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Ser apropiado o diferente nunca es fácil

Puede ser doloroso si a su hijo no lo invitan a la fiesta de cumpleaños de un compañero de clase, no lo eligen para el papel principal en la obra, o se sienta solo en el recreo. A pesar de que no es fácil ser dejado fuera, cómo ayudar a lidiar con todo esto puede hacer toda la diferencia en el mundo.

¿Entonces qué puede usted hacer? En primer lugar, reconocer sus sentimientos y asegurarle que es amado  y apoyado en su casa.

Considerar si las habilidades sociales necesitan ser enseñadas y / o reforzadas para ayudarle a hacer conexiones con sus compañeros. Ayudarle a identificar sus puntos fuertes. Sugerirle que se una a un equipo o club de su interés. Hacerle saber que con el tiempo va a encontrar su espacio.

Animarle a dejar de intentar ser parte del “grupo de moda”, sino más bien tomar la iniciativa para hacer amistades con otros niños. Sin duda, hay muchos niños que pueden hacer empatía con él. Ella o él se sentirá facultado por ser un participante activo en su propio mundo.

Ser el nuevo chico en la escuela nunca es fácil. Pero sí esto le da a su hijo una oportunidad maravillosa para comenzar con una pizarra limpia. Si él se quedó fuera, ignorado o intimidado antes, eso es historia desconocida en una nueva escuela.

Asegurarle que se necesita tiempo para cumplir con los nuevos niños. Recordarle que sus nuevos compañeros de clase pueden haber sido amigos durante bastante tiempo, y al principio no pueden ser demasiado abiertos a una nueva persona en unirse.

Una forma para que los niños aprendan a hacer frente a una nueva situación es apoyándose en sus puntos fuertes. Así que recuérdele a su hijo que tiene talento. “Usted ha hecho amigos en casa cada vez que jugó al baloncesto. Los hijos vieron que era buena y querían estar en el equipo con usted.”

Si su niño tiene necesidades especiales hacerle saber que está bien ser diferente. Por supuesto, él probablemente no se siente de esa manera. Pero se puede dar un giro positivo en él con sus acciones.

No le aísle  de las interacciones con otros niños. Si bien es posible que desee ayudarla a evitar ser objeto de burla, o el temor de que se trata de manera diferente le hará daño, evitando conexiones sociales solamente le  obstaculizará.

7 Maneras de cómo hacer amigos:

 Hacer el primer movimiento.

Sea positivo y agradable.

Ser tú mismo.

No se olvide de sonreír.

Sé un buen oyente.

Ser sincero.

Librarse de rechazo.

¿Cómo se puede ayudar a su hijo?

Reconocer sus sentimientos.

Ser tranquilizador.

Identificar sus puntos fuertes.

Mantener una comunicación abierta. Incluso si él no quiere hablar con usted, seguir hablando. “¿Hay algo que pueda hacer para que te sientas más cómodo?” ¿Necesitas algo?” “¿Me gustaría hablar con tu profesor?”

Fuente: Discovery Education

XII Festival de Danza Contemporánea

Santo Domingo

El XII Festival Internacional de Danza Contemporánea (EDANCO 2016) se llevará a cabo durante trece días, del 27 de septiembre al 9 de octubre en el Palacio de Bellas Artes. En esta ocasión actuarán como invitados grupos provenientes de varios continentes, teniendo como anfitriones a los mejores de República Dominicana.

El martes 27 y miércoles 28 de septiembre/8:30 p.m. contará con la participación de:

-Ballet Nacional Dominicano.

-ENDANZA Juvenil, República Dominicana.

-Compañía Nacional Contemporánea, República Dominicana.

Jueves 29 y viernes 30 de septiembre / 8:30 p.m:

-Proyecto Movimiento (Venezuela).

-Ballet Nacional Dominicano.

-Willman Dance Company.

Sábado 1 de octubre, Noche de España / 8:30 p.m:

-Carmen Werner (España)

-Fernanda Hurtado (España).

Domingo 2 de octubre, Noche Dominicana / 6:30 p.m. y 8:30 p.m:

-Ballet Concierto Dominicano.

-Fusión 2016.

-Vidance.

-Raphaelle Bertoni (RD-Haiti).

-Cindy Sosa.

-Teatro Popular Danzante.

-Joel Genao Amador.

-Ballet Teatro Dominicano.

-Royatti Erick.

-María Emilia García Portela.

Lunes 3 de octubre/8:30 p.m, ENDANZA JUVENIL:

-Stephanie Burger.

-Dayme del Toro.

-Marcos Rodríguez

-Maritza Reyes.

Martes 4 y miércoles 5 de octubre/8:30 p.m:

-Espora Colectivo -Ballet Nacional Dominicano.

