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Textos periodísticos: La columna periodística. ¡Esta clase te encantará!

Rosario Vásquez

Este artículo del Listín Diario que te presentamos es para que tus estudiantes comprendan el tema tratado en la columna periodística  ¿Qué daño hace formar en valores?

Las actividades que hoy les proponemos corresponden al área de Lengua Española; ayudarán a mejorar sus habilidades en comprensión lectora y escritura; e incorporar valores y actitudes sobre crecimiento personal y espiritual.

Artículo que se propone: ¿Qué daño hace formar en valores?

Género: Artículo de opinión

Tema: La enseñanza de valores a través de la lectura de la Biblia

Escrito por: Dra. Margarita Cedeño

Fecha de publicación: martes 23  de octubre 2018

Búscalo en la página 8A Opinión La República y en el digital: https://listindiario.com/puntos-de-vista/2018/10/23/538620/que-dano-hace-formar-en-valores

Actividades sugeridas usando de base el artículo propuesto:

Actividades

Inicie la actividad con la pregunta ¿qué daño hace formar en valores?

Motive a los estudiantes a hacer la lectura completa del artículo.

Motive el diálogo entre los estudiantes a partir de las siguientes preguntas: ¿Qué piensan? ¿Qué hace más daño? ¿Te parece correcto que no se fomente la lectura de este libro sagrado en las aulas? ¿Por qué? ¿Qué estrategias sugiere se puedan optar para aquellos estudiantes que sus familias consideren inoportuna su lectura?

Indague quienes practican la lectura de la Biblia en sus hogares  e invite a sus padres a contar la experiencia a otras familias.

 

La importancia de la educación cívica en la escuela

La sociedad dominicana no posee suficiente preparación cívica. Esta se manifiesta en las carencias de información y en errores de criterios que, a menudo, la incapacitan para ejercer con habilidad las funciones de la ciudadanía.  Esto se evidencia en cuestiones básicas, como en las que conciernen al papel de los tres poderes de la Nación, la forma en que se constituye el Congreso o en lo que respeta a los derechos humanos.

A la Educación Cívica se le asignó una tarea específica: hacer conocer la Constitución, sus antecedentes y sus normas fundamentales, entre las cuales se encuentran los derechos y deberes del ciudadano.

Partiendo del criterio de que los alumnos deben prepararse moral y cívicamente, los contenidos son flexibles y se refieren a las nociones de persona, normas y su relación con la vida social, la Constitución y los derechos humanos.

La experiencia didáctica indica que el aprendizaje de esta disciplina necesita apoyarse en la dimensión práctica. Niños y adolescentes deben aprender a conocer e interpretar las leyes o normas abstractas ante realidades sociales concretas. Así también tienen que apreciar que, una vez sancionadas, las leyes son obligatorias para todos porque todos somos iguales ante la ley. En ese propósito de vincular, por ejemplo, las formas constitucionales que organiza la Nación con la realidad cotidiana, puede ser útil acudir a la lectura de noticias periodísticas para información y comentario crítico.

Han de comprender también los chicos que del mismo modo que hay procedimientos establecidos para legislar, existen vías formales para enmendar  o perfeccionar una ley de acuerdo con pasos previstos. En la escala de lo posible ese aprendizaje se puede ir haciendo a través de las reglas de la vida escolar y de la experiencia del aula, tal como sugiere la Unesco en un texto dedicado a proponer modos de enseñar los derechos humanos.

Ahí se destaca la importancia de la práctica de los derechos, tal como los alumnos los perciben en hechos que ocurren en la escuela y en la comunidad, y promover la participación activa de los alumnos en la organización y dirección de ciertas actividades en las que tienen que asumir responsabilidades y solucionar problemas que guarden relación con cuestiones cívicas.

Al margen de la escuela, un obstáculo muy serio de la enseñanza de la moral y cívica es el contexto de la sociedad y sus instituciones cuando las normas no se cumplen. He ahí un problema central, causado por la conducta y los procedimientos irresponsables de autoridades que, al omitir el debido respeto por la ley, generan en chicos y adolescentes un temprano descreimiento de los contenidos de la formación cívica, que parece pertenecer a la esfera de una existencia únicamente idealista.

