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Hacer de la crianza algo más sencillo y posible

En los Estados Unidos hay un movimiento que invita a los padres a volver la crianza algo más sencillo, más amable y que le dé seguridad afectiva a todos.

Lo primero que busca esta tendencia es que los padres estén menos estresados y logren divertirse más con sus hijos. Igualmente, que tengan menos actividades materiales y más cosas que quieran hacer con ellos y, sobre todo, fomentar la confianza entre padres e hijos, y lograr que los padres se mantengan fieles a sus valores morales y a un sentido de propósito de familia.

Para volver todo más fácil en la crianza, el doctor Gary Chapman, autor The 5 Love Languages of Children, dice que tenemos que entender la necesidad individual de cada niño en cuanto a qué tanto necesita ser acariciado, escuchar palabras de amor, tener tiempo a solas, o recibir juguetes o regalos. La necesidad más profunda de un niño es el sentirse amado. Si está criado con amor, crece siendo un menor sano psicológicamente.

La pregunta que usted se debe hacer es ¿será que mis hijos se sienten amados? Los padres también aprenden cuál es el estilo preferencial de recibir amor de cada hijo observando su conducta, tomando nota de cómo expresarlo y escuchándolo.

Es innegable que los niños que se sienten amados responden mejor a las sugerencias y a la disciplina, adicionalmente, aprenden a expresar sus emociones de manera adecuada.

Otra creencia de la crianza simplificada es evitar idealizar a los hijos. Hay que aceptar a cada uno como es, aunque no nos guste o no estemos de acuerdo con él. Por ejemplo, a muchos de nosotros nos encanta el fútbol y a los hijos no les interesa. Es necesario procesar esa realidad, pero también hay que apreciar todo lo bueno que tiene el hijo y no apegarse a esa diferencia. Otra creencia de este tipo de crianza es siempre enfocar todo lo que pase entre padres e hijos a lo positivo, en vez de lo negativo.

La crianza simplificada también habla de crear actividades y rituales que ayuden a apaciguar temores en los niños. Los expertos en este tema sostienen que la conexión se logra con actos como comer juntos, tomar un tiempo en familia y hablar sobre algo bueno, algo difícil o algo que les asuste, con ello se construyen conexiones familiares; esta es una experiencia muy enriquecedora para todos en la familia.

La esencia de ser un padre sencillo es aprender a tener un balance entre el tiempo, las manifestaciones de amor, sus valores y creencias. También es importante recalcar que para los niños es suficiente con tener solo lo que necesitan y no exceso cosas. En la crianza, muchas veces menos es más.

Fuente: abcdelbebe.com

 

Una relación familiar saludable

Carolina Jiménez
[email protected]
Santo Domingo

La buena relación familiar guía hacia el camino de la felicidad y el amor. Es fundamental que sus miembros mantengan la comunicación y compartan juntos momentos de calidad, para edificar una relación familiar saludable y fortalecer los vínculos afectivos.

Además, dedicar una parte de nuestro tiempo a nuestros seres queridos y realizar actividades que fomenten la buena convivencia, puede lograr un sano desarrollo emocional y cognitivo.

CÓMO MEJORAR LA RELACIÓN FAMILIAR

Para la psicóloga familiar, María Elena López, la buena vida familiar está lejos de ser perfecta. “A lo que nos enfrentamos a diario en la convivencia es a diferentes circunstancias que ponen a prueba el amor, la paciencia, la tolerancia y la capacidad de autocontrol de cada miembro de la familia. La clave está en alcanzar el equilibrio cuando tenemos dificultades”.

López asegura que la mayoría de las veces no se necesita hacer grandes cambios, sino más bien de acciones sencillas, de prácticas cotidianas y positivas, como reconocer y apreciar las cosas buenas de la familia, generar buenos ratos compartidos, dar apoyo y compañía en los momentos difíciles, promover encuentros amables en familia, mostrar interés por el otro, cuidarse mutuamente o disminuir el estrés. “Esto sumado aumenta la probabilidad de felicidad”.

FORTALECER LOS LAZOS

Para fortalecer los lazos familiares es importante estar conscientes de que por más difícil que pueda ser el día, siempre debemos irnos a descansar con palabras de afecto. Recuérdales cada día a tus hijos, a tu pareja, a tus padres, lo mucho que valen para ti, lo mucho que los amas.

