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Niños en casas ajenas: reglas de etiqueta para tener en cuenta

¿Hay que hacerles caso siempre a los adultos a cargo? ¿Y llevar algo de comer? ¿Hay que llevar algún regalo para los anfitriones cuando se trata de estadías largas? En esos casos, ¿cómo es el manejo del dinero que los niños eventualmente llevan para gastos personales? ¿Y cómo se maneja la intimidad a la hora de, por ejemplo, el baño o de cambiarse la ropa? Estas son algunas de las muchas preguntas que los padres se formulan cuando sus hijos son invitados a pasar una noche, un fin de semana o unas vacaciones en casas de amigos. Y aunque las opiniones al respecto varían de familia en familia, existen ciertas ‘reglas de etiqueta’, ciertos consensos tácitos que facilitan estas situaciones.

‘Portarse mejor que en la casa de uno’ es una máxima a la que adhieren muchos padres a la hora de dar el sí cuando sus hijos preguntan si pueden ir a la casa de este o aquel.“Con respecto a las buenas costumbres, obviamente siempre les digo que se repite como himno ‘por favor’, ‘gracias’, ‘buen día’, ‘buenas noches’. Si no te gusta la comida, dices ‘no, gracias’ ”, cuenta Soledad Bolomo, de 44 años, mamá de pequeños y adolescentes, de 20, 15 y 9 años.

En materia de autoridad, los padres suelen coincidir en que cuando el menor juega de visitante, esta la ejerce el adulto anfitrión, y que llamar a papá o a mamá para dirimir si seguir las reglas de la casa solo se aplica a cuestiones de fuerza mayor. “Los padres que están ahí ofician de autoridad, y donde van mis hijos deben tener claro que es la autoridad la que pone las reglas –afirma Fabiana Suárez, de 35 años, mamá de un niño de 15 y una niña de 14–. Si son padres que se exceden, ellos sabrán si no se sienten cómodos si vuelven ahí o no, pero no es opción no responder a esa autoridad”.

Por el contrario, agrega, “si son padres más permisivos que nosotros, mis hijos tienen claro cuáles son nuestras reglas y hasta dónde ellos llegan o no, pero tengo claro que estoy delegando la autoridad en alguien y tengo que confiar. Lo mismo espero de alguien que manda a sus hijos a mi casa, que confíen en mi criterio, y por eso soy más cuidadosa cuando hay invitados que cuando no los hay”.
La autoridad es siempre del mayor a cargo. Cuando mis hijas son las invitadas confío en su buen criterio para que me llamen ante algún problema”, coincide Natalia Rivas, mamá de tres niños de 7, 13 y 16 años. “Cuando estoy a cargo de menores ajenos soy bastante clara con lo que se puede hacer y lo que no, y cumplo (y hago cumplir) las pautas prefijadas. Así que existe un primer filtro: mis hijas les avisan a sus amigas que acordamos las actividades, hacemos un contrato tácito que no se modifica a no ser por causas de fuerza mayor. Si alguna es poco permeable a esas reglas en general, deja de participar en estos encuentros”, agrega Natalia.

“Las normas de protocolo son tácitas y varían de acuerdo con cada niño, con la edad de los amiguitos y, sobre todo, con cada familia –afirma Celeste Celano–. Lo más importante sería destacar el sentido común por sobre todas las cosas, en donde es saludable sentarse con los hijos antes de acudir a casas de amigos, y conversar sobre el comportamiento en la inserción y dinámica de la familia a visitar”.

Colaborar con comidas

Aunque no es obligatorio, muchos padres y madres coinciden en que es una buena costumbre que cuando los hijos van a casa ajena por períodos que implican desayunos, almuerzos o cenas lleven algún comestible para compartir. “Siempre llevan algo para compartir. Según el horario, algo para probar, postre, helados, algo para el desayuno, bebidas”, dice Soledad.

“Hay niños que cuando invitan a dormir piden plata para ordenar pizza, otros que no –agrega Fabiana–. En mi casa, hasta cierta cantidad de invitados, la comida la ponemos nosotros; si son un grupo más grande, acepto que se autogestionen con libertad”. El tema del dinero adquiere importancia cuando se trata de estadías largas, como pueden ser las vacaciones en las que los hijos son invitados por familias de amigos. Existen distintas modalidades para colaborar con el gasto que representa un veraneante extra.

“Además de hacerme cargo de costos obvios como pasajes, excursiones o salidas, cuando mi hijo es invitado de vacaciones por amigos lleva dinero para colaborar con los gastos comunes, como ir al supermercado o salir a comer afuera”, cuenta Javier Jiménez, de 39 años, papá de dos niños de 13 y 15 años.

“Cuando mi hija se fue de vacaciones con otra familia, yo desconocía el manejo financiero que ellos hacían con su hija, así que acordé que tendrían ambas el mismo presupuesto y que lo determinaba la familia que las llevaba”, agrega Fabiana.

Como anfitriona de grupos a veces numerosos, Natalia cuenta: “En vacaciones básicamente acordamos un monto diario por invitada. Si son muy pequeñas para administrarse, me lo dan a mí; si no, cuando llegamos a destino hago las compras en común, divido por las que somos, y cada una me da su parte. Si vamos a comer afuera, cada una paga lo propio”.

