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Mi hijo no quiere estudiar, se niega completamente

La tarea de ayudar a un niño con sus estudios y actividades escolares, se convierte en un desafío titánico, o un mundo apasionante y complejo, dependiendo de la disposición, paciencia y preparación de los padres o aquellas personas a cargo del niño.

¿Por qué mi hijo no quiere estudiar?

Podría citar: “El éxito de los padres, son sus hijos”. En vista de lo expuesto estos serían parte de los diversos factores que nos entregan indicios del porque nuestros niños no quieren estudiar y una de las causas más frecuentes es la desmotivación y partiendo de allí debemos indagar y hacer un seguimiento diario con debidos registros, bien sea en el hogar o en la escuela.

Esto debe de realizarse a cabo con sentido y concordancia de ambos padres en pro del desarrollo integral en el niño o en su defecto el adolescente.

Causas por la qué los niños no quieren estudiar

Posibles causas más frecuentes en los niños que se niegan a estudiar:

  1. Causas emocionales: En muchos niños la causa principal es la tristeza, el agotamiento o tienen miedo posiblemente por atravesar alguna situación en el hogar u en la escuela y esto lo desmotiva para estudiar.
  2. Baja autoestima: Bien sabemos que todos los seres humanos son seres individuales con potenciales, aptitudes e inclinación hacia algunas materias y si no se siente cómodo en una o no le va también como desea en otras, su estabilidad emocional se frustra creando un conflicto emocional al no encontrar solución.
  3. Dificultad de aprendizaje: Bien sabemos que no todos los infantes son iguales, no tienen la misma rapidez o poseen la misma dificultad para comprender alguna información.
Consejos para que estudie

Algunos consejos que le podemos dar de ayuda para tratar que los niños y adolescentes estudien son:

  1. Cuando se detecta que el niño tiene algún problema emocional bien sea en casa o en la escuela es de vital importancia que busques ayuda profesional para ayudar al niño y para que el profesional le otorgue las orientaciones y herramientas necesarias en el caso de su hijo.
  2. Es determinante el ambiente donde se desenvuelve el niño; los primeros años del niño juegan un papel relevante en su desarrollo integral, por tal motivo los padres deben ofrecer un clima de paz, tranquilidad, amor y seguridad cuando a un paquete de derechos y deberes.
  3. Crear en los niños un alto grado de lo que es la responsabilidad desde el inicio de su etapa escolar y no debemos de obligarlos a estudiar. Un error que suelen cometer los padres es obligar a sus hijos a estudiar cuando ellos ya saben y logran comprender que el estudio es un deber y por ende lo harán.

Con esto recalcarles que a través del estudio obtendrán los conocimientos necesarios y las respuestas a sus inquietudes e incertidumbres, además de labrarse un camino a futuro que les permita una senda que mediante esfuerzo y merito podrá alcanzar un éxito implacable como es el sueño de muchas personas el gozar una vida digna y productiva en todo el sentido moral y ético de las mismas palabras.

Fuente. escuelaenlanube.com

Por qué la voz de las madres tiene superpoderes

La voz de una madre es única. Pero además, tiene superpoderes. Es lo que afirma un último estudio científico, que ha sido capaz de demostrar dos cosas: que la voz de una madre es siempre la favorita de sus hijos y que además es capaz de ejercer un poder especial sobre sus emociones y habilidad para comunicarse.

5 superpoderes de la voz de la madre

Es lo primero que escuchamos mucho antes de nacer. La voz de la madre atraviesa el líquido amniótico y llega hasta nuestro oído con una dulce sensación de protección. La escuchamos en todas sus versiones: suave, sutil, melódica, crispante, histriónica… Nos llega como un halago, un grito, una nana. Es tan personal que un niño sería capaz de reconocerla sin dudar entre muchas otras voces.

Sí, hasta ahora sabíamos que la voz de la madre es especial. Pero un estudio, elaborado por científicos de la Escuela de Medicina de la Universidad de Stanford, en Palo Alto (California, Estados Unidos), va más allá. Ha conseguido demostrar que la voz de la madre tiene todos estos poderes:

1. Ejerce más poder que ninguna otra. El cerebro del niño se compromete más con la voz de su madre. Es decir: la voz de la madre ejerce más influencia sobre su hijo. Lo que diga tiene mucha más repercusión que lo que le diga cualquier otra persona.

