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Estas son las tareas que ya debería hacer tu hijo a su edad

Ya sea por las prisas o por comodidad, muchos padres acostumbran a no dejar que sus hijos realicen ciertas tareas para las que están perfectamente capacitados. Atarse los cordones, llevar su plato al fregadero, hacerse la cama, recoger los juguetes de la habitación, vestirse… Asumen que sus hijos tardarán más en llevar a cabo estas labores sin pensar que el verdadero efecto sobre ellos es que impiden que se desarrollen conforme a su propia evolución y sean incapaces de aprender lo que significa ser responsables.

No obstante, hay familias en las que se llega a cuestionar a qué edad deben asumir los pequeños ciertos hábitos. En un intento de ayudarles a salir de dudas, Montse Julia, coordinadora del equipo directivo y coordinadora pedagógica de Infantil y Primaria del Colegio Montessori Palau, ha elaborado para ABC un esquema de las principales tareas para las que están preparados según su edad.

Antes de caminar:

Orientaciones generales:

Mostrar al niño todo lo que se hace

– Cuidado de la persona, salud y relaciones cercanas:

Explicar al niño lo que va sucediendo.

Hacerle participar de las tareas relacionadas con el cuidado de la persona.

Experiencia en el suelo práctica de movimiento.

– En casa

Observar y escuchar como se preparan sus comidas y los ingredientes.

– Participación en sociedad:

Hacer participar al niño de lo que hacemos fuera de casa, si es adecuado a su edad.

Desde que camina hasta los 2 años y medio:

Orientaciones generales:

El niño puede participar en muchas actividades y practicarlas: Lo mostramos y lo hacemos, lo hacemos juntos y el niño terminará haciéndolo solo.

– Cuidado de la persona, salud y relaciones cercanas:

Ir a buscar pañales y toallitas.

Ducharse (básico).

Escoger la ropa (entre dos o tres alternativas).

Vestirse y desvestirse (a excepción de algunas piezas).

Lavarse la cara y manos.

Cepillarse los dientes.

Comer solo.

Olvidarse de los biberones.

Controlar los esfínteres.

Recoger los juguetes, libros y guardarlos

Prepara las cosas para ir al colegio

– En casa:

Recoger ropa sucia y llevarla a lavar.

Hacer la cama (si es baja).

Poner la mesa.

Practicar barrer, fregar y aspiradora.

Separar residuos de basura.

Doblar trapos.

Limpiar el polvo.

– En la cocina:

Pelar y cortar un plátano con un cuchillo.

Desgranar guisantes, habas…Pelar huevos durso.

Hacer zumo de naranja.

– Participación en sociedad:

Entrenarse a parar en la acera.

Escuchar la dirección de su casa con frecuencia.

De 2 y medio a 5 años:

Orientaciones generales:

Ir ampliando el campo de autonomía. Facilitar y dar oportunidades para que experimente la espere, guarde silencio.

– Cuidado de la persona, salud y relaciones cercanas:

Abrillantar zapatos.

Ducharse bien.

Participar al hacer una maleta.

– En casa:

Barrer y fregar.

Aspirar

Limpiar el polvo a fondo.

Lavar platos, vasos y cubiertos a mano.

Limpiar sanitarios.

Arrancar las malas hierbas y recoger hojas secas.

Cargar y vaciar el lavavajillas.

Regar plantas.

Preparar jarrones de flores (más sofisticado).

– En la cocina:

Preparar ensalada.

Preparar desayuno y merienda.

Pelar zanahorias (rascándolas).

Cortar lechuga.

Preparar bocadillos.

Seis años:

Orientaciones:

Ir ampliando el campo de autonomía. Obedecer y aumentar la libertad. Facilitar y dar oportunidades para que experimente la espera, guarde silencio.

– Cuidado de la persona, salud y relaciones cercanas:

Peinarse (sencillo).

Diferenciar ropa de verano de la de invierno.

Conocer el día de la semana en el que se está y los horarios propios.

Conocer los cumpleaños de los miembros más allegados a la familia.

Contestar el teléfono y coger los recados y darlos correctamente

Practicar actividades físicas sin especialización como actividad de desarrollo saludable y de diversión.

Hacerse la maleta de viaje con supervisión.

Tomar conciencia de aspectos básicos relacionados con la sexualidad de acuerdo con los valores familiares.

– En casa:

Poner el lavavajillas.

Separar la ropa por grupos de lavado.

Quitar malas hierbas.

Guardar la compra.

Saber cerrar la casa.

Saber ser anfitrión en las fiestas con invitados.

Alimentar a las mascotas.

– Participación en sociedad:

Saber cómo actuar en caso de perderse (policía, tienda…).

Conocer las normas de civismo.

Dar la visión de la familia ante la muerte de personas, mascotas…

Siete años:

Consideraciones generales:

Ir ampliando el campo de autonomía facilitando que experimente pequeñas consecuencias de sus actos y frustraciones.

– Cuidado de la persona, salud y relaciones cercanas:

Apreciar la propia higiene.

Conocer los teléfonos de urgencias (ambulancias, bomberos…)

Medicaciones (en caso de haberlas) saber para qué sirven y las precauciones.

– En casa:

Poner lavadoras.

Tender, doblar y colgar ropa limpia.

Hacer la compra.

Conocer los peligros de la casa (gas, electricidad, productos tóxicos, conocer precauciones).

Saber dónde se guardan las cosas.

Pasear a las mascotas.

Cocinar huevos revueltos, duros, tortilla, francesa y carne a la plancha.

Cocinar pasta, arroz y verdura hervidos.

Conocer los alimentos sanos y saber escoger menús equilibrados.

– Participación en sociedad:

Conocer las leyes que rigen la sociedad como propiedad privada, respeto a la intimidad, derechos de imagen…

Conocer las normas viarias básicas como peatón y como conductor.

– Ética y moral

Reflexionar y saber qué hacer ante una persona con la que no te llevas bien o de carácter extraño.

Dar a conocer el código ético familiar.

Compartir la visión del concepto de pareja, familia, relacionado con la sexualidad.

Ocho años:

Consideraciones generales:

Ir ampliando el campo de autonomía facilitando que experimente pequeñas consecuencias de sus actos y frustraciones.

– Cuidado de la persona, salud y relaciones cercanas:

Peinarse, más sofisticado. Saber realizar pequeñas curas de rascadas, picadas, tratarse los piojos.

