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Entender a tu hijo adolescente no es imposible (si sabes cómo hacerlo)

Ni es una mala época, ni tenemos que prepararnos para nada, ni entramos en un calvario, ni hay que asistir a un curso específico… Simplemente, nuestro niño crece y ahí debemos seguir estando nosotros, como padres, para acompañarlo en esta nueva etapa de su vida. Aunque a veces lo parezca, entender a tu hijo adolescente no es imposible, aunque debes conocer las siguientes claves para que resulte un poco más sencillo.

Cuando un niño llega a la adolescencia

Lo primero a tener en cuenta es, que TODOS hemos pasado por ahí, y ahora, le toca a nuestro hijo. Lo segundo es que afortunadamente ACABA, es decir, tiene un principio y un fin. Estas dos ideas son motivo para, a partir de ahora, sentir algo más de tranquilidad como para sonreír.

La adolescencia es una época que dura desde los 12 años hasta los 17-18 años, más o menos. Cierto es que el mayor cambio se produce de los 13 a los 15 años. Y que a partir de los 16, el tema se empieza a llevar mejor, puesto que empiezan a disminuir los cambios físicos y emocionales de nuestro hijo facilitando un poco su trato y acompañamiento.

La función principal de nosotros, los padres, es darle herramientas suficientes a nuestros hijos, en este desarrollo de sus vidas, para que cuando tengan 20 años echen a volar. En ese momento, como padres, tendremos otro aprendizaje: aprender a dejarlos volar, pero ese será otro momento…

Volviendo a la adolescencia, hay varias cuestiones a tener en cuenta:

– Somos sus padres, así que, el amor incondicional por ellos siempre va a prevalecer, hagan lo que hagan. Efectivamente, habrá consecuencias cuando su comportamiento no sea el más adecuado.

– Somos sus padres, así que para ellos, como hijos adolescente que se están autodescubriendo, somos los que les estamos amargando sus vidas. Por aquello de recordarles los limites y ponerles normas a cumplir.

– Y por último, somos sus padres, no sus amigos.

Así que, se trata de hacer una buena combinación de estas tres ideas, para llevarnos bien en este ciclo evolutivo que supone la adolescencia.

Juego para entender a tu hijo adolescente

Para empezar a entender a tu hijo adolescente, te propongo un juego de empatía que te ayudará a comprender por qué tiene dichos comportamientos. Te sugiero que trates de ponerte en su piel y pensar como te sentirías tú si te ocurriera todo esto, a la vez:

– Estás teniendo cambios físicos, importantes, en tu cuerpo.

– Te sientes inestable emocionalmente.

– Dudas de ti.

– No te sientes seguro/a en las relaciones personales.

– No sabes quién eres.

– Te opones a cumplir las normas.

– Crees que nadie te puede comprender…

A ellos, todo esto, les provoca comportamiento distantes, irritantes, egoístas, desafiantes, deprimidos… y todo lo que quieras añadir. Pero, ¿cómo te sentirías tú? ¿Te atreves a expresarlo?

6 consejos para lidiar con un adolescente

Así que para lograr una convivencia tranquila y armonía en casa, debes tener en cuenta y aprender a:

1. Ármate de paciencia
Puede resultarte muy útil asistir a a clases de yoga, aprender a meditar o controlar el Mindfulness.

2. Procura estar disponible para tu hijo
Intenta que, siempre que te necesite, estés ahí para tu hijo (aunque él no lo esté nunca para ti). Saca siempre tu mejor lado, tu mejor sonrisa y tu predisposición.

3. Aprende a negociar
Los adolescentes saben negociar muy bien, y es probable que en esta época os pongan a prueba con sus negociaciones continuamente, para TODO.

4. Deja que tu hijo aprenda a equivocarse
Deja que elija, decida y por supuesto, se equivoque. Ten en cuenta que no siempre le podemos sacar las castañas del fuego y, además, es su vida y, por tanto tiene que aprender.

5. Respeta su privacidad
Respeta su “cueva”, su intimidad y déjalo en su aislamiento. Lo sé, siempre están encerrados en su habitación, pero hay que aprender a respetarlo, no hay otra.

6. Dile y demuéstrale que le quieres
Y por supuesto, no olvides mostrarle siempre tu interés y amor que sientes por él. Te lo rechazará, pero si tú le rechazas, tu hijo pensará que no te importa.

Es un gran momento para descubrir a tu hijo adolescente, acompañarle y para conocer una nueva versión de nosotros mismos. ¡Ánimo!

Fuente: guiainfantil.com

Lo difícil y lo divertido de tener hijos adolescentes

Se dicen tantas y tantas cosas alrededor de la adolescencia, que pocos padres esperan con entusiasmo y optimismo esta etapa de desarrollo. La mayoría se sienten un poco asustados al pensar en lo que les espera cuando sus hijos crezcan… Es por eso que hemos querido describirles algunas de las cosas difíciles que podrán enfrentar con sus hijos en este periodo, pero también las divertidas y emocionantes, que no son pocas, para que esta vez el balance sea más justo. Esto es lo difícil y lo divertido de tener hijos adolescentes.

