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Hijos por el mal camino: ¿qué hacer?

Amor, comprensión, educación, apoyo… Tienes la seguridad de que durante el proceso de crianza de tu hijo le brindaste todo lo posible para convertirlo en un ser de bien. Pero al final, el resultado no fue el que esperabas.

Ante estas circunstancias, ocurre con frecuencia que te asalte la duda de si fracasaste en tu tarea de criar y encaminar a tus hijos por la senda correcta. Drogadicción, robo, deserción escolar… ¿Por qué escogió ese comportamiento? ¿Eres culpable de su vida desventurada? ¿Mereces todo el sufrimiento que te hace experimentar?

Un sentir común

El Dr. Enrique Gelpí Merheb, psicólogo clínico especializado en niños y adolescentes, aclara que las frustraciones que puede experimentar un padre o una madre pueden surgir “por situaciones menos complejas como el que ‘mi hijo me falte al respeto, aun cuando no le he dado el ejemplo para hacerlo’, hasta que no desee estudiar en la universidad luego de escuela superior, o se involucre en problemas legales”. Claro, “siempre que sea consciente de que ha sido un buen ejemplo para su hijo y que ha optado por una crianza responsable”, aclara.

Cuando se trata de problemas más graves, el doctor señala que “para un padre o una madre debe ser catastróficamente frustrante porque hay muchos padres que viven toda su vida pendientes de darles a sus hijos lo que ellos no tuvieron, y aplicar un método de crianza diferente, utilizando toda la información que tienen a la mano lo mejor posible para su rol de crianza, así que debe ser devastador para ellos”. Por eso es de esperar que, tras ese sentir de culpabilidad, se esconda “el sentimiento de que fracasó como padre”.

¿Factor genético?

El psicólogo analiza que “se habla mucho de la herencia, de la predisposición genética” en muchos de los casos como responsable de los problemas que manifieste el menor. Y de hecho, hay padres que “ven la herencia como una camisa de fuerza o un destino; por ejemplo, si en la familia hay problemas de alcoholismo o una tendencia a ser desafiante, creen que el hijo va a tener ese comportamiento”.

Al respecto, Gelpí Merheb reitera que “la herencia no es una camisa de fuerza ni un destino. Sí puede aumentar el riesgo, pero no implica que, de manera automática, eso le va a ocurrir a tu hijo”.

Cuidado con complacer demasiado

Por otro lado, hoy día muchos padres muestran inclinación por complacer a los hijos en todo -o casi todo- lo que piden. ¿Qué relación puede guardar esta conducta con los problemas que manifieste el menor en su adultez?

El psicólogo advierte que la gratificación instantánea “no es efectiva porque cuando el padre o la madre tienen que ser más estrictos o estructurados, les resulta más difícil hacerlo”. Además, con este comportamiento “enseñamos a los hijos a que en el mundo nada va a pasar que los va a frustrar, que no tienen que pasar trabajo para lograr lo que quieren en la vida, y eso no es la realidad con la que se van a enfrentar”, enfatiza.

Ante esta dinámica, cuando el menor esté en alguna situación en la que no recibe lo que desea, posiblemente no se adapte con facilidad a ciertas situaciones, incluyendo en sus relaciones interpersonales. “Cuando llega a la adolescencia o a la adultez, en la que la toma de decisiones depende totalmente de él, puede sufrir trastornos de ansiedad o depresión por no saber manejar las frustraciones”, menciona a modo de ejemplo el doctor. Esto, a su vez, lo pone en riesgo de adicción a drogas o alcoholismo como una manera de canalizar sus frustraciones.

Varios responsables

“La mayoría de los padres, en su sano juicio, tratan de criar lo mejor que pueden con las herramientas que tienen a su alcance”, observa el doctor. “En ese caso, entiendo que la responsabilidad es mínima, y más si se trata de padres que se interesan por buscar ayuda profesional, terapéutica, para manejar la situación de dificultad”. Y confiesa que “eso lo veo todos los días en mi oficina, padres tratando de darles el mejor ambiente a sus hijos”.

El psicólogo añade que “los padres deben entender que hay varios factores que van a intervenir en el que un hijo, al final del camino, termine con problemas a pesar de que sus padres trabajaron para que no sucediera”. Porque puede pasar que, “por más que trate de ser un ejemplo positivo para mi hijo, él tome otras decisiones negativas”, reitera.

El doctor aclara que, “al final del camino, es responsabilidad compartida: posiblemente el ambiente social tenga parte de esa culpa; el hecho de que el hijo, desde adolescente, toma sus propias decisiones; y el método de crianza del padre”.