2. Influye en la capacidad de comunicación de su hijo. La voz de la madre también activa la región del cerebro de reconocimiento lingüístico. Sin duda, es la gran maestra a la hora de enseñar a hablar al niño. Pero además es una gran maestra a la hora del desarrollo de la comunicación social.

3. Mejora la autoestima. Otra de las zonas del cerebro que reaccionan ante la voz de la madre es aquella que aporta información de uno mismo. Todo lo que su madre diga de su hijo tiene especial incidencia en la forma en la que el niño se ve a sí mismo. De ahí que pueda tener un poder especial para apoyar a su hijo y aumentar su autoestima.

4. Es el principal apoyo emocional. Las zonas del cerebro más activas al escuchar la voz de la madre son las que manejan las emociones. De ahí que tenga especial influencia sobre le desarrollo de la inteligencia emocional de su hijo.

5. Beneficia la memoria. La voz de una madre hace que se active también la zona del cerebro de reconocimiento facial. Ayuda a recordar rasgos y gestos e incentiva el desarrollo de la memoria.

El cerebro del niño muestra más actividad ante la voz de la madre

En este experimento participaron una treintena de niños de entre 7 y 12 años. Un 97%  reconoció la voz de su madre entre muchas otras. Mediante resonancia magnética se detectó la actividad en su cerebro al escuchar la voz de su madre. Cada vez que oían a su madre hablar, aunque fueran palabras sin sentido, se activaban zonas del cerebro relacionadas con las emociones, zonas del cerebro que asignan valor a los estímulos de recompensa y la zona del cerebro que otorga una idea sobre uno mismo.

La voz de la madre, por lo tanto, incide más que ninguna en el campo social, emocional y lingüístico de los niños. Los científicos piensan que puede ser una vía de estudio para aclarar qué ocurre en el caso de los niños con problemas comunicativos, como es el caso de los niños autistas.

Fuente: guiainfantil.com

Cuidar de los hijos cansa más que trabajar: ¡lo dice la ciencia!

Ayudar en la casa, administrar las actividades extracurriculares, preparar la lunchera… Criar a un hijo no es una tarea fácil pero, por amor a los pequeños, muchos padres terminan descubriendo habilidades que nunca habían imaginado que tenían.

De un modo general, ser madre o padre en tiempo completo no es reconocido por la sociedad como una actividad compleja que, así como otros trabajos ejercidos fuera de casa, exige mucha dedicación. Quienes asumen esta responsabilidad reciben cuestionamientos del tipo: «¿Por qué estás cansado? No trabajas, solo cuidas a los niños.»

Cuidar de los hijos cansa más que trabajar

Rebatiendo este cuestionamiento, un estudio de la Universidad Católica de Lovaina, en Bélgica, concluyó que cuidar de los hijos cansa más que trabajar. En esta investigación, 2 mil padres fueron encuestados, y 1 de cada 10 afirmó que cuidar a los hijos compromete la salud emocional y física.

Los resultados mostraron que el 13 % de los participantes poseía altos niveles de cansancio y sentimiento de incapacidad. Los índices varían del 11,6 % para los padres al 12,9 % para las madres.

Fatiga parental

La fatiga parental es una ramificación del síndrome de fatiga, un problema psíquico causado por la sobrecarga y el estrés extremo, generalmente en el trabajo y en este caso, al cuidar a los hijos. Las causas exactas del problema no son conocidas, pero se sabe que está ligado a la sobrecarga cognitiva.

«Si trabajas al límite de tu capacidad por mucho tiempo, hay agotamiento nervioso y consecuentemente, fatiga», afirma el psiquiatra Fernando Portel, de la Asociación Brasileña de Psiquiatría (ABP). Lo mismo sucede cuando cuidamos a los niños.

Así que ya sabes, el cuidado de los hijos y la casa también es trabajo.

Fuente: vix.com

Los hijos no se “pierden” en la calle, sino dentro de casa

“Sembrad en los niños buenas ideas, aunque hoy no las entiendan el futuro se encargará de hacerlas florecer” (María Montessori)

Los hijos no se “pierden” en la calle. De hecho, esa pérdida se inicia en el propio hogar con ese padre ausente, con esa madre siempre ocupada, con un cúmulo de necesidades no atendidas y frustraciones no gestionadas. Un adolescente se desarraiga tras una infancia de desapegos y de un amor que nunca supo educar, orientar, ayudar.