Si de largas estadías se trata, muchos consideran una regla de etiqueta tácita un agradecimiento a la familia anfitriona que va más allá de lo verbal. “Siempre hago algún regalo a los anfitriones cuando vuelve –cuenta Fabiana–. Además, le doy plata a mi hija antes de ir expresamente para que algún día invite algo, desde churros en la playa hasta salir a tomar un helado”.

Mariana González, de 42 años, mamá de un varón de 14 y una niña de 9, actúa de la misma forma: “Este verano mi hijo se fue de vacaciones con la familia de un amigo y llevó de regalo un adorno para la casa de veraneo, así como plata para invitar a su amigo a alguna actividad”.

Cuidados personales

Uno de los aspectos que más preocupan a los padres cuando sus hijos comienzan a ir a casas ajenas es el cuidado de la intimidad, ante situaciones como la de tener que cambiarse o bañarse fuera del hogar. “Ni mi hijo ni mi hija se bañan en casas ajenas, ni nada que tenga que ver con su higiene personal tiene lugar fuera de casa –dice Mariana–. Cuando van a dormir a la casa de amigos van bañados o se bañan al día siguiente. También les digo que si se tienen que cambiar lo hagan a puertas cerradas”.

Natalia, desde el lugar de anfitriona, coincide en la necesidad de resguardar la intimidad de los invitados: “Cuando vienen a casa, yo soy más que cuidadosa con su intimidad, extremando las formas para que no haya ningún malentendido –cuenta–. Con las más pequeñas, si tengo que hacer algo que pueda ser malentendido antes hablo con la mamá, y llegado el caso prefiero que, por ejemplo, no se bañen en casa y se queden sucias antes que invadir sus intimidad”.

Para padres desorientados

Autoridad: El adulto que oficia de anfitrión es quien pone las reglas; llamar “a la casa” para cuestionar esa autoridad solo es para casos excepcionales.

Compartir: Si la visita implica participar en comidas, llevar algo para compartir es un buen gesto.

Dinero: En estancias largas, como vacaciones, se aconseja que los niños lleven dinero (o se lo den al adulto a cargo) para gastos personales.

Fuente: abcdelbebe.com

Qué hacer cuando tu hijo parece que te está desafiando

¿Tu hijo en edad infantil se niega a hacer lo que le has pedido, no quiere recoger o ponerse esos pantalones? ¿Te mira fijamente y se da media vuelta? En muchas ocasiones a los padres nos invade la sensación de que ese pequeño al que adoramos nos está desafiando descaradamente. Y a veces más que una sensación es una certeza. Te contamos por qué nos desafían y qué podemos hacer para manejarlo de la mejor manera posible.

¿Por qué muestran esas conductas que parecen desafiantes?

No hay intención por su parte

Lo que tenemos que tener clarísimo los adultos es que a pesar de que utilicemos la palabra “desafío” no se trata de algo intencional o con carga de “maldad”.

No, los niños no nos desafían para hacernos la vida más complicada, ni lo hacen para vernos sufrir porque eso les proporcione placer. Los niños muestran estas conductas como parte de su desarrollo. Te lo explico en el siguiente apartado.

El desafío forma parte del desarrollo normal y esperable de los niños

Es frecuente que asociemos este tipo de conductas desafiantes con problemas de conducta en nuestros peques, pero la realidad es que no les pasa nada malo: desafiar forma parte de su desarrollo normal y deseado.

Los niños de entre 1 y 3 años están inmersos en un proceso de desarrollo alucinante: su cerebro, personalidad y la idea que tienen del mundo está en pleno proceso de formación, es mucho con lo que tienen que “lidiar”, son muchos los cambios, y como efecto de toda esta vorágine se produce ese desafío a los padres.

Los niños a estas edades están inmersos en:

  • Explorar el mundo: su desarrollo tanto físico como cognitivo pasa porque los peques exploren, es una de las formas de aprender, una muy importante además. Y para aprender del mundo que les rodea necesitan tocar, oler y por supuesto probar… probar el sabor de las cosas y probar qué pasa si tiro el champú dentro de los zapatos de mamá. Porque todo es nuevo, porque todo está por descubrir, porque es lo que tienen que hacer para desarrollarse correctamente.
  • Aprender más sobre las interacciones sociales: cómo son, qué se espera que haga… Su mundo social justo está empezando a desarrollarse, y tienen mucho que aprender. Hasta ahora las interacciones sociales eran más limitadas, las de la etapa de bebé, pero ahora todo eso se amplía, aparecen los iguales (a los que ya reconoce y con los que quiere interactuar), el juego ya no es en paralelo sino conjunto… Todo es nuevo y no saben qué y cómo proceder, están aprendiendo.
  • Desarrollo de su identidad: en esta edad se forja su identidad, el sentido de “yo”. Hasta hace bien poco, de bebé, no distinguía bien los límites entre mamá y él, pero ahora empieza a comprender que es un individuo a parte.
  • Su cerebro va a mil por hora, estableciendo relaciones y conexiones… es más impulsivo que el de un adulto.
  • Aprendiendo sobre sus emociones (aún no saben gestionarlas).