Conocer el propio peso, altura, talla, número de zapatos.

Iniciar algún tipo de especialización deportiva como actividad de desarrollo, saludable y de diversión.

Conocer los cambios del cuerpo de acuerdo con la edad.

– En casa

Planchar sencillo.

Cambiar bombillas

Feír pescado o verduras o patatas.

Pelar patatas (dependiendo de la fuerza).

– Participación en sociedad:

Ir a diferentes sitios cercanos a pie solo.

Ética y moral

Conocer la actitud de la familia ante la pobreza, los países del tercer mundo y problemas sociales.

Conocer la actitud de la familia ante la guerra, inmigración, marginación.

Nueve años:

Consideraciones generales:

Ir ampliando el campo de autonomía facilitando que experimente pequeñas consecuencias de sus actos y frustraciones.

– Cuidado de la persona, salud y relaciones cercanas:

Saber realizar pequeñas curas de arañazos, tratarse piojos

Conocer las enfermedades crónicas propias o de hermanos y padres y saber las pautas a seguir.

Saber cuándo abrigarse.

Hacerse la maleta de viaje autónomamente.

Tomar conciencia progresivamente de aspectos más amplios relacionados con la sexualidad de acuerdo con los valores familiares.

– En casa

Planchar todo.

Seguir una receta.

– Ética y moral

Conocer la relación de la familia con el dinero: las prioridades.

Reflexionar y saber la razón de vida, el motor de vida de los padres, dar respuestas a preguntas trascendentes, reflexionar sobre religiones y creencias en el mundo.

Autoconocimiento: tomar conciencia cuando uno no está de buen humor.

Escoger las personas de confianza, los buenos amigos, compartir cosas y sentimientos con ellos.

Diez años:

Consideraciones generales:

Ir ampliando el campo de autonomía facilitando que experimente pequeñas consecuencias de sus actos y frustraciones.

– Cuidado de la persona, salud y relaciones cercanas:

Conocer los peligros para la salud de las drogas alcohol, trabajo, y las consecuencias del mal uso y abuso.

Custodiar su documentación sanitaria, targeta sanitaria, libro de vacunaciones, conocer las vacunas básicas.

– En casa:

Sacar la basura.

Saber comprobar los puntos clave para cerrar la casa seguridad, alarmas…

Cuidado de las mascotas incluyendo algunos temas básicos médicos.

– Participación en sociedad:

Conocer el funcionamiento de la sociedad, (bancos, oficios, agentes sociales, administraciones…)

– Ética y moral

Conocer las opciones políticas de casa, razonamientos y argumentos.

Haber adquirido empatía, reconocer cuando los demás no están bien.

Once años:

Consideraciones generales:

Ir ampliando el campo de autonomía responsable

– En casa:

Conocer los cambios del cuerpo de acuerdo con la edad tanto para el propio sexo como para el opuesto.

Conocer todas las tareas de la casa.

Sbir un diferencial.

Llamar a los operarios necesarios.

Llamadas de urgencia.

– Ética y moral

Aprender a afrontar problemas buscando soluciones.

Doce años:

Consideraciones generales:

Un adolescente debe participar de las obligaciones familiares al mismo nivel que un adulto.

– En casa:

Preparar un día a la semana una cena o una comida para la familia. Custodiar toda a documentación personal: DNI, tarjeta sanitaria…

Haber adquirido un buen hábito de práctica regular de actividad física como fuente de salud, equilibrio y diversión.

Conocer y saber realizar las tareas básicas del jardín.

Responsabilidad compartida sobre todos los aspectos relacionados con las mascotas, veterinario, vacunas,..

Cocinar y conocer platos para un menú básico.

– Participación en sociedad:

Realizar encargos básicos para la familia.

De ‘rompehogares’ a cuidadora

Cuando él abandonó a mi madre por una mujer muchísimo más joven, nunca esperé que un día me iba a sentir agradecida con ella.

Es alta en comparación al promedio de mujeres chinas; parece casi jugadora de voleibol olímpica. Tiene un torso largo y su cara es ancha. Un polvo rosa oscuro acentúa sus pómulos.

“Los rasgos de una campesina”, solía decir mi madre sobre ella. “No es hermosa, ¡ni siquiera bonita!”.

Mi padre no opinaba lo mismo.

Hace veinticinco años él dejó a mi madre para estar con esa mujer, entonces una estudiante de posgrado en su departamento que era tres décadas más joven.

Ella se volvió su esposa (nunca la llamaré madrastra). La casa de mi padre se volvió la casa de él con su esposa. Aunque a estas alturas se siente más como el hogar de ella, con sus baratijas, zapatillas de plástico y montones de trabajos pendientes de calificar. Ya no me refiero a los viajes de fin de semana allí como ir a casa, que implica calidez y un sentimiento de bienvenida, sino como ir de visita, algo completamente distinto.

Durante una visita reciente, ella preparó la avena de mi padre con almendras y linaza y se lo dio de comer una cucharada a la vez. Entre cucharadas él solo murmullaba. En ocasiones la voz de mi padre denota irritación; esa mañana mostraba más bien una benigna confusión.
“Mira quién es”, dijo ella.

Llamé a mis dos hijos para que se acercaran, lo que hicieron incómodos. “Hola Gung-Gung”, dijo mi bebé de 6 años, y mi padre abrió sus ojos.

“Hola ba, ¡estamos aquí!”, dije.

“Oh, ¡hola, hola!”, respondió, con el entusiasmo de un cachorro. Sacó una mano debajo de su cobija gruesa y los niños sonrieron. Él no recuerda sus nombres.

Hace veinticinco años, mi padre era profesor de Física Teórica y muy carismático, con una mente sumamente ágil. ¿Cómo sucedió esto? ¿Será que alguna vez la vio en la primera fila de su clase, donde ella siempre hacía las preguntas más pertinentes? ¿O acaso ella visitó su cubículo durante las horas de asesoría, primero algo incierta y acompañada por otro estudiante y, ya después, ella sola? ¿Fue él como un casanova motivado por la lujuria o tuvieron un acercamiento gradual impulsado por su fascinación mutua con la superconductividad de alta temperatura? ¿Quién dio el primer paso?

“Ella viene desde China continental, ¡claro que es cazafortunas!”, decía seguido mi madre. “Green card y dinero. Tu ba es muy tonto, ¡solo sabe de Física!”.