Si nunca has hecho este acto, es momento de que te animes a hacerlo. Te darás cuenta que simples palabras, pequeños gestos, ayudan a fortalecer vínculos y mejoran la autoestima de quien recibe esa muestra de amor desinteresado.

Otro aspecto importante es ayudarse los unos a los otros, con el fin de lograr más tiempo juntos para fomentar esa buena relación. La familia siempre debe ser un pilar fundamental, un apoyo fuerte que nos acompañe toda la vida.

¿Por qué la familia debe permanecer unida?

La importancia de la unión familiar radica en los múltiples beneficios que esta tiene para cada miembro de la misma: desde los padres hasta los más pequeños. Una familia unida aprovecha los momentos en que están juntos, disfruta de estos y además puede superar mejor los momentos de crisis.

7 CLAVES PARA MEJORAR LA RELACIÓN FAMILIAR

Para mejorar tu relación familiar, te presentamos estas siete claves realizadas por el portal salud180.com:

1) Dediquen tiempo unos a otros. Apoya a tus hermanos y padres en sus actividades, juegos y aficiones.

2) Traten de comer o cenar la mayor parte de la semana. Si tienen agendas complicadas, programen un día para comer juntos.

3) Dediquen un día a la semana a hacer algo como visitar a los abuelos, dar un paseo, caminar, jugar, etc. Su imaginación es el límite.

4) Dediquen tiempo para platicar. La comunicación es vital para fortalecer los vínculos afectivos de la familia.

5) Cocinen, limpien, jueguen, duerman, platiquen y rían juntos.

6) Sean espontáneos. Cuando estén juntos disfruten del momento y compartan pequeñas experiencias, pueden improvisar juegos o simplemente ver una película.

7) Celebren sus logros tanto familiares como individuales. Asimismo, motívense mutuamente para lograr metas.

Noviembre mes de la familia

Según los patrones que observen los niños y niñas en sus familias, la escuela y el entorno que les rodea, dependerá su formación, carácter y lo que será en su vida adulta.

El mes de noviembre es de gran trascendencia para los dominicanos debido a que las escuelas realizan actividades dedicadas a consolidar las familias, definida esta como la unidad básica de la sociedad.

El hecho de que nuestra educación dedique este período a tan importante componente de la sociedad, evidencia que los centros educativos deben ir de la mano con esta para poder lograr los avances esperados en la República Dominicana.

Esta fecha es propicia para reflexionar sobre como mejorar la relación entre cada uno de los miembros de la familia y se den demostraciones de solidaridad.

Así como la escuela tiene (entre otras) las funciones de transmitir a los niños el conocimiento que las sociedades han acumulado, enseñarles los valores y las normas grupales y ofrecerles un espacio para la convivencia de par a par (de niño a niño); así como las Cámaras de Diputados y Senadores tienen, entre otras, las funciones de hacer y revisar las leyes del país; la familia, como institución, tiene sus propias funciones sociales, entre las que están:

• El hogar es el espacio en el que las personas desarrollamos relaciones personales íntimas, pues nos enriquecen y nos dan satisfacción.

• La familia es el espacio para la procreación de la especie. En este espacio nacen los niños y las niñas.

• La familia es la célula en la que las personas de todas las edades resolvemos nuestras necesidades de protección, compañía, alimento y cuidado de la salud.

• A través de la familia, las sociedades transmiten sus valores y costumbres a los hijos. La lengua, el modo de vestir, la manera de celebrar los nacimientos o de enterrar a los muertos, las estrategias para el trabajo y la producción, la manera de pensar y de analizar la historia, los modos comunitarios de aprender o de relacionarse con otras personas o grupos sociales, son todas herencias culturales que se transmiten en familia.

• Una función de vital importancia es la socialización.

• La familia es la encargada de propiciar el que niñas y niños se desarrollen como miembros de una nación y de un grupo social, con un sentido de pertenencia, con capacidad de entender y respetar la cultura de su grupo y de su país.

• En familia, niñas y niños construyen su identidad personal.

La imagen que todas y todos tenemos de nosotros mismos como personas distintas, con habilidades, conocimientos, preferencias y carácter propio, es lo que llamamos identidad.

En la familia se construye la identidad durante la infancia y la niñez, lo que determina en gran medida la manera en la que el niño/a se relacionará, producirá o participará como adulto/a en la vida familiar y social de su grupo de pertenencia.