Si son padres divorciados

Cuando se trata de hijos cuyos padres están separados y han atravesado por un divorcio, hay quienes manifiestan preocupación de que tenga serias repercusiones psicológicas. “Mucha gente piensa que si los padres se divorcian, eso va a ser traumático para el hijo y se van a perjudicar. Eso es un mito ”, responde enfático el doctor. “Lo que complica la situación no es el divorcio, sino cómo se maneja por los adultos, que incluye a los padres, tíos y abuelos”, entre otros. Por supuesto, “si son divorcios contenciosos, de discordia, puede ser un factor de riesgo”. Sin embargo, “si la separación se da en un entorno saludable, el efecto no tiene que ser tan negativo como la gente automáticamente le adjudica a la palabra divorcio”, reitera el psicólogo. Además, “ya sea bajo el mismo techo o en casas separadas, las inconsistencias en la crianza pueden ser otro factor de riesgo y contribuir a que se complique” el panorama. Por eso “todo depende de cómo los padres manejen el divorcio o la separación”.

Para concluir, el doctor invita a reflexionar que “los padres van a seguir siendo padres aunque su hijo opte por otro camino. Vamos a estar ahí para apoyarlo y guiarlo, pero al final eso tiene un límite”. El psicólogo aclara que “no es darle la espalda, pero como padres, aprender que, lamentablemente, en algunos momentos sus hijos tienen que sufrir las consecuencias naturales de sus propias decisiones”.

Fuente: primerahora.com

Entender a tu hijo adolescente no es imposible (si sabes cómo hacerlo)

Ni es una mala época, ni tenemos que prepararnos para nada, ni entramos en un calvario, ni hay que asistir a un curso específico… Simplemente, nuestro niño crece y ahí debemos seguir estando nosotros, como padres, para acompañarlo en esta nueva etapa de su vida. Aunque a veces lo parezca, entender a tu hijo adolescente no es imposible, aunque debes conocer las siguientes claves para que resulte un poco más sencillo.

Cuando un niño llega a la adolescencia

Lo primero a tener en cuenta es, que TODOS hemos pasado por ahí, y ahora, le toca a nuestro hijo. Lo segundo es que afortunadamente ACABA, es decir, tiene un principio y un fin. Estas dos ideas son motivo para, a partir de ahora, sentir algo más de tranquilidad como para sonreír.

La adolescencia es una época que dura desde los 12 años hasta los 17-18 años, más o menos. Cierto es que el mayor cambio se produce de los 13 a los 15 años. Y que a partir de los 16, el tema se empieza a llevar mejor, puesto que empiezan a disminuir los cambios físicos y emocionales de nuestro hijo facilitando un poco su trato y acompañamiento.

La función principal de nosotros, los padres, es darle herramientas suficientes a nuestros hijos, en este desarrollo de sus vidas, para que cuando tengan 20 años echen a volar. En ese momento, como padres, tendremos otro aprendizaje: aprender a dejarlos volar, pero ese será otro momento…

Volviendo a la adolescencia, hay varias cuestiones a tener en cuenta:

– Somos sus padres, así que, el amor incondicional por ellos siempre va a prevalecer, hagan lo que hagan. Efectivamente, habrá consecuencias cuando su comportamiento no sea el más adecuado.

– Somos sus padres, así que para ellos, como hijos adolescente que se están autodescubriendo, somos los que les estamos amargando sus vidas. Por aquello de recordarles los limites y ponerles normas a cumplir.

– Y por último, somos sus padres, no sus amigos.

Así que, se trata de hacer una buena combinación de estas tres ideas, para llevarnos bien en este ciclo evolutivo que supone la adolescencia.

Juego para entender a tu hijo adolescente

Para empezar a entender a tu hijo adolescente, te propongo un juego de empatía que te ayudará a comprender por qué tiene dichos comportamientos. Te sugiero que trates de ponerte en su piel y pensar como te sentirías tú si te ocurriera todo esto, a la vez:

– Estás teniendo cambios físicos, importantes, en tu cuerpo.

– Te sientes inestable emocionalmente.

– Dudas de ti.

– No te sientes seguro/a en las relaciones personales.

– No sabes quién eres.

– Te opones a cumplir las normas.

– Crees que nadie te puede comprender…

A ellos, todo esto, les provoca comportamiento distantes, irritantes, egoístas, desafiantes, deprimidos… y todo lo que quieras añadir. Pero, ¿cómo te sentirías tú? ¿Te atreves a expresarlo?

6 consejos para lidiar con un adolescente

Así que para lograr una convivencia tranquila y armonía en casa, debes tener en cuenta y aprender a:

1. Ármate de paciencia
Puede resultarte muy útil asistir a a clases de yoga, aprender a meditar o controlar el Mindfulness.

2. Procura estar disponible para tu hijo
Intenta que, siempre que te necesite, estés ahí para tu hijo (aunque él no lo esté nunca para ti). Saca siempre tu mejor lado, tu mejor sonrisa y tu predisposición.