Empezaremos dejando claro que siempre habrá excepciones. Obviamente existen niños con conductas desadaptativas que han crecido en hogares donde hay armonía y adolescentes responsables que han conseguido marcar una distancia de una familia disfuncional. Siempre hay hechos puntuales que se escapan de esa dinámica más clásica donde lo acontecido día a día en una casa marca irremediablemente el comportamiento del niño en el exterior.

En realidad, y por curioso que parezca, un padre o una madre no siempre termina de aceptar este tipo de responsabilidad. De hecho, cuando un niño evidencia conductas agresivas en un centro escolar, y se toma contacto con los padres por parte del tutor, es habitual que la familia culpabilice al sistema, al propio instituto y a la comunidad escolar por “no saber educar”, por no intuir necesidades y aplicar adecuadas estrategias.

Si bien es cierto que en lo que se refiere a la educación de un niño todos somos agentes activos (escuela, medios de comunicación, organismos sociales…), es la familia la que hará germinar en el cerebro infantil el concepto de respeto, la raíz de la autoestima o la chispa de la empatía.

Los hijos, el legado más importante de nuestro futuro

H. G Wells dijo una vez que la educación del futuro iría de la mano de la propia catástrofe. En su famosa obra “La máquina del tiempo”, visualizó que para el año año 802.701, la humanidad se dividiría en dos tipos de sociedad. Una de ellas, la que vivíría en la superfice, serían los Eloi, una población sin escritura, sin empatía, inteligencia o fuerza física.

Según Wells, el estilo educativo que predominaba en su época ya apuntaba resultados en esta dirección. El inicio de las pruebas estandarizadas, de la competitividad, de las crisis financieras, del escaso tiempo de los padres para educar a sus hijos y de la nula preocupación por incentivar la curiosidad infantil o el deseo inherente por aprender hacían ya que, en aquellos albores del siglo XX, el célebre escritor no augurara nada bueno para las generaciones futuras.

No se trata de alimentar pues tanto pesimismo, pero sí de poner sobre la mesa un estado de alerta y un sentido de responsabilidad. Por ejemplo, algo de lo que se quejan muchos terapeutas, orientadores escolares y pedagogos es de la falta de apoyo familiar que suelen encontrarse a la hora de hacer intervención con ese adolescente problemático, o con ese niño que evidencia problemas emocionales o de aprendizaje.

Cuando no hay una colaboración real o incluso cuando un padre o una madre desautoriza o boicotea al profesional, al maestro o al psicólogo, lo que conseguirá es que el niño, su hijo, continúe perdido. Aún más, ese adolescente se verá con más fuerza para seguir desafiando y buscará en la calle lo que no encuentra en casa o lo que el propio sistema educativo tampoco ha podido darle.

Hay niños difíciles y demandantes que gustan actuar como auténticos tiranos. Hay adolescentes incapaces de asumir responsabilidades, y que adoran sobrepasar los límites que otros les imponen acercándose casi hasta la delincuencia. Todos conocemos más de un caso, sin embargo, hemos de tomar conciencia de algo: nada de esto es nuevo. Nada de esto lo ocasiona Internet, ni los videojuegos ni un sistema educativo permisivo.

Al fin y al cabo estos niños evidencian las mismas necesidades y conductas de siempre contextualizadas en nuevos tiempos. Por ello, lo primero que debemos hacer es no patologizar la infancia ni la adolescencia. Lo segundo, es asumir la parte de responsabilidad que nos toca a cada uno, bien como educadores, profesionales de la salud, divulgadores o agentes sociales. Lo tercero y no menos importante, es entender que los niños son sin duda el futuro de la Tierra, pero antes que nada, son hijos de sus padres.

Los ingredientes de la auténtica educación

Cuando un profesor llama a una madre o a un padre para advertirles de la mala conducta de un niño, lo primero que siente la familia es que se está poniendo en tela de juicio el amor que sienten por sus hijos. No es cierto. Lo que ocurre, es que a veces ese afecto, ese amor sincero se proyecta de forma errónea.