Analizamos lo difícil y lo divertido de tener hijos adolescentes, ¡apunta!

1. Sus opiniones y el pensamiento crítico

– Lo difícil
Dejan de creer en todo lo que les dices. A partir de los 9 años, momento en el que nuestros hijos se acercan a esta etapa, se vuelven más críticos y cuestionan mucho más el por qué de ciertos temas. Antes, nuestras explicaciones bastaban para convencerlos de cualquier cosa, pero ahora, las cosas han cambiado.

– Lo divertido
Es increíble ver como gradualmente desarrollan un pensamiento más crítico y empiezan a hacer preguntas sobre aspectos que antes les pasaban de largo. Si logras observar este fenómeno desde la perspectiva correcta, podrás disfrutarlo más que sufrirlo. Podrás sostener con ellos pláticas nuevas y hasta bromear sobre temas más adultos a medida que crecen, lo cual es una experiencia muy enriquecedora que además puede acercarte a ellos.

2. Su apariencia personal

– Lo difícil
Empieza a haber confrontaciones en temas de apariencia personal. El peinado y la ropa pueden ser motivo de discusiones. Puede ser que el estilo que tu hijo prefiere no sea lo que tu escogerías, sin embargo, es el que a él le gusta y eso es suficientemente importante para hacer un esfuerzo y en la medida de lo posible negociar y tener mente abierta para dejarle experimentar.

– Lo divertido
Si te muestras abierto y cooperador sin hacer juicios todo el tiempo, puede ser que corras con el beneficio de que pida tu opinión sobre qué usar para la fiesta del sábado o qué llevar a un concierto y hasta volverte un poco su cómplice. Aquí es cuando padres e hijos pueden hacer distintas actividades juntos: ir juntos al salón de belleza, asesorar a sus hijos sobre el afeitado… Esos momentos pueden llegar a ser tan emocionantes como cuando los viste caminar por primera vez.

3. La relación con los padres

– Lo difícil
Antes eran felices de perseguirte hasta cuando estabas en el baño para platicar contigo y tenerte cerca. Las comidas familiares les hacían ilusión y no imaginaban un plan mejor que estar junto a papá y mamá el fin de semana no importaba dónde. Ahora no parecen tan entusiastas con esos planes, de hecho, casi tienen todo su tiempo ocupado en salidas con sus amigos, quienes parecen ser el centro de su mundo.

– Lo divertido
Si tienes claro que esto es perfectamente normal y no tiene que ver con que te quieran menos; puedes empezar a disfrutar de un tiempo para ti, salir al cine, leer un buen libro, tomar un café, inscribirte en esa clase de yoga que hace tanto se te antoja, etc.

4. Sus intereses

– Lo difícil
Puede ser que en esta época brinquen de un interés a otro con una velocidad increíble, arrastrándote a ti con ellos; que algo que les parecía fascinante en poco tiempo pierda atractivo, dando lugar a algo nuevo y te cueste un poco seguir el ritmo inscribiéndolos en actividades distintas, llevándolos a partidos, torneos, exposiciones, campamentos, etc.

– Lo divertido
Si pones atención, serás capaz de disfrutar y ser testigo del momento en que descubran aquellas cosas que verdaderamente les harán felices y que serán determinantes en su vida futura (y disfrutar con ellos el proceso).

5. Su autonomía

– Lo difícil
Pronto aprenderán a ser autosuficientes, aprenderán a conducir un auto, a tomar sus propias decisiones (que no siempre te gustarán, por cierto) y poco a poco necesitarán menos tu ayuda, lo cual puede ser agridulce.

– Lo divertido
No importa que tanto crezcan y que tanto dejen de depender de tu ayuda, siempre necesitarán sentirte cerca. Tú, tendrás mientras tanto el enorme regalo y la gran satisfacción de verlos gradualmente convertirse en adultos y ocupar su lugar en el mundo mientras sigues estando ahí para ellos.

Fuente: guiainfantil.com

Educar a los niños ‘desconectados’ de la tecnología sí es posible

Verónica Pérez Arango, docente en un colegio de secundaria y mamá de Ulises, de 8 años, ha visto esta escena muchas veces: en casas de hijos de amigos que pasan horas hipnotizados delante de una tableta o un teléfono, Uli –como llama cariñosamente a su hijo– tiende a escabullirse con su hermanita menor a alguna otra habitación y descubrir juguetes nuevos que quizá su dueño no toca hace siglos.

“La verdad es que me llama poderosamente la atención que niños y niñas de 6 o 10 años no se diviertan con otra cosa que no sean las redes y la tecnología”, dice Verónica. Esa es una de las razones por las cuales Ulises forma parte de una tendencia que crece: niños criados con acceso nulo o muy restringido a teléfonos celulares y, especialmente, redes sociales.