3. Aprende a negociar
Los adolescentes saben negociar muy bien, y es probable que en esta época os pongan a prueba con sus negociaciones continuamente, para TODO.

4. Deja que tu hijo aprenda a equivocarse
Deja que elija, decida y por supuesto, se equivoque. Ten en cuenta que no siempre le podemos sacar las castañas del fuego y, además, es su vida y, por tanto tiene que aprender.

5. Respeta su privacidad
Respeta su “cueva”, su intimidad y déjalo en su aislamiento. Lo sé, siempre están encerrados en su habitación, pero hay que aprender a respetarlo, no hay otra.

6. Dile y demuéstrale que le quieres
Y por supuesto, no olvides mostrarle siempre tu interés y amor que sientes por él. Te lo rechazará, pero si tú le rechazas, tu hijo pensará que no te importa.

Es un gran momento para descubrir a tu hijo adolescente, acompañarle y para conocer una nueva versión de nosotros mismos. ¡Ánimo!

Fuente: guiainfantil.com

Lo difícil y lo divertido de tener hijos adolescentes

Se dicen tantas y tantas cosas alrededor de la adolescencia, que pocos padres esperan con entusiasmo y optimismo esta etapa de desarrollo. La mayoría se sienten un poco asustados al pensar en lo que les espera cuando sus hijos crezcan… Es por eso que hemos querido describirles algunas de las cosas difíciles que podrán enfrentar con sus hijos en este periodo, pero también las divertidas y emocionantes, que no son pocas, para que esta vez el balance sea más justo. Esto es lo difícil y lo divertido de tener hijos adolescentes.

Analizamos lo difícil y lo divertido de tener hijos adolescentes, ¡apunta!

1. Sus opiniones y el pensamiento crítico

– Lo difícil
Dejan de creer en todo lo que les dices. A partir de los 9 años, momento en el que nuestros hijos se acercan a esta etapa, se vuelven más críticos y cuestionan mucho más el por qué de ciertos temas. Antes, nuestras explicaciones bastaban para convencerlos de cualquier cosa, pero ahora, las cosas han cambiado.

– Lo divertido
Es increíble ver como gradualmente desarrollan un pensamiento más crítico y empiezan a hacer preguntas sobre aspectos que antes les pasaban de largo. Si logras observar este fenómeno desde la perspectiva correcta, podrás disfrutarlo más que sufrirlo. Podrás sostener con ellos pláticas nuevas y hasta bromear sobre temas más adultos a medida que crecen, lo cual es una experiencia muy enriquecedora que además puede acercarte a ellos.

2. Su apariencia personal

– Lo difícil
Empieza a haber confrontaciones en temas de apariencia personal. El peinado y la ropa pueden ser motivo de discusiones. Puede ser que el estilo que tu hijo prefiere no sea lo que tu escogerías, sin embargo, es el que a él le gusta y eso es suficientemente importante para hacer un esfuerzo y en la medida de lo posible negociar y tener mente abierta para dejarle experimentar.

– Lo divertido
Si te muestras abierto y cooperador sin hacer juicios todo el tiempo, puede ser que corras con el beneficio de que pida tu opinión sobre qué usar para la fiesta del sábado o qué llevar a un concierto y hasta volverte un poco su cómplice. Aquí es cuando padres e hijos pueden hacer distintas actividades juntos: ir juntos al salón de belleza, asesorar a sus hijos sobre el afeitado… Esos momentos pueden llegar a ser tan emocionantes como cuando los viste caminar por primera vez.

3. La relación con los padres

– Lo difícil
Antes eran felices de perseguirte hasta cuando estabas en el baño para platicar contigo y tenerte cerca. Las comidas familiares les hacían ilusión y no imaginaban un plan mejor que estar junto a papá y mamá el fin de semana no importaba dónde. Ahora no parecen tan entusiastas con esos planes, de hecho, casi tienen todo su tiempo ocupado en salidas con sus amigos, quienes parecen ser el centro de su mundo.

– Lo divertido
Si tienes claro que esto es perfectamente normal y no tiene que ver con que te quieran menos; puedes empezar a disfrutar de un tiempo para ti, salir al cine, leer un buen libro, tomar un café, inscribirte en esa clase de yoga que hace tanto se te antoja, etc.

4. Sus intereses

– Lo difícil
Puede ser que en esta época brinquen de un interés a otro con una velocidad increíble, arrastrándote a ti con ellos; que algo que les parecía fascinante en poco tiempo pierda atractivo, dando lugar a algo nuevo y te cueste un poco seguir el ritmo inscribiéndolos en actividades distintas, llevándolos a partidos, torneos, exposiciones, campamentos, etc.