• Querer a un hijo no es satisfacer todos sus caprichos, no es abrirle todas las fronteras ni evitar darle negativas. El amor auténtico es el que guía, el que inicia desde bien temprano un sentido real de responsabilidad en el niño, y que sabe gestionar sus frustraciones dando un “NO” a tiempo.

• La educación de calidad sabe de emociones y entiende de paciencia. El niño demandante no detiene sus conductas con un grito o con dos horas de soledad en la propia habitación. Lo que exige y agradece es ser atendido con palabras, con nuevos estímulos, con ejemplos y con respuestas a cada una de sus ávidas preguntas.

Hemos de tomar conciencia también de que en esta época donde muchas mamás y papás están obligados a cumplir jornadas de trabajo poco o nada conciliadoras con la vida familiar, lo que importa no es el tiempo real que compartamos con los hijos. Lo que importa es la CALIDAD de ese tiempo.

Los padres que saben intuir necesidades, emociones, que están presentes para guiar, orientar y para favorecer intereses, sueños e ilusiones, son los que dejan huella y también raíces en sus hijos, evitando así que esos niños las busquen en la calle.

Fuente: lamenteesmaravillosa

Hijos, ustedes también tienen obligaciones con sus padres

Los padres llegan a una edad adulta con condiciones físicas que requieren de cuidados, es necesario que sean los hijos quienes les brinden atención.

Si bien el cuarto mandamiento de la Ley de Dios dice ‘Honrar a padre y madre’, esto es algo que no todos los hijos cumplen.

El motivo por el cual los hijos deben tener alguna obligación con el papá o mamá es, según los expertos, la gratitud.

“No existe ninguna responsabilidad legal, el deber sería de tipo moral, es decir que aunque el estado no me obligue a responder por mis padres, las relaciones parentales crean vínculos que producen obligaciones o responsabilidades”, explicó Carlos Guillermo Mahecha Montaña, Psicólogo con especialidad en Desarrollo Humano.

Es probable que en algunas ocasiones sean los padres los que no quieran recibir las atenciones, pero los hijos deben estar siempre junto a ellos, brindándoles demostraciones de cariño.

Un compromiso con amor

La primera obligación de los hijos con sus padres es cuidarles, ofreciéndoles la seguridad, la atención y el cariño que ellos recibieron de pequeños.

De acuerdo con Mahecha Montaña, son los padres de familia quienes se ganan el respeto de sus hijos y no es algo que esté en el instinto de un ser humano, “todo dependerá de la forma como se estableció la relación parental”.

A medida que se van creciendo los hijos- vivan en la casa paterna o fuera de ella, o tengan formada su propia familia- deben asumir obligaciones morales y familiares con sus padres, “los que les dieron todo lo que necesitaban, para llegar donde han llegado hoy”.

“La responsabilidad familiar es un sentimiento de gratitud. Todo cambia si los papás nunca tuvieron responsabilidades con ellos”, precisó el Psicólogo especialista en Desarrollo Humano.

Preguntas y respuestas

Carlos Guillermo Mahecha Montaña, Psicólogo especialista en Desarrollo Humano

 ¿Deben tener los hijos obligaciones con sus padres de edad adulta?

Legalmente no existe una ley que obligue a los hijos, la responsabilidad sería de tipo moral. Desde esa perspectiva, la obligación de un hijo es velar por el bienestar de sus padres, tratar de que sus padres estén bien.

¿Cuál debe ser la función de los hijos hombres?

-En una familia donde no hay hijas mujeres, los hombres deben generar lo que puedan con el fin de brindarles bienestar, pero deben buscar desde sus posibilidades la manera de ofrecer comodidades a sus padres.

-¿Deben delegarse funciones entre los hijos?

Lo único que se le puede exigir a un adulto es la responsabilidad en términos del vínculo familiar. Entre la familia debemos protegernos y cuidarnos. El sentimiento de gratitud que se le tiene al padre, gracias a que ellos desde bebés se preocuparon por darle cuidado y bienestar, les corresponde responder a estas acciones que hicieron.

Sin límites

La principal obligación moral, familiar y cívica que tienen los hijos es atender a sus padres, de acuerdo con los expertos, sacrificando, incluso, el bienestar de su familia. Aunque esto no siempre se convierte en un problema, ya que algunas familias son incluyentes y no les importa que sus abuelos convivan con ellos. Pero hay otras personas que ignoran las necesidades de los padres desde el mismo momento que abandonan la casa, voluntaria o involuntariamente

Los hijos tienen que mantener las relaciones parentales en el lado afectivo, una comunicación constante, fomentar el apoyo moral, ayuda emocional, y atención, en caso de una enfermedad.

