlo los dominicanos solos. Pero la política norteamericana de 1965 no quiso tomar riesgos. Actuó velozmente, con o sin razón. Para ellos, razón de Estado.

Don Antonio aceptó formar el Gobierno después de una invasión consumada, y junto con su Gabinete, en aras de buscar un equilibrio interno y una salida para que el país volviera a la normalidad y los americanos se fueran. Fue un patriota en ese difícil momento, pues sino aceptaba formar un Gobierno Nacional, probablemente los norteamericanos hubieran convertido la intervención en una ocupación militar, como sucedió en 1916. La época y mentalidad había cambiado desde la primera ocupación, y prefirieron ayudar a crear un gobierno dominicano que llevara la administración pública, las finanzas, las nóminas, los puertos y mantuviera la economía en movimiento, como en efecto sucedió.

Por su lado Caamaño con la invasión se creció, de ser jefe inesperado del bando Constitucionalista se convirtió en el líder que enfrentó la invasión y junto con Imbert Barreras, los dos bandos negociaron separados durante tres meses la salida de las tropas norteamericanas y de la OEA. Pero de ahí nació otro héroe para muchos. Ambos negociaron con la realidad, con las circunstancias y fueron pragmáticos e inteligentes. Mejor negociar una salida del invasor, que tener una ocupación militar de varios años.

El general Imbert Barrera -ayer como hoy- respetaba como el 95% de los dominicanos a los norteamericanos, pero nunca fue un entreguista, ni vendió a su patria. Como otros políticos, militares, empresarios y la ciudadanía en la historia dominicana, tuvieron que aceptar la realidad del intervencionismo norteamericano y buscar la forma de mantener vivas las instituciones nacionales.

El general Imbert Barrera en verdad se echó encima una responsabilidad innecesaria y delicada. Se echó una vaina, por la que aún sus enemigos lo persiguen como un fantasma de otra época. En dos ocasiones históricas don Antonio actuó con suma responsabilidad, valentía y patriotismo. No sólo él actuó así, sino su gabinete, los altos empresarios y la mayoría del pensamiento de centro y conservador que representaba el 70% de la población nacional. Por sus dos actuaciones responsables en 1961 y 1965, en el 1967 fuerzas oscuras lo ametrallaron a tiros y casi lo mataron en plena capital.

El Gobierno de Reconstrucción Nacional, igual que el Gobierno Constitucionalista, ayudaron y fueron fundamentales, para darle estabilidad y paz al país, despejar toda duda de una guerra civil violenta y de sentar las bases para primero formar el gobierno provisional con García Godoy y después para que se celebraran las elecciones en 1966.

Los grandes pro hombres se miden por sus grandes actuaciones en momentos esterales. Por ejemplo, ¿se admira a Pedro Santana que ganó todas las batallas contra los haitianos y selló la independencia, o lo rechazamos por su malogrado anexionismo de 1861? ¿Admiramos o no, a Carlos Morales Languasco que en 1905 pactó el Modus Vivendi y evitó la injerencia militar de acreedores europeos o lo rechazamos por firmar la realidad? Admiramos o no a Ramón Cáceres, por aprobar la firma en 1907 de la Convención Dominico Americana que solo representó firmar la realidad existente desde décadas, pero que evitó una ocupación militar norteamericana en pleno imperialismo de T. Roosevelt?

Admiramos a Horacio Vásquez que junto con Cáceres mató al tirano Lilís en 1899 y que en 1924 fue el primer presidente electo democráticamente después de la desocupación o lo criticamos por su reelección en 1928 o por ser débil e ingenuo con el joven General Trujillo que lo traicionó en 1930? ¿Se admira al Balaguer títere de Trujillo, al represor autoritario de los Doce Años o al reformador de los Diez Años? ¿Se admira al Bosch demócrata liberal de 1962 o al marxista no leninista de 1973, o al que juntó con sus discípulos pactó en 1996 con su enemigo ideológico de la ultra derecha para frenar al líder Peña Gómez?  ¿Vamos a interpretar la historia de manera selectiva o se respeta?

¿Se admira al Caamaño trujillista pre 1961, al demócrata constitucionalista de 1965, o se le rechaza porque en el 1973 entró con una pequeña fuerza guerrillera comunista entrenada en Cuba para tumbar al gobierno constitucional de Balaguer? No fui nunca balaguerista, pero era el gobierno constitucional legítimo. ¿Qué se hace en cada caso?  ¿A quién se admira y a quién se le rechaza después? Estimo que hay que respetar la historia y sus grandes personajes por sus actuaciones en los grandes momentos claves históricos.

En resumen, en mi opinión el general Antonio Imbert Barrera debe ser reconocido como lo que es, un Héroe Nacional y se le debe rendir respeto y admiración por jugarse la vida el 30 de mayo en que el grupo de patriotas ajusticiaron al tirano. Todos los que ayudaron y participaron en la conjura son patriotas y héroes, por arriesgar y sacrificar sus vidas para darle a este país libertad y democracia. Imbert Barrera fue un hombre de su momento, como dice Ortega y Gasset, el hombre y su  circunstancia.

Don Antonio Imbert Barrera le dio el frente con su hombría, coraje y responsabilidad a cada momento político que le tocó vivir. Fue un hombre sencillo, decente y con los años un gran conciliador y protector de revolucionarios de la ira de los Doce Años. Considero que por los tiros que le dio a Trujillo es héroe para la eternidad. Lo demás es politiqueo circunstancial mezquino, que pronto desaparecerá con las nuevas generaciones que no están contaminadas por las pasiones del pasado.

Fuente: Listindiario.com

Un mérito a destiempo: Escritores opinan sobre exequátur Post mortem entregado a Minerva Mirabal

Nathalia Romero

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Santo Domingo, RD.