– Lo divertido
Si pones atención, serás capaz de disfrutar y ser testigo del momento en que descubran aquellas cosas que verdaderamente les harán felices y que serán determinantes en su vida futura (y disfrutar con ellos el proceso).

5. Su autonomía

– Lo difícil
Pronto aprenderán a ser autosuficientes, aprenderán a conducir un auto, a tomar sus propias decisiones (que no siempre te gustarán, por cierto) y poco a poco necesitarán menos tu ayuda, lo cual puede ser agridulce.

– Lo divertido
No importa que tanto crezcan y que tanto dejen de depender de tu ayuda, siempre necesitarán sentirte cerca. Tú, tendrás mientras tanto el enorme regalo y la gran satisfacción de verlos gradualmente convertirse en adultos y ocupar su lugar en el mundo mientras sigues estando ahí para ellos.

Fuente: guiainfantil.com

Educar a los niños ‘desconectados’ de la tecnología sí es posible

Verónica Pérez Arango, docente en un colegio de secundaria y mamá de Ulises, de 8 años, ha visto esta escena muchas veces: en casas de hijos de amigos que pasan horas hipnotizados delante de una tableta o un teléfono, Uli –como llama cariñosamente a su hijo– tiende a escabullirse con su hermanita menor a alguna otra habitación y descubrir juguetes nuevos que quizá su dueño no toca hace siglos.

“La verdad es que me llama poderosamente la atención que niños y niñas de 6 o 10 años no se diviertan con otra cosa que no sean las redes y la tecnología”, dice Verónica. Esa es una de las razones por las cuales Ulises forma parte de una tendencia que crece: niños criados con acceso nulo o muy restringido a teléfonos celulares y, especialmente, redes sociales.

En un mundo hiperconectado, en el que las empresas de tecnología apuntan a públicos cada vez más jóvenes, muchos padres en Argentina y en el mundo eligen educar a sus hijos en ambientes ‘tech-free’.

¿Cuáles son las ventajas y desventajas de una niñez sin apps? ¿Es muy difícil sostener la apuesta por una infancia analógica? ¿Un chico desenchufado es un chico aislado, excluido? ¿Cuáles son las recomendaciones de los especialistas?

En el caso de Ulises, por ejemplo, él no tiene redes sociales ni celular: a veces le pide prestado el teléfono a su mamá para poner algo de música. “No tiene redes, pero la verdad es que tampoco las pidió”, explica Verónica, que regula también las horas de pantalla en su casa, incluyendo Netflix y YouTube. “Lo que sí me pregunta es por qué no puede ver todo el día Netflix, a lo cual le respondo que está genial ver pelis, pero que está bueno aburrirse porque cada vez que se aburren descubren un juego nuevo o inventan algo o salen al aire libre –dice Verónica–. A mí, como madre, me da más trabajo esto, pero amo tanto que juegue cuando conozco niños y niñas de esa edad que si no tienen tecnología adelante, no saben qué hacer”.

En el grado de Ulises, que va a una escuela pública, la mayoría de los papás están en la misma sintonía; y para Verónica eso es un factor clave: “Me parece que cuando el entorno de padres prioriza más el juego, el cuerpo, la conversación y el compartir, es más fácil que los niños no se sientan sapos de otro pozo –explica–. Si justo tu hijo o hija son los únicos que no usan tanta tecnología, es más difícil”.

Único de su curso sin celu

Ese es un poco el caso de Sebastián, de 11 años, hijo de Laura Castillo, actriz, que asegura a todo aquel que quiera escucharlo ser el único de su grado que no tiene celular ni redes.

Sebastián también estudia en una escuela pública (en las que, muchos papás aseguran, la iniciación de los niños en la vida digital es más tardía e irregular que en las privadas), pero los años que lo separan de Ulises pueden explicar la diferencia: es común que a los 11 o 12 años muchos niños tengan su primer celular o una cuenta de Instagram. Sin embargo, los papás de Sebastián se mantienen firmes: “Creemos que no lo necesita y no está aún preparado. No se mueve solo en la calle más allá de algún mandado o compra cercana a nuestra casa. Además privilegiamos el contacto real con sus amigos y compañeros”, explica Laura, y agrega: “Ya va a tener, cuando vaya a la secundaria y se mueva más solo, pero por ahora aunque se queje y lo discutamos mucho nos mantenemos firmes. No creemos que sea decisión de él”.

La historia de Sebastián es la que a los adultos nos aparece como más típica: sin embargo, no todos los niños que no tienen acceso a celulares o a redes lo viven como un problema. En parte, como comentaba Verónica, el entorno juega un papel importantísimo: una red social solo tiene gracia si tus amigos están en ella, pero también depende de la personalidad de cada niño. Muchos niños huyen de las redes sociales clásicas y eligen otro tipo de ‘apps’, más relacionadas con el juego y la creatividad que con la exposición de sus vidas personales.