Adaptación a partir de texto publicado por La Nación

Cómo mejorar la comunicación familias-centro educativo

Hoy en día no es posible hablar con seriedad sobre el rendimiento del alumnado sin aludir, con la misma seriedad, a la relación familias-centro y las maneras en las que esta comunicación puede ser mejorada. Este análisis debe ir mucho más allá del tiempo que nuestro alumnado pasa junto a su familia y a las fiestas del centro, si hubiera, a las que éstas asisten: las familias han de sentirse incluidas en la cultura escolar, no solamente “invitadas” a asistir a eventos, reuniones, etc…

Muchas veces, el paso de Primaria a Secundaria supone muchos problemas de cara a lograr una comunicación efectiva desde el centro; es posible que muchos padres y madres sientan cierta incomodidad en entornos educativos, debido a múltiples razones, también es posible que, ahora que sus hijos e hijas se hacen mayores, consideren que es menos necesaria esa atención y comunicación con el centro educativo, etc.

La comunicación familias-centro es vital para evitar el abandono escolar temprano y el fracaso escolar: los centros que logran implementar medidas y protocolos con éxito parecen tener mejores resultados estudiantiles, incluyendo las tasas de absentismo, las tasas de graduación, y también comprendiendo aquellas conductas de riesgo, como el abuso de alcohol por parte del alumnado. Pero, ¿Cómo hacerlo? Heather Wolpert-Gawron nos deja unos consejos que pueden ser aplicados a nuestro entorno; algunos de ellos son más viables que otros, debido a las limitaciones socio-culturales pero también a las limitaciones que nos impone el currículum y la jornada lectiva normalizada.

  1. Hay que empezar en Primaria

Las reuniones de las Asociaciones de Padres, Madres y Amigos de la Escuela (Admae) en los Institutos suelen ser más grandes (debido a que las aulas tienen más número de alumnos y alumnas, claro): esto puede resultar intimidante para familias con niveles educativos más o menos básicos. Esto condicionaría un bajo nivel de compromiso e involucración de las familias con el centro de Educación Secundaria: es necesario sembrar la semilla en Educación Primaria. En consecuencia, se plantea como crucial una colaboración a nivel institucional para abordar esta área de mejora: el Instituto o centro de Educación Secundaria debe estar coordinado con los colegios en una acción conjunta que satisfaga las aspiraciones de toda la comunidad educativa.

  1. Admae más activas

Es necesario dotarlas de un rol más activo y hacerlas más inclusivas y “masivas”, de modo que las diferentes culturas familiares queden reflejadas en sus reinvidicaciones, sugerencias, etc.

  1. Mayor inserción en la comunidad educativa

Las familias no suelen estar encerradas en casa: hay lugares comunes compartidos, especialmente en pueblos o ciudades de pequeño tamaño. ¿Dónde se reúnen? Es conveniente que el personal docente comparta, aunque sea en pequeño grado, dichos lugares comunes: esto facilita la comunicación y genera vínculos más profundos que los creados a lo largo de las interminables reuniones.

  1. Los negocios locales, ¿parte de la comunidad educativa?

La autora sugiere publicar anuncios de fiestas, reuniones del centro e, incluso, logros de los estudiantes. Podría ser posible, especialmente para comunidades pequeñas, anunciar los eventos importantes, jornadas de puertas abiertas, etc. en pequeños negocios locales. Esto incluye mucha más gente en nuestra comunidad educativa: muchas voces aportan más.

  1. Análisis de necesidades

Las evaluaciones de necesidades son vitales para determinar en qué situación nos encontramos y cómo mejorar la comunicación; no dejes de evaluar la situación previa. Puedes utilizar grupos, entrevistas…

  1. Construir relaciones

No podemos ni debemos limitar la interacción a los problemas de disciplina o a los problemas académicos del alumnado: no es una buena idea relacionarnos solo para cosas “malas”. Es necesario construir un clima de confianza y comodidad.

