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Soy una mamá monpet, madre sin tiempo personal

Primero pensé que era una madre con el Síndrome de Wendy, luego descubrí que me acercaba más al perfil de madre helicóptero, pero resulta que ni una cosa ni otra. Yo soy una mamá monpet o madre sin tiempo personal.

La realidad de una madre monpet

Si no habías oído hasta ahora este término, te diré que procede de la expresión inglesa Mother with no personal time, cuya traducción sería algo así como Madre sin Tiempo Personal.

Una madre monpet hace cosas como encerrarse en el baño con alguna excusa para contestar los whatsapps de su grupo de amigas u ofrecerse de manera voluntaria para bajar la basura a horas intempestivas y con tormenta fuera con el único objetivo de rascar un par de minutos al día para respirar y desconectar de todo. ¿Te suena, verdad? Por no hablar de ese momento en el que necesitas pegarte una ducha de dos minutos ¡solo dos minutos! y la única manera de hacerlo es poniendo a las niñas frente al ordenador para que vean un capítulo sus dibujos favoritos.

Ser madre es un trabajo que no tiene vacaciones, ni días de asuntos propios, ni puentes… Son 24 horas al día, 7 días de la semana en los que tienes que compaginar el papel de madre “perfecta” con ese otro trabajo con el que pagas la hipoteca, los gastos de la casa, la cuota del colegio, los uniformes…

Te levantas a las 6-7 de la mañana, vas a la oficina, comes en 15 minutos, sufres por dejar todo terminado antes de que llegue la hora de salir y… ¡a por tu segunda labor del día! Corres para llegar a buscar a las niñas al colegio (en el camino rezas para que no se estropee el transporte público o para que no haya ningún accidente en la carretera), llevas a una a música, mientras que la otra tiene inglés y, en esa hora que tienes, haces la compra para cenar esa noche algo calentito porque se te olvidó sacar el tupper del congelador.

Pero aún queda lo mejor. Llegáis a casa ¡y todo se ralentiza! Son las 20.00 horas y aún os quedan cosas por hacer: los deberes, la tortilla, los dientes, el cuento… Con un poco de suerte, a las 22.00 horas se hace el silencio en casa. Cansada, tú te tiras en el sofá para descansar, sabiendo que ese tiempo durará poco porque tienes que plancharte la ropa y preparar la comida para el día siguiente.

Un estudio realizado en Estados Unidos por la empresa de alimentación y salud Welch’s afirma que una mujer dedica unas 98 horas semanales a tareas netamente laboriosas dentro y fuera del hogar. Estas cifras se repiten en España, donde según el INE (Instituto Nacional de Estadística) las mujeres destinan 26,5 horas a la semana a cuidar a hijos o familiares, tareas domésticas y colaboraciones sin sueldo en ONG (a estas horas habría que contar las horas de trabajo remunerado).

¡Agotador vivirlo y leerlo! Pero es una realidad que a muchas mujeres madres nos toca de lleno. Muchas veces somos nosotras, las mujeres, las que asumimos toda la carga de trabajo y las que nos negamos a soltar o a delegar en el otro, pero está claro que tanta presión puede repercutir nuestra salud. ¡Tenemos que empezar a ponerle freno!

A la conquista del tiempo y espacio para la madre monpet

Después de todo lo que te he contado, ¿crees que tú también eres una madre monpet? Sé que resulta muy fácil decirlo, pero encontrar tiempo para ti es primordial para que tú estés bien y, por lo tanto, tu familia también. ¿Qué hacer para dejar de ser una madre monpet? La solución es encontrar tu espacio y tu momento para conectarte contigo misma:

– Resérvate un hueco para hacer lo que más te guste
Apuntarte a clases de yoga, salir a correr, quedar con las amigas, ir a darte un masaje, leer un libro, tomar un café… Seguro que hay miles de cosas que hacías antes de ser madre y que has aparcado por falta de tiempo. ¡Es el momento de recuperar algunas de ellas!

– Reorganiza la agenda
Crear una familia es cosa de dos. Puede que por nuestra condición natural de madre, asumamos más responsabilidades, pero la otra parte, es decir, el padre también juega un papel importante en todo esto. Habla con él para repartir las tareas y no te cargues tú con todo.

– Haz ejercicio
Si hacer deporte no está dentro de tus hobbies favoritos, ¡lo sentimos! A partir de ahora y para dejar de ser una madre monpet, ¡necesitas moverte más! A través del ejercicio se libera estrés y se eliminan tensiones. Busca tus zapatillas que… ¡comenzamos!

– Mímate por dentro y por fuera 
La falta de tiempo y las prisas hace que muchas madres no se cuiden, pero hay que mimarse. Hay que mirarse al espejo, arreglarse, ponerse guapa para empezar cada día con la mejor sonrisa y con ganas de comerse el mundo.

– Pide ayuda
Tú eres un pilar muy importante para tus hijos. Si estás feliz, ellos serán felices, por eso es importante que estés bien. Si te notas bloqueada, pide ayuda a algún familiar o vecina o, incluso si te notas muy desbordada, habla con tu médico de cabecera.

Después de descubrir que soy una madre monpet y de aceptarlo, no puedo dejar de preguntarme: “¿Por qué tenemos tanto interés en etiquetarlo todo?” Y lo que es peor, ¡todo lo que tiene que ver con la maternidad! Hay gente que habla de drama de las madres monpet, pero yo prefiero decir problema con fácil solución. ¿Nos ponemos manos a la obra?