Todo esto combinado, esa necesidad de exploración junto con no tener claro esto de las interacciones con otras personas (ni las normas sociales) y mezclado con que están en pleno proceso de “Eh, que yo estoy aquí” (identidad) hace que un “No toques eso” sea recibido como una total y absoluta invitación a tocar precisamente eso que nos han prohibido.

Niña seria

Qué hacer con los desafíos

  • Ten en mente todo el rato que no se trata de algo que hagan, como decía, para molestarte. Enfría tus pensamientos y no te enfades. Cuanto más calmado estés tú más calmado estará el peque.
  • No respondas con lo primero que se te viene a la cabeza, porque probablemente sea algo cargado de enfado y frustración. Date un tiempo para repensar lo que vas a decir.
  • Intenta hacerle ver que entiendes cómo se siente verbalizando lo que te dice o preguntándole: ”Entonces, cariño, es que no sabes qué hacer?”
  • Si se pone agresivo muéstrate calmado, dale un tiempo para que baje ese enfado sin insistir en lo que le estabas pidiendo. También puedes ponerte a su altura y abrazarle sujetándole los brazos, de esta forma impides que haga aspavientos y se haga daño y además con el tacto conseguirás calmarle y tranquilizarle.
  • Anticípate: si a menudo tienes que ir detrás del peque diciéndole eso de “no lo toques o lo no cojas” van a pasar dos cosas: que lo siga tocando, por todo lo que he explicado antes (ya sabes, no es que no quiera hacerte caso) y que tú te frustres. Así que una manera de evitar tentaciones es retirarlas de la vista. Al menos las que de verdad no quieras que toque. Adaptar nuestra casa a los niños les va a permitir precisamente esa exploración tan necesaria, y además sin la censura de papá y mamá.
niña enfadada

Qué dices y cómo lo dices

Cuando tengas la sensación de que tu hijo no te hace caso y que “pasa olímpicamente” de lo que le estás pidiendo, te pido que te pares un momento y pienses en qué le has pedido y cómo lo has hecho.

¿Por qué? Porque a veces, muchas veces, somos nosotros los que exigimos y nos frustramos, porque les pedimos cosas que no son capaces de abarcar por su edad. Me explico:

Estate un rato en silencio. Prepárate que nos vamos al cole… Esto, que decimos muy a menudo órdenes muy complejas para los peques, a pesar de que para nosotros parezcan la mar de sencillas. ¿Qué es un rato? ¿Qué es silencio? ¿Qué hace falta para estar listo para el cole? Los niños necesitan que seamos concretos, que les especifiquemos qué queremos y qué les estamos pidiendo, sin ambigüedad y con conceptos tangibles y claros.

¿Cómo podemos hacérselo más accesible?

  • Divide la tarea en partes, en pequeños pasos más sencillos. Así es más difícil que se frustre, que se aburra y abandone. Así irá alcanzado metas y eso le reforzará a llegar a la meta final.
  • Dale instrucciones lo más concretas posibles (qué quieres que haga, con pelos y señales, adaptándote a la edad y capacidades del niño).
  • Ajusta tus expectativas: tu niño es eso, un niño, y como veíamos más arriba está en plena esfervescencia, está aprendiendo de todo, y pedir que esté quieto, que haga sententa cosas y que encima las haga rápido quizá es pedir mucho.

Fotos: Pexels.com

Fuente: bebesymas.com

Padres sobreprotectores crían hijos ‘blanditos’

Algo no encaja en el método con el que muchos padres están educando hoy a sus hijos. Aunque la gran mayoría de los papás actuales tuvieron una formación rígida y aprendieron que las metas y las cosas solo se conseguían con esfuerzo, se han pasado al lado opuesto y hoy se han vuelto extremadamente permisivos y sobreprotectores con sus hijos.

Con tal de que sus niños no ‘sufran’, estos padres les hacen las tareas escolares, les resuelven hasta el más mínimo problema cotidiano, les suministran lo que haga falta y llegan al extremo de escogerles las amistades.

La periodista y escritora española Eva Millet describe este fenómeno como la ‘hiperpaternidad’, una especie de padres y madres “helicóptero”, pero que no se limitan a cargarles el morral a sus hijos hasta la puerta del colegio: les quieren suplir todas sus necesidades.

Esta manera de educar, asegura Millet, ha vuelto a los hijos más cómodos y blandos; y, en su concepto, en este momento nos tenemos que enfrentar a una generación que se ha levantado dependiendo de sus padres de forma excesiva, niños y jóvenes incapaces de afrontar los problemas más comunes de la vida. Una sobreprotección que, a largo plazo, dice, será desastrosa para el futuro de esos niños.

Millet, autora del libro ‘Hiperpaternidad’, defiende la tesis de que los padres de hoy están formando una ‘generación blandita’, de niños muy consentidos y de carácter débil.