  1. Formación para familias

Muchos institutos han llevado a cabo acciones formativas para las familias, como Escuela de Parentalidad Positiva o algunas mini-formaciones en TIC y prevención.

 

Fuente: escuela20.com

 

Estos son los pasos para criar a un buen niño, según Harvard

Nadie nos enseña a ser papás, pero según Harvard, estos son los pasos que debes seguir para que tu hijo sea un buen ser humano.

Según un estudio realizado por Rick Weissbourd, psicólogo de la universidad deHarvard, solo uno de cada cinco niños creen que a sus padres les preocupa que sus hijos sean buenas personas, por encima de sus logros académicos o su felicidad.

El proyecto Making Caring Common (“Hacer de la solidaridad algo común”) encuestó a 10.000 alumnos de secundaria y bachillerato sobre los valores que eran más importantes para ellos y el 80 por ciento de ellos consideraron que los logros personales o la felicidad eran lo más importante. Para cambiar este modelo educativo y que los niños aprendan a poner en orden sus prioridades, Weissbourd nos facilita la guía para criar a un buen niño en cinco pasos.

  1.   Que preocuparte por otros sea tu prioridad.

Necesitan oírte decir que ayudar a los demás y ser buenos es la prioridad número uno. Esto les ayudará en sus relaciones con los demás y, por lo tanto, a alcanzar una felicidad plena. dile que lo importante es que sea feliz, que se dirija a los demás con respeto.

  1.   Haz que practiquen la amabilidad y gratitud.

Varios estudios muestran que las personas que habitualmente expresan su gratitud suelen estar más dispuestos a ayudar y son más generosos, compasivos e indulgentes; y también ¡más sanos y felices! No lo recompenses por cada buena acción, hazle saber las diferencias entre buenas o malas acciones,  trabaja con ellos la bondad y que dar gracias se  convierta en un hábito.

  1.   Enséñalos a tener perspectiva.

El objetivo es que nuestro hijo aprenda a preocuparse por alguien de fuera de su círculo, como un niño nuevo en clase, el conserje del colegio, o incluso alguien que viva en otro país.

  1.   Sé un ejemplo de moralidad.

Los niños aprenden valores observando cómo actúan las personas que les rodean. Debes practicar la honestidad, justicia y caridad para que tus hijos puedan aprenderlo de ti.

  1.   Ayúdales a manejar sentimientos negativos o destructivos.

Enseñarles a manejar estos sentimientos negativos para que no les impidan preocuparse por los demás. Debe aprender a trabajar la frustración, el enojo por sí solo, respirando y expresando lo que siente para que su comportamiento no afecte a otros.

Tabla de tareas del hogar para niños según su edad: la enseñanza que los padres han olvidado

Se trata de una habilidad tan necesaria como escasa, aunque una manera muy sencilla para desarrollarla consiste en hacer que los niños se involucren en las tareas del hogar desde que son pequeños. Aristóteles lo llamó phronēsis y Kant, juicio pero ambos se referían a la habilidad para pensar con sentido común y asumir el punto de vista de los demás.

Por desgracia, según un estudio publicado en la revista Qualitative Sociology que analizó el comportamiento de las familias estadounidenses desde 1920 hasta la fecha, todo parece indicar que hemos ido a peor. Estos investigadores afirman que los padres les dan a sus hijos cada vez menos responsabilidades y estas son más triviales. Por tanto, los niños tienen menos oportunidades para involucrarse en actividades realmente significativas que aporten algo a la familia o a su comunidad.

Seis buenas razones por las que los niños deben contribuir en las tareas del hogar
      1. Favorece la colaboración

Cuando los niños saben que están haciendo algo importante para los demás sienten que forman parte de un equipo. Esa sensación les empodera, les anima a seguir las instrucciones y les enseña a trabajar en grupo.