Fuente: guiainfantil.com

Cuatro claves para reducir el impacto en los hijos durante un divorcio

El proceso del divorcio tiene gran impacto para los menores, pues los padres representan la seguridad y el cuidado que necesitan para su desarrollo. Pero si a esto se le suma el conflicto permanente entre los padres, el efecto negativo podría ser incluso mayor que la ruptura.

Estudios recientes muestran que cuando los padres resuelven sus problemas y dan tranquilidad a los niños, el impacto de la separación disminuye de manera significativa.
Existen muchos temas sensibles que abocan a los padres separados a discutir o a tener divergencias. Por eso es importante que, si estás atravesando por este proceso empieces a trabajar en estos puntos.

  • Facilita el diálogo con el otro. Mantener un contacto amable con tu expareja evita que tus hijos queden ‘atrapados’ en la mitad, que tengan que elegir entre uno de los dos o se conviertan en mensajeros. Ayuda a propiciar los encuentros, definir las citas y acordar los tiempos que pasarán juntos. Recuerda que romper la comunicación o contacto con tu expareja es una actitud agresiva que tiene consecuencias para tus hijos.
  • Asume las responsabilidades. Es importante que le transmitas a tus hijos que, aunque uno de los padres no viva en la misma casa, seguirá haciéndose cargo de las necesidades familiares. Esto les da la tranquilidad de que su integridad estará asegurada; además, evita que se terminen desempeñando roles de adultos para los que no están preparados.
  • Habla del otro con respeto. Evita hablarle mal del otro, evita los juicios y trata de describir las situaciones sin hacer críticas; el sarcasmo, la ironía y la descalificación no ayudan a ninguno. Para tus hijos, ver que sus padres se tratan mal, se agreden uno al otro o se desprestigian resulta agobiante, pues los lleva a tomar partido por una de las dos personas que más quieren. A esta situación se la ha llamado alienación parental y constituye una forma de maltrato y violencia intrafamiliar.
  • Supera tus propios sentimientos. La sensatez, la madurez y el amor de los padres deben ponerse por encima de los conflictos, así como hay que proteger a los hijos como un interés supremo. No olvides que mantener el rencor, la rabia y la inconformidad afecta a tus niños y les genera ansiedad y angustia. Si como padres sientes que son incapaces de resolver las dificultades, es importante pedir ayuda para buscar estrategias diferentes de manejo.

Finalmente, te en cuenta que los padres no deben discutir delante de los niños aspectos como el dinero, la custodia o la conducta del otro.

Fuente: abcdelbebe.com

Hacer de la crianza algo más sencillo y posible

En los Estados Unidos hay un movimiento que invita a los padres a volver la crianza algo más sencillo, más amable y que le dé seguridad afectiva a todos.

Lo primero que busca esta tendencia es que los padres estén menos estresados y logren divertirse más con sus hijos. Igualmente, que tengan menos actividades materiales y más cosas que quieran hacer con ellos y, sobre todo, fomentar la confianza entre padres e hijos, y lograr que los padres se mantengan fieles a sus valores morales y a un sentido de propósito de familia.

Para volver todo más fácil en la crianza, el doctor Gary Chapman, autor The 5 Love Languages of Children, dice que tenemos que entender la necesidad individual de cada niño en cuanto a qué tanto necesita ser acariciado, escuchar palabras de amor, tener tiempo a solas, o recibir juguetes o regalos. La necesidad más profunda de un niño es el sentirse amado. Si está criado con amor, crece siendo un menor sano psicológicamente.

La pregunta que usted se debe hacer es ¿será que mis hijos se sienten amados? Los padres también aprenden cuál es el estilo preferencial de recibir amor de cada hijo observando su conducta, tomando nota de cómo expresarlo y escuchándolo.

Es innegable que los niños que se sienten amados responden mejor a las sugerencias y a la disciplina, adicionalmente, aprenden a expresar sus emociones de manera adecuada.

Otra creencia de la crianza simplificada es evitar idealizar a los hijos. Hay que aceptar a cada uno como es, aunque no nos guste o no estemos de acuerdo con él. Por ejemplo, a muchos de nosotros nos encanta el fútbol y a los hijos no les interesa. Es necesario procesar esa realidad, pero también hay que apreciar todo lo bueno que tiene el hijo y no apegarse a esa diferencia. Otra creencia de este tipo de crianza es siempre enfocar todo lo que pase entre padres e hijos a lo positivo, en vez de lo negativo.

La crianza simplificada también habla de crear actividades y rituales que ayuden a apaciguar temores en los niños. Los expertos en este tema sostienen que la conexión se logra con actos como comer juntos, tomar un tiempo en familia y hablar sobre algo bueno, algo difícil o algo que les asuste, con ello se construyen conexiones familiares; esta es una experiencia muy enriquecedora para todos en la familia.

La esencia de ser un padre sencillo es aprender a tener un balance entre el tiempo, las manifestaciones de amor, sus valores y creencias. También es importante recalcar que para los niños es suficiente con tener solo lo que necesitan y no exceso cosas. En la crianza, muchas veces menos es más.

Fuente: abcdelbebe.com

 

Niños felices o niños competitivos, ¿cómo educamos a nuestros hijos?

Hace unos días recibí un mail de Change.org para firmar una nueva propuesta. Su autora era Eva Bailén y su petición iba encaminada a la racionalización de los deberes en el aula, un tema más que polémico en los grupos de Whatsapp de los padres, en las puertas de colegio de muchos puntos del país y en los parques de muchas ciudades.

