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Cómo evitar las malas influencias en tu hijo

Una de las mayores preocupaciones de los padres son las amistades que puedan tener sus hijos y cómo pueden influir en su conducta, pensamiento y desarrollo.

A menudo los niños se dejan influenciar fácilmente por sus amigos y esto puede provocar que actúen de una forma que en realidad no desean. ¿Cómo pueden los padres controlar “las malas influencias”?

Uno de los aspectos que más repercuten en que los niños sean fácilmente influenciables o no es la educación familiar. La familia es determinante para que los pequeños no se dejen llevar por compañeros hacia actitudes o conductas no deseadas. En este sentido, los padres deben hacer todo lo posible para educar a sus hijos de manera que no se dejen influenciar fácilmente por nadie.

En esta línea, es importante que los niños entiendan qué es una mala influencia porque así sabrán reconocerla y no se dejarán llevar tan fácilmente. Si los pequeños disponen de la atención necesaria en casa, si se organizan planes familiares a menudo y los padres pasan tiempo con sus hijos, es muy posible que estos no busquen atención y refugio en pandillas o amistades conflictivas.

De la misma manera, si los padres desarrollan una relación abierta y de confianza con los hijos, estos acudirán a ellos si tienen algún problema.

¿Qué podemos hacer para ayudar a alejar a nuestros hijos de las malas influencias?

  1. Motivar al niño para que dedique más tiempo a las amistades positivas y se relacione con gente variada. También animarlo a practicar actividades que fomenten valores positivos y donde conozca a nuevos amigos, como por ejemplo, el deporte.
  2. Fomentar la responsabilidad de nuestro hijo. Los niños y los jóvenes que son responsables no suelen dejarse influir tan fácilmente por otras personas, ya que no suelen buscar la aprobación de los demás y valoran mucho más las consecuencias de sus acciones.
  3. Conocer a sus amigos, e incluso qué lugares frecuenta a menudo sin controlar excesivamente donde se encuentra en cada momento.
  4. No criticar nunca las compañías de nuestro hijo, ya que éste puede ponerse a la defensiva y reaccionar de manera opuesta. Es mejor criticar acciones y comportamientos concretos que hayan tenido estos amigos, pero sin atacarles directamente.
  5. Fomentar y desarrollar en nuestro hijo una imagen positiva de sí mismo y promover su autonomía.

Precisamente, este último punto es fundamental para que nuestros hijos no se dejen llevar por compañías negativas y, por ello, hay que fomentar estas cualidades. Si un niño tiene una fuerte autoestima, independencia y confianza en sí mismo no buscará la aprobación de otros y, por lo tanto, no se dejará influir por malas compañías.

¿Cómo podemos detectar si nuestro hijo se está dejando llevar por malas influencias?

Hay diversos signos que pueden indicar que esto está sucediendo y que los padres deben tener en cuenta. Por ejemplo, debemos preocuparnos si observamos que nuestro hijo hace alguna cosa sin sentido sólo para que su grupo de amigos lo acepte o cuando desobedece órdenes por la misma razón.

Otras señales como robar, mostrar algún síntoma de consumir drogas o alcohol, o pedir de manera excesiva cosas materiales que tienen sus amigos, pueden ser señales de que su hijo se está dejando influir por sus compañeros.

Fuente: Center for the Education and Study of Diverse Populations

Cómo educar a un niño para que sea autónomo

 

Educar a un niño para que sea autónomo es un reto complejo. Es un ser vulnerable al que debemos proteger, pero también es un ser en crecimiento al que tenemos que ir dándole espacio para que vaya conquistando logros por sí mismo.

Uno de los principales objetivos de la mayoría de los padres es educar niños autónomos, es decir, educar a sus hijos de manera que sean independientes y se valgan por sí mismos. Ahora bien, educar a un niño para que sea autónomo no es una tarea sencilla.

En general, todos queremos que nuestros hijos sean capaces de desenvolverse por sí mismos. Sin embargo, por mucho que sea un objetivo, educar a un niño para que sea autónomo se convierte en una tarea frustrada por cometer errores frecuentes en el camino.

Aún así, hablamos de un hito factible cuando aplicamos un poco de conocimiento, inteligencia, esfuerzo y voluntad. Para ello, en este artículo encontrarás varias claves sobre cómo educar a un niño para que sea autónomo. Eso sí, antes haremos un ejercicio de precisión y distinguiremos a un pequeño que va camino de la autonomía de uno que no.

Niño comiendo una manzana

Niños autónomos vs. dependientes

Niños dependientes

Los niños que no han sido criados para desenvolverse bien por sí mismos reúnen casi siempre una serie de características comunes; la más frecuente es que necesitan de la aprobación de los otros para sentirse bien consigo mismos.

Por ello, la autoestima de estos niños no es suficientemente sólida, sino que al depender de la opinión de los demás tiende a ser inestable.

Por otra parte, estos niños necesitan también a otras personas para que les indiquen:

  • Qué metas proponerse.
  • Cómo ser felices.
  • De qué manera deben comportarse.

Por lo tanto, estos niños suelen encontrarse emocionalmente frustrados, y confían más en el resto de las personas que en sí mismos.

La principal manera en la que los padres pueden educar a sus hijos para ser dependientes es mediante el sobreempleo de las emociones negativas. Esto puede ocurrir, por ejemplo, si se le enseña al pequeño que sus deseos no son importantes, o si se le transmite constantemente que es menos válido que el resto de niños.

Niños autónomos

Por otro lado, los niños autónomos cuentan por lo general con las herramientas necesarias para salir adelante y avanzar en su día a día.

Una de las cosas que más les diferencian de los anteriores niños es que creen que son competentes y capaces de cuidar de sí mismos. Por lo tanto, son capaces de correr riesgos y de aprender de sus errores cuando se equivocan o fallan.

Por otro lado, al crecer, estos individuos suelen mostrar mayores tasas de motivación intrínseca. Es decir, que son ellos mismos los que deciden qué quieren lograr y el por qué. Esto les ayuda a lograr sus objetivos de manera más fácil, además de que por lo general les hace más felices a largo plazo.

Parece claro que educar niños autónomos es algo deseable en todos los casos. Pero, ¿qué debemos hacer para lograrlo? A continuación encontrarás las claves más efectivas para que tu hijo crezca confiando en sí mismo y con la capacidad de desenvolverse en la vida.