Voz del experto

Antonio Angarita

Sicólogo

¿Se puede enseñar a los hijos a atender a sus padres?

No, eso hace parte de la voluntad de la persona. Es muy difícil enseñar ese tipo de cosas, si no me nace atender a mis padres con respecto a sus necesidades o compañía. Es algo que se construye desde la infancia; si mi papá me dio afecto, cariño y protección, eso me determina agentes de personalidad que me van a volver afectivo y corresponderé en la adultez.

¿Cómo lograr que exista una reciprocidad de afecto, compañía y protección con los papás?

No necesariamente debe existir reciprocidad porque muchas veces hay ingratitud en el ser humano y aplica para los diferentes vínculos afectivos. Lo primordial es brindarles a los hijos amor desde pequeños, eso fundamenta bases de formación como adulto y de personalidad, sin dejar de ejercer la autoridad. Tener hijos no garantiza que se vaya a estar acompañado en la vejez.

¿Cómo evitar que los hijos abandonen a sus padres?

Una forma de evitar es estrechando los lazos desde la infancia, también sosteniendo un diálogo constante entre la familia. Hay personas que abandonan la casa y se desprenden de todo sentimiento a sus padres.

¿Existe justificación de que los hijos no atiendan a sus padres?

En algunos casos si. Cuando la familia es disfuncional, hay personas que nunca debieron tener hijos, ya que no tienen apego afectivo (…) no tienen esa condición para asumir esa responsabilidad, no pueden pretender que cuando el hijo sea adulto tengan algún compromiso con ellos.

Fuente: vanguardia.com

Cambios en el comportamiento del niño ante la llegada de un hermano

La llegada de un nuevo bebé supone una inmensa alegría, pero también importantes cambios en la estructura y las rutinas familiares. La llegada de un nuevo hermanito supone que nuestro día a día se altera por completo, nuevos horarios, nuevas rutinas, nuevas necesidades que atender…

Y, los hermanos mayores, aunque ilusionados y felices por ese nuevo miembro de la familia, son los que más pueden sufrir ese cambio de estructura familiar. Así es cómo puede cambiar el comportamiento del niño ante la llegada de un hermano.

Cambios en el niño ante la llegada de un hermano

Para los niños, la llegada de un hermano supone un nuevo papel en la familia, un cambio de estructura y de roles en casa. Si es hijo único pasa a ser el mayor, y si es el pequeño pasa a ser el “del medio”.  Además, los papás tenemos que repartir nuestra atención y nuestras muestras de afecto a un nuevo miembro de la familia, y es el bebé el que acapara la atención de los adultos del entorno.

Es de suponer que estos cambios puedan afectar al comportamiento del hermano o hermanos mayores, despertando ciertos “celos” en ellos que conllevan o pueden conllevar cambios en su conducta e incluso tener regresiones, y volver a etapas que parecía que tenía superadas. Todos estos cambios que se dan en el niño son normales y desaparecen con el tiempo, pero es importante que los papás les echemos una mano:

– No es raro que haya niños que con la llegada de un hermano empiecen a hablar como si fueran pequeños.

– Nos reclamen para tareas para los que ellos eran autónomos. Por ejemplo, niños que saben comer solos y de pronto nos piden que les demos de comer porque ellos no saben. O niños que dormían solos y ahora nos reclaman que durmamos con ellos o nos piden que les durmamos. Estas regresiones a una etapa pasada son el resultado del pensamiento del niño que cree que si al bebé le hacen más caso, entonces comportándose como bebés les harán más caso también a ellos.

– Puede ocurrir que el niño presente un carácter más irritable, o se muestre más sensible y llore con facilidad o se enfade sin motivo aparente. Es resultado de la tensión emocional que están viviendo, y que no sabe cómo gestionar, ya que no tiene las herramientas necesarias para ello.

– Hay ocasiones que el niño de pronto empieza a no querer que uno de los progenitores se haga cargo de él. Por ejemplo, no quiero que papá me acueste o me dé de comer y quiero que sea mamá, o al contrario, puede ocurrir que “no quieran ” a mamá y reclamen todo el rato al papá para hacer todo con ellos.