En un mundo hiperconectado, en el que las empresas de tecnología apuntan a públicos cada vez más jóvenes, muchos padres en Argentina y en el mundo eligen educar a sus hijos en ambientes ‘tech-free’.

¿Cuáles son las ventajas y desventajas de una niñez sin apps? ¿Es muy difícil sostener la apuesta por una infancia analógica? ¿Un chico desenchufado es un chico aislado, excluido? ¿Cuáles son las recomendaciones de los especialistas?

En el caso de Ulises, por ejemplo, él no tiene redes sociales ni celular: a veces le pide prestado el teléfono a su mamá para poner algo de música. “No tiene redes, pero la verdad es que tampoco las pidió”, explica Verónica, que regula también las horas de pantalla en su casa, incluyendo Netflix y YouTube. “Lo que sí me pregunta es por qué no puede ver todo el día Netflix, a lo cual le respondo que está genial ver pelis, pero que está bueno aburrirse porque cada vez que se aburren descubren un juego nuevo o inventan algo o salen al aire libre –dice Verónica–. A mí, como madre, me da más trabajo esto, pero amo tanto que juegue cuando conozco niños y niñas de esa edad que si no tienen tecnología adelante, no saben qué hacer”.

En el grado de Ulises, que va a una escuela pública, la mayoría de los papás están en la misma sintonía; y para Verónica eso es un factor clave: “Me parece que cuando el entorno de padres prioriza más el juego, el cuerpo, la conversación y el compartir, es más fácil que los niños no se sientan sapos de otro pozo –explica–. Si justo tu hijo o hija son los únicos que no usan tanta tecnología, es más difícil”.

Único de su curso sin celu

Ese es un poco el caso de Sebastián, de 11 años, hijo de Laura Castillo, actriz, que asegura a todo aquel que quiera escucharlo ser el único de su grado que no tiene celular ni redes.

Sebastián también estudia en una escuela pública (en las que, muchos papás aseguran, la iniciación de los niños en la vida digital es más tardía e irregular que en las privadas), pero los años que lo separan de Ulises pueden explicar la diferencia: es común que a los 11 o 12 años muchos niños tengan su primer celular o una cuenta de Instagram. Sin embargo, los papás de Sebastián se mantienen firmes: “Creemos que no lo necesita y no está aún preparado. No se mueve solo en la calle más allá de algún mandado o compra cercana a nuestra casa. Además privilegiamos el contacto real con sus amigos y compañeros”, explica Laura, y agrega: “Ya va a tener, cuando vaya a la secundaria y se mueva más solo, pero por ahora aunque se queje y lo discutamos mucho nos mantenemos firmes. No creemos que sea decisión de él”.

La historia de Sebastián es la que a los adultos nos aparece como más típica: sin embargo, no todos los niños que no tienen acceso a celulares o a redes lo viven como un problema. En parte, como comentaba Verónica, el entorno juega un papel importantísimo: una red social solo tiene gracia si tus amigos están en ella, pero también depende de la personalidad de cada niño. Muchos niños huyen de las redes sociales clásicas y eligen otro tipo de ‘apps’, más relacionadas con el juego y la creatividad que con la exposición de sus vidas personales.

A pesar de que sus padres no le prohíben el acceso a ninguna red (“sí leo todo lo que puedo y hablo mucho con ella, además de proponer mil cosas para que no esté todo el día en el teléfono”, dice Tomás Linch, editor y papá), Catalina, de 12, usa solamente WhatsApp y una red social llamada Amino, que no usa ninguno de sus compañeros de colegio: “Arranqué en sexto grado. Pero mis amigos solían usar mucho antes Instagram, que yo nunca usé”, cuenta. Amino es una ‘app’ que conecta comunidades de fans de distintos temas, desde animé hasta series de TV, videojuegos o superhéroes: Catalina dibuja y la usa para trabajar en proyectos colaborativos. “Es extraordinario lo que los niños generan solos”, se maravilla Tomás, que nunca había escuchado hablar de Amino antes. “No creo que alguien de mi edad se pierda de nada por no tener redes, celular o WhatsApp –dice Catalina–. A veces usamos WhatsApp para hacer la tarea, pero el que no tiene usa el WhatsApp del padre y se arregla”.

Algo parecido dice Lucas, de 11, hijo de Laura González, maquilladora y esteticista, que no tiene redes sociales, pero sí un celular muy básico y sin chip para jugar algún juego: “Yo diría que sin Skype, sin WhatsApp, sin Facebook, sin Instagram. ¡Estoy muy bien! No me interesa mucho hablar en redes sociales. A mí lo que me gustaría es tener un celu para jugar jueguitos, pero tranqui, no tengo ningún problema. Mis amigos siguen a famosos en Instagram, pero yo no, yo solo quiero un celu para jugar y que no se me quede varado como el que tengo ahora”, dice Lucas, sin rastros de mal humor. Eso no significa que su vida sea 100 % libre de tecnología: es un fanático de la PlayStation y juega en red con sus amigos del colegio.