A pesar de que sus padres no le prohíben el acceso a ninguna red (“sí leo todo lo que puedo y hablo mucho con ella, además de proponer mil cosas para que no esté todo el día en el teléfono”, dice Tomás Linch, editor y papá), Catalina, de 12, usa solamente WhatsApp y una red social llamada Amino, que no usa ninguno de sus compañeros de colegio: “Arranqué en sexto grado. Pero mis amigos solían usar mucho antes Instagram, que yo nunca usé”, cuenta. Amino es una ‘app’ que conecta comunidades de fans de distintos temas, desde animé hasta series de TV, videojuegos o superhéroes: Catalina dibuja y la usa para trabajar en proyectos colaborativos. “Es extraordinario lo que los niños generan solos”, se maravilla Tomás, que nunca había escuchado hablar de Amino antes. “No creo que alguien de mi edad se pierda de nada por no tener redes, celular o WhatsApp –dice Catalina–. A veces usamos WhatsApp para hacer la tarea, pero el que no tiene usa el WhatsApp del padre y se arregla”.

Algo parecido dice Lucas, de 11, hijo de Laura González, maquilladora y esteticista, que no tiene redes sociales, pero sí un celular muy básico y sin chip para jugar algún juego: “Yo diría que sin Skype, sin WhatsApp, sin Facebook, sin Instagram. ¡Estoy muy bien! No me interesa mucho hablar en redes sociales. A mí lo que me gustaría es tener un celu para jugar jueguitos, pero tranqui, no tengo ningún problema. Mis amigos siguen a famosos en Instagram, pero yo no, yo solo quiero un celu para jugar y que no se me quede varado como el que tengo ahora”, dice Lucas, sin rastros de mal humor. Eso no significa que su vida sea 100 % libre de tecnología: es un fanático de la PlayStation y juega en red con sus amigos del colegio.

Fuente: abcdelbebe.com

Tartamudez: cinco mitos sobre este trastorno

Si tu hijo es tartamudo y le cuesta comunicarse, o su lenguaje se caracteriza por interrupciones y repeticiones. No es voluntario, y su origen puede ser orgánico, social o psíquico, es importante que prestes atención y lo ayudes lo más pronto posible.

La tartamudez se define como un trastorno que afecta a la capacidad de comunicarse y también se le conoce como disfemia, disfluencia en el habla o espasmofemia. Es un desorden que suele variar, esto quiere decir que en algunos casos el niño tartamudea más seguido y otros, en cambio, esto no sucederá. Debido su complejidad, pueden surgir dudas o mitos sobre este trastorno.

1. Tartamudeo porque soy una persona nerviosa

La ansiedad no causa la tartamudez, pero puede provocar que la tartamudez sea más severa en algunos momentos. Lo más frustrante de la tartamudez es que cuando queremos tartamudear menos es el momento en que tartamudeamos más. Es por esto por lo que si superamos el miedo a nuestra tartamudez esta disminuirá.

2. Necesito esconder mi tartamudez

¿Alguna vez has levantado la mano en clase o has pedido en un restaurante de comida rápida y te das cuenta de que cambias lo que quieres decir? Si en algún momento te ha pasado, estás teniendo una reacción normal ante esta situación difícil. Pero la realidad es que el bochorno de perder el control es mucho peor que la vergüenza que provoca tartamudear. Lo más importante es decir lo que quieres decir cuando lo quieres hacer. Tartamudear siempre está permitido.

3. Voy a superar mi tartamudez

Desafortunadamente las personas que se recuperan de la tartamudez lo hacen en edades tempranas. Muchas personas comienzan a tartamudear entre las edades de dos y cuatro años. Estas personas, si se recuperan, lo harán a los siete u ocho años. Es por esto por lo que si una persona llega a la juventud con tartamudez es probable que continúe así hasta la adultez. La buena noticia es que existen muchas opciones y estrategias que ayudan a manejar la tartamudez. Es por esto por lo que la acción de ignorar que tienen la condición, porque esto “va a desaparecer”, solo provoca que la situación empeore.

4. Estoy solo

Muchas personas que tartamudean crecen sintiéndose solos y aislados. Pero no lo están. Muchos expertos están de acuerdo con que cerca del 1 % de la población mundial tartamudea. Esto quiere decir que aproximadamente 67 millones de personas en el mundo padecen del trastorno y, a su vez, existen 72 millones de personas que tartamudean en el mundo. De ellos, un 5 % son niños. No obstante, “hasta un 80 % de ellos atraviesa una etapa de alteración en el habla, entre los dos y los cinco años, que puede ser evolutiva y desaparece de forma espontánea, pero no en todos los casos, por eso es preferible no esperar. El mejor momento para consultar con los especialistas siempre será cuanto antes”, según la Fundación Española de la Tartamudez (TTM).