-Ballet Teatro Nacional de Puerto Rico. (Puerto Rico)

-Karol Marenco. (Costa Rica)

-Christiane Emmanuel. (Martinica)

Jueves 6 y viernes 7 de octubre / 8:30 pm:

-Ballet Concierto de Puerto Rico. (Puerto Rico)

-Mauro Youth Ballet Co. (Puerto Rico)

-Andrea Peña. (Canadá)

– S. Danza. (Colombia)

Sábado 8 de octubre 6:30 p.m. /8:30 p.m. EDANCO DANZA JOVEN:

-Four Season Dance Academy. (Canadá)

-Aurora Dance Academy. (Canadá)

-Isabel Martinez. (Rep. Dominicana)

-Mauro Youth Ballet Co. (Puerto Rico)

-Ballet Concierto Dominicano. (Rep. Dominicana)

-Corona La Vega. (Rep. Dominicana)

-ENDANZA. (Rep. Dom)

-Artcentro Miriam Bello (Rep. Dominicana)

-Teatro Popular Danzante (Rep. Dominicana)

Domingo 9 de octubre CLAUSURA / 6:30 p.m. y 8:30 p.m:

-Denada Dance Company. (Inglaterra)

-CODA 21. (Puerto Rico)

-Malas Compañias. (Colombia)

El cerebro de los niños, la inteligencia

José Silié Ruiz

La inteligencia es la capacidad de resolver problemas; pero no es una facultad simple unitaria. Es en verdad, una jerarquía de habilidades, aprendidas sucesivamente, en que las últimas se van incorporando a las anteriores. El cerebro se puede concebir como un gran organizador de datos, un organizador mucho más complejo que cualquier computadora artificial. La información le llega por medio del oído, la vista, el tacto, el olfato, el sabor. El cerebro, al parecer reduce este vasto acopio de datos a símbolos en clave, que puede organizar lógicamente para resolver problemas, alcanzar metas y dar sentido a la existencia.

Porqué es tan importante la estimulación temprana en los niños, porque durante los primeros cuatro o cinco años de vida, el desarrollo del niño  es rápido y está más sujeto a modificación. En ese periodo adquiere las habilidades que le servirán de base para sus posteriores dotes. Tal vez un 20 por ciento de ellas se desarrollan antes de que cumpla un año, y quizá la mitad antes de que llegue a los cuatro. Con el agravante, de que esas tempranas influencias perduran para toda la vida, sean buenas o malas. Es la explicación a algunas conductas que asumimos en la vida adulta de las que¨ conscientemente¨ no tenemos una explicación válida.

Hay un obra que recomendamos, del inglés, Dr. Josep Perner, Profesor de Psicología Experimental  de la Universidad de Sussex, Inglaterra, es su libro ¨Comprender la Mente Representacional¨ de Editorial Paidos. La obra, sintetiza la bibliografía existente acerca de las teorías de la mente infantil, con el propósito de proporcionar una explicación integral de la comprensión infantil de los procesos representacionales y mentales, decisiva para la adquisición de la psicología del sentido común.

Nadie sabe cómo funciona la mente, o al menos, nadie sabe cómo funciona la mente al mismo nivel que se conoce el funcionamiento de otros muchos fenómenos. La mente, concebida como un ¨problema¨ al que se vislumbra una solución. Son dos los pilares fundamentales para comprender cómo funciona ¨la mente¨: la computacional y la evolución por selección natural. Así pues, si conectamos el concepto del pensamiento y lo asociamos a la capacidad de manejarnos, entonces la inteligencia se puede definir como el conjunto de técnicas que el niño adquiere para organizar los informes que le proporcionan los sentidos. Este nuevo concepto  de ¨inteligencia¨, contradice la vieja idea, de que es algo que queda perfectamente determinando en el momento de la concepción, como el sexo del individuo. El niño no nace con una inteligencia ya determinada, sino más bien con un ¨potencial intelectivo¨. En verdad, tiene que aprender a aprender, y su éxito dependerá de la capacidad organizadora que haya adquirido  en su experiencia temprana.

Y esto es muy necesario, está confirmado que los lactantes, mucho antes de que puedan hablar, aprenden a recordar cosas y a comparar sus propiedades, de ese modo ponen orden en su entorno. Y es muy necesario, pues la plétora de nuevas impresiones que, desde el entorno, bombardean constantemente a los retoños amenaza con exigir demasiado al nuevo cerebro. Pero ese cerebro no tiene límites, los juegos, la música, lectura en alta voz, televisión dirigida, conversar con ellos, las atenciones y mimos, están entre los principales elementos para ¨mejorar la inteligencia¨ a esa temprana edad.

El mencionado y triste ejemplo del niño de los tugurios, que vive en un ambiente sórdido, y con frecuencia los adultos que lo rodean son indiferentes y amargados. Como nadie lo motiva, no desarrolla las actitudes y aptitudes necesarias para triunfar.  Un ejemplo de lo opuesto,  una niña híper estimulada, mi nieta Nicole, canta  largas canciones tanto en inglés como en español, tal vez a sus tres años no entienda el argumento, pero  como neurólogo, de algo  estoy muy seguro, absorbe la musicalidad de los idiomas, de eso se trata, se puede ¨enseñar¨ inteligencia. El secreto,  una  permanente educación estimulante.

La conversación con los hijos

Una de las enseñanzas sobre la conversación trata de la importancia de saber escuchar: “El talento de escuchar parece fácil de adquirir, y sin embargo, es bien escaso. Pocas personas lo poseen, porque pide una forma de abnegación de sí mismo; y sin embargo, cuánto tenemos a ganar con él. No solamente nos hace ser más amables, sino que nos hace aprovechar para nuestro goce, el espíritu de los otros”.