Fuente: abcdelbebe.com

Tartamudez: cinco mitos sobre este trastorno

Si tu hijo es tartamudo y le cuesta comunicarse, o su lenguaje se caracteriza por interrupciones y repeticiones. No es voluntario, y su origen puede ser orgánico, social o psíquico, es importante que prestes atención y lo ayudes lo más pronto posible.

La tartamudez se define como un trastorno que afecta a la capacidad de comunicarse y también se le conoce como disfemia, disfluencia en el habla o espasmofemia. Es un desorden que suele variar, esto quiere decir que en algunos casos el niño tartamudea más seguido y otros, en cambio, esto no sucederá. Debido su complejidad, pueden surgir dudas o mitos sobre este trastorno.

1. Tartamudeo porque soy una persona nerviosa

La ansiedad no causa la tartamudez, pero puede provocar que la tartamudez sea más severa en algunos momentos. Lo más frustrante de la tartamudez es que cuando queremos tartamudear menos es el momento en que tartamudeamos más. Es por esto por lo que si superamos el miedo a nuestra tartamudez esta disminuirá.

2. Necesito esconder mi tartamudez

¿Alguna vez has levantado la mano en clase o has pedido en un restaurante de comida rápida y te das cuenta de que cambias lo que quieres decir? Si en algún momento te ha pasado, estás teniendo una reacción normal ante esta situación difícil. Pero la realidad es que el bochorno de perder el control es mucho peor que la vergüenza que provoca tartamudear. Lo más importante es decir lo que quieres decir cuando lo quieres hacer. Tartamudear siempre está permitido.

3. Voy a superar mi tartamudez

Desafortunadamente las personas que se recuperan de la tartamudez lo hacen en edades tempranas. Muchas personas comienzan a tartamudear entre las edades de dos y cuatro años. Estas personas, si se recuperan, lo harán a los siete u ocho años. Es por esto por lo que si una persona llega a la juventud con tartamudez es probable que continúe así hasta la adultez. La buena noticia es que existen muchas opciones y estrategias que ayudan a manejar la tartamudez. Es por esto por lo que la acción de ignorar que tienen la condición, porque esto “va a desaparecer”, solo provoca que la situación empeore.

4. Estoy solo

Muchas personas que tartamudean crecen sintiéndose solos y aislados. Pero no lo están. Muchos expertos están de acuerdo con que cerca del 1 % de la población mundial tartamudea. Esto quiere decir que aproximadamente 67 millones de personas en el mundo padecen del trastorno y, a su vez, existen 72 millones de personas que tartamudean en el mundo. De ellos, un 5 % son niños. No obstante, “hasta un 80 % de ellos atraviesa una etapa de alteración en el habla, entre los dos y los cinco años, que puede ser evolutiva y desaparece de forma espontánea, pero no en todos los casos, por eso es preferible no esperar. El mejor momento para consultar con los especialistas siempre será cuanto antes”, según la Fundación Española de la Tartamudez (TTM).

5. La tartamudez me atrasará en la vida

Las personas que tartamudean son igual de inteligentes y capaces que todos los demás. En la historia ha habido muchas personas que tartamudean que son sumamente inteligentes, talentosas y exitosas, entre ellas se encuentran: Winston Churchill (primer ministro de Inglaterra durante la Segunda Guerra Mundial), Albert Einstein (ganador del Premio Nobel de Física), Charles Darwin (científico que habló de la teoría de la selección natural y de la evolución) y Marilyn Monroe (actriz y modelo).

Fuente: abcdelbebe.com

¿Tu hijo perdió el año? Aprende a manejar esa situación

En esta temporada, una de las situaciones que más preocupa a los padres de familia es la pérdida del año escolar de sus hijos.

Durante el año pasado, la tasa de reprobación en los colegios fue de un total de 9,7 por ciento representando una tendencia creciente frente a los años anteriores, según
la Secretaría de Educación de Bogotá.

Enterarse de que su hijo reprobó el año podría resultar angustiante, difícil de tramitar y, en algunos casos, frustra la relación como padres y las expectativas que tiene de su hijo, aseguran los expertos.

Justo Andrés Mesa, coordinador de psicología del Colegio Gimnasio Moderno, explicó que para afrontar este tipo de situaciones es importante entender que perder no es siempre un aspecto negativo.

La primera clave es entender que el año no se perdió, en estricto sentido, lo que pasa es que el estudiante se va a retrasar con respecto a sus compañeros y si se hace este cambio en el lenguaje, se podrá comprender que esa experiencia traumática va a reforzar la resiliencia en los niños y en sus familias, que es la capacidad de recoger todo lo bueno de cualquier situación traumática de la vida y a su vez fortalecer la tolerancia a la frustración y a la crisis, que sin duda alguna será una herramienta para toda su vida”, indicó Mesa.

Erika Fernanda Cortes, directora de la Licenciatura en Educación Infantil de la Universidad El Bosque, afirmó que la pérdida del año se debe afrontar en familia.