5. La tartamudez me atrasará en la vida

Las personas que tartamudean son igual de inteligentes y capaces que todos los demás. En la historia ha habido muchas personas que tartamudean que son sumamente inteligentes, talentosas y exitosas, entre ellas se encuentran: Winston Churchill (primer ministro de Inglaterra durante la Segunda Guerra Mundial), Albert Einstein (ganador del Premio Nobel de Física), Charles Darwin (científico que habló de la teoría de la selección natural y de la evolución) y Marilyn Monroe (actriz y modelo).

Fuente: abcdelbebe.com

¿Tu hijo perdió el año? Aprende a manejar esa situación

En esta temporada, una de las situaciones que más preocupa a los padres de familia es la pérdida del año escolar de sus hijos.

Durante el año pasado, la tasa de reprobación en los colegios fue de un total de 9,7 por ciento representando una tendencia creciente frente a los años anteriores, según
la Secretaría de Educación de Bogotá.

Enterarse de que su hijo reprobó el año podría resultar angustiante, difícil de tramitar y, en algunos casos, frustra la relación como padres y las expectativas que tiene de su hijo, aseguran los expertos.

Justo Andrés Mesa, coordinador de psicología del Colegio Gimnasio Moderno, explicó que para afrontar este tipo de situaciones es importante entender que perder no es siempre un aspecto negativo.

La primera clave es entender que el año no se perdió, en estricto sentido, lo que pasa es que el estudiante se va a retrasar con respecto a sus compañeros y si se hace este cambio en el lenguaje, se podrá comprender que esa experiencia traumática va a reforzar la resiliencia en los niños y en sus familias, que es la capacidad de recoger todo lo bueno de cualquier situación traumática de la vida y a su vez fortalecer la tolerancia a la frustración y a la crisis, que sin duda alguna será una herramienta para toda su vida”, indicó Mesa.

Erika Fernanda Cortes, directora de la Licenciatura en Educación Infantil de la Universidad El Bosque, afirmó que la pérdida del año se debe afrontar en familia.

“La invitación es a afrontar en familia la situación, a identificar y utilizar los
recursos o herramientas con que esta cuenta, para que la crisis pronto se supere y
puedan salir fortalecidos de la misma, asumiendo cada uno su rol y su responsabilidad.
Se recomienda mantener la calma y el control de las emociones, no recurrir a los insultos, agresiones verbales, violencia psicológica o física”, indicó Cortés.

Luego, la siguiente es tener una conversación padre e hijo en la cual se indague sobre el proceso y las razones por las cuales no se alcanzaron los resultados esperados.

Hablando con los niños y viendo el por qué no aprobó, se tiene la oportunidad de identificar qué aspecto pudo ser el debilitante: como la falta de disciplina, de autonomía para hacer las tareas, y con ello, empezar a implementar estrategias como hábitos de estudio o diferentes métodos de enseñanza”, apuntó el experto del Gimnasio Moderno.

No obstante, los especialistas apuntan a que es necesario que el niño, la niña o el joven tenga claro que las acciones tienen implicaciones, esto quiere decir que esa situación no va a pasar como desapercibida y que puede recibir de sus padres algún tipo de sanción.

“Es importante que el padre de familia frente a la sanción asignada o consensuada,
mantenga su posición para evitar ambigüedades o manipulación de la situación por parte del hijo, haciéndole ver todo el tiempo que las acciones tienen consecuencias y que se debe siempre asumir la responsabilidad de estas“, agregó Cortés.

Fuente: abcdelbebe.com

Soy una mamá monpet, madre sin tiempo personal

Primero pensé que era una madre con el Síndrome de Wendy, luego descubrí que me acercaba más al perfil de madre helicóptero, pero resulta que ni una cosa ni otra. Yo soy una mamá monpet o madre sin tiempo personal.

La realidad de una madre monpet

Si no habías oído hasta ahora este término, te diré que procede de la expresión inglesa Mother with no personal time, cuya traducción sería algo así como Madre sin Tiempo Personal.

Una madre monpet hace cosas como encerrarse en el baño con alguna excusa para contestar los whatsapps de su grupo de amigas u ofrecerse de manera voluntaria para bajar la basura a horas intempestivas y con tormenta fuera con el único objetivo de rascar un par de minutos al día para respirar y desconectar de todo. ¿Te suena, verdad? Por no hablar de ese momento en el que necesitas pegarte una ducha de dos minutos ¡solo dos minutos! y la única manera de hacerlo es poniendo a las niñas frente al ordenador para que vean un capítulo sus dibujos favoritos.