– Tampoco es extraño que los niños quieran molestar a sus hermanos pequeños, les quitan el chupete, o les despiertan , o incluso les regañan como si fueran “sus padres”.

Todos estos comportamiento no son más que llamadas de atención, y no debemos alarmarnos. Lo importante es cómo gestionemos estos celos en los hermanos mayores, ya que en gran medida, de la actuación de los padres depende que ese comportamiento se atenúe o se agudice.

Cómo ayudar al niño ante la llegada de un hermano

– Preparar al hermano mayor y hacerle partícipe de la llegada del nuevo hermano.Que participe en la preparación de las cosas del bebé, que elija algún juguete o algo de ropita para su hermanito.

Mantener las rutinas de los mayores en la medida de lo posible. Si le leíamos un cuento antes de dormir, y ahora no lo hacemos porque no tenemos tiempo con el bebé, se sentirá muy desplazado y culpará al hermano de la situación.

– Evitar “idealizar” los beneficios de tener un hermano, (vas a poder jugar con él, y tendrás un amigo, y le ayudarás a un montón de cosas)  ya que  la realidad inmediata es que todas esas cosas estupendas van a tardar en llegar, ya que el bebé al principio, no es buen compañero de juegos.

– Ignorar sus malos comportamientos y reforzar los buenos.

– Recordarle todas las cosas que podemos hacer con él y no con el hermano.

Dedicarle sus momentos en exclusividad, (el baño, llevarle a jugar…) y que papá y mamá se vayan alternando, para que sean momentos con los dos.

– Le podemos involucrar en las tareas de cuidado del bebé y hacerle ver que su ayuda es muy importante.

Nunca comparar a los hermanos, bajo ningún concepto y evitar esa frase tan típica de…”Eres el mayor, cuida de tu hermano, hijo no hagas eso que tu hermano pequeño…cuidado con tu hermano que es pequeño…”

Fuente: guiainfantil.com

Un año nuevo: gran ocasión para motivar a los niños

Pronto empieza un nuevo año y es normal que muchos de nosotros deseemos que nuestros planes y proyectos fructifiquen o, al menos, que estén bien encaminados.

Esta es una buena ocasión para enseñar a nuestros hijos a ponerse pequeños objetivos en los que trabajar durante el Año Nuevo, o ante el comienzo de cualquier etapa importante en sus vidas. La motivación es el motor que nos mueve a lograr los objetivos que nos hemos propuesto.

Propósitos de Año Nuevo para la familia

Si logramos estimular a nuestros hijos a coger las riendas de sus propósitos, es lo mismo que conseguir un niño motivado, con autoestima alta y buena disponibilidad para superar dificultades, e ir mejorando y creciendo en todos los aspectos de la vida.

La profesora de mi hijo, al principio de curso, incitó a todos sus alumnos a escribir aquello que querían conseguir para el nuevo curso, no se trataba de aspectos académicos (de eso se ocuparía ella), sino personales, de actitud ante una nueva etapa.

Mi hijo escribió algo como: Este curso quiero ser un buen amigo. Obedecer a la profe, ser buen alumno, trabajador y buen deportista. Quiero ser feliz y ser un poco más maduro y generoso.

Todos los alumnos, una vez escritos sus propósitos colgaron sus intenciones en el tablón de corcho de la clase para tenerlo presente y ojearlo durante el año escolar.

A mí me pareció una idea excelente; al final del curso todos podrían leer aquello a lo que habían aspirado, y conocer si finalmente lo habían conseguido o no.

Pero lo más importante, en mi opinión, no está tanto en conseguirlo o no, sino en trabajar para lograrlo, en hacerlo presente y en valorar el esfuerzo de nuestros hijos por conseguirlo.

Mover a nuestro hijo a tener pequeños planes y a motivarles en su realización, le ayudará, sin duda, a tratar de mejorar y trabajar su comportamiento, su responsabilidad, su compañerismo, su ilusión…, cosas muy sencillas que le ayudará a crecer. Los niños tienen que aprender a conocerse a sí mismos, a saber que ellos pueden, con su esfuerzo, recoger los frutos de las pequeñas semillas que han sembrado.