Los niños/as construyen su identidad a partir de modelos humanos, mirando a su papá actuar como trabajador, como esposo, como vecino, como amigo, o como hermano. Construyen su identidad personal cuando observan cómo su mamá se relaciona con ellos mismos, con su esposo, con sus compañeros de trabajo, con el doctor, o el maestro de la escuela; cuando la ven reunirse con sus amigas y amigos, o dirigirse a la asamblea comunitaria para dar su opinión.

Pero la socialización y la construcción de la identidad personal no se dan sólo a partir de la familia. La escuela es un importante espacio en el que ocurren procesos de transmisión de cultura y valores, y de observación de modelos.

Por esa razón es importante que las familias participen en los procesos escolares de sus hijos/as y que estén en permanente contacto con los maestros/as, de esta manera ejercer el derecho a participar de manera directa en la educación escolarizada y en la socialización de sus hijos/as.

Fuente: educando.edu.do

Un necesario cuento que a través del humor invita a repartirse las tareas del hogar

¿Qué te motivo a escribir un cuento igualitario?

Me gustó esto de jugar con la idea de que sea un señor (que se llama Amador y en catalán es Salvador) a quien la mamá contrata para hacer las tareas del hogar, porque es algo que no ocurre en la realidad, o al menos en Argentina, todas las personas que uno contrata para trabajar son mujeres. Y, a decir verdad, no son muchos los hombres que barren, pasan el trapo, hacen las camas, limpian los vidrios, lavan la ropa, ordenan la casa, hacen las tareas con las hijas y los hijos, los llevan al médico… A lo sumo hacen una cosa o dos cosas de todas esas, pero la mayoría las seguimos haciendo las mujeres, además de salir a trabajar, claro.

Cuando convivíamos con el padre de mi hijo, luego de discutir por estas cuestiones (entre otras tantas) habíamos quedado en que él sacaría la basura. En Argentina, hay que dejarla en el contenedor de la vereda a determinado horario… ¡Tres días! Estuvo la basura esperando ilusionada, pero siempre a él se le pasaba el horario… Hasta que al cuarto, no aguanté más –el olor tampoco se aguantaba– y la llevé yo. O esto de usar un vaso y no lavarlo, como si los vasos se autolavaran, secaran y guardaran solos o como si fuera obvio que es una tarea que les corresponde ¡¿a las mujeres?! O en reuniones con amigos/os y conocidas/os, quienes siempre se levantaban a retirar los platos y sobrantes de la mesa luego de comer, casi siempre éramos las mujeres, ¿y a que no saben quiénes lavaban los platos mientras ellos hacían la entremesa? Sí, adivinaron. ¡Nosotras! Me da pereza de solo contarlo… Esos son algunos de los tantos e infinitos ejemplos de la vida diaria… Despareja, desigual, androcéntrica… Machista.

Estas estructuras inequitativas y patriarcales se van –y las vamos– transmitiendo de generación en generación. Y por eso, en el cuento la protagonista se pregunta por qué su mamá hizo tanta diferencia en la crianza entre ella y su “hermanito” menor:

“En ese momento miré fijamente a mi hermano Santi, que no sabe prepararse ni un zumo de naranja, y eso que ya tiene ocho años, y también la miré a mamá, que le hace las cosas porque dice que ´todavía es muy pequeño´. ¡Pero si yo desde hace mucho ayudo con algunas tareas de la casa!, me hago las coletas desde los cinco, y me sé preparar el desayuno desde los siete… ¿Será que los hombres se hacen mayores muchos años después que las mujeres? Y entonces me acordé y miré a mi papá, que ya tiene canas y algunas patas de gallo (aunque las quiere disimular poniéndose cremas antiedad), y pensé: ¿papá todavía sigue siendo pequeño? ¿Cuándo crecerá?”, reflexiona la nena.

 “Empezar a mostrar es empezar a poder ver”… No es mía la frase, está en el libro “Cómo criar [email protected] no machistas”. Me gusta mucho, porque creo que exhibir estas diferencias y cuestionarlas es un paso hacia adelante para poder comenzar a concientizar las cosas que están naturalizadas y que, sin embargo, no tienen nada de natural.

¿Conoces en la vida real a algún “papá con delantal”?

Tengo algunos amigos y un par familiares que se ponen el delantal y hacen estas tareas de forma igualitaria 50y 50, (o casi) pero son especímenes diría que aislados, no puedo decir en extinción porque nunca hubo muchos, siempre fueron rarezas, excepciones entre el género masculino.