A mí, este titular me hizo pensar y cambiar un poco el enfoque del mismo: ‘Niños felices o niños competitivos, ¿para qué estamos educando a nuestros hijos?’.

Niños felices, padres felices

Creo que cualquier padre o madre queremos la felicidad para nuestros hijos, y si me equivoco, me corrigen. Como por desgracia, ningún niño viene con un manual bajo el brazo, leemos revistas, compramos libros y buscamos en internet algo que dé respuesta a esas grandes preguntas que se repiten constantemente en nuestra cabecita: ‘¿Cómo criar a niños felices? ¿Para qué estamos educando a nuestros hijos?’.

La respuesta no está en ningún de estos sitios, la solución a este enigma está en nosotros, que muchas veces erramos a la hora de señalarles el camino que les conduzca a esa ansiada felicidad. No hace falta que nos castiguemos ni nos sintamos culpables, ¡esto de la paternidad/maternidad es algo que vamos aprendiendo gracias el método enseño-error y, no olvidemos, que lo que funciona para unos, fracasa para otro! Pero quizás, sí sería bueno que reflexionáramos acerca de ciertos pequeños aspectos cotidianos.

A veces pensamos, porque así lo creemos como adultos y porque nuestros padres nos lo han transmitido, que su felicidad pasa porque sean los mejores en el colegio, algo que les llevará a ser alguien en la vida, a conseguir un buen trabajo y a tener una vida como mínimo igual o, si es posible, mejor que la nuestra.

Quizá por eso, no somos conscientes de que les ‘presionamos’ para que sean los número 1 de su clase, para que dominen un segundo idioma sin apenas haber cumplido los 10 años, para que sepan música, teatro y canto, para que se desenvuelvan con facilidad en disciplinas como el baile o el teatro, o para que se conviertan en los nuevos Cristiano Ronaldo o Leo Messi sin pensar que, quizás, no es algo que ellos quieran y, por supuesto, que ellos hayan pedido, porque para ellos la felicidad es otra cosa.

Cómo tener niños felices

La felicidad para los niños se limita a cosas tan normales y evidentes que los adultos las obviamos y pasan  desapercibidas. El estrés diario no nos deja ver esos detalles tan importantes para ellos.  ¿Qué podemos hacer para tener niños felices? ¿Qué cosas valoran ellos?

– Que vayamos a llevarles o a buscarles al colegio.

– Que les contemos un cuento todas las noches.

– Que juguemos con ellos y no estemos todo el día pendientes del móvil.

– Que les demos un abrazo.

– Que no les gritemos.

– Que les escuchemos y no les mandemos callar a todas horas.

– Que veamos con ellos su serie o película favorita, aunque sea la decimoquinta vez.

– Que les dejemos que nos ayuden a cocinar, a sabiendas de que lo dejarán todo manchado.

– Que bajemos al parque o a la pista de patinaje un domingo por la mañana.

– Que les demos un beso de buenas noches.

Una vez leí una frase de Agatha Christie que decía: ‘Una de las cosas más afortunadas que te pueden suceder en la vida es tener una infancia feliz’. Y qué razón tenía, porque solo así conseguiremos sembrar los mejores cimientos para un futuro cargado de felicidad y tener adultos educando en valores.

Fuente: guiainfantil.com

Mis hijos adolescentes se han vuelto extraños para mí. ¿Cómo puedo acercarme a ellos?

“El que ama como el poeta, es una amenaza al sistema de producción en serie”. Rollo May, Amor y voluntad.

A medida que crecemos, vamos incorporando rostros y vivencias en la alacena afectiva de nuestra psiquis. Cada una de las personas que se incorpora a nuestra vida, nos deja un legado de vivencias compartidas, algunas coloridas y otras en tonos de grises. A lo largo de los años, habrá rostros con nombre de heridas y otros los pronunciaremos con solemnidad como rezos en el camino.

Al llegar la adolescencia, buscamos cada vez más descubrir quiénes somos, cuál es nuestro lugar en el mundo y hacia dónde vamos. Se inicia así una búsqueda personal que nos lleva a adquirir nuestra identidad y autonomía. A pesar de sentirnos vulnerables, intentamos alcanzar la otra orilla por nuestra propia cuenta, puesto que no queremos depender de nadie. Aunque nos muramos por dentro de inseguridad, rechazamos todo intento de rescate.

Creo que puedes darte cuenta que tu hijo está pasando por esa etapa donde parece ser un desconocido para ti cuando la conexión que tenían no es la misma que antes. Hay días en los que te pide ayuda y otros en los que sencillamente te ignora. Entiendo que sientas que vives con un extraño – ese no es mi hijo te dices angustiada.

Reedúcate para darle cabida a la comprensión

Los regaños deberán quedar en el ático, para darle cabida a la comprensión y la escucha. No digo que no marques límites o pongas un alto a ciertas conductas. Sólo te pido que antes de remarcarle las fallas le enseñes a pensar en el resultado de sus acciones. Quizás tienes gestos hermosos con él, pero le dices cosas terribles que quedan registradas en su mente anulando su estima.