Claves para educar a un niño para que sea autónomo

Educar a un niño para que sea autónomo es un arte que requiere de mucha paciencia y esfuerzo. Sin embargo, como ya has visto, las recompensas por conseguirlo son muchas y variadas. Si quieres conseguir que tu hijo crezca feliz y con una buena autoestima, trata de aplicar en la medida de lo posible los siguientes consejos:

Promueve el esfuerzo

Uno de los rasgos más importantes de las personas autónomas es que son capaces de luchar para conseguir lo que quieren. En general, alcanzar nuestras metas no es algo sencillo; por eso, debes inculcar en tus hijos la responsabilidad de esforzarse para lograrlas.

En función de la edad del niño, esto puede realizarse de muchas maneras: recuérdale la importancia del esfuerzo, anímale a buscar tareas que sean capaces de devolverle un refuerzo por el hecho de desempeñarlas, favorece su entrada en el mundo laboral como una manera de ganar autonómica económica -de tal manera que gane cierta independencia-, recuérdale que en muchos casos el error solo es el paso que precede al éxito, que las derrotas son una oportunidad para la reflexión. En general, anímale a emprender aquellos proyectos que piense que mejorarían su estado.

Ofrécele amor incondicional

Otro componente importantísimo es que tu hijo debe sentirse apoyado por ti en todo momento. Esto no significa que no puedas castigarle, regañarle o enfadarte con él; aun cuando hagas alguna de esas cosas, el mensaje de fondo tiene que ser el de que le quieres igualmente y que estás ahí de forma incondicional para ayudarle.

Probablemente, lo más difícil a la hora de educar niños autónomos sea conseguir un equilibrio entre este amor incondicional y la promoción del esfuerzo que deben realizar. Sin embargo, si lo consigues, es casi seguro que tu hijo se irá acercando, poco a poco, a la autonomía.

Madre dando un beso a su hijo

Los miedos son señales que anuncian batallas

Por último, en nuestro propósito de educar a un niño para que sea autónomo, tenemos que ayudarle también a conseguir la independencia emocional. Por otro lado, si hay algún color en la paleta de emociones que sea intenso, quizás sea el miedo. Si existe una sensación que nos puede hacer dependientes es el temor. Por eso tenemos que ayudarles a gestionarla, enseñarles el camino. Una senda que pasa por la gestión de la incertidumbre o el cálculo ajustado de riesgos.

Todas estas claves te ayudarán a educar a tus hijos de forma que se conviertan en adultos funcionales y felices. Aún así, si tienes dudas sobre cómo lograrlo, hoy en día es muy sencillo encontrar recursos que no echen una mano. Este es, solo y tanto, un buen punto de partida.

Estas son las tareas que ya debería hacer tu hijo a su edad

Ya sea por las prisas o por comodidad, muchos padres acostumbran a no dejar que sus hijos realicen ciertas tareas para las que están perfectamente capacitados. Atarse los cordones, llevar su plato al fregadero, hacerse la cama, recoger los juguetes de la habitación, vestirse… Asumen que sus hijos tardarán más en llevar a cabo estas labores sin pensar que el verdadero efecto sobre ellos es que impiden que se desarrollen conforme a su propia evolución y sean incapaces de aprender lo que significa ser responsables.

No obstante, hay familias en las que se llega a cuestionar a qué edad deben asumir los pequeños ciertos hábitos. En un intento de ayudarles a salir de dudas, Montse Julia, coordinadora del equipo directivo y coordinadora pedagógica de Infantil y Primaria del Colegio Montessori Palau, ha elaborado para ABC un esquema de las principales tareas para las que están preparados según su edad.

Antes de caminar:

Orientaciones generales:

Mostrar al niño todo lo que se hace

– Cuidado de la persona, salud y relaciones cercanas:

Explicar al niño lo que va sucediendo.

Hacerle participar de las tareas relacionadas con el cuidado de la persona.

Experiencia en el suelo práctica de movimiento.

– En casa

Observar y escuchar como se preparan sus comidas y los ingredientes.

– Participación en sociedad:

Hacer participar al niño de lo que hacemos fuera de casa, si es adecuado a su edad.

Desde que camina hasta los 2 años y medio:

Orientaciones generales:

El niño puede participar en muchas actividades y practicarlas: Lo mostramos y lo hacemos, lo hacemos juntos y el niño terminará haciéndolo solo.

– Cuidado de la persona, salud y relaciones cercanas:

Ir a buscar pañales y toallitas.

Ducharse (básico).

Escoger la ropa (entre dos o tres alternativas).

Vestirse y desvestirse (a excepción de algunas piezas).

Lavarse la cara y manos.

Cepillarse los dientes.

Comer solo.

Olvidarse de los biberones.

Controlar los esfínteres.

Recoger los juguetes, libros y guardarlos

Prepara las cosas para ir al colegio

– En casa:

Recoger ropa sucia y llevarla a lavar.

Hacer la cama (si es baja).

Poner la mesa.

Practicar barrer, fregar y aspiradora.

Separar residuos de basura.

Doblar trapos.

Limpiar el polvo.

– En la cocina:

Pelar y cortar un plátano con un cuchillo.

Desgranar guisantes, habas…Pelar huevos durso.

Hacer zumo de naranja.

– Participación en sociedad:

Entrenarse a parar en la acera.

Escuchar la dirección de su casa con frecuencia.

De 2 y medio a 5 años:

Orientaciones generales:

Ir ampliando el campo de autonomía. Facilitar y dar oportunidades para que experimente la espere, guarde silencio.

– Cuidado de la persona, salud y relaciones cercanas:

Abrillantar zapatos.

Ducharse bien.

Participar al hacer una maleta.

– En casa:

Barrer y fregar.

Aspirar

Limpiar el polvo a fondo.

Lavar platos, vasos y cubiertos a mano.

Limpiar sanitarios.

Arrancar las malas hierbas y recoger hojas secas.

Cargar y vaciar el lavavajillas.

Regar plantas.

Preparar jarrones de flores (más sofisticado).

– En la cocina:

Preparar ensalada.

Preparar desayuno y merienda.

Pelar zanahorias (rascándolas).

Cortar lechuga.

Preparar bocadillos.

Seis años:

Orientaciones:

Ir ampliando el campo de autonomía. Obedecer y aumentar la libertad. Facilitar y dar oportunidades para que experimente la espera, guarde silencio.

– Cuidado de la persona, salud y relaciones cercanas:

Peinarse (sencillo).

Diferenciar ropa de verano de la de invierno.

Conocer el día de la semana en el que se está y los horarios propios.

Conocer los cumpleaños de los miembros más allegados a la familia.

Contestar el teléfono y coger los recados y darlos correctamente

Practicar actividades físicas sin especialización como actividad de desarrollo saludable y de diversión.

Hacerse la maleta de viaje con supervisión.