Se habla mucho sobre “feminismo” pero muy poco sobre “nuevas masculinidades” ¿Por qué crees que sucede esto?

Me gustaría aclarar algunas cuestiones en las que creo… Primero, que el feminismo no es lo opuesto al machismo. El feminismo nace como respuesta al patriarcado, al androcentrismo y al machismo en el que vivimos a nivel mundial. Lo que busca el feminismo es mostrar estas desigualdades, visibilizarlas, hacerlas explícitas para así poder desnaturalizarlas y modificarlas, ya que no tienen nada de natural, ni de justo. Por eso, el feminismo lo que busca es la igualdad entre hombres y mujeres. No es necesario ser mujer para ser feminista, un hombre puede serlo. De hecho, deberían serlo si lo que buscan es un mundo justo, igualitario y equitativo. Y, a decir verdad, creo que todas y todos deberíamos ser feministas, porque vivimos en un mundo machista, y fuimos criadas y criados en un mundo machista. La mirada de nuestra familia al formarnos tuvo una mirada machista, la del colegio adonde fuimos a aprender, la de los medios de comunicación, la del verdulero de la esquina, la de nuestras abuelas cuando nos decían: “Pórtate como una señorita”, “No te llenes de moretones las piernas que se te van a ver con la pollera”, “Que no se te pase el arroz”, “Pintate los labios”… Todos esos son discursos machistas naturalizados. Ellas lo decían desde el amor, desde darnos “buenos consejos para la vida”, ni siquiera eran consientes de esa mirada androcéntrica que nos estaban transmitiendo. Son conocidos los números de la desigualdad de género en el mundo. Después de ver esos números, todo el mundo debería ser feminista.

Creo que se habla menos de las “nuevas masculinidades” porque los hombres no se terminan de poner a tiro en esto de la igualdad de género. Les cuesta ceder para quedar parejos. Y los que quieren, muchas veces quedan a mitad de camino. Por eso la fuerza, el motor del cambio sigue estando en las mujeres y en nuestras luchas por la igualdad y la equidad.

¿Qué tipo de cuentos infantiles te resultaron más inspiradores en tu vida?

Leer y que me leyeran en general me resultó muy inspirador. Me abrió las puertas a la imaginación, a otros mundos, a la fantasía, a otras realidades, a otras posibilidades, imágenes, sensaciones, historias infinitas. Mis primeros cuentos de niña fueron los Musicuentos de Viscontea que venían con el disco para escuchar. De tapa verde, gigantes para mí en aquella época, en donde venían contados muchos de los clásicos, de una manera muy atractiva. Recuerdo esperar ansiosa a que me los trajeran. Se vendían en los kioscos de revistas. Ahí, de pequeña y sin saber leer aún, comenzó mi camino lector.

¿Crees que las narrativas pueden ayudar a empoderar a los nuevos modelos de familia?

Sí, creo que pueden poner en el tapete, mostrar, exhibir y cuestionar estos temas y muchos otros, como los distintos tipos de familia, de relaciones. Cada pareja es un mundo y no hay un único manual para funcionar e interrelacionarse.

Fuente: muhimu.es

 

Las familias que juegan juntas son más felices

Podríamos decir que jugar en familia es beneficioso para la salud. Ahora un estudio además lo confirma. No solo mejora el vínculo familiar, sino que además es bueno para la felicidad de cada uno de sus miembros.

Descubre por qué las familias que juegan juntas son más felices y presentan índices más bajos de estrés.

Un estudio revela que las familias que juegan juntas son más felices

Nos gustaría pasar mucho tiempo de calidad junto a los hijos, pero el trabajo, las tareas domésticas, o los smartphones al final terminan distrayendo y agotando a los padres. El resultado es la falta de tiempo para estar y jugar con los hijos. De hecho, un 38% de los padres reconoce no tener tiempo para jugar con sus hijos.

Sin embargo, deberíamos intentar revertir esto de alguna forma, ya que se ha demostrado que jugar en familia tiene grandes beneficios para todos. Un estudio realizado por Lego, ha sacado a la luz datos muy interesantes y reveladores:

1. Jugar en familia hace que las felices sean más felices. El estudio se ha realizado mediante una encuesta a más de 10.000 padres, madres y niños de todo el mundo. El informe detecta un fuerte vínculo entre las horas que pasan jugando juntos padres e hijos y la felicidad declarada de las familias. De hecho, nueve de cada diez familias que juegan durante cinco horas o más aseguran ser felices, mientras que entre aquellos que juegan durante menos de cinco horas, este porcentaje desciende al 75%.