Si gritas, él buscará la forma de evitarte, ¿por qué?, pues las investigaciones en psicología cognitiva sostienen que toda experiencia dolorosa queda registrada automáticamente en la memoria. No hay filtro que les impida el paso, ellas van a encenderse como carteles luminosos: “Te metiste en un embrollo, ahora vas a oír los gritos de tu madre”. No basta con que le lleves quince minutos después una porción de helado a su dormitorio. No compres su amor, sólo obtendrás que aprenda a manipularte. Un hijo manipulador nunca ama a nadie, excepto a sí mismo. Lo mejor que puedes hacer, es confesarte. Entra al cuarto con el helado y dile que sientes haber perdido los estribos, que no sabes bien cómo acercarte a él, que solo deseas que no sufra por los errores.

Disciplínate para no criticarlo

Aunque te desesperen sus modas o gustos, no lo critiques. Trata de entender por qué viste de esa forma o escucha determinada música. Interésate en sus preferencias literarias y televisivas. No tomes como un ataque personal sus cambios y modas, recuerda que son parte de su crecimiento emocional e independencia. Hazle saber que a pesar de no entender algunas de sus cosas, tu amor fluye. Dile que él es el texto central del contrato de vida que firmaste en el momento que te supiste que estabas embarazada.

Evita las confrontaciones

Aprende a negociar con tu hijo, antes de iniciar una batalla de actos rebeldes de su parte. Promueve que él mismo elija las consecuencias de sus actos: “¿no hiciste las tareas en la casa?, bien: elige un fin de semana sin internet o un NO a la ida del centro comercial con tus amigos”. Recuérdale también que hay situaciones no negociables, como su higiene, sus principios, sus estudios.

Ámalo como ama un poeta

Retomo la cita de Rollo May: recuerda que muchas veces la rebeldía es un ruego de atención, amor y presencia. Antes de preocuparte por las vacaciones de verano, planea caminar por el interior de tu hijo, dialoga, ríe con él y siéntate a su lado en silencio. El poder del tacto, el oído y la pausa son realmente mágicos.

Permite que comparta sus emociones contigo, no dejes que un amigo virtual reemplace tu abrazo cuando él se sienta triste. El poder de un abrazo es más fuerte y duradero que un capricho nuevo. Te aseguro que a medida que logres hacer cambios en el modo de relacionarte con tu hijo, descubrirás que él ha vuelto a tu vida.

Fuente: familias.com

6 técnicas para ayudar a los niños a estudiar los exámenes sin estrés

Hay niños que necesitan que sus padres estén a su lado mientras hacen los deberes, otros se levantan muchas veces porque no se concentran, los hay que encaran los exámenes con mucho estrés… Hasta que nuestros hijos aprenden a estudiar y cogen el hábito, pueden necesitar un poco de ayuda.

Para que el estudio sea eficaz, no solo es importante qué hacen durante el tiempo que tienen los libros abiertos sobre la mesa (si comprenden lo que leen, si se concentran, si memorizan…), sino también cómo se preparan para estudiar. Existen algunas técnicas para ayudar a los niños a estudiar con eficacia para encarar los exámenes sin estrés.

Cuando tus hijos estudian y encaran los exámenes con estrés

No entiendo esos padres que dicen “hemos aprobado” o “hemos suspendido el examen” cuando sus hijos se presentan a una prueba, como si fueran ellos los que van al colegio a examinarse. No entiendo a esos padres que tienen limitadas sus tardes porque tienen que sentarse con el niño a estudiar, porque sino no estudia.

¿Quién necesita el refuerzo? ¿El niño propiamente dicho o el padre? Detrás de este comportamiento del progenitor puede estar la culpabilidad (al no pasar tiempo suficiente o dedicarle atención a su hijo se sienta a estudiar con él/ella) o la falta de reconocimiento (el padre se dice así mismo ‘así me reconocen que soy buen padre o buena madre’) o simplemente la búsqueda de algo personal (cuando tenía edad de estudiar no estudió y ahora suple ese malestar estudiando con el niño).

Pero la cuestión no es saber por qué los padres lo hacen, sino cómo apoyar al niño en el estudio. Debemos descubrir cómo ayudarles desde el refuerzo de la confianza y la seguridad en él mismo, además de lograr la relajación en el tiempo de estudio para obtener preparación de calidad.

Como padres, podemos aplicar algunas técnicas de aprendizaje para guiar al niño a un estado de éxito antes de realizar el examen. Para ello, contamos con:

1. Técnicas de respiración
Simplemente sentados en una posición cómoda y con música o no de fondo, algo relajada, y en silencio, tenéis que tomar aire por la nariz y exhalar por la boca de manera profunda.

2. Técnicas de meditación (Atención plena – Mindfulness)
Incluso aquí, podemos utilizar la realización de mandalas, para estar lo más relajados posibles antes de comenzar el estudio.

3. Técnicas de visualización
Se trata de crearle al niño un lugar seguro en su imaginación donde el estrés, los nervios o la ansiedad por el examen, no puedan entrar.

4. Juegos antes de estudiar
Divertirse antes de ponerse a estudiar, hará que su estado emocional esté predispuesto al estudio. También funciona muy bien reírse. Podemos contar chistes o mirar algún video gracioso que haga que entremos en estado de confianza y relajación.

5. Música durante el estudio
El niño puede estudiar con música, así se concentrará mejor en lugar de pensar en que lo hará peor.

6. Técnica para reducir el estrés
Es importante preparar un buen entorno y ambiente de estudio. A veces, estar en contacto con un peluche o cojín o algún otro instrumento que pueda ser ‘el descargador de estrés y ansiedad’ hará que el niño encuentre su mejor estado de relajación.

Cualquiera de ellas, hará que nuestros hijos empiecen a estudiar solos y a obtener los resultados que desean.