Minerva Mirabal fue una mujer que estuvo adelantada a su época. Fue líder opositora de una las dictaduras más férreas del siglo XX, poeta, artista y lectora asidua de filosofía. Se graduó Summa Cum Laude de la carrera de Derecho, en la Universidad Autónoma de Santo Domingo con la tesis doctoral: “El principio de la irretroactividad de las leyes y la jurisprudencia dominicana”. Un logro que para en ese entonces no cualquiera podía conseguir y más si se era mujer. Ese logro, fue empañado y quedó enterrado por muchos años.

No fue hasta 63 años después que el actual presidente de la República, Luis Abinader, le entregó mediante el decreto 671-20 su merecido exequátur post mortem.

¿Pero cuál fue el motivo por el que nunca se le entregó a Minerva su exequátur? ¿Fue por su condición de mujer? ¿Por qué ningún otro gobierno había tomado la iniciativa?

Para el historiador Juan Pablo Uribe, la razón por la cual nunca se le otorgó el derecho como ciudadana de ejercer su profesión fue por razones meramente políticas. Y el olvido de su póstumo reconocimiento por parte de los diferentes gobiernos post-dictadura, se debe a lo que él considera como la cuadriga que ha caracterizado gran parte de la historia democrática del país: la complicidad, impunidad, silencio y olvido.

Uribe explica que la familia Mirabal, principalmente Minerva, tuvieron un papel fundamental en la resistencia contra el oprobioso régimen. Porque Minerva nunca fue una figura de adorno. Fue fundadora junto a su esposo Manuel Aurelio Tavárez Justo del movimiento 14 de junio, la mayor fuerza opositora de la dictadura. Esto la convirtió en una enemiga pública del régimen. Fue un caso singular.

El motivo de la negación por parte de Trujillo de entregarle el exequátur a Minerva y la persecución hacia sus hermanas no fue solo por el hecho de  haber sido mujeres, sino también porque fueron revolucionarias, convirtiéndose esto en un hecho, que para la dictadura debía ser doblemente castigado, alega Uribe.

El caso de las Mirabal es comparable con el del poeta español Federico García Lorca, quien fue asediado y asesinado por su condición de poeta, revolucionario, comunista y homosexual. Para Francisco Franco la muerte de García Lorca significó un triunfo, porque el dictador se proclamó campeón del anti-comunismo, tal como lo hizo su homólogo Trujillo.

No obstante, para el escritor y periodista Diógenes Céspedes, el exequátur post mortem no fue más que un reconocimiento a los familiares de Minerva que están vivos y para que la sociedad lo sepa.

“Antes ningún gobierno lo había hecho y a los que llevan el apellido y que han ocupado altos cargos en los gobiernos de Leonel y Danilo, no era un tema para ellos”, declara Céspedes.

Céspedes entiende que al gobierno actual no le costó nada dar el reconocimiento. “Solo un pedacito de papel y nadie se opone a esa medida”. Y es que para la ideología de los héroes nacionales solo existe adscripción. “Oponerse es ir en contra de la corriente y de lo políticamente correcto”, según el escritor.

Mientras que para la escritora dominico-americana Julia Álvarez, quien en el libro “En el tiempo de las mariposas” dio a conocer la historia de las tres hermanas en el mundo literario, el reconocimiento llegó más de 60 años tarde, pero aun así, se siente agradecida de que alguien se hubiese dado cuenta y reconociera la injusticia de esa censura.

Álvarez ahora insta a los dominicanos, que aborden y reconozcan tantas otras violaciones, como lo fue la masacre de Haití de 1937.  Por esa razón, la escritora y un grupo de otros escritores de la Diáspora, y del país vecino fundaron “Frontera de las Luces” en el año 2012, un colectivo que anualmente conmemora la masacre en octubre, y con ambos países y comunidades en la frontera, hacen proyectos y crean lo que considera la escritora una “Frontera de la Luz”.

“Creo que Minerva Mirabal nos defendería en cualquier tribunal y aprobaría este esfuerzo de dar voz y derecho a una injusticia”, expresa la autora.

 

 

Personas siguen muriendo 19 años después de los ataques del 11 de septiembre

Casi 3.000 personas murieron de manera directa por los atentados al World Trade Center y se estima que más de 1.000 han fallecido desde entonces por enfermedades relacionadas con el evento

Estudios revelaron la alta toxicidad del polvo generado tras el desplome de las Torres Gemelas.

15 minutos. Estamos enterrando a gente a diestro y siniestro (…) es una epidemia en marcha, dijo a Reuters Nancy Carbone, directora de una ONG con sede en Brooklyn que no hablaba sobre el coronavirus, sino de las muertes derivadas del atentado terrorista del 11 de septiembre (11-S).

Casi 3.000 personas murieron de manera directa por los ataques al World Trade Center (WTC) y se estima que más de 1.000 han fallecido desde entonces por enfermedades relacionadas con el evento.

De esa cifra, al menos 200 son bomberos que trabajaron en la zona cero. Es muy probable que ese número siga creciendo debido a que el número total de afectados supera los 400.000.

Es tal la situación que se creó el Programa de Salud del World Trade Center, con el propósito de atender y dar seguimiento a las afecciones de estas personas. Ya hay más de 100.000 inscritos.

Enfermedad del World Trade Center

Luego del derrumbe de las dos torres de 110 pisos una gruesa capa de polvo lo cubrió todo a varios kilómetros a la redonda.

Días después del atentado las salas de emergencia comenzaron a recibir a personas que habían sobrevivido al ataque o que habían trabajado en la zona cero. Presentaban ataques de tos y problemas para respirar.

