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Hoy se conmemoran 48 años de la muerte de los Palmeros

Luego de casi dos meses de intensa búsqueda son localizados, en la noche del día anterior, cuatro de los miembros del denominado grupo “Los Palmeros” (“Comandos de la Resistencia”), que supuestamente habían perpetrado el robo del Royal Bank of Canada de la sucursal de Naco el 8 de noviembre de 1971, en una casa situada en el kilómetro 14½ de la autopista la autopista de Las Américas.
Inmediatamente fueron desplegadas fuerzas conjuntas del Ejército y la Policía Nacional, comandadas por el Contralmirante Marina de Guerra Ramón Emilio Jiménez, Secretario de las FF.AA.; y los generales Neit Nivar Seijas, Jefe de la Policía Nacional; y Salvador Lluberes Montás (Chinino), las cuales cercan la vivienda en el transcurso de la noche.
El día 12 de enero del año de 1972 se iniciaron los acontecimientos casi bélicos que se desarrollaron en las proximidades del Km. 14 de la autopista de Las Américas, cuando las fuerzas de seguridad del régimen del doctor Joaquín Balaguer ubicaron a los jóvenes revolucionarios del grupo “Comandos de la Resistencia” o Los Palmeros.
Los denominados Palmeros eran jóvenes rebeldes que se oponían al régimen autocrático y despótico que mantenía en el país el doctor Joaquín Balaguer y su camarilla militar.
Su jefe militar era el coronel Francis Caamaño, quien para ese entonces residía en Cuba donde él y sus seguidores aprovechaban las facilidades que les ofrecía el régimen comunista de Fidel Castro Ruz.
En el país, los líderes de los Palmeros eran los jóvenes Miguel Cocco (Jefe Político) y Amaury Germán Aristy (Jefe Militar).
Virgilio Perdomo Pérez, Amaury Germán Aristy, Bienvenido Leal Prandy ( La Chuta) y Ulises Cerón Polanco, fueron localizados por fuerzas militares en una casa que les servía de refugio en donde fueron atacados en la madrugada del miércoles 12 de enero de 1972 sin ninguna mediación previa por parte de las fuerzas militares balagueristas que lograron eliminar dos de ellos, otros dos se refugiaron en una cueva cercana desde donde combatieron resueltamente a los militares y policías atacantes.
Demostrando un valor indoblegable y con más estrellas en la frente que las de todos los generales que los enfrentaron, los jóvenes Palmeros combatieron denodadamente durante varias horas a las fuerzas militares y policiales, dirigidas por los oficiales: Contralmirante Marina de Guerra Ramón Emilio Jiménez (a) Milo, y por los generales E.N. Neit Rafael Nivar Seijas, Jefe de la P.N., y Salvador (Chinino) Lluberes Montás, quienes usaron contra los valientes combatientes, mal armados, cerca de 5,000 hombres, y armamento pesado, incluso armas de artillería pesada, barcos, lanchas, y aviones.
Las bajas del Ejército Nacional fueron ocho: seis rasos y dos oficiales; el primer teniente José Germán Brito Rodríguez y el capitán Virgilio Félix Almánzar.
Otro miembro del grupo, Plinio Matos Moquete fue perseguido tenazmente pero pudo mantenerse oculto en la periferia verde de la ciudad, o en refugios urbanos, haciendo la vida de un solitario guerrillero.
Un año después de la muerte de Amaury y sus compañeros se produjo el desembarco de Caamaño y sus seguidores por playa Caracoles de Azua, iniciando su frustrada guerrilla.

En su libro “El Fiero”, el fallecido guerrillero Hanlet Herman explica que Amaury Germán Aristy y su grupo se llamaban “Los Palmeros” debido a  que el lugar donde se entrenaron, en  Pinar del Río, Cuba, hay muchas palmas. Fue una forma de diferenciarse de las demás milicias revolucionarias que operaban para la fecha. Estaba integrado por Germán Aristy, Ulises Arquímedes Cerón Polanco, Virgilio Eugenio Perdomo Pérez y Bienvenido Leal Prandy (La Chuta).

El plan del líder de la Revolución de Abril, Francisco Alberto Caamaño, fue formar dos frentes guerrilleros contra el gobierno de Joaquín Balaguer. Uno, dirigido por Germán Aristy, lucharía en la ciudad. El otro, comandado por el propio Caamaño, operaría en las montañas.

A esos fines, es que clandestinamente llegan al país Los Palmeros, mientras Caamaño permanece en Cuba. Debían hacer una serie de arreglos, contactos para el regreso de Caamaño al país.

Pero, el 12 de enero de 1972 fueron descubiertos y en una cueva del kilómetro 14 de la autopista Las Américas hubo una épica batalla.

Cuatro jóvenes mantuvieron en vilo, en suspenso (había mucho miedo) a fuerzas combinadas del Ejército, Fuerza Aérea y la Policía, bajo la supervisión del gobierno de Estados Unidos.

Hubo que  traer desde la base militar norteamericana en Puerto Rico un avión de reconocimiento para ubicar, fotografiar la cueva donde estaban los rebeldes.

Nadie podía entrar al lugar. El que lo intentaba recibía un fiero ataque. Tras varias horas sin que la poderosa artillería militar tuviese  éxito, se presentó allí el jefe de la Policía, Neit Nivar Seijas, y gritó: “¡Cooño!  ¿Y es que aquí no hay hombre?”