En ese entonces le daba la razón a mi mamá, por lealtad. Claro que sí. Como hija, como una mujer joven, como feminista. Mi madre era fuerte, pero esto era doloroso.

Después de intercambiar los saludos, la esposa de mi padre siguió dándole la avena a cucharadas. Yo me senté cerca de donde mi papá tenía sus pies. Ella habló con un tono animado y ruidoso sin siquiera voltear a verme. A lo largo de los años nunca me ha pedido ayuda y ha ignorado mis ofertas para ayudar; ahora estamos atrincheradas en un lugar donde es menos incómodo si no ofrezco hacerlo, y me pregunto si debería haberlo intentado con mayor insistencia.

Mi madre ya no vive, pero sigo escuchando su voz: “Es la rompehogares”.

No culpo a mi padre. Él estaba descontento. Nunca entendí el matrimonio de mis padres: ella lo molestaba, él le gritaba, los dos peleaban y ella hacía como si nada.

Recuerdo cuando era niña que lo veía caminar en círculos muy concentrado por la casa. “¿Otra vez estás trabajando?”, le preguntaba. “Ajá”, respondía, con una enorme sonrisa. Amaba que estar caminando en círculos mientras pensaba era parte de su trabajo. Para enseñarnos matemáticas, nos sentaba en su regazo y nos pedía calcular cuántos pollos y cuántos cerdos había en un corral con dieciocho patas y seis cabezas.

Tampoco culpo a mi madre. Era una mujer práctica que trabajaba de bibliotecaria y crió a tres hijos que tenía que llevar a sus clases de gimnasia y natación y piano; siempre estaba cortando esto y otro en la cocina mientras preparaba el caldo en la estufa.

Creo que la mayor diferencia entre ellos era esta: mi madre nunca esperó tener una vida plena de felicidad y mi padre sí.

Seguro era la crisis de mediana edad, pensamos (aunque ya casi tenía 60 años cuando sucedió). No va a durar. Y, encima, qué asco (ella tenía veintitantos, igual que yo). Hoy en día, ¿mi padre sería considerado un depredador? En ese entonces, a mediados de los años noventa, ya había murmuraciones, burlas, miradas altaneras. Hoy seguramente él sería blanco de condena. Y ella, si no era la cazafortunas en busca de una green card que decía mi madre, definitivamente era ingenua, una jovencita tonta o fácilmente engañada. Hoy seguramente alguien la haría darse cuenta de la tontería para evitar que siguiera.

El deterioro de mi padre se fue haciendo evidente a lo largo de varios años. Primero se volvió olvidadizo, con lapsus fáciles de perdonarle. Luego empezó a contar siempre las mismas historias, repetidas varios días seguidos, luego cada par de horas, cada par de minutos, después de solo unos segundos. Una mañana se perdió camino a la universidad en un trayecto en el que había conducido por más de cuarenta años. Un estudiante muy gentil se lo encontró cuando mi padre estaba aterrado y lo acompañó hasta su oficina. La imagen del profesor distraído cambió por completo.

En otra ocasión me llamó y sonaba histérico. “Estaba haciendo mis cálculos y de repente me sentí tan nublado que no sabía ni dónde estaba. Hija, ¿me estás escuchando? Si pierdo la cabeza, ya no quiero vivir”.

Empezó a llorar. Yo no sabía qué decirle. Pensaba que mi padre, como todos los padres, era invencible.

Su deterioro no se sentía tan grave por la rutina invariable en las visitas de fin de semana. Teníamos rituales: ir al bufé chino (donde ella llevaba sus propias hojas de té para tomar); cenar en Red Lobster (donde él ordenaba el surf and turf, tradicional mar y montaña); tener prendida todo el tiempo la televisión de 60 pulgadas sintonizada en CNN o telenovelas chinas.

Salíamos a caminar por las veredas del vecindario suburbano; primero con uno de mis hijos en la carriola; luego él, agarrado del brazo de su esposa mientras mis hijos se correteaban más adelante; después, con uno de nosotros empujando su silla de ruedas y él con una cobija en el regazo. Ahora que tiene 83 años apenas si sale. No puede caminar ni orinar ni comer por sí solo. Ella lo sienta frente a la ventana con las persianas arriba en días soleados.

Ella es cordial y amable con los niños. Aunque nunca pregunta sobre cómo les va en la escuela ni en sus actividades o si tenemos planes para el verano. A veces intento entablar una conversación: “¿Cuántas clases vas a dar este semestre?”. “¿Ha estado haciendo mucho frío?”. “¿Qué tal está comiendo?”.

Ella es amable pero nunca baja la guardia. Tal vez sea cultural o tal vez sea que para ella no soy más que la hija de mi madre.

Lo cierto es que la esposa de mi papá no parece estar resentida conmigo. Quizá recelosa. A veces su tono hacia mí es hasta cortante.

Y ahí escucho las advertencias de mi mamá: “No te dejes engañar por ella”.

Sin embargo, también tiene un toque muy gentil cada vez que se acerca a mi padre para ajustar su gorra de béisbol o sus calcetas grises o los lentes en su nariz. Cuando se sientan en el sofá, ella se queda pegada a él.

Podría haberlo llevado a un hogar, o contratado a una enfermera para que lo cuidara o a todo un elenco de asistentes en el hogar.

Pero ella no lo ha hecho.

A veces los espío. Ella sigue agarrándolo de la mano hasta cuando no hay nadie más presente.

Alguna vez fueron coautores de artículos académicos; discutían sobre política mientras comían pistaches en la cama y veían The Bachelor. Alguna vez fueron una pareja que conducía dos horas solo para ir a un lugar de comida estilo dim sum o que de repente volaban a Asia para alguna reunión de egresados de su colegio. Era evidente, aunque nunca fue fácil para mí aceptarlo, lo bien que el intelecto, curiosidad y sentido de asombro de la esposa de mi padre encajaba con los de él.

Ella no tenia cómo saber qué el iba a terminar así.

Se acercaba la hora de cenar cuando mi hijo de 8 años preguntó si íbamos a ir al bufé chino “como siempre”.

“Como siempre” se acabará un día, y pronto.

Para irnos fue complicado lograr subir a mi padre a la camioneta, aunque ella tiene el asunto bien practicado: Aquí va el pie derecho, pon aquí la mano izquierda, ¡cuidado con la cabeza! Ok, ya estás sentado, relájate.