“La invitación es a afrontar en familia la situación, a identificar y utilizar los
recursos o herramientas con que esta cuenta, para que la crisis pronto se supere y
puedan salir fortalecidos de la misma, asumiendo cada uno su rol y su responsabilidad.
Se recomienda mantener la calma y el control de las emociones, no recurrir a los insultos, agresiones verbales, violencia psicológica o física”, indicó Cortés.

Luego, la siguiente es tener una conversación padre e hijo en la cual se indague sobre el proceso y las razones por las cuales no se alcanzaron los resultados esperados.

Hablando con los niños y viendo el por qué no aprobó, se tiene la oportunidad de identificar qué aspecto pudo ser el debilitante: como la falta de disciplina, de autonomía para hacer las tareas, y con ello, empezar a implementar estrategias como hábitos de estudio o diferentes métodos de enseñanza”, apuntó el experto del Gimnasio Moderno.

No obstante, los especialistas apuntan a que es necesario que el niño, la niña o el joven tenga claro que las acciones tienen implicaciones, esto quiere decir que esa situación no va a pasar como desapercibida y que puede recibir de sus padres algún tipo de sanción.

“Es importante que el padre de familia frente a la sanción asignada o consensuada,
mantenga su posición para evitar ambigüedades o manipulación de la situación por parte del hijo, haciéndole ver todo el tiempo que las acciones tienen consecuencias y que se debe siempre asumir la responsabilidad de estas“, agregó Cortés.

Fuente: abcdelbebe.com

Soy una mamá monpet, madre sin tiempo personal

Primero pensé que era una madre con el Síndrome de Wendy, luego descubrí que me acercaba más al perfil de madre helicóptero, pero resulta que ni una cosa ni otra. Yo soy una mamá monpet o madre sin tiempo personal.

La realidad de una madre monpet

Si no habías oído hasta ahora este término, te diré que procede de la expresión inglesa Mother with no personal time, cuya traducción sería algo así como Madre sin Tiempo Personal.

Una madre monpet hace cosas como encerrarse en el baño con alguna excusa para contestar los whatsapps de su grupo de amigas u ofrecerse de manera voluntaria para bajar la basura a horas intempestivas y con tormenta fuera con el único objetivo de rascar un par de minutos al día para respirar y desconectar de todo. ¿Te suena, verdad? Por no hablar de ese momento en el que necesitas pegarte una ducha de dos minutos ¡solo dos minutos! y la única manera de hacerlo es poniendo a las niñas frente al ordenador para que vean un capítulo sus dibujos favoritos.

Ser madre es un trabajo que no tiene vacaciones, ni días de asuntos propios, ni puentes… Son 24 horas al día, 7 días de la semana en los que tienes que compaginar el papel de madre “perfecta” con ese otro trabajo con el que pagas la hipoteca, los gastos de la casa, la cuota del colegio, los uniformes…

Te levantas a las 6-7 de la mañana, vas a la oficina, comes en 15 minutos, sufres por dejar todo terminado antes de que llegue la hora de salir y… ¡a por tu segunda labor del día! Corres para llegar a buscar a las niñas al colegio (en el camino rezas para que no se estropee el transporte público o para que no haya ningún accidente en la carretera), llevas a una a música, mientras que la otra tiene inglés y, en esa hora que tienes, haces la compra para cenar esa noche algo calentito porque se te olvidó sacar el tupper del congelador.

Pero aún queda lo mejor. Llegáis a casa ¡y todo se ralentiza! Son las 20.00 horas y aún os quedan cosas por hacer: los deberes, la tortilla, los dientes, el cuento… Con un poco de suerte, a las 22.00 horas se hace el silencio en casa. Cansada, tú te tiras en el sofá para descansar, sabiendo que ese tiempo durará poco porque tienes que plancharte la ropa y preparar la comida para el día siguiente.

Un estudio realizado en Estados Unidos por la empresa de alimentación y salud Welch’s afirma que una mujer dedica unas 98 horas semanales a tareas netamente laboriosas dentro y fuera del hogar. Estas cifras se repiten en España, donde según el INE (Instituto Nacional de Estadística) las mujeres destinan 26,5 horas a la semana a cuidar a hijos o familiares, tareas domésticas y colaboraciones sin sueldo en ONG (a estas horas habría que contar las horas de trabajo remunerado).

¡Agotador vivirlo y leerlo! Pero es una realidad que a muchas mujeres madres nos toca de lleno. Muchas veces somos nosotras, las mujeres, las que asumimos toda la carga de trabajo y las que nos negamos a soltar o a delegar en el otro, pero está claro que tanta presión puede repercutir nuestra salud. ¡Tenemos que empezar a ponerle freno!