“Los síntomas eran terribles. De repente se despertaban porque no podían respirar”, dijo el doctor Michael Crane, director del Programa de Salud del World Trade Center del Hospital Monte Sinaí a Europa Press.

Ese ataque de tos crónico fue bautizado también como la tos del World Trade Center.

“Las heridas pulmonares son el impacto más común causado por la exposición al polvo y al humo en el World Trade Center”, explicó a la revista Sinc el investigador de la Universidad de Nueva York Michael Weiden.

Pero para muchos, los problemas respiratorios por la inhalación del polvo de la zona cero fueron mucho más graves y complejos que un ataque de tos.

Un gran número de personas ha tenido que vivir desde ese momento con enfermedades respiratorias crónicas. El tratamiento que reciben es similar al del asma.

Uno de esos casos es el del agente de seguridad escolar de la Policía de Nueva York, Daisy Bonilla, quien solo puede alimentarse a través de purés y alimentos líquidos debido a la inflamación permanente de las vías respiratorias.

Si comiera alimentos sólidos “se me quedaría en el esófago y sentiría como si me ahogara (…) Es un asco, pero me estoy acostumbrando. Intento verlo de una manera positiva. Al menos estoy viva”, dijo Bonilla a Europa Press.

Polvo tóxico

“Nunca sabremos qué había en esa nube porque el viento se la llevó, pero la gente la respiraba, la comía”, expresó Michael Crane.

La gruesa capa de polvo que cubrió la zona cero se convirtió en una de las imágenes emblemáticas que todos relacionan con el ataque a las torres gemelas.

Sin embargo, para ese momento no era más que polvo. Pero gracias a investigaciones posteriores se descubrió que no estaba conformado por partículas inertes.

Los expertos coinciden en que, más allá de los problemas respiratorios, la mayorías de las muertes derivadas de los atentados estarán relacionadas con el cáncer.

Un censo del Programa de Salud del WTC contabilizó al menos a 10.000 personas con cáncer. Cada mes se registran entre 50 y 80 nuevos casos.

Un estudio publicado en la revistaThe Lancetreveló que los bomberos que trabajaron en la zona cero tenían un 19 % más de probabilidades de desarrollar cáncer en comparación con el resto de sus compañeros, y hasta un 10 % más que la población general.

Otro trabajo publicado en 2018 por la revista médicaJAMA Oncologydeterminó que el tipo de cáncer más probable que pueden desarrollar quienes trabajaron en el lugar posterior al ataque es el mieloma múltiple, un tipo de cáncer sanguíneo. También se reveló una mayor incidencia de cáncer de cabeza, cuello, seno, próstata y piel.

Lucha por reconocimiento

Uno de los cánceres más comunes entre las personas expuestas a este polvo es el de pulmón, ocasionado en la mayoría de los casos por la inhalación de partículas tóxicas.

Uno de los componentes hallados en el polvo fue el amianto o asbesto, un mineral cancerígeno usado como aislante en las construcciones. Se sabe que en el WTC fueron usados 400 toneladas de este componente.

Asimismo, la incidencia de cáncer de tiroides entre los trabajadores de servicios de emergencia es mayor, el triple en comparación con el resto de ciudadanos.

Uno de los casos más notorios de personas que murieron de cáncer fue el de Marcy Borders, conocida como “Dust Lady” (La chica polvo).

Una fotografía que muestra a Borders cubierta de polvo de pies a cabeza se convirtió en una de las más icónicas del ataque. En 2014 le diagnosticaron cáncer de estómago. Murió un año después.

Sin embargo, pese al gran número de casos de cáncer, quienes lo padecen debieron luchar durante años para que lo reconocieran como una enfermedad relacionada a los atentados y de esta manera acceder al dinero del Fondo de Compensación a las Víctimas del 11 de septiembre.

Los especialistas coinciden en que todavía no se ha llegado al punto más álgido del problema, debido a que algunos de los cánceres relacionados con la exposición a la zona cero tardan entre 20 y 30 años en desarrollarse.

 

Fuente: 15minutos.com

 

Nelson Mandela, icono de la lucha contra el ‘apartheid’

El 18 de julio de 1918 nació Nelson Mandela, un símbolo de la lucha por los derechos de los sudafricanos, un hombre que tras pasar media vida en la prisión se convertiría en el primer presidente de raza negra de Sudáfrica y un referente mundial contra el racismo.

Nelson Mandela, icono de la lucha contra el ‘apartheid’

“Siempre he atesorado el ideal de una sociedad libre y democrática en la que las personas puedan vivir juntas en armonía y con igualdad de oportunidades. Es un ideal para el que he vivido. Es un ideal por el que espero vivir, y si es necesario, es un ideal por el que estoy dispuesto a morir”. Nelson Mandela pronunció estas palabras tras la condena por alta traición que dictó contra él el Tribunal de Johannesburgo en abril de 1964 en el conocido como proceso Rivonia.

Originario del pueblo xhosa y perteneciente a la casa real tembu, el 18 de julio de 1918 nacía en Mvezo, El Cabo (Sudáfrica), Rolihlahla Mandela, que en lengua xhosa significa “revoltoso”. Hijo de un jefe tribal, Rolihlahla pasó su infancia en las zonas rurales de Sudáfrica hasta que a los siete años fue bautizado como Nelson Mandela para poder asistir a la escuela metodista. Al fallecer su padre, Nelson quedó al cuidado de un primo suyo, un regente de los Thembu llamado Jongintaba Dalindyebo. El joven Mandela escuchaba hablar a los lideres tribales y empezó a tomar conciencia del sentido de justicia y a abrazar la retórica antiimperialista. ​Pese a todo, no veía a los colonos europeos como opresores. A los dieciséis años, Mandela entró a formar parte del consejo tribal y tres años mas tarde ingresó en la Universidad de Fort Hare (una institución sólo para personas de raza negra) donde cursó estudios superiores.