2. Jugar en familia disminuye el estrés de todos sus miembros. Jugar juntos hace que padres e hijos se sientan más relajados y mejoren el vínculo y conexión entre ellos.

De entre todos los juegos que se pueden compartir en familia, los de aprendizaje lúdico son los más beneficiosos, aunque tampoco hay que olvidar los juegos relacionados con las nuevas tecnologías. Por increíble que te parezca, muy lejos de ‘ensuciar’ la relación familiar, este tipo de juegos puede unir a la familia, a pesar del miedo que reconocen tener los padres, a que este tipo de juegos empeoren las relaciones sociales de sus hijos.

El gran problema sigue siendo el tiempo. La inmensa mayoría de los padres encuestados reconocen no pasar el suficiente tiempo jugando con sus hijos, por culpa del trabajo, de las tareas domésticas… o del tiempo que pasan conectados al móvil. De hecho, tres de cada diez padres asegura pasar menos de cinco horas a la semana jugando con los hijos. Cuando se pregunta lo mismo a los hijos, confirman que les encantaría que sus padres jugaran más con ellos.

La responsable de este estudio (Jessica Joelle Alexander) nos deja unas frases muy interesantes que nos hacen reflexionar sobre la importancia del juego con los hijos: “Jugar juntos es una piedra angular fundamental en la vida familiar tanto para niños como para padres. Pero con los estilos de vida modernos más ocupados que nunca y con tanto énfasis en la educación formal y las actividades programadas, puede ser fácil olvidarse de hacer tiempo para ello. Dados los efectos positivos que tienen en nuestros niveles de bienestar y felicidad, el juego familiar debería ser la “tarea” más importante de todas”.

Preocupaciones de los padres respecto al juego de sus hijos

A la hora de incentivar a los niños hacia uno u otro juego, los padres tienen en cuenta sobre todo los siguientes factores:

– La seguridad del juguete o del juego.

Que sea un juego didáctico. Los padres prefieren juegos educativos, ya que confían en que les ayudará a tener más éxito en su aprendizaje escolar y personal.

– Si es un juego digital, que no entorpezca las habilidades de sociabilidad de los niños y que sí les ayude a ser más creativos. Pero en este punto, los datos son positivos, ya que el estudio ha demostrado que más de un 80% de niños prefiere jugar con sus pares que solo, y un 72% prefiere juegan con amigos que hacerlo de forma online.

Fuente: guiainfantil.com

Sinergia familia y escuela: una tarea pendiente

Todos reconocemos que los padres tienen el deber y derecho de educar a sus hijos. Los padres de familia tienen el deber de educar a sus hijos y el derecho de escoger los centros de educación y de participar en el proceso educativo.

Cuando los padres eligen el colegio para sus hijos, no sólo esperan que la escuela les brinde conocimientos y aptitudes académicas, sino que depositan confianza en los maestros, esperando que se conviertan en aliados y principales colaboradores en el proceso de educar a su pequeño.

A medida que transcurre el tiempo y el niño va creciendo, esa confianza puede transformarse en una total delegación de funciones parentales que se traslada a la escuela. Se espera que el colegio se convierta en un ámbito de desarrollo de habilidades socioafectivas, un espacio donde aprenda, hábitos de vida saludable, valores como la reciedumbre, la fortaleza, el optimismo, el orden, la responsabilidad, la ciudadanía. Todo ello, además de las competencias académicas propias del currículum.

El buen maestro entonces enfrenta una tarea titánica y solitaria: tratar de atender todas las dimensiones de la persona, buscando que el joven tenga un proyecto de vida que le permita insertarse en la sociedad de manera exitosa. Sin embargo, la escuela no se ha planteado seriamente qué estrategias debe desarrollar para involucrar a los padres en el proceso educativo, atendiendo a las circunstancias y contexto en que vive cada familia.

Los padres necesitan reconocer que son los protagonistas de la vida de sus hijos y que, si no actúan con intencionalidad, otros agentes educativos asumirán ese rol principal: los medios de comunicación, la internet, las redes sociales, los amigos del barrio, irán modelando principios, conductas y hábitos que no necesariamente son los que anhelan.

Las posibilidades de llegar a concretar un proyecto de vida se reducen cuando la familia no cubre las necesidades básicas de afecto y crianza durante la niñez y la adolescencia.