Seguramente Ud. muchas veces oyó que a algunos matrimonios les faltó comunicación y que por esta causa la unión de los esposos entró en crisis. Por eso, ¡cuán bueno sería que, antes de casarse, los novios ya tomaran el propósito de saber escuchar uno al otro!

Lo mismo puede decirse de hijos y padres, el arte de saber escuchar es tan importante cuanto el de saber hablar, pues muchas veces, las palabras que se dejan de pronunciar serían vanas e inoportunas antes de oír al hijo a quien se dirigen.

Una consecuencia de lo anterior, que no deja de tener importancia como para señalarla, es la necesidad de no interrumpir a los otros cuando ellos están hablando. “Deje decir a los otros cuando Ud. ya habló”, recomienda el autor de la obra que venimos comentando. “Dé a los otros el tiempo de responderle y tenga la fuerza de callarse cuando ellos hablan. La mayor parte de las personas piensan más en lo que ellos quieren decir que en lo que les es dicho. Ocupados de sus propias ideas, se apresuran a exponerlas, sin ninguna consideración por lo que dicen los otros. A menudo no se les deja ni el tiempo de acabar lo que han comenzado a decir”.

¿No se ha encontrado Ud., estimado Sr. o Sra. que nos escucha, con situaciones así? ¿Tales actitudes no le parece que matan más una conversación en vez de animarla?

Un último principio que querríamos agregar a los expuestos anteriormente y del cual el religioso no trata en su obra, pues en ese momento no era necesario, pero que en nuestros días se hace imperioso, es el de evitar la coprolalia.

¿Qué quiere decir eso, me preguntará Ud.?

Le doy la respuesta sacada del infaltable diccionario virtual Wikipedia: “Coprolalia o cacolalia (del griego κόπρος, significa ‘heces’ y λαλία ‘balbucear’), es la tendencia patológica a proferir obscenidades. Es una ocasional aunque poco frecuente característica en los pacientes del síndrome de Tourette. Esta tendencia circunscribe todas las palabras y frases consideradas culturalmente tabúes o inapropiadas en el ámbito social. (…) La incapacidad de controlar la vocalización puede conllevar la degradación de la vida social y laboral”.

Nos parece bien acertada la definición del referido diccionario. Lo único en que no concordamos con ella es que esta patología sea “poco frecuente”. Lamentablemente la coprolalia parece ser actualmente muy frecuente y altamente contagiable, casi se diría una plaga que no sólo degrada a las personas sino toda la convivencia social.

Para concluir este comentario: Cuide a sus hijos; enséñeles a reflexionar antes de hablar; a hablar con claridad; a expresarse con palabras adecuadas y de no admitir la coprolalia. Ud. así habrá contribuido, no sólo para formar bien a su hijo, sino al enriquecimiento de toda la sociedad.

 

Mi hijo tiene dificultades para hacer amigos

Dr. Joan Simeo Munson

“Mi hijo va al primer grado y estamos realmente preocupados por su grupo social. El año pasado era muy tranquilo y parecía ir retrasado en cuanto a los otros niños en situaciones sociales, como hacer amigos o jugar en el recreo. Sólo fue invitado a una fiesta de cumpleaños todo el año a pesar de que otros niños parecían estar en contacto con más frecuencia para los partidos y por fechas del juego. Esto me rompe el corazón y no quiero que este año escolar sea el mismo”.

Es realmente difícil ver que su hijo no es tan socialmente activo como  los otros niños, especialmente cuando parece que están siendo excluidos. Todos los padres quieren que sus hijos encajen y sean aceptados. Pero me gustaría que tenga en cuenta algunas cosas. En primer lugar, ¿ha hablado con su hijo acerca de cómo se siente acerca de su vida social? Muchas veces, cuando los niños pasan el rato con sólo uno o dos niños los padres asumen que son miserables, cuando en realidad muchos niños prefieren uno en una jugada en vez del ajetreo y el bullicio maníaco que a menudo va de la mano con los grupos de juego de los niños pequeños. Así que asegúrese de que su hijo considera que esto es un problema antes de asumir que es uno.

En segundo lugar, durante estos años tiernos muchos padres proyectan sus propias ansiedades infantiles a sus hijos, ya que ellos los guían a través de la escuela. No es raro para los padres, que puedan haber tenido lucha social o eran tímidos, ver las situaciones sociales de sus hijos como problemáticas, cuando en realidad tiene más que ver con sus propios sentimientos acerca de la forma en que fueron tratados por sus compañeros durante su infancia. Esto puede ser un momento muy difícil, pero potencialmente gratificante para uno de los padres, ya que ganan la penetración en el mundo de su hijo. Una pregunta entonces que hacerse es, “¿Es un problema de mi hijo o es mio?” La respuesta que puede impulsar a la acción en nombre de su hijo o le dará la oportunidad de retroceder y examinar sus sentimientos.

Por último, tenga en cuenta que su hijo puede simplemente tener un temperamento diferente que usted. Los niños introvertidos, reservados o tímidos tienden a sentirse abrumados en grupos grandes y prefieren el juego más tranquilo de un amigo.