Otros consejos para ayudar a los niños a estudiar

Nuestro objetivo principal será fortalecer la confianza y la autoestima del niño para que cuando diga que quiere sentarse a estudiar todo esté en orden mental y emocional. De esta forma se conseguirá el correspondiente aprovechamiento.

Por otro lado, no olvides planear descansos de unos 5 minutos cada 20. Esto hará que cuando vuelva al estudio, pueda volver a prestar atención a aquello que se desea.

Y por supuesto, un buen abrazo antes de comenzar a estudiar, garantizará un nivel de dopamina muy eficaz para llegar a la mejor nota posible. Recuerda que los abrazos (según fuente de Internet):

– Nos llenan de alegría.

– Nos hacen ser más pacientes.

– Se consideran como un gran remedio al estrés y la ansiedad.

– Son los culpables del buen humor y la motivación.

– Balancean nuestro sistema nervioso.

Y no olvides que apelar al AMOR en estos momentos, ¡es de gran apoyo! Para nuestros hijos. Abraza, sonríe y muéstrale tu confianza. Demuéstrale que haga lo que haga en ese día del examen, tú seguirás dándole apoyo y amor como hasta ahora (¡haz que le quede bien claro!).

Fuente: guiainfantil.com

Papá le pega a mamá: los testigos del maltrato

“La educación es la vacuna contra la violencia.”

La violencia doméstica es una realidad común en nuestra sociedad. Esta ocurre en todas las clases sociales, grupos étnicos, culturas y religiones.

La mayoría de los casos pasan desapercibidos ya que muy a menudo las víctimas sufren en silencio. Los estudios demuestran que cada año son mas los jóvenes entre las edades de 3 a 17 años los que están expuestos a la violencia doméstica. Las estadísticas reflejan que el 95% de los casos involucran a las mujeres víctimas de sus parejas masculinas. La trágica realidad es que cada vez que una madre es maltratada por su pareja, son a menudo sus propios hijos los testigos del maltrato y la tensión en el hogar por lo que ellos también se ven afectados. El presenciar puede significar VER incidentes reales de maltrato físico y/o sexual, ESCUCHAR amenazas o peleas desde otra habitación, OBSERVAR las secuelas de maltratos físicos, tales como: sangre, moretones, lágrimas, la ropa rasgada y/u objetos rotos.

Lo que hiere a la madre, también hiere a los hijos. Cuando la madre es abusada, sus hijos pueden sentirse culpables de no poder protegerla. Ellos sufren al ver que sus padres se gritan, empujan o golpean. Estos comportamientos causan en los hijos sentimientos de confusión, estrés, miedo, vergüenza, o hasta muchos llegan a pensar que ellos mismos han causado el conflicto. Están siempre en guardia, observando y esperando a que el próximo evento se produzca. Como nunca se sabe lo que va a desencadenar el abuso, no tienen tranquilidad; siempre están preocupados por ellos mismos, por sus madres y hasta por sus hermanos. Pueden sentirse enojados, humillados y hasta impotentes.

En los hogares donde existe violencia doméstica, el miedo, la inestabilidad y la confusión reemplazan el amor, la comodidad y la crianza que los niños necesitan. Muchos pueden presentar problemas emocionales, llorar excesivamente, sentirse retraídos o tímidos, pueden tener dificultades para hacer amigos, sienten miedo de los adultos y algunos hasta pueden sufrir de depresión y utilizan también la violencia para resolver sus propios problemas en la escuela y el hogar.

Cuando los hijos crecen en un hogar de maltrato, se les niega el tipo de vida familiar que fomenta el desarrollo saludable y aunque ellos no sean directamente maltratados, igual pueden verse afectados al ver que son sus madres las que están siendo victimas del maltrato. Como resultado, muchos experimentan el estrés en el hogar y llegan a mostrarlo de diferentes maneras tales como: dificultad para conciliar el sueño, enuresis, problemas de conducta, dolores de estómago, dolores de cabeza y / o diarrea, etc. Los niños que crecen en este tipo de entorno, tienen un mayor riesgo de caer en las drogas, abuso del alcohol o ser objetos de relaciones abusivas, como agresores o víctimas y un tercio llegan a desarrollar problemas emocionales, trastorno de estrés postraumático, delincuencia juvenil y la criminalidad en la edad adulta.

Debido a que mamá está luchando para sobrevivir, a menudo no está presente para sus hijos y papá esta tan consumido tratando de controlar a todo el mundo que tampoco se muestra disponible para ellos. Por lo tanto, los hijos llegan a sentirse física, emocional y psicológicamente abandonados creciendo hambrientos de atención, afecto y aprobación.

Reacciones emocionales, físicas y de comportamiento ante la violencia familiar en los hijos:

Reacciones emocionales : El miedo, la culpa, la vergüenza, trastornos del sueño, tristeza, depresión y enojo (tanto hacia la persona que abusa con violencia como también hacia la madre por ser incapaz de impedir la violencia).

Reacciones físicas: Dolores de estómago y / o dolores de cabeza, enuresis (mojadas de cama) y ​pérdida de la capacidad de concentración. Algunos también pueden sufrir abuso o negligencia física o sexual. Otros pueden salir lastimados al tratar de intervenir en nombre de su madre o de algún hermano.