En declaraciones a varios medios ibéricos, Millet ha manifestado que la exagerada protección de los padres “termina generando adolescentes inseguros, con escasa tolerancia a la frustración y poco resolutivos”.

Esta forma de actuar de los padres parece obedecer a una mentalidad que se ha generalizado: los padres no quieren que sus hijos pasen las mismas dificultades que ellos pasaron.

Sandra Patricia Varela Londoño, directora del programa de Licenciatura en Educación Infantil de la Universidad de La Sabana, sostiene que existen 4 tipos de estilos parentales: democrático, autoritario, negligente y sobreprotector, y este último es el que más practican los padres hoy en día.

“El sobreprotector es un estilo que se caracteriza por una alta calidez y un bajo control sobre los hijos”, asegura. Y afirma que, de alguna forma, es el estilo de los padres que buscan compensar el tiempo que no pueden pasar con los niños y tratan de darles todo aquello que ellos no tuvieron en su infancia.

“Puede responder a un cambio generacional en el que padres que tuvieron menos recursos durante su infancia se proponen dar todo y evitar cualquier sufrimiento a sus hijos”, dice Varela.

Juana Chacón Rojas, psicopedagoga y rectora del Liceo Campestre Freinet del Norte, ha advertido en su trabajo de psicopedagoga un aumento de padres y niños con este tipo de comportamiento.

Dice que es comprensible que los padres quieran lo mejor para sus hijos, pero todo tiene un límite, y pasar esa marca supone más un problema que una solución para el niño.

“Pienso que es contraproducente. En cierta medida, hay que estar presente para enseñarle al niño a solucionar cosas, pero también permitirle que enfrente esas situaciones difíciles y que genere estrategias de solución. Los niños que están creciendo con papás que les están solucionando todo, como adultos no van a ser capaces de solucionar dificultades”, afirma.

Muchas veces, agrega Chacón Rojas, la sobreprotección de estos padres ha llevado a que los niños aprendan valores pobres que no tienen nada que ver con el esfuerzo.

“En este contexto permisivo –agrega la experta–, los niños y jóvenes terminan haciendo lo que quieren, sin normas claras o muy flexibles. Se vuelven más frágiles en contextos externos al sistema familiar y se sienten más impactados ante pequeñas crisis y conflictos”.

Fuente: abcdelbebe.com

Separar a los hijos de sus padres, ¿cuáles son las consecuencias?

Ser separado del núcleo familiar puede afectar significativamente a los niños –también a los padres–. Esta situación tiene consecuencias psicológicas desfavorables que, con el tiempo, formarán parte de sus vidas y les impactará de alguna manera.

La psiquiatra Margarita Mendoza Burgos señala que casos como el ocurrido hace unas semanas en Estados Unidos, de separación de familias migrantes en la frontera de este país con México, puede ser un escenario muy complejo para los niños y, en el futuro para la sociedad en general.

“Este hecho traumatiza mucho a los niños, quienes incluso pueden llegar a sentirse ‘rechazados’ por el ser más querido y en el que confían plenamente… Si ven que los apartan en contra de su voluntad, también sienten que los padres son culpables o culparse a sí mismos, preguntándose si algo que hicieron llevó a la detención y separación de sus padres”, dice la experta.

La especialista compartió que esta situación podría, en el futuro, convertir a muchos jóvenes en personas inseguras y con baja autoestima. Además, pueden ser propensos al llanto y todo lo relacionado con el estrés postraumático.

Además, es posible que los síntomas del estrés postraumático empiecen después del evento traumático y permanezcan en el tiempo. Pero hay quienes desarrollan síntomas nuevos y más serios meses o hasta años más tarde. El estrés postraumático puede afectar a cualquiera, incluso a los niños.

Ayuda de los padres

¿Cómo pueden ayudar los padres a sus hijos? La psiquiatra señala que lo primero que deben hacer los padres es explicarles que lo sucedido no tiene nada que ver con ellos, con su autoestima o con lo que ellos valen como seres humanos.

“Es importante que les expliquen lo mucho que los quieren y que no los abandonaron por voluntad propia”, dijo. Añadió, que “es importante que no se le genere una cultura de odio al menor, dado que de ser así, ellos podrían llegar a odiar a las figuras de autoridad en general.

A los niños se les puede ayudar a través del juego o los dibujos, pues son menos orales para expresarse. Por medio de ello, admiten emociones y las manifiestan como algo bueno y no como signo de debilidad”, expresó la psiquiatra.

Además, no se debe olvidar que como padre también se está pasando por un momento difícil y que por ello, hay que buscar ayuda. “Es importante considerar que los padres están atravesando su propio camino doloroso, no solamente moral, sino económico”, expresó al añadir que “para manejar esta situación, la psiquiatra considera que es importante tratar de asimilar y entender que la situación carece de culpables”.

En caso de separación de los padres

La separación puede darse de diversas formas, una de ellas es cuando los padres se divorcian y uno de ellos aleja a sus hijos del otro, sin ninguna razón de peso.

En este caso, la soledad en niños puede conducir a problemas de conexión social e, incluso, al abandono de las actividades que antes disfrutaban. Frente a algo así, los tutores deben estar atentos a cualquier cambio del menor y acudir en búsqueda de ayuda, para que el desarrollo del niño no se altere y continúe su proceso normal.