Antes de que él se relajara, ella había estado cargando cada gramo de su peso.

Me di cuenta de que ella podía hacerlo porque él ha adelgazado mucho. Ya prácticamente es solo huesos. El que su esposa siga teniendo fortaleza se ha vuelto muy importante, una ventaja práctica. En esos momentos pienso: “Qué buena elección tomó mi padre. Qué suerte tengo. Si no lo hiciera ella, lo tendría que hacer yo, pese a que no tengo nada de su gracia como cuidadora”.

Al llegar al bufé, la persona en la recepción nos dijo: “¡Cuánto tiempo sin verlos!”.

Mi padre comió con un babero de tela. Su plato fue llenado por la esposa con costillitas y carne con salsa dulce y jengibre. La esposa partió las patas de cangrejo con sus dientes para que él pudiera comerlas. Una hora después, de regreso en la casa, ella le estaba dando lo que había sobrado.

“¿Todavía tienes hambre, ba?”, le dije, con un palmadita a la cabeza.

“Tiene buen apetito”, me dijo ella, y las dos sonreímos como si se tratara de un bebé que se terminó su botella de leche. Cuando estábamos limpiando la mesa él empezó a murmullar. “¡Ah, ya sálganse!”. Su molestia retumbó por el aire. Las personas con demencia casi nunca muestran gratitud. Pero ella podría irse.

No lo ha hecho. No lo hará.

“Abre bien”, le pidió a mi padre, para pasar hilo dental por sus dientes.

Me pregunto qué dirá la gente de ellos ahora. Aunque las opiniones de la sociedad no importan; a ellos nunca les importaron.

Por más que sea desdeñado o desagradable a la vista, su matrimonio me ha enseñado que no hay que emitir juicios prematuros.

Ella sigue ahí; alta, orgullosa, resiliente. Para bien o para mal, hasta que la muerte los separe.

Sin duda es amor. (Perdóname, ma).

Es amor: atrincherado, digno de respeto, de admiración y, sí, de gratitud.

Fuente: TheNewYorkTimes

Colegio decide enseñar a sus alumnos cómo coser, planchar y cocinar

Un colegio de España sorprendió al mundo luego de decidir implementar una particular clase extraprogramática para inculcar a sus alumnos masculinos sobre la igualdad de géneroa la hora de formar una familia.

El Colegio Montecastelo, de la ciudad de Vigo, sumó clases de cocina, planchado y varias otras actividades “del hogar”, bajo el lema “La igualdad se aprende con hechos”.

Según el coordinador del establecimiento, Gabriel Bravo, estas actividades se realizan para que “el día de mañana estos hombres puedan aportar en sus casas cuando formen una familia”.

“Nos parecía muy útil que nuestros alumnos aprendiesen a realizar estas tareas para que cuando algún día formen una familia se impliquen desde el principio y sepan que una casa es cosa de dos, que no es cuestión de la mujer limpiar, poner el lavavajillas y planchar. Esto permitirá que vayan tomando conciencia y sabrán manejarse en el hogar”, agregó Bravo.

Las clases son impartidas tanto por profesores como por apoderados, todos hombres, y han tenido una buena aceptación por los alumnos, quienes incluso aprendieron costura. “Tenían cierta reticencia, pero se lo tomaron con una actitud positiva. Fue divertido e instructivo a la vez. Estamos bastante sorprendidos y los padres muy contentos”, dijo el docente a cargo.

Fuente: mega.cl

Minerd inicia plan para integrar las familias a las escuelas

El Ministerio de Educación (MINERD) desarrolla un plan nacional dirigido a lograr la integración de las familias al proceso educativo de los estudiantes, con el apoyo de las asociaciones de padres, madres y amigos de la escuela (APMAE), las iglesias y de distintas entidades comunitarias.

El plan, instruido por el ministro Antonio Peña Mirabal a la Dirección de Participación Comunitaria del Minerd, busca garantizar el buen desempeño de los alumnos en las aulas, con un seguimiento de mayor compromiso de las familias.

Agustín Hernández, director de Participación Comunitaria, llamó a los directivos de las APMAE a tener una comunicación más fluida con los docentes y con los directores de los planteles escolares, “en una necesaria disposición de colaboración para generar ambientes óptimos a lo interno de los planteles escolares, pero, además, con la clara visión de que pueden jugar un rol decisivo en la mejora del proceso enseñanza-aprendizaje”.

Expresó que unos padres totalmente al pendiente de la formación de sus hijos, están llamados a constituirse en el principal aliado del Minerd en su objetivo de crear las condiciones para la generación de una sociedad con mejores niveles de educación con un concepto integral.

El funcionario recordó que las APMAE son organismos de participación con el propósito de que los padres se integren a todos los planes, programas y proyectos relacionados con los centros educativos, así como apoyar el trabajo por la mejora de los servicios educativos.

“Tal como ha insistido el ministro Peña Mirabal, la escuela no puede hacer sola ese arduo y permanente trabajo de formar a los estudiantes; se requiere de esa valiosa y oportuna participación de la familia, en su rol de principal núcleo de la sociedad”, refirió Hernández.

Agregó que en el plan de integración familiar se pondrá a los centros educativos al servicio de las comunidades, a través programas de actividades comunes en los cuales se envuelvan estudiantes, los padres, juntas de vecinos, y las entidades comunitarias, entre otros actores.

“Hemos elaborado un plan de integración de las familias que contempla varias actividades en cada plantel escolar, en cuatro dimensiones durante todo el año lectivo 2019-2020, con la coordinación de técnicos del Minerd, las regionales y los distritos educativos”, subrayó.

Hernández exhortó a los padres a participar en el próximo proceso de escogencia de los directivos de las APMAE en cada centro educativo, proceso que se iniciará el próximo mes de septiembre y concluirá en octubre con la conformación de las directivas.