Ser madre es un trabajo que no tiene vacaciones, ni días de asuntos propios, ni puentes… Son 24 horas al día, 7 días de la semana en los que tienes que compaginar el papel de madre “perfecta” con ese otro trabajo con el que pagas la hipoteca, los gastos de la casa, la cuota del colegio, los uniformes…

Te levantas a las 6-7 de la mañana, vas a la oficina, comes en 15 minutos, sufres por dejar todo terminado antes de que llegue la hora de salir y… ¡a por tu segunda labor del día! Corres para llegar a buscar a las niñas al colegio (en el camino rezas para que no se estropee el transporte público o para que no haya ningún accidente en la carretera), llevas a una a música, mientras que la otra tiene inglés y, en esa hora que tienes, haces la compra para cenar esa noche algo calentito porque se te olvidó sacar el tupper del congelador.

Pero aún queda lo mejor. Llegáis a casa ¡y todo se ralentiza! Son las 20.00 horas y aún os quedan cosas por hacer: los deberes, la tortilla, los dientes, el cuento… Con un poco de suerte, a las 22.00 horas se hace el silencio en casa. Cansada, tú te tiras en el sofá para descansar, sabiendo que ese tiempo durará poco porque tienes que plancharte la ropa y preparar la comida para el día siguiente.

Un estudio realizado en Estados Unidos por la empresa de alimentación y salud Welch’s afirma que una mujer dedica unas 98 horas semanales a tareas netamente laboriosas dentro y fuera del hogar. Estas cifras se repiten en España, donde según el INE (Instituto Nacional de Estadística) las mujeres destinan 26,5 horas a la semana a cuidar a hijos o familiares, tareas domésticas y colaboraciones sin sueldo en ONG (a estas horas habría que contar las horas de trabajo remunerado).

¡Agotador vivirlo y leerlo! Pero es una realidad que a muchas mujeres madres nos toca de lleno. Muchas veces somos nosotras, las mujeres, las que asumimos toda la carga de trabajo y las que nos negamos a soltar o a delegar en el otro, pero está claro que tanta presión puede repercutir nuestra salud. ¡Tenemos que empezar a ponerle freno!

A la conquista del tiempo y espacio para la madre monpet

Después de todo lo que te he contado, ¿crees que tú también eres una madre monpet? Sé que resulta muy fácil decirlo, pero encontrar tiempo para ti es primordial para que tú estés bien y, por lo tanto, tu familia también. ¿Qué hacer para dejar de ser una madre monpet? La solución es encontrar tu espacio y tu momento para conectarte contigo misma:

– Resérvate un hueco para hacer lo que más te guste
Apuntarte a clases de yoga, salir a correr, quedar con las amigas, ir a darte un masaje, leer un libro, tomar un café… Seguro que hay miles de cosas que hacías antes de ser madre y que has aparcado por falta de tiempo. ¡Es el momento de recuperar algunas de ellas!

– Reorganiza la agenda
Crear una familia es cosa de dos. Puede que por nuestra condición natural de madre, asumamos más responsabilidades, pero la otra parte, es decir, el padre también juega un papel importante en todo esto. Habla con él para repartir las tareas y no te cargues tú con todo.

– Haz ejercicio
Si hacer deporte no está dentro de tus hobbies favoritos, ¡lo sentimos! A partir de ahora y para dejar de ser una madre monpet, ¡necesitas moverte más! A través del ejercicio se libera estrés y se eliminan tensiones. Busca tus zapatillas que… ¡comenzamos!

– Mímate por dentro y por fuera 
La falta de tiempo y las prisas hace que muchas madres no se cuiden, pero hay que mimarse. Hay que mirarse al espejo, arreglarse, ponerse guapa para empezar cada día con la mejor sonrisa y con ganas de comerse el mundo.

– Pide ayuda
Tú eres un pilar muy importante para tus hijos. Si estás feliz, ellos serán felices, por eso es importante que estés bien. Si te notas bloqueada, pide ayuda a algún familiar o vecina o, incluso si te notas muy desbordada, habla con tu médico de cabecera.

Después de descubrir que soy una madre monpet y de aceptarlo, no puedo dejar de preguntarme: “¿Por qué tenemos tanto interés en etiquetarlo todo?” Y lo que es peor, ¡todo lo que tiene que ver con la maternidad! Hay gente que habla de drama de las madres monpet, pero yo prefiero decir problema con fácil solución. ¿Nos ponemos manos a la obra?

Fuente: guiainfantil.com

Cuatro claves para reducir el impacto en los hijos durante un divorcio

El proceso del divorcio tiene gran impacto para los menores, pues los padres representan la seguridad y el cuidado que necesitan para su desarrollo. Pero si a esto se le suma el conflicto permanente entre los padres, el efecto negativo podría ser incluso mayor que la ruptura.