Indica Virgilio Almánzar, hoy defensor de los Derechos Humanos, que ante esa arenga, su padre que llevaba su mismo nombre, se envalentonó e intentó entrar a la cueva.

Lamentablemente, murieron los cuatro guerrilleros y ocho militares, incluyendo el padre de Almánzar, quien,  paradójicamente, se convirtió en militante revolucionario.

Fuentes: Francisco Berroa y ggnoticias.com

Próceres, héroes y mártires de nuestra independencia

Juan Daniel Balcácer

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Tres categorías clásicas

Un somero examen en torno de quiénes conforman el panteón de nuestros héroes nacionales permitirá constatar que existen tres categorías históricas según las cuales son distinguidas y valoradas, postreramente, las personalidades extraordinarias de una nación. En tiempos modernos se considera prócer al individuo que, en el plano de la civilidad o del intelecto, logra descollar entre la generalidad de sus coetáneos y, en virtud de su accionar público, realiza aportes trascendentales a beneficio de su comunidad. En ciertas esferas del quehacer humano, para alcanzar la categoría de héroe es preciso estar dotado de virtudes singulares y haber acometido proezas memorables que hayan tenido un impacto determinante en el colectivo al que pertenece el individuo. Se dice que héroe o heroína es quien protagoniza un poema, un relato, que deviene personaje central de una narrativa o lleva a cabo, de manera arriesgada, una acción fuera de lo común defendiendo la soberanía e independencia de su patria, principalmente en la guerra. En cambio, el mártir se eleva a planos de reverencias excepcionales en vista de los sufrimientos que le han sido infligidos por sus adversarios en medio de persecuciones, encarcelamientos y torturas físicas provocadas por diferencias políticas, filosóficas, religiosas y étnicas, entre otras causas. Por lo general, la víctima de tantas iniquidades humanas nunca reniega de sus convicciones y llega hasta el extremo de ofrendar su propia vida en defensa de los principios y valores que ha enarbolado en el curso de su lucha, deviniendo así en mártir de una comunidad o un pueblo.  Entre prócer, héroe y mártir existen ciertas similitudes, razón por la cual quienes clasifican en una de esas tres categorías devienen en lo que Emerson denominó “hombres representativos” y, aun cuando no siempre lo logran, pueden pasar a formar parte de la privilegiada nómina de los ocupantes del Panteón Nacional de cada nación.

Las grandes personalidades

 Que los individuos excepcionales son quienes en determinadas circunstancias históricas se destacan por encima de la generalidad de sus contemporáneos, no es materia de discusión. Lo que sí debemos tener presente es que, independientemente de sus condiciones también extraordinarias, esas “grandes personalidades”, como las llamó Carlyle, no imponen sus criterios y forma de pensar de manera caprichosa. La teoría que concibe el proceso histórico únicamente en función de la voluntad de personajes determinados soslaya la circunstancia de que a esos individuos privilegiados no les es dable cambiar voluntariamente el rumbo fundamental del desarrollo social; ni, mucho menos, decidir la forma del régimen social y político en el que habrán de actuar. A tales individuos no les es posible evitar el colapso de un modo de producción caduco ni tampoco crear otro nuevo, por el simple hecho de aspirar a que los fenómenos sociales se subordinen a sus voluntades e intereses personales o de clase.  Jorge Plejánov observó que “el gran hombre lo es no porque sus particularidades individuales imprimen una fisonomía individual a los grandes acontecimientos históricos, sino porque está dotado de particularidades que le hacen el individuo más capaz de servir a las grandes necesidades sociales de su época, surgidas bajo la influencia de causas generales y particulares.” Carlos Marx, en cambio, fue aun mucho más preciso al consignar que: “Los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen a su libre arbitrio, bajo circunstancias elegidas por ellos mismos, sino bajo aquellas circunstancias con que se encuentran directamente, que existen y transmite el pasado”.

Hacia un Panteón Nacional

Conviene repasar brevemente cómo fue conformándose nuestro panteón de la Patria. En la primera mitad del siglo XIX, entre nuestros antepasados hubo preclaras personalidades que realizaron aportes significativos al proceso de definición de lo dominicano y a la vertebración de lo que, andando el tiempo, se constituiría en la nación dominicana. En efecto, un período clave para comprender los cimientos sobre los que se edificó “el ethos” dominicano es el transcurrido entre las postrimerías del siglo XVIII y el año de 1822. Pues bien, de entre los dominicanos que primero se esforzaron por resaltar la importancia de la isla de Santo Domingo para España; luego los que se opusieron a las invasiones haitianas de principio de siglo XIX, después los que lucharon contra la “Era de Francia en Santo Domingo” y, finalmente, los que pudieron fin a la llamada “España Boba”, se destacaron el padre Antonio Sánchez Valverde, Juan Sánchez Ramírez, Andrés López Medrano y José Núñez de Cáceres. De acuerdo con Roberto Cassá, Sánchez Valverde fue el intelectual del criollismo; Sánchez Ramírez, el caudillo de la Reconquista; Núñez de Cáceres, precursor de la independencia dominicana; y López Medrano, un precursor de la democracia. De esas cuatro grandes personalidades, solo los restos de Juan Sánchez Ramírez y de José Núñez de Cáceres yacen en el Panteón de la Patria, el primero como héroe de la Reconquista y, el segundo, en su calidad de prócer de la primera independencia dominicana.

Fuente: listindiario.com