En casa se pueden hacer muchas cosas para que tus hijos no hereden tu fobia a las Matemáticas

Conseguir que los niños disfruten aprendiendo es fácil si se incorporan a la rutina cotidiana

Cuando los niños comienzan la escuela algunos padres reviven como una auténtica pesadilla el “miedo a las mates” de sus años de infancia. Se trata de uno de los bloqueos más reconocidos por las familias, que se ven incapaces de fomentar y reforzar los conceptos que los pequeños están aprendiendo en clase y se agarran a las academias y las extraescolares delegando esta tarea. Pero, ¿por qué es tan habitual que se atasquen las matemáticas? «Como todas las cosas complicadas -responde Malena Martín, madre, licenciada en matemáticas, profesora de secundaria y fundadora de la plataforma Aprendiendo Matemáticas, «pero sin duda el principal motivo es la forma en la que nos han enseñado. Si en el colegio el ritmo de las clases no es el adecuado para nuestros hijos, las explicaciones van demasiado rápidas, o bien la forma en cómo se presentan esas matemáticas es demasiado abstracta… es posible que se pierdan».

Esto se va agravado, prosigue, «por esa creencia tan habitual de «yo no sirvo para los números, no se me dan bien las matemáticas», que encima se transmite de padres a hijos», advierte. Pero sin duda, asegura, «hay otra manera de hacer matemáticas que permite que cualquier niño avance y además, lo haga de manera gratificante, divertida, y disfrutando del proceso, no sufriendo con este».

Según Martín, es posible trabajar las matemáticas de una forma «natural» y convertirla en un hábito que se puede incorporar a la rutina familiar y que permite desterrar viejos temores. ¿Cómo? «En casa podemos estimular el gusto por las matemáticas como ya hacemos por la lectura o con los hábitos de salud. De hecho, es fácil conseguir que los niños dejen de tener miedo y se abran al aprendizaje de las matemáticas si se divierten y comprenden lo que hacen. Si además los padres colaboran con ciertas rutinas, miel sobre hojuelas», asegura esta mujer, que comenzó la licenciatura siendo ya mamá de dos niños pequeños. Sus hijos, reconoce, despertaron en ella la preocupación por mejorar y renovar la didáctica de las matemáticas y la animaron a investigar en el área de las matemáticas manipulativas y lúdicas.

 

Para ella el único modelo que funciona para enseñar las matemáticas de una forma divertida y fácil es el del juego y el uso de materiales manipulativos. «Los niños tienen que ver y tocar las matemáticas. Solo partiendo de ahí, se puede hacer que los niños vayan de manera autónoma descubriendo los conceptos, en lugar de aprendiéndolos de memoria. No es lo mismo partir de la práctica y poco a poco ir llegando a lo abstracto, que partir de esto último». Como ella misma dice, se trata de «un modelo de aprendizaje que conecta con las necesidades y los talentos de cada niño y que favorece el desarrollo del pensamiento lógico de una forma creativa».

Y, sobre todo, respeta la evolución de cada niño. «Los niños menores de seis años deberían el 90% de su tiempo jugando y manipulando material, no con un papel haciendo sumas y restas. En Alemania hasta que no entran en Primaria no hacen nada de números, ni de lecto-escritura, y cuando lo hacen avanzan en cuestión de meses lo que aquí nuestros niños tardan años sufriendo. Es una pena el desconocimiento que hay en algunos colegios sobre el proceso de aprendizaje».

Matemáticas de «estar por casa»

Para comenzar con este aprendizaje Malena Martín nos ofrece cuatro consejos para trabajar las matemáticas desde casa:

Los materiales manipulativos.Son recursos que permiten a los niños aprender practicando. Por ejemplo, con unas regletas numéricas los niños visualizan los números y realizan investigaciones que les llevan a entender por sí mismos las operaciones aritméticas y sus propiedades como la conmutativa de la suma o de la multiplicación. Con un ábaco, los niños aprenden el sistema decimal y desarrollan estrategias de cálculo mental. Hay muchos materiales educativos para aprender matemáticas e incluso nosotros mismos podemos fabricar en casa con cartulinas o reciclando objetos cotidianos como tapones, rollos de papel higiénico o envases.

Los juegos de mesa. Son los grandes aliados para consolidar lo aprendido y desarrollar la memoria. También es recomendable ofrecerles juegos de ingenio y lógica que les ayuden a desarrollar su razonamiento lógico, algo básico en la resolución de problemas matemáticos.

Los libros o cuentos. La literatura es una buena herramienta para acercar las matemáticas desde una perspectiva diferente a la habitual.

Y por último, y más importante: la confianza. «Los padres deben transmitir una actitud tranquila, de confianza, de que sus hijos pueden. Quizás tardarán más que otros, pero ellos pueden. Y si no quieren, pues igual ahora no es su momento. No forzarles y esperar porque seguro, seguro, que lo acaban haciendo».

Fuente: abc.es

 

La tarea de educar: Compartida entre maestro y familia

Emelinda Padilla
Santo Domingo

Acostumbro a recalcar en mis cursos y talleres a maestros y equipos de gestión que “cada niño o niña que llega a la escuela, no lo hace solo/a. Con él/ella viene también su familia y todo lo que ese sistema representa y significa”.

Este reiterado énfasis resulta de una práctica repetida que observo en la realidad de nuestra escuela: “Los maestros y otros actores del quehacer educativo están llenos de prejuicios y creencias con relación a la validez y conveniencia de integrar y dar participación a las familias en los procesos de enseñanza”. Cuando pienso en cómo aportar para lograr cambios en ese sentido, me pregunto si estarán esos maestros formados para que puedan dialogar con las familias u otros adultos sobre sus niños.

Así como en la tarea de educar convergen especialistas de diferentes áreas, es innegable que la familia es determinante en el desarrollo socioemocional, psicomotor y lingüístico del niño. No todas las familias educan a sus hijos de igual forma, la educación de la familia va generando en los niños valores, actitudes, temores, alegrías.  Mientras más se alejan los valores que impone el centro educativo de las formas de crianza de la familia, más difícil será acercarse a ella y a los niños.

Este proceso se torna más complejo cuando la educación está dirigida a familias y niños provenientes de los sectores económicos y sociales menos favorecidos, ya que entran en relación “expectativas, supuestos y mitos recíprocos, provenientes de mundos con códigos culturales distintos”.

Entonces surge otra pregunta: ¿Están los docentes preparados para relacionarse con un mundo cultural distinto de aquel del cuál provienen? Desde ese punto de vista, y reconociendo a este profesional como un ser humano, con creencias y actitudes propias, y no como un mero transmisor de conocimientos, es indispensable que en su formación autoevalúe su desarrollo como persona, de tal forma que reconozca sus fortalezas y debilidades, y se valore a sí mismo, para que de este modo pueda aquilatar a los otros en sus fortalezas, y descubrir también sus limitaciones.