“Siempre he atesorado el ideal de una sociedad libre y democrática en la que las personas puedan vivir juntas en armonía y con igualdad de oportunidades. Es un ideal para el que he vivido. Es un ideal por el que espero vivir, y si es necesario, es un ideal por el que estoy dispuesto a morir”. Nelson Mandela

Activismo contra el racismo

Cuando en 1941 Mandela supo que el jefe Jongintaba había concertado para él un matrimonio, abandonó la aldea y partió a Johannesburgo donde vivió en el superpoblado suburbio de Alexandria. Allí conoció a Walter Sisulu, un activista contra el apartheid, con el que trabó una amistad que sería determinante en su vida: influyó en sus ideas políticas, le ayudó a conseguir trabajo y a finalizar sus estudios de derecho. También le presentó a su prima Evelyn Mase, con la que contraería matrimonio en 1944.

En Johannesburgo, Mandela conoció a Walter Sisulu, un activista contra el apartheid que influyó poderosamente en su pensamiento político

Rápidamente, Sisulu se dio cuenta de las dotes de liderazgo que tenía Mandela y lo presentó al Congreso Nacional Africano (ANC), un movimiento que estaba en contra de la opresión que desde hacía décadas venían sufriendo los negros sudafricanos. En 1944, Mandela, fue uno de los líderes fundadores de la Liga de la Juventud del Congreso, que llegó a constituir el grupo dominante en el Congreso Nacional Africano. Su ideología abrazaba el socialismo africano: nacionalista, antirracista y antiimperialista.

 

Cadena perpetua

En 1962, al regreso de un viaje para recaudar fondos, Mandela fue detenido y condenado a cinco años de cárcel. Estando en prisión, fue declarado culpable de sabotaje, traición y conspiración violenta para derrocar al Gobierno en el conocido juicio de Rivonia, a cuyo término dirigió a los jueces su célebre alegato final, lleno de firmeza y dramatismo, aunque ello no impidió que fuese condenado a cadena perpetua. A pesar de estar preso, ese mismo año fue nombrado presidente del Congreso Nacional Africano.

En 1962, Mandela fue declarado culpable de sabotaje, traición y conspiración violenta para derrocar al Gobierno y condenado a cadena perpetua

Mandela pasó 27 años preso en diversas cárceles sudafricanas –6 años en la prisión de Pollsmoor y 4 en la prisón de Victor Vester– y en unas condiciones penosas. El Gobierno Sudafricano rechazó todas y cada una de las peticiones para que Mandela fuera puesto en libertad. A partir de entonces, Mandela se convirtió en un símbolo de la lucha contra el apartheid dentro y fuera del país, una figura legendaria que representaba el sufrimiento y la falta de libertad de toda la población negra sudafricana.

El primer presidente negro

Por fin, en febrero de 1990, Frederik de Klerk, presidente de la República por el Partido Nacional, cedió ante la evidencia y abrió el camino para abolir la segregación racial. Legalizó el Congreso Nacional Africano y liberó a Mandela. En 1993, Mandela y De Klerk compartieron el Premio Nobel de la Paz y el 27 de abril de 1994 Mandela se convirtió en el primer presidente negro de Sudáfrica.

En 1990, De Klerk liberó a Mandela y ambos fueron galardonados con el Premio Nobel de La Paz en 1993

Tras sufrir una prolongada infección respiratoria, Madiba, como era conocido en señal de respeto, murió el 5 de diciembre de 2013 a la edad de 95 años. El 6 de diciembre, el presidente de la República Sudafricana, Jacob Zuma, declaró diez días de luto nacional y anunció que el funeral se llevaría a cabo en el estadio Soccer City de Johannesburgo el día 10 del mismo mes, y contaría con la presencia de toda la comunidad internacional.

La catedral de Notre Dame: una joya gótica con ocho siglos de historia

La catedral, que este lunes ha sufrido un incendio durante sus tareas de remodelación, fue construida entre 1163 y 1245 en la Île de la Cité. Su nombre significa Nuestra Señora, y está dedicada a la Virgen María. Aunque ha sido reformada en varias ocasiones, la más importante fue la de mediados del siglo XIX. En esta ocasión, se sustituyeron los arbotantes, se insertó el rosetón sur y reformaron las capillas.

El interior de la catedral destaca por su luminosidad y ventanales, gracias a los amplios ventanales que se abren en la cabecera, el claristorio, el triforio y las naves laterales. Gran originalidad y audacia suponen los pilares cilíndricos que separan los espacios de las naves. En contra de lo que se hizo después en la mayoría de edificios góticos, se diseñaron a modo de columnas gigantes, sin haces o columnillas adosadas.

El órgano principal de la catedral es un destacado instrumento, obra de Aristide Cavaillé-Coll en su mayor parte; posee una caja adornada con autómatas. La plaza de organista titular de Nôtre Dame es uno de los más altos honores a los que puede aspirar un músico. Entre los que la han ocupado destaca Louis Vierne, que fue organista entre los años 1900 y 1937.

Las bóvedas y las tracerías de los ventanales muestran diseños simples, como corresponde a la fase inicial del Gótico en que fueron proyectados. La decoración escultórica de capiteles, enjutas y demás espacios también responde a la sencillez heredera de la tradición cisterciense, y predominan en ellos los elementos vegetales.

Entre las paredes de Notre Dame se han celebrado importantes acontecimientos, entre ellos la coronación de Napoleón Bonaparte, la beatificación de Juana de Arco y la coronación de Enrique VI de Inglaterra.