Los expertos dicen que los padres deben acudir a un psicólogo que les ayude a superar la etapa, y a comprender la importancia de explicar a sus hijos la situación, ellos también pueden asistir a las terapias para que el experto les ayude orientándolos.

Allí todos aprenderán a escuchar, a comprender lo que sucede, y tanto los padres como los niños, podrán sobrellevar esto, y se adaptarán a los nuevos momentos que vivirán juntos como familia. Esta situación trae grandes cambios para una familia, pero lo primordial es pensar en el bienestar de todos, y explicar de forma correcta a los niños el proceso por el que están pasando.

Fuente: abcdelbebe.com

La figura paterna en la vida de los hijos

Carolina Jiménez
[email protected]
Santo Domingo

Dentro del núcleo familiar la figura paterna es de gran importancia para la crianza de los hijos. Contar con el apoyo, la comprensión y la motivación de un padre influye de manera positiva en el desarrollo socioafectivo del hijo. También en su autoestima y conductas.

A pesar de que el vínculo materno es más fuerte desde la gestación, desde el nacimiento, o desde la adopción, el lugar de un padre es tan importante en la vida del niño, como el de la madre.

Se dice que actualmente el rol del padre se destaca “como una principal figura de apego secundario”. Por lo que uno de los puntos claves es su papel en el desarrollo de la personalidad de los hijos, ya que junto con la madre son la base de la constitución de la familia. 

En el artículo “El rol de la figura paterna”, el doctor Alfonso Correa, expresa que: “El papá es quien brinda flexibilidad, variación y enriquecimiento a la forma en que el niño o niña se relacionará con el resto en el futuro, otorga las herramientas para enfrentar y resolver los problemas, los modelos para ir generando su propia identidad”.

La figura del padre se asocia, además, a la internalización de las normas y al ‘deber ser’, lo que facilita el proceso de integración en una sociedad donde se deben respetar y seguir ciertas reglas para una buena convivencia.

  • El artículo responde dos interrogantes importantes que corresponden a la ausencia de la figura paterna en la vida de los hijos:
¿Cómo afecta la ausencia de la figura paterna? 

La principal dificultad que puede provocar la ausencia de un padre es un vínculo sano en las relaciones interpersonales, y la visión de un mundo más integrado. Además, falta un modelo cercano de relación heterosexual satisfactoria, entre otras cosas.

¿Influye igual a niños y niñas? 

Para los hijos es un referente de identidad al cual toma como modelo para ir definiendo su forma de ser, de actuar, sus intereses, su identidad sexual y su forma de ver el mundo, entre otros.

Para las hijas el padre será también modelo de lo masculino, necesario para incorporar aquellos aspectos masculinos que pueden estar presentes en ellas y que le sirven, por ejemplo, para saber poner límites en la relación con otros haciéndose respetar con mayor claridad y firmeza. También la relación de su padre con su madre será un patrón de referencia de la relación de pareja.

Tiempo de padres e hijos 

En algunos casos, los padres son quienes llevan más carga laboral. Algunos son doctores y se pasan todo el día en la clínica consultando sus pacientes, otros se dedican a ser ingenieros y las construcciones le toman arduas horas de trabajo. Al igual pasa con los abogados, duran largas horas en audiencias o en investigaciones de casos. Los empresarios siempre en reuniones o viajes de negocios. 

Lo anterior, no debe impedir el tiempo que merecen los hijos, más bien se necesita saber administrarlo, que por más corto que sea para compartir, jugar o disfrutar con los hijos, se convierta en un tiempo de momentos cálidos e inolvidables donde se demuestre el afecto y se exprese el amor. Incluso, integrar a los hijos en los trabajos del padre es maravilloso, porque así se enseña con el buen ejemplo y es una vía para pasar más horas juntos.

Cuando mamá y papá no se ponen de acuerdo en la crianza

Cada vez son más las parejas que se sientan a hablar sobre la educación de sus hijos, comparten opiniones y llegan a acuerdos para educar a los niños del mismo modo. Pero aún hay parejas que no logran ponerse de acuerdo. A veces no saben cómo hacerlo, es lógico, no nos han enseñado a “sentarnos a hablar y a establecer acuerdos”, nos han enseñado a obedecer, a hacer “lo supuestamente mejor” y a seguir las reglas. Pero, cuando en la crianza de los hijos, papá cree que “lo mejor” es educar de una manera y mamá cree que “es mejor” educar de otra…. ¿Qué hacemos? ¿Cómo sabemos qué es lo mejor? ¿Quién de los dos tiene la razón? Realmente, ¿hay alguno que tenga más razón que el otro?

Otras veces, uno de los dos miembros de la pareja descubre un modo de educar basado en técnicas respetuosas y se da cuenta que quiere desbancarse de sus antiguos métodos que, ni funcionan ni transmiten respeto verdadero. Entonces, lo más seguro es que quiera transmitir a su pareja todo lo que ha descubierto y  que desee que ésta deje de lado sus creencias y “se pase a la nueva educación” descubierta.