Estoy segura de que muchos de nosotros hemos conocido centros educativos donde está prohibida la entrada de los padres a las aulas de clases y donde sólo se les convoca para informarles sobre tal o cual tema de interés particular o común (“Mientras menos metan sus narices en la escuela, mucho mejor”). Indudablemente esto es el reflejo de los miedos e incertidumbres de los docentes, quienes perciben a las familias de sus alumnos como enemigos y amenazantes para el establecimiento y la cultura que se les entrega.

No obstante, la manera de vivir que tiene la familia es la primera fuente de aprendizaje para los niños y las niñas, y la vida democrática también se aprende en la práctica familiar. En consecuencia, se requiere aprender a integrar la cultura de la familia y los recursos del medio natural y social, como bases fundamentales del proceso educativo.

No podemos continuar enseñando las mismas cosas a niños y niñas de contextos, realidades y culturas diferentes. La estandarización de los contenidos hace que “lo que se enseña” esté muy alejado de los conocimientos, intereses y motivaciones de los estudiantes. Al tiempo de que dificulta cada vez más las posibilidades de integración y participación de las familias en los procesos del aula y en el ambiente diverso que en ella se conjuga.

Pretender contar con familias participativas y cercanas a la vida de la escuela, implica que aceptemos y aprovechemos la riqueza de sus diferencias, valorarlas en vez de rechazarlas, promoverlas en vez de ocultarlas y validarlas en vez de descalificarlas.

Al igual que sus hijos, los padres y todo el sistema familiar que rodea a los alumnos, deben sentirse cómodos en la escuela, aceptados en lo que son y en lo que creen, identificarse con la comunidad educativa y sentirse parte importante de ella.

Así y no de otra forma, la tarea de educar será compartida felizmente entre escuela-familia y comunidad.  Donde todos crecemos, aprendemos y somos parte de un espacio que se relaciona armónica y constructivamente. Una escuela que enseña a todos y con todos..

Familias y escuela: la importancia de la comunicación

El vínculo entre la escuela y la familia tiene como objetivo principal el bienestar y la mejora educativa del alumnado, pero que no por ello carece de incomodidades, desencuentros y fricciones entre las dos partes implicadas… pese a que, de un tiempo a esta parte, se ha ido generando la impresión de que el frente pedagógico ha sido puesto en tela de juicio como autoridad ante las demandas educativas de al menos una parte de las familias. Ante esta situación, y sin ánimo de sentar cátedra al respecto, os proponemos una serie de iniciativas para restaurar esa aparentemente deteriorada confianza y que pasan por reactivar, desde una óptica digital, los canales de comunicación entre la escuela y las familias que le confían a sus hijos e hijas.

Un tándem necesario

Como reflejo de la sociedad en la que se enmarca, la idea de familia ha ido cambiando a lo largo de la Historia, al igual que lo ha ido haciendo la escuela como institución educativa. Así, la variada concepción de la familia que hoy conocemos se definía hasta hace no tanto como un vínculo establecido entre el hombre, la mujer y la descendencia de ambos. Un ideal que fue cambiando en muchos aspectos pero no en uno de sus roles principales, el de la familia como primer agente de socialización de la vida de los niños y niñas que se ven acogidos en su seno, y que perdura en mayor o menor medida hasta la edad escolar de los pequeños. Una franja de edad que, además y con el paso de los años y la creciente escasez de tiempo y posibilidades de muchas familias para dedicarse íntegramente a la educación de su descendencia, se ha ido reduciendo quedando así una parte importantísima de su formación en manos de las instituciones escolares.

Pero ¿y la escuelas? Ya a principios del siglo XX, muchas de las enseñanzas sociales y culturales que en ella se daban, en lo curricular y en lo transversal, tomaban distancias con lo que los alumnos aprendían en casa. Un hiato entre las expectativas formativas de unos y otros que creó una situación, aún vigente en muchos contextos, de incomunicación entre estas dos partes implicadas en la educación de los más jóvenes. Lo que, a su vez, y de la mano de un mayor tiempo de escolarización del alumnado (que en muchas ocasiones es resultado de un menor tiempo de tutela familiar) implicó que se revalorizase la comunicación entre escuela y familia de cara a un mejor y más unitario desarrollo educativo de los menores que ambas tienen a su cargo. Lo que, gracias al auge de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), resulta ahora bastante más fácil y cómodo que en épocas anteriores.

Cómo mejorar la comunicación entre familias y escuela

La transparencia y la confianza que se produce a partir de la retroalimentación otorgada por el feedback son algunos de los elementos que hacen de la comunicación algo más que un mero intercambio informativo. Pero, más allá de los grupos de Whatsapp que son creados por y para familias de un grupo clase en particular ¿qué puede hacerse desde las escuelas para mejorar su interacción con las familias de su alumnado? A continuación, os apuntamos algunos posibles consejos para conseguirlo:

  • Probablemente vuestro centro educativo tenga una página web, vinculad a ella una Newsletterdesde la que podáis distribuir periódicamente las noticias que afecten al centro y a su alumnado entre las familias de vuestros alumnos. De este modo, estarán informados de todo lo que ocurre en la escuela, sintiéndose partícipes e integrados de una forma cómoda para ambas partes.
  • Pese a que su introducción en las escuelas sigue teñida de controversia, podéis crear Redes Sociales (RRSS) de uso más o menos habitual como puedan ser Facebook o Twitter, aunque os recomendamos que el uso que le deis a la primera sea a discreción y bajo un estricto control de acceso y privacidad. También podéis usar otras redes como Instagram, aunque en este caso os recomendamos encarecidamente que las familias os autoricen por escrito la difusión de las imágenes de vuestros alumnos para así evitar posibles, y potencialmente violentos, malentendidos. Pero, en cualquier caso, estas RRSS generan una sensación de pertenencia que puede verse muy potenciada si se convierte en un punto de encuentro entre familias y escuela, pese a que eso requiere que alguien se encargue de su gestión y de responder a las preguntas o comentarios de los familiares, en el caso de que sea necesario.
  • De nuevo con la página web de vuestra escuela como epicentro comunicativo, os proponemos la creación de foros o incluso programas de votación en los que tanto docentes como familias puedan participar. Bajo un estricto control, en base a una serie de principios y derechos de participación comunicados a las familias, ambas estrategias pueden utilizarse para conocer las opiniones de los familiares sobre determinados temas, de forma más genérica que durante las tutorías.