Reacciones de comportamiento: Rabietas, alienación o ansiedad por complacer. Los niños pueden presentar síntomas de ansiedad y una capacidad corta de atención que puede provocar un bajo rendimiento escolar y de asistencia. Algunos pueden experimentar retrasos en el desarrollo del lenguaje, habilidades motoras y/o cognitivas. También pueden utilizar la violencia para expresarse mostrando un aumento de agresividad con sus compañeros o hasta con sus propias madres. Ellos pueden llegar hasta a auto-lesionarse.

Los efectos a largo plazo en los niños que son testigos de violencia doméstica

Los niños que crecen observando que sus madres son víctimas de abusos, sobre todo por parte de sus padres, crecen con un modelo de relaciones íntimas en las que una persona usa la intimidación y la violencia sobre la otra persona para conseguir lo que desea. Dado que los niños tienen una tendencia natural a identificarse con la fuerza, muchos pueden aliarse con el abusador y perder el respeto por sus aparentemente indefensas madres. El abusador suele menospreciar a la madre delante de sus hijos y puede llegar a decirles que ella está “loca” y que ellos no tienen por que escucharla. Al ver que sus madres están siendo tratadas con una enorme falta de respeto por parte de sus padres, los niños aprenden que ellos también pueden faltarle al respeto a las demás mujeres de la misma forma en que sus padres lo hacen con sus propias madres.

La mayoría de los jóvenes que se crían en hogares abusivos aprenden que la violencia es una manera eficaz de resolver los conflictos y problemas. Pueden reproducir la violencia de la que fueron testigos desde niños en sus relaciones adolescentes y adultas así como también ser más propensos a golpear a sus futuras parejas que aquellos que han sido criados en hogares no violentos. Para las niñas, la adolescencia puede resultar en la creencia de que las amenazas y la violencia son parte de la norma en las relaciones.

¿Qué hacer?

Es imposible evitar que los hijos sean testigos de la violencia doméstica. Ellos pueden ver o escuchar los episodios abusivos entre sus padres, ser utilizados o incluso implicados en la violencia (por ejemplo, el niño puede estar en los brazos de su madre cuando ella es golpeada), por lo que pueden experimentar las consecuencias y la tensión que acarrea el abuso. El grado de daño emocional depende en gran medida de cada niño, su edad, sexo y personalidad, lo mucho que el/ella haya presenciado el abuso y si ha estado o no personalmente involucrado en él.

Una sensación común que algunos padres consideran es que a pesar del entorno violento y abusivo, es mejor permanecer juntos por el bienestar de sus hijos. Sin embargo, no se dan cuenta que a menudo son sus propios hijos los que prefieren ver a sus padres separados como una forma de ponerle fin al “problema”.

La única respuesta ante el problema de violencia doméstica es tratarla como lo que es – violencia. Se debe luchar contra los valores sociales que refuerzan el estereotipo que fomenta a los hombres a actuar agresivamente y utilizar la violencia como una forma de resolver los problemas; donde las mujeres son débiles, sumisas y deben aceptar la dominación masculina como la norma. El crecer en un hogar donde el abuso de alguna forma es la norma, ofrece a los hijos el ejemplo que esto es lo que una relación está destinada a ser. Este tipo de hogares tienden a incluir la inestabilidad, los conflictos, la distancia emocional y una vida que va de una crisis a otra. Ellos aprenden patrones poco saludables de relacionarse, y por lo tanto inconscientemente la mayoría llegara a elegir futuras parejas que vengan de entornos igualmente poco saludables para así poder seguir el patrón de violencia del cual están familiarizados. Por lo tanto, antes de que sea demasiado tarde, es crucial buscar ayuda profesional, una terapia familiar, que le ofrezca a cada miembro del hogar la oportunidad de lograr romper con los patrones destructivos aprendiendo maneras no violentas de como resolver sus conflictos emocionales.

Fuente: latribuna.hn

Padres bilingües: ¿qué ventajas ofrecen a sus hijos?

El aprendizaje de un segundo idioma es casi que uno de los mínimos básicos que exige la educación de este siglo para poder interactuar con las diferentes culturas y que los jóvenes puedan desenvolverse en los espacios laborales. Por ello, expertos señalan la importancia de que los padres aprendan un segundo idioma para que, cuando decidan tener hijos, el aprendizaje en los pequeños se facilité gracias al conocimiento que sus progenitores ya tienen de él.

Desde temprana edad un niño es receptivo a toda la información que se le transmite. Pero expertos hablan de los tres años como el momento en que los pequeños pueden empezar a diferenciar un idioma de otro. Es en esta etapa cuando más se debe impulsar en un menor el aprendizaje de un segundo idioma, y las ventajas de que sean sus propios padres los que se dan a la tarea porque ellos mismos son bilingües, aumentan en estas familias que inclusive, pueden llegar a ser políglotas.

“Un padre tiene la capacidad de apoyar a su hijo en su propio proceso de aprendizaje de un idioma, con sus tareas, con la motivación, con el ejemplo. Es el mejor escenario para que un niño, en un ambiente cómodo como el de su hogar, pueda realizar actividades con sus padres como ver programas de televisión, escuchar música o leer libros en inglés. Esto hará que el niño tenga ventajas competitivas frente a otros chicos, pues aprenderán el idioma mucho más rápido”, dijo a ELTIEMPO.COM Sam Day Weber, docente de inglés en el British Council.

Según el docente, que los niños vean a sus padres interactuando con otras personas en otro idioma diferente al suyo es también un factor de motivación para los pequeños. “El niño se abrirá a otras culturas y tendrá muchas más ganas de entenderse con los demás en una lengua diferente”, agregó Day Weber.