En resumen, hay aprendizajes en los que el rol de los padres es insustituible. Los profesores, las escuelas y los sistemas educativos deben estudiar cómo pueden ayudar a los padres, que están muy ocupados, a desempeñar un papel más activo y eficaz en la educación de sus hijos, tanto dentro como fuera de la escuela.

Fuente: semanaeconomica.com

César Vidal: La base para la educación está en la familia

Carolina Jiménez
[email protected]
Santo Domingo

Como respuesta a la visión de ser el programa prensa – escuela de mayor contribución a la educación del país, Plan LEA, celebró su vigésimo noveno aniversario con la conferencia “La Familia del Siglo XXI: Retos y Oportunidades”, que tuvo como expositor al historiador, escritor y comunicador de origen español, César Vidal.

Con una cálida bienvenida Rosario Vásquez, Encargada de Plan LEA, recibió a directores de centros educativos, maestros, padres, tutores y orientadores que se dieron cita en el Auditórium de Galería 360. “Es un honor contar con el apoyo de cada uno de ustedes en la celebración de los 29 años de Plan LEA, único programa prensa – escuela de República Dominicana”, expresó.

El acto contó con la presencia de distinguidas personalidades, entre ellas Andrés Navarro, ministro de Educación; Janet Camilo, ministra de la Mujer; Zoila Martínez, directora Defensor del Pueblo, y Miguel Franjul, director de Listín Diario.

El Ministro de Educación, Andrés Navarro, manifestó que el sistema educativo está viviendo una etapa de transformación con la instalación de un nuevo currículo basado en competencias, donde se necesita como socio fundamental a la familia. “En un encuentro con directores, uno de ellos dijo que comúnmente aquellos estudiantes que tienen dificultades de aprendizaje en las escuelas, son hijos de padres que nunca asisten a las actividades escolares”.

Navarro aseguró que desarrollar nuevas competencias en las escuelas que tengan como propósito construir una nueva ciudadanía en República Dominicana, no se puede solo realizar con la labor del maestro, sino también con el apoyo de la familia, que ha de ser el rol clave para la estimulación del estudiante.

Janet Camilo, ministra de la Mujer, resaltó que Listín Diario es un medio de comunicación que vela por la educación para el desarrollo del país. A la vez, felicitó la labor de Plan LEA durante sus 29 años.

El director de Listín Diario, Miguel Franjul, puntualizó que a pesar de que en la actualidad el hombre se esté atacando a sí mismo y al prójimo, se seguirán haciendo los esfuerzos necesarios para cambiar esa realidad.

Franjul consideró que el problema radica en la renuncia al cumplimiento de responsabilidades de muchos padres al dejar a sus hijos solos, y que por eso: “Se debe reconstruir la capacidad para fortalecer los valores familiares”.

Disertación de César Vidal

Vidal inició la conferencia compartiendo los resultados del Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes (PISA), donde Singapur ocupó el primer lugar entre 72 países por su defensa familiar. Mientras que Taiwán el segundo lugar por mantener la misma ideología.

De acuerdo a los resultados de la prueba PISA, informó que República Dominicana entre los 72 países, se encuentra en el último lugar en matemáticas y ciencias, en lectura ocupó el puesto 68.

Vidal finalizó asegurando que: “En el proceso educativo y formativo de niños y adolescentes, la familia es la clave.  Aprendamos esa lección y el futuro de nuestros educandos será distinto y, sobre todo, mejor”.

Agradecimientos especiales:

Al Ministerio de Educación, Instituto Nacional de Formación y Capacitación del Magisterio, Ministerio de la Mujer, Programa Progresando con Solidaridad, Dirección General de Impuestos Internos, Fundación Popular, Grupo Ramos, Café Santo Domingo, Kahkow Experience y Thrifty Car Rental.

Enseñar y aprender a escuchar para la buena comunicación en el hogar, en la escuela y en la vida

Dentro del listado de aprendizajes para tener éxito en la vida está el saber escuchar. Este aprendizaje debe comenzar desde temprana edad y supone una buena valoración del otro, del qué “que habla”, así como la comprensión de su mensaje y una respuesta verbal o gestual sobre lo escuchado. Se trata de escuchar para tener qué decir o qué hacer.

Escuchar adecuadamente es también señal de respeto y comprensión del otro así como como muestra de poseer una “inteligencia comunicacional” que hace posible entenderse con los demás, ya sea mediante el diálogo amistoso o mediante el debate respetuoso de las ideas de cada quien.