A la conquista del tiempo y espacio para la madre monpet

Después de todo lo que te he contado, ¿crees que tú también eres una madre monpet? Sé que resulta muy fácil decirlo, pero encontrar tiempo para ti es primordial para que tú estés bien y, por lo tanto, tu familia también. ¿Qué hacer para dejar de ser una madre monpet? La solución es encontrar tu espacio y tu momento para conectarte contigo misma:

– Resérvate un hueco para hacer lo que más te guste
Apuntarte a clases de yoga, salir a correr, quedar con las amigas, ir a darte un masaje, leer un libro, tomar un café… Seguro que hay miles de cosas que hacías antes de ser madre y que has aparcado por falta de tiempo. ¡Es el momento de recuperar algunas de ellas!

– Reorganiza la agenda
Crear una familia es cosa de dos. Puede que por nuestra condición natural de madre, asumamos más responsabilidades, pero la otra parte, es decir, el padre también juega un papel importante en todo esto. Habla con él para repartir las tareas y no te cargues tú con todo.

– Haz ejercicio
Si hacer deporte no está dentro de tus hobbies favoritos, ¡lo sentimos! A partir de ahora y para dejar de ser una madre monpet, ¡necesitas moverte más! A través del ejercicio se libera estrés y se eliminan tensiones. Busca tus zapatillas que… ¡comenzamos!

– Mímate por dentro y por fuera 
La falta de tiempo y las prisas hace que muchas madres no se cuiden, pero hay que mimarse. Hay que mirarse al espejo, arreglarse, ponerse guapa para empezar cada día con la mejor sonrisa y con ganas de comerse el mundo.

– Pide ayuda
Tú eres un pilar muy importante para tus hijos. Si estás feliz, ellos serán felices, por eso es importante que estés bien. Si te notas bloqueada, pide ayuda a algún familiar o vecina o, incluso si te notas muy desbordada, habla con tu médico de cabecera.

Después de descubrir que soy una madre monpet y de aceptarlo, no puedo dejar de preguntarme: “¿Por qué tenemos tanto interés en etiquetarlo todo?” Y lo que es peor, ¡todo lo que tiene que ver con la maternidad! Hay gente que habla de drama de las madres monpet, pero yo prefiero decir problema con fácil solución. ¿Nos ponemos manos a la obra?

Fuente: guiainfantil.com

Cuatro claves para reducir el impacto en los hijos durante un divorcio

El proceso del divorcio tiene gran impacto para los menores, pues los padres representan la seguridad y el cuidado que necesitan para su desarrollo. Pero si a esto se le suma el conflicto permanente entre los padres, el efecto negativo podría ser incluso mayor que la ruptura.

Estudios recientes muestran que cuando los padres resuelven sus problemas y dan tranquilidad a los niños, el impacto de la separación disminuye de manera significativa.
Existen muchos temas sensibles que abocan a los padres separados a discutir o a tener divergencias. Por eso es importante que, si estás atravesando por este proceso empieces a trabajar en estos puntos.

  • Facilita el diálogo con el otro. Mantener un contacto amable con tu expareja evita que tus hijos queden ‘atrapados’ en la mitad, que tengan que elegir entre uno de los dos o se conviertan en mensajeros. Ayuda a propiciar los encuentros, definir las citas y acordar los tiempos que pasarán juntos. Recuerda que romper la comunicación o contacto con tu expareja es una actitud agresiva que tiene consecuencias para tus hijos.
  • Asume las responsabilidades. Es importante que le transmitas a tus hijos que, aunque uno de los padres no viva en la misma casa, seguirá haciéndose cargo de las necesidades familiares. Esto les da la tranquilidad de que su integridad estará asegurada; además, evita que se terminen desempeñando roles de adultos para los que no están preparados.
  • Habla del otro con respeto. Evita hablarle mal del otro, evita los juicios y trata de describir las situaciones sin hacer críticas; el sarcasmo, la ironía y la descalificación no ayudan a ninguno. Para tus hijos, ver que sus padres se tratan mal, se agreden uno al otro o se desprestigian resulta agobiante, pues los lleva a tomar partido por una de las dos personas que más quieren. A esta situación se la ha llamado alienación parental y constituye una forma de maltrato y violencia intrafamiliar.
  • Supera tus propios sentimientos. La sensatez, la madurez y el amor de los padres deben ponerse por encima de los conflictos, así como hay que proteger a los hijos como un interés supremo. No olvides que mantener el rencor, la rabia y la inconformidad afecta a tus niños y les genera ansiedad y angustia. Si como padres sientes que son incapaces de resolver las dificultades, es importante pedir ayuda para buscar estrategias diferentes de manejo.

Finalmente, te en cuenta que los padres no deben discutir delante de los niños aspectos como el dinero, la custodia o la conducta del otro.

Fuente: abcdelbebe.com

Hacer de la crianza algo más sencillo y posible

En los Estados Unidos hay un movimiento que invita a los padres a volver la crianza algo más sencillo, más amable y que le dé seguridad afectiva a todos.

Lo primero que busca esta tendencia es que los padres estén menos estresados y logren divertirse más con sus hijos. Igualmente, que tengan menos actividades materiales y más cosas que quieran hacer con ellos y, sobre todo, fomentar la confianza entre padres e hijos, y lograr que los padres se mantengan fieles a sus valores morales y a un sentido de propósito de familia.