La catedral de Notre Dame tiene dos torres de 69 metros en su fachada. 387 empinados escalones en cada una de ellas que prometen una de las mejores vistas a la ciudad. La cripta situada en el subsuelo fue descubierta durante las excavaciones de 1965 y se abrió al público en 1980.

Fuente: abc.es

Juana la Loca, ¿víctima de una conspiración?

Durante casi 50 años, la reina legítima de España estuvo confinada en un palacio de Tordesillas: según algunos, víctima de una conspiración de sus parientes todopoderosos; según otros, a causa de una innegable enfermedad mental.

140 Juana 4. Por los campos de Castilla

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Por los campos de Castilla

Juana ante el féretro que transporta los restos de su esposo desde Miraflores a Granada. Óleo por Francisco Pradilla. 1877. Museo del Prado, Madrid.

ORONOZ / ALBUM

140 Juana 1. La infanta Juana de Castilla

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La infanta Juana de Castilla

Retrato por Juan de Flandes con motivo del enlace entre Juana y Felipe. 1496-1500. Museo de Historia del Arte, Viena.

BRIDGEMAN / ACI

140 Juana 2. Toledo, la ciudad del Tajo

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Toledo, la ciudad del Tajo

Tras la muerte de Juan e Isabel, los hermanos de Juana, ésta y su marido Felipe de Habsburgo fueron proclamados herederos al trono de Castilla en la catedral de Toledo en el año 1502.

STEFANO POLITI MARKOVINA / AWL IMAGES

140 Juana 3. Llegada a Flandes

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Llegada a Flandes

Sobre estas líneas, grabado de Der Weiss Kunig (El Rey Blanco), biografía del emperador Maximiliano I. La imagen muestra la llegada de Juana de Castilla al puerto flamenco de Arnemuiden en 1497.

Bayerische Staatsbibliothek München, RAR. 2060, FOL. 113

140 Juana 6. La demencia de Doña Juana

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La demencia de Doña Juana

En el óleo de Lorenzo Vallés, Juana hace callar a tres cortesanos ante el cuerpo embalsamado de su esposo Felipe el Hermoso, tendido en el lecho tras las cortinas. 1866. Museo del Prado, Madrid.

ORONOZ / ALBUM

140 Juana 5. Castillo de la Mota

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Castillo de la Mota

Entre 1503 y 1504, Juana estuvo recluida en el castillo de la Mota, en Medina del Campo, donde se enfrentó violentamente con su madre para que le permitiera partir hacia Flandes.

JOSÉ FUSTÉ RAGA / AGE FOTOSTOCK

Juana la Loca, ¿víctima de una conspiración?

Con su rostro ovalado, su nariz fina y delicada, piel clara y el cabello rubio, Juana de Castilla fue atractiva desde su niñez. También era inteligente, ya que aprendió latín y poseía notables aptitudes para la música, que sería uno de sus escasos consuelos a lo largo de una vida cada vez más trágica. Lejos de mostrar ningún indicio que llevara a pensar en su futura condición de “reina loca” de España, Juana parecía predestinada a convertirse en un brillante ornamento en la corte de algún insigne príncipe europeo.

Isabel de Castilla, la educación de la Reina Católica

Isabel De Castilla, la educación de la reina católica

Y así ocurrió en 1497 cuando, a los 17 años, se trasladó a los Países Bajos para contraer matrimonio con el archiduque de Austria, Felipe el Hermoso, heredero de las casas de Borgoña y Habsburgo. Los Reyes Católicos habían ideado una estrategia de alianzas matrimoniales en Europa con el propósito de rodear a su gran enemigo, la monarquía francesa, estrategia en la que Juana no era más que un peón. Pese a ello, y también a pesar de diferencias de carácter que dieron lugar a numerosas riñas, entre Juana y Felipe surgió un afecto intenso que se tradujo en constantes embarazos para la infanta, que acabó dando a luz a seis niños.

La boda de una princesa

El destino de Juana como archiduquesa y princesa en Flandes muy pronto se vio alterado por una serie de fallecimientos en el seno de su familia española. En octubre de 1497 murió su hermano mayor Juan, a los 19 años, según se dijo por sus excesos sexuales con su también joven esposa, Margarita de Austria; casi medio siglo después, el emperador Carlos V, hijo de Juana, advertiría a su vástago, el futuro Felipe II, que no debía cometer excesos en los primeros años de desposado porque aquello había matado al infante don Juan. Un año después falleció la otra hermana mayor de Juana, Isabel, casada con Manuel I de Portugal. Su hijo recién nacido, Miguel, quedaba como heredero de España y Portugal, pero murió antes de su segundo cumpleaños. De este modo, en 1500 Juana se convirtió en la única heredera de las coronas de Castilla y Aragón, por lo que su madre, Isabel, le imploró que regresara urgentemente de Flandes a España.

El obispo de Córdoba informaba de que era “habida por muy cuerda y por muy asentada”

Por entonces nadie cuestionaba la capacidad de Juana para reinar. Sus arranques temperamentales eran del dominio público, pero se los consideraba un rasgo heredado de su imponente madre, también propensa a sufrir accesos de melancolía. Los dones de Juana solían recibir exaltados elogios. En 1501, el obispo de Córdoba, enviado por los Reyes Católicos como embajador a Flandes, informaba de que era “habida por muy cuerda y por muy asentada”. Ese mismo año, el embajador residente de España había llegado a decir que “en persona de tan poca edad no creo que se haya visto tanta cordura“.