Tomar conciencia de aspectos básicos relacionados con la sexualidad de acuerdo con los valores familiares.

– En casa:

Poner el lavavajillas.

Separar la ropa por grupos de lavado.

Quitar malas hierbas.

Guardar la compra.

Saber cerrar la casa.

Saber ser anfitrión en las fiestas con invitados.

Alimentar a las mascotas.

– Participación en sociedad:

Saber cómo actuar en caso de perderse (policía, tienda…).

Conocer las normas de civismo.

Dar la visión de la familia ante la muerte de personas, mascotas…

Siete años:

Consideraciones generales:

Ir ampliando el campo de autonomía facilitando que experimente pequeñas consecuencias de sus actos y frustraciones.

– Cuidado de la persona, salud y relaciones cercanas:

Apreciar la propia higiene.

Conocer los teléfonos de urgencias (ambulancias, bomberos…)

Medicaciones (en caso de haberlas) saber para qué sirven y las precauciones.

– En casa:

Poner lavadoras.

Tender, doblar y colgar ropa limpia.

Hacer la compra.

Conocer los peligros de la casa (gas, electricidad, productos tóxicos, conocer precauciones).

Saber dónde se guardan las cosas.

Pasear a las mascotas.

Cocinar huevos revueltos, duros, tortilla, francesa y carne a la plancha.

Cocinar pasta, arroz y verdura hervidos.

Conocer los alimentos sanos y saber escoger menús equilibrados.

– Participación en sociedad:

Conocer las leyes que rigen la sociedad como propiedad privada, respeto a la intimidad, derechos de imagen…

Conocer las normas viarias básicas como peatón y como conductor.

– Ética y moral

Reflexionar y saber qué hacer ante una persona con la que no te llevas bien o de carácter extraño.

Dar a conocer el código ético familiar.

Compartir la visión del concepto de pareja, familia, relacionado con la sexualidad.

Ocho años:

Consideraciones generales:

Ir ampliando el campo de autonomía facilitando que experimente pequeñas consecuencias de sus actos y frustraciones.

– Cuidado de la persona, salud y relaciones cercanas:

Peinarse, más sofisticado. Saber realizar pequeñas curas de rascadas, picadas, tratarse los piojos.

Conocer el propio peso, altura, talla, número de zapatos.

Iniciar algún tipo de especialización deportiva como actividad de desarrollo, saludable y de diversión.

Conocer los cambios del cuerpo de acuerdo con la edad.

– En casa

Planchar sencillo.

Cambiar bombillas

Feír pescado o verduras o patatas.

Pelar patatas (dependiendo de la fuerza).

– Participación en sociedad:

Ir a diferentes sitios cercanos a pie solo.

Ética y moral

Conocer la actitud de la familia ante la pobreza, los países del tercer mundo y problemas sociales.

Conocer la actitud de la familia ante la guerra, inmigración, marginación.

Nueve años:

Consideraciones generales:

Ir ampliando el campo de autonomía facilitando que experimente pequeñas consecuencias de sus actos y frustraciones.

– Cuidado de la persona, salud y relaciones cercanas:

Saber realizar pequeñas curas de arañazos, tratarse piojos

Conocer las enfermedades crónicas propias o de hermanos y padres y saber las pautas a seguir.

Saber cuándo abrigarse.

Hacerse la maleta de viaje autónomamente.

Tomar conciencia progresivamente de aspectos más amplios relacionados con la sexualidad de acuerdo con los valores familiares.

– En casa

Planchar todo.

Seguir una receta.

– Ética y moral

Conocer la relación de la familia con el dinero: las prioridades.

Reflexionar y saber la razón de vida, el motor de vida de los padres, dar respuestas a preguntas trascendentes, reflexionar sobre religiones y creencias en el mundo.

Autoconocimiento: tomar conciencia cuando uno no está de buen humor.

Escoger las personas de confianza, los buenos amigos, compartir cosas y sentimientos con ellos.

Diez años:

Consideraciones generales:

Ir ampliando el campo de autonomía facilitando que experimente pequeñas consecuencias de sus actos y frustraciones.

– Cuidado de la persona, salud y relaciones cercanas:

Conocer los peligros para la salud de las drogas alcohol, trabajo, y las consecuencias del mal uso y abuso.

Custodiar su documentación sanitaria, targeta sanitaria, libro de vacunaciones, conocer las vacunas básicas.

– En casa:

Sacar la basura.

Saber comprobar los puntos clave para cerrar la casa seguridad, alarmas…

Cuidado de las mascotas incluyendo algunos temas básicos médicos.

– Participación en sociedad:

Conocer el funcionamiento de la sociedad, (bancos, oficios, agentes sociales, administraciones…)

– Ética y moral

Conocer las opciones políticas de casa, razonamientos y argumentos.

Haber adquirido empatía, reconocer cuando los demás no están bien.

Once años:

Consideraciones generales:

Ir ampliando el campo de autonomía responsable

– En casa:

Conocer los cambios del cuerpo de acuerdo con la edad tanto para el propio sexo como para el opuesto.

Conocer todas las tareas de la casa.

Sbir un diferencial.

Llamar a los operarios necesarios.

Llamadas de urgencia.

– Ética y moral

Aprender a afrontar problemas buscando soluciones.

Doce años:

Consideraciones generales:

Un adolescente debe participar de las obligaciones familiares al mismo nivel que un adulto.

– En casa:

Preparar un día a la semana una cena o una comida para la familia. Custodiar toda a documentación personal: DNI, tarjeta sanitaria…

Haber adquirido un buen hábito de práctica regular de actividad física como fuente de salud, equilibrio y diversión.

Conocer y saber realizar las tareas básicas del jardín.

Responsabilidad compartida sobre todos los aspectos relacionados con las mascotas, veterinario, vacunas,..

Cocinar y conocer platos para un menú básico.

– Participación en sociedad:

Realizar encargos básicos para la familia.

Vuelta al cole: cuando el síndrome postvacacional afecta a los niños

Animar y motivar a los más pequeños de la casa en su vuelta a las aulas también es una competencia paternal, recuerdan los expertos

Entre la próxima semana y la siguiente, miles de escolares iniciarán un nuevo curso. Como los adultos, los niños también pueden sufrir síndrome posvacacional, que se manifiesta, entre otros síntomas, con cansancio, cambios de humor o, en casos más puntuales, problemas estomacales. «Uno de los mayores miedos de los niños, sobre todo a partir de los seis años, es el miedo escolar. Pero, en general, a casi todos los niños les cuesta el cambio entre las vacaciones y el mundo escolar, debido al contraste tan fuerte de las dos experiencias. Por ello, la ayuda en la transición de las dos etapas, es nuclear», afirma la psicóloga, neuropsicóloga y coach personal Sonia Sauret.