Se “aprende” y se “enseña a escuchar” para convivir con los demás. Si escucho al otro, éste estará obligado a escucharme. Los padres y maestros “enseñan a escuchar” escuchando siempre a sus hijos y estudiantes. Dejarlos hablar y escucharlos con atención es una manera de conocer sus ideas, sentimientos, miedos, valores e intereses y de servir como modelo del buen hablar y del buen escuchar.

Tanto los padres como los profesores deben procurar tener “buenas relaciones”, “buena comunicación con sus hijos y estudiantes”. Y las buenas relaciones comienzan por escucharlos. Escucharlos es una manera de respetarlos, de amarlos y de conocerlos.

También puedes leer: Comunicación positiva: Hablar y dialogar con nuestros hijos

Ser escuchado es un derecho de la persona. De ahí que los padres y profesores tienen el deber de escuchar a sus hijos y estudiantes siempre.

¿Cómo desarrollar la competencia de escuchar y hacerse escuchar en la familia y en la escuela?

  1. Nunca castigue imponiendo un tiempo de silencio ni individual ni colectivamente. Escuche primero y procure que el niño escuche de usted razones para tomar la decisión de escuchar a su vez atentamente.
  2. Nunca mande a callar a sus niños o a sus alumnos en público ni en privado, se considera una humillación y un boicot al diálogo. A medida que aumenta la edad aumenta el impacto psicológico de la humillación.
  3. Jamás utilice la expresión “quítate de mi vista que no quiero verte ni escuchar tus payasadas”. Algunas payasadas son expresión de alegría, otras de necesidad de orientación.
  4. Evite sermonear. Los niños y los jóvenes “aprenden a no escuchar” cuando se le sermonea.
  5. Evite decir las mismas cosas muchas veces. Esto no les enseña los comportamientos que se quiere que aprendan. Persuada, motive, fije límites con ecuanimidad, dulzura e inteligencia.
  6. Hacer que el niño escuche cosas serias no es sinónimo de ofensa o de regaño. También los padres y profesores deben enseñar a dialogar y a hacerse escuchar sin ofender, humillar o perder la cabeza.
  7. Fomente la práctica del diálogo en la familia y en la escuela. Hacerse escuchar no significa infundir temor o miedo. Realice reuniones familiares y escolares para practicar la “escucha activa, comprensiva y educada”.

Fuente: nuestroshijos.do

La clave está en la familia

César Vidal Manzanares 

Hace ya muchos años, casi décadas, dediqué una parte de mi tiempo a escribir literatura infantil y juvenil. Aunque obtuve algunos premios literarios con esa labor, no se trataba de mi actividad más importante ni tampoco de la más lucrativa. Por razones de agenda, tanto entonces – igual que sucede ahora – tenía muchas invitaciones para dar conferencias, celebrar campus literarios o enseñar seminarios. La mayoría de las veces, también por razones de agenda, tenía que declinar las invitaciones. Con una excepción: los libroforos con niños y adolescentes. Sucediera lo que sucediera y aunque significara poner patas arriba las actividades del mes, siempre decía sí a las invitaciones para ese tipo de libroforos.

Implicaba no pocas veces comenzar una jornada a las ocho de la mañana e ir saltando de libroforo en libroforo hasta las doce para luego continuar por la tarde dos o tres horas más. Siempre se trataba de clases que habían leído alguno de mis libros previamente y, por regla general, me limitaba a presentarme con algunas frases y abría a continuación un turno de preguntas. Necesitaría un libro para relatar todo lo que aprendí en aquellos años tristemente pasados y felizmente vividos y, precisamente por eso, debo ser selectivo. Una de las lecciones más importantes que extraje de aquellas experiencias fue la del valor de la familia en la educación y en ella voy a detenerme.

Había yo pensado en aquel entonces que encontraría diferencias entre los alumnos en el curso de los libroforos. Y, ciertamente, las encontré. Sin embargo, no fueron como yo había esperado. Creía yo que los colegios más caros y elitistas darían los mejores alumnos y, sobre todo, educarían mejor a la hora de pensar, expresarse y actuar de manera creativa. No me pude equivocar más. Colegios muy modestos, públicos y en zonas humildes contaban con alumnados más inteligentes que otros privados, caros y en zonas residenciales. Pero no se trataba sólo de eso. En un mismo centro educativo, pude encontrarme con clases absolutamente dispares, con cursos adocenados y pobres, otros, brillantes e inteligentes. ¿Qué establecía la diferencia si no era la posición social ni el coste de la educación?