Una vez dicho esto, si su hijo tiene dificultades para hacer amigos y es infeliz, ahora es el momento perfecto para ayudarlo. Considere pedir a uno o dos niños más que se conecten con su hijo para citas de juego de fin de semana o encuentros después de la escuela. Trate de hacer esto regularmente y llegue a conocer a los otros padres para que su hijo pueda ser invitado a sus casas también. Si su hijo quiere más amigos, pero carece de las habilidades sociales para hacerlos, ayúdele a desarrollar estas habilidades. Revise la forma de introducirse a sí mismo, cómo pregunta a alguien para participar en un juego, o cómo comparte. Consejos para hacer amigos pueden incluir: solicitar una cita para jugar después de la escuela, forman un equipo en el recreo, o identificar niños que han compartido intereses.

Por último, asegúrese de que su hijo no molesta otros niños. Muchos niños que carecen de habilidades sociales hacen cosas sin darse cuenta de que hacen que sea difícil para formar amistades. Ejemplos de ello son los niños que son demasiado mandones, no van a compartir, o son excesivamente sensibles a su entorno. Al discutir estos peligros potenciales con su hijo puede ayudar a crear un mejor ambiente para hacer amigos.

Fuente: Empowering Parents

Emociones en los hijos 

Begoña Ibarriola

Existen centenares de emociones y muchas mezclas y variaciones, pero ya desde el nacimiento, y aún antes de nacer, el ser humano experimenta sentimientos intensos, como rabia, disgusto, afecto y responde a la cara y al tono de voz del adulto. El bebé es muy sensible al estado emocional de quien lo cuida, por eso todas las interacciones modelan al niño, -no hay ninguna interacción que sea neutra emocionalmente-, y este muy pronto percibe cómo siente el mundo que le rodea.

Los niños, al igual que los adultos, van a experimentar diversos sentimientos como consecuencia de los acontecimientos que se suceden diariamente en su vida.

Sin embargo, a diferencia de éstos, la búsqueda de referentes y soportes seguros sobre los que apoyarse, coloca al niño, en sus diferentes etapas evolutivas, en una situación de mayor vulnerabilidad y desprotección frente a los sucesos adversos o cambiantes de su entorno.

Lo que sucede es que normalmente los niños no hablan de las emociones si en su casa no se habla de ellas. A veces lo o que falta es el lenguaje, hablar de lo que cada uno siente ante las cosas que le pasan en la familia.

Desde bebés, el modo en que la madre reacciona cuando el niño sonríe o llora constituye todo un ejemplo de acompañamiento emocional, de respuesta a las emociones del otro en ambos sentidos.

Este vínculo que se forja ya desde tan pequeños proporciona también el vehículo más sencillo a través del cual los padres podéis enseñar a vuestros hijos cómo relacionarse, comprender y conectar con las emociones de otra persona y encauzar los propios sentimientos, lecciones fundamentales que marcarán su futuro.

La sensación de seguridad, la confianza en el adulto, que es una de las necesidades emocionales según Erikson, el verse comprendido en estos primeros momentos de nuestra vida, es ya un primer paso para más adelante encarar sucesivos encuentros con compañeros, amigos y parejas.

Desde los 2 a los 5 años maduran las emociones sociales, sentimientos como inseguridad, celos, envidia, orgullo, confianza, pues requieren la capacidad de compararse con los demás. Más adelante y acercándose a la adolescencia, aparecen otras como la soledad, el amor, la angustia, la esperanza, la ilusión, hasta completar una gama inmensa de sentimientos y emociones.

A medida que pasan los años, el modo en que el niño afronta una situación de crisis, por ejemplo una pelea en el colegio o un problema en la clase, va a ser reflejo en buena medida del modo en que la familia afronta las crisis.

Si ese entorno es sano emocionalmente, el niño se sentirá protegido aún en medio de los acontecimientos más desfavorables, aumentando y haciendo valer su capacidad de afrontar y sobreponerse a acontecimientos. 4

Un ataque de enfado y rabia de un niño, por ejemplo, puede ser una oportunidad única. Lo ideal sería que el padre o la madre no se enfaden igual que el niño, aumentando la gravedad de la situación, pero que al mismo tiempo no muestre una actitud pasiva, abandonando al niño a su suerte por no querer dar mayor importancia a los hechos.

Si en lugar de quedarse en estos extremos, los padres lográis contener su propio enfado, no dejándose arrastrar por él y conseguís contactar con vuestro hijo ayudándole a contener y encauzar su propia rabia, habréis dado un gran paso.

Esto no quiere decir que viváis en un permanente estado de tranquilidad sino que el entorno sea lo suficientemente flexible como para poder recuperarse de una situación difícil con cierta rapidez y con las menores consecuencias posibles.

DOS FORMAS DE ORIENTAR EL MUNDO EMOCIONAL DE LOS HIJOS

Antes de nada, los niños deben entender que la emotividad no es algo sorprendente e incontrolable, sino un medio de expresión de su personalidad, y como todo medio de expresión, puede ser educado. Por este motivo, enseñarles a identificar, reconocer, y controlar sus emociones debería ser un objetivo prioritario en la educación de los hijos y los padres deberían servir de modelos.

Pero la disposición de los padres hacia los sentimientos, el control y la expresión de las emociones es muy diversa y se puede clasificar en dos orientaciones fundamentales: acompañamiento de las emociones o eliminación de las emociones.

En el primer caso, los padres consideran las emociones como algo válido e importante, y enseñan a sus hijos las características de cada una, las posibles causas y sus diferentes formas de expresión mientras les ayudan a regularlas y sobre todo a manejar aquellas que resultan más difíciles como el enfado, la tristeza o el miedo.