Primeras alarmas

Las Cortes de Toledo reunidas en mayo de 1502 marcaron un punto de inflexión en la vida pública de Juana, pues fue entonces cuando empezó a ponerse en cuestión su idoneidad para gobernar. Cuando la reina Isabel redactó un último testamento poco antes de su muerte, el 26 de noviembre de 1504, existían serias dudas en torno a la salud mental de Juana. Aunque Isabel la confirmó como heredera de sus reinos, en el documento añadía que si la reina Juana, “estando en ellos, no quiera o no pueda entender en la gobernación dellos”, sería Fernando quien ejercería la regencia en su nombre.

Isabel La Católica contra Juana La Beltraneja

En un nuevo intento de impedir una posible usurpación por parte de Felipe de Habsburgo, la soberana subrayaba su condición de extranjero y prohibía expresamente que se asignara cualquier cargo civil o eclesiástico a personas que no fuesen naturales de sus reinos. Poco importa que, sobre el papel, la expresión “o no pueda” sea sólo una apostilla de Isabel la Católica: constituye la señal más sólida de que ahora la madre de Juana dudaba de la capacidad de su hija para gobernar.

Muchos estudiosos han sostenido que la presunta “locura” de Juana obedecía únicamente a una conspiración política masculina. Dado que suponía un obstáculo para que Felipe o Fernando ejercieran el control absoluto sobre Castilla, inhabilitarla satisfacía los intereses de ambos. Su trastorno mental, alegan, se exageró deliberadamente con objeto de hacerla inaceptable como soberana. Se ha argüido además que su conducta extravagante fue, en realidad, un intento legítimo de reafirmarse en un mundo dominado por los hombres. Esta línea de argumentación convierte a Juana en un exponente de todas aquellas mujeres que, en el transcurso de la historia, han sido excluidas injustamente del poder.

Comportamiento imprevisible

Existen, sin embargo, innumerables pruebas que sugieren que Juana de Castilla era efectivamente demasiado inestable para confiarle el gobierno. Muchas veces se ha argumentado que Juana heredó su locura de su abuela materna, Isabel de Portugal. Aunque no hay indicios suficientes para emitir un diagnóstico clínico, si nos limitamos a decir que Juana era excesivamente imprevisible para gobernar, entonces las evidencias de un comportamiento fuera de lo normal resultan abrumadoras. Lo cierto es que su actitud fue tan anómala que hasta sus últimos días su familia temió sinceramente que estuviera poseída por el diablo.

Numerosas pruebas sugieren que era demasiado inestable para confiarle el gobierno

Fue en los meses inmediatamente posteriores al abrupto regreso de Felipe a los Países Bajos cuando, por primera vez, Isabel dudó seriamente de las aptitudes de su hija para gobernar. El ferviente deseo de Juana por reunirse con su esposo chocaba con las intenciones de su madre de que aprendiera a gobernar. Las discusiones entre ambas mujeres tuvieron un grave efecto en la salud de ambas, hasta el punto de que la reina sufrió serios dolores en el pecho. Juana fue confinada en el castillo de La Mota, una espléndida construcción de ladrillo ubicada en Medina del Campo, donde se produjo un incidente singular y desconcertante. Según el relato de la propia Isabel, su hija Juana estuvo en el recinto exterior del castillo, descalza y sin ropa de abrigo, hasta las dos de la madrugada de una de las noches más frías del año. Con este gesto, Juana forzó a su madre a concederle una entrevista y, en última instancia, a permitirle partir hacia Flandes en busca de su esposo el archiduque, pero logró su propósito a expensas de su dignidad personal, una cualidad imprescindible en cualquier gobernante.

En junio de 1506 ocurrió otro incidente similar. Su esposo y ella habían vuelto a España en abril, dieciséis meses después del fallecimiento de Isabel la Católica. El 28 de junio, Felipe le comunicó que había firmado con su padre la concordia de Villafáfila, en la que se estipulaba que si la nueva reina no quería o no estaba en condiciones de gobernar, Felipe asumiría total autoridad y hasta continuaría siendo rey a la muerte de su esposa. Fernando se comprometió a retirarse a Aragón, aunque conservó la mitad de las rentas que reportaba a Castilla el Nuevo Mundo, así como pleno control sobre las órdenes militares. En un principio a Juana le habían indignado estas negociaciones, pero luego pareció no prestarles atención. En lugar de pronunciarse, sólo pidió recorrer los jardines del conde de Benavente, famosos por su colección de animales. Cuando hubo visto los pavos reales, Juana se alejó a la carrera hasta topar con la casa de una mujer, de oficio tahonera. Refugiada en la cocina, se resistió a salir pese a las súplicas de su esposo y a que la casa quedó rodeada por los soldados alemanes de Felipe.

Estas dos anécdotas arrojan luz sobre los trastornos mentales de Juana. Desde la perspectiva del siglo XVI, es irrelevante que definamos su dolencia como locura o como una forma severa de depresión posparto. Juana se había revelado incapaz de cualquier pensamiento estratégico. Su mente ya no podía ir más allá de las circunstancias inmediatas. Su única obsesión era sentirse libre, pero libre ¿para qué? ¿Para gobernar o para ser gobernada? Ni las murallas de La Mota ni la casa de la tahonera cerca de Benavente llevaban a ninguna parte.