 

Sea como sea, lo más posible es que la pareja caiga en una lucha de poder por lograr llevarse a su terreno al otro, osea, “tener la razón”.

 

educación niños estar de acuerdo

 

A mi me ocurrió lo segundo cuando descubrí la Disciplina Positiva. Lo veía todo tan claro, sus principios me parecían tan lógicos, era todo tan respetuoso…. que quería que mi marido lo tomase todo con las mismas ganas que yo. No paraba de hablarle con todo lo nuevo que encontraba, le decía que tenía que leerse este libro y el otro, que si esto, que si lo otro….Pero él no lo veía tan claro como yo.

Pronto llegaron las correcciones: el “no hagas esto”, “no hagas lo otro”, “esto así”, “esto asá”….Mi intención no era hacerle sentir mal, sino lograr que los dos actuáramos del mismo modo ante las situaciones con los niños, pero sin darme cuenta inicié una lucha de poder en la que él acabó sintiendo que todo lo que hacía estaba mal hecho para mi. Se sintió atacado y dolido y también empezó a actuar con correcciones sobre lo que yo hacía. Así no íbamos a llegar a ningún acuerdo. Al final, la conclusión fue que teníamos opiniones diferentes y punto, que cada uno actuara del modo que mejor creyera y que no nos corrigiéramos delante de los niños.

No era la solución ideal, ni mucho menos la que yo deseaba, pero al menos íbamos a dejar de estar como el perro y el gato. Comprendí que no podía obligar a nadie a actuar de un modo distinto a sus creencias, igual que nadie podía obligarme a mi, y que lo único que podía hacer era ser coherente conmigo misma y poner en practica lo que estaba aprendiendo.

Cuando crees que existe un modo de educar a tus hijos que puede ayudarlos a ser personas responsables, con habilidades de vida y con valores sociales cuesta aceptar que tu pareja no comparta tu misma opinión, pero el caso es que desde los zapatos de tu pareja, a él o a ella le ocurre exactamente lo mismo que a ti y cree que ese es el mejor modo de educar. Porque una cosas está clara: También quiere lo mejor para sus hijos.

Y suele ocurrir que cada uno piensa en todo “lo malo que puede pasar” en el futuro de su hijo cuando ve a su pareja actuar con el niño de un modo con el que no está de acuerdo (siendo demasiado permisivo o demasiado autoritario), y piensa en que si el niño crecerá sin autoestima, que irá faltando al respeto continuamente, que no se hará responsable, (como en algunos programas de la tele que la verdad, yo prefiero ya ni verlos porque te hacen darle más vueltas a la cabeza de las necesarias).

En fin, volviendo al tema, ante las diferencias de opiniones sobre la educación de los niños creo (y es lo que yo estoy intentando poner en práctica) que lo mejor que podemos hacer es aplicar disciplina positiva con nuestra pareja. Si, también, porque la Disciplina Positiva no solo nos sirve para educar a los niños sino también para relacionarnos positivamente con los demás. Su base es el respeto mutuo, y no hay nada más importante en cualquier relación que eso.

Si tu eres partidaria de la disciplina positiva, algunas actitudes que puedes tomar si tu pareja no comparte la misma opinión sobre este modo de educar es:

  • Empatizar y comprender su punto de vista.
  • Evitar corregirle o sermonearle.
  • No pretender que haga lo mismo que tu.
  • Confiar en tu pareja y cederle control.
  • Sé tu el ejemplo. Haz un curso y aplica las herramientas que aprendas.
  • Explicarle cómo vas a actuar en determinadas circunstancia para que esté [email protected]
  • Expresar tus límites con respeto y amabilidad.
  • Ante momentos de conflicto, esperar a que se enfríe el ambiente antes de hablar del tema.
  • Confía en el proceso de la Disciplina Positiva. Cuando tratamos con respeto a las personas, los demás también nos tratan con respeto a nosotros. Es algo que se contagia poco a poco.
  • Por último, recuerda que no tienes que ser perfecta, que tu familia tampoco necesita ser perfecta, que no hace falta que las situaciones sean perfectas…..y la educación tampoco, ya que si todo fuera “perfecto” perderíamos una parte de la educación muy importante: La humanidad, la compasión y la visión de los errores cómo maravillosas oportunidades para aprender.

Aplicando estos puntos y creando una base de respeto por las creencias y opiniones de la pareja (igual que de los hijos), estoy segura que con el tiempo podrán sentarse a hablar sobre situaciones que les preocupen y llegar a acuerdos sobre el modo de actuar de manera conjunta.

Yo estoy en el proceso de aplicar los 10 puntos. Aún no ha llegado el momento de sentarnos para ponernos de acuerdo sobre cómo actuar frente a situaciones concretas, pero confío en que llegará. Sé que no es sencillo esperar, confiar, ser el ejemplo. Sé que hay cosas que duelen ver o escuchar, que hay otras que provocan miedo a cómo crecerán los niños el futuro. Sé que algunos días son más duros que otros y que hay mañanas que te levantas y lo ves todo negro, pero si CONFÍAS y RESPETAS lograrás la armonía que deseas también con tu pareja.