Sin embargo los otros padres intentan eliminarlas al considerar que su expresión es poco importante o incluso puede resultar peligrosa o inconveniente, por eso censuran la expresión de algunas de ellas o intentan cambiarlas.

Las dos orientaciones tienen sus consecuencias: si vuestros hijos comprenden que las emociones son algo fundamental del ser humano y las valoran, las comprenden y regulan, recurrirían a ellas para ofreceros información sobre su mundo interior a la vez que transmitirán a sus hijos este aprendizaje.

Si por el contrario, consideran su expresión algo inadecuada o vergonzosa, reprimirán su expresión con las consecuencias que esto supone no solo para su bienestar psicológico sino incluso físico. Crearan una coraza emocional que bloqueará sus emociones intensas pero que a la vez les puede distanciar de las emociones de los demás y pueden tener dificultades para sentir empatía.

Pero el bloqueo emocional conlleva un efecto de acumulación que va creciendo dentro de nosotros. Cada emoción que nos negamos a sentir, cada emoción que frenamos, va dejando un poso negativo sobre nosotros, aunque no seamos conscientes del mismo.

Muchas personas son capaces de estar meses acumulando emociones negativas sin expresarlas de ningún modo. Las emociones, tarde o temprano, necesitan una forma de expresión; solo necesitamos llegar a nuestro límite para comprobarlo. La explosión de una de las emociones negativas suele ser la consecuencia más habitual del proceso de bloqueo emocional: explosión de ira, explosión de tristeza (a través del llanto), etc.

Cada familia posee también su propia atmósfera emocional que afecta a todos los miembros, dado su componente de interdependencia y el contagio que se observa en el funcionamiento cotidiano. Las emociones de los padres afectan a los hijos y a su vez las emociones de los hijos afectan al comportamiento de los padres creándose una tela de araña emocional en las que muchas personas se ven atrapadas.

En algunas familias se pueden encontrar altos niveles de expresión emocional negativa que incluyen la crítica, la hostilidad y la intromisión. Otros tipos de clima emocional son: el de frialdad y desvinculación emocional o el que se genera cuando un miembro de la familia ejerce un alto grado de control sobre el resto, a los que controla mediante el miedo.

Pero también existen familias cuyo atmósfera emocional es muy positiva, caracterizada por altos niveles de confianza mutua, de afecto y de calidez, los cuales promueven la empatía en los niños, una de las competencias emocionales más importantes para su desarrollo social.

El funcionamiento adaptativo de la familia debe caracterizarse por el intercambio abierto de información sobre los sentimientos y las emociones. La expresión emocional facilita entonces, el conocimiento de la topografía de la vida interior de los hijos y de la pareja, permitiendo que cada miembro se pueda desarrollar como individuo, que se le permita ser uno mismo, que desarrolle su individualidad, pero manteniendo a la vez un sano equilibrio entre su mundo emocional intrapersonal y el interpersonal.

El reto consiste en que los padres comuniquen con la mayor claridad posible su manera de pensar y sentir para abrir un canal de enlace, -de corazón a corazón- que pueda estarse actualizando toda la vida y permita un crecimiento conjunto. Y para ello nada mejor que hablar y escuchar a los hijos.

Emociones y bienestar familiar

Begoña Ibarrola 

Toda familia pretende educar a los hijos para que sean felices, eso nadie lo duda, pero el modo de conseguirlo varía considerablemente de unas familias a otras.

Uno de los factores que facilita conseguir ese objetivo está precisamente en cómo se maneja el mundo emocional de todos los miembros de la familia, tanto de la pareja como el de los hijos.

Existen tantos estudios sobre la felicidad que sería imposible nombrarlos, no lo voy a hace, pero si quiero destacar que los principales obstáculos para conseguir ese estado son tres:

El miedo, sobre todo al fracaso o al rechazo de los demás, no asumir la responsabilidad (responder con habilidad) y las emociones llamadas negativas de las cuales hablaremos más tarde. Por lo tanto una parte importante de nuestra felicidad y la de nuestros hijos tiene que ver con el manejo de las emociones y sentimientos.

Como padres y madres es necesario comprender que la base de la educación emocional se forma dentro de la familia y no únicamente desde la escuela. Por eso podemos aprender y enseñar a nuestros hijos desde bien pequeños, a reconocer lo que sentimos, saber expresarlo de forma adecuada, saber lo que sienten los demás, asumir las responsabilidades de cada momento, saber tomar decisiones, son algunas de las habilidades que se pueden aprender en familia y que son necesarias para nuestro bienestar aceptar y para integrase de forma positiva en la sociedad.

Pero es importante reconocer que los padres, dedicáis una gran parte de vuestro tiempo a enseñarles reglas de expresión emocional que están de acuerdo con las normas de vuestra familia de origen y vuestra cultura. Por eso es importante reflexionar sobre las reglas que nosotros recibimos cuando éramos niños.

Si pensamos en nuestra infancia, seguramente nos vienen a la cabeza recuerdos de situaciones muy diversas. Por una parte, encuentros entrañables compartidos con seres queridos y con los cuales los vínculos afectivos y personales proporcionaban una confianza y sentimientos especiales. Por otra, momentos de dificultad en los que la convivencia y el entendimiento de unos con otros así como el manejo de las emociones que tenían lugar ante una discusión, un conflicto o un cambio, se coinvertían en un reto para la familia, que a veces no se resolvía de la forma adecuada.