La muerte de Felipe

La muerte repentina de Felipe el Hermoso, el 25 de septiembre de 1506, supuso sin duda un tremendo golpe emocional para Juana, embarazada de su sexto hijo. No se han podido verificar las historias macabras sobre su empeño en reabrir el féretro del esposo, mientras lo trasladaba de un pueblo a otro de Castilla, a fin de examinar sus restos, quizá para evitar que se extraviaran o fueran robados. Por el contrario, es importante concentrarse en los aspectos políticos de su reacción frente a la muerte del archiduque en Burgos. Al día siguiente, cuando el presidente del Consejo de Castilla fue a ver a la reina, la soberana en persona le abrió la puerta del palacio donde se alojaba, la llamada casa del Cordón, y le dijo que volviera más tarde. Cuando los miembros del Consejo se presentaron de nuevo tuvieron que perseguir a Juana por toda la casa y, finalmente, despachar a través de una reja que comunicaba la capilla con sus aposentos. Al negarse a tratar los asuntos urgentes, independientemente de que fuera por falta de interés o por enfermedad, Juana de Castilla había demostrado una vez más su incapacidad para el gobierno. De este modo, Fernando el Católico se hizo con las riendas del gobierno de Castilla, además del de Aragón. A su muerte, en 1516, tras la breve regencia del cardenal Cisneros, el primogénito de Juana, Carlos, sería proclamado rey sin atender a los derechos dinásticos de su madre, que quedaría confinada en el castillo-palacio de Tordesillas desde 1509 hasta su muerte.

La muerte repentina de Felipe el Hermoso supuso un tremendo golpe emocional para Juana

Cuando llegó a Tordesillas, Juana estaba acompañada de su hija menor, la joven infanta Catalina, y no se hallaba lejos del cadáver de su marido, depositado provisionalmente en el vecino monasterio de Santa Clara. Sin embargo, su primer guardián se ponía cada vez más nervioso cuando ella se negaba a colaborar, y en 1516 el cardenal Cisneros lo destituyó por maltrato.

A mosén Luis Ferrer, que así se llamaba, le aterraba que la cautiva muriese estando a su cargo y admitió “haber usado de violencia en alguna ocasión para preservarle la vida, pues se negaba a tomar alimento”. El segundo gobernador de la casa de doña Juana, Hernán Duque de Estrada, era un hombre culto que la trató con mayor compasión. Escribió al cardenal Cisneros que, si se tenía algo de paciencia, a veces la reina era capaz de períodos prolongados de lucidez, aunque confesaba que “lo que no cabe dudar es cuánto conviene razonarla con amor, porque si se quiere torcer su voluntad por fuerza, todo se desbarata“.

Encierro de por vida

El más criticado en su función de guardián de Juana fue el marqués de Denia, cuya familia se encargó de vigilar a la reina hasta su muerte en el año 1555. Siguiendo órdenes de Carlos V, restringió a Juana el acceso a cualquier información políticamente sensible. Durante cuatro años no informaron a Juana de que su padre había fallecido. Denia apartó a la infanta Catalina del cuidado de su madre en 1525, y dos años después se llevó en secreto el ataúd de Felipe el Hermoso para sepultarlo en la Capilla Real de Granada.

Fernando II, el rey Católico

Fernando II, El rey católico

En contra de la idea de una conspiración masculina contra Juana, cabe destacar el profundo apego que le mostró su familia. Entre 1535 y su muerte, la historiadora Bethany Aram ha calculado que recibió al menos dieciséis visitas de sus hijos y sus nietos, algunas de las cuales duraron varios días. Todos creían sinceramente que Juana sufría una enajenación, e incluso se sospechó que estuviera endemoniada.

Hacia el final de su vida, a su familia empezó a preocuparle que el alma de la reina estuviera en peligro. No quería comer, ni se peinaba, ni tan siquiera se aseaba o vestía y se negaba obstinadamente a oír misa. Desde 1534, su hijo Carlos había intentado en vano conseguir que se confesara. En 1554, Francisco de Borja, jesuita y antiguo conde de Gandía, fue enviado a Tordesillas por el futuro Felipe II con la misión de averiguar el porqué de su negativa a ir a la iglesia. El clérigo reprochó a la reina que viviera sin asistir a los oficios ni tener imágenes sagradas en sus estancias privadas, recordándole que su nieto era ahora rey de Inglaterra y subsistía el riesgo de que los protestantes de aquel país declarasen públicamente que su fe no difería de la de ella. Juana proclamó que las mujeres de la familia de Denia obstaculizaban su vida religiosa y, tras acusarlas de ser “unas brujas empedernidas”, demandó que fueran investigadas por la Inquisición.

Juana I de Castilla murió el Viernes Santo de 1555, a los 76 años, tras haber permanecido confinada casi medio siglo. Francisco de Borja atestiguó que sus últimas y balbuceantes palabras habían sido “Jesucristo crucificado, ayúdame”. Juana luchó durante toda su vida para ser una buena hija, esposa y madre. Aceptó que enfermaba con frecuencia y que, cuando eso ocurría, era incapaz de gobernar sus múltiples reinos. El mayor tributo que puede rendirle la historia es reconocer sus debilidades.

Fuente: nationalgeographic.com.es

Ajusticiamiento de Rafael Leónidas Trujillo

El ajusticiamiento del dictador Rafael Leónidas Trujillo se produjo el 30 de mayo de 1961, en la avenida George Washington cuando se dirigía a su casa en San Cristóbal

El ajusticiamiento de Rafael Leónidas Trujillo, fue la coronación de una conspiración tramada en el seno de varias de las más influyentes familias dominicanas, hartas de los excesos del régimen del tirano.

Se produjo en la avenida George Washington cuando el generalísimo (como también se le llamaba), se dirigía a su casa en San Cristóbal.

En dicha vía fue sorprendido por un complot cuyos integrantes eran: Salvador Estrella Sadhalá, Antonio Imbert Barreras, Antonio de la Maza,  Huáscar Tejeda, teniente Amado García Guerrero, Roberto Pastoriza y Pedro Livio Cedeño.

Los antes mencionados alcanzaron el vehículo en que viajaba Trujillo y lo tirotearon, logrando terminar con la vida del tirano, pero su plan no fue del todo perfecto, porque después que se diera a conocer la noticia de que este estaba muerto los agentes del Servicio de Inteligencia Militar (SIM), se lanzaron a buscar pistas y encontraron a muchos de los integrantes del complot.