  1. Fomenta la autoconfianza

Si los padres confían en sus hijos, los niños aprenderán a confiar en sus capacidades. Por eso, darles tareas relevantes es una estrategia para desarrollar la seguridad, la confianza y la autoestima infantil.

  1. Estimula la responsabilidad

Si los niños saben que les corresponden determinadas tareas y que nadie las hará por ellos aprenderán a asumir responsabilidades, por lo que se convertirán en pequeños más juiciosos y reflexivos.

  1. Potencia la autonomía y la independencia

Ir dándole a los niños tareas cada vez más complejas que demanden el desarrollo de nuevas habilidades les dará la confianza que necesitan para ser más autónomos e independientes.

  1. Desarrolla la capacidad de organización

Los niños que participan desde una edad temprana en las tareas del hogar suelen ser más organizados que quienes lo hacen a una edad más avanzada. Esta capacidad no solo les permitirá mantener su habitación en orden sino que también les ayudará a planificar mejor sus tareas escolares.

  1. Promueve el respeto

Cuando los niños se involucran en las tareas del hogar valoran muchísimo más el trabajo de sus padres, por lo que también es una manera para enseñarles el respeto por los demás, un respeto que va más allá de las simples normas básicas de cortesía como saludar, despedirse o dar las gracias.

¿Cómo educan a sus hijos los padres de otras culturas?

Un estudio publicado en la Journal of the Society for Psychological Anthropologyreveló que existen grandes diferencias en la educación que reciben los niños de la amazonía peruana, los samoanos y los californianos.

En la amazonía peruana, durante el primer año de vida los bebés son apreciados, amados y protegidos por la familia y la comunidad. Se mantienen siempre cerca de sus madres. Sin embargo, muy pronto se insertan en las actividades cotidianas, primero solamente como observadores y más tarde, apenas aprenden a caminar, los adultos les motivan a hacer las cosas por sí solos.

De hecho, a los tres años ya intentan cortar la hierba y comienzan a imitar las actividades de los adultos. No obstante, las tareas no se distribuyen por género y los adultos se cercioran de que sean útiles para la comunidad. Se trata de un estilo de crianza que no está basado en la prevención ni en la intervención sino en la corrección del error. Así los padres desarrollan la autosuficiencia y autonomía de sus hijos.

En la cultura samoana los niños también se insertan muy pronto en la vida familiar y comunitaria. Los bebés se alimentan cara a cara con otros pequeños o mirando a sus padres, de manera que aprenden muy pronto a conectar con los demás y comprenden el valor de la atención, dos puntos clave para el desarrollo de una actitud respetuosa.

Al llegar a los cuatro o cinco años estos niños ya tienen asignadas tareas específicas dentro de la familia y la comunidad, siempre bajo el ojo atento de los adultos, que  normalmente solo intervienen para evitar que cometan errores.

Por el contrario, en la cultura occidental los padres se adaptan a las necesidades y los deseos de sus hijos, no solo durante su infancia sino también en la adolescencia. También se asume una educación más directiva, enseñándoles a los niños paso a paso cómo deben hacer las cosas. Muchos padres también tienen la tendencia a intervenir rápidamente cuando los pequeños tienen dificultades e incluso prefieren anticiparse a estas. El problema es que al evitar los errores y los problemas limitan las oportunidades de aprendizaje de los niños y les impiden desarrollar la autoconfianza y la tolerancia a la frustración.

Por otra parte, las madres suelen ser quienes llevan el peso del hogar y a los niños prácticamente no les dan responsabilidades, por lo que muchos, al llegar a los ocho años, se muestran reticentes cuando los padres les piden que contribuyan con algunas tareas domésticas.

¿Cómo lograr que las tareas domésticas sean realmente educativas? Darle verdaderas responsabilidades

Los niños, aunque sean pequeños, se dan cuenta de cuándo sus acciones realmente aportan algo al núcleo familiar. Por tanto, es importante que los padres no se limiten a desarrollar la autonomía infantil sino que le vayan dando al niño diferentes tareas que puedan marcar la diferencia en el hogar, siempre acordes a su nivel de desarrollo.