Estudios recientes muestran que cuando los padres resuelven sus problemas y dan tranquilidad a los niños, el impacto de la separación disminuye de manera significativa.
Existen muchos temas sensibles que abocan a los padres separados a discutir o a tener divergencias. Por eso es importante que, si estás atravesando por este proceso empieces a trabajar en estos puntos.

  • Facilita el diálogo con el otro. Mantener un contacto amable con tu expareja evita que tus hijos queden ‘atrapados’ en la mitad, que tengan que elegir entre uno de los dos o se conviertan en mensajeros. Ayuda a propiciar los encuentros, definir las citas y acordar los tiempos que pasarán juntos. Recuerda que romper la comunicación o contacto con tu expareja es una actitud agresiva que tiene consecuencias para tus hijos.
  • Asume las responsabilidades. Es importante que le transmitas a tus hijos que, aunque uno de los padres no viva en la misma casa, seguirá haciéndose cargo de las necesidades familiares. Esto les da la tranquilidad de que su integridad estará asegurada; además, evita que se terminen desempeñando roles de adultos para los que no están preparados.
  • Habla del otro con respeto. Evita hablarle mal del otro, evita los juicios y trata de describir las situaciones sin hacer críticas; el sarcasmo, la ironía y la descalificación no ayudan a ninguno. Para tus hijos, ver que sus padres se tratan mal, se agreden uno al otro o se desprestigian resulta agobiante, pues los lleva a tomar partido por una de las dos personas que más quieren. A esta situación se la ha llamado alienación parental y constituye una forma de maltrato y violencia intrafamiliar.
  • Supera tus propios sentimientos. La sensatez, la madurez y el amor de los padres deben ponerse por encima de los conflictos, así como hay que proteger a los hijos como un interés supremo. No olvides que mantener el rencor, la rabia y la inconformidad afecta a tus niños y les genera ansiedad y angustia. Si como padres sientes que son incapaces de resolver las dificultades, es importante pedir ayuda para buscar estrategias diferentes de manejo.

Finalmente, te en cuenta que los padres no deben discutir delante de los niños aspectos como el dinero, la custodia o la conducta del otro.

Fuente: abcdelbebe.com

Hacer de la crianza algo más sencillo y posible

En los Estados Unidos hay un movimiento que invita a los padres a volver la crianza algo más sencillo, más amable y que le dé seguridad afectiva a todos.

Lo primero que busca esta tendencia es que los padres estén menos estresados y logren divertirse más con sus hijos. Igualmente, que tengan menos actividades materiales y más cosas que quieran hacer con ellos y, sobre todo, fomentar la confianza entre padres e hijos, y lograr que los padres se mantengan fieles a sus valores morales y a un sentido de propósito de familia.

Para volver todo más fácil en la crianza, el doctor Gary Chapman, autor The 5 Love Languages of Children, dice que tenemos que entender la necesidad individual de cada niño en cuanto a qué tanto necesita ser acariciado, escuchar palabras de amor, tener tiempo a solas, o recibir juguetes o regalos. La necesidad más profunda de un niño es el sentirse amado. Si está criado con amor, crece siendo un menor sano psicológicamente.

La pregunta que usted se debe hacer es ¿será que mis hijos se sienten amados? Los padres también aprenden cuál es el estilo preferencial de recibir amor de cada hijo observando su conducta, tomando nota de cómo expresarlo y escuchándolo.

Es innegable que los niños que se sienten amados responden mejor a las sugerencias y a la disciplina, adicionalmente, aprenden a expresar sus emociones de manera adecuada.

Otra creencia de la crianza simplificada es evitar idealizar a los hijos. Hay que aceptar a cada uno como es, aunque no nos guste o no estemos de acuerdo con él. Por ejemplo, a muchos de nosotros nos encanta el fútbol y a los hijos no les interesa. Es necesario procesar esa realidad, pero también hay que apreciar todo lo bueno que tiene el hijo y no apegarse a esa diferencia. Otra creencia de este tipo de crianza es siempre enfocar todo lo que pase entre padres e hijos a lo positivo, en vez de lo negativo.

La crianza simplificada también habla de crear actividades y rituales que ayuden a apaciguar temores en los niños. Los expertos en este tema sostienen que la conexión se logra con actos como comer juntos, tomar un tiempo en familia y hablar sobre algo bueno, algo difícil o algo que les asuste, con ello se construyen conexiones familiares; esta es una experiencia muy enriquecedora para todos en la familia.

La esencia de ser un padre sencillo es aprender a tener un balance entre el tiempo, las manifestaciones de amor, sus valores y creencias. También es importante recalcar que para los niños es suficiente con tener solo lo que necesitan y no exceso cosas. En la crianza, muchas veces menos es más.

Fuente: abcdelbebe.com