Para Maria Clara Delgadillo, psicóloga de la Universidad Santo Tomás, “los niños aprenden mucho más rápido las cosas cuando provienen de con sus padres, son su primer acercamiento al mundo y su forma de impulsarse para aprender cosas nuevas”.

Según Delgadillo, “esto tiene ventajas en el cerebro del pequeño, pues el conocimiento se adquiere con la mejor disposición y siempre queriendo imitar el comportamiento de sus progenitores”. Esto quiere decir que si un padre maneja bien el idioma inglés, tiene buena pronunciación y buena gramática, su hijo va a querer imitarlo y seguramente tendrá un mejor nivel en el colegio.

Por otro lado, para Rebecca Smith, coordinadora de Jóvenes Estudiantes en el British Council, “que los padres sean bilingues y traten de tener horarios de solo hablar inglés en casa, enfrenta a los pequeños incluso a tener que pedir lo que necesitan en otro idioma, los reta y les ayuda a defenderse, lo cual puede trasladarse a su salón de clases donde probablemente se vana a encontrar con un docente que solo les va a estar hablando en inglés”.

Los tres expertos coinciden en que hoy en día los padres tienen cientos de herramientas que pueden apoyar estos procesos, tanto para ellos como para los niños y que usualmente son de muy fácil acceso, incluso gratuitas. British Council, por ejemplo, tiene plataformas enfocadas tanto a los adultos como a los chicos, todas sin pago y con contenido interactivo (videos, audios y juegos). Pero también existen diversas aplicaciones, libros y videos en línea que pueden ser utilizados como herramientas e apoyo”, agrega Smith.

Aprender y avanzar juntos, la edad no es un obstáculo

Están también los casos en los que los padres no dominan un idioma, pero quieren empezar a aprenderlo. Para ellos, aseguran los expertos, es recomendable incluso que se sienten con sus hijos, quienes también están empezando su proceso de inmersión en un idioma, para que juntos puedan intercambiar inquietudes y logren avanzar juntos.

“Un padre no debe preocuparse si su hijo aprende más rápido que él o habla mejor inglés que él. Lo importante es ese proceso de sentarse juntos y compartir un espacio que les permita interactuar como familia y construir conocimiento juntos”, asegura Day Weber.

Fuente: abcdelbebe.com

Bajo rendimiento escolar: ¿cuándo acudir al médico

Durante la época escolar, suele suceder que los padres de familia concentran su atención en el buen desempeño académico de sus hijos. ¿Quién no se siente orgulloso cuando sus pequeños obtienen altas calificaciones? Sin embargo, cuando esto no ocurre se piensa que ello se debe al poco esfuerzo y dedicación que ha puesto el niño en sus asuntos escolares y se olvida que, muchas veces, puede ser resultado de trastornos específicos del aprendizaje como las dificultades para escribir y leer, los conflictos emocionales, las perturbaciones del sueño o el déficit de atención e hiperactividad, además de causas más frecuentes como los malos hábitos de estudio.

De hecho, cuando los niños alcanzan la edad escolar, se espera que tengan un proceso de aprendizaje acorde con su edad y en los mismos tiempos que sus compañeros. No obstante, aunque los signos de alarma son fácilmente reconocibles, los padres suelen ‘normalizarlos’ o ignorarlos, por lo que generalmente los profesores son quienes detectan los cambios en los estudiantes y alertan a las familias. Así que hacer esta identificación de manera temprana permite iniciar tratamientos que evitan la frustración, mejoran la autoestima y mantienen un desarrollo adecuado de tus hijos.

¿Cómo reconocer un problema de aprendizaje?

Los signos de alarma para los problemas de aprendizaje están asociados, fundamentalmente, a cambios evidentes en los niños, la mayoría de las veces relacionadas con el bajo rendimiento escolar –permanente o en disminución– y los problemas de comportamiento, reflejados en falta de motivación, desorganización, trastornos de sueño (ronquidos, miedo) y desinterés de los niños por las actividades que les apasionan y desgano a la hora de estudiar.

¿Cuál es el tratamiento para los problemas de aprendizaje?

Aunque los problemas de aprendizaje pueden llegar a ser graves, detectarlos a tiempo es fundamental para su tratamiento. De acuerdo con el Dr. Juan Esteban Cote, neurólogo pediatra de Clínica La Colina, “el primer paso es implementar las buenas pautas de crianza y los hábitos de vida saludables. Podría incluir también orientación psicológica y, en algunos casos, terapias para tratar problemas como la dislexia, discalculia y disgrafía, entre otros trastornos del aprendizaje”.

Claves para evitar y mitigar los problemas de aprendizaje

Buenas pautas de crianza y hábitos saludables: implica tener un sistema adecuado de reconocimientos (premio / castigo), figuras de autoridad claras para los niños, cumplir tareas en la casa y tener horarios establecidos para el sueño, el estudio, el descanso y el juego. Así mismo, limitar el acceso a la tecnología sin restringirlo completamente, de manera tal que se permita a los niños explorar y desarrollar su capacidad narrativa, para activar su creatividad pero sin incurrir en excesos.

Alimentación: es fundamental que tu hijo tenga una dieta balanceada en frutas y verduras, así como horarios de alimentación consistentes. Recuerda que su cerebro necesita proteínas y fuentes de energía para su desarrollo y funcionamiento.
Hacer ejercicio: en el ejercicio se liberan sustancias que mejoran la concentración, disminuyen la ansiedad y aumentan la motivación de los niños, además de promover un aprendizaje más rápido y mejorar la calidad del sueño.