Para volver todo más fácil en la crianza, el doctor Gary Chapman, autor The 5 Love Languages of Children, dice que tenemos que entender la necesidad individual de cada niño en cuanto a qué tanto necesita ser acariciado, escuchar palabras de amor, tener tiempo a solas, o recibir juguetes o regalos. La necesidad más profunda de un niño es el sentirse amado. Si está criado con amor, crece siendo un menor sano psicológicamente.

La pregunta que usted se debe hacer es ¿será que mis hijos se sienten amados? Los padres también aprenden cuál es el estilo preferencial de recibir amor de cada hijo observando su conducta, tomando nota de cómo expresarlo y escuchándolo.

Es innegable que los niños que se sienten amados responden mejor a las sugerencias y a la disciplina, adicionalmente, aprenden a expresar sus emociones de manera adecuada.

Otra creencia de la crianza simplificada es evitar idealizar a los hijos. Hay que aceptar a cada uno como es, aunque no nos guste o no estemos de acuerdo con él. Por ejemplo, a muchos de nosotros nos encanta el fútbol y a los hijos no les interesa. Es necesario procesar esa realidad, pero también hay que apreciar todo lo bueno que tiene el hijo y no apegarse a esa diferencia. Otra creencia de este tipo de crianza es siempre enfocar todo lo que pase entre padres e hijos a lo positivo, en vez de lo negativo.

La crianza simplificada también habla de crear actividades y rituales que ayuden a apaciguar temores en los niños. Los expertos en este tema sostienen que la conexión se logra con actos como comer juntos, tomar un tiempo en familia y hablar sobre algo bueno, algo difícil o algo que les asuste, con ello se construyen conexiones familiares; esta es una experiencia muy enriquecedora para todos en la familia.

La esencia de ser un padre sencillo es aprender a tener un balance entre el tiempo, las manifestaciones de amor, sus valores y creencias. También es importante recalcar que para los niños es suficiente con tener solo lo que necesitan y no exceso cosas. En la crianza, muchas veces menos es más.

Fuente: abcdelbebe.com

 

Niños felices o niños competitivos, ¿cómo educamos a nuestros hijos?

Hace unos días recibí un mail de Change.org para firmar una nueva propuesta. Su autora era Eva Bailén y su petición iba encaminada a la racionalización de los deberes en el aula, un tema más que polémico en los grupos de Whatsapp de los padres, en las puertas de colegio de muchos puntos del país y en los parques de muchas ciudades.

A mí, este titular me hizo pensar y cambiar un poco el enfoque del mismo: ‘Niños felices o niños competitivos, ¿para qué estamos educando a nuestros hijos?’.

Niños felices, padres felices

Creo que cualquier padre o madre queremos la felicidad para nuestros hijos, y si me equivoco, me corrigen. Como por desgracia, ningún niño viene con un manual bajo el brazo, leemos revistas, compramos libros y buscamos en internet algo que dé respuesta a esas grandes preguntas que se repiten constantemente en nuestra cabecita: ‘¿Cómo criar a niños felices? ¿Para qué estamos educando a nuestros hijos?’.

La respuesta no está en ningún de estos sitios, la solución a este enigma está en nosotros, que muchas veces erramos a la hora de señalarles el camino que les conduzca a esa ansiada felicidad. No hace falta que nos castiguemos ni nos sintamos culpables, ¡esto de la paternidad/maternidad es algo que vamos aprendiendo gracias el método enseño-error y, no olvidemos, que lo que funciona para unos, fracasa para otro! Pero quizás, sí sería bueno que reflexionáramos acerca de ciertos pequeños aspectos cotidianos.

A veces pensamos, porque así lo creemos como adultos y porque nuestros padres nos lo han transmitido, que su felicidad pasa porque sean los mejores en el colegio, algo que les llevará a ser alguien en la vida, a conseguir un buen trabajo y a tener una vida como mínimo igual o, si es posible, mejor que la nuestra.

Quizá por eso, no somos conscientes de que les ‘presionamos’ para que sean los número 1 de su clase, para que dominen un segundo idioma sin apenas haber cumplido los 10 años, para que sepan música, teatro y canto, para que se desenvuelvan con facilidad en disciplinas como el baile o el teatro, o para que se conviertan en los nuevos Cristiano Ronaldo o Leo Messi sin pensar que, quizás, no es algo que ellos quieran y, por supuesto, que ellos hayan pedido, porque para ellos la felicidad es otra cosa.

Cómo tener niños felices

La felicidad para los niños se limita a cosas tan normales y evidentes que los adultos las obviamos y pasan  desapercibidas. El estrés diario no nos deja ver esos detalles tan importantes para ellos.  ¿Qué podemos hacer para tener niños felices? ¿Qué cosas valoran ellos?

– Que vayamos a llevarles o a buscarles al colegio.

– Que les contemos un cuento todas las noches.

– Que juguemos con ellos y no estemos todo el día pendientes del móvil.

– Que les demos un abrazo.