Dejarle libertad para que haga las cosas a su modo

Los padres pueden brindar orientaciones generales, sobre todo cuando se trata de tareas más complejas, pero es importante que los niños tengan cierta libertad para hacer las cosas a su modo. Es probable que se equivoquen, pero así aprenderán y desarrollarán la autoconfianza y la creatividad.

Armarse de paciencia

Educar no es un camino lineal, los padres tienen que armarse de paciencia porque es probable que se produzcan retrocesos o que el avance no vaya tan rápido como se esperaba. Toda ayuda que le permita crecer es bienvenida pero hacer las cosas en lugar del niño implica lastrar sus potencialidades.

Tabla de tareas para el hogar según la edad del niño

2-3 años
  • Comer solo.
  • Organizar sus juguetes y guardarlos en el cajón.
  • Regar las plantas.
  • Colocar sus libros en su sitio.
  • Limpiar el polvo de las esquinas.
4-5 años
  • Vestirse y asearse solo.
  • Poner la mesa.
  • Darle de comer a la mascota.
  • Fregar los platos con ayuda.
  • Mantener en orden su habitación.
6-7 años
  • Hacer la cama.
  • Preparar su mochila para el cole.
  • Pasar la aspiradora en casa.
  • Quitar el polvo de los muebles.
  • Recoger las hojas secas del jardín.
  • Preparar una ensalada.
8-9 años
  • Limpiar el suelo.
  • Cuidar la mascota.
  • Preparar el desayuno o un plato sencillo con ayuda.
  • Guardar la compra.
  • Poner y vaciar el lavavajillas.
  • Recoger el correo.
10-11 años
  • Limpiar su habitación.
  • Limpiar el jardín y quitar las malas hierbas.
  • Tender la ropa.
  • Cuidar de un hermano menor.
  • Preparar platos sencillos sin ayuda.
  • Saber coser un botón y hacer un dobladillo.

Fuente: muhimu.es

Evaluación formativa. Utilidad de la rúbrica

 “La evaluación no es ni puede ser apéndice de la enseñanza. Es parte de la enseñanza y del aprendizaje.

 Por eso la evaluación debe privilegiar los aprendizajes logrados por el estudiante y los procesos de “aprender a aprender”.

Acevedo, P.

Sara Güílamo Jiménez

La evaluación formativa es el proceso de obtener, sintetizar e interpretar información para facilitar la toma de decisiones que lleven a mejorar el aprendizaje de los estudiantes; permite   retroalimentar al alumno durante el proceso de enseñanza aprendizaje. Nos indica el nivel de logro y las dificultades que presentan los niños y las niñas para desarrollar las competencias que se encuentran agrupadas en los campos formativos, procedimientos y actitudes, los cuales son los componentes básicos de los propósitos generales del programa.

En el nivel iniciar o preescolar ya se está familiarizados con este sistema. Los padres hablan del librito que le entregaron sobre los logros de sus hijos, lo que está en proceso y lo por lograr. En este nivel el alumno aún no sabe leer, por lo que debemos atender de manera individual a esos logros que exhibe en su ejecución diaria. No es posible evaluarlo solo de los contenidos que recuerda y escribe en un examen. Es necesario llevar un registro diario para cada estudiante, el cual ocupa la atención del docente que debe   anotar permanentemente sus observaciones durante todo el año escolar. Es un diario donde se evidencian las competencias trabajadas, dificultades, necesidades, posibilidades, etc. Se seleccionan y se incluyen trabajos y producciones realizados por los niños que la maestra considera pertinentes y que reflejen un nivel mayor de dominio de la competencia.

La evaluación formativa requiere que el docente lleve un diario de su clase en el cual recaba la información referente a la jornada diaria; esto le permite revisar esos registros y reflexionar sobre su práctica haciendo los ajustes  pertinentes para mejorar cada vez más los aprendizajes de los estudiantes.