Al hacernos mayores, empezamos a percibir la complejidad que se esconde detrás de la comunicación emocional entre personas. Y al convertiros en padres, tomáis además conciencia de la dificultad educar y enseñar a nuestros hijos como navegar en el mar de las emociones.

Estoy de acuerdo con Maturana cuando dice que el modo de vivir de un adulto, está más determinado por el espacio psíquico emocional que aprendimos a vivir desde niños. Y también me gusta su definición de educar, – guiar a los niños en el camino de llegar a ser seres humano que se respetan a sí mismos y a los otros mediante la generación continua de espacios de convivencia que originen colaboración, alegría y libertad responsable-.

EMOCIONES Y TIPOS DE RESPUESTA

La dimensión emocional forma parte del día a día de todos, tanto es así que con frecuencia tratamos de expresar y compartir nuestros estados internos o sensaciones, sin saber muy bien cómo hacerlo.

Con demasiada frecuencia también, resultamos torpes o pobres a la hora de expresar adecuadamente los sentimientos, limitándonos a decir estoy bien, mal, regular, o expresiones como esto me ha afectado poco, significa mucho para mí, no me deja indiferente…

En otros casos, somatizamos la expresión de sentimientos con explicaciones del tipo tengo un nudo en la garganta, se me encoje el corazón, estoy paralizado….

Todas estas expresiones, lejos de aproximarnos a la identificación del mundo de nuestras emociones, las difuminan en vocablos poco precisos, que impiden tomar conciencia y expresarnos como en verdad querríamos hacer.

De hecho, cuando una persona expresa estar mal, puede encerrar tras de sí sentimientos tan variados como la tristeza, la rabia, la preocupación, el enojo, la envidia, los celos, la apatía, la desolación, la desesperanza….y al mismo tiempo una persona que dice sentirse bien puede tener sentimientos de satisfacción, orgullo, alegría, alivio, regocijo, esperanza, seguridad…

Las emociones son fenómenos multidimensionales caracterizados por cuatro elementos: cognitivo (Cómo se llama y que significa lo que siento), fisiológico (qué cambios experimenta mi cuerpo), conductual (hacia donde dirige cada emoción mi conducta) y expresivo (a través de que señales corporales se expresa).

Pero no todo el mundo expresa sus emociones, y si las expresa, lo hace de una forma diferente. A lo largo del proceso de aprendizaje y del establecimiento de relaciones sociales, las emociones se van modulando, y muchos aspectos van cambiando. Las personas vamos configurando unos esquemas emocionales basados en parte en la experiencia y en parte en el temperamento a medida que crecen y aprenden de lo que les sucede en la vida. Estos esquemas constituyen la esencia de las diferencias individuales, y en estos esquemas se basan los estilos de respuesta emocional que caracteriza a cada persona.

Una casa dividida contra sí misma

Si usted está luchando con su compañero de crianza (o ex) – discutiendo sobre cuyo estilo es más correcto, o más eficaz – usted no está solo. Llegar a un acuerdo puede ser muy difícil. Y cuando se habla acerca de la paternidad, las emociones sin duda pueden ser muy altas.

La buena noticia es que usted y su compañero de crianza pueden encontrar una manera de trabajar juntos, incluso si tienen ideas diferentes.

Si usted encuentra que usted y su compañero a menudo discuten sobre temas clave, tomé algún tiempo para hablar de lugares que podrían estar de acuerdo.

Suena bastante fácil, pero ¿cómo se supone que podrá encontrar lugares que estén de acuerdo cuando usted discute acerca de todo? La buena noticia es, no importa que tan insuperable se sienta, hay algunas cosas que usted puede intentar, sólo para empezar:

Cree un tiempo específico para reunirse y hablar de sus diferencias en la crianza de los hijos. Este no es un tiempo para discutir, es un tiempo para reconocer que tienen diferencias. Es un momento para hablar de cómo se puede gestionar esas diferencias de manera más eficaz, por el bien de su hijo. Tan simple como parece, reconociendo abiertamente sus diferencias, en vez de quedarse en el tira y afloja entre el ustedes, puede ayudar a cambiar las cosas.

Una vez que han hablado acerca de sus diferencias, junto afirmen que le gustaría encontrar más puntos en común, con el fin de ayudar a su niño a aprender y crecer. Encuentren uno o dos comportamientos que les gustaría que su hijo mejore. Hablen de maneras en que puedan clara y efectivamente ayudar a su hijo a tomar la responsabilidad de mejorar estos comportamientos.

Una última cosa – trate de mantenerse enfocado en comportamientos específicos, como la reducción de la respuesta insolente, o para completar las tareas, en lugar de amplios conceptos como “respeto” o “actitud”. Aquellos tienden a ser zonas grises para los padres, – y adultos en general – tienen un montón de desacuerdos. Si se encuentran a sí mismos siendo arrastrados a otro argumento, un paso atrás, tomen un descanso y vuelvan a centrarse en uno o dos comportamientos muy específicos.