Educación conjunta

En un primer momento, atribuí aquellas diferencias, en ocasiones abismales, al personal docente. Ciertamente, su papel era esencial. Un profesor entregado diligentemente a sus tareas colocaba a mayor altura educativa a los alumnos de un aula pequeña y pobre situada en un suburbio que otro más negligente aunque contara con instalaciones mejores en un barrio de clase alta. El buen maestro lograba superar en no pocos casos la diferencia de medios.

Pensaba yo haber encontrado la clave de la educación cuando, de manera casi simultánea, varios maestros me sacaron del error. Me decía con tono modesto: “Nos esforzamos lo que podemos, pero todo depende de las familias”. Inicialmente, pensé que se trataba de una muestra de humildad del docente, pero que se repitiera una y otra vez me pareció excesivo. Ciertamente, en su trabajo eran buenos, incluso en no pocos casos, resultaban muy buenos. Sin embargo, me decían la verdad. Cuando la familia se involucraba en la educación de los hijos – o si no lo hacía – la diferencia era notable.

Perfil de César Vidal Manzanares

Historiador, escritor y comunicador de origen español residente en los Estados Unidos. Obtuvo la licenciatura en derecho por la Universidad Complutense de Madrid y desde 1980 y por un periodo de más de 10 años ejerció como abogado. Posee sendos doctorados en Teología y Filosofía. Vidal es un escritor muy prolífico especialmente sobre temática relacionada con la historia, aunque no todas vinculadas a la temática de su tesis doctoral. Entre 2004 y 2012 ha editado más de ochenta publicaciones. Vidal ha sido reconocido internacionalmente con numerosos premios literarios así como distinciones internacionales, como el Premio Humanismo de la Fundación Hebraica, y ha sido reconocido por su labor en defensa de los derechos humanos por organizaciones como Yad Vashem, Supervivientes del Holocausto (Venezuela), ORT (México), Jóvenes Contra la Intolerancia o la Asociación Víctimas del Terrorismo.

 

Dormir o no con los hijos ¿Qué dicen los estudios?

Son las 12 de la noche, un grito rompe el silencio. Los padres corren al cuarto del niño. Prenden la luz y lo encuentran sentado en su cama, llorando. “Hay un monstruo debajo de mi cama”, dice.

La madre pasa la mano por la cabeza del pequeño y le limpia las lágrimas. El padre hace el amago de revisar bajo la cama y de paso abre el armario: “No hay nada, tranquilo. Ven con nosotros”, le dicen, y terminan durmiendo los tres en la cama matrimonial. Una práctica común y a simple vista, inocente.

Psicopedagogos y expertos en crianza coinciden en que cuando dormir con los hijos se vuelve hábito, se puede generar un daño en el desarrollo del menor. Incluso, puede afectar la relación de pareja.

Según la investigación ‘Trastornos del sueño en niños sanos’, del Hospital Nacional Profesor Alejandro Posada, en Buenos Aires (Argentina), el sueño es una de las funciones más importantes en la vida del niño. “Existe una íntima relación entre las actividades diurnas y las dificultades en el sueño. Estas se pueden asociar con conflictos familiares, trastornos del aprendizaje y con maltrato infantil”, asegura el estudio, y añade que entre el 20 y 30 por ciento de los menores tienen dificultades para conciliar el sueño o se despiertan durante la noche.

De la investigación se desprende que el 37,4 por ciento de los menores presentan trastornos del sueño. De los 25 niños que compartían la cama con los padres, 64 por ciento presentaban dificultades para dormir, mientras que los que dormían solos, o con otro niño, las referían en un 33,7 por ciento.

Aunque este fenómeno depende de las prácticas culturales, esa relación sí es frecuente en América Latina. Expertos consultados por EL TIEMPO lo confirman. Ana Rita Russo, directora del programa Pisotón en la Universidad del Norte, habla de los hitos del desarrollo, esas destrezas que el niño adquiere en su crecimiento. Entre esos está la alimentación, la dormida y el desarrollo motor, del lenguaje y afectivo. “Estas habilidades están marcadas en la etapa del paso de la dependencia absoluta que tiene un bebé de los padres, a lo que llamamos la dependencia relativa, en la cual el niño va logrando autonomía, autoestima, integración de la identidad y consolidación del ser”, explica la experta.

Fuente: abcdelbebe.com