Fuente:

La relación de pareja tras la llegada del bebé

La llegada de un bebé a la relación de pareja es una situación que cambia por completo la vida de los padres. Por eso es importante que conozcas todo lo que puede suceder en la relación y sepas, junto con tu pareja, cómo adaptarse a la presencia de un nuevo integrante en la familia.

El embarazo y todo lo que viene después son momentos llenos de emociones y cambios. La madre se enfrenta a alteraciones físicas y hormonales que pueden llegar a interferir con su vida en pareja, como una posible disminución del deseo sexual, baja autoestima y autorechazo, dado por los pensamientos negativos de la transformación de su cuerpo durante y después del embarazo.

Pero, las mujeres no son las únicas que viven estos cambios. Si los padres no se involucran con el proceso que implica la llegada de un hijo, pueden llegar a tener sentimientos de aislamiento y celos al ver un vínculo muy fuerte entre la madre y el bebé. Lo ideal para que esto no suceda es que el padre esté presente en las tareas del pequeño, incluyendo el parto, los primeros días y el posparto.

Otros aspectos que dificultan la relación de pareja en estos casos e impiden la intimidad y una buena comunicación son entre otros, el traslado de atención de la pareja al hijo, los temores con respecto a lo que pueda sucederle al bebé, el estrés y una disminución del tiempo libre.

Por eso es importante que la pareja esté lo suficientemente consolidada y exista una buena comunicación entre ellos, pues de lo contrario, la relación podría verse seriamente afectada por situaciones como estas.

Primero fortalecer la relación

La psicoterapeuta de pareja Patricia Lozano explica que para que no se produzca un distanciamiento, la relación debe fortalecerse. Dice además que, “esto se puede lograr por medio de la compañía, realizando actividades en consenso como ir de compras, salir a cine, tener una cena romántica, y en general, disfrutar del tiempo juntos como pareja”.

Además, plantea que es importante que la pareja reciba ayuda con el cuidado del bebé, bien sea de la familia o de alguien cercano, pues esto les ayudará a tener tiempo libre y tomar un respiro en su nueva profesión de padres. Esos momentos también beneficiarán la relación con el pequeño, ya que el trato hacia el niño será mejor, si se toma un descanso y se deja de lado el estrés.

Fuente: abcdelbebe.com

La educación emocional en la escuela y en el hogar

En la actualidad tanto la familia como las escuelas públicas y colegios privados están altamente preocupados por los casos de violencia generalizada, el maltrato, la desintegración de las buenas costumbres y la falta de respeto a los demás, tanto en el ámbito familiar como en el escolar y en la sociedad.

Estas noticias reflejan ampliamente que existen cada vez más emociones fuera de control en la vida de los niños, jóvenes y adultos y el medio donde se desenvuelven. Hay que ir más allá de la simple lamentación y tomar acciones efectivas. Y esto deberá hacerlo tanto la escuela como la familia.

Frente a esta realidad, hay que prevenir y evitar una amplia lista de emociones negativas que conducen a la  “enfermedad emocional”, a la “deficiencia moral” y al“analfabetismo emocional”  tales como: el egoísmo, la imprudencia, la desesperación, la hostilidad, la crueldad, la ira, el pesimismo, la depresión, el resentimiento, la falta de compasión, los celos, envidia, engaño, petulancia, desvergüenza, falta de escrúpulos, el consumismo, la agresividad y la ruindad espiritual que corrompe los propios los valores y el concepto del bien y la convivencia con los demás.

Es responsabilidad, tanto de la familia como de la escuela, el enseñar, exigir, guiar y alentar un conjunto de emociones sanas y positivas que están vinculadas a la “saludemocional”, a la “inteligencia emocional”, a la felicidad, a la convivencia armónica y la solidaridad. Entre estas emociones sanas figuran la autoestima, la compasión, la benevolencia, la generosidad, el amor, la bondad, la verdad, la responsabilidad, la justicia , la honestidad, el respeto a la diversidad, la cortesía y las buenas costumbres.

Esta necesidad se vuelve más imperiosa en la medida que las investigaciones han demostrado que para “la emoción es un elemento importante y decisivo pensamiento eficaz”, tanto en la toma de decisiones como en el simple hecho de pensar con claridad.

Cuando un niño, joven o adulto tiene un repertorio emocional empobrecido o se siente emocionalmente alterada “no puede pensar y actuar correctamente”, y la perturbación emocional constante puede crear comportamientos desajustados en las capacidades intelectuales de un niño, adolescente o adulto “deteriorando la capacidad de aprender” y colocarlo en situaciones de riesgo como el fracaso escolar, las drogas, el bullying y hasta la criminalidad.

Tanto la escuela como la familia deben considerar una obligación ineludible el  “alfabetizar emocionalmente”,el “educar las emociones”, el promover el desarrollo de la“inteligencia emocional”,  el “educar el corazón”, el“educar para el bien”, el “educar para el buen vivir”, el “educar para lo bueno, lo justo y lo bello”. Y para hacerlo, y hacerlo bien, los padres y los profesores deberán ser, a su vez, “emocionalmente competentes”, “emocionalmente inteligentes”, “emocionalmente equilibrados”.  Padres y maestros tienen la gran oportunidad de educar para la felicidad. ¡Ojalá que lo hagan siempre!