Para Sauret, es fundamental el comportamiento de los propios padres. «Cuando estos se estresan demasiado, los niños lo viven. Al pequeño le importa muchísimo el estado de ánimo de los padres. Cuanto más pequeño, más le importa». De hecho, matiza la psicóloga Mireia Cabero, de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), la dificultad de volver a la rutina escolar se muestra de forma muy distinta en los menores que cursan educación infantil y los que estudian ESO. «Los primeros pueden manifestarlo en forma de llantos o quejas, mientras que los segundos optan mayoritariamente por el silencio. Eso no quiere decir que el adolescente no tenga que hacer ningún esfuerzo», advierte.

En ambos casos, apunta la neuropsicóloga Sonia Sauret, lo que sucede es un «contagio emocional». «Cuando las personas sincronizan sus propias emociones con las expresadas por quienes las rodean, aunque sea de forma inconsciente. Lo bueno qes que también sucede con la felicidad y emociones como la alegría, el buen humor, la calma, la tranquilidad y la seguridad, que también se contagian. Así, el niño imitaría la conducta emocional de los padres, de forma incosciente y totalmente natural», explica.

Teniendo en cuenta esa realidad, Sauret recuerda que «animar y motivar a los niños también es una competencia paternal» y que para eso los progenitores deben comenzar por cuidar el lenguaje y transmitir ilusión. «Cuidar las expresiones verbales y no verbales, intentar sentir y expresar ilusión en esta etapa del año… Y por supuesto, evitar los típicos comentarios negativos sobre la vuelta al colegio y los profesores, las actividades relacionadas o, incluso, el mal comportamiento de tu hijo».

De hecho, la propuesta de esta neuropsicóloga y coach es hacer que la vuelta al cole sea un acontecimiento espectacular. «Si parte del significado que tienen las cosas para los niños proviene de lo que dicen los padres… Quienes realmente tienen el poder sobre el significado de las cosas, son los padres. Comprar el material, preparar la ropa adecuada, organizar las actividades, ordenar la habitación, pueden convertirse en actividades importantes, positivas y hechas con optimismo e ilusión», apunta. «Resaltar la alegría de estrenar material nuevo, hacerles partícipes de la vuelta al cole, comprando y organizando juntos, puede ser buena idea. Hasta organizar una pequeña fiesta de principio de curso con sus amigos de clase. ¿Por qué no? Puede ayudar a perder el miedo y la timidez, y facilitar la ilusión y la adaptación, que es lo que pretendemos», insiste. La clave, corrobora la psicóloga Mireia Cabero, de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), «es poner el foco en todos los aspectos positivos que tiene el inicio de curso. como es el reencuentro con los amigos, profesores, nuevos retos… unos días antes de volver a clase».

La importancia de volver a las rutinas

Para la experta de la UOC, otro de los hábitos clave que influyen en el estado de ánimo y que debe irse recuperando estos días previos es el sueño. «El hábito de acostarse más temprano facilitará que el día que empiecen la escuela puedan levantarse sin necesidad del despertador», coinciden en señalar Cabero y el también psicopedagogo de la UOC Antoni Badia. Resulta importanet, incluso, «seguir una alimentación energética que facilite la rutina, eliminando productos con azúcares refinados propios del verano como puedan ser los helados, las bebidas azucaradas…». Por último, y en el caso de que la vuelta al cole les despierte un rechazo exagerado, «debería buscarse por qué: si es por alguna actividad, por algún compañero…», advierte Mireia Cabero.

Fuente: abc.es

Así podemos proteger a los menores de los ciberriesgos

El uso de la tecnología no está exento de riesgos. Enseñar a los menores cuál es la forma correcta de utilizarla es una tarea en la que han de involucrarse los adultos también en casa. Se trata de establecer unas normas y hábitos de uso con el fin de alejar a los hijos de posibles peligros.

El 71% de los padres son conscientes de que cuando sus hijos se relacionan con la tecnología están expuestos a diferentes ciberriesgos. Así lo recoge el estudio ‘Winning the game’, elaborador por la empresa de seguridad McAfee.

Entre sus principales preocupaciones está la posibilidad de que los ciberdelicuentes se escondan bajo una falsa identidad para robar información confidencial (62%), se descarguen virus de manera inconsciente (58%) o que los hackers accedan a datos personales o financieros (52%).

La necesaria intervención de los progenitores

Para proteger a los menores es imprescindible que sus progenitores hagan una labor de prevención. Establecer ciertas rutinas y configurar adecuadamente los dispositivos que utilizan los menores ayuda a que adquieran determinados hábitos que mejoren su seguridad en el uso de la tecnología.

familiar proteger menores ciberriesgos

Unos hábitos que, una vez adquiridos en el ámbito del hogar, serán capaces de trasladar fácilmente al entorno educativo cuando llegue el momento de utilizar un ordenador o una tableta como herramienta de aprendizaje.

El mismo informe de McAfee aporta otros datos significativos: el 27% de los progenitores nunca supervisa lo que hacen sus hijos online y uno de cada diez no sabe si hablan con otras personas. “El equilibrio tecnológico será diferente para cada familia porque cada una tiene sus propios valores, dinámicas y estilos de crianza”, apunta Francisco Sancho, EMEA Partner Manager de McAfee.

“Es poco realista pensar que se puede supervisar todo lo que hace tu hijo –añade Sancho–, pero los padres pueden ayudar educando sobre el contenido y los ciberriesgos, tales como descargarse apps desconocidas y hablar con extraños”.

Tecnología segura

Internet se ha convertido en un recurso imprescindible en la escuela, ya sea para buscar información, interactuar con otros alumnos y docentes, o acceder a material educativo. Por eso es necesario que también se les oriente desde casa sobre la mejor forma de protegerse.

“Los peligros a los que nos enfrentamos en la vida digital no deben ser subestimados, máxime cuando se trata de la vida de nuestros hijos. Los menores no tienen el conocimiento ni la experiencia para eludir a los ciberdelincuentes, por lo que es necesario que los padres asumamos el reto de protegerlos cuando navegan por Internet”, sostiene José Luis Laguna, Systems Engineer Manager en Fortinet Iberia.

niño proteger menores ciberriesgos

Desde esta compañía, también dedicada a proporcionar soluciones de seguridad, recuerdan que es imprescindible hablar con los menores sobre los peligros de la Red y hacerles saber que si ven algo extraño han de avisar a un adulto. Estar al tanto de las actividades online que realizan, colocar los dispositivos en un espacio común de la casa o implementar controles parentales son acciones de prevención necesarias.