Asegúrese de tener estas conversaciones en privado, en lugar de en frente de su hijo. Lo más importante es estar de acuerdo en presentar un frente unido a su hijo. Hágale saber que el no puede moverse por las normas apelando a uno de los padres sobre otro.

Salvo en caso de abuso, no hay respuestas correctas o respuestas incorrectas cuando se trata de estilos de crianza. Discutir diferentes maneras de alcanzar sus objetivos familiares compartidos es un esfuerzo que vale la pena. Pero no deje que estos argumentos se interpongan en el camino de su crianza. Un paso a la vez – una meta compartida a la vez – usted y su compañero pueden hacer un equipo fantástico.

Buena suerte, y por favor manténgase en contacto y háganos saber cómo les va! Nos gustaría saber cómo usted y su compañero de trabajo les va juntos.

Lo mejor,

Marissa, Motivadora de Padres.


Acerca de Marissa Stephens, 1-a-1 Coach

Marissa es una madre orgullosa de dos niños, de 10 y 5 años de edad. Obtuvo su título en Sociología de la Universidad de Mainede San José y ha sido entrenadora 1-a-1 desde el año 2011. Antes de llegar a Empowering Parents, Marissa obtuvo experiencia trabajando como administradora de un hogar para niños adolescentes, como Administradora de Casos de Salud Mental de los Niños, y también pasó varios años trabajando en la Unidad del Menor en un Hospital Psiquiátrico.

Fuente: Empowering Parents

¿Cómo se desarrolla mejor el cerebro de un bebé?

Simon Worrall
Pronuncia: Otorrinolaringóloga pediátrica. Difícil, ¿verdad?

Según Dana Suskind, quien obtuvo ese título en la Universidad de Chicago, la exposición a un lenguaje abundante durante los primeros tres años de vida no solo es crucial para la capacidad de pronunciar palabras largas, sino para nuestro desarrollo integral y el éxito en general.

Por desgracia, en su nuevo libro Thirty Million Words: Building a Child’s Brain también demuestra que nuestros logros están determinados, en buena medida, por el medio social y económico en que nacemos.

Sin rodeos: un niño nacido en la modesta Compton, California, probablemente escuchará 30 millones de palabras menos en los primeros tres años de vida que otro nacido en la acaudalada Greenwich, Connecticut.

En una entrevista desde su hogar en Chicago, Suskind explica que la iniciativa “Thirty Million Word” intenta cerrar la brecha de logros; porqué el esfuerzo de Mark Zuckberger de aprender chino refleja la importancia de la exposición al lenguaje desde la infancia; y cómo su propuesta de “sintonizar, hablar más y tomar turnos” puede ayudar a resolver los problemas mundiales.

¿Qué te inspiró a escribir el libro, Dana?

Hace unos diez años inicié el programa de implantes cocleares en la Universidad de Chicago. Mi experiencia como cirujana me llevó al mundo de las ciencias sociales y allí descubrí el poder del lenguaje.

Los niños que nacen en condiciones de pobreza escuchan 30 millones de palabras menos que sus pares más acaudalados.

Antes de la implantación, los niños no manifestaban una diferencia real en su potencial de aprender a hablar. Pero después del implante, eran muy distintos. Algunos hablaban y aprendían igual que sus pares, mientras que otros apenas podían comunicarse. Y la diferencia casi siempre estuvo marcada por líneas socioeconómicas.

Julien Heh y Allie, su hija de 20 meses, participan en un taller de especias. Muchos padres no notan que pueden sostener charlas con sus hijos.

Aquella experiencia me puso a pensar, ¿qué está sucediendo? Es la misma cirugía, con resultados muy distintos. Luego me enteré de una investigación muy importante que hicieron Betty Hart y Todd Risley hace unos 30 años. Demostraron que los niños que nacen en condiciones de pobreza escuchan 30 millones de palabras menos que sus pares más acaudalados. Pero la brecha de 30 millones de palabras es solo una metáfora de la riqueza del lenguaje y los ambientes en los primeros años de vida.

Lo explicas de una manera maravillosamente sencilla. Cuéntanos de tus tres consejos para los padres y cómo marcan la diferencia en el desarrollo del cerebro infantil.

Desde el punto de vista científico, un ambiente con un lenguaje rico es increíblemente complejo. Sin embargo, en el nivel más fundamental, todo se reduce a tres cosas: armonizar, hablar más y tomar turnos.

Armonizar significa que cuando estés cambiando el pañal de tu hijo, salgan de compras o vayan al centro en autobús, te muestres interesada en cualquier cosa que despierte el interés del niño.

Hablar más es justo eso: hablar más, usar un lenguaje más rico, narrar a tu hijo lo que ocurre en el día.

Tomar turnos es lo más importante. Significa que debes considerar a tu hijo como un compañero de conversación, desde el primer momento. Muchos padres no se dan cuenta de que pueden conversar con un recién nacido. Sin embargo, los bebés nacen listos para aprender y responden con cada ruido y eructo, incluso antes de usar su primera palabra.

Propongo un cuarto factor: apagar la tecnología. Llámese televisión, iPhone o iPad, hay tecnología en todas partes. Necesitamos aprender a vivir con la tecnología y entender que el cerebro del bebé necesita interacciones humanas reales, en vivo. Por desgracia, no existen sustitutos ni fórmulas, como las hay para la leche materna, así que solo podemos hacer nuestro mejor esfuerzo para limitar la tecnología e interactuar con nuestros hijos. (Lee: ¿Qué nos causa Facebook?)