La escena donde se produjo el ajusticiamiento de Trujillo no fue limpiada, se dejaron armas registradas a nombre de los conspiradores, el auto de uno de ellos también fue abandonado cerca del lugar del crimen, pero el error que causó la muerte de todos los conspiradores fue el no haber matado a Pedro Livio Cedeño, quien resultó herido de gravedad, aunque no se sabe a ciencia cierta quién le propinó las heridas, y el no preocuparse en matar al chofer de Trujillo Zacarías de la Cruz.

Con la muerte de Rafael Leónidas Trujillo, se puso fin a una de las dictaduras más siniestras del Siglo XX.

La Historia nos muestra dictadores que permanecieron, o permanecen, largo tiempo en el poder gracias a su habilidad, a su inteligencia o a su carisma personal. El caso de Trujillo es novelesco porque su mandato estuvo basado en el terror y en la brutalidad.

Luego de todos estos hechos los Trujillos fueron expulsados del país y Joaquín Balaguer quedó como Presidente de la República, no obstante debido a las presiones estadounidenses Balaguer fue exiliado también.

Fuente: educando.edu.do

La herencia del dolor

Rosario Vásquez

Enhorabuena docentes, con mucha satisfacción el Periódico Listín Diario pone a la disposición de ustedes la gran variedad de informaciones con contenido curricular para ser usadas en las aulas y el hogar.  Al usar el periódico Listín Diario impreso,  listindiario.com y la web planlea.listindiario.com  como una estrategia de enseñanza aprendizaje fomentarás en tus alumnos  el aprendizaje significativo, el trabajo en equipo y el trabajo colaborativo.

Sugerencias para para los docentes:

Lea el artículo antes de presentarlo a los estudiantes.

Las actividades pueden realizarse de manera individual o en grupo.  Escoger un espacio físico en donde se sientan en libertad.

Crear en el aula un ambiente que permita estimular la creatividad.

Elija la forma cómo va a dar a conocer el contenido de la noticia seleccionada.  Puede ser lectura en voz alta, narración de las partes más significativas o lectura silenciosa por parte de los niños o jóvenes.

Presente la página completa del impreso o el sitio web donde está ubicado el artículo. Sugerimos no recortar la noticia, pues el espacio que ocupa y la ubicación en la página, también ofrecen elementos de análisis.

Aproveche todas las partes del artículo: textos, gráficos, ilustraciones, fotografías y videos, en el caso de Internet.

Permita que niños y jóvenes exploren el periódico o el sitio web para conocer su estructura: los tipos de historias y la manera como las presentan.

Las puede adaptar de acuerdo a los grados o niveles en los que está impartiendo sus clases.  Es ideal también para trabajarlo en familia.

 Artículo que se propone: LA HERENCIA DEL DOLOR

Género: Noticia

Tema: Familiares de asesinados, desaparecidos y torturados por la dictadura vivieron el miedo, el terror, la intimidación y el acoso que marcó sus vidas para siempre.

Escrito por: Juan Salazar

Fecha de publicación: 21 de mayo 2018

Actividades sugeridas

Si quieres desarrollar en tus alumnos el pensamiento y la conciencia histórica y que puedan tener una mayor comprensión del comportamiento de nuestra sociedad actual, mediante el estudio de este período de nuestra historia podrán comprender mejor los hechos pasados, explicar sus causas y consecuencias, y valorar, honrar y recordar a los héroes y heroínas que forjaron nuestra democracia.

“Más allá de los centros de torturas ubicados en  La 40 y en la carretera Mella de la capital, existió otro poco conocido en la autopista Duarte, a unos seis kilómetros de Villa Altagracia, donde todavía quedan las huellas de las torturas y abusos cometidos contra opositores de la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo”.  A continuación algunas ideas para trabajar este contenido histórico usando el periódico Listín Diario impreso o listindiario.com.

 

“Meriño 310-B, un sitio de ensueño en la ciudad primada de América”

Arlette Pichardo Muñíz

La puesta en circulación de la obra “Meriño 310-B, un sitio de ensueño en la ciudad primada de América”, bajo la autoría de la socióloga Arlette Pichardo Muñíz, tuvo lugar en Santoña Gastro Bar Colonial a propósito de su primer aniversario.

La Meriño 310-B es hoy Santoña Gastro Bar Colonial, restaurante que da vida a una nueva forma de viajar con los sentidos a través de la historia y la gastronomía, en la casa que hace más de 500 años fue propiedad del afamado navegante y cartógrafo Juan de la Cosa,  proveniente de Santoña, España, y que hace más de una década fue recuperada por la autora de este libro.

“El propósito principal de la obra es mostrar la importancia de recuperar un inmueble en condiciones deplorables y con su historia oculta tras pañetes para exhibir con donaire y elegancia una joya arquitectónica con gran riqueza histórica y arqueológica”, expresó la autora.

En el inmueble, que conserva el espíritu colonial del siglo XVI, tiene funcionamiento este bar restaurante donde se puede disfrutar de platos mediterráneos clásicos con un toque vanguardista acompañados de eclécticos cocteles.

Al evento donde se expuso toda una década de trabajo de estudios arqueológicos, remodelación y puesta en valor del inmueble, asistieron personas ligadas al ámbito arquitectónico, cultural e histórico del país. Este es el primero de una serie de tres libros, en las demás ediciones se contará la historia de las piezas arqueológicas encontradas y un circuito turístico con mapa desplegable.

El equipo de Santoña Gastro Bar Colonial está liderado por José Rafael Lockhart, gerente general, Omar Brito, chef ejecutivo y José Ricardo Luciano, gerente de mercadeo.