Como medida adicional, recomiendan consultar con el proveedor de internet si cuentan con algún tipo de servicio que permita restringir el acceso a determinadas webs y herramientas de comunicación. En caso afirmativo, resultará muy útil para tener un mejor control de lo que hacen los menores cuando usan los dispositivos tecnológicos.

El valor de la privacidad

Para acompañar estas medidas, desde ambas compañías consideran esencial realizar una labor educativa para enseñar a los más pequeños el valor de la privacidad. Esto incluye explicarles cuáles son los ciberriesgos de la publicación de fotos o información personal en Internet y lo difícil que es eliminarla una vez que se hace pública.

Una responsabilidad que también recae en los adultos. “Los padres deben entender las implicaciones de que exista información o fotos de sus hijos online. Dejan una huella digital y, si cae en manos equivocadas, puede ser utilizada para recopilar información personal de los pequeños. Conocer el nombre y ubicación de su colegio, el nombre completo del niño o incluso su fecha de nacimiento… Todo esto puede tener graves consecuencias, desde el robo de identidad hasta el ciberacoso”, advierte Francisco Sancho.

Cuidar las etiquetas geográficas cuando se comparte contenido, establecer límites en el tiempo de uso y, sobre todo, educar antes que supervisar, son parte de las claves para que los más pequeños utilicen la tecnología y accedan a internet de forma segura.

Fuente: educacióntrespuntocero.com

6 claves para educar mejor

 

Educar es una experiencia muy bonita, pero también con momentos de dificultad. En la actualidad, a pesar de tener acceso a un gran número de información sobre cómo educar, parece que, en ocasiones, seguimos perdidos. El psicólogo Miguel Ángel Rizaldos nos habla sobre cómo educar mejor.

Hoy en día, existe acceso a numerosas guías y métodos sobre educación, pero lo cierto es que los padres cada vez parecen estar más perdidos respecto a la forma de educar a sus hijos, ¿por qué?

Considero, por mi experiencia de psicólogo de más de 28 años, que la sobreprotección que mantenemos hacia nuestros hijos impide poner en práctica la información sobre educación a la que tenemos acceso.

Los padres, madres y educadores podemos llegar a ser como helicópteros: estamos todo el día encima de los menores. Esto no favorece un desarrollo sano, ya que los niños necesitan descubrir y experimentar por sí mismos. Y estar continuamente bajo la supervisión de sus mayores no lo facilita.

Además, no podemos olvidar que los padres, madres y educadores también transmitimos nuestros miedos y carencias. Nuestros hijos son fiel reflejo de nosotros.

Padre hablando con su hija

La educación en la actualidad

Es verdad que la realidad resulta algo más compleja ahora, aunque en lo esencial sigue siendo la misma, pero con más tecnología.

Creo que existe poca naturalidad y sentido común. Por un lado, queremos no equivocarnos nunca y hacer todo perfecto en cuanto a la educación de nuestros hijos e hijas y, por otro, deseamos también que sean perfectos. Sin embargo, esto es contraproducente y justo favorece que consigamos lo contrario.

Es cierto hay que educar lo mejor posible, pero no podemos olvidar que, en ocasiones, nos equivocaremos y nuestros hijos también. Unas veces se gana, otras se aprende… 

Quizás todo esto tenga que ver con ese impulso de querer tener todo controlado para que salga bien o como nos gustaría. Sin embargo, la vida es incertidumbre la mayor parte de las veces. Y nuestro margen de maniobra es limitado.

Claves para educar mejor

Los elementos fundamentales y básicos para una educación sana serían:

  • Reconocer y valorar los comportamientos adecuados o los que se aproximan. Criticar y señalar los inadecuados de forma constante no ayuda y tampoco es útil. Estar continuamente enfadado no educa.
  • Empatizar, ponernos en el lugar de nuestros pequeños. Nosotros también fuimos niños. Por lo que intentar recordar esa perspectiva que un día tuvimos puede ayudarnos a entenderlos.
  • Coherencia entre lo que decimos y lo que hacemos. Es mejor no decir aquello que no vamos a hacer.
  • Escuchar con atención lo que te dicen y sienten nuestros hijos. Esto facilitará nuestra comunicación con ellos.
  • Expresar lo que sentimos. Creemos que no es adecuado expresar las emociones negativas delante nuestros hijos. Sin embargo, es conveniente para que ellos también lo hagan y aprendan a canalizarlas.
  • Cuidarnos. Si al tener hijos, olvidamos nuestras necesidades e intereses, no nos cuidaremos y acabaremos quemados. La cuestión es que si no lo hacemos con nosotros, tampoco cuidaremos bien. Y lo más importante, transmitiremos a nuestros hijos que no es importante el autocuidado.

Dar ejemplo es esencial

Los padres, madres y educadores transmitimos nuestro estilo y educación en valores en la convivencia diaria con nuestros pequeños.

Aunque sabemos que no seremos el único influjo en su futura conducta, debemos tener presente que con nuestra educación marcaremos lo que será su hoja de ruta básica para la vida.

Decimos más con lo que hacemos que con lo que decimos que hay que hacer. Por lo tanto, tenemos que ser más coherentes entre lo que expresamos a nivel verbal y lo que finalmente hacemos. En mi libro Guía para papás y mamás en apuros hablo sobre ello.

Hay que cuidarse para educar mejor

Desde la psicología, podríamos afirmar que “de tal palo saldrá tal astilla”, entonces cuidemos el palo para que salgan buenas astillas.

Cuando nos abandonamos y no nos cuidamos lo que suele ocurrir es que acabamos experimentando el síndrome de burnout o estar quemado. Se trata de una preocupación contante por cuidar de nuestros hijos que acaba convirtiéndose en una pesada carga.

Lo que ocurre es que, como dijimos anteriormente, si no nos cuidamos, no cuidaremos bien. Y lo peor de todo es que a nuestros pequeños les trasmitiremos el mensaje de que cuidarse no es importante. Así, cuando sean adultos lo replicarán y, por lo tanto, no se cuidarán.

Madre explicando a su hija consecuencias del mal comportamiento

Transmitir valores para educar mejor

Los valores que queremos trasmitir tienen que tener su correlato en nuestra conducta. De lo contrario, no transmitiremos nada, todo quedará en palabras. Por lo que es fundamental tener el impulso de la motivación y ser conscientes de nuestra responsabilidad en el futuro bienestar de nuestros menores.

  • Somos la base principal del desarrollo saludable de nuestros queridos hijos.
  • Somos el ejemplo y modelo principal de su comportamiento.
  • Somos instigadores de su desarrollo y aprendizaje.