– Que no les gritemos.

– Que les escuchemos y no les mandemos callar a todas horas.

– Que veamos con ellos su serie o película favorita, aunque sea la decimoquinta vez.

– Que les dejemos que nos ayuden a cocinar, a sabiendas de que lo dejarán todo manchado.

– Que bajemos al parque o a la pista de patinaje un domingo por la mañana.

– Que les demos un beso de buenas noches.

Una vez leí una frase de Agatha Christie que decía: ‘Una de las cosas más afortunadas que te pueden suceder en la vida es tener una infancia feliz’. Y qué razón tenía, porque solo así conseguiremos sembrar los mejores cimientos para un futuro cargado de felicidad y tener adultos educando en valores.

Fuente: guiainfantil.com

Mis hijos adolescentes se han vuelto extraños para mí. ¿Cómo puedo acercarme a ellos?

“El que ama como el poeta, es una amenaza al sistema de producción en serie”. Rollo May, Amor y voluntad.

A medida que crecemos, vamos incorporando rostros y vivencias en la alacena afectiva de nuestra psiquis. Cada una de las personas que se incorpora a nuestra vida, nos deja un legado de vivencias compartidas, algunas coloridas y otras en tonos de grises. A lo largo de los años, habrá rostros con nombre de heridas y otros los pronunciaremos con solemnidad como rezos en el camino.

Al llegar la adolescencia, buscamos cada vez más descubrir quiénes somos, cuál es nuestro lugar en el mundo y hacia dónde vamos. Se inicia así una búsqueda personal que nos lleva a adquirir nuestra identidad y autonomía. A pesar de sentirnos vulnerables, intentamos alcanzar la otra orilla por nuestra propia cuenta, puesto que no queremos depender de nadie. Aunque nos muramos por dentro de inseguridad, rechazamos todo intento de rescate.

Creo que puedes darte cuenta que tu hijo está pasando por esa etapa donde parece ser un desconocido para ti cuando la conexión que tenían no es la misma que antes. Hay días en los que te pide ayuda y otros en los que sencillamente te ignora. Entiendo que sientas que vives con un extraño – ese no es mi hijo te dices angustiada.

Reedúcate para darle cabida a la comprensión

Los regaños deberán quedar en el ático, para darle cabida a la comprensión y la escucha. No digo que no marques límites o pongas un alto a ciertas conductas. Sólo te pido que antes de remarcarle las fallas le enseñes a pensar en el resultado de sus acciones. Quizás tienes gestos hermosos con él, pero le dices cosas terribles que quedan registradas en su mente anulando su estima.

Si gritas, él buscará la forma de evitarte, ¿por qué?, pues las investigaciones en psicología cognitiva sostienen que toda experiencia dolorosa queda registrada automáticamente en la memoria. No hay filtro que les impida el paso, ellas van a encenderse como carteles luminosos: “Te metiste en un embrollo, ahora vas a oír los gritos de tu madre”. No basta con que le lleves quince minutos después una porción de helado a su dormitorio. No compres su amor, sólo obtendrás que aprenda a manipularte. Un hijo manipulador nunca ama a nadie, excepto a sí mismo. Lo mejor que puedes hacer, es confesarte. Entra al cuarto con el helado y dile que sientes haber perdido los estribos, que no sabes bien cómo acercarte a él, que solo deseas que no sufra por los errores.

Disciplínate para no criticarlo

Aunque te desesperen sus modas o gustos, no lo critiques. Trata de entender por qué viste de esa forma o escucha determinada música. Interésate en sus preferencias literarias y televisivas. No tomes como un ataque personal sus cambios y modas, recuerda que son parte de su crecimiento emocional e independencia. Hazle saber que a pesar de no entender algunas de sus cosas, tu amor fluye. Dile que él es el texto central del contrato de vida que firmaste en el momento que te supiste que estabas embarazada.

Evita las confrontaciones

Aprende a negociar con tu hijo, antes de iniciar una batalla de actos rebeldes de su parte. Promueve que él mismo elija las consecuencias de sus actos: “¿no hiciste las tareas en la casa?, bien: elige un fin de semana sin internet o un NO a la ida del centro comercial con tus amigos”. Recuérdale también que hay situaciones no negociables, como su higiene, sus principios, sus estudios.

Ámalo como ama un poeta

Retomo la cita de Rollo May: recuerda que muchas veces la rebeldía es un ruego de atención, amor y presencia. Antes de preocuparte por las vacaciones de verano, planea caminar por el interior de tu hijo, dialoga, ríe con él y siéntate a su lado en silencio. El poder del tacto, el oído y la pausa son realmente mágicos.

Permite que comparta sus emociones contigo, no dejes que un amigo virtual reemplace tu abrazo cuando él se sienta triste. El poder de un abrazo es más fuerte y duradero que un capricho nuevo. Te aseguro que a medida que logres hacer cambios en el modo de relacionarte con tu hijo, descubrirás que él ha vuelto a tu vida.

Fuente: familias.com