En tu libro haces una pregunta importante: “Si los bebés fueran genios de la computación, ¿por qué no los sentamos frente al televisor y nos olvidamos de todo?”. Explica porqué eso no contribuye al proceso de aprendizaje.

¿No sería lo más simple? [Ríe] El lenguaje se desarrolló como un medio de comunicación. No teníamos tecnología para nutrir nuestros cerebros. Necesitábamos la interacción social para que el lenguaje se “pegara”. Hay estudios geniales que lo demuestran. Los bebés no aprenden con la televisión o los videos. La interacción, lo que llamamos “respuesta contingente” –cuando respondemos a las señales del bebé-, es lo que permite que aprendan cosas.

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¿Qué hay de los niños mayores de cuatro años, los que se pasan la vida en YouTube o el televisor, sin leer y sin los tres estímulos que propones? ¿Hay esperanzas para ellos?

¡Nunca es tarde! El cerebro siempre está desarrollándose, evolucionando; incluso en ti y en mí. [Ríe] Sin embargo, hay un periodo cuando el desarrollo cerebral es tan intenso como al principio, sobre todo en términos de destrezas cognitivas. Si queremos prevenir en vez de remediar, necesitamos enfocarnos en esa etapa. Eso no significa que debamos enfocarnos en los niños de cero a tres años y olvidarnos de los demás. Pero si descuidamos a los de cero a tres, después será muy difícil cerrar la brecha.

Ya es costumbre decir que el reforzamiento positivo es necesario. No obstante, tienes datos que confirman esa teoría, así como información sorprendente sobre factores socioeconómicos y el refuerzo positivo. Háblanos del estudio Hart-Risley.

Hart y Risley surgieron de la “Guerra contra la pobreza”. Antes de hacer su estudio, hace 30 años, realizaron muchas intervenciones preescolares con niños que vivían en condiciones de pobreza. Al principio, los resultados demostraron que, durante la edad preescolar –digamos, cuatro y cinco años-, los niños que recibían intervenciones clave no eran distintos de quienes no las recibían. Esa experiencia los llevó a cuestionar, “¿Qué pasa en la vida cotidiana de los bebés entre los cero y tres años?”

En casa de los mellizos Felix y Viva se habla 4 idiomas, lo que crea el rico ambiente lingüístico que Suskind considera crucial para el desarrollo cerebral.

Decidieron hacer un seguimiento de familias en todos los estratos socioeconómicos –incluyendo desde las que llamaron “empobrecidas” hasta las profesionales y todos los niveles intermedios- hasta los tres años de edad. Visitaron a los niños una vez al mes e hicieron grabaciones de audio. Cuando analizaron los datos, descubrieron que los niños nacidos en condiciones de pobreza habían escuchado 30 millones de palabras menos que sus pares más acaudalados. Fue entonces que concibieron esa metáfora genial para llamar la atención del público: la brecha de 30 millones de palabras.

Hart y Risley también detectaron diferencias entre el uso de afirmaciones y prohibiciones –“¡No hagas esto!”, “¡Bájate!”, “¡Cállate!”- y las descripciones que usaban una rica narrativa. Todo esto –la forma como los progenitores hablan o no con los niños- impactó no solo en el vocabulario de los bebés a los tres años, sino que al llegar al tercer grado, también encontraron impactos en sus calificaciones de exámenes y CI, y así descubrieron el inicio de la brecha de logros.

Mencionas que hay una diferencia entre los términos “ayudante” y “ayuda” para obtener una respuesta en los niños, y también cuando dices “eres muy malo” o “hiciste algo malo”. Explica la importancia del lenguaje en el desarrollo del cerebro infantil.

Lo más importante que me ha demostrado toda esta experiencia es el poder del lenguaje para nuestro desarrollo integral, para el desarrollo de nuestro cerebro. El lenguaje no solo incrementa el CI y la capacidad cognitiva. Hace crecer los distintos aspectos del individuo, como nuestra destreza para las matemáticas, nuestra percepción espacial, nuestra capacidad para perseverar frente a los desafíos, o nuestra autorregulación.

En estos momentos estoy muy enfocada en nuestro programa de elogios basado en la persona versus el proceso. Si dices “trabajas muy duro” versus “eres muy inteligente”, marcarás la diferencia entre un niño que persista frente a un desafío difícil o se dé por vencido.

Tiffany Painter y Trevon, su hijo de seis meses, disfrutan una mezcla de alimentos y videos musicales. Suskind dice que el lenguaje hace crecer distintos aspectos del individuo.

La empatía es la esencia de lo que deseamos en los seres humanos. Es importante elogiar al individuo en vez del proceso. Queremos que el niño piense, “Soy un gran ayudante” versus “solo fue el proceso”.

En cambio, si el niño hace algo malo, es importante entender que hay una diferencia crucial entre sentir culpa y vergüenza. Porque si avergüenzas a alguien, no haces algo constructivo. Lo deseable es que tu afirmación esté conectada con un acto. Si dices “eres malo” versus “ese acto es malo”, puedes marcar una gran diferencia.

Fecha: 2015-09-11

Fotografías: Lynn Johnson, National Geographic Creative

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