Ser padres y madres es bonito no fácil. Cuidémonos para sentirnos bien y poder trasmitir así las claves que les ayuden a tener mayor bienestar. Y no olvidemos que la palabra convence, pero el ejemplo arrastra…

Fuente: lamenteesmaravillosa.com

10 motivos por los que tu hijo debería practicar deporte

Practicar un deporte con regularidad ofrece muchísimos beneficios, tanto físicos como psíquicos. Lo primero que nos viene a la mente cuando hablamos de hacer ejercicio, son todas las ventajas sobre nuestro cuerpo, desde mantener un peso saludable y mejorar la elasticidad y la coordinación, hasta fortalecer la musculatura y prevenir enfermedades.

Es innegable que realizar una actividad física favorece la salud corporal, pero, muchas veces, no se presta suficiente atención a la mejora de la salud mental. Facilitar el aprendizaje, mejorar el estado de ánimo, obtener más energía y reforzar la autoestima, son algunos de los efectos secundarios de entrenar con cierta periodicidad.

Además de todos estos motivos, los niños y adolescentes pueden sacar más provecho del deporte ya que se encuentran en una etapa formativa y especialmente sensible. De tal manera, el deporte representa una oportunidad para que los más jóvenes de la casa se relacionen con la sociedad y aprendan lecciones tan útiles y valiosas como que todo esfuerzo conlleva una recompensa y que hay batallas que se pierden. También, les mantiene alejados de hábitos perjudiciales como el consumo de tabaco, alcohol o drogas.

Diez beneficios de practicar deporte

  1. Un estilo de vida activo protege la salud. Practicar deporte con regularidad, treinta minutos al día cuatro o más veces por semana, mejora las funciones cardiovasculares y, por tanto, disminuye el riesgo de sufrir varias enfermedades como la cardíaca, presión arterial alta, niveles elevados de colesterol en sangre e incluso, algunos tipos de cáncer.
  2. El deporte fortalece los huesos y lo músculos. Esto disminuye el riesgo de sufrir fracturas y en última instancia baja el riesgo de osteoporosis. La actividad física contribuye a una adecuada maduración del sistema muscular y esquelético, además de corregir posibles defectos físicos. Huesos y músculos fuertes son la base para un crecimiento adecuado.
  3. Mejor coordinación y flexibilidad. El cuerpo se mueve con más elasticidad y permite un nivel más amplio de estiramiento. Este hecho también protege a los niños y niñas de posibles lesiones, ya que como mejor sea su coordinación y mayor sea la flexibilidad de sus músculos evitaran y amortiguaran las caídas y golpes.
  4. El ejercicio físico es la mejor manera de conseguir un peso saludable y, junto a una dieta equilibrada, evitar enfermedades como la obesidad, uno de los males de la infancia más habituales en la actualidad. Si los niños se mantienen activos, resultará más sencillo mantener y regular el peso corporal. También, es una manera más de evitar el sedentarismo y fomentar la realización de los trayectos cortos, caminando o paseando.
  5. Potencia la creación de hábitos saludables, desde la propia práctica del ejercicio a una alimentación sana o una adecuada higiene corporal. Hacer ejercicio con cierta regularidad favorece a la elaboración y regularización de hábitos, costumbres i rutinas que, a medida que los niños y niñas crezcan, formaran parte de su personalidad.
  6. Cuando se tiene un buen estado físico, el cansancio es menor y también se tiene mayor energía y resistencia durante el día. El ejercicio físico ayuda a descargar tensiones, disminuye el estrés y, en consecuencia, mejora la calidad de sueño. Este tipo de actividad puede frenar los impulsos excesivos de los más pequeños de la casa que aún no saben controlar el exceso de nervios o de energía.
  7. Mejor estado de ánimo y sensación de bienestar. Muchos deportistas describen sensaciones de alegría y mejor humor cuando se ejercitan con regularidad. Esto es así porque el ejercicio estimula la liberación de endorfinas, sustancias naturales que produce el cuerpo y promueven la sensación de bienestar y vitalidad. De esta manera, se consigue el mantenimiento de un buen estado de ánimo, más fuerte para afrontar los problemas y contratiempos del día a día.
  8. Practicar algún deporte es una oportunidad para que tu hijo se relacione con otros niños o adultos, siguiendo una serie de reglas y normas del juego. La mejor manera de socializar y que aprenda a ser más colaborador y menos individual, además de enseñarle a aceptar y respetar sus semejantes así como reconocer que existe alguien que sabe más que él. Los deportes en equipo son una manera de compartir triunfos y derrotas, formar parte de un equipo, trabajar unidos para conseguir un objetivo común y de obtener disciplina. Algo que, sin duda, beneficia a quien lo practica en todos los ámbitos de la vida cotidiana.
  9. Es un canal más para mejorar la autoestima de niños y adolescentes que por su cuerpo pueden tener problemas de integración, por sentirse demasiado altos o bajos, o gordos o delgados. Estas sensaciones y complejos son más fáciles de aceptar cuando se forma parte de un equipo y cuando se tiene la capacidad para controlar su cuerpo. Estar integrado en la práctica de un deporte genera, poco a poco, que el niño supere su timidez y aumente su seguridad y confianza en sí mismo.
  10. Los niños a través del deporte pueden darse cuenta del valor y de la importancia de realizar un trabajo y esfuerzo No todos los objetivos se alcanzan de inmediato y es importante que entiendan los sacrificios y las dificultades que a veces surgen. Valores como la constancia, el rigor y la motivación son claves para disfrutar los triunfos y afrontar que hay batallas que también se pierden. Es una manera de ayudar a los niños que tienen poca tolerancia a la frustración.

Esto sería un resumen de los muchos beneficios que supone practicar un deporte, pero seguro que entre todos podemos ampliar bastante más la lista. Ya no hay excusa para introducir el ejercicio en nuestra vida y en la de nuestros hijos, animaros a reflexionar sobre todo lo que os puede aportar. ¡Déjanos en los comentarios tu opinión!

Fuente: aulaplaneta.com

Enseña a tus hijos a reconocer los signos del abuso sexual

Pareciera que cada día que abrimos el periódico, entramos a redes sociales o vemos las noticias, hay una nueva y terrible historia de explotación y abuso infantil. Como consejera y educadora enfocada en prevenir el abuso sexual infantil, la gente a menudo me pregunta si el abuso sexual es más frecuente hoy que antes. Educadores y cuidadores quieren saber por qué pareciera que hay una explosión de nuevas denuncias.