Un conjunto de estrategias para que escuela y familias os coordinéis para ofrecerles a los jóvenes a vuestro cargo una educación que contemple, de forma unitaria, todos los aspectos de su desarrollo tanto dentro como fuera del aula.

Fuente: aulaplaneta.com

¿Cómo desarrollar la inteligencia emocional en los niños?

¿Quieres fomentar la educación emocional en casa? Existen 5 aspectos fundamentales que debes tener en cuenta para desarrollar la inteligencia emocional en los niños. ¡Te lo contamos!

Desarrollar la inteligencia emocional en casa es imprescindible para que el niño aprenda a canalizar sus emociones y adquiera  las habilidades necesarias para el siglo XXI.  A partir del año podemos empezar a trabajar con nuestros hijos la educación emocional en casa a través de diferentes aspectos.

Cómo enseñar la inteligencia emocional en casa

Para desarrollar la inteligencia emocional en niños en el hogar hay que tener en cuenta los cinco aspectos fundamentales que la componen. Aplicar cada uno de ellos en conjunto aporta al niño las herramientas necesarias para gestionar sus sentimientos y desarrollar seguridad en sí mismos.

1. Conciencia de uno mismo o autoconciencia

Es importante que el niño tenga un conocimiento pleno sobre sí mismo. Debemos ayudarle a conocer tanto sus virtudes como sus defectos para que adquiera confianza en sí mismo y tenga una mayor capacidad autocrítica. Reforzar este aspecto le ayudará a poder tomar mejores decisiones en el futuro y no guiarse solo por sus emociones.

2. Autorregulación

Eliminar sentimientos como la rabia o la frustración en nuestros hijos es imposible. Sin embargo, podemos ayudarles a regular estos estados de nerviosismo o impulsividad creando en ellos una mayor serenidad. Esta cualidad puede ayudar a los más pequeños a crear herramientas para su futuro que le permitan gestionar mejor sus decisiones, por ejemplo, pensando antes de actuar.

Inteligencia emocional

3. Motivación

La motivación es imprescindible para que los más pequeños logren los objetivos que tienen en sus vidas. Trabajar este aspecto les ayuda a adquirir tenacidad, ilusión, perseverancia, e incluso, tolerancia a las frustraciones. De esta forma, logran una mayor productividad y eficiencia para su futuro profesional.

4. Empatía

La empatía es fundamental para que nuestros hijos puedan comprender lo que sienten las personas que se encuentran a su alrededor. En este sentido, debemos ayudarles a adquirir la capacidad de reconocer las emociones de los demás, saber escucharlos, ponerse en su lugar y entender cómo se sienten. Este aspecto es básico en las relaciones sociales que les acompañarán el resto de su vida.

5. Habilidades sociales

Las habilidades sociales están estrechamente ligadas con la empatía, ya que es imprescindible entender las emociones de las personas de nuestro alrededor para saber cómo actuar. Trabajando este aspecto, el niño consigue interactuar de forma adecuada y una mayor capacidad de asertividad.

Juguetes para desarrollar la inteligencia emocional

Desarrollar estos cinco aspectos en nuestros hijos sin las herramientas adecuadas puede ser complejo. Por ello, desde Miniland hemos creado una serie de juegos de emociones para niños que les ayudan a comprender y gestionar lo que sienten en las diferentes situaciones que les propone la vida.

Emoticapsules 

Dentro de la colección ‘Emociones y valores‘ encontramos diferentes juegos para ayudar a los niños a trabajar la inteligencia emocional en casa. Emoticapsules, son unas cápsulas de colores que representan mediante colores y gestos faciales las emociones básicas. Con ellas, los niños pueden conocer cómo identificar las emociones y desarrollar habilidades básicas para su gestión.

emoticapsules

Mindful KIDS  

Inspirándose en la teoría de las inteligencias múltiples de Gardner, desde Miniland se ha creado el concepto ‘Multiplay Experience‘. Según esta idea, potenciar el conocimiento, las motivaciones y habilidades del siglo XXI a través de experiencias de juego múltiple ayuda a los niños a adquirir fortalezas para enfrentarse a sus retos actuales y futuros. En esta línea se ha creado Mindful KIDS, un juego para aplicar la teoría del Mindfulness en los más pequeños. A través de diferentes técnicas de relajación y autoconciencia, nuestros hijos podrán desarrollar la Inteligencia Activa y Corporal, la Inteligencia Emocional y la Inteligencia del Lenguaje.

¡Práctica la educación emocional en casa con estos divertidos juegos de emociones para niños!

Fuente: spain.minilandeducational.com

La fuerza más poderosa del universo, es el amor de la familia

Dicen que la fuerza más poderosa es la que uno mismo debe tener en su interior para afrontar el día a día, pero las personas tendrán mucha fuerza si primero lo vivió en su familia. El amor de la familia es lo que ayudará a los niños a mantenerse fuertes, incluso en los peores momentos. Es muy importante que como padres se tenga entereza y se sepa qué se debe hacer en cada momento para criar a niños fuertes y felices.

Ser padres independientes y fuertes es necesario para tener un papel crucial en la vida de los hijos. Los padres pueden ayudar a que los hijos tengan éxito y sean personas increíbles, o por el contrario pueden ayudarles a ir directamente hacia el fracaso. Mientras que los padres fuertes impulsan a sus hijos, los padres débiles tendrán miedo de dar un gran paso para demostrar al mundo su fuerza, siendo esto un signo de debilidad.

Es necesario y hasta imprescindible que los padres sean el amor y la fuerza que animen a los niños a ser mejores cada día, sólo de ese modo aprenderán grandes valores en la vida. ¿Cuáles? No pierda detalle para descubrir como la fuerza más valiosa del universo, es el amor de la familia.

Su felicidad no depende de ti

La felicidad de uno mismo está dentro de uno mismo. Los padres pueden facilitar que el entorno sea propicio para ser feliz, pero hay que enseñar a los hijos a que no se debe esperar que otro nos haga felices. Uno mismo es el máximo responsable de la propia felicidad. Si no te creas tu felicidad, nadie más lo hará por ti. Unos padres fuertes saben esto y enseñan a sus hijos a encontrar la positividad en situaciones negativas. Puedes ser feliz incluso cuando todo el mundo está en tu contra.