Fuente: nuestroshijos.do

¿Qué enseñanza les damos a nuestros hijos cuando le pedimos perdón?

La capacidad de perdonar es un ejercicio de humildad y madurez. Cuando la figura de autoridad reconoce cuando comete un error delante de su hijo, está forjando los siguientes valores: la humildad, la comunicación, la aceptación y las relaciones humanas. El mayor valor modelado al pedir perdón, es el respeto al otro. Al pedir perdón se le enseña al niño a reconocer sus propios errores y crear empatía con los demás.

El aceptar los errores es una forma de crear seguridad y modelar cómo se manejan las faltas. Lo que indica la capacidad de reconocer lo que no está bien, responsabilizarse por sus acciones y buscar soluciones.

El reconocer los errores no es signo de debilidad, sino que permite un mejor desarrollo del autoestima ya que el identificar las fortalezas es importante para un buen autoconcepto, pero aún más importante es el admitir las debilidades.

El pedir perdón tampoco muestra falta de autoridad. La autoridad se maneja mejor cuando se definen bien las reglas, se siguen y se crean demandas y exigencias para llevarlas a cabo; al igual que las consecuencias. La mejor forma de educar es por medio del modelo a seguir. El ser humano aprende más por las vivencias. Al pedir perdón no deja el adulto de asumir su postura de autoridad; sino que por el ejemplo, enseña al hijo, a reconocer cuando no tiene la razón.

El pedir perdón a un hijo, cuando la acción va en contra a lo que el padre verbaliza, modela consistentemente y exige; les enseña que se puede retomar las acciones erradas e iniciar nuevamente. El solo pedir perdón sin haber un seguimiento coherente de lo que se quiere enseñar, no presenta una misma validez, que un perdón con intención y seguimiento a la palabra.

Fuente: nuestroshijos.do

Mi hijo y yo chocamos mucho ¿Qué podemos hacer para llevarnos mejor?

Hemos olvidado lo que es ser adolescente. Hemos olvidado el estrés, la adrenalina, las experiencias, la dinámica. No me refiero a que no recordamos la adolescencia. Sino que, al recordarla, no la vemos igual que cuando la vivimos.

Tu hijo/a está en una etapa de cambios. Un momento en el cual refuerza o debilita creencias importantes. No siempre tiene la respuesta de por qué actúa de la forma en que lo hace, y principalmente busca el amor a través de ser visto y escuchado. Cada adolescente busca una manera diferente de recibir amor y resulta un reto descifrar esta fórmula.

Pero voy a concentrarme el resto de este breve artículo en ti. Madre, padre… El dilema de los conflictos con tu hijo/a proviene de dos fuentes principales:

*Lo que entiendes que debería ser, no es igual a lo que es.

*Estás cansada/o.

Tu hijo/a necesita paciencia y necesita pocas reglas. Reglas importantes, sí. Reglas que sirvan para forjar valores y carácter, sí. Pero pocas. De lo contrario, no tendrá espacio para tropezar y levantarse. Y al romper cada pequeña regla habrá un conflicto más por el cual pelear.

La paciencia la ejercerás específicamente preguntando y escuchando con atención. Cuando estés listo para responder la pregunta que hacen o dar la orden correcta, mejor pregunta. En vez de asumir, pregunta. Y pregunta hasta que él/ella se sienta que de verdad estás escuchando.

Decía Carl Jung que lo que más nos irrita en el otro son comportamientos con los cuales no hemos lidiado dentro de nosotros mismos. Fritz Perls decía que “los hemos negado” y que hemos separado de nosotros mismos. Si estás teniendo conflictos muy frecuentes con tu hijo/a, puede ser que se deba específicamente a que hace algo que nunca harías o hace algo que tú mismo/a haces… frecuentemente.

Para que puedas entrar con el mindset correcto, sácate de la cabeza dos creencias:

Que conoces a tu hijo/a completamente. Esto hará que los veas en una nueva luz. Con la intención de descubrir y no de asumir.

Que los conflictos son algo malo. Esto disminuirá en gran medida tu cansancio. Pues verás los conflictos como oportunidades.

Aprende a entrar en su mundo. Esto no se trata de aprender a “leerlos”. Sino de sentir la emoción principal que expresan al comunicarse contigo.

Aprende a preguntar y ser paciente para esperar la respuesta. Hasta que entiendas la intención positiva de sus acciones siempre la hay… a veces muy oculta, pero está ahí en el fondo.

Asegúrate de no tener demasiadas reglas. Tres o cuatro es lo ideal. Reglas importantes que reflejen los valores de la casa. De modo que ellos puedan tener espacio para discernir entre los comportamientos que son coherentes las mismas y los que no.

Y lo más importante, trabaja contigo misma/o. Saca de 10 a 20 minutos al día para meditar y explorar tus emociones.

Fuente: nuestros hijos.do