La pregunta es legítima y no es fácil de responder: el abuso sexual sigue siendo un crimen que se reporta poco, aunque ahora hay más medios que nunca para que los sobrevivientes hablen de sus experiencias traumáticas. La luz está llegando poco a poco a los rincones oscuros donde los depredadores siempre se han escondido, y a aquellos que los albergan y asisten. Así que mientras las historias de abuso a manos de clérigos de confianza o incluso miembros de la familia son difíciles de leer y dolorosos de atestiguar, me emociona saber que finalmente estamos dándoles voz a quienes no la tienen. Las estadísticas muestran que al menos uno de diez menores de edad en Estados Unidos sufrirá de abuso sexual antes de cumplir 18 años; no podemos ignorarlo

Es hora de enfocarse en la prevención. Los depredadores olfatean a quienes ya tienen problemas en otras áreas de su vida y pueden ser vulnerables. Sin embargo, hay muchas cosas que los padres y tutores pueden hacer para proteger a las criaturas:

• Enséñales que sus sentimientos importan y merecen respeto. Para los papás eso no significa dejarlos correr por la casa y hacer lo que les dé la gana, sino que cuando un niño comparte un sentimiento, hay que validarlo. Muchos papás conocen el clásico ejemplo de hacer una cena maravillosa con plato fuerte, varios acompañantes e incluso el postre; después, enfrentar a un niño que al ponerse la piyama anuncia que tiene hambre. Todos quisiéramos responder: “Eso no es posible” o “No tienes hambre” o algo menos correcto. Pero con un poco de cuidado podemos validar al niño y mantener nuestro estatus en la jerarquía del hogar. Intenta algo como: “Lamento que tengas hambre, pero tendrás que esperar al desayuno”, o “Ay, tienes hambre… hay una zanahoria en el refrigerador para ti” para validar los sentimientos de tus criaturas.

Respetar al niño y validar sus sentimientos le da un sentido del yo y le ayuda a reconocer sus propias emociones: ser capaz de reconocer nuestros sentimientos es el primer paso para saber cuando algo no se siente bien. Los depredadores confían en que los menores de edad son fáciles de manipular. Los que tienen una mejor sensibilidad respecto a lo que se siente bien y lo que no —y son capaces de comunicar esos sentimientos a adultos de confianza y que estos los validen— tienen una gran ventaja.

• Insiste en que son dueños de su cuerpo. Chicas y chicos necesitan comprender que nadie puede tocar sus partes íntimas, mirarlas o hablarles de sus partes íntimas fuera de las situaciones apropiadas, como en el consultorio médico. Comunícale este concepto a tus hijos desde los 2 años. Puede empezar cuando sea hora del baño o durante el entrenamiento de control esfínteres. Use lenguaje simple y apropiado para su edad: “Mamá te está lavando los ojos y los oídos y la espalda y el pene. Tu cuerpo es tan especial y te pertenece a ti. Nadie puede tocarlo porque este es tu cuerpo. Si alguien lo hace, dile a mamá de inmediato porque mi trabajo es cuidarte y mantenerte seguro; tocarte, especialmente en tus partes íntimas, puede no ser seguro”.

A medida que los niños crecen, esta conversación debe ser más detallada e incluir escenarios posibles, diálogos e incluso juego de roles. Asegúrate de que los chicos sepan que las reglas son para todos. Eso significa decir cosas como: “Nadie puede hacerte sentir incómodo, incluso si es tu tío, primo, tía o vecino. No está bien nunca y siempre voy a creerte”. Muchos niños no lo sabrán si no se los decimos.

• Asegúrate de que entienden la diferencia entre los secretos y las sorpresas. Hay que enseñarles que jamás deben mantener un secreto sobre sus partes íntimas. Un ejemplo que puedes usar es una visita médica, en la que es posible que alguien toque y mire sus partes íntimas. Eso está bien porque el doctor o la doctora se está asegurando de que estamos saludables, pero sobre todo porque no es un secreto. Los papás deben estar presentes cuando un niño está siendo examinado o saber de la consulta y después conversar con su hijo sobre lo ocurrido durante la examinación.

También, para equilibrar, hay que ayudarles a comprender el matiz entre secreto y sorpresa. Pedirle a un niño que no hable sobre el contenido de un regalo o una fiesta sorpresa puede ser confuso, así que hay que insistir en que las sorpresas y los secretos no son lo mismo. Quien recibe un regalo se va a enterar de la sorpresa y casi seguro se sentirá feliz y cómodo. Por el otro lado, un secreto que no debe contarse jamás no está bien y nos puede confundir, entristecer o hacer sentir asco. Este es un concepto crucial para los niños, porque los depredadores intentarán que los niños mantengan el secreto.

• Comparte tus historias con tantas sensaciones y sentimientos como sea posible. Los niños buscan en los adultos cercanos formas de entender lo que experimentan así que es útil compartir la propia experiencia. Esto les ayuda a aprender qué significa expresar los sentimientos y a poner en palabras cosas que no comprenden. No tienes que compartir historias de abuso, lo importante es modelar lo que significa seguir las corazonadas y los instintos. Las historias pueden ser tan simples como: “Estaba tan frustrada esta mañana porque me quedé atorada en el tráfico y sabía que iba a llegar tarde al trabajo. Sentía mariposas en el estómago y mis manos estaban tensas de apretar tan fuerte el volante”. Comunicarse así con los niños les permite compartir sus propios sentimientos de ira, confusión, felicidad y tristeza, y a comprender que otros pueden sentirse así.

• Pide permiso para tocar a un niño. Cuando les pedimos permisos pequeños a los niños, fomentamos la noción de que tienen control sobre su cuerpo. Así si, por ejemplo, se topan con un depredador sabrán reconocer lo que se siente distinto. Algo tan pequeño como preguntar: “¿Puedo acomodarte el cuello? Está torcido” le manda el mensaje de que tiene autonomía sobre su cuerpo. Practicar diálogos así pueden ayudar mucho a que un niño o niña reconozca que un depredador no pide permiso y le ayudará a identificar a esa gente tramposa.

• Dales el poder de decir “No” y de hablar con franqueza.Animar la honestidad emocional y los límites físicos ayuda a que adquieran control sobre su cuerpo. Dejar a una niña decir: “No, no quiero un abrazo, pero un apretón de manos está bien” le muestra que tiene alternativas. Pero, aun así, los chicos pueden ser incapaces de decir “No” a un abusador o de detener el abuso. La mayoría de los menores de edad que sufren abuso sexual no lo dicen, así que tenemos que decirles que incluso si no pudieron decir “No” o alejarse, lo más importante es contarle a alguien lo sucedido. Diles que les creerás sin importar lo que pase y que no van a meterse en problemas por decirlo.