Animemos a nuestros hijos a escribir en unas breves líneas sus propósitos para el nuevo año, no condicionados por nosotros, sino desde su propia motivación, desde sus jóvenes mentes, desde su propia reflexión y sinceridad.

Fuente: guiainfantil.com

 

Padres separados en Navidad

Si éste es uno de tus primeros años dividiendo la Navidad, no te desesperes. Aunque te resulte extraño hacerlo por primera vez, adereza tus fiestas navideñas con dosis de naturalidad, humor, generosidad y buen rollo. Con este coctel, te asegurarás un ambiente relajado y agradable para tus hijos. En definitiva, una Navidad feliz que, como me decía una amiga el otro día, es lo que interesa.

¿Qué hacemos con los niños? ¿Con quién pasarán la Navidad y el día de Reyes? ¿Cómo les afectarán estos cambios? Periodo de reuniones familiares por excelencia, la Navidad complica un poco las relaciones de las familias de padres separados o divorciados y convierte en una lucha competitiva la compañía de los hijos en estas fechas señaladas. Te decimos cómo mejorar la relación de padres separados en Navidad.

Cómo llegar al cuerdo entre padres separados en Navidad

Dónde comer o cenar los días de Nochebuena, Navidad, Nochevieja, Año Nuevo y Reyes con o sin los niños es el dilema al que se enfrentan los padres separados en Navidad cada año.

Es normal que estas fechas se conviertan en una época especialmente difícil para ellos, pues la separación supone muchos cambios en la estructura familiar. Sin embargo, hay que normalizar.

Es cierto que los niños ahora tienen dos hogares y que deben repartir sus vacaciones en distintas casas e incluso en distintos lugares o destinos. Por este motivo, los expertos aconsejan que conviene huir de complicaciones, evitar separar a los hermanos, respetar las tradiciones, si las hay, respecto a dónde pasar las fiestas, con una familia o con otra, para que los niños puedan relacionar la Navidad con los abuelos maternos y la Nochevieja con los paternos, por ejemplo

También hay que evitar comparaciones y comentarios sobre con quién se lo pasan mejor o críticas sobre las costumbres navideñas del cónyuge y su familia.

El asunto de los regalos a los niños es otro de los asuntos espinosos en las Navidades de las familias de padres separados. La tendencia a competir por el afecto de los niños con el regalo más caro o a montar expectativas por la elección de aquel que más ilusión les haga es uno de los errores más comunes y nocivos para la familia en general.

No te compliques, llegar a un acuerdo es lo que mejor funciona. Conviene hacer un esfuerzo por acercar posturas y criterios. Piensa que la desintegración de su unidad familiar preocupa a tus hijos y en Navidad notan más que el mundo en el que vivían se ha roto. Esfuérzate por crear un ambiente seguro y agradable para ellos.

Los que hacemos tristes o alegres la Navidad para los niños somos los padres. Siendo realistas con la situación y con un poco de esfuerzo para evitar discursiones, aunque no se tenga el cuerpo para celebraciones, podemos contribuir a crear un ambiente relajado que repercuta positivamente en la estabilidad emocional de los niños.

Marisol Nuevo. Guiainfantil.com

Cómo inculcar valores a tus hijos

Debes enseñar a tu hijo a pensar por sí mismo y decidir sobre su vida de manera constructiva.

En un mundo violento, lleno de delincuencia e injusticias, donde los valores morales están en crisis a diario te preguntas: ¿cómo inculcar valores a tus hijos?

La ética y la crianza con valores sirve para no caer en la indiferencia, en el “todo se vale” y lograr personas capaces de distinguir lo que vale y lo que está bien como base del sentido que le damos a nuestra vida.

Es muy importante que como padres manifiesten un rechazo radical a la violencia y la dominación, y ofrezcas a los niños vías positivas (como el arte, el deporte o el juego) para manifestar sus enojos, frustraciones, su agresividad, fuerza y deseos de éxito. Recuerda que en la vida diaria hay que enseñar con el ejemplo.