Terapias: para los trastornos específicos (dislexia, discalculia y disgrafía) se recomiendan terapias dirigidas en el colegio o por profesionales, para desarrollar las habilidades específicas en los niños, evitar la frustración y los estereotipos.

Medicación: en casos más concretos con trastornos de conducta o déficit de atención e hiperactividad disruptivos, los niños podrían ser tratados con medicamentos recetados por especialistas, que surgen efectos muy rápidamente y que no generan adicción.

Finalmente, es recomendable hacer una elección adecuada del colegio de los niños, teniendo en cuenta sus necesidades. “Cada niño es diferente y muchas veces los colegios adecuados son los que permiten a los menores desarrollar sus múltiples inteligencias, en grupos de no más de 15 niños y con educación personalizada” concluye el Dr. Cote.

Fuente: abcdelbebe.com

 

Qué hacer si no te gusta el profesor de tu hijo

Lo ideal sería que tuviéramos profesores dedicados, motivadores, pacientes, vocacionales y muy capaces. La realidad es que, junto a ellos, hay otra rama de profesores cuya pedagogía brilla por su ausencia.

Aun así, sea un profesor autoritario, o un buen profesor, para gustos los colores. De tal manera que, hay padres que prefieren maestros estrictos y que impartan disciplina, y otros que prefieren profesores con métodos más modernos y positivos. Sea como fuere, ¿qué hacer cuando no te gusta el profesor de tu hijo?

Cuando no te gusta el profesor de tu hijo, ¿cómo gestionarlo?

Las personas somos seres emocionales de individuales, cada uno con sus preferencias y sus gustos. Por lo tanto, igual que te gustan o desagradan compañeros de trabajo, conocidos u otras personas que vas conociendo a lo largo de la vida, te pueden gustar o no los profesores de tus hijos.

Las razones por las que puede no gustarnos un profesor son: porque grita a los alumnos, aplica una disciplina muy estricta, o todo lo contrario, sus métodos son demasiado laxos, no sabe explicar, manda muchos deberes, no presta la suficiente atención a tu hijo… ¿Qué debemos hacer si le tomamos manía al profesor?

1- Nunca expreses tu antipatía por el profesor delante del niño: quizás, aunque no compartas su metodología, el niño tiene un buen concepto del él. Expresar ante el niño el rechazo que sientes, los desacuerdos que mantienes y lo deseoso que estás de que acabe el curso, no harán otra cosa que trasladar todas esas emociones al niño. Lo confundirás, lograrás que nazca en el niño también antipatía, desgana por las clases y poco respeto al maestro.

2- Valorar en su justa medida en qué se equivoca: debes razonar si realmente es un mal profesor cuyos métodos están afectando a los alumnos y merece la pena tomar medidas importantes, o simplemente es una antipatía personal porque preferirías otro tipo de profesor, es decir, no es malo, pero tampoco es bueno.

3- Explica a tu hijo cuál es el papel del profesor: en ocasiones los niños esperan que sus profesores les presten toda la atención o simplemente no encajan del todo pero no se está produciendo ninguna situación abusiva. Si el niño se queja del profesor constantemente es posible que tú le tomes antipatía. Pero, cuando solo se trate de diferencias de caracteres, es un momento para enseñar al niño a sacar lo mejor de la situación, a entender que siempre se encontrará en la vida con personas con las que tiene diferencias y habrá de lidiar con ellas. Y tú, habrás de hacer lo mismo.

4- Habla con el profesor: tenemos una costumbre muy extendida de quejarnos de puertas para adentro, en los grupos de WhatsApp o ante los niños, pero en pocos casos exponemos nuestro parecer ante el principal implicado, el maestro. Si no estás de acuerdo con algo y piensas que está causando un perjuicio al niño, pide una tutoría para tratar el problema. Intenta ser proactivo, y llegar a un entendimiento por el bien de tu hijo. Lleva la conversación de forma positiva, no amenazante o inquisitoria. Si entras atacando, el profesor se pondrá a la defensiva y habrá poco que hacer.

5- Mantente pendiente en todo momento: pregunta al niño por lo que hacen en el aula sin que sea un tercer grado y sin que note tu desagrado, interésate cada día. Intenta participar en alguna dinámica de clase si es posible que vayan padres a dar charlas, y ves con tus propios ojos la actitud de los alumnos y el profesor.

6- Habla con el jefe de estudios: si crees que hay un verdadero problema en el aula y el profesor no se comporta como debiera, grita a los alumnos, les habla mal o incluso les humilla dirígete a la jefatura de estudios o al mismo director. Expone el problema, en ocasiones se realizan reuniones en las que el colegio trata de mediar entre el padre y el profesor. En algunos casos, se permite que el niño pueda cambiarse a otra clase si la queja está justificada. Cuando el asunto es serio, puedes incluso pedir que se inicie un protocolo para la apertura de un expediente disciplinario si procede.

Para terminar, una reflexión… Apartar al niño de cualquier problema, incluso los nimios y pequeños, no le ayudarán a afrontar una vida en la que se encontrará con personas que le ayudarán, otras que le ignorarán y otras que le pondrán piedras en el camino. Es la sobreprotección, el mal que afecta a nuestros hijos hoy en día según los expertos.

Siempre que el profesor no esté causando un daño emocional en el niño, debemos tragarnos nuestra antipatía y ayudarles a afrontar el curso con motivación y ganas para sacar todo su potencial.

Fuente: guiainfantil.com