Los padres, madres y cuidadores pueden ayudar a las criaturas a compartir historias de abuso y obtener la validación y la ayuda que necesitan. Prevenir el abuso es igualmente importante: al darles las herramientas necesarias, podemos ayudarles a aprender cómo mantenerse más seguros y apoyarlos en caso de que enfrenten una situación traumática.

Fuente: nytimes.com

Los diez consejos para evitar el ahogamiento de niños en piscinas y playas

El último dato que recoge el Instituto Nacional de Estadística (INE), indica que durante 2017 fallecieron 36 niños por esta causa. Muchos de estos ahogamientos se produjeron en piscinas privadas y gran parte de los mismos se refieren a niños menores de 5 años. A esta dramática estadística hay que añadir los menores que sufren secuelas neurológicas, fracturas graves y otras patologías derivadas de accidentes en el agua.

Por todo ello, los servicios de pediatría de los Hospitales Vithas han elaborado sendos decálogos de recomendaciones de fácil cumplimiento que pueden ayudar a padres y cuidadores a evitar más muertes infantiles por esta causa. Muchas de estas recomendaciones son extensibles a las personas adultas, especialmente de edad avanzada, colectivo que concentra el mayor número de ahogamiento.

Medidas de prevención de ahogamiento en piscinas
No perder de vista a los pequeños
No perder de vista a los pequeños

1. Vigilancia continua: no existe sustituto de la vigilancia de un adulto. Quien acompañe al niño debe estar permanentemente vigilando y si se ausenta debe nombrar un sustituto. Es primordial no perder de vista a los pequeños cuando se bañan o están cerca del agua.

2. Norma 10” 20”: el adulto debe mirar al niño cada 10 segundos y debe permanecer a una distancia tal que le permita llegar en 20 segundos.

3. Detectar riesgos: comprobar si existe algún modo de que el niño muy pequeño llegue a la piscina y de qué manera lo haría, para evitarlo.

4. Protección: incorporar dispositivos de seguridad que impidan que el niño llegue al agua en un descuido.

5. Aprendizaje: antes del verano y desde bastante pequeños deberían aprender a flotar primero y nadar después. Este aprendizaje no exime en ningún caso de la vigilancia.

6. Dispositivo de rescate: tener a mano salvavidas, pértiga y teléfono para contactar con emergencias.

7. Orden: mantener alejados de la piscina juguetes u objetos que llamen la atención del niño y al sentirse atraído por ellos le hagan acercarse al agua.

8. Drenajes: asegúrate de que los sistemas de drenaje están apagadosy los niños están lejos de los mismos.

9. Seguridad: tener vallas, cobertores de invierno, alarmas perimetrales o de inmersión, elementos de flotación adaptados a cada niño.

10. Emergencias: aprende la secuencia de reanimación cardiopulmonar (RCP) y el teléfono de emergencias (112).

Medidas de prevención de ahogamiento en playas
Mejor las playas con servicio de socorrista
Mejor las playas con servicio de socorrista

1. Siempre acompañados: nunca dejes a los niños ir solos a la playa. Ellos no tienen la misma percepción del peligro que nosotros y pueden menospreciarlo.

2. Mejor con socorrista: elige playas con servicio de socorrista. Respeta y sigue sus indicaciones.

3. Chaleco: mejor saber nadar, pero si no es así, en el mar, mejor chaleco que flotador o manguitos.

4. Evitar saltos: enséñales que no deben saltar desde las rocas o cualquier tipo de plataforma en altura, el peligro que ello supone y las consecuencias desastrosas que puede acarrear. Predica con el ejemplo.

5. Desconfía de los inflables: las colchonetas, flotadores y demás, dan falsa sensación de seguridad.

6. Después de comer: deben entrar despacio en el agua ya que existe elriesgo de hidrocución ante cambios bruscos de temperatura.

7. Vigila constantemente: en la playa hay mucha gente. No los dejes solos ni un minuto.

8. Confía en el socorrista: si hay que hacer un rescate, sigue siempre sus instrucciones.

9. La RCP salva vidas: aprende la secuencia de reanimación cardiopulmonar (RCP) y el teléfono de emergencias (112).

10. Protégele del sol: Aplica crema solar SPF50 con frecuencia, gorro, gafas de sol, ropa ligera, protector labial con filtro solar. Los golpes de calor pueden ser fatales en el agua.

*Estas recomendaciones son extensibles a pantanos, embalses o las pozas que se forman en algunas playas cuando baja la marea.

 

El cerebro del niño no sabe de periodos vacacionales, su mente debe seguir ejercitándose

El debate está servido: ¿Es el verano una época solamente de diversión? ¿ Es bueno mantener el hábito del trabajo o es preferible una desconexión? Rutina y hábito o merecido descanso, las opiniones son muchas cuando se pregunta: ¿Hay que hacer deberes en verano? Pero, ¿qué son los deberes? Si se trata de tareas a desarrollar para estimular el aprendizaje, descubrir la pasión y el talento del alumno, asociar el error con el proceso necesario para el logro y por lo tanto con la construcción de nuevos conocimientos, evidentemente el concepto de «deberes» resulta un continuo en el que establecer delimitaciones no tiene sentido.

Hay que recordar que el aprendizaje es para toda la vida y el proceso de enseñanza-aprendizaje debe ser divertido y natural. Un aprendizaje experiencial conforma una herramienta que contribuirá a afrontar situaciones críticas y difíciles del día y día y superar incertidumbres.

Los niños deben aprender desde la emoción, con alegría y sorpresa, con ensayo y error, superando retos en la medida que se supera un conocimiento pero, por encima de todo, motivados por la curiosidad. Con todo, no existe una respuesta definitiva a la pregunta sobre los deberes en verano.

El cerebro del niño no sabe de periodos vacacionales, su mente debe seguir ejercitándose y no por ser verano debe hacer una parada, sino que continúa siendo un entorno donde seguir aprendiendo. Existen muchas maneras de seguir absorbiendo conocimientos; también jugando.

Los expertos en neuroeducación sostienen que existe una clara «plasticidad cerebral» que se debe aprovechar. Tanto es así, que el encéfalo se va adaptando y modificando en función de los estímulos que perciba a lo largo de la vida. Por lo tanto, en la medida que se entrene, estimule o active el cerebro, se estará promoviendo las interconexiones para el establecimiento y consolidación de nuevos aprendizajes.

Por lo tanto, es de especial importancia la consideración de dejar o no el cerebro de los niños sin una «rutina de trabajo» para seguir estimulando y avanzando hacia el desarrollo de las inteligencias múltiples (Gardner, 1983).

Fuente: abc.es