Mira cómo inculcar valores a tus hijos:

  • Libertad y autonomía: Debes transmitir a nuestros hijos la necesidad de formar el criterio para que a partir de la reflexión puedan saber qué posibilidades son mejores que otras, sin delegar la decisión a alguien externo como la escuela, la religión o la ley (o no únicamente).
  • El bien común: Es responsabilidad de los papás enseñarle a sus hijos el respeto, la tolerancia, la no discriminación y la posibilidad de armonizar a partir de la empatía.
  • La razón: Es tener la posibilidad de resolver los conflictos personales e interpersonales por la vía racional, con el lenguaje, la comunicación y la negociación. Como padres, esto se traduce en ayudar a nuestros hijos a expresarse, a ponerle nombre a lo que sienten e identificar los momentos de enojo y la necesidad de salir de ellos antes de poder hablar. La posibilidad para el diálogo debe estar siempre abierta y siempre ser conscientes de las consecuencias.

En sus primeros años así puedes inculcarle valores:

De 0 a 6 años: Durante los primeros seis años, los padres van diciendo a sus hijos cuándo sí y cuándo no a lo que quieren o deben hacer, pues los niños no tienen la capacidad para decidirlo por sí solos. Si las reglas son claras, los niños saben a qué atenerse, las respetan y las vuelven “legales” de modo interno.

De 6 a 12 años: En esta etapa desarrollan la empatía y empiezan a ser responsables de sus acciones. Necesitan explicaciones más cuidadosas y pensadas.

A partir de los 12 años: Surgen inquietudes sobre el porqué de las cosas, sentimientos como la compasión o el altruismo y la capacidad de considerar situaciones concretas en la aplicación de las normas.

Fuente: bbmundo.com

¿Por qué en Japón los niños obedecen a sus padres y no suelen tener rabietas?

Japón es un país maravilloso. Todo el mundo admira la determinación de los japoneses, su temperamento reservado y el deseo de vivir en armonía con la naturaleza y con la gente. Y no es la lista completa de las peculiaridades de su carácter que podríamos asimilar. Nosotros respetamos profundamente a esa nación y queremos compartir contigo el enfoque japonés para educar a los hijos.

Lo primero que llama la atención en el país del sol naciente es que las generaciones se entienden de forma extraordinaria. Parece que los hijos jamás tienen rabietas. Una de las razones de tal armonía es una tradición del pasado que consiste en pasar tiempo de calidad con sus hijos.

Desde hace mucho tiempo, las madres combinaban la crianza de sus hijos con el trabajo. Con una tela, la mamá amarraba al bebé a su cuerpo y así siempre permanecían juntos. Al mismo tiempo, la mamá siempre narraba todo lo que hacía y hablaba con su hijo, lo cual le permitía sentirse involucrado en todos los procesos y desarrollarse constantemente. Antes era bastante común que los bebés primero empezaran a hablar y luego a caminar.

Hoy en día, vayan a donde vayan y hagan lo que hagan, las mamás japonesas siempre tienen a sus bebés con ellas usando mochilas portabebé.

Por lo general, la mamá se queda en casa hasta que el bebé cumpla 3 años, después de eso lo empiezan a llevar al kínder. También hay grupos para niños menores de 3 años pero esa opción no les parece tan buena a los japoneses, así como dejar al bebé con los abuelos es totalmente inaceptable.

Desde muy pequeño, al niño se le enseña a prestar atención a los sentimientos, tanto los suyos, como de las demás personas e, incluso, a los objetos. Si un bebé travieso rompe su juguete favorito, su mamá no tomará ninguna medida drástica, solamente le dirá: «Lo lastimaste».

No solo las mujeres se ocupan de los niños. También los hombres los cuidan con gusto. A los niños literalmente no les falta ni la atención ni los abrazos de sus padres. No se acostumbra levantar la voz, dar sermones ni mucho menos castigar físicamente. Los hijos, a su vez, por lo general sienten culpa y remordimiento si les causan a sus padres algunos inconvenientes.

Desde temprana edad se les enseña que deben respetar a los demás, que hay que ser amable con todo el mundo. Los japoneses muestran su inconformidad con la mirada y las entonaciones de la voz. Los hijos saben percibir cuando los padres no aprueban su conducta, e intentan corregir su comportamiento.

Para resumir, podemos decir que en Japón los niños reciben una gran cantidad de amor y cariño de sus padres, y también desde pequeños asimilan los principios de la sociedad. Por supuesto, este sistema de educación es distinto al de algunas familias de occidente, y a algunos incluso les puede parecer parodójico. Sin embargo, ha estado comprobado durante siglos y ayuda a educar cuidadanos disciplinados y respetuosos.

Fuente: logicaecologica.es