Desde el enfoque por competencias se está proponiendo este tipo de evaluación, ya que es la única manera de medir los indicadores de logros aquí planteados; con el interés de incluir la evaluación de los indicadores de logros que dejan de evaluarse cuando se hace un examen de recuerdo de contenidos. Específicamente me quiero referir a  las rubricas, que son nuevas en el sistema y le producen choque a la mayoría de los docentes de los niveles primarios, secundarios y terciario.  Veamos en que consiste.

Rúbrica significa minuta o borrador. Es una matriz de valoración con los parámetros de evaluación detallados. Esta nos permite aunar criterios de evaluación, niveles de logro y descriptores. Podemos ir ajustando en la práctica hasta encontrar lo que más se acerca a lo que deseamos. Lo importante es que esta es acordada y socializada con los alumnos antes de aplicarla. Se considera una herramienta de evaluación formativa. Se puede preparar de forma general o analítica. La general es útil para juzgar tareas creativas y que requieren un juicio global, holístico, cualitativo, como es el caso de ensayos y proyectos. La segunda forma de preparar la matriz (analítica) implica desglosar los aprendizajes en tareas específicas que puedan evaluarse con criterios cuantitativos; le asigna un puntaje a cada uno por separado, para luego sumar y asignar el puntaje total. En ella se establece una gradación (niveles) de la calidad de los diferentes criterios con los que se puede desarrollar un objetivo, una competencia, un contenido o cualquier otro tipo de tarea que se lleve a cabo en el proceso de aprendizaje.

 Capote (2006) dice que para preparar una rúbrica se deben seguir los siguientes pasos:

  1. Seleccionar los objetivos que fundamentan la tarea o trabajo a realizar.
  2. Identificar los criterios que fundamentan los comportamientos o ejecuciones esperadas por los estudiantes y organizarlos por niveles de efectividad.
  3. Asignar un valor numérico de acuerdo al nivel de ejecución; cada nivel debe tener descrito los comportamientos o ejecuciones esperadas por los estudiantes.
  4. El estudiante debe conocer con antelación los criterios con los cuales será evaluado.
  5. Hacer la escala de calificación de los diferentes aspectos a evaluar. La escala se coloca en la fila horizontal superior, con una gradación que vaya de mejor a peor.
  6. Los aspectos a evaluar se colocan en la primera columna vertical, detallando las características de cada nivel de desempeño.
  7. En las celdas centrales se describen de la forma más clara u concisa posible los criterios que se van a utilizar para evaluar esos aspectos.

Pero ¿Por qué no son tan frecuentes en el sistema educativo? ¿Por qué siguen predominando los exámenes “objetivos” o de preguntas cerradas?

En primer lugar, como ya hemos visto, la utilización de rúbricas implica un proceso riguroso que inicia con la programación de la clase con todos los elementos bien pensados y detallados, utilizando los recursos a disposición del docente. Es un proceso laborioso, que toma mucho tiempo, pero que facilita el poder seguir los pasos sugeridos para la elaboración de la rúbrica, centrándose en los indicadores de logros.

Segundo, es un requisito, como ya hemos dicho, el llevar un registro individual de los aprendizajes de los alumnos, además del diario del docente, a los cuales nos hemos referido anteriormente.

Por último, la sistematización o tabulación masiva de estos datos de nuevo requiere mucho tiempo. Es esta última etapa la que ha llevado a protestas de muchos docentes que se han resistido al cambio; lo cual, desde mi punto de vista está relacionado con la deficiencia de lo planeado en el primero y segundo acápite.

Sin embargo, no debemos temer ni renunciar a su uso, sino buscar una manera de facilitar la sistematización de esos datos, quizás automatizando parte de los registros y diarios que tiene que preparar el docente. Ya la mayoría de nuestros docentes están capacitados en el manejo tecnológico que les permita dar seguimiento a un programa que se elabore para los fines; sí es necesario crearles las condiciones para que puedan hacer este proceso desde sus centros educativos y en su jornada  laboral.

Sara Güílamo Jiménez

Doctora en Educación

Directora del Consorcio de Educación Cívica PUCMM

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