La paciencia siempre es recompensada

No importa lo que esté sucediendo hoy, mañana será un nuevo día que puede traer felicidad y éxito en tu vida. Los tiempos difíciles siempre pasan, así que es necesario ser paciente para tener una mente llena de paz y de tranquilidad. Con entereza las dificultades se superan, pero para conseguirlo la familia debe mantenerse fuerte. Una dificultad no es una razón para desanimarse, sino para superarse y demostrar la valía personal.

El amor de la familia es la fuerza más poderosa del universo

La independencia es fundamental

Todo hombre y toda mujer deben ser independientes. Si alguien te roba la libertad es porque tú permites que lo hagan. Una persona poderosa permitirá que otro llegue a su corazón sólo si realmente lo desea y si hay alguien que intenta impedir que alcances tus metas, simplemente hay que sacar a esa persona de tu vida. La independencia es fundamental en cualquier aspecto, sólo de este modo se logrará tener una personalidad auténtica.

La dignidad es clave

El respeto hacia uno mismo y tener dignidad es clave para ser felices. El amor de la familia podrá ayudar a que un niño o una niña se convierta en líder, porque sabrá cómo mantener su dignidad en todo momento. De este modo los niños y niñas serán capaces de seguir sus sueños a pesar de las dificultades que puedan encontrarse en el camino, ellos sabrán que con entereza y aprendiendo de los errores, se consiguen grandes resultados.

Sólo hay que ir hacia atrás para coger impulso

No tiene sentido vivir en el pasado, hay que seguir moviéndose hacia adelante y mirar atrás sólo si se debe aprender una buena lección. Lo que se ha hecho, hecho está y nada lo podrá deshacer, no se puede cambiar. Si hay que ir hacia atrás, que sea únicamente para coger impulso. El amor de la familia le ayudará a los hijos a darse cuenta de esto, a guiarle en el camino y a enseñarle que llorar no es de débiles, sino que nos hace aún más fuertes para aprender de nosotros mismos y seguir hacia adelante.

Fuente: etapainfantil.com

Conoce los beneficios que trae a tus hijos comer en familia

Las exigencias de la vida moderna y el ritmo de trabajo, estudio y actividades que ahora envuelve a todos, hace que costumbres tan sanas y agradables como comer en familia se estén perdiendo y que cada vez sean más escasas en la sociedad.

El trabajo y la conectividad permanente también influyen logrando que, ni siquiera en el momento íntimo de las comidas, los padres y sus hijos se desconectan de la tecnología, dando paso a un espacio tiempo juntos para compartir algo tan agradable como cenar o desayunar en compañía de quienes amamos.

Según la psicóloga y experta en crianza y familia Annie de Acevedo, sentarse en familia a la mesa no es sencillo, pero poco a poco se puede ir retomando costumbres como esta. “Para ello, los padres deben poner reglas, como que todos se sienten siempre en el comedor, en especial para los alimentos de las medias nueves y las comidas”.

Para combatir dificultades como el tiempo, deben tomarse decisiones, dice la experta: como que los niños pasen a la mesa, a pesar de que los padres no hayan llegado, y que se establezca, según las agendas de los adultos, un día de la semana en el que ellos puedan dejar sus ocupaciones más temprano y cumplan con una cita, muy importante como es cenar juntos con sus hijos.

Una costumbre como esta no solo estrecha lazos amorosos de familia, sino que influye en los buenos hábitos alimenticios de los más pequeños de la casa, impactando en su nutrición, desarrollo y auto estima.

¿Cómo lograrlo?

Precisamente, temas como éste de comer en familia y cómo crear una alimentación saludable para una salud integral, los encontrarás en la nueva colección que el periódico EL TIEMPO trae para sus lectores: Salud en forma, que llegará los domingos a partir del próximo 27 de agosto y durante 22 domingos consecutivos hasta el 21 de enero del 2018.

Esta obra contendrá consejos para alcanzar un estilo de vida saludable con aspectos muy prácticos e interesantes como rutinas de ejercicios, recomendaciones para la prevención de enfermedades, terapias médicas alternativas y consejos e información para una buena alimentación y nutrición de todos en casa, grandes y chicos.

Esta obra médica dentro de sus variados capítulos de información, trae dos aspectos muy importantes para quienes tienen niños en casa: el tema de comer en familia y su impacto en la salud física y emocional de los pequeños, y la elaboración de loncheras saludables e ingeniosas para un crecimiento saludable de tus niños, acorde con sus necesidades en cada edad escolar.

La obra se apoya en contenidos científicos asesorados por profesionales de la salud: nutricionistas, psicólogos (terapeutas de familia y psicología positiva), deportólogos, dermatólogos, odontólogos, alergólogos, cardiólogos, entre otros, quienes brindan información práctica para tratar y entender muchas de las afecciones que pueden presentar todos en casa.

Pon mucha atención:

Ten en cuenta estos consejos para hacer de las comidas el mejor momento del día y lograr que los alimentos que brindes a tu familia, cumplan con su objetivo saludable y nutricional.

–          No olvides lo importante que es compartir los momentos agradables de las comidas con los tuyos, así que establece horarios o un día en la semana para estar siempre a la hora de la cena.

–          Cuando te sientes a la mesa da ejemplo a los más pequeños de casa, es decir, debes dejar de lado los aparatos tecnológicos y entregarte a tu familia. Hablen amigablemente de lo que han hecho en el día o la semana, programen nuevas experiencias, pero nunca hablen de problemas o discutan.

–          Si la costumbre para ese día especial en la semana es salir a comer a un sitio especial, escoge uno de comida saludable, pues estos son los mejores espacios para educar a tus niños, desde pequeños, y hacer que adquieran buenos hábitos alimenticios.

–          Busca la manera de comer juntos, de vez en cuando, en horarios y sitios no convencionales (excursiones, meriendas improvisadas en el parque, días de almuerzos campestres…) esto los sacará de la rutina y hará más agradable ese momento familiar.

–          Haz preparaciones variadas en las que estimules la experimentación de los niños con diferentes sabores, texturas y colores, enseñándoles a disfrutar de los alimentos y a que encuentren un verdadero placer en la alimentación saludable y amorosa de casa.

Fuente: abcdelbebe.com